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Pintura Mural Prehispánica en Oaxaca

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La pintura mural

prehispánica en México
III

Oaxaca
Tomo III | Estudios
Suchilquitogo, Oaxaca, Tumba 5,
camara funeraria, muro oeste.
(Foto: R. Alvarado, G. Lucet y A. Casas, 2004.)
La pintura mural
prehispánica en México
III

Oaxaca
Tomo III | Estudios

Directora del Proyecto


Beatriz de la Fuente

Coordinadora
Beatriz de la Fuente

Universidad Nacional Autónoma de México


Instituto de Investigaciones Estéticas
México, 2008
Catalogación en la fuente Dirección General de Bibliotecas, UNAM

F1219.1O11
O393

Oaxaca / directora del proyecto Beatriz de la Fuente; coordinadora Beatriz


de la Fuente. — México, D.F. UNAM, Instituto de Investigaciones Estéticas, 2008-
v. il. (principalmente col.); 33 cm. — (La pintura mural prehispánica en México; 3. Oaxaca; t. 3-4)

Contenido: v. 3, t. 3. Estudios — v. 3, t. 4. Estudios

1. Pintura y decoración mural indígena — Oaxaca I. Fuente, Beatriz de la, ed. II. ser. III. Universidad Nacional
Autónoma de México. Instituto de Investigaciones Estéticas.

Edición Piero Baglioni Daniel Flores Gutiérrez


Verónica Hernández Díaz Araceli Casas Eduardo Flores
Eduardo Alejandro Cerezo Jesús Galindo Trejo
Coordinación editorial Pedro Cuevas Teresa del Rocío González Melchor
Ena Lastra Bernd Fahmel Beyer Albino Luna
Tatiana Falcón Álvarez Alejandro Navarrete Cortés
Cuidado de la edición Jesús Galindo Trejo Gerardo Ramírez Hernández
Astrid Velasco Abisaí García Rodrigo Ramírez Sánchez
Mauricio López Valdés Eumelia Hernández Vázquez Laura Rodríguez Cano
Sonia Lombardo de Ruiz Aureliano Sánchez
Diseño original de la colección Geneviève Lucet Lagriffoul Javier Urcid Serrano
Danilo Ongay Muza Diana Magaloni Kerpel José Francisco Villaseñor Bello
Sonia Ovarlez Marcus Winter
Diseño Arturo Pascual Soto
Azul Morris Ernesto Peñaloza Méndez Planos
Urs Graf C. Rodríguez Citlali Coronel Sánchez
Laura Rodríguez Cano Jesús Galindo Trejo
Producción electrónica Jesús Sánchez Uribe Alejandro Navarrete Cortés
El Taller A. Torres Gerardo Ramírez Hernández
Susana Guzmán Gerardo Vázquez Miranda Arturo Reséndiz Cruz
Lorena Segoviano Rosalío Vera Javier Urcid Serrano
Michel Zabé
Cuidado de la edición de imágenes Digitalización
digitales Dibujos y tratamiento de las imágenes
Citlali Coronel Sánchez Arturo Reséndiz Cruz Ricardo Alvarado Tapia
Ricardo Alvarado Tapia Citlali Coronel Sánchez
Alfonso Arellano Hernández María de Jesús Chávez Callejas
Fotografía María de Jesús Chávez Callejas Leonel Eduardo Flores Ruiz
Ricardo Alvarado Tapia Citlali Coronel Sánchez Teresa del Rocío González Melchor
Pedro Ángeles Jiménez E. Cruz Raúl Juárez Juárez
Chapie Angulo Susana Díaz Castro José Eduviges Pool Ojeda
Jorge Angulo Villaseñor Bernd Fahmel Beyer

Primera edición: 2008 Published with assistance


of the Getty Foundation.
D. R. © 2008. Universidad Nacional
Autónoma de México Portada (rústica) y camisa (tela):
Instituto de Investigaciones Estéticas San Pedro Jaltepetongo, Oaxaca.
Ciudad Universitaria, Coyoacán (Foto: Rosalío Vera, 1997; edición
04510 México, D. F. digital: Ricardo Alvarado, 2007.)

ISBN-10: 968-36-4741-3 Reproducción autorizada por el Instituto


ISBN-13: 978-968-36-4741-2 Nacional de Antropología e Historia
Obra completa CONACULTA - INAH - MEX

ISBN 978-970-32-5148-3 Ninguna parte de esta obra puede ser


Tomo III, Estudios. Oaxaca (rústica) reproducida o transmitida, mediante
ningún sistema o método, electrónico
ISBN 978-970-32-4208-5 o mecánico (incluyendo el fotocopiado,
Tomo III, Estudios. Oaxaca (tela) la grabación o cualquier sistema de
recuperación y almacenamiento
Impreso y hecho en México de información), sin consentimiento por
escrito del Instituto de Investigaciones
Estéticas de la UNAM.
Presentación

Muy pocas instituciones en México pueden hacer quiere de muchos expertos para poder abarcar to-
una obra como la que el lector tiene en sus ma- da su complejidad y riqueza. Ésta es una de las
nos. La Universidad Nacional Autónoma de Méxi- numerosas facetas que muestran el genio y el po-
co es una de ellas, en primer lugar, en razón de der de convocatoria de Beatriz de la Fuente, quien
que cuenta con los académicos, el conocimiento, desde el inicio llamó a unirse a su proyecto a bió-
los acervos y la tradición que se requieren; ade- logos, astrónomos, epigrafistas, arqueólogos y res-
más, porque es costumbre fundar este tipo de pro- tauradores, además de los historiadores del arte.
yectos en el quehacer académico que se acumula, Como resultado de su iniciativa, no sólo se le unie-
que tiene continuidad y largo aliento, que tras- ron investigadores de nuestra universidad, sino
ciende a las generaciones. que se incorporaron a este magno esfuerzo estu-
Hace dieciocho años, la doctora Beatriz de la diosos del tema procedentes de otras instituciones
Fuente fundó el seminario “La pintura mural nacionales e internacionales. Algunos de ellos son
prehispánica en México”, para hacer el registro y autores de los trabajos que forman estos dos nue-
el estudio de esta valiosa y frágil manifestación de vos libros. Ambos tomos están dedicados al análisis
nuestro pasado. El objetivo primigenio radicó en de la pintura mural prehispánica de Oaxaca. En es-
articular los elementos científicos y humanísticos tas páginas se encuentran datos e hipótesis nove-
para su preservación y conservación. Los dos to- dosas, así como interpretaciones recientes de esta
mos que ahora se presentan son un peldaño más manifestación artística. Con enfoques diversos y
de esta obra monumental que ya consta de ocho desde sus particulares campos de conocimiento,
libros publicados y que tiene otros ocho en prepa- los autores construyen el panorama de lo que has-
ración. En estos trabajos se documenta el arte y la ta ahora se ha descubierto de pintura mural en los
vida de los antiguos habitantes de nuestro territo- sitios arqueológicos de la entidad sureña.
rio: Teotihuacán, el área maya, Oaxaca, la Costa Los trabajos se ocupan de los rasgos básicos de
del Golfo y el Altiplano Central, que configuran las culturas oaxaqueñas, así como de los vínculos
los cinco volúmenes que el proyecto se planteó en que establecieron con otras sociedades. Se estu-
su inicio. dian los valiosos registros que se encuentran en
En los albores del siglo XXI, cuando las fronte- los documentos virreinales, los escritos realizados
ras entre los campos de estudio parecen hacerse por viajeros del siglo XIX y por otros estudiosos
más profundas gracias a la especialización, el tra- que más tarde avanzaron en la aproximación cien-
bajo multidisciplinario e interinstitucional salva tífica y humanística a los pueblos indígenas de
la situación. El estudio de la pintura mural prehis- Oaxaca. Los murales son profusamente analiza-
pánica es una labor precisa y delicada, que re- dos en la técnica, materiales, procesos creativos,
8 | Oaxaca I Estudios

colores, tonos, formas, composiciones y conteni- los resultados del seminario es la consecuencia
dos. De igual manera, se expone la identidad de lo lógica. Los trabajos que contienen los diez tomos
plasmado, la ideología implícita, la íntima asocia- que hasta ahora se han editado fueron gestados
ción entre lo figurado y la escritura pintada. Se durante las sesiones semanales, en el Instituto de
analizan las funciones de las imágenes y sus varia- Investigaciones Estéticas, que Beatriz de la Fuente
ciones a través del tiempo, al tiempo que se ponen coordinó desde 1987 hasta 2005, año de su lamen-
de relieve las relaciones intrínsecas de la pintura table fallecimiento.
mural con el soporte arquitectónico, con el carác- Después del deceso de la doctora de la Fuente,
ter de las construcciones que la cobija, con la his- la dirección de esta magna empresa académica
toria misma de los individuos representados y con quedó a cargo de su más cercana colega, también
la variedad de los vestigios depositados en las edifi- destacada investigadora del Instituto de Investiga-
caciones, como son los restos humanos y las ofren- ciones Estéticas de nuestra universidad, la doctora
das funerarias. María Teresa Uriarte, quien formó parte del pro-
A su vez, la pintura mural oaxaqueña tras- yecto desde sus inicios y quien ahora lo coordina
ciende el tiempo y se convierte en antecedente con renovado ahínco gracias a su reconocida ex-
estilístico de obras artísticas realizadas con poste- periencia y conocimiento de la materia. La publi-
rioridad a la dominación española. Mediante la cación de esto dos tomos de la obra póstuma de
pintura mural, las sociedades zapoteca, mixteca y Beatriz de la Fuente, es ya una muestra de la labor
ñuiñe, entre otras, nos heredaron una muestra su- de la doctora Uriarte al frente del seminario.
prema de su pensamiento y sensibilidad. Sobra de Para la Universidad Nacional Autónoma de
más decir que este singular acervo pictórico enri- México es motivo de orgullo poner a considera-
quece el panorama del arte universal. ción de los interesados estos volúmenes que, sin
En el seno de la Universidad Nacional Autó- lugar a duda, harán significativas contribuciones a
noma de México, la doctora Beatriz de la Fuente un mejor y más amplio conocimiento de nuestro
emprendió esta obra con miras a la preservación pasado.
de ese patrimonio, por medio del registro y el es-
tudio. Sin embargo, este espléndido trabajo estaría Dr. José Narro
incompleto sin la difusión de los resultados de las Rector
investigaciones. Es por ello que la publicación de Universidad Nacional Autónoma de México
Agradecimientos

El texto que sigue a continuación fue escrito por la Iniciaré por la Universidad Nacional Autónoma
doctora Beatriz de la Fuente poco tiempo antes de de México y su rector, por el entusiasmo con el que
su muerte, el 20 de junio de 2005; excepto por la se acogió el desarrollo y la culminación de este pro-
actualización de algunos nombres, es el mismo yecto. A la doctora Arcelia Quintana, quien fuera
que aparece en la publicación del Catálogo de Oa- abogada general de nuestra casa de estudios, por fa-
xaca que vio la luz hace casi dos años. cilitar los trámites necesarios en la obtención de los
La publicación de estos dos tomos restantes recursos donados para la presente obra, y a la Coor-
del volumen de Oaxaca ha sido una paciente labor, dinación de Humanidades que, gracias a la doctora
comprometida y solidaria de quien fuera también Olga Elizabeth Hansberg Torres y a su actual titular,
cercana colaboradora de la doctora De la Fuente, la doctora Mari Carmen Serra Puche, ha seguido de
la maestra Verónica Hernández. Gracias a su tra- cerca nuestros pasos. Debo agradecer también al
bajo, finalmente hemos visto la publicación de es- licenciado Rubén Cervantes, quien consiguió, para
tos textos escritos por los miembros (aunque al- el proyecto, el equipo necesario para la digitaliza-
gunos sean temporales) del seminario que todos ción de las imágenes.
los jueves se sigue reuniendo en el Instituto de In- Quiero, asimismo, mencionar dos instancias
vestigaciones Estéticas. Para mí es un honor con- universitarias que han sido sustento académico y
tinuar el trabajo de mi maestra y ver que la pala- económico en el desempeño de nuestros objetivos.
bra empeñada con ella seguirá el cauce propuesto La primera, el Instituto de Investigaciones Estéticas,
hace diecisiete años. cuya dirección a cargo de la doctora María Teresa
Uriarte permitió el seguimiento semanal de nues-
Dra. María Teresa Uriarte tros seminarios y fue sostén incondicional en la con-
Ciudad Universitaria, 2007 cepción, realización y fin de tan arduas labores.
Dejo constancia de mi agradecimiento a su per-
sonal académico y administrativo: Jorge Jiménez
Un resultado como el que hoy tenemos en nuestras Rentería, secretario académico; Rafael Román Vi-
manos es, siempre, producto del esfuerzo, dedica- llatoro, secretario administrativo; Obdulia Núñez,
ción e interés de varias personas e instituciones. A Gabriela Aguilera, José Luis Jáuregui y Antonio
ellos expreso a continuación mi agradecimiento Piña. Especial gratitud merecen los integrantes del
por el trabajo que, desde diferentes ámbitos, apor- Archivo Fotográfico Manuel Toussaint, cuya labor
taron para hacer posible la publicación del volu- hizo posible obtener las imágenes que ilustran es-
men III de La pintura mural prehispánica en México, tos tomos: Pedro Ángeles, Ernesto Peñaloza, Gerar-
dedicado a los murales de Oaxaca. do Vázquez y Eumelia Hernández; la participación
10 | Oaxaca I Estudios

activa del Departamento de Publicaciones y de Ena Weinstein y Kathleen Johnson. Necesario es men-
Lastra, a quien debemos la coordinación editorial, cionar, asimismo, la contribución generosa de la
y a la Biblioteca Justino Fernández, que otorgó to- Fundación Alfredo Harp Helú, por su interés y el
das las facilidades para la elaboración de las inves- apoyo recibido para la publicación de este volumen.
tigaciones. He de nombrar también, con inmensa El apoyo del Consejo Nacional para la Cultura y
gratitud, a Danilo Ongay, diseñador original de la las Artes, a través del Instituto Nacional de Antro-
serie La pintura mural prehispánica en México. pología e Historia, ha sido de gran relevancia para
Extiendo mis agradecimientos a los miembros nuestros objetivos. Agradezco a la señora Sari Ber-
del proyecto que contribuyeron de manera ardua múdez, presidenta del Conaculta; al etnólogo Sergio
y desinteresada en el óptimo desempeño de nues- Raúl Arroyo, antiguo director general del INAH, y a
tros afanes. A Quienes reunieron sus esfuerzos en su secretario técnico, el doctor Moisés Rosas. Rei-
el cuidado y calidad de las imágenes: Citlali Coro- tero mi gratitud al Consejo de Arqueología por las
nel Sánchez, Ricardo Alvarado Tapia, Teresa del facilidades otorgadas en los trabajos de campo, al
Rocío González Melchor, María de Jesús Chávez ingeniero Joaquín García-Bárcena y al doctor Ale-
Callejas, Raúl Juárez Juárez y José Eduviges Pool jandro Martínez Muriel. Agradezco, asimismo, el
Ojeda. apoyo del Centro INAH de Oaxaca, a su director,
He de mencionar también a Arturo Reséndiz el antropólogo Eduardo López Calzada, a Nelly Ro-
Cruz por la creación de un gran número de dibujos, bles, Marcus Winter y a los demás arqueólogos que
a Rocío Gress Carrasco por su asistencia en la han colaborado con nosotros. Mi profundo agrade-
búsqueda de referencias bibliográficas, y a Denise cimiento también a los custodios encargados de los
Fallena Montaño por su labor en la coordinación sitios arqueológicos, por su dedicación y tiempo en
del proyecto. las temporadas de trabajo de campo; a Azul Morris
La segunda dependencia universitaria funda- y Urs Graf por el diseño del libro; a Astrid Velasco y
mental en el desarrollo de las actividades del pro- Mauricio López Valdés por su trabajo en la correc-
yecto ha sido la Dirección General de Asuntos del ción de estilo y el cuidado de la edición.
Personal Académico, a cargo del doctor Rafael Pérez Finalmente, mi agradecimiento a los médicos
Pascual, instancia que facilitó los recursos necesa- que me atendieron con esmero e hicieron posible
rios a través de los proyectos IN 403399 e IN 400202. que concluyera esta obra.
Debo agradecer también el sostén de otras ins- Terminaré por decir que de actos y nombres
tituciones, como el Consejo Nacional de Ciencia y construimos y ejecutamos nuestro devenir; así na-
Tecnología, que a través de varios proyectos nos ha ció el tercer volumen de la serie, resultado de afa-
patrocinado, y en esta ocasión en especial, a la Fun- nes y encuentros, de periplos y avatares, de actos
dación Getty, por el interés que manifestó hacia la y nombres. A todos ellos, gracias una vez más.
presente obra, el cual se tradujo en una bondadosa
donación, gracias a las gestiones de la doctora Mary Dra. Beatriz de la Fuente
Miller y de los integrantes de la Fundación, Joan Ciudad Universitaria, abril de 2005
Introducción

Tal vez uno de los logros universitarios más desta- que se ha generado a lo largo de décadas sobre es-
cados es la supervivencia de la herencia intelec- te territorio, y analiza la diversidad fisiográfica del
tual de un maestro. Hasta 2005, doña Beatriz de la territorio oaxaqueño, los rasgos y vínculos étnico-
Fuente, nuestra querida profesora y coordinadora lingüísticos, los sistemas de organización social y
desde el inicio de este proyecto visionario que es política, el cambio histórico durante el periodo pre-
“La pintura mural prehispánica en México”, dedicó hispánico, hechos registrados a partir de la Con-
interminables horas de su fructífera vida académi- quista española y documentos de la época: códi-
ca a impulsar las sesiones del seminario que todos ces, mapas y relaciones geográficas. Como lo
los jueves se reúne con el propósito de estudiar des- señala Angulo, la gama de nexos fue muy extensa
de diferentes disciplinas esta manifestación del le- y comprende, entre otros, los de tipo genético, de
gado artístico del México prehispánico. lenguas, mercantil, de guerra y dominio, e ideoló-
En este tercer volumen, conformado por los to- gico. Como evidencia de esto, Angulo refiere esti-
mos 1 y 2, que corresponden al Catálogo, y estos dos, los artísticos, iconografía y ciertos materiales, téc-
3 y 4, que están dedicados a los Estudios, la doctora nicas y objetos. En particular, las regiones externas
De la Fuente vertió literalmente sus últimos alien- de Oaxaca que contempla son el Altiplano Central,
tos en la organización de estos últimos tomos, per- la Costa del Golfo, Guerrero y el noroeste meso-
sonalmente, a pesar de que la enfermedad que se americano.
la llevó ya casi no le dejaba leer o hablar. En el segundo capítulo “Oaxaca en el universo
Para mí es un honor, que sellé como promesa, de Mesoamérica: una visión arqueológica”, Bernd
haber podido continuar con esa herencia. Fahmel Beyer ofrece un acucioso recuento histo-
De acuerdo con el proyecto original de la doc- riográfico de la antigua Oaxaca; así, podemos en-
tora De la Fuente, cada uno de los autores que es- terarnos de los numerosos viajeros y estudiosos
cribe en estos tomos ofrece su propia interpreta- que, desde el siglo XIX y hasta la actualidad, han dado
ción de los hechos artísticos o culturales, en total a conocer con un enfoque científico, la historia y los
libertad y sin censura de ningún tipo, libre, tal co- vestigios arqueológicos de la entidad, y los víncu-
mo fue concebido por una mente privilegiada. los con otras regiones de Mesoamérica. De modo
El trabajo de Jorge Angulo “Intercambio étni- paralelo, el autor analiza las líneas de investiga-
co y cultural en algunos asentamientos prehispá- ción seguidas en torno a los sitios, etnias lenguas,
nicos de Oaxaca” nos da cuenta con precisión de escritura y diversas expresiones artísticas, como
las características geográficas y culturales de este pintura mural, arquitectura, escultura, códices y ce-
riquísimo estado. En su estudio, además de la in- rámica. En especial, pone énfasis en los estudios
formación que él presenta, revisa la bibliografía iconográficos y sus alcances. Otro tema que expone
12 | Oaxaca I Estudios

Fahmel es la relación intrínseca que existe entre la técnico, material, cromático, formal e iconográfi-
arquitectura y la pintura mural que aloja, y apun- co, la autora logra descubrir varios estilos con al-
ta que estos niveles de asociación son múltiples y gunas variantes en la pintura mural de Oaxaca a lo
abarcan desde lo físico, funcional e iconológico, largo de los diferentes periodos y de sus áreas geo-
hasta los fechamientos que es posible hacer. gráfico-culturales. Otra contribución que cabe resal-
Del mismo autor, el capítulo siguiente “El con- tar es el estudio de las diferentes intervenciones
texto sociocultural de la pintura mural oaxaque- en los murales, principalmente de los que se en-
ña” trata diversas vías por las que se ha dado el co- cuentran en las tumbas. En suma, en este impor-
nocimiento de los murales oaxaqueños, a través de tante capítulo, se muestra con detalle la enorme di-
circunstancias y evidencias múltiples que les son versidad de este patrimonio pictórico, la cual
inherentes. Sobresalen las noticias que se despren- corresponde en mayor medida a diferencias regio-
den de las Relaciones geográficas escritas durante el nales y muchas veces a los gustos de los patroci-
siglo XVI acerca de las costumbres y creencias de la nadores y las manos de los artistas.*
gente, así como las inferencias sobre las funciones Por su parte, el siguiente capítulo, “Pintando otro
de los edificios. En el contexto actual, el autor refie- mundo: técnicas de pintura mural en las tumbas
re el complejo proceso de construcción del pasado zapotecas”, fue escrito por Diana Magaloni Kerpel
prehispánico de Oaxaca. Destacan al respecto, los y Tatiana Falcón Álvarez, quienes con la seriedad y
recorridos, descubrimientos y proyectos arqueoló- profesionalismo que caracterizan su trabajo, se
gicos que han permitido establecer la secuencia acercan a los murales de Oaxaca intentando com-
cultural de la entidad y saber sobre los modos de prender, desde sus procesos creativos materiales,
vida ritual y cotidiana. Es así que, con base en estos un mundo complejo a partir de los ejemplos de
trabajos, se ofrece una perspectiva del desarrollo Monte Albán y Suchilquitongo (sitio también llama-
social en los Valles Centrales de Oaxaca a lo largo de do Cerro de la Campana y Huijazoo). Con base en
trece siglos y de las artes que ahí se produjeron. análisis científicos nunca antes realizados, las auto-
De igual manera, se abordan las otras zonas en las ras, ambas reconocidas restauradoras, además de
que se divide Oaxaca y su situación en el ámbito historiadoras del arte, dan a conocer con precisión
mesoamericano y, finalmente, Fahmel hace consi- los componentes de los pigmentos, sus fuentes y los
deraciones sobre el carácter funerario de la pintu- procesos de elaboración de las pinturas y de su apli-
ra mural de la entidad. cación en los muros, a la vez que la preparación de
Con el mismo rigor y calidad académica con la éstos. Con ello, Magaloni y Falcón profundizan en
que Sonia Lombardo de Ruiz ha realizado sus traba- los significados de los murales de las tumbas trata-
jos anteriores sobre el estilo de la pintura mural, en das. Distinguen varias escuelas pictóricas y su rela-
este volumen de Oaxaca, como la autora lo apunta, ción con la cultura zapoteca; asimismo, comparan
sigue la línea de estudio histórico-artístico presen- el universo pictórico oaxaqueño con otras tradicio-
tada por Arthur G. Miller y, por supuesto, hace apor- nes técnicas mesoamericanas que han estudiado
taciones originales. Lombardo, en “Los estilos de la previamente, como la teotihuacana, la maya y la de
pintura mural de Oaxaca”, expone una perspicaz la Costa del Golfo. Entre sus hallazgos, las autoras
visión comparada de los estilos de los murales oaxa- destacan de Oaxaca la muy extensa variedad técnica
queños. Con base en minuciosos análisis de tipo y material que existe en cada una de las tumbas ana-

* N. de la editora. En este capítulo, así como en otros de los Estudios, nesto Peñaloza y Pedro Ángeles en el año 2000, y en segundo lu-
se presentan dibujos lineales de los murales de las tumbas 105 de gar, el minucioso registro pictórico hecho por Agustín Villagra,
Monte Albán y de la 5 de Suchilquitongo, hechos por Citlali Co- publicado en 1938 en la obra de Alfonso Caso, Las exploraciones
ronel en el año 2006. Debido a la enorme dificultad que implicó re- en Oaxaca: quinta y sexta temporadas, 1936-1937. En estos nue-
presentar por medio de líneas las pinturas, que además en ciertos vos dibujos de las pinturas pueden verse dos tonos de líneas,
casos muestran repintes, y que los murales se han deteriorado a unas en negro y otras en gris. Las primeras figuran los diseños
causa de diversos factores, consideré apropiado tomar como ba- que Coronel y yo apreciamos en los murales, y las grises a los que
se dos fuentes. Primero, las excelentes fotografías hechas por Er- Villagra registró, pero que actualmente ya no se distinguen.
Introducción | 13

lizadas, aun desde las características constructivas del Grupo de la Iglesia en Mitla”. Algunos reptiles,
de los espacios funerarios, y enfatizan que es así que como la tortuga y varias especies de serpientes,
cada uno constituye un universo particular. son identificados con precisión por los autores en
Continuando con la línea de estudio que ha se- murales de Mitla. Se expone un amplio marco de
guido en los tomos anteriores de esta serie, José referencia sobre la figuración artística de estos
Francisco Villaseñor Bello aborda en el siguiente animales, tomando en cuenta el ámbito ecológico
capítulo, “Estudio de la figura humana en murales de Oaxaca, sus implicaciones culturales antiguas y
de las tumbas 104 y 105 de Monte Albán”, el siste- aún actuales, y el contexto mesoamericano. Múl-
ma de representación antropomórfica zapoteca a tiples significados y simbolismos son expresados
partir de algunas figuras plasmadas. Sus análisis for- por Navarijo y Guzmán, con base en los intrínse-
males le permiten advertir ciertas normas de crea- cos rasgos naturales y sus interpretaciones.
ción artística de las imágenes del ser humano y, con En “Calendario y orientación astronómica:
ello, inferir el concepto del hombre, su autocono- una práctica ancestral en Oaxaca prehispánica”,
cimiento e identidad. El autor indaga en el proce- Jesús Galindo Trejo se dedica a analizar cómo los
so de creación artística, en la técnica y el oficio de antiguos oaxaqueños concibieron el cosmos como
los ejecutantes, en la abstracción que hicieron de los una unidad entre lo terreno y lo celeste, desta-
cuerpos tridimensionales y en el tipo de perspec- cando sus alcances en el conocimiento astronó-
tiva que emplearon. Trata con detalle las propor- mico. Es así que de Monte Albán proviene la ins-
ciones corporales plasmadas y la estructura com- cripción calendárica más antigua encontrada
positiva de la imagen en relación con el espacio hasta ahora en Mesoamérica y el calendario zapo-
de representación. teco constituye una aportación singular. Galindo
María de Lourdes Navarijo Ornelas, en su ca- trata con detalle los espléndidos ejemplos de pin-
pítulo sobre “Las aves en los contextos funerarios” tura mural, en la que aparecen imágenes del ám-
identifica las abundantes especies de aves que bito celeste, que forman parte de escenas de pro-
aparecen en murales Suchilquitongo, Jaltepeton- fundo contenido ritual y religioso vinculado con
go, Monte Albán y Mitla. A partir de ello, trata la lo científico. En este capítulo da a conocer los ori-
importancia cultural que tuvieron para los anti- ginales resultados del estudio que hizo de cuatro
guos zapotecos, tanto en su relación íntima con la estructuras arquitectónicas localizadas en Mitla y
naturaleza, como base de la subsistencia, en activi- Monte Albán. Expone sus múltiples orientaciones
dades económicas y tecnológicas, en las creencias calendárico-astronómicas, su carácter sagrado in-
y prácticas religiosas y en su cosmovisión total. merso en la cotidianidad y el hecho de que los
Su universo de estudio abarca también expresio- murales completaban el mensaje de los gober-
nes como el arte rupestre y la escultura, propias nantes sobre su poder terrenal y carácter divino.
de dichos sitios y de otros de la entidad. Asimis- En la misma línea del estudio de la arqueas-
mo, las figuraciones de fauna en los códices oaxa- tronomía, María Elena Ruiz Gallut y Daniel Flores
queños y sus menciones textuales en distintas Gutiérrez dedican el siguiente capítulo “Entre los
lenguas. En cuanto a las aves, trata con detalle no muertos y el cielo: astronomía y pintura en la
sólo su representación autónoma, sino los ele- Tumba 5 de Suchilquitongo, Oaxaca” a tratar de
mentos que se ven de ellas en la indumentaria y entender que la arquitectura y la pintura mural
el ornamento de los personajes pintados. Sin du- conformaron una unidad significativa compleja,
da, el vasto conocimiento de Navarijo en torno a por ello su comprensión es difícil y su conocimien-
las características biológicas de las aves, le permi- to es paulatino. En este trabajo, Ruiz y Flores pre-
te ahondar en el simbolismo cultural de las figu- sentan apuntes sobre la geometría cruciforme de la
raciones asociadas. Tumba 5 de Suchilquitongo, su iconografía, orien-
El siguiente capítulo, también está dedicado a tación y sucesos astronómicos, en particular la re-
la biología y, en él, María de Lourdes Navarijo Or- lación con la constelación llamada Cruz del Sur.
nelas y Ubaldo Guzmán-Villa se ocupan de “Los Siguiendo con este género de estudios se de-
reptiles representados en los dinteles del Patio A sarrolla el capítulo 11: “Representaciones y con-
14 | Oaxaca I Estudios

ceptos astronómicos en Mitla y Jaltepetongo” de La escritura, un sistema gráfico y codificado de


J. Daniel Flores Gutiérrez, el autor distingue, en comunicación de ideas, es uno de los alcances más
los murales de dichos sitios, la intención de exhibir notables de las culturas oaxaqueñas y en la pintu-
conceptos astronómicos propios de la antigua cultu- ra mural se advierte como un elemento protago-
ra oaxaqueña. Su identificación resulta atractiva, nista. En este apartado, “Poemas visuales: la epigra-
puesto que las dos obras pictóricas que aborda tie- fía oaxaqueña”, Alfonso Arellano Hernández y
nen distinto carácter: las de Mitla se encuentran Susana Díaz Castro, ambos epigrafistas, comienzan
en espacio abierto y las de Jaltepetongo en uno sub- con una amplia revisión de las escrituras de la en-
terráneo y funerario. A partir de su estudio, Flores tidad, en particular los Valles Centrales, tomando
infiere que en estos sitios se plasmó la periodici- en cuenta las fuentes diversas que han permitido su
dad de ciertos fenómenos celestes: ciclos lunares, conocimiento: documentos del siglo XVI, trabajos
sucesos solares y conjunciones de Venus y Marte históricos, arqueológicos, lingüísticos y de epigrafía.
que tuvieron lugar en la región sur de la bóveda A partir de este marco, se adentran en los mensajes
celeste, entre las constelaciones de Sagitario, de las expresiones glíficas pintadas en los murales de
Ofiuco y Escorpión. En particular, en los dinteles tumbas y palacios, el enfoque está puesto en los tex-
del Patio 1 del Grupo del Arroyo en Mitla, reconoce tos nominales, ya que es común que los personajes
paisajes nocturnos y signos astronómicos, y en la representados se asocien con sus nombres: estos
tumba de Jaltepetongo, la distribución geométrica glifos tienen poder, al decir de los autores. Dista mu-
de los motivos pintados, algunos de los cuales, en cho para lograr el desciframiento total de las escri-
cierto momento del año, tal vez recibieron la luz turas zapoteca, ñuiñe y mixteca y por ello aquí se
del sol. De especial interés, a los ojos del autor, re- plantean interesantes hipótesis que contribuyen a
sulta la manera zapoteca de construir imágenes su comprensión.
de constelaciones y, con ello, los modos de obser- Susana Díaz Castro, continúa en el capítulo si-
var tanto la bóveda celeste como los métodos que guiente, dentro de la misma línea de estudio, con un
ilustran la predicción de sucesos astronómicos. análisis de las “Representaciones de glifos de espa-
En el capítulo que sigue, “Los ‘señores de casta’ cio en la pintura mural de Oaxaca”, en donde las ex-
en los Valles Centrales de Oaxaca”, Arturo Pascual presiones glíficas son abundantes, se les encuentra
Soto, con base en numerosas y diversas fuentes en contextos públicos y privados. Considerando am-
documentales del periodo colonial y en vestigios bos, la autora se dedica a los glifos que representan
arqueológicos de la antigua Oaxaca, analiza con- algo tan abstracto como es la noción de espacio. Es-
fluencias y divergencias del concepto e imagen de tudia los que aparecen en la pintura mural de va-
las genealogías en ambas épocas. El propósito par- rias tumbas de Monte Albán, en los dinteles del
ticular es indagar sobre la continuidad de la tradi- Palacio de Mitla y en una tumba de San Pedro Jal-
ción genealógica, que fue plasmada en los mura- tepetongo. Díaz reconoce varios glifos de espacio:
les de las tumbas de Monte Albán, en especial la de cerro, E, U y bandas de soporte. Analiza los signos
105, en relación con sus implicaciones prácticas asociados, tales como pictografías y logografías, y
durante el Virreinato, por ejemplo, en los alegatos expone un catálogo de sus recurrencias y excepcio-
indígenas en torno a su propiedad territorial. Para nes, con la intención de leerlos y adentrarse tanto
ello, Pascual hace extensas comparaciones con el en los múltiples significados como en los simbolis-
programa iconográfico del árbol genealógico de mos del espacio. Al respecto, plantea las variadas
Félix de Guzmán, padre de Santo Domingo, figu- funciones posibles de los signos semánticos: foné-
rado en la yesería del sotocoro de la iglesia de es- tica, como topónimo o nombre calendárico; como
te santo en Oaxaca. Como el autor lo señala, aun imágenes genéricas y sagradas.
cuando se trata de un modelo europeo, no resultó El capítulo a continuación, “El arte de pintar
ajeno a la población nativa y, por esto, usó las re- las tumbas: sociedad e ideología zapoteca (400-800
laciones parentales y con los ancestros como argu- d. C.)” está escrito por Javier Urcid Serrano. Se tra-
mento para legitimar, ante los españoles, su auto- ta de un notable estudio sobre el mundo de los an-
ridad y posesiones. cestros en la antigua Oaxaca. Como el autor lo
Introducción | 15

apunta, tenían gran relevancia en la cosmovisión, el ocupa Laura Rodríguez Cano en “Pintura y epigra-
arte, la vida social, religiosa, económica y política. fía ñuiñe en la Mixteca Baja, Oaxaca” en el cual atri-
La pintura mural es una expresión destacada de los buye a esta región ser el escenario principal donde
rituales mortuorios, lo atestiguan así las numerosas se desarrolló la llamada cultura ñuiñe, de la que
tumbas pintadas que se encuentran en la entidad. permanecen vestigios relevantes. Rodríguez es
Para avanzar en el entendimiento sociológico e una especialista en dicha materia; en este capítu-
ideológico de estas imágenes, Urcid investiga los lo, se concentra en las evidencias que existen del
contextos de su realización. Analiza de modo inte- estilo y la escritura contemplando sus variadas
gral y muy acucioso las criptas: incluye el ámbito manifestaciones en cerámica, arte rupestre, vasi-
arquitectónico, los restos humanos y animales que jas de alabastro, escultura y, por supuesto, en los
contienen, las ofrendas y otros materiales asocia- murales de tipo funerario ubicados en los sitios de
dos; se apoya asimismo en información proceden- Santa Teresa, Cerro de la Biznaga, Cerro de las Ca-
te de fuentes coloniales y en la epigrafía. Una vez laveras y Yucuñudahui. De estas expresiones, la au-
que dilucida sobre la forma en que los zapotecas tra- tora identifica los glifos pintados, hace un reper-
taban a sus muertos y los múltiples significados de torio de ellos, los lee y nos transmite los mensajes
estas prácticas, el autor interpreta los programas ico- de tales inscripciones. Falta mucho por conocer, no
nográficos plasmados en los murales de numerosas obstante, de forma elocuente, la autora amplía la
tumbas oaxaqueñas. Con el rigor académico y la am- importancia que tuvo para los antiguos oaxaqueños
plia sapiencia que le caracteriza, en este capítulo el arte de escribir pintando.
Urcid continúa haciendo contribuciones sobresalien- Finalmente Dúrdica Šégota cierra estos tomos
tes para el conocimiento de la cultura zapoteca. correspondientes a los Estudios con un análisis de
Pablo Escalante Gonzalbo y Saeko Yanagisawa los relieves de la Tumba 5 de Suchilquitongo, que
son los autores del siguiente apartado “Anteceden- titula “El cuerpo de la noche. La disposición de los
tes de la tradición Mixteca-Puebla en el arte zapote- relieves en el espacio de la Tumba 5 de Suchilqui-
co del Clásico y el Epiclásico (pintura mural y ba- tongo”, en el que presenta primero una detallada
jorrelieve)”. Como los autores lo señalan, la llamada descripción de esos relieves y luego concluye con
tradición Mixteca-Puebla es un estilo artístico, un sugerencias muy interesantes respecto a la fun-
repertorio iconográfico y un código de estereotipos ción, disposición y “uso” de los mismos. Concibe al
pictográficos que fue compartido por pueblos de edificio como un cuerpo viviente y a la vez recalca
distintas regiones de Mesoamérica durante el perio- su función como cueva de origen. Respecto a estos
do Posclásico. Conviene decir que se trata del estilo conceptos analiza cuál es el significado posible de
en el que fueron pintados los códices del Centro de los relieves que custodian ese cuerpo que albergó
México que conocemos. En Oaxaca, en particular toda una historia familiar y del linaje de la nobleza
en el arte epiclásico de los Valles Centrales, Esca- zapoteca que construyó este sitio.
lante y Yanagisawa encuentran numerosos antece- Verónica Hernández, otra de sus discípulas muy
dentes básicos y los comparan con los de una cul- cercanas, se ha encargado con celo singular de cui-
tura del periodo Clásico, la teotihuacana. En este dar todo el proceso de edición. Azul Morris y Urs
interesante trabajo, los autores caracterizan en toda Graf, a quienes la doctora eligiera como diseñadores
su extensión —formal e iconográfica— el estilo de este volumen, han realizado un magnífico traba-
Mixteca-Puebla y reconocen sus rasgos identitarios jo y cada uno de los autores que participa en estos
en los murales funerarios de Monte Albán y Cerro de tomos ha cumplido con el compromiso asumido
la Campana: los estereotipos plásticos de la figura con la doctora para culminar este volumen dedica-
humana, su cuerpo, género, función, jerarquía, ac- do a la pintura mural de Oaxaca.
ción y de ciertos temas o elementos celestes, terres-
tres, acuáticos y aún abstractos. Advierten, en fin, un Dra. María Teresa Uriarte
lenguaje pictográfico en las escenas murales. Directora del proyecto
Dentro del arte oaxaqueño, el arte menos co- “La pintura mural prehispánica en México”
nocido es el de la Mixteca Baja, de su análisis se Ciudad Universitaria, 2007
Oaxaca en el universo de Mesoamérica:
una visión arqueológica

Bernd Fahmel Beyer


Instituto de Investigaciones Antropológicas, UNAM

El estudio integral de las antiguas culturas oaxa- Lo interior de las paredes de estas dilatadas piezas
queñas inició a principios del siglo XIX en el ex- no tiene otro revestimiento que una encaladura con
tremo oriental de los Valles Centrales, dentro del una capa de mezcla fina dada de color con berme-
contexto social que rodea a los antiguos palacios llón combinado con almagre, y muy sólidamente
de Mitla [fig. 2.1]. Estos edificios habían llama- bruñido, bien que se ha deteriorado mucho, y sólo
do la atención de los españoles desde que se aden- tal cual trozo se ve de él; pero lo bastante para su
traron en la región de habla zapoteca en el siglo conocimiento. Es de advertir que, en general, todo
XVI (Motolinia, 1969; Canseco, 1984; Burgoa, 1997a, el palacio, interior y exteriormente, hasta las co-
1997b). Su valoración como objeto de arte, sin em- lumnas, fueron bañadas del mismo color [apud Ál-
bargo, empezó con las visitas sistemáticas de los varez, 1900: 55].
viajeros nacionales y extranjeros que habían oído
hablar de sitios como Palenque, Xochicalco y Teo- En 1830, Juan Carriedo visitó el sitio, y retor-
tihuacán. nó a él en 1851. Con base en los deterioros acumu-
En el volumen nombrado Las ruinas de Mitla y lados de una fecha a otra elaboró proposiciones
la arquitectura, recopilado y publicado por el ar- para la Junta Subalterna de Geografía y Estadísti-
quitecto e ingeniero civil Manuel Álvarez en 1900, ca, a fin de evitar la destrucción de los palacios.
encontramos los textos, planos, dibujos y fotogra- En 1830 acompañó a Carriedo el arquitecto alemán
fías de aquellos pioneros que expusieron sus im- Eduard Mühlenpfordt para realizar un estudio de-
presiones y algunos análisis comparativos entre tallado de las ruinas. Una copia de los planos que
las construcciones con grecas en Mitla y los edifi- éste levantó quedó en manos del primero, y otra
cios con meandros egipcios, etruscos, grecolatinos en el Instituto de Bellas Artes, junto con un mag-
e hindúes. Entre dichos trabajos destaca el del ar- nífico atlas cuyas láminas fueron depositadas en el
quitecto mexicano don Luis Martín y el coronel Instituto Politécnico de Oaxaca (Álvarez, 1900: 68)
español don Pedro de la Laguna, quienes fueron a y publicadas en México en 1984. Años más tarde
Mitla en 1802 para hacer los planos de las ruinas. arribaron a México Eduard y Caecilie Seler, y visi-
Durante su estancia en el lugar, este último se taron los palacios con Antonio Peñafiel, quien di-
percató de las pinturas que decoran los dinteles rigió su atención a las pinturas que decoran los
de algunos edificios, refiriéndolas luego como re- dinteles. En su trabajo de 1895, Seler menciona
presentaciones de trofeos de guerra y sacrificios brevemente los bosquejos de algunas de las pin-
(Álvarez, 1900: 48; León, 1901: 31). Poco tiempo turas realizados por Mühlenpfordt, publicadas tam-
después, el capitán austriaco Guillermo Dupaix bién por Carriedo en el tomo II de La ilustración
escribió: mexicana (1851). El entusiasmo que estos murales
60 | Oaxaca I Estudios

Sitios arqueológicos

1 La Quemada 11 Huajuapan 21 Uxmal


2 Chupícuaro 12 Monte Albán 22 Mayapán
3 Tzintzuntzan 13 Mitla 23 Chichén Itzá
4 Tula 14 Zaachila 24 Tulum
5 Teotihuacán 15 Tututepec 25 Santa Rita
6 México 16 Tehuantepec 26 Tikal
7 Xochicalco 17 Tres Zapotes 27 Yaxchilán
8 Cholula 18 La Venta 28 Izapa
9 El Tajín 19 Palenque 29 Kaminaljuyú
N
10 Tehuacán 20 Edzná 30 Copán

0 100 400 km

1
23
22
Golfo de México 24
21

9
20
2
4
5
6 25
3 8
7 10 17
18
26
19
11 27
12 13
14
16
15
Océano Pacífico 30
28 29

