Oaxaca I
Oaxaca I
prehispánica en México
III
Oaxaca
Tomo I | Catálogo
Monte Albán.
Tumba 112, muro sur, lado izquierdo.
(Foto: E. Peñaloza, 2000.)
La pintura mural
prehispánica en México
III
Oaxaca
Tomo I | Catálogo
Coordinadores
Beatriz de la Fuente | Bernd Fahmel Beyer
Con este volumen se completan tres de los cinco reflexiones y posibles sentidos de la pintura mural,
que conformarán la serie La pintura mural prehis- y la ofrecen con la óptica de sus intereses y espe-
pánica en México, que desde hace quince años se cialidades. De tal manera, el proyecto cumple con
inició con la dirección de Beatriz de la Fuente y que sus afanes: por un lado, el registro y, por el otro, el
en la actualidad conserva su vigencia como uno estudio y la interpretación de los murales prehis-
de los proyectos más relevantes de investigación pánicos.
sobre nuestro pasado histórico. Cuando estaba muy avanzada la edición del Ca-
En la presente obra ofrecemos al lector un pro- tálogo, ocurrió el lamentable deceso de la doctora
ducto más de esta incansable labor de registro, con- De la Fuente, cuya labor fundacional en el estudio
servación, estudio e interpretación del legado pictó- y promoción de este patrimonio artístico de nues-
rico del México antiguo. Las páginas subsecuentes tro país es ejemplo y compromiso, tanto para los in-
muestran un catálogo exhaustivo de los murales de tegrantes del Proyecto La Pintura Mural Prehispáni-
Oaxaca, ilustrado con fotografías obtenidas in situ, ca en México como para la comunidad del Instituto
planos y dibujos. de Investigaciones Estéticas y de la UNAM. Conti-
Por otra parte, los estudios interdisciplinarios nuar la ruta definida desde su origen hasta la cul-
que han distinguido al proyecto desde sus inicios, en minación de los objetivos propuestos entonces es
esta ocasión contribuyen a un entendimiento más una de las mejores vías de honrar la memoria de la
amplio y cabal de las pinturas oaxaqueñas desde el doctora Beatriz de la Fuente.
punto de vista de las humanidades y las ciencias.
Los varios estudiosos que conforman el seminario Dra. María Teresa Uriarte
desde 1990 reúnen sus esfuerzos para encauzar las Directora del Instituto de Investigaciones Estéticas
Agradecimientos
Un resultado como el que hoy tenemos en nuestras Rentería, secretario académico; Rafael Román Vi-
manos es, siempre, producto del esfuerzo, dedica- llatoro, secretario administrativo; Obdulia Núñez,
ción e interés de varias personas e instituciones. A Gabriela Aguilera, José Luis Jáuregui y Antonio
ellos expreso a continuación mi agradecimiento Piña. Especial gratitud merecen los integrantes del
por el trabajo que, desde diferentes ámbitos, apor- Archivo Fotográfico Manuel Toussaint, cuya labor
taron para hacer posible la publicación del volu- hizo posible obtener las imágenes que ilustran es-
men III de La pintura mural prehispánica en México, tos tomos: Pedro Ángeles, Ernesto Peñaloza, Ge-
dedicado a los murales de Oaxaca. rardo Vázquez y Eumelia Hernández; la partici-
Iniciaré por la Universidad Nacional Autónoma pación activa del Departamento de Publicaciones
de México y su rector, por el entusiasmo con el que y de Ena Lastra, a quien debemos la coordinación
se acogió el desarrollo y la culminación de este pro- editorial, y a la Biblioteca Justino Fernández, que
yecto. A la doctora Arcelia Quintana, quien fuera otorgó todas las facilidades para la elaboración de
abogada general de nuestra casa de estudios, por fa- las investigaciones. He de nombrar también, con
cilitar los trámites necesarios en la obtención de los inmensa gratitud, a Danilo Ongay, diseñador ori-
recursos donados para la presente obra, y a la Coor- ginal de la serie La pintura mural prehispánica en
dinación de Humanidades que, gracias a la doctora México.
Olga Elizabeth Hansberg Torres y a su actual titular, Extiendo mis agradecimientos a los miembros
la doctora Mari Carmen Serra Puche, ha seguido de del proyecto que contribuyeron de manera ardua
cerca nuestros pasos. Debo agradecer también al y desinteresada en el óptimo desempeño de nues-
licenciado Rubén Cervantes, quien consiguió, para tros afanes: Alfonso Arellano Hernández y Laura
el proyecto, el equipo necesario para la digitaliza- Piñeirúa Menéndez, por su colaboración como edi-
ción de las imágenes. tores, y a Susana Díaz Castro, por sus constantes
Quiero, asimismo, mencionar dos instancias asesorías y aportes novedosos. A Dionisio Rodrí-
universitarias que han sido sustento académico y guez Cabrera, José Francisco Villaseñor Bello y Ge-
económico en el desempeño de nuestros objetivos. rardo Ramírez Hernández, y a quienes reunieron
La primera, el Instituto de Investigaciones Estéticas, sus esfuerzos en el cuidado y calidad de las imáge-
cuya dirección a cargo de la doctora María Teresa nes: Ricardo Alvarado Tapia, Teresa del Rocío Gon-
Uriarte permitió el seguimiento semanal de nues- zález Melchor, María de Jesús Chávez Callejas, Re-
tros seminarios y fue sostén incondicional en la con- né López Ávila, Rodrigo Ramírez Sánchez y Citlali
cepción, realización y fin de tan arduas labores. Coronel Sánchez. Por último, he de mencionar a Ar-
Dejo constancia de mi agradecimiento a su per- turo Reséndiz Cruz y Alejandro Navarrete Cortés,
sonal académico y administrativo: Jorge Jiménez por la creación de un gran número de figuras que
10 | Oaxaca I Catálogo
ilustran los textos, y a Verónica Hernández, quien su secretario técnico, el doctor Moisés Rosas. Rei-
participó en la organización de los archivos. tero mi gratitud al Consejo de Arqueología por las
La segunda dependencia universitaria funda- facilidades otorgadas en los trabajos de campo, al
mental en el desarrollo de las actividades del pro- ingeniero Joaquín García-Bárcena y al doctor Ale-
yecto ha sido la Dirección General de Asuntos del jandro Martínez Muriel. Agradezco, asimismo, el
Personal Académico, a cargo del doctor Rafael Pérez apoyo del Centro INAH de Oaxaca, a su director,
Pascual, instancia que facilitó los recursos necesa- el antropólogo Eduardo López Calzada, a Nelly Ro-
rios a través de los proyectos IN 403399 e IN 400202. bles, Marcus Winter y a los demás arqueólogos que
Debo agradecer también el sostén de otras ins- han colaborado con nosotros. Mi profundo agrade-
tituciones, como el Consejo Nacional de Ciencia y cimiento también a los custodios encargados de los
Tecnología, que a través de varios proyectos nos sitios arqueológicos, por su dedicación y tiempo en
ha patrocinado, y en esta ocasión en especial, a la las temporadas de trabajo de campo; a Azul Morris
Fundación Getty, por el interés que manifestó ha- y Urs Graf por el diseño del libro, y a Mauricio Ló-
cia la presente obra, el cual se tradujo en una bonda- pez Valdés por la minuciosa revisión y corrección
dosa donación, gracias a las gestiones de la doctora de los textos y el cuidado de la edición.
Mary Miller y de los integrantes de la Fundación, Finalmente, mi agradecimiento a los médicos
Joan Weinstein y Kathleen Johnson. Necesario es que me atendieron con esmero e hicieron posi-
mencionar, asimismo, la contribución generosa de ble que concluyera esta obra.
la Fundación Alfredo Harp Helú, por su interés y el Terminaré por decir que de actos y nombres
apoyo recibido para la publicación de este volumen. construimos y ejecutamos nuestro devenir; así na-
El apoyo del Consejo Nacional para la Cultura y ció el tercer volumen de la serie, resultado de afa-
las Artes, a través del Instituto Nacional de Antro- nes y encuentros, de periplos y avatares, de actos
pología e Historia, ha sido de gran relevancia para y nombres. A todos ellos, gracias una vez más.
nuestros objetivos. Agradezco a la señora Sari Ber-
múdez, presidenta del Conaculta; al etnólogo Sergio Dra. Beatriz de la Fuente
Raúl Arroyo, antiguo director general del INAH, y a Ciudad Universitaria, 2005
Introducción
Hace ya algunos años, en 1990, nació la idea de ela- blecido: ya se han realizado los volúmenes sobre
borar un catálogo compendioso y razonado acer- Teotihuacán y el área maya, y están pendientes los
ca de uno de los restos materiales más delicados dedicados a la Costa del Golfo y al Altiplano Cen-
del México antiguo. Me refiero a la pintura mural. tral después del colapso teotihuacano.
La importancia de tal expresión artística, así como la Excepcionales son las novedades que presentan
urgencia de preservarla, dieron origen al Proyecto estos libros dedicados a Oaxaca, entre ellas, la inclu-
La Pintura Mural Prehispánica en México, acogido sión de murales que no habían sido fotografiados y
en el seno de la Universidad Nacional Autónoma de cuyo conocimiento era por medio de sucintas des-
México. La actitud generosa y el compromiso deci- cripciones, imágenes hasta ahora sólo vistas y regis-
dido de ésta y otras instituciones hacia los asuntos tradas por sus descubridores; hay, asimismo, otros
de interés nacional han permitido el desarrollo de muros pintados de reciente descubrimiento. Como
esta magna labor de investigación pluridisciplinaria. en los casos precedentes, los textos van profusamen-
A partir de entonces, la UNAM y el Consejo Nacional te acompañados de ilustraciones: planos, mapas,
de Ciencia y Tecnología han financiado el proyec- vistas arquitectónicas, reproducciones a línea y en
to; asimismo, la UNAM y el Instituto Nacional de color, y un gran número de fotografías tomadas in
Antropología e Historia brindan apoyo académico. situ. Son resultado de largas temporadas de trabajo
Aunado a ello, para el presente volumen, dedicado de campo y estudio de gabinete. Así, se busca con-
a Oaxaca, se ha contado con el apoyo económico de figurar un panorama más justo, amplio y cercano
otras instituciones, como la Fundación Getty, de Los a lo que fue la realidad pictórica de los pueblos an-
Ángeles, California, y la Fundación Alfredo Harp tiguos que ocuparon la región oaxaqueña.
Helú, de México. Cabe señalar que los planos se han sintetiza-
A tres lustros de distancia, el proyecto se ha am- do en aras de una mayor claridad visual, de modo
pliado más que considerablemente. Lo que iba a que no se consideran al cien por ciento los objetos
ser un registro de murales se convirtió en un ca- arqueológicos; ello se aprecia en los casos de Suchil-
tálogo exhaustivo y en estudios originales basados quitongo y Yólox.
en ciencias y metodologías diversas, las cuales se Es necesario precisar que, desde el comienzo,
proponen dar luces nuevas para la comprensión el proyecto ha recibido el apoyo irrestricto de la
de ese complejo fenómeno que es la pintura mural UNAM por medio de su Instituto de Investigaciones
precolombina que aún permanece. Con la publica- Estéticas. Éste ha ofrecido personal especializado,
ción de los tomos correspondientes a la zona cultu- instalaciones y equipos (fotográfico, de cómputo y
ral de Oaxaca, Catálogo y Estudios, alcanzamos lo demás elementos de infraestructura), de manera
que podría considerarse la mitad del camino esta- que las tareas de la indagación han contado con
12 | Oaxaca I Catálogo
Mesoamérica hasta ahora conocidos. En Oaxaca Dicho orden no sólo es geográfico, sino también
existen algunos de carácter no funerario, pero de obedece a cambios de formas de expresión fun-
igual manera muestran una compleja elaboración damentales, según se describe en los estudios co-
y significación que se aprecia en la variedad de téc- rrespondientes. De hecho, la diferencia misma de
nicas y estilos, así como en la escritura (aún poco temporalidad es muestrario de variaciones estilís-
entendida) y en la representación de grupos étni- ticas y técnicas que dan idea de la riqueza del arte
cos considerados diferentes de los habitantes pro- mural en su conjunto. Debe advertirse que algu-
pios de esta área cultural. nos de los sitios no exhiben tales diferencias, ya
Los sitios estudiados se concentran hacia los va- sea porque el periodo de elaboración de los mura-
lles centrales, aunque también se tomaron en cuen- les es breve y coinciden los elementos plasmados
ta otros, localizados en las diversas regiones que o porque los vestigios son reducidos y no mues-
conforman el área de Oaxaca. De tal suerte, existen tran mayor identidad individual.
cédulas referidas a sitios de la Mixteca Alta, la Ca- Líneas arriba se anotó la importancia de Mon-
ñada y Tehuantepec. Se tiene noción de varios de te Albán; las numerosas excavaciones que se han
ellos en donde hubo pintura mural, aunque no se efectuado en dicho sitio marcan la secuencia tem-
sabe de cierto si hoy se conserva. En Monte Albán, poral seguida en este trabajo. El Proyecto ha adop-
el trabajo de registro en el edificio llamado “del Vér- tado la seriación de Caso, Bernal y Acosta (1967),
tice Geodésico” dio muestras de haber tenido mu- es decir, Monte Albán I a V, debido a la dificultad
ros polícromos; sin embargo, se desconocen los di- de conciliar propuestas más recientes como las de
seños. Uno más es Quiotepec, del cual se sabe que Winter o Paddock (véase el cuadro cronológico en
algunas tumbas fueron decoradas, y otro tanto pue- la introducción a Monte Albán, en la página 32). No
de decirse de las regiones de la Mixteca, la Chinan- obstante, investigadores como Sonia Lombardo pre-
tla, la Mixtequilla y Tehuantepec. fieren acudir a la más novedosa cronología sugeri-
Caso especial es el hallazgo, en el año 2004, de da por Michael Lind (1991), en la que se usan nom-
dos tumbas pintadas en San Juan Ixcaquixtla, sitio bres como Xoo y Niza para los periodos.
ubicado en el actual estado de Puebla. Se incluye en
este volumen por su relativa vinculación con las Autores y textos
pinturas murales de Oaxaca, pues sugiere que la
tradición de pintar los sepulcros se extendió más Los autores en este volumen quedaron organiza-
allá de los límites conocidos en los valles centrales dos en dos grupos. El primero, dedicado al registro
oaxaqueños. puntual de las pinturas, a la redacción de cédulas
La estructura de La pintura mural prehispánica explicativas y a la reunión de las ilustraciones que
en México. Oaxaca parte de la vastedad y las diferen- las acompañan. El segundo se constituyó por los
cias perceptibles a lo largo de sus tiempos y lugares. exponentes de las diversas disciplinas que partici-
Así, se optó por organizar el Catálogo de acuerdo pan en el proyecto. De ahí que ha sido factible ahon-
con criterios regionales y según la cronología segui- dar en la precisión del estilo pictórico, en la com-
da para Monte Albán. De ahí que en primer lugar se prensión de la cultura a través de esta expresión, en
ofrecen las cédulas de Monte Albán; continúan las el conocimiento científico de las técnicas emplea-
de los valles de Tlacolula (Suchilquitongo, Huitzo, das, en interpretaciones nuevas bien afincadas de
Lambityeco, Yagul y Teotitlán del Valle), Etla (Zaa- algunas de las escenas murales, en la identificación
chila, Mitla y Museo Frisell) y Zimatlán (Xoxocotlán, biológica de las aves y otras especies animales re-
San José Mogote y Zimatlán). Lugar aparte mere- presentadas en las pinturas, y en aproximaciones
cen Tehuantepec, la Mixteca Alta (Yucuñudahui) sugeridas por el análisis preciso de formas y te-
y la Cañada (Huajuapan de León, San Miguel Tla- mas oaxaqueños. A través de los estudios se enfa-
cotepec, Jaltepetongo, San Pedro y San Pablo Te- tiza el enfoque multidisciplinario que caracteriza
quixtepec y Llano Palo Flor), así como la Chinantla al proyecto, en tanto se conjugan diversas formas
(Yólox). Por último, se presenta la cédula de San de análisis que dan como resultado una visión in-
Juan Ixcaquixtla. tegral de la pintura mural.
14 | Oaxaca I Catálogo
toria y doctor en Arquitectura (con especialidad en ral de Teotihuacán. Realiza, asimismo, investigacio-
Arquitectura Prehispánica) por la UNAM. Sus estu- nes sobre arqueoastronomía.
dios se enfocan a las culturas extintas a partir de as- J. Daniel Flores Gutiérrez. Véase la ficha en
pectos antropológicos integrales. los autores de las cédulas.
Bernd Fahmel Beyer. Véase la ficha en los auto- Arturo Pascual Soto. Doctor en Antropología por
res de las cédulas. la UNAM e investigador del Instituto de Investigacio-
Dúrdica Šégota Tómac. Véase la ficha en los au- nes Estéticas de la misma universidad. Se especiali-
tores de las cédulas. za en la arqueología de la Costa del Golfo y es coor-
Sonia Lombardo de Ruiz. Doctora en Historia dinador del volumen dedicado a la pintura mural
por la UNAM y profesora emérita del Instituto Nacio- prehispánica de esa área cultural.
nal de Antropología e Historia. Sus estudios se re- Alfonso Arellano Hernández. Véase la ficha en
fieren a la variedad estilística y el análisis formal los autores de las cédulas.
de las escenas pictóricas. Susana Díaz Castro. Véase la ficha en los auto-
Diana Magaloni Kerpel. Licenciada en Restau- res de las cédulas.
ración por la Escuela Nacional de Conservación, Javier Urcid. Doctor en Arqueología Antropoló-
Restauración y Museografía Manuel del Castillo gica por la Universidad de Yale y profesor asociado
Negrete, y doctora en Historia del Arte por la Uni- en el Departamento de Antropología de la Univer-
versidad de Yale. Es investigadora del Instituto de sidad de Brandeis, en Boston. Se ha especializado
Investigaciones Estéticas de la UNAM y se ha espe- en el estudio de sistemas de comunicación visual
cializado en el estudio de las técnicas y materiales y en los métodos de desciframiento de escrituras se-
utilizados en la pintura mural prehispánica. mánticas y fonéticas del suroeste de Mesoamérica.
Tatiana Falcón Álvarez. Véase la ficha en los au- Pablo Escalante Gonzalbo. Doctor en Historia
tores de las cédulas. por la UNAM. Ha sido profesor en la misma casa de
José Francisco Villaseñor Bello. Licenciado en estudios desde 1986, y en diversas universidades
Historia del Arte por la Universidad Iberoamerica- de la República. Es Investigador del Instituto de In-
na. Se ha especializado en la enseñanza de las artes, vestigaciones Estéticas de la UNAM. Su especialidad
en la ilustración científica y en los estudios forma- es el arte antiguo y el arte indígena del siglo XVI de
les de la pintura mural prehispánica. la región del centro de México.
María de Lourdes Navarijo Ornelas. Doctora en Saeko Yanagisawa. Licenciada en Letras Japo-
Ciencias (Biología) por la UNAM. Sus investigacio- nesas por la Universidad Femenina Atomi Gakuen,
nes se refieren a la presencia e importancia de las en Saitama, Japón. Maestra en Historia del Arte por
aves en los diferentes contextos culturales, pasados la UNAM. Se ha dedicado al estudio del arte de la tra-
y presentes. dición de la Mixteca–Puebla.
Ubaldo Guzmán-Villa. Maestro en Ciencias (Bio- Laura Rodríguez Cano. Véase la ficha en los au-
logía Animal) por la UNAM. Actualmente cursa el tores de las cédulas.
Doctorado en Ciencias (Sistemática y Biogeogra-
fía). Sus áreas principales de interés son la siste- El Catálogo
mática, la biogeografía, los anfibios y reptiles y la
etnobiología. El Catálogo registra toda la pintura mural in situ, in-
Jesús Galindo Trejo. Doctor en Ciencias Natura- cluso aquella descubierta durante trabajos arqueoló-
les por la Universidad de Ruhr, en Bochum, Alema- gicos recientes. Asimismo, considera la que se loca-
nia. Se ha especializado en arqueoastronomía, en liza en bodegas, museos y acervos que preservan
el estudio de la orientación de las estructuras ar- únicamente dibujos de murales ya desaparecidos.
quitectónicas y la relación de la pintura mural con La información obtenida del registro y catalogación
eventos celestes, principalmente solares. de la pintura se condensa en cédulas cuidadosamen-
María Elena Ruiz Gallut. Doctora en Historia del te elaboradas que ofrecen tanto información mate-
Arte por la UNAM. Su especialidad es el estudio del ar- rial como descripciones pormenorizadas de cada
te prehispánico, principalmente el de la pintura mu- mural o fragmento.
16 | Oaxaca I Catálogo
Se procuró seguir siempre el criterio que va de de manera que resulte comprensible para el
lo general a lo particular, tanto en la numeración co- lector.
mo en el orden de las cédulas. En la presente obra 4.2 Descripción particular y pormenorizada de las
se siguen los enunciados propuestos en el primer imágenes (humanas, animales, vegetales, arqui-
volumen de la serie, los cuales responden a la si- tectónicas, simbólicas, etcétera).
guiente estructura: 4.3 Descripción particular y pormenorizada de ob-
jetos asociados a las imágenes (tocado, vestua-
1 Hallazgo y localización actual. rio, adornos, armas, bastones, discos, recipien-
1.1 Procedencia. tes, bolsas, estrellas, conchas, etcétera).
1.2 Lugar en que se encuentra actualmente y nú- 4.4 Descripción de otras imágenes (cuando las hu-
mero de catálogo o registro del INAH, si se tiene biere).
(para fragmentos en bodegas o museos). 4.5 Breve interpretación de las imágenes (cuando
1.3 Referencias arqueológicas (información breve se toma de algún autor, se cita y se remite a la
del hallazgo, su contexto y su posible ubicación fuente bibliográfica; se indica cuando se trata
arqueológica). de una lectura original).
1.4 Autor y fecha del hallazgo. 4.6 Descripción e interpretación de las inscripcio-
2 Historia y condición del mural. nes jeroglíficas.
2.1 Movimientos (cambios de lugar a partir del ha- 5 Referencias bibliográficas.
llazgo). 5.1 Principales referencias e ilustraciones en orden
2.2 Condición y restauración. cronológico.
3 Descripción material.
3.1 Dimensiones (altura y ancho; las medidas se in- Para finalizar, cabe reiterar que los participan-
dican en centímetros). tes en la presente obra hemos conjuntado esfuer-
3.2 Técnicas y colores empleados (se consignan los zos de manera que ahora estamos más cerca de una
datos visibles; en el tercer tomo se incluye un comprensión integral de la pintura mural precolom-
estudio específico acerca de las técnicas). bina de México. Podemos afirmar que no existe, has-
4 Descripción formal e interpretación. ta la fecha, un proyecto equivalente sobre arte pre-
4.1 Descripción general. Cuando hay escenas com- hispánico en el que converjan de modo tan decidido
plejas se enuncia, en un principio, el orden de el interés por registrar, conservar, estudiar, compren-
la descripción; por lo común se hace de izquier- der y difundir el conocimiento de esta importante
da a derecha y de arriba abajo (en la perspec- y frágil expresión de nuestro patrimonio antiguo.
tiva del espectador), o por bandas o registros,
por planos, cuadrantes, escenas, etcétera, según Dra. Beatriz de la Fuente
el caso. Siempre se indica el criterio a seguir, Ciudad Universitaria, 2005
0 Nota sobre pintura mural
y arquitectura
A partir de 1991 me ha correspondido emprender bitaciones, esto es, sitios donde los habitantes de
el acercamiento a la arquitectura prehispánica en esas ciudades desarrollaron su vida cotidiana.
cada una de las áreas mesoamericanas en las que se Desde mi punto de vista, existen características
ha dividido este proyecto (Teotihuacán, área maya, arquitectónicas que considero especialmente inte-
Oaxaca, Costa del Golfo y Altiplano Central) para resantes, como es el uso y aprovechamiento de los
tomar las referencias de los muros en los que hay materiales de construcción: la piedra y la madera.
pintura o vestigios de ella. En el caso específico de la piedra, se nos muestra
El resultado del trabajo se ha traducido en la un profundo conocimiento de las características
elaboración de dibujos arquitectónicos que se adap- del material, pues se le halla empleado tanto en
tan conforme avanzan las investigaciones, siem- los grandes dinteles como en las pequeñas piezas
pre con el interés y la necesidad de encontrar un que conforman los mosaicos que decoran las fa-
formato y un lenguaje flexibles para apoyar al in- chadas de los edificios. En algunas tumbas, ade-
vestigador y comunicarle al lector —sobre todo al más, alternan los muros construidos (hechos con
no especializado— la variedad y la importancia de piedras y otros materiales, como el barro) y las pa-
los diversos espacios arquitectónicos existentes, así redes excavadas en el mismo terreno.
como su relación con la pintura, a fin de brindarle Un elemento natural que es determinante pa-
una lectura integral de los conjuntos que forman ra definir las características técnicas y formales de
parte de la ciudad y de las ciudades en su totalidad. las edificaciones es el alto grado de sismicidad que
Ello ha permitido ver más claramente que la dis- afecta a esa región de nuestro país.
posición de los elementos pictóricos en un espa- A la arquitectura se integran otras manifesta-
cio arquitectónico tiene un significado mayor del ciones plásticas además de la pintura mural: los
que un análisis iconográfico aislado le puede dar. relieves y la escultura, con su propio discurso ico-
Así, a partir del estudio de la pintura mural, se en- nográfico. Ello hace necesario un análisis holísti-
riquece el trabajo de la arquitectura y el de otras co, integral.
disciplinas, retroalimentándose entre sí.
