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La Filosofía de Kant
3.1. El problema crítico 3.1.1. El problema general de la metafísica. En el prólogo a la primera edición de la "Crítica de la
razón pura", luego de explicar brevemente los avatares sufridos a lo largo de la historia por la metafísica, que la llevaron
de ser considerada la reina de las ciencias a ser objeto de desprecio, nos expone Kant el objetivo fundamental de sus
investigaciones: "Se trata, pues, de decidir la posibilidad o imposibilidad de una metafísica en general y de señalar tanto
las fuentes como la extensión y límites de la misma, todo ello partir de principios".
Es el llamado "problema crítico", que vuelve a ser planteado en el prólogo de la segunda edición: mientras la lógica, las
matemáticas, la física, y las ciencias naturales han ido encontrando el camino seguro de la ciencia, la metafísica, la más
antigua de todas ellas, no lo ha conseguido: "No hay, pues, duda de que su modo de proceder ha consistido, hasta la
fecha, en un mero andar a tientas y, lo que es peor, a base de simples conceptos. ¿A qué se debe entonces que la
metafísica no haya encontrado todavía el camino seguro de la ciencia?".
La metafísica, sin embargo, parece inevitable como disposición natural, en la medida en que el hombre se siente inclinado
a buscar las primeras causas y principios de la realidad; a pesar de ello, dado que después de siglos de investigaciones en
ese terreno, la metafísica no ha conseguido entrar en el camino seguro de la ciencia, quizá sus esfuerzos hayan sido vanos
porque pretenda lo imposible, por lo que es necesario preguntarse acerca de su posibilidad, pregunta en la que se resume
el "problema crítico": ¿Es posible la metafísica como ciencia? A diferencia de las otras ciencias, la metafísica ha
pretendido trascender la experiencia y ofrecernos un conocimiento de entidades como Dios, el alma y el mundo como
totalidad, a partir de conceptos "a priori" es decir, independientes de la experiencia. Se tratará, por lo tanto, de averiguar
"qué y cuánto pueden conocer.
el entendimiento y la razón aparte de toda experiencia", por lo que será necesaria, en consecuencia, una investigación
crítica de la facultad de razonar (no un estudio psicológico que remita a las condiciones concretas, empíricas, de dicha
facultad, sino un estudio de las condiciones a priori, es decir, trascendentales).
Una vez determinadas cuáles son esas condiciones trascendentales estaremos en situación de decidir si permiten o no las
pretensiones cognoscitivas de la metafísica. 3.1.2. El problema del conocimiento a priori. Dado que la metafísica pretende
obtener un conocimiento a priori, independiente de la experiencia, la respuesta a la pregunta por su posibilidad exige
responder previamente a la pregunta de si es posible el conocimiento a priori. Pero ¿Cuantas formas hay de
conocimiento? ¿Es el conocimiento a priori una de ellas, o no pasa de ser una ilusión?. No hay duda alguna de que todo
nuestro conocimiento comienza con la experiencia, nos dice Kant en el primer párrafo de la introducción de la "Crítica de
la razón pura", y añade inmediatamente a continuación, en el segundo párrafo: pero, aunque todo nuestro conocimiento
empiece con la experiencia, no por eso procede todo él de la experiencia.
2. A diferencia de lo que habían afirmado los racionalistas y los empiristas, para quienes había sólo una fuente del
conocimiento, la razón para unos, y la experiencia para los otros, para Kant habrá dos fuentes del conocimiento: una, la
sensibilidad, que suministrará la materia del conocimiento procedente de la experiencia, y otra, el entendimiento, que
suministrará la forma del conocimiento, y que será independiente de la experiencia. Podremos hablar, por lo tanto, de un
conocimiento a priori y de un conocimiento a posteriori: En lo que sigue entenderemos, pues, por conocimiento a priori el
que es absolutamente independiente de toda experiencia, no el que es independiente de ésta o aquella experiencia. A él
se opone el conocimiento empírico, el que sólo es posible a posteriori, es decir, mediante la experiencia. El conocimiento
empírico no encierra ninguna necesidad, ya que lo contrario de un fenómeno es siempre posible. La proposición "el sol
saldrá mañana", por ejemplo, no contiene ninguna necesidad, tal como había dicho ya Hume en la "Investigación sobre el
entendimiento humano".