Figura 2.1. Área cultural mesoamericana


con sus principales sitios arqueológicos.
(Dibujo: R. Ramírez, 2006.
Basado en Jiménez Moreno, 1966.)
Oaxaca en el universo de Mesoamérica | 61

despertaron en dichos visitantes fue tan grande que


en junio de 1888 volvieron al lugar para copiar los
diseños que se conservaban en los grupos del Arro-
yo y de la Iglesia.
Ahora bien, mientras que los dibujos de Eduard
Mühlenpfordt [fig. 2.2] fueron publicados en la
obra de Antonio Peñafiel intitulada Monumentos del
arte mexicano antiguo, en 1890, en Berlín, las copias
de Eduard Seler salieron a la luz en el Congreso In-
ternacional de Americanistas de 1895. En 1904 fue-
ron reeditadas en el Bulletin número 28 del Depar- Figura 2.2. Personaje representado
tamento de Etnología Americana de la Institución en los murales de Mitla.
(Dibujo: A. Reséndiz, 2004.
Smithsoniana, mientras que en México las publicó
Tomado de Mühlenpfordt, 1984: lám. XVIII.)
Nicolás León en 1901. En el texto que acompaña a
dichos dibujos, Seler explica su contenido y lo rela-
ciona con los códices del grupo Borgia provenientes
de la zona ubicada entre el Altiplano mexicano y
los Valles Centrales de Oaxaca.
Muchos investigadores siguieron las huellas de
los primeros visitantes, elaborando estudios más o
menos largos sobre el papel social de los palacios y
el pueblo al que se le habían de atribuir. Algunos de
ellos también enfocaron la lengua, las costumbres
y los modos de vida de la población circundante,
abriendo el camino a los trabajos de antropología
cultural dentro del contexto indígena zapoteco. En-
tre éstos destacan Hubert Bancroft (1875), Adolph
Bandelier (1884), William Holmes (1897), William
Corner (1899), Leopoldo Batres (1901), Nicolás León
(1901), Marshall Saville (1909), Alfonso Caso (1927b),
Ignacio Marquina (1928), Ralph Beals (1934), Elsie Figura 2.3. Personaje representado
Parsons (1936) y Howard Leigh (1960). A partir de en los murales de Mitla.
(Dibujo: A. Reséndiz, 2004.
los años treinta, empero, el discurso antropoló-
Tomado de León, 1901: lám. 5.1.)
gico comenzó a dar prioridad a los resultados que
se obtenían en las exploraciones de Monte Albán.
No obstante, las investigaciones continuaron en Mi-
tla, y con ellas el interés por su pintura mural como de aquellos libros, muchos de los cuales parecían
punto de referencia para el estudio de las demás contener los nombres de innumerables reyes y una
culturas que habitaron Oaxaca durante la época relación de sus principales hazañas. Años más tar-
prehispánica [fig. 2.3]. de, tal propuesta fue retomada por Alfonso Caso,
Para las fechas en que Eduard Seler escribía su quien, apoyado en los trabajos de James Cooper
interpretación de las figuras que observó en los din- Clark, Richard Long y Herbert Spinden, la llevaría
teles de Mitla (1895), era común desglosar las cróni- a su clímax con la publicación del Mapa de Teoza-
cas de los siglos XVI y XVII y analizar la iconografía de cualco (1949) y el volumen dedicado a los Reyes y
las imágenes representadas en los códices, la ce- reinos de la Mixteca (1977-1979) (Anders et al.,
rámica y la escultura, con base en la descripción 1992: 21-23).
de los antiguos dioses. En 1902, sin embargo, Ze- Hoy día sigue vigente esta línea de investiga-
lia Nuttall introdujo el enfoque histórico al estudio ción, ya que permite organizar temporalmente los
62 | Oaxaca I Estudios

en náhuatl, o Lyobaa, en zapoteco, que quiere de-


cir Lugar de los Muertos o del Descanso. Con base
en la descripción que de dicho sitio hicieran Mo-
tolinia (1969), Canseco (1984) y Burgoa (1997a),
numerosos viajeros del siglo XIX rindieron tribu-
to a sus edificios, a las tumbas que se descubrían
en su cercanía y a los vasos-efigie o urnas que los
campesinos hallaban en sus tierras [fig. 2.4]. Sin
embargo, el padre dominico también comenta que
los indígenas “huían de la luz de la doctrina en los
templos [cristianos], y buscaban las tinieblas de
sus supersticiones por las cavernas y montes en
los mayores retiros y soledades” (Burgoa, 1997b).
Desafortunadamente, hacer hincapié en los edifi-
cios de Mitla condujo a que los sepulcros que apa-
recían en otras regiones del estado —fueran o no
de tradición zapoteca— no siempre recibieran la
Figura 2.4. Imagen de la diosa 2 J, atención de los primeros investigadores. De ahí
adosada en un vaso de cerámica. que en la literatura de la época destaquen las no-
(Dibujo: A. Reséndiz, 2004. ticias y los reportes que de esos recintos dejaron
Basado en Caso y Bernal, 1952: fig. 125b.)
algunos coleccionistas y exploradores, como Fer-
nando Sologuren y Manuel Martínez Gracida (1910),
Johann Wilhelm von Müller (1998), Teobert Ma-
ler (1942), Marshall Saville (1899), Leopoldo Batres
hechos registrados en las esculturas y demás mate- (véase Lombardo de Ruiz, 1994) y Eduard Seler
riales arqueológicos, identificar los grupos étnicos (1960).
que se movieron en Oaxaca después del Clásico y Una vez explorados los alrededores de Mitla y
revisar los mitos sobre los que éstos construyeron los llanos de Xoxocotlán, correspondió a la acró-
su vida diaria. Más aún, el examen de la iconogra- polis de Monte Albán sorprender al mundo con
fía, apoyado en estudios lingüísticos minuciosos, sus tumbas ricamente pintadas y llenas de ofren-
ha permitido profundizar en el significado de los das. La arquitectura y la escultura de tales espa-
signos y su lectura, con lo que se abren las puer- cios muestran algunos de los estilos observados en
tas al estudio de la escritura indígena prehispá- otros lugares, lo que permitió elaborar una tipolo-
nica de Oaxaca. Paradójicamente, el hincapié que gía constructiva muy precisa y fechar, a través de
se hizo en los códices y en los manuscritos colo- ella, los ajuares que los acompañaban (Marquina,
niales condujo también al olvido de las pinturas 1964: 335-346).
de Mitla, cuyo deterioro parece irremediable. Una
revisión detallada de los fragmentos que aún se
conservan, empero, permite llegar a conclusiones Nuevos trabajos e interpretaciones
fascinantes sobre la estética de quienes las pintaron
y sus relaciones pictóricas y culturales con los mu- Cuando Alfonso Caso estudió las pinturas que se
rales de otras regiones y épocas más tempranas. encontraban en la antecámara de la Tumba 2 de
Si el contenido de estos “códices en muro” pa- Mitla, se apoyó en los análisis iconográficos de cor-
rece aludir a los relatos que daban sentido a la vida te seleriano (Caso, 1927b). Su descripción de los
diaria de los zapotecos, el descubrimiento de una murales hallados en Monte Albán, en cambio, se
larga tradición funeraria abre la posibilidad de co- inserta dentro de la hermenéutica que permitió
nocer un poco el mundo de sus difuntos. A ello construir aquel mundo zapoteco de dioses, reyes-
ha contribuido la etimología de la palabra Mitla, sacerdotes y arquitectos que se ha difundido en los
Oaxaca en el universo de Mesoamérica | 63

libros de arte y que volvemos a encontrar en los huac y las ciudades de Teotihuacán y Xochicalco
medios de divulgación (Caso, 1938). Hoy día el des- (Fahmel, 1995, 1996, 1997). Aprovechando el ir y
cubrimiento de otras manifestaciones pictóricas venir sobre las rutas que vinculaban dichos sitios,
en sitios como Yucuñudahui, Tlacotepec y Hua- empezaron a florecer los señoríos de la región
juapan, en la región mixteca; Jaltepetongo, en la mixteca, cuya cultura material incorporó algunos
Cañada; Cerro de la Guacamaya, en la Chinantla; elementos zapotecos y teotihuacanos dentro de
Tehuantepec, en el Istmo, y Lambityeco, Yagul y Su- los estilos generados localmente. Destacan enton-
chilquitongo, en los Valles Centrales, permite es- ces los asentamientos de la Mixteca Baja y lo que
tudiar la pintura mural dentro de un modelo de se ha denominado cultura ñuiñe (Paddock, 1966,
cultura más amplio, que da una idea de cómo se re- 1970; Moser, 1977; Rodríguez, 1996; Rivera, 1999).
lacionaron los zapotecos con sus vecinos inmedia- La época IIIb corresponde al auge de Monte Albán
tos y de qué manera fueron desarrollando sus tradi- y a la mayor expansión de sus vínculos culturales
ciones estéticas y mortuorias los distintos grupos (Fahmel, 1998, 1999). En dirección del Altiplano
étnicos de Oaxaca. mantuvo relaciones con numerosas ciudades del Epi-
Como se ha dicho antes, las excavaciones más clásico y, hacia el sureste, con otras tantas del Clási-
importantes realizadas en Monte Albán se lleva- co tardío maya. Al abandonarse Monte Albán, alre-
ron a cabo entre los años treinta y cincuenta del dedor de los años 850-900 d. C., los asentamientos
siglo pasado. Debido a la falta de depósitos pro- ubicados en los valles conservaron buena parte de
fundos que permitieran obtener una estratigrafía la cultura material de la época IIIb, a la que Al-
detallada, Alfonso Caso y su equipo tuvieron que fonso Caso nombró como IV. Por último, tenemos
valerse de la arquitectura y de los tiestos cerámi- la época V, que representa los sitios que introdu-
cos para seriar las vasijas y urnas que aparecían jeron la cerámica policroma, los metales y el es-
en las tumbas, entierros y cajas de ofrenda asocia- tilo gráfico tipo códice del Posclásico tardío (Caso
das a las distintas sobreposiciones (Caso y Bernal, y Bernal, 1965; Paddock, ed., 1966; Caso, Bernal y
1952; Caso, Bernal y Acosta, 1967). Con ello, la se- Acosta, 1967; Bernal y Gamio, 1974; Nicholson
cuencia arqueológica del sitio se tornó en una de y Quiñones, 1994).
las más largas y depuradas de Mesoamérica, y en A raíz de los trabajos de George Vaillant (1938),
columna dorsal de muchas exploraciones realiza- Eduardo Noguera (1965) y Henry B. Nicholson
das posteriormente [tabla 2.1]. (1966, 1982) sobre la iconografía de tipo códice, y
Su estructura se resume en cinco épocas, que de los avances logrados en la interpretación de es-
inician alrededor de 500 a. C. y concluyen con la tos documentos, gran parte de Mesoamérica fue
Conquista (véase Bernal, 1965; García Moll et al., ubicada bajo la tutela de una cultura cuyo estilo su-
1986; Fahmel, 1991). La primera época es de filia- puestamente provenía de la región Mixteca-Puebla
ción olmeca. Hereda algunos elementos de las fases (Paddock, 1994). La riqueza y diversidad de las ma-
reconocidas en Tierras Largas y San José Mogote nifestaciones plásticas que se adhieren a este “es-
y enriquece el repertorio con otros que son comu- tilo” sugieren, empero, que la adopción de ciertas
nes a los sitios ubicados en las cercanías del Istmo convenciones formales por muchas etnias no nece-
de Tehuantepec (véase Flannery y Marcus, 1994; sariamente ligadas a los mixtecos obedeció a la
Flannery y Marcus, eds., 1983; Zeitlin y Zeitlin, necesidad de crear un lenguaje icónico común,
1990). La segunda época inicia alrededor del año por encima de las tradiciones clásicas que le subya-
1 d. C. Entonces, se introducen numerosos elemen- cen (Smith y Heath-Smith, 1982; Camarena, 1999).
tos del sureste mesoamericano que más tarde se Desde tal punto de vista, tendríamos entonces dis-
combinan con rasgos llevados de Teotihuacán. A tintas variantes del tipo códice, algunas de las cua-
este lapso, conocido antes como Monte Albán II y les caracterizan a dichos documentos.
transición II-IIIa, se le denomina hoy época II, di- La unidad general que revelan todas estas tra-
vidida en temprana y tardía. La IIIa abarca los años diciones posclásicas —pese a su diversidad— con-
350-400 a 650 d. C., aproximadamente. Se distin- trasta fuertemente con otras expresiones plásticas,
gue por sus relaciones con las tierras altas del Aná- y tales diferencias permitieron a los arqueólogos
64 | Oaxaca I Estudios

Tabla 2.1. Cronología comparativa de Monte Albán

Bernal, Whitecotton, Paddock, García Moll Winter, Fahmel,


1965 1972 1988 et al., 1986 1989 1991
1521
Posclásico

V
V
1350

IV IV V V V V

1000

900
IIIb IV
800
IIIb IIIb–IV IIIb–IV
Clásico

680
IIIb–IV
650
600 Transición Tardío
IIIa
IIIa–IIIb Transición Transición
550
Temprano
IIIa–IIIb IIIb IIIa–IIIb
500
IIIa
IIIa
450
IIIa
350 IIIa
IIIa Transición Transición Tardío
II
II–IIIa II–IIIa
250
Temprano

Transición Transición Transición


d. C. 100 II–IIIa II–IIIa II–IIIa II II

1
50 II
a. C. 100

200 II
I I I
300

I I
400
Preclásico

450 I

600
Oaxaca en el universo de Mesoamérica | 65

Golfo de México
Orizaba

Puebla Tehuacán Ve
rac
ruz

Acatlán de Osorio Coatzacoalcos

Huajuapan de León

Tlapa de Comonfort
Asunción Nochixtlán
Oaxaca
Santa María Asunción Tlaxiaco Santiago Suchilquitongo

Monte Albán Oaxaca de Juárez

Zaachila
Guerrero Mitla

Ocotlán de Morelos

Chiapas
Ejutla de Crespo
Juchitán de Zaragoza

Santo Domingo Tehuantepec


Miahuatlán de Porfirio Díaz
Santiago Pinotepa Nacional
Salina Cruz

Santos Reyes Nopala

San Pedro Pochutla

Océano Pacífico

Lámina 2.1. Mapa orográfico-hidrológico de Oaxaca.


(Dibujo: C. Coronel, 2006. Corte: René Ramos Álvarez,
Laboratorio de Sistemas de Información Geográfica
y Percepción Remota, Instituto de Geografía, UNAM.)

establecer las épocas de desarrollo cultural de La iconografía de tales piezas es tan compleja
Monte Albán. Además, las urnas, los braseros y las que requiere mucha mayor atención de la que se
figurillas indican con claridad los vínculos habi- le ha brindado. Aunque la carencia de contextos
dos entre el área oaxaqueña y las regiones aleda- en diversas ocasiones no permite un buen análisis
ñas mencionadas antes. Más aún, los cambios que de tipo semiológico, Alfonso Caso (1928), junto con
registran sus respectivos programas iconográficos Ignacio Bernal (1952), lograron interpretar varios
dan acceso al mundo intangible de los dioses cuyas signos icónicos a partir del estudio de las estelas za-
manifestaciones estaban atadas, inexorablemente, potecas y su comparación con los de otros sitios
a las fuerzas de la naturaleza. Para entender la di- y regiones de Mesoamérica. Nuevos enfoques se
námica que regía estas filiaciones y su adaptación desarrollaron en los años ochenta, cuando las imá-
a los medios locales, es indispensable conocer la genes antropomorfas se relacionaron con el orden
orografía de la entidad [lám. 2.1], sus distintas re- social y con ciertos individuos en particular (Flan-
giones fisiográficas, zoológicas y botánicas y, sobre nery y Marcus, eds., 1983; Urcid, 1992a; Fahmel,
todo, su climatología, así como el patrón de lluvias 1994) [fig. 2.5]. Difícil es afirmar si una imagen
erráticas o voluntariosas —valga la palabra—, pues se refiere a un dios o a un señor que porta sus in-
éstas se relacionaban con el estado de humor de signias, ya que ambos son necesarios para que el cos-
las deidades. mos funcione correctamente. De ahí que algunos
66 | Oaxaca I Estudios

genes vistas en determinado edificio prehispánico


o en algún monolito dispuesto en las plazas públicas
de los pueblos o colecciones particulares (Dupaix,
1834; Müller, 1998; Batres, 1902; Martínez Graci-
da, 1910; Seler, 1960). El primer trabajo sistemá-
tico sobre los glifos calendáricos y la estructura de
las inscripciones fue, sin embargo, el de Alfonso
Caso (1928), denominado Las estelas zapotecas. Tal
estudio no sólo sirvió para identificar algunos de
los dioses representados en las urnas y en la pin-
tura mural, sino que fue —y sigue siendo— la piedra
angular de todos los análisis epigráficos, calendá-
ricos, lingüísticos y costumbristas realizados sobre
los antiguos zapotecos. Destacan, entre aquéllos, los
del mismo Alfonso Caso e Ignacio Bernal, John Pad-
Figura 2.5. Monte Albán. Tumba 104,
dock, Howard Leigh, Andy Seuffert, Joseph White-
personaje representado en el muro norte.
(Dibujo: A. Reséndiz, 2004. cotton, Víctor de la Cruz, Gordon Whittaker, Donald
Tomado de Marcus, 1983a: fig. 5.9.) Patterson, John Scott, Wiltraud Zehnder, Joyce Mar-
cus, Marcus Winter, Robert y Judith Zeitlin, Bernd
Fahmel y Javier Urcid.
Para la Mixteca Alta se tienen los trabajos de
investigadores busquen correlaciones más preci- Alfonso Caso, Mary Smith, Maarten Jansen, Char-
sas con la pintura y la escultura [fig. 2.6], en las que les Markman y Marcus Winter, y para la Mixteca
aparentemente se distingue el mundo de los huma- Baja, los de John Paddock, Christopher Moser,
nos vivos, el de los muertos y el de los dioses (Urcid, Laura Rodríguez e Iván Rivera. Las esculturas de
1992b; Sellen, 2002; Fahmel, 2002). la región costera han sido estudiadas por Román
La historia de las interpretaciones de la escul- Piña Chan, Donald Brockington, María Jorrín, Ro-
tura oaxaqueña se inició durante el siglo pasado, berto Zárate, Arthur Joyce y Javier Urcid. Otros au-
cuando viajeros y anticuarios describieron las imá- tores han reportado unas piezas apenas conocidas

Figura 2.6. Relieve escultórico hallado


en la Plataforma Sur de Monte Albán.
(Dibujo: A. Reséndiz, 2004.
Tomado de Marcus, 1983b: fig. 6.5.)
Oaxaca en el universo de Mesoamérica | 67

de diversas regiones de Oaxaca, que esperan ser blo entre los demás grupos prehispánicos como
integradas al corpus general y analizadas por los “pueblo de arquitectos” (1942). Desafortunada-
epigrafistas. En este ámbito han cobrado interés es- mente, los volúmenes que el autor pensaba dedicar
pecial los trabajos de Javier Urcid (2001) sobre la a las exploraciones y al estudio de los grandes mo-
escritura zapoteca y los de Laura Rodríguez (1996, numentos nunca fueron publicados. Sus informes
1998) acerca de las inscripciones de la región ñuiñe. y el trabajo sumario de Jorge Acosta aparecido en
Complementan estos trabajos los vocabularios y el Handbook of Middle American Indians (1965), per-
tratados sobre los códices y manuscritos colonia- mitieron, sin embargo, que Bernd Fahmel (1991) re-
les, ya que constituyen el puente icónico, léxico y cuperara y sistematizara la información obtenida
simbólico hacia las representaciones más antiguas durante las dieciocho temporadas de campo efec-
(vid. supra). tuadas en Monte Albán. El análisis de los grupos
Uno de los hallazgos más importantes de las arquitectónicos edificados en un lapso de mil tres-
últimas décadas fue el de la Tumba 5 de Suchilqui- cientos años ha confirmado los nexos culturales de-
tongo, descubierta en 1984 y explorada a finales de tectados previamente por Alfonso Caso y ha situado
1985 por el arqueólogo Enrique Méndez, del Ins- a Monte Albán dentro de los procesos que llevaron a
tituto Nacional de Antropología e Historia. Recin- la formación del Estado zapoteco y de la civilización
to excepcional por la naturaleza de su arquitec- mesoamericana en general (Fahmel, 1995). Den-
tura, la riqueza de sus pinturas y la elaboración de tro de este cuadro encajan muchos de los edificios
sus relieves y esculturas en piedra y estuco, es, a explorados en San José Mogote, Dainzú, Lambitye-
un tiempo, expresión de los lazos que unían a los co, Yagul, Zaachila, Mitla y Teotitlán, pero no su
zapotecos vivos con los muertos. Aunque falta es- totalidad, ya que bastantes de ellos debieron res-
tablecer los nexos entre los murales y los relieves ponder a las circunstancias particulares de sus
que los delimitan, las inscripciones pintadas en los constructores y a las condiciones locales. Fuera de
dinteles refuerzan las ideas desarrolladas por Al- los Valles Centrales son pocos los edificios prehispá-
fonso Caso sobre el uso de las tumbas en las épo- nicos que se encuentran en pie, de los cuales des-
cas prehispánicas. No se trata, pues, de un mundo tacan los de Santo Domingo, Quiotepec, Monte Ne-
tenebroso y distante, sino al contrario: un ámbito vi- gro, Huamelulpan, Yucuñudahui, Diquiyú, Cerro
sitado con frecuencia para enterrar a los descen- de las Minas y Guiengola, aunque la verdad es que
dientes de un linaje y sustraer los huesos de los vastas regiones de Oaxaca apenas han sido visitadas.
antepasados. Las escenas registradas en la estela Para el estudio de la pintura mural [lám. 2.2]
funeraria de esta tumba, por su parte, replican otras es indispensable comprender la importancia de la
tantas cuyo contexto se ha perdido. Publicados por arquitectura como soporte de la primera y como
Alfonso Caso en 1928, sabemos ahora que esos mo- marco de las actividades de quienes la encargaron
numentos de carácter familiar vinculaban a los [fig. 2.7]. Una construcción no sólo organiza los es-
señores-sacerdotes con los sucesos del pasado, mien- pacios que ocupan sus habitantes, sino que brinda
tras que las esculturas expuestas en los espacios un carácter especial a éstos mediante el discurso
públicos los proyectaban hacia el futuro. Desde este pictórico que los distingue. Una razón más para
punto de vista, la arquitectura mayor formaba el abundar en los detalles de un edificio arqueoló-
escenario donde el hombre se anclaba a la reali- gico es que permiten al estudioso situarlo tempo-
dad, con miras a ser beneficiado por los dioses en ralmente y, en ocasiones, fechar los restos de pin-
su quehacer diario. tura que aparecen durante su excavación. Tal
prioridad del monumento inmueble sobre otros
materiales culturales —sea cerámica, escultura e
La arquitectura y la pintura mural incluso el estilo mismo de una pintura— no deriva
únicamente de su articulación interna, sino del
La gran actividad constructiva desplegada por los hecho de que la dinámica de producción, consu-
zapotecos en Monte Albán fue uno de los criterios mo y cambio formal de los objetos utilitarios varía
que permitió a Alfonso Caso distinguir a dicho pue- de uno a otro caso y de un sitio o región a otros. Los
68 | Oaxaca I Estudios

Costas del Sur Sierras del Sur de Chiapas

Cordillera Costera del Sur Llanuras del Istmo


Sierras Orientales Sierras del Norte de Chiapas
Sierras Centrales de Oaxaca Llanura Costera Veracruzana
Sierras y Valles de Oaxaca Sur de Puebla

Mixteca Alta

14

12

13

15
17
16
8
11 3
1
7
2 4
5 6
9

10

1 Monte Albán 7 Xoxocotlán 13 San Miguel Tlacotepec


2 Suchilquitongo 8 Huitzo 14 San Pedro y San Pablo Tequixtepec
3 Lambityeco 9 Zimatlán (Cerro de la Biznaga)
4 Yagul 10 Tehuantepec 15 Jaltepetongo
5 Zaachila 11 Yucuñudahui 16 Cerro de la Guacamaya (Yólox)
6 Mitla 12 Sta. Teresa Huajuapan 17 San Juan Barranca (Yólox)

Lámina 2.2. Oaxaca. Sitios arqueológicos


con pintura mural.
(Dibujo: R. Ramírez, 2004.)
Oaxaca en el universo de Mesoamérica | 69

Figura 2.7. Monte Albán.


Perspectiva del Edificio X y su subestructura.
(Dibujo: A. Reséndiz, 2004.
Tomado de Fahmel, 1991: fig. 101.)

registros epigráficos pintados o esculpidos fuera construcciones exploradas por Alfonso Caso, Arturo
del área maya durante el período Clásico no permi- Oliveros y Marcus Winter muestran paramentos
ten determinar fechas precisas dentro de una se- de colores y tableros decorados con discos de pie-
cuencia arqueológica, pues se insertan en un sis- dra pintados de rojo. Trabajos realizados en fecha
tema de ruedas calendáricas que se repiten cada reciente por el personal encargado de la zona ar-
cincuenta y dos años. queológica del Montículo B revelan, además, que
Una vez establecidas las etapas arquitectóni- el edificio —construido hacia el año 600 d. C.— es-
cas y las de sus estilos decorativos y ornamenta- tuvo decorado con diseños geométricos y florales
les, queda por resolver hasta dónde estuvieron de colores, así como con representaciones de es-
pintadas las estructuras o si sólo fueron estucadas. tructuras que recuerdan a las de Teotihuacán (José
De haber sido pintadas, hay que determinar la esca- Luis Tenorio, comunicación personal, 2000). Las
la del programa pictórico y la particularidad de tumbas de este sitio, por otra parte, muestran el es-
cada edificio. Con base en las fuentes documenta- tilo y colorido que prevalecía durante las distintas
les y los trabajos de restauración llevados a cabo en épocas de ocupación. Entre dichos sepulcros desta-
los palacios de Mitla, sabemos, por ejemplo, que ca el 204, por su antigüedad y monocromía, mien-
tanto los muros como las grecas se hallaban estu- tras que la composición, riqueza iconográfica y
cados y pintados de rojo (Batres, 1901; Robles et al., policromía del 105 nos recuerdan a la Tumba 5 de
1987; Robles y Moreira, 1990). En el Palacio de los Suchilquitongo.
Seis Patios, en Yagul, varios cuartos y pasillos tu- La vida de las elites, que se recogían en sus pala-
vieron una cenefa roja en la base de los muros, mis- cios cuando no laboraban en los edificios adminis-
mo color que había en los pisos (Bernal y Gamio, trativos, debió de ser muy placentera. Muchos ob-
1974). En Lambityeco, en cambio, las estructuras jetos y materiales que facilitaban la realización de los
excavadas por John Paddock y su equipo aún lu- quehaceres llegaban de fuera, sin que por ello falta-
cen el color blanco del estuco. En Tehuantepec, el ran en las casas más sencillas. Entre éstos se encon-
edificio circular descubierto por Roberto Zárate traba la obsidiana, el pedernal, el cuarzo, el hueso
presenta, en su interior, franjas verticales de rojo y y el cobre, empleados en la producción de utensi-
blanco. En Monte Albán, finalmente, algunas de las lios de trabajo y ornamentales [fig. 2.8]; cerámicas
70 | Oaxaca I Estudios

Tener o no tener acceso a las materias primas


antes mencionadas debió depender, en gran me-
dida, del enlace con las rutas comerciales y del ma-
nejo de una economía que brindara los recursos
necesarios para beneficiar a los asentamientos y
sus habitantes. Más aún, para maniobrar con efi-
cacia dentro de una región tan compleja en lo geo-
gráfico, étnico y lingüístico, habrán desempeñado
un papel fundamental las deidades, ya sea como be-
nefactoras de algún grupo semejante a los pochte-
cah del Posclásico o como garantes de una buena
relación entre las comunidades. Muchas facetas de
dicha problemática han sido estudiadas por la an-
tropología cultural y la sociología. El reto principal
siguen siendo, empero, los cambios tecnológicos,
de valores y de escala que se dieron entre una épo-
ca arqueológica y otra, y a partir de la incorporación
del Nuevo Mundo a la economía mundial (Wallers-
tein, 1979; Chirot, 1980; Weber, 1981; Bonfil, 1990).
A raíz de esta última y de la introducción de valo-
Figura 2.8. Imagen de un gobernante,
res monetarios estandarizados, se ha simplificado
labrada sobre un pendiente de jade
de la época Monte Albán IIIb. el intercambio, reduciéndose al concepto de “in-
(Dibujo: A. Reséndiz, 2004. fluencia” buena parte de los mecanismos que per-
Basado en Paddock, 1966: fig. 161.) mitieron establecer contactos y expresar su solida-
ridad a los distintos pueblos prehispánicos.
Desde el punto de vista de la estética, es imposi-
de tipo Anaranjado Delgado, Anaranjado Fino, Plum- ble pasar por alto la importancia de dichos vínculos,
bate y Policromo; productos comestibles y para el ya que los objetos resultantes de la interacción
vestido; maderas, resinas y grasas para las teas; humana y las transformaciones que se efectúan en
pegamentos y aglutinantes para la manufactura ellos se encuentran estrechamente ligados a las ex-
de objetos artesanales, y todo tipo de hierbas y pro- presiones intangibles de una sociedad. En tal sen-
ductos minerales para la elaboración de medica- tido, son pocos los trabajos que se han dedicado
mentos, perfumes y maquillajes. de manera explícita al cambio icónico en Mesoamé-
Algunos objetos debieron de estar reservados rica o a la reestructuración de las fuerzas del cos-
para las grandes personalidades, ya que forma- mos al que responde éste. La transformación de
ban parte de la vida ritual; entre otros, las pieles de los vasos figurativos en urnas y la modificación
jaguar, las plumas de varias aves vistosas, la jadeíta de los diseños que las componen son, por ejemplo,
y otras piedras semipreciosas, el cinabrio, el oro y un campo apenas explorado dentro del complejo
la plata, las espinas de mantarraya, los objetos de sistema de representaciones que aluden a la con-
mica y magnetita, los espejos de pirita y obsidiana, cepción de los tiempos y al ritmo de los calen-
los grandes braseros y esculturas ornamentales, los darios (Caso, 1927a; Caso y Bernal, 1952; Fahmel,
libros, algunos dulces y el chocolate. De interés es- 1999, 2001).
pecial debieron ser las tintas y los pigmentos con La introducción de la imagen hoy denominada
los cuales se elaboraban los colorantes. Si la fabrica- “sol nocturno” durante la época II y la adaptación
ción de textiles y objetos suntuarios, códices y ce- de la figura maya a la urna oaxaqueña son hechos
rámica policroma requirió una buena parte de es- descubiertos por Clemency Coggins (1983), y cons-
tos materiales, la otra fue empleada en la pintura tituyen un acierto que pocos han valorado. Más di-
mural de los edificios y recintos funerarios. fícil de trabajar, pero no por ello menos interesan-
Oaxaca en el universo de Mesoamérica | 71

te, es el problema de la influencia teotihuacana en Como se aprecia en la figura que ilustra la dis-
Monte Albán, el uso de cenefas decoradas con gan- tribución de los sitios estudiados hasta la fecha
chos y el significado de los tableros adornados con [fig. 2.1], aún falta conocer muchas zonas alejadas
discos rojos. La aparición de Nueve Viento Ehécatl- del acontecer diario. Algunas piezas arqueológicas
Quetzalcóatl y del signo del año A-O en sitios zapo- recogidas en ellas y conservadas en museos y colec-
tecos del Clásico tardío, junto con los portadores ciones privadas, empero, sugieren que también es-
de año clásicos y posclásicos son indicio de que los tuvieron habitadas y que establecieron relaciones
valles y las sierras participaron, de manera conjun- con regiones colindantes de Guerrero, Puebla, Ve-
ta, en la elaboración del “estilo códice” que vemos en racruz y Chiapas.
las pinturas murales de Mitla y en los documentos Por último, cabría señalar algunos avances so-
del grupo Borgia (Fahmel, 2003). Dentro de este bre el estudio de los materiales arqueológicos y
ámbito caen también los estudios sobre el color rea- sus técnicas de manufactura. Sabemos que la obsi-
lizados en las regiones vecinas, sus vínculos con la diana empleada en Oaxaca provenía de los yaci-
cosmología y con los mitos que condujeron la mano mientos de Zaragoza, Puebla; Pachuca, Hidalgo, y
de los pintores. El recurso de la monocromía, la po- Zinapécuaro, Michoacán (Elam, 1993). La magne-
licromía y la bicromía rojo/blanco que se observa tita y otros minerales ferruginosos, en cambio, se
en los murales oaxaqueños de las distintas épocas enviaban de los Valles Centrales de Oaxaca hacia
responde, indudablemente, a tales factores, ade- la zona olmeca (Pires Ferreira, 1975). La concha,
más de manifestar los nexos con otras regiones de el caracol y las espinas de mantarraya llegaban de
Mesoamérica. ambos mares y eran trabajadas en talleres locales
(Flannery y Marcus, eds., 1983; Feinman et al., 1990;
Iván Rivera, comunicación personal, 2001).
Estudios regionales Por el estilo de la lapidaria, se piensa que la ja-
deíta y la piedra verde se surtían de yacimientos
En un contexto más general, las exploraciones de- oaxaqueños y guatemaltecos (Caso, 1965). Es pro-
sarrolladas fuera de Monte Albán han documen- bable que el cinabrio se trajera de las minas de
tado las evidencias que permiten aducir la com- Querétaro, aunque no se han realizado los análisis
posición multiétnica de la región oaxaqueña [fig. químicos correspondientes (Herrera, 1994). Meta-
2.9] y el carácter pluricultural de sus pobladores. les como el oro, la plata y el cobre debieron proce-
De esta manera también se ha ido rompiendo la der de los mismos placeres que fueron explotados
barrera conceptual, y de tipo clasificatorio, erigida por los españoles durante la época colonial (véase
durante los años cincuenta entre el Clásico y el Caso, 1969; Carmona, 2003). La cantera empleada
Posclásico, entre los zapotecos y los mixtecos y para la construcción variaba según la geología de
los aspectos religiosos y bélicos de su organización cada región, aunque en los Valles Centrales la más
social. De esos trabajos vale mencionar el proyecto común fue la de Oaxaca, Mitla y Suchilquitongo
“Atlas Arqueológico”, del Instituto Nacional de An- (Morales, 1992; Robles, 1994).
tropología e Historia, así como los recorridos de La mayor parte de la cerámica era de manu-
Ignacio Bernal, Howard Cline, Agustín Delgado, Ga- factura local, si bien algunos tipos eran comerciados
briel de Cicco, Donald Brockington, Román Piña en el ámbito mesoamericano, como son el Anaran-
Chan, Charles Spencer, Elsa Redmond, Ronald jado Delgado, el Plumbate y el Anaranjado Fino,
Spores, John Paddock, Bruce Byland, John Pohl, además de las vajillas de la época colonial (Caso,
Richard Blanton, Stephen Kowalewski, Gary Fein- Bernal y Acosta, 1967; Rattray, 1981; Fahmel, 1988;
man, Linda Nicholas, Judith Zeitlin, Robert Zeitlin, Martínez López et al., 2000; Gómez, 2001). No obs-
Enrique Méndez, Enrique Fernández, Susana Gó- tante, son pocos los hornos de producción cerá-
mez, Raúl Matadamas, Iván Rivera, Marcus Win- mica detectados en Oaxaca (Martínez López et al.,
ter, Arthur Joyce, Andrew Balkansky y Bernd Fah- 2000). La manufactura de grandes esculturas hue-
mel, además de las excavaciones efectuadas en cas es un rasgo que se comparte desde temprano
diversos ejes culturales. con las culturas de Veracruz y el área maya, aun-
72 | Oaxaca I Estudios

j
i i

e
j
i d k
j f
b c
a

j j
g
h

a Zapoteco g Tequistlateco

b Mixteco h Huave

c Mixe i Otopame

d Chinanteco j Nahua

e Mazateco k Maya

f Tlapaneco

Figura 2.9. Grupos etnolingüísticos de Oaxaca


y de las áreas culturales vecinas.
(Dibujo: R. Ramírez, 2005.
Basado en Manrique, 1994: 14.)
Oaxaca en el universo de Mesoamérica | 73

que llega a su clímax con las urnas, los xantiles y lló su particularidad. Tales aspectos presentan un
las figuras de pie del dios Xipe, que aparecen al especial interés debido a su relación con la pintura
norte de la entidad durante el Clásico tardío (Boos, mural y los códices, y es de esperarse que en el fu-
1966; Paddock, ed., 1966). La cerámica policroma turo sean estudiados con mayor detenimiento, po-
del Posclásico, finalmente, se presenta en numero- niendo más atención en el análisis comparativo de
sas modalidades que se asemejan a las de Puebla- los diseños y la tecnología de los tintes y pigmentos.
Tlaxcala y Veracruz (Noguera, 1965; Caso, Bernal y No cabe duda de que el estudio de tales industrias
Acosta, 1967; Lind, 1967; Bernal y Gamio, 1974; Ni- permitirá entender mejor los murales prehispáni-
cholson y Quiñones, eds., 1994; Camarena, 2003). cos, de valor incalculable para la historia de la huma-
Aunque sus formas son comunes a toda Mesoamé- nidad, y rescatar las obras más significativas, como
rica, se distinguen por los iconos y la combinación son, por ejemplo, los dinteles pintados de Mitla.
de colores, elementos en que cada región desarro-
0 Intercambio étnico y cultural en algunos asentamientos
prehispánicos de Oaxaca

Jorge Angulo Villaseñor


Dirección de Estudios Arqueológicos, INAH

La interrelación del intercambio prehispánico, de- ciendo en Mesoamérica a lo largo de siete mil o más
tectado por la semejanza y diferencia de los rasgos años antes de la Conquista hispana.
culturales observados entre los grupos americanos, En el proceso evolutivo de todas las asociaciones
ha sido un tema que se ha venido ampliando desde grupales se observa que, conforme el aumento de-
que Paul Kirchhoff (1960) señaló que la diversidad mográfico se concentraba en una sola área, se reque-
de clima y ámbitos ecológicos de Mesoamérica pro- ría un sistema de organización social y laboral para
porcionó una amplísima variedad de posibilidades administrar la producción alimentaria y distribuir los
para obtener alimentos y materias primas median- satisfactores materiales de su desarrollo económico
te un extenso intercambio entre los grupos etnolin- a través de un sistema político en el que, compar-
güísticos que la poblaron. tiendo un mismo pensamiento mítico-religioso, se
En un intenso estudio sobre el corredor de Te- aglutinaban los componentes étnico-lingüísticos en
huacán-Coxcatlán, Richard MacNeish (1967-1972) re- una asociación creativa y productiva dentro de cada
gistra intercambios de artefactos líticos y cerámicos, comunidad en crecimiento. Tal fenómeno histórico
materias primas, semillas y otros alimentos de entre (omitiendo pequeños cambios temporales y regiona-
la Costa del Golfo, Oaxaca y el Altiplano, que abarcan les) ocurrió en todas las culturas mesoamericanas
desde la etapa de cazadores-recolectores hasta la y sin duda en todas las demás culturas del planeta.
Conquista hispana. Tanto MacNeish como Sanders y Parece lógico, entonces, que entre las culturas
Price (1968: 37-42) sugieren que durante ese largo mesoamericanas —como en las de todos los conti-
proceso de intercambio también pudo ocurrir un nentes— la unión genética producida por la asocia-
mestizaje interétnico por uniones exogámicas que ción étnica y lingüística de grupos distintos ha con-
incrementaron el proceso poblacional de asenta- tribuido al inevitable proceso de intercambio racial
mientos y producción agrícola a través del tiempo. y cultural que marca la pauta del desarrollo de todos
Ahora se considera que, desde la primera eta- los grupos sociales del mundo.
pa del desarrollo político-económico, se estableció Sin ser diferente de otras culturas en el mundo,
un sistema de control clánico-tribal en manos de lo desde las etapas históricas más antiguas registradas
que ahora se conceptúa como cacicazgo1 y seño- en el siglo XVI, la cultura mesoamericana fue consi-
ríos, lo cual, sin explicar formas ni tipos de enlace o derada un mosaico pluriétnico y multilingüístico,
comunicación, dejó evidencia de los intercambios tal como lo dicen Miguel Othón de Mendizábal,
materiales y conceptuales que se fueron estable- Paul Kirchhoff, Wigberto Jiménez Moreno2 y otros

1 Véase el apéndice explicativo sobre los conceptos de la asocia- 2 Maestros de las primeras generaciones de antropólogos mexicanos.
ción política que se refieren.
18 | Oaxaca I Estudios

estudiosos que se basaron en datos étnicos e histó- raciones arqueológicas, en datos étnicos y etno-
ricos para registrar los troncos lingüísticos (dividi- históricos consultados, así como en información
dos en familias y subfamilias) que se asentaron y complementaria de las disciplinas afines con las
desplazaron dentro de este amplio ámbito geográ- que se han podido ampliar o proponer hipótesis
fico-cultural a lo largo de varios siglos. sobre la gran variedad de intercambios culturales
Tratando de remontarse a las etapas más anti- ocurridos a lo largo del tiempo en los diversos
guas, algunos investigadores dedicados al estudio asentamientos.
glotocronológico han detectado que las antiguas
migraciones etnolingüísticas en movimientos mul-
tidireccionales sobrepasaron los espacios de la ma- Algunas rutas de intercambio
croárea pluricultural refererida. Tales movimientos
étnicos no sólo corresponden a las etapas ante- Considerando la relatividad de los datos históricos, se
riores a la Conquista, ya que datos históricos del puede suponer que los conquistadores hispanos,
siglo XVI mencionan que los primeros encomen- desde los primeros contactos con las poblaciones
deros ordenaron trasladar pueblos enteros, sin indígenas que ocupaban el área mesoamericana,
importar que fuesen de filiación y lengua distin- se enteraron del amplio sistema de caminos y ve-
tas a las del lugar al que los enviaban; ello, con el redas que unían los diversos poblados de un mis-
fin de evitar los impuestos requeridos por la cédu- mo cacicazgo con su propia capital regional y con
la real emitida en 1544,3 que les ordenaba pagar los señoríos con los que ancestralmente habían
un impuesto proporcional al número de pueblos y establecido un intenso intercambio comercial y
de pobladores que estaba bajo su administración cultural, mediante la extensa red de vías realiza-
regional. Es éste un acto al que los historiadores se das por los gobiernos situados en el Altiplano, la
refieren como “movimientos de reducción y de Costa del Golfo y el montañoso territorio del actual
congregación”, en el cual, inconscientemente, se estado de Oaxaca. Es decir, se trataba de redes re-
ha creado un problema de credibilidad respecto gionales que comunicaban las grandes ciudades
de las áreas en que los grupos lingüísticos que- asociadas para mantener —pese a la diferencia
daron registrados durante los primeros años de la de lenguas, costumbres y hábitos— un constante
Conquista. intercambio de alimentos, utensilios, artefactos,
Por ello se debe indicar con énfasis que los da- materias primas y objetos suntuarios procedentes
tos históricos que se han utilizado a lo largo de los de áreas distantes, utilizados como símbolos del
casi cinco siglos posteriores a la Conquista hispa- poder por los dirigentes y ahora encontrados como
na no señalan con exactitud el área original del ofrenda en algunas tumbas arqueológicas [láms.
emplazamiento etnolingüístico ocurrido a lo lar- 1.1 y 1.2].
go de las etapas cronológicas no registradas históri- Se ha conjeturado que los espectaculares obje-
camente. Por tal razón, salvo contadas excepcio- tos suntuarios incrustados con finos mosaicos de
nes, los remanentes arquitectónicos y los objetos turquesa,4 localizados en Monte Albán, Zaachila y
materiales encontrados en sitios arqueológicos no otros sitios de Mesoamérica, pudieran proceder del
se pueden asociar a los grupos étnicos que en la comercio efectuado con grupos del suroeste de Nor-
actualidad ocupan el área del hallazgo o de la in- teamérica, aunque recientes análisis han compro-
vestigación. bado que los mosaicos de la máscara de tipo teo-
Teniendo en cuenta estas observaciones, se tihuacano encontrada en Malinaltepec, Guerrero,
debe destacar que el presente trabajo se basa en son de amazonita5 y pudieran provenir de sitios
el registro de objetos y datos procedentes de explo- más cercanos, como Chalchihuites, Zacatecas, o

3 “Instrucción y memoria de las Relaciones...”, publicadas en 1577 4 Estudio de Garman Harbottle y Phil C. Weigand (1992).
y reeditadas por René Acuña en 1984 como Relaciones geográ- 5 Información sobre la amazonita se halla al final de este estudio.
ficas del siglo XVI.
Intercambio étnico y cultural | 19

Lámina 1.1. Escudilla con la ofrenda de una máscara


mortuoria con mosaicos colocada en el nicho este
de la Tumba 1 de Zaachila. Explorada y rescatada por
Jorge Angulo (1963). Reconstruida en el Laboratorio de
Prehistoria del INAH por Georgina Joysmith y Sergio
Montero en 1964. Sala Oaxaca del Museo Nacional
de Antropología (MNA). (Foto: J. Angulo, 1963.)

Lámina 1.2. Máscaras con mosaicos de turquesa


(o ¿amazonita?) localizadas en la Tumba 1 de Zaachila.
(Fotos: J. Sánchez Uribe.
Tomadas de Gallegos, 1997: 186, 187.)
20 | Oaxaca I Estudios

de Europa y en las batallas de la reconquista con-


tra los moros indujo a este grupo de conquistadores
a buscar rutas alternativas o menos vigiladas por
donde pudieran evadir las postas y los caminos cus-
todiados por los mexicas, tal vez para evitar posibles
asaltos o emboscadas sobre los caminos principa-
les que unían Zempoala (en la parte central de Ve-
racruz) con la capital tenochca.
No cabe duda de que los invasores cruzaron la
sierra Nevada por el llamado Paso de Cortés (no
porque él lo hubiera descubierto, sino porque eli-
gió sagazmente ese camino alterno), pues el con-
quistador sabía que era la ruta que los indígenas
aliados tomaban cuando querían evitar las gari-
tas aztecas establecidas en Iztapaluca y Chalco, en
las cuales se registraba toda la mercancía proce-
dente del sector oriental que los chocho-popolo-
cas, mixtecos, totonacos y otras etnias transporta-
ban a la gran Tenochtitlán.
Algunas referencias sobre el trayecto segui-
do por Cortés y sus huestes de conquista entre el
Lámina 1.3. Máscara de piedra de estilo teotihuacano, Golfo, el Altiplano y los Valles de Oaxaca, quizá
con incrustaciones de mosaico de amazonita, molusco rojo por haber sido escritas antes de la primera mitad
y botones de turquesa. Localizada en Malinaltepec, Gro. (MNA).
del siglo XX, sólo resaltan el aspecto audaz y aven-
(Foto: P. Cuevas, 1986.)
turero de los hispanos, quienes, en su afán por
extender su dominio a partir de la Conquista, des-
cartaron las rutas que unían a los viejos pueblos,
de las posibles minas de Guerrero, no estudiadas pre fi riendo los principales caminos entre las
aún [lám. 1.3]. nuevas capitales.
Cualquiera que sea la procedencia de ésta y Muchas vías secundarias fueron prohibidas o
otras materias primas básicas o suntuarias, se con- abandonadas por orden de los nuevos dirigentes,
firma el hecho de que, desde las más tempranas eta- a fin de no perder el registro establecido en las mis-
pas del desarrollo registrado entre los grupos me- mas garitas que, ya en manos hispanas, evitaba una
soamericanos, hubo un constante intercambio de comunicación sin control entre poblados peque-
objetos materiales y conceptos ideológicos que ha ños. Sin embargo, esa medida no fructificó, pues
prevalecido a través del tiempo, trascendiendo las los habitantes locales las siguieron usando clan-
actuales fronteras estatales y nacionales, tal como lo destinamente, a pesar de que la maleza las fue cu-
señalan Thomas Lee y Carlos Navarrete (1978), así briendo o convirtiendo en calzadas y veredas que
como otros autores que han recorrido porciones de sólo conocían los arrieros y los abuelos indígenas.
la extensa red de caminos que unía poblaciones Sobre los mismos senderos de tierra por donde
entre cacicazgos y cabeceras de señoríos mesoame- transitaban indígenas y criollos a caballo, los es-
ricanos que ahora abarcan otros países. pañoles construyeron caminos reales —empedra-
Algunas reseñas históricas mencionan la red de dos— por donde corrían las diligencias y carrozas,
caminos por los que Cortés transitó en los estados como lo revelan los mapas del siglo XVI, en los que
de Veracruz, Puebla, Tlaxcala y Morelos, reclutando las huellas de los pies (que pictóricamente indi-
aliados temporales entre las poblaciones descon- can caminos) alternan con las de herradura, en
tentas que querían liberarse del emperador Moc- alusión a las huellas dejadas por los caballos sobre
tezuma. Quizá la astucia acumulada en las guerras la banda del sendero [lám. 1. 4 y fig. 1.1].
Intercambio étnico y cultural | 21

Lámina 1.4. Lienzo de Ocotepec que muestra montañas,


ríos y caminos en los que añaden marcas de herradura de caballo
a la tradicional huella del pie.
(Foto: W. Reuter. Tomado de Caso, 1966: 131.)

