UNIVERSIDAD SALESIANA DE BOLIVIA
CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN
MORAL CRISTIANA
R.U: 60418
Nombre: Sandro Mamani Chambi
Docente: Lic. Reynaldo
Materia: Sacramentos y Espiritualidad
Paralelo: 111
Gestión: 2023
Introducción
La moral cristiana no se encuentra en el orden normativo, sino en el teológico. El
carácter singular de la moral cristiana no consiste en determinar qué normas se han de seguir,
sino en mostrar por qué y cómo se han de seguir.
En el presente trabajo se dará a conocer todo lo que se va relacionando al verdadero
significado y también de alguna forma conocer más acerca de este tema que en la actualidad
va tomando más relevancia en distintas partes del mundo y que poder conocer el término,
realmente nos ayudará a acrecentar nuestro conocimiento sobre este tema.
Poder identificar que la moral y moral cristiana no son los mismo pero que de alguna
manera si pueden relacionarse entre sí, de esta manera al relacionar estos términos que
realmente parecen ser los mismo, se pueden encontrar diferencias que nos permitirá identificar
una de otra.
Desarrollo
Qué es moral
Desde la etimología, la palabra moral viene del latín moralis que significa lo que se hace
por costumbre. Todos los actos que realizamos los seres humanos tienen un sentido moral, es
decir que son realizados según lo aprendido en una cultura, sin embargo, existen actos que son
producto de sentimientos pasajeros e irracionales que derivan en impulsos y que no conllevan
ni ética, ni moralidad, sino tan solo el placer momentáneo.
Toda moralidad tiene implícita un tipo de ética, pero no viceversa; la ética se puede
poner en códigos, lo que hay que añadir aquí es que cuando estos códigos de comportamiento
son aceptados por la mayoría de personas de un grupo se convierten en moral.
Manifestaciones de la moral cristiana
La moral cristiana es, en primer lugar, una moral de la llamada en la persona de Cristo a
la salvación y, al mismo tiempo, a vivir la vida correspondiente con la salvación, es decir, «la
vida perfecta en caridad, a ejemplo de la vida de Cristo», y también, evidentemente, «aquellas
obras de vida cristiana, con las cuales, cada uno, según su condición, debe manifestar su
inclinación a la perfección en Cristo»
La vocación cristiana es, por tanto, un don, una gracia, pero también la exigencia y el
imperativo de vivir como liberados y como llamados a la salvación en Cristo.
Aunque la vocación del cristiano en Cristo exige la observancia de principios generales
y de preceptos individuales, primordialmente requiere docilidad al Espíritu Santo, que mueve a
cada uno al cumplimiento de múltiples exigencias, pero sobre todo a buscar la perfección
según la imagen de Cristo.
El Espíritu Santo «nos hace ante todo creer, esperar y amar», y opera en nosotros
nuestra total entrega a Dios y a la salvación en Cristo, «que es lo que constituye el fundamento
de toda moral cristiana». Nos da además la prontitud y la fuerza para «configurar la imagen de
Cristo en las numerosas manifestaciones concretas de nuestra vida», y nos proporciona «la luz
que nos permite comprender qué aspecto debe revestir la acción en el Espíritu de Cristo en
cada situación particular».
La moralidad cristiana se manifiesta primariamente como Espíritu de Cristo que actúa
en nosotros, y secundariamente como disposiciones y preceptos que afectan al cristiano: «El
espíritu de Cristo que vive y actúa en nosotros, y el mismo Espíritu que se expresa en
disposiciones y preceptos son los que conjuntamente constituyen la ley de Cristo»
Relación de la moral cristiana y la moral
Antes, en el seno de la Iglesia, se tenía como evidente que el cristianismo tenía una
moral propia, establecida más firmemente y mucho más precisa en la reglamentación de las
costumbres que las morales filosóficas y laicas, más elevada también que las demás morales
de origen religioso. El lazo entre la religión cristiana y la moral era tan estrecho que los
historiadores, que tomaban sus libertades respecto de los dogmas, pensaban poder reducir el
cristianismo a la enseñanza de una moral, por tener a ésta como su núcleo más seguro. Incluso
a los ojos de los no creyentes la moral constituía la parte más válida del catolicismo y muchos
deseaban aun aprovecharla, especialmente para la educación de los niños. Siendo esto así,
¿tocar la moral cristiana no es conmover el elemento más sólido, cuando no la esencia misma
del cristianismo?
