Evento Levántate 2do Cuatrimestre 2024
EL DIOS DE LA
“Que el Dios de la esperanza los llene de toda alegría y paz a ustedes que creen en él, para
que rebosen de esperanza por el poder del Espíritu Santo.”
Romanos 15:13.
Introducción.
La escritura dice en Romanos 15:13, Que el Dios de la esperanza los llene de toda alegría
y paz a ustedes que creen en él, para que rebosen de esperanza por el poder del Espíritu
Santo.
En otra versión dice:
Que Dios, quien nos da seguridad, los llene de alegría. Que les dé la paz que trae el
confiar en él. Y que, por el poder del Espíritu Santo, los llene de esperanza. BLS
La escritura dice: Por el poder del Espíritu Santo, sean llenos de esperanza.
Historia de naufragio.
Hace años, naufragó un submarino cerca de la costa de Massachussets. Lo más pronto
posible descendieron los buzos dando vueltas alrededor del submarino para ver si había
señas de alguien con vida. Cuando estaban casi listos para regresar y pensando que
todos estaban muertos, uno de ellos escuchó unos suaves golpes en el metal de la nave.
Al acercarse vio que era un marinero que trataba de comunicarse por medio del alfabeto
que usaban para el telégrafo. El buzo pudo descifrar el mensaje que decía ¿hay esperanza
para nosotros?
Esta pregunta es muy importante. A lo mejor en algún momento de tu vida te has hecho
esta pregunta:
¿Hay esperanza para nosotros?
¿Hay esperanza para mí?
¿Hay esperanza para mi familia?
¿Hay esperanza para mi casa?
¿Hay esperanza para mi matrimonio?
¿Hay esperanza para mis hijos?
Hoy te decimos… HAY ESPERANZA EN CRISTO JESÚS.
Porque el Dios de esperanza está aquí el día de hoy.
La escritura nos relata una historia en el libro de los Hechos con relación al apóstol Pablo.
El apóstol Pablo fue puesto en prisión porque predicaba de Jesucristo. Pero el apóstol
Pablo apeló al César, es decir, que el emperador juzgara su caso. Y como había apelado al
emperador romano, se designó que fuera llevado a Roma para ser juzgado.
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Y entregaron a Pablo y a otros presos a un centurión llamado Julio, de la compañía
Augusta. Y embarcándose en una nave partieron hacia Roma.
Desde Sidón zarpamos y navegamos al abrigo de Chipre, porque los vientos nos eran
contrarios.
1. Los vientos eran contrarios.
¿Cuántas veces has tenido vientos contrarios? Algo que emprendes y de repente vienen
los vientos contrarios, vienen los problemas, vienen situaciones que no te dejan avanzar.
Inicias tu matrimonio, y al poco tiempo, vienen los problemas, vienen los vientos
contrarios que no te dejan avanzar, que no te dejan crecer como pareja.
Inicias tu fe en Jesús, y muy pronto vienen los problemas que no te dejan avanzar, vienen
las situaciones que no te dejan avanzar y te detienen.
Emprendes un negocio, y de repente empiezan a soplar vientos contrarios, se vienen las
situaciones que, en lugar de animarte a seguir adelante, te hacen desistir.
A cuantas personas les han venido tiempos contrarios, tiempos de tristeza, de soledad,
hay ocasiones que alguien pudiera estar tranquilo, pero de repente le vienen
pensamientos de soledad, y después de esos pensamientos de soledad, se empieza a
sentir sólo, y aunque se rodee de amigos, se siente solo, aunque tenga muchos amigos
en Facebook, se siente solo, aunque los amigos se acerquen y le digan estamos contigo,
se siente solo y después de ese sentimiento de soledad vienen los cuadros de depresión.
Pero hoy te digo: Pon tu confianza en el Señor Jesucristo. Pon tu esperanza en Cristo
Jesús. El único que puede ayudarte es el Señor Jesucristo.
2. Advertencias en medio de los vientos contrarios. Pero en esta historia de Pablo, los
vientos contrarios estuvieron impactando la nave durante muchos días, hizo que el viaje
fuera muy lento, que la navegación se retrasara y que tomaran otro rumbo diferente al
inicialmente trazado. Incluso hasta tuvieron que cambiar de embarcación, pero en medio
de las condiciones contrarias, el apóstol Pablo lanza una advertencia y dice: “Señores,
veo que nuestro viaje va a ser desastroso y que va a causar mucho perjuicio tanto para el
barco y su carga como para nuestras propias vidas”.
Pero el centurión, en vez de hacerle caso, siguió el consejo del timonel y del dueño del
barco.
Cuantas veces estas en una situación difícil, los vientos contrarios están impactando tu
vida y en medio de los vientos, viene palabra de Dios para tu vida, pero no se hace caso
de esa palabra y se prefiere hacerles caso a sus amigos, prefiere hacerle caso al
psicólogo, prefiere hacerle caso al especialista, al médico, y no hace caso de lo que Dios
está diciendo en ese momento.
