CESPA
CESPA
Jorge Schvarzer
Marzo de 2005
La soja en el Mercosur
Algunos datos básicos son necesarios para ilustrar el tema. En el último cuarto de siglo,
la cosecha mundial de soja pasó de 80 a 180 millones de toneladas, cifras que sugieren
que ésta fue una de las actividades de mayor crecimiento relativo en el sector agrícola2.
2
Los datos usados corresponden al período que se inicia en 1980 y cierra en 2002 ó 2003 (según la
disponibilidad de información). Los valores que se señalan son promedios aproximados y se expresan en
2
La producción de Estados Unidos pasó de 50 a 80 millones en ese período; ese ritmo
fue elevado pero inferior al mundial, lo que provocó que su participación cayera de 60%
a poco más de 40% del total. La producción combinada de Argentina y Brasil, en
cambio, saltó de 19 a 72 millones de toneladas; ese aumento de casi cuatro veces
implicó que la cosecha de estos dos países pasara de 24% a 40% del total mundial y
que, en conjunto, superara a la de Estados Unidos.
Las exportaciones mundiales de soja saltaron de 50 a 110 millones, cifras que señalan
que el 61% de la producción total se destina al mercado mundial. Estados Unidos
ofertaba 30 millones de toneladas en 1980 y pasó a 35 millones en 2003. Argentina y
Brasil, por su lado, generaron excedentes apreciables de modo que pasaron a volcar en
los mercados externos 55 millones de toneladas frente a las 12 que ofrecían en 1980.
Las primeras conclusiones son claras. Estas tres naciones aportan entre 80% y 90% de
la producción de soja y una parte similar de la oferta en el mercado mundial. Estados
Unidos perdió buena parte de su antigua hegemonía en la producción y la oferta de
este producto pero mantiene una posición dominante cuyos trazos se verán más
adelante.
La demanda de soja se encuentra concentrada, aunque no tanto como la oferta y su
composición difiere en algunas características básicas. La Unión Europea tiene una
producción mínima pero consume el 23% de la harina de soja que se consume en el
mundo; además, esa región exporta aceite porque compra grano para moler. Su
consumo no señala un aumento apreciable en los últimos años; los nuevos
consumidores están en el sudeste asiático y ya absorben un cuarto de la oferta
mundial. Japón importa entre 5 y 6 millones de toneladas anuales y China (cuya
demanda está plena expansión) supera los 15 millones; a ellos se agregan Corea del
Sur, Tailandia y otros de menor dimensión. México absorbe entre 4 y 5% de la oferta
mundial y los demás mercados resultan más chicos
Estados Unidos cuenta con un enorme mercado interno que absorbe entre 50 y 55
millones de toneladas de soja; el consumo de esa nación representa por sí sola más de
25% del total mundial. Sus exportaciones, por lo tanto, son del orden de 45% de su
magnitudes redondeadas para simplificar la números y superar los problemas metodológicos derivados
del impacto de distintos ciclos y de las distintas fuentes utilizadas.
3
producción. En cambio, las naciones del Mercosur dependen en grado apreciables de la
demanda externa: Brasil exporta 75% de su producción (dado que el resto abastece al
mercado local) mientras que Argentina vende al exterior 90% de la soja que cosecha.
Las repercusiones en el ámbito macroeconómico de cada nación presentan diferencias
aún mayores. Las divisas generadas por las exportaciones de esa oleaginosa resultan
casi insignificantes para Estados Unidos, frente a sus ventas totales al exterior, pero
representan 8% de las exportaciones brasileñas (aunque en declinación) y 20% de las
argentinas. Es decir que la soja tiene un papel económico menor en la economía
norteamericana pero una presencia muy clara en naciones como Argentina y Brasil.