En el caso de Oaxaca, reunir la información pro- Dibujos arquitectónicos
porcionada de los espacios pintados presenta algu-
nas diferencias con respecto a los volúmenes ante- En los dibujos arquitectónicos que acompañan a las
riores. En dicha región mesoamericana destaca el cédulas en los tomos del Catálogo, se ha dado priori-
hecho de que la mayor parte de la pintura mural dad a la información que puede enriquecer el cono-
que ha llegado a nosotros se conserva en espacios cimiento de la pintura mural y su relación con la
funerarios, tumbas situadas bajo los patios y las ha- arquitectura. Por ello, se omite información técni-
18 | Oaxaca I Catálogo
ca por considerarla innecesaria para los alcances llos se consigna el área de los muros y de las cubier-
del presente volumen. tas interiores (sobre todo en el caso de las bóvedas
en la arquitectura maya). Se busca que los volúme-
Plantas nes se “desplieguen” en verdadera forma y magnitud
para poder ubicar la pintura mural, o los fragmentos
Para la mejor comprensión de los sitios y la arqui- que aún se conservan. Al igual que en las plantas,
tectura que en un momento contó o aún cuenta en éstos se coloca la escala gráfica como un apoyo
con pintura mural, se incluyen, en primer lugar, para los lectores. Tal representación es especial-
los dibujos que en arquitectura se denominan plan- mente útil cuando se trata de pinturas que aún se
tas. En la planta de un edificio se indica la posi- encuentran en el espacio en que fueron halladas.
ción y las medidas (en metros lineales) de los mu- La información que se proporciona en las plan-
rales. La información que acompaña a la imagen tas de los edificios incluye el norte magnético, indi-
del edificio consiste en la escala gráfica y el norte cado con una flecha; en los alzados, la orientación
magnético. Otro aspecto de tales dibujos es que la de cada uno de los muros se expresa mediante los
diferencia en el tipo de líneas (continua o puntea- símbolos respectivos: N (norte), S (sur), E (este) y
da) permite distinguir entre lo existente y lo que W (oeste). Así, tales dibujos permitirán al lector
ahora sólo podemos suponer que había. ubicar personajes y escenas, además de compro-
En el caso específico de las llamadas plantas de bar que en varias ocasiones la distribución dentro
conjunto se ha destacado la posición de las tumbas de la arquitectura forma parte del discurso.
en las que se encuentra la pintura mural. Cuando es
procedente, se indican aquellos elementos que no Perspectivas
son originales, como puede suceder con accesos y
escaleras construidos o adaptados por los arqueó- Por primera ocasión y con el interés de que el lec-
logos para facilitar la entrada a una tumba. tor pueda visualizar el espacio en que se encuentra
la pintura mural, he preparado una serie de pers-
Alzados interiores desplegados pectivas que permiten tener una mejor idea de los
volúmenes arquitectónicos y de los espacios (tanto
A partir del volumen dedicado a la pintura mural exteriores como interiores) de los sitios que consi-
maya, se han realizado dibujos (señalando dos di- dero más representativos en la arquitectura y el
mensiones, el ancho y la altura) de la posición en la urbanismo de las culturas que se desarrollaron en
que se encuentran dispuestos los murales. En aqué- lo que hoy conocemos como el área oaxaqueña.
Nota sobre pintura mural y arquitectura | 19
0 5m
0 5m
Tumba 105
Entrada
hecha por
arqueólogos
16
14
15
17
19
18
5 10
9
13
2
1
8 4
3
6
7
11
Mixteca Alta
12
13 Yucuñudahui 17 Jaltepetongo
14 Santa Teresa (Huajuapan de León) 18 Cerro de la Guacamaya (Yólox)
15 San Miguel Tlacotepec 19 San Juan Barranca (Yólox)
16 Cerro de la Biznaga
Monte Albán 1 Introducción
tructivas y las ofrendas colocadas en el interior de época I hasta la IIIb–IV o Clásico tardío (aproxima-
los edificios. damente, 500 a. C. a 850 d. C., véase el cuadro cro-
Años más tarde, Alfonso Caso dio a conocer los nológico) (Caso, Bernal y Acosta, 1967).
monumentos escultóricos de la ciudad y ubicó su Un rasgo que caracteriza a las culturas prehispá-
procedencia en un plano topográfico que reprodu- nicas de Oaxaca, y en especial al grupo zapoteca, es
ce el de Mariano Tirado Osorio, elaborado en 1926 el cuidado puesto en el entierro de sus muertos y la
y publicado por Ignacio Marquina en su Estudio construcción de tumbas asociadas a los patios habi-
arquitectónico comparativo de 1928. En 1932 Hora- tacionales y a la arquitectura monumental. Duran-
cio Herrera levantó un nuevo plano para guiar las te las dieciocho temporadas de campo realizadas por
excavaciones que realizaría Caso, indicando los pri- el equipo de Alfonso Caso se descubrieron más de
meros avances de las exploraciones (Caso, 1969a). ciento setenta tumbas, y junto con ellas, importan-
Como resultado de las investigaciones efectuadas tes vestigios de pintura mural [fig. 2]. Las pinturas
hasta 1958, se obtuvieron secuencias arquitectó- mejor conservadas se encuentran en las tumbas 72,
nicas y estratigráficas que permiten entender el de- 103, 104, 105, 112, 125 y 160, reportadas por Caso en
sarrollo cultural del pueblo zapoteco durante el 1938 y 1965, y estudiadas por Miller en 1988. Su des-
periodo Clásico y visitar la plaza con sus edificios cripción detallada por parte de los miembros del
restaurados [láms. 1 y 2]. Unos cuantos restos de Proyecto La Pintura Mural Prehispánica en México
pintura, descubiertos en el interior del Montículo B sigue a estas líneas introductorias.
y en el exterior de los montículos “e” y H, sugie- Otras pinturas menos vistosas (pero de igual im-
ren que los edificios estuvieron pintados de rojo, portancia) sólo se conocen por su descripción o ilus-
aunque en los trabajos realizados últimamente tam- tración dentro de los reportes y artículos científicos
bién se encontró verde, amarillo y blanco [láms. 3 y de Alfonso Caso. Entre éstas se encuentran las de la
4] (Caso, 1965d: 862; Fahmel, 1991c: 161, 184; Olve- Tumba 7 [lám. 7, figs. 3 y 4], las cuales consisten
ra, 1994: 117). en una serie de trazos que recuerdan “un conjunto
Por su parte, el recinto de fines de la época IIIa de objetos anudados o plumas con adornos típica-
que se encontraba sobre el Montículo “b” presenta- mente zapotecos, semejantes […] a los broches que
ba diseños naturalistas, en una policromía que re- tienen los dioses de las urnas en el tocado” (Caso,
cuerda a Teotihuacán. Las piedras que formaban los 1969a: 51) [fig. 5]. Como la pintura se halló debajo
muros fueron recuperadas del relleno de la estruc- de la tierra que llenaba la tumba y de los huesos y
tura que lo recubría, y serán descritas posterior- las joyas depositadas por los mixtecos, puede atri-
mente. Los discos de piedra que decoran el Edificio buirse a una época anterior al último entierro (Ca-
Vértice Geodésico este (VGe) también estuvieron so, 1969a: 51).
pintados de rojo, aunque ya casi no queda nada de De la Tumba 10, por su parte, existe un dibujo
dicha pintura [láms. 5 y 6]. Se han hallado restos a línea publicado en el Handbook of Middle Ameri-
de color rojo en los pisos de varias unidades habita- can Indians (Caso, 1965d) [fig. 6] y una ilustración
cionales tardías, tanto al norte de la Plaza Principal a color en el Archivo Técnico del INAH. En esta últi-
como en el ángulo suroeste de la misma [fig. 2] (Ca- ma se aprecian los signos que decoraban el frente
so, 1969a; Winter, 1994). del dintel, pintados de verde y delineados con ne-
El hallazgo de los Danzantes por Guillermo Du- gro sobre un fondo rojo. Del lado izquierdo se en-
paix (1834), y de otras esculturas por Leopoldo Ba- cuentra un glifo que asemeja una máscara serpen-
tres (1902), llevó a que las inscripciones de Monte tina, acompañado por una barra con amarres que
Albán se volvieran una fuente imprescindible para representa el numeral 5 [fig. 6]. Al centro se obser-
la comprensión de la escritura y de la iconografía va un diseño, al que Caso identificó con el glifo D, y
de los valles centrales. Con el estudio de Alfonso Ca- el numeral 12, compuesto por dos barras con ama-
so sobre Las estelas zapotecas (1928) se sentaron las rres y dos círculos achatados. En el lado derecho se
bases para la definición del grupo étnico que habi- aprecia el glifo E y el numeral 7, representado por
tó en Monte Albán y para la caracterización del sis- una barra con amarres y dos círculos achatados (Ca-
tema sígnico empleado desde el Formativo tardío o so, 1965d: 865, 868).
26 | Oaxaca I Catálogo
• Pintura en tumba
Tumba 125
Tumba 72
Pintura en edificio Tumba 7 Tumba
N
(H, B, b, e y VGe) 58
Tumbas
103 y 112
Tumba
104
Tumba 105
VGe
b e
Tumba 204
Plataforma
B
Norte
Juego
de Pelota
Sistema IV
Danzantes
Plataforma
Sur
0 5m
Tumba con pintura mural
0 1m
0 1m
41–43). Esta pieza llama la atención por su pareci- También se tiene noticia de una tumba polícro-
do con la señora que aparece en la Estela 2 del VGe ma que se halló en las estribaciones de Monte Al-
hallada en 1994. bán Chico y que fue destruida por el avance de los
De la Tumba 58 se conoce que estaba situada modernos asentamientos irregulares en las faldas
al norte de la Plataforma Norte de Monte Albán. de Monte Albán.3
Fue descubierta durante la cuarta temporada de ex-
ploraciones (1934–1935), bajo la dirección de Alfon-
so Caso. Por la cerámica encontrada, Caso conside-
ró que pertenece a la época Monte Albán IIIb–IV. En
su reporte (1938: 20) señala que la tumba “tiene
pintados, a los lados de la puerta, cuatro cuadrados
como los que se usan en la glífica maya y zapoteca
para encerrar jeroglíficos, pero el interior de estos
cuadrados estuvo en blanco”. Habla también de un 3 Cuando la presente obra estaba en proceso de preparación, se
glifo pintado de rojo en la cara interior de una de las recibió la noticia de restos de pintura mural en el sitio de Guien-
gola, localizado cerca de Tehuantepec, donde Ricardo Alvarado
dos lápidas que cerraban la tumba. A la fecha no se (comunicación personal, 2001) observó restos de piso rojo. (N. de
conserva la pintura. los eds.)
30 | Oaxaca I Catálogo
Vestíbulo
Cámara funeraria
Monte Albán.
Conjunto del Vértice Geodésico.
(Foto: P. Ángeles y E. Peñaloza, 1999.)
1 Tumba 7
1 Se descubrió durante la primera temporada de modo que la antecámara es más pequeña. Ésta tie-
excavaciones dirigida por Alfonso Caso entre 1931 ne techo formado por losas horizontales e inclina-
y 1932. Como es común en Monte Albán, la tumba das; en la cámara principal las lápidas se colocaron
se localiza debajo de un edificio [fig. 1a.1] que tuvo angularmente (a dos aguas), y una de ellas conser-
varias etapas constructivas. va una inscripción glífica (según Caso, 1969a, fue la
“puerta” de la tumba, removida por ocupantes tar-
1.1 Terraza 27, al noreste de la Plataforma Norte. díos). En los muros se abren tres nichos, repartidos
en los lados norte y sur de la antecámara, y en el
1.2 In situ. oeste, en la cámara principal.
La Tumba 7 es la más rica en la historia de los
1.3 Las primeras noticias se deben a Juan Valen- hallazgos arqueológicos en México debido a su ajuar
zuela, quien al explorar el edificio halló una peque- funerario, obras maestras del arte prehispánico. Se
ña ofrenda, compuesta por treinta y seis cuentas de trata de piezas de oro, plata, cobre, jade, turquesa,
jade, tres orejeras de jade y una trompeta hecha ónix, azabache, cristal de roca, ámbar, perla, madre-
con un caracol marino. Tres días después, a las cua- perla, concha, coral, obsidiana, huesos humanos y
tro de la tarde del 9 de enero, Caso y su equipo animales, cerámica (tres urnas zapotecas) y restos
(María Lombardo, Martín Bazán y Juan Valenzue- de otras vasijas y malacates de barro.
la) retiraron una piedra de la bóveda de la cámara Por medio de la alfarería, Caso fechó el entierro
sepulcral y, a la luz de una lámpara, vieron objetos zapoteco para la época Monte Albán IIIb. Sin em-
brillantes. La excavación duró siete días más. bargo, debido a la filiación estilística de la orfebre-
La construcción donde se halla la Tumba 7 cons- ría, consideró que la tumba fue reutilizada —pero
ta de dos aposentos con pisos en distinto nivel, di- no destruida— por mixtecos entre los siglos XIII y
vididos por dos muretes y dos columnas. Se alinea XV d. C.
en dirección este-oeste. La tumba sigue dicha ali- De acuerdo con los análisis osteológicos, Daniel
neación, aunque se desvía ligeramente del eje cen- Rubín de la Borbolla (en Caso, 1969a) señala que la
tral del conjunto, y el acceso se sitúa en el lado tumba contenía los restos de siete o hasta nueve
oriental [lám. 1a.1 y fig. 1a.1]. individuos, tanto femeninos como masculinos, de
Se trata de una de las escasas tumbas intactas distinta edad. Agrega que todos fueron entierros
—para la arqueología— al descubrirse. La forman secundarios.
dos cuartos construidos con sillares y recubiertos Con respecto a los murales, se sabe que el inte-
por una delgada capa de estuco en muros y piso; rior de la cámara principal estaba pintado con di-
son de distintas dimensiones [figs. 1a.1 y 1a.2], de seños polícromos. En la época del descubrimiento
Monte Albán I Tumba 7 | 35
a
N
1m
d
1m
a
1m
b c
se veían restos en el dintel de acceso, las jambas y que mide 80 cm de largo, 80 de ancho y 160 de al-
los muros norte y sur (Caso, 1969a). tura. No obstante, se desconocen las medidas de los
diseños.
1.4 Alfonso Caso, el 9 de enero de 1932.
3.2 Caso (1969a: 231) señala que el estuco estaba
2 Caso (1969a: 49) publicó los dibujos de Agustín “pintado de rojo con jeroglíficos, cubriendo las pa-
Villagra [fig. 1a.3], correspondientes a secciones de redes de la tumba”, y al pie de su figura 35 indica
los muros. En la actualidad subsisten fragmentos que la técnica empleada era el fresco (1969a: 231)
dispersos y se perciben aún diseños en rojo oscuro (para conocer otra opinión sobre la técnica pictó-
sobre el enlucido rojo claro. rica, consúltese el estudio de Diana Magaloni, in-
cluido en esta misma obra).
2.2 Al parecer, desde el tiempo en que fue descu- Pese al deterioro sufrido, actualmente se ven
bierta la tumba, no ha sido restaurada ni interveni- —como queda dicho— los colores amarillo, verde y
da. En varias partes de los murales, la capa de en- rojo, además de negro [lám. 1a.2 y fig. 1a.3].
lucido se desprendió, de modo que los diseños se
han perdido. Sin embargo, Leticia Staines (comuni- 4.1 Debido a que en gran parte los diseños ya no
cación personal, 2000) observó restos de verde, ro- existen, la descripción se basa en los dibujos de Vi-
jo y amarillo [lám. 1a.2]. llagra (según los publicó en Caso, 1969a: 49) [lám.
1a.3], y se realizará de izquierda a derecha del es-
3.1 Según Caso (1969a), la antecámara mide 185 cm pectador y de arriba abajo.
de largo, 140 de ancho y 175 de altura. La cámara Debe agregarse que ni Villagra ni Caso indica-
principal tiene 360 cm de largo, 125 de ancho y 200 ron cuáles eran los muros donde se apreciaban los
de altura. Ambas están comunicadas por un vano diseños, excepto del dintel. Al cabo de diversos aná-
Monte Albán I Tumba 7 | 37
lisis, puede afirmarse que se trataba del muro nor- cia de un segundo individuo, como queda dicho arri-
te de la cámara principal y la jamba sur del vano ba [lám. 1a.4].
que la comunica con la antecámara [lám. 1a.3 y También en el lado norte, junto a los diseños
fig. 1a.1]. previos y en el extradós de la jamba y en su parte
superior [láms. 1a.3a, b, c y fig. 1a.1], se reconocen
4.2 En el muro norte se aprecian los restos de lo sólo líneas que definen un círculo con apéndices;
que pudo ser un individuo de perfil con su brazo de- recuerda al glifo E o ‘temblor’.
recho extendido hacia el frente. Subsisten eviden-
cias de su vestimenta, en especial las porciones col- 4.5 Los dibujos de Villagra y los rasgos que subsis-
gantes del braguero y un conjunto de objetos a modo ten [lám. 1a.5] sugieren que se representó a dos
de plumas que se proyectan de la faja o de la cintu- hombres que simulaban dirigirse al fondo de la tum-
ra hacia atrás, como suele verse en otros murales ba (tal vez como en los sepulcros 104, 105 y 112). En
(cf. Tumba 105). A la derecha se observan algunas la vista exterior de la jamba quizá hubo diseños
líneas que sugieren parte del atavío de otro indivi- geométricos, a modo de breve texto glífico (como en
duo [lám. 1a.3]. Abajo de estos trazos hay manchas la Tumba 112). Con base en tales dibujos y las evi-
rojas cuya cantidad es suficiente para considerar dencias actuales, se propone la reintegración de co-
que simulaban el suelo sobre el cual se desplazaban lor en las láms. 1a.3a, b, c.
los personajes.
4.6 De acuerdo con los dibujos de Villagra, los glifos
4.3 Algunos trazos permiten suponer que el pri- pintados en el lado interior del dintel del acceso
mer individuo quizá tenía tocado; portaba “bolsa de quizá eran 8 M (‘relámpago’) y 1 D (‘caña’) [láms.
copal”. Un manojo de plumas que se proyecta de la 1a.3a, b, c], esto es, se trataría de los mismos que
cintura da pauta para considerar la posible existen- había en la piedra labrada del techo [fig. 1a.3]: año
38 | Oaxaca I Catálogo
Lámina 1a.3c.
0.25 m Monte Albá[Link] 7,
diseños de la cámara
principal, dintel.
(Dibujo: A. Arellano, 2003.
Basado en Caso,
1969a: fig. 246.)
0.25 m
Lámina 1a.3b.
Monte Albán.
Tumba 7, diseños
de la cámara principal,
jamba sur.
(Dibujo: A. Arellano, 2003.
Basado en Caso,
1969a: fig. 246.)
Monte Albán I Tumba 7 | 39
8 relámpago y día 1 caña. Según Caso (1969a), la 5 A. Caso, 1932a, 1933, 1934, 1965c, 1965d, 1965e,
fecha mencionada corresponde al deceso o al en- 1967, 1969a; B. de la Fuente, 1995, 1997, 1999; P.
tierro de un personaje zapoteco. Gendrop, 1971b; E. González, 1992; J. Marcus, 1992;
Al buscar la equivalencia con nuestra cuenta A. Miller, 1995; J. Urcid, 1997, 2001; M. Winter,
temporal, se consideraron dos opciones acordes con coord., 1994.
la arqueología (es decir, para la época IIIb): los años
604 y 656 d. C. Así, nos parece viable que la fecha 5.1 Agustín Villagra copió los diseños en 1932. Apa-
corresponde al año en que fue dedicada la tumba. recieron publicados en Las exploraciones en Monte
Por otra parte, los objetos de arte mixteco tienen Albán. Temporada 1931–1932, de Alfonso Caso. A
una gran cantidad de glifos calendáricos, reconoci- partir de los datos y dibujos incluidos en dicha obra,
bles por el signo de año (‘rayo-trapecio’) y los nu- en 1964 se realizó, en el Museo Nacional de Antro-
merales en forma de circulitos (Caso, 1969a). No pología, la reproducción de la tumba en tamaño
nos ocuparemos aquí de ellos, pues ya lo hizo Caso natural.
en El tesoro de Monte Albán (1969a).
1 Tumba 10
1 Fue descubierta durante la segunda temporada de ancho por 34 de altura [lám. 1b.1]. Puede supo-
de exploraciones que encabezó Alfonso Caso entre nerse que corresponde al tamaño original del din-
1932 y 1933. tel, en escala 1:1.
1.1 Richard Blanton (ed., 1978: fig. A.X-10) indi- 3.2 Villagra registró rojo, verde y negro. Para el fon-
ca que se localiza en el Edificio Y de la terraza 27 do del mural se usó el rojo, mientras que los diseños
[fig. 1b.1]. se pintaron de verde y delinearon con negro.
158 H
12
K Q
11
7
X
Z 150
10 3
Y
50 8 9
0 25 m
Patio
Tumba
Muro
1 El área donde se localizaron las tumbas 58, 61 y so Caso y sus colaboradores, Juan Valenzuela y Da-
72 estaba constituida por tres patios, que al parecer niel Rubín de la Borbolla.
estuvieron separados entre sí por pasillos muy an-
gostos [fig. 2.1]. En el patio A se encontraron las 2.2 Fue saqueada y rellenada por los constructores
tumbas 58 y 61, en el B sólo había un doble entierro, de la Tumba 58 (Caso, 1965d). La pintura mural se
y en el C, en un nivel inferior a la 58, fue descubier- preservó en buenas condiciones hasta el descubri-
ta la Tumba 72 [lám. 2.2 y figs. 2.2a, b], a la que Ca- miento. Después de 1990, la cámara fue techada con
so señaló como uno de los ejemplos de arquitectura losas de cemento a fin de proteger los murales, lo
más bellos localizados en esa temporada. Conviene cual ha producido un ambiente con cierta estabili-
recordar que los datos de estos hallazgos, conjunta- dad térmica. Las pinturas han permanecido en buen
dos con los de la anterior temporada de excavacio- estado, salvo por la aplicación de algunos pequeños
nes, permitieron establecer la clasificación de los resanes para su protección [láms. 2.3a, b, c y 2.4].
sistemas constructivos de las tumbas de Monte Al-
bán (Caso, 1935). 3 La tumba fue construida con sillares de piedra,
además de las losas de la bóveda. En su conjunto, el
1.1 Plataforma Norte. interior de la tumba muestra estuco en todos los
muros [lám. 2.5], incluyendo las jambas y el dintel.
1.2 In situ.
3.1 La cámara principal mide 291 cm de largo por
1.3 Según Caso, se ubica temporalmente en la épo- 130 de ancho, y tiene una altura de 124 cm en pro-
ca II por haberse construido con antecámara y cá- medio. Su vano de entrada es de 89 cm de ancho
mara, la primera con techo de losas horizontales y por 71 de altura [figs. 2.2b, c]. El dintel mide 89 cm
la segunda con losas inclinadas, con lo cual se for- de largo, 42 de ancho y 16 de altura. En el muro sur
ma un espacio interior con bóveda angular. Sin em- se encuentra un nicho de 49 cm de altura por 55 de
bargo, nuevos estudios (Lombardo, en esta misma ancho y 24 de profundidad.
obra) proponen que podría corresponder a Monte
Albán IIIa [lám. 2.1]. 3.2 En general, el mural fue pintado en dos tonos
de rojo; el más claro se usó como fondo y el oscuro
1.4 Su descubrimiento aconteció durante los traba- se utilizó para pintar los marcos y los demás diseños
jos de la cuarta temporada de excavaciones de Mon- (véase el artículo de Magaloni y Falcón incluido en
te Albán en 1935. El suceso se debió al propio Alfon- esta misma obra).