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Hace algún tiempo un joven cuando tenía problemas venía conmigo y me decía: pastor
deme un consejo, y le daba un consejo con base en la palabra, pero se iba y no hacía nada
de lo que se le decía, hacía otra cosa y eso lo llevaba a agudizar más el problema.
Pero escucha: En Cristo Jesús hay salvación, en Cristo Jesús hay sanidad, en Cristo Jesús
hay vida.
El día de hoy el Señor va a manifestar su gracia y su favor sobre tu vida.
3. Naufragio.
Pero como no hicieron caso a lo que Dios estaba diciendo, sino que decidieron continuar
con el viaje, y el viaje que se había emprendido, de repente empezó a soplar un viento
suave del sur, creyeron que la decisión que habían tomado era la correcta y se confiaron,
así que levantaron anclas y navegaron junto a la costa de Creta, pero poco después se les
vino encima un viento huracanado y el barco quedó atrapado por la tempestad y al no
poderle hacer frente al viento se dejaron llevar a la deriva, después amarraron con sogas
todo el casco del barco para reforzarlo. Temiendo que fueran a encallar en los bancos de
arena de la Sirte, echaron el ancla flotante y dejaron el barco a la deriva. Al siguiente día,
dado que la tempestad continuaba, tomaron la decisión de tirar la carga, pero al tercer
día, con sus propias manos empezaron a tirar los aparejos del barco, es decir, toda la
madera que sostenían las velas del barco. Y durante muchos días no vieron el sol, ni las
estrellas, y la tempestad seguía arreciando, ante tal situación, perdieron toda esperanza
de salvarse.
Además, ya llevaban mucho tiempo sin comer, pero el apóstol Pablo, se puso de pie en
medio de todos y dijo: «Señores, debíais haber seguido mi consejo y no haber zarpado de
Creta; así os habríais ahorrado este perjuicio y esta pérdida.
Pero ahora os exhorto a cobrar ánimo, porque ninguno de vosotros perderá la vida; sólo
se perderá el barco. Anoche se me apareció un ángel del Dios a quien pertenezco y a
quien sirvo, y me dijo: “No tengas miedo, Pablo. Tienes que comparecer ante el
emperador; y Dios te ha concedido la vida de todos los que navegan contigo.”
Así que ¡ánimo, señores! Confío en Dios que sucederá tal y como se me dijo.
A cuántos de ustedes, las decisiones que han tomado los han llevado a Naufragar y
perder toda esperanza.
Al principio pareciera que las cosas se ponen bien, pero de repente se viene la tormenta
que azota su vida, que azota su familia, que azota el matrimonio, que azota tu negocio,
que azota a tus hijos.
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Viene la enfermedad y en lugar de recuperarse, las cosas se van agudizando cada vez
más, y aunque recibe atención médica, las cosas no mejoran, no logran identificar el
problema, no se sabe con exactitud cuál es el origen del problema, le hacen estudios en
la cabeza, le hacen estudios del corazón, le hacen estudios del sistema respiratorio, del
aparato digestivo, y no logran identificar con claridad el problema. Y todos estos
problemas provoca que lleguemos a perder la esperanza, y dejamos que la tormenta
muestre el camino a seguir, que la tormenta nos dirija y nos dejamos llevar por ella. Y
perdemos el rumbo y la dirección correcta, llegamos a pensar que todo está perdido y
que no podremos seguir adelante.
De parte de Dios y conforme a su palabra te decimos:
No tengas miedo, nuestro Señor Jesucristo está aquí.
No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo;
siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.
No temas, dice el señor, porque yo soy el señor, tu Dios, que sostiene tu mano derecha.
Diga conmigo:
Cuando siento miedo, pongo en ti, Jesús, mi confianza.
Cuando siento miedo, pongo en ti, Jesús, mi esperanza.
Porque tú, Jesús, eres el Dios de la esperanza.
Conclusión
A lo mejor estás pasando por una situación difícil y te han dicho que ya no hay solución,
que ya no hay esperanza.
Vamos ven y decide por DIos: Levántate, aún hay esperanza.
Jesús es el Dios de la esperanza.
Jesús es tu Dios de esperanza.
En el nombre de Jesús: Que el Dios de la esperanza los llene de toda alegría y paz a
ustedes que creen en él, para que rebosen de esperanza por el poder del Espíritu Santo.
Aunque la ciencia médica diga que no hay solución, aunque algún profesional te haya
dicho que no es posible solucionar el problema, aunque el diagnóstico diga que no hay
esperanza. El día de hoy te invito a que pongas tu esperanza en el Dios de la esperanza.
Pon tu confianza y esperanza en Jesucristo, el único Dios.
Confía en Él. Confía en el Señor Jesucristo. Aún hay esperanza.
Vamos ven, ven, ven creyendo que Jesús obrará poderosamente en ti. Vamos….