Figura 1.1. Lienzo


de Ocotepec.
(Tomado de Smith,
1973: 337.)
22 | Oaxaca I Estudios

Es obvio que los mismos caminos utilizados por [...] se extendía [...] desde la Costa del Golfo, al
los mexicas u otros grupos durante el Posclásico norte de Veracruz, pasando por [...sitios en] Hi-
fueron transitados durante el período Clásico o des- dalgo y México hasta el actual estado de Guerrero
de los primeros asentamientos del Preclásico (si [...] y hacia al sur hasta [...] el Istmo de Tehuantepec
no es que antes), como lo revela el material arqueo- [...] conformando] una amplia faja a través del cen-
lógico hallado en las exploraciones de MacNeish et tro de México. Había, sin embargo, dos islotes [...o]
al. (1967-1972) en el Valle de Tehuacán, donde se territorios independientes del señorío de Tlaxcala.
identificaron semillas de árboles tropicales en la Hacia el sur, por el contrario, existía una provincia
fría Sierra de Puebla-Tlaxcala. azteca rodeada de territorio enemigo [...] llamada
Los pasos abiertos por la naturaleza, como ríos, Xoconusco, sobre la costa del Pacífico.
cañadas, cuencas y valles, fungieron como antiguas
vías de comunicación en las que se encuentran Citando un pasaje de Sahagún, Anne Chapman
huellas de asentamientos de todas las épocas, lo señala que los puertos de intercambio más impor-
que refleja el intercambio de objetos, tecnología y, tantes se encontraban entre ambas planicies coste-
posiblemente, conceptos entre ámbitos ecológicos ras, puesto que del Soconusco —en el Pacífico— tri-
diversos y sitios distantes. butaban a los mexicas cargas de cacao, pieles de
Tal vez Anne Chapman (1959) sea la primera ar- jaguar, plumas de cotinga, guacamaya, quetzal y
queóloga que formula un método para señalar que bezotes de ámbar6 recubiertos con láminas de oro,
la presencia de productos de una región en otra no mientras que de Xicalango (Tuxtepec, en la Costa del
corresponde a un fenómeno casual o fortuito, si- Golfo) y la Mixteca Alta enviaban cargas de plumas
no a un sistema de trueque o comercio establecido de quetzal, cuentas de chalchíhuitl, mantas de al-
entre comunidades con lenguas y costumbres dis- godón y otras cosas que quedaron registradas en los
tintas; pues compartían los “puertos de intercam- folios XLV al XLIX de la Matrícula de tributos del Códice
bio” —en los que podía haber enclaves de una cul- Mendoza [láms. 1.5 y 1.6].
tura dominante— en territorios ocupados por grupos Coincide con ese registro Bernardino de Saha-
de la región con los que mantenían relaciones gún (1956, t. III: 28-29), quien dice que cuando “los
comerciales. señores de Tenochtitlán-Tlatilulco visitaban los
Parece claro que las diferencias étnicas y lin- pueblos de Xicalango [...] Cimatécatl y Cuatzacual-
güísticas no obstaculizaron la existencia de dicho co, les daban [...] caracoles colorados [...] y amari-
intercambio cultural, el cual se manifestó en esti- llos, paletas de cacao [palas sin mango...], paletas
los cerámicos, formas arquitectónicas, símbolos de concha de tortuga [...] y plumas ricas de mu-
iconográficos y otros rasgos que caracterizan a una chas aves”.
cultura. Sin embargo, el hecho de que los atribu- Se debe notar que en las áreas ocupadas por el
tos predominantes de un grupo se localicen en una llamado imperio azteca (1375-1521) hay remanentes
región ajena al mismo puede relacionarse, también, de la cultura teotihuacana que anteceden a la ocupa-
con una interacción cultural de tradiciones, formas ción azteca por casi setecientos años; es decir, que
y estilos y con el afán de imitar los aspectos más so- las rutas teotihuacanas establecidas sólo fueron
bresalientes del estatus que detentaban los diri- empleadas por los mexicas para efectuar ese tipo
gentes políticos y religiosos en el señorío o Estado de intercambio comercial y cultural del que tanto se
hegemónico en un determinado momento de su ha escrito.
historia. Hubo otras rutas muy transitadas que no se in-
Con base en la información que proporcionan cluyen en este estudio, a pesar de la importancia
los conquistadores, así como los primeros relatos que tuvieron desde el Preclásico medio o antes, que
de los frailes y otras reseñas que describen el mis- comunicaban la zona del Golfo con Cholula y diver-
mo tema, Anne Chapman (1959: 15) propone que la sos sitios alrededor de la cuenca de México, por un
estructura jerárquico-social que conducía el inter-
cambio comercial a larga distancia se hallaba en ma- 6 Mayor información sobre el ámbar se encuentra en Linneth S.
nos del imperio azteca, el cual: Lowe (2004).
Lámina 1.5. Lámina XLIX de la Matrícula de tributos
del Códice Mendoza (MT), que muestra la lista
de tributos que el Soconusco entregaba a los mexicas
durante el siglo XVI.
(Códice Mendoza, 1979.)
Lámina 1.6. Lámina XLV (MT) mostrando
los tributos que Coixtlahuaca-Cuicatlán pagaba
a México-Tenochtitlán.
(Códice Mendoza, 1979.)
Intercambio étnico y cultural | 25

lado, y de Cholula a Itzúcar, siguiendo la cuenca del Sin embargo, algunos investigadores rechazan
río Nexapa-Mezcala-Balsas, rumbo a la Mixteca Baja tales reseñas históricas, argumentando que la topo-
(parte occidental de Oaxaca), hacia la cuenca del río nimia náhuatl castellanizada con que en la actuali-
Tlapa que pasa por Malinaltepec, donde se encontró dad se designa a los poblados zapotecos y mixtecos
la máscara de tipo teotihuacano con incrustacio- se fijó en el siglo XVI, un poco después de que las
nes de mosaicos de amazonita, de la que se habla- huestes mexicas que acompañaban a Cortés se asen-
rá en el último apartado [lám. 1.3]. taron en la llamada Antequera.
Al sur de Malinaltepec (donde se habla un dia- Convendría aclarar que el término tzapotécatl
lecto del mixteco), el río Tlapa continúa su trayec- en náhuatl hace referencia a los habitantes de los
to —recogiendo agua de los escurrimientos de la pueblos “donde abundan los árboles de fruto dulce”
Sierra— hasta la formación del río Ometepec, que (tzápotl), mientras que los pobladores de esa región
desemboca en el océano Pacífico y separa políti- se autonombran ben zaa, al considerarse como “gen-
camente al estado de Oaxaca del actual estado de te de las nubes”. Es curioso que dicho vocablo en-
Guerrero. globe el mismo significado que aplicaron los nahuas
a los mixtecos, quizá con la idea de diferenciar a
quienes cultivaban los frutales en los valles de quie-
Distribución etnolingüística en Oaxaca nes vivían en un ámbito montañoso de nubes y
de lluvia.
La mayoría de los estudios arqueológicos sobre
Oaxaca se han concentrado en las tres cuencas o va-
lles donde se localizan asentamientos con arquitec- Los zapotecos y otros grupos
tura monumental atribuida a los grupos zapotecos, en la fisiografía de Oaxaca
principalmente, a pesar de que otras comunidades
lingüísticas (como la mixteca, ñuiñe, popoluca, cui- Geológicamente se puede decir que más del 90%
cateca, mazateca, mixe, chinanteca, triqui, chatina del territorio oaxaqueño está formado por cadenas
y huave)7 ocuparon esa rugosa parte del país, for- montañosas que, sin contar con algunas variantes e
mando un mosaico de lenguas macrootomangue, interrupciones de continuidad, corren de noroeste
como quedó registrado desde el siglo XVI y como a sureste, hasta la planicie baja del Istmo de Tehuan-
prevalece todavía hasta el siglo XXI [lám. 1.7 y véa- tepec. Los pequeños valles y los diversos sectores de
se también la lám. 1.10]. esa región montañosa son conocidos por el nombre
Se hace notar que los nombres nahuas con que del grupo que los habita o habitó, por el de algún
se conocen los pueblos-cabecera de gran parte del rasgo fisiográfico que los distingue o por el nombre
estado de Oaxaca sustituyeron a los topónimos za- de un personaje histórico. Este tipo de nomencla-
potecos o a los locales al ser traducidos o tal vez tura se usa también para designar parajes dentro de
impuestos durante la ocupación culhua-mexica, de la sierra, las cuencas, las cañadas y los valles.
acuerdo con las referencias históricas que, al tra- A pesar de la gran variedad étnica y lingüística
tar este punto, mencionan —como lo hace Bernal que ocupa el estado de Oaxaca, la mayoría de los
Díaz del Castillo (1960: 186)— que en la guarnición grupos que se encuentran sobre los Valles Centra-
mexica de Tuxtepec había sesenta mil guerreros les son de habla zapoteca y están totalmente conven-
para colectar los tributos de toda esa área. A esta re- cidos de que los han ocupado por varios siglos. En
gión mandó Cortés al capitán Pizarro, con el fin de esos valles florecieron las ciudades con arquitectura
decomisar todo lo que los habitantes de la Chinan- monumental en las que se localiza el mayor núme-
tla y de Malintepec obtenían de las minas de oro ro de tumbas con pintura mural de la época pre-
y tributaban a Moctezuma II. hispánica (no se incluyen en este ensayo porque
son abordadas por otros colegas en el Catálogo y
en los Estudios).
7 Los grupos huaves se localizan en los esteros de la depresión íst-
mica y, según Evangelina Arana (1975), están emparentados lin- Sin embargo, para seguir la tónica descriptiva
güísticamente con los tarascos y con los quechuas de Perú. que se aplica a los grupos tratados, se señala que
26 | Oaxaca I Estudios

24° Mixteco Nahua-coahuilteca


Zapoteco Nahua
Cuicateco Huave

Mazateco-popoloca Popoluca
Chinanteco Zoque
Mixe Triqui
22°
Mayances

18°

16°

14°

118° 114° 112° 110° 108° 106° 104°

0 50 100 km

Mapa lingüístico simplificado del censo


de habitantes por municipio levantado
por M. Olivera et al. (1970)
Lámina 1.7. Distribución municipal de lenguas
indígenas en el estado de Oaxaca.
(Dibujo: E. Flores, 2003. Basado en Olivera y Valverde, 1970.)

las tres grandes cuencas o Valles Centrales se forma- Por otra cuenca, con una pendiente contraria
ron con los ríos Etla-Atoyac, Tlacolula y Atoyac-Zi- a la anterior (sureste-noroeste), corre el río Tlacolu-
mapán, que engrosaron su cauce con los escurri- la recogiendo el agua de los arroyos que bajan de la
mientos de los arroyos y riachuelos que bajan de Sierra Mixe, antes de pasar por Mitla, Yagul, Dainzú,
las sierras circundantes [fig. 1.2]. Lambityeco y Macuilxóchitl, rumbo al poniente; en
Los riachuelos y arroyos que bajan de la Sierra este recorrido recoge los escurrimientos del río
Mixteca alrededor de los pueblos de Huitzo y Su- San Andrés Hueyapan, que baja de la Sierra de Juá-
chilquitongo corren en dirección noroeste-sures- rez, al norte de la ciudad de Oaxaca, donde se une
te formando la cuenca alta del Atoyac, conocida al río Etla y, una vez juntos, se desplazan hacia el
como el valle de Etla, que se prolonga hasta la ciu- sur sobre la cuenca del río Atoyac, mejor conocida
dad capital de Oaxaca, donde confluyen los tres como el valle de Zimapán.
Valles Centrales en los que florecieron las princi- Aunque en la actualidad las poblaciones situa-
pales culturas zapotecas de los períodos Clásico y das alrededor del valle de Tlacolula son predomi-
Posclásico [fig. 1.3]. nantemente zapotecas, se encuentran grupos mixes
Intercambio étnico y cultural | 27

Río Sabinos

Río San Juan del Estado

Río Huitzo
Río San Juan Guelache Sierra de Juárez
Etla

Río San Sebastián

Río Zaotla
300
0
Río Río Seco 2602800
Ato 2200 2400
yac 0
2000
Río Jalapillas 1800

1600

co
2400

latla
Oaxaca

a c
Sierra Peñoles

2200

lixt
Ja

ec
Río Azompa Río Albarradas

Tla
Río

ltep
Río
16 0

a
18

Ton
00
0

2000

Río
Río Cuilapan Río Teotitlán

Sierra Magdalena
1800 17º 00’

co
1600

1600

Se
Río
Río Zaachila
Tlacolula
Río Zorita
1800

Sierra Nueve Puntas


00 Río Tlapasola
22
2000

Río Guelavid Río Salado


0
200
1800
200 Río Mazatlán
Río Zimatlán 0
Río Teiticpac 2400

22
00
Zimatlán 2600
2000

Río Santa Cruz


Río Concepción Guialane
Ocotlán
r

Río Mixtepec
ado

00 Río Ocotlán
18 00
16
abr
00

00
el L

14
16

adrr
00

Río Toviche
Sie

Sierra la Bandita
18

96º 30’

10 0 10 20 30 km

Figura 1.2. Plano fisiográfico


de la cuenca superior del río Atoyac.
(Dibujo: C. Coronel, 2006.
Basado en Lorenzo, 1960: 49.)
28 | Oaxaca I Estudios

2000

N
0 10 km
Huitzo

3000
San José
Mogote 200
0
3000

Tierras Largas Oaxaca


Atzompa
2000

Monte Albán Teotitlán 2000

Macuilxóchitl
Río
Sa
Cuilapan lad
o Dainzú
Lambityeco Yagul
Zaachila Tlacolula Mitla
Caballito Blanco
Río Atoyac

2000
Xaaga

00
20
Zimatlán

3000
2000

Figura 1.3. Plano topográfico de los Valles Centrales


con los principales sitios arqueológicos.
(Dibujo: C. Coronel, 2006. Basado en Hartung,
1981, fig. 2.)

enclavados en el norte de la cuenca, asentamientos mando la barranca de El León, por donde corre el río
mixtecos y de otros grupos étnicos de la época pre- San Juan antes de unirse al Tehuantepec, que llega
hispánica que fueron dispersados hacia el este y el a los históricos sitios de Guevea y Guiengola (situa-
oeste de la misma cuenca poco antes —o como con- dos cerca de la presa Benito Juárez), poco antes de
secuencia— de la Conquista hispana. que desemboque en las Lagunas Grandes del Istmo.
Estudios históricos y etnológicos han propor- En el área de Tehuantepec, más conocida et-
cionado datos valiosos sobre los grupos culturales nográfica que arqueológicamente, se encuentran
asentados en los remanentes arqueológicos aún Juchitán, de habla zapoteca, y algunos poblados dis-
sin explorar dentro de la intrincada fisiografía oaxa- persos relacionados con los huaves, que por años
queña en la que predominan los grupos de habla fueron confinados dentro del área zapoteca, como
zapoteca. Sin embargo, y a pesar de la notable fal- lo explica Enrique Méndez (1975).
ta de estudios arqueológicos, se puede señalar que Justo donde convergen la cuenca alta del Atoyac
la expresión arquitectónica, escultórica y pictórica (o valle de Etla) y la cuenca de Tlacolula, por la que
que caracteriza el arte de Monte Albán tiene rasgos corre el río con ese mismo nombre (o río Salado),
diferentes de los que se observan en Mitla, Yagul, se localiza la actual ciudad capital de Oaxaca (la
Dainzú y otros sitios del valle de Tlacolula y, segu- antigua Antequera), en la que posiblemente residía
ramente, de otras áreas conexas. gran parte del asentamiento poblacional que sos-
Por ahora, sólo se menciona que al oriente de tenía —en términos económicos— al centro cívico-
Mitla, la cordillera atravesada baja hacia el sur for- ceremonial de Monte Albán; en dicho sitio se ubican,
Intercambio étnico y cultural | 29

asimismo, los vestigios arqueológicos del Cerro de formas de producción distinta. Es posible que am-
Atzompa. bos grupos mazatecos (ha shuta enima, como los
Sobre la margen derecha de la cuenca baja del río llama Eliseo López Cortés [1995: 133-173]) aún man-
Atoyac o valle de Zimatlán se localizan Xoxocotla, tengan las tradiciones rememorativas que tenía cada
Cuilapan, Zaachila y Zimatlán, mientras que sobre cacicazgo o señorío al adaptar el sistema de produc-
la margen izquierda del río se encuentran Ocotlán, ción más conveniente, para no alterar el hábitat en
Laachila, Ejutla y, un poco más al sur, las cuatro o que vivían en épocas remotas.
cinco cabeceras de los viejos señoríos de Coatlán. Los dos cacicazgos mazatecos están delimita-
En estos tres valles se situaron los mayores y dos al sur por el ancestral corte hidrológico que hizo
más conocidos asentamientos arqueológicos que el río Santo Domingo antes de descargar sus aguas
han sido objeto de varios estudios dedicados a su en las antiguas ciénagas de Vista Hermosa, que en
arquitectura monumental, al pensamiento cosmo- la actualidad engruesan el vaso de la presa del Oro
gónico (deducido de análisis étnicos e históricos o Miguel de la Madrid.
en observaciones astronómicas), a partir de la cerá- La Sierra Chinanteca, al sureste de la Mazateca,
mica doméstica y la ritual o a la temprana forma de está delimitada, al oriente, por la Cañada de Cui-
comunicación pictográfica (asociada a su sistema catlán, donde resulta difícil trazar una línea que la
numérico y su cuenta calendárica), así como aque- separe de la Sierra de Juárez, municipio de Ixtlán,
llos sobre la pintura mural localizada en las tumbas, habitada por los bene-xon o los llamados zapotecos
tratados por otros colegas en este mismo volumen. de la sierra Norte [lám. 1.9].
Por ello, el presente estudio se concentra en las Otra cañada de menor envergadura está forma-
otras áreas culturales que han sido tratadas en forma da por el río Valle Nacional y también se encuentra
aislada o poco integradas a un análisis global que re- enclavada en el gran macizo de la Sierra de Juárez.
fleje las relaciones comerciales y culturales que Forma parte de la Chinantla, que se extiende hacia
existían —y aún existen— entre los grupos étnicos el sureste incluyendo poblados conexos con los ríos
de Oaxaca y otros grupos de la misma región o con Caxones y Chiquito, donde un sinnúmero de aldeas
aquellos que, situados a grandes distancias, dejaron dispersas se ubican en la Sierra Atravesada, que va
huella de su amplia y constante interrelación cultu- reduciendo su altura conforme se desplaza al sur,
ral, como se señalará en los siguientes apartados. hacia el Valle de Tlacolula. Esta última región mon-
tañosa, ocupada por grupos de habla mixe, fue inva-
dida por zapotecos y aún se encuentran poblados
La región montañosa de la Chinantla de habla cuicateca (Barabas y Bartolomé, 1999: 44-
y la Sierra de Juárez 48, mapa: 55; Bartolomé et al., 1999: 57-71; Olivera,
Ortiz y Valverde, 1970) [láms. 1.7 y 1.10].
La división entre la Sierra Mazateca y la Sierra Zon- La Sierra Chinanteca, separada de la Mazateca
golica (en el estado de Puebla) es más política que por el río Santo Domingo, también estuvo dividida
fisiográfica, aunque la cañada por donde baja el río en grandes señoríos, compuestos por varios caci-
Eloxochitlán con dirección suroeste-noreste las cazgos que controlaban a los pueblos chicos y al-
separa física y etnológicamente. La cuenca del río deas dispersas dependientes política y económi-
Salado, al poniente, aparta el territorio mixteco del camente de un señorío que gobernaba cada región
de los mazatecos de la sierra, que se extienden has- ecológica: una denominada ahora Chinantla Gran-
ta el parteaguas de la Sierra Madre Oriental (lla- de y la otra Chinantla Baja o Chinantla Pichinche
mada Sierra de Oaxaca en esta porción), cuyas coli- [lám. 1.11].
nas llegan a la planicie costera de Veracruz, donde El actual poblado de Santiago Quiotepec (don-
se encuentra el grupo mazateco de las tierras ba- de el río Salado une sus aguas con las del Santo
jas y selváticas situadas en el extremo oriente del Domingo, y cuya fisiografía constituye la entrada
estado [lám. 1.8]. noroeste a la Cañada de Cuicatlán, formando una
La Sierra Mazateca ha estado habitada por una frontera natural en la que colindan los mazatecos
misma etnia dividida en dos nichos ecológicos con al noroeste, los mixtecos al suroeste y los zapote-
30 | Oaxaca I Estudios

Puebla

Veracruz Tabasco
San Juan
Bautista
Tuxtepec
Huajuapan
de León

Oaxaca
Guerrero de Juárez
Chiapas
Oaxaca

Cabecera municipal

Carretera
Veracruz
Ríos

Línea estatal

Ámbito de montaña

Ámbito de planicie baja

Puebla

Santa María Chilchotla


Santiago Texcaltcingo Santa Ana Ateixtlahuaca
San Lorenzo Cuahnecuiltitla
Presa
San Francisco Huehuetlán Miguel Alemán
San Pedro Ocopetatillo

San Jerónimo Tecoatl


Santa Cruz Acatepec
San José Tenango
A Tehuacán San Mateo Eloxochitlán
Teotitlán de Flores Magón San Mateo Yoloxochitlán San Pedro Ixcatlán
(Teotitlán del Camino)
San Lucas Zoquiapam
Huautla de Jiménez

Jalapa de Díaz

San Juan Coatzospam

Mazatlán Villa de Flores San Bartolomé Ayautla

A Oaxaca

Lámina 1.8. Mapa de la Sierra Mazateca con dos ámbitos


ecológicos: montaña y planicie baja, posiblemente
coincidentes con los antiguos cacicazgos (ha shuta enima).
(Dibujo: C. Coronel, 2006. Basado en López Cortés, 1995:
135. Corte: René Ramos Álvarez, Laboratorio de Sistemas
de Información Geográfica y Percepción Remota,
Instituto de Geografía, UNAM.)
Intercambio étnico y cultural | 31

Puebla

Veracruz Tabasco
San Juan Bautista Tuxtepec

Huajuapan de León

Oaxaca de Juárez
Guerrero
Chiapas
Oaxaca

A Tuxtepec Veracruz
S
ie
rr

Monte Negro
a

an
tap
J

ya
u

So
Río
á

es
re

San Pablo Macuiltianguis jon


Ca
z

Río a
Lan
La
Río
San Juan Petlapa San Juan Lalana

San Miguel Abejones Santiago Camotlán


San Juan Yoc
Santiago Lalopa
San Miguel Aloapan
San Juan Yatzapa
Santa Ana Yareni
Tanetze de Zaragoza Santa María Temaxcalapa
San Miguel Talea Santiago Choapan
San Idelfonso Villa Alta
Ixtlán de Juárez Santo Domingo Roayaga
Tajoncio Santiago Yaveo
Guelatao de Juárez
San Juan Tabaa Andrés Yaá
San Andrés Solaga
Santa Catarina Lachatoo San Melchor Betaza
Santa María Yalina San Bartolomé Zoogocho
Santiago Laxota
Santiago Zaachila

Villa Hidalgo Yalalag


San Francisco Cajones San Mateo Cajones
Cabecera municipal
Santo Domingo Xagacia
San Pablo Paganiza

Localidades
A Oaxaca
Carretera

Ríos

Línea estatal

Densidad poblacional
Lámina 1.9. Mapa del sector nororiental
de la Sierra de Oaxaca ocupada por los
zapotecas de la sierra Norte (Bene-xon).
(Dibujo: C. Coronel, 2006.
Basado en Ríos Morales, 1995: 176.
Corte: René Ramos Álvarez, Laboratorio de Sistemas
de Información Geográfica y Percepción Remota,
Instituto de Geografía, UNAM.)
32 | Oaxaca I Estudios

Mixteco Huave Chontal

Lámina 1.10. Mapa lingüístico de Oaxaca, Zapoteco Zoque Amuzgo

adaptado al mapa fisiográfico Cuicateco Triqui Tzotzil

en relieve por Jorge Angulo. Mazateco Negros Chocholteco


(Dibujo: E. Flores, 2003. Chinanteco Mexicano Ixcateco
Basado en Barabas y Bartolomé, coords., 1999.) Mixe Chantinos
Intercambio étnico y cultural | 33

Río Tonto

Mundo Nuevo

Arroyo Moctezuma

Ojitlán
Jalapa de Díaz
Tuxtepec
Playa Grande
Arroyo Grande El Castillo
Río Papaloapan
San José Chila
Los Pochotas
La Asunción
La Laguna
La Esperanza Arroyo Paso Canoa
Potrero Viejo
Río Santo Domingo Cobos

Arroyo Tlacuache Chiquihuitlán


Arroyo de Sal Sebastopol
Tlacuache
Pueblo Navillo Sumatra

Cerro Tlacuache Paso Limón Peña Rubia


Santa Rosa
Pueblo Nuevo
El Aguacate

Arroyo Tombar
Agua Pescadito
El Caracol

Arroyo Caego
Santa Flor Arroyo de Choapan

Arroyo Frijol
Usila

Río Usila Pueblo de Cerro Armadillo


Chiltepec
Mayultianguis

Amalco Arroyo Boca de Perro Pueblo Viejo


San Pedro Tlatepuzco Boca de Perro
Tlacuacintepec
Santiago Tlatepuzco Cerro Cangrejo
Tepetatutla San Juan Palantla
San Antonio del Barrio San José Unión
Cerro Armadillo
Cerro Viento

Decatepec
Cerro Marín
Ar
ro
Arroyo Zopilote yo
Arr de
oyo lG
Loma del Carmen de ua
lC ya
hile bo
Arroyo Colorado San Juan del Río
Chimantú
La Trinidad Vega del Sol

Cerro Bobo
Monte Flor Río Valle Nacional
Ar

Río
ro

La Huesca San
yo

Valle Nacional Cris


tób
Pa

al
la
nt
la

San Cristóbal
Hondura Cocuyo Rancho Rinconada
Yeria
Arroyo Banco
Arroyo Yeria
Monte Cristo

Arroyo Tinta Cerro Tinta

es
Río Grande jon
Ca
Río
Río San Felipe de León Hondura Azul ate
San Felipe de León Ozumazin Zac
oyo
Arr Arroyo Lodo
Loma Colorada Plan de las Flores
a
ler
pa
No a
la ut Loveni
de Fr Arr
o rro oyo
Rí Ce Río Puerco Tin
ta

Rancho Otate

La Esperanza
Mapa arqueológico de la región chinanteca
Rancho Fruta

Caminos Ruinas

La Nopalera
Ríos Rancherías

Arroyos Pueblos

Escala 1 : 125 000

Figura 1.4. Plano de la región chinanteca.


Información de Luis Orellana, Lorenzo Peón y Roberto Weitlaner,
recopilada por Agustín Delgado.
(Dibujo: C. Coronel, 2006. Basado en Delgado, 1956: 31.)
34 | Oaxaca I Estudios

cos al sureste) parece haber fungido como una sede ha recopilado en los cerros Armadillo, Tlacuache
política compartida por este mismo señorío, el de y Rabón, localizados entre los ríos Santo Domingo y
las dos Chinantlas y el mixteco, radicado en la pe- Valle Real, ahora llamado Valle Nacional. Precisa-
drera de Coixtlahuaca-Nochixtlán. mente en el área de los tres cerros y los dos ríos
En la Chinantla hay poblaciones mejor cono- arriba mencionados (que constituyen el corazón de
cidas por sus características etnográficas que por la Chinantla), bajo la supervisión de Roberto Wei-
su arqueología, y no está claro si los cacicazgos y tlaner y basado en los planos de Lorenzo del Peón
señoríos de la Chinantla Pichinche eran los mis- y Luis Orellana, Agustín Delgado (1956) inserta
mos que los de la Chinantla Grande en Quiotepec una cadena de sitios arqueológicos sobre las már-
y Ojitlán, con una sede o estancia en el actual Ja- genes de los ríos [fig. 1.4].
lapa de Díaz, donde intercambiaban todo tipo de En medio de estos límites fluviales se encuen-
mercaderías con los mazatecos que ocupaban la tra, estratégicamente situada a orillas del río que
margen izquierda del río Santo Domingo, el cual de- lleva su nombre, la población de San Felipe Usila,
bieron utilizar como medio de comunicación des- que parece haber fungido como una de las princi-
de Quiotepec hasta Tuxtepec. pales sedes del señorío de la Chinantla Grande,
Diversas referencias sobre la Chinantla Pichin- constituida por varios cacicazgos distribuidos entre
che sólo mencionan poblaciones ubicadas en la par- la ribera derecha del río Santo Domingo y las dos
te baja de la sierra, hacia la planicie costera, con márgenes del Usila, hasta la planicie que baja a
elevaciones menores de 350 msnm, entre las que Tuxtepec [lám. 1.11].
probablemente se localizan las ciudades-cabecera El río Usila, originado por los escurrimientos
—sedes de antiguos cacicazgos o de señoríos como procedentes de San Pedro Suchiapan, engruesa su
Tuxtepec y Choapan— y poblados de menor rango caudal en la confluencia del río que pasa frente a
a orillas de los ríos de caudal pequeño, como son San Juan Tlacuatzintepec y el río Verde, que baja
Lovani, Lalana y Lachixola. por la cañada frente a la población de Usila, como
En el estudio que María Teresa Pardo (1995: se ve en el mapa geográfico [lám. 1.11] y como que-
11-29) hace sobre los grupos contemporáneos que dó registrado por Carlo Antonio Castro en su calca
habitan la región, menciona que catorce de los die- del Lienzo de Tlacuatzintepec (Weitlaner y Castro,
cisiete municipios que la conforman: 1953: 108) [fig. 1.5].
Hay poblados que pudieron haber sido cacicaz-
[...] podrían considerarse como el corazón de la Chi- gos o señoríos, como el de Tepeuxila y San Juan
nantla: San Juan Bautista Tlacoatzintepec, San Pedro Quiotepec (diferente al de Santiago), donde los res-
Sochiapan, Ayotzintepec, San Felipe Usila, San José tos arqueológicos son más conocidos por haber sido
Chiltepec, San Lucas Ojitlán,* Santa María Jacatepec, saqueados antes que explorados, como sucede en
San Juan Bautista Valle Nacional,* San Juan Lala- el Cerro de la Guacamaya, cerca del pueblo Yólox,
na,* San Juan Petlapa, Santiago Jocotepec, San Pedro donde hay una tumba pintada con xicalcoliuhquis
Quiotepec, San Pedro Yólox y Santiago Comaltepec. entrelazados,8 similares al mosaico de piedra inserta-
En los tres municipios restantes, los chinantecos do en los muros de Mitla y al diseño textil que Her-
cohabitan con otros grupos indígenas: en San Juan mann Beyer (1965: 99) reproduce cuando analiza un
Comaltepec y Santiago Choapan, con zapotecos, conjunto de “grecas escalonadas” [figs. 1.6a, 1.6b].
mientras que en San Juan Bautista Atlatlahuaca [...] Es evidente que desde el Preclásico medio exis-
con cuicatecos. tía un intercambio económico y cultural entre los
pobladores del ámbito tropical de la Costa, la Cañada
A pesar de las confusiones, contradicciones o y la Sierra, puesto que, en los recorridos de explora-
doble filiación respecto del control de los pueblos
chicos y las aldeas dispersas de la Chinantla Grande * Considerados grandes centros de intercambio de las dos Chi-
y la Pichinche, la región de la Chinantla Grande es nantlas con otras etnias afines.
8 Este diseño mural de la Tumba 6 del Cerro de la Guacamaya, en
el área de la que se tiene más información especia- Yólox, lo describe Susana Díaz en el Catálogo (tomo II) de la pre-
lizada, sobre todo la de carácter arqueológico que se sente edición.
Intercambio étnico y cultural | 35

Puebla

Veracruz Tabasco
San Juan
Bautista
Tuxtepec
Huajuapan de León

Guerrero Oaxaca de Juárez


Chiapas
Oaxaca

San Juan Bautista


Tuxtepec

Xalapan
Ojitlán

ila
San Felipe Usila Us
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Río

San Juan Bautista


Valle Nacional
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San Juan
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o

Lalana

Choapan
Ixtlán
de Juárez

Lachixova

Ríos Chinantla Grande o Alta Lámina 1.11. Mapa de la región chinanteca (Tsa Ju Jmi)
señalando la Chinantla Grande o Alta y la Chinantla
Línea estatal Chinantla Baja o Pichinche
(señoríos compartidos) Pichinche.
Cabecera municipal (Dibujo: C. Coronel, 2006. Información tomada de Bevan,
Chinantla Baja o Pichinche
Localidad con menor concentración 1987: 16, Delgado, 1956: 31 y Delgado, 1966: 83.
chinanteca Corte: René Ramos Álvarez, Laboratorio de Sistemas
de Información Geográfica y Percepción Remota,
Instituto de Geografía, UNAM.)
36 | Oaxaca I Estudios

Figura 1.5. Copia del Lienzo de Tlacuatzintepec.


Calca realizada por C. A. Castro.
(Tomado de Weitlaner, 1953: 108.)

ción que hizo alrededor de Valle Nacional, Agustín cados de cañas (maíz o girasol) con un gobierno
Delgado (1956: 33) reporta materiales olmecas en diferente al de las áreas que la circundan”. Tal vez
los estratos inferiores, objetos del Clásico en depó- esta toponimia sea una alusión metafórica al espa-
sitos medios y cerámica de tipo mixteco tanto en la cio protegido por las inaccesibles montañas que es-
superficie como en tumbas, en las que se encuen- cudan o le restan fuerza a las turbas atmosféricas
tra mezclada con cuentas de vidrio veneciano. Este de aire caliente cargado de humedad que, al chocar
hecho señala el continuismo de los rituales y ce- con el aire frío de la sierra, provocan las tormen-
remonias, que se prolongaron hasta después de la tas huracanadas que con frecuencia devastan la re-
Conquista hispana. gión. Sin embargo, Pardo (1995: 8-10), menciona que
El término que da nombre a la Chinantla parece “hacia el año 1100 [...] dieron el nombre del gran
compuesto por los vocablos nahuas chinámitl, cerco señor [...] Quinan [...a la región y] que los mexicas
o escudo de cañas, y tlan(tia), territorio o poder de agregaron [...] el sufijo locativo tlan [...] Quinan-
gobierno, comprendido como “lugar o huertos cer- tlan [...] que se transformó en Chinantlan”.
Intercambio étnico y cultural | 37

Algunas descripciones —tanto antiguas como


modernas, como la de Teresa Pardo (1995)— indi-
can que el ámbito ecológico de la planicie costera
chinanteca ha sido rico en frutales y en toda clase
de productos tropicales, con posibilidad de obte-
ner dos cosechas de maíz al año o seis cosechas de
chile, tabaco, maíz, arroz9 y frijol. Aunque las refe-
rencias citadas corresponden a reportes de las úl-
Figura 1.6a. Xicalcoliuhqui en diseños bordados en textiles. timas décadas del siglo XX, se señala nuevamente
(Dibujo: R. Ramírez, 2003. Tomado de Beyer, 1965: 99.) que la lista de tributos registrada en el Códice Men-
docino refiere que desde Coixtlahuaca, en la Mixte-
ca Alta, hasta Cuicatlán en el área chinanteca, tribu-
taban cuentas de jade, plumas (tanto largas como
cortas), mantas de algodón y cargas de grana co-
chinilla, entre otras cosas [lám. 1.6].
Durante años se ha rechazado la idea de que
pudo haber una relación intermontana en regio-
nes como la Chinantla, donde era difícil estable-
cer una comunicación entre poblaciones separa-
das por profundas barrancas en las que hay ríos o
arroyos con poca agua. Sin embargo, Bernard Be-
van (1987: 28-32) observa que franquear las barre-
ras naturales se consiguió por medio de “puentes
colgantes o de hamaca”; puentes un tanto pareci-
dos a los que aún se utilizan para cruzar el río Te-
colutla, en Veracruz, y el Tembembe, en Miaca-
tlán, Morelos [fig. 1.7].
Considerando la dureza del suelo, el tipo de
vegetación y otras peculiaridades de los distintos
ámbitos ecológicos de la sierra, Edith Ortiz (2005:
701-703), basándose en referencias de Roberto
Weitlaner sobre el área en que vivían los chinan-
tecos (vinculada con los grupos mixes y zapotecos),
explora tres posibles rutas entre Valle Nacional y
la Costa del Golfo. En una de las rutas, Ortiz valo-
ra el esfuerzo que una persona desarrolla al ascen-
Figura 1.6b. Xicalcoliuhqui en sucesión. der y descender por las brechas de esa pesada se-
Tumba 6 del Cerro de la Guacamaya, rranía con una carga de treinta kilogramos en la
cerca del pueblo de Yólox.
espalda, y con ello calcula el tiempo y la energía
(Reprografía: G. Vázquez, 2001.
Archivo Técnico del INAH.) empleados para transportar mercaderías por los
caminos o veredas que probablemente utilizaron
para acarrear la gran diversidad de materias primas
y objetos manufacturados, los cuales evidencian
el trueque regional y el intercambio a larga dis-
tancia que existió desde etapas muy tempranas.

9 Este producto no existía en el ámbito mesoamericano y fue traído


de Oriente en el siglo XVI.
38 | Oaxaca I Estudios

Figura 1.7. Puente colgante o de hamaca sobre


el río Tembembe, Miacatlán, Morelos.
(Foto: J. Angulo, 1969.)

Complementando la investigación interdisci- La Cañada de Cuicatlán en la Chinantla


plinaria, Gerardo Gutiérrez, Peter van Rossum y la y el área mixteca
misma Edith Ortiz (2001: 11-20) encuentran que,
además del estudio de las formas, el estilo y el con- Se ha mencionado que no es clara la división fisio-
tenido iconográfico de los tiestos cerámicos, el bom- gráfica ni la filiación que los cacicazgos chinantecos
bardeo de electrones, la espectroscopia de gases, la y cuicatecos tenían dentro de la Cañada de Cuica-
difracción de rayos X y otras pruebas físico-quí- tlán, puesto que en todo este conjunto montañoso
micas aplicadas a las materias primas de los compo- se encuentran hablantes bilingües y trilingües del
nentes cerámicos localizados en sitios arqueológi- mazateco, mixteco, chinanteco, popoloca, zapote-
cos a lo largo del río Caxones, contienen los mismos co, cuicateco, mixe y hasta náhuatl entremezclados
minerales que los de la cerámica de Mitla y los lo- con el español, como lo refieren Alicia M. Barabás
calizados en algunos sitios de la Costa del Golfo. Es y Miguel A. Bartolomé (coords., 1999, vols. I y II).
decir, que el resultado de ese estudio confirma que Sin aludir a límites políticos ni territoriales espe-
hubo una red de intercambio entre la costa, la mon- cíficos, algunos trabajos consideran que la Cañada
taña y los valles, tal como Kent Flannery, Joyce Mar- de Cuicatlán comprende el nudo montañoso de la
cus y otros autores (Flannery y Marcus, eds., 1983) Chinantla, delimitada por la Sierra de Juárez, de
consideran que ocurrió desde el Preclásico medio la que bajan los arroyos que forman la cañada de
—o antes— entre San José Mogote, Monte Albán y gran envergadura por la que corre el río Grande y
otros sitios. separada por una abrupta serranía de otra cañada
más estrecha por la que corre el río de las Vueltas. So-
bre las márgenes, laderas y cimas de ambas cañadas,
Intercambio étnico y cultural | 39

se han localizado restos arqueológicos de aldeas y queológicos [...hasta] un conjunto de plataformas


poblaciones pequeñas sobre terrazas de cultivo [...que] se escalonan estratégicamente al borde de
que en otra época estuvieron irrigadas por arroyos un precipicio [...y así se llega hasta] el conjunto lla-
y los mencionados ríos. mado “la Iglesia”, formado por cuatro pirámides
Otros trabajos excluyen los poblados del conjun- distribuidas en una plaza.
to montañoso chinanteco y la parte alta o inicial
de la cañada del río Grande, pero incluyen los po- De acuerdo con el análisis de los tiestos cerá-
blados del río de las Vueltas y su trayectoria sobre micos, formas arquitectónicas de los edificios, las
la cañada donde se junta con el río Grande. Ambos tumbas y otros materiales arqueológicos, Pareyón
cauces, que en su recorrido van recogiendo agua menciona que cronológicamente se trata de un si-
de los diversos ríos intermitentes y de los arroyos tio ocupado durante la época Monte Albán IIIa y
que bajan de las montañas circundantes, se despla- IIIb que sobrevivió hasta Monte Albán V, cuando
zan, con un ángulo menor a los 30°, hasta juntarse se entrelaza con los grupos de la Mixteca Alta o la
casi frente al pueblo de Cuicatlán, donde se unen Baja en la región poblana.
al río Tomellín o San Antonio, que baja del “nudo En varias exploraciones y recorridos de super-
mixteco” o sierra de Noxichtlán-Coixtlahuaca. ficie efectuados en la cañada del río Grande por
De la misma pedrera de Coixtlahuaca baja el Charles Spencer (1982), primero, y por Elsa M.
río Apoala (origen mítico de los linajes mixtecos), Redmond y Charles S. Spencer (1983: 117-120; 1994:
que pasa por Jaltepetongo10 y, casi frente a los 208-210) después, se observaron restos arqueoló-
pueblos Cuicatlán (en la margen derecha) y Vale- gicos del Preclásico medio y del Clásico (650 a. C.
rio Trujano (en la ribera izquierda), se une al cau- a 600 d. C.) sobre la cima de la cañada y, sobre la
dal de los ríos Tomellín y Grande para continuar ladera poniente del río de las Vueltas, se localiza-
su trayecto (sureste-noroeste) hasta el pueblo de ron restos de un acueducto de la época Monte Al-
Santiago Quiotepec. Al encontrarse en este punto bán II con sedimento de semillas tropicales.
con la corriente opuesta del río Salado, provenien- En otra de sus investigaciones, Spencer y Red-
te del valle de Tehuacán-Teotitlán, se crea el remo- mond (1983, Topic 17: 71-72) hallaron, en la margen
lino que forma una hondonada entre los poblados izquierda del río de las Vueltas, un conjunto de ca-
de Santa María Tecomavaca y Santiago Quiotepec, sas residenciales en espacios abiertos o plazas de
conocida por los habitantes de la región como “la cuarenta o cincuenta metros llamado La Coyo-
Olla”, que parece extenderse al sur (véase cotas de tera, donde exploraron una estructura —al pare-
nivel en esta sección), hasta San Juan Bautista cer, la principal— en la que probablemente habitó el
Cuicatlán y Valerio Trujano [lám. 1.12]. jefe o cacique cuyos restos fueron enterrados en
Después de realizar una prospección en esa un reducido sector de esa estructura [lám. 1.12].
área con pozos de sondeo arqueológicos en un sitio En las planicies de la cañada del río Grande se
prehispánico sobre la cima de la montaña que divi- registraron más de doce sitios con estructuras pira-
de la zona mazateca de la chinanteca, Eduardo Pa- midales de dos a cuatro metros de altura, frente a
reyón (1960: 97-104) reporta que, sobre “un macizo una plaza rodeada por montículos; sobre las laderas
de cerros que se desprenden de la sierra como pe- y los abanicos aluviales cercanos a los playones
nínsula”, hay una extensa planicie (en apariencia, donde realizaban sus cultivos de humedal, se halló
natural) conocida como: un buen número de ringleras de piedra que pudie-
ran corresponder a las aldeas dispersas que se distri-
[...] la ciudad vieja de Quiotepec [...] al pie de ele- buían sobre las terrazas de cultivo.
vados acantilados [...] De allí el camino asciende Correspondientes al Epiclásico o al período Pos-
[...] bordeando laderas y cimas que tienen restos ar- clásico (800-1520), Redmond y Spencer (1994: 212)
registraron alrededor de 48 ha sobre la cima de la
montaña de la cañada, en las que observan sitios
10 Sitio con una tumba pintada, descrita por Raúl Matadamas en el
Catálogo (tomo I) y en el estudio arqueoastronómico de Daniel con una plaza grande circundada por edificios de
Flores, dentro del tomo IV de los Estudios. aparente carácter religioso o residencial, así como
40 | Oaxaca I Estudios

San Lucas Zoquiapam


Ignacio Mejía Huautla de Jiménez
San Martín Toxpalan
Huautepec

La Toma
El Camarón

San Juan de los Cues San Juan Coatzospam


Aguacatitla
Mazatlán Villa de Flores San Bartolomé Ayutla

Chilquihuitlán de Benito de Juárez


Santa Ana Cuauhtémoc
Santa María Tlalixtac

Santa María Tecomovaca Cuyamacalco Villa de Zaragoza San Andrés Teotilalpam


San Francisco Chapulapa
San Miguel Santa Flor

Santiago Quiotepec
Peña Blanca
San Lorenzo Pápalo

San Juan Bautista Tlacoatzintepec


Tecomaltianguisco
Concepción Pápalo

San Pedro Sochiapam

San Juan Bautista Cuicatlán Santos Reyes Pápalo San Juan Zapotitlán

Santa María Pápalo


San Pedro Jocotipac Valerio Trujano

Santa María Texcatitlán El Chilar San Juan Tepeuxila


San Sebastián Tlacolula
ola San Pedro Jaltepetongo
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Río
La Coyotera
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Santiago Dominguillo ío
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Santa María Apazco nd
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Tierra Colorada
de