Monte Albán I Tumba 72 | 43
Residencia
de la Tumba 72
Residencia
de la Tumba 105
Láminas 2.3a, b, c.
Monte Albán. Tumba 72, muros sur,
oeste y norte.
(Dibujo: J. F. Villaseñor, 2004.)
46 | Oaxaca I Catálogo
Lámina 2.5.
Monte Albán.
Tumba 72, vista
general del acceso
desde el interior.
(Foto: P. Ángeles
y E. Peñaloza, 1997.)
0 1m
Pasillo
Patio
Tumba 58 Tumba 61
48 | Oaxaca I Catálogo
Patio
Plancha de cemento
Posible
nicho
0 1m
Plancha de cemento
Nicho
Figura 2.6. Monte Albán. 4.5 Según Caso y Bernal (1952) y Caso (1965d),
Tumba 72, sobreposición de los glifos L y E. el primer glifo del muro sur es el 8 L, seguido por el
(Dibujo: A. Reséndiz, 2004. Basado en Urcid, 2001.)
10 E [lám. 2.3a]. En el muro oeste la pintura está
pobremente conservada y sólo se distingue el nu-
meral 7 pintado sobre un signo que parece ser una
4.1 Desde el vano de entrada se advierte (de iz- “bolsa”; junto a éstos se encuentra el numeral 13
quierda a derecha del espectador) que en el muro [lám. 2.3b]. En el muro norte se halla el par de gran-
sur se pintó un gran rectángulo; en su interior se des glifos 3 L y 7 G [lám. 2.3c].
encuentran dos grandes diseños y un nicho ubica- Con base en las investigaciones de Urcid (2001),
do casi al extremo oeste [láms. 2.6 y 2.7, fig. 2.3]. En los elementos en forma de rostro humano de perfil
el muro poniente, opuesto al vano de entrada, se corresponden a una sobreposición de los glifos L
aprecian restos de pintura [lám. 2.8] que en su con- (‘ojo’) [fig. 2.4] y E (‘temblor’) [fig. 2.5], de los que
junto muestran otro marco y un par de diseños. En resulta la composición que se muestra en la fig. 2.5
el muro norte se pintó también un gran rectángulo, y se les asigna la letra Ñ. En el mismo trabajo de in-
con otros dos diseños en su interior [lám. 2.9]; en la terpretación, Urcid los sitúa en la cuenta de veinte
pared se ha reconstruido un nicho simétrico al del días con los días 4, 16 y 17.
muro sur. El glifo E (variante ‘rostro de perfil’ [fig. 2.5]) se
Caso (1965d) señala que el estilo de esta pintu- ha unido al glifo L [fig. 2.6] por el atributo de volutas
ra difiere del que caracteriza al periodo Clásico (épo- en el ojo, que es sólo una particularidad del glifo re-
cas IIIa y IIIb–IV), aunque llega a dudar del fecha- sultante Ñ, el cual se distingue siempre por una
miento para la época II (para conocer otras posibles máscara bucal. En otras interpretaciones, el glifo L
etapas de factura, véase los artículos de Lombardo y se lee como el dios del maíz, Pitao Cozobi, o bien, se
de Arellano y Díaz incluidos en esta misma obra). piensa que cuando este dios se combina con el nu-
meral 3, representa al dios de la lluvia, Cocijo (Al-
4.2 Los cuatro grandes diseños, a manera de gli- cina, 1993).
fos, tienen en el centro una forma oval, en cuyos De acuerdo con su distribución en el espacio pic-
bordes exteriores se reconocen tres diseños trilobu- tórico y el número de los glifos en los rectángulos,
lados. En tres de los glifos se observan rostros antro- es posible que tales representaciones estén relacio-
pomorfos de perfil, y en el restante se aprecia una nadas con los cuatro rumbos del horizonte.
forma de cruz. El rostro del muro sur está orientado
hacia la izquierda, y los otros dos, en la pared nor- 5. J. Alcina Franch, 1993; A. Caso, 1935, 1965d; A.
te, hacia la derecha. En el muro poniente hay dos Caso e I. Bernal, 1952; J. Urcid, 1995b, 2001.
3 Tumba 103
1.1 Se ubica dentro de la residencia edificada sobre representa a Xipe Tótec y otra más con la forma
el montículo que se encuentra al noroeste de la Pla- de una figura antropomorfa en posición sedente.
taforma Norte. Corresponde a una segunda época Además, se encontraron ollas con asa vertedera pin-
constructiva que cubrió la estructura que contenía tadas de azul y rojo, vasos trípodes, un plato con la
las tumbas 110 y 112 [fig. 3.1]. fecha 13 mono, una cabeza de ave con el glifo F y
realizada en jade (formaba parte de un pectoral),
1.2 In situ. así como mosaicos, cuentas de jade y una perla.
En la antecámara fueron encontradas una urna
1.3 La orientación del conjunto es hacia el este (es polícroma que Caso interpretó como la de la dio-
decir, con la entrada en el lado oeste). Es la tumba de sa Trece Serpiente, una olla con doble asa vertedera
mayores proporciones de las encontradas en la Pla- y el rostro de Cocijo, un vaso cilíndrico negro y pu-
taforma Norte. Tiene una antecámara muy amplia lido, y fragmentos de cajete con decoración polí-
(160 cm de largo). La planta es rectangular y el te- croma al fresco. La cerámica fue clasificada como
cho es plano, formado por grandes lajas. El interior perteneciente a un periodo de transición entre las
de la tumba fue recubierto con piedras de formas épocas de Monte Albán IIIa y IIIb.
irregulares. Tiene cinco nichos: uno en el muro del
fondo (este) y dos más en las esquinas del mismo; 1.4 Se reporta en las excavaciones de Alfonso Caso
otros dos están en cada uno de los muros laterales, correspondientes a la sexta temporada, en 1937. La
norte y sur [figs. 3.2 y 3.3]. tumba fue descubierta por Bazán y excavada por Jor-
La fachada también está construida a base de ge Acosta. Los restos óseos fueron estudiados por Ro-
piedras irregulares [lám. 3.1]. El vano de la entrada mero y los dibujos de las pinturas los realizaron Ca-
(157 cm de altura por 123 de ancho) se encontró ta- so y Agustín Villagra.
pado con dos grandes piedras de 22 cm de espesor;
está abocinado, con un remetimiento de 20 cm y so- 2.2 Originalmente toda la fachada y los muros del
bre él se perfilan salientes escalonadas (12 cm cada interior estuvieron recubiertos con un enlucido
una). El arquitrabe y el friso tienen un ancho de 32 muy delgado y pintura mural. Con el tiempo, el es-
y 33 cm, respectivamente. tuco se fue desprendiendo y con éste la pintura mu-
El contenido de la tumba fue encontrado intacto; ral; hoy se conservan apenas algunos vestigios en
se trataba de dos entierros primarios de adultos, en la fachada [lám. 3.2]. El interior mejor conservado
posición decúbito dorsal, acompañados de ofrendas es el muro norte [lám. 3.3] y un fragmento de pin-
depositadas tanto en el suelo como en los nichos. tura en la pared sur [lám. 3.4]. Subsisten pocos res-
Entre las piezas de esta ofrenda hay una urna que tos en el muro este.
Monte Albán I Tumba 103 | 53
0 5m
N E S
0 1m
4 El diseño de la fachada estaba hecho fundamen- estos glifos hay otros cuatro que se pueden identi-
talmente a base de formas geométricas. A lo ancho ficar con seguridad. El superior a la derecha es la
del friso y del arquitrabe corrían franjas de gan- cabeza del dios con máscara de serpiente, acom-
chos de color verde y rojo.* Al parecer, según el di- pañado del numeral 3 (es el mismo de la fachada).
bujo de Caso, el centro del friso estaba marcado por La superior a la izquierda es la cabeza de ave que al-
un diseño glífico y unos puntos que leyó como “3 gunas veces parece búho y otras águila, a la que
serpiente” (hoy ya no se aprecia este elemento) llamamos glifo F; está acompañado por una barra
[lám. 3.5a]. No se conserva la pintura de las jambas abajo y tres puntos a la izquierda, lo que da el nume-
que, según Caso, llevaba inscripciones glíficas; él ral 8. El primer glifo abajo a la derecha es el vena-
mismo observó, en los muros que flanqueaban la do (glifo G) acompañado de tres puntos numerales.
puerta, unas orejeras con pendientes, parecidas a Por último, el segundo glifo de abajo a la izquierda
las de la Tumba 104 [fig. 3.4]. es el glifo J, acompañado por el numeral 1.
En las paredes del interior, el enlucido era tam- ”En la pared norte tenemos, arriba, el glifo ‘8
bién muy delgado y las pinturas las cubrían en su D’, y abajo, el glifo del año acompañado de algunos
totalidad. La característica general de los diseños signos que no podríamos decir si son numerales.
era el geometrismo articulado con algunos elemen- Abajo hay cuatro o cinco glifos, entre los que lee-
tos glíficos [fig. 3.5]. mos los días ‘2 D’, ‘3 B’, ‘4 J’, ‘6...’, ‘1...’ En la pared
Las paredes norte, sur y este (el muro del fondo) del fondo hay un solo glifo sin numerales, formado
estaban cubiertas de hileras de ganchos unidos en- por tres objetos con ataduras en el centro, que es-
tre sí (al parecer, dispuestos en nueve franjas ho- tán mejor conservados y representados en la Tum-
rizontales en cada muro), a base de pintura roja y ba 104 [...] en todas la paredes hay manchones de
verde, con el mismo efecto positivo/negativo que pintura roja bermellón, que seguramente están co-
se aprecia en la fachada, de manera que los ganchos nectadas con el culto de los muertos” (Caso, 1938:
rojos se dirigían hacia la izquierda y los verdes ha- 72–73).
cia la derecha [lám. 3.5b]. El tamaño aproximado de En otra publicación (1965d: 868), Caso aprecia,
cada uno de estos elementos es de 12 por 12 cm. El en los murales de las tumbas 103, 105, 112 y 104,
interior de los nichos tiene pintura roja en forma una fuerte influencia teotihuacana en la pintura
de círculos. zapoteca durante la época IIIa y la transición en-
tre la IIIa y la IIIb.
4.5 No se conservan los glifos. Caso los observó en Arthur Miller, con base en sus estudios de esti-
1937 y menciona: “En la cornisa hay un glifo central lo y de iconografía, concuerda con el fechamiento
‘serpiente’, acompañado de tres puntos, que proba- de Caso para la Tumba 103 y subraya que fue con-
blemente indica el nombre del personaje enterrado temporánea de la 104. Asocia las marcas circula-
en la tumba. A ambos lados del glifo se ven todavía res en rojo que están en el interior de los nichos con
los restos de unas espirales de color verde-azul. El el culto a los muertos (Miller, 1995: 72–73; cf. Caso,
dintel tiene una decoración sencilla de meandros 1938).
con ganchos redondos de color verde sobre fondo
rojo” (Caso, 1938: 71). 5 A. Caso, 1938: 70–74, planos 15 y 16; 1965d; A.
En el muro sur, además de los ganchos, había Miller, 1995.
“dos glifos, ‘3 serpiente’ (?) y ‘6 mono’ (?). Abajo de
* Según Caso (1938: 74), los colores utilizados fueron azul, amari-
llo, rojo, blanco y negro. Esto se muestra en el dibujo reconstruc-
tivo. (N. de los eds.)
Monte Albán I Tumba 103 | 57
1 Se ubica en un conjunto habitacional (que mide ajuar funerario. Lo acompañaba una gran canti-
aproximadamente 20 m de norte a sur y 18 m de es- dad de vasijas: vasos, platos, ollas, sahumadores y
te a oeste), en el noroeste de la Plataforma Norte. Se floreros, distribuidos en torno al cadáver y en ni-
trata de un grupo de tres edificaciones que definen chos realizados en los muros de la tumba. En la en-
un patio central, y bajo el cuarto oeste se localiza trada, y a los pies del difunto, se colocaron cinco
la tumba [figs. 4.1a, b]. urnas-efigies o colanijes:1 una principal, con la ima-
gen de Cocijo pintada de rojo, y cuatro “acompa-
1.1 Plataforma Norte, sección noroccidental, en el ñantes”, dos a cada lado de él; una más se puso cer-
llamado por Caso (1938) “Sistema de la Tumba 104”, ca del hombro izquierdo del cadáver, idéntica a las
“Patio C”. “acompañantes”. En cuatro de los nichos se deposi-
taron más ollas, cuencos, platos y otros recipientes,
1.2 In situ. así como una urna-efigie en el de la esquina sur-
oeste [fig. 4.4].
1.3 Es una de las pocas tumbas de Monte Albán que La fachada mide 250 cm de ancho y 375 de al-
permanecía intacta en la época de su descubrimien- tura [lám. 4.2]. Se distingue por estar decorada, en
to. Su planta es rectangular y cuenta con un amplio la parte superior, con un tablero de doble escapula-
acceso por la parte oriental [fig. 4.2a]. Se excavó en rio, en cuya sección central se hizo un nicho para
la roca madre; las paredes se alisaron y estucaron albergar una urna-efigie antropomorfa, cuyo tocado
para después pintarlas [fig. 4.2b]. Es de techo plano, se identificó como la imagen de Pitao Cozobi, dios
formado por tres grandes lápidas, de las cuales la del maíz, que a su vez porta como tocado la repre-
central ostenta una mancha de pintura roja al cen- sentación de Cocijo; está sentado, con las piernas
tro; tiene piso de lajas careadas. Desde su descu- cruzadas a manera de flor de loto, sobre un sitial.
brimiento se consideró que la decoración pictórica Porta collar, pectoral y muñequeras, y lleva una
había sido hecha de prisa, según se dedujo de los es- “bolsa de copal”. La urna estaba pintada de rojo (Ca-
currimientos de pintura en algunas secciones (Ca- so, 1938) y mide 80 cm de altura por 40 de ancho
so, 1938) [lám. 4.1]. [lám. 4.3].
Se trata de un entierro primario, es decir, la Por abajo del tablero se realizaron tres moldu-
tumba no fue reutilizada. En el interior se halló el ras escalonadas que corren a lo largo de la fachada,
esqueleto de un individuo masculino, en posición de las cuales la superior se proyecta más que las dos
decúbito dorsal [fig. 4.3]. Era alto (medía 1.70 m), de
edad madura (de cuarenta a cuarenta y cinco años) 1 En el zapoteco de los valles centrales, la grafía j se pronuncia
y quizá fue un dignatario, lo que se infiere por el como y.
Monte Albán I Tumba 104 | 59
0 10 m
S W N
0 2m
0 2m
inferiores. Los paramentos inferiores, que son las 1938), pero sólo subsisten vestigios; los más comple-
jambas, tienen pintura [láms. 4.4 y 4.17]. tos se aprecian en el nicho central del muro oeste:
El acceso al sepulcro estuvo tapado por dos lá- tres manchas rojas en el interior. En apariencia,
pidas (Caso, 1965d). La mayor ofrece bajorrelieves este mismo nicho interrumpe la secuencia de la
en tres de sus caras, las cuales —según Javier Ur- representación pictórica.
cid (comunicación personal, 2000, basado en Caso, De acuerdo con el fechamiento proporciona-
1938)— indican varias etapas de tallado [fig. 4.5]. Ca- do por las piezas cerámicas, la tumba se ubica en la
be señalar que algunos de los jeroglíficos labrados época Monte Albán IIIa–IIIb, posiblemente entre
en la última reelaboración de la piedra, de acuerdo 600 y 700 d. C. Según diversas deducciones que he
con Caso (1938), corresponden a los pintados en los efectuado a partir de la correlación zapoteca-ju-
muros: se trata de 5 E (‘turquesa’) y 1 Ñ (‘iguana’), liana, podría tratarse del lapso entre 628–642 o
colocados al centro de la composición. 680–694.2
En los muros de la tumba se realizaron cinco
nichos, repartidos como sigue: uno en el muro sur,
2 La propuesta se dio a conocer en el Boletín Informativo La Pintu-
tres en el muro oeste y uno en el muro norte [fig.
ra Mural Prehispánica en México. México, UNAM, Instituto de In-
4.2a]. Todos tenían manchas de cinabrio (Caso, vestigaciones Estéticas, año VII, núm. 15, diciembre, 2001.
Monte Albán I Tumba 104 | 63
1.4 Martín Bazán descubrió esta tumba en 1936, du- con una capa de barniz, que en la actualidad se ha
rante las labores de la quinta temporada arqueoló- removido (para datos más precisos, véase el trabajo
gica dirigida por Alfonso Caso. de Diana Magaloni y Tatiana Falcón incluido en es-
ta misma obra).
2 Varias porciones del enlucido se desprendieron
de los muros desde antes del descubrimiento, de tal 3.1 La tumba mide 200 cm de ancho por 450 de lar-
suerte que sólo mínimas partes de los diseños se go y 150 de altura; los nichos mayores, 40 por 40 cm,
perdieron. Es la mejor conservada, y los murales mientras que los pequeños miden 15 cm de ancho
se aprecian en casi todos sus detalles; de hecho, por 40 de altura. El espacio pictórico cubre la tota-
Agustín Villagra realizó calcas a color [fig. 4.6]. lidad de los muros, si bien las imágenes abarcan só-
Debe agregarse que en años recientes (hacia lo 120 cm de altura; de éstos, 10 cm corresponden
2000) las labores de limpieza y conservación inclu- a la banda que simula ser el suelo de la composición,
yeron la remoción del barniz utilizado para prote- en tanto que los personajes de los muros laterales
ger los diseños, así como la reintegración de éstos miden 104 y 102 cm de altura con tocado.
y los colores; es decir, en la actualidad se repinta-
ron las imágenes donde fue posible, tal vez con base 3.2 De acuerdo con Alfonso Caso (1938), se empleó
en los dibujos originales de Villagra. la técnica del fresco para pintar la tumba; sin em-
bargo, dice que el azul verdoso se aplicó por medio
2.2 Como queda dicho, varios sectores de los mu- de temple (para conocer una nueva apreciación de
ros muestran desprendimiento del enlucido. Como la técnica pictórica, véase el análisis de Magaloni y
medida de protección las pinturas fueron cubiertas Falcón incluido en la presente obra).
64 | Oaxaca I Catálogo
Parece que primero se realizaron incisiones que Aquéllos parecen dirigirse al fondo de la tumba, lo
después se delinearon, en cuanto trazos preparato- cual sugiere dinamismo. El tercero, de mayores di-
rios, con color rojo. Los diseños así formados se re- mensiones con respecto a los otros dos, se encuen-
llenaron con colores y por último se les repasó el tra en el muro occidental de la misma, y manifiesta
contorno con negro, en algunos casos corrigiendo una marcada estaticidad. Una franja verdiazul es el
los trazos rojos. suelo de la escena. Todos están acompañados por
Los colores son de procedencia mineral, excep- diferentes signos glíficos, algunos de ellos calendá-
to el negro, que es carbón (Caso, 1938), y el azul ver- ricos. El conjunto, además, está plasmado en los dos
doso, similar en su composición química al azul tercios superiores de las paredes, ya que el inferior
maya (Magaloni, comunicación personal, 2001). Los —a modo de guardapolvo— es de color rojo claro y
restantes son rojo, ocre, gris y blanco. Se utilizaron carece de diseños. Así, se distinguen dos grupos bá-
planos, esto es, sin intención de producir sombrea- sicos: el de las figuras antropomorfas y el de los sig-
dos ni perspectivas. nos glíficos.
4.1 La descripción, como en otros casos, inicia a la 4.2 En la fachada se advierten fragmentos de lo que
izquierda del espectador y sigue hacia la derecha, fueron cartuchos semicirculares, de fondo rojo y
en el sentido de las manecillas del reloj; también se borde azul verdoso, rematados en la parte superior
efectúa de arriba abajo. Las imágenes se reparten e inferior por diseños trilobulares en los que se re-
por todas las paredes desde el exterior, pues hay di- pite el colorido. Al centro de cada cartucho hay an-
seños sobre los paramentos laterales al acceso (ba- gostas bandas en diagonal; la superior se tuerce a
jo el tablero, de doble escapulario), en las jambas modo de voluta, mientras que por abajo de la infe-
interiores y en los tres muros de la tumba [láms. rior se aprecia un circulito [láms. 4.4 y 4.17, fig. 4.7].
4.5 y 4.6]. Las jambas ofrecen, a su vez, un diseño circular
Los diseños del acceso son formas geométricas, del cual pareciera desprenderse, hacia abajo, una
mientras que los del interior representan a tres per- forma oblonga; ambos tienen el fondo rojo y el bor-
sonajes, dos de pie, vistos de perfil, y el tercero en de azul verdoso [fig. 4.8]. El acceso se estrecha de-
posición frontal, de quien sólo se aprecia el busto. bido a proyecciones del muro, a manera de pilares
66 | Oaxaca I Catálogo
Figura 4.8. Monte Albán. Figura 4.9. Monte Albán. Tumba 104,
Tumba 104, detalle de un diseño a manera de cuenta muro sur, individuo de rasgos seniles.
y colgante, situado en el acceso del sepulcro. (Dibujo: R. Ramírez Sánchez, 2004.)
(Dibujo: R. Ramírez Sánchez, 2004.)
Monte Albán I Tumba 104 | 69
Beatriz de la Fuente
Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM
1.1 Se encuentra en la colina El Plumaje, que se- ma recurrente en la arquitectura doméstica desde
gún Caso “antes se llamó por los mixtecos el Cerro la época IIIb hasta la Conquista; se usó también en
del Quetzal” (1938: 83). Es interesante que Abra- Mitla durante la época V [fig. 5.2].
ham Castellanos en 1902, durante el XIII Encuen-
tro de Americanistas, se refirió a este sitio como “La 1.3 Caso nombró a esta casa o sistema como Pie-
Letra” y “el Dolmen” en su escrito titulado “Danni dra de Letra porque hay algunas líneas grabadas en
Dipàa” (1989). los grandes bloques de piedra que conforman las
jambas y el dintel; no obstante, a la fecha no se dis-
1.2 Ubicada en una elevación al noreste de la pla- tinguen. Con base en las ofrendas cerámicas —una
za principal de Monte Albán, es una de las residen- de las cuales, según el autor, representa a Cocijo—,
cias de mayor tamaño en el sitio. La construcción supuso que la casa estaba en uso durante la época
del Sistema de la Tumba 105 está colocada en una IIIa;1 sin embargo, la ofrenda más notable, encon-
gran plataforma de cerca de 50 m por lado, y la ca- trada en el relleno y en el centro del patio, fue fe-
sa propiamente se sustenta en otra plataforma me- chada por el mismo autor como correspondiente a
nor, con medidas aproximadas a los 20 m por lado la época IV (Caso, 1938: 85), por lo que se le pue-
y a la que Miller (1995: 88–89) denominó platafor- de asociar con una reutilización de la tumba. Esta
ma basal [fig. 5.1a]. Se trata de un patio rodeado por ofrenda consistía en una máscara de mosaico for-
cuartos en sus cuatro lados y otros cuatro más pe- mada por jade, pirita y piedras negras; a su lado ha-
queños en las esquinas; es un típico “palacio” o ca- bía treinta y cinco cascabeles grandes de cobre (Ca-
sa residencial funeraria zapoteca. Por la magnitud so, 1938: 84). En el centro del patio se encontró el
del edificio y las enormes piedras usadas en la cons- pozo de ofrendas, constituido por una oquedad de
trucción, se sospechó que la tumba, en su interior, sección rectangular con muros de piedras bien cor-
era de extraordinaria importancia [fig. 5.1b]. A 50 m tadas y que tiene por piso la roca natural del cerro.
hacia fuera, al oeste de dicha casa, hay un juego de Dentro del pozo se hallaron vasijas de las llamadas
pelota. “floreros”, semejantes a las teotihuacanas y corres-
Los cuatro aposentos principales están situados, pondientes a la época IIIa. También había unos va-
como se dijo, hacia los cuatro puntos cardinales; el sos rectangulares.
del oeste, frente a una escalinata, “se usó como pór- Bajo el aposento del oriente se halló la Tumba
tico y en él estaba la puerta del gran dintel” (Caso, 105. Las excavaciones revelaron que fue construida
1938: 84). Del lado opuesto, abajo del aposento es-
te, se encuentra la tumba. El acceso a la casa no es 1 Es posible que la primera época de construcción haya sido IIIa
directo, sino por medio de un pasillo en zigzag, for- tardío, pero la ocupación principal del palacio es de la época IIIb.
