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Decisión Justa

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DECISIÓN JUSTA

En mi experiencia como abogado litigante, servidor judicial, fiscal penal, juez


penal e incluso ahora como juez superior, muy pocas veces he presenciado
que los operadores judiciales discutan sobre la justicia de la decisión judicial;
al parecer, este valor ha sido reemplazado por el debido proceso.
Así, comprenden el término «justicia» referido únicamente al procedimiento y
no a su resultado; piensan que si en el proceso se respe- tan las garantías de lo
debido (juez independiente e imparcial, defensa, prueba, etc.), es decir, si el
proceso es justo, también lo será la decisión; sin embargo, un proceso justo no
garantiza una decisión justa, porque el juez puede equivocarse en la
interpretación de la ley aplicable al caso o la averiguación de los hechos.
A propósito de lo anterior, Taruffo (2012) explica que
la justicia en el proceso es muy útil y una condición necesaria, pero también
hay que decirlo, no es suficiente para determinar la justicia de la decisión y, en
ese sentido, harán falta otras condiciones adicionales para que podamos
hablar, precisamente, de una resolución justa (p. 45).
Coincidimos en que el problema auténtico y fundamental es el de la justicia de
la decisión, ya que tanto a quienes participan del proceso y padecen los
efectos de este como a la sociedad en su conjunto les interesa que la decisión
sea justa.
El Código Procesal Civil indica que el juez debe «atender a que la finalidad
concreta del proceso es resolver un conflicto de intereses o eliminar una
incertidumbre, ambas con relevancia jurídica, haciendo efectivos los derechos
sustanciales, y que su finalidad abstracta es lograr la paz social en justicia»
(artículo III del título preliminar). En el texto de dicha norma se observa que la
finalidad concreta del proceso civil es solucionar el conflicto de intereses
respetando los derechos sustanciales; esto último implica necesariamente
establecer los hechos que permitan aplicar la norma que reconoce dichos
derechos sustanciales. De este modo, se revela la falsedad de que el objetivo
esencial del proceso es simplemente terminar el conflicto de intereses a
través de un proceso correcto.
En suma, para que una decisión sea justa, la principal condición es que el
proceso sea justo, es decir, que se respeten las garantías de lo debido;
empero, existen otras dos condiciones: a) la interpretación correcta de la
norma jurídica y b) «que los hechos sean confirmados por el juez de forma
verdadera» (Taruffo, 2012, p. 48). En conclusión, la verdad de los hechos es
condición necesaria para la justicia de la decisión.

