Biografias de Reformadores de La Iglesia
Biografias de Reformadores de La Iglesia
DE LA IGLESIA
Por:
MEDELLIN
TABLA DE CONTENIDOS
I. Introducción ………………………………………………………………………3
III. Conclusión………………………………………………………………….……..27
IV. Netgrafía…………………………………………………………………………..28
I. INTRODUCCIÓN
Esta reforma se inició por la múltiples critica que se dieron sobre las creencias, rituales, manejos
que la iglesia católica practicaba; con lo que se buscaba lograr cambios significativos que
estuvieran acordes a la verdadera fe a Dios y las enseñanzas de Jesucristo.
A continuación se mostraran los principales hombre participes en esta reforma, quienes con sus
aportes y disposición ante Dios buscaron mejorar la fe cristiana, originándose de esta manera la
iglesia protestante como la conocemos ahora.
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II. HOMBRES QUE PARTICIPARON EN LA
REFORMA DE LA IGLESIA
Con la verdad de la palabra de Dios cuando se estudia; se inicia la crítica de la tradición, por la
revelación de Dios de abren los ojos a la verdad. Es por esto que a continuación se esbozará la
vida de estos importantes hombres, los cuales con su trabajo, entereza, fe y amor, buscaron
acercar la iglesia a lo esperado por Cristo.
1. Martín Lutero
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en la Universidad de Erfurt, Lutero recibió el grado de bachiller en 1502 y una maestría en 1505,
como el segundo de 17 candidatos. Después quiso estudiar Derecho, como su padre deseaba, pero
en el verano de 1505 abandonó de pronto sus estudios, e ingresó en el monasterio de los agustinos
de Erfurt, decisión que sorprendió a sus amigos y consternó a sus padres. En el otoño de 1506
profesó como monje y un año después se ordenó sacerdote.
Con el propósito de estudiar teología para ocupar una cátedra en una de las muchas universidades
alemanas regidas por los monjes, su amigo y consejero Johann von Staupitz, vicario general de los
agustinos, le asignó en 1508 un curso introductorio de filosofía moral en la nueva Universidad de
Wittenberg (fundada en 1502). En 1509 se licenció en teología y volvió a Erfurt, donde impartió
clases y estudió (1509-1511). En noviembre de 1510 visitó Roma en representación de siete
monasterios agustinos y cumplió los deberes religiosos acostumbrados para un visitante piadoso,
pero la mundanidad del clero romano le indignó. Al poco tiempo de reanudar sus deberes en Erfurt,
fue enviado a Wittenberg para estudiar el doctorado de teología. En 1512 se doctoró y asumió la
cátedra de Teología Bíblica que conservó hasta su muerte.
Lutero fue un predicador, profesor y administrador muy activo. Sus estudios del Nuevo
Testamento para preparar sus clases le llevaron a creer que los cristianos se salvan, no por sus
propios esfuerzos o méritos, sino por el don de la gracia de Dios, que ellos aceptan por la fe.
Lutero no fue un Teólogo a la usanza clásica, pero la sutilidad y complejidad de su obra, inspirada
en su estudio riguroso del Nuevo Testamento y en el gran teólogo del siglo IV san Agustín de
Hipona, ejerció una influencia muy importante; además fue un reformador religioso alemán,
iniciador de la Reforma protestante. Figura crucial de la edad moderna en Europa, la influencia del
conjunto de sus teorías y doctrinas (que suele ser denominado luteranismo) se extendió, más allá de
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la religión, a la política, la economía, la educación, la filosofía, el lenguaje, la música y otros
espacios de la cultura.
En 1537 la salud de Lutero empezó a deteriorarse. Preocupado por el resurgimiento del Papado y
por lo que interpretó como un intento de los judíos de aprovechar la confusión surgida entre los
cristianos para reabrir la cuestión del mesianismo de Jesús, se sintió responsable de semejante
estado de cosas y escribió una violenta invectiva contra los judíos y otra contra el Papado y la
facción más radical de los reformadores, los anabaptistas. En 1546 se solicitó su mediación en un
conflicto surgido entre los dos condes que gobernaban en Mansfeld. Viejo y enfermo, acudió,
resolvió el litigio y murió el 18 de febrero de 1546 en Eisleben.
2. Juan Calvino
Poco es lo que sabemos acerca de la conversión de Calvino. Sin embargo, tenemos información de
sus frecuentes contactos con hombres de tendencia protestante mientras estudiaba. En el College de
Montaigu puede haberse topado con John Major, el conciliarista escocés, y en Orleans y en Bourges
ciertamente sabemos que estudió griego bajo Melchior Wolmar, humanista de fuertes inclinaciones
protestante. Varios de sus amigos en Orleans y su primo Francis Olivetan, caminaba también en esta
dirección.
Puede haber sido como resultado de estas influencias, junto con el asistir secretamente en París a
reuniones protestantes, por lo que Calvino pese a su "obstinado apego a las supersticiones papistas",
se hiciera protestante. Como joven de extraordinaria habilidad y también como excelente estudioso,
pronto se convirtió en uno de los dirigentes del protestantismo de París.
En abril de 1532, como era característico de los jóvenes eruditos humanistas de su época, publicó su
primer libro. Se trataba de un comentario sobre De Clementia, de Séneca. Poco después se vio
envuelto en el movimiento de la Reforma y esto lo llevó a concentrarse en los estudios bíblicos.
Cuando su amigo Nicolás Cop fue elegido rector de la Universidad de París, Calvino lo ayudó a
preparar su discurso rectoral presentado el 1 de nov. de 1553. Este discurso era un ataque a la iglesia
y una exigencia de reforma, siguiendo los lineamientos propuestos por Lutero. La reacción fue el
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estallido de un sentimiento antiprotestante que hizo que tanto Cop como Calvino abandonaran París,
Aunque Calvino posteriormente regresó por breve tiempo, su reputación como uno de los
Reformadores pronto lo obligó a huir otra vez. Durante los siguientes tres años estuvo viajando por
Francia, Suiza e Italia. Durante este período renunció en Noyon a los beneficios eclesiásticos que
tenía.
Pese a estar viajando constantemente para evitar arrestos o persecución, Calvino había comenzado a
escribir en pro de la fe protestante. En 1534 publicó su primera obra religiosa, Psychopannychia, un
ataque a la doctrina del sueño del alma después de la muerte. Poco más tarde la traducción francesa
de la Biblia por Olivetan apareció con el prefacio de Calvino. lo más importante, sin embargo, fue
que en marzo de 1536 publicó en Basilea un delgado volumen, de siete capítulos, con el título de
Christianae Religionis Insitututio, con una carta de prefacio dirigida a Francisco I de Francia
defendiendo a los protestantes de sus calumniadores. Se trataba de un breve sumario de la fe
cristiana. Su autor era virtualmente desconocido, pero pronto se hizo notorio entre los protestantes
tanto por su habilidad expositiva como por tratarse de una apología abierta de las nuevas doctrinas.
Pasó después Calvino unos pocos meses sin rumbo fijo. Luego acompañado por su hermano
Antoine y por su media hermana Marie, se dirigió hacia Estrasburgo donde el protestantismo había
sido aceptado oficialmente. Esto proveería la quietud requerida para su proyectada obra literaria.
Debido a la guerra entre Francia y el Imperio, tuvo que hacer un desvío a través de Suiza, vía
Ginebra, donde había pensado quedarse solamente una noche. La escala fue decisiva pues el
predicador protestante Guillermo Farel, que había iniciado una reforma en la ciudad, supo de la
presencia del joven erudito. Inmediatamente Farel pidió que Calvino se quedara para ayudarlo a
completar su obra. Al principio Calvino se negó, pero cuando Farel afirmó que la maldición divina
caería sobre él si no se quedara, Calvino consintió pero en contra de su propia voluntad. Sin
embargo, su residencia en la ciudad no duró por mucho tiempo. El y Farel trataban de introducir un
cierto grado de disciplina en una sociedad notoria por su libertinaje, actitud que solo podía
suscitarles enemigos. Cuando los dos reformadores rechazaron la demanda gubernamental de que
debían aceptar la liturgia de Berna, sus opositores usaron esto como excusa para expulsarlos de la
ciudad. Farel marchó a Neuchatel, mientras que Calvino a invitación de Martín Bucero, partió una
vez más para Estrasburgo.
Probablemente algunos de los más felices días de Calvino transcurrieron en Estrasburgo. Aunque
constantemente acosado por la pobreza, parece haber gozado allí de la vida que quería. El
acontecimiento personal más importante fue su matrimonio con Idelette de Bure, viuda de un
anabaptista a quien Calvino había convertido a su posición reformada. Ella le dio un hijo que solo
vivió unos días. Poco después de llegar a Estrasburgo, Calvino se convirtió en pastor de la
congregación de refugiados franceses que él organizó siguiendo los lineamientos que creía ver en el
NT. De especial importancia resulta aquí su redacción de una liturgia y la preparación de un salterio
compuesto por su propia traducción métrica al francés y la de Clement Marot. Simultáneamente
estaba ocupado preparando su comentario sobre Romanos y participando como representante de
Estrasburgo en coloquios con luteranos y con católicos romanos en Worms y en Ratisbona. Debido
a estas actividades se extendió gradualmente su fama de erudito bíblico y de teólogo.
Hubiera Calvino pasado probablemente en Estrasburgo el resto de su vida a no ser por los esfuerzos
del cardenal Sadoleto para poner a Ginebra nuevamente bajo el control romano. Después de la
partida de Calvino y Farel, nadie había surgido para dar la necesaria dirección a la iglesia. Como
resultado de esto se produjeron confusión y conflictos. En tal situación los defensores del antiguo
régimen creyeron propicio deshacer lo hecho por los reformadores. Con este fin en marzo de 1539
Jacobo Sadoleto, un bien conocido humanista, escribió una carta instando a los ginebrinos a que se
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sometieran al papa. Puesto que nadie en Ginebra parecía capaz de contestarle, la carta fue enviada a
Calvino quien la refutó con suma eficacia. Aproximadamente en la misma época, un cambio de
gobierno puso el control de la ciudad en manos de amigos de Calvino y éstos le invitaron a regresar.