San Juan Quiotepec


las
Vu

San Juan Tonaltepec


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lt a
s

San Juan Bautista Atatlahuca

Santiago Nacaltepec

Cañada de Cuicatlán

Mayor profundidad

Profundidad media

Menor profundidad Lámina 1.12. Pueblos antiguos y modernos


Sitio arqueológico
de la Cañada de Cuicatlán, entre el río Grande,
río de las Vueltas y río Tomellín.
Cabecera municipal
(Dibujo: C. Coronel, 2006. Basado en Hunt, 1972: 170
Localidad y en Redmond y Spencer, 1983: 118.
Corte: René Ramos Álvarez, Laboratorio de Sistemas
de Información Geográfica y Percepción Remota,
Instituto de Geografía, UNAM.)
Intercambio étnico y cultural | 41

varias estructuras de menor tamaño que posible- (1967: 15-17) reporta el mismo tipo de conforma-
mente eran parte de los caseríos dispersos en las ción en las laderas de Hierve el Agua (muy cerca
mismas terrazas. de Mitla), en cuyas abandonadas terrazas de cul-
Eva Hunt (1972: 169-173) encontró que los ma- tivo hay remanentes habitacionales con materia-
teriales que predominan en la cañada tienen alguna les arqueológicos de varias épocas.
semejanza con los de San José Mogote y reportó No sería extraño que durante las épocas Mon-
más de veintiséis sitios grandes con plazas delimi- te Albán II y III, contemporáneas a Tlamimilolpa-
tadas por montículos piramidales, juegos de pelota Xolalpan, varios sitios mesoamericanos hubiesen
y otros sitios de menor tamaño de las épocas I y II de compartido conceptos y conocimientos sobre el ma-
Monte Albán, correspondientes al tiempo cuando nejo de las aguas adaptados al propio ámbito fisio-
el dominio zapoteco llegó a esta región (300 a. C. a gráfico, puesto que tanto en la Cañada como en mu-
200 d. C.). Sin embargo, en la siguiente época cul- chos otros sitios prehispánicos se encuentran restos
tural de Monte Albán II y IIIa (200 a 500 d. C.), las teotihuacanos con la misma distribución residen-
terrazas de cultivo se multiplicaron sobre los nive- cial con la que las elites imitaban el sistema de orga-
les altos de la cima, donde hay más remanentes de nización política que —se dice— era distintivo de
aldeas dispersas que de la época anterior, mientras la urbe teotihuacana.
los tiestos y otros rasgos zapotecos se fueron susti- Es probable, asimismo, que la ocupación de los
tuyendo por objetos cerámicos y perfiles arquitec- cargos técnico-administrativos en manos de una
tónicos más semejantes a los teotihuacanos. elite teotihuacana de la época Xolalpan (Monte Al-
De modo similar a lo ocurrido en ambas márge- bán III) se hubiese difundido durante la expansión
nes del río de las Vueltas y en la cañada por don- del sistema de control político que se diseminó sobre
de corre el río Grande, en el macizo montañoso lo- la Cañada de Cuicatlán, los pueblos del señorío Pa-
calizado al norte, hay pueblos grandes y chicos, así paloticpac y la Chinantla Pichinche que extendía su
como aldeas dispersas entre las numerosas terrazas dominio hasta Tuxtepec y otros sitios en la planicie
y los playones del río Chiquito. En otra época, este costera, donde los restos arqueológicos sugieren
último irrigaba los cultivos abandonados que se en- un constante intercambio comercial a lo largo de
contraban en las laderas y en los niveles más altos ésta y otras vías entre Teotihuacán y la zona maya.
de todos los poblados de “apellido” Pápalo, tales Posiblemente, la ruta por la Chinantla fue re-
como Santa María, Santos Reyes, San Lorenzo y La legada a segundo término por los zapotecos de la
Concepción, que en la antigüedad pudieron haber época Monte Albán III, confiriéndole mayor impor-
sido cacicazgos del señorío de Papaloticpac, encla- tancia al camino que parte del valle de Tlacolula
vado entre los cacicazgos mazatecos, cuicatecos, rumbo a Yalalag, Santiago Choapan, Lalana y otros
chinantecos y zapotecos, como lo percibe Eva Hunt poblados sobre el río Caxones, por donde también
(1972: 178) [lám. 1.13]. se llega a las planicies costeras de Veracruz.
Resumiendo el trabajo de sus colegas en la Ca- Varios trabajos han hecho notar la abundancia
ñada de Cuicatlán, Kent Flannery (1983, Topic 94: de materiales y rasgos culturales asociados a las
336-339) confirma que en el área del Papaloticpac, épocas Tlamimilolpa-Xolalpan de Teotihuacán (300-
poco antes de que las aguas del río Chiquito se 650 d. C.) en esta región y, en general, en zonas
unan a las del río que corre por la cañada del río ubicadas hacia los cuatro puntos cardinales, con las
Grande, hay huella de represas, terrazas, canales que hubo un intenso intercambio comercial y cul-
de irrigación cubiertos de travertino fosilizado y, tural realizado a través de una extensa red de po-
sobre los abanicos aluviales o playones sobre las blados multiétnicos que participaron activamente.
laderas, existen evidencias de cultivos de tempo- Sería difícil determinar los inicios del inter-
ral que datan del período Clásico. cambio comercial, interétnico y cultural, cuando
Es claro que el sistema de terrazas en las laderas sólo tenemos hipótesis de intercambios glotocro-
de cerros y montañas era una práctica generalizada nológicos (ocurridos por asociación de grupos étni-
entre las culturas prehispánicas desde el Preclási- cos cuyo registro del ADN está aún en etapas de poca
co hasta el Posclásico, puesto que James A. Neely certidumbre; no se ha llegado a la fase comparati-
42 | Oaxaca I Estudios

San Francisco Chapulapa

Santiago Quiotepec
Peña Blanca
San Lorenzo Pápalo San Felipe Usila

San Juan Bautista Tlacoatzintepec


Tecomaltianguisco
Concepción Pápalo

San Pedro Sochiapam

Santos Reyes Pápalo San Juan Zapotitlán


San Juan Bautista Cuicatlán

Santa María Pápalo


Valerio Trujano

Si
San Juan Tepeuxila er
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Santiago Dominguillo
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San Juan Quiotepec


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San Pedro Yólox


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San Juan Tonaltepec


s

Santiago Comaltepec

San Juan Bautista Atatlahuca San Pablo Macuiltianguis

Santiago Nacaltepec

Pueblos cabecera cuicatlecos Lámina 1.13. Poblaciones o cacicazgos del señorío


de Papaloticpac enclavadas entre la Sierra Chinanteca
Pueblos cabecera del Papaloticpac
y la Cañada de Cuicatlán.
Pueblos chinantecos
(Dibujo: C. Coronel, 2006. Basado en Hunt, 1972: 170.
Corte: René Ramos Álvarez, Laboratorio de Sistemas
Otras localidades de Información Geográfica y Percepción Remota,
Instituto de Geografía, UNAM.)
Intercambio étnico y cultural | 43

va) y esporádicos hallazgos arqueológicos que no S. J. B. Atlatlauhca y S. J. B. Jayacatlán, conecta-


corresponden a una investigación sistemática que das con la mencionada sede establecida en San-
abarque extensas regiones, en vez de sitios aislados tiago Quiotepec, donde los señoríos circundantes
cuyos materiales ajenos únicamente sugieren la tenían un enclave representativo.
ocupación casual, temporal o impositiva de cultu- Se ha dicho que Santiago Quiotepec fungía co-
ras situadas a gran distancia. mo el principal centro de intercambio entre los pue-
Sin embargo, si la teoría sobre la expansión teo- blos mazatecos, chinantecos, cuicatecos, zapotecos y
tihuacana ocurrió como lo indica el material ar- mixtecos, y ahora se añade la referencia planteada
queológico de las épocas Tlamimilolpa-Xolalpan, por Eduardo Pareyón (1960: 97): “seguramente el
esas rutas de comercio sólo pudieron haber sido cañón fue el camino que en la época prehispánica
realizadas con el apoyo de las huestes de guerre- unió las ciudades de Quiotepec-Tecomavaca y las
ros mercenarios de los primeros grupos de habla de la región cuicateca con las tierras planas de
náhuatl o mixteca que protegían a los embajadores- Tehuacán y con las del Valle de Oaxaca”.
comerciantes de la gran urbe durante sus trayec- A pesar de la cercanía fisiográfica y la vieja re-
torias de intercambio comercial y cultural en las lación comercial entre cuicatecos y chinantecos,
diversas áreas mesoamericanas, como se describe los grupos de la Mixteca Alta y en especial los que
en otros trabajos (Angulo: 1996, 1997). ocuparon las pedreras de Coixtlahuaca y de No-
Si fuese correcta la hipótesis sobre la presen- chixtlán han estado más relacionados —cultural y
cia teotihuacana en la Cañada de Cuicatlán, en la lingüísticamente— con los grupos que viven en la
Chinantla y, en especial, en el señorío del Papalo- Cañada de Cuicatlán. Los lingüistas consideran
ticpac, debió efectuarse a través de convenios co- que, entre las lenguas tonales del macrootoman-
merciales o asociaciones político-matrimoniales gue, el idioma cuicateco tiene más variantes foné-
en las que participaron grupos de lengua y cultura ticas, pues en sus trabajos de campo han obser-
cuicateca11 y, muy en especial, los mixtecos, a los vado que se pueden comunicar de una barranca a
que, adelantando la idea que se ampliará adelante, otra por el sólo cambio del tono o de la intensidad
pudiera identificarse como los enigmáticos tlailotla- de los silbidos utilizados como una clave descifra-
que, que regresaron de, o a Teotihuacán, según los ble únicamente por el grupo clánico-familiar, aun-
describe la tradición histórica. que se hayan convertido en vecinos lejanos.
De acuerdo con las investigaciones de Eva Hunt En el intenso y extenso estudio realizado por
(1972: 162-246), el señorío de Cuicatlán pudo estar Eva Hunt (1972: 215), se indica que:
constituido por dos o tres linajes. Uno con sede en
Santiago Quiotepec, con pueblos-cabecera como Cuicatlán, en náhuatl, significa ‘tierra que canta o
el de San Juan Bautista Cuicatlán, El Chilar y el de tierra de cantores’, concordando con el significado
Santiago Dominguillo, frente a La Coyotera. San que A. Caso le atribuye al símbolo de la palabra o
Juan Quiotepec parece haber sido el centro rector del llanto. En la Relación de Cuicatlán se menciona
del linaje que controlaba a los pueblos de la ladera que el nombre de ese cacicazgo fue dado por la cor-
noreste del río Grande, como Santiago Comalte- dillera que circunda al pueblo. En el siglo XVI, los
pec, San Pablo Macuiltianguis y San Pedro Yólox, hispanos registran toda el área con el nombre en
donde los cuicatecos mantenían contacto cordial zapoteca de Guetrabaco [sic], que según los Papeles
con los chinantecos, mixes y zapotecos [véase de la Nueva España (PNE IV: 184), significa “Monte
lám. 1. 11 y fig. 1.4]. que Canta o de Cantantes”.
Parece que otro de los linajes controlaba la ca-
ñada del río de las Vueltas, donde hay varias pobla- El topónimo que en el Códice mendocino iden-
ciones con el nombre de San Juan Bautista, como tifica a Cuicatlán lo forma una máscara con una
gruesa vírgula de la palabra; ésta tiene divisiones
en su interior, las cuales separan lo que pudiera
11 La lengua cuicateca pertenece a la familia macrootomangue, se
representar un conjunto de mosaicos entre peque-
relaciona con la mixteca y contiene elementos del náhuatl antiguo. ñas vírgulas, mientras que el exterior de su borde
44 | Oaxaca I Estudios

mortuorio de Quetzalcóatl hasta la montaña pedre-


gosa de la Olla, para celebrar la fundación del sitio
sagrado. En los comentarios que Alfonso Caso hace
del Códice Baranda (1989: 37), compara el topóni-
mo del “cerro que habla o grita” con el de otros có-
dices, y menciona que en el Baranda sólo “aparece
una cabeza de la que salen líneas onduladas como
símbolo de la palabra, mientras que en el Rollo Sel-
den la cabeza humana está colocada sobre una olla y
de la boca salen múltiples vírgulas de la palabra que
decoran el cuerpo de una serpiente”. A tal descrip-
ción se añade que a lo largo del cuerpo de la serpien-
Figura 1.8. Topónimo de Cuicatlán te se desplaza una franja de huellas de pie, tantas
(Matrícula de tributos) del Códice mendocino,
veces identificadas como camino [fig. 1.9].
lámina XLV. Representa una máscara
con una elaborada vírgula del sonido.
Es posible que la olla emplazada sobre grandes
(Dibujo: A. Reséndiz, 2006.) rocas —o conjunto de montañas escalonadas o terra-
ceadas que circundan el sitio donde los ríos con
corrientes opuestas se topan— indicara la hondo-
nada topográfica, como la define el diccionario,12
lleva una serie de plumas cortas de un ave canora representada iconográficamente con la forma de
[fig. 1.8]. una olla, a la que se refieren los habitantes de Quio-
En el lienzo posthispánico al que Alfonso Caso tepec y Tecomavaca.
(1961: 251-271) denomina “Antonio de León” y que, El estudio que Eva Hunt (1972: 176-214) hace
al conocer su procedencia, Elizabeth Boone (2000: del Rollo Selden confirma que al topónimo de Cui-
145-161) nombra Lienzo de Tlapiltepec se repre- catlán lo patentiza ese “conjunto de rocas o mon-
senta, al igual que en el Rollo Selden, el origen mí- tañas superpuestas con una olla de la que sale una
tico o histórico del linaje de los fundadores de las cabeza humana que emite una larga perorata, repre-
dinastías mixtecas. sentada por una serpiente con el lomo cubierto de
Elizabeth H. Boone (2000: 145-161) menciona pequeñas vírgulas de la palabra y huellas de pie a
que el linaje de gobernantes de ese señorío debió lo largo de la misma”.
controlar todos los poblados de la región nominada Tal vez esa “larga perorata” sea una alusión a un
en mixteco Yucucuy (Cerro Verde o de las Puntas, en dirigente del grupo que llora o canta con falsete du-
español), por la que corren los ríos Plumas de Quet- rante sus interminables discursos, mientras que las
zal y Piedras de Jade o de Turquesa y en la que se huellas de pisadas humanas que se extienden para-
ubica Tlapiltepec, de acuerdo con la proposición que lelamente a la serpentina elocución podrían justifi-
Jansen y Gaxiola hacen al respecto (Boone, 2000). car la “sucesión del mismo linaje en el poder”, como
En el mapa fisiográfico se observa que como a lo señala Elizabeth Hill Boone (2000: 153), si no es
cinco kilómetros al norte de San Mateo Tlatilte- que aluden al camino que existía entre el señorío de
pec, el río de las Plumas circunda la población de Coixtlahuaca y una de sus sedes en Quiotepec.
Tlacotepec y continúa por Santiago Ilhuitlán-Plu- Asociado al conjunto de montañas escalonadas
mas, mientras que el río que baja de Santo Domingo o superpuestas, un glifo del año al estilo mixteco
Tonaltepec (ambos nombres con un significado aso- y náhuatl está acompañado de la cabeza de un co-
ciado al sol), San Juan Coixtlahuaca, Suchixtlahua- nejo con un punto como numeral y, más abajo, lo
ca y Tequixtepec, antes de unirse al río de las Plumas que pudiera ser la cabeza descarnada del miquiztli
y formar el Xiquilá, se une al caudal del río Salado
como a ocho kilómetros al norte de Tecomavaca.
En ambos documentos se repite una escena en 12 Hoya: concavidad en la superficie terrestre o en una planicie ro-
la que cuatro personajes llevan a cuestas el bulto deada de montañas.
Intercambio étnico y cultural | 45

Figura 1.9. Detalle del Rollo Selden.


Posible topónimo Quiotepec
con cabeza del señor de Cuicatlán.
Ámbito montañoso con una olla
(hondonada de Tecomavaca-Quiotepec),
con una cabeza que habla (¿tlatoani?),
serpiente con pequeñas vírgulas
del sonido sobre su lomo y un largo camino.
(Dibujo: A: Reséndiz, 2006.
Tomado de Boone, 2000: 156.)

Figura 1.10. Detalle del Lienzo


Antonio de León o Tlapiltepec.
Olla dentro del nudo montañoso
con un cerro torcido, abajo
de una serpiente de cascabel
que lleva en el lomo
una hilada de vírgulas del sonido.
(Dibujo: A: Reséndiz, 2006.
Tomado de Boone, 2000: 157.)
46 | Oaxaca I Estudios

con el numeral siete. Es claro que ese tipo de glifos o cacicazgo del mismo señorío de Papaloticpac),
calendáricos fueron realizados en el período Posclá- se localiza la población de Tepeucila, otra cabecera
sico y que —de acuerdo con las correlaciones ca- del señorío de Cuicatlán. En ella, según Carmen
lendáricas de Alfonso Caso (1967: 85)— el año ce Herrera y Ethelia Ruiz (2000: 85), se tributaban
tochtli chicome miquiztli (1 conejo 7 muerte) corres- cuentas, barras, tejuelos, pectorales en forma de ma-
ponde al año 1038 para los mexicas o al 1026 para riposa y algunas joyas de oro, como escudos con
los mixtecos (Caso, 1977: apéndice III). Sin embargo, diseños del xicalcoliuhqui registrado en el lienzo,
si fuese un acontecimiento histórico convertido y otras más en forma de lepidópteros, como refe-
por el tiempo en mítico, la fecha conmemorativa rencia al señorío del Papaloticpac [lám. 1.14 y figs.
podría ser cambiada para etapas anteriores, en múl- 1.11a, 1.11b].
tiplos de los cincuenta y dos años que determinan Muy parecido a las representaciones del lienzo
los ciclos calendáricos; es decir que restándole de Tepeucila (Tepe[tl]-Uxila) hay un yugo de piedra
cinco ciclos de cincuenta y dos años daría el año verde con la figura en relieve de Xochipilli-Macui-
570 d. C., en la correlación mexica, o el año 558 en xóchitl encontrado en la misma cañada. No se pue-
la correlación mixteca, y ambas coinciden con la de ignorar el estilo de aentrelaces tajinescos y teo-
expansión teotihuacana de la época Xolalpan. tihuacanos con los que se resalta la importancia de
Otra representación pictográfica con los mis- la mariposa, relacionada no sólo con las deidades
mos elementos simbólicos que los descritos en el referidas, sino con el mismo señorío de Papalotic-
Rollo Selden se encuentra en el Lienzo Antonio de pac del que se ha venido hablando [fig. 1.12].
León (o Tlapiltepec) y en el Códice Baranda (1989:
38), en el que Alfonso Caso señala que el topó-
nimo de Cuicatlán está compuesto por una “olla”
en medio de un cúmulo de rocas que se entrelazan
formando un nudo montañoso dentro de un “cerro
torcido”, y añade que se trata de un diseño igual al
de la glífica náhuatl cuando representa a un “Chi-
comoztoc”13 como el emblema genérico utilizado
para señalar los sitios sagrados o para indicar algún
centro de origen y poder [fig. 1.10].
Por su parte, Elizabeth H. Boone (2000: 158-161)
señala que, sobre la parte superior del topónimo,
la escena representa una asociación matrimonial
o sucesión hereditaria que relata la filiación y pro-
cedencia de un personaje, identificado por la ser-
piente de cascabel con las vírgulas del sonido sobre
su lomo. Es posible que éstas fuesen la abstracción
de la perorata o los cantos sinfín asociados a los
cuicatecos subordinados al señorío de esa zona
pedregosa y rodeada de cactáceas que caracteriza
el área de Coixtlahuaca-Nochixtlán.
Al noreste de la Cañada de Cuicatlán, donde se
encuentran los poblados con nombres de santos y
todos con “apellido” Pápalo (tal vez utilizado como
apócope en el siglo XVI para diferenciar cada pueblo Lámina 1.14. Pectorales en forma de escudos
de guerra, mariposa y cuentas de oro
similares a los tributos del Lienzo de Tepeucila.
Sala de Oaxaca (MNA).
13 Topónimo identificado por Luis Reyes como Cholula, según la (Edición digital: E. Flores, 2003.)
nota 30 de E. Boone (2000: 150)
Intercambio étnico y cultural | 47

Figura 1.11a. Copia de la Tira en papel


de Tepeucila. Lista de tributos que pagaban
al encomendero Andrés de Tapia en 1535.
(Dibujo: A. Reséndiz, 2006.
Tomado de Herrera y Ruiz, 2000: 84.)

Figura 1.11b. Sección amplificada


de la Tira en papel de Tepeucila. Señala tejuelos
y cuentas de oro, escudos incrustados de mosaico
con cascabeles de oro, grupos de 45 canutos con
polvo de oro y pectorales de Xochiquetzal
o Macuixochitl de oro, entre otras joyas de este metal.
(Dibujo: A. Reséndiz, 2006. Tomado de Herrera
y Ruiz, 2000: 84.)
48 | Oaxaca I Estudios

Figura 1.12. Yugo de piedra verde


con la efigie del dios mariposa.
Procede de Boca del Monte
en la Cañada de Cuicatlán.
(Dibujo: A. Reséndiz, 2006.
Tomado de Covarrubias, 1961: 201.)

Lámina 1.15. Segmento de la pintura mural de Tepantitla


llamada Tlalocan. Cultura teotihuacana.
Figura con una larga serie de vírgulas del sonido
(similar al topónimo de Cuicatlán), asociado
al emblema de montañas de nubes o de lluvia.
El personaje circundado de mariposas (papalotl)
llora sobre el cauce de un río que irriga plantas tropicales.
(Copia del mural: C. Angulo, s. a.)
Intercambio étnico y cultural | 49

a b c

Lámina 1.16. a) Vasija teotihuacana pintada


al fresco con diseños de mariposa y
b) el topónimo “montañas de nubes” (colección MNA).
c) Mariposa sostenida por una mano, detalle de
pintura mural en el conjunto 5-A de Teotihuacán,
conjunto del Sol, cuarto 12, mural 5.
(Fotos: a) Archivo de J. Angulo; c) P. Cuevas, 1991.
Dibujo: b) C. Angulo, s. a.)

En una escena representada en el conocido mu-


ral teotihuacano llamado el Tlalocan, se encuentra
una figura antropomorfa con lágrimas y una larga
sucesión de volutas del sonido, que metafóricamen-
te indican que el individuo habla en tono de llanto
a b
o canta en falsete, al igual que las representacio-
nes en los códices descritos, sólo que en este mural Figura 1.13. Representaciones del señorío
esa larga serie de volutas que salen de su boca ter- de Papaloticpac en códices posteriores a la Conquista:
a) Códice Porfirio Díaz; b) Códice Fernández Leal.
mina en una flor marchita, cerca de la mariposa
(Dibujo: A. Reséndiz, 2006.)
que vuela sobre la figura. Es obvio que si el marco
inferior del mural representa un ámbito tropical
por el que corre un río irrigando campos de cul-
tivo con plantas de maíz y un árbol de cacao, no
pudo haber existido en Teotihuacán, pues el cacao Es posible que el teotihuacano utilizara el ico-
sólo crece en climas cálidos como la cañada y la cos- no de la mariposa como referencia al señorío del
ta, como se explica en otro lugar (Angulo, 1996: Papaloticpac [fig. 1.13], con el que debieron tener
118) [lám. 1.15]. estrechas relaciones durante la época Xolalpan
Sobre esa larga sucesión de volutas del sonido (550-650 d. C.). Lo sugiere la abundancia de mari-
y cerca de la mariposa, hay un símbolo que von posas representadas en el mural Tlalocan y en otros
Winning (1987, II: fig. 14) identifica como nubes o objetos, de lo que se pudiera asumir que había un
montañas de lluvia. Se trata de un topónimo simi- grupo teotihuacano en Papaloticpac o que, de
lar al de la parte posterior de una vasija pintada al acuerdo con la tradición oral, eran los tlailotlaque
fresco, que por el frente tiene otra mariposa (pa- (los que regresaron a Teotihuacán) quienes mane-
pálotl en náhuatl) parecida a las plasmadas en el jaban el intercambio a larga distancia, ya que la
mural de Tepantitla. [lám. 1.16]. flor marchita al final de la hilera de palabras y las
50 | Oaxaca I Estudios

lágrimas sobre el rostro del personaje podrían in- ción poniente-oriente sobre la cañada de Quiecha-
dicar la ruptura sociopolítica y económica entre el pa, hacia San Carlos Yautepec, Santa María Tavea y
señorío cuicateco y la gran urbe teotihuacana Santo Domingo Narro. En dichas poblaciones, los
[lám. 1.15]. hablantes de cuicateco comparten terrenos con
grupos de habla mixe y zapoteca, como lo señala la
distribución lingüística antes referida por Barabas
¿Serían teotihuacanos los tlailotlaque, y Bartolomé (coords., 1999) [lám. 1.10].
antecesores de los pochtecah mexicas? Es posible que el sitio de Jaltepetongo (a vein-
ticinco kilómetros al oeste de Santiago Quiotepec)
Walter Krickeberg (1961: 80-84) menciona que, estuviese relacionado con el señorío de Cuicatlán,
“entre los mexica[s], el tlailotlaca era el coman- ya que el diseño pintado en un muro de la tumba
dante de la guarnición de Tuxtepec [...] el gober- muestra algunos personajes alrededor de un maguey
nador de un país vasallo [...o el] dirigente de las con un gran quiote sobre el que se posan aves.15
obras hidráulicas en provincia”, mientras que Rémi También es probable que el quiote aluda al sitio de
Siméon (1977: 589), define a los tlailotlaque como Quiotepec,16 por estar junto a una estructura de tipo
“las tribus llegadas de la Mixteca que se establecie- templo sobre una plataforma con friso del xicalco-
ron en un barrio de Tezcuco y se hicieron notar por liuhqui, interpretado como el topónimo de Coix-
su habilidad de pintar historias”. tlahuaca [lám. 1.17].
Aunque poco se sabe de los tlailotlaque y su gran De lo anterior se podría deducir la proposición
movilidad o sus sistemas de desplazamiento y reaco- de que, por hallarse estratégicamente situado en las
modo entre diferentes grupos, se podría decir que en rutas más transitadas y antiguas detectadas en Me-
la mayor parte de los asentamientos localizados soamérica, Santiago Quiotepec llegó a fungir como
en las planicies naturales o artificiales, sean declives la población-cabecera, frontera entre los viejos ca-
de montañas o cuencas irrigadas donde se encuen- cicazgos mazateco, mixteco, chinanteco, cuicateco
tran hablantes del cuicateco y de su emparentada y otros grupos que, aunque hablaran lenguas dife-
lengua mixteca, hay también objetos y restos de rentes, se convirtieron en los principales centros
materiales arqueológicos de tipo teotihuacano. de intercambio cultural y mercantil, como suce-
Se ha visto que por esta área (habitada por ha- dió en Teotihuacán y en las otras grandes metró-
blantes del popoloca, chocho, chocho-popoloca, polis mesoamericanas.
ñuiñe, náhuatl y otros grupos que se extienden so- La relación entre la cultura teotihuacana y los
bre el estado de Puebla y el noroeste de Oaxaca) llamados tlailotlaque, encargados del comercio
transitaron caravanas de mercaderes con produc- con los grupos de la Cañada de Cuicatlán —ya fue-
tos regionales de intercambio durante el Clásico o se a través del río Santo Domingo hasta la Costa
antes. Tal vez por ello la lengua cuicateca aún se del Golfo y el área maya, o a través de los valles
conserva en pequeñas poblaciones enclavadas en hacia otros sitios de Oaxaca y Chiapas que llegan
la Mixteca Alta,14 así como en comunidades aisla- al Soconusco y algunos más en Centroamérica—,
das o dispersas en zonas más lejanas y sin apa- se podría confirmar por la presencia de un asen-
rente conexión con los grandes grupos que hablan tamiento teotihuacano en el Mirador, Chiapas,
esa misma lengua. donde Pierre Agrinier (1970) encontró, bajo las
Esta última ha sido detectada en los terrenos estructuras superpuestas de los montículos 9 y 20,
que circundan el entrelace de cañadas al oriente de más de treinta entierros que datan del Preclásico
la sierra de Oaxaca con pueblos como San Pedro medio al Posclásico.
Totolapa y Las Margaritas, y se desplaza con direc-

14 Éste sería el caso de Jaltepetongo. 16 Identificado por Susana Díaz, en trabajos previos, como el topó-
15 Identificadas por Lourdes Navarijo en otro capítulo de este mis- nimo del sitio. Véase su estudio sobre los glifos de espacio en
mo tomo. este volumen.
Intercambio étnico y cultural | 51

El Riego

Gruta de Coxcotlán La Venta


Teotitlán del Camino Tuxtepec

Huajuapan de León Coixtlahuaca

Yucuñudahui

Huamelulpan Nochixtlán
Tlilantongo
Monte Negro
San José Mogote
Macuilxóchitl
Monte Albán Yagul
Caballito Blanco
Zaachila Dainzú Mitla

Ejutla Guiengola
Juchitán
Piedra Parada Tehuantepec
Miahuatlán
Cerro Grande

Tututepec

Lámina 1.17. Mapa fisiográfico de Oaxaca situando


los señoríos principales del Clásico
y del Posclásico con sus topónimos correspondientes.
(Dibujo: E. Flores, 2003.)
52 | Oaxaca I Estudios

En tumbas del período Clásico, Agrinier loca- Respecto de la Mixteca de la Costa (Ñunama o
liza ofrendas de cerámica de estilo claramente te- Ñundaa, traducido como “Tierra Plana”), que his-
otihuacano junto a dos pequeños bloques de es- tóricamente estuvo bajo el dominio del señorío de
tuco compactado que mandó analizar y estudiar Tututepec, sólo se menciona que pudo haber sido
en diferentes laboratorios de investigación y con- la última sede del señorío de Tilantongo, como que-
servación arqueológica. El único reporte publicado dó señalado en la genealogía de ese cacicazgo, según
del análisis de uno de ellos, menciona que se trata Alfonso Caso (1949). Por su parte, la Mixteca de la
de “un posible códice [...] tipo biombo de 24 fojas Costa está limitada, al oriente, por la laguna de
[...] con diseños pintados a línea negra [...] y dos Chacahua, cerca del actual Puerto Escondido, mien-
páginas con trazos en rojo [...] sobre la imprima- tras que su posible límite al poniente llegaba hasta la
tura de un papel de corteza similar a la del amate” cuenca del río Ometepec, que divide políticamen-
(Angulo: 1970). te los estados de Oaxaca y Guerrero.
El códice pudo ser el registro tributario o la lis-
ta de objetos del intercambio que manejaba el per-
sonaje enterrado entre ricas ofrendas de cerámica Formas de comunicación pictórica
teotihuacana, lo cual apoyaría la teoría de que la de los mixtecos
interrelación comercial y cultural con sitios a lar-
ga distancia era conducida por los tlailotlaque (mix- Hasta la fecha, distintos investigadores han apor-
tecos o nahuas) al servicio de Teotihuacán. tado valiosas observaciones sobre el método para
interpretar los sencillos pero elegantes diseños que
caracterizan la comunicación gráfica de los mix-
Los cacicazgos y señoríos mixtecos tecos.17 En resumen, tales indagaciones refieren
que se trataba de un sistema compuesto por picto-
Por razones fisiográficas y en cierto modo cultura- gramas, ideogramas, fonogramas y otros elementos
les, en el estudio de la región mixteca ésta ha sido simbólicos con los que representaron los ámbitos
dividida en Mixteca Alta, Mixteca Baja y Mixteca de geográficos, a la vez que registraron los sucesos de
la Costa o de Tierra Caliente. La Mixteca Alta (Ñudza su historia mítico-genealógica y los acontecimien-
Vuiñuhu, que se ha traducido como “Montañas con tos políticos o de otra índole, en los que ahora se
Nubes” o como “Espacio Preferido por los Dioses”) encuentran análisis con interpretaciones diferen-
ocupa gran parte de la sierra de Nochixtlán-Yanhui- tes realizadas por los especialistas consignados en
tlán-Coixtlahuaca, en lo que llaman “la sierra pin- la bibliografía general del presente volumen.
tada” (Yucuñudza), donde floreció el señorío de Sin detenerse en el tema ni tratar de profundi-
Tilantongo, como lo asienta Alfonso Caso (1949: 9) zar en los métodos de análisis que se han utilizado
al estudiar el mapa de Teozacoalco. para interpretar ese refinado sistema de comuni-
Fue un área de gran valor cultural durante el cación pictográfica, ideológica, simbólica, glífico-
Posclásico y estuvo dividida en sectores políticos o silábica o cualquier otra designación con que se le
señoríos asociados que controlaban los pueblos quiera clasificar, la llamada escritura mixteca se-
grandes o cabeceras, a los cuales tributaban los ca- ñala el ámbito fisiográfico de su asentamiento por
cicazgos dependientes; a partir del siglo XVI fueron medio de topónimos, con los que pueden identifi-
sustituidos por las enormes estructuras de iglesia- carse los nombres de sus poblaciones.
fortaleza o conventos, sede de las diócesis que los Estudios más amplios y profundos de diversos
españoles distribuyeron sobre “el nudo mixteco” y sitios de la Mixteca Alta, basados en el análisis de
demás territorios mesoamericanos. códices, lienzos y otros documentos históricos y
La Mixteca Baja abarca gran parte de los actuales etnográficos, pueden ser consultados en los traba-
estados de Puebla y Oaxaca, pero no es tratada aquí
porque corresponde, fisiográficamente, al área que
17 Mary Elizabeth Smith, Alfonso Caso, Gordon Brotherson, Eliza-
constituye el tema del siguiente volumen del mis- beth H. Boone, Maarten Jansen, John Pohl y otros autores inclui-
mo proyecto sobre la pintura mural prehispánica. dos en la bibliografía general de este mismo volumen.
Intercambio étnico y cultural | 53

jos de investigación efectuados por Mary Elizabeth tado de Chihuahua, sin suficientes huellas de haber
Smith (en Códice Colombino, 1966; Smith, 1973, sido explotada durante las épocas prehispánicas,
1983a, 1983b, 1983c). pero con evidencias de su explotación después de
En un detallado estudio de dicha autora (Smith, la Conquista y en tiempos más recientes.
1973: 36-42) se encuentran más de ciento quince Retomando el tema de que la máscara de pie-
topónimos de los que sólo veinte tienen referencias dra verde localizada en Malinaltepec tiene un tipo
etnohistóricas que no ha sido posible relacionar con similar a las teotihuacanas, no se sabe si las in-
poblados actuales, puesto que, como dice la inves- crustaciones de amazonita y de turquesa fueron
tigadora, “the identification of the place signs in the pegadas durante el período Clásico o si correspon-
historic manuscripts, is one of the principal pro- den a la idea —que tenían otros grupos— de recu-
blems awaiting for solution”. perar tradiciones o lejanos prestigios para rehabi-
Sin embargo, en otra sección del presente vo- litar o actualizar rangos y autoridad que la antigua
lumen, Alfonso Arellano y otros colegas exponen máscara, con nuevos elementos de ostentación,
algunas ideas sobre la forma de leer o interpretar les proporcionara.18
la toponimia y comprender el sistema numeral Independientemente de la materia prima de
y la glífica zapoteca. En cambio, parece que la es- que se trate y aparte de las formas de obtención,
critura mixteca tiene una mayor abundancia de procedencia y delicada elaboración artesanal de
topónimos aplicados a los sitios zapotecos identi- cada pequeño cuadrete y del esmero al incorporar
ficados como mixtecos. mensajes simbólicos en diseños plasmados en dis-
cos, máscaras y otros enseres cubiertos de los pe-
queños mosaiquillos, no se puede dudar de que se
Apéndice 1. Los grupos premixtecos, trata de verdaderas obras de arte, asociadas a la pre-
la turquesa y la amazonita sencia, influencia o copia de los estilos mixtecos
convertidos en tradición.
Se ha hecho hincapié en que el comercio y la ma- Los primeros datos sobre la turquesa provie-
nufactura de la turquesa han estado asociados a nen de Phil C. Weigand (1997: 27), quien dice que
los mixtecos, más que a otro grupo en particular, esta “piedra preciosa [...] aparece en casi todos los
puesto que, datados a partir del Epiclásico y el ámbitos donde el pensamiento se junta al simbo-
Posclásico, se han encontrado máscaras y discos lismo del sistema ideológico mesoamericano [...] y
incrustados con mosaicos de esta piedra preciosa que por no encontrarse cerca de los centros cívico-
en diversos sitios mesoamericanos. Sin embargo, ceremoniales [...] su obtención exigía un esfuerzo
estudios más recientes, realizados por los geólo- especial”.
gos Ricardo Sánchez Hernández y Jacinto Robles Harbottle y Weigand (1992: 80) encontraron
C. (2002: 7) sobre los mosaicos que cubren la más- objetos con mosaicos de turquesa que datan del Pre-
cara de tipo teotihuacano localizada en Malinalte- clásico y el Clásico, quizá procedentes de Chalchi-
pec, Guerrero, revelan que todos los mosaiquillos huites, Zacatecas, los cuales coinciden en tiempo
son de amazonita, excepto los pequeños “botones” con los que Charles Kelley refiere cuando dice:
semiesféricos que adornan las aletas de la nariz, “about 700 A. D. [...] the inhabitants of the major
las mejillas y las delgadas hiladas que hacen resal- ceremonial center [...] Alta Vista, began to import
tar los párpados inferiores de la máscara, que son raw turquoise in large quantities from Cerrillos, New
de turquesa [lám. 1.3]. Mexico” [Alrededor del año 700 d. C., los habitantes
En la opinión de los geólogos mencionados, el del más grande centro ceremonial de Alta Vista,
proceso de estudio y análisis de todos los mosaicos
incrustados en máscaras y discos procedentes de
Oaxaca, Chichén Itzá, la Mixteca y la región mexica
18 Parece que se trata de una práctica seguida por muchas cultu-
llevará largo tiempo antes de saber cuántos son de
ras en el planeta y generalizada en todas las áreas mesoameri-
turquesa y cuántos de amazonita. Hasta ahora se ha canas, y en especial por los mexicas, como ampliamente lo de-
localizado una mina abierta de amazonita en el es- muestra Leonardo López Luján (1989).
54 | Oaxaca I Estudios

comenzaron a importar grandes cantidades de tur- Preclásico y el Clásico, según los materiales locali-
quesa en bruto de Cerrillos, Nuevo México]. zados cerca de las costas de los estados de Guerre-
En otro estudio, Harbottle y C. V. Sayre (1977) ro, Oaxaca y Michoacán.
señalan que escogieron entre diez y cuarenta Asociado a esta idea, se menciona que Evan-
muestras de turquesa, provenientes de veintiocho gelina Arana (1975) encontró raíces y semejanzas
sitios arqueológicos, para someterlas a “activación lingüísticas entre la lengua tarasca o purépecha y
de neutrones, lo que acelera el desprendimiento de la huave (hablada en el pequeño golfo que se for-
radioisótopos de sodio, potasio, bario, escandio [...] ma en Tehuantepec), así como con el zuñi y el ana-
manganeso, hierro, cobalto, arsénico y cobre [...] lo zazi de Arizona y el quechua de Perú. Tales datos
que le da el color a la turquesa”. son sugerentes para considerarlos en investigacio-
Por su parte, Phil C. Weigand (1997: 27) señala nes futuras sobre el comercio del oro y la turquesa
la presencia de minas a cielo abierto, covachas y entre poblaciones tan distantes.
hasta túneles en lo que llama el “complejo minero Complementando la recopilación informativa,
de Chalchihuites [...donde se podía] obtener una Bertina Olmedo y Carlos González (1986) señalan
gran variedad de piedras de color azul verde (mala- que los zuñi comerciaban dos calidades de turquesa
quita, azurita y cuprita)”. Unos párrafos más adelan- en las que consideraban la dureza y la intensidad del
te indica que “en depósitos de otras zonas de Zacate- color azul que la caracteriza, ya que en los discos
cas, San Luis Potosí y Coahuila [...] hay variedades y máscaras con mosaicos de dicha piedra locali-
de turquesa de mala calidad” (¿amazonita?). Cabe zados en dos tumbas de Zaachila, se encontraron
aclarar que, sin hacer los análisis utilizados por los los dos tipos de turquesa o, más propiamente, tur-
geólogos, Weigand se dio cuenta de las diversas ca- quesa y amazonita. En el informe del rescate de
lidades de la piedra azul verde que en general lla- tales máscaras y discos, Angulo (1963) señala:
mamos turquesa y no amazonita.
En cuanto a las posibles minas donde se pue- [Estaban compuestas] por pequeñas laminillas de
den obtener tales piedras semipreciosas, Sánchez dos milímetros por lado y menos de un milímetro
Hernández menciona que sólo ha localizado un de espesor, logrado por medio de un delicado tra-
socavón con amazonita en el sitio de Cerritos, en bajo de abrasión [...] adheridos a los fragmentos de
el estado de Chihuahua. Sin embargo, en la inves- las máscaras y discos de madera, a juzgar por la
tigación antes referida, Phil C. Weigand (1997: 29) textura impresa en el aglutinante que aún se con-
considera que el origen de estos extraordinarios ob- serva, al parecer compuesto por dos tipos de cera
jetos de turquesa proceden del cañón del Chaco y (de Campeche y de abeja), junto a una infinidad de
de Cerrillos, Nuevo México, donde hay huellas de mosaiquillos sueltos entre varias figuras antropo-
que las minas fueron explotadas con intensidad morfas con rasgos incisos, en el estilo de los códi-
desde el Posclásico temprano o tal vez antes, pues- ces mixtecos [lám. 1.18].
to que en Cerrillos hay indicios de que pudo haber
sido extraída antes del siglo VII, y que Basándose en trabajos más exhaustivos de la
exploración del sitio y en el análisis de los objetos
el mayor período de actividad minera corresponde al encontrados en las tumbas de Zaachila [véase
período IV de los indios pueblo, con posibilidad de lám. 1.2], Roberto Gallegos (1963, 1997) considera
que pudo haber habido una relocalización del asen- que las ofrendas son contemporáneas a las que Al-
tamiento de este grupo, alrededor del año 1300, para fonso Caso localizó en la Tumba 7 de Monte Albán,
situarse más cerca de los depósitos de turquesa. ya que fueron depositadas en sepulcros de cons-
trucción zapoteca con la misma manufactura.
En un trabajo conjunto, Garman Harbottle y En la Cañada de Cuicatlán, Christopher Moser
Phil C. Weigand (1992) señalan las rutas del comer- (1975) encontró, en la cueva de Ejutla, una más-
cio de la turquesa entre California, Arizona y Nue- cara que parece ser de la misma época, pues sus
vo México (rumbo a Casas Grandes, Chihuahua), características y tipo de manufactura son iguales
así como otros sitios en Mesoamérica durante el a los de las tabletas (o paletas) que Ernesto Gon-
Intercambio étnico y cultural | 55

mejanzas y diferencias que caracterizan a cada uno


de esos sistemas.
Aquí se aclara que este trabajo no intenta des-
cribir ni mucho menos esclarecer las controver-
sias entre los modelos teóricos que tratan de inte-
grar los tipos de relación o asociación humana
(sea antigua o moderna) a través de teorías estable-
cidas sobre los procesos funcionalistas o del cam-
bio estructural por el que pasa cada grupo, ya que
los aspectos de organización socioeconómica, sis-
temas político-religiosos, ambiente, tecnología,
demografía, urbanismo, etcétera, son tratados por
la antropología y la sociología.
También se ha tratado de evitar empantanar este
apéndice en esclarecer las secuencias o procesos
de cambio ocurridos durante la formación y el de-
sarrollo de los más tempranos sistemas de organi-
Lámina 1.18. Reverso de un escudo con huellas de madera zación sociopolítica o jerarquías de mando que
impresas sobre la pasta aglutinante. Rescatado de la Tumba 2 existieron desde los más simples tipos de asociación
de Zaachila, por Jorge Angulo (1963).
de familias agrupadas en bandas, clanes y tribus
(Foto: J. Angulo, 1963.)
nómadas, con la gran serie de variantes, alterna-
tivas y procesos de transformación que —con tanto
conocimiento— describen Gordon Childe, Julian
Steward, Robert Carneiro y otros especialistas, como
zález Licón y Lourdes Márquez Morfín (1994: 232, Walburga F. Wiesheu (1996), quien analiza y sinte-
fig. 4) hallaron en unas cuevas del Cheve (cerca tiza todos esos tipos de gobierno, añadiendo alguna
de Concepción Pápalo); dichas tabletas, según la de las valiosas observaciones aquí resumidas.
descripción que los autores hacen, parecen “haber Sin embargo, por haber hecho referencia en el tex-
sido de madera, completamente cubiertas con mo- to a un gobierno caciquil, se debe aclarar que el tér-
saicos de turquesa, formando escenas del tipo có- mino utilizado en este ensayo alude al tipo de agru-
dice [...] en las que se representa una batalla” pación clánico-familiar jerarquizada que comanda
[lám. 1.19]. un jefe guerrero con sus huestes armadas. Éste, por
lo regular, era apoyado por un chamán. Los chama-
nes, según refiere Yolotl González (1976), eran “cu-
Apéndice 2. Cacicazgos y organización randeros que, valiéndose de sus poderes, averigua-
sociopolítica ban la causa que aquejaba a un individuo o a la
sociedad”; asimismo, podían constituir un grupo
Este apéndice pretende aclarar los términos utili- de “especialistas religiosos [...] que actuaban como
zados en el texto, debido a que existen diversas oráculo para predecir el futuro”.
proposiciones teóricas que constantemente se dis- Cuando en su profundo estudio Walburga F.
cuten desde los diferentes puntos de vista que em- Wiesheu (1996: 19) incluye las culturas de Oaxa-
plea cada disciplina al tratar de visualizar la es- ca, adelanta una conclusión de sus observaciones
tructura de las primeras formas de organización sobre “la evolución de las organizaciones socio-
jerárquica de tipo cacicazgo, en las que siempre políticas”, en la que, después de varios análisis, re-
surgen enlaces con los tipos de gobierno de carácter flexiones y comparaciones con otras culturas,
preestatal o estatal, ya que varios de los elementos menciona: “en esta área [...] se puede perfilar cla-
son coincidentes o remanentes que han logrado ramente la transición de la organización de caci-
trascender de un sistema a otro, con las sutiles se- cazgo a una de Estado, aunque no se haya podido
Lámina 1.19. Tabletas o palas de madera con mosaicos
de turquesa, localizadas en la cueva del Cheve,
Ejutla dentro de la Cañada de Cuicatlán por Ernesto González
Licón y Lourdes Márquez Morfín. La superior presenta
escenas de una batalla mítica o histórica, con pequeñas figuras;
la inferior un escudo con dardos atravesados como
símbolo de los guerreros.
(Tomada de Nicholson y Quiñones, eds., 1994.)
Intercambio étnico y cultural | 57

percibir el momento exacto de tal transformación administrativo) lo acredita para tener a su cargo
cuantitativa”. un segmento territorial del extenso cacicazgo, ya
Más adelante aclara que los restos materiales que el rango jerárquico le permite ejercer decisio-
obtenidos en las exploraciones arqueológicas no nes personales sobre el componente humano y la
proporcionan datos precisos para señalar si se fuerza de trabajo inherente a la producción y distri-
trata de sociedades complejas, sean de cacicazgo o bución alimentaria, a la explotación de los recursos
de Estado. Sin embargo, hay información etnoló- naturales y a la elaboración de los bienes materia-
gica y referencias etnohistóricas de lo que las cul- les que beneficien tanto al responsable del territorio
turas mesoamericanas fueron hace cinco siglos, lo en ese sistema de “linajes segmentarios [...] con des-
cual permite validar las observaciones e inferen- cendencia unilineal” como al cacique mayor que
cias sobre la organización jerárquica de tipo caci- le otorgó su rango.
cazgo, señorío o Estado. Como parte de una reflexión colateral, se po-
De sus análisis y mis propias observaciones se dría añadir que este concepto de cacicazgo no se
puede resumir que un cacicazgo está constituido limita a la estructura descrita de unidades fami-
por un sistema de control centralizado en manos de liares antiguas ni primitivas, puesto que la misma
una familia de linaje reconocido con descendencia estructura se encuentra en todas las épocas y en
unilineal (matriarcal o patriarcal), cuya estructura todas las sociedades del mundo, como gráfica-
estratificada va de acuerdo con la distancia relativa mente lo ha determinado la abundancia de los lla-
que cada individuo tenga respecto al ancestro co- mados “árboles genealógicos”, cuya ramificación
mún (histórico o mítico) que era considerado como señala, con claridad, el rango de cercanía o lejanía
el héroe cultural de un grupo emparentado gené- de cada individuo respecto del grueso tronco ar-
tica o políticamente. bóreo que funge como base y da origen al linaje.
Desde luego, la cercanía genética o afectiva con
la autoridad (en la que radica el poder político-
El contexto sociocultural de la pintura mural oaxaqueña

