A C U E R D O
En la ciudad de La Plata, a 14 de agosto de 2013,
habiéndose establecido, de conformidad con lo dispuesto en
el Acuerdo 2078, que deberá observarse el siguiente orden
de votación: doctores Pettigiani, Hitters, Genoud, Soria,
Negri, se reúnen los señores jueces de la Suprema Corte de
Justicia en acuerdo ordinario para pronunciar sentencia
definitiva en la causa L. 106.825, "Ponce, Gustavo R.
contra Marino, Juan y ot. Despido".
A N T E C E D E N T E S
El Tribunal del Trabajo n° 2 del Departamento
Judicial La Plata rechazó la acción deducida, imponiendo
las costas a la parte actora (fs. 211/213).
Ésta dedujo recurso extraordinario de
inaplicabilidad de ley (fs. 218/234 vta.), el que fue
concedido por el citado tribunal a fs. 235.
Dictada la providencia de autos (fs. 238) y
hallándose la causa en estado de pronunciar sentencia, la
Suprema Corte decidió plantear y votar la siguiente
C U E S T I Ó N
¿Es fundado el recurso extraordinario de
inaplicabilidad de ley?
V O T A C I Ó N
A la cuestión planteada, el señor Juez doctor
Pettigiani dijo:
I. El tribunal del trabajo rechazó la demanda
interpuesta por Gustavo Rubén Ponce contra Juan Marino y
Vicente Marino, mediante la cual les había reclamado el
pago de remuneraciones adeudadas, sueldos anuales
complementarios, salarios por vacaciones, integración del
mes de despido e indemnizaciones por falta de preaviso y
despido injustificado; así como las previstas en los arts.
8 y 15 de la ley 24.013; 1 y 2 de la ley 25.323; 16 de la
ley 25.561 y 45 de la ley 25.345.
Resolvió de tal manera por considerar que no
resultó acreditada la relación laboral invocada por el
accionante en sustento de la pretensión.
Precisó el a quo que si bien con la prueba oral
se demostró que el actor -yerno del codemandado Vicente
Marino- trabajó en la peluquería de propiedad de los
accionados, el vínculo existente entre las partes no tuvo
las típicas características de un contrato de trabajo.
Ello así, porque de las declaraciones
testimoniales se desprende que el señor Ponce se manejaba
con independencia en el trato de sus clientes, sin que se
haya probado -por el contrario- la sujeción del actor a una
organización empresaria ajena, rasgo distintivo de una
relación laboral dependiente (vered., fs. 208/210).
Partiendo de esa base, concluyó el sentenciante
que, en tanto el actor estaba integrado al emprendimiento
familiar encabezado por los accionados, la relación habida
entre las partes tuvo un carácter asociativo y no laboral,
habiéndose desempeñado el actor como "un miembro más de la
sociedad de hecho que explotaba la peluquería ‘Marino
Hnos.’" (sent., fs. 212).
II. En el recurso extraordinario de
inaplicabilidad de ley, el impugnante denuncia absurdo y
violación de los arts. 14 bis, 16, 17 y 18 de la
Constitución nacional; 21, 22, 23, 25, 26, 50, 78, 79, 80,
242, 243, 245 y 246 de la Ley de Contrato de Trabajo; 1, 2,
3, 21, 23, 24 y 26 de la Ley de Sociedades Comerciales;
163, 354 inc. 1, 275 y 421 del Código Procesal Civil y
Comercial; 44 inc. "d", 47 y 63 de la ley 11.653 y doctrina
legal que cita (fs. 218/234 vta.).
Plantea los siguientes agravios:
1. En primer lugar, aduce que la sentencia viola
los arts. 21, 22, 23, 25 y 26 de la Ley de Contrato de
Trabajo, habida cuenta que, al resolver que no se acreditó
la existencia de la relación laboral entre las partes, el
tribunal soslayó las notas que tipifican legalmente el
contrato de trabajo.