Aunque no tenía los deseos de hacerlo, una vez más, bajo las exhortaciones de Farel, consintió,
reingresando en la ciudad el 13 de set. de 1541. Comprendía demasiado bien que Ginebra tenía una
antigua reputación europea de inmoralidad. Esta no sería una comunidad fácil de reformar, sin
embargo, Calvino se dedicó inmediatamente a esta tarea. Una de sus primeras responsabilidades era
revisar las leyes de la ciudad. Al mismo tiempo redactó una forma de gobierno para la iglesia y
revisó su liturgia y salterio de Estrasburgo. Oportunamente (1559) hasta convenció al pueblo de que
debía fundarse una academia (más tarde universidad) para la preparación de la juventud al servicio
de la comunidad. En todo esto tenía el gran propósito de hacer de Ginebra una "ciudad santa",
conforme a la voluntad de Dios. Esto significaba a veces una estricta y dura disciplina la cual la
mayoría, aun los calvinistas, hoy no aprobarían, pero tuvo la consecuencia de cambiar el carácter de
Ginebra y de hacer de ella una potencia en el mundo del siglo XVI.
Los esfuerzos de Calvino por reformar Ginebra y a los ginebrinos condujeron a los naturales
conflictos internos. No todos los habitantes eran calvinistas y, aun algunos de aquellos que
concordaban con él, a veces creían que sus rigurosas demandas iban demasiados lejos. De esto
ocasionalmente resultaron motines y disturbios encaminados a eliminarlo de la ciudad. La prueba
final llegó cuando Miguel Servet, un español que estaba condenado a muerte por la Inquisición por
negar la doctrina de la Trinidad, entró en Ginebra aparentemente para causar problemas. Fue
reconocido, denunciado por Calvino y, con la aprobación de otras ciudades protestantes suizas, así
como con el visto bueno de las autoridades católico romanas, fue muerto quemado en la hoguera en
1553. Aunque durante el siglo XVI miles de protestantes sufrieron esta misma suerte a manos de
sus perseguidores católicos, Calvino ha sido constantemente vilipendiado por esta ejecución.
No tuvo cargos gubernamentales, ni en realidad fue ciudadano de Ginebra hasta que fue invitado en
1559. No obstante, Calvino dominaba a toda la comunidad, por persuasión moral más que por otros
medios. No solo desempeñó un importante papel en bosquejar un gobierno eclesiástico ejerciendo
amplios poderes de supervisión sobre los habitantes y humanizando las leyes, sino que también
ejerció gran influencia en otros aspectos. A él se debe en gran parte el establecimiento universal de
un sistema de educación para la juventud. También participó en la ayuda organizada en beneficio de
pobres y ancianos.
Trató de hacer de Ginebra un estado cristiano, tanto en la práctica como en la doctrina. Era natural
que Ginebra por este esfuerzo ganara una amplia reputación, especialmente en Europa entre los
protestantes perseguidos. Situada en la encrucijada de importantes rutas comerciales entre el Norte e
Italia, tenía una posición geográfica estratégica. Y lo que era todavía más importante, bajo la
influencia de Calvino las autoridades de la ciudad abrieron de par en par las puertas a los refugiados
que en gran número acudieron de todas partes: Francia, Holanda, Inglaterra, Escocia, Alemania,
Italia, España, Hungría, Polonia, en fin, en casi todo país europeo. De Ginebra estas personas
frecuentemente regresaron como misioneros para divulgar el Evangelio como lo habían aprendido
allí. De estos contactos, constantemente mantenidos a través de una voluminosa correspondencia,
Calvino ejerció influencias que rebasaron ampliamente los límites de Ginebra. Se convirtió en una
figura dominante de la Reforma protestante de mediados de siglo. De igual, quizás de mayor,
importancia que sus contactos personales y sus cartas, fueron sus escritos. Durante su vida escribió
comentarios sobre 23 libros del AT, incluyendo todo el Pentateuco y todos los profetas, y acerca de
todo el NT salvo el Apocalipsis. Con un trasfondo de estudios humanísticos y su conocimiento
teológico, estas obras han ejercido influencia en la iglesia hasta hoy. Además de preparar
comentarios, predicaba constantemente, todos los días en semanas alternadas, y muchos de sus
sermones eran tomados en notas taquigráficas, que pueden haber sido revisados por él, y después
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publicados. Las notas de otros sermones permanecieron perdidas hasta el presente siglo, pero ya
están siendo publicadas por primera vez. Junto con estas labores constantemente producía folletos
acerca de los temas que afectaban tanto al pensamiento como a las acciones protestantes.
El más significativo de todos sus escritos es la Institución de la Religión Cristiana. Fue publicada
originalmente en 1536 como libro de seis capítulos, en carácter de manual teológico para los
protestantes franceses. Fue revisado por Calvino cinco veces, generalmente traducido al francés de
la versión latina original e influyendo así grandemente al desarrollo del moderno idioma francés.
Por el tiempo de la edición definitiva, aparecida en 1559, ésta había sido tan ampliada y cambiada
que ya se trata de cuatro libros con un total de 79 capítulos. Esta obra se diseminó rápidamente en
muchas traducciones hasta formar, excepto en los países donde predominaba el luteranismo, la
teología sistemática de la Reforma. Esto ha durado hasta el presente según lo indican las numerosas
ediciones eruditas que recientemente han aparecido en inglés, francés, español, japonés, y otros
idiomas.
Idelette Calvino murió en 1549 dejando a su esposo como hombre triste y solitario. Al parecer
nunca pensó en volver a casarse, aunque seguramente habría sido mejor para él tener el cuidado de
otra amante esposa, pero no era hombre que tomara gran cuidado de sí mismo. El resultado de esto
fue que hasta el fin de sus días sufrió de úlceras del estómago y problemas similares. Semejante
debilidad de la carne no le impidió trabajar intensamente casi hasta su muerte, ocurrida en 27 de
mayo de 1564. A los 54 años de edad, Calvino literalmente se consumía al servicio de Dios.
Para muchos desde su época, Calvino fue el sumo ejemplo de rigor y de falta de alegría. Creen que
ha sido un legalista que deseaba excluir del cristianismo todo lo que fuera gozo y trataba de
convertirlo en una inescapable esclavitud. Pero si uno en realidad estudia las obras y la vida de tal
hombre, no parece ser ese el caso. Se trataba de un ser muy humano, como él lo revela
frecuentemente en sus cartas. Cierto que era intenso en su servicio a Dios, a quien ofrecía su
corazón en forma plena. Usando sus indudables dotes echó los cimientos del protestantismo para los
cuatro siglos siguientes. Su influencia se extendió mucho más allá de los límites de la iglesia, como
lo hizo trascendiendo las fronteras de Ginebra. Muchas de sus ideas políticas, estéticas, científicas e
históricas se volvieron tan entrelazadas con el pensamiento occidental que tenemos que reconocer
en él a una de las grandes mentes creadoras, uno de los factores formativos en el desarrollo de la
cultura y de la civilización occidentales.
3. Juan Wesley
Todos los hijos de la familia Wesley eran de muy buenos modales, y muy educados, a pesar de ser
sumamente pobres. La madre de familia era también la maestra. Les enseñaba las materias
escolares, a la vez que les impartía una educación cristiana excelente. Cada una de las hijas
aprendió el griego, el latín y el francés, así como lo necesario para los quehaceres domésticos. Los
niños fueron enseñados a ser amables unos a otros, así como con los sirvientes y vecinos: algo muy
raro en aquellos días.
A pesar de que Susana de Wesley fue una madre muy ocupada, se hizo el propósito de dedicar un
tiempo especial para cada hijo, cuando éste cumplía los cinco años, con el fin de enseñarle el
alfabeto. En cada caso, tuvo éxito.
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Un día cuando Juan tenía sólo seis años, la vieja casa pastoral se incendió. Mientras la casa ardía,
toda la familia escapó, excepto el pequeño Juan. Su padre estaba a punto de volver a entrar
corriendo otra vez, para buscar a su hijito, cuando pareció que la casa entera estaba a punto de
desplomarse. Durante todo lo ocurrido Juan había continuado durmiendo, ajeno a lo que acontecía.
Pero cuando la casa se derrumbó, el estrépito lo despertó y le hizo corre hacia la ventana. No había
ninguna escalera a la mano, de modo que uno de los vecinos se subió a los hombros de otro, y de
esta manera lograron rescatar al niño, justo en el momento en que el techo se venía abajo. Esta
experiencia quedó profundamente grabada en la memoria de Juan Wesley. Sentía que Dios le había
salvado la vida con algún propósito especial.
La Sra. de Wesley procuraba dedicar algún tiempo a cada uno de sus hijos, cada semana. También
halló tiempo, o más bien dicho, hizo el esfuerzo para hallar tiempo, para hablarles a cada uno de
ellos acerca de Dios, y de cómo orar y de cómo agradar al Señor. Jueves por la tarde era el tiempo
dedicado a Juanito. Esto hizo en él una honda impresión. Se acordaría de ello un cuando se fue a la
universidad de Oxford para estudiar. A menudo le escribía a su madre, y le recordaba que pensara
en él los jueves por la tarde.
Cuando Juan tenía diez años, su padre lo llevó al Colegio de Charterhouse, en Londres. Allí recibió
una excelente educación; una de las mejores que se podían obtener en cualquier parte, en aquellos
días. Estudió lenguas clásicas, matemáticas y ciencias.
Al graduarse en Charterhouse, a los diecisiete años, ingresó a la universidad de Oxford. Por primera
vez, en su vida, nadie lo mandaba; ahora era su propio patrón. A pesar de estar rodeado de otros
estudiantes que tomaban licor, que jugaban al azar y llevaban una vida de inmoralidad, Juan
demostró que la instrucción cristiana recibida en el hogar no había sido en vano; así que llevó una
vida buena y limpia.
