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La Fidelidad de Dios y Moisés

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Éxodo 33

32: -Becerro de oro, pacto roto, ira de Moisés, castigo de Dios


33 Después el SEÑOR dijo a Moisés: —Ve, sube de aquí, tú con el pueblo que sacaste de la tierra de
Egipto, a la tierra acerca de la cual juré a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciendo: “A tus
descendientes la daré”. (Dios sigue negándose a llamarle “su pueblo” a los israelitas pues aún
estaba airado con ellos. Sin embargo, en este primer versículo tenemos una muestra de la fidelidad
de Dios; pues aún airado como estaba, Él había prometido incondicionalmente darle a la
descendencia de Abraham la tierra prometida, lo hizo varias veces en Génesis, y se proponía a
cumplir su palabra. ¡Cuán superior es la fidelidad de Dios a la nuestra! Ej. Esposo que promete viaje
a esposa, pero esta lo engaña y aún así le pide que la lleve al viaje prometido. Si alguien nos hace
enojar a nosotros, que importa lo que prometimos, aunque dimos nuestra palabra y juramos por
nuestro honor, ya eso nos deja de importar. Pero nuestro Dios no es así. Él cuando hace una
promesa incondicional, si o si la cumple. 2 Tim. 2:13 Si fuéremos infieles, él permanece fiel; El no
puede negarse a sí mismo. La fidelidad del Señor está a otro nivel.) 2 Yo enviaré un ángel delante de
ustedes y arrojaré a los cananeos, amorreos, heteos, ferezeos, heveos y jebuseos. 3 Sube a la tierra
que fluye leche y miel, pero yo no subiré en medio de ti, no sea que te consuma en el camino,
porque eres un pueblo de dura cerviz. (Dios promete no dejarlos solos, dice que les enviaría un
ángel para que pudieran ganar a los ejércitos enemigos. Notemos que queda implícito lo poderosos
que son los ángeles, tanto que ejércitos completos enemigos no podrían ganarle ni siquiera a uno
solo. Pero por más poderoso que sea un ángel creado por Dios, no es lo mismo a que te acompañe
el mismo Dios. Dios estaba amenazando con no ir personalmente con ellos; precisamente este era el
propósito del tabernáculo.) 4 Al oír el pueblo esta mala noticia, ellos hicieron duelo. Ninguno se
atavió con sus joyas. (RV60 “Atavíos”, adornos. No llevar sus joyas, sus adornos, hablaba de una
actitud humilde, humillada, de duelo ante la posibilidad de que Dios ya no iba a estar habitando en
medio de ellos.) 5 Entonces el SEÑOR dijo a Moisés: —Di a los hijos de Israel: “Ustedes son un
pueblo de dura cerviz; (rebelde, desobediente) si yo estuviera un solo instante en medio de ustedes,
los consumiría. (Veremos una enseñanza de esto al final.) Ahora pues, quítense sus joyas, y yo
sabré qué he de hacer con ustedes”. 6 Y los hijos de Israel se desprendieron de sus joyas a partir del
monte Horeb. (En el capítulo 32 vimos cómo usaron sus joyas, en específico sus aretes, para
fabricar el becerro de oro, y aquí vemos que Dios le dice al pueblo que se deshagan de sus joyas
como un gesto de humillación delante de Él y sumisión a Su voluntad. De esta manera el pueblo se
deshacía de lo que antes usó para provocar a ira al Señor. Cuando nosotros entregamos nuestra
vida al Señor, de igual manera tenemos que desechar cosas, renunciar a cosas. Primeramente,
desechar aquello que sabíamos que ofendía a Dios y que practicábamos en nuestra vida. Todo
aquello de lo que nuestra conciencia nos acusaba y que teníamos muy en claro que no era lo
correcto. Pero así como no sería la única vez que Dios le pediría al pueblo que renunciara a ciertas
cosas, el renunciar a cosas en nuestra vida no sólo ocurre al inicio de nuestra vida cristiana, sino
que es una constante en nuestro caminar con Dios. Porque conforme vamos leyendo más nuestra
Biblia y conocemos más a Dios y lo que pide de nosotros, constantemente debemos adoptar
maneras de pensar, pero debemos desechar otras; aceptar hacer cosas que a Dios le agradan y
