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Cuento

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Érase una vez, en un país muy lejano de aquí, existía un bosque encantado que tenía un secreto muy especial

o más bien, una cualidad muy especial: ¡el bosque podía hablar! Los árboles, las flores, y hasta los animales
tenían voz y contaban historias maravillosas a los humanos y aquellos que sabían escuchar.

Dentro de este bosque vivía una pequeña ardilla llamada Greicy. Greicy era muy curiosa y le encantaba
explorar cada rincón del bosque. Una mañana, mientras recogía bellotas para el invierno, escuchó una suave
voz que venía de un árbol cercano.

"¡Hola, Greicy!", dijo el árbol con una voz profunda y amable.

Greicy se sorprendió y miró a su alrededor. "¿Quién está hablando?", preguntó, tratando de encontrar a la
persona detrás de la voz.

"Soy yo, Guillermo ", respondió el árbol viejo. "He estado aquí desde hace muchos años, y conozco todos
los secretos del bosque."

Greicy se acercó a Guillermo sorprendida y le dijo. "¿Hablas?", preguntó emocionada.

"Claro que sí", dijo Guillermo. "Te contaré la historia del primer árbol que cobró vida en este bosque."

Hace mucho, mucho tiempo, cuando el mundo aún era joven, el bosque era solo un lugar silencioso y
tranquilo. Un día, una estrella fugaz cayó del cielo y aterrizó en el corazón del bosque. La estrella trajo
consigo un polvo mágico que hizo que los árboles, las flores y los animales empezaran a hablar.

El primer árbol que cobró vida fue un gran y majestuoso roble. Este roble se convirtió en el guardián del
bosque y enseñó a los demás árboles y animales a vivir en armonía. Pronto, el bosque se llenó de risas,
canciones y cuentos.

"Desde entonces, todos los que viven aquí tienen una voz y una historia que contar", explicó el Roble Viejo.
"Y cada criatura, por pequeña que sea, tiene algo valioso que compartir."

Greicy escuchó atentamente y sintió una gran felicidad al saber que formaba parte de un lugar tan especial.
"Gracias, Roble Viejo", dijo. "Voy a contarle esta historia a todos mis amigos."

Y así, Greicy se fue corriendo a compartir la historia del bosque encantado con las otras ardillas, los pájaros
y los conejos. Desde ese día, todos los habitantes del bosque se reunían cada noche para escuchar y contar
historias, recordando siempre que cada voz es importante y que el bosque está lleno de magia y maravillas.

Y colorín, colorado, este cuento ha terminado.

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