Wesley hizo muchos amigos durante su estadía en la universidad. Tenía un ingenioso sentido del
humor, y una excepcional habilidad para escribir poemas. Era el que ponía la chispa en cualquier
reunión social, y era siempre bienvenido en los hogares de sus compañeros de estudio que vivían en
las aldeas cercanas.
Siguiendo las pisadas de su bisabuelo, de su abuelo y de su padre, aun Wesley decidió hacerse
ministro. Predicó su primer sermón en una pequeña iglesia en la aldea de South Leigh.
Fue en aquel tiempo que Juan Wesley comenzó a desarrollarse como predicador anglicano,
creyendo en todas las formalidades y ceremonias de la iglesia oficial de Inglaterra, y también en
disciplina severa. Se levantaba a las cuatro de la mañana, ayunaba con regularidad, trabajaba duro y
sin descanso, y demandaba de su fuerte cuerpo un esfuerzo casi hasta el límite del colapso. Visitaba
a los presos en las cárceles, que eran lugares terribles en aquellos días; y procuraba suavizar todo lo
posible la vida de los prisioneros por donde quiera que iba. También enseñaba a los niños que no
tenían que los cuidara. A pesar de toda esta incesante e incansable actividad religiosa, y aunque
predicaba sermones preparados con esmero, no podía dejar de sentir que su vida era estéril. No
atraía a multitudes. No influía en ninguna vida ajena. No despertaba ninguna conciencia. No hacía
arder a ningún corazón.
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Pasado algún tiempo Carlos, el hermano menor de Wesley, ingresó a la universidad de Oxford, y
con algunos otros de los estudiantes más serios, formaron un grupo, al que algunos apodaron "el
club santo". Se reunían para orar, para estudiar la Biblia, y comentar sobre lo que habían leído y
meditado. Eran muy metódicos en su asistencia a los servicios de comunión, y como resultado de
sus prácticas tan ordenadas, sus compañeros comenzaron a llamarles los "metodistas".
En octubre de 1735, Juan Wesley y su hermano Carlos viajaron a América. Juan iba a servir como
capellán en la ciudad de Savannah, en la colonia de Georgia, en tanto que Carlos iba a desempeñar
el cargo de secretario del fundador y gobernador de la colonia, el general Oglethorpe. Juan hizo
planes para celebrar servicios, visitó cada hogar, y estableció una escuela para los hijos de los
colonos. Trató de enseñar a los indígenas, para éstos no aceptaron en nada sus esfuerzos. Se
mantenía sumamente ocupado, pero no era de ningún modo popular. Todo el tiempo, en el fondo de
su alma, estaba buscando una verdadera fe en Dios.
Entretanto, Carlos Wesley se las había ingeniado para enredarse en una sería disputa con el
gobernador, y como resultado, regresó a Inglaterra. Después de haber estado en Georgia menos de
dos años. Juan siguió a su hermano, regresando también a Inglaterra. La aventura de Georgia,
iniciada con tan doradas esperanzas, se había tornado en un amargo fracaso.
Tanto Juan como Carlos Wesley había hecho ya su profesión de fe en Cristo, pero ni el uno ni el
otro sentía que estaban consagrados de lleno al Señor. Una y otra vez Juan leía la historia de la
conversión de Pablo, y oraba pidiendo obtener él también una luz deslumbrante, y una creencia
segura de haber sido aceptado como un siervo de Cristo, su Salvador. Esta ansiedad fue la que los
condujo a emprender su búsqueda espiritual, y eso les trajo una seguridad completa de su fe en
Cristo.
Desde aquel día en adelante, todo cambió para Juan Wesley. Quería, sobre todo, compartir su
experiencia de conversión con otras personas que parecían no tener el verdadero gozo en el Señor.
Trató, en seguida, de predicar en algunas de las iglesias establecidas de Inglaterra. La gente acudió
en multitudes para escucharle. El mensaje que predicaba era tan sencillo, tan directo y tan
convincente, que tanto hombres como mujeres, sintiendo la carga de una vida pecaminosa,
clamaban, arrepentidos, perdón a Dios.
Sin embargo, otros clérigos no aceptaban su mensaje. Pronto halló que le sería necesario
conseguirse un sitio propio para poder predicar, al aire libre. Así lo hizo, y centenares de personas
siguieron reuniéndose para oír los mensajes de Juan Wesley.
Entonces empezó su ministerio, a caballo; viajando de arriba abajo por las carreteras de Inglaterra,
para predicar a la gente el evangelio de Cristo. Era valiente y osado. Predicaba en cualquier edificio,
grande o pequeño, que se pudiera conseguir. Cuando no había ninguno disponible, predicaba al aire
libre, en cualquier lugar en donde se podía reunir la gente. Siempre estaba dispuesto a predicar,
aunque lo escuchara solamente una persona. Cuando viajaba solo, dejaba suelta las riendas del
caballo, con el fin de poder leer. De esta manera se mantenía al día en cuanto al estudio, y componía
sus numerosos sermones.
En vista de que no se le permitía predicar en las iglesias establecidas de las parroquias, Wesley
decidió edificar capillas y lugares de predicación en los distintos lugares que visitaba. Habiendo
diseñado estos edificios de modo que sirvieran no sólo como iglesias, sino también como escuelas,
le fue posible ayudar también a muchos niños abandonados y desprovistos de instrucción. En
algunas de esas capillas también construyó algunas habitaciones, en donde podían alojarse los
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evangelistas ambulantes, que no tenían en donde pasar la noche. Además, había un establo para un
par de caballos.
Por dondequiera que iba, y a veces miles, de personas se reunían para escucharle predicar. Juan
Wesley se dio cuenta de que no le sería posible continuar haciendo tan magna obra solo, así que
empezó a valerse de la ayuda de algunos predicadores laicos. Estos hombres predicaban los
domingos, y seguían trabajando en sus empleos acostumbrados durante la semana. Se les pagaba
poco, vestían pobremente, les faltaba instrucción, y carecían de buen alojamiento: sin embargo,
tenían intrepidez de héroes. Recorrían grandes distancias, principalmente a caballo, pero a veces a
pie. Enfrentaban amarga persecución. A menudo las autoridades los reprendían, y a veces los
encarcelaban.
Wesley tenía un interés particular en la niñez y en la juventud, y muchas veces, al entrar en algún
pueblo, los visitaba antes de comenzar sus reuniones. Nunca se cansaban de decirles a ellos, así
como también a los adultos, que lo que debían hacer era "creer, amar y obedecer." Debido a que su
interés en la juventud, más tarde pudo proveerles hogares, escuelas y reuniones juveniles en las
iglesias.
Había poco ricos en Inglaterra. Mucha gente vivía bien, pero gran parte de la población carecía de
empleo, o no recibía el sueldo merecido; así que la mayoría era sumamente pobre. Vivían en casas
insalubres, y los hijos no tenían ni comida ni ropa suficiente, y, por lo general, carecían de
instrucción. Juan Wesley nunca se tapó los oídos, ni se hizo de la vista gorda, en cuanto a las
necesidades de los que tenían menos que él. Vivía con frugalidad, con el fin de tener algo para dar a
los menesterosos.
Al crecer la obra, Wesley hizo arreglos para que otras personas se encargaran de las actividades en
beneficio de la gente necesitada. Estableció orfanatos, en donde se educaba y se cuidaba a los niños.
Logro hallar posada para algunas señoras ancianas, e hizo arreglos para que se les cuidara. Fundo
un dispensario médico, y aun distribuyó personalmente la medicinas. Los metodistas más prósperos
contribuían con donativos de dineros, ropa, comida y leña; lo cual era llevado a los hogares de la
gente enferma o pobre.
El ministerio de Wesley no se limitó a Inglaterra. También viajó a Irlanda, a los Estados Unidos, a
Canadá y a las Antillas. En todas partes grandes multitudes llegaban para escucharle.
Dándose cuenta el gran valor de la literatura, y siendo un erudito él mismo, Juan Wesley escribió
casi cuatrocientos libros y folletos, sobre diversos temas; tales como teología, historia, lógica,
ciencia, medicina y música. Escribió muchos libros devocionales, los cuales distribuía entre la gente
que encontraba. Estos fueron publicados en ediciones baratas, de modo que la gente tuviera la
oportunidad de comprarlos. Esta obra creció tan rápidamente, que Wesley finalmente estableció su
propia casa publicadora. En ella también fueron impresos centenares de himnos, muchos de los
cuales habían sido compuestos por su hermano Carlos.
El 2 de marzo de 1791, a la edad de ochenta y ocho años, Juan Wesley acabó su carrera. No
obstante, lo que él empezó ha seguido adelante por medio de la Iglesia Metodista, durante más de
doscientos años. Dios bendijo la vida y el ministerio de este hombre santo y consagrado, quien tenía
un solo deseo, el cual es, el de predicar el evangelio de Cristo, instándole a la gente a creer, amar y
obedecer.
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4. Jonathan Edwards
Jonathan Edwards, nacido el 5 de octubre de 1703, hijo único de Timothy Edwards, pastor en East
Windsor (Connecticut, [Link].), que recibía un salario enseñando de forma particular a los
aspirantes universitarios. Su madre, Esther Stoddard, hija del reverendo Solomon Stoddard, de
Northampton, Massachusetts, parece haber sido una mujer de inteligencia inusual y de
independencia de carácter. Cuando tenía once años escribió un ensayo sobre las arañas voladoras,
cuya exactitud sigue asombrando hoy día
Jonathan, su único hijo varón, era el quinto de once hermanas. Recibió preparación universitaria por
parte de su padre y de sus hermanas mayores, cada una de las cuales recibió una excelente
educación. Cuando cumplió los diez años, escribió una pieza semi-humorística sobre la
inmaterialidad del alma. Estaba interesado en historia natural y, con once años, compuso un ensayo
extraordinario sobre los hábitos de la "araña voladora".