Bernd Fahmel Beyer


Instituto de Investigaciones Antropológicas, UNAM

El interés por los pueblos que habitaron Oaxaca y si vivían más o menos sanos que en la antigüe-
durante la época prehispánica se restringió, por dad (Acuña, 1984).
mucho tiempo, a las noticias que sobre ellos apun- Entre estos documentos sobresalen las Relacio-
taron los cronistas de los siglos XVI y XVII (Acuña, nes de Teozapotlán, Miquitla y Teguantepec, por tra-
ed., 1984; Balsalobre, 1988; Burgoa, 1997a, 1997b; tar los asuntos de los grandes señores y sacerdotes
Codex Mendoza, 1992; Córdova, 1886, 1942; Ma- zapotecos y por dejar entrever los muy complejos
trícula de tributos, 1980; Motolinia, 1969; Sahagún, y cambiantes vínculos que mantenían con los de-
1975). En las Relaciones geográficas de 1580, por más señores asentados en los Valles Centrales. En
ejemplo, se responde a un cuestionario enfocado lo particular, destaca la descripción de los palacios
a temas como el temperamento y la calidad de las de Mitla, elogiados con anterioridad por el fraile
provincias o comarcas que descubrieron o conquis- Toribio de Benavente, Motolinia (1969). A media-
taron los españoles; la cantidad de indios que las dos del siglo XVII, el padre Francisco de Burgoa vol-
habitaban; si las constituían pueblos formados y vió a subrayar la majestuosidad de las salas de con-
permanentes; si había distintas lenguas en toda la sejo de aquel lugar, aunque su interés se enfocó
provincia o alguna de ellas era hablada por todos, más bien en las habitaciones del sumo sacerdote
lo cual quiere decir que, al menos, el repertorio lé- o bigaña y la distribución de ellas dentro del re-
xico de la misma incluía el nombre de los pueblos cinto. En su relato menciona pisos altos y bajos,
con la respectiva explicación de por qué se llama- por lo que es de pensar que nunca visitó los pala-
ban así; de qué forma eran sus señoríos y lo que cios en persona o, si lo hizo, no se percató de que
tributaban; las minas de oro, plata y otros meta- eran las tumbas de los grandes señores las que se
les, así como los atramentos y colores que había encuentran debajo de los salones del Grupo de las
en la comarca, y qué canteras de piedras preciosas Columnas.
se conocían. Los capítulos dedicados a la historia y Durante los siguientes siglos se redactaron nu-
condiciones de los pobladores —lo que hoy consi- merosos documentos sobre el orden de las cosas
deramos de interés antropológico— se refieren a bajo el dominio español, reclamos contra encomen-
su capacidad de entendimiento, sus inclinaciones deros abusivos y castigos a las “idolatrías” que reali-
y manera de vivir, cómo se gobernaban, cómo pe- zaban los indios en las cuevas y zonas apartadas, en
leaban y con quién estaban en guerra; las adora- las montañas. La importancia que se dio a la evan-
ciones, ritos y costumbres, buenas o malas, que gelización de los naturales y a la denuncia de sus
tenían; la forma de las casas y edificios y los ma- prácticas religiosas paganas fue tan grande que, una
teriales utilizados en su construcción; los mante- vez abolido el régimen colonial, sobrevivió la creen-
nimientos que usaban desde tiempos anteriores, cia de que en todos los recintos prehispánicos se
76 | Oaxaca I Estudios

teresaron, sin profundizar en el uso que tuvieron


los edificios, excepto por un señalamiento:

Incrustada en una de las construcciones indias (pa-


lacio núm. 4), se encuentra la iglesia parroquial y [el]
curato, compitiendo con aquéllas en destrucción,
abandono y desaseo. Ambas parecen pertenecer a
tiempos y cosas olvidadas, pues casi nunca el buen
párroco se mira en el pueblecillo donde residen sus
feligreses, ni éstos, si no es de tarde en tarde, se ven
en la iglesia o en el curato. Las escasas prácticas re-
ligiosas de los habitantes de Mitla, y cierto modo de
hablar y discurrir con respecto a los palacios, parecen
indicar que ellos no han abjurado de sus creencias
ni de sus prácticas idolátricas (1901: 6-7).

Figura 3.1. Personaje representado en el Códice Nuttall. Con estos cuestionamientos no sólo se puso
(Dibujo: A. Reséndiz, 2004. Tomado de Spores, 1967: 29.) en duda el carácter de los edificios y de las fuen-
tes documentales, sino la forma de ver el mundo
y la filosofía de trabajo de quienes los habían di-
señado y realizado. Cabe recordar, por un momen-
habían realizado rituales a los dioses. De ahí que la to, que los círculos académicos de aquel entonces
mayoría de los viajeros del siglo XIX mencionen al estaban sumamente preocupados por la autoría
sumo sacerdote cuando se refieren a Mitla, sin pen- intelectual de los vestigios arqueológicos que se
sar en la sociedad y en la organización del trabajo hallaban en todo el país y por el papel de los indí-
que mantuvo a dicho personaje. La construcción de genas respecto de una herencia cultural que exigía
los palacios, con sus variados diseños de grecas y del Estado normas y principios claros para su con-
pinturas de tipo códice, debía de ser producto de servación (véase Álvarez, 1900). Desafortunadamen-
la religiosidad zapoteca y de la entrega total a sus te quedaron sin respuesta numerosas cuestiones
deidades [fig. 3.1]. que atañen al pasado, lo que se refleja en la falta
La anterior interpretación de la antigua arqui- de una explicación atinada sobre la organización
tectura, sin embargo, fue acotada por William Corner social y los procedimientos que permitieron eri-
(1899) y otros investigadores que no podían ver en gir, en Mitla, edificios de tan alta calidad estética y
los edificios sino salones de uso comunitario. A tecnológica.
raíz de su estancia en 1891, por ejemplo, Corner En una escala más general, se puede señalar
señala que el término palacio sólo tiene sentido que a la fecha se concibe la nación como la legíti-
desde el punto de vista estético, pues no le parece ma heredera de las poblaciones que fueron desarrai-
probable que las estructuras fueran habitaciones de gadas durante el virreinato y como depositaria de
los caciques o sacerdotes (1899: 33).1 Por su parte, todos sus bienes materiales, ya sea que estén en
Nicolás León publicó, en 1901, una guía histórico- algún museo o colección particular, o que perma-
descriptiva del lugar con los detalles que más le in- nezcan in situ o enterrados. Las leyes emanadas de
las discusiones habidas durante el siglo XX son va-
rias, y entre ellas destaca la de 1972 sobre Monu-
mentos y Zonas Arqueológicas, Artísticos e Histó-
1 El término palacio sigue teniendo el significado de “gran edifi- ricos (Martínez Azuela, 1995). Menos claros, y aún
cio o construcción” en la lengua italiana y de igual manera se muy controversiales, son todos los asuntos rela-
usa en español para designar la sede de las principales oficinas
de gobierno. Por ejemplo, en la ciudad de México está el Palacio cionados con la autoría intelectual de los aspectos
Nacional. intangibles que acompañaron a dichos bienes o
El contexto sociocultural de la pintura mural oaxaqueña | 77

En Oaxaca, tal paradigma significó, primero,


la exploración de Monte Albán y su arquitectura
monumental [fig. 3.2], y la de todos aquellos sitios
que permitían explicar el origen y desarrollo del
mosaico étnico actual, y, segundo, la búsqueda, es-
tudio y publicación de documentos que validaran
y detallaran la forma de vida prehispánica, inclui-
das las pinturas murales de Mitla y los códices de
tradición mixteca. El reto metodológico que esta la-
bor representó para los investigadores del momen-
to fue titánico, pues no sólo había que escudriñar
los mitos y las leyendas elaboradas desde la época
colonial, sino superar las limitaciones del empi-
rismo heredado del siglo XIX.
Para construir una secuencia cultural que die-
ra sentido a los hallazgos efectuados en Monte Al-
Figura 3.2. Planta del Palacio de Monte Albán. bán y sitios culturalmente afiliados, fue necesario
(Dibujo: A. Reséndiz, 2004. Tomado de Fahmel, 1991: lám. 15.) que Alfonso Caso realizara numerosos pozos estra-
tigráficos alrededor de la plaza principal de aquel
lugar [fig. 3.3] y clasificara los ajuares recuperados
en los sepulcros conforme a los cambios que se ob-
que derivan de ellos, ya sea en el ámbito de la me- servaban en la cerámica y la arquitectura. Con base
moria social y las costumbres, o en el de la inves- en las ciento setenta y dos tumbas y los múltiples
tigación científica y su recreación. Para conocer la entierros localizados en las unidades domésticas
situación del patrimonio arqueológico en el ám- ubicadas en las cercanías de la gran plaza, Caso pudo
bito oaxaqueño de hoy, baste consultar los temas aseverar que los zapotecos del período Clásico die-
tratados durante la Segunda Mesa Redonda de ron importancia especial a la muerte y al cuidado
Monte Albán y las propuestas que se hicieron para de sus difuntos. Por el tamaño y la calidad de la ar-
vincularlo con la dinámica de los diferentes sec- quitectura, en cambio, los calificó como “pueblo de
tores de nuestra sociedad (Robles, ed., 2002). arquitectos” (Caso, 1942). La cantidad de palacios
y residencias que circundan la plaza, y el número
de tipos cerámicos que volvían a aparecer en otros
La reconstrucción del pasado prehispánico sitios de Oaxaca dieron pie, por otra parte, a que re-
chazara la idea de que se trataba de una fortaleza
Después del levantamiento armado de 1910-1917, o centro ceremonial vacío (noción que tuvieron
el pueblo de México requirió una historia que es- los primeros visitantes) y que pensara en una ciu-
tuviera de acuerdo con la realidad a la que des- dad que encabezó a un Estado tributario de orden
pertó el país. Los ideales sociales dieron forma a teocrático.
una práctica política que enfatizó la participación Durante los años sesenta y setenta, varios ar-
de los grupos marginados, y a una política cultural quitectos-urbanistas alabaron el diseño y la distri-
que enalteció las expresiones artísticas del pasado, bución de los espacios en Monte Albán, resaltan-
exaltando los valores que a partir de entonces de- do el juego de luces que produce la composición
finirían a la nación y a las etnias que la conforma- formal de los edificios y la comunión espiritual
ban. Estas metas exigieron rescatar los sitios ar- que despierta el contacto entre el cielo y la tierra.
queológicos más representativos de aquel pasado Al mismo tiempo, Richard Blanton (1978) reco-
y los elementos culturales vigentes que permitie- rría las faldas de los cerros donde se sitúa la zona
ran modelar a las nuevas generaciones dentro de arqueológica; localizó 2 073 terrazas agrícolas y
un marco de libertad, igualdad y fraternidad. habitacionales e identificó los materiales que
78 | Oaxaca I Estudios

Figura 3.3. Monte Albán. Plano topográfico.


(Dibujo: A. Navarrete, 2005. Tomado de Marquina, 1928.)
El contexto sociocultural de la pintura mural oaxaqueña | 79

atestiguan el paulatino crecimiento del asenta-


miento y su interdependencia con sitios ubicados
tanto en los valles como fuera de éstos. Quedaba
por resolver, entonces, quiénes fueron los que di-
rigían los destinos de esta ciudad y quiénes los
que la enlazaron con los demás grupos que habi-
taban en Oaxaca.
Mediante el análisis de los glifos labrados en las
estelas recuperadas hasta principios del siglo XX,
Alfonso Caso (1928, 1947) sentó las bases para el
estudio de la escritura zapoteca y la comprensión
del orden religioso y político que prevaleció entre
los años 500 a. C. y 900 d. C. en la región central
de la entidad. Partiendo de los relieves conocidos
como Los Danzantes [fig. 3.4], las lápidas de conquis-
ta y las estelas genealógicas, Caso construyó un esce-
nario multifacético que incluye la figura de los se-
ñores y sacerdotes y la de prisioneros de guerra
provenientes de distintas localidades.
Las pinturas que encontró en las tumbas enri-
quecieron este cuadro a través de la representación
de guerreros y personalidades asociadas a elemen-
tos mitológicos u objetos utilitarios que también fue-
ron empleados durante los rituales funerarios (Caso,
1965a). Con base en un método hermenéutico y
minuciosos análisis comparativos contrastó dichas
imágenes con la iconografía de las figuras adosadas
a las urnas, logrando así reconstruir buena parte de
Figura 3.4. Imagen de un Danzante de la época I
la cosmovisión y del ceremonial que vinculaban a de Monte Albán.
los gobernantes con los dioses y las poblaciones (Dibujo: A. Reséndiz. Tomado de Caso, 1947: fig. 16.)
circundantes. ¿Cuáles fueron, sin embargo, los orí-
genes y el destino de esa sociedad cuya existencia
giró en torno a las elites que vivían en Monte Albán?
Istmo, y, sobre todo, a las manifestaciones de la
cultura zapoteca en los valles de Etla, Zimatlán y
El desarrollo social en los Valles Centrales Tlacolula. Como se dijo antes, fue Richard Blan-
ton el primero en recorrer con detalle los cerros
El interés por los procesos que condujeron a la que rodeaban la antigua capital zapoteca, mien-
complicación social y a la jerarquización de las eli- tras que Kent Flannery y su equipo se dedicaron a
tes llegó a Oaxaca con una serie de investigadores los Valles Centrales y a las sierras colindantes. De
formados en Estados Unidos, dentro de escuelas esos trabajos, fueron aquellos relacionados con el
que abordan la evolución humana desde una pers- valle de Etla los que más contribuyeron a la com-
pectiva sistémica. Apoyándose en recorridos de su- prensión de la historia que culminó con el pobla-
perficie regionales y en estudios del ambiente, es- miento de Monte Albán durante el Preclásico tar-
tos investigadores han inferido los mecanismos dío (véase, en el capítulo previo, la tabla 2.1 y el
políticos y las adaptaciones ecológicas que dieron plano con los sitios arqueológicos [fig. 2.1]).
lugar a los asentamientos que se observan en varios Las exploraciones realizadas en San José Mogo-
ámbitos de la Mixteca, la Cañada, la Costa y el te y en el Barrio del Rosario, en Huitzo, expusieron
80 | Oaxaca I Estudios

tlin, 2000), por lo que en los años ochenta surgieron


nuevos proyectos abocados a resolver problemas
concretos de orden teórico y a profundizar en el
análisis de los materiales que componen el regis-
tro arqueológico. Entre los primeros se encuentra
la cuestión de la identidad de los grupos estudia-
dos, en particular la de los fundadores y posteriores
habitantes de Monte Albán, siempre referidos a
priori como zapotecos.
Desde una perspectiva glotocronológica, las
principales lenguas oaxaqueñas que derivan de la
familia otomangue se diferenciaron entre los años
5100 y 1300 a. C., por lo que el panorama lingüís-
tico del Preclásico debió de ser parecido al actual
(Marcus, 1983). Una vez considerado esto habría
que preguntarse, empero, si aquellos hablantes de
“protozapoteco” se concebían como un solo grupo
étnico o como grupos distintos y si todos ellos
compartían la misma cultura material. Para Flan-
Figura 3.5. Estela 11 de Monte Albán. nery y Marcus, entre otros, el árbol genealógico
(Dibujo: A. Reséndiz. Tomado de Caso, 1928: fig. 58.) de las lenguas coincide con el desarrollo de las di-
versas etnias y se advierte, en aquél, los orígenes
del actual mosaico étnico-cultural. Otros autores no
ven tan clara esta relación, ya que lengua, etnia y
capas culturales y edificios que se remontan al año cultura no evolucionan a la par por las mutaciones
1400 a. C. y que, por lo tanto, atestiguan el desa- que en ellas producen las contingencias históricas
rrollo inicial de la sociedad zapoteca y el paso gra- (véase Kluckhohn, 1971). Según ellos, habría que
dual del estadio tribal al de un cacicazgo (Flannery preguntarse quiénes fueron los que primero se asen-
y Marcus, 1994; Flannery y Marcus, eds., 1983). La taron en Monte Albán y quiénes los que lo llevaron
importancia de San José Mogote y su interacción a su esplendor.
con los olmecas de San Lorenzo Tenochtitlán, en Si es cierto que la cultura se enriquece de ma-
el Golfo de México, fue destacada en un artículo de nera selectiva a través de las relaciones que guar-
Kent Flannery presentado en la Mesa Redonda dan entre sí los distintos grupos de una sociedad y
de Dumbarton Oaks dedicada a los olmecas (1968) los contactos que ésta tiene con las sociedades ve-
y en un libro colectivo del año 1976 intitulado The cinas, podríamos afirmar que Alfonso Caso tuvo ra-
Early Mesoamerican Village, que pronto resultó fun- zón al señalar que los objetos pertenecientes a la
damental para la arqueología mesoamericana. Des- época IIIb de Monte Albán fueron producto de la in-
de entonces, no sólo cambió la práctica de la ar- corporación de elementos olmecas, mayas y teo-
queología en México, dándose mayor importancia tihuacanos a la cultura local de la época I, y que
al estudio de las unidades habitacionales y su con- los zapotecos de época tardía [fig. 3.5] se pueden
figuración interna, sino que se insistió en la cons- reconocer como tales a partir del año 600 d. C.,
trucción de una teoría arqueológica que permi- aproximadamente (Caso, Bernal y Acosta, 1967).
tiera enriquecer las interpretaciones hechas hasta Al mismo tiempo, se observa que desde temprano
entonces. las elites compartieron los tipos de cerámica do-
Desafortunadamente, el método basado en co- méstica con los demás grupos sociales que habita-
lecciones de superficie nunca logró distinguir los ban el cerro. Tal uniformidad en el consumo de
factores prioritarios que hubieran posibilitado en- objetos utilitarios fue, sin embargo, el argumento
tender, en cabalidad, los cambios culturales (Zei- para que Kent Flannery propusiera una identidad
El contexto sociocultural de la pintura mural oaxaqueña | 81

zapoteca común desde el Preclásico. Tomando a grafía de los gobernantes y correlacionarlos con los
esta última como punto de partida, queda en ma- objetos rituales hallados en los edificios públicos y
nos de la arqueología y de la semiología precisar en con los de tipo utilitario recuperados en las tum-
qué consiste el carácter multiétnico y pluricultural bas, entierros y unidades habitacionales. En este
de las antiguas elites oaxaqueñas. En su explica- sentido destacan los trabajos sobre Los Danzantes y
ción también deberá aludirse al hecho de que los las lápidas del Montículo J de Monte Albán como
gobernantes de Monte Albán y otros sitios mayo- representaciones fundacionales, así como los que
res modelaron sus asentamientos y objetos rituales se refieren a los señores y lugares que figuran en los
conforme a los gustos que prevalecían en las regio- relieves y las estelas de las plataformas norte y sur
nes con las que mantenían contacto, y a que dia- (Acosta, 1958-1959; Caso, 1928, 1947, 1965b; Caso y
riamente se encuentran objetos oaxaqueños o de Bernal, 1952; Caso, Bernal y Acosta, 1967; Zehnder,
inspiración oaxaqueña en otras regiones de Mesoa- 1977; Scott, 1978; Spencer, 1982; Flannery y Mar-
mérica. cus, eds., 1983; García Moll et al., 1986; Fahmel,
La inserción de Oaxaca dentro de los procesos 1994, 2001, 2004; Urcid, 2001).
que contribuyeron a formalizar la civilización meso- El estudio detallado de la pintura mural ha con-
americana implicó, también, el desarrollo de insti- tribuido a entender mejor los recintos funerarios
tuciones que trascendieron el cacicazgo de San José y las diferencias que éstos presentan respecto de
Mogote y los límites naturales de los Valles Cen- los espacios domésticos y de ritual público. Grosso
trales (Ribeiro, 1976; Fahmel, 1995; Blanton et al., modo, se observa que, a lo largo de trece siglos de
1999; Robles, ed., 2001, 2004; Balkansky, 2002; Gon- ocupación en Monte Albán y en los Valles Centra-
zález, 2003). La forma de organización estatal que les, las tumbas de cajón con cubierta plana fueron
surgió en Monte Albán durante la época I tardía y cediendo lugar a las que tienen antecámara y te-
II temprana marcó el camino que seguirían otros cho abovedado, brindando más lugar de maniobra
pueblos, y una política cultural abierta a los demás a quienes las decoraban. Durante el Clásico apare-
grupos que habitaban la entidad. De los sitios que cieron nuevas plantas con nichos y brazos que las
se conocen arqueológicamente, hay indicios de con- asemejan a una cruz, a una T o una H, incluyendo
tacto con los Valles Centrales en Monte Negro, Hua- además esculturas y relieves en piedra y estuco que
melulpan, Yucuita y Cerro de las Minas, en la Mix- aquilataban los mensajes contenidos en las pintu-
teca; en Laguna Zope, en el Istmo, y en el valle de ras. La interpretación de las escenas representadas
Sola y la desembocadura del río Verde, en la costa varía de un autor a otro, aunque los señalamientos
del Pacífico. Al estrechar relaciones con Teotihua- de Alfonso Caso sobre la forma del cosmos, sus re-
cán, la ciudad oaxaqueña se incorporó a una red giones y deidades asociadas, y los cambios estilísti-
mayor, dentro de la cual adoptaría un papel rector co-culturales en la figuración de los señores y sacer-
durante la época Monte Albán IIIb. Aunque las ins- dotes sigue siendo la más atinada (1938, 1965b). Al
tituciones originales parecen haberse conservado respecto, el responsable de innumerables explo-
hasta el Clásico tardío, las pinturas y los grabados raciones en las zonas arqueológicas de la entidad
en piedra recuperados a lo largo y ancho de la en- comenta:
tidad sugieren que hacia 850-900 d. C. los linajes
de los sitios menores trastocaron el orden estable- El arte no puede, de ningún modo, detenerse fren-
cido para adoptar una formación política y social te a los aspectos plásticos; tiene que ir más allá, a las
más diversificada. hondas raíces culturales que producen, consciente
o inconscientemente, la obra de arte [...] Las for-
mas cambian de una cultura a otra porque cambia
La sociedad y su cultura material también la actitud de los hombres: varía su visión
cósmica, tienen otras inquietudes y motivaciones
Para sustentar los enunciados de la historia y arti- (Caso, 1969: 35).
cularlos con el registro arqueológico, ha sido ne-
cesario efectuar análisis minuciosos de la icono-
82 | Oaxaca I Estudios

Por lo dicho se comprende por qué hasta el más rante el Posclásico. En Ejutla, Feinman y Nicholas
agudo de los observadores queda perplejo ante la (Feinman et al., 1990b) localizaron talleres para el
riqueza de los atuendos y los ajuares representados trabajo de concha que debieron surtir a varias lo-
por los muralistas oaxaqueños de antaño. Afortu- calidades circundantes.
nadamente, los avances realizados en materia de La mica hallada en la Plataforma Norte de Mon-
iconografía y epigrafía han permitido abordar con te Albán seguramente proviene de los yacimien-
más seguridad el difícil tema de la indumentaria y la tos del valle de Etla, y una vez trabajada parece haber
parafernalia que caracterizó a cada uno de los oficios sido exportada a Teotihuacán (Winter, 1994). La
y rangos sociales, lo que ha permitido efectuar obsidiana, en cambio, debió ser importada como
propuestas muy precisas sobre los vínculos que man- materia prima y haberse desbastado en contextos
tuvieron los linajes de los lugares explorados. particulares (Winter, 1979; Elam, 1993). Es posible
Ahora bien, para significar los objetos hallados que la turquesa se obtuviera de algún yacimiento
en las tumbas y otros contextos arqueológicos, es oaxaqueño ahora desconocido, aunque en su mayo-
necesario recordar que una estructura social jerar- ría fue llevada desde las minas de Nuevo México
quizada determina, por su misma naturaleza, las (Harbottle y Weigand, 1992). Buena parte de los pig-
labores que realizan los distintos sectores de la po- mentos empleados en los textiles y la pintura mural
blación y los tipos de objetos que utilizan para su aparentan ser de procedencia local, aunque también
trabajo y su adorno personal. De ahí que última- hay algunos —como el cinabrio y el azul maya—
mente los arqueólogos se hayan dedicado a buscar que delatan un posible origen foráneo (véase Ma-
las áreas de actividad en los asentamientos prehis- galoni y Falcón, en el presente tomo). Para trasla-
pánicos y la distribución de los productos ahí ma- dar estos productos, y muchísimos otros que no se
nufacturados. conservaron en el registro arqueológico, fue necesa-
A la fecha, sabemos que en San José Mogote ria una organización económica muy compleja y un
hubo un barrio de especialistas en la producción sinfín de comerciantes, cargadores y caravaneros
de objetos de magnetita y otros minerales ferrugi- que a semejanza de los pochtecah se desplazaban
nosos que se enviaban a la región olmeca del Gol- de un lugar a otro.
fo para ser usados como adorno o en ceremonias Más allá de la región central zapoteca y de la
rituales (Pires-Ferreira, 1975). Cerca de San José red económica que dirigían las grandes ciudades
Mogote y de Lambityeco, por su parte, se explota- debieron hallarse numerosos señoríos que vigila-
ba la sal (Drennan, 1976; Paddock, 1983a). La pie- ban el proceso civilizador, mientras que se debatían
dra empleada en las construcciones de Monte Al- entre el etnofilismo y el etnocentrismo (Fahmel,
bán se obtenía de canteras locales y de otras más 1995; Ribeiro y Gomes, 1996). En determinados mo-
alejadas, lo que implica sistemas de producción y mentos, ciertas regiones emularon el proceso polí-
acarreo muy bien organizados (Morales, 1992). Lo tico zapoteco, produciendo objetos e iconos que el
mismo se observa en el área de Mitla, donde fue- arqueólogo puede relacionar con las esferas socia-
ron localizadas las canteras y numerosos bloques les que interactuaron. En otras situaciones, empero,
de piedra careada que nunca llegaron a formar se observan desarrollos autónomos o filiaciones
parte de las construcciones (Holmes, 1897; Ro- culturales con los grupos asentados en el altiplano
bles, 1994). poblano-tlaxcalteca y Teotihuacán, así como en los
En cuanto a la cerámica, sólo se han encontra- estados de Morelos y Guerrero y en las costas de
do algunos hornos aislados en contextos que pa- Veracruz y Chiapas.
recen remitir a situaciones de producción familiar
(Martínez López et al., 2000). Gary Feinman y otros
investigadores (Feinman, 1990a) analizaron los ti- El mosaico cultural mesoamericano
pos de pasta gris fina elaborados en los Valles Cen-
trales a finales del período Clásico y detectaron En la dinámica que generaron los centros urbanos
numerosas variantes y probables centros de manu- surgidos en la Costa del Golfo durante el Preclásico
factura que debieron continuar su producción du- medio se pueden situar numerosos sitios fuera de
El contexto sociocultural de la pintura mural oaxaqueña | 83

esta región con una marcada influencia olmeca.


Entre ellos se encuentran San José Mogote, Etlaton-
go, Miltepec y Monte Albán, en Oaxaca; las Bocas y
el área de San Martín Texmelucan, en Puebla; Tla-
tilco y Tlapacoya, en la cuenca de México; Chalcat-
zingo, en Morelos, y Teopantecuanitlán, Juxtlahuaca
y Oxtotitlán, en Guerrero. La relación que los unía
aún no ha sido determinada, aunque es posible que
las rutas sobre las cuales se expandió el estilo ol-
meca también sirvieran para el comercio del jade
y la obsidiana, distribuyéndose, al mismo tiempo,
ciertos tipos de figurillas y cerámica (Flannery, 1968;
Bernal, 1969; Piña Chan, 1989; Coe et al., 1996).
Los principios de jerarquización política y de
ordenamiento religioso que maduraron en estos
contextos permitieron que en algunas regiones se
adoptara una estructura social de tipo estatal du- Figura 3.6. Monte Albán. Lápida fundacional del Estado
rante el Clásico temprano, incorporando en sus sis- zapoteco empotrada en el Montículo J.
(Dibujo: A. Reséndiz. Tomado de Caso, 1947: fig. 41.)
temas a los cacicazgos de menor envergadura. Te-
nemos entonces sitios como Monte Albán, San José
Mogote y Dainzú, Huamelulpan, Yucuita, Diquiyú y
Cerro de las Minas como parte de una esfera cultu-
ral mayor, estrechamente vinculada con las culturas las distancias y los factores fisiográficos sugieren,
protoclásicas del sureste mesoamericano. más bien, vínculos cambiantes entre los señoríos
En los Valles Centrales de Oaxaca fue Monte menores y la neutralidad entre Teotihuacán y Mon-
Albán, sin embargo, el que asumió el liderazgo so- te Albán (Bernal, 1965; Fahmel, 2001, 2004). Este
bre los demás asentamientos, enlazando a los sitios equilibrio entre las fuerzas horizontales y verti-
mencionados en las lápidas del Montículo J [fig. cales del cosmos se percibe en la gran mayoría de
3.6] y ejerciendo una política de alcances desco- los sitios que florecieron durante esa época, ya sea
nocidos hasta ese momento. Después de un intenso en el cosmograma de sus recintos ceremoniales
proceso de urbanización que dio forma a los distin- o en la iconografía que decora sus edificios y tum-
tos ámbitos de la ciudad y que plasmó, en la gran bas señoriales (Caso, 1965b; Millon, ed., 1973; Fah-
plaza, los principios de organización espacial que mel, 1997; Adams, 1999; De la Torre, 2002).
dictaba una astronomía de carácter solar, la elite za- La vida es vida, empero, y con el abandono pau-
poteca intensificó sus relaciones con los pueblos latino de Teotihuacán fueron dándose cambios que
del Altiplano Central y Teotihuacán, asegurando así fortalecieron a nuevos linajes en las diversas regio-
la estabilidad de los centros urbanos del Clásico nes de Mesoamérica (Pasztory, ed., 1978; Flannery
medio. y Marcus, eds., 1983; Diehl y Berlo, eds., 1989). Los
Algunos autores piensan que tal proceso es- matrimonios dinásticos que se efectuaron entre no-
tuvo acompañado de conquistas y de competencia bles de los distintos sitios de los Valles Centrales
interregional (Caso, 1947; Spencer, 1982; Flannery de Oaxaca quedaron asentados en los monumen-
y Marcus, eds., 1983; Cabrera et al., 1991),2 aunque tos escultóricos labrados durante el Clásico tardío
[fig. 3.7]; por el formato de las representaciones y
el contenido de las narraciones, estas historias gra-
2 Véase la propuesta de Cabrera et al. (1991) sobre la proceden- badas en piedra parecen ser el antecedente directo
cia de los individuos sacrificados en el basamento de las Serpien- de los códices posclásicos. La riqueza iconográfi-
tes Emplumadas de Teotihuacán con los resultados obtenidos por
Serrano et al. (1993) del análisis de las mutilaciones dentarias ca de tales monumentos es testimonio, también, del
que mostraban estos mismos. flujo de ideas y de productos a lo largo de los ca-
84 | Oaxaca I Estudios

minos que cruzaban la entidad e indicio del auge


que cobraron las letras y las artes durante la épo-
ca IIIb.
Hacia finales del Clásico, la diversificación cul-
tural desmedida repercutió en la validez de las nor-
mas ancestrales y en la cristalización de antiguas
rivalidades entre los sectores que componían la
red comercial. Las diferencias se perciben, ante
todo, en el ámbito de los lenguajes visuales, ya sea
como un rompimiento con los portadores tradicio-
nales de la cuenta anual o a través de los dioses re-
presentados en las urnas y figurillas de cerámica.
Asimismo, hacen su aparición las imágenes de
soldados o guardias corporales, tanto modeladas en
barro como pintadas en las tumbas de los gobernan-
tes. Como consecuencia de estos desarrollos, el
cruce de caminos del Clásico tardío fue trasladán-
dose hacia Cholula y el noroeste oaxaqueño, cono-
cido también como zona ñuiñe o tierra caliente.
En aquella región, donde a la fecha convergen
varios grupos étnicos y lingüísticos, las elites in-
corporaron a su cultura material diversos elemen-
tos de raigambre zapoteca y teotihuacana para le-
gitimar su ascendencia y el lugar de sus señoríos.
Con el tiempo, dichos elementos cuajaron en un
estilo particular que fue distribuyéndose hasta los
límites de Guerrero, por un lado, y a la Cañada de
Tehuacán y Cuicatlán, por el otro (Paddock, 1970;
Moser, 1977; Rodríguez, 1996). Nuevos impulsos
provenientes de Puebla y Tlaxcala, vinculados con
los grupos que habitaban alrededor de Cholula y
Cacaxtla, enriquecieron la cultura material de la
región mixteca, dando lugar al estilo —o grupo de
estilos— posclásicos conocidos con el término
Mixteca-Puebla (Seler, 1895, 1960; Nicholson, 1960;
Noguera, 1965; Lind, 1967; Smith y Heath-Smith,
1982; Nicholson y Quiñones, eds., 1994; Camare-
Figura 3.7. Estela 10 de Monte Albán. na, 1999).
(Dibujo: A. Reséndiz, 2004. Los señoríos clásicos de la Mixteca Alta, de la
Tomado de Fahmel, 1994: fig. 3.)
Cañada, de las sierras Norte y Sur y de la costa de
Oaxaca han sido poco estudiados. En general, se ha
asumido que dichas regiones carecieron del espa-
cio necesario para madurar una jerarquía de sitios
como la que encabezó Monte Albán. Por lo mismo,
se ha pensado en la existencia de organizaciones
sociopolíticas semejantes a la de los cacicazgos pos-
clásicos de la Mixteca Alta (Dahlgren, 1954; Spores,
1967). Hay noticia, empero, de alianzas que en épo-
El contexto sociocultural de la pintura mural oaxaqueña | 85

ca tardía unificaron a dichos señoríos dentro de


grandes reinos, como fue la confederación de Ocho
Venado Garra de Tigre, de Teozacoalco-Tilantongo,
o la de los señores de Tututepec en la costa del Pa-
cífico (Caso, 1979). El señorío de Teozapotlán, que
extendió sus fronteras de los Valles Centrales hasta
Tehuantepec, es un ejemplo más de tantos pactos
etnofílicos que debieron signarse a lo largo del tiem-
po y que aún desconocemos en términos etnohis-
tóricos y arqueológicos (Paddock, 1983b).
El colapso del Clásico —como se le ha llamado
por analogía con lo sucedido en el área maya— es
un tema difícil por las distintas cronologías y con-
ceptos de identidad que se manejan en la arqueo-
logía oaxaqueña. No obstante, algunos análisis mi-
Figura 3.8. Monte Albán. Relieve del Montículo J
nuciosos han detectado una serie de materiales que que representa al dios del viento Ehécatl en estilo códice.
no se comportan según el modelo Clásico-Posclá- (Dibujo: A. Reséndiz, 2004.
sico o teocracia-militarismo de corte tradicional, Basado en una foto de B. Fahmel, 1987.)
sino que muestran la continuidad y la convivencia
de zapotecos y mixtecos en Monte Albán [fig. 3.8],
los Valles Centrales y la Mixteca Alta desde la épo-
ca IIIb (Byland y Pohl, 1994; Fahmel, 1994, 1998; En los Valles Centrales, Zaachila encabezó las
Rodríguez, 1996). alianzas que, según las Relaciones geográficas de
Por otra parte, la diversificación de los siste- 1580, nunca pudieron superar los conflictos entre
mas gráficos empleados en los territorios que van vecinos. La presión que sobre ellos ejercieron los
de Xochicalco, en el actual estado de Morelos, has- pueblos serranos, empero, sí logró unificar tem-
ta Guiengola en el Istmo de Tehuantepec, parece poralmente a los señoríos y organizar el apoyo a
haber acompañado la desintegración social y el los desfavorecidos. Los mixtecos, por su parte,
quebrantamiento de las redes comerciales mayo- prefirieron ligar sus señoríos mediante un sistema
res, disgregando a los componentes que formaban flexible de matrimonios dinásticos, lo que les dio
las antiguas estructuras políticas y el soporte de las una serie de ventajas en sus tratos multilaterales.
grandes ciudades. En los códices Bodley, Selden, Nuttall [fig. 3.9], Vin-
Por último, la aparición de nuevas tecnologías, dobonensis, Becker 2 y Colombino-Becker se encuen-
como la fundición de metales y la cerámica de alta tran numerosos ejemplos de esta forma de actuar,
temperatura, debió de contribuir a las dudas que lo que no deja de confundir a los antropólogos
habrían surgido respecto de la naturaleza y eficacia que desean rastrear la etnogénesis de los pueblos
de los dioses clásicos, y conducir a una sociedad actuales.
más secular. Después de un intervalo —que aún fal- Poco es, en cambio, lo que se sabe de los seño-
ta estudiar—, los pueblos del Posclásico tardío reela- ríos de la costa sur debido a la pérdida de la Rela-
boraron sus jerarquías, ordenando los centros de ción geográfica del reino de Tututepec. Lo mismo se
producción y distribución artesanal conforme al puede decir respecto de los pueblos de la sierra
sistema de relaciones vigente entre los señoríos al Norte, donde mixes, chinantecos y zapotecos con-
llegar los españoles (Dahlgren, 1954; Spores, 1967; trolaban el flujo de mercancías entre el Golfo y
Taylor, 1972; Acuña, ed., 1984; Terraciano, 2001). los Valles Centrales. La noticia que corrió en el si-
Las deidades adoptaron caracteres iconográficos glo XVI sobre los abundantes objetos de oro que se
que también se utilizaban en otras regiones de Me- encontraban en la Chinantla llevó a que muchos
soamérica, destacando las distintas fuerzas que se soldados españoles desertaran y se dedicaran al
manifiestan en la naturaleza. saqueo de los sitios prehispánicos, destruyendo
86 | Oaxaca I Estudios

La pintura mural prehispánica en Oaxaca

Ante la enorme diversidad lingüística, étnica y cul-


tural que presenta el estado de Oaxaca desde una
perspectiva histórica, queda por mencionar un
aspecto que tiene que ver, en forma directa, con los
propósitos del presente volumen, es decir, la coexis-
tencia de diversas tradiciones murales polícromas
con otras que combinan el rojo y el blanco. Dicha
bicromía se vuelve común en numerosos sitios de
la Mixteca Alta, la Cañada, los Valles Centrales, la
Chinantla y el Istmo de Tehuantepec después del
año 650 d. C., y aun cuando no incide en la cerámi-
ca ni en los códices que participan de la tradición
Mixteca-Puebla, sí va a adoptar los estilos caligrá-
ficos que caracterizan su iconografía.
En cuanto a su significación, el rojo ha sido aso-
ciado con la sangre, la vida y el amanecer, aunque
la estrella de la mañana o Venus-Tlahuizcalpante-
cuhtli también podía ocasionar la muerte. Recor-
demos que de este color estuvieron pintados los
edificios de Mitla (o “Lugar de los Muertos”) y que
Figura 3.9. Representación del señor el palacio del gran sacerdote también se conocía
5 Flor en la página 33 del Códice Nuttall, según Caso.
como Palacio de la Vida y de la Muerte (Thiemer-
(Dibujo: A. Reséndiz, 2004. Tomado de Paddock,
ed., 1966: 320.)
Sachse, 1995). El blanco, en cambio, se relaciona-
ba con Quetzalcóatl, la luz y la creación, a pesar
de que muchos grupos lo vinculaban con el norte
y el ámbito de Mictlantecuhtli. A la dialéctica im-
las evidencias que hubieran permitido conocer me- buida en esta forma de pensamiento dual se aña-
jor a los grupos que ahí habitaban. En la Cañada de de el tono más cálido del cinabrio, cuyos restos han
Tehuacán-Cuicatlán y regiones vecinas, finalmen- sido encontrados en innumerables entierros en
te, coexistían los mazatecos, cuicatecos, nahuas, toda Mesoamérica.
nonoalcas, chichimecos, ixcatecos, chocho-popo- En las tumbas de las épocas Monte Albán I a
locas y mixtecos, quienes dejaron registro de sus IIIb, en particular, se observan manchas de tal pig-
historias en las fuentes escritas de los mexicanos mento en las paredes, así como vestigios del
y en numerosos códices, lienzos y documentos co- mismo en los esqueletos y el ajuar de los difuntos.
loniales. No hace mucho que empezó a ser estu- Muchos de esos huesos coloreados fueron removi-
diada su organización social, si bien queda la tarea dos para utilizarlos posteriormente en contextos
de vincular los sitios arqueológicos reconocidos con rituales, de lo cual se colige que se les consideraba
los pueblos antes mencionados (Matadamas, s. a.). como depositarios de la fuerza o vitalidad de los
Tratándose de una ruta de intercambio muy inten- ancestros y, por ende, como instrumento de conti-
so parecería imposible cumplir con esta labor, pues nuidad. De igual manera, parecería que Mictlan-
no sólo circularon personas y objetos en todas tecuhtli, o Señor de los Muertos, se encontraba en
direcciones, sino que, desde el Preclásico tardío, un perenne estado de transición hacia el más allá,
las alianzas y conquistas militares provocaron la pues la imagen esquelética que deambula entre los
reubicación continua de los asentamientos (véa- demás dioses figurados en los códices lleva man-
se el mapa etnolingüístico en el capítulo previo) chas que han sido interpretadas como signos de
[fig. 2.9]. descomposición.
El contexto sociocultural de la pintura mural oaxaqueña | 87

Remontando, entonces, lo poco que sabemos


sobre la muerte durante el Posclásico, y lo que de
ello pervive hasta nuestros días, visualizamos una
situación donde los elementos de la pintura mural
polícroma estarían representando las fuerzas del
cosmos que mantenían la vitalidad del difunto co-
locado entre ellas. En las tumbas 72 y 112 de Mon-
te Albán, y en la 11 de Lambityeco, dichas fuerzas
habrían sido representadas mediante glifos y figu-
ras humanas que aluden a los cuatro puntos cardi-
nales, mientras que en la Tumba 104 de Monte Al-
bán y en la 1 de Zaachila se habría identificado con
ellas a los difuntos, al registrar sus nombres en el
libro de los tiempos. Los personajes inhumados en
Figura 3.10. Huitzo. Barrio del Rosario, las tumbas 105 de Monte Albán y 5 de Suchilqui-
calavera representada en el dintel de la Tumba 1. tongo, por su parte, parecen haber previsto el espí-
(Dibujo: A. Reséndiz.
ritu de las cosas que esperaba a sus descendientes
Basado en Flannery y Marcus, eds., 1983: fig. 8.37).
y haber compensado el vacío terrenal a través de
los regocijos que brindaba su investidura.
Esta interpretación de un subconjunto de pintu-
Ahora bien, la conquista espiritual del siglo XVI ras funerarias dentro del amplísimo territorio oaxa-
trajo consigo una nueva forma de vida, de ritual queño no implica que otros grupos étnicos tuvieran
público y de convivencia familiar que introdujo la misma actitud frente a la muerte. Tan es así que
una actitud distinta hacia la muerte. Este cambio se conocen distintos tipos y formas de tumbas y en-
en la forma de valorar la estancia en el mundo y el terramientos en las secuencias culturales de la enti-
paso al más allá ha contribuido en mucho a la in- dad. Lo que dejan entrever todos estos recintos, em-
comprensión de los recintos funerarios prehispá- pero, es un respeto a lo desconocido y al destino de
nicos y de la pintura mural que se encuentra en aquello que imbuye a los humanos de una persona-
ellos [fig. 3.10]. Así, observamos que frente a la re- lidad, incluyendo acaso a otras especies que media-
novación psíquica y anímica que conduce a los cris- ban entre el plano terrestre y el inframundo. Du-
tianos al Reino de los Justos, la gente de los pueblos rante el Posclásico, esta preocupación encontró
aún muestra temor hacia las antiguas tumbas, lo en los iconos de “tipo códice” una forma de comuni-
cual indica que, en su concepción, las fuerzas de la cación gráfica que permitió transmitir los conceptos
vida no se disipan con la muerte. La costumbre de religiosos de una manera inmediata, ya sea entre
los habitantes de Pomuch, Campeche, por ejemplo, los miembros de una misma comunidad o entre pue-
de remover los tejidos blandos de la osamenta de blos vecinos ligados por alguna circunstancia no fi-
sus difuntos cierto tiempo después de haberlos se- lial. Al romperse las barreras lingüísticas también
pultado y luego exponer los huesos durante los me- se pudieron confrontar los valores propios a cada so-
ses de noviembre y diciembre, refuerza esta idea y ciedad, tornándose la muerte —como último hecho
ayuda a entender mejor esa obligación de honrar de la vida— en un tema que permitió el diálogo en-
a sus antepasados. tre los distintos pueblos que habitaban Mesoamérica.
Los estilos en la pintura mural de Oaxaca