Monte Albán I Tumba 105 | 83
Tumba 105
Tumba 105
Entrada
hecha por
arqueólogos
Ve Nicho
Jamba
norte N 0 1m
Nicho Ve
Jamba
S sur 0 1m
Lámina 5.1. Monte Albán.
Figura 5.3. Monte Albán. Tumba 105, fachada.
Tumba 105, alzado desplegado. (Foto: P. Ángeles y E. Peñaloza, 1997.)
(Dibujo: G. Ramírez, 2004.)
previas y hacer un análisis preciso de las seccio- las piernas y los pies, que se muestran en actitud de
nes de muros degradadas, de los posibles repintes y caminar; los torsos van de frente. Todas, salvo una,
de las técnicas que se utilizaron. En sus estudios se simulan ser personas de edad avanzada, pues tie-
cuestiona la existencia de diferentes etapas pictó- nen la boca hendida debido a la falta de dientes. Las
ricas y sugieren que se trata, más bien, de repintes mujeres van descalzas y usan quexquémetl y fal-
(para información más detallada sobre tales aspec- da, delatan su estatus en su tocado; en tanto, la con-
tos técnicos, véase el artículo de Diana Magaloni y vención masculina indica su jerarquía y actividad
Tatiana Falcón incluido en esta misma obra). no sólo en el tocado y el vestuario, sino también en
En el exterior de la jamba norte se conservan los objetos que portan en las manos: báculos, bolsas
trazos negros sobre pintura roja. Las jambas y las rituales y granos que esparcen.
paredes interiores —salvo excepciones de color rojo Las figuras suman en total dieciocho y son en su
en los muros que conforman los brazos de la cruz— mayoría parejas de hombre y mujer. Para esta des-
tuvieron diseños simbólicos, figuras y glifos. Pisos cripción se numeran de izquierda a derecha desde
y techo fueron pintados de rojo, color que se con- el número 1 hasta el 18. Entre las figuras humanas
serva de modo parcial. Todos los muros se dividen hay glifos ordenados en columnas sobrepuestas —tal
pictóricamente en tres secciones horizontales: es el caso del muro norte—, o un solo glifo de gran
una alta y una baja de menor tamaño y con repre- importancia visual en el muro este [lám. 5.2], o bien,
sentaciones diferentes, y otra medianera más gran- otros breves y compactos en el muro sur [lám. 5.4];
de —de mayor importancia visual— que da cabida todos ellos se describen, identificados con letras, en
a la secuencia de iconos: figuras humanas y glifos el apartado 4.6. Asimismo, hay otros glifos que se
[lám. 5.2]. encuentran en los tocados: serán descritos, en su
La sección alta, es decir, el registro superior, momento, junto con los antedichos.
muestra repetido en cinco ocasiones el mismo dise- El registro inferior está constituido por una ban-
ño: un panel rectangular con dos ojos como barras da horizontal con rectángulos de esquinas redon-
horizontales, bandas diagonales y dos amplias fran- deadas que alternan —en pares— su dirección: unos
jas también horizontales que se curvan hacia abajo se aprecian como formas ascendentes, los otros fi-
en los extremos, de modo tal que recuerdan el table- guran descender; a tal diseño se le ha considerado
ro de doble escapulario, característico de la arqui- indicador de lugar o nombre de lugar (Miller, 1995:
tectura zapoteca. De dichas formas descienden tres 98) [fig. 5.4].
elementos con aspecto de campana, compuestos por Procederé a la descripción de las escenas pinta-
segmentos semicirculares. A los lados se miran ban- das en el interior de la tumba conforme al siguien-
das curvas y rectas, y círculos concéntricos. A este te orden: la jamba norte; el muro norte; el brazo
diseño se le conoce —a partir de Caso (1928)— co- norte de la cruz con sus paredes norte y este; el
mo “fauces celestiales” [lám. 5.3]. Sobre las jambas muro del fondo, que es el este; el muro sur con su
—norte y sur— hay diseños similares en contenido correspondiente brazo y paredes este y sur, y, final-
pero levemente distintos en representación; con mente, la jamba sur de la entrada, siguiendo, como
ello suman siete los signos de “fauces celestiales”. ya se anunció, una lectura de izquierda a derecha
En el registro medio se muestran hombres, del espectador que ingresa en la Tumba 105. La des-
mujeres y, entre ellos, series de glifos. Las figuras cripción ha de ser integradora —figura, indumen-
humanas alternan —según el sexo— en parejas, se taria, tocado y atributos—, a fin de aprehender las
confrontan o corresponden. Las de los muros, a par- imágenes completas. Está apoyada en las visitas al
tir de los brazos de la cruz, se dirigen del fondo de sitio, en las fotografías que se tomaron en el lugar
la tumba hacia fuera; las otras se aproximan —sal- para el Proyecto La Pintura Mural Prehispánica en
vo las del muro sur— al muro del fondo. México, y en las ilustraciones y dibujos de Caso
En medio de la diversidad de tocados, ornamen- (1938) y de Miller (1995). Se trata de dieciocho fi-
tos e indumentaria, que se describirán en su mo- guras humanas —acaso nueve parejas—, y la lec-
mento, hay una serie de constantes en las figuras tura se iniciará a partir de la jamba norte y termi-
humanas: todas llevan los rostros de perfil, así como nará en la sur.
Monte Albán I Tumba 105 | 87
Lámina 5.3.
Monte Albán.
Tumba 105,
parte superior del
nicho norte.
(Foto: P. Ángeles
y E. Peñaloza, 2000.)
Lámina 5.4.
Monte Albán.
Tumba 105,
muro sur. Detalle.
(Foto: P. Ángeles
y E. Peñaloza, 2000.)
Las dos jambas —y los demás muros pintados do, es masculina y mira de frente hacia la otra, que
de la tumba— llevan las figuraciones escénicas en es femenina [figs. 5.5 y 5.6]. Ambos personajes son
una banda mayor, limitada, en lo alto y en lo bajo, ancianos. El hombre (1) lleva un tocado elaborado
por otras dos bandas menores. Son tres registros en al que Caso identifica como la representación del
sentido horizontal. El superior es una franja corri- dios Pitao Cozobi (1938: 88); muestra al frente el sig-
da con un diseño parecido al que se advierte en la no de los ojos desorbitados con gotas en sus comisu-
Tumba 104. Está más completo en la jamba norte ras. Su rostro, brazos y piernas se hallan de perfil;
que en la sur [lám. 5.5]. Representaba un símbolo su posición es erecta, con un pie detrás de otro, en
central de perímetro rectangular y de lados meno- actitud de caminar. El resto de la figura está suma-
res curvos; bajo él se distinguen aún pequeños ojos mente deteriorado. Es posible que con su mano de-
con cejas azules y tres gotas que se desprenden de recha sostuviera una bolsa, y con la izquierda, un
las comisuras; en una de ellas, todavía apreciable, bastón con tres discos en su empuñadura. El toca-
se ve su interior dividido en dos colores. A los lados do consistía en tres secciones ovales sobrepuestas
de este diseño primordial, del cual se ha dicho que (tal vez una serpiente enrollada que remataba en
es una versión del signo “fauces celestiales”, se re- una cabeza con la nariz o labio superior vuelto ha-
conocen formas ovaladas con tres representacio- cia arriba) y, encima, haces de amplias plumas que
nes en su interior; las extremas muestran forma de describen una gran curva.
u acostada y limitan al centro una trapezoidal cru- La figura femenina (2), mayormente conserva-
zada por una banda vertical. da, porta un tocado con una serpiente de cabeza in-
En el registro central hay dos figuras humanas vertida, cuya cola, al parecer, terminaba en una bor-
—hoy día muy destruidas—: una, del lado izquier- la. El tocado culmina en lo alto con un haz curvo de
Monte Albán I Tumba 105 | 89
plumas anchas y redondeadas en su punta —con- tas y simbólicas, y un gran registro medianero en
vención característica zapoteca. La base del toca- el cual se desarrolla la escena figurativa. La banda
do puede representar un numeral. El rostro de la o registro superior es formalmente distinta a la de
mujer fue posiblemente de boca remetida y des- las jambas, aunque tenga, quizá, el mismo signifi-
dentada; está de perfil, en tanto que su cuerpo —cu- cado. Voy a describir, de modo breve, lo representa-
bierto por un quexquémetl, decorado con discos— do en los registros superior e inferior y, en extenso,
se mira de frente, al igual que las manos extendi- las variaciones que se advierten en las figuras de la
das por el dorso, que asoman opuestas al nivel de escena de en medio.
la cintura. Lo demás es ahora inapreciable. En el re- En el registro superior se percibe, repetido cin-
gistro inferior había diseños iguales a los del resto co veces en la extensión de los muros, el enorme
de la tumba: son idénticos entre sí, aunque se alter- signo semejante a una u desarrollada a lo ancho y
nan de manera invertida. Consisten en bandas rec- cuyos extremos se enrollan hacia su interior a ma-
tangulares y curvadas en sus esquinas —de color nera de espirales [láms. 5.11 y 5.12]. Se trata de una
verde las interiores y rojo oscuro las exteriores—, greca equivalente a la del “doble meandro”, caracte-
que forman recuadros y articulan los diseños opues- rística de las construcciones zapotecas. En su por-
tos; en el eje central y vertical de cada una se veían ción superior hay dos medios rectángulos (negro
tres puntos negros [fig. 5.7]. y rojo) encerrados en otro mayor, de color azul; en
Los muros norte [lám. 5.6] y sur, así como el es- la parte media hay franjas paralelas, diagonales y
te —el del fondo— siguen los patrones compositi- divergentes, así como la base de un trapecio en su
vos de las jambas: dos bandas o registros menores interior. En la porción inferior descienden —es de-
en lo alto y en lo bajo, con representaciones abstrac- cir, se hallan hacia abajo— tres segmentos semi-
90 | Oaxaca I Catálogo
dedos que se rozan en dirección opuesta, uno ha- La última imagen del muro norte (8) [figs. 5.14
cia arriba y otro hacia abajo [lám. 5.10]. Esto, posi- y 5.15] tuvo, según Caso, dos superposiciones de
blemente, alteraría el significado general del signo capas pictóricas. La más antigua se veía en la por-
locativo (los rectángulos con esquinas redondea- ción media baja y era una representación femeni-
das que se inician en la época II de Monte Albán). na con huipil y falda; la más reciente es la de una
Por lo demás, todo mantiene el ritmo reiterado del figura de hombre que se distingue en la porción
resto de los registros inferiores. alta, cuyo sexo identifica el autor porque “llevaba
En los muros occidental y norte del brazo de la en el cinturón el característico adorno masculino”
cruz que se encuentra en el lado norte, sólo hay pin- (1938: 91): se trata del disco dorsal y posiblemen-
tura roja [lám. 5.14]. Sin embargo, en la pared orien- te del abanico. Lo que en la actualidad se percibe
tal se encontraba una figura (7) [figs. 5.13 y 5.15] es que la figura está de pie, de perfil, y su rostro se
—hoy muy destruida, y que fue repintada al menos orienta hacia el muro este. Al decir de Caso, la pri-
en dos ocasiones— que se dirigía hacia el muro del mera pintura, la “diosa” o imagen femenina, se di-
fondo de la tumba, como saliendo del brazo de la rigía hacia la entrada de la tumba; sin embargo, la
cruz; en los dibujos de Caso se identifica “su atuen- de la superposición con la nueva pintura, la del
do de huipil con pendientes, falda, y en su tocado “dios” o imagen masculina, mira en sentido opues-
lleva al frente una cabeza fantástica” (Caso, 1938: to (Caso, 1938: 91). Tal figura, la 8 [lám. 5.16], lleva
89) ornamentada con plumas que le otorgan la apa- un objeto en la mano y tiene una vírgula frente a su
riencia de ave. En lo alto lleva lo que pudo haber boca. El enorme tocado, símbolo de identidad, se
sido un penacho de plumas. Frente a su boca se ha- compone de tres bandas —verde, ocre y roja— so-
llaba una vírgula y bajo ésta se percibía impreci- bre las cuales hay un paño que muestra dos círculos
samente una columna de glifos, según los dibujos concéntricos con fondo rojo (este tocado de atribu-
de Villagra [lám. 5.15]. tos tipo Tláloc lo portan personajes masculinos);
Monte Albán I Tumba 105 | 99
están situados al mismo nivel y, según Caso, son co- las paredes norte y sur y las dos pintadas en el muro
mo los que “vemos a menudo en cabecitas teotihua- este o del fondo; estas últimas representan a un
canas” (1938: 91). De acuerdo con el mismo autor, hombre (9) y a una mujer (10) [figs. 5.16, 5.17 y
por arriba hay una faja formada por ojos con cejas 5.18] que parecen dirigirse o hablar a un enorme gli-
azules; se trata de la representación de dos serpien- fo central. Es posible que se trate de cuando menos
tes entrelazadas —roja y verde—, en cuyo extremo tres superposiciones pictóricas (Caso, 1938: 91);
poniente se encuentra una cabeza de ave con pico las “fauces celestiales”, más amplias que en los otros
amarillo y cresta roja. Por debajo de la cabeza del muros, ocultan una representación anterior más pe-
ave se advierte un glifo oval con cuatro círculos en queña y con dos “ojos estelares” alargados, y aba-
sus bordes y otros dos en su interior, lo que pare- jo de ésta se ven dos barras numerales, la última
ce ser el numeral 1 en su forma “decorada”, propio de ellas ubicada bajo la pintura del marco que li-
de las épocas tardías, o bien, el glifo E, que es ‘tur- mita el glifo central. La configuración pictórica se
quesa’, sin numeral. Hacia arriba del cuerpo entre- complementa con el registro medio —en el cual
lazado se yerguen haces de amplias plumas que se colocaron las figuras humanas y el desmesura-
descienden hacia la parte posterior de la figura. do glifo central— y el registro inferior, que presumi-
El muro este muestra, sin duda, la escena pri- blemente llevaba el mismo diseño que hay en los
mordial, en la cual convergen varias imágenes de otros muros.
102 | Oaxaca I Catálogo
Figura 5.26.
Monte Albán.
Tumba 105,
muro sur,
figuras 13–16.
(Dibujo: R.
Ramírez
Sánchez, 2005.
Tomado
de Miller,
1995: fig. 23.)
112 | Oaxaca I Catálogo
Figura 5.27. Monte Albán. 1) Alfonso Caso (1938: 83–92, figs. 19–24) identifi-
Tumba 105, jamba sur, figura 17. ca las figuras humanas del interior de la tumba
(Dibujo: A. Reséndiz, 2003.
como representación de dioses y diosas. Cuen-
Basado en Caso, 1938: lám. II-A.)
ta un total de dieciocho, de las cuales nueve son
femeninas y las otras nueve son masculinas.
Anota que el número nueve está fuertemente
Dos figuras confrontadas, también ancianas asociado con el inframundo en el México an-
—mujer y hombre—, sobreviven incompletas en la tiguo, y que de acuerdo con el Códice Vaticano A
jamba sur. Del lado izquierdo se pintó la figura de o Códice Ríos, los nueve dioses del inframun-
mujer (17) [figs. 5.27 y 5.29], muy parecida en su do van siempre acompañados de sus consor-
convención pictórica a la antes descrita de la jam- tes: es el patrón que se sigue en la Tumba 105.
ba norte: cabeza y piernas de perfil, cuerpo visto de Asimismo, nueve es el número del grupo de
frente, vestimenta de quexquémetl y faldellín. Su jugadores de pelota, hecho significativo por la
tocado pudo ser también semejante al de la mujer cancha de juego asociada con esta edificación.
de la jamba norte: en la base, una placa horizontal La mayoría de las identificaciones que hace Ca-
con dos o tres discos en su interior; por encima, una so deriva de los elementos del tocado y de los
forma serpentina que termina con una borla en di- signos glíficos al frente de las figuras, y entre
rección a su espalda; más arriba, restos de lo que ellas reconoce algunas deidades, como Cocijo
pudieran haber sido plumas. Miller (1995: 92) dice y Pitao Cozobi, así como a Tláloc, por el atribu-
que “la figura femenina usa también un tocado [...] to del aro en torno a los ojos. Su observación
de piel de jaguar coronado por un glifo largo e indis- de que la banda superior representa las “fau-
tinguible, y se miran los contornos de plumas que ces celestiales” coincide con su idea de figuras
se curvan hacia atrás”.4 No obstante, las condiciones divinas.
actuales impiden describir lo que originalmente fue 2) En su escrito de 1983 (“Stone Monuments and
representado. Tomb Murals at Monte Albán IIIa”, 1983: 137–
Frente a la mujer vieja se inclina, encorvado, 143), Joyce Marcus es quien primero muestra
un hombre también anciano (18) [figs. 5.28 y 5.29]. con argumentos convincentes que se trata de
Lleva un gran tocado, como de lienzos enrollados parejas. Añade —de modo menos seguro— que
son “parejas reales” (1983: 141), y también ase-
vera que las “fauces celestiales” son signo de
4 Traducción de la autora. (N. de los eds.) descendencia divina, de tal suerte que son
Monte Albán I Tumba 105 | 113
“hombres y mujeres reales que estaban, presu- No identifica más glifos porque dice que su
miblemente, relacionados con el ocupante” lectura es incierta; reconoce, en la jamba sur,
(1983: 143). Identifica los glifos —a partir de la 2 o 3 jaguar y 1 venado.
nomenclatura de Caso— como nombres calen- Por otra parte, Marcus (p. 143) discute la re-
dáricos, y así señala con respecto al muro norte: lación entre las pinturas de la Tumba 105 y los
códices mixtecos, concluyendo que aquéllas an-
Figura 3, femenina: 7 turquesa (combinación ticipan la relación genealógica de las lápidas de
de glifos) piedra de la época Monte Albán IIIb–IV.
Figura 4, masculina: glifo J + glifo E + ‘turquesa’
Figura 5, femenina: 3 cerro (?), glifo J; 1 agua 3) Miller, en 1995 (pp. 94–106), da una interpreta-
Figura 6, masculina: glifo J + glifo E + 3 u 8 ción más extensa. Para el autor hay dos esce-
(glifo A) nas representadas en la Tumba 105: la primera
está constituida por las cuatro parejas que si-
En el muro sur propone la siguiente lectura: mulan salir de la tumba, y la segunda está for-
mada por las seis figuras restantes (tres parejas)
Figura 13, femenina: 12 mono, con su lengua que desde los brazos de la cruz miran hacia el
de serpiente fondo. Existe, sin embargo, una diferencia que
Figura 14, masculina: 4 serpiente el propio autor plantea y que resulta difícil de
Figura 15, femenina: 4 jaguar comprender. Según Miller, se trata de “tres dis-
Figura 16, masculina: 3 mono + (?) tintos temas iconográficos representados en los
114 | Oaxaca I Catálogo
muros; cada uno describe diferentes relacio- En suma, los tres conjuntos iconográficos re-
nes con los difuntos” (p. 103). De tal suerte que presentan tres clases diferentes de parentesco:
las figuras de las jambas revelan el primer tema los fundadores dinásticos en las jambas, los pa-
iconográfico, el más venerado, ya que se loca- rientes sobrevivientes y herederos en la escena
liza justo en el acceso del recinto al mundo de uno, y los ancestros recientemente fallecidos
los muertos, y así sugiere “que estas parejas ma- en la escena dos. El autor sugiere también que
ritales representan a los venerados ancestros cuando se abandonó la casa se abrió la tumba
fundadores de las líneas de descenso paterna y por última vez, sacaron su contenido y coloca-
materna de los ocupantes de la tumba” (p. 103). ron los segmentos de columnas que se encon-
Continúan las dos escenas separadas entre traron en su interior cuando fue descubierta, y
sí (recuérdese que se trata de dos escenas, pero al final la sellaron cuidadosamente. Estas acti-
de tres asuntos iconográficos). La primera se vidades pudieron ocurrir durante la época IV de
encuentra en los muros norte y sur, al ponien- la cronología de Caso o la IIIb–IV de la de Win-
te de los brazos cruciformes, y la segunda, al ter (1989a), según se infiere por el cobre, asocia-
fondo, se restringe a los muros del lado orien- do a la ofrenda final.
te de la cruz. Lo que da unidad a la primera es- Para Miller, que coincide con Marcus (1983:
cena son las parejas —maritales, de acuerdo 143), Robertson (1982: 17) y Chadwick (1982:
con el autor— y su apariencia de salir de la tum- 28), las pinturas de la Tumba 105 son anteceden-
ba. El desfile se inicia con una mujer (figura 3) tes de los códices mixtecos y sus alteraciones
en el muro norte y su contraparte es un hombre pueden anticipar el proceso de rehacer la his-
(figura 16) en el muro sur. Miller recuerda las toria, lo que según otros autores se aprecia en
características distintivas de los varones —bas- el Códice Nuttall. Estilísticamente, Miller rela-
tones, bolsas, esparcimiento de semillas— y de ciona las pinturas de la Tumba 105 de Monte
las mujeres —quexquémetl, falda, pies descal- Albán con la Tumba 5 del entonces llamado Ce-
zos y manos opuestas. Ello indica que las pa- rro de la Campana (Suchilquitongo) y con al-
rejas que salen de la tumba “representan a los guna pintura teotihuacana como el Tláloc rojo,
descendientes vivos de las líneas masculina y actualmente en el Museo Amparo.
femenina del ocupante fallecido y colocado en
la tumba” (p. 104). Tales personajes vivos ocu- 4.6 Los registros jeroglíficos —o parte de ellos— que
pan la banda intermedia bajo el signo que sig- aún se aprecian entre las figuras humanas, se indi-
nifica “dinastía real” o “descenso real”, y sobre can con letras en el dibujo general; sólo se hará refe-
la banda de los glifos de lugar. Para confirmar la rencia a los parcialmente visibles. Los signos glíficos
hipótesis de dicha realeza, recuerda que el di- que se encuentran en el tocado fueron descritos en
seño de greca escalonada en el vestuario es su el lugar que les corresponde y no en este apartado.
atributo específico. Hace hincapié en que la fi- Las descripciones que van a continuación están
gura 5 pudo haber sido de origen extranjero. tomadas, en lo fundamental, del texto de Alfonso
En la siguiente escena, las seis figuras (7 a Caso de 1938 y de la apreciación de los dibujos co-
11) se dirigen hacia el elemento principal del rrespondientes que realizó el pintor Agustín Villa-
muro central: el enorme glifo 13 muerte, y se- gra. Cuando procede, se añade la nomenclatura re-
gún el autor, tal nombre indica “que están en ciente de los mismos, es decir, las indicaciones de
efecto muertos y que pueden ser los ancestros Susana Díaz, participante en este Proyecto.
inmediatos del ocupante” (p. 104). Las explica- Glifos A y B. Entre ambas figuras hubo glifos y
ciones que ofrece para comprender la superpo- numerales, hoy día sumamente deteriorados. Caso
sición de capas pictóricas es que la tumba se (1938: 88) reporta que vio el número 12 asociado a
abría de acuerdo con la necesidad de nuevos la figura femenina, en tanto que Miller (1995: 92)
entierros, por lo que “el cambio de relación con dice haber visto el numeral 8 [figs. 5.29 y 5.30].
el difunto más reciente pudiera ser motivo de Glifo C. Frente a la figura 3 hay un complica-
las alteraciones pictóricas” (p. 104). do conjunto de signos y objetos colocados en sen-
Monte Albán I Tumba 105 | 115
Figura 5.31. Monte Albán. Figura 5.32. Monte Albán. Figura 5.33. Monte Albán.
Tumba 105, muro norte, glifo C. Tumba 105, muro norte, glifo D. Tumba 105, muro norte, glifo E.
(Dibujo: A. Reséndiz, 2004. (Dibujo: A. Reséndiz, 2004. (Dibujo: A. Reséndiz, 2004.
Tomado de Caso, 1938.) Tomado de Caso, 1938.) Tomado de Caso, 1938.)
Figura 5.34. Monte Albán. Figura 5.35. Monte Albán. Figura 5.36. Monte Albán.
Tumba 105, muro norte, glifo F. Tumba 105, nicho norte, Tumba 105, muro norte, glifo H.
(Dibujo: A. Reséndiz, 2004. muro este, glifo G. (Dibujo: A. Reséndiz, 2004.