Edwards ingresó en la Universidad de Yale en 1716, con menos de trece años de edad. El año
siguiente se familiarizó con el Ensayo concerniente al entendimiento humano, de John Locke, lo
que le influenció profundamente. Durante su carrera universitaria conservó apuntes, titulados "The
Mind," "Natural Science" (conteniendo una discusión de la teoría atómica), "The Scriptures" y
"Miscellanies", que albergaban un gran plan para un trabajo sobre filosofía natural y mental, y le
brindaron reglas de composición. Incluso antes de su graduación en septiembre de 1720, como
mejor alumno y representante de su clase, parece haber tenido ya una filosofía bien formulada. Se
dedicó, durante los dos años posteriores a su graduación, a estudiar teología, en New Haven.
De 1722 a 1723, fue, por ocho meses, clérigo sustituto, sin llegar a ser aún considerado pastor, en
una pequeña iglesia presbiteriana en la ciudad de Nueva York. La iglesia le incentivó para que
permaneciese allí, pero él declinó la petición. Tras dedicar dos meses de estudio en su casa, entre
1724 y 1726, fue uno de los dos tutores en Yale, ganándose la denominación de "tutor pilar", por su
firme lealtad a la universidad y su enseñanza ortodoxa, en un momento en que la rectora de Yale,
Cutler, y uno de sus tutores, se habían marchado a la Iglesia Episcopal.
Los años que transcurrieron de 1720 a 1726 están parcialmente registrados en su diario y en las
resoluciones para su propia conducta, que redactó en ese tiempo. Había sido por mucho tiempo un
buscador entusiasta de la salvación y no estaba del todo satisfecho en lo que se refería a su propia
"conversión", hasta que una experiencia hacia su último año en la universidad, cuando perdió su
sentimiento de que la elección de algunos a la salvación y la de otros a la eterna maldición era una
"doctrina horrible", le llevó a estimarla "demasiado placentera, brillante y dulce". Edwards, en ese
momento, encontró un nuevo deleite en las bellezas de la naturaleza, y disfrutaba la interpretación
alegórica del libro de la Biblia; Cantar de los Cantares. Promediar estos deleites místicos es el tono
severo de sus Resoluciones, en el que destaca la rectitud de su entusiasmo por vivir honrada y
solemnemente, a no perder el tiempo, y a mantener una estricta moderación al comer y beber.
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a su nieto la difícil tarea del cargo pastoral exclusivo de una de las congregaciones más grandes y
ricas de la colonia, orgullosa de su moralidad, de su cultura y de su reputación.
En 1731, Edwards predicó en Boston el "Sermón público", más tarde publicado con el título de God
Glorified — in Man's Dependence (Dios glorificado – en la dependencia del hombre). Éste fue el
primer ataque público al Arminianismo. El pensamiento predominante era la soberanía absoluta de
Dios en la obra de redención: que mientras le corresponde a Dios el crear al hombre bendito, era de
Su "buen placer" y "mera y arbitraria gracia" que cualquier hombre fuera ahora bendecido, y que
Dios puede negar esta gracia sin desprecio alguno hacia ninguna de Sus perfecciones.
En 1733, un renacimiento religioso (en inglés, religious revival) tuvo lugar en Northampton,
alcanzando tal intensidad, en el invierno de 1734 y en la siguiente primavera, como para amenazar
el negocio de la ciudad. En seis meses, cerca de trescientas personas fueron admitidas en la iglesia.
El renacimiento le dio a Edwards la oportunidad de estudiar el proceso de conversión en todas sus
fases y variedades, y registró sus observaciones con precisión psicológica y discriminación en A
Faithful Narrative of the Surprising Work of God in the Conversion of Many Hundred Souls in
Northampton (Una narrativa fidedigna del sorprendente trabajo de Dios en la conversión de cientos
de almas en Northampton), de 1737. Un año más tarde, publicó Discourses on Various Important
Subjects (Discursos en varias materias importantes), los cinco sermones que habían probado ser
más efectivos en el renacimiento, y de estos, ninguno, comenta Edwards, fue tan inmediatamente
efectivo como aquel de Justice of God in the Damnation of Sinners (Justicia de Dios en la
maldición de los pecadores), extraído del texto "That every mouth may be stopped" (Que toda boca
puede ser cerrada). Otro sermón, publicado en 1734, sobre la Reality of Spiritual Light (Realidad de
la luz espiritual) expuso lo que él sostenía como el principio interior y movilizador del
renacimiento, la doctrina de una gracia especial en iluminación divina inmediata y sobrenatural del
alma.
En la primavera de 1735, el movimiento comenzó a decaer, dando lugar a una reacción. Sin
embargo, el receso fue breve, y el renacimiento de Northampton, que se había extendido a lo largo
del valle de Connecticut y cuya fama había alcanzado a Inglaterra y Escocia, fue sucedido entre
1739 y 1740 por el Great Awakening (Gran Avivamiento), distintivamente bajo el liderazgo de
Edwards. Fue en este momento cuando Edwards tuvo contacto con George Whitefield y predicó
uno de sus sermones más famosos, "Sinners in the Hands of an Angry God" (Pecadores en las
manos de un Dios enfadado) en Enfield, Connecticut hacia 1741. Este sermón es conocido como
uno de los grandes ejemplos del estilo oratorio de "fire and brimstone", esto es, de fuego y sulfuro.
El movimiento no contó con la aprobación de los líderes ortodoxos de la iglesia. En 1741, Edwards
publicó en su defensa The Distinguishing Marks of a Work of the Spirit of God (Las marcas
distintivas de un trabajo del espíritu de Dios), tratando particularmente con el fenómeno más
criticado, los desvanecimientos, protestas y convulsiones. Estos "efectos corporales", insistía, no
eran marcas distintivas del trabajo del espíritu divino de alguna u otra forma; pero tan amargo fue el
sentimiento contra el renacimiento en la iglesias puritanas más estrictas que, en 1742, se vio forzado
a escribir una segunda apología, Thoughts on the Revival in New England (Pensamientos sobre el
renacimiento en Nueva Inglaterra), siendo su principal argumento el gran avance moral del país. En
el mismo panfleto, defiende un llamamiento a las emociones, y aboga por predicar terror cuando sea
necesario, incluso a los niños, quienes ante los ojos de Dios son "jóvenes víboras...si no lo son ante
los de Cristo". Él consideraba a los "efectos corporales" como incidentales para el trabajo de Dios,
pero su propia devoción mística y las experiencias de su esposa durante el "Despertar" (lo cual él
ofrece en detalle) le hacen pensar que la dispensión divina generalmente controla al cuerpo, un
punto de vista para el que cita a la Escritura. En respuesta a Edwards, Charles Chauncy escribió de
forma anónima The Late Religious Commotions in New England Considered (Las últimas
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conmociones religiosas consideradas en Nueva Inglaterra), en 1743, estableciendo a la conducta
como la única prueba de conversión; y la convención general de pastores congregacionales en la
provincia de la bahía de Massachusetts se levantó "en contra de los desórdenes en práctica que
habían obtenido últimamente en varias partes de la tierra".
Pese al panfleto apropiado de Edwards, la impresión se había extendido de tal forma que los
"efectos corporales" fueron reconocidos por los promotores del Great Awakening como la verdadera
prueba de conversión. Para compensar este sentimiento, Edwards predicó en Northampton, durante
los años 1742 y 1743, una serie de sermones publicados con el título de Religious Affections
(Afecciones religiosas), de 1746, una reafirmación en un tono más filosófico y general de sus ideas
sobre las "marcas distintivas". En 1747, se unió a un movimiento iniciado en Escocia llamado el
"concierto en oración", y en el mismo año publicó An Humble Attempt to Promote Explicit
Agreement and Visible Union of God's People in Extraordinary Prayer for the Revival of Religion
and the Advancement of Christ's Kingdom on Earth (Un humilde intento por promover el acuerdo
explícito y la unión visible de la gente de Dios en una oración extraordinaria para el renacimiento
de la religión y el avance del reino de Cristo sobre la Tierra). En 1749, publicó las memorias de
David Brainerd. Este último había vivido con su familia por muchos meses, había sido atendido
constantemente por la hija de Edwards, Jerusha, con quien se especuló sobre un posible
compromiso de matrimonio; y fallecido en Northampton el 7 de octubre de 1747. Brainerd fue un
punto de referencia para las teorías de conversión sostenidas por Edwards, quien había elaborado
notas de las conversaciones y confesiones de aquel.
Edwards se hallaba fascinado por los descubrimientos de Isaac Newton y otros científicos de la
época. Previo a centrarse de lleno en el sacerdocio en Northampton, escribió sobre varios asuntos
vinculados a la filosofía natural, incluyendo arañas "voladoras", luz, y óptica. Mientras expresaba
su preocupación por el materialismo y fe en la razón, apartado de muchos de sus contemporáneos,
vio a las leyes de la naturaleza como una derivación de Dios y demostrantes de su sabiduría y
cuidado. Así, los descubrimientos científicos no empañaron su fe, y para él, no existía un conflicto
inherente entre lo espiritual y lo material.
En 1748, hubo una crisis en las relaciones con su congregación. El Half-Way Covenant, adoptado
por los sínodos de 1657 y 1662, había hecho sólo del bautismo la condición para los privilegios
civiles de la membresía de la iglesia, pero no para la participación en el sacramento del banquete del
Señor. El abuelo y predecesor de Edwards, Solomon Stoddard, había sido incluso más liberal,
sosteniendo que el banquete era un ordenamiento de conversión y que el bautismo era un título
suficiente para todos los privilegios de la iglesia. Tan pronto como 1744, Edwards, en sus sermones
sobre afectaciones religiosas, había ultimado claramente su discrepancia en esta práctica. En el
mismo año, había publicado en un encuentro eclesiástico el nombre de ciertos jóvenes, miembros de
la iglesia, de los que se sospechaba que leían libros impropios, y además el nombre de aquellos que
serían llamados como testigos al caso. Se ha especulado a menudo que los testigos y los acusados
no eran distinguidos en la lista, y por lo tanto, la congregación en su totalidad estaba en un tumulto.