Afirma que en autos resultó demostrado que la
peluquería en la que se desempeñaba el actor era de
propiedad exclusiva de los demandados, tal como lo
admitieron éstos al absolver posiciones en la audiencia de
vista de la causa y lo reprodujo el tribunal a quo. Añade
que dicha titularidad negocial -y la consecuente ajenidad
del actor- ha sido reiteradamente señalada por esta Suprema
Corte, en los precedentes que identifica, como un indicio
de la subordinación laboral, al incorporarse el trabajador
a una empresa que no le pertenece.
Agrega que -en tanto se probó que el señor Ponce
trabajó con continuidad y de manera ininterrumpida en un
negocio ajeno, durante largos años, desempeñando allí su
profesión habitual y recibiendo un ingreso como
contraprestación- han quedado acreditadas todas las notas
que tipifican a una relación laboral subordinada, máxime
cuando no alegó ni probó la demandada que las herramientas
de labor fueran de propiedad del actor, ni que éste
realizase aporte alguno para el funcionamiento del negocio.
2. Desde otro ángulo, sostiene que, tal como lo
resolvió este superior Tribunal en las causas que cita (L.
91.003, "Zuccoli", sent. del 8-XI-2006; L. 81.266, "Ponce",
sent. del 16-VIII-2006; L. 86.068, "Moreno", sent. del 9-
VIII-2006), cuya doctrina reputa transgredida, reconocida la
prestación de servicios por parte de la accionada, queda a su
cargo demostrar la inexistencia del contrato de trabajo en
virtud de lo que prescriben los arts. 23 de la Ley de
Contrato de Trabajo y 375 del Código Procesal Civil y
Comercial.
Destaca que lo expuesto se refuerza con sólo
advertir que los accionados no contestaron la demanda, lo
que crea una presunción de veracidad de los hechos allí
expuestos. Dice, en ese sentido, que si reiteradamente se
han invalidado las negativas meramente genéricas para
sostener la postura de la parte demandada, mucho menos
puede admitirse que la ausencia de réplica pueda servir de
base para el rechazo de la pretensión.
En consecuencia -concluye-, habiendo quedado
demostrado que el actor desempeñaba sus labores en una
organización empresaria ajena, con características de
continuidad, a cambio de un ingreso, se imponía admitir la
existencia de la relación laboral, salvo prueba muy
concreta en contrario de parte de quienes alegaron la
inexistencia del vínculo laborativo.
3. Denuncia que el tribunal incurrió en absurdo
al considerar que no existió contrato de trabajo y concluir
que medió entre las partes un vínculo asociativo.
Indica que mal pudo el juzgador señalar que no se
acreditó la sujeción de Ponce a una organización empresaria
ajena, y postular la existencia de una sociedad entre el
actor y los accionados, habida cuenta que ninguna alegación
ni prueba existió en tal sentido, al punto que no se
demostró colaboración en los gastos ni participación en las
pérdidas y las ganancias.
Refiere que las declaraciones de los testigos
transcriptas en el veredicto en modo alguno abonan la
existencia del vínculo asociativo introducido por el
tribunal, sino que, por el contrario, demuestran que el señor
Ponce trabajó durante largo tiempo en una peluquería ajena,
sin que obste a ello la circunstancia de que éste recibiera
en mano el pago de cada corte de pelo que realizaba, tal como
de ordinario sucede en ese tipo de negocios.
Manifiesta, asimismo, que los jueces incurrieron
en una contradicción, pues si bien señalaron que el actor
se manejaba con independencia en el trato de sus clientes,
posteriormente concluyeron que existía una sociedad entre
las partes, lo que presupone que el dinero debía ir a un
fondo común.
4. Expresa que el a quo ha vulnerado los arts. 1,
2, 3, 21, 23, 24 y 26 de la Ley de Sociedades Comerciales.
Plantea que es erróneo sostener -como lo hizo el
tribunal de grado- que el actor se había integrado en una
sociedad con los accionados, toda vez que, para que ello
suceda, es necesario que sus integrantes realicen aportes
para aplicarlos a la producción o intercambio de bienes y
servicios, lo que no resultó acreditado en autos.
