0% encontró este documento útil (0 votos)
322 vistas73 páginas

Apuntes sobre la Oración 4: Viaje en Dios

Cargado por

Julio Gadea
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
322 vistas73 páginas

Apuntes sobre la Oración 4: Viaje en Dios

Cargado por

Julio Gadea
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

04._Apuntes sobre la oración4.

indb 16 12/3/24 21:34


DICASTERIO PARA LA EVANGELIZACIÓN

APUNTES SOBRE
LA ORACIÓN
4
El viaje en Dios
Santos y pecadores en oración
POR

PAUL MURRAY, op

INTRODUCCIÓN DEL PAPA FRANCISCO

BIBLIOTECA DE AUTORES CRISTIANOS


MADRID • 2024

04._Apuntes sobre la oració[Link] 5 12/3/24 21:34


Título original: Praying with Saints and Sinners
Traducido del original inglés por Cristina Gahan

Textos bíblicos tomados de Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia


­Episcopal Española.

Damos las gracias a la Fundación Terzo Piastro por su contribución a la


publicación de los volúmenes.

© Dicasterio para la Evangelización - Sección para las cuestiones fundamentales


de la evangelización en el mundo - Libreria Editrice Vaticana, 2024
00120 Ciudad del Vaticano
© de esta edición: Biblioteca de Autores Cristianos, 2024
Manuel Uribe, 4. 28033 Madrid
[Link]

Depósito legal: M-7677-2024


ISBN: 978-84-220-2332-6

Preimpresión: M.ª Teresa Millán Fernández


Impresión: Anebri, S.A., Pinto (Madrid)

Impreso en España. Printed in Spain

Diseño de cubierta: BAC

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transforma-


ción de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo ex-
cepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográ-
ficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra ([Link];
91 702 19 70 / 93 272 04 47)

04._Apuntes sobre la oració[Link] 6 12/3/24 21:34


A mi hermano
Myles

04._Apuntes sobre la oració[Link] 7 12/3/24 21:34


04._Apuntes sobre la oració[Link] 8 12/3/24 21:34
ÍNDICE GENERAL

Nota del editor . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . XI


Introducción del Santo Padre. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . XIII

EL VIAJE EN DIOS
Introducción. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3

Capítulo I. Agustín de Hipona en oración . . . . . . 7


1. El descubrimiento de los salmos . . . . . . . . . . . 9
2. Una voz de ánimo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 12
3. La conversión continua de Agustín . . . . . . . . . 16
Capítulo II. Teresa de Ávila en Oración. . . . . . . . . 21
1. Un retrato de la santa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 21
2. Un método humilde de oración para mentes re-
beldes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 24
3. Recuperando el tiempo perdido. . . . . . . . . . . . 26
Capítulo III. Tomás de Aquino en oración. . . . . . . . 33
1. Un teólogo de rodillas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . 33
2. Orar desde la necesidad . . . . . . . . . . . . . . . . . . 37
3. Rezar con confianza. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 39
Capítulo IV. Santa Teresa de Lisieux en oración . . 43
1. Una vida oculta. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 44
2. «Pequeña doctrina» de Teresa . . . . . . . . . . . . . 46
3. La oración en la práctica. . . . . . . . . . . . . . . . . . 52
Conclusión . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 57

04._Apuntes sobre la oració[Link] 9 12/3/24 21:34


04._Apuntes sobre la oració[Link] 10 12/3/24 21:34
NOTA DEL EDITOR

La Biblioteca de Autores Cristianos asume gustosa-


mente el encargo de la Conferencia Episcopal Española
de publicar los Apuntes sobre la oración preparados
por el Dicasterio para la Evangelización con motivo
del ­Jubileo 2025, tal como hizo el año anterior con los
­Cuadernos del Concilio.
Estos Apuntes se presentan en forma de pequeños li-
bros, un total de ocho, que irán apareciendo progresiva-
mente durante los primeros meses del año, desde enero a
mayo de 2024. La colección Popular de la BAC ya aco-
gió en diversas ocasiones los subsidios y materiales para
las grandes celebraciones de la Iglesia universal y una
vez más colabora en la preparación espiritual y pastoral
para este gozoso acontecimiento del Jubileo Ordinario
2025.
Como propone la oficina del Jubileo, «las diócesis
están invitadas a promover la centralidad de la oración
individual y comunitaria». También nosotros, deseamos
contribuir editorialmente a «poner en el centro la relación
profunda con el Señor, a través de las múltiples formas
de oración contempladas en la rica tradición católica».

04._Apuntes sobre la oració[Link] 11 12/3/24 21:34


04._Apuntes sobre la oració[Link] 12 12/3/24 21:34
INTRODUCCIÓN DEL SANTO PADRE

La oración es el respiro de la fe, es su expresión más


profunda. Como un grito silencioso que sale del corazón
de quien cree y se confía a Dios. No es fácil encontrar
palabras para expresar este misterio. ¡Cuántas definicio-
nes de oración podemos recoger de los santos y de los
maestros de espiritualidad, así como de las reflexiones de
los teólogos! Sin embargo, ella se deja describir siempre
y sólo en la sencillez de quienes la viven. Por otro lado,
el Señor nos advirtió que cuando oremos no debemos
desperdiciar palabras, creyendo que seremos escuchados
por esto. Nos enseñó a preferir más bien el silencio y a
confiarnos al Padre, el cual sabe qué cosas necesitamos
aun antes de que se las pidamos (cf. Mt 6,7-8).
El Jubileo Ordinario del 2025 está ya a la puerta.
¿Cómo prepararse a este evento tan importante para la
vida de la Iglesia si no a través de la oración? El año 2023
estuvo destinado al redescubrimiento de las enseñanzas
conciliares, contenidas sobre todo en las cuatro constitu-
ciones del Vaticano II. Es un modo para mantener viva la
encomienda que los Padres reunidos en el Concilio han
querido poner en nuestras manos, para que, a través de su
puesta en práctica, la Iglesia pudiera rejuvenecer su pro-
pio rostro y anunciar con un lenguaje adecuado la belleza
de la fe a los hombres y mujeres de nuestro tiempo.
Ahora es el momento de preparar el año 2024, que esta-
rá dedicado íntegramente a la oración. En efecto, en nues-
tro tiempo se revela cada vez con más f­ uerza la ­necesidad
de una verdadera espiritualidad, capaz de responder a las

04._Apuntes sobre la oració[Link] 13 12/3/24 21:34


XIV El viaje sin Dios

grandes interrogantes que cada día se presentan en nuestra


vida, provocadas también por un escenario mundial cier-
tamente no sereno. La crisis ecológica-económica-social
agravada por la reciente pandemia; las guerras, especial-
mente la de Ucrania, que siembran muerte, destrucción y
pobreza; la cultura de la indiferencia y del descarte, tiende
a sofocar las aspiraciones de paz y solidaridad y a margi-
nar a Dios de la vida personal y social… Estos fenómenos
contribuyen a generar un clima adverso, que impide a tan-
ta gente vivir con alegría y serenidad. Por eso, necesita-
mos que nuestra oración se eleve con mayor insistencia al
Padre, para que escuche la voz de cuantos se dirigen a Él
con la confianza de ser atendidos.
Este año dedicado a la oración de ninguna manera pre-
tende interferir con las iniciativas que cada Iglesia particular
considere proyectar para su cotidiana dedicación pastoral.
Al contrario, nos remite al fundamento sobre el cual deben
elaborarse y encontrar consistencia los distintos planes pas-
torales. Es un tiempo para poder reencontrar la alegría de
orar en su variedad de formas y expresiones, ya sea perso-
nalmente o en forma comunitaria. Un tiempo significativo
para incrementar la certeza de nuestra fe y la confianza en la
intercesión de la Virgen María y de los Santos. En definiti-
va, un año para hacer experiencia casi de una «escuela de la
oración», sin dar nada por obvio o por sentado, sobre todo
en relación a nuestro modo de orar, pero haciendo nuestras
cada día las palabras de los discípulos cuando le pidieron a
Jesús: «Señor, enséñanos a orar» (Lc 11,1).
En este año estamos invitados a hacernos más humil-
des y a dejar espacio a la oración que surja del Espíritu
Santo. Es Él quien sabe poner en nuestros corazones y en
nuestros labios las palabras justas para ser escuchados por
el Padre. La oración en el Espíritu Santo es aquella que

04._Apuntes sobre la oració[Link] 14 12/3/24 21:34


Introducción del Santo Padre XV

nos une a Jesús y nos permite adherirnos a la voluntad


del Padre. El Espíritu es el Maestro interior que indica
el camino a recorrer; gracias a Él, la oración aun de uno
solo, se puede convertir en oración de la Iglesia entera, y
viceversa. Nada como la oración según el Espíritu Santo
hace que los cristianos se sientan unidos como familia de
Dios, el cual sabe reconocer las exigencias de cada uno
para convertirlas en invocación e intercesión de todos.
Estoy seguro de que los obispos, sacerdotes, diáco-
nos y catequistas encontrarán en este año las modalida-
des más adecuadas para poner la oración en la base del
anuncio de esperanza que el Jubileo 2025 quiere hacer
resonar en este tiempo turbulento. Para esto, será muy
valiosa la contribución de las personas consagradas,
en especial de las comunidades de vida contemplativa.
Deseo que, en todos los Santuarios del mundo, lugares
privilegiados para la oración, se incrementen las iniciati-
vas para que cada peregrino pueda encontrar un oasis de
serenidad y regrese con el corazón lleno de consolación.
Que la oración personal y comunitaria sea incesante, sin
interrupción, según la voluntad del Señor Jesús (cf. Lc
18,1), para que el reino de Dios se extienda y el Evange-
lio llegue a cada persona que pide amor y perdón.
Para favorecer este Año de la Oración se han rea-
lizado algunos breves textos que, en la sencillez de su
lenguaje, ayudarán a entrar en las diversas dimensiones
de la oración. Agradezco a los Autores por su colabora-
ción y pongo con gusto en vuestras manos estos «Apun-
tes», para que cada uno pueda redescubrir la belleza de
confiarse al Señor con humildad y con alegría. Y no se
olviden de orar también por mí.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 15 12/3/24 21:34


04._Apuntes sobre la oració[Link] 16 12/3/24 21:34
El viaje en Dios

04._Apuntes sobre la oració[Link] 1 12/3/24 21:34


04._Apuntes sobre la oració[Link] 2 12/3/24 21:34
INTRODUCCIÓN

Los santos cuyos escritos sobre la oración y medi-


tación se exploran en este libro están entre los más cé-
lebres de la gran tradición espiritual. Conocen a fondo
la luz y el fuego de que hablan. Página tras página en
sus escritos alcanzan niveles extraordinarios de clarivi-
dencia y comprensión. El enfoque principal de este tra-
bajo no es, sin embargo, sobre los estados y las etapas
más elevadas de la oración contemplativa. El objetivo es
algo inmensamente más modesto, en concreto, descubrir
qué ayuda nos pueden ofrecer los grandes santos a todos
los que anhelamos progresar en nuestra vida de oración,
pero nos encontramos continuamente desviados de nues-
tro propósito, nuestros tímidos esfuerzos eclipsados qui-
zás en gran medida por la debilidad humana.
Una de las cosas que descubrimos en las historias
de los santos cristianos, y es una paradoja llamativa, es
que aprenden a orar, al menos en parte, del testimonio
de cierto número de pecadores célebres. Por tanto, en el
segundo modo de Los nueve modos de orar de santo Do-
mingo, por ejemplo, somos testigos del santo que repi-
te humildemente la oración del publicano: «¡Oh Dios!,
ten compasión de este pecador», del Evangelio de san
Lucas 1. De la misma manera, santa Teresa de Ávila, al
hablar de aquellos que alcanzan la séptima morada en

Nueve modos de orar de Santo Domingo (San Esteban, Sala-


1

manca 2016).

