Todos los Mañanas
Una Crónica de Mil Millones de Años de la Miríada de Especies y
Variadas Fortunas del Hombre
Nemo Ramjet (C.M. Kosemen)
Esta es una traducción realizada por Cristian Gamez
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A Marte
Después de milenios de preludio terrestre, los logros de la humanidad a un nivel
notorio comenzaron con su unificación política y la colonización gradual de Marte.
Mientras que la tecnología para colonizar este mundo había existido por algún tiempo,
disputas políticas, agendas cambiantes y la gran apatía de cómoda usurpación terrestre
habían hecho a este paso parecer más distante de lo que realmente era.
Solo cuando los riesgos empezaron a evidenciarse claramente, solo cuando el
medio ambiente de la Tierra empezó a rendirse bajo la presión de doce mil millones de
almas industrializadas, la humanidad finalmente inició la crucial tarea.
A lo largo de las décadas, viajar a, y posteriormente asentarse en Marte había sido
previsto como un rápido, relativamente fácil asunto; complicado pero posible y
gestionable a corto plazo. A la hora de la verdad, fue comprendido que este no era el
caso.
Tuvo que ir paso por paso. El bombardeo atmosférico por microbios genéticamente
adaptados lentamente generó una atmósfera respirable en un ciclo que tomó siglos.
Luego, unos pocos fragmentos cometarios fueron golpeados fuera de curso para producir
mares, océanos; agua. Cuando la espera por fin terminó, restos de flora y fauna de la
Tierra fueron introducidos como nuevas versiones marcianas especialmente modificadas.
Cuando todo estaba listo, las personas llegaron de su mundo abarrotado. Vinieron
en naves unidireccionales; cohetes de fusión y planeadores atmosféricos, llenos hasta el
tope con colonos, durmiendo en sueños de un nuevo comienzo.
Las primeras pisadas en Marte no fueron dadas por astronautas, sino por niños
descalzos en pasto sintético.
3
Los Marcianos Americanos
Por varios cientos de años Marte permaneció como un remanso; prosperando pero
aún tenue comparado con el esplendor de la Tierra, que brillaba más que nunca antes.
Gracias a la relocalización de industrias ambientalmente exigentes a Marte, la Tierra pudo
usurparlo todo, sin tener que dañar su cansada biósfera. Este fue el apogeo terrestre; el
clímax del desarrollo económico, cultural y social en la vieja Tierra.
Esto, sin embargo, no iba a durar. Como la gradual separación de América de su
madre colonial, los gobiernos de Marte adoptaron una nueva identidad marciana. Se
convirtieron en los Marcianos Americanos.
La diferencia entre la Tierra y los marcianos no era únicamente política. Algunas
generaciones en una gravedad más ligera les dio a los nuevos Americanos una estructura
larga, delgada y ágil que se hubiera visto surrealista en su viejo hogar. Esto, combinado
con una cierta cantidad de ingeniería genética, llevó a la separación de los Marcianos a
un nuevo nivel.
Por un tiempo la silenciosa cisma entre los dos planetas fue aceptada
mutuamente, y el balance de poder colgó en un tenso equilibrio. Pero el punto muerto
Terra-Marciano no, no podría durar para siempre. Con recursos ilimitados y una población
enérgica, Marte estaba destinado a tomar la iniciativa.
5
Guerra Civil
El recambio marciano se esperaba que ocurriera de dos formas; bien a través de
ganancias económicas a largo plazo o por un más corto pero doloroso conflicto armado.
Por casi doscientos años, el primer método parecía tomar efecto, pero este tramo gradual
eventualmente se rompió en una forma más destructiva.
Casi desde su establecimiento, la cultura marciana fue bañada con un explícito
tema de rebelión contra la Tierra. Canciones, películas y publicaciones diarias repetían
estas nociones una y otra vez hasta que fueron internalizadas. La Tierra era el viejo,
anquilosado hogar que mantenía a la humanidad atrás, mientras que Marte era nuevo;
dinámico, activo y creativo. Marte era el futuro.
Esta ideología eventualmente alcanzó su semiparanoico, revolucionario ápice.
Aproximadamente en mil años, las naciones de Marte prohibieron todo el comercio y
viaje no esencial con la Tierra.
Para la Tierra, fue una sentencia de muerte. Sin los recursos e industrias de Marte
el apogeo terrestre rápidamente se convertiría en una pálida sombra de su anterior
gloria. Ya que el comercio de bienes esenciales continuó, nadie moriría de hambre. Pero
por cada ciudadano de la Tierra, el boicot marciano significaba la pérdida de hasta tres
cuartos de su ingreso anual.
La Tierra no tenía más opción que reclamar sus antiguos privilegios, por la fuerza si
era necesario. Siglos después de su unificación política, Terra se preparó para la guerra.
La mayoría de pensadores (y fantasiosos) de épocas antiguas habían imaginado la
guerra interplanetaria como un glorioso, frenético espectáculo de naves espaciales
masivas, cazas individuales y acciones heroicas de último minuto. Ninguna fantasía
podría haber estado más lejos de la realidad. La guerra entre planetas era una lenta,
estresante serie de decisiones cronometradas con precisión que significaban destrucción
a escalas bíblicas.
La mayor parte del tiempo los combatientes nunca se veían los unos a los otros.
La mayoría de las veces los combatientes no estaban ahí en absoluto. La guerra se
convirtió en un duelo entre complicadas máquinas autónomas, programadas para
maximizar el daño al otro lado mientras intentaban durar un poco más.
Tal conflicto causó una horrenda destrucción en ambos lados. Fobos, una de las
lunas de Marte, fue destruida y llovió como granizo meteórico. La Tierra recibió un
impacto polar que mató a un tercio de su población.
Apenas escapando de la extinción, las personas de la Tierra y Marte hicieron la paz
y reforjaron un sistema solar unido. Les había costado más de ocho miles de millones de
almas.
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9
El Verano del Hombre
Justo después de la colonización de la galaxia por parte de la humanidad vino su
primera y verdadera era dorada. Criados por los profetas mecánicos, los sobrevivientes
de la plaga edípica construyeron civilizaciones que igualaron e incluso sobrepasaron a las
de sus antepasados solares.
Esta difusión a través de los cielos no significó una pérdida de unidad. Por el
firmamento, flujos constantes de comunicación electromagnética vincularon a los mundos
de la humanidad con tal eficacia que no había colonia que no supiera sobre los
acontecimientos de sus hermanos remotos. La libre circulación de información significó,
entre otras cosas; un ritmo de crecimiento tecnológico enormemente acelerado. Lo que
no podía ser descifrado en un mundo era ayudado por otro, y cualquiera de los nuevos
avances fueron dados a conocer rápidamente a todos en un reino que atravesaba siglos
de luz.
No sorprende que los estándares de vida crecieran a niveles previamente
inimaginables. Mientras que esto no significó exactamente una utopía galáctica, era
seguro decir que la gente de la galaxia colonizada vivió vidas en las cuales el trabajo;
tanto servil como mental, era puramente obligatorio. Gracias a la riqueza de los cielos y
al trabajo de las máquinas, cada persona tenía acceso a un patrimonio material y cultural
más grande que el de algunas naciones de hoy en día.