desechar hacer cosas que le ofenden. Es el caminar con Dios, amoldarnos cada vez más a lo que le
agrada a Él.)
La tienda fuera del campamento 7 Entonces Moisés tomó una tienda y la levantó fuera del
campamento, a considerable distancia. (Algo lejos del pueblo.) A esta tienda la llamó: tienda de
reunión. Y sucedía que todo el que buscaba al SEÑOR, iba a la tienda de reunión que estaba fuera
del campamento. (Este no era el tabernáculo Santo que Dios mandó a hacer, que hemos estado
viendo en los versículos anteriores que Dios ordenó construir. Este era uno provisional, personal
para Moisés y Dios. Quien quería orar al Señor, presentar una ofrenda de sacrificio, alabarle, o traer
peticiones, venía a esta tienda fuera del campamento, debiendo alejarse del resto del pueblo. Algo
así nos ordenó nuestro Señor Jesucristo Mt. 6:5-6 Y cuando ores, no seas como los hipócritas;
porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de
los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas tú, cuando ores, entra en tu
aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te
recompensará en público.) 8 Cuando Moisés se dirigía a la tienda de reunión, todo el pueblo se
levantaba y se ponía de pie junto a la entrada de su propia tienda. Miraban a Moisés hasta que él
entraba en la tienda. (El pueblo estaba expectante, pues estaba en juego si Dios iba a morar en
medio de ellos o no, por eso tenían la mirada fija en su intercesor, en Moisés; así como nuestra
mirada, esperanza y seguridad, las debemos tener puestas en Cristo.) 9 Cuando Moisés entraba en la
tienda, la columna de nube descendía y se detenía a la entrada de la tienda; y Dios hablaba con
Moisés. 10 Al ver la columna de nube, que se detenía a la entrada de la tienda, todo el pueblo se
levantaba y se postraba, cada uno a la entrada de su propia tienda. (Aquí honraban la presencia de
Dios, aunque no estuviera en medio de ellos sino lejos del campamento. Ojalá el pueblo hubiera
actuado siempre igual mientras oían a Dios hablar con Moisés con truenos y relámpagos en el monte
Sinaí.) 11 Entonces el SEÑOR hablaba a Moisés cara a cara, como habla un hombre con su amigo. (Es
decir en persona, no por un intermediario, sino directamente con Moisés.) Después regresaba
Moisés al campamento; pero el joven Josué hijo de Nun, su ayudante (RV60 “servidor”), no se
apartaba de la tienda. (A Josué algunas veces lo hemos visto, y por lo que leemos era un servidor
leal a Dios y a Moisés, veremos más de Él conforme avancemos en la Biblia.)
El SEÑOR revela su gloria a Moisés 12 Moisés dijo al SEÑOR: —Mira, tú me dices a mí: “Saca a
este pueblo”. Pero tú no me has dado a conocer a quién has de enviar conmigo. Sin embargo, dices:
“Yo te he conocido por tu nombre y también has hallado gracia ante mis ojos”. (Dios ya le había
dicho a Moisés que enviaría un ángel con ellos, pero a Moisés no le basta con un ángel, Él desea que
el Señor mismo les acompañe en el viaje que les espera.) 13 Ahora, si he hallado gracia ante tus
ojos, muéstrame, por favor, tu camino para que te conozca y halle gracia ante tus ojos; considera
también que esta gente es tu pueblo. (Moisés vuelve a hacer énfasis en que el pueblo de Israel es
Su pueblo, pero no puede pedir a Dios por los méritos del pueblo. El pueblo lo que se merece es que
Dios lo abandone por haberle ofendido terriblemente con sus rebeldías y con el becerro de oro.
Moisés está pidiéndole a Dios con base en el agrado que Dios dijo que tiene por él: “Si he hallado
gracia ante sus ojos…” Y de hecho Dios le va a conceder mucho de lo que le pedirá por esa razón,
porque se agradó de Moisés. Cuánto más nuestro Cristo nuestro intercesor es más exitoso
obteniendo gracia para nosotros de parte de Dios Padre, porque el Padre se complace en Él.) 14 El
SEÑOR le dijo: —Mi presencia irá contigo, y te daré descanso. (Moisés estaba insatisfecho,