04._Apuntes sobre la oració[Link] 3 12/3/24 21:34


4 El viaje en Dios

El castillo interior, anota que nunca pierden el contacto


con el espíritu humilde del publicano. Abrumados por el
resplandor y la majestuosidad de Dios y por la idea de su
propia debilidad humana, «andan muchas veces, que no
osan alzar los ojos, como el publicano» 2.
Según nos informa san Lucas en el Evangelio, fue el
publicano, no el fariseo, quién «bajó a su casa justifica-
do» (Lc 18,13-14). ¿Asumimos, entonces, que cuando se
marchó, ignoraba completamente el éxito de su oración?
En cuanto a esta cuestión, con sarcasmo y buen humor,
el dominico Vincent McNabb comenta: «El publicano
no sabía que estaba justificado. Si le hubieras pregunta-
do, “¿sabes orar?”, habría contestado, “no, no sé orar”.
Estaba pensando en preguntarle al fariseo. Él parece sa-
berlo todo al respecto. Lo único que podría decir yo, es
que he sido un pecador. Mi pasado es tan atroz. No pue-
do imaginarme rezando. Se me da mejor robar» 3.
Ninguna oración de un pecador en el Nuevo Testa-
mento tiene mayor impacto que la súplica completamen-
te conmovedora del buen ladrón en el monte Calvario:
«Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino» (Lc
23,42). La respuesta de Jesús es tan veloz, tan inespe-
rada, que debió atravesar al hombre con una esperan-
za salvaje, maravillosa: «En verdad te digo, hoy estarás
conmigo en el paraíso» (Lc 23,43). En la gran tradición
espiritual, se pueden encontrar muchas oraciones simi-
lares a esta plegaria atrevida hecha por el buen ladrón,
oraciones nacidas de la necesidad y la desesperación
pero que, sin darse cuenta, los autores —los pecadores y
2
Castillo interior, 7, 14, en Santa Teresa de Jesús, Obras com-
pletas (BAC, Madrid 92023) 577.
3
V. McNabb, The Craft of Prayer (Burns Oates, Londres 1935)
77.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 4 12/3/24 21:34


Introducción 5

«ladrones» de este mundo— capturan y roban el corazón


de Jesucristo.
De todos los ejemplos que he leído a lo largo de los
años sobre pecadores en oración, el más llamativo está
compuesto por un monje anónimo de la iglesia primiti-
va. Es una oración humilde, desnuda, una oración que
sin duda se podría describir como desesperación, pero,
a la vez, está llena de esperanza en la misericordia de
Dios. Y es tan cándida, tan atrevida, tan conmovedora-
mente honesta, que siempre me hace sonreír al leerla.
La súplica franca y urgente de la oración es tan intensa
y viva ahora como lo era entonces, hace siglos, cuando
fue compuesta.
Señor, lo quiera o no, sálvame. Barro como soy,
tiendo al pecado; pero tú, que eres un Dios pode-
roso, impídemelo. Si solo tienes piedad del justo,
esto no tiene nada de grande, y que salves al puro
no tiene nada de sorprendente, pues ellos son dignos
de recibir piedad. Maestro, envía tus misericordias
admirables hacia mí que soy indigno, y en esto mos-
trarás tu filantropía 4.
Los cuatro capítulos de este librito se centran en el
trabajo de cuatro santos, dos hombres y dos mujeres 5.
Los cuatro son tremendamente venerados dentro de la
Tradición, todos renombrados y reconocidos doctores de
la Iglesia. Sus escritos son extraordinarios porque con-

4
Apophthegmata Patrum, N.582/15.118, cf. en Apotegmas de
los Padres del Desierto, ed. D. Gude (BAC, Madrid 2017) 271.
5
A continuación, aparecen los nombres y las fechas de los cua-
tro santos por orden de aparición en este texto: Agustín de Hipona:
354-430; Teresa de Ávila: 1515-1582; Tomás de Aquino: 1225-
1274; Teresa de Lisieux: 1873-1897.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 5 12/3/24 21:34


6 El viaje en Dios

tienen la revelación de haber alcanzado un nivel pleno de


intimidad divina y amistad con Dios. Pero no es ­menos
extraordinario la llamativa humildad y pobreza de es-
píritu con la que estos santos acuden a Dios de manera
espontánea para pedir ayuda. A menudo los encontramos
en oración alzando la voz con la urgencia del anhelo y
la esperanza humilde e iluminada de pecadores como el
buen ladrón y el publicano.
Los santos, enseguida se percibe claramente, son hu-
manos como nosotros. Por eso pueden aportar inmenso
ánimo y compasión a los que seguimos luchando contra
la debilidad. Sin embargo, es imposible pasar por alto el
todavía constante y llamativo desafío a nuestra medio-
cridad que supone la santidad tan extraordinaria de sus
vidas. En su audaz entrega a Dios, colmada de oracio-
nes, han permitido que sus vidas sean transformadas por
la gracia; y que el esplendor, la fortaleza, el poder, y la
belleza de Cristo, brille a través de su debilidad humana.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 6 12/3/24 21:34


Capítulo I
AGUSTÍN DE HIPONA EN ORACIÓN

Y tú, Señor Dios mío, escucha,


mira y ve, y compadécete y sáname;
tú, a cuyos ojos estoy hecho un problema 1

«Yo soy muy aficionada a san Agustín», escribe Te-


resa de Ávila en el Libro de la vida. La razón —la razón
principal— que ofrece para justificar esta devoción es
«por haber sido pecador» 2. Es una declaración bastante
asombrosa, pero Teresa procede de inmediato a explicar:
«Hayaba yo mucho consuelo, pareciéndome en ellos ha-
bía de hallar ayuda y que como los había el señor perdo-
nado, podía hacer a mí» 3.
Las Confesiones, la obra más célebre de Agustín, re-
vela con una franqueza implacable la naturaleza de la
debilidad, el pecado, que plagaba al santo cuando era
joven: «Del fango de mi concupiscencia carnal y del ma-
nantial de la pubertad se levantaban como unas nieblas
que obscurecían y ofuscaban mi corazón hasta no dis-
cernir la serenidad de la dirección de la tenebrosidad de

1
Confesiones, X, 33, 50: OCSA II, 398. [N. del ed.: Las citas
de las obras de san Agustín están tomadas de San Agustín, Obras
completas (BAC, Madrid) (en adelante OCSA, número del volumen
y páginas)].
2
Libro de la vida, 9, 7, en Santa Teresa de Jesús, Obras com-
pletas (BAC, Madrid 92023) 65.
3
Ibid.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 7 12/3/24 21:34


8 El viaje en Dios

la libídine. Uno y otro abrasaban y arrastraban mi flaca


edad por lo abrupto de mis apetitos y me sumergían en
un mar de torpezas» 4.
Aunque Agustín anhelaba liberarse de esta obsesión
sexual, aun así, solo la idea de privarse del placer feroz,
la lujuria del que era preso, le daba pavor. Con una sin-
ceridad abrasadora, acude a Dios y exclama: «Tú, Señor,
me trastocabas a mí mismo […] y poniéndome delante
de mi rostro para que viese cuán feo era, cuán defor-
me y sucio […]. Mas yo, joven miserable, sumamente
miserable, había llegado a pedirte en los comienzos de
la misma adolescencia la castidad, diciéndote: “Dame la
castidad y continencia, pero no ahora”, pues temía que
me escucharas pronto y me sanaras presto de la enferme-
dad de mi concupiscencia, que entonces más quería yo
saciar que extinguir» 5.
Hasta el mismo momento de su conversión, Agustín
se encuentra en un tumulto de indecisión: «Así enfermaba
yo y me atormentaba, acusándome a mí mismo más dura-
mente que de costumbre, mucho y queriéndolo, y revol-
viéndome sobre mis ligaduras, para ver si rompía aquello
poco que me tenía prisionero, pero que al fin me tenía […]
llenándome de mayor horror a medida que me iba acer-
cando al momento en que debía mudarme» 6. Entonces,
unos momentos más tarde, desde una casa cercana, Agus-
tín escucha «una voz, como de niño o niña» repitiendo un
canto sencillo: «Toma y lee, toma y lee». Decide interpre-
tar el canto como una llamada divina y coge su «libro de
la Escritura». El primer pasaje en el que posa su mirada lo

4
Confesiones, II, 2, 2: OCSA II, 48.
5
Ibid., VIII, 7, 16.17: OCSA II, 280-281.
6
Confesiones, VIII, 11, 25: ibid., 290-291.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 8 12/3/24 21:34


I. Agustín de Hipona en oración 9

golpea como un rayo: «No en comilonas y embriagueces,


no en lechos y en liviandades, no en contiendas y emula-
ciones sino revestíos de nuestro Señor Jesucristo y no cui-
déis de la carne con demasiados deseos» (Rom 13,13) 7.
De repente, Agustín es atravesado por la gracia, su mente
liberada de toda duda, su corazón inundado por una nueva
y radiante «luz de seguridad» 8.
Las Confesiones, compuesta entre 397 y 401, es una
única obra que consta de trece libros. El título se refiere
tanto a una confesión de pecados como a la confesión de
alabanza, una declaración de confianza y fe en el Dios
vivo. Nunca antes en la historia había aparecido ningu-
na obra de esta índole. Deja al descubierto el corazón
interior de un hombre en particular en su búsqueda de
Dios, pero no es meramente una obra autobiográfica.
De hecho, desde la primera página hasta la última, es
más bien una meditación dirigida directamente a Dios.
¿Cómo hemos de explicar este fenómeno? ¿A qué de-
bemos esta nueva forma dinámica de biografía personal
salpicada tan inusitadamente, tan inesperadamente, de
oraciones?

1. El descubrimiento de los salmos

Cómo me inflamaba en ti
con ellos [salmos] y me encendía 9

Los salmos impactaron a Agustín por primera vez


cuando se encontraba en Cassiciacum. Un salmo en
7
Ibid., 12, 25: ibid., 178.
8
Ibid.
9
Ibid., IX, 4, 8: ibid., 308.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 9 12/3/24 21:34


10 El viaje en Dios

­particular, Salmo 4, captó la atención del joven conver-


so. La oración comienza: «Escúchame cuando te invoco,
Dios de mi justicia […] ten piedad de mí y escucha mi
oración». Al leer estas palabras ante la presencia de Dios,
Agustín fue profundamente sacudido: «Me horroricé de
temor y a la vez me enardecí de esperanza y gozo en tu
misericordia, ¡oh Padre!» 10. A partir de entonces, Agus-
tín se convirtió en un lector apasionado de los salmos,
y por esa razón se encuentran citadas una y otra vez en
las Confesiones: «¡Qué voces, sí, te daba en aquellos sal-
mos y cómo me inflamaba en ti con ellos y me encendía
en deseos de recitarlos, si me fuera posible, al mundo
entero» 11.
Con el paso del tiempo, este deseo tomó la forma de
un comentario extraordinario de los salmos, las Enarra-
ciones. Agustín trabajó en la exégesis durante casi trein-
ta años. Es su obra más extensa y completa con creces.
Al igual que las Confesiones, contiene muchas oraciones
memorables de Agustín. Pero contiene también un tesoro
de sabiduría que no se encuentra en las Confesiones, en
concreto, una serie de enseñanzas profundas sobre el rezo
casi sin parangón en la tradición. Agustín, impactado por
una frase breve de Salmo 50: «Enseñaré a los malvados
tus caminos», exclama de inmediato: «Yo, malvado, en-
señaré a los malvados, sí, yo que también fui malvado, y
que ahora ya no lo soy» 12.
De innumerables maneras, Agustín vio su propia vida
reflejada en los salmos e incitaba a los demás para que
hicieran el mismo descubrimiento. Ante una reflexión del

10
Confesiones, VIII, 4, 9: ibid., 309.
11
Ibid., 4, 8: ibid., 308.
12
Salmo 50, 18: OCSA XX, 646.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 10 12/3/24 21:34


I. Agustín de Hipona en oración 11

Salmo 123, por ejemplo, escribió: «Oíd como si os oye-


seis a vosotros mismos, oíd como si os contemplaseis en
el espejo de las Escrituras» 13.
El modo intenso y agitado que tienen los salmos de
pasar de un nivel de discurso a otro y la forma que tienen
de dotar de nombres y explorar los temores humanos,
las alegrías, las lamentaciones y ansias, encontró un eco
fuerte e inmediato en el alma del joven Agustín. Tras
volcarse en un salmo tras otro, empezó a sentirse re-
conocido, interpretado, comprendido. Es más, descubrió
que leer los salmos, orar los salmos, era trans­formador,
no solo porque elevaba su mente a nuevos niveles de
entendimiento, sino que también curaba algunas de las
heridas más profundas de su corazón. Por eso, en su
comentario del Salmo 30, ofrece el siguiente consejo:
«Si el salmo ora, orad; si el salmo gime, gemid; si se
congratula, alegraos; si espera, esperad; si teme, temed.
Porque todo lo que aquí está escrito es como un espejo
para nosotros» 14.
Agustín estaba convencido de que la voz que escu-
chamos en los salmos no es solo la del salmista; también,
en ocasiones, es la de Jesucristo: «Ora por nosotros como
sacerdote nuestro; ora en nosotros en cuanto cabeza nues-
tra, y nosotros oramos a él como Dios nuestro. Reconoz-
camos, pues, también en él nuestras propias voces y la
suya en nosotros» 15. Los salmos, de manera progresiva,
deben impactarnos en todos los niveles de nuestro ser.
Agustín declara: «No cante tu voz únicamente las alaban-
zas de Dios, sino que tus obras concuerden con ella» 16, de
13
Salmo 123, 3: OCSA XXII, 290.
14
Salmo 30, sermón 3, 1: OCSA XIX, 409.
15
Salmo 85, 1: OCSA XXI, 216.
16
Salmo 146, 2: OCSA XXII, 800.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 11 12/3/24 21:34


12 El viaje en Dios

nuevo, de igual modo, comenta: «¿Quieres que sea grata


la alabanza a tu Dios? No interrumpan las malas costum-
bres tus buenos cánticos» 17.

2. Una voz de ánimo

Sea tu médico, el que asumió tus heridas por ti 18

A menudo la carga de culpabilidad que sienten los


pecadores es tan pesada que creen que será imposible
que Dios les perdone tantas faltas. Agustín, basándose
en su propia experiencia, se identificaba perfectamente
con este sentimiento. Por eso se toma la molestia de ci-
tar estas líneas del Salmo 33: «Entonces acércate a él y
quedarás radiante, y tu rostro no se avergonzará» 19. Pero
al oír esta afirmación, Agustín supone que seguramente el
pecador aún no creerá que Dios pueda perdonarle. De
ahí el diálogo que sigue:
—¿Cómo me acerco a él? Estoy cargado de tantas
maldades, de tantos pecados, mi conciencia me acu-
sa de tantos delitos, ¿cómo tendré el atrevimiento de
acercarme a Dios?
—¿Cómo? Si te humillas y haces penitencia.
—Pero yo, dices, me avergüenzo de hacer penitencia.
—Entonces acércate a él y quedarás radiante, y tu ros-
tro no se avergonzará. […] Grita tú, pobre, y el Señor
te escuchará 20.