VERDAD, PROCESO Y PRUEBA


Asumiendo como premisa que la verdad es uno de los objetivos funda-
mentales del proceso, aunque no el único (también lo es resolver conflictos,
entre otros), una de las funciones del proceso es su función epistémica, esto
es, la búsqueda de la verdad. Taruffo (2012) señala que «en el proceso, lo que
estamos haciendo es buscar la verdad acerca de algunos hechos, y por esta
razón es posible hablar de algunos aspectos del proceso como una actividad
de tipo epistémica» (p. 52).
Si tenemos en cuenta al proceso como una actividad epistémica para la
búsqueda de la verdad, también debemos considerar que las pruebas sirven
para descubrir la verdad; de este modo, descartaríamos en nuestro sistema,
como función de la prueba, la retórica o la persuasión.
Respecto del debido proceso constitucional y el derecho fundamental a la
prueba, en el Expediente n.o 1014-2007-PHC/TC se lee lo siguiente:
8. Este Tribunal Constitucional ha señalado (vid. STC 010-2002-AI/TC, fj. 133-
135) que el derecho fundamental a la prueba tiene protección constitucional,
en la medida en que se trata de un derecho comprendido en el contenido
esencial del derecho al debido proceso, reconocido en el artículo 139, inciso 3,
de la Constitución. […]
[…]
10. […] Constituye un derecho fundamental de los justiciables producir la
prueba relacionada con los hechos que configuran su pretensión o su defensa.
Según esta dimensión subjetiva del derecho a la prueba, las partes o un
tercero legitimado en un proceso o procedimiento tienen el derecho de
producir la prueba necesaria con la finalidad de acreditar los hechos que
configuran su pretensión o defensa.
11. Atendiendo al doble carácter de los derechos fundamentales en general y
del derecho a la prueba en particular, este, en su dimensión objetiva,
comporta también el deber del juez de la causa de solicitar, actuar y dar el
mérito jurídico que corresponda a los medios de prueba en la sentencia. En la
medida en que el objeto principal del proceso penal es el acercamiento a la
verdad judicial, los jueces deben motivar razonada y objetivamente el valor
jurídico probatorio en la sentencia. […]
12. Por ello, la prueba capaz de producir un conocimiento cierto o probable en
la conciencia del juez debe reunir las siguientes características: veracidad
objetiva, según la cual la prueba exhibida en el proceso debe dar un reflejo
exacto de lo acontecido en la realidad; asimismo, prima facie, es requisito que
la trayectoria de la prueba sea susceptible de ser controlada por las partes
que intervienen en el proceso, lo que no supone desconocer que es al juez,
finalmente, a quien le corresponde decidir razonablemente la admisión,
exclusión o limitación de los medios de prueba. De esta manera, se puede
adquirir certeza de la idoneidad del elemento probatorio, pues este se
ajustará a la verdad de lo ocurrido y no habrá sido susceptible de
manipulación. […] (Tribunal Constitucional, 2007; las cursivas provienen del
original).
Para tomar una decisión justa, es condición necesaria alcanzar la verdad de
los hechos y, por tanto, la verdad es uno de los objetivos fundamentales del
proceso; así, aunque no exista prueba de oficio, dado que nos encontramos en
un Estado democrático constitucional, el juez no puede desistir de alcanzar la
realidad de los hechos, siempre debe averiguar la verdad, ya que
legítimamente no puede adoptar otra medida.
Ahora bien, en el Expediente n.o 0611-2009-PA/TC, el Tribunal Constitucional
(2011) precisa que
58. […] conviene preguntarse, ante todo, cuál es, en el marco del Estado
constitucional de derecho, el objeto esencial de todo proceso penal […].
59. […] hoy en día se acepta pacíficamente que la justicia penal no se sustenta
en propósitos de carácter positivo estructurados prima facie a la búsqueda de
un inevitable o necesario responsable del hecho criminal. Por el contrario, se
trata de concebir al proceso penal como un instrumento orientado a la
búsqueda de la verdad en torno a la comisión o no de un evento delictivo, así
como de la responsabilidad o no del imputado. En otras palabras, se busca la
verdad y no, de plano, la responsabilidad.
Llama la atención que Alvarado Velloso (2018), dirigiéndose a la Corte
Suprema como amicus curiae, sustente su rechazo a la prueba de oficio y la
averiguación de la verdad como un objetivo primordial del proceso en el
pensamiento filosófico del garantismo procesal; para ello, se apoyó en las
ideas que el maestro Luigi Ferrajoli planteó en su libro Derecho y razón: teoría
del garantismo penal (1995). Dada su importancia, citamos unos fragmentos
de la intervención de Ferrajoli en el Congreso Internacional «El
constitucionalismo a dos siglos de su nacimiento en América Latina» (2012):
las garantías que limitan [al poder punitivo] son garantías, al mismo tiempo,
de inmunidad del ciudadano contra el arbitrio punitivo y también garan- tías
de verdad. Sin garantías penales y procesales, que son garantías de la
verificación y la falsificación, no solo se produce el peligro para la libertad de
los ciudadanos, [sino que tampoco] se realiza la finalidad del proceso, es
decir, la verificación de la verdad. El proceso es un sistema muy complejo cuya
finalidad es la aproximación máxima a la verdad; este proceso requiere
garantías de verificabilidad, es decir, que una ley indeterminada, que, por
ejemplo, prevé como delito ser malo o peligroso, es una ley que no determina
los hechos punibles, no hace verificables las hipótesis acusatorias. [De otro
lado,] las garantías procesales (es decir, la contradictoriedad, la carga de la
prueba por la acusación, el derecho de la defensa) son otras tantas garantías
de verdad (no solo garantías de libertad contra el arbi- trio) y, al mismo
tiempo, garantías de eficiencia (29:53-31:45).

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