Sonia Lombardo de Ruiz


Dirección de Estudios Históricos, INAH

Es poco lo que se puede añadir sobre la pintura pintura de Oaxaca como una secuencia única, for-
mural prehispánica de Oaxaca después de lo dicho mada por diferentes fases, aquí, en cambio, se des-
por Arthur G. Miller en su excelente libro The Paint- cubren varios estilos con algunas variantes.
ed Tombs of Oaxaca, Mexico. Living with the Dead La inclusión de otros murales fuera del área
(1995). Ahí, este experimentado autor, que ha tra- de los Valles Centrales añade algunos datos a la
bajado en Teotihuacán (Miller, 1973) y en la costa obra de Miller, mas la principal aportación es el
de Quintana Roo (Miller, 1982), profundiza y enri- estudio de las diferentes intervenciones en las pin-
quece el estudio de la pintura que antes había re- turas de las tumbas, lo que el mencionado autor
alizado sólo con los métodos del historiador del señaló pero no llegó a precisar.
arte. Ahora echa mano, además, de datos arqueo- A continuación se tratarán los estilos de los mu-
lógicos, históricos y etnográficos, es decir, le añade rales de Oaxaca en cada período, desde los tiem-
una perspectiva antropológica a la interpretación pos iniciales hasta las épocas más recientes, en las
del arte. Centra su atención en el concepto de la distintas áreas geográficas.
muerte y su ritual entre los grupos sociales que
pintaron los murales y penetra en tales aspectos
para arrancarles su verdadero significado. El período Clásico temprano
No obstante, el ánimo para llevar a cabo el pre- en los Valles Centrales (200-500 d. C.)1
sente trabajo fue el de proseguir con la secuencia de
los estudios realizados con anterioridad en Teotihua- El estilo monocromo tonal
cán y en el área maya, aplicando el mismo método
de análisis utilizado en ellos, con la finalidad de te- En los Valles Centrales de Oaxaca, en donde se de-
ner una visión comparada de los estilos en la pintu- sarrolló la cultura zapoteca, se encuentran las prime-
ra mural prehispánica. El acercamiento a través de ras pinturas murales que contienen diseños. Datan
las categorías técnicas, formales e iconográficas esta- del período Clásico y provienen sólo de recintos fu-
blecidas en dichos trabajos, aunque fue casi siempre nerarios. Esto no quiere decir que no pudo haber-
coincidente con Miller, arrojó algunas diferencias las en épocas anteriores ni en otros espacios arqui-
respecto de su clasificación. Mientras él concibe la tectónicos, sino que únicamente se han conservado

1 Aunque la cronología arqueológica de Oaxaca no suele enmar- ción con las otras regiones, como la de Teotihuacán en el Altiplano
carse en los períodos Preclásico, Clásico y Posclásico definidos de México, o la maya, que ya han sido estudiadas y publicadas en
para toda Mesoamérica, sino que tiene su propia clasificación, aquí los volúmenes I y II de La pintura mural prehispánica de México,
sí se han mantenido éstos con la finalidad de guardar la correla- dentro de este mismo proyecto.
90 | Oaxaca I Estudios

tura en los tres muros, así como en la cara interior


de las jambas de la puerta.
La Tumba 72 presenta el primer estilo de pintu-
ra mural en Oaxaca. Aquí se le ha considerado
como un estilo y no una fase estilística —como la
ha visto Miller (1995: 65)— porque presenta carac-
terísticas distintas del resto de los murales, tanto
en la técnica como en la forma y en la iconografía,
según se verá mas adelante.
La técnica pictórica, según Magaloni y Falcón
en este mismo volumen, consta —como en muchas
partes de Mesoamérica— de un enlucido de cal y
arena que sirve para homogeneizar la superficie de
la pared destinada a recibir la pintura. Dichas auto-
ras ven —coincidiendo con Miller (1995)— una
apariencia lustrosa como característica del aca-
bado final de estas pinturas, y explican que, una
vez aplicados los pigmentos, se bruñó el aplanado
con algún instrumento duro, hasta darle esa lisura
brillante.
En el interior de la cámara, el sistema pictó-
rico está constituido por tres unidades indepen-
dientes, aunque debieron estar relacionadas entre
sí por una temática general. Se trata de tres pane-
Lámina 4.1. Monte Albán. les rectangulares, dispuestos cada uno en un muro
Tumba 72, muro norte. —norte, oeste y sur [lám. 4.2]— y guardando una
(Foto: D. Magaloni, 1993.)
composición simétrica respecto del eje longitudi-
nal de la tumba. Jerárquicamente, la posición de la
pared oeste, a pesar de ser la más angosta, resul-
ta de mayor importancia por estar en el eje mayor
en tumbas a partir de esa fecha. De hecho, en y por ser la primera que capta el espectador al tras-
Monte Albán abundan restos de pintura roja en las poner el umbral de la cámara. Los paneles norte y
fachadas de los edificios, pero no presentan nin- sur ocupan todo el ancho de la pared; su altura es de
guna figura. 25 cm y los enmarca una gruesa franja de 12 cm en
El ejemplo más antiguo se encuentra en la los lados y de 20 en la base y en la parte superior.
Tumba 72 de Monte Albán [lám. 4.1] y se ubica al Es distintiva de tal estilo la ausencia de una lí-
principio de la fase arqueológica Pitao [véase ta- nea que delimite a las figuras, de modo que los co-
bla 4.1],2 esto es, después del año 350 d. C.3 Se tra- lores, planos, quedan yuxtapuestos uno junto al
ta de una cámara de planta rectangular cuyo eje otro. La paleta pictórica es monocroma —caracte-
longitudinal corre de este a oeste; en el primer rística que ha servido para denominar el estilo—,
rumbo se encuentra la entrada, y en el segundo, el en la cual el fondo es de un rojo hematita de tono
fondo del sepulcro. Conserva fragmentos de pin- claro, sobre el cual destacan el marco y las figuras

2 La fase Pitao es la de Monte Albán IIIa de Caso et al. (1967). En Caso, Bernal y Acosta (1967), haciéndole algunos ajustes; en la
este trabajo, la cronología de las fases arqueológicas de los Valles tabla 4.1 se ve la correspondencia entre ambas cronologías.
Centrales de Oaxaca se tomó de Winter, Markens, Martínez López, 3 La Tumba 204 de fines del Preclásico (fase Nisa) también tiene
Lind y Urcid (información inédita elaborada en 2003) porque se restos de pintura roja que pudiera ser una línea superior a lo lar-
adapta mejor a las fechas de los estilos. Ellos se basaron en la de go del muro, pero no presenta otros diseños.
Los estilos en la pintura mural de Oaxaca | 91

Lámina 4.2. Monte Albán.


Tumba 72, planta con los muros abatidos.
(Dibujo: J. F. Villaseñor, 2004.)
92 | Oaxaca I Estudios

Tabla 4.1. Cronología de los estilos de las pinturas murales de Oaxaca

Zapoteco

Año Períodos Fases Fases Monocromo Policromo Policromo Variantes del


arqueológicas (*) arqueológicas (**) tonal transicional policromo

1521
Posclásico tardío

Chila
1300

1250

1200

1150

1100 Monte Albán V


Posclásico temprano

1050
Lyobaa
1000

950

900

850
Monte Albán,
Tumba 125,
800 2a. intervención
Fase 4: (Variante 3)
Monte Albán, Lambityeco,
750 Tumba 125 Tumba 11,
2a. intervención

700 (Variante 2)
Monte Albán Xoo
Clásico tardío

Lambityeco,
IIIb-IV Tumba 11,
Fase 3:
650 1a. intervención
Suchilquitongo,
Tumba 5,
1a. intervención
600 Fase 2: Monte
Albán, Tumba 105,
1a. y 2a.
550 Peche intervenciones
(Variante 1)
Monte Albán,
500 Tumba 104

Fase I:
450 Monte Albán,
Tumbas 112,
Monte Albán IIIa Pitao 7, 103
400
Monte Albán
Clásico temprano

Tumba 72
350

300
Monte Albán II Tani

250

200

* Cronología para los Valles Centrales de Oaxaca tomada de Winter, Markens, Martínez López, Lind y Urcid (información inédita, elaborada en 2003).
** Cronología para Oaxaca tomada de Winter, Markens, Martínez López, Lind y Urcid (información inédita elaborada en 2003). Su inclusión en este cuadro es
tentativa, en tanto se defina arqueológicamente su pertenencia a la esfera de las culturas de Oaxaca o a la cultura poblano-tlaxcalteca.
Lapso en el que pudieron ser pintados los murales.
Los estilos en la pintura mural de Oaxaca | 93

? Mixteco Chinanteco Cuicateco Popoloca

Bicromo Ocre, rojo Negro, blanco Negro Policromo Bicromo Bicromo Policromo
y blanco y rojo geométrico geométrico figurativo figurativo

Mitla: Grupo
del Arroyo
y Grupo de la
Iglesia

Huitzo, Barrio
del Rosario,
Tumba I

Cerro de
la Guacamaya,
Yólox, San Pedro
Tumba 8 Jaltepetongo,
Tumba 1
Suchilquitongo,
Tumba 5, Huajuapan,
4a. intervención Sta. Teresa,
Suchilquitongo, Tumba 2 San Juan
Tumba 5, Ixcaquixtla
3a. intervención
Suchilquitongo,
Tumba 5,
2a. intervención
94 | Oaxaca I Estudios

Figura 4.1. Tikal, Guatemala, entierro 166. Planta de la tumba


con los muros abatidos. Los personajes, aunque están
muy destruidos, se hallan colocados por parejas en los muros
laterales y en el del fondo.
(Dibujo: A. Reséndiz, 2006. Basado en W. Coe, 1965.)

en un rojo, también hematita pero de tono oscuro, confieren una escala monumental; las del fondo,
lo que produce un efecto cromático vibrante.4 Las por ser más angosta la pared, son un poco más pe-
superficies que conforman las figuras tienden a queñas, pero no por ello pierden importancia, pues
ser orgánicas más que geométricas; la textura es su menor tamaño se compensa con la jerarquía pri-
lisa y, como ya se dijo, de acabado pulido.5 vilegiada que tienen al hallarse frente a la puerta.6
Las figuras de los muros laterales miden aproxi- Todas las figuras se localizan dentro del espacio
madamente 100 por 100 cm, dimensiones que les rectangular del marco, en una simetría bilateral res-

4 El tono de rojo claro es 7.5 R 6/6, y el oscuro, 5 R 4/6 de la tabla que concierne al color. Efectivamente, la técnica del estuco de
Munsell. El número indica el tono; la letra, el color; el número an- acabado bruñido es muy similar en las pinturas de ambos sitios.
terior a la diagonal, el grado de luminosidad y el posterior, el grado Sin embargo, la de la Tumba 72 no es anterior, ya que dicha téc-
de saturación (Munsell Color Book, 1975). nica es constante en todas las fases del estilo teotihuacano,
5 Miller (1995), al referirse a estas pinturas, remarca el uso de los desde el período Tzacuali en los primeros años de la era actual.
dos tonos de rojo, así como el aspecto pulido del estuco, y con- En cambio, el uso de dos tonos de rojo sí es anterior en esta
cluye que es una técnica muy parecida a la de los murales de Te- tumba de Oaxaca, ya que en Teotihuacán aparece hasta la cuarta
otihuacán. Destaca que en la Tumba 72 esta técnica aparece en fase estilística, en el período Xolalpan (450-700 d. C.) (véase
una época más temprana, dato que le sirve de argumento para Lombardo de Ruiz, 1995).
contradecir a quienes sostienen que la pintura de Oaxaca deriva 6 Los paneles de la Tumba 72 no están completos. En el muro
de la teotihuacana. No obstante, cabe aquí hacer una precisión norte los restos de la pintura miden 183 cm de largo por 130 cm de
cronológica, diferenciando lo que corresponde al enlucido y lo altura; en el muro sur, 196 por 130 y, en el oeste, 118 por 87 cm.
Los estilos en la pintura mural de Oaxaca | 95

Figura 4.2. Río Azul, Guatemala.


Tumba 12, con las paredes abatidas.
(Dibujo: A. Reséndiz, 2006.)

pecto del centro. En las pinturas laterales (norte y y un 13; asimismo, leyó los glifos del muro norte
sur) había un nicho cerca de la puerta y, a continua- como 3 L y 7 L, y los del sur, como 8 L y 10 E, a los
ción, las dos imágenes, una de las cuales ocupaba que identificó como calendáricos, sin establecer
el eje central.7 En el caso del mural posterior (oes- entre ellos ninguna correlación. Por su parte, Miller
te), las dos figuras se distribuyen dentro del espacio (1995: 66) vincula todos los glifos con los calenda-
rectangular, simétricamente respecto del eje central, rios ritual y solar, sin especificar cuáles son, y su-
que en este caso queda vacío; es decir, ambas tienen giere que pueden ser nombres calendáricos del
el mismo valor en la composición. En los tres mu- muerto, de sus antepasados o de sus descendientes
rales de la tumba, la disposición de las imágenes es (Miller, 1995: 68). Urcid (1992, II), en su clasifica-
estática. Se trata de representaciones de numerales ción, incluye algunos de ellos como los primeros
del sistema de puntos y barras, sobre los que hay ejemplos del glifo Ñ, que se caracteriza por una más-
un glifo ornamentado con formas trilobuladas.8 cara bucal dentro del cartucho central del glifo;
Caso (1935) interpretó los de la pared del fondo otros, al parecer, corresponden a las representacio-
como un 7 que tiene una bolsa entre los dos puntos nes del glifo J. Es así que, con base en Urcid y en la

7 Sólo había evidencia de uno de ellos, pero cuando se reconstruyó 8 Las figuras del muro oeste se encuentran destruidas en la parte
la tumba se infirió que había otro nicho igual en el lado opuesto, superior y sólo dejan ver dos numerales en la zona baja, pero
como sucede en otras tumbas de Monte Albán. arriba debieron tener un glifo como en los otros muros.
96 | Oaxaca I Estudios

3
4
1

Lámina 4.3. Monte Albán.


Tumba 112, planta con los muros abatidos.
(Dibujo: J. F. Villaseñor, 2002 y 2004.
Edición digital: R. Ramírez, 2005.)
Los estilos en la pintura mural de Oaxaca | 97

reconstrucción del mural sur efectuada por Fran- Tales ejemplos permiten concluir que la Tum-
cisco Villaseñor [lám. 4.2], se pueden leer los gli- ba 72 de Monte Albán comparte varios rasgos téc-
fos 8 Ñ y 10 J (uno de los días con forma de planta nicos, formales o iconográficos, con otras manifes-
de maíz). Arellano y Díaz sostienen que se trata de taciones pictóricas funerarias de varias regiones de
glifos nominales que sustituyen la imagen corporal Mesoamérica, ya sean anteriores, contemporáneas
de los antepasados —quienes más tarde estarán re- o un poco más tardías; sin embargo, la manera par-
presentados por personajes— y que constituyen ticular de combinarlos lo define como un estilo pro-
una de las constantes de la narrativa de estas pin- pio al cual se le denominará aquí estilo monocromo
turas.9 Dado el contexto funerario y considerando tonal [tabla 4.1].10 En la técnica, se identifica por un
la reiterativa inclusión de glifos nominales en las soporte de estuco con un acabado pulido; en la for-
pinturas de sepulcros posteriores, ninguna de las in- ma, por la ausencia de una línea de contorno que de-
terpretaciones antedichas parece contradictoria. limite a las figuras, una paleta monocroma con dos
¿Cómo se explica esta pintura de la Tumba 72 tonos de rojo (que producen un efecto vibrante),
en el contexto cultural mesoamericano? En él, una escala monumental, una composición simétri-
los testimonios más tempranos de prácticas mor- ca bilateral y una disposición estática de las figuras;
tuorias que incluyen pintura mural provienen del en la iconografía se caracteriza por el uso de glifos
entierro 166 de Tikal [fig. 4.1], fechado entre el año como figuras únicas de la representación.
50 a. C. y 150 d. C. (en el período Preclásico tar-
dío), esto es, doscientos años antes de la tumba de Primera fase del estilo policromo
Oaxaca. Distribuidas en tres de sus muros, aun-
que muy deterioradas, se representan, en líneas Un poco más tarde, dentro de la misma época ar-
negras sobre un fondo rojo claro, varias figuras queológica (Pitao), se ubica la Tumba 112 de Monte
humanas, dispuestas por parejas en cada uno de Albán, que data alrededor de 450 d. C. [lám. 4.3].11
los muros laterales y en el del fondo, distribución En condiciones muy deterioradas, conserva tam-
que es semejante a la de la Tumba 72 de Monte Al- bién pinturas en todos sus muros y, aunque en algu-
bán (Coggins, 1975; Lombardo de Ruiz, 2001). En- nos aspectos es similar a la Tumba 72, se percibe
tre 150-600 d. C. —en el Clásico temprano del área en ella un estilo distinto. Éste parece ser el inicio
maya—, en Río Azul, hay varios sepulcros con ras- de una tradición pictórica de la cultura zapoteca que
gos semejantes (Lombardo de Ruiz, 2001). La Tum- se repetirá en otros murales, con algunas varian-
ba 19 —contemporánea a la 72 de Monte Albán— tes que constituyen diferentes fases temporales
tiene delineada la figura del llamado “dios bufón” en (véase tabla 4.1). Es el segundo estilo de Oaxaca, y
color rojo oscuro sobre un rojo más claro, y en las por la variedad de colores que presenta, en con-
tumbas 1 y 12 hay paneles rectangulares delimi- traste con el anterior, se le ha denominado estilo
tados por franjas rojas a manera de marcos, dentro policromo, al cual bien se podría calificar de clá-
de los cuales se ubican las figuras. En la Tumba 12 sico, entendido este vocablo como lo más represen-
[fig. 4.2], éstas son unos glifos que ocupan un am- tativo y mejor logrado de la pintura de los Valles
plio espacio en el muro y, por sus grandes dimen- Centrales.
siones, poseen una apariencia monumental seme- Se trata de una cámara rectangular con su eje
jante a los de la Tumba 72; según Arellano (2001: longitudinal de oeste a este, cuya entrada se ubica
341-342), se refieren a los rumbos del universo, al en el primer rumbo. Tres de las paredes conservan
linaje del muerto y a la fecha de defunción del per- pintura, al igual que en la Tumba 72; el muro este
sonaje enterrado. destaca respecto de los otros dos por hallarse en el

9 Véase el estudio de Alfonso Arellano y Susana Díaz en este mis- las ilustraciones. Cuando en el texto se hace referencia a ellos,
mo volumen. éste se indica entre paréntesis, y en las láminas y figuras dicho
10 Se designa así por considerar la presencia de un solo color, número aparece colocado a sus pies. En caso de que haya dos
aunque tenga variaciones de tono. registros superpuestos, como en la cámara de Suchilquitongo,
11 A todos los personajes o figuras de los murales se les ha asig- los del registro superior se ponen arriba de sus cabezas.
nado un número, con la finalidad de identificarlos rápidamente en
98 | Oaxaca I Estudios

eje del recinto y frente al umbral de la entrada. En La asociación visual de olas verdes con el agua
cada una de las paredes laterales (norte y sur) se es inminente, en tanto que las rojas pudieran inter-
abren dos nichos hacia la parte media. pretarse como fuego; ambas aluden, en conjunto, a
Las pinturas tienen como base un enlucido, dos principios fundamentales en la cosmogonía me-
sólo que no está bruñido, por lo que la textura de la soamericana, pues son elementos que participan
superficie es más rugosa.12 Hay restos de pintura en el pensamiento mítico y religioso desde la crea-
roja en las jambas. En el interior, como en la Tum- ción del Sol hasta los ritos de fertilidad y de la agri-
ba 72, el conjunto consta de tres unidades indepen- cultura, es decir, son los principios de la vida. In-
dientes que ocupan, cada una, la totalidad del muro dependientemente de que esta interpretación sea
en que se hallan emplazadas. aceptada, es innegable su connotación simbólica,
Las pinturas de la Tumba 112 presentan, como que ubica el significado de tales imágenes en un
gran diferencia respecto del primer estilo, figuras ámbito sobrenatural.
que se encuentran delimitadas por líneas que va- El muro sur [lám. 4.3] también se encuentra
rían de 4 a 6 mm de grosor que, además, son poli- muy deteriorado, pero en él se conservan varias
cromas [láms. 4.4, 4.6 y 4.7]. Su paleta de color es imágenes. Están dispuestas en un formato hori-
rica y se caracteriza por un rojo hematita oscuro, zontal de 76 cm de altura, y las delimitan, arriba y
un amarillo ocre, un verde oscuro y un verde claro abajo, unas franjas de postas iguales a las antes
[lám. 4.4],13 sobre un fondo rojo hematita claro; al- descritas. En la pared hay una sucesión de figuras
gunas veces se utiliza el propio aplanado de cal que conforma una escena, en la cual alternan dos
con valor de blanco.14 Encima del estuco se dibujó personajes (3 y 4) que ven hacia el muro del fondo
el diseño con línea roja, después se aplicó un co- —separados entre sí por dos nichos—, cada uno
lor homogéneo y luego se hizo el delineado final con una columna de glifos frente a ellos.17 El hom-
con negro o rojo.15 Son características de estas lí- bre del extremo este (figura 3) se halla de pie y de
neas la combinación de trazos rectos con otros re- perfil [láms. 4.6 y 4.7, fig. 4.3]; sus dimensiones
dondeados y flexibles. En las superficies, planas, son pequeñas: 57 cm y, con el tocado, alcanza 76,
lisas y fragmentadas, hay formas tanto orgánicas por lo que su escala es menor que la natural.
como geométricas. No hay representación de volumen, sino que,
En el lado este de la tumba, en el muro poste- en un solo plano, hay varias vistas del mismo obje-
rior, todavía se percibe —pese al deterioro— un to, captadas desde diferentes ángulos. Por ejemplo,
espacio rectangular y vertical que conserva el en las figurillas de barro se ve que los dignatarios
fondo de color rojo claro y en él hay restos de vo- portan, en la espalda, un adorno formado por an-
lutas en amarillo, verde claro y rojo oscuro, sin chas cintas atadas con el cinturón, mismas que
que pueda distinguirse otro diseño. Lo rodea una les caen a manera de cauda. En el hombre del mu-
cenefa en rojo oscuro de 27 cm de ancho, y en ella ral, ubicado de perfil, las cintas aparecen como si
hay una sucesión de postas o ganchos verdes, a las llevara de lado en vez de atrás, colocadas una
manera de olas, dispuestos con ritmo y distancias arriba de otra, con la finalidad de que puedan apre-
iguales, por lo que el fondo queda configurado con ciarse todas al mismo tiempo, sin crear una pers-
el mismo diseño, en un juego de positivo/nega- pectiva.
tivo. Al ser el verde y el rojo colores complemen- El personaje, con el torso desnudo, viste una
tarios, producen un intenso contraste vibrante faldilla y un cinturón, finamente decorados; porta,
que le imprime un efecto dinámico a los ganchos asimismo, el adorno posterior antes mencionado,
verdes y rojos [lám. 4.5].16 un penacho con un ave —de cuyo pico emana una

12 Véase D. Magaloni y T. Falcón en este mismo volumen. 15 Véase Magaloni y Falcón en este mismo volumen.
13 Este verde es único en la pintura mural de Oaxaca (véase Maga- 16 Véase la cédula correspondiente a la Tumba 112 en el Catálogo,
v
loni y Falcón, en este mismo volumen). elaborada por D. Ségota.
14 Los colores tienen la siguiente correspondencia en la tabla Mun- 17 De los glifos frente al segundo personaje sólo quedan algunos
sell: rojo oscuro, 7.5 R 4/4; rojo claro, 7.5 R 6/6; amarillo, 7.5 YR trazos.
7/8; verde oscuro, 2.5 G 5/2, y verde claro, 10 GY 5/2.
Los estilos en la pintura mural de Oaxaca | 99

Lámina 4.4. Monte Albán. Tumba 112,


muro sur, lado izquierdo, columnas con glifos.
(Foto: S. Lombardo, s. a.)

Lámina 4.5. Monte Albán.


Tumba 112, detalle de la cenefa superior.
(Dibujo: J. F. Villaseñor, 2002.)
100 | Oaxaca I Estudios

Lámina 4.6. Monte Albán.


Tumba 112, muro sur,
lado izquierdo, figura 3.
(Foto: S. Lombardo, s. a.)

Lámina 4.7. Monte Albán.


Tumba 112, muro sur,
lado izquierdo, detalle
del rostro de la figura 3.
(Foto: S. Lombardo, s. a.)
Los estilos en la pintura mural de Oaxaca | 101

Figura 4.3. Monte Albán.


Tumba 112, muro sur, figura 3.
(Dibujo: A. Reséndiz, 2003.
Basado en Miller, 1995: lám. 8.)

gota de agua— y una orejera de jade. Por su elabo- La figura ha sido interpretada por Miller (1995),
rado atuendo, se deduce que tiene un alto rango apoyándose en su lectura de los glifos [lám. 4.4 y
social. Su quijada prógnata, la mueca que deja ver fig. 4.3], como un viejo guerrero —cuyo nombre
un solo diente, y el ojo, muy horizontal en forma calendárico es 4 Cocodrilo—18 que efectúa un ri-
de frijol, denotan que se trata de un viejo. Tiene un tual de sacrificio funerario. Dicho autor indica que
collar con un lazo anudado; en una mano sostiene también se registran fechas de los calendarios za-
una bolsa de copal y con la otra empuña una lanza potecos, se describen actos de conquista de algu-
a modo de bastón, elementos que le confieren fun- nos lugares y se alude a campos cultivados.
ciones religiosas, militares y de poder. La manera En el extremo oeste del mismo muro, en el es-
de colocar la columna de glifos frente al dignatario pacio que queda entre los nichos y la entrada, se
recuerda a la que tienen algunos relieves, como el conservan las volutas onduladas del borde superior
de la Lápida de Bazán, en el mismo sitio arqueoló-
gico [fig. 4.4].
18 Urcid (1995) lo identifica como el glifo P.
102 | Oaxaca I Estudios

Figura 4.4. Monte Albán.


Lápida de Bazán.
(Dibujo: A. Reséndiz, 2006.)

del registro, lo cual indica que éste se prolongaba este se puede reconocer al personaje 2 [lám. 4.9],
a lo largo de toda la pared. Quedan varias líneas ro- de perfil, que se dirige igualmente hacia el muro del
jas y fragmentos de color que sugieren que hubo fondo; lleva el brazo extendido al frente, como si
formas glíficas y también pueden observarse par- portara un objeto en la mano. Se conservan su ojo
tes de otro personaje, el número 4 [lám. 4.8] (hay y su pelo, que sale de la nuca hacia atrás; porta un
fragmentos de su tocado, su torso y su cinturón), collar de cuentas verdes, una diadema y un visto-
cuyos pies calzados con sandalias indican que va so penacho con plumas cortas y amarillas; cerca
en la misma dirección que el viejo. de su rostro hay una vírgula florida que sale de su
En el muro opuesto, el del norte, subsisten po- boca —como en otros personajes del mismo estilo
cos vestigios de las figuras, pero en su extremo que parecen cantar—; se ve algo de un cinturón y
Los estilos en la pintura mural de Oaxaca | 103

Lámina 4.8. Monte Albán.


Tumba 112, muro sur, lado derecho, figura 4.
(Dibujo: J. F. Villaseñor, 2002.)
104 | Oaxaca I Estudios

Lámina 4.9. Monte Albán.


Tumba 112, muro norte, figura 2.
(Dibujo: J. F. Villaseñor, 2002.)
Los estilos en la pintura mural de Oaxaca | 105

trados con glifos y efectuaban rituales dirigidos al


muro del fondo, donde debió estar pintado el ob-
jeto del culto, el cual pudo haber sido la figura del
personaje muerto o su nombre calendárico, como
sucede en otras tumbas de Oaxaca. El ámbito de las
escenas está definido por las franjas que las limi-
tan, las cuales tienen símbolos de contenido meta-
fórico —asociado con el agua y el fuego— que ubi-
can la escena en un contexto sobrenatural.
Marcus y Flannery (1996: 21-22) han hecho
Figura 4.5. Monte Albán. Tumba 112, hincapié en las grandes diferencias que existen
muro norte, figura 1. Sólo se conservan de ella restos de su cinturón entre el estrato social de la nobleza y el de los co-
y su faldilla. (Dibujo: J. F. Villaseñor, 2005.)
muneros en la cultura zapoteca. También han des-
crito el proceso que conduce a la diferenciación
de rangos entre los linajes de las sociedades igua-
litarias, en el que el poder se atribuye a la acción
una falda larga con dibujos de colores, lo que hace de espíritus o deidades que se vinculan con deter-
suponer que se trata de una mujer frente a una co- minado individuo y cómo, con el tiempo, éste llega
lumna de glifos y una cenefa vertical, semejantes a considerarlos antepasados de su linaje. Su afán
a los que están en el muro opuesto, frente al viejo de legitimar su poder los llevó a afirmar que gober-
[lám. 4.3]. naban la tierra sólo temporalmente, y por la mis-
Sobre la misma pared, más hacia el oeste y des- ma causa realizaban grandes hazañas guerreras
pués de los nichos y antes de la puerta, hay líneas tomando cautivos y extendiendo sus dominios pa-
rojas que muestran restos de otro personaje (1), ra, al final, ser enterrados en suntuosas tumbas,
del que sólo se advierte el collar, el cinturón, la fal- de donde ascenderían al cielo20 para unirse con sus
dilla y una especie de cinta que le cae hacia atrás; antepasados y metamorfosearse en “gente de las
también está de perfil viendo hacia el muro del nubes”, junto al rayo y la lluvia, asociadas al dios
fondo [fig. 4.5], y frente a él hay restos de glifos. Cocijo, elementos que —como se ha sugerido an-
Con todos estos elementos, se puede proponer teriormente— podrían estar simbolizados como
que en la Tumba 112 [lám. 4.3] la composición de agua y fuego en las bandas horizontales que deli-
las figuras de los muros norte y sur era simétrica mitan las escenas de la Tumba 112. A partir de ta-
y que se disponían una frente a otra, guardando una les creencias, el culto a los antepasados tenía un
correspondencia; asimismo, en cada muro había papel fundamental entre los nobles, quienes re-
dos personajes, precedidos de columnas de glifos y currían a él para propiciar que los ancestros inter-
separados entre sí por los dos nichos. El primero, cedieran a favor de su pueblo ante las fuerzas de
en el muro sur, es un hombre viejo; del segundo la naturaleza.
se puede suponer que es un hombre porque lleva En esta forma de relacionar el poder político
sandalias, pues por lo general a las mujeres se les con el poder divino, era fundamental llevar un re-
representaba descalzas.19 En el muro norte, opues- gistro de los miembros del linaje, tanto de los pro-
ta al viejo, hay una mujer que —por la forma de su genitores del difunto como de sus descendientes,
ojo— aparenta ser joven, y atrás de ella, después de y ésa era la función primordial de las pinturas. Los
los nichos, hay un hombre. Se trataba de dignata- deudos construían una tumba familiar, tan rica
rios —probablemente antepasados— cuyos nom- como lo ameritaba su rango, para asegurar con ello
bres, rangos, hazañas y tierras se hallaban regis- que el ciclo se cumpliera manteniendo el orden

19 Véase el texto de Pablo Escalante y Saeko Yanagisawa en este 20 Entre los zapotecos se creía que había trece cielos.
mismo volumen.
106 | Oaxaca I Estudios

del mundo y transmitiendo, al mismo tiempo, el en una coincidencia que pudiera estar arraigada en
poder terrenal a sus sucesores. Las frecuentes mo- una idea común relacionada con el pensamiento
dificaciones en los murales se explican —como ha religioso. La línea, la paleta pictórica —sobre todo
señalado Miller (1995)— por los múltiples entie- el uso del verde, que es excepcional en la pintura
rros realizados sucesivamente en las mismas tum- de Oaxaca—24 y la fragmentación de las superfi-
bas, en los cuales se inhumaba a otros miembros cies son muy parecidas; no así la textura de las
del linaje. También hay testimonios de que hubo mismas, pues mientras en Teotihuacán es muy lisa
conflictos por el poder, pues el personaje viejo fue y pulida, en la Tumba 112 es semirrugosa. Tam-
cruzado con una X, raspando la pintura con la fina- bién hay diferencias en el formato: el de esta úl-
lidad de anular su persona. Es dentro de esas prác- tima consiste en un registro con una banda supe-
ticas religiosas funerarias que se sustenta la ico- rior y una inferior, mientras que en la primera se
nografía de las pinturas. trata de un panel con una franja que funciona
Concluyendo: la técnica, la forma y la iconogra- como un piso y otra a manera de marco en tres de
fía antes descritas, caracterizan la primera fase del sus lados.
estilo policromo de la pintura zapoteca que, como En la iconografía hay convenciones iguales en
antes se mencionó, inicia la tradición pictórica clá- ambos sitios, como la de combinar, en un plano,
sica de los Valles Centrales de Oaxaca, de la cual, la elementos de un mismo personaje visto de frente
Tumba 112 es prototípica. Por otra parte, según los y de perfil; o la utilización de bandas de borde con
glifos que reportó Caso (1938) y las bandas de pos- motivos alegóricos. Sin embargo, es también en la
tas o ganchos (rojos y verdes, en positivo/negativo) iconografía donde las mayores diferencias se hacen
que perduran de la 103 [lám. 4.10a] y por los restos evidentes. Aunque en ambas pinturas se trata de
—posiblemente de dos personajes21 y algunos gli- representaciones de dignatarios, los teotihuacanos
fos— que se registraron en la 7 [lám. 10b], con los se distinguen por su atuendo y por los objetos que
mismos colores, puede suponerse que las pinturas llevan asociados —los cuales denotan su filiación
de ambos sepulcros de Monte Albán eran del mis- religiosa y su rango—, pero no hay en ellos una in-
mo estilo. Cabe aclarar que los murales de la Tum- dividualización sino, más bien, una homogenei-
ba 7 corresponden a la época de la cultura zapoteca zación de los personajes, pues en algunos casos
y no a la de la ocupación posterior que introdujo el parecen haberse pintado con un sello. En cambio,
famoso entierro con las joyas de estilo mixteco. en Monte Albán se les caracteriza con detalles que
Otro aspecto —en el que se ha insistido mu- se acercan al retrato y, además, se coloca frente a
cho— es la influencia teotihuacana en Monte Al- ellos una columna de glifos con sus nombres ca-
bán durante esta época. Efectivamente, las pintu- lendáricos y otros datos alusivos a su persona. En la
ras de la Tumba 72 muestran algunas afinidades iconografía general, unos se refieren a ritos agríco-
con los murales teotihuacanos de la fase Xolalpan, las y otros a ritos funerarios, aunque no debe ol-
de la cual puede servir, para efectos comparativos, vidarse que esta diferencia puede atribuirse a que
el mural 3 del cuarto 2 de Tepantitla, por ser uno tenían diferentes funciones: las primeras están en
de los más semejantes [fig. 4.6]. En la técnica son un palacio y las segundas en una tumba.
muy parecidos,22 lo mismo que en la forma.23 Com-
parten el uso del color rojo oscuro en el fondo,
aunque ya se ha visto que en Monte Albán se uti-
lizó desde la etapa anterior en la Tumba 72, así
que no puede pensarse en una importación, sino

v
21 Véase Ségota, cédula correspondiente en el Catálogo. 24 Sólo se vuelve a usar a finales del período Clásico en la Tumba
22 Véase Magaloni y Falcón en este mismo volumen. 125 de Monte Albán. Sobre los componentes de los pigmentos,
23 Sobre las características del estilo teotihuacano en la fase Xolal- véase Magaloni y Falcón en este mismo volumen.
pan (cuarta fase estilística), véase la obra de Lombardo de Ruiz,
1995: 34-60.
Los estilos en la pintura mural de Oaxaca | 107

Lámina 4.10a. Monte Albán.


Tumba 103, planta con los muros abatidos.
Propuesta hipotética de los colores del mural.
(Dibujo: A. Arellano, 2004.)
108 | Oaxaca I Estudios

Lámina 4.10b. Monte Albán.Tumba 7, muro norte.


Diseños de la cámara principal.
(Dibujo: A. Arellano, 2003. Basado en Caso, 1969: fig. 246.)

Figura 4.6. Teotihuacán. Cuarto 2 de Tepantitla, mural 3.


(Dibujo: A. Reséndiz, 2006. Tomado de Miller, 1973: fig. 173.)
Los estilos en la pintura mural de Oaxaca | 109

El período Clásico tardío les tal vez refieren los nombres de los personajes:
en los Valles Centrales (500-800 d. C.) 2 M (relámpago) y 5 Y (serpiente), en el lado del
anciano, y 1 Ñ (lagartija), 5 F y 5 gamma en el del
Primera variante del estilo policromo joven.29 Ambos oficiantes miran hacia el oeste,
rumbo en el cual se encuentra el muro del fondo,
Al corresponder arqueológicamente al inicio de la en el que remata la vista del espectador al entrar
fase Peche,25 la Tumba 104 de Monte Albán [láms. y, por eso, es el más importante. Ahí se encuen-
4.11 y 4.12] conserva muchas de las características tra, en el eje, un enorme rostro antropomorfo que
de la 112, que es su prototipo, pero a la vez tiene es el objeto del rito, colocado bajo el símbolo lla-
ciertas particularidades que la distinguen como mado “fauces del cielo” (Caso, 1938: 80) y en-
una variante (véase la tabla 4.1). cima del numeral 5 Turquesa, nombre calendárico
Entre las semejanzas, puede señalarse la plan- referido a un posible antepasado, tal vez el funda-
ta rectangular que, en este caso, tiene el eje longi- dor del linaje, o al sujeto enterrado. Toda la com-
tudinal de este a oeste y el acceso en el primer posición sigue una simetría bilateral respecto de
rumbo. Al igual que en la Tumba 112, hay nichos al este eje.
centro de cada uno de los muros,26 además de otros Las figuras se hallan delineadas, primero, con
dos en las esquinas de la pared posterior, que le son un dibujo preparatorio en rojo y, después, con lí-
peculiares, pues no los tiene ninguna otra de las neas negras de diferente grosor (de 2.5 a 6 mm),30
tumbas pintadas. No obstante, la función de los ni- las cuales delimitan las superficies de colores pla-
chos es la misma, y probablemente sea la de cum- nos. No se destaca el volumen ni hay perspectiva;
plir un ritual funerario establecido por la sociedad se recurre —igual que en la Tumba 112— a la con-
de la época. En ambos sepulcros, las jambas de la vención de representar de frente los objetos que
entrada tuvieron formas glíficas, aunque las del 112 están de perfil, con la finalidad de que se vean com-
ya no se pueden ver.27 pletos. Esto se puede observar, por ejemplo, en el
En el interior, la composición del conjunto pic- tocado del personaje del lado sur, que lleva una es-
tórico de la Tumba 104 está constituida por una pecie de gorro frigio en el centro, del que sale un
unidad formada por los tres planos rectangulares haz de plumas para cada lado; como la vista en pers-
de los diferentes muros [lám. 4.12], que se relacio- pectiva dejaría ocultas algunas partes de los pena-
nan entre sí por una temática general. Como en la chos, se despliegan ambos en el mismo plano y se
Tumba 112, hay personajes de pie y vistos de per- colocan uno arriba de otro, como si estuvieran vis-
fil —un viejo28 y un joven—, ricamente ataviados. tos de frente, en una posición que es totalmente
Llevan en la mano la bolsa que caracteriza a los ficticia. Lo mismo sucede con la lengua bífida de
sacerdotes, indicando que realizan un rito; frente la serpiente del tocado del personaje del lado sur,
a ellos, pintados arriba de los nichos, hay objetos que debía estar de perfil. Otra convención utiliza-
para efectuarlo. Más adelante se advierten grandes da es la de representar dos vistas del objeto en el
glifos calendáricos superpuestos, algunos de los cua- mismo plano; así, ambos personajes aparecen con

25 Monte Albán IIIb-IV de Caso. diente a la Tumba 104) menciona que el prognatismo acentuado
26 En la Tumba 112 no se conserva, pero es muy probable que hu- indica que se trata de un anciano. Sin embargo, cabe notar que
biera un nicho en el muro del fondo. en esta pintura no se utiliza la categoría iconográfica de “mueca
27 A. Caso (1938: 79) ve en la Tumba 10 un “glifo semejante al que desdentada” para representar a un viejo, que es característica en
los aztecas llamaban ilíhuitl, que significa ‘día’”. Por su parte, S. la tradición zapoteca del estilo policromo y que se usa en las Tum-
Díaz, en su estudio “Representaciones de glifos de espacio en la bas 112 y 105 de Monte Albán y en la 5 de Suchilquitongo; éste
pintura mural de Oaxaca”, en este mismo volumen, considera que es uno de los rasgos que la define como variante.
es una de las formas de representar el espacio. En la Tumba 112 29 No es posible saber cuál de todos los glifos se refiere al nombre
ya no se ven las pinturas de las jambas, pero Caso (1965) men- del personaje.
ciona que tenían un glifo de Venus. 30 De éstas sólo quedan vestigios, pues prácticamente han desa-
28 A. Caso (1938: 80) dice que el ojo redondo del personaje es un parecido.
ojo de viejo. A. Arellano (véase en el Catálogo la cédula correspon-
110 | Oaxaca I Estudios

Lámina 4.11. Monte Albán.


Tumba 104, planta con los muros abatidos.
(Pintura: A. Villagra. Tomada de Caso, 1938.)

Lámina 4.12. Monte Albán.