17
Salmo 146, 3: ibid., 802.
18
Salmo 42, 7: OCSA XX, 394.
19
Salmo 33, sermón 2, 11: OCSA XIX, 35.
20
Ibid., 35-36.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 12 12/3/24 21:34


I. Agustín de Hipona en oración 13

De nuevo, en otro lugar, Agustín nos permite escu-


char la voz del pecador atormentado. Cita primero la sú-
plica del Salmo 130: «Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor escucha mi voz». Agustín escribe: «¿Desde dónde
clama? Del profundo. ¿Quién clama? El pecador, ¿Con
qué esperanza clama? Con esperanza firme, porque el que
vino a perdonar los pecados, dio esperanza al pecador
colocado en el abismo» 21. Pero para que una fe tan tre-
menda penetre profundamente en el torrente sanguíneo y
prenda fuego al corazón, hace falta tiempo. Así podemos
razonar las vueltas que daba en el diálogo dramático que,
en ocasiones como esta, pueden darse en la mente del
pecador:
—¿Pero es que tienes la osadía, pecador infame, de
pedirle algo a Dios? ¿Tienes la osadía de esperar
contemplar a Dios, hombre débil y de sucio co­
razón?
—Claro que la tengo —dice—, no por mis méritos
personales, sino basado en la dulzura del Señor; no
por fanfarronería propia, sino por la garantía que él
me brinda 22.
El periodo inmediatamente después de la conver-
sión es uno de bendición y alegría manifiesta. El in-
dividuo descubre que, con la ayuda de Dios, él o ella
puede empezar a vivir la vida con virtud, y eso conlle-
va una gran sensación de bienestar. Pero en ocasiones
esta nueva ligereza de espíritu podría ser socavada por
la autocomplacencia o la presunción. Agustín escribe:
«Y después de la penitencia, cuando ya haya comenzado

21
Salmo 129, 2: OCSA XXII, 400.
22
Salmo 26, 2, 10: OCSA XIX, 310.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 13 12/3/24 21:34


14 El viaje en Dios

a vivir correctamente, aún tiene que pensar en no atri-


buirse las buenas obras, sino en dar gracias a aquel por
cuya gracia llegó a vivir bien, puesto que él lo llamó y
lo iluminó» 23. Necesita, en otras palabras, ser humilde,
no soberbio. Mas es a los «párvulos» 24, anota Agustín
en su comentario al Salmo 118, a quien Dios imparte
su «luz y entendimiento». «¿Quién es el párvulo?» pre-
gunta Agustín; y responde: «El humilde y débil» 25, es
decir, las personas que son pobres en espíritu como el
publicano, no soberbios como el fariseo.
A estas alturas de su comentario, Agustín empieza a
recordarnos —es asombroso desvelarlo— a santa Teresa
de Lisieux. Con esto en mente, lo escuchamos afirmar:
«Pero, no pudiendo hacer cosas fuertes el débil, ni gran-
des el pequeño, abrió su boca, confesando que él por sí
mismo no las haría, y aspiró para hacerlas. Abrió su boca
[…] bebió el Espíritu bueno para cumplir el mandamien-
to […] que no podía cumplir por sí mismo» 26. Según
explica Agustín, el objetivo paradójico de este proceso
—la esperanza del Evangelio— es «hacerte, de grande,
pequeño», o sea, de una persona arrogante y auto justi-
ficante, a alguien realmente humilde y pobre de espíritu.
Es en base a aquella visión que Agustín, con confian-
za teresiana, puede declarar con audacia: «Sean todos
pequeños» 27.
Lo que llega a ser casi obsesión en la obra de Agustín
es el tema del anhelo. Nos incita a pensar en lo podero-
sos que son nuestros deseos. «Hay quienes tienen sed,
23
Salmo 93, 15: OCSA XXI, 455.
24
N. del T.: «pequeños».
25
Salmo 118, 27, 3: OCSA XXII, 172.
26
Ibid., 27, 4: ibid., 173-174.
27
Ibid., 118, 27, 3: ibid., 174.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 14 12/3/24 21:34


I. Agustín de Hipona en oración 15

pero no de Dios. […] Ved cuántos deseos se albergan en


los corazones de los hombres […] el deseo hace arder
a todos los hombres». Sin embargo, añade: «Pero ape-
nas se halla uno quien diga: “Mi alma ha tendido sed de
ti”» 28. Orar, más que cualquier otra cosa, nos da alas para
abandonar el mundo de distracciones superficiales, des-
cender hasta la raíz del anhelo, y allí comenzar a «gozar
de la dulzura del Señor» (Sal 27,4). Agustín escribe estas
palabras iluminadoras: «Si quieres ser amador de Dios,
quiérelo suspirando por él sincera, profunda y castamen-
te; ámalo, arde en deseos de él y suspira por él, pues no
hay nada más gozoso, nada mejor, nada más alegre y
más duradero que él. ¿Hay algo que dure más que lo que
es eterno?» 29. En todas la obras de Agustín, quizá la des-
cripción del enamoramiento de Dios más conmovedora,
la más cautivadora, son estas líneas del Libro X de las
Confesiones: «¡Tarde te amé, belleza tan antigua y tan
nueva, tarde te amé! Y he aquí que tú estabas dentro de
mí y yo fuera, y por fuera te andaba buscando; y deforme
como era, me lanzaba sobre las bellezas de tus criaturas.
Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo. Me re-
tenían alejado de ti aquellas realidades que, si no estu-
viesen en ti, no serían. Llamaste y clamaste, y rompiste
mi sordera; brillaste y resplandeciste, y ahuyentaste mi
ceguera; exhalaste tu fragancia y respiré, y ya suspiro
por ti; gusté de ti, y siento hambre y sed; me tocaste, y
me abrasé en tu paz» 30.

28
Salmo 62, 5: OCSA XXI, 56.
29
Salmo 85, 8: ibid., 851.
30
Confesiones, X, 27, 38: OCSA II, 385.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 15 12/3/24 21:34


16 El viaje en Dios

3. La conversión continua de Agustín

¡Cuántos deleites ilícitos conmueven el corazón! 31

El décimo libro de las Confesiones que contiene el


célebre pasaje «¡Tarde te amé!», también contiene otras
oraciones no menos elocuentes de la alegría recién des-
cubierta que Agustín siente ahora al contemplar a Dios.
Leemos, por ejemplo: «Algunas veces me introduces
en un afecto muy inusitado, en una no sé qué dulzura
interior, que si se completase en mí, no sé ya qué será
lo que no es esta vida» 32. Aquí, la historia extraordi-
naria de la odisea de Agustín hacia Dios, parece haber
llegado por fin a una conclusión serena y feliz. Por la
gracia de Dios, el gran pecador se ha convertido en un
gran santo. El hombre que antes estaba tremendamente
afligido por la tentación sensual y la debilidad humana,
ahora se encuentra en la luz y la alegría de la presencia
de Dios.
Ciertamente, es una imagen positiva y feliz, y una
imagen verdadera hasta donde llega. Pero de ninguna
manera alcanza la historia entera. Porque, inmediata-
mente después de hablar de su experiencia contemplati-
va de «gozo interior», Agustín escribe: «Pero con el peso
de mis miserias vuelvo a caer en estas cosas terrenas y a
ser reabsorbido por las cosas acostumbradas, quedando
cautivo en ellas. Mucho lloro, pero mucho más soy de-
tenido por ellas. ¡Tanto es el poder de la costumbre!» 33.
Al reflexionar sobre la experiencia post conversión de
Agustín, el papa Benedicto XVI, sin duda teniendo pre-
31
Salmo 146, 6: OCSA XXII, 806.
32
Confesiones, X, 40, 65: OCSA II, 414.
33
Ibid.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 16 12/3/24 21:34


I. Agustín de Hipona en oración 17

sente pasajes como el citado, hace una observación agu-


da y reveladora:
San Agustín, en el momento de su conversión, pen-
saba que ya había llegado a la cumbre de la vida con
Dios […]. Luego comprendió que también el cami-
no posterior a la conversión sigue siendo un camino
de conversión 34.
Lo que Agustín descubrió en su madurez, fue que, en
la lucha diaria por seguir a Cristo, debemos aprender a
aceptar nuestra fragilidad, permaneciendo en el ca-
mino, siguiendo adelante sin rendirnos […] convir-
tiéndonos constantemente 35.
Cuando en una ocasión invitaron a Agustín a dar una
serie de charlas en Cartago, su público debió de quedarse
atónito al oír al gran y renombrado obispo declarar: Aquí
fue donde viví mal, lo confieso; y así como me gozo en
la gracia de Dios, ¿qué voy a decir de mis pecados pasa-
dos? ¿Me duelo de ellos? Lo haría si todavía estuviese
en ellos». Responde él mismo de inmediato: «¡Ojalá no
hubiera jamás estado en tal situación! […] Hay todavía
cosas que censurar en mí. […] Tengo que esforzarme
mucho para controlar mis pensamientos, luchando con-
tra las malas inclinaciones que me vienen» 36.
Según Agustín, todo ser humano, incluso los gran-
des santos, aunque no caiga ante la incitación del pe-
cado grave, experimenta, no obstante, lo que llama

34
Benedicto XVI, Encuentro con los seminaristas en la visita
al Seminario Mayor Romano (17-2-2007).
35
Ibid.
36
Salmo 36, sermón 3, 19: OCSA XX, 206.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 17 12/3/24 21:34


18 El viaje en Dios

«deseos del pecado» 37. Y por eso no rehúsa declarar:


«También los que andan en los caminos del Señor di-
cen: “Perdónanos nuestras deudas”» 38. Por consiguien-
te, tanto al santo como al pecador, Agustín se atreve
a decir: eres humano: «Seas quien seas, eres hombre;
aunque seas justo, eres hombre; aunque seas seglar, o
monje, o clérigo, u obispo, o apóstol, hombre eres. Es-
cucha la voz de un apóstol: Si decimos que no tenemos
pecado, nos engañamos a nosotros mismos. ¿Quién
dijo esto? Aquel, aquel, aquel Juan, el evangelista, a
quien el Señor amaba más que a los otros, el que repo-
saba en su pecho (cf. Jn 21,20); aquel se expresa así: Si
decimos. No escribió: «Si decís que no tenéis pecado»,
sino: Si decimos que no tenemos pecado, nos engaña-
mos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros
(1 Jn 1,8). Se asoció en la culpa, para hallarse asociado
también en el perdón 39.
Con respecto a la cuestión de aquellos pecados in-
voluntarios que, en palabras de John Henry Newman,
«surgen de nuestros antiguos hábitos pecaminosos»,
Newman comenta de una forma cándida y directa, digna
de Agustín:
No podemos librarnos del pecado cuando quisié-
ramos; aunque nos arrepintamos, aunque Dios nos
perdone, el pecado aún mantiene su poder sobre
nuestras almas, en nuestros hábitos, y en nuestra
memoria. Ha dado color a nuestros pensamientos,
palabras, y obras; y aunque, con mucho esfuerzo,

37
Salmo 118, sermón 3, 1: OCSA XXII, 24.
38
Ibid., 3, 2: ibid., 25.
39
Sermón 114, 4: OCSA X, 1047-1048.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 18 12/3/24 21:34


I. Agustín de Hipona en oración 19

quisiéramos purgarnos del pecado, aún no es posi-


ble sino de manera progresiva 40.
La lucha por la santidad de la vida, la pureza de la
vida, de ninguna manera es disminuida por esta obser-
vación sincera y sensata. Mientras nos enfrentamos a las
pruebas y luchas de la vida espiritual, ambos santos nos
instan a no quedarnos paralizados de miedo ante la idea
de nuestra debilidad humana. El verso «¿Por qué estás
triste, alma mía, y por qué me turbas» suscita el siguiente
comentario de Agustín: «¿Por qué estás temerosa por tus
pecados, ya que no puedes evitarlos todos?» 41. Entonces
cita la línea, «espera en el Señor, que voy a alabarlo»
y declara que «estas palabras sanan algunas cosas» y,
con el tiempo, el pecado que queda, «lo purifica una fiel
confesión» 42.
Pasajes como este en los escritos de san Agustín son
indudablemente útiles y alentadores, pero es el testimo-
nio de su vida lo que aporta la mayor esperanza al pe-
cador que se esfuerza. Y la esperanza es precisamente
por lo que rezaba Agustín con tanta frecuencia y de una
manera tan conmovedora: «¡Oh, Dios y Señor nuestro!
Esperemos al abrigo de tus alas y protégenos y llévanos.
Tú llevarás, sí. Tú llevarás a los pequeñuelos, y hasta
que sean ancianos tú los llevarás, porque nuestra firme-
za, cuando eres tú, entonces es firmeza; mas cuando es
nuestra, entonces es debilidad. Nuestro bien vive siempre
contigo, y así, cuando nos apartamos de él, nos perver-

40
John Henry Newman, «Sins of Infirmity», Sermon 15, 2, en
Parochial and Plain Sermons, 5 (Longman, Green and Co., Londres
1891) 212-223.
41
Salmo 42, 7: OCSA XX, 393-394.
42
Ibid.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 19 12/3/24 21:34


20 El viaje en Dios

timos. ­Volvamos ya, Señor, para que no nos apartemos,


porque en ti vive sin ningún defecto nuestro bien» 43.
En este breve capítulo, hemos podido abordar solo
uno o dos de los temas en la obra de san Agustín. Pero
la voz del santo, aunque nos llega desde un mundo del
pasado lejano, nos habla con una honestidad tan osada
y con tal peso de experiencia, que aún hoy conlleva un
mensaje iluminado y eminentemente ­prác­tico para todos
los que intentamos orar y seguir el camino del Evange-
lio. El papa Benedicto observó: «Cuando leo los escritos
de san Agustín, no tengo la impresión de que se trate de
un hombre que murió hace más o menos mil seiscientos
años, sino que lo siento como un hombre de hoy: un ami-
go, un contemporáneo que me habla, que nos habla con
su fe lozana y actual» 44. Agustín de Hipona no es solo un
gran autor; es un vivo testigo de lo que enseña y predica.
Por eso, con una fuerza y elocuencia sin igual en la Tra-
dición, es capaz de alertar tanto santos como pecadores
de lo que el papa Benedicto llama la gracia humilde y
necesaria de «la actualidad permanente de su fe» 45.