Máxime cuando -explica- la existencia de tal
sociedad no fue alegada por los demandados, por lo que su
introducción oficiosa por el juzgador conlleva una
violación del principio de congruencia establecido en el
art. 163 inc. 6 del Código Procesal Civil y Comercial y del
derecho de defensa en juicio.
5. Para concluir, señala que -al considerar, con
cita del art. 39 de la Constitución local, que el actor
debía verse asistido con el beneficio de pobreza
contemplado en el art. 22 de la ley 11.653, en virtud de
que podía ser razonablemente calificado como un trabajador
en los términos de dicha norma- el tribunal violó el mismo
precepto que dijo aplicar.
III. El recurso debe prosperar, con el siguiente
alcance.
1. Invirtiendo el orden de tratamiento de los
agravios por razones metodológicas, he de señalar
liminarmente que aquél vinculado con la violación del art.
23 de la Ley de Contrato de Trabajo no resulta de recibo.
a. Ello así, pues -en mi criterio- no se
verificaron en autos los presupuestos para la operatividad
de la presunción legal referida.
Tal como le he señalado en numerosas
oportunidades (conf. mis votos en las causas L. 102.424,
"Montivero", sent. del 13-X-2010; L. 98.181, "Duarte",
sent. del 28-V-2010; L. 87.389, "Gómez Maceiro", sent. del
3-XII-2008; L. 90.472, "Fernández", sent. del 17-V-2006;
entre muchas otras), de conformidad a los principios que
informan la doctrina legal de esta Corte, correspondía a la
parte actora la carga de acreditar la existencia de la
relación dependiente invocada, habida cuenta que para que
juegue la presunción que dispone el art. 23 de la Ley de
Contrato de Trabajo, los servicios deben haberse prestado
en relación de dependencia (conf. L. 39.638, "Galeano",
sent. del 7-VI-1988; L. 48.556, "Recuero", sent. del 25-
VIII-1992; L. 51.000, "Montemurra de Bartolotta", sent. del
13-IV-1993, entre otras tantas), extremo este expresamente
desechado por el sentenciante en la especie.
Ello así pues, "si bien es cierto que la
prestación de servicios presume la existencia de un contrato
de trabajo, no lo es menos que la citada norma se refiere a
aquéllos en relación de dependencia" (conf. causa L. 34.473,
"Muñoz", sent. del 26-III-1985). En ese orden de ideas, Justo
López, Norberto O. Centeno y Juan Carlos Madrid, sostienen
que "debe entenderse que la prestación de servicios que
genera la presunción es la de servicios bajo la dependencia
de otro, pues sólo estos son los que se contemplan en la
tipificación legal del contrato y de la relación de trabajo
(arts. 21 y 22, L.C.T.) y que, por lo tanto, la carga de la
prueba de la relación de dependencia o subordinación no
resulta alterada por la presunción, sino que por el
contrario, de esa prueba depende que aquélla entre a jugar"
("Ley de Contrato de Trabajo Comentada", Ed. Contabilidad
Moderna, Bs. As., 1977, p. 194; el remarcado es propio).
Circunstancia que, por otra parte, nos parece razonable
habida cuenta que, cuando en múltiples ocasiones diarias se
utilizan los servicios profesionales de una persona para la
realización de una tarea, obra o servicio determinado, que
puede o no prolongarse en el tiempo –v.gr. un fotógrafo, un
pintor o un médico-, la aplicación lisa y llana de la
presunción del art. 23 bajo la invocación de que se trata
meramente de la inversión de la carga probatoria, sin una
interpretación uniformadora y sistemática de la totalidad del
plexo jurídico aplicable en la especie, nos llevaría a
afirmar en dicha hipótesis la existencia de una relación
laboral dependiente, con todo lo que ello implica.