No obstante, la búsqueda de Patricia Tracy ha levantado dudas sobre esta versión de los hechos,
haciendo ver que en la lista, los nombres que él leía, estaban definitivamente distinguidos. En
cualquier caso, el incidente contribuyó a deteriorar la relación entre Edwards y la congregación. En
tiempos de un fomento cultural significante, él fue asociado con la vieja guardia.
La predicación de Edwards perdió popularidad. Por cuatro años, ningún candidato se presentó para
admisión en la iglesia, y cuando uno lo hizo, en 1748, se encontró con las pruebas formales, severas
y nobles de Edwards, como consta en "Rasgos distintivos de un verdadero cristiano" y poco después
en Qualifications for Full Communion (Calificaciones para la entera comunión), de 1749. El
candidato se negó a presentarse a ellas, la iglesia le apoyó y terminó por ponerle fin a su relación
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con Edwards. Incluso el permiso para discutir sus ideas en el púlpito le fueron denegadas. El
consejo eclesiástico votó a favor de la disolución de la relación pastoril y los miembros de la iglesia,
por una mayoría de 200 contra 23, ratificaron la decisión del consejo. Finalmente, en una reunión en
la ciudad, se decidió que Edwards no debería ser admitido para ocupar una plaza en el púlpito de
Northampton, si bien lo hizo en esta ocasión, y por última vez, en mayo de 1755. A pesar de ello, no
demostró rencor o despecho alguno; su "Farewell Sermon" fue digno y moderado, así como
tampoco manifestó su disgusto en una epístola dirigida a Escocia tras su despido. Más adelante,
Edwards expresó su preferencia por gobierno eclesiástico presbiteriano o congregacional. Su
posición en ese entonces no era para nada impopular en Nueva Inglaterra; su doctrina de que la cena
del Señor no es una causa de regeneración, y que los que tomaran la comunión debían ser cristianos
profesantes fue desde aquel momento (y aún más grande tras los esfuerzos del púlpito Joseph
Bellamy) un estándar en el congregacionalismo de Nueva Inglaterra.
Edwards, en conjunto con su gran familia, pudo levantarse rápidamente, pese a que pronto recibió
ofertas de ayuda. Pudo haber sido párroco en Escocia, pero fue llamado a una iglesia en Virginia.
No obstante, rechazó ambas oportunidades, para convertirse, en 1750, en un pastor de la iglesia de
Stockbridge y un misionero para los indios housatónicos. Con éstos, predicó a través de un
intérprete, y defendió audaz y exitosamente sus derechos atacando a los blancos que usaban sus
posiciones oficiales entre ellos para incrementar sus fortunas personales. En Stockbridge,
Massachusetts, compuso Humble Relation, también llamada Reply to Williams (1752), en respuesta
a Solomon Williams (1700–1776), un familiar suyo y gran opositor de Edwards respecto a los
requisitos para la entera comunión. En ese lugar, también escribió los tratados mediante los cuales
obtuvo su reputación como teólogo filosófico, los ensayos sobre el pecado original, la Dissertation
Concerning the Nature of True Virtue (Disertación concerniente a la naturaleza de la verdadera
virtud), la Dissertation Concerning the End for which God created the World(Disertación
concerniente al fin por el cual Dios creó al mundo), y el gran trabajo relacionado a la Voluntad,
escrito en cuatro meses y medio, y publicado en 1754 con el título de An Inquiry into the Modern
Prevailing Motions Respecting that Freedom of the Will which is supposed to be Essential to Moral
Agency (Un pedido a los movimientos modernos prevalecientes respetando aquel libre albedrío que
se presupone esencial para la agencia moral).
En 1757, tras la muerte del reverendo Aaron Burr, quien cinco años antes había contraído
matrimonio con la hija de Edwards, Esther, y que sería además el padre del futuro vicepresidente de
Estados Unidos Aaron Burr Junior, reemplazó, con cierto recelo, a éste en el cargo de presidente de
la Universidad de Nueva Jersey (hoy, Universidad de Princeton), donde se estableció el 16 de
febrero de 1758.
Prácticamente después de haber asumido el puesto, fue inoculado por viruela, una enfermedad que
estaba arrasando en Princeton. A raíz de esto, y en vista de que no disponía de buena salud, falleció
el 28 de marzo de 1758, siendo enterrado en el cementerio de Princeton. A su muerte, Edwards dejó
a tres hijos y ocho hijas.
5. Juan Huss
Juan Huss nació el año 1370. Era originario de Hussenitz, aldea del sur de Bohemia, de la cual tomó
su nombre. Se le conoció primero como Juan de Hussenitz, y más tarde simplemente como Juan
Huss.
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Hijo de un campesino pobre que murió tempranamente, fue criado con mucho esfuerzo por su
madre. Su piedad y fervor religioso se manifestaron en él desde su infancia, pues participó como
monaguillo y cantó en el coro de la iglesia. Las lecturas piadosas le apasionaban. Cierta noche que
leía la vida de san Lorenzo cerca de la chimenea, acercó su mano al fuego para probar hasta dónde
sería capaz de soportar los tormentos que Lorenzo había sufrido. ¡Como si anunciase
tempranamente la forma en que había de glorificar a Dios!
Fue también un joven brillante. Pese a la adversidad que le rodeaba, logró llegar a la Universidad de
Praga, en la capital del país. Una vez allí, no sólo fue buen alumno, sino también un buen profesor.
Pero más que eso: al poco tiempo fue elegido decano de la Facultad de Filosofía, y luego rector de
la Universidad, cuando tenía sólo 31 años de edad. Huss tenía una personalidad muy atractiva,
mezcla de inteligencia, seriedad y osadía, que se destacaba entre sus colegas.
Por este tiempo fue nombrado predicador de la capilla “Belén un hecho que tiene ribetes muy
interesantes. Esta capilla había sido construida por dos laicos, con el expreso deseo de que en ella se
predicase la Palabra de Dios al pueblo en lengua común. Cuando estuvo construida, ellos pensaron
que nadie mejor que Huss debía predicar en ella.
La luz llega en un libro
Poco después ocurrió un hecho que sería decisivo para el resto de su vida: llegaron a sus manos
unos libros de Juan Wicliffe, un predicador inglés muy popular en ese tiempo. En un principio, los
libros le desconcertaron, pero luego los apreció hasta convertirse en su admirador. Juan Wicliffe
reivindicaba con vehemencia la autoridad de las Sagradas Escrituras, al tiempo que denunciaba la
corrupción que había en los ambientes religiosos. Su predicación poderosa y sus libros llenos de luz
habían llenado de gozo al pueblo, pero habían suscitado también mucho revuelo.
Cuando la luz de la verdad resplandeció en el corazón de Juan Huss, comenzó a predicar en esa
misma dirección. Inevitablemente, se granjeó la odiosidad de los religiosos. Aunque el pueblo le
escuchaba de buena gana.
Cuando la autoridad religiosa vio que la luz reformista comenzaba a tomar fuerza, emitió un decreto
para intentar suprimir el esparcimiento de los escritos de Wicliffe, sabiendo que esa era la causa de
aquel estropicio. Sin embargo, esto surtió un efecto totalmente inesperado porque toda la
Universidad se unió a Huss para propagarlos.
Más tarde se le prohibió predicar. Eso no bastó, sin embargo, para callarle, debido al apoyo popular,
y al hecho de que la capilla Belén era de propiedad privada. Pronto otros habrían de imitarle,
recorriendo los pueblos y aldeas predicando al aire libre.
Poco después fue excomulgado por negarse a ir a Roma. Esto trajo algunas reacciones muy
comprensibles para la época: El rey le quitó su apoyo y le desterró de Praga. La misma ciudad, por
prestarle apoyo, fue anatemizada.
Ante esto, algunos seguidores le abandonaron, pero otros le siguieron hasta su destierro en su
ciudad natal. Muchos acudían a oírle por curiosidad, tal era la popularidad que había alcanzado el
“hereje¨ Las muchedumbres se maravillaban de que un hombre tan modesto, tan serio y piadoso
fuese considerado como un demonio.
Desde su destierro escribía a sus amados feligreses de “Belén hermosas cartas llenas de ternura y
espiritualidad: “Sabed, queridos míos, que si me he separado de vosotros ha sido para seguir el
precepto de nuestro Señor Jesucristo, para no dar a los malos ocasión de incurrir en una
condenación eterna y para liberar a los buenos de aflicciones ... Pero yo no os he abandonado para
renegar de la verdad divina, por la cual, con la asistencia de Dios, deseo morir En esos días dio a
luz numerosos libros que ayudaron a esparcir la verdad.
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El concilio de Constanza, Sin embargo, se acercaba el día en que no sólo habría de predicar con sus
palabras, sino con su vida toda.
En noviembre del año 1414, la iglesia de Roma convocó a un Concilio en la ciudad de Constanza,
Alemania. Huss fue llamado a comparecer ante él. Contando con el aval del rey y del emperador,
sus amigos le dejaron partir. El viaje fue apoteósico. Las cortesías e incluso la reverencia con que
Huss se encontró por el camino eran inimaginables. Por las calles que pasaba, e incluso por las
carreteras, se apiñaba la gente para expresarle su afecto.
Llegó a Constanza en medio de grandes aclamaciones casi se puede decir que tuvo una entrada
triunfal. Al igual que aquella otorgada a su Maestro algunos siglos anteriores, ésta también habría
de ser la antesala de un día muy oscuro para él. No dejaba de asombrarle el trato que se le
dispensaba. «Pensaba yo que era un proscrito. Ahora veo que mis peores enemigos están en
Bohemia.» La ciudad de Constanza estaba conmovida.
La iglesia de Roma atravesaba en esos días por uno de sus peores momentos, así que las
deliberaciones del Concilio le obligaron a una larga espera. Entre tanto, fue llamado a declarar ante
el Papa, que estaba también en la ciudad. Allí, en el palacio papal se le tomó preso, al negarle toda
validez al salvoconducto del emperador, aduciéndose que Huss, siendo un “hereje no tenía
derechos.