Confesiones, IV, 16, 31: OCSA II, 133.


43

Benedicto XVI, Audiencia general (16-1-2008).


44
45
Íd., Encuentro con los seminaristas en la visita al Seminario
Mayor Romano (17-2-2007).

04._Apuntes sobre la oració[Link] 20 12/3/24 21:34


Capítulo II
TERESA DE ÁVILA EN ORACIÓN

Recuperad, Dios mío, el tiempo perdido


con darme gracia en el presente 1

1. Un retrato de la santa

A lo largo de los últimos cuatrocientos años, artistas,


historiadores, y teólogos han intentado producir —bien
con palabras o a través del arte— un retrato de santa Te-
resa de Ávila. Uno de los retratos fue completado du-
rante la vida de Teresa. El artista, un pintor concienzudo
bastante mediocre, era un fraile italiano que se llamaba
Juan de la Miseria. Encontramos la ejecución del cuadro
descrito con detalle por el amigo carmelita de Teresa,
Jerónimo Gracián: «Fraile Juan le dijo que posara con
cierto semblante en el rostro y la reñía cuando ya no po-
día contener la risa y perdía la expresión que él quería
retratar» 2. El resultado, no era de extrañar, fue decep-
cionante. A pesar de los mayores esfuerzos de Juan por

Exclamaciones, 4, 3: 638. [N. del ed.: Las citas de las obras


1

de santa Teresa de Jesús están tomadas de Santa Teresa de Jesús,


Obras completas (BAC, Madrid 92023), añadiendo la página corres-
pondiente después de (:)].
2
Jerónimo Gracián de la Madre de Dios, La peregrinación de
Anastasio, cit. en E. Lorenz, Teresa of Avila and Father Gracián:
The Story of an Historic Friendship (Gracewing Publishing,
Leominster 2012) 82.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 21 12/3/24 21:34


22 El viaje en Dios

pintar y los grandiosos esfuerzos de Teresa por sentarse


quieta, en la opinión de Gracián, «el retrato no captaba
el encanto y la gracia natural en la expresión de la santa
Madre». Teresa misma, cuando vio el cuadro, comentó
con ingenio satírico y exuberante: «Que Dios te perdone,
fray Juan, primero por hacerme padecer tanto, y después
por pintarme tan fea y legañosa» 3.
Afortunadamente, a lo largo de los siglos, solo unos
pocos esfuerzos de artistas y teólogos por retratar a Te-
resa han terminado en una ejecución tan desafortunada
como el cuadro del fraile Juan. A veces me pregunto, sin
embargo, si Teresa sería capaz de reconocerse a sí misma
y su obra en varios de los tomos eruditos y voluminosos
que se han escrito sobre su camino espiritual único. Pero
en lugar de cargar toda la culpa a los teólogos, hay que
reconocer que cualquier intento de definir la figura de
Teresa y su obra por parte de los relatores está casi desti-
nado al fracaso. Tan distintivo, tan original es su espíritu,
carácter, personalidad, humor y santidad, que Teresa no
se ajusta a definición alguna.
Por la fuerza de su carácter, por la audacia de su acti-
vidad como fundadora, y por su excepcional habilidad de
escribir y hablar en profundidad sobre el tema de la ora-
ción, Teresa dejaba asombrados a sus contemporáneos.
Pero no todos se dejaban impresionar. Lejos de celebrar
su energía extraordinaria y talento, hubo ciertas personas
que se opusieron abiertamente a su labor y a sus ense-
ñanzas. Insistían en que, como mujer, no tenía ningún
derecho a salir de la clausura, invocando como autoridad
la declaración de san Pablo en la Primera Carta a los
Corintios: a las mujeres «no les está permitido hablar,

3
Ibid.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 22 12/3/24 21:34


II. Teresa de Ávila en oración 23

más bien, que se sometan como dice incluso la ley» (1


Cor 14,34). Teresa, preocupada por si de alguna manera
no estuviera desempeñando la voluntad de Dios, recurrió
a Dios en oración. La respuesta que recibió, a través de
la revelación privada, la atravesó de forma tan punzante
y repentina como una espada de doble filo: «Diles que
no se sigan por sola una parte de la Escritura, que miren
otras, y que si podrán por ventura atarme las manos» 4.
Siglos después de su muerte, de alguna manera, Te-
resa aún fue capaz de sorprender a la Iglesia y al mundo.
Antes del año 1970, ninguna mujer había sido nombrada
doctora de la Iglesia. Por eso, en 1967, el apartado sobre
«Doctor de la Iglesia» en The New Catholic Encyclope-
dia dice: «No es probable que ninguna mujer sea nom-
brada doctora de la Iglesia por el vínculo que existe entre
este título y el magisterio de la Iglesia que está circuns-
crita a los varones» 5. Sin embargo, apenas tres años más
tarde, el 27 de noviembre del 1970, el papa Pablo VI in-
cluyó a Teresa entre los doctores de la Iglesia. Habló de
ella no solo como una profesora extraordinaria de «los
secretos de la oración», sino también como «escritora
genial y fecunda, como maestra de vida espiritual, como
contemplativa incomparable» 6. Si nos preguntamos
cómo llegó Teresa a adquirir los «secretos» de la ora-
ción en tanta profundidad, Pablo VI nos responde en una
frase reveladora: «Ella tuvo el privilegio y el mérito de
conocer estos secretos por vía de la experiencia» 7.

Cuentas de conciencia, 16: 601.


4

B. Foreshaw, «Doctor of the Church», en The New Catholic


5

Encyclopedia, 4 (Nueva York 1967) 938-939.


6
Pablo VI, Homilía en la proclamación de Santa Teresa de
Jesús como Doctora de la Iglesia (27-9-1970).
7
Ibid.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 23 12/3/24 21:34


24 El viaje en Dios

Quizá la imagen más icónica de Teresa es la célebre


escultura de san Gian Lorenzo Bernini. Erguido ante Tere-
sa, mientras ella se desvanece en éxtasis, vemos un ángel
joven y brillante que sostiene en la mano derecha una fle-
cha ardiente, la que suponemos que unos momentos antes
había clavado profundamente en el corazón de la visiona-
ria. Este encuentro dramático con el ángel se deriva de un
episodio descrito por Teresa en el Libro de la vida. Cuan-
do por fin la flecha es extraída, Teresa escribe: «Al sacarle,
me parecía las llevaba consigo y me dejaba toda abrasada
en amor grande de Dios» 8. La Teresa que presenciamos
aquí es la santa mística, la seráfica, una mujer de oración
tan agraciada con visiones y éxtasis extraordinarias, que
su relato de estos sucesos deja a sus lectores sin aliento del
asombro. Pero la obra de Teresa —sus escritos— revelan
también a otra Teresa, una figura tan humilde, tan huma-
na, tan falible a veces en sus esfuerzos tempranos para
concentrarse en momentos de oración, que es difícil dar
crédito al hecho de que sean una misma persona. Aquí nos
centraremos en esta Teresa de su etapa temprana.

2. Un método humilde de oración para mentes


rebeldes

Mas de lo que querría tratar y dar algún remedio, si el Señor


quisiese acertase […] es esto, hay unas almas y entendimientos
tan desbaratos como unos caballos desbocados 9

La joven Teresa disponía de una cantidad tremenda


de información sobre el tema de la oración. Pasaron
8
Libro de la vida, 30, 13: 158.
9
Camino de perfección (Códice de Valladolid), 19, 2: 311.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 24 12/3/24 21:34


II. Teresa de Ávila en oración 25

varios años, sin embargo, antes de que llegara a dar-


se cuenta de cuál sería, para ella, la mejor manera de
avanzar. Al escribir Camino de perfección señala que
«para entendimientos concertados y almas que están
ejercitadas y pueden estar consigo mesmas, hay tantos
libros escritos y tan buenos» 10. Pero la mente de san-
ta Teresa no era de esa índole o carácter. Ella escribe:
«Pasé muchos años por este trabajo de no poder sosegar
el pensamiento en una cosa —y es lo muy grande—» 11.
Lejos de ser tranquila y metódica al abordar la oración,
Teresa era una de aquellas personas cuyas mentes esta-
ban «tan desbaratadas como unos caballos desbocados
que no hay quien los haga parar: ya van aquí, ya van
allí, siempre con desasosiego» 12. Incluso dice que ocu-
rre «en tanto extremo que, si quieren detenerle a pensar
en Dios, se les va a mil vanidades y escrúpulos y dudas
en la fe» 13.
El método de oración que con el tiempo desarrolló
Teresa para ayudar a encaminar la mente distraída a cen-
trarse en Dios, implica dos cosas: primero recitar una
oración vocal como el Padrenuestro; segundo, la prác-
tica de la presencia de Dios. Ella escribe: «Tenía este
modo de oración: que, como no podía discurrir con el
entendimiento, procurava representar a Cristo dentro de
mí, y hallávame mijor −a mi parecer− de las partes a
donde le vía más solo» 14. Apoyándose en conocimien-
tos a partir de su propia experiencia, Teresa ofrece el si-
guiente consejo: «Si hablare, procurar acordarse que hay
10
Ibid., 19, 1: ibid.
11
Ibid., 26, 2: 341.
12
Ibid., 19, 2: 311-312.
13
Ibid., 17, 3: 303-304.
14
Libro de la vida, 9, 4: 64.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 25 12/3/24 21:34


26 El viaje en Dios

con quien hable dentro de sí mesmo; si oyere, ­acordarse


que ha de oír a quien más cerca le habla» 15.
Claro, nada de esto será fácil al principio, ni mucho
menos. Pero no impide que Teresa declare: «Por eso,
hermanas, por amor del Señor, os acostumbréis a rezar
con este recogimiento el Paternóster y veréis la ganan-
cia antes de mucho tiempo» 16. De igual modo: «Sólo os
ruego lo provéis, aunque os sea algún travajo, que todo
lo que no está en costumbre le da más. Mas yo os asi-
guro que antes de mucho os sea gran consuelo entender
que sin cansaros a buscar adonde está este santo Padre
a quien pedís, le halléis dentro de vos» 17.

3. Recuperando el tiempo perdido

Pues si a cosa tan ruin como


yo tanto tiempo sufrió el Señor […]
¿qué persona, por malo que sea, podrá temer? 18

El camino de Teresa hacia Dios está marcado por una


serie de maravillas casi inimaginables, veloces vuelos de
éxtasis, espacios de quietud y silencio, visiones de belle-
za sublime, heridas de dolor y alegría extáticas. Con el
paso de los años, académicos y autores han reflexiona-
do sobre los pasos y las etapas de este elevado camino
místico y han ofrecido percepciones que iluminan y sir-
ven de ayuda. Pero aquí, nuestro objetivo inmediato se
centra en algo más humilde, más básico, en concreto, en

15
Camino de perfección (Códice de Valladolid), 29, 8: 358.
16
Ibid. (Códice de El Escorial), 50, 2: 357.
17
Ibid.
18
Libro de la vida, 8, 8: 62.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 26 12/3/24 21:34


II. Teresa de Ávila en oración 27

descubrir los consejos prácticos que Teresa ofrece al


individuo desalentado a quien la tarea de oración le re-
sulta difícil e ingrato.
Cuando era una joven monja, lo que más desazón
le provocaba era la hora de la meditación: «Muy mu-
chas veces, algunos años, ¡tenía más cuenta con desear
se acabase la hora que tenía por mí de estar, y escuchar
cuando dava el relox, que no en otras cosas buenas» 19.
Es más, tan profunda era la tristeza que sentía «entrando
en el oratorio» que tenía que reunir «todo su ánimo» para
pasar por la puerta. Lo que hacía que la tarea fuera tan
difícil no era el simple reto de mantenerse concentrada
en la oración, sino su dolorida consciencia de la persis-
tencia de ciertos pecados en su vida. ¿Cómo se atrevía
a aparecer ante la presencia de Aquel a quién ella sentía
que traicionaba constantemente? Teresa escribe: «Digo
ánimo, porque no sé yo para qué cosa, de cuantas hay en
él, es menester mayor que tratar traición a el rey y saber
que lo sabe y nunca se le quitar de delante» 20.
Teresa reconoce que durante más de «dieciocho
años», esta situación permanecía sin resolver: «Pues
para lo que he tanto contado esto es para que se entienda
el gran bien que hace Dios a un alma que la dispone para
tener oración con voluntad, aunque no esté tan dispuesta
como es menester […] por pecados y tentaciones y caí-
das de mil maneras […] en fin, tengo por cierto la saca el
Señor a puerto de salvación, como, a lo que ahora pare-
ce, me ha sacado a mí. Plega a Su Majestad no me torne
yo a perder» 21.

