Buda
Siddhārtha Gautama
Buda significa "El
Despierto" o "El Iluminado".
Es el título por el que se
conoce mundialmente a
Siddhārtha Gautama, nacido
en Lumbinī (Nepal). Vivió
aproximadamente entre los
años 566 y 478 a. C., a
finales de lo que se conoce
como periodo védico.
Es una figura religiosa
sagrada para dos de las
religiones con mayor
número de adeptos, el
budismo (fue fundador de la
primera sangha o
comunidad budista y primer
«gran iluminado») y el
hinduismo (considerado
como una encarnación del
dios Vishnú, posterior a
Krishna).
Aunque existen muchas leyendas, se concuerda en que
fue un líder religioso conocido como Siddhārtha
Gautama. Vivió en una época de cambio cultural en que
se cuestionaban los procedimientos religiosos
tradicionales de la India.
Fue uno de los reformadores que dio un impulso
renovador en el ámbito religioso dhármico que se
propagó más allá de las fronteras de la India y terminó
transformándose en una de las grandes religiones del
mundo, el budismo. En esta religión, el término buddha
significa «iluminado», y se usa para nombrar a todo
humano que haya conseguido el nirvana.
Los 29 primeros años de la vida del príncipe Siddhārtha
Gauthama Buddha (entre el 566 y el 537 a. C.)
transcurrieron completamente ajenos a toda actividad
espiritual, siempre vivió con su familia. Los detalles de
la infancia y juventud de Siddhārtha
narran una vida rodeada de enorme lujo y comodidad. Recibió la mejor educación
y formación posibles en su tiempo.
Siddhārtha comenzó a sentir curiosidad por conocer cómo eran las cosas en el
mundo exterior y pidió permiso a su padre para satisfacer su deseo. Śuddhodana
accedió, pero preparó la salida de su hijo ordenando que despejaran las calles de
toda visión que pudiera herir la sobreprotegida conciencia del príncipe. No
obstante, sus cuidadosos arreglos fracasaron pues Siddhārtha, aclamado por la
multitud a su paso por las calles, no pudo dejar de percibir el dolor bajo sus
formas más agudas, por primera vez se percató de la vejez, enfermedad y muerte.
El descubrimiento de la vejez, la enfermedad y la muerte fue traumático para
Siddhārtha. Se dio cuenta de que también él estaba sujeto al mismo sufrimiento y
su ánimo se tornó sombrío, pues se preguntaba cómo alguien podía vivir en paz y
felicidad si esto era lo que le deparaba la vida. En una nueva salida al exterior, el
príncipe vio a un anacoreta, un monje mendicante, del cual se sintió impresionado
por su carácter apacible. Decidió adoptar, también él, la vida de los monjes que
vivían en extremo ascetismo, pasando antes unos años como mendigo.
Siddhārtha vivió como un príncipe hasta los 29 años; luego abandonó su hogar,
dejando atrás a su esposa y a su hijo. Partió con la cabeza rapada y ataviado con
un vestido amarillo de itinerante, sin dinero ni bienes de ninguna clase, en busca
de la iluminación. Más tarde descubrió que todo extremo es malo.
En su camino, Siddharta aprendió de la mano de cuatro diferentes maestros. Con
ellos aprendió diferentes técnicas de meditación y logró altos estados de
conciencia. En esencia, las distintas ideas que examinó Siddharta intentaban
redefinir la unión del individuo (Atman) con un absoluto (Brahman) para así lograr
la liberación. Pero a pesar de sus grandes logros con estas prácticas, no encontró
en ellas satisfacción para sus preguntas. Entonces, en un intento por doblegar
totalmente al mundo sensorial, Siddharta probó a someterse a austeridades tan
extremas que casi ocasionaron su muerte, pero aun así tampoco encontró
solución a su problema. Es por esto que decidió investigarlo de una manera nueva
y diferente.
Aprendió dos cosas de suma importancia: primero, que el ascetismo extremo no
conducía a la liberación total, sino que era preciso algo más; y segundo, que,
alcanzado cierto punto, ningún maestro era capaz de enseñar nada más.
Siddhārtha partió decidido a no seguir buscando fuentes externas de sabiduría,
sino a encontrarlas dentro de sí mismo.
Una versión mítica de esta etapa de su vida nos dice que Siddhārtha, en sus
extremas prácticas de ascetismo, después de algunos días sin comer ni beber
agua, pocos minutos antes de su muerte, escuchó a un maestro que estaba
enseñándole a una niña a tocar la cítara. Dicho maestro le dijó que si la cuerda
estaba muy floja no sonaría, pero si la cuerda de la cítara se encontraba muy tensa
se rompería: la cuerda debía estar en su justa tensión para que pudiera dar música
y armonía. En ese momento Siddharta comprendió el camino del medio: tanto el
ascetismo extremo como la vida de placeres del palacio eran dos extremos, y la
verdad se hallaría en la justa medida entre el placer exacerbado y el ascetismo
extremo.
Al final de su periplo Siddhārtha caminó en un lugar llamado Bodhgaya, en el
estado indio Bihar, hasta sentarse bajo la sombra de un árbol llamado bo o bodhi
(ficus religiosa), considerado el árbol de la sabiduría.
Una noche de luna llena decidió no levantarse hasta que hallara la respuesta al
sufrimiento. La culminación de sus meditaciones llegó cuando tomó conciencia de
que ya se había liberado definitivamente. Comprendió las Cuatro Nobles Verdades.
Ya no pesaba sobre él la ilusión del falso yo: su verdadero ser estaba más allá de
las dualidades del aferramiento y la repulsión; había trascendido el espacio y el
tiempo, la vida y la muerte. Comprendió que nunca más volvería a renacer, que
había roto el eterno girar de la rueda del samsara. Esto es el nirvana.
Contando para entonces 35 años, según la leyenda, Siddhārtha despertó de sus
meditaciones como un Buda (‘despierto’, ‘iluminado’) y siguió sentado bajo el
árbol bodhi durante cierto tiempo, disfrutando de la dicha de la renunciación, de la
liberación. Después empezó a enseñar sobre el nirvana a quien le oyera; fundando
lo que se conoce en Oriente como Buddha-Dharma (la enseñanza del buda); en
occidente se conoce más comúnmente como el budismo.
Adoptó varios discípulos, algunos de los cuales también alcanzaron la Iluminación
y enseñaron a su vez a nuevas personas, hasta el día de hoy.