La Corte Suprema de Justicia de la Nación tiene
dicho que: "en la tarea de interpretar las leyes, además de
dar pleno efecto a la intención del legislador, no debe
prescindirse de las consecuencias que derivan de cada
criterio, pues ellas constituyen uno de los índices más
seguros para verificar su razonabilidad y su coherencia con
el sistema en que está engarzada la norma" (Fallos
319:2594; 312:156; 318:817; entre muchos otros).
Por otro lado, no puede requerirse a la parte
demandada que acredite los presupuestos necesarios para su
defensa, cuando no fueron demostrados los correspondientes
a la pretensión (art. 375, C.P.C.C.), debiendo soportar la
actora las consecuencias de omitir la prueba de sus
afirmaciones, impuestas en su propio interés (conf. causa
L. 37.830, "Galdame", sent. del 8-IX-1987).
b. Sin perjuicio de lo expuesto, y en atención a
las razones señaladas por el a quo para fundar la decisión
adversa al reclamo de la demanda, cabe hacer notar que la
denuncia de violación de la norma del art. 23 de la Ley de
Contrato de Trabajo carece, en la especie, de toda
relevancia. Ello así, en efecto, porque como esta Suprema
Corte lo ha decidido reiteradamente, si la prueba producida
acredita, a juicio del tribunal, que las labores prestadas
por el actor no lo fueron en relación de dependencia o
subordinación con el demandado, no se configura el
presupuesto condicionante al que el art. 23 de la Ley de
Contrato de Trabajo subordina la operatividad de la
presunción iuris tantum que ella contiene (conf. causa L.
94.899, "Botelli", sent. del 22-XII-2008; entre muchas).
2. En cambio, acierta el impugnante en cuanto
señala que -al concluir que entre las partes no medió una
relación laboral, sino un vínculo asociativo (sociedad de
hecho)- el tribunal de grado incurrió en absurdo y
violación del principio de congruencia.
a. Tiene dicho esta Suprema Corte que corresponde
a los tribunales del trabajo, como función privativa,
determinar si entre las partes se configuró o no un
contrato de trabajo conforme los elementos fácticos que en
cada caso se verifiquen, y que su decisión al respecto no
puede revisarse en esta sede extraordinaria, salvo que se
demuestre absurdo (conf. causas L. 103.923, "Palavecino",
sent. del 15-XII-2010; L. 89.080, "Visgarra", sent. del 22-
VIII-2007; L. 74.799, "Cáceres", sent. del 30-IV-2003; L.
74.908, "Barneche", sent. del 29-V-2002; L. 61.520,
"Zamudio", sent. del 8-IV-1997; L. 56.699, "Serone", sent.
del 27-VI-1995).
b. Como lo anticipé, considero que la recurrente
logra evidenciar el aludido vicio sentencial, habida cuenta
que los argumentos centrales esgrimidos por el juzgador
para fundar el pronunciamiento son eficazmente rebatidos en
el escrito recursivo.
(i) En primer lugar, la afirmación del tribunal
relativa a que "ningún medio probatorio nos pudo aproximar
a la existencia de una sujeción a una organización
empresaria ajena, rasgo distintivo de una relación laboral
dependiente" (vered., fs. 209 vta.) no aparece compatible
con lo previamente afirmado por el propio juzgador en orden
a que -con la absolución de posiciones de los dos
codemandados, Vicente y Juan Marino- resultó "plenamente
acreditado" que eran exclusivamente éstos los propietarios
de la peluquería para caballeros en la que, como también lo
admitieron los coaccionados, trabajó el señor Ponce, al
menos desde el año 1992 e ininterrumpidamente hasta la
fecha del autodespido, ocurrido en el mes de febrero de
2006 (vered., fs. 208 y vta.). Conclusión que, por lo
demás, fue posteriormente reiterada por el juzgador, cuando
afirmó que la "ciertamente prolongada" relación que vinculó
a las partes se desarrolló "en un establecimiento de
propiedad de los demandados" (vered., fs. 209 vta.).