19
Ibid., 8, 7: 62.
20
Ibid., 8, 2: 60
21
Ibid., 8, 4: 60.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 27 12/3/24 21:34


28 El viaje en Dios

Cuando Teresa mira las numerosas oportunidades


que le fueron otorgadas en el pasado y reflexiona sobre
los años desperdiciados intentando evitar la presencia de
Aquel que la buscaba, lo que la impacta con más contun-
dencia es la realidad de la paciencia de Dios: «¡Oh bon-
dad infinita de mi Dios! [...] ¡Cuán cierto es sufrír por vos
a quein no os sufre que estéis con él! ¡Oh qué buen amigo
hacéis, Señor mío, cuando le vais regalando y sufriendo y
esperais aque se haga a vuestra condición, y tan de mien-
tras le sufris vos la suya! Tomáis en cuenta, mi Señor, los
ratos que os quiere y con un punto de arrepentimiento
olvidais lo que os ha ofendido. He visto esto claro por
mí, y no veo, Criador mío, por qué el mundo entero no se
procure llegar a vos por esta particular amistad» 22.
Los favores místicos y las consolaciones que recibió
Teresa, fueron, entre otras cosas, los sucesos que más la
dieron a conocer, Los favores místicos y las consolacio-
nes que recibió Teresa, fueron, entre otras cosas, los su-
cesos que más la dieron a conocer, y no era, por sus prin-
cipios, escéptica de tales fenómenos. Al contrario, ella
creía que este tipo de favores habían fortalecido su fe y
amistad con Dios. Pero Teresa jamás cometió el error de
equiparar tales fenómenos con la realidad de la verdade-
ra unión con Dios. Teresa escribe: «No está el amor de
Dios en tener lágrimas, ni estos gustos y ternuras, que
por la mayor parte los deseamos y consolámonos con
ellos, sino en servir con justicia y fortaleza de ánimo y
humildad» 23. En esta vida, pocos cristianos creyentes
experimentarán los favores extraordinarios tan vívida-
La vida de la Santa Madre Teresa de Jesús… escrita por ella
22

misma, 8, en Escritos de Santa Teresa, I (M. Rivadeneyra, Madrid


1861) 39.
23
La vida de la Santa Madre Teresa de Jesús…, 11, en ibid., 45.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 28 12/3/24 21:34


II. Teresa de Ávila en oración 29

mente descritos por Teresa. Pero, con respecto a experi-


mentar en la fe las vivas aguas de oración, en cuanto a la
verdadera unión contemplativa con Dios, Teresa declara
gozosa: «Mirad que convida el Señor a todos» 24. En el
fondo, para Teresa la oración es algo muy sencillo «por-
que no es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino
tartar de amistad, estando muchas veces tratando a solas
con quien sabemos nos ama» 25.
Quienes deseen crecer en oración y contemplación
deben, según el entendimiento de Teresa, convertir sus
vidas a los estándares del Evangelio en la mayor medi-
da posible. Dirigiéndose a sus compañeros de contem-
plación, escribe en El castillo interior: «Es menester no
poner vuestro fundamento sólo en rezar y contemplar;
porque si no procuráis virtudes y hay ejercicio de ellas,
siempre os quedaréis enanas» 26. Sin embargo, esto no
implica que hasta no convertir sus vidas plenamente,
deberían ser desanimados hacia la oración. No, todo lo
contrario, tal como llegó a comprender Teresa con el
paso del tiempo. Cuando era una joven monja, desmora-
lizada en un momento dado por la persistencia de ciertos
pecados en su vida, decidió dejar de orar completamen-
te hasta que pudiera controlar su debilidad: «Nunca yo
pensava, dejava de estar determinada de tornar a la ora-
ción; mas esperava a estar muy limpia de pecados. ¡Oh,
qué mal encaminada iva en esta esperanza! Hasta el día
del juicio me la librava el demonio, para de allí llevarme
a el infierno» 27.

Camino de perfección (Códice de Valladolid), 19, 15: 319.


24

La vida de la Santa Madre Teresa de Jesús…, 8, en Escritos


25

de Santa Teresa, I, 39.


26
Castillo interior, 7, 10: 580.
27
Libro de la vida, 19, 11: 106.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 29 12/3/24 21:34


30 El viaje en Dios

Teresa buscó consejo de un fraile dominico, Vicente


Barrón, quien la incentivó enérgicamente a que conti-
nuara la oración y siguiera recibiendo la Eucaristía. «Él
me despertó de este ensueño», escribe Teresa, «y comen-
cé a tornar en mí» 28. Fue una lección que a Teresa no
se le olvidó nunca. Y eso, sin lugar a duda, es la razón
por la que encontramos a Teresa, con tanta recurrencia
en sus textos, instando a los que han vuelto a caer en el
pecado para que nunca abandonen la costumbre de rezar.
Según Teresa, nadie que ha empezado a practicar la ora-
ción, debe desmoralizarse y pensar: «Si torno a ser malo,
es peor ir adelante con el ejercicio de ella». Al contrario,
insiste Teresa, la situación empeorará mucho si se aban-
dona la oración. Sin embargo, si las personas mantienen
la fe en la costumbre de la oración, podrán estar seguros
de que, con el tiempo, la oración les guiará de seguro «a
puerto de luz» 29.
En una ocasión, mientras Teresa reflexionaba sobre
su vida pasada, se sintió conmovida a exclamar: «¡Oh,
qué tarde se han encendido mis deseos!» 30. Estaba me-
ditando con arrepentimiento sobre cuánto tiempo había
tardado en volverse hacia Dios, mientras que Dios, du-
rante tanto tiempo, había estado buscando capturar su
atención. Sin embargo, a pesar de su dolorosa conscien-
cia del «tiempo perdido» y a pesar del hecho de que la
gente suele decir «que el tiempo perdido no se puede
recuperar», Teresa, recordando a Cristo y la asombrosa
fuerza y de su compasión, se atreve a declarar: «Recu-
perad, Dios mío, el tiempo perdido» 31. Y reza: «¡Oh, Se-
28
Libro de la vida, 19, 12: 107.
29
Ibid., 19, 4: 104.
30
Exclamaciones, 4, 1: 637.
31
Ibid., 4, 2: 638.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 30 12/3/24 21:34


II. Teresa de Ávila en oración 31

ñor! confieso vuestro gran poder. Si sois poderoso, como


lo sois, ¿qué hay imposible al que todo lo puede?». Y de
nuevo: «Quered Vos, Señor mío, quered, que aunque soy
miserable, firmemente creo que podéis lo que queréis» 32.
Fortalecida tremendamente por esta reflexión, la oración
de Teresa concluye: «Recuperad, Dios mío, el tiempo
perdido con darme gracia en el presente […] pues si que-
réis podéis» 33.

32
Ibid.
33
Ibid.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 31 12/3/24 21:34


04._Apuntes sobre la oració[Link] 32 12/3/24 21:34
Capítulo III
TOMÁS DE AQUINO EN ORACIÓN

A ti, oh Dios, fuente de misericordia,


me acerco yo como pecador 1

1. Un teólogo de rodillas

Más conocido por sus exploraciones profundas y rigu-


rosas en los campos de la filosofía y la teología, el claro
objetivo de santo Tomás de Aquino como fraile predica-
dor era atraer a los demás a Cristo haciendo todo lo que
estaba en sus manos para comunicar la sabiduría salvífica
del Evangelio. De ninguna manera deseaba atraer atención
hacia su persona. Por esto mismo, en sus obras, evitaba
meticulosamente el uso de la palabra «yo». No obstante,
en los textos que han perdurado de santo Tomás en ora-
ción, detectamos que la palabra «yo» surge de sus labios de
manera natural. Al leer estas oraciones, estas Piae preces,
estamos escuchando, o más bien escuchando de manera in-
advertida, a su oración privada, la voz personal e individual
de un santo en oración, un privilegio nada despreciable.
A ti, oh Dios, fuente de misericordia,
me acerco yo como pecador,
para que os dignéis lavar mis manchas.

«Piae preces», en Opuscula theologica. 1: De re dogmatica et


1

morali (Marietti, Roma 1954) 289.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 33 12/3/24 21:34


34 El viaje en Dios

Oh sol de justicia, ilumina a los ciegos.


Oh sanador eterno, cuida de los heridos.
Oh Rey de reyes, vestid a este desnudo
Oh mediador entre Dios y los hombres,
reconcilia a los culpables.
Oh Buen Pastor, acoged a esta oveja descarriada
Dad, Dios mío, perdón a los criminales,
Vida a los muertos,
Justificación al pecador,
y la unción de vuestra gracia
a los endurecidos de corazón 2.
Para cualquiera que no haya tenido la oportunidad
de leer algunas de estas oraciones atribuidas al Doctor
Angélico, estas líneas de la Oratio pro peccatorum re-
missione («Oración por la remisión de los pecados»)
podrían resultar sorprendentes. En ellas, Aquino no está
escribiendo desde su papel de filósofo brillante y astuto,
ni como un grandioso y célebre teólogo dogmático; sino,
más bien, está rezando humildemente por los heridos,
los ciegos, los indigentes, los extraviados, los pecado-
res, y los duros de corazón. Y también está rezando por
sí mismo, «me immundum», un hombre impuro. Pero
¿realmente será Tomás? ¿No es renombrado de forma
universal como un gran santo? ¿No se distinguen los
santos de los pecadores por la santidad perfecta de sus
vidas? Santidad, sí, Tomás estaría de acuerdo, y «perfec-
to», también, siempre y cuando esto no implique que sea
«todo-perfecto».
«En cierta medida, todos albergamos pecado», de-
clara Tomás en sus conferencias sobre el Evangelio de

2
Ibid., 289.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 34 12/3/24 21:34


III. Tomás de Aquino en oración 35

Mateo 3. Y en otros escritos, comenta: «Ha habido algu-


nos tan presuntuosos que afirman que podríamos vivir
en este mundo y por nuestra propia voluntad, sin ayuda,
evitar el pecado. Sin embargo, este don solo ha sido otor-
gado a Cristo, que poseía al Espíritu sin medida, y la Vir-
gen Sagrada que es llena de gracia y sin pecado conce-
bida. […] A ningún otro santo ha sido otorgado este don
sin que incurriesen en el más mínimo pecado venial» 4.
Generalmente, desde la Baja Edad Media hasta el
presente, se ha aceptado que las oraciones atribuidas a
santo Tomás, las Piae preces, fueron efectivamente es-
critas por él. Por ejemplo, A. D. Sertillanges sostiene
que, sin lugar a duda, las preces han de catalogarse «bajo
la estimada autoría» de Aquino:
La profundidad y estructura de estos escritos guar-
dan una correspondencia tan estrecha con la doctri-
na, estilo, y flujo natural del pensamiento tomista,
que aquellos lectores más familiarizados con la obra
de Aquino son los menos propensos a dudar de su
autoría 5.
Esta convicción con respecto a la autoría de las pre-
ces, se vio confirmada de forma contundente con el des-
cubrimiento en 1987 de dos oraciones atribuidas al santo
incluidas en la primera Vita S. Thomae Aquinatis escrita
por su contemporáneo Guillermo de Tocco.

3
«From the Lectures on St Matthew», en S. Tugwell (ed.), Al-
bert and Thomas: Selected Writings (Nueva York 1988) 470-471.
4
«In orationem Dominicam videlicet “Pater Noster” expositio,
n. 1082, en Opuscula theologica. 2: De re spirituali (Marietti, Roma
1954) 231.
5
Cf. A. D. Sertillanges, Prières de Saint Thomas d’Aquin (E.
Lapalme, París 1920) 8.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 35 12/3/24 21:34


36 El viaje en Dios

La primera de estas oraciones, Adoro te devote, fue


compuesta por santo Tomás para asistir en la meditación
cuando se arrodilla ante Cristo Jesús presente en la eucaris-
tía 6. Generalmente es reconocida como la oración más pro-
funda y bella del santo. Comienza de la siguiente manera:

Adoro te devote, Adórote devotamente,


latens veritas, oculta Deidad,
te que sub his formis que bajo estas sagradas especies,
vere latitas. te ocultas verdaderamente.
Tibi se cor meun totum A ti mi corazón se somete
subicit, totalmente,
Quia te contemplans Pues al contemplarte, se siente
totum deficit. desfallecer por completo7.

Mientras medita en oración sobre el desafío y el mis-


terio de la fe, Tomás recuerda dos figuras humildes del
Evangelio: primero, el buen ladrón en la cruz y, segundo,
Tomás el Incrédulo. Al ser capaz, como ellos, de dar voz
a una fe tanto de corazón como humilde, declara: «Pido
lo que pidió el ladrón arrepentido». Luego se vuelve ha-
cia el Señor encarnado, y lleno de confianza meditada e
inspirada, declara: «Tus llagas no las veo, como las vio
Tomás; pero te confieso por Dios mío»8. 7
Lo impactante a lo largo de esta oración, y aún más
destacable en la sexta estrofa, es la voz personal y direc-

6
A diferencia de los himnos eucarísticos de Aquino, Adoro te
devote fue compuesto como un poema, una oración privada, no
como un himno. La música, que a menudo acompaña a la obra ac-
tualmente, fue añadida siglos después.
7
Conferencia Episcopal Española, Ritual de la sagrada comu-
nión y del culto a la eucaristía fuera de la misa, n. 217.
8
Ibid.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 36 12/3/24 21:34


III. Tomás de Aquino en oración 37

ta de anhelo. Tomás empieza la estrofa evocando la his-


toria mítica del pelícano que, por haberse auto lastimado
para alimentar a sus polluelos con su propia sangre vital,
llegó a simbolizar el amor sacrificial de Cristo en la cruz.
Inmediatamente llama la atención el anhelo manifiesto
de Tomás por experimentar ese amor redentor de manera
plena y personal. No conozco ninguna declaración de fe
más humilde y más conmovedora de todos los escritos
de Tomás:

Pie pellicane, Piadoso pelícano,


Jesu domine, Jesús Señor,
me immundum munda límpiame a mí, inmundo,
tuo sanguine, con tu sangre;
cuius una stilla salvum una de cuyas gotas puede
facere, limpiar
totum mundum posset omni al mundo entero de todo
scelere. pecado9.