Durante todo este desarrollo, un curioso fenómeno fue observado. Mientras que la
vida alienígena era abundante en las estrellas, nadie había encontrado ningún signo de
inteligencia verdadera. Algunos atribuyeron esto a una rareza general, mientras que otros
fueron tan lejos como a la influencia divina; resucitando la religión.
Sin tener en cuenta la teorización, una pregunta quedó verdadera y
completamente sin respuesta. ¿Qué es lo que realmente pasaría, si la humanidad alguna
vez se cruzara con sus iguales o superiores en el espacio?
11
Una Advertencia Temprana
Por esos tiempos, un pequeño descubrimiento de implicaciones inmensas advirtió
a la humanidad de que podría no estar sola.
En un mundo colonizado recientemente, ingenieros se habían topado con los
restos de un ser desconcertante, considerado como tal porque tenía todas las
características de animales terrestres en un planeta alienígena. Justificadamente
nombrado Panderavis pandora, el fósil colosal pertenecía a una criatura similar a un ave
con enormes garras. Investigación posterior lo determinó un altamente derivado
Therizinosaurus, de un linaje de dinosaurios herbívoros que se extinguieron hace millones
de años en la Tierra.
Mientras que cualquier otro grande animal terrestre en ese mundo colonial tenía
tres extremidades, un sistema óseo a base de cobre y músculos gestionados
hidrostáticamente; Panderavis era un típico vertebrado terrestre con huesos ricos en
calcio y cuatro extremidades. Encontrarlo ahí era tan poco probable cómo encontrar a un
ser alienígena en los estratos de la propia Tierra.
Para algunos, era una prueba irrefutable de creación divina. El resurgimiento
religioso, impulsado inicialmente por la aparente soledad de la humanidad en los cielos,
se intensificó aún más.
Otros lo vieron de manera distinta. Panderavis le había mostrado a los humanos
que entidades lo suficientemente poderosas para visitar la Tierra, tomar animales de ahí
y adaptarlos a un mundo alienígena, estaban libres en la galaxia. Considerando la brecha
de tiempo del propio fósil, los seres misteriosos eran milenios más antiguos que la
humanidad cuando fueron capaces de tales cosas.
La advertencia era evidente. No se sabía que podría pasar si la humanidad de
repente se topara con esta civilización. Un contacto benevolente era obviamente
preferido e incluso esperado, pero valía la pena estar preparado.
Silenciosamente, la humanidad comenzó a construir y almacenar armas
nuevamente, esta vez de potencia interplanetaria. Habían dispositivos terribles, capaces
de volver ⁸estrellas en novas y destruir sistemas solares enteros. Lastimosamente,
incluso estas preparaciones probarían ser inútiles con el tiempo.
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Qu
El primer contacto estaba destinado a ocurrir. La galaxia, sin hablar del universo,
era simplemente demasiado grande para que solo una única especie desarrollara
inteligencia en ella. Cualquier demora en el contacto solo significaba un aumento del
shock cultural futuro. En el caso de la humanidad, este “shock cultural” quería decir la
completa extinción del ser humano como se había llegado a conocer.
Con casi mil millones de años de antigüedad, la especie alienígena conocida como
Qu eran nómadas galácticos, viajando de un brazo espiral a otro en migraciones que
abarcaban una época. Durante sus recorridos constantemente se mejoraban y cambiaban
a sí mismos hasta que se convirtieron en maestros de la genética y la manipulación
nanotecnológica. Con esta habilidad para controlar el mundo material, asumieron una
religiosa, autoimpuesta misión para “rehacer el universo como vieran que encajaba".
Poderosos como dioses, los Qu se vieron a sí mismos como los heraldos divinos del
futuro.
Este dogma estaba arraigado en lo que había sido un intento benevolente para
proteger a la raza de su propio poder. Sin embargo, ciega, incuestionable obediencia
había hecho monstruos a los Qu.
Para ellos la humanidad, con todas sus relativas glorias, no era más que un objeto
transmutable. En menos de unos miles de años, cada mundo humano fue destruido,
despoblado o incluso peor; modificado. A pesar del ferviente rearme, las colonias no
pudieron lograr nada contra sus oponentes de mil millones de años, salvo por unos pocos
destellos de resistencia efímera.
La humanidad, una vez gobernante de las estrellas, ahora estaba extinta. Sin
embargo, los humanos no.
15
Hombre Extinto
Los mundos de la humanidad, jardines de paraíso terraformado, fueron vistos
extrañamente vacíos por los Qu. Con frecuencia no había materias primas disponibles
más que personas, sus ciudades y unos pocos nichos ecológicos, poblados por animales
genéticamente modificados y plantas de la Tierra. Esto era porque los humanos habían
borrado los ambientes ecológicos alienígenas originales en primer lugar.
Ofendidos por otra raza intentando rehacer el universo, los Qu se dispusieron a
castigar a estos “infieles”, usándolos como los materiales de construcción de su visión.
Mientras que esto condujo a una completa extinción de sensibilidad humana, también
salvó a la especie al preservar su patrimonio genético en una infinidad de nuevas formas
extrañas.
Poblados por humanos sucedáneos, ahora en todas las formas, desde animales
salvajes hasta mascotas y herramientas genéticamente modificadas, los Qu reinaron
supremos por cuarenta millones de años en los mundos de nuestra galaxia. Erigieron
monumentos de kilómetros de altura y cambiaron las superficies de mundos enteros,
aparentemente por capricho.
Un día, partieron como habían llegado. Porque la suya era una misión sin fin y no
querían, no podrían parar hasta que hubieran arrasado por el cosmos entero.
Tras ellos, los Qu dejaron un millar de mundos, cada uno lleno con criaturas
extrañas y ecologías que habían sido una vez del hombre. La mayoría de ellos murieron
después de que sus cuidadores partieran, otros duraron un poco más para sucumbir a
inestabilidades a largo plazo. En unas pocas palabras preciosas, descendientes de
personas verdaderamente consiguieron sobrevivir.
En ellos yacía el destino de la especie, ahora divididos y diferenciados más allá de
reconocimiento.
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Gusanos
Su mundo yace bajo un sol abrasador, cuya intensidad se hizo monstruosa a
través de las intervenciones de los pasados Qu. La superficie reposaba llena con cáscaras
de ciudades muertas, cocinándose sin fin como estatuas destruidas en un horno
abandonado.
Aun así, la vida permanecía en este planeta despiadado. Bosques de “plantas”
cristalinas cubrían la superficie, reciclando oxígeno para la vida animal que rebosaba bajo
la tierra. Una de tales especies, apenas un poco más grande que los brazos de sus
antepasados, fue el único vertebrado sobreviviente. Además, era el último sucesor de la
Gente Estelar en ese planeta.
Distorsionados más allá de reconocimiento por modificación genética, se veían por
toda la palabra como pálidos, demasiado grandes gusanos. Diminutos, frágiles pies y
manos modificadas para cavar fue todo lo que traicionó a su noble herencia. Aparte de
estos órganos, todo fue simplificado para la vida subterránea. Sus ojos eran agujeros, no
poseían dientes, orejas externas ni la mejor mitad de su sistema nervioso.
Las vidas de estos sucedáneos no se extendían más allá de cavar sin rumbo. Si
encontraban comida, la devoraban. Si encontraban a otros de su especie, también los
devoraban en ocasiones. Pero mayoritariamente se apareaban y reproducían, y fueron
capaces de preservar una pizca de su humanidad en sus genes. Con el tiempo, les haría
bien.
