¿Qué es la administración?
La administración es el proceso de gestión y planificación de un conjunto determinado
de recursos para lograr los objetivos de un grupo humano o de una institución
específica.
El concepto de administración, según lo conocemos, proviene de la Antigua Roma, y se
refería, originalmente, al trabajo de los líderes romanos para proteger y mejorar la vida
de los ciudadanos de la Antigua Roma. Que el término tenga un origen tan lejano,
seguro te da una idea de lo extensa que ha sido la historia y evolución de la
administración.
¿Cuál es el origen de la administración?
El origen de la administración se remonta a los inicios de la civilización humana. La
prestigiosa enciclopedia virtual Britannica indica que esta disciplina se originó en el
Antiguo Egipto, Babilonia y la Grecia Clásica; donde se dieron los primeros pasos para
organizar la vida diaria, el trabajo, la política, etc.
No obstante, en estas etapas tempranas, la administración estaba lejos de ser una ciencia
con el sistema y organización que tiene hoy. Al contrario, cada civilización tenía sus
propios modos de administrar la vida pública. La evolución de la administración estaba
apenas comenzando.
Ahora que sabes cuál es el origen de la administración, hablemos de su evolución a
través del tiempo. Y asegúrate de abrocharte el cinturón, porque será un recorrido a toda
velocidad por cientos de años de historia.
Evolución de la administración
Desde el origen de la administración esta disciplina ha recorrido un largo camino,
aunque las etapas más significativas de la evolución de la administración no llegarían
hasta la Revolución Industrial, esto no significa que las primeras civilizaciones humanas
no aportaran a su crecimiento.
Más aún, sin los aportes fundamentales de estas civilizaciones, la historia de la
administración habría sido muy distinta, sobre todo cuando notamos lo importantes que
fueron algunas de ellas.
Primeras etapas de la administración
Las primeras etapas de la evolución de la administración se caracterizaron por ser muy
experimentales y cambiantes. Cada sociedad ensayaba sus propias formas de organizar
sus recursos humanos y materiales, y los objetivos por lo que lo hacían variaban de
manera considerable.
Durante las primeras etapas de la administración, las grandes protagonistas fueron,
sobre todo, dos civilizaciones:
Reino babilónico
En su apogeo, el reino de Babilonia dominó algunas de las vías comerciales más
importantes del mundo antiguo y proyectó su influencia sobre todo Oriente Medio.
Su rol en la evolución de la administración es uno de los más fundamentales, sobre
todo, en el período en el que Hammurabi dirigió el reino, desde el año 1792 a. C. hasta
1750 a. C. En estos años, Hammurabi desarrolló un sistema de gobierno centralizado y
proclamó un código legal con más de 260 leyes, las cuales regulaban la actividad
económica, y establecían un estándar de conducta para los ciudadanos.
Así, el código de Hammurabi funcionó no solo como un marco legal, sino como un
conjunto de normas que administraron y regularon la vida económica del reino.
Antigua Roma
La Antigua Roma dio pasos importantes para propiciar la evolución de la
administración, lo que la hace una de las grandes protagonistas de la historia de la
administración. Después de todo, gran parte del éxito del imperio se debió a la gestión
que hacía de sus recursos y a la forma con la que organizaba el esfuerzo colectivo de sus
ciudadanos.
En este sentido, desarrollaron un fino e intrincado sistema administrativo para controlar
y gestionar eficientemente los ámbitos militares, comerciales y políticos del imperio.
Había leyes estrictas que controlaban desde los tratos comerciales hasta la vida diaria, y
a las cuales tenían que atenerse incluso los más poderosos.
Por ejemplo: los ciudadanos romanos tenían sus propios tribunales para resolver
conflictos legales. También, existía un sistema de tributos e impuestos aplicados a la
riqueza, las propiedades y otros bienes; y cada estrato social tenía sus derechos y
obligaciones dentro de la sociedad.
Edad Media: la administración en el Feudalismo
Con la caída del Imperio Romano, la historia de la administración entra en una especie
de inercia, puesto que no se hicieron cambios sustanciales por un tiempo; e incluso,
muchos avances se perdieron.
Hasta el siglo XII, la evolución de la administración estaba sujeta a la propia evolución
del feudalismo. Todo el gobierno recaía sobre las figuras del monarca y sus señores
feudales, quienes organizaban el trabajo, distribuían la riqueza, asignaban tierras y
títulos e impartían justicia.