2. Orar desde la necesidad 8

Lo que comparten la estrofa citada, Adoro te devote,


y las estrofas citadas anteriormente de Oratio pro pec-
catorum remissione, es que son plegarias, oraciones de
peticiones humildes. Tales oraciones podrían parecer po-
bres en comparación con los relatos vívidos del éxtasis
y arrobamiento que aparecen documentados en las vidas
y los escritos de los santos y místicos. Pero, para santo
Tomás, la plegaria —la oración de petición— está en el
mismo corazón de la oración cristiana, y eso es una ver-

9
Ibid.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 37 12/3/24 21:34


38 El viaje en Dios

dad constante a pesar de lo muy profundo y místico que


pueda tornarse la oración.
Pero ¿qué hay de las otras formas de oración cristia-
na, como la oración del silencio, la oración de alaban-
za, y la oración de acción de gracias? Todas estas son
formas genuinas de oración cristiana, pero no consti-
tuyen tan esencialmente como la plegaria una parte de
esta vida de anhelo y necesidad. Podríamos afirmar que
todas están arraigadas y fundamentadas en la súplica.
Por consiguiente, incluso en la oración de alabanza, por
ejemplo, nos encontramos con un reconocimiento im-
plícito de necesidad, es decir, encontramos en ella una
oración de necesidad. Dios, el Objeto divino de ala-
banza es, a la vez, el Sujeto, el Espíritu que reza dentro
de nosotros y está intercediendo por nosotros cuando
no sabemos cómo orar o cómo alabar. Solo con nues-
tros propios esfuerzos, nunca podremos esperar alabar
adecuadamente a Aquel que es «más grande que toda
alabanza»10. 9La verdad de nuestra necesidad es así de
profunda. Con lo cual, santo Tomás, consciente no solo
del extraordinario privilegio y misterio de la oración,
sino también de la pura humildad de espíritu que re-
quiere, llega a declarar: «Conviene alabar a Dios por
Dios»11. 10
Debido a que la oración cristiana a menudo cobra
la forma de pedir ayuda a Dios, se puede caricaturizar
como una forma de rezar degradante, servil, una activi-
dad que de alguna manera menosprecia la dignidad de la
persona humana. Pero en ningún texto de sus plegarias,

Expresión de santo Tomás en su comentario al Sal 39,2; cf.


10

«In psalmos Davidis exposition», en Opera omnia, 14, 300.


11
Ibid.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 38 12/3/24 21:34


III. Tomás de Aquino en oración 39

se percibe tan siquiera indicios de esto. Tomemos, por


ejemplo, la magnífica Concede mihi («Concédeme»),
la segunda de las dos preces que incluyó Guillermo de
Tocco en su Vita S. Thomae Aquinatis y que se atribuye
al santo. La oración proviene de un hombre que pide un
conocimiento de Dios cada vez más profundo, y se per-
cibe cierta urgencia en la súplica. Pero Tomás, aunque
dispuesto a revelar su necesidad de gracia, se muestra
ante Dios con un sentido innegable de presencia y de
carácter. Los adjetivos que utiliza al intentar describir
a la persona en la que más quisiera convertirse, revelan
la impresionante integridad de espíritu y carácter que,
en gran medida, ya posee: «vigilante, noble, recto, libre,
invicto»12. 11
Concédeme, un corazón vigilante,
que no se desvíe de ti,
un corazón noble
que no se deje arrastrar por las cosas terrenas;
un corazón recto,
que no se incline ante las intenciones depravadas;
un corazón firme,
que no se quebrante ante ninguna tribulación;
y un corazón libre, 12
que no se deje vencer por alguna pasión violenta13.

3. Rezar con confianza

Entre las gracias que pide Tomás a Dios, al final de


la oración Concede mihi, está el don de la confianza:
12
«Piae preces: Concede mihi», en Opuscula theologica, 1, 289.
13
Ibid.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 39 12/3/24 21:34


40 El viaje en Dios

«Concédeme, Señor Dios mío, […] una perseverancia


que espere confiada en Ti, una confianza que al fin te
alcance»14. 13Confianza: es la palabra que, quizás más
que cualquier otra, saca a relucir el carácter distintivo
de la oración de Aquino. En el Compendio de teología,
señala: «La confianza que un ser humano tiene en Dios
debe ser muy segura (certísima)»15. 14De igual modo,
hablando sobre la oración del Padrenuestro a una igle-
sia atestada de gente en Nápoles, declara: «De todas las
cosas que se requieren de nosotros cuando oramos, la
confianza es de gran utilidad»16. 15Entonces añade: «Por
eso […] Nuestro Señor, al enseñarnos a orar, pone ante
nosotros aquellas cosas que nos dan confianza, como
la bondad amorosa de un padre, implícita en las pala-
bras: Padre Nuestro»17. 16El Padrenuestro es descrito por
Tomás como «la oración más perfectísima»18. 17Es una
oración tan sencilla como profunda, y en gran medida,
una plegaria. De igual manera, según indica Tomás, lo
es también la oración litúrgica de la misa en sí. «En la
misa, todo, hasta la consagración del Cuerpo y la Sangre,
es “súplica”»19. 18
Como seres humanos que somos, debido a la debili-
dad, nos cuesta creer que somos verdaderamente amados
por Dios. Pero Cristo, como nuestro mediador, era ca-
paz, según explica Tomás, «por la devoción de la oración

14
Ibid.
15
Compendium theologiae, en Opera omnia, 42, 195.
16
«In orationem Dominicam videlicet “Pater Noster” exposi-
tio», n. 1034, en Opuscula theologica, 2, 223.
17
Ibid.
18
Suma de teología, II-II, q. 83, a. 9.
19
«Super primam epistolam ad Timotheum lectura», c. 2,
lect. 1, 56, en Super epistolas S. Pauli lectura, 2, 224.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 40 12/3/24 21:34


III. Tomás de Aquino en oración 41

para llegar a Dios y, por la misericordia y la compa-


sión, para llegar a nosotros»20.19En virtud de la Encar-
nación, Cristo conocía íntimamente, «por experiencia»
propia, lo que era sentirse débil y tentado. Tomás cita
la Carta de los Hebreos para explicar: «Él mismo se vio
tentado por la debilidad. Por esto puede tener compasión
de las debilidades de los demás. Esta es la razón por la
que el Señor permitió que Pedro cayera21. 20
En oración, si la oración es honesta, lo que inevita-
blemente queda al descubierto es nuestra gran necesidad
humana: nuestra miseria. Pero también se revela, y co-
bra mucha mayor importancia, la misericordia, la piedad
y la compasión amorosa de Dios. Digno de mención, en
este contexto, es el detalle que destaca santo Tomás que
arroja luz sobre la liturgia de la misa. Pone en relieve que
los textos usados con más frecuencia en la Misa son pre-
cisamente los salmos compuestos por David (un hombre
«que obtuvo el perdón después de pecar») y las cartas
escritas por Pablo (un hombre que igualmente «obtuvo
misericordia» «para que con estos ejemplos los pecado-
res tengan esperanza»22. 21
Como hombre y erudito de la oración, santo Tomás
se dedicaba plenamente a dos cosas: la contemplación de
la Palabra de Dios y la proclamación de la Buena Nue-
va. Sus «alas» de contemplación, por usar una de sus
propias metáforas, eran las de «una paloma», no las de
«un cuervo»23.22Su vida de oración y estudio nunca fue-

20
«Super epistolam ad Hebraeos lectura», c. 5, lect. 1, en ibid.,
390.
21
Ibid.
22
«Prologue», 6, en Super epistolas S. Pauli lectura, 1, 2.
23
Salmo 54, 5, en S. Thomas Aquinatis opera omnia (ed. Busa),
6, 129.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 41 12/3/24 21:34


42 El viaje en Dios

ron solo para él mismo. Él era una «paloma» de bondad,


y su único objetivo en la vida, a diferencia del «cuervo»
egoísta, era servir a las necesidades de los demás y traer-
les los frutos de su contemplación.
Varios de los primeros testigos de la vida de Tomás
nos relatan informes de fenómenos místicos tales como
visiones, profecías, y el don de las lágrimas. Pero Tomás
permanece en silencio con respecto a la historia oculta
de su propia vida contemplativa, su vida interior. Su mis-
ticismo es reservado, discreto. No encuentra expresión a
través de experiencias psicológicas fascinantes o psico-
espirituales, sino, más bien, en el estudio contemplativo
en oración de la Palabra de Dios durante toda una vida y en
las obras inspiradas de sabiduría.
Una de las más brillantes de dichas obras es la segun-
da parte del Compendio de teología. Compuesta en los
últimos años de la vida de Tomás, respira un ambiente
de confianza silenciosa y certeza inconfundible. Tomás,
consciente de la gracia que la intimidad y la esperanza
fresca de la oración pueden ocasionar, hace una obser-
vación que arroja luz sobre un fenómeno de su propia
práctica individual y entendimiento de la oración. Es-
cribe: «Cuando oramos a Dios, esa misma oración nos
hace íntimos con Él, pues nuestra alma se eleva a Dios,
conversa con Él en afecto espiritual y le adora en espíritu
y en verdad. Esta intimidad de afecto, experimentada en
la oración, prepara el camino para volver a orar con una
confianza aún mayor»24. 23

«Super epistolam ad Philippenses lectura», c. 1, lect. 2, 15, en


24

Super epistolas S. Pauli lectura, 93.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 42 12/3/24 21:34


Capítulo IV
SANTA TERESA DE LISIEUX EN ORACIÓN

Soy demasiado pequeña para subir


la ruda escalera de la perfección 1

Unos pocos meses antes de morir, Teresa comentó


a una de sus amigas espirituales: «Usted no me conoce
tal como soy en realidad 2. Incluso hoy, me imagino,
ella diría lo mismo a cualquiera que fuera incapaz o que
no estuviera dispuesto a mirar más allá de la imagen es-
cultórica de la santa, más allá de la dulce, cautivadora
imagen que es de una vida perfumada de rosas y senti-
miento piadoso. Claro, efectivamente existe una dulzu-
ra innegable en el carácter y en los escritos de santa Te-
resa, pero la verdadera historia de esta «pequeña flor»
a veces parece más bien la de una «barra de acero» que
la de una diminuta rosa perfumada 3. Cuando una de sus
hermanas, sor María del Sagrado Corazón, le dijo que

1
Historia de un alma, Manuscrito C, n. 271: 217 [N. del ed.:
La mayoría de las citas de las obras de santa Teresa de Lisieux es-
tán tomadas de Santa Teresa de Lisieux, Obras completas (BAC,
Madrid 2017) añadiendo la página correspondiente después de
(:)].
2
«Carta al abate Bellière, 25 abril 1897»: 524.
3
La frase «barra de acero» fue acuñada por Albino Luciani
(beato Juan Pablo I) para describir la historia de Teresa. Cf. Ilus-
trísimos señores. Cartas del patriarca de Venecia (BAC, Madrid
3
2016) 189.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 43 12/3/24 21:34


44 El viaje en Dios

los ángeles vendrían en el momento de su muerte y ella


les vería «resplandecientes de luz y belleza», Teresa
respondió: «Ninguna de esas imágenes me hace bien,
no puedo alimentarme más que de la verdad. Por eso,
nunca he deseado tener visiones» 4. Una vez, cuando
Teresa estaba en los últimos meses de vida y enfren-
tándose a la muerte, la Madre Inés de Jesús (Paulina) le
pidió que «dijera algunas palabras edificantes» al médi-
co que la atendía y la respuesta de Teresa fue brillante
y mordaz: «¡Ah! […] no es ese mi estilo. Que el Sr.
Cornière piense lo que quiera. Amo solo la sencillez,
me horroriza el “fingimiento”» 5.

1. Una vida oculta

Aunque Teresa era enormemente querida por unos


pocos en su comunidad, era una figura que pasaba prác-
ticamente desapercibida a la mayoría de las monjas.
Sor María de la Trinidad recuerda «Durante su vida en
el Carmelo, la Sierva de Dios pasó desapercibida en la
comunidad» 6. Su propia hermana Celine (sor Genove-
va de la Santa Faz) afirma: «Incluso durante sus últimos
años, continuó llevando una vida oculta, cuya sublimi-
dad era conocida más por Dios que por las Hermanas
que la rodeaban» 7. Es sorprendente que ni siquiera sus
hermanas carnales tenían idea de la vida interior de

«Últimas conversaciones, 5 agosto 1897»: 981.


4

«Últimas conversaciones, 7 julio 1897»: 938.


5
6
C. O’Mahony (ed.), St Thérèse of Lisieux by Those who Knew
Her (Dublin 1975) 253.
7
St Thérèse of Lisieux: Her Last Conversations (Washington
1997) 18-19.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 44 12/3/24 21:34


IV. Santa Teresa de Lisieux en oración 45

santa Teresa, un hecho que ayuda a explicar el asombro


de la Madre Inés cuando leyó la parte inicial de Histo-
ria de un alma. Nadie había leído estas páginas antes,
y en pocos años resultarían ser una obra de impacto
colosal en el mundo católico. Apenas capaz de contener
su emoción, Inés de Jesús escribió: «Esta niña bendita,
que escribió estas páginas celestiales, ¡aún está entre
nosotros! Puedo hablar con ella, verla, tocarla. ¡Oh,
cómo es desconocida aquí!» 8.
Teresa murió el 30 de septiembre de 1897. Tenía
veinticuatro años. Veintiocho años más tarde sería cano-
nizada y el 19 de octubre de 1997 fue declarada doctora
de la Iglesia. En aquella ocasión el papa Juan Pablo II
comentó: «Todos percibimos, por consiguiente, que hoy
se está realizando algo sorprendente. Santa Teresa de
Lisieux no pudo acudir a universidades ni realizar estu-
dios sistemáticos. Murió muy joven y, a pesar de ello,
desde hoy tendrá el honor de ser Doctora de la Iglesia» 9.
Pero ¿por qué tanta veneración? Juan Pablo explica: «Su
ardiente itinerario espiritual manifiesta tal madurez, y
las intuiciones de fe expresadas en sus escritos son tan
vastas y profundas, que le merecen un lugar entre los
grandes maestros del espíritu» 10.