La contradicción puesta de manifiesto por el
recurrente demuestra que, efectivamente, el tribunal
incurrió en el absurdo que se denuncia en el embate, pues
sabido es que el indicado vicio sentencial se configura,
precisamente, cuando el pronunciamiento exhibe un desvío
tal que ha llevado al juzgador a establecer conclusiones
abiertamente contradictorias entre sí o inconciliables con
las constancias que resultan de la causa (conf. L. 96.969,
"Estauro", sent. del 20-X-2010; L. 94.696, "Machado", sent.
del 25-VIII-2010; C. 93.136, "Raimundo", sent. del 9-VI-
2010; entre muchas).
Luego, habiendo resultado acreditado que los
servicios prestados personalmente por el actor como
peluquero, a cambio de una contraprestación en dinero
(vered., fs. 209 vta.), lo fueron en el ámbito de una
organización empresaria ajena, es decir, en un régimen de
ajenidad (arg. arts. 5 y 21, L.C.T.), pierde entidad el
mentado argumento esgrimido por el juzgador para descartar
la relación laboral invocada en sustento del reclamo.
(ii) En nada obsta a lo expuesto lo señalado por el
a quo en orden a que el actor "se manejaba con independencia
de trato con sus clientes" (vered., fs. 209 vta.).
Amén de que, como lo resalta el recurrente, dicha
aseveración no se condice con la sociedad de hecho que el
tribunal juzgó existente entre las partes (aspecto del
decisorio sobre el que habré de explayarme en el apartado
siguiente), la circunstancia que ponderó el juzgador para
arribar a semejante conclusión (básicamente: que los
clientes le abonaban directamente a Ponce el corte de pelo;
vered., fs. 208 vta./209), en modo alguno es suficiente
para excluir el carácter laboral del vínculo, desde que no
puede deducirse de ello cuál era el destino final de ese
dinero ni, por tanto, que el mismo redundara en su
exclusivo beneficio, excluyendo así las notas de ajenidad y
dependencia que tipifican al contrato de trabajo.
Tampoco resulta decisiva a los fines analizados
la genérica afirmación del tribunal relativa a que el
trabajo como peluquero en el negocio de los demandados "le
significaba al actor un ingreso de dinero de cierta
importancia" (lo que, sin mayores especificaciones, dedujo
de la circunstancia de que, con posterioridad al despido,
el actor habría inaugurado un local propio, fs. 209 vta.),
toda vez que -aun sin reparar en el hecho de que no se
alegó ni probó en la causa que esa supuesta explotación
hubiese sido solventada con los ingresos que el reclamante
había percibido en retribución por los servicios prestados
en el establecimiento de los accionados- no se advierte que
la obtención de una suma de dinero a cambio de la labor
desempeñada pudiera enervar la caracterización del vínculo
como un contrato de trabajo; antes bien: la
contraprestación en dinero es una de las notas que
tipifican el vínculo laboral dependiente (arg., arts. 21,
74, 103 y 107, L.C.T.).
(iii) En tercer lugar, como también se denuncia
en el embate, mal pudo el tribunal concluir -sin violar,
como lo hizo, el principio de congruencia- que existió
entre el actor y los demandados una sociedad de hecho, toda
vez que dicha circunstancia no fue invocada por los
litigantes a lo largo del proceso, por lo cual, al
computarla para descartar la responsabilidad de los
accionados, el a quo se apartó de la forma en que quedó
trabada la litis, con franca transgresión del derecho de
defensa de la parte actora.
Adviértase que en el escrito de inicio el
accionante invocó la existencia de un contrato de trabajo,
mientras que los accionados no contestaron en término la
demanda (fs. 67 y 149/150), por lo que lógico es concluir
que no invocaron la existencia del supuesto contrato de
sociedad del que hizo mérito el sentenciante para fundar su
conclusión relativa a la inexistencia de relación laboral.