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Titanes
En la infinita sabana de un puesto colonial largamente extinto, bestias enormes
vagaban supremas. Más de cuarenta metros de largo en medidas terrestres, estos
gigantes eran, de hecho, la descendencia transmutada de la Gente Estelar.
Varias características traicionaron a su ascendencia humana. Aún mantenían
pulgares rechonchos en sus pies frontales elefantinos, ahora inútiles para cualquier tipo
de manipulación precisa a excepción de desarraigar árboles. Compensaron esta pérdida
al desarrollar su labio inferior en un musculoso órgano parecido a una trompa, que
recordaba a los elefantes del pasado de la Tierra.
Por muy bestiales que parecieran, los Titanes estaban entre los más inteligentes
de los reducidos sub-humanos que quedaban en la galaxia. Su descomunal postura
permitió un cerebro desarrollado y, gradualmente, la sensibilidad reemergió. Con sus
trompas labiales diseñaron tallas de madera ornamentales, erigieron viviendas parecidas
a hangares e incluso empezaron una forma de agricultura primitiva. Con vida asentada
vino la inevitable oleada de lenguaje y literatura; mitos y leyendas de lo antiguo, pasado
medianamente olvidado fue contado en estruendosas voces a través de las vastas
llanuras.
Era fácil de ver que, dentro de unos cientos de años, la humanidad podría iniciar
de nuevo con estos primitivos titánicos. Desgraciadamente, cuando una catastrófica era
de hielo se apoderó del mundo natal de los Titanes, los gigantes gentiles desaparecieron
para nunca volver.
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Depredadores y Presas
Los depredadores involucionados eran comunes entre los mundos salvajes de la
humanidad. La mayoría del tiempo se asemejaban a vampiros, hombres lobo y duendes
del folclore pasado; cazando igualmente presas subhumanas con una combinación de
armamento derivado. Algunos tenían enormes cabezas con grandes dientes asesinos.
Otros desgarraban a sus víctimas con pies parecidos a garras. Pero los tipos más
comunes llevaban dedos y pulgares modificados, erizados con afiladas zarpas.
El más eficiente de estos depredadores vivía en una de las primeras colonias
extraterrestres de la humanidad. En adición a manos como garras con pulgares de
navaja, también tenían mandíbulas boquiabiertas, tachonadas con dientes en cabezas
desproporcionadas con grandes orejas sensitivas. Todo esto sirvió para convertirlos en los
depredadores dominantes en su planeta natal.
Recorrían las praderas, acechaban los bosques y se extendían por las montañas en
búsqueda de distinta gente; saltadores herbívoros con piernas parecidas a aves. Mientras
su presa caía en completa animosidad, los cazadores lograron mantener la chispa de
inteligencia viva en su perfeccionamiento evolutivo.
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Un Pastor de Lagartos analiza el mundo con sus ojos en blanco mientras su ganado crece
más fuerte e inteligente. El futuro no parece pertenecer a él.
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Un macho y una hembra Tentador ilustran la discrepancia sexual que es característica de
su especie. Obsérvese la alargada vagina como agujero de la hembra. Al aparearse, los
machos descienden a esta como pasajeros de metro.
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Una sección de un campo colonial muestra la miseria que compromete sus vidas enteras.
Nótese que estas criaturas pueden reproducirse a través de métodos tanto asexuales
como más familiares.
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Un Volador ancestral en su elemento natural. Aunque desgarbadas, estas criaturas tienen
una ventaja metabólica artificial que les da un enorme potencial evolutivo.
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Un Aleteador de Manos en el borde de su territorio de apareamiento. Durante su casi
cómica exageración de exhibición sexual, su clase ha comenzado a perder su ventaja en
la adaptación. La de ellos será una ruidosa, extática, pero en definitiva, efímera
existencia.
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Un padre Ciego sobresaltado con su hija de un año. Aunque él sabe que es mejor
quedarse quieto con el fin de confundir a los depredadores provistos de sonares, la niña
grita y se ensucia a sí misma en terror. Sus dedos atenuados son el distintivo de una
vida pasada en la oscuridad.
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Un Torcido alimenta a algunas mascotas autóctonas de su mundo de alta gravedad. La
domesticación de fauna nativa es el primer paso de los Torcidos en el largo camino hacia
la civilización.
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Una persona parasitaria mostrada en tamaño real. Aunque su destino parece inhumano
en todo aspecto a un observador de hoy en día, su supervivencia muestra que tales
valores subjetivos son inefectivos en materia de sobrevivencia a largo plazo.
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Los favoritos de los Qu. Una hembra Hedonista se recuesta sola en una playa,
contemplando absolutamente nada. Sin ninguna presión del mundo, sus días se hacen
sobre la marcha.
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Dentro de cuarenta millones de años, los Espaciales como este individuo son los únicos
seres humanos verdaderamente sensibles que sobreviven. Están tan cómodos en sus
refugios ingrávidos que el destino de sus primos bestiales en algún lugar no les interesa.
Son también terriblemente raros; su población entera en la vía láctea no supera unas
pocas docenas de arcas y unas cien mil millones de almas.
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Solo unos mil años después de la partida del Qu, un Perseguidor de Ruinas mora entre
los destrozados restos de una ciudad de la Gente Estelar. La forma dominante de una
pirámide Qu aún más grande puede ser vista en el fondo.
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Extinción
No todos los animales humanos lo consiguieron. De hecho, debe ser tomado en
cuenta que la mayoría de los humanos post-Qu fallecieron durante las eras de transición.
La extinción, la completa y absoluta muerte de una familia, comunidad, especie entera,
era generalizada en la galaxia.
No había nada cruel o dramático en todo esto. La extinción era tan común y tan
natural como la especiación. Algunas veces una especie simplemente fallaba en
adaptarse a la competencia o al abrupto cambio de condiciones. En otras ocasiones, sus
números decayeron a través de golfos de tiempo imperceptibles. De esta forma u otra,
los animales humanos desaparecieron.
En toda esta muerte, sin embargo, hubo nueva vida. Mientras una especie
desalojaba un cierto nicho, otras pronto entrarían a tomar su lugar. Radiaciones
adaptativas seguirían, llenando los espacios con miríadas de diversas y variadas formas.
A pesar de los caídos, el flujo de vida continuaría, ardiendo en constante rotación.
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Gente Serpiente (Descendientes de los Gusanos)
El ardiente sol eventualmente se enfrió, y la vida inundó de vuelta la superficie de
su fortaleza subterránea. Mientras que animales de todos los tipos se disparaban en los
nichos terrestres que habían sido desocupados por milenios, también lo hicieron los
descendientes de los Gusanos. En la superficie, encontraron nuevas oportunidades como
conjuntos enteros de rumiantes serpentinos, nadadores, depredadores…
…y personas. Una forma, descendió de serpientes mamíferas trepadoras de
árboles, re-evolucionó la inteligencia humana que había permanecido inactiva por tanto
tiempo. Observaron, contemplaron y filosofaron con nuevos cerebros espiralmente
enrollados y manipulaban el mundo con una única "mano" pélvica, nacida de los
remanentes de los pies de sus ancestros.