8
Ibid., 22.
9
Juan Pablo II, Homilía en la misa de proclamación de Santa
Teresa de Lisieux, Doctora de la Iglesia (19-10-1997).
10
Ibid.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 45 12/3/24 21:34


46 El viaje en Dios

2. «Pequeña doctrina» de Teresa

Quiero buscar el medio para ir


al cielo por un caminito muy recto, muy corto,
un caminito completamente nuevo 11

Desde muy temprana edad, Teresa deseaba ser una


santa. Su ingreso en la vida religiosa fue con el objetivo
—la esperanza— de cumplir ese deseo. Naturalmente,
desde el principio, sus modelos a seguir eran los grandes
santos. Pero pronto Teresa se dio cuenta, y el descubri-
miento fue una lección de humildad, que era incapaz de
aspirar a los caminos más elevados y desafiantes de la
santidad.
Siempre he deseado ser una santa; pero, ¡ay!, siem-
pre he constatado, cuando me he comparado con
los santos, que entre ellos y yo existe la misma di-
ferencia que entre una montaña cuya cima se pierde
en los cielos y el oscuro grano de arena hollado bajo
los pies de los caminantes; pero en vez de desani-
marme, me he dicho: Dios no podría inspirar de-
seos irrealizables; puedo, por lo tanto, a pesar de
mi pequeñez, aspirar a la santidad; agrandarme, es
imposible; debo soportarme tal como soy con todas
mis imperfecciones […]. Estamos en un siglo de
inventos; ahora no hay que tomarse ya la molestia
de subir los peldaños de una escalera; en las casas de
los ricos un ascensor la reemplaza con creces. Yo
quisiera encontrar también un ascensor para ele­
varme hasta Jesús […]. Entonces busqué en los li-
bros santos la indicación del ascensor, objeto de mi

11
Historia de un alma, Manuscrito C, n. 271: 217.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 46 12/3/24 21:34


IV. Santa Teresa de Lisieux en oración 47

deseo, y leí estas palabras salidas de la boca de la


Sabiduría Eterna: Si alguno es pequeñito, que venga
a mí. Entonces yo he venido adivinando que había
encontrado lo que buscaba y queriendo saber, ¡oh, Dios
mío!, lo que haríais con el pequeñito que respondie-
ra a vuestra llamada, continué mis búsquedas y he
aquí lo que encontré: Como una madre acaricia a su
hijo, así os consolaré yo, os llevaré en mi seno ¡y
os meceré sobre mis rodillas! ¡Ah! jamás palabras
más tiernas, más melodiosas, vinieron a alegrar mi
alma; el ascensor que debe elevarme hasta el Cielo
son vuestros brazos, ¡oh, Jesús! Por eso, no tengo
necesidad de agrandarme, al contrario, me convie-
ne permanecer pequeña, empequeñecerme cada vez
más 12.
Cuando le pidieron que describiera el «caminito»
que había descubierto, Teresa respondió: «Es el camino
de la infancia espiritual, es el camino de la confianza y
la entrega total» 13. Teresa era perfectamente consciente
de que aún tenía pecados y faltas, pero ahora era capaz de
confesarse, no solo con una franqueza absoluta y sen-
cilla, sino también con una seguridad asombrosa y con-
fianza infantil: «Yo sentía cuán débil e imperfecta era.
Sigo sintiendo la misma confianza audaz de llegar a ser
una gran santa, pues no cuento con mis méritos, ya que
no tengo ninguno […]. Él solo, contentándose con mis
débiles esfuerzos, me elevará hasta Él, y, cubriéndome
con sus méritos infinitos, me hará santa» 14. La idea de las
severas mortificaciones de los santos, una forma de

12
Ibid.
13
«Últimas conversaciones, 13 julio 1897»: 951.
14
Historia de un alma, Manuscrito A, n. 99: 116.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 47 12/3/24 21:34


48 El viaje en Dios

a­ scetismo de la cual Teresa se siente completamente


incapaz, de ninguna manera la hace sentir excluida del
camino hacia la santidad: «Sé que hay santos que pa-
saron su vida practicando asombrosas mortificaciones
para expiar sus pecados, pero, ¿qué quiere que le diga?
“Hay muchas moradas en la casa del Padre Celestial”.
Jesús lo ha dicho, y por eso sigo el camino que me
traza» 15.
Este «camino», aunque sea en sí mismo un sendero
de alegría y libertad, no representa una huida del desa-
fío de la cruz. No es en absoluto soñador o escapista,
ni muestra rasgos de cobardía. En uno de sus poemas,
Teresa escribe:
Vivir de Amor es no plantar su tienda
En la cima del Tabor en este suelo
¡Es mirar la Cruz como un tesoro!
Y subir con Jesús hasta el Calvario [...] 16.
Sor María de Trinidad, una de las novicias, le pregun-
tó sobre el origen del «caminito» diciendo: «¿De dónde
viene esa enseñanza suya?». Teresa contestó: «Solo Je-
sús me ha enseñado. Ningún libro, ninguna teología me
ha instruido» 17. En el pasado, parece ser que Teresa ha-
bía intentado enseñar su «caminito» a las demás. Pero a
quienes «abrió su alma» no la comprendieron en absolu-
to. Le contó a sor María que no «recibió ningún estímulo
de nadie» 18. No es difícil, por tanto, imaginar el deleite
que experimentó Teresa cuando un teólogo respeta-

«Carta al abate Bellière, 21 junio 1897»: 542.


15

«Poesía “Vivir de amor”»: 607.


16
17
P. Descouvemont, Thérèse of Lisieux and Marie of the Trinity
(Alba House, Nueva York 1993) 28-29, 76.
18
Ibid., 76.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 48 12/3/24 21:34


IV. Santa Teresa de Lisieux en oración 49

ble, el dominico francés Pére Boulanger, había estado


­enseñando (independientemente de Teresa) lo que pare-
cen ser elementos de su «pequeña doctrina» 19.
Las páginas de apuntes que perduraron de un reti-
ro que, unos años antes, el dominico había impartido en
otro monasterio carmelita, efectivamente parecen captar
una pequeña parte de la visión teresiana. Cuando por fin
sor María le dio a conocer a Teresa el contenido de estos
apuntes, ella exclamó: «¡Qué consuelo me das! ¡No se lo
imagina! Saberme apoyada por un experto, un eminente
teólogo, me da una alegría incomparable» 20. En un mo-
mento dado, Boulanger alude a las aparentes «naderías»
que llegan a formar la vida carmelita. Pero cuando estos
insignificantes «ceros» se unen a Dios, «el Uno infinito»,
se convierten en algo manifiestamente lleno de gracia 21.
Teresa estaba claramente impactada por esta re-
flexión. Unos años antes, en una carta al misionero Piere
Adolfe Roulland, por iniciativa propia se refiere a sí mis-
ma como la «pequeño cero» 22. Claramente encantada de
unir su vida y la oración con la del misionario, ella escri-
be: «Trabajemos juntos en la salvación de las almas; yo
bien poca cosa puedo hacer, o más bien, absolutamente
nada, si estuviese sola; lo que me consuela es pensar que
a su lado puedo servir para algo; en efecto, el cero, por
sí solo, no tiene valor, pero colocado junto a la unidad,
se hace poderoso» 23. ¡En efecto, se hacía poderoso! El
14 de diciembre de 1927, apenas treinta años después
de su muerte, Teresa, que ni siquiera había salido de la
19
Ibid., 28.
20
Ibid.
21
Cf. Sermón del P. Boulanger, cit. en ibid., 29.
22
«Carta al P. Roulland, 9 mayo 1897»: 530.
23
Ibid.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 49 12/3/24 21:34


50 El viaje en Dios

clausura monástica, fue nombrada santa patrona de las


misiones extranjeras por el papa Pío XI.
Para algunos lectores, la pequeñez del «caminito» po-
dría parecer mero sentimentalismo, incluso infantil; pero
nada más lejos de la verdad. Teresa entiende que «hacerse
pequeña» es tener el coraje y la humildad de enfrentarse
a la realidad de la vida de uno mismo y, con la confianza
y entrega audaz como la de un niño, renunciar al falso
orgullo y todos los demás defectos y los fracasos a Dios
Padre. En palabras de Teresa, «Significa estar dispuestos
de corazón a hacernos pequeños y humildes en los brazos de
Dios, reconociendo nuestra propia debilidad y confiados
hasta la audacia en su bondad de Padre» 24.
Tan impresionada estaba sor María ante esta enseñan-
za de Teresa, que anunció que iba a compartir «el cami-
nito» con todos sus amigos y familiares «para que pudie-
ran ir directos al cielo» 25. Al oír esta declaración, Teresa
sintió que era necesario avisarla de que si «el caminito»
se explicara mal, podría malinterpretarse o «ser tomado
por quietismo» 26. Efectivamente, Jesús pide sencillamen-
te «abandono y agradecimiento», no demanda «grandes
acciones» 27. No obstante, como observa con elocuencia
el papa Francisco citando a Teresa: «[Dios] encuentra
pocos corazones que se entreguen a él sin reservas, que
comprendan toda la ternura de su amor infinito» 28.
24
H. U. von Balthasar, Two Sisters in the Spirit: Thérèse of
Lisieux and Elizabeth of the Trinity (Ignatius Press, San Francisco
1992) 243.
25
Cf. C. O’Mahony (ed.), St Thérèse of Lisieux by Those who
Knew Her, 235-236.
26
Ibid.
27
Historia de un alma, Manuscrito B, n. 243: 202.
28
Ibid. Francisco, Homilía en el viaje apostólico a Georgia y
Azerbaiyán (1-10-2016).

04._Apuntes sobre la oració[Link] 50 12/3/24 21:34


IV. Santa Teresa de Lisieux en oración 51

En cuanto se haya establecido la confianza en Dios


y la e­ ntrega infantil como una nueva faceta de la vida
del santo o pecador, todo cambia. Puede que el santo o
el pecador siga luchando más que nunca, de hecho, para
mantener la fe en los ideales más elevados del Evange-
lio; pero, a la vez, está aprendiendo a sobrellevar sus de-
fectos y fracasos con más humildad, más paciencia. De-
jan de experimentar un temor de Dios abrumador, y no
sienten vergüenza al ser meros humanos. La confianza
infantil en Dios, una confianza tan serena, se manifiesta
una y otra vez en la vida de Teresa, y de una forma tan
audaz que a veces puede ser alarmante. Así, por ejem-
plo, hacia el final de su vida, Teresa no dudo en declarar:
«¡Oh, qué feliz me siento al verme imperfecta y con tan-
ta necesidad de la misericordia de Dios en el momento
de la muerte!» 29.
Al oír una declaración semejante, alguien de nuestra
propia generación que comparte esta experiencia de lu-
cha contra la debilidad y está fracasando terriblemente,
podría sentirse impulsado a decir: «Es sorprendente, sí,
pero hay una gran diferencia entre la situación de la jo-
ven santa Teresa, que había vivido toda su vida en una
clausura monástica, y mi propia situación desgraciada.
¿Cómo puedo yo, con todos mis pecados a cuestas, atre-
verme con confianza a acudir a Dios?». Con estas pala-
bras, podría parecer que el «pecador» pone un abrupto
final a toda conversación con la santa. Pero Teresa no se
rinde con facilidad. Muestra algunas de sus ideas indo-
mables sobre el tema: «El pecado mortal no me quita-
ría la confianza» 30. Y de nuevo: «Aunque tuviera sobre

29
«Últimas conversaciones, 29 abril 1897»: 968.
30
«Últimas conversaciones, 20 julio 1897»: 959.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 51 12/3/24 21:34


52 El viaje en Dios

la conciencia todos los pecados que pueden cometerse,


iría, el corazón roto por el arrepentimiento, a arrojarme
en los brazos de Jesús, porque sé muy bien cuánto quiere
al hijo pródigo que vuelve a Él. No es porque Dios, en
su misericordia preveniente, ha preservado mi alma del
pecado mortal por lo que me elevo a Él por la confianza
y el amor» 31.