Sin embargo, con la llegada del siglo XIII, la situación empezaría a cambiar en Europa.
Las monarquías europeas comenzarían a sistematizar mucho más la administración
pública, fundando cortes y tesorerías, para organizar tanto aspectos legales como
económicos de sus reinos.
Con el tiempo, estos entes administrativos, relacionados directamente con las casas
reales, y en algunos casos, dirigidos por los propios reyes, comenzaron a distanciarse y
a funcionar con relativa independencia, aunque respondiendo aún a las monarquías.
Esto, aunque pueda parecer poca cosa, representó un paso importante en la historia y
evolución de la administración.
Pese a todo, todavía tendría que llegar la edad moderna para que la historia de la
administración entrara en su etapa más significativa.
Edad Moderna: la Revolución Industrial y la administración
En el siglo XVIII, con la Revolución Industrial que experimentó Inglaterra, y luego toda
Europa, se darían los avances más considerables para la evolución de la administración.
La introducción de nuevas tecnologías llevaría a la aparición de las fábricas, y al
despegue de los niveles de producción. Como resultado, el panorama económico y
político cambió profundamente.
Todos estos factores hicieron urgente la evolución de la administración, de manera que
se pudieran gestionar mejor los recursos, las tareas y a las personas.
En este sentido, Adam Smith, uno de los economistas más renombrados del siglo XVIII,
insistió en la necesidad de establecer una clara división del trabajo, que organizara y
canalizara los esfuerzos de la sociedad. Sus aproximaciones, a diferencia de otras que
abordaron temas similares, tenían un marcado de carácter científico.
Con la llegada del siglo XX, la evolución de la administración se acelera
considerablemente. En 1911, Frederick Winslow Taylor, un ingeniero estadounidense,
sienta las bases de la administración científica con su obra Los principios de la
administración científica.
Winslow buscaba, con la gestión científica, maximizar la producción y eficiencia de los
trabajadores, al tiempo que mejoraba tanto la prosperidad del trabajador como la del
empresario.
Durante esos mismos años, también surgió la llamada teoría burocrática, propuesta por
Max Weber, quien es considerado por muchos el padre de la administración pública
moderna. La teoría burocrática sostenía que el trabajo y los trabajadores debían
organizarse en una jerarquía de acuerdo a sus habilidades y capacidades. Esta teoría
marcó el inicio de una nueva etapa de la historia de la administración.
Para Weber, el orden, la racionalidad y las normas impersonales eran factores claves de
la administración; la burocracia estaba pensada para mejorar la sociedad, organizándola
de forma eficaz, y evitando la subjetividad del comportamiento humano, mientras que
se conservan los beneficios de la lógica y la razón.
Al establecer los tipos de liderazgo y de autoridad preferibles para la administración, y
al definir cómo administrar un negocio o institución con normas y jerarquías claras,
basadas en decisiones lógicas, Weber sentó las bases sobre las cuales se daría la
evolución de la administración pública en el futuro.
Con el paso de los años, se fueron desarrollando aún más enfoques para la
administración: como la teoría clásica, impulsada en 1916 por Henry Fayol, un
ingeniero francés, la cual proponía el uso de todos los principios administrativos de
manera integrada.
Lo que todas estas teorías tenían en común era el abordaje científico que asumían con
los desafíos de la gestión de recursos humanos y materiales, y el trabajo. Algo que, en sí
mismo, representaba la importante evolución de la administración con respecto a sus
orígenes.
En la actualidad, la administración es una ciencia en todo sentido, con reglas articuladas
y principios en constante mejora. Su enfoque pragmático permite gestionar y organizar
muchos aspectos de la vida diaria de una manera que habría sido imposible en épocas
anteriores.
Por ejemplo, partiendo de principios de la administración moderna, podemos,
fácilmente, utilizar una plantilla para evaluar el desempeño laboral o entender si una
institución o negocio requiere financiamiento a largo o a corto plazo. La evolución de la
administración ha hecho posible que haya naciones más grandes y articuladas, que
existan empresas más productivas y que hayan mejores condiciones de trabajo.
En pocas palabras, su papel en el progreso colectivo ha sido fundamental.
Si llegaste hasta aquí, ya debes tener una idea mucho más clara del origen y la
evolución de la administración, y sobre todo, de lo relevante que sigue siendo.
Hoy en día, es tan importante y útil, que solo en el 2021, Inglaterra tenía más 1,1
millones de personas trabajando para la administración pública, de acuerdo a Statista.