Hasta ese día había estado alojado en una casa particular, donde había disfrutado de una relativa
tranquilidad. Podía dedicarse con reposo a la lectura y la oración, pero todo eso terminó porque
ahora fue encerrado en el calabozo de un convento, cerca del cual pasaba una cloaca pestilente. A
los pocos días cayó aquejado de una feroz fiebre. Un amigo noble –Juan de Chlum intentó ayudarle
ante el emperador, pero las órdenes de éste no fueron acatadas. La autoridad religiosa tenía más
poder que la autoridad secular.
Sin embargo, detrás de toda esta terrible escena puede verse una Mano maestra que conducía todas
las cosas, para dar a la posteridad un ejemplo que imitar, para consolar los corazones oprimidos y
para abrir nuevos caminos de libertad. Un hombre era conducido por el camino de la cruz –aunque
no con mucha luz todavía y éste se dejaba llevar dócilmente, tomado de la mano de su Maestro.
Al igual que su Señor, Huss tuvo también un traidor. Uno de sus antiguos amigos encabezó la
confabulación de quienes procuraban cazarle y exponerle ante los miembros del concilio.
Durante el encierro experimentó toda clase de privaciones que le trajeron mucho dolor, pero que
también suavizaron su carácter impetuoso. En esos días escribía a uno de sus amigos: “Es ahora
cuando aprendo a repetir los acentos de los salmos, a orar, a contemplar los sufrimientos de Cristo.
En medio de las tribulaciones comprendemos mejor la Palabra de [Link] tanto, los delegados
del concilio intentaban afanosamente quebrantar su voluntad, obteniendo una retractación antes de
que éste compareciera a declarar. Ellos temían que Huss hiciera uso de la palabra, tanto como las
tinieblas temen a la luz.
Durante su larga permanencia en la cárcel –pues luego fue trasladado, para mayor seguridad, al
castillo de Gotleben la indignación que en otro tiempo solía subir a su corazón cuando era víctima
de alguna injusticia, se había trocado en dulzura y humildad. Esta humildad y resignación le
ganaron las simpatías hasta de sus mismos carceleros, quienes acudían a pedirle instrucción y
consejo. A petición de ellos escribió algunos tratados, como: “Los diez mandamientos “La oración
dominical “El matrimonio “Los tres enemigos del hombre y “Del cuerpo y de la sangre de nuestro
Señor Jesucristo En las portadas de los tratados puso los nombres de los carceleros a cuya petición
los había escrito.
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Las cartas escritas por Huss en sus últimos días en la prisión son una de las páginas más heroicas y
espirituales de la literatura cristiana. En ella invita a sus amigos a permanecer firmes en sus
convicciones y a no buscar vengar su muerte, que ya veía como inminente.
Si le asaltaba algún temor en vista del suplicio con que le amenazaban, tomaba su Biblia y hallaba
consuelo en las promesas de Dios. El ejemplo de aquellos que habían sido fieles hasta la muerte le
infundía aliento.
Escribía en una de sus cartas: “Hallo consuelo en estas palabras del Salvador: “Bienaventurados
sois cuando os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.
Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los
profetas que fueron antes de vosotros.
A los nueve meses de estar prisionero, la vida divina que bullía en su interior estaba ya madura para
su gloriosa manifestación. Así pues, le llevaron ante el concilio. Trajeron algunos de sus libros y le
dijeron si los reconocía como suyos. Luego de examinarlos, dijo:
Míos son, y si alguno de vosotros me hace ver en ellos alguna proposición errónea, la rectificaré
con la mejor voluntad.
Empezó la lectura y acusación. Huss quiso responder, pero apenas había dicho una palabra, se
levantaron de todas partes clamores tan confusos que fue imposible hacerse oír. Cuando se apaciguó
el tumulto, Huss hizo una cita del evangelio, pero le interrumpieron de nuevo. Unos le acusaban,
otros se burlaban. Él guardó silencio.
Ved –decían cómo calla; claro es que ha enseñado estas herejías.
A lo que él respondió:
Esperaba aquí otro recibimiento; creí que sería escuchado. No puedo dominar tanto ruido, pero si
me escucharan, hablaría. Ese primer día no fue posible seguir la sesión, así que se solicitó que al
día siguiente estuviera presente el emperador. Al día siguiente, ante el emperador, dijo:
Excelentísimo Príncipe: No he venido aquí con la intención de sostener nada tercamente. Si me
enseñan cualquier cosa demostrándome ser mejor y más santa que lo que yo he enseñado, estoy
pronto a retractarme.
Pero como nadie estuvo dispuesto a emprender semejante demostración, se dio por terminada la
sesión.
En la tercera sesión le presentaron 26 artículos que declararon contrarios al dogma de la Iglesia.
Huss reconoció como auténticamente suyos 21 de ellos, y dio algunas explicaciones que no
satisficieron al concilio. El emperador lo amenazó con la hoguera, pero Huss contestó que él se
atenía a la sentencia de Jesucristo, el Juez Todopoderoso, quien no le juzgaría por falsos
testimonios.
El emperador era uno de los más interesados en obtener la retractación de Huss, a causa del
salvoconducto que le había otorgado, pero todo fue en vano. Ni súplicas, ni seducciones, ni
amenazas pudieron conmover al valiente testigo de Cristo. El Señor, en su misericordia, hizo que a
través de él la luz brillase en ese lugar, pero ellos no pudieron verla.
El día final
El 6 de julio de 1415 fue llevado por última vez al concilio, y como no aceptase retractarse, le
humillaron, desnudándole de sus vestidos sacerdotales. Luego le rasparon con una navaja las yemas
de los dedos, y en lugar de la tonsura le pusieron en la cabeza una corona piramidal de papel en la
que habían pintado unos diablos espantosos con la inscripción: “El heresiarca
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Molestos, los prelados le dijeron en latín: “Entregamos tu alma al diablo Sin embargo, Huss entregó
su alma a Dios, agregando: Yo llevo con alegría esta corona de oprobio por amor del que por mí la
llevó de espinas.
Marchó al suplicio seguido de los príncipes, escoltado por ochocientos hombres armados y rodeado
de una muchedumbre. Al pasar delante del palacio episcopal, vio una gran hoguera en la que se
quemaban sus libros. Huss sólo sonrió.
Al llegar al lugar, Huss se arrodilló y repitió algunos salmos. El sacerdote destinado a confesarlo le
dijo que abjurara de sus errores, a lo que Huss respondió:
No me siento culpable de ningún pecado mortal y, pronto a comparecer ante Dios, no compraré la
absolución sacerdotal con un perjurio. Quiso hablar al pueblo en alemán, pero no se le permitió.
Mientras oraba con los ojos alzados al cielo pidiendo el perdón de sus enemigos, se le cayó la
corona de papel, pero los soldados la recogieron y se la volvieron a poner, diciendo que debía ser
quemado con los diablos a quienes había servido.
Clavaron en tierra una gran estaca a la cual le amarraron con una cadena, y como por casualidad
estaba con la cara vuelta al oriente, algunos exigieron que, por ser hereje, le volviesen hacia el
occidente. Lo cual hicieron. Al verse así amarrado dijo, sonriente:
Mi Señor Jesús fue atado con una cadena más dura que ésta por mi causa, ¿por qué debería
avergonzarme de ésta tan oxidada?
Al encenderse la hoguera, Huss exclamó: Jesús, Hijo del Dios viviente, ten misericordia de mí.
Cuando el fuego ya ardía, una mujer, en un arrebato de fanatismo, se acercó a echar un brazado de
leña. Ante lo cual, Huss se limitó a decir, con compasión: ¡Santa sencillez!
Luego se puso a cantar un himno con voz tan fuerte y tan alegre, que se oía a través del crepitar de
la leña y del fragor de la multitud. Era el graznido del ganso, un canto muy dulce que ha llegado
hasta hoy.
6. Guillermo Carey
Nació en Paulerspury (Inglaterra) el 17 de agosto de 1761. Desde muy niño mostró interés
insaciable por la lectura. A pesar de sus limitaciones económicas sus padres nunca fueron
negligentes con su educación. A los 14 años aprendió el oficio de zapatero, a los 17 años sufrió una
crisis espiritual y desde entonces militó entre los bautistas.
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Fue elegido pastor de la iglesia bautista de Olney, con el insignificante sueldo de 15 libras por año.
Lo cual, no era suficiente ni para las más elementales necesidades del hogar. Por esa razón se vio
obligado a continuar ejerciendo el oficio de zapatero, al mismo tiempo que el de pastor. Su
predicación como sus oraciones públicas mostraban su intenso interés por los paganos, por lo cual
sus más cercanos colaboradores dijeron que era “un pobre iluso”.
Pero al hablar de esta ‘carga’ con otros siervos de Dios, no era siempre era comprendido o bien
recibido. Una vez, en una reunión de pastores bautistas, cuando enfatizaba la necesidad de llevar el
evangelio a los paganos, un pastor de más edad y experiencia quedó exasperado, le dijo: “¡Joven,
siéntese, siéntese! Usted es un entusiasta, pero cuando a Dios le complazca convertir a los paganos,
Él sabrá hacerlo sin consultar ni a usted, ni a mí.”
Sin embargo, a pesar de los obstáculos que sentía por sus colegas pastores, el 2 de octubre de 1792
se creó la primera organización misionera de nuestros tiempos. Decidieron que el primer país a
evangelizar seria la india. Aceptaron a Carey como el hombre indicado. Después de muchos
sacrificios logro embarcarse el 13 de junio de 1793 en un velero danés. Luego de 5 meses de viaje
marítimo llegó a la tierra India, acompañado de su esposa, sus hijos y el Dr. Thomas.