3. La oración en la práctica

Un grito de agradecimiento y de amor,


tanto en medio de la prueba como en medio de la alegría 32

La sencillez de la oración de Teresa está en armo-


nía con la sencillez de su vida. Dice: «No tengo valor
para sujetarme a buscar en los libros bellas oraciones,
esto me causa dolor de cabeza, […] le digo a Dios con
toda sencillez lo que quiero decirle, sin componer ­bonitas
frases, y siempre me entiende» 33. Teresa está encantada
de dejar los libros sobre la vida espiritual que le resultan
excepcionalmente densos o complejos y tratados que ni
comprende ni consigue trasladar la teoría a la práctica,
a aquellas «grandes almas» llamadas a perseguir perfec-
ción de maneras extraordinarias. Pero eso no era su lla-
mada: «A las almas sencillas no les hacen falta medios
complicados; […] yo soy de ese número» 34.
Inicialmente, es muy probable que a Teresa le resul-
tara alarmante el hecho de descubrir que era incapaz de

31
Historia de un alma, Manuscrito C, n. 339: 256.
32
Ibíd., n. 317: 242.
33
Ibid.
34
Ibid., n. 334: 252.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 52 12/3/24 21:34


IV. Santa Teresa de Lisieux en oración 53

seguir el sendero del ascetismo radical y alto misticismo,


los «caminos extraordinarios» de san Juan de la Cruz y
santa Teresa de Ávila. Un detalle entre otros que ayudó a
persuadir a la joven carmelita que su llamada en concre-
to requería un camino más humilde, más «ordinario», era
su costumbre decididamente poco heroica de quedarse
dormida durante la hora de la meditación. Sin embargo,
lejos de desalentarse por este «fracaso», Teresa respon-
dió con esta reflexión: «Debería causarme aflicción el
dormirme (desde hace siete años) durante mis oraciones
[…]. Pienso, en fin, que “el Señor conoce nuestra fragili-
dad, que se acuerda de que no somos más que polvo”» 35.
Para ayudarla concentrarse en Dios y también para
mantenerse despierta durante la hora de meditación, Te-
resa decide recurri a la humilde práctica de la lectura
espiritual. Pero descubre «si abro un libro […] incluso
el más bello, el más conmovedor, siento inmediatamente
que mi corazón se encoge» 36. En esta situación de «im-
potencia» recurre a las Escrituras, en particular al Nuevo
Testamento. Escribe: «Pero por encima de todo el Evan-
gelio es el que me sustenta durante mis oraciones […].
Siempre descubro en él luces nuevas, sentidos ocultos y
misteriosos» 37.
Teresa hace referencia a las «nuevas luces», pero no
hay ni rastro de visiones especiales ni ningún tipo de ex-
periencia mística. Teresa no desea en absoluto ayudas
«extraordinarias» de ese tipo. Con respecto a visiones,
por ejemplo, comenta: «¡Oh! no, no deseo ver a Dios en
la tierra ¡Y sin embargo, le amo! Amo también mucho

35
Historia de un alma, Manuscrito A, n. 215: 182-183.
36
Ibíd., n. 236: 193.
37
Ibíd., p. 194.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 53 12/3/24 21:34


54 El viaje en Dios

a la Santísima Virgen y a los Santos, y tampoco deseo


verlos» 38. En mayo de 1890, cuando su familia decidió
hacer un peregrinaje a Lourdes, Teresa le escribió a la
hermana Inés: «No tengo deseo de ir a Lourdes para te-
ner éxtasis, ¡prefiero “la monotonía del sacrificio”!» 39.
Con lo cual, Teresa decidió no emprender una bús-
queda de María en Lourdes —ese lugar sagrado de vi-
sión—; en cambio, la buscó, podríamos decir, en Naza-
ret, y la encontró allí llevando una vida decididamente
ordinaria: «Nada de raptos, éxtasis o milagros […] a
adornar vino tu existencia! [...] Por el camino común,
incomparable Madre te gusta marchar para guiarles al
Cielo» 40. Un santo de la «vía oridnaria» a quién Teresa
admiraba especialmente era un joven misionario francés,
posteriormente canonizado, san Juan Teófano Vénard.
Teresa escribe: «Teófano Vénard me gusta más toda-
vía que san Luis Gonzaga, porque la vida de san Luis
Gonzaga es extraordinaria, y la suya completamente
ordinaria». 41 Después añade: «San Luis Gonzaga estaba
serio aun en la recreación, pero Teófano Vénard estaba
siempre alegre» 42.
Como ejemplos de confianza audaz e infantil y ora-
ción sencilla, Teresa tomaba como referentes a dos fi-
guras del Evangelio en particular: el publicano y María
Magdalena. Escribe: «No es al primer puesto, sino al
último a donde me lanzo; en vez de adelantarme con el fa-
riseo, repito, llena de confianza, la humilde oración del

38
«Últimas conversaciones, 11 septiembre 1897»: 1025.
39
«Carta a sor Inés de Jesús, 10 mayo 1890»: 376.
40
Cf. «Poesía “Por qué te amo, ¡oh María!»: 701.
41
«Últimas conversaciones, 21 mayo 1897»: 915.
42
«Últimas conversaciones, 27 mayo 1897»: 919. Teófano fue
beatificado en 1909 y canonizado en 1988.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 54 12/3/24 21:34


IV. Santa Teresa de Lisieux en oración 55

publicano, pero, sobre todo, imito la conducta de Mag-


dalena; su asombrosa, o mejor, su amorosa audacia» 43.
Salpicadas a lo largo de todas las cartas, los poemas, las
obras, y su célebre autobiografía, encontramos oracio-
nes de varios tipos, algunas formales, pero la mayoría
libres y espontáneas. Tras los años, Teresa oró no solo
por su familia inmediata y comunidad, sino también por
los pecadores. Es más, con el paso del tiempo, su oración
por los pecadores asumiría una forma que nadie habría
podido prever.
La razón por dicha evolución en su manera de orar
se demuestra mejor a través de una serie de sucesos des-
critos en Historia de un alma. Teresa, al haber tosido
sangre numerosas veces, se dio cuenta del escaso tiem-
po que le quedaba de vida. En esos momentos, gozaba
«de una fe tan viva, tan clara» que, en lugar de sentirse
devastada por la noticia, estaba, de hecho, emocionada
ante la expectativa de partir pronto al cielo 44. Pero luego
ocurrió algo que cambió todo. «Él [Dios] permitió que
mi alma fuese invadida por las más espesas tinieblas» 45.
La idea del cielo, que antes había sido «tan dulce», ahora
se convirtió en «un motivo de combate y tormento» 46.
Explica Teresa: «Las tinieblas, adoptando la voz de los
pecadores, me dicen, burlándose de mí […]: crees salir
un día de las nieblas que te rodean, adelante, adelante,
alégrate con la muerte, que te dará, no lo que tú espe-
ras, sino una noche más profunda todavía, la noche de
la nada» 47.
43
Historia de un alma, Manuscrito C, n. 339: 255.
44
Ibid., n. 276: 220.
45
Ibid.
46
Ibid.
47
Ibid., n. 278: 221.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 55 12/3/24 21:34


56 El viaje en Dios

Las tinieblas del espíritu que soporta Teresa con una


angustia tremenda, aunque podrían parecer idénticas a la
experiencia descrita por místicos cristianos como la «no-
che oscura», logran algo bastante distinto y enteramente
inesperado: no solo una transformación destacable en la
relación de Teresa con Dios, podemos suponer, sino una
transformación también en su manera de rezar por los
pecadores y en su manera de relacionarse con ellos, los
mismos «pecadores» cuyas voces podía oír en la noche
burlándose de todo cuanto ella amaba. Es un asombro-
so acontecimiento de gracia. Teresa ya no reza simple-
mente desde dentro de la sagrada clausura carmelita por
los pobres pecadores desdichados que viven fuera en el
mundo. No, ahora ha aceptado que Dios la coloque fuera
del Carmelo, por así decirlo, sentada a la mesa junto con
los «pecadores e incrédulos», sus «hermanos»: «Pero,
Señor, vuestra hija ha comprendido vuestra divina luz,
ella os pide perdón para sus hermanos, ella acepta co-
mer hasta que vos lo queráis el pan del dolor y no quie-
re levantarse de esta mesa repleta de amargura, donde
comen los pobres pecadores, antes del día señalado por
vos. Pero ¿no puede ella también decir en su nombre,
en nombre de sus hermanos: Tened piedad de nosotros,
Señor, porque somos pobres pecadores?» 48.

48
Ibid., n. 277: 220.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 56 12/3/24 21:34


CONCLUSIÓN

Los santos, vistos a distancia, pueden parecer remo-


tos e intimidatorios; sus caminos hacia la unión con Dios
siguen un sendero que, o bien es muy elevado y místi-
co, o el ascetismo excesivamente feroz para el creyente
común. Pero, aunque sus vidas son de hecho heroicas y
ejemplares, los santos son las últimas personas en juzgar
severamente la lucha y debilidad humana. Teresa señala
en una de sus últimas cartas que los santos —los «bien-
aventurados» en el cielo—: «Tienen una gran compasión
de nuestras miserias; se acuerdan de que siendo como
nosotros, frágiles y mortales, cometieron las mismas
faltas, sostuvieron los mismos combates» 1. Esta decla-
ración audaz de Teresa ayuda a explicar el «vínculo de
unión» que en la cristiandad ha existido siempre entre el
santo y el pecador. Charles Péguy escribe: «El pecador
extiende la mano al santo; le da la mano al santo porque
el santo le da la mano a él. Y juntos, uno a través del
otro, el uno levantando al otro, ascienden a Jesús» 2.
Oír, escuchar atentamente, a cuatro célebres santos
en oración íntima en este breve estudio —Agustín, Te-
resa de Ávila, Tomás y Teresa de Lisieux— ha sido toda
una revelación. Los cuatro santos, aunque inspirados
por la misma fe cristiana y de formas parecidas, a la vez
son asombrosamente diversos en su carácter y estilo, los

«Carta al abate Bellière, 10 agosto 1897»: 559.


1

Ch. Péguy, «The Christian Life», en Basic Verities (Pantheon


2

Books, Nueva York 1943) 181-183.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 57 12/3/24 21:34


58 El viaje en Dios

cuatro capaces de transmitir la frescura de la novedad y


la sorpresa del Evangelio en sus reflexiones sobre la ora-
ción de manera maravillosa. El hecho de su diversidad
y las numerosas diferencias llamativas entre ellas, con-
lleva un mensaje, según propongo, no carente de impor-
tancia en nuestras vidas actuales, un mensaje expresado
hace siglos por santa Teresa de Ávila: «No a todos lleva
Dios por un camino; y, por ventura, el que le pareciere va
por muy más bajo, está más alto en los ojos del Señor» 3.
Uno de los santos que tuvo un impacto tremendo en
la vida de santa Teresa de Lisieux era su correligionario
carmelita, el místico y poeta español san Juan de la Cruz.
Teresa lo veneraba profundamente, pero consideraba su
sendero místico y ascético tan extraordinario, que se dio
cuenta de que ella tendría que encontrar un camino a
Dios diferente para ella misma, un camino más «ordi-
nario». Por tanto, ella no emprendería su viaje como una
heroína, ascendiendo la montaña imposiblemente alta de
Carmelo. No, ella descendería, por así decirlo, y con la
humildad y sencillez de una niña, cayéndose a los brazos
de Jesús, confiando en Él con la seguridad absoluta de
que la llevaría paulatinamente a las alturas de unión. Era
este «caminito» que, con el paso del tiempo, Teresa se
vio llamada a comunicar a los demás. Tocando directa-
mente el tema del «petite voi», Teresa, con los pies en la
tierra, dirige el siguiente consejo a una de sus hermanas:
«Quieres subir a una alta montaña, pero el buen Dios
quiere que bajes; te espera en el fondo del fértil valle de
la humildad» 4.
3
Santa Teresa de Jesús, Camino de perfección (Códice de Va-
lladolid), 17, 2, en Obras completas (BAC, Madrid 92023) 303.
4
H. U. von Balthasar, Two Sisters in the Spirit: Thérèse of Li-
sieux and Elizabeth of the Trinity (San Francisco 1992) 245.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 58 12/3/24 21:34


Conclusión 59

En ocasiones, Teresa cita líneas sueltas y frases tanto


de la poesía como de la prosa de san Juan de la Cruz.
Entre otros, un texto, que le resultó particularmente
llamativo y a la que se refiere numerosas veces, es una
breve meditación en prosa titulada «Oración del alma
enamorada». La hermana Genoveva nos relata que esta
oración en particular llenaba a Teresa «con alegría y
esperanza» 5. Y es fácil ver por qué. Expresa una convic-
ción de ser amada por Dios con una audacia que iguala la
suya misma. Pero casualmente, así no es como empieza
la oración. Las primeras frases presentan a un hombre
claramente atormentado por la idea de que Dios pudiera
seguir recordando sus «pecados» pasados, o quizás se
fije en la carencia de «obras buenas» en su vida. Pero,
si estas cosas no son el problema, ¿cuál es la razón de
la «demora»?: «¿Qué esperas, clementísimo Señor mío?
¿Por qué te tardas? Porque si, en fin, ha de ser gracia y
misericordia la que en tu Hijo te pido, toma mi pobreza
pues la quieres, y dame ese bien, pues que tú también le
quieres. […] ¿Cómo se levantará a ti el hombre engen-
drado y criado en bajezas, si no le levantas tú, Señor, con
la mano que le hiciste?» 6.
Aún en estado de aflicción, Juan —buscando com-
pasión— de repente recuerda a Cristo, el hijo de Dios, y
eso lo cambia todo. El pecador desgraciado deja de ser
atormentado por los fracasos de su pasado. Al contrario,
ahora es capaz de respirar hondo con una nueva confian-
za y una nueva alegría. No se me ocurre mejor manera
de terminar esta breve obra sobre santos y pecadores que
G. Gaucher, John and Thérèse: Flames of Love (Nueva York
5

1999) 56.
6
«Oración del alma enamorada», en San Juan de la Cruz,
Obras completas (BAC, Madrid 22023) 155.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 59 12/3/24 21:34


60 El viaje en Dios

citar las palabras de san Juan de la Cruz: «No me quita-


rás, Dios mío, lo que una vez me diste en tu único Hijo
Jesucristo, en que me diste todo lo que quiero. Por eso
me holgaré que no te tardarás si yo espero. ¿Con qué
dilaciones esperas, pues desde luego puedes amar a Dios
en tu corazón? Míos son los cielos y mía es la tierra;
mías son las gentes, los justos son míos y míos los peca-
dores; los ángeles son míos, y la Madre de Dios y todas
las cosas son mías; y el mismo Dios es mío y para mí,
porque Cristo es mío y todo para mí» 7.

7
Ibid.

04._Apuntes sobre la oració[Link] 60 12/3/24 21:34

También podría gustarte