Tumba 104, con los tres muros desplegados.
(Pintura: A. Villagra. Tomada de Caso, 1938.)
Los estilos en la pintura mural de Oaxaca | 111

un disco a un lado del torso, cuando es un elemen- amplias que en la Tumba 112, siguen formas orgá-
to que en realidad lo llevan en la espalda, como se nicas, nunca geométricas. La paleta cromática de
advierte en todas las figurillas de barro contempo- la Tumba 104 es más luminosa, pues aunque el co-
ráneas, que representan sacerdotes. lor del fondo es también rojo claro, se aplicó muy
A pesar de que son muchas las semejanzas diluido, por lo que se ve más tenue y sólo contras-
entre ambas pinturas, hay también diferencias tan con él, el rojo oscuro de la piel de los persona-
importantes que dan pie para distinguir a las de la jes y unas pequeñas superficies de colores ocre,
Tumba 104 como una variante de la tradición cen- blanco y un azul de matiz verdoso muy suave que
tral y no como una etapa de la misma (véase ta- le da una apariencia de acuarela.32 Hay en los ni-
bla 4.1). chos, asimismo, unas manchas de rojo cinabrio,
En cuanto a la técnica, el enlucido sobre el que material que en Mesoamérica tiene una larga tra-
se pintó en la 104 fue aplicado con grandes brocha- dición en los ritos funerarios.33
zos, dejando una textura mucho más rugosa que en En lo general no hay diferencias iconográficas
la Tumba 112.31 En la forma, lo que más destaca muy notables entre ambas tumbas; las particula-
es la unidad de la escena, pues es una sola y en ridades radican en los glifos nominales, las caras y
ella están integradas las figuras de los tres muros el atuendo de cada individuo, pues había la inten-
[lám. 4.11], sin elementos pictóricos que las sepa- ción de identificar a cada uno por su nombre y su
ren, como sucede en los marcos de los tres paneles aspecto físico. El rostro del personaje del fondo no
de las tumbas 72 y 112, así como las bandas verti- puede compararse, ya que en la 112 el mural está
cales con diseños simbólicos que los dividen entre destruido.
sí creando tres escenas separadas dentro de la Como en la tumba prototípica, los personajes
cámara. En la Tumba 104, los personajes se hallan se refieren a los antepasados que, dentro de una
sobre una banda de color azul que les sirve de base concepción cosmogónica, se vinculan con el mundo
y corre a lo largo de los tres muros como un ele- sobrenatural para legitimar su linaje. Sorprende
mento unificador. Difiere, asimismo, en que no tie- que en la Tumba 104 no haya representaciones
ne una banda superior que delimite el espacio a femeninas, la contraparte del linaje, y, en cambio,
manera de registro y en que en los muros laterales aparezcan atributos de dioses34 en los personajes de
hay un solo personaje, en vez de dos. Entre ellos, los muros laterales. Caso identifica al viejo como el
el del lado norte tiene medidas y una escala más dios Xipe y al joven con el dios del maíz (1938: 80),
grande, pues alcanza 76 cm sin tocado y 104 con él; lo que ha dado pie a la interpretación de Miller
el del lado sur, aunque un poco más pequeño, tie- (1995), quien asocia el descenso del difunto al in-
ne 66 y 102 cm, respectivamente; en cambio, el viejo framundo con el descenso diario del sol, y a estas
de la Tumba 112 (figura 3) sólo llega a 57 cm y 76 deidades con los ciclos de muerte y regeneración
con el tocado. La proporción del cuerpo es más en la naturaleza.
grande respecto de la cara en la figura norte. La es- En resumen: la concepción general de la
cala de los glifos también es mayor y su disposi- Tumba 104 de Monte Albán es la misma que la de
ción en el espacio es muy libre, de modo que no la 112, lo cual denota la existencia de rituales so-
forman una columna compacta como en la 112. La cialmente establecidos en una misma tradición cul-
línea de contorno es negra y bastante más gruesa tural, en la que los antepasados del linaje tienen
(entre 3 y 6 mm), y describe trazos redondeados; atributos divinos que transmiten a los gobernantes
son excepción los angulares. Las superficies, más en turno, asegurando así que su poder les viene de

31 Véase el trabajo de Magaloni y Falcón en este mismo volumen. Oaxaca hay evidencias del uso del cinabrio desde el período Pre-
32 Los colores, de acuerdo con la tabla Munsell, son: rojo claro, 7.5 clásico tardío.
R 5/6; rojo oscuro, 7.5 R 4/6; ocre, 10 YR 8/10, y azul verde, 7.5 34 A. Caso (1938: 80) reconoce como característico del dios Xipe
BG 7/4. el tocado del personaje viejo y la cabeza serpentina que aparece
33 Según Marcus Winter y Esteban T. Cruz Ruiz (véase la cédula de en el tocado del joven, como el dios del maíz.
Huajuapan de León, Barrio de Santa Teresa, en el Catálogo), en
112 | Oaxaca I Estudios

los dioses. Las variaciones técnicas y formales en el franjas horizontales con símbolos de significado
estilo de la pintura obedecen a una expresión par- metafórico. En la parte superior se identifican las
ticular de cada pintor. llamadas “fauces del cielo” con “ojos estelares”
[lám. 4.13] que, según Caso (1938), representan a
Segunda fase del estilo policromo los astros, y según Susana Díaz (comunicación
personal), son símbolos del inframundo, lo cual
En la misma fase arqueológica Peche, un poco parece más pertinente de acuerdo con el sentido
después de efectuada la Tumba 104, entre 550 y de la pintura. Con cualquiera de ambos significa-
600 d. C., el estilo policromo entra en su segunda dos, lo importante es que desempeñan la misma
fase con las pinturas de la Tumba 105 de Monte Al- función locativa que tuvo, en la Tumba 112, la ima-
bán [lám. 4.13; véase tabla 4.1]. A diferencia de las gen del agua y el fuego, la cual ubica la escena en
anteriores, su planta tiene forma de cruz latina, un contexto sobrenatural. En la base de ésta hay
pues se abren dos espacios, uno a cada lado de la otra franja con figuras escalonadas que se han in-
cámara central. También es peculiar, en dicho re- terpretado como símbolos de lugar, de señorío.
cinto, la forma irregular de sus paredes laterales, El color [láms. 4.15 y 4.16] presenta una paleta
que le confieren un aspecto cavernoso. El eje lon- muy parecida a la de la 112: el fondo rojo claro y,
gitudinal corre de este a oeste, en donde se ubica en las figuras, el rojo oscuro y el ocre, sólo que, en
la puerta. lugar del verde, aparece el mismo azul de matiz
En la fachada hay trazos negros que pudieron verdoso36 que tiene la Tumba 104 y que se utilizará
haber sido glifos como los de las tumbas antece- también en la siguiente fase de este estilo policro-
dentes. Después, en la cara lateral de cada una de mo. El contraste de los colores vivos sobre el rojo os-
las jambas de la entrada, aunque muy deteriora- curo produce un efecto vibrante.
das, se encuentran las primeras pinturas [lám. En ambas tumbas, el dibujo inicial se hizo con
4.14], en las que hay una pareja de perfil (un hom- rojo y, después de aplicar los colores de las superfi-
bre frente a una mujer, personajes 1 y 2), con cies, se usó el negro para el trazo final, que tiene en-
grandes tocados y elementos distintivos de algu- tre 3 y 5 mm de grosor. Una peculiaridad de la línea
nas deidades, así como unos glifos calendáricos, de los murales de la 105 es que, además de ser suave
posiblemente nominales. Uno de ellos, con una gran y redondeada, posee un ritmo ondulante en las fran-
vírgula de la palabra y con la típica cara de viejo jas de las faldas y los huipiles de las mujeres, lo que
(la boca muestra un diente, y el ojo, alargado, en for- les imprime un gran dinamismo.
ma de frijol), elementos que son recurrentes en las En los muros de la Tumba 105 hay figuras huma-
figuras del estilo policromo y que ya se hallaban nas dispuestas en una sucesión rítmica a espacios
en la Tumba 112 [láms. 4.6 y 4.7, fig. 4.3]. Al decir de iguales. Su número se ha multiplicado respecto de
Caso, las figuras de estas jambas tenían “la técnica los de la Tumba 112, que sólo tiene cuatro; en cam-
de un excelente dibujante” (Caso, 1938). En efecto, bio, ascienden a catorce los personajes represen-
por los actuales vestigios se advierte que fue rea- tados, que, junto con los de las jambas, llegan a ser
lizado con una línea negra mucho más fina (1.5 a dieciocho.
2 mm) y colores de tonos más claros35 que en los Si bien la imagen de los personajes de la Tum-
murales interiores, lo cual indica que fue obra de ba 112 (cada uno con una columna de glifos frente a
un pintor distinto al del resto de la tumba. ellos) sigue el esquema de la figura de la Lápida de
En el interior, en la cámara de la Tumba 105 Bazán [fig. 4.4], la de los dignatarios de la 105 se iden-
—igual que en la tumba prototípica 112—, la com- tifican con el esquema de la “estela lisa” [fig. 4.7],
posición tiene un formato de registro, limitado por en la que los personajes van en procesión.

35 En la tabla Munsell son rojo oscuro, 10 R 5/8; azul verde, 7.5 BG 36 De acuerdo con la tabla Munsell, el fondo color rojo claro es el
8/4 y 2.5 Y 8/8, y amarillo, 2.5 Y 8/8. 7.5 R 5/8; el rojo oscuro, 7.5 R 4/6; el ocre, 10 YR 7/8, y el azul
de matiz verdoso, 7.5 BG 7/4.
Los estilos en la pintura mural de Oaxaca | 113

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Lámina 4.13. Monte Albán.


Tumba 105, planta con los muros abatidos.
(Pintura: A. Villagra. Tomada de Caso, 1938.)
114 | Oaxaca I Estudios

Lámina 4.14. Monte Albán.


Tumba 105, jamba norte, pareja de hombre viejo
y mujer, figuras 17 y 18.
(Pintura: A. Villagra. Tomada de Caso, 1938.)
Los estilos en la pintura mural de Oaxaca | 115

Lámina 4.15. Monte Albán.


Tumba 105, muro norte, figura 5.
(Foto: P. Ángeles y E. Peñaloza, 2000.)

Lámina 4.16. Monte Albán.


Tumba 105, muro sur, figura 14.
(Foto: P. Ángeles y E. Peñaloza, 2000.)
116 | Oaxaca I Estudios

Figura 4.7. Estela lisa de Monte Albán.


(Dibujo: A. Reséndiz, 2006. Tomado de Marcus, 1992: 327.)

La mayoría de las figuras miden, sin tocado, la transfiguración de los personajes en los murales
46 cm de altura, esto es, son más pequeñas, por viene a ser una característica constante.
ejemplo, que las de la Tumba 112, en la que el ancia- En el caso de la Tumba 105, en las pinturas del
no tiene 57 cm. Sin embargo, aquéllas, con sus toca- interior, hubo varias intervenciones pictóricas;
dos, alcanzan 83 cm de altura, en tanto que el hom- Caso (1938) menciona tres. De ser así, la primera
bre viejo sólo llega a 76. Es así que en la Tumba 105 debió ser en el estilo fino de las jambas, pero hoy
los tocados son un rasgo muy importante, pues sólo en el personaje 8 se distinguen dos etapas; a
ocupan poco menos de la mitad de la figura total. continuación se intentará reconstruir el proceso
Otra característica es que la altura de los persona- hipotético de las mismas.
jes es casi igual a su ancho, lo que da como resul- Primero, en los muros laterales de la cámara,
tado unas proporciones casi cuadradas. hubo cinco parejas de mujeres y hombres que se di-
Las principales categorías iconográficas de la rigían hacia la entrada de la tumba. Debieron estar
Tumba 112, que es el prototipo, se mantienen en todos en esa dirección, aunque actualmente la figu-
la 105. Éstas son los personajes de pie y de perfil, ra 8 se halla en el sentido contrario, hacia el muro
con lujosos atuendos, celebran un ritual funerario. del fondo. Sin embargo, hay testimonio de que con
Entre ellos hay algunos con cara de viejo, caracteri- anterioridad hubo una imagen femenina (de la cual
zados por la boca desdentada y el ojo en forma de se trasluce parte de su falda y de su huipil y unas
frijol. Todos se hallan identificados por glifos con sus porciones de su tocado, con una cabeza de ave al
nombres calendáricos y tal vez toponímicos, así como frente) orientada hacia el acceso del sepulcro
por sus tocados, que se asocian a ciertos dioses, con [lám. 4.17 y fig. 4.8a].37
los cuales establecen vínculos. Una iconografía no- En la segunda intervención, sobre esta mujer
vedosa y peculiar de esta tumba es que a las mu- se pintó otro personaje, cambiando su dirección
jeres se les pintó de perfil, con el torso de frente y, (ahora ve hacia el muro del fondo [fig. 4.8b]),38 con
en su parte media, están colocadas sus manos con lo cual se modificó tanto la primera composición
las muñecas juntas y las palmas abiertas. como el primer discurso de los murales. Parece
Ya Miller (1995: 53-57) ha descrito ampliamente que también a la figura 9 se le sobrepuso, frente al
el significado de las tumbas en las culturas oaxa- rostro, un glifo nominal que cortó la vírgula que
queñas, su relación con la casa y la vida de los fa- salía de su boca [fig. 4.9], lo cual denota la inten-
miliares del muerto, así como su reutilización en ción de modificar la identidad de ese individuo.
múltiples ocasiones, por lo que la superposición o Estas nuevas figuras no presentan un cambio de

37 Véase la amplia relación que hace Caso en su reporte de las ex- 38 Según Caso (1938: 91), es un hombre porque “lleva en el cintu-
cavaciones de Monte Albán en 1935-36 (Caso, 1938: 87-92). rón el característico adorno masculino”, pero su cara pequeña es
más parecida a las de las mujeres.
Los estilos en la pintura mural de Oaxaca | 117

Figura 4.8. Monte Albán.


Tumba 105, muro norte,
figura 8.
a) Primera intervención pictórica,
en su dirección original el
personaje ve hacia la entrada;
b) segunda intervención, cambia
de dirección y mira
hacia el muro del fondo.
(Dibujo: A. Reséndiz, 2004.
Basado en Caso, 1938.)
a b

Figura 4.9. Monte Albán.


Tumba 105, muro este,
figuras 9 y 10. En el primero,
un glifo se superpone en su
rostro e interrumpe la vírgula
que emana de su boca.
(Dibujo: A. Reséndiz, 2003.
Tomado de Caso, 1938.) 9 10
118 | Oaxaca I Estudios

En el caso de los muros laterales, en cada uno


hay seis personajes en los que alternan una mujer
y un hombre [fig. 4.10]. Se hallan alineados uno tras
otro, de pie y de perfil, en actitud de avanzar o bai-
lar; en conjunto, forman seis parejas. La danza ritual
parece realizada por los ancestros, en el inframun-
do,39 que se sustentan en glifos de Cerro, alusivos a
su señorío; de ahí la presencia de varios viejos y, so-
bre todo, de las parejas, que legitiman el linaje.
El segundo discurso pictórico [fig. 4.11] lo cons-
tituyen, como ya se ha dicho, las imágenes del
muro del fondo, también bajo los “ojos estelares”.
Se trata de otra pareja de hombre y mujer (figuras
9 y 10) y, en medio de ellos —en el eje central de la
tumba— está un gran glifo trece muerte. En las pa-
redes del lado este de los brazos de la cruz hay dos
mujeres más (figuras 7 y 12). Los cuatro persona-
jes se dirigen hacia el glifo, tres de ellos cantando
(7, 9 y 10), a los que se les agregaría, con su orien-
tación direccional modificada, la figura 8 del muro
Lámina 4.17. Monte Albán. Tumba 105, norte [fig. 4.8b]; esto es, como en la Tumba 104, el
muro norte, esquina noreste, figura 8. glifo nominal —posiblemente del ancestro funda-
(Foto: P. Ángeles y E. Peñaloza, 2000.)
dor del linaje o del difunto— era el objeto de vene-
Páginas 120-121: ración [lám. 4.11]. Sólo las dos mujeres (personajes
Figura 4.10. Monte Albán. Tumba 105, 7 y 12) no tienen sobre ellas los “ojos estelares”, lo
muros sur y norte. Se indica la dirección cual significa que no pertenecen al inframundo
original de las figuras de los muros
sino que son las descendientes vivas que partici-
de la crujía, viendo hacia la entrada.
(Dibujo: C. Coronel, 2006,
pan en el ritual. Como en la Tumba 112, la idea
bajo la dirección de V. Hernández.) central de las pinturas es la afirmación del origen
divino del linaje del muerto, con el objetivo de le-
gitimar su derecho al poder, al señorío, para él y
para sus descendientes.
estilo, pues poseen los mismos colores e igual lí- Después de este análisis comparativo puede
nea, y el personaje es muy semejante al de la pri- afirmarse que la tradición pictórica que se ha deno-
mera pintura; es decir, que la segunda interven- minado estilo policromo, iniciada en la Tumba 112
ción fue realizada dentro del mismo linaje y en un de Monte Albán, conserva en su segunda fase (re-
tiempo cercano. presentada por las dos intervenciones de la Tumba
En cuanto al significado de las imágenes, en 105) los mismos principios generales en la forma y
los murales del interior de la tumba, en la primera la iconografía que su prototipo, si bien presenta
intervención se leen dos discursos pictóricos mar- ciertas variaciones que la definen como otra fase.
cados por la dirección y la actitud que tienen los Lo más destacado de ellas y que le imprime un se-
personajes: uno en los muros norte y sur de la cá- llo especial es la expresión dinámica conferida por
mara; otro en las paredes del lado este, tanto del el pintor, a partir de la posición rítmica de las figu-
fondo como las de ambos brazos de la cruz. ras, en actitud de danzar o avanzar, y de las líneas
y superficies onduladas en los huipiles y las faldas
de las mujeres, así como por la vibración creada por
39 Recuérdese la interpretación antes mencionada de Susana Díaz,
los vivos colores sobre el rojo del fondo. Es impor-
quien señala los “ojos estelares” como símbolos del inframundo. tante la diferencia de los dos discursos efectuada
Los estilos en la pintura mural de Oaxaca | 119

mediante la dirección de las figuras, pues mientras tualizarlas conforme al linaje vigente. La primera
en el primero los personajes se dirigen hacia el intervención corresponde a la primera pintura de
acceso, en el segundo se orientan hacia el eje del la tumba que, aunque no se conserva en todos los
muro del fondo, lo que no sucede en la Tumba 112. murales, debió cubrirla totalmente, esto es, que fue
También ha habido un cambio en la iconografía de concebida como una unidad completa. A conti-
los personajes, que va de una posición rígida y es- nuación se mencionarán los personajes que perte-
tática en el prototipo (primera fase estilística), a una necen a dicha etapa en los diferentes espacios del
más dinámica, natural y expresiva en la segunda recinto, comenzando por la entrada y siguiendo
fase, lo que indica posibles cambios en el ritual. Asi- hacia la cámara funeraria.
mismo, aumentó el número de figuras, indicio de En el pórtico, en el muro norte del lado este,
la prolongación del linaje en el poder, con más ge- se encuentra la figura 82 [fig. 4.16]; en las jambas
neraciones en el vínculo genealógico. de acceso a la antecámara, opuestos uno frente a
otro, están la 1 [fig. 4.17] y la 81 [fig. 4.18].43
Tercera fase del estilo policromo Del camarín oeste [lám. 4.18 y fig. 4.14] sólo se
conservan, de la primera pintura [fig. 4.19], la fi-
Al principio de la fase Xoo,40 entre 600 y 800 d. C., en gura 2, en el paramento sur, registro superior, y en
el Clásico tardío, se realizó la Tumba 5 de Suchilqui- el inferior, la 9, la 10 y la mitad de la 11; en el pa-
tongo, uno los ejemplos más impactantes de los ramento oeste queda una parte de una construc-
sepulcros que conservan pinturas; constituye la ter- ción de cañas, el penacho del personaje 6 y algu-
cera fase del estilo policromo. La tumba es de di- nos fragmentos del 15 y del 16;44 en el paramento
mensiones mucho más grandes que todas las que norte, registro alto, la mayor parte del 7 y, comple-
aquí se han visto, con una planta conformada por to, el 8; en el registro inferior, las figuras 17 a 19.
varios espacios [fig. 4.12]. El primero es un vestíbu- Del camarín este [lám. 4.19, fig. 4.15] subsis-
lo donde se encuentra la escalinata que conduce ten [fig. 4.20], en el paramento norte, registro supe-
a la tumba; ante él se ubica la entrada —con un gran rior, los personajes 63 a 66, y en el registro de abajo,
dintel— que lleva a un portal [fig. 4.13]. A con- del 75 al 77; en el paramento sur, arriba, del 71 al 74,
tinuación, cruzando por debajo de otro dintel, se y abajo, del 78 al 80. También pertenecen a la pri-
pasa a la antecámara, de mayores dimensiones, a mera intervención las figuras 20 y 62, en las jambas
cuyos lados se abren dos camarines, uno en el oes- de la portada de la cámara funeraria [lám. 4.20,
te [lám. 4.18 y fig. 4.14] y otro en el este [lám. 4.19 figs. 4.21 y 4.22], así como todas las de la propia cá-
y fig. 4.15]; en un nivel más alto, hay una amplia mara [lám. 4.21 y fig. 4.23], que van de la 21 a la 38,
cámara41 funeraria precedida de una portada con en el paramento oeste, de la 39 a la 44, en el del
anchas jambas. En toda la tumba hay catorce mu- norte, y de la 45 a la 61 en el del este.
rales pintados (véase la fig. 4.12), con ochenta y dos Estas pinturas constituyen —como ya se ha di-
personajes y varias inscripciones glíficas (véase la cho— la tercera fase del estilo policromo. Algunas
correspondiente cédula en el Catálogo). de sus categorías formales son muy parecidas a
La Tumba 5 fue intervenida cuatro veces, las las de la Tumba 105 de Monte Albán: la composi-
cuales denotan otras tantas inhumaciones42 que ción, el formato, los colores,45 las superficies, la
modificaron las imágenes representadas para ac- planimetría, la textura y la escala.

40 Monte Albán IIIb-IV de Caso. 44 En Miller (1995) se presenta un dibujo que ha servido como base
41 Siempre que se menciona “la cámara” se refiere a la cámara prin- para delinear la figura 19 y en él se presentan dos fragmentos que
cipal. Cuando se dice “la tumba” se trata del recinto funerario en hoy ya no existen y corresponden a los personajes 15 y 16.
su conjunto, con todos los espacios que lo constituyen. 45 Los colores en la primera intervención, de acuerdo con la tabla
42 Aunque en la tumba sólo se encontró un individuo. Munsell, son rojo oscuro, 10 R 5/10; rojo claro, 2.5 YR 7/6; azul
43 De estos tres personajes (82, 1 y 81) se conservan escasos ves- verde, 5 BG 7/4; amarillo, 10 YR 8/10 y 7.5 Y 7/10, y blanco y ne-
tigios, por lo cual no se incluyen en el análisis pictórico; las fi- gro. También hay manchas de rojo cinabrio en el nicho del muro del
guras que se muestran son reconstrucciones realizadas por Fe- fondo de la cámara principal y en el camarín este; alrededor de las
lipe Dávalos y publicadas por Miller (1995). figuras 63 y 75 hay un color rojo oscuro muy intenso (10 R 4/8)
que parece haberse superpuesto posteriormente al color original.
120 | Oaxaca I Estudios

M8
H6
M5
H4
M3
Los estilos en la pintura mural de Oaxaca | 121

H 11
M 13
H 14
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H 16
122 | Oaxaca I Estudios

9H
M 10

7H

Figura 4.11. Monte Albán. M 12


Tumba 105, muro este del nicho norte y muro este del nicho sur.
En conjunto forman el segundo discurso pictórico.
(Dibujo: C. Coronel, 2005.)
Los estilos en la pintura mural de Oaxaca | 123

7 9

Cámara
funeraria

6 10

Camarín oeste 5 11 Camarín este

Antecámara

4 12

3 Portal 13
1 14

Vestíbulo
Figura 4.12. Suchilquitongo.
Tumba 5, planta.
(Dibujo: G. Ramírez, 2004.)

En la página siguiente:
Figura 4.13. Suchilquitongo.
Tumba 5, vestíbulo. 0 2m
(Dibujo: R. Ramírez, 2005.
Tomado de Miller, 1995.)
124 | Oaxaca I Estudios
Los estilos en la pintura mural de Oaxaca | 125

Lámina 4.18. Suchilquitongo.


Tumba 5, mural 5, camarín oeste con los muros desplegados.
(Foto: R. Alvarado y G. Lucet, 2004.)

5 6

15
14

16
4

13

7
12

17
3

11

18

8
10
2

19
9

Figura 4.14. Suchilquitongo.


Tumba 5, camarín oeste con las paredes
abatidas, mural 5.
(Dibujo: A. Reséndiz, 2004.
Tomado de Miller, 1995.)
126 | Oaxaca I Estudios

Lámina 4.19. Suchilquitongo.


Tumba 5, mural 11, camarín este con los muros desplegados.
(Foto: R. Alvarado y G. Lucet, 2004.)

67 68 69 70

77a 77b 77c 77d 71


78
66

77

72
79
65

76

73
64

75

80

74
63

Figura 4.15. Suchilquitongo.


Tumba 5, camarín este con las paredes
abatidas, mural 11.
(Dibujo: A. Reséndiz, 2004.
Tomado de Miller, 1995.)
Los estilos en la pintura mural de Oaxaca | 127

Figura 4.16. Suchilquitongo.


Tumba 5, portal, mural 13, figura 82.
(Dibujo: A. Navarrete, 2004. Tomado
de Miller, 1995.)

Figura 4.17. Suchilquitongo. Figura 4.18. Suchilquitongo.


Tumba 5, jamba oeste del acceso Tumba 5, jamba este del acceso a la
a la antecámara, mural 4, figura 1. antecámara, mural 12, figura 81.
(Dibujo: A. Navarrete, 2004.) (Dibujo: A. Navarrete, 2004.)
128 | Oaxaca I Estudios

2 6 7 8

15

9 10 11 16 17 18 19

Figura 4.19. Suchilquitongo. Tumba 5,


camarín oeste con los muros desplegados,
donde se ven sólo los restos de la primera
intervención pictórica.
(Dibujo: A. Reséndiz, 2004.
Tomado de Miller, 1995.)

En lo que difieren —y es lo que las caracteriza desempeñan, tales como unos manojos de hier-
como tercera fase—, es que presentan dos registros bas,47 una especie de sonaja, bastones de mando
superpuestos cuyos bordes superior e inferior tie- y las bolsas sacerdotales, ya conocidas; persiste
nen diseños alegóricos, postas en este caso,46 y la la caracterización de los ancianos mediante la
banda intermedia es de color blanco. Además, la lí- boca que muestra un solo diente y el ojo en for-
nea es a veces más gruesa, pues varía entre 2 y ma de frijol.
6 mm, y carece de la gracia del trazo ondulado que Una novedad en la iconografía es que en el re-
le imprimía dinamismo a la Tumba 105. gistro superior del muro del fondo de la cámara
Los elementos principales son también hom- funeraria hay una pareja (figuras 39 y 40) con
bres y mujeres de alto rango, de perfil y en pro- máscaras y enormes tocados, en una posición
cesión, siguiendo una misma dirección, sólo que que no se había visto antes en la pintura, senta-
en los registros de la cámara funeraria aumenta a dos sobre una especie de silla48 y colocados uno
diez el número de individuos. En vez de glifos frente a otro, flanqueando un glifo que se encuen-
que los identifiquen, llevan representaciones en tra bajo un nicho ubicado en el centro. En el re-
los tocados —entre ellas, las de algunos dioses— gistro inferior de la misma pared, hay dos parejas
o visten atuendos como los de los jugadores de más (41-44), las cuales llevan máscaras zoomor-
pelota. Portan elementos asociados al ritual que fas, están de pie y se dirigen también hacia el eje

46 Las postas o ganchos de las bandas superior e inferior son rojas 47 Según Méndez (1990), se trata de hierbas de poleo llamadas to-
y amarillas; al no ser colores complementarios, pierden el efecto lla que se utilizan en ciertos ritos.
vibrante y el simbolismo que el verde y el rojo tienen en la Tumba 48 Según Susana Díaz (comunicación personal), son una especie
112; pareciera que aquí se han convertido en formas derivativas de camillas en las que se colocan los muertos.
sin el sentido original.
Los estilos en la pintura mural de Oaxaca | 129

Lámina 4.20. Suchilquitongo.


Tumba 5, mural 10, jamba este de la entrada
a la cámara funeraria, figura 62.
(Foto: R. Alvarado, G. Lucet y A. Casas, 2004.)
130 | Oaxaca I Estudios

63 64 65 66 67 68 69 70

75 76 77 78 79 80

Figura 4.20. Suchilquitongo.


Tumba 5, camarín este con los muros extendidos,
donde sólo se aprecian los restos de la primera
intervención pictórica.
(Dibujo: A. Reséndiz, 2004. Tomado de Miller, 1995.)

Figura 4.21. Suchilquitongo. Figura 4.22. Suchilquitongo.


Tumba 5, jamba oeste Tumba 5, jamba este
a la entrada de la cámara a la entrada de la cámara
funeraria, mural 6, figura 19. funeraria, mural 10, figura 62.
(Dibujo: A. Navarrete, 2004. (Dibujo: A. Navarrete, 2004.
Tomado de Miller, 1995.) Tomado de Miller, 1995.)
Los estilos en la pintura mural de Oaxaca | 131

Lámina 4.21. Suchilquitongo.


Tumba 5, mural 7, cámara funeraria, muro oeste.
(Foto: Dirección General de Restauración, INAH, 1990.)

central del muro, donde se encuentra en la línea La iconografía general de tales pinturas es simi-
divisoria: un glifo con forma de 8. Es novedad, lar a las de la tradición clásica zapoteca: el registro de
también, la presencia de una estructura de carri- los datos que identifican al muerto y la representa-
zos, o pira crematoria,49 en el centro del muro del ción de los antepasados pertenecientes a su linaje,
fondo del camarín oeste. Asimismo, en el cama- o bien, figuras sacerdotales (hombres o mujeres)
rín frontero, el este, hay una serie de personajes efectuando ritos cuya variedad ha sido ampliada.
pequeños que no tienen antecedente en otras pin- Aunque forman parte del mismo estilo policro-
turas; todo esto significa que otros ritos en boga se mo en su tercera fase, hay cierto grado de diferencia
consideraron tan importantes como para repre- entre las pinturas de la cámara funeraria y las que
sentarlos pictóricamente. se encuentran en los espacios antes de acceder a
ella.50 Pareciera que estas últimas fueron realizadas

49 Véase el capítulo de Escalante y Yanagisawa en este mismo vo- rín oeste, la figura 2, el tocado de la 5, el tocado de la 6, la 7 y la
lumen. 8 (véase la fig. 4.14); en el camarín este, la 75, la 80 y la 1 (véa-
50 En los personajes 1 y 82 en la antecámara (véase las figs. 4.16 y se la fig. 4.15).
4.17); en las jambas de la portada de la antecámara 2; en el cama-
132 | Oaxaca I Estudios

39 40

41 42 43 44

Mural 8
30

45
29

46
38

54
28

47
37

55
27

36

48
56
26

35

57

49
Mural 7

Mural 9
25

34

58

50
24

33

59

51
23

32

60
22

52
31
21

61

53

Figura 4.23. Suchilquitongo. Tumba 5, cámara funeraria


con las paredes abatidas, murales 7, 8 y 9.
(Dibujo: A. Navarrete y A. Reséndiz, 2004.
Tomado de Miller, 1995.)
Los estilos en la pintura mural de Oaxaca | 133

por un pintor de gran destreza y refinamiento en el medias capas y faldillas y, en lugar de los grandes
diseño de la línea, pues es muy segura y acabada: penachos, tienen unas diademas con unos círculos,
de 2 a 3 mm de ancho [lám. 4.22]; en cambio, en la de los que salen —hacia arriba— de tres a cinco plu-
cámara es más descuidada y gruesa (de 3 a 6 mm), mas; van descalzos y empuñan bastones o lanzas.
pero sumamente expresiva [lám. 4.23]; asimismo, Todo parece indicar que representan a otro grupo
destaca, a lo largo del muro, el ritmo insistente y social o a otra etnia, con su propia iconografía, la
dinámico que producen las plumas de los tocados cual es partícipe del ritual.
[lám. 4.24]: la mano de otro pintor se hace evidente. Pese a la distancia cronológica que hay entre
Sin embargo, la característica más importante las pinturas y la Conquista española, al ver a estos
de la tercera fase del estilo policromo es que coexis- personajes viene a la mente la narración de José
ten varias iconografías, lo cual se advierte en los dos Antonio Gay, quien, siguiendo a Bernal Díaz, dice
camarines. En la figura 4.24 se presenta una re- que Cortés fue a
construcción hipotética de cómo debió ser el camarín
oeste en su estado original. Como parte de la pri- [...] procurarse otras [tropas] de la provincia de la
mera pintura [fig. 4.19], debió haber otros per- Chinantla, que reputaba de las mejores del país.
sonajes, mismos que se destruyeron —intencional Los chinanteques tenían un aspecto marcial impo-
o naturalmente— y fueron sustituidos o repinta- nente, de modo que los mismos españoles queda-
dos en intervenciones posteriores.51 De la pareja ron sorprendidos al verlos. Sus armas favoritas
del paramento central, en el registro alto (figuras eran unas enormes lanzas, con navajas filosas de
B y C), sólo queda parte de sus tocados, lo cual in- pedernal de las que usaban entonces, distribuidas
dica que tenían atuendos semejantes a los de las convenientemente por ambos lados (Gay, 2000).55
imágenes 2, 7 y 8, y que, a su izquierda, hubo otro
personaje (A), del que se perciben tres líneas diago- En el camarín este [láms. 4.25 y 4.19, fig. 4.25]
nales [fig. 4.19] entre la punta de la lanza y la cabeza ocurre algo semejante: aunque todo el mural de
de la figura 3, que son restos de su tocado de plu- esa época tiene la misma técnica y textura, e igual
mas. Por éste, y porque existe un espacio con las línea y colorido, hay dos iconografías: la zapoteca,
proporciones adecuadas, se puede suponer que su que corresponde a las sacerdotisas (75 y 80), y las
vestimenta era parecida a la de los demás. de las figuras masculinas (63-66, 71-74 y 76-79),
En el registro inferior, los individuos tienen otro que remiten a otro grupo social o étnico, referido
tipo. En la forma, la proporción de las figuras es mu- en el camarín frontero. Las primeras fueron pin-
cho más alargada, de 1:3 en vez de la de 1:1.2552 tadas a una escala mayor y, como su altura (85 cm
que tienen las del registro superior; consecuente- con tocado y 49 sin él) rebasa el registro inferior,
mente, el ritmo con que se suceden es más rápido en el cual se ubican, las demás figuras adaptan su
y, al ocupar un espacio más reducido, parecen composición a los espacios restantes. Estas últi-
menos importantes. mas representan guerreros y señores vestidos con
La iconografía de los personajes del registro túnicas, capas y bragueros; portan penachos con las
superior53 corresponde a la tradición zapoteca; en plumas hacia arriba, similares a los que llevan los
cambio, los del registro inferior54 llevan distintos personajes del camarín oeste. En el registro supe-
vestidos y tocados: unas gruesas corazas de algodón, rior, las dimensiones son mucho menores que las

51 De modo previo, cabe resaltar que constructivamente tienen dos 52 El primer número de la proporción es la medida del espacio en el
partes, la anterior, que es de piedra, y la posterior, que tiene si- que se despliega la figura a lo ancho, y el segundo, la de su altura.
llares de adobe. Este hecho ha generado comportamientos dife- 53 De ellos, se conserva el personaje 2, el tocado del 5, el tocado
renciales en los soportes de las pinturas y propiciado fracturas y del 6, el 7 y el 8.
deterioro acentuado en la parte posterior, la cual tuvo que ser 54 Se puede ver en las figuras 9 a 19.
restaurada en la época prehispánica (véase el capítulo de Maga- 55 Dicha obra lleva por título Historia de Oaxaca, y la primera edi-
loni y Falcón en este mismo volumen). ción data de 1881. Su inclusión en este texto fue sugerencia de
Susana Díaz y parece ser muy pertinente.
134 | Oaxaca I Estudios

Lámina 4.22. Suchilquitongo.


Tumba 5, camarín oeste,
muro norte, figura 8.
(Foto: M. Zabé, 1998.)

Lámina 4.23. Suchilquitongo.


Tumba 5, cámara funeraria,
muro oeste, figura 24.
Detalle del tocado en el
que se ve el tipo de línea
gruesa y expresiva.
(Foto: R. Alvarado y G. Lucet,
2004.)
Los estilos en la pintura mural de Oaxaca | 135

Lámina 4.24. Suchilquitongo.


Tumba 5, cámara funeraria, muro oeste, figuras 25 y 26.
Se observa un ritmo dinámico generado por las plumas
de los tocados y las piernas y brazos de los personajes.
(Foto: R. Alvarado y G. Lucet, 2004.)

2 A B C 7 8

9 10 11 12 13 14 D E F G H 16 I 17 18 19

Figura 4.24. Suchilquitongo.


Tumba 5, camarín oeste, reconstrucción
hipotética de la primera pintura.
(Dibujo: A. Reséndiz, 2004.)
136 | Oaxaca I Estudios

71
66

78
77

72
65

76

79
N

S
64

73
75

80
63

79
Figura 4.25. Suchilquitongo.
Tumba 5, camarín este con los muros norte y sur abatidos,
en la primera intervención pictórica.
(Dibujo: A. Reséndiz, 2004. Tomado de Miller, 1995.)

de todas las otras imágenes de este estilo, pues


ocupan un espacio muy restringido; hay cuatro indi-
viduos (63, 64, 73 y 74) que son especialmente di-
minutos, uno de los cuales, la figura 74, mide 29 cm
con tocado y 21 sin él [fig. 4.25]. La libertad con que
se realizaron tales figuras, sin apego a convencio-
nes, indica que fueron plasmadas por un pintor que
tuvo más laxitud ante los cánones formales e ico-
nográficos que el que trazó a las sacerdotisas. Todos
los personajes pequeños participan en un ritual
—hasta entonces desconocido— que se relaciona
con la muerte (uno de ellos tiene rostro de calave-
ra), lo cual evidencia la ampliación del repertorio
temático en esta fase.
La segunda intervención aparece en las pintu-
ras del propio camarín este, en el muro del fondo,
donde fueron sustituidas las originales con otras
de un estilo distinto [lám. 4.19 y fig. 4.26]. Por su
colorido predominante se le denominó ocre, rojo
y blanco, aunque también se usa el negro en la lí-
nea. Su estilo difiere totalmente del de los otros
murales de la tumba. Sobre el fondo de un rojo
muy tenue, se dibujaron las figuras con una línea
Lámina 4.25. Suchilquitongo. negra de 2 a 3 mm de ancho, en tanto que las su-
Tumba 5, camarín este, muro norte. perficies fueron cubiertas con ocre, blanco y rojo
(Foto: R. Alvarado y G. Lucet, 2004.) oscuro;56 el contraste del blanco con los otros co-
lores es muy fuerte y se utilizó para resaltar algu-
nos detalles.

56 Éstos son, de acuerdo con la tabla Munsell: rojo del fondo, 2.5
YR 6/5; rojo oscuro, 10 R 5/8, y ocre, 10 YR 8/8.
Los estilos en la pintura mural de Oaxaca | 137

En el registro superior hay dos parejas de per- La línea negra era de 4 mm de ancho y casi toda
fil que convergen en el eje central; su altura es de ha desaparecido, pero donde permanece, es de tra-
52 cm con tocado y 41 sin él. Destaca la dimensión zo más rígido que la del estilo policromo; esto se
de sus rostros, que son muy grandes respecto del puede verificar, por ejemplo, al comparar la vír-
cuerpo; tienen la boca abierta, como si cantaran gula del canto que emana de la boca de la figura 3
—aunque carecen de la típica vírgula incluida en con la que sale de la 8 [fig. 4.28]. Los colores se em-
los murales anteriores—; los ojos, entreabiertos, plearon para cubrir los cuerpos, en rojo oscuro, así
están pintados de amarillo; los labios fueron tra- como los ojos y unos paños que los personajes lle-
zados con rojo, y se dibujó una raya negra en la van en la cabeza, en blanco. Se trata de dos figuras
mejilla. Llevan huipiles y paños de cadera ador- de perfil cuyo deterioro impide saber si están de pie
nados, en las orillas, con franjas horizontales de o sentadas. En vez del enorme tocado de plumas,
diferentes colores. Portan unos turbantes rojos y portan una especie de tela que cubre la cabeza y
llevan el pelo atado con una gran tela blanca anu- cuelga por atrás [lám. 4.26, figs. 4.14 y 4.27], por lo
dada. Tienen la oreja perforada y atravesada por que su dimensión es más pequeña (37 cm con to-
un listón blanco y usan tobilleras blancas con cado) que la del resto de los personajes (52.5 cm
adornos. Empuñan un palo blanco del que cuelgan con tocado).
unos objetos redondos, también blancos, con man- Al mismo estilo pertenecen también los glifos
chas negras, alrededor de las cuales hay una es- de la cara norte del dintel de la entrada a la tum-
pecie de pétalos. El registro inferior se encuentra ba, pintados con los mismos colores (rojo, blanco
muy destruido, pero quedan vestigios de un to- y negro) [lám. 4.27]. Si bien la debilidad de la línea
cado (77 B) que se asemeja a los de los jugadores de las figuras 2 y 3 contrasta con la seguridad del
de pelota representados en la cámara funeraria. trazo de la inscripción, podría deberse a que esta
Las diferencias técnicas,57 formales e iconográ- última fue realizada por un calígrafo y los prime-
ficas que hay en este mural respecto del primer ros por un pintor de segundo rango. Tanto Miller
estilo y, especialmente, los rasgos físicos de los per- (1995) como Arellano y Díaz60 consideran que ta-
sonajes, remiten a pensar que es la representación les glifos son nombres calendáricos de antece-
de una etnia distinta con su propio estilo. sores o parientes del personaje principal, algunos
En la tercera intervención, en el registro superior de los cuales son iguales a los de la lápida que se
del camarín oeste, se borró58 la figura A de la pri- encontró en la cámara funeraria.
mera pintura [fig. 4.24] y en el espacio que ocupaba La cuarta intervención, la última que se hizo
se colocaron la 3 y la 4 que ahora se ven [fig. 4.27], en la tumba, fue en el mismo camarín oeste, don-
modificando la escena previamente establecida de se empleó exclusivamente una línea negra [fig.
[lám. 4.26]. Fueron realizadas con otro estilo, que 4.29]. En el registro superior se conformaron las fi-
ha sido denominado rojo, blanco y negro porque guras 5 y 6. De la primera de ellas vale destacar la
son sus colores distintivos.59 Para uno de los indi- manera en que se dibujó el rostro, que tiene el ojo
viduos (3) se utilizó como orejera un trazo re- con la pupila en forma de media luna, como apa-
dondo y verde qué había en la pintura anterior, lo rece en varios de los códices más tardíos prove-
cual explica su desproporción respecto de la oreja; nientes de la región mixteca [fig. 4.30],61 razón por
también se aprovechó lo más posible el antiguo la cual se pensó que esta intervención fue la úl-
fondo rojo claro. tima. También es curioso notar que el trazo de su

57 Según Magaloni y Falcón, en el presente tomo, este muro pre- 59 El rojo oscuro es el 5 R 4/6, según la tabla Munsell.
senta una técnica totalmente diferente del resto de la tumba. 60 “Poemas visuales: la epigrafía oaxaqueña”, en este mismo vo-
58 Es probable que se haya destruido debido a la acción del agua, lumen.
pues, según Méndez (1990), hay vestigios de que la tumba su- 61 Éstos son el Nuttall, el Bodley, el Vindobonensis, el Rollo Selden
frió una inundación. En la sección donde se encuentran las pin- y Selden, principalmente (véase Caso, 1979).
turas es precisamente donde termina la piedra como elemento
constructivo y empieza la pared de tierra, por lo que la pintura es
más deleznable.
138 | Oaxaca I Estudios

Lámina 4.26. Suchilquitongo.


Tumba 5, camarín oeste,
muro sur. De izquierda a derecha:
67 68 69 70
figura 2 y, a continuación, la 3 y la 4
que sustituyeron al primer personaje
(figura A), ocupando su espacio
(véase fig. 5.23).
(Foto: E. Peñaloza y Gerardo
Vázquez, 2000.)

Figura 4.26. Suchilquitongo.


Tumba 5, camarín este,
segunda intervención pictórica.
(Dibujo: A. Reséndiz, 2004.)
77A 77B
Los estilos en la pintura mural de Oaxaca | 139

Figura 4.27. Suchilquitongo. Figura 4.28. Suchilquitongo.


Tumba 5, camarín oeste, Tumba 5, camarín oeste, detalle de vírgulas
paramento sur, figuras 3 y 4 de las figuras 8 de la primera intervención
de la tercera intervención pictórica. pictórica y 3 de la tercera intervención.
(Dibujo: A. Reséndiz, 2004.) En la primera, se nota la suavidad del trazo,
en contraste con la rigidez de la tercera.
(Dibujo: C. Coronel, 2005.)

Lámina 4.27. Suchilquitongo.


Tumba 5, cara norte del dintel del portal,
pintado con los colores rojo, negro y blanco.
(Foto: R. Alvarado y G. Lucet, 2004.)
140 | Oaxaca I Estudios

Lámina 4.28. Suchilquitongo.


Tumba 5, camarín este, muro este,
registro superior, figuras 5 y 6.
(Foto: R. Alvarado y G. Lucet, 2004.)

5 6 7
Figura 4.29.
Suchilquitongo.
Tumba 5, camarín oeste,
cuarta intervención
pictórica.
(Dibujo: A. Reséndiz,
2004.)

11 12 13 14

Figura 4.30. Figura humana


con ojo de media luna, del Códice Nuttall.
(Dibujo: A. Reséndiz, 2006.)
Los estilos en la pintura mural de Oaxaca | 141

Lámina 4.29. Suchilquitongo.