Durante la travesía Willermo Carey aprendió el bengalí. Al poco tiempo comenzó a predicar y su
auditorio crecía continuamente. Calcuta, desde 10 de noviembre de 1793, sería el escenario donde
este siervo de Dios ministraría por 41 años ininterrumpidos y sin descanso. Nunca regreso a
Inglaterra. Su situación pecuniaria en los primeros años no fué muy solvente, pero mejoró su
situación trabajando adicionalmente como agricultor y luego como director de una plantación y
fabrica de añil.
El Gobierno Inglés fundó en Calcuta una escuela para que sus empleados aprendieran las lenguas
hindúes. Al no encontrar persona más capaz que el ex zapatero Carey, le contrataron por 1,800
libras anuales. Lo hermoso de esto fue que no cambio su humilde modo de vida. De este modo
Carey y su equipo lograron contribuir con más de 90,000 libras a la misión.
33 estaciones misioneras,
126 escuelas de varones,
27 escuelas de mujeres
Y el importante Colegio de Estudios Superiores de Serampore, convertido luego en universidad
(que continúa hasta hoy).
A los 73 años se vio obligado a permanecer en la cama, donde siguió corrigiendo las traducciones.
Murió el 9 de junio de 1834.
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Su ejemplo de vida y obra fue el instrumento en la mano de Dios para desencadenar movimientos
misioneros en Inglaterra y en varios otros países hasta hoy.
Cardenal, diácono, filósofo literato, adalid del Movimiento Tractariano y el más ilustre de los
ingleses convertidos al catolicismo desde la reforma.
nacido en Londres el 21 de febrero de 1801, fue el primero de seis hermanos, tres varones y tres
mujeres , siendo su padre un modesto banquero oriundo de Cambridge, mientras que
su madre, Jemina Fourdrinier, procedía de una familia hugonote escapada de Francia cuando la
renovación del Edicto de Nantes.
A la edad de siete años, Newman fue enviado a una escuela privada dirigida por el doctor Nicolás,
en Ealing, en la misma que el padre de Thomas Henry Huxley enseñó matemáticas. Newman se
distinguió por su diligencia y buena conducta, como también evidenció cierta timidez y
marginación, pues no tomaban parte en los juegos escolares. Él mismo dijo haber sido «muy
supersticioso» en estos primeros años. Tomó gran afición por la lectura de la Biblia, y también por
las novelas de Walter Scott, que entonces se estaban publicando. Más tarde leyó algunas obras de
escépticos como Paine, Hume, Voltaire y probablemente fue influido por sus ideas. A la edad de
quince años, durante su último año en la escuela, se «convirtió», un incidente del cual escribió en su
Apologia que «es más cierto que tener las manos o los pies»". Este incidente que marcó su vida
ocurrió durante el otoño de 1816, cuando «cayó bajo la influencia de un determinado credo, y
recibió en su intelecto "impresiones de dogma que, a través de la misericordia de Dios, nunca han
sido borrados u oscurecidos» (Apologia, parte 3). Salvado de la experiencia de una escuela pública,
que podía ser muy dura en esa época, disfrutó de la vida escolar. Aparte de sus estudios académicos
(en los cuales sobresalió), actuó en obras de teatro en latín, tocaba el violín, ganó premios de
oratoria y editó publicaciones periódicas, en la cuales escribió artículos en el estilo de Addison.
Su infancia feliz llegó a un abrupto final en marzo de 1816, cuando se dio un colapso financiero
sobrevenido por las guerras napoleónicas y el Banco de su padre se vio obligado a cerrar. Su padre
intentó sin éxito la gestión de una fábrica de cerveza en Alton, Hampshire, y Newman se quedó en
la escuela durante las vacaciones de verano a causa de la crisis familiar. El período comprendido
entre principios de agosto, al 21 de diciembre de 1816, Newman siempre lo consideró como el
punto de inflexión de su vida. Solo en la escuela y conmocionado por el desastre familiar, cayó
enfermo en agosto. Más tarde llegó a ver esta época como una de las tres grandes enfermedades
providenciales de su vida, ya que fue en el otoño de 1816 cuando tuvo una conversión religiosa bajo
la influencia de uno de sus maestros, el Rev. Walter Mayers, quien recientemente se había
convertido del calvinismo al evangelismo. Hasta este momento, Newman había tenido una
educación convencional en un hogar fiel a la Iglesia de Inglaterra, donde se hizo hincapié en la
Biblia en lugar de dogmas o sacramentos, y en donde alguna especie de "entusiasmo" evangélico
habría sido mal visto.
Su fe se identificó entonces como evangélica y calvinista y llegó a sostener que el Papa era el
Anticristo. Se matriculó el 4 de diciembre de 1816 en el Trinity College, en Oxford, para entrar
como residente en junio del año siguiente, y en 1818 obtuvo una beca de £60, para los nueve años
siguientes. Pero esta suma habría sido insuficiente para permanecer en la universidad, y en 1819 el
21
banco de su padre suspendió el pago. En ese año se matriculó en el Lincoln's Inn. La ansiedad por
obtener buenos resultados en los exámenes finales produjo el resultado opuesto; fracasó y se graduó
con apenas honores de tercera clase en 1821. Deseando a permanecer en Oxford, dio clases privadas
y aplicó para una beca en Oriel, «el reconocido centro del intelectualismo en Oxford». Para su
alivio y alegría fue elegido el 12 de abril de 1822. Edward Bouverie Pusey fue también elegido
miembro de la misma sociedad en 1823.
8. Carlos Spurgeon
Carlos Spurgeon nació en 1834 en Essex, un pueblo al este de Londres, hijo de John Spurgeon, un
pastor a tiempo parcial. La pobreza familiar lo llevó a vivir en la casa del abuelo, donde estuvo
hasta la edad de cinco años.
Su abuelo, un pastor exitoso, reconoció de inmediato la inteligencia de su precoz nieto. A los cinco
años de edad, Spurgeon leyó por primera vez El progreso del peregrino. “Siempre estaba leyendo
libros”, recordaba más tarde su padre, “nunca estaba excavando en el jardín ni jugando con los
pichones de palomas, como los otros muchachos. Siempre eran libros y libros”.2
Cuando tenía nueve o diez años, Spurgeon estaba leyendo libros sobre estudios teológicos
avanzados, y lo atraían los puritanos del siglo XVII, tales como John Owen, John Clavel, y
Matthew Henry.
La inteligencia de Spurgeon también se manifestaba de otras formas. A los quince años de edad
inventó cálculos matemáticos que probaron ser de tal utilidad que una empresa londinense los usó
durante medio siglo.
Como Martín Lutero, Spurgeon tenía mucho conocimiento, pero le faltaba el nuevo nacimiento. Y,
como Lutero, llegó a una profunda convicción para la cual no podía hallar remedio alguno. Su
sufrimiento fue profundo. “Preferiría pasar por siete años de enfermedad”, escribió más tarde
Spurgeon, “que volver a pasar por el terrible descubrimiento de la maldad del pecado.”
Por esa época Spurgeon se encontró con una capilla metodista primitiva. El predicador leía de
Isaías: “Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra” (Isaías 45:22). De inmediato el
Espíritu Santo abrió sus ojos. Vio que la justificación era por gracia mediante la fe solamente. Se
aferró a esa verdad para siempre. “Puedo dar testimonio de que el gozo de aquel día fue
indescriptible”, escribió después Spurgeon. “Pudiera haber saltado, pudiera haber danzado. No
había expresión alguna, por fanática que fuera, que pudiera compararse con el gozo de aquella
hora.” Pocas semanas después, antes que Spurgeon cumpliera dieciséis años, un pastor rural lo
bautizó en un río cercano.
Pocos meses después de su bautismo, Spurgeon se trasladó a Cambridge. Daba una clase de escuela
dominical cuando tenía sólo dieciséis años. El supervisor de los adultos estaba tan impresionado
que pidió a Spurgeon que se uniera a los evangelistas laicos que predicaban en los pueblos cercanos.
En un pueblo el efecto de las palabras de Spurgeon fue electrizante. Al terminar, una anciana
asombrada exclamó: “¡Bendito sea su corazón! ¿Qué edad tiene usted?”
Cuando Spurgeon tenía diecisiete años, la iglesia del pueblo de Waterbeach lo llamó para que fuera
su pastor. La congregación de la iglesia de unas cuarenta personas rápidamente llegó a
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cuatrocientas. Aun a esa joven edad, “Spurgeon mostraba tener un don por el cual iba a destacarse
durante todo su ministerio: el don de entender a las personas e influir en ellas.”
Por ese tiempo Spurgeon comenzó el sistema de estricta disciplina diaria que caracterizó el resto de
su vida. Esa fue más tarde la fuente de tanta plenitud. Se levantaba temprano, pasaba las primeras
horas de cada día en estudio y oración. Se mantenía alejado de diversiones como los deportes, y aun
de las jovencitas, llegando a la conclusión de que la amistad con ellas era una distracción
innecesaria.
En febrero de 1854, cuando Spurgeon tenía diecinueve años, la Capilla de Park Street en Londres lo
llamó a su púlpito por tres meses de prueba. Permaneció allí hasta su muerte cuarenta años después.
Aunque en la iglesia cabían mil doscientas personas, la asistencia era de no más de ochenta
personas. Sin embargo, la predicación de Spurgeon fue tan elocuente que a un mes de su llegada las
multitudes llenaban las calles esperando oírlo. “Ninguna capilla parecía ser lo suficiente grande para
recibir a las personas que deseaban oírlo.”
Cuando se le preguntaba por el secreto de su buen éxito, Spurgeon respondía: “Mi pueblo ora por
mí”. Lo decía en serio. Los miembros de su congregación se reunían con regularidad y estremecían
el cielo rogando por él.
A fin de adaptarse a su éxito, la nueva Capilla de Park Street comenzó a agrandar su edificio.
Mientras tanto, Spurgeon y su congregación se trasladaron a Exeter Hall en el centro de Londres.
Aunque el salón tenía una capacidad para cinco mil personas, las multitudes lo llenaban por
completo.