Tomado de Caso, 1938.) (Dibujo: A. Reséndiz, 2004. Tomado de Caso, 1938.)
Tomado de Caso, 1938.)
Figura 5.37. Monte Albán. Figura 5.38. Monte Albán. Figura 5.39. Monte Albán.
Tumba 105, muro este, glifo I. Tumba 105, nicho sur, muro este, glifo J. Tumba 105, muro sur, glifo K.
(Dibujo: A. Reséndiz, 2003. Basado en (Dibujo: A. Reséndiz, 2003. Tomado de (Dibujo: A. Reséndiz, 2003.
Caso, 1938.) Caso, 1938.) Tomado de Caso, 1938.)
Monte Albán I Tumba 105 | 117
Figura 5.40. Monte Albán. Figura 5.41. Monte Albán. Figura 5.42. Monte Albán.
Tumba 105, muro sur, glifo L. Tumba 105, muro sur, glifo M. Tumba 105, muro sur, glifo N.
(Dibujo: A. Reséndiz, 2004. (Dibujo: A. Reséndiz, 2004. (Dibujo: A. Reséndiz, 2004.
Tomado de Caso, 1938.) Tomado de Caso, 1938.) Tomado de Caso, 1938.)
Glifo K. Casi a la altura del rostro de la figura 13 do situado sobre lo que pudiera ser el numeral 1
va la inscripción glífica formada por el numeral 12 y (¿se trata de Uno Venado?), según Caso (1938: 89)
una cabeza de mono, de cuya boca emerge, hacia [fig. 5.43]. De acuerdo con Díaz, ¿1? G (comunica-
arriba, una prominente lengua bífida [fig. 5.39]. ción personal).
Glifo L. Frente a la figura 14 y por debajo de la Glifo O. Frente al rostro de la figura 18 se reco-
vírgula se advierte una inscripción que registra el noce una gran cabeza de jaguar vista de perfil y
nombre Cuatro Serpiente [fig. 5.40], a la que Díaz colocada sobre dos numerales que en conjunto in-
denomina 4 M (comunicación personal). dican el nombre calendárico de Dos Jaguar [fig.
Glifo M. A partir de su nombre glífico, que lleva 5.44]. La cabeza lleva una orejera de forma similar
al frente, el nombre de esta anciana (figura 15) se a los numerales. Díaz indica que se trata del glifo
ve representado en gran tamaño; se trata de Cuatro 2 B (comunicación personal).
Jaguar [fig. 5.41]. Díaz se refiere a este signo como
4 B (comunicación personal). 5.1 J. Acosta, 1965: 814–836; A. Caso, 1928; 1938:
Glifo N. Según el glifo nominal, situado frente al 83–92, figs. 19–24; 1965e: 849–870; A. Caso e I. Ber-
personaje, figura 16, se trata de Tres Mono; por arri- nal, 1952; A. Castellanos, 1989; J. de Córdova, 1942;
ba de este glifo se encuentra otro que es como de R. Chadwick, 1982: 27–31; B. de la Fuente, 1997:
unas fauces, y otro más, no identificado, en colores 131–150; J. Marcus, 1983: 137–143; A. Miller, 1988:
rojo y azul [fig. 5.42]. Díaz llama 3 O a este signo (co- 233–258; 1990: 309–332; 1995; J. Paddock, 1985: 91–
municación personal). 113; J. Paddock, ed., 1966; D. Robertson, 1982: 15–26;
Glifo Ñ. Hay vestigios del nombre calendári- J. Urcid, 1994: 77–97; M. Winter, 1989a: 123–130.
co de la figura 17: el perfil de una cabeza de vena-
6 Tumba 112
1.1 Noreste de la Plataforma Norte. pintura roja; los muros laterales cercanos al acceso
muestran apenas algunos diseños con línea roja; la
1.2 In situ. pintura mejor conservada está en las paredes late-
rales del fondo y en el mismo muro del fondo, como
1.3 La tumba fue encontrada vacía. Tiene la orien- es lógico, en la parte no dañada.
tación oeste-este y es de planta alargada (290 por La tumba fue parcialmente destruida al ser in-
140 cm) [fig. 6.1]. El acceso se encuentra al oeste y vadida, quizá primero por los constructores de la
las jambas del mismo están un poco remetidas; el Tumba 103; incluso, las pinturas murales fueron
vano es de 90 cm de ancho y aproximadamente 155 raspadas en el muro sur con algún utensilio pun-
de altura [lám. 6.1] Fue construida con grandes silla- zante para disimular una gran x. El daño general a
res de piedra recubiertos con un delgado enlucido la pintura se debió al desprendimiento del enluci-
que servía de base para la pintura. Lajas inclinadas do, al derrumbe de los sillares en el muro del fondo,
forman el techo de la tumba, y, en el punto de su in- a severos problemas de humedad y, finalmente, a
tersección, la altura es de 178 cm. Los muros latera- una restauración inadecuada.
les tienen, en la parte superior, dos nichos cada uno,
ubicados simétricamente con respecto a la longitud 4.1 Los muros laterales tienen franjas que delimitan
del espacio; su tamaño varía, aunque en promedio la pintura en las partes inferior y superior, forma-
miden 45 por 40 cm y alcanzan la profundidad de das por ganchos o postas de color verde y rojo. En
50 cm [lám. 6.1]. Al parecer, el muro del fondo alber- la sección central se aprecian figuras antropomor-
gaba también un nicho; sin embargo, debido al de- fas y columnas de glifos. Al fondo —al menos por
rrumbe de los sillares, no se puede afirmar con cer- lo que puede observarse ahora—, la decoración es
teza. Con excepción del techo, el espacio mortuorio exclusivamente de ganchos. El diseño fue realiza-
fue recubierto en su totalidad con estuco y pintura do con líneas rojas de 3 a 5 mm de ancho, con apli-
mural, pero sólo se conservan restos [lám. 6.2]. Co- cación de colores planos y líneas negras externas
rresponde a la época Monte Albán IIIa (350 a 550 de 2 mm de ancho.
d. C.) y representa el único testimonio de esta etapa. En el muro norte, las cenefas, tanto la inferior
como la superior, tienen la misma representación:
1.4 Fue descubierta por Alfonso Caso durante la sobre una base roja se suceden las formas de gan-
temporada de trabajos de 1938. cho de color verde; el rojo y el verde muestran el
juego de positivo/negativo. A partir de la esquina
2.2 Lo que permanece de pintura mural es lo si- noreste, los diseños a línea o dibujos preparatorios
guiente: el dintel de la entrada aún tiene restos de representan elementos arquitectónicos y figuras
120 | Oaxaca I Catálogo
Jamba Jamba
N E S
0 1m 0 1m
antropomorfas con unas muy ligeras huellas de to- puestos en franjas horizontales y, en la mano, una
nos verdes. bolsa. Asociados a esta figura hay dos barras con
Hacia el fondo de la tumba se conserva bas- diagonales y un glifo con rostro y brazos huma-
tante bien la rica policromía original, si bien frag- nos orientado hacia el oeste. Una franja vertical de
mentada debido al desprendimiento del enlucido 10 cm de ancho tiene un diseño de líneas rojas y
[lám. 6.3]. Hubo dos personajes representados, y onduladas que convergen y terminan en un sen-
ambos se dirigen hacia el oeste. Del primero sólo cillo círculo. El mural acaba en una banda vertical
se puede ver la faldilla y restos de lo que fue el to- de 20 cm de ancho, enmarcada con una línea ro-
cado. Otra figura, un poco mejor conservada, tiene ja que encierra un conjunto de glifos: de arriba ha-
chalchihuites en el tocado, una vírgula que alude cia abajo se aprecia una composición geométrica
a la palabra, faldilla con diseños geométricos dis- sobre un fondo de dos tonalidades de verde. La par-
124 | Oaxaca I Catálogo
Lámina 6.8.
Monte Albán.
Tumba 112, muro sur,
lado derecho.
(Dibujo: J. F. Villaseñor,
2002.)
ha supuesto la influencia maya en los trazos natu- El nombre del personaje del muro sur, según
ralistas del viejo, única imagen humana aquí repre- Miller, se encuentra en su tocado y es el glifo de
sentada. un pájaro con una gota en el pico; lo llama “Pájaro
Cabe considerar, con base en este mural fu- de Agua” y su nombre calendárico es Cuatro Co-
nerario, la convergencia de distintas voluntades codrilo (4 M), el cual está en la base de la colum-
de expresión: por un lado, las que tienen origen na de glifos que se dispone frente a él. Así, el regis-
en Teotihuacán; por otro, las que llegan a Oaxaca tro se refiere a una conquista realizada por dicho
procedentes del área maya, y, finalmente, las za- personaje.
potecas que se gestan en las propias tierras oaxa-
queñas. 5 A. Caso, 1965d; A. Miller, 1990.
7 Tumba 125
1.2 In situ.
4.1 La composición de las imágenes pintadas se su- lieve. El felino del lado poniente tiene arriba de su
bordina a los elementos arquitectónicos de la facha- cabeza el glifo 1 serpiente, dibujado con una fina lí-
da; de ellos, los tres que se localizan sobre el vano de nea negra sobre el fondo rojo.
la entrada poseen, cada uno, su propio diseño. El La totalidad del arquitrabe está cubierta por ocho
centro de la cornisa lo marca una cabeza de piedra signos en forma de una T, diseñados con una doble
en alto relieve (sobresale 15.5 cm), la cual está pin- línea negra; cuatro son de color rojo (con la parte
tada de rojo y fue insertada en el muro gracias a una ancha hacia arriba) y los otros cuatro, amarillos (con
espiga. Las jambas presentan diseños distintos: la la parte ancha hacia abajo).
del oriente tiene tres secciones dispuestas vertical- En el dintel, sobre un fondo rojo, se extienden
mente, mientras la del poniente muestra cierta uni- dos serpientes entrelazadas cuyas cabezas miran
dad de representación [fig. 7.2]. en sentidos opuestos, y se dirigen hacia el exterior
de la composición. Una de ellas es de color verde,
4.2 En el friso, sobre un fondo rojo, hay dos felinos sin ninguna otra marca en el cuerpo, y la otra es
de color amarillento (cada uno mide 30 cm de lar- amarilla, con puntos y pequeñas rayas a todo lo lar-
go, incluyendo la cola) que convergen hacia una ca- go del cuerpo. En los huecos que dejan las sierpes
beza de serpiente pintada de rojo y efectuada en re- entrelazadas hay unos curiosos trazos de rayas y
Monte Albán I Tumba 125 | 133
manchas en negro, que producen el efecto como sostiene un estandarte, coronado por un círculo ver-
si se tratase de una sola serpiente bicéfala [lám. 7.2]. de con el centro marcado y una línea doble de con-
La jamba poniente, a la izquierda del vano de la torno, de la cual salen cuatro formas verticales que
puerta, tiene un ancho marco de color verde y con- bien podrían aludir a algún vegetal (dos de sus ter-
torno negro, el cual se ensancha notablemente en la minaciones, de formas irregulares y color amarillen-
base (parece un verdadero zoclo) y encierra una es- to, simulan, tal vez, frutas). La escena se completa
cena única: sobre un fondo rojo, hay un personaje en la parte superior derecha con un rectángulo rojo,
en un tono ocre claro; está de perfil —llama la aten- de contorno verde con cuentas en blanco y negro
ción por su muy pronunciada barbilla, quizá posti- y de cuya parte superior sale una especie de cinta
za—, sentado a la manera oriental sobre una especie en forma escalonada; en la parte baja tiene flecos.
de taburete rojo. Lleva un gorro cónico de color ama- Estos dos últimos elementos son verdes [lám. 7.3].
rillo con manchas, de base verde, y coronado por La jamba oriente, a la derecha del vano de la
tres largas plumas verdes; porta, asimismo, orejeras puerta, está dividida por franjas horizontales de
circulares, un collar de cuentas, y brazaletes. Su tor- grecas en blanco y negro, de lo que resultan tres
so está desnudo, y a la cadera la cubre un paño lar- secciones, cuyas respectivas escenas tienen un fon-
go que deja ver un pie descalzo. Con ambas manos do rojo. La superior representa a dos personajes.
134 | Oaxaca I Catálogo
central, Caso reconoce un venado con yelmo de pes de hasta 5 mm de ancho. En la jamba poniente,
tigre, y en las dos representaciones humanas de la la figura sentada sobre una banca, con piernas cru-
parte superior observa una figura masculina y, de- zadas que dejan visible la planta de un pie, recuerda
trás de ella, una femenina con quexquémetl ver- el estilo maya; tiene barba (posiblemente postiza),
de. Encima hay otro símbolo de ‘cerro’ con un árbol y porta braguero, collar de cuentas y un tocado có-
que, según dicho autor, es característico del último nico del que emergen plumas largas y verticales.
periodo de Monte Albán (1965d: 869). Acerca de “La cara de la figura es reminiscente de imágenes
la pintura en el dintel, las serpientes entrelazadas, clásicas tardías similares [a las] encontradas en El
considera que recuerdan a los diseños encontra- Tajín, Veracruz” (Miller, 1990: 322).
dos en Yagul. Tal parece que se advierten diversas influen-
Para Arthur Miller (1995: 74), la concepción cias externas: la pose maya de las piernas cruzadas,
de la fachada y sus soluciones formales hacen pen- el tocado de jaguar emplumado que recuerda a Ca-
sar en Zaachila y Lambityeco. También considera caxtla. Sin embargo, la semejanza mayor es con el
que las formas en T evocan los motivos más tem- Templo de la Agricultura en Teotihuacán, que por la
pranos de la Tumba 105. En cuanto a la pintura del distancia de medio milenio ha de considerarse una
dintel, las serpientes entrelazadas, supone que per- similitud fortuita. Es posible que el mural de la Tum-
tenecen a una etapa más tardía que el resto de las ba 125 corresponda a la época Monte Albán V, como
pinturas de la fachada. Éstas, al igual que los feli- un puente estilístico con Mitla.
nos y las almenas, corresponden a un concepto de “Los murales de la Tumba 125 no se parecen a
diseño heráldico. Las serpientes entrelazadas le re- nada que haya existido anteriormente. El hecho de
cuerdan, como a Caso, los diseños encontrados en que la Tumba 125 haya sido pintada en la época
Yagul. en que Monte Albán era abandonada, puede ser una
Los murales fueron repintados quizá dos veces explicación parcial del porqué son evidentes aquí
y se aprecian estilos diferentes. El original, de tipo las influencias exteriores de la costa de Veracruz
narrativo, puede verse en los paneles de las jam- y la región maya. Cuando el centro se debilita, las
bas, y aun entre ellas no hay una plena coinciden- influencias exteriores son más notables” (Miller,
cia estilística. El secundario, presente en el dintel 1990: 325–326).
con las representaciones de las serpientes, así como
en los tableros con jaguares y signos de ‘cerro’, se 5.1 A. Caso, 1965d; A. Miller, 1990, 1995.
aprecia en las figuras toscas, de líneas amplias y tor-
8 Tumba 160
Ve
0 1m
W N E
0 1m
México
Cerro
de la Campana
Santiago
Suchilquitongo
Montículo
G
Tumba 5
Tumba 6
Tumba 4
Juego de Pelota
tras descubrir dos muros de piedra que limitaban rra” [lám. 10.2]. Esta lectura de los datos, empero,
ocho escalones de tierra estucados [fig. 10.1b]. A la descuidó los contextos geográficos más amplios
altura del cuarto escalón apareció una lápida escul- referidos en la obra del padre Francisco de Burgoa,
pida con la representación de un personaje, y de- quien sitúa la atalaya en la región montañosa fron-
bajo de ella, restos óseos y fragmentos cerámicos. teriza con los cuicatecos. La ocupación principal
Posteriormente, se halló un mascarón armado con del Cerro de la Campana tampoco coincide en tiem-
piedra, lodo y estuco, y dos urnas casi completas po con la del sitio que defendió la frontera zapo-
(Méndez, 1984). El trabajo fue suspendido durante teca, ya que en el primero corresponde al lapso
algún tiempo, y se retomó a finales de 1985. Fue en- 650–900 d. C. o época IIIb–IV de los valles centra-
tonces cuando quedó expuesta la pared norte del les de Oaxaca, en tanto que en el segundo se ubica
vestíbulo y la gran losa que cerraba el acceso a la en el Posclásico tardío (Martínez, 1998; Fahmel,
tumba. 1998). Por consiguiente, no sabemos cómo se lla-
Movido por la grandiosidad de este recinto y la maba el asentamiento clásico situado sobre los lin-
ubicación estratégica del mismo, Enrique Méndez deros de Santiago Suchilquitongo y San Pedro Hui-
identificó el sitio arqueológico con el de Huijazoo, tzo [lám. 10.3].
que en zapoteco antiguo significa “fortaleza de gue-
Tumba 4
con círculos concéntricos; algunos de éstos pudie- región ñuiñe demuestran que durante el Clásico
ran estar formando un numeral. Entre los trazos in- tardío los diversos pueblos oaxaqueños estuvieron
clinados del diseño similar a una A se distinguen, en sumergidos en un proceso de cambio sígnico muy
la base, tres círculos más grandes, delimitados —a complicado. En fecha reciente, por lo tanto, Enri-
modo de rectángulo— por pequeñas líneas negras que Méndez ha modificado su opinión sobre el ca-
y paralelas. Las cuatro paredes de la cámara princi- rácter mixteco de tales signos, señalando que los
pal están estucadas y tienen pintada una cenefa de zapotecos participaron en el desarrollo que condu-
color rojo oscuro que mide 97 cm de altura. jo a la adopción del estilo de escritura posclásica en
los valles centrales de Oaxaca (comunicación per-
4.5 Según Enrique Méndez, el estilo arquitectónico sonal, 2001). Considerando que en Teotihuacán el
de la tumba indica que fue construida por la cultu- glifo de año podía estar decorado con una “turque-
ra mixteca. Sin embargo, sabemos que las tumbas sa” para aludir al signo ‘movimiento’ o ‘temblor’
de esta forma son producto zapoteco, y que los mix- (Caso, 1967: 151–153), y que el tocado del mascarón
tecos empleaban otros tipos de recinto funerario. interior de la Tumba 5 de Suchilquitongo lleva un
Por otra parte, la cerámica de tipo Plumbate halla- elemento semejante, es posible que los tres círculos
da en su interior ha sido asociada con los toltecas, y mayores que decoran uno de los glifos de año ubi-
aparece a mediados del siglo IX en contextos arqueo- cados en la fachada de la Tumba 4 hagan referencia
lógicos del istmo de Tehuantepec, los valles centra- al signo antedicho. Con ello, los dos glifos de año
les de Oaxaca y las tumbas de Monte Albán IIIb–IV pintados en esta tumba podrían estar representando
(Fahmel, 1988). Enrique Méndez señala también una equivalencia entre ‘turquesa-movimiento-tem-
que los diseños pintados en el dintel de acceso a la blor’ del sistema calendárico del Clásico y ‘cuchillo-
cámara principal son típicamente mixtecos, pero en pedernal’ del Posclásico. Tal uso de signos calendá-
el cubo de acceso a la Tumba 5 se halló una lápida ricos consecutivos en contextos que requerían de
—ubicada ahora en el Museo de Suchilquitongo— ambas formas para expresar el año también se ob-
con un relieve que muestra el glifo de año que co- serva en el relieve de la piedra que sellaba el ac-
rresponde al Posclásico, así como numerales del sis- ceso a la Tumba 104 de Monte Albán (Caso, 1938).
tema de puntos y barras empleado en el Clásico.
En una de las piedras que dan forma al nicho 4.6 En la fachada de la tumba se distingue, del lado
ubicado al fondo de la Tumba 6, por su parte, se ob- izquierdo, un signo de año decorado con dos cuchi-
serva un relieve con varios glifos. Entre ellos se llos y cinco puntos numerales [láms. 10.5a, b]. Del
distingue una mano con una soga que detiene un lado derecho se observa un signo de año adorna-
cartucho, como se ve también en los relieves de Xo- do con círculos concéntricos, algunos de los cua-
chicalco (Enrique Méndez, comunicación personal, les pudieran estar representando puntos numerales.
2001). El uso de los signos calendáricos posclásicos Los tres que se encuentran entre los trazos incli-
en Monte Albán, la Mixteca y Xochicalco, desde 650 nados del diseño en forma de A varían con respecto
d. C., y el glifo de año ‘triángulo-trapecio’ —de as- a los demás en que están enmarcados por peque-
cendencia teotihuacana— empleado también en la ñas líneas negras y paralelas.
Tumba 5
1.2 In situ.
XV
Estela
7 9
6 10
V VI VII VIII
XV
Mascarón
IV en fachada IX
11
5
III X
II XI
4 2 12
3 13
1 14
I XII
XIII
Mascarón
Vestíbulo en fachada
Vestíbulo
0 2m 0 2m
3.1 Las medidas que se dan en seguida son aproxi- la numeración de Arthur Miller (1991, 1995) debido
madas, ya que los distintos espacios que comprende a que en sus trabajos se detectaron variaciones que
el sepulcro se adecuan a los elementos arquitectó- pueden llegar a confundir al lector. En la fig. 10.3 se
nicos y a los materiales con que fue construido. Los indica el número de cada mural, mientras que en
números asignados a las diferentes pinturas siguen la 10.4 se sitúan los relieves, mascarones y la estela
el orden establecido por los miembros del Proyecto funeraria. Las figuras humanas pintadas se nume-
para la descripción de una estructura que presen- ran en un desplegado a línea.
ta varios murales, es decir, se procede de izquierda Nueve escalones burdamente estucados dan ac-
a derecha con independencia de los vanos o ele- ceso a un vestíbulo de 212 por 185 cm y al pasillo
mentos esculpidos ubicados entre una y otra pin- que conduce al interior del sepulcro [fig. 10.5]. Este
tura. Por la complejidad de esta tumba, empero, la último mide 95 cm de ancho y 142 de largo. Entre
información se presenta además por secciones y las jambas de la fachada exterior y las que conducen
grupos que respetan los espacios del recinto y el ti- a la antecámara hay un portal de 46 cm de profun-
po de diseño que hay en los murales. No se emplea didad por 192 de ancho y 180 de altura. Los dinteles
162 | Oaxaca I Catálogo
mero 1, situado en el primero de los dos dinteles co con otros esculpidos en bajorrelieve y de color
que cubren el pasillo de acceso (Tatiana Falcón, co- rojo [lám. 10.22]. Dos escapularios pertenecientes
municación personal, 2000). a un tablero zapoteco del Clásico tardío enmarcan
un gran mascarón que representa a un ave asomán-
4.1 Para la descripción de las pinturas se situará ca- dose por las fauces de una serpiente. Una franja
da mural en su contexto arquitectónico y luego se irregular de color rojo pasa de las fosas nasales del
procederá a desglosar las escenas de izquierda a de- ofidio a la cabeza del ave y de ahí a la punta de la
recha y de arriba abajo. Donde es necesario, por ra- lengua bífida. Entre la mandíbula y el dintel se ob-
zones de claridad, se dará a las figuras humanas el servan dos barras anudadas que representan el
número que les corresponde dentro de una secuen- número 10. Vestigios de plumas modeladas en es-
cia general que va del 1 al 82 [figs. 10.30–10.33]. La tuco indican que el mascarón estuvo decorado con
identificación de los detalles se basa en los dibujos un gran tocado (Fahmel, 1998). En el dintel se dis-
reconstructivos de Felipe Dávalos (cf. Miller, 1995) y tingue un diseño pintado de color rojo, que com-
en las observaciones de los compañeros del Proyec- prende una barra horizontal de la que pende un
to. Los elementos esculpidos no se incluirán en este círculo.
apartado, pero se les comentará cuando el caso lo El portal conserva restos de policromía en los
amerite. dinteles que lo limitan y en tres de sus muros. En el
La fachada combina armoniosamente elemen- lado interno de cada uno de los dinteles se encuen-
tos arquitectónicos y escultóricos estucados de blan- tra una serie jeroglífica que hace alusión a los perso-
164 | Oaxaca I Catálogo
najes enterrados en la tumba;3 la primera ve hacia conducen a la antecámara, aunque las proporcio-
el norte y recibió el número 1 [lám. 10.24]. Está pin- nes y los tonos del color varían en cada caso (Mi-
tada en negro sobre una base de color blanco que en ller, 1995: 181). En el registro superior del mural 3
sus porciones más delgadas deja traslucir el color se distingue la cabeza de un jaguar, pintada de ama-
rosado de la piedra. Se extiende sobre el muro sur- rillo, con el ojo rojo y una línea negra alrededor
oeste, que muestra restos de color rojo en la parte de las fauces, y debajo de ella hay dos barras nume-
baja y en el rincón que colinda con el muro oeste. El rales delineadas con negro, de las cuales la superior
color rojo se observa, de igual manera, en los mu- está decorada con líneas diagonales; a un lado se
ros noroeste y sureste. La segunda serie jeroglífica, hallan otras dos barras sin las diagonales. En el re-
orientada hacia el sur, lleva el número 2 y está pin- gistro central se observan los restos de un diseño
tada en rojo y negro sobre el color blanco del estuco de color amarillo en el que Miller ve una cabeza de
[lám. 10.23]. Los signos contenidos en ellas serán perfil orientada hacia la derecha. En algunos luga-
descritos con más detalle en el apartado 4.6. res se aprecian líneas de contorno de tonos ocre y
En la pared occidental se ubica el mural 3, y en ocre oscuro [lám. 10.25]. En el registro superior del
la oriental el número 14. Según Miller, dos franjas mural 14 se distingue un diseño en verde y amarillo
verdes los dividen en tres registros, de los cuales (en el que Miller advierte la cabeza de un ave en di-
los dos superiores tienen un color base rojizo ana- rección a la izquierda) y restos de otros diseños en
ranjado, y el inferior, una serie de ganchos rojos y color verde. En el del centro se observan fragmentos
verdes entrelazados [fig. 10.7]. El mismo orden si- verdes y amarillos de una figura de perfil, orienta-
gue sobre los muros contiguos y las jambas que da también hacia la izquierda [lám. 10.26].