Tumba 5, camarín oeste,
muro norte, registro superior,
figura 7 pintado en parte sobre piedra
y en parte sobre el muro de arcilla.
(Foto: R. Alvarado y G. Lucet, 2004.)

penacho, aunque delineado sólo en negro, sigue la en todos los casos hubo la misma intención de res-
forma de los penachos de la primera pintura [lám. taurar las imágenes previas.
4.28], como si se le quisiera mantener intacto para Analizando la escena cabe pensar que la pareja
apropiarse de ese símbolo prestigioso que pertene- central denota una alianza matrimonial entre una
ció a la figura B, a la cual sustituyó. La mujer sólo mujer de linaje zapoteco y un hombre de otro li-
presenta ligeros trazos, en la cara, el brazo y el vesti- naje —que pudiera ser mixteco—, el cual se apro-
do, pero se mantiene su tocado antiguo, como si se pió del ritual representado en la primera pintura.62
deseara conservar su identidad zapoteca. Asimismo, Después del tedioso análisis realizado, uno se
y con igual finalidad, sólo se retocó una parte del puede preguntar: ¿qué significa todo este comple-
adorno del personaje 7 en la zona dañada, corres- jo proceso pictórico? A continuación se hace una
pondiente a la junta del soporte de piedra y el de propuesta de interpretación, todavía como hipó-
tierra [lám. 4.29].
En la estructura de carrizo de la pira cremato-
ria, objeto del ritual, se restituyó el faltante de la
parte baja y probablemente las imágenes con nu-
62 Tatiana Falcón presentó, en El Colegio Nacional (noviembre de
dos de la parte alta, pues ahora se ven sólo unas lí-
2003), un estudio en el que analiza técnicamente las diferentes
neas, debido al deterioro [lám. 4.28 y fig. 4.29]. En intervenciones, las cuales coinciden con las que arroja el estudio
el registro inferior se completó la mitad de las figu- de los estilos. Sin embargo, ella considera que los repintes en
ras 11 (que coincide con la unión de la pared de pie- color negro intentaron restaurar la pintura en su estado original.
Así, piensa que las figuras 3, 4 y 5 no sustituyeron a otros per-
dra y la de tierra), 12, 13 y 14, así como la cenefa de sonajes y, por lo tanto, no significan una intrusión en la primera
postas en el borde inferior [lám. 4.30 y fig. 4.29]; pintura.
142 | Oaxaca I Estudios

muros del fondo de los camarines porque sufrie-


ron intervenciones posteriores, el discurso pictóri-
co de la primera época se puede reconstruir en su
mayor parte.
En la cámara, una sucesión de hombres viejos
—que entonan cantos—, guerreros con lanzas, dig-
natarios con sonajas y jugadores de pelota con fas-
tuosos atuendos, concurren hacia el muro del fondo,
en el que se encuentra la pareja sentada (posible-
mente originaria del linaje del muerto) y las figuras
con máscaras zoomorfas, que pudieran referirse a
progenitores míticos, de filiación clánica.
En el camarín oeste [fig. 4.24] hubo cuatro dig-
natarios con investidura de sacerdotes —entre
ellos una sacerdotisa—, los cuales están cantando.
Llevan “bolsa de copal”, lanzas y bastones. Acom-
pañan a una pareja que, en el muro central, realiza
una ceremonia crematoria frente a una estructura
de bambú; hay también otros señores y guerreros
10 11 12
en procesión, mismos que pertenecen a un grupo
social distinto y fueron pintados según su propia
iconografía.
Lámina 4.30. Suchilquitongo.
Tumba 5, camarín oeste, muro sur, registro inferior, En el camarín este [fig. 4.15], sólo hay dos gran-
figuras 10, 11 y 12. La mitad de la des sacerdotisas (figuras 75 y 80); cantan y llevan
figura 11 está pintada sobre la piedra y la otra “bolsa de copal”, y ambas son muy parecidas —en
mitad sobre el muro de arcilla.
su factura— a la del camarín anterior, el oeste [fig.
(Foto: R. Alvarado y G. Lucet, 2004.)
4.14, personaje 8]. A diferencia de él, donde un
grupo de extranjeros aparece sólo en el registro in-
ferior, en el camarín este ocupa ambos registros.
tesis, a partir de lo que revelan los estilos. Buena Están pintados, como ya se ha dicho, de manera
parte de la explicación la proporciona la situa- más desaliñada; van en procesión hacia el muro
ción geográfica de Suchilquitongo, ubicado en del centro, hacia algo que era el objeto del ceremo-
una zona limítrofe de la cultura zapoteca de los nial pero que ya desapareció. La presencia de per-
Valles Centrales, contigua a las regiones mixteca sonajes diminutos y algunos rostros de calavera
y chinanteca. hace pensar que se trata de seres sobrenaturales
Toda la tumba fue concebida con una idea de que intervienen en el ritual, o bien, que éste se re-
conjunto en el estilo policromo dentro de la tradi- aliza en el propio inframundo.
ción zapoteca. Un maestro pintó con gran destreza Las pinturas de la Tumba 5 de Suchilquitongo
las figuras del sacerdote y las sacerdotisas63 en el describen varios contactos culturales. Quien conci-
portal, en las jambas de la entrada a la antecáma- bió la tumba era zapoteca, de ahí que se exprese
ra, en los camarines y en las jambas de la portada primordialmente con el estilo policromo de los Va-
de la cámara funeraria; otro pintó este último re- lles Centrales y que describa las ceremonias tradi-
cinto como una unidad, con un toque muy expre- cionales de señores en procesión. Sin embargo,
sivo. Aunque no se conocen todas las figuras de los está presente otro grupo (tal vez chinanteca, por su
connotación guerrera) cuya proporción en el cama-
rín oeste se halla equilibrada con la del grupo local,
63 Se caracterizan como sacerdotes por las “bolsas de copal” que pero en el este, es predominante y representa otro
llevan en la mano. tipo de ideas y ritos funerarios.
Los estilos en la pintura mural de Oaxaca | 143

67 68 69 70

77 a 77 b 78 c 78 d

Lámina 4.31. Suchilquitongo.


Tumba 5, camarín este, muro oeste.
Segunda intervención pictórica.
(Foto: R. Alvarado y G. Lucet, 2004.)
144 | Oaxaca I Estudios

Después vino la intrusión del estilo ocre, rojo Segunda variante del estilo policromo
y blanco [lám. 4.31 y fig. 4.26], que sustituyó al
mural primigenio del fondo del camarín este. En En la Tumba 11 de Lambityeco se conservan unos
él se encuentran las figuras 67 a 70 y 77 A y B. Su restos de murales policromos que pudieron haber
atuendo es completamente distinto al de las de la sido contemporáneos a los de la Tumba 5 de Su-
primera intervención, y el ritual que celebran es chilquitongo (véase la tabla 4.1). La planta es rec-
tan nuevo y diferente que todo parece indicar que tangular y tiene un nicho en el muro este (el del
provienen de otra región, aún sin identificar. Ésta fondo) y otro en cada pared lateral, al norte y al
es la tercera intervención en la tumba. Siguieron, sur. El sepulcro estaba muy deteriorado, especial-
en el camarín oeste, dos intrusiones más: prime- mente el muro norte, y fue reconstruido colocan-
ro, la del estilo rojo, blanco y negro [lám. 4.26 y do arbitrariamente las piedras que tenían restos de
fig. 4.27], con otro grupo social y distintas cos- pintura, lo cual dificulta su interpretación; sin em-
tumbres (al que tampoco se ha identificado) y, fi- bargo, se distinguen en ella dos intervenciones con
nalmente, la del estilo lineal negro que se parece estilos distintos. De la primera se conservan múl-
al de los códices mixtecos [lám. 4.28 y fig. 4.29]. tiples trazos muy fragmentados, aunque de ellos se
Es importante hacer notar que sólo en la pri- pueden sacar algunas conclusiones.
mera intervención de la tumba, la zapoteca, se En el muro este, el del fondo [lám. 4.32], en el
contó con una paleta pictórica rica que incluía el borde lateral derecho del nicho, hay algunos dise-
color azul de matiz verdoso; en las siguientes inter- ños en línea negra y gruesa (de 3 a 4 mm) con gan-
venciones se fue restringiendo la policromía hasta chos que sugieren que formaban un marco alrededor
acabar con sólo negro en la última de ellas. Esto in- del mismo; más abajo, dos franjas, una roja y otra
dica que en la primera etapa hubo más acumulación rosa —color que no tiene precedente en ninguna de
de riqueza, pues les permitía acceder a una mayor las otras pinturas—, forman ángulos que parecen
variedad de pigmentos, más costosos y tal vez pro- ser parte del mismo marco [lám. 4.33]. En ambos la-
venientes de otras regiones, lo que denota un co- dos del nicho hay otros trazos que posiblemente son
mercio más amplio. Al mismo tiempo, describe una glifos numerales.
sucesiva pauperización de las elites que fueron En el muro sur también hay glifos, en el extremo
ocupando la tumba posteriormente. sureste [lám. 4.32], y restos de una franja de color
De esta manera, se propone que, en el momen- rojo que delimitaba la pintura en la parte alta. Entre
to en que se efectuaron las pinturas del sepulcro, el nicho y la puerta [lám. 4.34], pintado en rojo so-
convivían dos grupos étnicos, los zapotecos y los bre una capa de estuco blanco, se ve el torso de un
chinantecos; después, en tiempos diferentes, apa- personaje que se dirige hacia el muro del fondo;
recieron dos grupos más de distinta procedencia, tiene el brazo extendido y en la mano sostiene algo
no identificados. Por último, el linaje muestra una que parece un manojo de listones. El rostro ya ha
relación interétnica, pues en la pareja que realiza desaparecido —el que se ve ahora fue repintado
la cremación, en el camarín oeste, la mujer pertene- posteriormente—, pero se conserva un casco re-
cía al linaje local y el hombre tal vez procedía de dondo y amarillo que parece tener, al frente, una
la etnia mixteca. cabeza de jaguar, sostenida con un barbiquejo con
Pareciera que los zapotecos de esa época, sobre una cuenta blanca. Lleva un brazalete y un gran
todo en la posición fronteriza de Suchilquitongo, tu- collar, también blancos, color que corresponde al
vieron que consolidarse por medio de alianzas con estuco de la superficie. En la parte inferior del collar
otros grupos que ejercían presiones hacia ellos. Así se permanecen fragmentos de una línea de contorno
constituyó una sociedad multiétnica en la que coexis- negra que delimitó las figuras; es igual de gruesa
tían diferentes tradiciones culturales de manera in- que la de los muros antes descritos, pero ya se ha
tegrada. Más tarde, las pinturas refieren sustituciones perdido en el torso, en la mano y en el casco.
de los personajes, pero siempre dentro el contexto La cara del personaje está trazada con una línea
original y aprovechando el prestigioso recinto que más fina que la del resto de las pinturas, por lo que
les daba legitimidad ante la sociedad zapoteca. se considera que fue realizado en una segunda in-
Los estilos en la pintura mural de Oaxaca | 145

Lámina 4.32. Lambityeco. Lámina 4.33. Lambityeco.


Tumba 11, muro este. Nótese el marco Tumba 11, muro este.
alrededor del nicho y, a la derecha, en el extremo Pintura alrededor del marco
del muro sur, restos de unos glifos. del nicho y otros glifos.
(Foto: S. Lombardo, s. a.) (Dibujo: B. Fahmel, 1978.)

Lámina 4.34. Lambityeco, Oaxaca.


Tumba 11, muro sur, figura 1.
(Foto: S. Lombardo, s. a.)
146 | Oaxaca I Estudios

Lámina 4.35. Lambityeco.


Tumba 11, muro sur. Figuras 1 y 2. Reconstrucción hipotética.
(Dibujo: B. Fahmel, 1978.)

tervención. El cuerpo, más esbelto que el de los En la pared norte hay ahora dos fragmentos
personajes de la tradición zapoteca, tiene una pro- [lám. 4.36], pintados con los mismos colores y lí-
porción parecida, por ejemplo, a la del anciano de la neas gruesas que el resto de los murales del inte-
Tumba 104. En un dibujo de esta figura (efectuado rior (excepto el rostro de la figura 1); ambos pedazos
por Fahmel en 1978),64 se logran ver mucho más fueron colocados equivocadamente en la restau-
detalles, en especial, de sus extremidades inferio- ración, pues, como están, carecen de sentido. El
res [lám. 4.35]. de arriba tiene pintura roja, un lazo blanco y una ca-
El mencionado investigador describe la existen- beza de jaguar semejante a la del hombre del muro
cia de otro personaje muy deteriorado, en el mismo sur, por lo que pudiera ser un tocado. El otro frag-
muro sur. No precisa su localización, pero comenta mento, el de abajo, presenta a un individuo desde
que parecía estar de pie, mirando hacia la entrada; la cintura hasta las rodillas, el cual se dirige hacia la
desafortunadamente, la imagen ya desapareció, entrada; lleva un paño de cadera de color rojo os-
pero logró registrarla en otro dibujo [lám. 4.35]. curo, sujeto con un cinturón amarillo, y empuña un
Como se ve ahora la tumba, el único espacio en el objeto alargado (del mismo color) que pudiera ser
que pudo haber estado es entre el nicho y el muro el mango de una lanza o bastón. Lo único cierto es
del fondo. De ser así, habría dos personajes en el que en este muro, si las piedras en realidad perte-
mismo muro, con direcciones convergentes hacia necen a él, hubo, por lo menos, un personaje que
un eje ocupado por un nicho, quizá realizando un se dirigía hacia el acceso.
ritual frente a algún objeto que debió hallarse en el Como se ha venido mencionando durante la
interior del nicho. Este tipo de composición es ex- descripción antecedente, los colores que se aprecian
cepcional y hace de esta tumba el único ejemplo en este estilo son rojo (oscuro y claro), rosa, ama-
hasta ahora conocido. rillo, blanco y negro.65

64 Véase la cédula de Lambityeco en el Catálogo de este mismo vo- 65 Los colores en la tabla Munsell son: rojo oscuro, 10 R 5/12; rojo
lumen. claro, 10 R 4/8; rosa, en dos tonos, 5 Y R 8/8 y 2.5 Y R 7/8;
amarillo, 10 YR 7/8.
Los estilos en la pintura mural de Oaxaca | 147

La cuarta fase del estilo policromo

En Monte Albán, entre 700 y 800 d. C., en la fase


Xoo,66 hay una pequeña tumba, la 125 [lám. 4.37],
cuya fachada tiene una portada con doble cornisa
en la que hay pinturas de distintas épocas. En las
jambas de la entrada se encuentra la primera in-
tervención [fig. 4.31], cuyo estilo se ha considera-
do aquí como la cuarta fase del policromo de la
tradición zapoteca (véase la tabla 4.1) porque, pese
a algunas diferencias, recoge varias características
de las pinturas de dicha tradición, especialmente de
la Tumba 5 de Suchilquitongo.
Consta de unos paneles verticales, bordeados
por una franja de 4.5 cm de ancho, dentro de los
Lámina 4.36. Lambityeco. cuales se inscriben las escenas.67 El formato de pa-
Tumba 11, muro norte, restos de un personaje. nel vertical en las fachadas tiene antecedentes en
(Foto: S. Lombardo, s. a.)
muchas de las tumbas anteriores que, en la ma-
yoría de los casos,68 contenían glifos y, en la facha-
da de la Tumba 5 de Suchilquitongo, según repor-
En conjunto, las pinturas comparten algunas ta Miller (1995), había en el portal vestigios de dos
de las características del estilo policromo de la tradi- paneles con dos registros —que ahora ya no se ven—
ción zapoteca, a saber: que el campo pictórico de semejantes al del lado este de la Tumba 125, razón
los muros laterales tenga formato de registro hori- por la cual se considera que la cronología de ambos
zontal, delimitado por una franja de color; que la sitios es bastante cercana, al final del período Clási-
línea sea negra y gruesa y demarque las superfi- co, en la fase arqueológica Xoo.
cies de colores planos; que el elemento más impor- Sobre un fondo rojo oscuro, las figuras se hallan
tante sea la figura humana y se trate de dignatarios definidas por una línea negra que rodea las super-
efectuando un ritual, así como la presencia de al- ficies de colores planos. Éstos son el rojo claro, el
gunos grupos de glifos. Las diferencias por las que verde, el ocre, el negro y el blanco,69 que, en diferen-
se les consideró una variante son: la ausencia de los tes tonos, son prácticamente los mismos que los del
colores verde, o azul verdoso, que caracterizan a resto de las pinturas del estilo en cuestión.
esa tradición; la presencia del rosa como exclusivo Las características que distinguen a la forma
de esta tumba; la proporción alargada de la figura en esta fase son el grueso de la línea, más fina que
humana; la franja con diseños que forma el marco la del resto de las tumbas (1.5 a 2 mm); el empleo
del nicho, elemento no visto hasta entonces, y la de un color verde muy propio,70 en vez del azul
composición de dos personajes convergiendo en verdoso, que cayó en desuso después de 650 d. C.;
un nicho, de la que tampoco hay registros previos las dimensiones de la figura que está de pie (17.4 cm
en la tradición de los Valles Centrales. sin tocado y 23 con él) y, desde luego, la escala,
que es muy pequeña. En la iconografía hay más
diferencias que en la forma: la figura humana en
posición sedente y con las piernas cruzadas, a la

66 Correspondiente a Monte Albán IIIb-IV en la cronología de Caso. 69 En la tabla Munsell son rojo oscuro, 7.5 R 5/6; rojo claro, 7.5 R
67 Miller (1995: 76-86) ha hecho notar que el aspecto de los pane- 6/8; amarillo, 10 YR 7/8, y verde, 7.5 GY 4/4.
les recuerda la composición de algunas lápidas que le fueron 70 El verde 7.5 GY 4/4 es semejante al de la Tumba 112 del mismo
contemporáneas, como la de la Tumba 5 de Suchilquitongo. Monte Albán.
68 Como ejemplo están la 103 y la 104 de Monte Albán.
148 | Oaxaca I Estudios

Lámina 4.37. Monte Albán.


Tumba 125, fachada.
(Dibujo: J. F. Villaseñor, 2004.)
Los estilos en la pintura mural de Oaxaca | 149

jante a ninguno de los reconocidos como zapotecos


por los especialistas.72 Las bandas que dividen los
registros tienen finos diseños geométricos entre
los cuales aparece, por primera vez, la greca es-
calonada, a la que se ha llamado xicalcoliuhqui, que
será un motivo recurrente en la iconografía del si-
guiente período. En la franja inferior aparece la for-
ma de almena escalonada que representa a la mon-
taña como insignia de lugar de señorío, igual que
en la Tumba 105 del mismo Monte Albán.
En su interpretación de tales pinturas, Miller
(1995) indica que la postura sedente es una posi-
ción de entierro y que el haz de plumas y la vasija
que lleva el hombre en la mano son instrumentos
de sacrificio; asume también que el atuendo de la
mujer y los árboles ubicados atrás de ella y su pa-
reja, indican la región o su lugar de origen, y sugiere
que el venado-felino alude a un lugar que puede
referirse al de los muertos.
Así, la Tumba 125 comparte muchas caracterís-
ticas formales del estilo policromo de la tradición
Figura 4.31. Monte Albán. zapoteca, y las diferencias en la forma y en la icono-
Tumba 125, fachada, grafía le valen para ser considerada como la cuarta
primera intervención pictórica.
fase estilística.
(Dibujo: A. Reséndiz, 2004.
Basado en Miller, 1995: lám. 9.) Los penachos verticales son afines a los del gru-
po guerrero del registro inferior del camarín oeste
de la tumba de Suchilquitongo [fig. 4.19], que po-
drían proceder de la Chinantla. Por otra parte, los
manera oriental, como es el caso de los dos hom- bancos con personajes sentados a la manera oriental
bres —el del panel oeste, que sostiene un alto bas- son ampliamente utilizados en el área maya duran-
tón con plumas, y el del panel este, que empuña un te el período Clásico tardío (600-900); aparecen en
haz de plumas y una vasija—; el uso de un banco las pinturas de Bonampak, Chelemí y Chichén Itzá.
a manera de trono; la barba que lleva uno de los Tales elementos iconográficos, más el atuendo y
personajes masculinos; la posición de la mujer la posición de la mujer, podrían estar reiterando la
que está de pie, con el cuerpo de frente y la cabe- concurrencia, en Oaxaca, de rasgos culturales de
za de perfil, así como su vestido, que es una capa otras regiones de Mesoamérica. La representación
larga, poco usual en Oaxaca. Por primera vez se de matrimonios interétnicos y de personas de di-
representa un animal completo como sujeto de la ferentes etnias, presentes en Monte Albán como
escena;71 es un híbrido, un venado-felino con plu- minorías —pues se trata, en este caso, de una mo-
mas en la espalda, el cual adopta una postura an- desta tumba—, dan cuenta del cosmopolitismo de
tropomorfa, pues se encuentra sentado sobre la esa ciudad a finales del Clásico.
banda inferior del registro, con las patas colgando. Una segunda intervención en el dintel y la
Frente a él hay una vasija que contiene algún ob- cornisa de la Tumba 125 [fig. 4.32] data de tiempos
jeto que podría ser un glifo, aunque no es seme- muy cercanos a los de la primera pintura. Exten-

71 Se habían pintado siempre asociados a otras figuras como parte 72 Véase Caso (1947) y Urcid (1992).
del atuendo o como glifos.
150 | Oaxaca I Estudios

Tanto en el dintel como en la cornisa, la línea de


los diseños es el doble de gruesa que la de las jam-
bas, y es el rasgo que más las diferencia, pues va de
4 a 5 mm. Sin embargo, los colores74 son práctica-
mente los mismos que los de la primera interven-
Figura 4.32. Monte Albán. ción, por lo cual se puede pensar que ambas son de
Tumba 125, dintel y cornisa, fechas muy cercanas. Tentativamente, a este es-
segunda intervención pictórica.
tilo se le ha denominado policromo transicional.
(Dibujo: A. Reséndiz, 2004.
Basado en Miller, 1995: lám. 9.) La tercera intervención [fig. 4.33] es muy difícil
de ubicar cronológicamente. Se trata de dos jagua-
res amarillos colocados en el friso en direcciones
opuestas, convergiendo hacia una cabeza de serpien-
te esculpida, que está en el eje central. Su trazo es
sumamente libre, fuera de todos los cánones de la
pintura mural mesoamericana; se podría decir que
es más afín al arte popular. Por otra parte, en el lado
izquierdo, hay otra cabeza de jaguar que sí denota
un trazo profesional, muy detallado, pero no hay
más elementos para poderla fechar.75
Figura 4.33. Monte Albán.
Tumba 125, friso, Tercera variante del estilo policromo
tercera intervención pictórica.
(Dibujo: A. Reséndiz, 2004.
Basado en Miller, 1995: lám. 9.)
En la misma fase Xoo (700-800 d. C.) se realizó la
segunda intervención en las pinturas de la Tum-
ba 11 de Lambityeco. En la jamba del lado sur de la
entrada [lám. 4.38] hay un fragmento que deja ver
didas a todo lo largo, sobre un fondo rojo oscuro, se un banco o trono, sobre el cual se ve, parcialmen-
trazaron dos serpientes entrelazadas —una verde y te, a un personaje sentado que tiene un calzón o
otra amarilla con manchas negras, como piel de braguero y unas cintas que le caen sobre la es-
jaguar—,73 que en cada uno de los espacios del en- palda; frente a él hay unos numerales. La línea del
trelace forman la figura de un cuchillo de obsidia- dibujo es negra y fina (2 mm), de trazo suave y re-
na. Las serpientes son representaciones asociadas dondeado. El color del fondo es rojo claro; la piel
con el agua, y los cuchillos, con el sacrificio; am- del individuo, rosa (color que se registró en la pri-
bas se encuentran en muchos sitios de Mesoamé- mera intervención de este mismo sitio); el banco,
rica que datan de esas fechas. amarillo claro, y las cintas, blancas.76 Por la seme-
En la cornisa se pintaron, sobre un fondo ver- janza de dicho banco y el de la Tumba 125 de
de, una serie de motivos escalonados y amarillos, Monte Albán, se le ha asignado la misma posición
los cuales se repiten de manera invertida en color cronológica. A falta de mayores datos y debido a la
rojo, dando la apariencia de una sucesión de formas presencia del color rosa, característico de este si-
de T que alternan, unas hacia arriba y otras hacia tio, se le colocó tentativamente como una variante
abajo; tienen la misma función que otros símbolos del estilo policromo.
en las cenefas de la pintura zapoteca.

75 En Cacaxtla hay una serpiente-jaguar cuya cabeza pudiera ser


73 En las pinturas del pórtico del Edificio A de Cacaxtla hay una ser-
piente-jaguar como lo es una de las serpientes del dintel de la comparable formalmente, aunque en la Tumba 125 de Monte Albán
Tumba 125. Aunque su estilo difiere totalmente, es interesante su parece que se trata de un glifo, ya que está junto a un numeral.
presencia en la iconografía de la época. 76 Los colores son rojo claro, 2.5 YR 7/8; rosa, 5 YR 8/8, y amari-
74 En la tabla Munsell son rojo oscuro, 7.5 R 5/6; amarillo, 10 YR llo, 10 YR 8/10.
7/8, verde, 7.5 GY 4/4.
Los estilos en la pintura mural de Oaxaca | 151

Lámina 4.38. Lambityeco. Lámina 4.39. Lambityeco.


Tumba 11, jamba sur. Tumba 11, muro sur, rostro de la figura 1.
(Dibujo: A. Arellano, 2005.) (Foto: S. Lombardo, s. a.)

En el muro sur de la tumba hay un rostro que Tumba 105 de ese mismo sitio se produjo la se-
sustituyó la cara del personaje original [lám. 4.39]. gunda fase, a la cual sucede la tercera, presente
Fue dibujado en negro, con una línea fina, del mis- en la primera intervención de los murales de la
mo grosor (2 mm) e inflexiones suaves que la de Tumba 5 de Suchilquitongo;77 por último, como
la jamba; también tiene el mismo color amarillo cuarta fase, se hallan las dos primeras interven-
claro. Ambos elementos permiten pensar que co- ciones de la Tumba 125 de Monte Albán. De esta
rrespondería a esta segunda intervención pictó- tradición se desprenden tres variantes en dife-
rica. Sin embargo, su fisonomía (que incluye una rentes tiempos: la primera en los murales de la
especie de bigote) difiere totalmente de la de to- Tumba 104 de Monte Albán; la segunda, un poco
das las figuras de la pintura prehispánica de Me- más tarde, en la primera intervención pictórica
soamérica, por lo que es factible que se haya efec- de la Tumba 11 de Lambityeco; por último, la ter-
tuado en la época colonial. cera variante se encuentra en este mismo sepul-
A manera de resumen: en los Valles Centra- cro, en la segunda pintura.
les, durante el período Clásico (entre 350 y 800 d.
C.), se realizó una serie de murales que forman
parte de lo que aquí se ha llamado tradición pic-
tórica zapoteca, iniciada en la Tumba 112 de
77 Éstas son las pinturas de la cámara con sus jambas este y oeste;
Monte Albán, y a la cual se consideró como la pri- en el camarín oeste, los personajes 2 y 8 así como el penacho
mera fase del estilo policromo [tabla 4.1]. En la del 7; en el camarín este, las figuras 75 y 80.
152 | Oaxaca I Estudios

ríodo Clásico tardío, entre 600 y 900 d. C. Contiene


las figuras de nueve señores,78 con lujosos atuen-
dos, dispuestos en tres de sus muros: cuatro en el
este, cuatro en el oeste y uno en el muro del fon-
do, en el norte. Se trata de pinturas monocromas
tonales (rojo oscuro y rojo claro) que tienen las ca-
racterísticas del estilo maya clásico. Aunque su
iconografía no ha sido estudiada, se sabe que está
relacionada con la persona sagrada del gober-
nante, pero referida a temas de la mitología maya,
más que a genealogías, como es el caso de Oaxaca.

El período Clásico
fuera de los Valles Centrales79

El estilo policromo geométrico

En la Mixteca Baja, en la zona arqueológica ubicada


en las afueras de Huajuapan de León, en el Barrio
de Santa Teresa, queda lo que fue la entrada de la
Tumba 2, ya destruida. Según Marcus Winter y Es-
teban T. Cruz,80 pertenece a la fase Ñuiñe de esa lo-
calidad (300-800), dentro del período Clásico. Se
conservan vestigios de unas pinturas en la escalera
Figura 4.34. Palenque, Chiapas. [lám. 4.40] que conducía al acceso y en el inicio de
Templo XX Sub, uno de los dignatarios. los muros interiores. Aunque no se sabe cómo pudo
(Dibujo: M. Greene, 1999.
haber sido la mayor parte de las paredes, es posible
Tomado de De la Fuente, dir., 2001: 384.)
que estuvieran pintadas, ya que hay indicios de
bandas con diseños de pequeños triángulos y fran-
jas diagonales, rectángulos y otros en forma de U.
En conjunto, dichos estilos describen el pro- Son distintivas de este estilo las formas geo-
ceso de desarrollo de la pintura mural en los Valles métricas definidas por líneas negras, predomi-
Centrales de Oaxaca. Aunque el sentido general y nantemente rectas. Las superficies son de colores
algunas constantes en las formas y en la iconogra- planos: rojo, verde claro, ocre y el blanco del es-
fía permiten hablar de una tradición del estilo po- tuco, utilizado con valor cromático.81 Tales caracte-
licromo del período Clásico, es también cierto que rísticas han servido para la denominación de es-
en cada ejemplo hay un amplio margen de libertad tilo policromo geométrico, diferenciándolo del de la
para cada pintor. tradición zapoteca. Es probable que la geometría
En cuanto a la comparación de estas pinturas de los trazos se deba a que se encuentran en las hue-
con las de otros sepulcros de Mesoamérica, el único llas y peraltes de los escalones, y no en los muros;
ejemplo es la tumba en el Templo XX Sub de Palen- sin embargo, por ahora es el único ejemplo con que
que, en el área maya [fig. 4.34], efectuada en el pe- se cuenta en el sitio y con él se definió el estilo.

78 Véase Merle Greene, 2001: 381-388. 80 Véase la cédula del sitio en el Catálogo de este mismo volumen.
79 No se conoció oportunamente el trabajo de Urcid sobre la tumba 81 Los colores, según la tabla Munsell, son rojo, 7.5 R 4/6; verde
de Xoxocotlán, la cual no fue considerada en el presente trabajo. claro, 5G 7/2, y ocre, 2.5 Y 7/4.
Los estilos en la pintura mural de Oaxaca | 153

0 0.5 m

Lámina 4.40. Huajuapan de León. Santa Teresa, Tumba 2.


(Dibujo: M. Winter y E. Cruz, 2002.)

Como en otras tumbas, el rojo cinabrio se utilizó en que funciona como vestíbulo, delimitado por las
pequeñas superficies, probablemente como parte jambas de tres cámaras longitudinales que se abren
del ritual funerario. en sus lados este, norte y sur,82 dándole a la planta
un aspecto cruciforme [fig. 4.35].
El estilo policromo La Tumba 1 corresponde a la cámara este, si-
tuada en el eje principal del conjunto, frente a la
Las pinturas de San Juan Ixcaquixtla, en el estado escalera de la entrada; es el sepulcro donde se en-
de Puebla, amplían el panorama de la pintura mu- cuentran las pinturas más importantes. En la facha-
ral prehispánica. Laura Rodríguez Cano (véase la da, sobre el dintel de la puerta, hay una moldura rec-
cédula correspondiente en el Catálogo del presente tangular, resaltada y con pintura roja, que forma
volumen, escrita en coautoría con Juan Cervantes una especie de medio tablero. Dentro, sobre el piso,
Rosado y Diana Molatore Salviejo) las identifica se halla una lápida fuera de su lugar, la cual, pro-
como pertenecientes a la etnia popoloca, con algu- bablemente, cubría la entrada.83
nos rasgos de influencia ñuiñe.
82 Conforme se fueron descubriendo las crujías, se fueron nume-
Se trata de un conjunto de tres tumbas. La en-
rando como Tumba 1 la del oriente, 2 la del norte y 3 la del sur.
trada se ubica en el lado oeste y, por medio de cuatro 83 Es probable que la tumba haya sido saqueada en una época
escalones, se accede a un pequeño espacio central anterior.
154 | Oaxaca I Estudios

ahora tiene la roca del techo.86 Las bandas con-


5
4
tienen formas simbólicas con varios diseños de vo-

6
lutas, cuya función es equivalente a la de las postas

3
Cámara 1
de las tumbas de los Valles Centrales [lám. 4.42].87
El muro del fondo no tiene banda inferior, y

7
2
N
como no ha sido totalmente liberado y hay partes

8
deterioradas, no puede comprobarse si existe una
1

banda superior.

9
12 10
Los colores son planos y, aunque están aplica-
11
dos a grandes brochazos con densidad diferenciada
Cámara 2 Cámara 3 en los pigmentos, no producen volumen con som-
Vestíbulo
breado. Entre ellos, se encuentran el rojo, el rosa,
13
el azul verdoso, el amarillo, el negro y el blanco.88
Están delimitados por una línea negra, continua y
de formas redondeadas —excepto en el muro del
fondo, en que abundan las rectas y angulosas— de
3 a 4 mm de grosor; en algunas partes, se aprecia un
dibujo preparatorio con trazos, también negros, de
Figura 4.35. San Juan Ixcaquixtla, Puebla.
Tumba 1, planta. 2 mm. Las superficies son, en general, divididas
(Dibujo: C. Coronel, 2005.) en delgadas secciones longitudinales que forman
largas plumas y franjas en los atuendos; no hay,
por lo tanto, grandes superficies de color, salvo en
algunos diseños del muro del fondo.
Los murales interiores, pintados sobre un La figura humana es el elemento más constan-
aplanado de estuco semirrugoso, son policromos. te; se encuentra en hileras, una atrás de otra, en
Están dispuestos en los dos muros laterales y en posición sedente y de perfil, en dirección hacia el
el del fondo, mismo que —como en todos los ca- muro del fondo. Tienen los ojos ovalados, como si
sos anteriores—, pese a tener menores dimensio- vieran de frente, excepto un viejo que los tiene en
nes, se considera el más importante debido a su forma de frijol. Sus llamativos atuendos y adornos
posición frente a la entrada. En la pintura se de- (collares, orejeras, turbantes amarrados con cin-
sarrolla una sola escena que abarca los tres mu- tas, diademas, máscaras y túnicas con franjas de
ros, y el fondo de la misma es un rojo continuo; colores) las denotan como dignatarios. Cada una
esto es, no hay elementos pictóricos verticales que de ellas sostiene, con una mano al frente, unas
lo interrumpan en toda su extensión.84 Las pin- grandes formas simbólicas, zoomorfas o de cala-
turas de los lados siguen el patrón de un registro, vera, adornadas con penachos de largas plumas
con bandas de borde arriba y abajo [lám. 4.41],85 que pudieran ser cascos y a la vez emblemas o gli-
aunque en el muro norte no se ven las de la parte fos nominales; otros objetos asociados a ellas son
superior, debido a la configuración irregular que los cuchillos de obsidiana.89

84 Este tipo de composición ya se ha visto en la Tumba 104 de clásico tardío, por ejemplo, en las pinturas del Edificio 5 D Sub
Monte Albán. 10 1ª de Tikal, y en el Clásico temprano, en las del Edificio 53,
85 La dimensión total de altura del registro es de 72 cm; las medi- Subestructura 3 del Conjunto de los Edificios Superpuestos en
das de la banda superior, 13 cm; las de la inferior, 13 cm, y las Teotihuacán.
del campo intermedio (en el que están las figuras), 42 cm. 88 Según la tabla Munsell, los colores son rojo, 10 R 5/6; rosa, 5 YR
86 No se pudo constatar si el trabajo de liberación del mural no está 5/8; azul verdoso oscuro, 2.5 BG 6/2 (que en algunas partes
terminado y aún falta por descubrirse la cenefa, o acaso la roca llega ser el verde 10 G 6/2), y amarillo, 10 YR 7/10.
del techo impidió que se pintara. 89 Se trata de los cuchillos denominados “excéntricos” por los ar-
87 Hay que recordar que las cenefas con una sucesión rítmica de queólogos, y que son comunes en la pintura teotihuacana del pe-
volutas iguales, o los entrelaces de volutas diferentes, son recu- ríodo Clásico, especialmente de la fase Xolalpan, que se asocian
rrentes en varias culturas de Mesoamérica desde el período Pre- con prácticas de sacrificio.
Los estilos en la pintura mural de Oaxaca | 155

4
3

5
2

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7
1

Lámina 4.41. San Juan Ixcaquixtla, Puebla.


Tumba 1, cámara 1, planta con las paredes abatidas.
(Foto: C. Rodríguez, 2004.)
156 | Oaxaca I Estudios

Lámina 4.42. San Juan Ixcaquixtla, Puebla.


Tumba 1, cámara 1, muro norte,
detalle de la cenefa del borde superior.
(Foto: C. Rodríguez, 2004.)

Hay tres personajes en el lado sur, mientras en tudiadas. Uno es que, a pesar de que la altura de la
el norte, sólo dos; en lugar del otro individuo, hay cámara es muy corta (entre 72 y 86 cm) y que la al-
un caracol sobre un plato de fondo plano y bordes tura máxima de los personajes en los registros es de
divergentes, lo que parece ser un glifo toponímico 42 cm, la escala de los mismos no es pequeña. Esto
o, como en otros casos, un glifo nominal que sus- es efecto de que al estar en posición sedente, o re-
tituye al personaje y lo representa. El plato y el cara- presentado sólo el torso del personaje del fondo,
col aparecen, separados, en otros lugares del mu- el tamaño de sus figuras resulta un poco menor
ral, por lo que adquieren relevancia. que el natural.
Ocupando todo el espacio del muro del fondo, Otra particularidad distintiva de su estilo, plas-
en el lado este de la tumba, hay una figura antropo- mada en los muros laterales, es el ritmo pausado
zoomorfa. Es un torso en posición frontal, con los y solemne que resulta de la disposición de las fi-
brazos extendidos hacia los lados; en sus manos —que guras en el espacio, a distancias iguales. La postura
son fuertes y muestran los dedos y las uñas muy estática de los dignatarios que están sentados pro-
marcadas— sostiene una especie de mechones ne- duce un atractivo contraste con el dinamismo crea-
gros atados con nudos, que caen sobre una banqueta do por las expresivas líneas y las superficies de color:
o altar rectangular. Su rostro, con una pronunciada las plumas onduladas que parecen flotar y enlazan
nariz negra y las cejas muy resaltadas, posee un suavemente a los personajes entre sí, o las franjas
aspecto canino. Viste quexquémetl o blusa suelta y de los vestidos, cuyo trazo sugiere la posición y el
lleva una falda con un delantal que cae por encima volumen de sus cuerpos; en la figura del caracol del
del altar. Se adorna con un alto sombrero cónico de muro norte, se observa muy claramente esa capa-
color verde muy oscuro —logrado por la superpo- cidad de la línea para sugerir el volumen. No obs-
sición del verde sobre el rojo oscuro—, rodeado de tante, la grácil suavidad de los murales de los lados
plumas verdes y cortas; de su parte baja, a los lados contrasta a su vez con la dureza de la figura del fon-
de la cara, salen horizontalmente varias plumas lar- do, que parece responder a ciertos elementos de
gas y onduladas. Lleva cuentas verdes como aretes, una iconografía preestablecida y que sólo en el
un collar con grandes círculos, unas pulseras blancas plumaje que sale de su cara hacia los lados se ase-
con unos picos y una especie de mangas negras. Ro- meja al de las otras figuras.
dea a esta figura un resplandor de forma romboidal Por las características antes descritas, estos mu-
con triángulos blancos, a manera de rayos. rales pueden ubicarse, tentativamente, en el período
Según la interpretación de Rodríguez Cano, Cer- Clásico tardío, en la fase Xoo de la cronología de
vantes y Molatore (véase la cédula de Ixcaquixtla los Valles Centrales, entre 600 y 750 d. C. Asimis-
en el Catálogo del presente volumen), se trata de mo, es posible afirmar que se trata de un estilo re-
la diosa Tlazoltéotl que sostiene el cabello de unos gional con su propia identidad. Sin embargo, es
prisioneros. Los autores llegan a esta conclusión importante dejar asentado que comparte algunos
basándose en imágenes de la diosa que aparecen elementos con el estilo policromo de la pintura de
en los códices. tradición zapoteca de Oaxaca, razón por la cual son
Hay en esta pintura varios rasgos particulares mencionados en el presente estudio. Ellos son, en
que la diferencian de todas las demás hasta aquí es- la forma, el espacio pictórico de registro, limitado
Los estilos en la pintura mural de Oaxaca | 157

Figura 4.36. Teotihuacán. Pórtico 11 de Tetitla, Figura 4.37. Techinantitla, Teotihuacán.


mural 3 llamado de las Diosas verdes. Personaje precedido de un objeto emblemático
(Dibujo: A. Sánchez. o un glifo toponímico. (Dibujo: R. E. Juárez, 2006.
Tomado de De la Fuente, coord., 1995: 304.) Tomado de Berrin, ed., 1988: fig. V.5)

arriba y abajo con franjas de borde que contienen del gobernante, como sucede en las tumbas de los
figuras simbólicas; el uso del rojo como fondo; la Valles Centrales.
disposición de los personajes, alineados uno atrás En cambio, en la iconografía muestran más afi-
de otro y orientados hacia el muro posterior; la línea nidades con los murales tardíos de la fase Xolalpan
negra, de formas redondeadas, que delimita las su- de Teotihuacán. Algunos de los rasgos que compar-
perficies de colores planos, y la paleta cromática, ten los murales de Ixcaquixtla con los teotihuaca-
que incluye el azul de tono verdoso. nos son, entre otros, la representación de torsos de
En la iconografía es donde se encuentran las deidades en posición de frente, por ejemplo, las
mayores diferencias, pues sólo se asemejan en que llamadas Diosas verdes del palacio de Tetitla [fig.
representan a dignatarios con los emblemas o gli- 4.36] (Miller, 1973: fig. 301); el uso de cuchillos de
fos que los identifican, y en que tales personajes sacrificio, como se ven en la plataforma de los pa-
efectúan un acto ceremonial. No obstante, el ca- tios de Zacuala (Miller, 1973: fig. 219); la utiliza-
rácter del rito no es totalmente igual, pues los par- ción de grandes glifos frente a los personajes para
ticipantes no están de pie, sino sentados,90 y lo pre- identificarlos, como en Techinantitla [fig. 4.37]
side un personaje que, o bien es una deidad —como (Millon, 1988: figs. V.I, V.3-V.5). Sin embargo, el con-
lo sugieren Rodríguez Cano, Cervantes y Molatore cepto mismo del enterramiento en tumbas con
en la citada cédula de Ixcaquixtla— y entonces muros pintados se vincula más con las culturas de
se trata de la reunión de una hermandad que le Oaxaca que con la teotihuacana, en la cual, hasta
rinde culto, o es un ancestro mítico al cual sus ahora, no se han encontrado.
descendientes —que los hay viejos y jóvenes— le Otro conjunto en este mismo sitio lo constitu-
hacen honores.91 De cualquier modo, no se trata yen las decoraciones exteriores de los sepulcros,92
de un registro genealógico para legitimar el poder las cuales se ubican en las jambas de las cámaras

90 La posición sedente de los personajes es compartida con otras tes descienden de una perra que se transformaba en mujer y le
culturas mesoamericanas, a finales del período Clásico. Sin em- arreglaba la casa y le cocinaba a su dueño mientras salía a tra-
bargo, el único antecedente de una sucesión de personajes sen- bajar.
tados, uno atrás de otro, se conoce en las pinturas de Los be- 92 Gracias a la invitación de Víctor Hugo Valencia Valera, director
bedores de Cholula. del Centro Regional del INAH en Puebla, y de Diana Molatore Sal-
91 No está de más mencionar una leyenda que se conserva actual- viejo, quien tiene a su cargo la restauración de la tumba, pude vi-
mente en el pueblo de Ixcaquixtla. Ésta refiere que sus habitan- sitarla y conocer las pinturas del vestíbulo. Así pude enriquecer
158 | Oaxaca I Estudios

Lámina 4.43. San Juan Ixcaquixtla, Puebla.


Tumba 1, vista del muro sur en el interior de la cámara 1,
jamba sur de la misma cámara y murales, donde
se ve la gran escala de las volutas.
(Foto: S. Lombardo, s. a.)

1, 2 y 3. Como se verá más adelante, su estilo di- hicieron en un tiempo posterior, aunque relativa-
fiere en algunos detalles de las del interior y pa- mente cercano, entre 750 y 800 d. C.
rece que fueron planeadas como una unidad en el La diferencia más notable es la escala, que se
vestíbulo, si bien no se concluyeron, al igual que ve grandiosa por la amplitud de las superficies, las
las pinturas interiores de las tumbas 2 y 3. cuales casi no tienen divisiones. El cuerpo del ani-
En la cara norte de la jamba sur de la entrada mal, que abarca desde el piso hasta la banda su-
de la Tumba 1, hay un animal de gran tamaño en perior, es una gran superficie amarilla, en la que
posición erguida, sugerentemente antropomorfa, sólo se indican —con líneas— las extremidades
con las garras al frente y el hocico abierto [lám. superiores y los rasgos elementales de la cabeza.
4.43]. Tiene una banda superior, con volutas y Este cambio de escala se observa también en el ta-
otras formas simbólicas. El fondo rojo y la línea maño de las volutas de la cenefa, las cuales tienen
negra y gruesa, que sugiere volumen, son iguales pocas divisiones y superficies más extensas. La ima-
a los del interior; los colores son los mismos, salvo gen del felino pudiera relacionarse con la figura del
que el amarillo es predominante y el azul verdoso fondo de la tumba, pero la amplitud de las super-
está ausente, lo que daría pie para pensar que se ficies y su escala se vincula más con las pinturas
del vestíbulo.
En las paredes exteriores de las jambas de la
Tumba 1 [fig. 4.38], hay unas franjas verticales
el trabajo que había escrito inicialmente, basado sólo en las fo-
tografías que se tenían para el Catálogo de este volumen; a am- azul verdoso muy claro, que si bien no son simé-
bos les hago patente mi reconocimiento. tricas en ambos lados, delimitan campos de color
Los estilos en la pintura mural de Oaxaca | 159

Figura 4.38. San Juan Ixcaquixtla, Puebla.


Portada de las tumbas 1 y 3
en la cual se ve la pintura de las jambas.
(Dibujo: C. Coronel, 2005.
Basado en el boceto de S. Lombardo.)

amarillo, los cuales presentan varios tipos de vo- tíbulo—, hay un pequeño personaje con la piel de
lutas y ganchos, en azul claro, en un rojo igual al color rojo oscuro, lo que bien pudiera ser pintura
del fondo del interior y en un rojo quemado muy corporal; está de pie, en actitud de caminar, con un
oscuro que no se ve en los muros del interior del brazo levantado hacia delante. Viste un braguero
sepulcro.93 atado cuyas cintas se despliegan hacia atrás; lleva
Todas estas formas, posiblemente glíficas, son una diadema y tiene el ojo ovalado, con la pupila
de grandes dimensiones, y el hecho de que esas al centro, como si viera de frente. La iconografía
mismas franjas azul claro o amarillas corran hori- en que se ubica esta figura es difícil de interpretar,
zontalmente y sin interrupción en las esquinas pero dado que el ojo y la diadema son iguales a las de
del vestíbulo, permite pensar que constituyen un los otros personajes de la Tumba 1, por sus dimen-
solo discurso pictórico; incluso, en la esquina sures- siones, pudiera pensarse que se trata de la repre-
te, hay una especie de garra de ave que está pin- sentación de un niño del mismo grupo social.
tada de manera continua en los dos muros de la Finalmente, la jamba poniente de la Tumba 2
esquina [fig. 4.38].94 se encuentra dividida por una banda horizontal amari-
En la jamba este de la Tumba 3, debajo de dos lla, con lo que se forman dos recuadros semejantes
franjas horizontales —una de las cuales es conti- a los de la Tumba 125 de Monte Albán: en el supe-
nuación de otra que proviene del muro del ves- rior parece haber unas imágenes simbólicas o unos

93 Los colores rojo del fondo y el amarillo son iguales a los del inte-
claro: 2.5 BG 8/2. Aparece también el rojo quemado muy os-
rior de la tumba: 10 R 5/6 y 10 YR 7/10, respectivamente. En curo, que es el 7.5 R 3/2.
cambio, el azul verdoso, aunque en el mismo tono, es mucho más 94 Imágenes muy claras se encuentran en Cervantes Rosado et al.,
2004.
160 | Oaxaca I Estudios

glifos, y en el inferior, un personaje que, aunque se El estilo bicromo


halla incompleto, parece estar sentado de frente, con
las manos abiertas y el rostro de perfil. El ejemplo más antiguo se encontró en Huitzo
En resumen, las pinturas del co