Por otra parte, Estados Unidos es el único país de los tres con la capacidad económica
y financiera para adoptar medidas de apoyo al sector; entre ellas se cuenta el mantener
grandes stocks de soja, otorgar subsidios a los productores y ofrecer créditos, o
condiciones muy favorables, a los compradores externos. Estados Unidos tiene la
mayor reserva de soja disponible en el mundo aunque su magnitud cayó a 24 millones
de toneladas en 2003; ese nivel es el más bajo desde 1976 y aún así las existencias en
los silos de ese país equivalen a 12% de la producción mundial y/o 22% del comercio
internacional en un año. Esos valores eran muy superiores en las décadas del ochenta
y noventa y sugieren claramente la gran influencia potencial de Estados Unidos en el
mercado mundial; esa influencia se mantiene aunque haya disminuido relativamente
por la caída de stocks frente al aumento de la producción.
Es bien conocido, además, que Estados Unidos ofrece subsidios directos a sus
productores, aunque estos son variables en el tiempo, además de créditos a plazos
largos y tasas bajas de interés que tienden a separar los costos de producción internos
de los precios internacionales. Sus prácticas de comercio externo incluyen ofertas de
granos a países “amigos” a precios muy bajos, o en concepto de “ayuda”, que
contribuyen a modelar el mercado mundial de acuerdo a sus propios intereses. In 1999,
por ejemplo, Estados Unidos ha enviado 8.5 millones de toneladas de materias primas
de este tipo como ayuda alimentaria, un volumnes que resulta cinco veces superior al
realizado en 1998 y fue la mayor cantidad en 25 años3. Estas actividades se definen
como “dumping” en los acuerdos de WTO pero no resulta fácil encontrar la manera de
contener sus efectos. Argentina y Brasil, en cambio, no tienen ni la capacidad
financiera ni el potencial económico para sostener a sus propios productores en el largo
plazo (aunque si han logrado hacerlo, por diversos medios, en algunas coyunturas
particulares); tampoco están en condiciones de acumular stocks o de ofrecer facilidades
especiales a sus compradores en el mercado mundial.
El arsenal de prácticas de Estados Unidos que condiciona el mercado mundial de soja
no se agota en los aspectos mencionados. También se debería incluir el hecho de que
la mayoría del reducido grupo de empresas trasnacionales que comercializa ese
producto tiene su sede allí. Estas empresas tienen un enorme poder de mercado,
gracias a su presencia en los flujos de comercio externo e interno, además de la
capacidad de orientar las tendencias productivas puesto que ellas intervienen, también,
en la producción y diseño de nuevas semillas, pesticidas, fertilizantes, etc. Cuatro
grandes empresas trasnacionales con sede en Estados Unidos (ADM, Cargill, Bunge y
3
Ver Sophia Murphy, Market Power in Agricultural Markets: Some Issues for Developing Countries,
SouthCenter, WP 6, november 1999. Sophia Murphy está en el Institute for Agriculture and Trade Policy,
Minneapolis, USA:
4
Ag Processors) controlan el 76% del mercado local4. Se sabe, además, que esas
empresas tienden a responder a las visiones del gobierno de los Estados Unidos, con el
que mantienen estrechas relaciones, de modo que se puede decir que ellas forman
parte de la “caja de herramientas” que dispone aquel para intervenir.
Un ejemplo significativo lo ofrece el desarrollo reciente de las semillas genéticamente
modificadas (OGM). Ese avance fue efectuado por Monsanto que vende al productor
agropecuario un “paquete” compuesto por las semillas y el pesticida elaborado para
eliminar las malezas. Esa variante logró una penetración de 40% en el mercado de
Estados Unidos pero ya alcanzó el 100% en la Argentina (Brasil mantiene una relación
parecida a la de Estados Unidos aunque en medio de un proceso de rápido avance). En
esas condiciones, el riesgo de mercado de ofrecer esa semilla OGM es muy elevado
para la Argentina, pero mucho menor para Estados Unidos.
El tema no es trivial porque, por ejemplo, la Unión Europea se resiste a utilizar las
semillas OGM de soja, por razones de seguridad alimentaria, en una decisión que cierra
el paso a la oferta argentina. En 2001 China ensayó aplicar restricciones similares que
pueden afectar a la Argentina. El debate en torno a la seguridad de las OGM ha
enfrentado a Estados Unidos con Europa, pero esas negociaciones incluyen presiones
y amenazas de represalia que no puede plantear la Argentina por su menor presencia
relativa en el mercado y la distribución del poder mundial.