Luego, si bien no se me escapa que en nuestro
régimen procesal la incomparecencia de la demandada a
juicio no exime a la parte actora de su obligación de
acreditar sus afirmaciones, ya que debe aportar a la causa
los elementos de convicción que justifiquen la legitimidad
de su reclamo, por lo que -situados en tal contexto- los
jueces tienen la facultad de tener por reconocidos los
hechos invocados por el accionante, mas en modo alguno la
obligación de hacerlo (conf. causa L. 84.169, "Bernada
Beraiz", sent. del 18-VII-2007), tampoco puede soslayarse
que dicha circunstancia no habilita al órgano
jurisdiccional a introducir, de su propia cosecha,
argumentos defensivos que no fueron esgrimidos por la parte
demandada, habida cuenta que -como es sabido- es la litis
la que fija los límites de los poderes del juez,
traspasados los cuales se produce la vulneración del
principio de congruencia (conf. L. 92.617, "Valsecchi",
sent. del 11-III-2009; L. 85.849, "Bentrón", sent. del 11-
IV-2007; L. 84.945, "Buffo", sent. del 22-XI-2006; L.
56.716, "Fabro", sent. del 26-XI-1996; L. 32.598, "Lecuna",
sent. del 24-VIII-1984).
Es dable advertir, en ese sentido, que la
existencia de una supuesta sociedad ni siquiera fue
introducida por los accionados -que insisto, no contestaron
la demanda- en el intercambio telegráfico previo, en el
que, tras negar la existencia de la relación laboral, se
limitaron a poner de resalto la condición de
"monotributista" que en su parecer ostentaba el accionante,
sin referencia alguna al vínculo asociativo que el a quo
invocó para desestimar el carácter laboral de la relación
que ligó a las partes (v. fs. 14/17).
Más aún: si, como en reiteradas oportunidades lo
ha resuelto este Tribunal, negada la relación laboral por la
demandada, pero argumentando ésta la existencia de una
sociedad, a ella le incumbe la prueba de la existencia del
vínculo asociativo invocado (conf. causas L. 93.210,
"Fernández", sent. del 11-XI-2009; Ac. 52.303, "Yaryour",
sent. del 20-IX-1994; L. 50.928, "Terrile", sent. del 7-IX-
1993; L. 33.119, "Traverso", sent. del 10-VIII-1984; L.
32.808, "Colombo", sent. del 29-V-1984), no resulta difícil
colegir que dicha circunstancia defensiva -existencia de una
sociedad entre actor y demandado- no puede ser válidamente
computada por el tribunal para descartar el carácter laboral
de la relación cuando la misma no sólo no fue probada, sino
que ni siquiera fue oportunamente introducida por la parte
interesada en sustento de su posición.
Lo hasta aquí señalado demuestra que -como se
denuncia en el recurso (ver fs. 233)-, al concluir que
entre actor y demandados existió una sociedad de hecho, el
tribunal ha vulnerado el principio de congruencia
contemplado en los arts. 163 inc. 6 del Código Procesal
Civil y Comercial y 47 de la ley 11.653.
En ese sentido, este Tribunal ha declarado que el
principio de congruencia postula conducir el pleito en
términos de razonable equilibrio dentro de la bilateralidad
del contradictorio, e importa que la sentencia se muestre
atenta a la pretensión jurídica que forma el contenido de
la disputa, resultando violado cuando el fallo valora y
decide sobre circunstancias ajenas a la forma en que ha
sido planteado el reclamo (conf. arts. 18, Const. nac.; 163
inc. 6, C.P.C.C. y 47 de la ley 11.653; causas L. 86.587,
"Zaccardi", sent. del 21-VI-2006; L. 85.547, "Maldonado",
sent. del 14-IV-2004; L. 71.273, "Cosatti", sent. del 4-IV-
2001; entre otras). En consecuencia, viola los arts. 163
inc. 6 del Código Procesal Civil y Comercial y 47 de la ley
procesal laboral el fallo que -como el aquí examinado-, al
introducir de oficio una cuestión no articulada, se aparta
del objeto de litigio determinado por la demanda y
contestación, quebrantando de ese modo la igualdad,
bilateralidad y equilibrio procesal tutelados por el
principio de congruencia (conf. L. 102.190, "G., S.", sent.
del 18-V-2011; L. 55.838, "Domínguez", sent. del 4-XI-1997;
L. 56.208, "Agüero", sent. del 2-VII-1996; L. 49.874,
"Lotto", sent. del 21-IX-1993).