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administración, amarás nuestra sección de cursos de administración de empresas.
Las habilidades gerenciales
han sido objeto de numerosas investigaciones realizadas en los últimos tiempos. Los
expertos en el área de la administración de empresas, señalan la relevancia que estas
tienen en compañías sobresalientes.
Es un hecho que las empresas que han logrado el éxito cuentan con gerentes altamente
eficaces en su plantilla de colaboradores. Son personas entrenadas en el desarrollo de
este tipo de habilidades, que los hacen sumamente competentes.
Las empresas modernas han tenido que asumir nuevos modelos administrativos que
sean capaces de afrontar y superar los retos actuales. Además, el entorno
vertiginosamente cambiante exige gerentes y directores de gran liderazgo.
Por tal razón, abordaremos qué son las habilidades gerenciales y cómo desarrollarlas.
De igual forma, te compartiremos varias capacitaciones que permiten a las empresas
contar con un personal que garantice óptimos resultados.
¿Qué son las habilidades gerenciales?
Las habilidades gerenciales son el cúmulo de destrezas, cualidades y conocimientos
que permiten realizar efectivamente actividades de liderazgo y/o coordinación.
Estas son necesarias en aquellas personas que desempeñan, dentro de una empresa u
organización, roles de supervisión, gerencia o dirección. Esto se debe a que en ellos se
requiere un manejo eficaz de recursos y de talento humano.
Es necesario destacar que son estas habilidades las que permiten marcar la diferencia
entre “jefes” y “líderes”. Es decir, aquellos gerentes que se limitan a dar órdenes y
quienes motivan e inspiran a dar cada día lo mejor en un cargo.
Quienes cuentan con adecuadas habilidades gerenciales son capaces de ejecutar los
procesos administrativos mediante acciones positivas. Igualmente, destaca el buen trato
hacia los subordinados, lo que contribuye a un buen clima organizacional.
Gracias a estas habilidades, es posible generar una verdadera autoridad, esa que permite
dirigir eficientemente a un equipo. Por lo tanto, es posible encaminar a las
organizaciones hacia la productividad y el éxito sostenible.
Tipos de habilidades gerenciales
Existen tres tipos principales de habilidades gerenciales. Veamos a continuación cuáles
son:
1. Habilidades técnicas
Son aquellas que guardan estrecha relación con los conocimientos y destrezas
necesarias para desempeñar un cargo. Implican los procesos, herramientas y técnicas
necesarias para lograr los objetivos de esa área en particular.
2. Habilidades humanas
Incluye la destreza de interactuar y relacionarse apropiadamente con otras personas. En
este aspecto, no solo se incluye su círculo de colaboradores directos, sino también a
otros gerentes, directores, proveedores y clientes.
3. Habilidades conceptuales
Se refiere a las capacidades mentales que permiten comprender relaciones abstractas.
Igualmente, facilitan la creación de nuevos conceptos, pensar lógicamente y resolver
problemas, así como la formulación de ideas creativas.
Todas ellas son importantes y necesarias de forma equilibrada, para el buen desempeño
del rol gerencial y una excelente ejecución del liderazgo.
La importancia de fomentar el desarrollo de las habilidades gerenciales
El ambiente externo que rodea a las empresas, hoy se caracteriza por presentar
elementos sobre los cuales estas no tienen ningún poder. Sin embargo, los gerentes y
directores deben ser capaces de tomar decisiones acertadas en medio de ellos.
Es necesario que estas permitan mitigar posibles consecuencias negativas y maximizar
el provecho que se pueda obtener de las distintas situaciones. Es decir, tener la
capacidad de visualizar las oportunidades en medio de la adversidad.
Sin embargo, estas competencias, hoy en día, son requeridas también en otros niveles
organizacionales. Por lo tanto, el personal debe desarrollar sus habilidades gerenciales si
se quiere que tenga un buen desempeño laboral en todo momento.
Una organización que contribuya al incremento de las destrezas en su talento humano,
podrá gozar de las siguientes ventajas:
Influir en los equipos de trabajo de una forma positiva por medio de líderes altamente
efectivos.
Contar, en todo momento, con talento de calidad; al poder atraerlo, potenciarlo y
retenerlo.
Disponer de equipos de trabajo altamente eficientes y productivos que mantengan su
enfoque en la obtención de resultados.
Tener un personal con capacidad de negociación y resolución de conflictos.
Crear e implementar estrategias orientadas a ofrecer productos y servicios de calidad
que incrementen la satisfacción del cliente.