Tampoco las proposiciones empíricas implican universalidad: al ser el resultado de una generalización inductiva están
sometidas a los datos de la observación, es decir, ésta proposición será válida mientras lo que hasta ahora hemos
observado se mantenga estable de acuerdo con esta regla. El conocimiento empírico, a posteriori, pues, no encierra
necesidad ni universalidad alguna. Sin embargo, estamos seguros de que ciertos conocimientos implican necesidad y
universalidad (las matemáticas, por ejemplo); si esa necesidad y universalidad no puede proceder de la experiencia ha de
ser, pues, a priori, independiente de la experiencia. Es fácil demostrar que existen realmente en el conocimiento humano
semejantes juicios necesarios y estrictamente universales, es decir, juicios puros a priori. Como ejemplos apela Kant a las
ciencias en general; a las matemáticas, a la física, etc; incluso podemos tener un ejemplo de ese conocimiento a priori
remitiéndonos "al uso más ordinario del entendimiento", para lo cual Kant elige la siguiente proposición: "todo cambio ha
de tener una causa".
La revolución copernicana de Kant:
Si la necesidad y universalidad de nuestros conocimientos no puede proceder de la experiencia, el conocimiento no
podrá explicarse como una adecuación del espíritu, del sujeto, a los objetos, tal como habían supuesto los filósofos hasta
entonces. Por el contrario, hemos de suponer que son los objetos quienes tienen que adecuarse a nuestro conocimiento.
En esta inversión del papel que juegan el sujeto y el objeto en el conocimiento radica la llamada "revolución copernicana"
de Kant .
El entendimiento no es una facultad pasiva, que se limite a recoger los datos procedentes de los objetos, sino que es pura
actividad, configuradora de la realidad. Se ha supuesto hasta ahora que todo nuestro conocer debe regirse por los
objetos. Sin embargo, todos los intentos realizados bajo tal supuesto con vistas a establecer a priori, mediante conceptos,
algo sobre dichos objetos -algo que ampliara nuestro conocimiento- desembocaban en el fracaso. Intentemos, pues, por
una vez, si no adelantaremos más en las tareas de la metafísica suponiendo que los objetos deben conformarse a nuestro
conocimiento, cosa que concuerda ya mejor con la deseada posibilidad de un conocimiento a priori de dichos objetos, un
conocimiento que pretende establecer algo sobre éstos antes de que nos sean dados. Ocurre aquí como con los primeros
pensamientos de Copérnico.
Este, viendo que no conseguía explicar los movimientos celestes si aceptaba que todo el ejército de estrellas giraba
alrededor del espectador, probó si no obtendría mejores resultados haciendo girar al espectador y dejando las estrellas
en reposo. Si el entendimiento está sometido a ciertas categorías que determinan a los objetos, entonces podemos saber
a priori que no ocurrirá nada en el campo de la experiencia humana que no esté sometido a tales categorías. En
consecuencia, el sujeto adquiere un papel configurador de la realidad, en lugar de ser el mero receptor pasivo de una
supuesta realidad objetiva a la que se debe someter. ¿Cuáles son las condiciones que posibilitan la determinación de los
objetos por el sujeto? Kant las estudiará en la Estética Trascendental y en la Analítica Trascendental.
TALLER:
El problema critico en Kant implica una pregunta fundamental por la metálica: explique según la lectura en qué consiste
esta investigación.
Cuáles fueron los nuevos aportes de Kant a la filosofía de su época en contraste con los filósofos anteriores. Menciónelos
y explíquelos.
En qué consistió la revolución copernicana de Kant de acuerdo con la filosofía de su época.