En la pared noreste se ubica el mural 13. Dáva-
los y Miller distinguen en él la imagen de un indi-
3 Para ampliar la información al respecto, véase Urcid, 1992. viduo masculino con dirección a la izquierda sobre
Suchilquitongo I Tumba 5 | 165
estuco. Encima de ellos se levanta un tablero de tipo comprende seis personajes masculinos de perfil,
doble escapulario [lám. 10.28]. Hacia el sur se obser- agrupados alrededor de un objeto ritual, y uno fe-
van los mismos elementos, que enmarcan el portal menino, que marcha en la dirección opuesta. Los
de acceso a la tumba. Las esquinas del patio, ubica- personajes centrales (números 5 y 6) portan el to-
das entre los camarines y la fachada de la cámara cado trapezoidal de la realeza zapoteca y ofrendan
principal, están pintadas de rojo (Miller, 1995: 170). algo a los objetos colocados entre ellos. Dos perso-
El mural 5 abarca los tres muros del camarín najes están parados a la derecha, y dos más flan-
occidental [lám. 10.29]. Muestra tres registros sepa- quean al grupo con lanzas y atuendos que se repi-
rados por dos franjas blancas que a la vez sirven de ten en los murales 6, 10 y 13, así como en algunos
apoyo a las figuras humanas representadas en ellos; de los relieves pintados de rojo. El personaje feme-
tales figuras (números 2–19) componen dos esce- nino (número 8), ubicado en el extremo derecho de
nas sobre un fondo rojo que remata con las jambas la escena, porta un atuendo semejante al de las fi-
esculpidas. Una línea negra recorre lo alto del regis- guras 75 y 80 del camarín opuesto, 1 y 81 de las jam-
tro superior, y la escena que se encuentra en éste bas de acceso al patio y al de las mujeres represen-
168 | Oaxaca I Catálogo
tadas en los relieves. Dos líneas negras paralelas y por consiguiente, los personajes ubicados arriba de
horizontales, y otras dos verticales, cubiertas con ellas son los de menor talla. Las cuatro figuras cen-
pintura de color rojizo anaranjado —parecido al tono trales del registro superior son las de mayor tama-
del fondo del mural—, sugieren que el diseño primi- ño y enfocan el eje de simetría. Otras tantas, inclui-
genio no contemplaba esta figura femenina. En el das las más pequeñas, se encuentran a cada lado de
registro central se observan nueve figuras de perfil éstas, viendo en la misma dirección y portando lan-
y restos de otras más en dirección a la derecha, las zas y estandartes. Hasta arriba se distinguen los res-
cuales sostienen lanzas y estandartes. En el registro tos de una línea negra horizontal. En el registro del
inferior del muro sur hay ganchos entrelazados en centro se observan seis figuras humanas: las dos
amarillo y rojo con una línea negra de contorno; mujeres antes mencionadas y cuatro hombres aco-
donde el muro fue restaurado en época prehispáni- modados en parejas que dirigen su atención al cen-
ca, los ganchos están en blanco y rojo. tro de la escena. En el registro inferior del muro sur
El mural 11 duplica la forma del número 5, aun- se distinguen ganchos entrelazados de colores rojo
que las bandas que separan los registros se ven de y amarillo con una línea de contorno negra.
color rojizo por haber perdido la pintura blanca. Ade- La fachada de la cámara principal está compues-
más, los tocados de las dos figuras femeninas (nú- ta por elementos arquitectónicos y escultóricos que
meros 75 y 80), ubicadas en los extremos del registro contrastan fuertemente con la sencillez del espacio
central, invaden el registro superior [lám. 10.30]; ubicado detrás de ella [lám. 10.31, y véase también
Suchilquitongo I Tumba 5 | 169
lám. 10.8]. Para llegar a éste se suben tres escalones jo de éste se distinguen dos barras y un punto que
de adobe estucado, flanqueados por pequeños ta- representan el número 11, y en lo alto, un tocado
bleros de doble escapulario pintados de rojo en su de plumas con el signo teotihuacano de año y una
interior. Luego se pasa entre dos jambas monolíti- cuenta o punto numeral al centro. En las jambas se
cas que soportan un dintel con un cuadro pintado encuentran los murales 6 y 10, en los cuales se re-
de rojo sobre el color blanco del estuco. Cada jamba conocen dos personajes masculinos que se dirigen
tiene al frente dos relieves pigmentados de rojo, y hacia el interior de la tumba [láms. 10.32 y 10.33].
debajo de ellos hay un tablero de doble escapulario Llevan atuendos y objetos rituales como los repre-
semejante a los anteriores. Sobre el dintel se en- sentados en los murales 5 y 13.
cuentra otro tablero de tipo doble escapulario, y, al La cámara mortuoria es rectangular y su techo
centro de éste, un mascarón modelado en estuco lo constituyen ocho losas que forman una bóveda
que representa a un individuo con cara de mono en ángulo [lám. 10.34]. Los muros que flanquean
asomándose por las fauces de un jaguar.4 Por deba- la entrada están pintados de rojo [láms. 10.35 y 10.39]
(Miller, 1995: 189), al igual que el fondo de los di-
seños plasmados en los muros largos, el cabezal y
4 Podría tratarse también de la cara de un murciélago, de acuerdo
el nicho que se encuentra en éste. Hay distintas es-
con las relaciones que Caso (1938) estableció entre el jaguar y
el murciélago. Otros autores refieren esta problemática (cf. I. Mi- cenas polícromas situadas en dos registros separa-
guel, 2003). dos por una franja blanca, que en parte se ve roja
170 | Oaxaca I Catálogo
de unas y otras forman parte de la misma escena zos hacia el frente para sostener un objeto; la otra
[láms. 10.44, 10.45 y 10.46]. apoya el brazo derecho sobre el vientre y sostiene
Los personajes número 3, 4, 5 y 6 representan una rodela con la mano izquierda. Las figuras 5 y 6
a cuatro individuos masculinos. Tres de ellos diri- también comparten algunos rasgos: cuerpo de per-
gen su mirada en dirección al otro, situado más allá fil, ojo ovalado o almendrado de color blanco, con
de un objeto ritual y quien, a su vez, enfoca a los pri- la pupila y la línea de contorno negra, nariz promi-
meros. Sus cuerpos están pintados de ocre rojizo y nente y labios gruesos; el cabello no se ve, y la ore-
delineados en negro. Las figuras 3 y 4 son muy pa- ja se oculta detrás de la orejera. La figura 5 parece
recidas, y sus rasgos son los siguientes: cuerpo de estar de pie y porta una túnica roja con diseños blan-
perfil, ojo ovalado de color blanco, con la pupila y cos; sus piernas ya no se ven. Frente a su rostro se
la línea de contorno negra, nariz prominente y la- levanta lo que pudiera ser una voluta que represen-
bios gruesos. El cabello parece estar indicado por ta el habla o el canto. La otra figura parece estar
un elemento largo, de color blanco y contorno ne- sentada y envuelta en una capa. Ambas extienden
gro, que cae hacia atrás, aunque también pudiera un brazo hacia el frente para ejecutar algún acto ri-
tratarse de un tocado de tela muy sencillo. La ore- tual [fig. 10.17].
ja se oculta detrás de la orejera. Frente a sus rostros La escena del registro del centro incluye por lo
hay una vírgula del habla o del canto. Están de pie, menos once figuras masculinas (números 9–19) re-
con el torso descubierto. Llevan braguero, y las pier- presentadas de pie y con el cuerpo de perfil, en di-
nas ya no se ven. La primera figura extiende los bra- rección al extremo derecho del camarín; están pin-
Suchilquitongo I Tumba 5 | 179
hacia la derecha. Tienen la cara, el cuerpo y las ex- descalzos, situados uno tras el otro. El brazo dere-
tremidades pintadas de rojo (acaso por la pérdida del cho, extendido hacia el frente, empuña un bastón.
pigmento ocre y la exposición del color del fondo) y La figura 64 porta una máscara o antifaz amari-
están delineadas con negro. La número 63, de nariz llo que cubre la porción superior de la cabeza. Tiene
prominente, muestra la boca cerrada. Sobre la meji- la boca abierta y muestra los dientes del maxilar
lla lleva una mancha oscura; el ojo, trazado con ne- superior; una vírgula indica que está hablando o
gro, es pequeño y ovalado; la oreja, esquematizada cantando. El cuerpo se muestra desnudo, excepto
y con el contorno negro, y al cabello lo representan donde lo cubre el braguero, las piernas se hallan co-
unas líneas negras que doblan hacia atrás, dejando locadas una tras la otra y los pies están descalzos;
la frente despejada. El atuendo cubre todo el cuer- con la mano del brazo derecho, extendido hacia el
po, permitiendo ver solamente los tobillos y los pies frente, sostiene un estandarte. La número 65 tiene
Suchilquitongo I Tumba 5 | 181
la nariz afilada y la boca cerrada. El ojo, delineado permitirá describir los rasgos que las caracterizan.
en negro, es de forma almendrada y de color blanco, El ojo es grande y tiene la forma de luna crecien-
con la pupila en negro. Frente a la oreja lleva pintu- te; está demarcado con negro y su interior es rojo
ra facial en forma de franjas rojas demarcadas con (quizá por la pérdida del pigmento blanco). La na-
negro. Abajo del atuendo, que cubre todo el cuerpo, riz es prominente y más o menos redondeada. La
se distinguen las piernas, situadas una tras la otra, y boca se encuentra abierta, y los labios, pintados de
los pies descalzos. Extiende un brazo hacia el frente rojo oscuro, mismo color que tiene una franja que
para sostener una lanza. La figura 66 está muy de- baja del pómulo y cruza la mejilla. La oreja, de co-
teriorada, por lo que ya no se aprecia el rostro. El lor rojo claro, está atravesada por lo que parece ser
atuendo cubre casi todo el cuerpo, salvo una pier- una pieza de tela blanca que cuelga sobre el pecho.
na, situada tras la otra, y los pies, que se encuentran El cabello es negro y se halla amarrado por encima
descalzos. Un brazo, extendido hacia el frente, em- de la cabeza, cayendo libremente hacia el frente. El
puña una lanza [láms. 10.52 y 10.53, fig. 10.19]. torso está cubierto con una túnica, y las piernas se
Al centro de la escena se observan cuatro figu- sitúan una tras la otra; la del frente queda oculta
ras con los brazos y piernas en ocre rojizo y con- —de manera parcial— por el braguero. Las puntas de
torno negro; el rostro está pintado de amarillo y un amarre sugieren que los tobillos llevan un ador-
delineado en negro. Dos de las figuras ven hacia no, o que los pies portan sandalias. Los brazos se
la derecha y dos hacia la izquierda del espectador. hallan extendidos hacia el frente y portan un obje-
Todas son muy parecidas, por lo que la número 67 to en cada mano [lám. 10.54 y fig. 10.19].
Suchilquitongo I Tumba 5 | 183
Las siguientes cuatro figuras avanzan hacia la iz- objeto al que Miller identifica como una lanza. Los
quierda. Tienen la cara, el cuerpo y las extremida- rasgos de la figura 72 son muy parecidos a los de la
des pintadas de ocre rojizo y delineadas en negro. La anterior, si bien no se le ve el cabello, y lo que sostie-
número 71 tiene el ojo ovalado y de color blanco, ne con la mano izquierda es un bastón [lám. 10.55].
en tanto que la pupila y la línea de contorno son ne- La 73 recuerda a la número 64, aunque la máscara
gras. La nariz es prominente, la boca está cerrada amarilla cubre todo el rostro. Tiene la boca abier-
y la oreja queda oculta detrás de la orejera. Una se- ta y muestra los dientes del maxilar superior, de co-
rie de líneas negras en el tocado sugiere que tiene lor rojo (acaso se perdió el pigmento blanco). Un
el pelo levantado. El atuendo cubre el cuerpo, mas mechón de pelo en forma de cola de caballo cae so-
deja ver parte de las piernas —situadas una tras la bre los hombros por detrás de la orejera. El cuer-
otra— y los pies descalzos. El brazo izquierdo se halla po está desnudo excepto donde lo cubre el braguero,
extendido hacia el frente y en la mano sostiene un las piernas se hallan una tras la otra y lleva los pies
184 | Oaxaca I Catálogo
Tanto las líneas que se ven junto a la comisura co- Dos figuras más, que sólo usan paño de cadera, en-
mo el prolongado mentón desdentado indican que cabezan la procesión. La imagen 33, reconstruida
se trata de un individuo de edad avanzada. La vír- por Felipe Dávalos, servirá como prototipo para la
gula frente a la boca sugiere que está hablando o descripción de los jugadores [fig. 10.22]. La cabe-
cantando. La oreja se encuentra cubierta por la ore- za se halla cubierta con un casco al que adorna un
jera, y el cabello queda oculto debajo de un tocado tocado, por lo que no se ven las facciones del rostro.
zoomorfo. Un collar de cuentas adorna el cuello y El cuerpo está representado de frente para mostrar
el pecho. Un lienzo y el extremo frontal de un bra- los distintos elementos del vestuario. Los brazos, en
guero cubren el abdomen y parte de una pierna. alto, sostienen, uno, un manojo de hierbas verdes
Los pies, uno tras el otro, están descalzos y mues- frente a la careta, y el otro, un objeto ovalado (aca-
tran la uña blanca de un dedo. Los brazos se hallan so una pelota) detrás de la cabeza. Las piernas se
extendidos hacia el frente, y las manos sostienen asoman debajo del atavío, y los pies lucen un tipo
objetos alargados. Entre todas estas figuras destaca de calzado. Algunas figuras, sin embargo, tienen to-
la número 28 porque no tiene la vírgula del canto billeras y parecen estar descalzas, pues se llega a ver
[láms. 10.57 y 10.58]. la uña de un dedo. Restos de una franja blanca situa-
En el registro inferior se observan seis figuras da bajo sus pies sugieren que tales personajes no
ataviadas como jugadores de pelota. Sus cuerpos es- deambulan al nivel del piso de la cámara funeraria
tán pintados de ocre rojizo y delineados en negro. [lám. 10.59]. La imagen que reproduce las figuras
37, 38, 54 y 55 permite distinguir los rasgos que ca- 10.24]. Las dos del registro superior, sentadas en
racterizan a los adelantados [fig. 10.23]. La cabeza se sendos sitiales, ven hacia el eje de simetría. Las
halla cubierta con un casco sin careta, lo que hace cuatro del registro inferior parecen estar de pie y
posible identificar las facciones. El ojo es ovalado, la también se dirigen hacia el centro de la escena. Sus
nariz y los labios, finos, y la barbilla se aprecia poco rostros se asemejan a los de un animal (¿un feli-
enfatizada; la oreja y el cabello quedan ocultos por no?), tienen los ojos ovalados y las cejas muy pro-
el casco. El cuerpo se muestra de frente, y el torso, nunciadas y con el extremo enrollado. Las bocas
descubierto. Las piernas se asoman debajo del pa- aparecen entreabiertas y las orejas se hallan ocul-
ño de cadera; los pies se sitúan uno tras el otro y tas por las orejeras [lám. 10.37].
parecen llevar algún tipo de calzado. El brazo iz- En el registro superior del mural 9, Felipe Dá-
quierdo se halla extendido hacia el frente, y el otro valos distinguió nueve individuos masculinos re-
hacia abajo, empuñando, aquél, una lanza por delan- presentados de perfil, los cuales dirigen su mirada
te, y éste, una bolsa junto a las piernas [lám. 10.60]. hacia el muro cabezal [véase lám. 10.38]. Los pri-
En el muro cabezal, donde se ubica el mural 8, meros dos (45 y 46) tienen un tocado zoomorfo, car-
Felipe Dávalos identificó seis imágenes con atuen- gan una bolsa y están descalzos. Los siete restan-
dos y tocados que ocultan a la figura humana [fig. tes (47–53) portan un tocado adornado con plumas
se puede comparar con la de aquéllas. La cabeza se de género femenino tomamos la número 1, recons-
encuentra cubierta por un casco sin careta, lo que truida por Felipe Dávalos, y los colores de las imáge-
permite reconocer los rasgos faciales [lám. 10.62]. El nes números 8, 75 y 80 [cf. láms. 10.64 y 10.65; véa-
ojo es ovalado, la nariz y los labios, finos, y la barbi- se también lám. 10.40, figs. 10.8 y 10.9]. El tocado se
lla se muestra poco enfatizada; la oreja y el cabello levanta sobre una base verde y una hilera de discos
quedan ocultos por el casco. El cuerpo aparece re- achatados de color ocre. Representa la cabeza de un
presentado de frente y el torso se encuentra descu- ave cuyo pico remata en una lengua bífida y apén-
bierto. Las piernas se asoman debajo del paño de dices que sostienen a tres gotas; un atado de plumas
cadera; los pies, situados uno tras el otro, parecen en forma de ala y otro a manera de penacho lo de-
llevar algún tipo de calzado. El brazo izquierdo se coran por arriba y por detrás. La mujer lleva una
halla extendido hacia el frente, y el otro hacia abajo; orejera verde —suspendida de un semicírculo ama-
aquél empuña una lanza, y éste, una bolsa que pen- rillo— y un collar de cuentas blancas y verdes. Vis-
de junto a las piernas. Para la descripción de los te un quexquémetl ocre con borde blanco y rayas
jugadores de pelota remitimos a la imagen 33 [fig. negras, el cual cae sobre el pecho y la espalda, de-
10.22], ya que son muy parecidos a los que se en- jando los brazos al descubierto. Abajo de esta pren-
cuentran en este mural [lám. 10.63]. da se reconocen tres franjas horizontales de color
amarillo, rojo y verde, respectivamente, las cuales
4.3 Siguiendo los criterios establecidos en el apar- parecen representar la faja con que se sujeta una fal-
tado 4.2 de la cédula, a continuación se describen da o enredo largo, amarillo y verde. Dos tiras blan-
los atuendos, adornos y objetos asociados a los per- cas, decoradas con círculos y rayas negras, penden
sonajes del grupo a. Como ejemplo de las figuras del extremo trasero del quexquémetl. La figura trae
Suchilquitongo I Tumba 5 | 193
colores decora el resto de su cabeza. El personaje Por último, cabe enfatizar que en las figuras 7,
porta una orejera circular verde y un collar de cuen- 20, 62 y 82 el nudo ubicado sobre el vientre carece
tas blancas y verdes. Su braguero es amarillo y lleva de las pequeñas líneas negras que se aprecian en la
diseños geométricos negros. Debajo del abanico de número 2, y que en las figuras 7 y 62 las borlas que
plumas rojas, amarillas y verdes que trae en la espal- cuelgan de él son verdes. Además, el broche zoo-
da, se distingue una tira con dos cuentas verdes y morfo que portan las otras tres muestra una len-
un remate en forma de fleco, en amarillo y verde. gua bífida de color rojo.
Sujeta una bolsa de colores rojo, verde y amarillo, y Las imágenes asignadas al grupo b ocupan la
un bastón que termina con un elemento blanco en porción trasera de los camarines que se ubican en
forma de 8 y una vírgula roja; del 8 cuelga un atado la antecámara. Los personajes 3 y 4, situados en el
de plumas amarillas y verdes. registro superior del mural 5, llevan una orejera
Las figuras 20 y 62, por su parte, llevan tocados circular verde y lo que pudiera ser un tocado de te-
muy parecidos. Sobre una base verde y una hilera la blanca que cuelga sobre sus hombros [lám. 10.67
de discos achatados de color ocre se distingue una y fig. 10.17]. Visten un paño de cadera y un brague-
tira ocre con bordes verdes, una especie de hebi- ro blanco cuyo extremo cae al frente, en un caso, y
lla de tono rojo ocre y tres puntas verdes. Al fren- hacia atrás, en el otro. El primero sostiene en sus
te muestra la cabeza de un felino en verde, con ojos manos un objeto compuesto por tres franjas rectan-
y colmillos blancos, y arriba de ella se observa el gulares en ocre, delineadas en negro, y el segundo,
cuerpo de un ave de color verde, bordeado por un un escudo ocre del que penden tres tiras blancas y
atado de plumas amarillas y verdes (la de la figu- sobresale una forma trapezoidal, todo ello delineado
ra 20 tiene, además, una serie de ganchos sobre el en negro.
cuerpo). Al frente se distingue el rostro del ave, cu- La siguiente figura (número 5) lleva un toca-
yo pico es ancho, de tonos rojo y verde, con un pe- do que remata con la cabeza de un ave de pico en-
nacho de plumas amarillas y verdes y una orejera corvado. Tanto el pico como la joya que pende de él,
circular verde con dos remates semicirculares rojos. al igual que las plumas ubicadas arriba, son de co-
Ambos personajes portan orejera con una barra ver- lor blanco y están delineados en negro. La orejera
de y un collar de cuentas blancas y verdes; de la es circular, demarcada en negro, y detrás de ella
punta de su nariz pende un adorno que consta de cuelga una pluma enroscada. La túnica que viste el
dos cuentas, blanca y verde en el segundo caso. El personaje es roja con cuadros y flores blancas deli-
braguero es amarillo y tiene líneas negras vertica- neadas en negro, y tiene un borde blanco y angos-
les, y en los tobillos se distinguen ajorcas caladas y to alrededor del cuello. Un lienzo de tela decorado
blancas. Sujetan una bolsa de colores rojo, amarillo con una franja cae sobre la espalda, y debajo de él
y verde, y un bastón que termina con un elemento hay otra serie de trazos [láms. 10.68 y 10.69].
en forma de 8 y una vírgula roja. Del fuste cuelga un La imagen número 6 porta un tocado trapezoi-
atado de plumas verdes decorado con cuentas del dal blanco que lleva debajo una base de color verde.
mismo color. En lo alto de éste se observa una cabeza de ave ama-
La figura 82, reconstruida por Felipe Dávalos, di- rilla y verde, con el pico encorvado, ojo rojo y un
fiere en su indumentaria en que porta una máscara adorno de plumas amarillas y verdes. Por atrás se
de felino. Lleva un collar de cuentas que aparen- levanta una pluma roja, enroscada en su extremo y
ta estar sujeto al cuello de un animal que también ubicada entre cuatro círculos pintados de blanco.
aparece, en simetría axial, en la base de su tocado. De la tiara pende un lienzo de tela delineado en ne-
Viste un traje de felino con manchas negras y cu- gro y con una franja en su extremo distal. El atuen-
yas garras penden de sus muñecas y cubren sus do del personaje es de color rojo y cubre todo el
pies. El bastón que sujeta remata en un elemento cuerpo; tiene un borde angosto alrededor del cue-
cuadrado con una franja amarilla alrededor de otra llo y está decorado al frente con un cuadro de con-
verde y tiene el centro pintado de rojo; del remate torno negro. Por atrás muestra una serie de líneas
penden tres cintas o plumas verdes, y se proyecta rectas y circulares de las que se desprende un lien-
hacia arriba una vírgula doble. zo adornado con una franja en su extremo distal.