Para el pueblo cristiano, la moral era evidentemente una parte esencial de la religión.
Constituía la materia principal de la enseñanza que recibían. Incluso existía antes en la
predicación corriente una cierta negligencia en la enseñanza del dogma en provecho de la
moral. La moral cristiana no era para los fieles una cuestión especulativa, un conjunto de ideas
que podían variar según las épocas, los países o las escuelas teológicas. Formaban la
armadura que sostenía la vida, una doctrina firme, apoyada en la Revelación, que dictaba la
conducta, las orientaciones y las elecciones personales. Por consiguiente, poner en cuestión la
moral afectaba profundamente al pueblo cristiano.
Éste, para ver las cosas a grandes rasgos, tenía la impresión de que, al poner en
discusión la existencia de una moral cristiana, se le despojaba del mismo cristianismo. ¿De qué
le servía una religión que no le aportase respuestas propias a las grandes cuestiones, ni a los
problemas prácticos de la vida? Sería bueno que los teólogos reflexionasen en estas
reacciones rudimentarias del pueblo cristiano. Les enseñarían que no se pueden tratar los
problemas morales como se manipulan las ideas, como se elaboran hipótesis de investigación
en los libros; les ayudarían a tomar conciencia de la densidad humana y cristiana que posee la
cuestión de la moral.
Diversas situaciones que atraviesa la moral
La moral cristiana y la praxis de fe, obligan al ser humano a asumir su propia libertad;
perder el miedo a esta libertad, es el fi n de una ética para un desarrollo humano. El miedo a la
libertad se va perdiendo en la medida en que se comprende y se reconcilia con la propia
realidad histórica, social, familiar y psicológica. Cuanto menor es la experiencia de ser amados
tal como somos, más ardua es.
Ya no se tratará de hacer la voluntad de Dios interpretada, sino de vivir la experiencia
de Dios que permita autónomamente interpretar dicha voluntad de Dios, esto significa asumir la
propia historia, deshacer esta tarea de siglos consistente en introyectar el desprecio que llega a
justificar la propia dominación. Todavía somos enemigos de nosotros mismos. Todo ello
supone una “moral”, que continuamente se disuelve a sí misma, se critica, se reformula y
transforma; está atenta a la vida, a la dirección y exigencias que brotan de la realidad.
Una moral que no puede imponerse uniforme y masivamente. Mientras haya historia,
las posibilidades de humanización del hombre siguen abiertas e indeterminadas. Si se olvida el
lenguaje existencial e histórico, se hace imposible comunicar el lenguaje de la fe. Se impone la
tarea de “preservar, frente a las objetivaciones del lenguaje científico, el lenguaje que
comprende, y frente al lenguaje de lo disponible en la tecnología, el lenguaje que abre las
posibilidades”.
Recuperar el lenguaje de los símbolos, que no es unívoco y atañe a la existencia de
cada persona y apela a su libertad creadora. Finalmente, contribuirá a legitimar el lenguaje
religioso, el apoyo de una praxis coherente, como un modo irrenunciable de comprobar la
significatividad del lenguaje. Lo que decimos resulta creíble por lo que hacemos.
Conclusión
El seguimiento de Jesús, por tanto, se convierte en el “lugar” de encuentro de la
espiritualidad y de la moral cristianas. La recuperación de esta categoría evangélica, gracias la
teología latinoamericana68, entre otras cosas, permite zanjar la confrontación secular entre
espiritualidad y moral, y a su vez, abandonar aquella concepción típica de los manuales, que
proponía la moral como la ciencia de los preceptos obligatorios y la espiritualidad como la
disciplina de los consejos para la vida de perfección.
Desde la estructura cristiana de llamada y respuesta, típica del seguimiento, la moral
cristiana aparece como la respuesta que el creyente da a la propuesta de Jesús mediante un
estilo de vida que encarna los va-lores del Reino, realizados en él; y a través del compromiso
efectivo con el Reino, en el empeño decidido por la transformación social a todos los niveles,
desde una clara opción por los pobres.
Referencias
López, E. A. (2001). Moral cristiana y moral humana. Theologica Xaveriana, (139).
Boff, L. (2003). Ética y moral. La búsqueda de los fundamentos (5ª ed.). Bilbao: Editorial
Sal Terrae.
file:///C:/Users/SANDRO%20MAMANI/Downloads/2+.pdf Pág. 116
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Las_Fuentes_de_la_Moral_Cristiana,_Fr._Servais_Pinckaers_OP.pdf Pág. 136
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