No se veían para nada como sus distantes ancestros humanos, pero su desarrollo
social siguió un camino similar; gran cantidad de mundos imperiales seguidos de
revoluciones industriales, experimentos sociales, guerras mundiales, guerras civiles y
globalización. Pero por otro lado, el paralelismo sociopolítico en la historia no significaba
necesariamente un similar o incluso reconocible mundo humano.
Las ciudades modernas del mundo global serpentino eran enredos de "carreteras"
parecidas a tubos, bifurcando, ferrocarriles tridimensionales y edificios sin ventanas
semejantes a agujeros. Aunque su compleja arquitectura difería de región en región,
estos asentamientos se veían generalmente como esferas de kilómetros de ancho de
cristal, plástico y tela, envuelta tan apretadamente que un humano de hoy encontraría
imposible moverse dentro de ellas. Las plazas y áreas abiertas estaban totalmente
ausentes, puesto que presentaban obstáculos navegacionales y áreas de inseguridad. Su
contexto evolutivo en los árboles había hecho a la Gente Serpiente casi agorafóbica.
Ninguna de estas cosas, por supuesto, eran inusuales para las Serpientes de
alguna forma. Su estilo de vida relativamente "alienígena" era tan particular para ellos
como el nuestro es para nosotros. Por todo su mundo, las ciudades importantes
palpitaban con personas, cada una con sus propios placeres, lamentos y tareas, viviendo
vidas tan humanas como cualquier otro ser inteligente.
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Gente Asesina (Descendientes de los Depredadores humanos)
Los carnívoros también se restablecieron a la civilización. Su viaje involucró una
serie de cambios durante los cuales perdieron las adaptaciones que les habían permitido
perdurar como los depredadores superiores de su mundo. Los dientes de sable, una vez
usados para cortar a través de tendón y tráquea, se volvieron frágiles y delgados,
solamente útiles como órganos de exhibición social. Las garras de los pulgares parecidas
a garfios también fueron reducidas, pero no eliminadas. En su lugar, los últimos dos
dedos rotaron perpendicularmente para convertirse en novedosas pinzas. Toda esta
gracilidad, sin embargo, no significaba debilidad. Aunque ya no fueran especializados
para la caza, la Gente Asesina podía seguir matando con sus manos desnudas, pero solo
si realmente lo quisieran. Lo que enormes garras y dientes no pudieran hacer, lo podrían
conseguir fácilmente con arco, flecha, fusil de chispa de repetición o rifle de gas.
Su descendencia de depredadores dio a la Gente Asesina un perfil social único.
Casi todas sus religiones poseían rituales permitiendo períodos de completamente
naturales cazas animalísticas y duelos. Esta necesidad de descargar estos impulsos
atávicos también llevó a la formación de religiosas “noblezas de caza”; guerreros
privilegiados que eran habilidosos en las artes de cacería, guerra y asesinato. Sociedades
enteras fueron ensambladas debajo de estas clases gobernantes; comunidades
ordenadas que estallaban una vez cada año en una orgía de muerte, sexo y oración. Por
miles de años, guerreros nómadas, junto con sus vastas manadas de ganado una vez
humano, perseguían y luchaban unos contra los otros a través de un tablero de ajedrez
de continentes.
Todo este caos fue barrido con la llegada de la modernidad. En un desarrollo
comparable a una revolución industrial, una manada de Asesinos ideó métodos de una
establecida cría industrial intensiva. Una estructura estatal organizada, secularismo y un
salto tecnológico fueron rápidos en seguir.
No hace falta mencionar que tales desarrollos polarizaron al mundo en bandos de
progresistas “pastores industriales” desarrollados y cada vez más fanáticos “Estados de
caza”. Mientras que un bando condenaba sus viejas costumbres animales, el otro las
acogía con ciego extremismo. Esta fue la crisis de la modernidad; la balcanización de las
facciones progresista y conservadora en el camino a la unidad global. Afortunadamente,
los Asesinos consiguieron avanzar, incluso después de derrapar peligrosamente cerca de
un conflicto global en ciertos puntos.
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Criadores de Herramientas (Descendientes de los Nadadores)
Solían ser criaturas simples, descendientes de gente maltratada que había
ocupado el mar. Sus remotos ancestros sapiens habrían dado a tales seres ninguna
chance de un retorno sensible, puesto que pensaban que los avances tecnológicos eran
imposibles en el fluido medio de los océanos. Pero los Nadadores refutaron tales
predicciones fundando una de las culturas más avanzadas y excesivamente alienígenas
de todo el linaje humano.
El fuego, la piedra angular de la ingeniería industrial, era casi imposible de
mantener y usar bajo el agua. Pero los Criadores simplemente escogieron otra vía cuando
la construcción de herramientas complejas probó ser imposible. Empezaron a criar sus
herramientas y máquinas para ellos.
Había empezado mucho antes de que la especie fuera siquiera inteligente. En la
infinita variedad de vida en los mares, los Nadadores siempre adoptaron y controlaron los
organismos que fueran útiles en algún sentido. Una vez domesticadas, estas criaturas
fueron modificadas voluntaria o involuntariamente a través de selección artificial y
acondicionamiento. El proceso fue lento, pero en cuanto se puso en marcha, sus efectos
fueron formidables.
Una ciudad moderna de los Criadores era una vista para contemplar. Gigantes
criaturas parecidas a un corazón bombeaban fluidos nutritivos a una red de conductos
vivientes de autoreparación. Este era su equivalente a una fuente de poder, y alcanzaba
cada una de las enormes viviendas exoesqueléticas de los Criadores; “alimentando” luces
bioluminiscentes, parpadeantes televisiones de piel de cefalópodos, chorros marítimos
medicinales y otros dispositivos que habían sido criados de seres vivientes. Los avances
en biología habían crecido exponencialmente, hasta que la ingeniería genética fue
completamente dominada. Los Criadores modernos no necesitaban siquiera usar
animales; una simple manipulación de tejidos cultivados y células madre podrían dar
soluciones a cualquier problema en cuestión.
La maestría en genética había conquistado muchos obstáculos. Los profundos
fondos oceánicos, así como también las diminutas masas terrestres del planeta estaban
ahora firmemente al alcance de los Criadores. No obstante, no se despreciaron con meros
sueños planetarios. Nuevas formas y extrañas criaturas aún permanecían siendo
desarrolladas en atrevidos intentos de conquistar el reino que era el más hostil para la
vida.
Sellados en sus naves vivientes, los Criadores deseaban regresar a las estrellas.
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Sapiensaurios (Ganado de los Pastores de Lagartos)
Uno de los eventuales herederos de la humanidad no era ni siquiera humano.
Venían del ganado reptiliano que había proliferado durante la desaparición de los
Pastores de Lagartos.
El suyo fue un verdadero caso de un mundo dado vuelta. Mientras los humanos se
degeneraron a animales estúpidos, los reptiles de sangre fría prosperaron en el clima
tropical de su planeta. Milenios pasaron y comenzaron a producir formas cada vez más
inteligentes, una de las cuales, asemejándose distantemente a una versión sin plumas de
los dinosaurios predatorios del pasado, cruzó el umbral de sensibilidad y construyó una
serie de civilizaciones.
Estas culturas incipientes fueron rápidas en entender el verdadero origen de las
monstruosas ruinas ensuciando su planeta, ruinas que hasta ese entonces habían sido
consideradas aberraciones naturales o eternos recuerdos de dioses. Ahora, sin embargo,
vieron las entremezcladas ruinas de los Qu y la Gente Estelar por lo que realmente eran.