Los casos de Europa y China tienden a señalar, además, que los compradores más
grandes pueden neutralizar ciertas presiones de Estados Unidos, pero en condiciones
que afectan al Mercosur que no tiene el mismo poder de negociación. Europa prohibe la
entrada de soja OGM, generando restricciones para la oferta del Mercosur, al mismo
tiempo que exporta al mercado mundial el aceite de soja que le queda de la molienda
de gran en sus plantas fabriles (que operan gracias a la estrategia proteccionista del
viejo continente) en una acción que agrega presiones a la baja de los precios. China
también exige ahora que se le exporte el grano para molerlo en sus propias fábricas, de
modo que la Argentina y Brasil se ven compelidas a ceder la posibilidad de elaborar la
soja para colocar su producto en aquel mercado.
El precio de la soja
El precio de la soja presenta enormes fluctuaciones en el corto plazo, dentro de ciclos
de alzas y bajas de una extensión de tres a siete años. Como se ve en el Gráfico 1, ese
precio osciló entre 150 y 350 dólares corrientes durante el último cuarto de siglo,
exhibiendo alzas bruscas de hasta 70% en menos de un año (1981-82, 1988-89 y 2003-
04) y caídas de dimensión semejante en el momento de inversión del ciclo. Esta
variabilidad es muy superior a la de las variaciones de la oferta o el consumo total,
resultado que sugiere que la acción de los mercados tiende a multiplicar los efectos de
pequeños cambios en la oferta o la demanda; las reacciones del mercado sugieren
condiciones de elevada sensibilidad a las menores versiones de cambio de cualquier
variable. Al mismo tiempo, esa variabilidad genera riesgos apreciables para los países
dependientes de las ventas de soja al mercado mundial puesto que provoca intensas
fluctuaciones en sus ingresos (tanto a nivel nacional como en lo referido al ingreso de
los propios productores).
4
Ver referencia en Miguel Teubal y Javier Rodriguez, Agro y Alimentos en la globalización, La Colmena,
Buenos Aires, 2002.
5
Gráfico 1. Precio del grano de soja en dólares por tonelada (1980-2004)
400
350
300
250
200
150
100
50
0
May-84
May-97
Ene-80
Feb-81
Mar-82
Abr-83
Jun-85
Jul-86
Ago-87
Sep-88
Oct-89
Nov-90
Dic-91
Ene-93
Feb-94
Mar-95
Abr-96
Jun-98
Jul-99
Ago-00
Sep-01
Oct-02
Nov-03
Dic-04
Precio FOB Ptos Arg Precio FOB Golfo
6
Gráfico 2. Precio del grano de soja en dólares por tonelada y variación de la
cosecha anual en Estados Unidos
100.000.000 350
90.000.000
Producción de soja en EE.UU. En toneladas
300
80.000.000
60.000.000
200
50.000.000
150
40.000.000
30.000.000 100
20.000.000
50
10.000.000
0 0
1980 1982 1984 1986 1988 1990 1992 1994 1996 1998 2000 2002 2004
Producción en Tn Precio en u$s por Tn
7
La tendencia observada en este cuarto de siglo continua la misma pauta que se registra
desde fines del siglo XIX, de caída del poder de compra de los precios de las materias
primas en el mercado mundial. El fenómeno fue señalado por Prebisch, Singer y otros,
y verificado en numerosos análisis estadísticos, y llegó a ser conocido como el
“deterioro de los términos de intercambio”5. Las explicaciones más difundidas ofrecen
distintas causas para esa tendencia aunque sobresalen los factores relacionados con la
capacidad de apropiación del progreso tecnológico por parte de las naciones
desarrolladas y el poder oligopólico de los grandes operadores en esos mercados,
temas cuyo detalle escapa a esta presentación.
La oferta de maíz
La situación del maíz se presenta con la misma secuencia que en el caso de la soja. Su
producción mundial pasó de 400 a 600 millones de toneladas en el último cuarto de
siglo, un crecimiento apreciable (50%) pero muy inferior al observado para la soja
(140%) y más cercano a la evolución de productos agrícolas de consumo masivo.