intranquilo si El Señor no iba a ir con ellos. Por eso al Señor asegurarle que finalmente si irá,
comenta que tendrá descanso. Pero Moisés no se detiene en que Dios solamente le prometa esto a
Él, sino que lo asegure para todo el pueblo, que venga no sólo con Moisés sino con todos, como
vemos en seguida.) 15 Y él respondió: —Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de
aquí. 16 ¿En qué, pues, se conocerá que he hallado gracia ante tus ojos, tu pueblo y yo? ¿No será en
que tú vas con nosotros y en que tu pueblo y yo llegamos a ser diferentes de todos los pueblos que
están sobre la faz de la tierra? 17 El SEÑOR dijo a Moisés: —También haré esto que has dicho, por
cuanto has hallado gracia ante mis ojos y te he conocido por tu nombre. (Moisés pide que Dios vaya
con ellos porque lo que hacía especial al pueblo de Israel era la presencia de Su Dios con ellos.
Veremos una enseñanza de esto al final.) (Que insistente intercesor es Moisés, no deja de hacer
énfasis en lo mismo ante Dios; en que el pueblo de Israel es Su pueblo y en que venga con ellos.
Pero el Señor lo escuchó, porque Dios se agradaba de Moisés. Porque él halló gracia ante los ojos
del Señor. No porque Moisés era perfecto, ni por tener increíbles cualidades, sino porque Dios se
agradó de él. ¿Cuánto más caso hará a su hijo perfecto y unigénito que vive siempre para interceder
por ti? Ver lo efectivo como intercesor que era Moisés nos lleva a ver al más perfecto intercesor,
Jesucristo, a agradecerle más y a amarle más.) 18 Entonces Moisés dijo: —Muéstrame por favor tu
gloria. 19 Y le respondió: —Yo haré pasar toda mi bondad delante de ti y proclamaré delante de ti el
nombre del SEÑOR. Tendré misericordia del que tendré misericordia y me compadeceré del que me
compadeceré. (Moisés pide a Dios ver su gloria. No me da tiempo de entrar en el tema de “qué es la
gloria de Dios”, eso lo haré en otra ocasión, me limitaré simplemente a señalar que Dios hasta ahora
se había manifestado a Moisés a veces con oscuridad, a veces en medio de una nube, varias veces
en medio de una columna de nube y fuego. Pero Moisés quiere ir más allá y no sólo verlo de esta
forma velada, oculta, sino verlo tal cual es.) (Lo que no puedo pasar por alto es el final del v.19.
Dios declara su absoluta soberanía en elegir sobre a quienes le muestra misericordia y a quienes no
se las muestra. El apóstol Pablo usaría este mismo pasaje para enseñar en Ro. 9 respecto a la
soberanía de Dios en la predestinación. Es decir, que Dios a quien quiere escoge y a quien quiere el
desecha. Ro. 9:15-16, 18 Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y
me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre,
sino de Dios que tiene misericordia. De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que
quiere endurecer, endurece. Si estás oyendo esto y eres un hijo de Dios, ¡Alégrate, porque Dios se
agradó de ti!, de ti quiso tener misericordia. Y si estás aquí el día de hoy y aún no eres hijo de Dios,
no deseches la invitación que Dios te hace de serlo, no deseches sus brazos de misericordia que Él
abre para ti el día de hoy.) 20 —Dijo además—: No podrás ver mi rostro, porque ningún hombre me
verá y quedará vivo. (Si eres observador, leímos en el v.11 que Dios hablaba con Moisés cara a
cara. ¿Cómo le dice Dios ahora que no puede ver su rostro porque si lo hace va a morir? Esta es una
confusión sencilla de explicar, porque cara a cara, como vimos antes, no es que el Señor mostraba
su rostro a Moisés, sino que hablaba con el en persona, sin intermediarios, de manera directa.) 21 —
El SEÑOR dijo también—: He aquí hay un lugar junto a mí, y tú te colocarás sobre la
peña. 22 Sucederá que cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña y te cubriré
con mi mano hasta que yo haya pasado. 23 Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas. Pero
mi rostro no será visto. (Veremos este encuentro de Moisés con Dios la siguiente semana.)