Fue a través de este entendimiento que los biológicamente no relacionados Saurios
tomaron la identidad cultural de la humanidad.
En sus esfuerzos arqueológicos, los Saurios empezaron a comprender que los
animales que usaban como comida y mano de obra descendieron de los fundadores de su
propia existencia. Y en algún lugar de las estrellas acechaban las fuerzas que los
deformaron, fuerzas más grandes que la Gente Estelar, fuerzas oscuras que podrían
retornar algún día. Los animales humanos servían como un recordatorio, justo como
Panderavis había sido, de que si los Sapiensaurios querían asegurar su continua
existencia en el cosmos, tenían que estar alerta.
La presión de tal realidad puso a sus culturas bajo enorme estrés. Algunas
facciones acudieron a religiones inventadas y permanecieron ignorantes bajo una
sombrilla de fantasías reconfortantes. Otros reconocieron las amenazas de la galaxia,
pero retornaron una retórica paranoica de conservacionismo. La galaxia los había
asustado enormemente. Por último, habían aquellos que vieron el reducto galáctico y
actuaron para enfrentar las posibilidades, por más grandes que pudieran ser. Los
conflictos e incluso guerras no eran raros entre estas tres facciones.
Al final, la disputa centenaria empezó a resolverse en favor de las facciones
progresistas. Mientras se extendían sus esferas de conocimiento, influencia y actividad,
los Sapiensaurios se volvieron tan "humanos" como cualquier otra civilización abriéndose
a la galaxia.
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Gente Modular (Descendientes de los Coloniales)
Las obras ciegas de la evolución siguieron los caminos más poco probables,
haciendo uso de las más fugaces oportunidades. La propia existencia de la Gente Modular
era un testimonio de este hecho. Sus ancestros, los Coloniales, se podrían haber visto
como parapléjicos sin esperanza para casi cualquier espectador; carecían de órganos
coherentes y su existencia estaba limitada a alfombrar las costas marinas como esteras
de algas. Pero por muy degenerados que fueran, los Coloniales eran sobrevivientes
resistentes, capaces de aferrarse a la vida en las condiciones más severas.
Con el paso del tiempo, empezaron a organizarse en colonias diferenciadas en
lugar de esteras homogéneas. En las colonias, cada "célula" humana podría realizar una
función singular y beneficiarse de la unión de otros. Por tanto, comenzó la gran era de la
organización, durante la cual distintas colonias competían las unas con las otras
desarrollando células humanas especializadas que les darían una ventaja en la lucha por
la vida. Algunas colonias crecieron enormes raíces principales que eran capaces de
desviar recursos desde lejos. Otros abandonaron las raíces por completo y comenzaron a
moverse en segmentos de pie parecidos a estrellas. Algunas colonias presentaron
unidades equipadas con garras y venenos, llevando la competición a un mortífero nuevo
nivel. Otros respondieron a la amenaza con blindaje o células vigilantes provistas de
grandes ojos.
El eventual ganador de esta carrera armamentística Colonial fue un asentamiento
sensible; organizado alrededor de unidades hiperespecializadas cuyo único propósito era
el de dirigir a los demás. Estas colonias se extendieron por el planeta mientras adaptaban
las partes de sus rivales para funcionar entre ellos mismos. Así nació la Gente Modular.
Al vivir en una megalópolis totalmente industrializada, vinieron en una
indescriptible variedad de formas y tamaños. Todo desde bosques guardianes parecidos a
castillos hasta diminutos, correteros mensajeros eran miembros del conjunto Modular. Se
podían combinar el uno con el otro y dividirse, o intercambiar partes según las
necesidades se presentarán. La única cosa constante en toda su existencia proteica era
su unidad mental y cultural.
Gracias a su estructura biológica, esta gente había logrado lo imposible. Estaban
realmente viviendo en un mundo de paz e igualdad utópica, donde todos eran felices de
ser partes de aún más grandes conjuntos unificados.
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Pterosapiens (Descendientes de los Voladores)
Los corazones supercargados de los Voladores les dieron una mano ganadora
evolutiva, y se diversificaron para llenar los cielos. Era solo cuestión tiempo antes de que
la competición en el firmamento se volviera demasiado intensa, incluso para sus
sobrealimentados metabolismos.
Algunos linajes sacrificaron sus alas y retornaron a la tierra, viviendo como
diferentes tipos de depredadores, herbívoros e incluso nadadores. Sus adaptaciones
aéreas les otorgaron una ventaja en la tierra y produjeron formas de asombroso tamaño
y agilidad. Habían seres maravillosos, pero ninguna sensibilidad surgió de las terrestres
bestias del cielo. En cambio, la civilización floreció en los cielos. Una especie de una línea
de predadores de vadeo parecidos a cigüeñas, evolucionó un cerebro que era lo
suficientemente grande para imaginar y actuar sobre el mundo. Sus pies, ya versátiles
para atrapar a la resbaladiza presa de pantano, se volvieron aún más articulados y
asumieron el rol de manos. Como compensación, perdieron algo de su perfeccionamiento
aéreo, pero lo que no podían hacer con sus cuerpos, eran más que capaces de
compensarlo con sus mentes.
Su poder de vuelo hizo a los Pterosapiens gente globalizada, antes de que
pudieran inventar naciones y fronteras. Con tal inherente facilidad de viaje, ideas e
individuos se difundieron demasiado rápido como para que las diferencias sociales se
osificaran. Actuando con conciencia planetaria, cultivaron a sus gigantescos, terrestres
parientes, erigieron ciudades de perchas y torres acanaladas, hicieron provecho del
átomo y empezaron a observar a las estrellas, sin tener que compensar (mucho) por el
bienestar del individuo promedio, y sin tener que dividirse en facciones pendencieras.
Por muy igualitaria que se viera su vida, pagaron un atrófico, inevitable precio.
Sus corazones, incluso en su estado mejorado, tenían problemas soportando el poder de
vuelo y grotescamente gigantes cerebros al mismo tiempo. Como consecuencia, tenían
una esperanza de vida efímera. Un Pterosapien era sexualmente maduro a los dos, de
mediana edad a los dieciséis, y usualmente muerto a los veintitrés años de edad de
nuestro tiempo. Este triste ciclo causó que apreciaran de forma entrañable cada
momento de su existencia, y reflexionaron ante esta con afiebrada intensidad. Una
estantería de pergaminos por filósofos Pterosapiens hubiera sido la envidia de cada
biblioteca humana. En sus ciudades, la vida transcurría con velocidad irreal, pasando
apresuradamente a conocer breves plazos.
Como especie, los angelicales voladores fueron víctimas de enfermedades del
corazón.
73
Gente Asimétrica (Descendientes de los Torcidos)
Aunque contorsionados por la gravedad, los Torcidos lograron recobrar su
sensibilidad, y desarrollar una civilización en unos escasos millones de años. Rechonchos
edificios parecidos a panqueques se expandieron por todo su mundo. Estas
construcciones se veían como búnkeres aplastados, y nunca eran de más de unos pocos
metros de alto. No parecían como mucho, pero tales estructuras eran entradas a
subterráneas viviendas, escuelas, hospitales, templos, universidades, pero también
embajadas, prisiones, manicomios, centros de comando y arsenales. Vivían vidas
extrañas, pero los Torcidos eran humanos en todas sus virtudes y males. Por tanto, era
únicamente natural para ellos expandirse hacia el exterior y buscar nuevas fronteras que
colonizar. Afortunadamente, su sistema solar albergaba otros planetas, similares al
mundo natal de los Torcidos en casi todos los aspectos, en todos los aspectos a excepción
de la gravedad. Pero no estaban dispuestos a dejar que tales detalles triviales los
detuvieran.