Suchilquitongo I Tumba 5 | 195
El personaje empuña un objeto del que se despren- tangular amarillo del que pende una cinta roja y
den volutas blancas demarcadas en negro, a mane- amarilla que termina en dos cuentas verdes y flecos
ra de humo, muy parecidas a las que hay frente al o plumas amarillas. La siguiente figura varía con
señor que lo confronta [lám. 10.70]. respecto a la primera en que viste una pechera ama-
En el registro central se observan diez figuras rilla con diseño de escamas y un faldellín con fran-
humanas con indumentaria semejante, aunque en jas horizontales y verticales; el adorno de su bas-
los detalles y los colores ésta varía de una a otra, tón es rojo.
por lo que cada imagen se describirá por separado. Las figuras 11 a 14 fueron reelaboradas duran-
La primera (número 9) porta una banda con diseño te la época prehispánica; se empleó rojo y negro so-
de escamas alrededor de la cabeza, y arriba tiene bre el blanco del estuco con que fue resanada una
un pequeño atado de plumas amarillas y verdes; parte deteriorada del mural. La figura número 11
a un lado de éste se asoma lo que parece ser un viste igual que la primera descrita (9), pero sujeta
chongo. La orejera es circular y de color verde. En una lanza. La 12 lleva en la cabeza una banda con
el cuello se distingue un rodete amarillo con el mis- diseño de escamas y, encima, un pequeño disco que
mo diseño de escamas. La capa es amarilla o blanca sostiene un atado de plumas flanqueado por lo
y muestra una retícula y un borde en la parte baja. que parece ser un chongo. La orejera es circular, y
El individuo sostiene un bastón con un adorno rec- en el cuello se distingue un rodete con diseño de
196 | Oaxaca I Catálogo
te se observa un elemento circular y negro, y en el número 67 [cf. lám. 10.54]. Sobre la cabeza lleva dos
cuello se distingue un rodete amarillo con el mismo bandas rojas y una cinta blanca que anuda el cabe-
diseño escamado. Porta un atuendo negro —decora- llo hacia arriba. La orejera parece ser de un textil
do con un semicírculo blanco— que le llega a media de color blanco que cruza el lóbulo de la oreja y cae
pierna; al frente de éste cuelga un escapulario que hacia el frente. Sobre los hombros trae una capa, cu-
termina en un cuadro blanco con un punto negro. yos diseños hacen juego con los del braguero. Entre
Sobre la espalda trae un objeto amarillo con líneas franjas rojas, negras y blancas destacan las amari-
paralelas y pequeños círculos negros, y en la mano llas, decoradas con círculos que alternan con pares
lleva una lanza adornada con un rosetón amarillo de líneas rojas. Sobre la pierna adelantada pende
del que penden dos listones o plumas verdes. una parte del paño de cadera blanco. En los tobi-
De la figura número 66 se distinguen restos de llos se reconocen listones blancos anudados hacia
un tocado y de un rodete parecidos a los de la figu- el frente, los cuales, posiblemente, forman parte de
ra previa. Viste una capa con franjas horizontales y unas sandalias. Con una mano sostiene un objeto
líneas negras verticales. Con la mano sujeta una lan- rectangular de color blanco, del que pende un me-
za decorada con un listón y una bandera que alterna chón o una cinta blanca; en la otra lleva un objeto
franjas negras y blancas [lám. 10.72 y fig. 10.19]. circular y blanco, con protuberancias del mismo co-
Los siguientes cuatro personajes ocupan el cen- lor y puntos negros.
tro de la escena y tienen la misma indumentaria, La imagen 71 porta un tocado constituido por
por lo que su descripción estará referida a la imagen una banda con diseño de escamas y un pequeño
198 | Oaxaca I Catálogo
de color ocre rojizo, y una de ellas presenta algunos En el registro superior del mural 8 se observan
diseños geométricos en amarillo. En las figuras 57, dos personajes sentados en sitiales amarillos, y en-
60 y 61 hay, además, una tercera cinta blanca y afi- tre ellos hay un objeto circular, amarillo y con el
lada que surge por encima de los hombros y cae ha- centro rojo; del contorno salen cuatro franjas en di-
cia atrás, junto con las otras dos del tocado. El atuen- recciones contrarias. Debajo de ese objeto y sobre
do y el lienzo que cae sobre su espalda también la línea que separa los dos registros, se reconoce
varía en función de los diseños geométricos, los cua- un diseño amarillo en forma de 8, cuyos interiores
les consisten en puntos y franjas horizontales, ver- son de color rojo [cf. fig. 10.24].
ticales y diagonales; círculos y cuadros negros con En el centro del registro medio del mural 11
las esquinas redondeadas; círculos concéntricos; se conservan los restos de un diseño que remata-
círculos con puntos y círculos unidos con líneas, ba en listones y elementos blancos de tipo globo,
huesos y cascabeles de serpiente. En las piernas se aguzados y doblados en la punta, muy semejantes
distinguen ajorcas circulares o tiras anudadas que, a los que hay en el camarín opuesto [lám. 10.82 y
en algunos casos, parecen ser parte de una sandalia. fig. 10.27].
4.4 En el centro del registro superior del mural 5 4.5 La primera interpretación de las pinturas fue
se distingue un objeto que fue punto focal de algu- realizada por Enrique Méndez, tras el descubri-
na ceremonia. Lo constituye un armazón amarillo miento de la tumba en 1985. Según dicho autor, el
decorado con tres ramilletes anudados con un mo- gran personaje enterrado en esta casa subterránea
ño, y de éstos salen unos elementos a manera de residiría en ella acompañado de “todos los seres
globos que rematan en un pico doblado hacia aba- que le profesaban obediencia, respeto y sumisión”.
jo. Una tira blanca con líneas negras que configuran Entre ellos se encontraban sacerdotes de varios es-
una retícula cubre parte del armazón, y se distin- tratos, principalmente los sacerdotes guerreros y
guen pequeñas líneas negras y paralelas dentro de las sacerdotisas, así como guerreros de diversa je-
cada uno de los cuadretes. La figura 5 extiende un rarquía, sirvientes, enanos, jorobados y deformes,
brazo sobre lo que parecen ser volutas de humo ancianos, cantores, músicos y jugadores de pelota.
blanco con líneas de contorno negro, y la número 6 La muerte, añade, “era otra etapa en la vida, donde
sostiene un objeto parecido a un incensario del que el muerto, después de algún tiempo, descansaría al
también se levantan volutas de humo [lám. 10.81 y lado de los dioses”. Y como tales interpreta los dos
fig. 10.26]. mascarones de las fachadas exterior e interior. Del
Suchilquitongo I Tumba 5 | 205
primero, dice que se trata de una representación mara se recuperó un “fragmento de diáfisis, posi-
simbólica de la deidad pájaro-serpiente; del segun- blemente de un fémur humano semiadulto, con la
do, que se trata de la cabeza del dios jaguar. superficie pintada de rojo, lo que indica que el hue-
Sin embargo, según Enrique Méndez, la fortu- so se encontraba limpio al momento de la deposi-
na del personaje inhumado no habría sido tan feliz. ción” (1993: 142).
Recargados en la parte interior de losa que cerraba Curiosamente, los autores que han escrito so-
la entrada, estaban los restos óseos de un individuo bre la tumba en fechas posteriores no hacen alu-
del que sospecha fue enterrado vivo. Como eviden- sión a los restos óseos encontrados en ella. Es así
cia de ello señala que, en su mayoría, la ofrenda ce- que, en su análisis epigráfico de los textos recupe-
rámica estaba fragmentada. “Creemos —dice— que rados en este contexto, Javier Urcid (1992) se res-
esta destrucción fue intencional, es decir, [los ob- tringe a construir la historia dinástica de sus ocu-
jetos] fueron ‘matados’ simbólicamente, aunque pantes. Con respecto a los mascarones, señala que
algunos los pudo haber roto el individuo que fue en- “resultan ser una combinación de un glifo acompa-
terrado vivo, al moverse en la oscuridad” (Méndez, ñado de numerales con otras representaciones sim-
1986a: 14–16; 1988: 7–16; 1990: 139–199). El que la bólicas [...] el de la fachada de acceso a la tumba es
estela se encontrara fuera de su lugar original, tira- el glifo 10 V [‘lagarto-serpiente’], del que emerge
da en el piso de la cámara funeraria, sería un argu- la representación de un ave. [...] El mascarón en la
mento más a favor de tal interpretación. fachada de la cámara principal representa a un
Para María Luisa Franco, el propósito de la tum- individuo cuyo rostro —constituido por el glifo O
ba y sus murales fue el mismo (1993: 108–110; 1990: [‘mono’]— emerge de las fauces de un jaguar [...] La
211–226). La autora ve una influencia teotihuacana asociación del coeficiente que aparece hasta abajo
y maya en varias figuras que se relacionan con el [dos barras numerales y un punto, igual a 11] pare-
lugar de los muertos o Inframundo. En este senti- ce algo ambigua, ya que podría estar relacionando
do, hace referencia a los jugadores de pelota men- a la persona que emerge (glifo O) o al jaguar con
cionados en el Popol Vuh, y a las semejanzas ico- las fauces abiertas (glifo B). El tocado que lleva el
nográficas entre algunos elementos que llevan los jaguar consta de una banda anudada con un entre-
personajes representados en la cámara principal y lace de un triángulo y un trapecio. Aunque a este
los del Juego de Pelota de Chichén Itzá. Destaca, último símbolo comúnmente se le llama ‘glifo de
además, que el personaje enterrado se nombra en año teotihuacano’, es claro que no tiene una fun-
la pintura de los dinteles de acceso, y que en la cá- ción cronológica, ya que los glifos O y B no son
206 | Oaxaca I Catálogo
portadores5 en el sistema calendárico zapoteco. Por rencias temáticas y estilísticas”, dice, “algunas mues-
consiguiente, los mascarones identificarían a dos tran indicios de haber sido elaboradas con premu-
individuos mediante sus nombres calendáricos. Tal ra. Ciertos diseños —aunque delineados— quedaron
vez las representaciones del ave en el primer mas- aparentemente en blanco, y en otras partes la pin-
carón y la del jaguar en el segundo se refieran a los tura de los trazos se escurrió”. A falta de más datos,
sobrenombres, nahuales, o títulos de tales persona- le es “difícil establecer su temporalidad, la forma en
jes. La interpretación anterior implica una inver- que […] están relacionados entre sí y su relación
sión muy peculiar de los elementos en ambos mas- con la epigrafía inscrita en la tumba” (1992: 73). A lo
carones. Mientras en el primero el nombre personal que dedica atención especial, empero, es a las pin-
sale del nombre calendárico, en el segundo el nom- turas que se encuentran sobre los dinteles de acceso
bre calendárico es el que emerge del sobrenombre. al sepulcro, cuyos detalles estilísticos le indican que
Considerando el tamaño de los mascarones y los no son parte del mismo acto decorativo (1992: 101).
lugares tan prominentes que ocupan, parece ser Para dilucidar el lapso cronológico que las separa
que los personajes nombrados en ellos son los más y el orden en que fueron realizadas, considera su
importantes de todo el programa [y] que el perso- localización dentro de la tumba y concluye que el
naje que mandó construir la tumba [...] fue preci- mural 2 (texto I en su artículo) fue hecho primero,
samente el señor 11 O, quien aparentemente for- y el mural 1 (o texto II), en fecha posterior. Además,
maba pareja conyugal con la señora 10 V” (Urcid, indica que un detalle de este último permite anclar
1992: 88–90). su contenido con el programa de la lápida colocada
Con respecto a las jambas esculpidas, Urcid con- en la cámara principal (1992: 101). Ésta, señala, tie-
cluye que forman parte del programa original, pues ne formato y composición de grabados diferentes de
habrían sido realizadas prácticamente al mismo los de los relieves que decoran las jambas, y, por lo
tiempo y quizá hasta por el mismo escultor (1992: tanto, es posterior a ellos (1992: 75). Lo que vincula
73). Considerando las diez jambas en conjunto, se- a ambos elementos, entonces, es la fecha anual 11 N
ñala que hay “doce personajes representados en y los glifos 7 N y 12 o 13 O, que en la lápida se re-
ellas. Si atendemos los rasgos en las indumentarias fieren a dos personajes importantes asociados a un
podemos establecer que no todos los individuos te- acontecimiento celebrado en esa fecha. Si el mural
nían el mismo rango, es decir, los detalles en la pa- número 1 fue ejecutado en la misma ocasión en la
rafernalia reflejan una jerarquía. También podemos que se introdujo la lápida a la tumba, la fecha en el
deducir que de los doce personajes sólo dos son mu- mural número 2 debería referirse a un suceso acae-
jeres, y ellas acompañan a dos de los personajes cido treinta y cinco años antes (1992: 101).
de más alto rango” (1992: 77). Ahora bien, tomando A manera de interpretación (o conclusión) ge-
en cuenta tres fechas calendáricas esculpidas en las neral, Urcid declara que “la tumba contiene en su
diez jambas y los rangos jerárquicos de los perso- epigrafía una historia genealógica que se prolonga
najes representados, este autor concluye que la re- al menos durante 175 años y traza la sucesión de
lación entre algunos de los personajes debe de ser ocho generaciones. Muchos otros individuos men-
genealógica. Suponiendo que hay una relación en- cionados podrían ser miembros colaterales del lina-
tre rango jerárquico y los ancestros más inmedia- je principal, pero por ahora no existe una pista que
tos, es decir, que mientras más elaborada es la in- permita establecer específicamente tales relacio-
dumentaria de los personajes más cercana es su nes [...] Tomando en cuenta que no fue sino hasta la
cercanía genealógica, propone la sucesión de cinco quinta generación de esta dinastía cuando se cons-
generaciones incluyendo como última la que re- truyó la tumba, los restos primarios que seguramen-
conoce en los dos mascarones (1992: 90). te se depositaron [... de manera secuencial] en ella
En cuanto a los murales, Urcid señala que no serían al menos de seis o siete personas. La tumba,
fueron hechos por un solo artista. “Además de dife- entonces, debió abrirse y cerrarse ese mismo núme-
ro de veces. Eventualmente los sucesores se vieron
5 El glifo portador es aquel que identifica el inicio del año. (N. de forzados a abandonar el sitio, su palacio y la tumba,
los eds.) no sin antes ordenar la recolección de la mayoría
Suchilquitongo I Tumba 5 | 207
de los huesos y las ofrendas de los ancestros para dejara un espacio menor para las dos figuras que en-
luego depositarlos en otro lugar” (1992: 105). marcan la escena del fondo en el registro superior.
Con base en sus observaciones sobre la pintu- En la segunda época se habrían pintado los demás
ra mural y los dibujos de Felipe Dávalos, Arthur Mi- personajes, incluyendo la figura similar a las de las
ller da una interpretación sumaria de los diferen- jambas que se encuentra en el muro norte del cama-
tes elementos que se encuentran en la tumba. Se rín oeste (1995: 185–188). Por último, cabe señalar
trata, dice, de un complejo funerario con las carac- que este autor ve una pareja marital en las dos figu-
terísticas de una residencia zapoteca de elite, con ras que ocupan la escena central del registro supe-
esculturas y pintura mural sobresaliente, pero me- rior del camarín occidental (1995: 188), y para ello
nor en tamaño que las residencias de los vivos. Los se basa en una imagen similar que decora una va-
nueve (sic) escalones que la separan de la super- sija hallada como ofrenda en el interior de la tum-
ficie indican simbólicamente que se encuentra en ba (cf. Urcid, 1992: 103–104).
el Inframundo. Los que ahí se enterraron durante La interpretación que hace Beatriz de la Fuente
varias generaciones fueron de ascendencia noble, (1999), basada en el trabajo de los autores previos,
y conmemorados en pintura y relieve junto con es- destaca por ser más clara y sin tantas complicacio-
cenas rituales que incluyen procesiones militares nes. Trátase, dice, de una residencia subterránea pa-
y temas relacionados con el juego de pelota. Algu- ra albergar a los muertos, usada al menos en dos
nas figuras recuerdan, a la vez, los murales de Las ocasiones. El mantenimiento de la tumba dependía
Higueras, en Veracruz (Miller, 1995: 166–170, 191). del interés de los dueños por cuidar la memoria de
También señala que las jambas fueron realizadas sus ancestros, y de ahí el que no todas las pinturas
por cinco distintos escultores y que los personajes se hallen en el mismo estado de conservación;
representados en ellas eran descendientes de aque- mientras que algunas se deterioraron, otras fueron
llos ancestros cuyos hechos fueron plasmados en retocadas de manera periódica. La pintura del din-
las escenas pintadas y en los mascarones. La estela, tel norte corresponde al entierro original y es de
por su parte, habría sido insertada en una fecha tar- la misma época que la estructura arquitectónica, en
día, y menciona a los últimos ocupantes del mau- tanto que la del dintel sur es posiblemente poste-
soleo (1995: 178–181). rior. En los muros interiores de los nichos o cuartos
En los dinteles de acceso, añade Miller, se pin- oriente y poniente se conservan pinturas contem-
taron las fechas en que murieron ciertos ancestros poráneas de la construcción original. En la cámara
y los nombres de sus descendientes. El mural nú- funeraria, por su parte, se reconocen procesiones
mero 2 (o pintura 7 en su registro), del dintel nor- militares y escenas rituales que abarcan varias ge-
te, sería contemporáneo de las jambas esculpidas neraciones de familiares. Como la escultura arqui-
y el entierro primigenio, y el mural 1 (o pintura 6), tectónica completa la forma y el contenido de la lec-
del dintel sur, de la colocación de la estela (1995: tura implícita en las figuras que cubren los muros
185). Con el tiempo se le habría dado mantenimien- del recinto, señala que los relieves de estuco pare-
to a las pinturas, pero no de forma pareja. Algu- cen referirse al pasado, en tanto que los de piedra
nas se dejaron deteriorar, como las del vestíbulo, y representan a los descendientes, su rango y sus
otras habrían sido retocadas una o dos veces, como nombres (1999: 169–171).
las de la cámara principal (1995: 181, 191). Ahora Aunque falta profundizar en la iconografía de
bien, con base en las diferencias de tamaño, estilo esta tumba, algunas hipótesis propuestas por los
e iconografía en las figuras que componen las es- autores que la han estudiado y otras incluidas en
cenas de los camarines este y oeste, Miller propo- la descripción previa merecen mayor atención. La
ne dos épocas pictóricas: una primera, que habría interpretación final, empero, depende del esclare-
incluido las figuras semejantes a los relieves de las cimiento de todas las dudas que se tienen sobre el
jambas y la banda con ganchos que se encuentra contexto mortuorio y su excavación, ya que sola-
a nivel del piso. Esto implica que desde aquel mo- mente así se podrán valorar los elementos epigráfi-
mento se pintaron las franjas blancas que definen cos que dan una pista sobre los miembros del linaje
los tres registros, y que en el camarín occidental se que construyó la tumba hacia finales del Clásico
208 | Oaxaca I Catálogo
tardío y las figuras que nos hablan de su entorno un individuo que no había muerto todavía. Cuando
social. En este sentido, la conferencia que presen- despertó dentro del recinto, buscó la salida, destro-
tó Enrique Méndez a los miembros del Proyecto zó las ofrendas y tiró la estela, prendió fuego y, con
(marzo de 2001) aclara algunos detalles del hallaz- ayuda de los huesos largos, trató de abrir un hue-
go. Para empezar, el acceso a la tumba estuvo se- co entre la fachada y la losa que cerraba la tumba.
llado por una gran losa y un muro de 2 m de ancho Luego de raspar el relieve que decoraba la jamba oc-
construido sobre los escalones que bajan al vestí- cidental, habría muerto sofocado por el esfuerzo y
bulo y hasta topar con la fachada. Los elementos la falta de oxígeno.
más frágiles de ésta, por su parte, fueron cubier-
tos con piedras antes de que el sepulcro fuera sella- 4.6 Las inscripciones jeroglíficas que se ubican en
do. Frente a la fachada se ofrendaron dos relieves los dinteles que cubren el portal, es decir, el pasillo
(uno de ellos mencionado en la cédula de la Tum- de acceso a la antecámara, brindan información so-
ba 4) y algunas urnas; dentro del recinto, varias pie- bre los personajes cuyas exequias fueron realizadas
zas de cerámica. Todas ellas se encontraron en la en determinadas fechas. Sólo algunos de los glifos
antecámara, pero no dentro de los camarines que se parecen a los que Alfonso Caso, John Paddock,
la flanquean. Al parecer, las exploraciones realiza- Javier Urcid y otros autores han reportado para los
das después del descubrimiento recuperaron los valles centrales de Oaxaca.
huesos de un niño ofrendado que estaba bajo el En el mural 1 aparecen los siguientes glifos, re-
piso del impluvium situado entre los camarines, conocidos por Caso (1928) y Urcid (1992) y orde-
donde ahora se observa un pequeño orificio cubier- nados alfabéticamente [láms. 10.83, 10.84 y 10.85,
to con una piedra circular. En la cámara principal se fig. 10.28]: a) 7 N, b) un rostro visto de perfil con el
hallaron numerosos fragmentos óseos, pero nin- ojo cerrado y un nudo como tocado, c) 15 mano-I, d)
gún cráneo o hueso largo; también se encontraron signo de la tierra a la que entran dos piernas (?),
restos de varios mangos de abanico de madera. La e) 11 N asociado al glifo de año, f) 7 E, g) 7 N, h) 2
pequeña estela estaba tirada en el piso y cubierta moño (?), e i) 7 J. En el mural 2 [láms. 10.86, 10.87
con trocitos de estuco pintado y carbón, mismos que y 10.88, fig. 10.29], por su parte, se observan: a) 3 L y
aparecieron también en los demás espacios del re- una banda con los extremos doblados, b) mano con
cinto. En el acceso se localizaron los huesos de un cabeza-3 I, c) 2 E asociado al glifo de año, d) 7 C-3 M-
individuo, y en su cercanía, varios huesos largos y signo de la tierra a la que entran dos piernas (?),
mangos de abanico parcialmente quemados. Con e) 9 Z-10 M, y f) 5 A (o ¿E?). Por sus colores, este
base en esta información, Enrique Méndez propone último mural parece corresponder al momento en
que la tumba no había sido terminada cuando mu- que fue reestucado y repintado el ángulo suroeste
rió el personaje que la mandó construir. Por lo tan- del camarín occidental. En el mural 3, por último,
to, sus restos fueron guardados en otra parte antes se reconocen dos barras que representan el núme-
de ser transferidos a la cámara principal, donde ya ro 10 y una cabeza de felino (glifo B) asociadas a un
no se le colocaron grandes ofrendas. Después de numeral semejante [cf. lám. 10.25 y fig. 10.7].
algún tiempo, la tumba fue remozada y se enterró a
Suchilquitongo I Tumba 5 | 209
Suchilquitongo.
Tumba 5, portal, dintel norte.
Mural 2, glifos.
(Foto: R. Alvarado y G. Lucet, 2005.)
Suchilquitongo I Tumba 5 | 213
Tumba 6
Lambityeco
Zona arqueológica
Yagul
Zona arqueológica
Tlacolula
de Matamoros
Mitla
San Francisco
Tanivet
En 1977, Marcus Winter excavó la Tumba 11, si- co; sobre tal decoración se notan restos de estuco
tuada del lado norte de la carretera Panamericana pintados de rojo con los mismos diseños (Zárate,
que bisecta a Lambityeco. Tanto en la fachada como 1992: 9–11). En la figura 9 del trabajo de dicho au-
en los muros este y sur de la cámara se aprecian res- tor se observan cinco franjas verticales paralelas,
tos de pintura polícroma, mientras que el muro nor- mientras que en el de Javier Urcid (1983) sólo apa-
te se encontró ya derrumbado. Las piedras que con- recen tres. Las jambas llevan al centro un círculo
formaron dicha pared se guardaron en la caseta del pintado de rojo sobre el estuco [fig. 11.2].
vigilante de la zona arqueológica, donde permane- Entre las tumbas de Lambityeco que presentan
cieron hasta el año 2000, cuando se restauró la tum- fachadas decoradas con pigmento rojo también se
ba y se volvieron a colocar en su lugar. Los fragmen- encuentra la número 2. De ella menciona Urcid que
tos de estuco pintado, por su parte, fueron llevados es muy parecida a la Tumba 12, aunque en este ca-
a las oficinas y bodegas del Centro Oaxaca del INAH so sólo una jamba lleva el círculo rojo. La Tumba 10,
[lám. 11.5]. por su parte, presenta en el dintel franjas verticales
En fechas posteriores, Roberto Zárate excavó la que enmarcan un cuadro rojo. Según el dibujo de
Tumba 12, ubicada al suroeste de la Estructura 190. Urcid, las jambas también parecen haber estado pin-
El acceso se hallaba cubierto con piedras gruesas tadas de ese color [fig. 11.3].
pegadas con barro, de las cuales la central mostra- Recientemente, Victoria Arreola Rivera excavó
ba un cuadro de estuco pintado de rojo. El dintel es- la Tumba 13, cuyas características son similares a las
tuvo decorado con bandas rojas en forma de abani- de la 12 (comunicación personal, 1998).