1) Valora la presencia de Dios contigo.


 En este capítulo vimos una crisis que Moisés tuvo que enfrentar; el pueblo había ofendido
terriblemente a Dios con sus rebeliones, especialmente con el becerro de oro que hicieron y
adoraron en el capítulo anterior. Estaba el riesgo que Dios no les acompañara en su viaje a la tierra
prometida y que tampoco estuviera con ellos al llegar allá. Había una crisis por conservar la
presencia de Dios.
 La presencia de Dios no es cuando lloro ni cuando siento bonito, no es cuando siento gozo o siento
paz, esas cosas son consecuencias de la comunión con Dios, es lo que provoca la presencia de Dios
con nosotros, son evidencias, pero no es la presencia de Dios en sí. La presencia de Dios es la
permanencia de Dios en la vida de sus hijos. 1 Jn. 4:13, 15 En esto conocemos que permanecemos
en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu. Todo aquel que confiese que Jesús es el
Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Si tu eres un hijo de Dios, Él está contigo lo sientas
o no. La permanencia de Dios con nosotros no está en crisis como en los tiempos del antiguo
testamento. Él vino una vez y estará con nosotros por siempre. Muchas veces lamentablemente
perdemos el sentido de Su presencia con nosotros porque le fallamos. Podemos sentir que Él se ha
alejado de nosotros, pero no porque Dios ha sido infiel y nos ha abandonado, sino porque nosotros
le hemos fallado y sentimos el daño que ha hecho nuestro pecado a la comunión con nuestro Señor.
 Esto debe llevarnos a procurar no ofender a Dios y serle agradecidos por su fiel presencia con
nosotros.

2) Créele a Dios sin verle


 V.5 “Si yo estuviera un instante, un momento en medio de ustedes, los consumiría.” V. 20 “No
podrás ver mi rostro, porque ningún hombre me verá y quedará vivo”. El pecado no puede tener
contacto ni soportar la presencia de un Dios santísimo, pues su misma gloria y santidad destruirían
por completo al ser humano pecador. Ej. Lo rápido que se evapora una gota de agua en un sartén
calientísimo. Cuánto menos duraríamos nosotros, infinitamente más pequeños, ante la presencia de
aquel que es fuego consumidor. -Dt. 4:24- Esta es sólo una razón por la que no vemos a Dios (la de
este capítulo).
 Algunas personas dicen: “Si Dios existe, ¿por qué no baja del cielo? ¿por qué no viene y se muestra
para que lo veamos?” R.- Porque te consumiría. Porque si Dios lo hiciera tan solo por un momento, y
no eres su hijo, en ese momento morirías en tus pecados e irías al infierno para siempre. Esta es la
razón por la cual Dios no se muestra visiblemente, y por lo que aún no ocurre la segunda venida de
nuestro Señor Jesucristo, donde todo ojo le verá -Ap. 1:7-. Dios no lo hace para que muchos de
ustedes que me oyen, y muchísimos más en todo el mundo, tengan oportunidad todavía de
arrepentirse, y bien entregarás tu vida a Cristo o bien le rechazarás y no tendrás excusa de que no
tuviste oportunidad de hacerlo. Ahora, a todas esas personas que dicen que no creerán a menos que
vean a Dios, déjenme decirles que sí lo verán, pero no en las mejores circunstancias. Si alcanzan a
ver a Jesús en vida, será cuando Él venga por segunda vez, y le verán descendiendo de los cielos,
pero ese será el fin. Y no vendrá para darles otra oportunidad de arrepentirse, sino para destruir a
todos los que le rechazaron con la espada que sale de su boca -Ap. 19:15-. O lo verán después que
mueran y tampoco para darles otra oportunidad. Él estará sentado en su trono y les dirá:
“Apártense de mí hacedores de maldad, al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles.”
Pero para aquellos que han creído en Cristo como su salvador, para aquellos que ya se han
arrepentido sinceramente y han entregado su vida al Señor, ¡qué gran alegría sería si de repente le
viéramos! Porque significa entonces que Jesús ya ha regresado por nosotros, por su iglesia, como lo
aseguró en Su Palabra, y que ha llegado el tiempo de nuestra redención prometida. O también
significa que ya estamos muertos y estamos viendo a Cristo sentado a la diestra del trono de Dios
que nos dirá: “Vengan benditos de mi Padre, y hereden el reino preparado para ustedes desde antes
de la fundación del mundo. Entren en el gozo de tu Señor.” Que escuches una cosa o la otra,
palabras de condenación o de salvación, depende de si te has arrepentido de tus pecados y has
entregado tu vida al Señor.
 Vs. de que no vemos a Dios: Jn 1:18, 1 Co. 15:8 Col. 1:15, 1 Tim. 1:17; 6:16, 1 Pe. 1:8; 1 Jn.
4:12.

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