A lo largo de su historia, los humanos siempre se habían arriesgado cambiándose
a sí mismos para preservar su futuro. Era una apuesta riesgosa, pero había dado sus
frutos desde los días de los Marcianos Americanos. Aunque reestructurar los aplanados
cuerpos de los Torcidos para una gravedad benigna era, en efecto, una tarea
monumental. Basta con decir que los experimentos tomaron milenios para incluso
alcanzar un éxito limitado. Después de incontables intentos, la Gente Asimétrica nació, o
mejor dicho, se creó. Sus cuerpos fueron cambiados considerablemente; lo que habían
sido dedos de los pies parecidos a palas para arrastrarse a través de la tierra de alta
gravedad se habían convertido en patas de ciempiés, y la singular mano de agarre fue
alargada a un grado extremo. Sus caras grotescas se habían invertido y dado vuelta
después de revertir de una existencia semejante a la de una platija. Por muy retorcidos
que fueran, los miembros de esta nueva raza disfrutaron de increíbles ventajas sobre sus
antepasados aplanados.
Su desarrollo social también era paralelo al de los pasados Marcianos Americanos.
Nuevamente hubo una era de oro seguida de cada vez mayores tensiones y guerra
interplanetaria. Pero a diferencia de los Marcianos, los Asimétricos exterminaron
despiadadamente a su raza progenitora y pasaron a gobernar el sistema solar por sí
solos. En su ida, se toparon con los restos de los Qu y la Gente Estelar, y avanzaron
inmensamente. Triunfantes en su propio reino, fueron a los cielos por mayores
explotaciones.
75
Simbiontes (Descendientes de los Parásitos)
Con el paso del tiempo, las relaciones entre los parásitos y sus huéspedes se
conectaron a tal grado, que empezaron a suponer una cooperación de los individuos.
Estas ya no eran relaciones unilaterales; a cambio de la nutritiva sangre de los
huéspedes, los parásitos ofrecían sus elevados sentidos como advertencia temprana en
contra de los depredadores y otros peligros.
Por lo tanto, una gran “carrera armamentística” de relaciones simbióticas
comenzó. Algunos parásitos ofrecieron a sus huéspedes ojos más grandes, otros sentidos
agudizados del olfato, escucha o incluso armas adicionales de defensa en la forma de
saliva venenosa, rociadores malolientes o una picadura extra. Los huéspedes devolvieron
el favor con piernas más alargadas para correr, cuerpos más fuertes, y especializados,
ergonómicos sitios de anidación ricos en vasos sanguíneos y cubiertos de pelaje aislante.
Diferentes complejos de especies de parásitos y huéspedes evolucionaron, compatibles
solo entre sí mismas.
El desarrollo de dichas criaturas fue en una forma, reminiscente a las grandes
colonias Modulares, prosperando en su propio mundo a años luz. Pero a diferencia de los
Modulares, los componentes de los Simbiontes pertenecían a diferentes especies, en
lugar de variaciones modificadas del mismo organismo básico. Eventualmente, ambas
relaciones llevaron al mismo punto: sensibilidad.
En los bosques recluidos de un cierto continente, una nueva especie parasitaria se
desarrolló. No tenían los rociadores balísticos de veneno, ni las picaduras infecciosas, ni
las asquerosamente hipertrofiadas garras de los brazos de sus parientes. En cambio,
estos parásitos ofrecieron un trato más simple; la habilidad para pensar a cambio de
sumisión total. Inicialmente, esta relación era más como la de un caballo y su jinete, pero
después de unos cientos de miles de años, los Simbiontes pudieron manipular a sus
huéspedes como marionetas a través de una combinación de señales táctiles y olfativas.
Unos cuantos milenios más y estos seres combinados desarrollaron un orden no
como el nuestro, con países, política e incluso guerra, aunque reducida en la cultura
mundial recientemente globalizada. En esta época la tecnología desempeñó la mayoría de
las funciones de los huéspedes, pero una pujante cría de estas criaturas permaneció por
tradición y simple eficiencia. Un Simbionte promedio empezaría su día en su huésped de
negocios, y se movería a uno doméstico más cómodo cuando volviera a casa después del
trabajo.
Y quizás, en la televisión olfatoria, podría oler noticias de las excavaciones de las
ruinas con millones de años de los Qu, de maravillosos descubrimientos recuperados de
los restos de la Gente Estelar, o de los enormes conjuntos radiales que se elevaban en
todas partes para escuchar a las estrellas.
Era un patrón que estaba siendo repetido por doquier.
77
Gente Marinera (Descendientes de los Pescadores de Dedos)
Los Pescadores de Dedos estaban entre las especies posthumanas más
divergentes. Con dedos parecidos a un arpón y hocicos casi crocodilianos, no se veían
para nada como su estirpe parental. Pero incluso esta forma se vería conservadora para
sus descendientes sensibles. Con muchas islas pequeñas esparcidas, subcontinentes
aislados y nichos diferenciados, su mundo natal era un caldero evolutivo donde miembros
apartados de ciertas especies podrían, bajo las circunstancias adecuadas, evolucionar a
formas extremadamente distintas. Esta condición era similar a las esferas insulares de
Madagascar, Galápagos, o Hawái en la vieja Tierra, a excepción que esta vez, era en una
escala global.
Algunos descendientes de los Pescadores, atrapados en islas solitarias, se
volvieron más pequeños y desarrollaron sus garras de pesca en agraciadas alas. Otros
salieron directamente a los mares y se convirtieron en los análogos de las ballenas,
delfines y mosasaurios. Dentro de este burbujeo evolutivo, un linaje en particular dio
origen a la ancestral Gente Marinera.
Ellos también alargaron sus dedos en alas, pero estas no fueron usadas para el
vuelo. En cambio, se volvieron velas que los condujeron sin esfuerzo por los océanos.
Con dedos convertidos en velas, usaron sus bocas y lenguas extendidas para atrapar a su
presa pelágica. Estos órganos eventualmente asumieron el rol de las por mucho tiempo
atrofiadas, diestras manos de los Pescadores. La necesidad de navegar mejor por los
infinitos mares puso una presión inevitable en sus memorias, y los cerebros de los
Marineros crecieron en consecuencia. Era solo cuestión de tiempo hasta que uno de estos
navegantes se volviera lo suficientemente inteligente para pensar.
Aun siendo sensibles, la Gente Marinera necesitó un largo tiempo para lograr
algún tipo de estabilidad social. Su esparcido mundo permitió una increíble diversidad de
culturas, las cuales competían y luchaban igual de resistentemente. A través de las
generaciones, incalculables flotillas de combatientes tribales batallaban unos contra otros
en conflictos inútiles que abarcaban épocas. Guerreros nómadas y sociedades piratas
inevitablemente nacieron, prolongando el incontrolable ciclo de violencia.