220 | Oaxaca I Catálogo
0 1m
Lámina 11.7.
Lambityeco.
Tumba 11, montículo.
(Foto: P. Ángeles
y E. Peñaloza, 2000.)
Jamba
E S
Figura 11.6b. Lambityeco.
Tumba 11, alzado interior. 0 1m
(Dibujo: G. Ramírez, 2000.)
El muro este o cabezal presenta un nicho y res- proyecta hacia el frente. El cuerpo está pintado de
tos de pintura en su derredor. Como parte de ella se tonos rojizos y sin línea de contorno; el brazo dere-
observan franjas y líneas rojas y negras delimitando cho se extiende hacia el frente, y en la mano, abier-
campos rectangulares que contienen diseños geo- ta, se aprecia el pulgar y tres dedos más, separados
métricos. En el extremo superior hay un numeral, y uno del otro. El brazo izquierdo cuelga hacia atrás.
en el inferior, un diseño en rojo y rosa decorado con La pierna derecha se proyecta hacia el frente y la
un elemento trilobulado amarillo. A este muro pare- izquierda sostiene el cuerpo erguido.
cen corresponder los fragmentos de estuco pintado El otro personaje del muro sur mira hacia la de-
que se identifican con los números V, VI, s/n (b) recha. Su rostro es de color amarillo; el ojo, de for-
y III [lám. 11.15], así como una piedra fotografiada ma almendrada, está —al igual que la ceja— delinea-
por Marcus Winter y que ya no se encuentra en el do en negro. Tiene extendida, al frente, una mano
lugar [lám. 11.16]. Los primeros tres fragmentos de pintada en rojo. Tres líneas negras indican la sepa-
estuco serán descritos en el apartado 4.2, y el últi- ración entre los dedos, mismos que carecen de la re-
mo, en el 4.6. presentación de las uñas. En la piedra situada en el
Las piedras que se guardaron en la caseta de vi- ángulo sureste de la tumba se observan dos trián-
gilancia parecen corresponder, en su totalidad, al gulos isóceles negros dentro de un marco rojo, cu-
muro norte del recinto funerario. Dos de ellas (nú- yos bordes interiores y exteriores fueron realzados
meros 1 y 2) tienen diseños geométricos que difí- mediante una línea negra [lám. 11.23].
cilmente pueden ser relacionados con la escena En lo alto del muro cabezal se distingue el frag-
principal. Otra más se conoce sólo por la fotografía mento de una banda roja sobre un fondo rosa. De
tomada durante la exploración [láms. 11.17a, b, c]. ella pende un rectángulo rojo delineado en negro y
Estas piedras serán descritas en el apartado 4.2. Las con el interior también negro, a manera de ojo de
otras tres piedras (números 4, 5 y 6) ilustran partes unas “fauces celestiales” [láms. 11.14 y 11.16]. Alre-
de dos figuras humanas [láms. 11.18a, b, c] que estu- dedor del nicho se conservan diseños geométricos
vieron pintadas de rojo oscuro y contorno negro. en rojo y negro situados dentro de dos bandas deli-
Debido a que en ellas destacan objetos asociados al mitadas por líneas negras. Los fragmentos de estuco
cuerpo, serán descritas en el apartado 4.3. Los frag- pintado que pertenecen a este muro se ilustran en la
mentos de estuco pintado números I, II, IV, XI, lám. 11.15. El número V mide 17 por 12 cm. Mues-
XIII, XIV y s/n (a) [lám. 11.19] presentan restos de tra parte de una de las bandas antes mencionadas
elementos mayores o diseños geométricos, y serán y una línea negra que parece representar la lengua
descritos en el apartado 4.2. El fragmento número bífida de una serpiente cuya cabeza está pintada en
XII, al igual que otro fotografiado por Marcus Win- rojo y contorneada en negro. El fragmento s/n (b)
ter y que no se encuentra entre los fragmentos en- mide 11 por 6 cm. En él se distingue un ángulo rojo,
listados, muestran parte de algunos objetos asocia- negro y blanco, y una línea negra enrollada. El frag-
dos a los personajes y serán descritos en el apartado mento VI mide 20 por 10 cm y tiene el diseño más
4.3 [lám. 11.20]. elaborado. Trazos irregulares de color negro delimi-
tan una banda dentro de la cual se distinguen tres
4.2 Siguiendo el orden establecido, se describirán recuadros separados por líneas rojas y negras. En
los diseños de manera más detallada [láms. 11.21 y el del centro se observa una v de color blanco sobre
11.22; véase también láms. 11.8 y 11.9]. El perso- fondo negro, y a un lado hay un diseño en forma de
naje pintado en el extremo poniente del muro sur gota, negro sobre fondo blanco. A los lados de dicha
dirige su mirada hacia la izquierda. La cara y el ca- banda corren franjas blancas y líneas negras que se-
bello están pintados de amarillo y delineados en paran la composición del color rojo aledaño.
negro. La nariz es afilada, y el mentón, redondeado; Las tres piedras y los fragmentos de estuco pin-
la boca se encuentra indicada por una pequeña lí- tado que corresponden a este apartado de la cédu-
nea negra. Tanto el ojo, con forma de almendra, co- la tienen los diseños que se describirán en seguida
mo la fina ceja se hallan delineados en negro. La [láms. 11.17a, b, c y 11.19]. La piedra número 1 mide
cabellera se alza a modo de cresta, y una parte se 38 por 46 cm. Una banda roja en diagonal cubre un
Lambityeco I Tumba 11 | 233
IV
II
XI
lado corto de la piedra, mientras que, junto al otro, rillo, la última con dos triángulos en el interior, y
se observan dos elementos del mismo color, uno de un elemento rojo.
ellos en forma aguda. Al centro de la piedra se per-
cibe un elemento amarillo en forma de u sobre el 4.3 En el interior de la jamba sur se observan unos
fondo rosa de la piedra. La número 2 mide 52 por diseños en forma de tiras blancas con rayas negras,
39 cm. En uno de sus extremos presenta un rectán- y otro amarillo y alargado, los cuales pudieran ser
gulo rojo rematado por un elemento triangular, ama- parte de alguna prenda de vestir [láms. 11.8 y 11.10].
rillo y con un punto negro al centro; ambos tienen El personaje situado al poniente lleva, debajo de la
una línea de contorno negra. La piedra número 3 nariz, un adorno negro a manera de bigote. La ore-
conserva fragmentos de color amarillo, rojo y rosa jera tiene forma de barra y es de color rojo. Del fren-
en un diseño que no se distingue. Los fragmentos te de la cabellera cuelga un objeto rojo en forma de
de estuco números I, XIII, XIV y s/n (a) miden en- T. El collar de cuentas es de tono rosado, con líneas
tre 11 por 7 cm y 5 por 3 cm. Sobre ellos se aprecian de contorno negras, y en la parte trasera del cuello
restos de diseños pintados de color rojo y amarillo, se observa un objeto de forma irregular, del cual se
con línea de contorno negra sobre un fondo rosa. desprenden tres pequeñas líneas negras. Lo que
Los fragmentos II y IV miden 10 por 11 y 8 por 4 cm, se conserva del braguero es de color amarillo. En la
respectivamente. En ellos se ve una banda roja, y en mano derecha hay una cuenta circular y roja, de
el más grande hay una línea paralela del mismo la que se desprenden dos bandas onduladas del mis-
color. El fragmento número XI mide 43 por 9 cm. mo color y cuya tonalidad se degrada de adentro ha-
Sobre él se observan varias líneas negras que pare- cia afuera [lám. 11.22]. Los fragmentos de pintura
cen corresponder a un dibujo preparatorio. Entre los roja y negra ubicados sobre la cabeza del personaje
diseños se distinguen franjas de color rosa y ama- del lado oriental indican que portaba un gran tocado
234 | Oaxaca I Catálogo
XII
ten dos bandas cruzadas y rojas, con líneas de con- nes de pintura de talleres locales que desarrollaron
torno negras. Una de ellas podría formar parte del métodos comunes de presentar figuras, elementos
bastón que sostiene en la mano, mientras que la del vestuario y glifos [...] las soluciones de diseño
otra parece integrarse a un objeto mayor, de color aparecen repetitivas, o más bien rígidas y caren-
blanco rosáceo, compuesto por tres franjas blan- tes de innovación creativa. Tal fenómeno de estilo
cas enmarcadas por líneas negras. es característico de los talleres de pintura que no ad-
La piedra número 6 mide 31 por 37 cm y debe miten por cualquier razón ideas ajenas a un sistema
de provenir del ángulo noreste de la tumba. Se apre- de pintura mural ensayado por mucho tiempo” (Mi-
cia una parte de un gran moño rojo y blanco, real- ller, 1990: 320–321). Una revisión detallada de la ar-
zado por una línea de contorno negra. Encima de quitectura, cerámica, urnas y figurillas de Lambi-
éste se encuentra el rostro de un felino; tiene man- tyeco, empero, sugiere la existencia de un contexto
chas negras sobre la piel amarilla, y un ojo abierto, sociocultural abierto a la interacción con numero-
con la pupila negra. El diseño en color rojo oscuro sas regiones de Mesoamérica, desde el altiplano
que se encuentra debajo del moño parece repre- mexicano hasta el norte de Yucatán. Incluso en los
sentar el tórax y el antebrazo de un personaje, lo valles centrales, el sitio destaca por la búsqueda de
que sugiere que los elementos descritos forman nuevas soluciones y formas de expresión, o con-
parte de una máscara. En el fragmento de estuco tenidos que no se observan antes en Oaxaca (Pad-
número XII, de 5 por 8 cm de tamaño, se distinguen dock, 1983a; Fahmel, 1986c).
tres círculos negros (a manera de cuentas de collar)
sobre un fondo rosa. El fragmento de estuco foto- 4.6 En el interior de la jamba sur se llegan a distin-
grafiado por Marcus Winter mide 12 por 12 cm. En guir todavía dos barras y tres puntos de color blan-
un extremo presenta un área roja delineada en ne- co rosáceo dentro de un área pigmentada con rojo
gro, la cual debió de formar parte del cuerpo de un oscuro. Dichos signos forman el número 13 [lám.
personaje. A un lado se distingue una franja ama- 11.8]. En el muro cabezal, por su parte, se recono-
rilla demarcada en negro y con tres manchas circu- cen tres puntos y una barra torcida, decorada con
lares negras acomodadas en forma de triángulo un doble amarre, lo que da el número 8 [lám. 11.14].
[lám. 11.20]. Por último, se tiene el fragmento de estuco pinta-
do número III, que mide 9 por 8 cm [lám. 11.15]. So-
4.5 Arthur Miller compara esta tumba con la 104 de bre él se distingue un cuadro negro con las esquinas
Monte Albán porque son muy similares en estilo y redondeadas, el cual representa un punto numeral.
corresponden a la época IIIb de los valles centrales. En el interior de él se encuentra una u de color rojo,
A su vez, observa menos lazos estilísticos con Teo- delineada en negro y sobre un fondo rosa. También
tihuacán que los habidos durante la época IIIa. Se- se distinguen los restos de un numeral semejante y
gún dicho autor, “el dibujo fue rápido, y la aplicación un diseño rojo con línea de contorno negra.
del color, ‘pesada’, en el sentido de que la pintura
fue aplicada con [un] medio viscoso. Combinado 5 B. Fahmel, 1986c; M. Lind y J. Urcid, 1983; A.
con la pared misma, que es bastante irregular y gra- Miller, 1990; J. Paddock, 1983a; J. Paddock, R. Mogor
nulada, el mural es decididamente rústico en apa- y M. Lind, 1968; E. Rabin, 1970; J. Urcid, 1983; M.
riencia”. De lo anterior desprende que “los murales Winter, D. Deraga y R. Fernández, 1977a; R. Zárate,
de Monte Albán IIIb son el producto de tradicio- 1992.
Yagul 12 Introducción
Lambityeco
Zona arqueológica
Yagul
Tlacolula Zona arqueológica
de Matamoros
A
B C
Palacio
de los
Seis Patios
E
D F
Patio 3
Patio 1
Juego de Pelota
Patio 4
Tumba Tumba 30
11
Tumba 6 Patio 5 Tumba 12
Tumba
13
Yagul I Introducción | 239
1.1 Área ubicada entre el Juego de Pelota y el Pa- 2.2 Se desconoce la actual ubicación y condición
tio 1 [lám. 12.8]. En el cuarto 1-E fue donde se halló del fragmento.
la pintura.
3.1 Se desconocen.
1.2 Se desconoce.
3.2 Sólo es color rojo sobre el fondo blanco del en-
1.3 Las exploraciones en el sitio comenzaron en el lucido.
Patio 1, con el propósito de averiguar cuál grupo
étnico construyó los palacios decorados con grecas 4.2 Se trata de dos franjas onduladas horizontales y
al estilo de los de Mitla (Paddock, 1955b: 27). El entrelazadas. Una está decorada con semicírculos
Montículo 1-E recibió atención especial por estar dobles que se distribuyen, alternados, en los bordes
orientado hacia el Patio 1 y colindar, por atrás, con de la franja. Otra tiene pequeñas líneas cortas pa-
el Juego de Pelota. En la fachada del montículo se ralelas y circulitos. En medio de cada entrelace se
descubrió un tipo de aparejo empleado con frecuen- forma un círculo dividido en dos mitades; la supe-
cia en la región mixteca, pero también en los valles rior muestra líneas horizontales y otras verticales,
centrales durante la época IIIb–IV tardía. en tanto que la inferior presenta un medio círculo
El fragmento fue descubierto en la segunda tem- que parece pender de la banda divisoria. Esta fran-
porada de excavación del Mexico City College, en- ja se inscribe dentro de una doble banda, que la li-
cabezada por John Paddock en 1955. Se encontró mita tanto por arriba como por abajo.
en el llamado “Salón del Consejo”, al norte del Pa-
tio 1, en el cuarto oriental y al pie del muro norte 4.5 Paddock no da ninguna interpretación, aunque
[fig. 12.4]. Debido a la altura de los restos del muro, debajo del dibujo publica un fragmento del dintel
puede pensarse que la pintura se desprendió de la oeste del Patio A de Mitla, con lo cual sugiere la
pared. Paddock no informa la ubicación cronológica identificación simbólica y cultural de los diseños.
del fragmento, aunque relaciona el estilo construc- James P. Oliver (1955: 63–64) propone que las
tivo del edificio con el mixteco. franjas ondulantes limitaban una falda, y al compa-
rar los dibujos con los de Mitla relaciona los círculos
1.4 John Paddock, en el invierno de 1955. de los entrelaces con los ojos que decoran la cene-
fa del dintel mencionado, planteando que, probable-
mente, tales diseños representan al Sol o la Luna.
* Parte de la información de esta cédula fue incluida por los edito-
res a partir de los datos proporcionados por Susana Díaz Castro. En cuanto al estilo, señala que el mural de Yagul se
(N. de los eds.) ve “crudo”, comparado con el de Mitla, pues la línea
242 | Oaxaca I Catálogo
es “pesada” y con “menos precisión” (Oliver, 1955: mo diseño, recuerda el dintel de la Tumba 125 de
63–64). Asimismo, cita a Caso, quien considera que Monte Albán, que marca una transición de estilo.
los entrelaces aluden al ocelocoatl o ‘jaguar-serpien-
te’, y agrega que, según Charles Wicke, autor del di- 5 I. Bernal y L. Gamio, 1974; D. Brockington,
bujo, hay vínculos estilísticos con la fase Azteca III. 1955; J. Oliver, 1955; J. Paddock, 1955b; C. Wicke,
Por su parte, Bernal (1974: 53) menciona que es 1966.
el “único otro fragmento de pintura mural en Yagul”,
pero no lo interpreta. Sin embargo, sabemos que se 5.1 El dibujo fue elaborado por Charles Wicke para
trata del cuerpo de dos serpientes entrelazadas. Co- el reporte de excavación publicado en 1955.
Fragmentos del cuarto norte
del Patio C
1.1 Palacio de los Seis Patios, Patio C, cuarto norte. reutilizó en la reconstrucción del edificio. De acuer-
do con esta idea, ubican los fragmentos en la etapa
1.2 Se desconoce. más antigua de tres, y la designan “primera épo-
ca mixteca” (1974: 53), que corresponde a principios
1.3 Los cinco fragmentos de pintura mural se lo- de Monte Albán V (800 d. C.–1521 d. C.).
calizaron en el conjunto arquitectónico llamado
“Palacio de los Seis Patios” [lám. 12.9], en el cuar- 1.4 Se encontraron durante las temporadas de cam-
to norte del Patio C, sobre la banqueta y cerca de la po realizadas entre 1958 y 1961, dirigidas por Ignacio
puerta central. Bernal y Gamio (1974: 52) no con- Bernal.
sideran que esos fragmentos hayan pertenecido al
muro, ya que no encontraron más pedazos; por ello, 2.1 Se desconoce. Sin embargo, puede suponerse
aseguran que fueron parte de alguna pieza que se que se encuentran en bodega.
2.2 Se desconoce tanto el estado actual como las in- El fragmento C es el más grande de los cinco.
tervenciones y conservación. También tiene círculos, líneas curvas y rectas que
permiten suponer que fueron parte de un motivo
3.1 Se trata de cinco fragmentos de forma irregu- mayor. El D conserva otra serie de curvas que des-
lar. No sabemos las dimensiones, excepto por la in- cansan sobre una recta; de este conjunto van, hacia
dicación de Bernal y Gamio (1974: 52) de que son el centro, cuatro pares de líneas paralelas, y en me-
pequeños. dio se aprecia un círculo; otras líneas tocan las cur-
vas. Finalmente, en el fragmento E se distinguen
3.2 Los cinco fragmentos consisten en diseños dibu- dos líneas horizontales, y encima de ellas, una fran-
jados con pintura roja sobre fondo blanco. ja de color rojo con dos círculos concéntricos donde
alternan blanco y rojo [lám. 12.10].
4.1 Los motivos son geométricos en los cinco frag-
mentos. A cada uno se le asignó una letra del alfabe- 4.5 Bernal y Gamio (1974: 52 y lám. 19) creen que
to para su mejor referencia. los fragmentos formaron parte de la decoración de
alguna obra reutilizada, la cual pertenecía a la pri-
4.2 El fragmento A tiene una línea curva de la que mera época de estilo mixteco. En los dibujos recons-
emergen un par de líneas paralelas, y arriba hay truyen los círculos en los fragmentos A, B, D y E.
otra curva pero más pequeña. El B, por su parte, Hay pinturas donde se ven motivos similares, por
muestra una curva sobre la cual se aprecia un par ejemplo, en el dintel sur del Patio A de Mitla (Seler,
de líneas paralelas y algunos trazos más, rectos y 1904b) y en el Códice Borgia (láminas 35, 42 y 46, en
curvos. A un lado de este motivo se ve un espacio imágenes de los días y en figuras de templos).
en color rojo pero de otro tono.
Teotitlán del Valle 13 Edificio anexo a la iglesia
Lámina 13.2. Teotitlán del Valle. Lámina 13.3. Teotitlán del Valle.
Basamento, lado oeste, primera greca. Basamento, lado oeste, segunda greca.
(Foto: E. Hernández y G. Vázquez, 2000.) (Foto: E. Hernández y G. Vázquez, 2000.)
Zaachila 14 Tumba 1
do recientemente en Teotitlán del Valle. Tanto el La Tumba 2 sólo conserva algunos restos de pin-
dintel remetido como las esculturas empotradas tura roja en la fachada y en las grecas que decoran
en sus extremos recuerdan a ciertas tumbas de Ya- los muros laterales del vestíbulo.
gul [lám. 14.3]. En dicho lugar también se encuen- El derrumbe de la capilla colonial situada so-
tra la greca antes mencionada, pero ya sin el ta- bre el Montículo del Barrio de San Sebastián, a qui-
blero de doble escapulario [lám. 14.4]. nientos metros al sureste del Montículo A, condu-
Del vestíbulo de la tumba se accede a la cáma- jo a que Jorge Acosta y Arturo Oliveros realizaran
ra principal, pasando por un impluvium situado al nuevas excavaciones en Zaachila en 1971. Durante
centro de la antecámara [lám. 14.6]. Debido a que esas exploraciones se encontraron dos tumbas más,
esta última es más ancha que larga, la planta del registradas con los números 3 y 4. Aunque las ofren-
sepulcro adopta una forma de T, parecida a la que das eran más sencillas que las halladas por Galle-
presenta la Tumba 5 de Suchilquitongo y a otras gos, la Tumba 4 resultó de interés especial porque
tantas del Posclásico localizadas en el valle de Tla- en su dintel quedaban restos de pintura. Desafor-
colula [fig. 14.2]. Sobre los nichos de la antecáma- tunadamente las raíces de los árboles y las filtra-
ra se encuentran relieves de estuco que figuran a ciones de lluvia han acabado con los diseños, que
un búho con las alas desplegadas, y sobre el nicho según Acosta (1972) representaban cráneos y hue-
del fondo hay otro más, a manera de personaje cu- sos cruzados sobre un fondo de color rojo.
bierto con un caparazón de tortuga y un tocado
de reptil. Los muros largos de la cámara principal 1 Parte frontal de las jambas y el dintel de acce-
tienen decorados con relieves que representan a so a la tumba.
dos esqueletos humanos en procesión y a dos se-
ñores, nombrados Cinco y Nueve Flor (Caso, 1966b; 1.2 In situ.
Paddock, 1983b).
250 | Oaxaca I Catálogo
Montículo H
Montículo C
Patio elevado
Montículo J
Patio 8
Montículo G
Montículo A
Sección norte
Montículo I
Montículo B
Plaza este
Montículo E
Montículo D
Figuras 14.4d, e. Zaachila. 2.2 El color rojo del dintel y de las jambas de la
Tumba 1, muro norte, figura con caparazón de tortuga fachada parece haber sido aplicado de manera irre-
y tocado de reptil; muro este, señor Nueve Flor.
gular, por lo que en algunas secciones llega a tras-
(Dibujo: R. Nolasco, 2004.)
lucirse el estuco. La capa pictórica se conserva bien,
con una textura casi lustrosa, excepto en los lugares
donde se ha desprendido el estuco [lám. 14.5]. Entre
las grecas estucadas de blanco que se encuentran
en el friso y los muros laterales del vestíbulo, se ob-
servan restos de rojo, aplicado en forma dispareja
sobre un fondo rugoso [lám. 14.4]. Buena parte de
este color se ha desprendido, dejando huellas blan-
cas o cafés según el matiz del estuco o de la roca.
En el interior de la tumba, sobre los relieves de es-
tuco se aplicó un enlucido de cal muy delgado y
se pintaron diseños en rojo, los cuales han desapa-
Figuras 14.4f, g. Zaachila. recido casi en su totalidad [figs. 14.4a–g].
Tumba 1, muro este, figura semidescarnada y búho.
(Dibujo: R. Nolasco, 2004.)
3.1 El dintel de la fachada mide 18 cm de altura y
192 de ancho; las jambas, 147 cm de altura y 23 de
ancho; el panel en el que se encuentra la greca
1.3 La tumba se localizó a raíz de las excavaciones de la fachada, 22 cm de altura y 150 de ancho [lám.
realizadas en el Montículo A. Por los materiales aso- 14.2]. Por su parte, los paneles con grecas ubicados
ciados a la primera época de construcción del mon- en los muros laterales del vestíbulo miden 25 cm
tículo y por las características de la tumba se puede de altura y 65 de ancho.
fechar ésta en el Clásico tardío de los valles cen-
trales, o sea, Monte Albán IIIb–IV (650–850 d. C.). 3.4 Color rojo aplicado en varias capas. En la por-
Sin embargo, tanto las ofrendas enterradas con los ción derecha del dintel se observa un tono café que
muertos como los relieves en estuco sugieren una probablemente se debe a la pátina que recubre al
ubicación temporal posterior, dentro del Posclási- original [lám. 14.6].
co [fig. 14.3].
5 J. Acosta, 1972; A. Caso, 1966b; R. Gallegos,
1.4 Roberto Gallegos en 1962. 1962, 1978; J. Paddock, 1983b.
Índice
Tumba 6 223
Tumba 6 412