DUELO DE PAREJA
Uno o ambos miembros de la pareja consideran que su vida mejoraría si su relación
terminara y toma la decisión de romper, obligando a las dos personas embarcadas en la
relación a afrontar un periodo de duelo que no siempre es fácil ni se realiza adecuadamente
Las separaciones son, para la inmensa mayoría de las personas, importantes crisis vitales.
Los efectos emocionales que habitualmente provocan las rupturas de pareja son:
• Culpa, por el dolor causado, por no haber sabido hacer feliz al otro.
• Miedo, a las consecuencias de la decisión, a habernos equivocado.
• Soledad, especialmente si no hemos cultivado otras áreas vitales al margen de la pareja.
• Tristeza, por la pérdida que tenemos que afrontar y la interpretación negativa que
hacemos de ella.
• Decepción, si no llegan las situaciones idílicas que nos imaginábamos tras la ruptura, o si
sentimos que el otro no nos ha tratado todo lo bien que esperábamos.
• Idealización del pasado, especialmente por parte de quien tiene que asumir la decisión
del otro de romper.
• Sentimiento de fracaso, en el ámbito sentimental o en la vida en general.
• Vergüenza, ante la posible crítica social.
• Baja autoestima, especialmente para quien ha sido abandonado, sobre todo si ha habido
una tercera persona.
• Enfado/ira hacia el otro por el daño y el dolor causados.
• Deseos de venganza, a pesar de que eso no evitará nuestro sufrimiento y podamos
dañar a terceros
• Desorientación vital, especialmente si con la ruptura se pierden importantes objetivos
vitales.
• Incomprensión, quedarnos anclados en el “¿por qué?” sin entender que a veces no hay
respuesta razonable a esa pregunta y que buscarla no nos ayudará a continuar adelante.
Trabajar por nuestra recuperación, pero tenemos que tener paciencia y darnos tiempo.
Debemos elaborar el duelo de la ruptura y eso puede llevarnos meses, incluso un año o dos
PELDAÑOS QUE DEBEMOS SUBIR EN NUESTRA ESCALADA POR SUPERAR UNA
RUPTURA SENTIMENTAL:
● Distanciarnos de nuestra ex pareja. Retirar todo lo que nos recuerde y nos vincule
a la relación: guardar recuerdos, evitar los sitios donde podemos encontrarnos con
nuestro ex, dejar de buscar información sobre el otro, cortar el contacto o limitarlo al
estrictamente necesario.
● Dejar de idealizar al otro y a la relación. Nuestra pareja tenía cosas fantásticas,
seguro, pero también defectos. Cada día dedicar unos minutos a pensar un par de
cosas negativas de nuestro ex y de cosas positivas de nuestra vida actual puede
resultarnos de mucha ayuda para reequilibrar esta idealización y ver con
optimismo nuestra situación actual.
● Incrementar las actividades agradables. Forzarnos a mantenernos ocupados, si
puede ser con actividades placenteras, ayudará a que nos distraigamos, no demos
demasiadas vueltas a las preocupaciones, y a que poco a poco recuperemos un
buen estado de ánimo.
● Cuidarnos. Cuidar nuestra alimentación, las horas de sueño o hacer deporte,
nos ayudará a afrontar con más fortaleza nuestra ruptura
● Controlar la ansiedad. Podemos utilizar técnicas de relajación muscular,
respiración, realizar ejercicio físico, actividades relajantes… No nos permitamos dar
rienda suelta a nuestros pensamientos negativos. Asimismo, entendamos que la
ansiedad es una respuesta normal y que no hay razón para asustarnos de las
sensaciones físicas que muy posiblemente aparezcan. Cuidar la manera en la que
nos hablamos. De la forma en la que interpretemos las cosas se van a derivar
nuestras emociones y nuestros comportamientos. Nuestra autoestima también será
muy sensible al modo en el que nos hablemos. Intentemos tratarnos como lo
haríamos con nuestro ser más querido y generaremos ese sentimiento hacia
nosotros mismos. Cuestionémonos además lo que nos decimos cuando nos
sentimos mal intentando ser objetivos, no dramatizar las cosas y no darle vueltas
inútilmente.
● Perdonar y perdonarse. Con el odio y el rencor hacia los demás o hacia uno mismo
es muy difícil vivir y todavía más ser feliz. Perdonando a nuestra ex evitamos que
ésta siga influyendo en nuestras vidas. Perdonándonos a nosotros mismos
conseguiremos continuar adelante con la cabeza bien alta, asumiendo los errores y
aprendiendo de ellos
● Afrontar los miedos y preocupaciones. Racionalizar nuestros pensamientos,
limitar el tiempo en el que nos permitimos darle vueltas a lo que nos preocupa,
analizar los problemas objetivamente y tratar de buscar soluciones, evitará que
nuestros temores nos paralicen.
● Expresar adecuadamente nuestro malestar. Es importante que expresemos
nuestro dolor y lo que nos molesta adecuadamente; no seamos víctimas, ni
verdugos. Tampoco hagamos chantajes emocionales, eso no nos dará la dignidad ni
el respeto que merecemos. Buscar el apoyo social. Notar el cariño de nuestros seres
queridos, su apoyo, nos hará sentir menos solos y con fuerzas para continuar
adelante.
● Aprender a disfrutar de la soledad. Si hay una persona que puede convertirse en
nuestro mejor amigo, somos nosotros mismos, aprendamos a disfrutar de nuestra
compañía.
● Plantearnos nuevos objetivos personales y vitales. Con el tiempo llegará el
momento de replantearnos nuestra vida, nuestras metas, volver a fijar objetivos
vitales que nos acerquen a la felicidad. Hagámoslo poco a poco, sin angustias,
aceptando que todo proceso lleva su tiempo y que nosotros también lo necesitamos
para ir adaptándonos a la nueva situación
¿Y AHORA, CÓMO NOS RELACIONAMOS?
● Con nuestra antigua pareja: no confundamos las cosas, los sentimientos,
intentando crear una relación de “amistad”
● Con la familia: pongamos límites a las familias, propia y política, para que no se
entrometan en nuestras vidas; una cosa es que nos ayuden y otra muy distinta que
tomen decisiones por nosotros. Tampoco los utilicemos como intermediarios: una
relación de pareja es cosa de dos y su ruptura, también. No privemos a nuestros
hijos de la relación con la familia de nuestra ex pareja. Mantengamos un contacto
educado, correcto, en aquellas ocasiones en las que sea necesario coincidir con
ella. Si hay discusiones, intentemos siempre que no sea delante de los niños y que
no les afecte de algún modo.