Solo cuando una cierta tribu guerrera desarrolló la guerra a una escala industrial,
y la sociedad estatal necesaria para respaldarla, y luego, solo cuando esta noción de
modernidad produjo una idea de paz, la Gente Marinera finalmente logró unificarse.
Generaciones de sangre habían manchado los océanos por demasiado tiempo.
79
Satiriacos (Descendientes de los Hedonistas)
Su existencia empapada de placer, encerrada entre su estático mundo paradisíaco
y su inherentemente lento paso evolutivo, parecía inmune al cambio. Tal vez esto fuera
cierto por unos millones de años más o menos. Pero en escalas más grandes, la completa
estasis era un mito.
Durante una era en particular, las agitaciones geológicas tiraron gigantescas
masas terrestres sobre los océanos de poca profundidad de su mundo. Los Hedonistas,
hasta ese entonces atrapados en una única isla no más grande que la Islandia de hoy, no
tardaron en colonizar estos nuevos pastizales. Esto era más que un éxodo necesario,
puesto que los eventos que alzaron las nuevas tierras también habían arrojado enormes
nubes de ceniza que sofocaron la atmósfera y bloquearon el Sol. Con su inocencia
finalmente estropeada, la mayoría de los Hedonistas murieron, incapaces de adaptarse.
Los únicos sobrevivientes eran maníacos de rápida procreación que habían abandonado
las peculiaridades reproductivas de sus ancestros. Fueron estas formas las que
colonizaron el recién nacido continente y dieron lugar a una multitud de especies que
incluían a los Satiriacos, herederos sensibles de los Hedonistas.
Estos seres se parecían a sus ancestros en un vasto grado, excepto que ahora
lucían enormes “colas”; órganos de balance sin huesos, tejidos de músculos pélvicos
extendidos y grasa. Junto a este apéndice, sus cuerpos enteros fueron reorientados en
horizontales, casi dinosáuricas posturas. Aunque habían abandonado las estrategias de
reproducción frenéticas de sus ancestros, sus vidas sociales mantenían un tinte
encantador de promiscuidad casual.
La civilización Satiriaca fue veloz en establecerse a sí misma globalmente, incluso
con las masas de tierra adicionales, el dominio terrestre de su mundo permanecía no más
grande que Australia. Por un tiempo, tres y luego dos imperios competían uno contra el
otro, antes de disolverse en una miríada de pequeñas naciones y reunificarse finalmente
en un orden mundial coherente. Desde este punto en adelante, el mundo Satiriaco se
convirtió de vuelta en un Valhalla de placer, con festivales, conciertos y orgías ritualizadas
puntuando cada semana de trabajo. Esta vez, sin embargo, podía ser saboreado por
inteligencia verdadera.
81
Caras de Bicho (Descendientes de los Insectófagos)
A lo largo del tiempo, sus ancestros insectívoros llegaron a asemejarse a su presa.
Endurecidas, correosas placas faciales, una vez usadas para defenderse contra picaduras
y mordiscos, se osificaron y se integraron en la estructura de la mandíbula. Sus manos y
pies, con un reducido número de dedos, se desarrollaron en asuntos como pinzas. Su
metabolismo incluso se revirtió parcialmente a una ectotermia en el cálido, perezoso
clima de su planeta.
Pero no fue ninguna de esas adaptaciones la que les dio la ventaja en la
supervivencia. En palabras sencillas, un defecto congénito les permitió recuperar su
sensibilidad. Incluso después del asfixiamiento de los Qu, los genes de la Gente Estelar
se mantuvieron durmientes en sus células. A través de coincidencia pura, un linaje de
Insectófagos desarrolló una regresión atávica, resultando en cerebros más grandes. Los
cuales resultaron ser útiles para abrir nidos de insectos con toscas herramientas de
piedra.
Fue un viaje fácil de aquí en adelante. Aunque de milenios en sí mismo, el
desarrollo desde un hacha de piedra hasta una nave espacial fue un parpadeo en el
tiempo geológico. Como muchas otras especies, los Caras de Bicho pasaron a través de
ciclos consecutivos como imperios agrarios (en su caso cultivadores de nidos), esfuerzos
coloniales, industrialización, guerras mundiales masivas y finalmente Estados mundiales
globalizados. Pero había una cosa que separaba su desarrollo del de todas las otras
especies posthumanas.
Enfrentaron otra invasión alienígena.
La historia no registró mucho acerca de los invasores, excepto que a diferencia de
los Qu, lo suyo era un esfuerzo singular y que fue derrotado en un intenso ciclo de
guerras orbitales y terrestres. Aunque vencidos, los invasores sí tuvieron éxito en dejar
atrás sus huellas. Introdujeron su propia flora y fauna, la cual floreció en el planeta natal
de los Caras de Bicho mucho después de que partieran. Más importante, imbuyeron a los
pobres Caras de Bicho con una xenofobia patológica entre especies, al punto en el que
temían incluso a sus primos posthumanos en otras estrellas.
A través de un irónico giro del destino, sus miedos serían más que justificados,
aunque todavía no. Los Caras de Bicho aún tenían tiempo.
83
Asteromorfos (Descendientes de los Espaciales)
Inicialmente refugiados, los Espaciales fueron veloces en dominar la vastedad del
espacio interestelar. Sus aisladas arcas espaciales se juntaron y multiplicaron para formar
un gigantesco, entrelazado artefacto que era lo suficientemente grande para contener
mundos enteros. Pero ningún planeta yacía dentro de la capital Asteromorfa; solo
cavernosas, ingrávidas burbujas donde los habitantes podían finalmente desarrollarse al
máximo.
Libres de las restricciones del peso, sus cuerpos crecieron larguiruchos e
insectiles, con dedos individuales extendiéndose en multitudes de delgadas, versátiles
extremidades. Aparte de esto, los únicos órganos desarrollados fueron sus derivados
esfínteres de chorro; los cuales pasaron a convertirse en los medios principales de
locomoción. Pero sobre todo estaban sus cerebros, sus protuberantes, hinchados
cerebros.
Sin el impedimento de la gravedad, el cerebro humano podía crecer a tamaños sin
precedentes. Cada generación ideó experimentos que produjeron descendencia con una
capacidad craneal mayor, dando lugar a seres que iban por su vida cotidiana pensando en
conceptos y estructuras escasamente comprensibles para las personas de hoy. Las
limitaciones fisiológicas de la mente humana habían sido debatidas desde hace mucho.
Ahora, fue establecido que estos límites eran verdaderamente reales, e individuos que los
pudieran romper podrían, asimismo, conquistar nuevos terrenos en filosofía, arte y
ciencia. Todo cambió.
A pesar de todo, algunos aspectos de la humanidad, como el deseo básico por
expandirse, permaneció. Para este objetivo los Asteromorfos construyeron grandes flotas
de subarcas globulares y expandieron su influencia a través de los cielos, en cada cúmulo
estelar y sistema de estrellas. En menos de mil años, la galaxia fue abarcada por un
nuevo y mucho más alienígena Imperio del Hombre.
Curiosamente, su dominio no incluía a ninguna de las recientemente emergentes
especies posthumanas, puesto que sus maestros habían perdido completamente el
interés en los planetas; esas atrofiadas bolas de tierra y hielo encadenadas a la
gravedad. Las recién nacidas arcas se asentaron cómodamente en los bordes exteriores
de los sistemas estelares, silenciosamente observando las vidas de sus parientes con
problemas.