Estados Unidos es el mayor productor y su cosecha representaba la mitad de la
mundial en 1980 con una leve tendencia a la baja relativa que lo llevó a 41% hacia
2002. Argentina y Brasil obtienen una cosecha creciente que pasó de 8% a 12% del
total mundial en ese mismo período. Es decir que esos tres países producen
sistemáticamente más de la mitad de la oferta mundial aunque con un claro predominio
del primero.
5
El índice de precios de las materias primas que publica la revista británica The Economist desde 1864
(que luego fue extendido hacia atrás hasta 1845) confirma esa tendencia. Ese índice, que se mantuvo en
torno a un promedio cien hasta comienzos del siglo XX, experimentó una caída continua hasta cerca de
20 en 2004. Es decir que el poder de compra efectivo de esos bienes es una quinta parte del alcanzado
un siglo antes y la tendencia no muestra signos de cambios de orientación.
8
productor, consume prácticamente todo lo que cosecha, mientras que la Argentina
exporta las dos terceras partes de la suya. En conjunto, Estados Unidos y la Argentina
controlan 71% de la oferta en el mercado mundial aunque, de nuevo, esas ventas son
mucho más importantes en términos relativos para este segundo país.
El volumen de maíz que se comercializa en el mercado mundial ha crecido poco y
mucho menos que la producción, de modo que la expansión de ese cultivo ha ocurrido
en naciones que buscaban su autoabastecimiento. Buena parte del aumento de la
demanda se originó en el sudeste asiático, con China y Corea que pasaron en el
período mencionado de 5 a 15 millones de toneladas importadas (que es más que el
aumento global del comercio). La demanda está bastante distribuida entre distintas
naciones: seis tienen el 50% de las compras pero ninguna de las siguientes adquiere
más de 2% de lo que se comercializa en el mundo, de modo que puede asumirse que el
mayor oferente (Estados Unidos) mantiene la capacidad de imponer precios. Los
argumentos expuestos sobre el mercado de la soja tienen la misma validez en este
caso.
Los precios del maíz muestran la misma tendencia ya observada: fluctuaciones
intensas en el corto plazo y baja continua de sus valores en dólares constantes. El
Gráfico 4 muestra que el precio del maíz cayó desde más de 150 dólares constantes la
tonelada en 1980 a sólo 40 en 2004.
450,0
400,0
350,0
300,0
250,0
200,0
150,0
100,0
50,0
0,0
Ju 2
Ju 9
Ju 6
Ju 3
En 85
En 92
En 99
M -81
Se 83
M -88
Se 90
M -95
Se 97
M -02
4
M 80
N 84
M 87
N 91
M 94
N 98
M 01
-8
-8
-9
-0
l-0
-
-
e-
p-
e-
l-
p-
e-
l-
p-
l-
e-
ay
ay
ay
ay
ov
ov
ov
ar
ar
ar
ar
En
9
La oferta de trigo
El trigo es el último ejemplo de las tendencias analizadas. Este cereal tiene menor
dinamismo que los otros puesto que sus cosechas sólo aumentaron 30% en el último
cuarto de siglo. Estados Unidos y el Mercosur (que en este caso se reduce sólo a la
Argentina porque Brasil produce muy poco) tienen menos del 20% de la producción
total; además, su presencia en el mercado mundial cubría 50% de la oferta total en
1980 pero cayó a 30% en el presente, de modo que su influencia es menor que en los
casos previos.
500
400
300
200
100
0
May-84
May-97
Ene-80
Feb-81
Mar-82
Abr-83
Jun-85
Jul-86
Ago-87
Sep-88
Oct-89
Nov-90
Dic-91
Ene-93
Feb-94
Mar-95
Abr-96
Jun-98
Jul-99
Ago-00
Sep-01
Oct-02
Nov-03
Dic-04
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La demanda es poco dinámica puesto que crece a una tasa de alrededor de 1% anual y
es impulsada por los nuevos países en desarrollo del sudeste asiático. La mayor parte
de los países importadores compran individualmente menos de 2% de la oferta en el
mercado mundial y son, por lo tanto, captadores de precios.