Spurgeon tenía ahora veinte años. Su buen éxito pudiera haber sido su desastre de no haber sido por
su humildad. Spurgeon escribió: “Cuando por primera vez fui predicador en Londres, mi buen éxito
me emocionó, y la idea de la carrera que parecía una gran oportunidad, lejos de exaltarme, me lanzó
a la más profunda depresión.”
Durante ese tiempo conoció y enamoró a Susana Thompson. Se casaron a principios de 1856.
Carlos necesitaba con urgencia una compañera idónea, y ella fue la elección ideal. Ella compartió su
carga. Muchos han dicho que su matrimonio fue hecho en el cielo. Sin ella, el ministerio de Carlos
no habría llegado a ser lo que fue. Con mucho sentido común y compasión, ella fue su caja de
resonancia toda la vida. Un año después, dio a luz a sus gemelos, Carlos y Tomás.
En 1855, a los veintiún años de edad, Spurgeon comenzó La Universidad del Pastor a fin de
preparar a hombres para el ministerio. Aunque sus comienzos fueron adversos, ya en 1877 la
matrícula llegó a 110. Finalmente se graduaron 900 hombres, y Spurgeon fundó 200 iglesias con
ellos.
Muchos querían oír a Spurgeon predicar pero sin entrar en su iglesia. Así que, en octubre de 1856,
un mes después del nacimiento de sus gemelos, Spurgeon decidió celebrar un culto en Surrey
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Gardens, el más grande recinto de Londres. Aunque había capacidad para diez mil personas, la
primera noche el público llenó los asientos, los pasillos y todo lugar vacío. Una gran cantidad de
personas esperó fuera. También en la multitud había enemigos. Poco después de comenzar el culto
alguien gritó: “¡Fuego!”. Se produjo una estampida. Murieron siete personas y otras veintiocho
resultaron heridas.
Spurgeon se sintió aplastado y cayó en la depresión. “Tal vez nunca el alma llegó tan cerca del
horno de fuego de la locura, pero salió ilesa”, escribió más tarde. Fue la primera de las muchas y
severas depresiones que sufrió el resto de su vida.
La nueva capilla de Park Street estaba construyendo un templo más grande. En 1861, a los
veintisiete años, Spurgeon se trasladó al nuevo Tabernáculo Metropolitano, al sur del Támesis en el
centro de Londres. Con seis mil asientos, era la iglesia protestante más grande del mundo.
Dios hizo pasar a los Spurgeons por muchas pruebas. Cuando tenía poco más de treinta años,
Susana contrajo una enfermedad de la que nunca se recuperó totalmente. Ella estuvo enferma por el
resto de su vida. A veces se sentía tan débil que no podía asistir a la iglesia con su esposo.
Más o menos al mismo tiempo, en 1869, la gota reumática afectó a Carlos por primera vez. Eso
continuó de cuando en cuando por el resto de su vida, causándole finalmente la muerte a la edad de
cincuenta y seis años.
El Londres del siglo XIX era escenario de gran pobreza y tragedia. El promedio de vida era corto, y
abundaban los huérfanos. En 1866, la señora Hillyard dio a Spurgeon veinte mil libras esterlinas.
Con ese dinero comenzó cuatro orfanatos de niños en Londres, imitando la obra de su amigo,
George Müller.
En 1887, Spurgeon pasó por una prueba muy fuerte. A fines del siglo XIX, la teología liberal
alemana comenzaba a influir en la iglesia inglesa. La Unión Bautista cayó bajo su hechizo.
Spurgeon se quejó de la tendencia cada vez mayor a dar poca importancia a determinadas doctrinas
fundamentales. No le hicieron caso o se opusieron a él, de modo que finalmente se retiró de la
denominación que él amaba. Esa penosa decisión le causó mucha tensión y angustia en sus últimos
años.
Spurgeon era asombrosamente productivo. Su secreto era el trabajo arduo. Con la ayuda de dos
secretarias respondía 500 cartas por semana.
En 1885, terminó su comentario en siete volúmenes acerca de los Salmos llamado El tesoro de
David. El tesoro de Spurgeon se sigue imprimiendo y se sigue usando hoy. También publicó una
revista mensual, The Sword and the Trowel.
Cada lunes por la mañana Spurgeon preparaba su sermón dominical para distribución internacional.
También predicaba casi cada día en diversas iglesias de Londres o en campañas de predicación en
los campos ingleses.
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Spurgeon también estaba ocupado con la Universidad del Pastor. Su cada vez más popular
Discursos a mis estudiantes estaba dirigido por lo regular a ese cuerpo estudiantil de pastores en
cierne. “Todos estamos demasiado ocupados en cuidar de nosotros mismos”, escribió después.
“Evitamos las dificultades del trabajo excesivo.” Spurgeon obtuvo todo eso aunque se casó con una
mujer enferma y sufrió de gran depresión y de graves enfermedades.
En enero de 1892, los recurrentes y cada vez más intensos ataques de la gota reumática terminaron
con su vida. “Sesenta mil personas fueron a rendirle homenaje durante los tres días que su cuerpo se
hallara en capilla ardiente en el Tabernáculo Metropolitano. Una procesión de más de tres
kilómetros siguió su carroza fúnebre desde el Tabernáculo hasta el cementerio en Upper Norwood.
Cien mil personas estuvieron de pie a lo largo del camino. Las banderas se izaron a media asta, y se
cerraron los negocios y los bares.” Spurgeon fue un hombre muy amado por los londinenses y los
creyentes de todo el mundo.
9. Billy Graham
Billy Graham ha sido considerado el pastor evangélico más importante e influyente en el mundo
durante el siglo XX, desde un punto de vista humano y social. Su nombre figura en las
enciclopedias al lado de grandes figuras del pensamiento y el estilo de vida “evangélico” como
Lutero, Calvino, Juan Wesley, D.L. Moody, C.S. Lewis, o Martin Luther King, entre otros, aunque
ninguno de ellos alcanzase los honores que Billy Graham ha recibido en vida, y no sólo entre la
comunidad evangélica.
Asimismo realizó estudios en el Wheaton College, de Wheaton (Illinois, 1940-43). Allí conoció a su
futura esposa Ruth Bell, hija de unos misioneros presbiterianos en China. La boda tuvo lugar el 13
de agosto de 1943.
Nombrado evangelista de Juventud para Cristo, al terminar la II Guerra Mundial hizo dos visitas a
Inglaterra, con el fin de estudiar las posibilidades de realizar allí una obra.
En 1948 asistió al Congreso del Concilio Mundial de Iglesias en Amsterdam (Holanda). También
conoció a Dawson Trotman, de los Navegantes, de quien aprendió la importancia del seguimiento
de las conversiones habidas en las campañas.
De 1947 a 1951 fue el Director del Northwestern Bible College de Minneapolis (Minnesota). Su
nombre llegó a conocerse a escala nacional a raíz de su campaña evangelística en Los Angeles
(1947). Llegó a aparecer hasta en las primeras páginas de periódicos como el Time Newsweek y
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Life. En 1950 fundó la Asociación Evangelística Billy Graham y la Hora de la Decisión. También
contribuyó a la fundación de la prestigiosa revista Christianity Today.
Entre 1950 y 1990 apareció entre las diez personas más admiradas en Estados Unidos, según la
encuesta publicada por Gallup, siendo además, el único que ha conseguido estar 50 veces en esta
lista a los largo de los años. También ha sido portada de la revista Time en cuatro ocasiones y ha
recibido la Medalla de Oro del Congreso de los Estados Unidos. Por su contribución a los derechos
civiles y religiosos durante más de 60 años, la reina de Inglaterra le condecoró como Caballero
Comandante de la Excelentísima Orden del Imperio Británico en 2001. En varias ocasiones también
ha sido premiado por su aportación a la reconciliación racial y al avance de la libertad religiosa en
el mundo.
El trabajo llevado a cabo por Billy Graham ha propiciado que la misma prensa estadounidense que
históricamente ignoraba a los evangélicos y sus actividades, no pudieran soslayar la influencia e
importancia del predicador. Una muestra más de su relevancia, fue su elección para tener unas
palabras en el funeral de estado por las víctimas del atentado terrorista del 11S. No era la primera
vez que se dirigía a la nación ante la más alta representación política y social. Nixon, Clinton, Bush,
Carter, y Ford, al igual que el resto de presidentes norteamericanos desde la II Guerra Mundial,
habían solicitado con frecuencia la guía espiritual de Billy Graham, aunque él siempre hubiese
defendido la idea de que “los evangélicos no pueden identificarse plenamente con ningún partido
político o persona. Tenemos que estar en el medio, para predicar a todas las personas, de derechas y
de izquierdas.”
Hoy en día, Billy Graham está retirado de la vida pública. Con 93 años, Billy Graham vive sólo en
la cabaña que diseñó su esposa Ruth, fallecida en junio de 2007. Allí fue a visitarle el presidente
Obama después de tomar el cargo. El paso de los años y las enfermedades dejan su huella. Aquel
joven alto, enérgico, apasionado y trabajado es ahora un anciano respetable. Su relevo lo ha tomado
su hijo Franklin Graham quien dirige hoy la AEBG, además de la ONG Samaritan’s Purse,
continuando con la labor que comenzó su padre hace más de tres décadas. Billy Graham no es “el
Papa evangélico” como muchos le han denominado, pero sí debería ser considerado como uno de
los “padres” del movimiento evangélico, junto a otros nombres ilustres de aquellos que dedicaron
su vida a la extensión del Reino de Dios
III. CONCLUSIÓN
Es admirable como estos hombres se atrevieron a defender sus ideas y a luchar por revelar la
verdad, muchos luchando contra la tiranía, la opresión y la maldad, de los que se suponían eran
“representantes de Dios a aquí en la tierra”.
Fueron muchos los hombres que padecieron sufrimiento y muerte en esta lucha, pero gracias al
señor la palabra verdadera llegó a personas como nosotros hoy día. Por el esfuerzo y disposición de
esto hombres. Dios nos ayude a tener la valentía, el coraje y el tesón, para defender el evangelio y
propagar el evangelio como lo hicieron ellos.
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IV. NETGRAFÍA
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