Por primera vez en la historia, habían verdaderos Dioses en la miríada de cielos
humanos. Eran silenciosos y ni siquiera notados la mayoría del tiempo, pero su vigilancia
iba a dar frutos en última instancia.
85
Segundo Imperio Galáctico
Con el tiempo, los sensibles posthumanos empezaron a alcanzar la galaxia.
Inevitablemente se toparon con las ruinas de la Gente Estelar, y se dieron cuenta de su
ascendencia interestelar. Estos descubrimientos fueron seguidos de una comprensión;
que podrían haber otros como ellos a distancias inimaginables. Por lo tanto, las
civilizaciones incipientes se dispusieron a investigar los cielos.
Los contactos, todos establecidos por radiocomunicación, no fueron difundidos
uniformemente. El Imperio inició poco más de unos millones de años después de la
partida de los Qu, con el primer diálogo entre las más tempranas Gente Asesina y
Satiriacos. Unos pocos miles de años después se les unieron los Criadores de
Herramientas, saludando desde las profundidades oceánicas a través de conjuntos
radiales vivientes.
La segunda oleada de especies sensibles se unió durante los siguientes diez millones
de años, cuando la totalidad Modular, los Pterosapiens y los jóvenes Asimétricos contactaron a
sus primos celestiales. Finalmente, en los siguientes veinte millones de años,
civilizaciones recientemente en evolución como los Saurios, la Gente Serpiente, los
Parásitos/Simbiontes y la Gente Marinera se comunicaron sucesivamente con el creciente
Imperio Galáctico. Los Caras de Bicho fueron conscientes de todo el proceso, pero debido
a su experiencia xenofóbica, solo se abrieron después de unos alucinantes cuarenta
millones de años en silencio.
Esta unión fue un imperio de habla, puesto que el viaje actual entre las estrellas
era demasiado complicado para ser práctico. Como en las colonias pasadas de la Gente
Estelar, los posthumanos cooperaron a través del irrestricto intercambio de información y
experiencia. Si bien cubriendo cada aspecto de una asombrosa variedad de culturas, los
esfuerzos del Imperio se centraron en dos cuestiones principales; la unificación política
(aunque no homogeneización) y la consciencia galáctica; constante preparación por
posibles invasiones alienígenas. Todos se habían topado con los restos de los misteriosos
Qu. Nadie quería una repetición del mismo escenario.
Cuando el Segundo Imperio encontró a los Asteromorfos (quienes habían
silenciosamente saturado la galaxia con su propio Imperio del Hombre), temieron lo peor.
Pero afortunadamente para ellos, los seres divinos no estaban interesados en el Segundo
Imperio ni en ninguno de sus mundos. A los Asteromorfos se les dió un amplio margen y
fueron aceptados como eran; incomprensibles, omnipotentes fuerzas de la naturaleza.
Este esfuerzo coordinado duró casi ochenta millones de años, durante los cuales
sus especies miembro obtuvieron previamente inimaginables niveles de cultura, bienestar
y tecnología. Cada especie colonizó unas pocas docenas de mundos de su propiedad; en
las cuales naciones, culturas e individuos vivían al máximo potencial de su existencia.
No es necesario decir que todo esto fue posible únicamente a través de
comunicación constante y una apertura total a la galaxia. La mayoría de las comunidades
tomaron esto por sentado y participaron obedientemente en los diálogos galácticos. Pero
habían otros, silenciosos, oscurecidos seres que se negaban a unirse. Mediante ellos
vendría la ruina del Imperio.
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Un raro caso de una invasión directa por parte de las Máquinas, en una de las ciudades
costeras de la Gente Asesina. La mayoría del tiempo, los habitantes del Segundo Imperio
eran borrados globalmente, sin la necesidad de tales confrontaciones.
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Sujetos (Muchos descendientes de los Caras de Bicho)
Los Caras de Bicho; racialmente tímidos y xenófobos debido a su trasfondo de
repetidas invasiones alienígenas, se convirtieron en la primera especie que enfrentó a la
arremetida Gravital. Por muy irónico que su destino se viera, los Caras de Bicho fueron
los más afortunados de los posthumanos. En vez de ser exterminados como el resto de
sus primos, sobrevivieron como los únicos seres orgánicos en el Imperio de las Máquinas.
Las razones precisas para su retención permanecen desconocidas hasta este día.
Tal vez las Máquinas no habían perfeccionado su despiadada apatía por ese entonces. O
quizás se compadecieron de los pobres orgánicos, y les permitieron mantener una
atrofiada parodia de una existencia.
Cual fuera el motivo, los Caras de Bicho perduraron. Pero ya apenas se
asemejaban a sus ancestros originales. La ingeniería genética, el arte perdido de los Qu
hiladores de galaxias (y después, de los Criadores de Herramientas también), fue
dominado casi igual de exhaustivamente por las Máquinas. Sin dudar en deformar a los
seres que ellos realmente no consideraban que estuvieran vivos, empalmaron su camino
hacía el ADN de los Caras de Bicho, produciendo generaciones de abominaciones literales.
¿Podría una mujer u hombre de la actualidad mostrar aprensión alguna con respecto a
reensamblar una computadora, o incluso reciclar basura? Tal era la actitud de los
triunfantes Gravitales.
Por consiguiente, multitudes de Sujetos fueron producidos, distorsionados a tal
punto que incluso la intromisión de los Qu parecía tímida comparativamente. En su
mayoría fueron usados como sirvientes, cuidadores y trabajadores manuales. Estas
fueron las formas con suerte. Algunos subhombres eran reducidos al nivel de culturas
celulares, útiles solo para intercambios gaseosos y filtrado de desperdicios. Otros fueron
moldeados en ecologías completamente artificiales; simulaciones barrocas que servían
únicamente como entretenimiento. Algunas Máquinas, con sus ambiciones aún humanas,
llevaron esta práctica a un nuevo nivel y produjeron obras de arte vivientes; condenadas,
irrepetibles criaturas que existían puramente como anacronismos biológicos.
Como herramientas, esclavos o entretenimiento, la humanidad se sostenía
estrechamente a su herencia biológica, mientras sus primos Máquina reinaban supremos
por unos alucinantes cincuenta millones de años.
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Un Terrestre desnudo muestra la altamente divergente, pero aún extrañamente humana
anatomía que es característica de esta especie. Estos Terrestres en particular mantenían
una hegemonía religiosa sobre sus ignorantes Sujetos; vistiéndose con elaborados velos
y sombreros para reivindicar su herencia “divina”.
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Una ciudadana mecánica del Nuevo Imperio. Luce un deslumbrante par de brazos ramificados
que se ajustan tanto a las más recientes tendencias de moda como a su trabajo de artesana.
Máquinas siguiendo la moda podría parecer inusual para un lector de esta era, pero nunca
olviden que estos seres son inteligencias humanas, solo que en cuerpos diferentes.
103
Un embajador Anficéfalo con naves espaciales típicas de su clase. Su extraño plan
corporal delata una historia evolutiva tan complicada como la de la humanidad.
105
Al tiempo del redescubrimiento de la Tierra, los humanos habían divergido
considerablemente de sus formas ancestrales.
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El Autor, con un cráneo humano de mil millones de años.
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