Los precios exhiben la misma tendencia que en los casos anteriores: intensas
fluctuaciones en el corto plazo y orientación a la baja, de modo que cayeron a la mitad,
en dólares constantes, durante este cuarto de siglo (ver Gráfico 4).
Conclusiones
Los tres casos considerados de productos agrícolas de clima templado exhiben una
problemática semejante. En los tres hay una fuerte presencia de la cosecha de Estados
Unidos, que es el principal oferente mundial y que apoya, además, su influencia sobre
el mercado en una serie de herramientas derivadas de su potencial económico. En
algunos casos, se nota la influencia paralela de la Union Europea, basada también en
su poder económico que le permite tener cierto control sobre el mercado, y que ha
generado intensas polémicas entre ambas potencias.
La influencia sobre esos mercados ocurre paralela a la tendencia a la caída de los
precios de dichos productos, medidos por su poder de compra. Más allá de las
explicaciones que se presenten para ese resultado, lo cierto es que el poder de
mercado de las grandes potencias coincide con una baja de precios (y no con un alza,
como podría esperarse en una primera instancia). Además, esa tendencia se produce
en medio de intensas fluctuaciones coyunturales que crean riesgos muy apreciables
para los productores. Esta última consecuencia es evidente para países como
Argentina y Brasil que, por otro lado, tienen una fuerte dependencia de los ingresos
derivados de la venta de esos productos en el mercado mundial.
Las naciones desarrolladas están menos influenciadas por esos temas debido a que
ellas tienden a aislar sus mercados internos respecto a los externos. Los subsidios que
otorgan Estados Unidos y la Union Europea a sus productores agrícolas son una parte
de esa estrategia que incluye una serie de medias adicionales, como las restricciones
no arancelarias, la acumulación de stocks de intervención, etc.
La separación entre los mercados internos y externos de esas naciones se aprecia,
asimismo, en la distinta evolución de los precios de las materias primas y de los
productos primarios derivadas de ellas que se venden a los consumidores nacionales.
Un estudio al respecto, realizado por un experto del Banco Mundial, observó que la
caída de los precios internacionales contrasta con el alza continuada de los precios de
esos mismos bienes en los mercados locales de consumo de las naciones
desarrolladas. Las relaciones son claras puesto que se trata de bienes que exigen muy
poca elaboración para su consumo de modo que la cadena de intermediación es
sencilla entre el bien primario y el producto colocado en el mercado6. El autor del
trabajo señala que una explicación puede estar en la conducta de las grandes
empresas trasnacionales que dominan ese comercio y que se aprovechan de la brecha
creciente entre una serie de precios y la otra. Más allá de las teorías que se plantean, lo
cierto es que la influencia de las naciones desarrolladas sobre estos mercados, que se
6
Este estudio, uno de los pocos conocidos sobre el tema, es de Jacques Morisset, “Unfair Trade? The
Increasing Gap between World and Domestic Prices in Commodity Markets during the Oast 25 Years”, en
The World Bank Economic Review, Vol 12, nº 3, september 1998.
11
apoya en la acción de las multinacionales, ni siquiera tendería a beneficiar a sus
propios consumidores. Los resultados que se observan contribuyen a instaurar dudas
sobre la ventaja de volver a poner sobre el tapete la antigua teoría de las ventajas
comparativas sin efectuar, al menos, una serie de reparos previos a las hipótesis sobre
mercados eficientes que subyacen en ellas.
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El CESPA (Centro de Estudios de la Situación y Perspectivas de la Argentina) fue
creado en 2001 por el Rector de la Universidad de Buenos Aires, como parte
integrante del Instituto de Investigaciones Económicas de la Facultad de Ciencias
Económicas. Su propósito consiste en realizar estudios e investigaciones sobre
la economía argentina, con el objeto de contribuir al conocimiento de su situación
real y sus perspectivas de mediano plazo. Su director es Jorge Schvarzer, uno de
los autores de este trabajo.
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