Máxime cuando -como lo sostiene el quejoso- en
autos no se han acreditado los presupuestos indispensables
para tener por configurada una sociedad entre el actor y
los demandados. Cuadra recordar al respecto que, como
inveteradamente lo ha declarado esta Corte, la existencia
de una sociedad, así sea de hecho, requiere por definición
la prueba de aportes -en dinero, bienes o trabajo personal-
y el propósito de obtener una utilidad apreciable en
dinero, pues la formación de un fondo común de tal modo que
de su explotación resulte una utilidad a ser partida entre
los socios son elementos considerados esenciales que
diferencian a este contrato de otros similares (conf.
causas C. 97.839, "Altieri", sent. del 10-II-2010; C.
99.169, "Rolleri", sent. del 10-XII-2008; Ac. 76.903,
"Pieri", sent. del 19-II-2002; Ac. 61.572, "Pérez", sent.
del 10-IX-1996; Ac. 42.743, "Piaggi", sent. del 27-XI-
1990), requisitos cuya concurrencia el tribunal ni siquiera
se detuvo a analizar como paso previo a introducir
-reitero: de su propia cosecha, y en franco apartamiento de
la forma en que quedó trabada la litis- su dogmática
conclusión relativa a que la relación "tuvo un carácter
asociativo" (vered., fs. 209 vta./210), por lo que el actor
estaba integrado "como un miembro más de la sociedad de
hecho que explotaba la peluquería" (sent., fs. 212).
c. A tenor de lo señalado, encuentro configurado
en la especie el grave error valorativo incurrido por el
sentenciante, con claro apartamiento de las constancias
objetivas de la causa y de los límites en que quedó trabada
la litis, circunstancia que justifica la revocación de lo
decidido en cuanto concluyó que no se había acreditado la
existencia de una relación de trabajo dependiente (conf. en
similar sentido, mi voto en la causa L. 91.284, "Vázquez",
sent. del 23-VII-2008).
IV. En virtud de lo hasta aquí expuesto,
corresponde hacer lugar al recurso traído y revocar la
sentencia impugnada en cuanto consideró no demostrada la
existencia del vínculo laboral invocado en sustento del
reclamo.
Los autos deben volver al tribunal de origen para
que -debidamente integrado y previa renovación de los actos
procesales que estime necesarios- dicte un nuevo
pronunciamiento conforme lo que aquí se resuelve y
atendiendo a las alegaciones de las partes.
Costas de esta instancia a la demandada vencida
(art. 289, C.P.C.C.).
Con el alcance indicado, voto por la afirmativa.
Los señores jueces doctores Hitters y Genoud, por
los mismos fundamentos del señor Juez doctor Pettigiani,
votaron también por la afirmativa.
A la cuestión planteada, el señor Juez doctor
Soria dijo:
I. 1. La crítica fundada en el art. 23 de la Ley
de Contrato de Trabajo no resulta por sí sola idónea para
neutralizar la definición del fallo de grado.
Esta Corte tiene dicho que queda desvirtuada la
presunción iuris tantum que consagra la citada norma si
la prueba producida demuestra que las labores desplegadas
por el actor no lo fueron en relación de dependencia
(conf. causas L. 94.216, "López", sent. de 10-XII-2008;
L. 82.915, "Marcone", sent. de 26-IX-2007; L. 81.242,
"Arregui", sent. de 4-V-2005). Luego, toda vez que en el
caso el sentenciante de grado arribó a tal conclusión al
señalar que el vínculo que ligó a las partes "tuvo un
carácter asociativo, y no laboral dependiente" (v.
vered., fs. 209/210; conf. sent., fs. 212), la aplicación
de las directrices que emanan de la doctrina reseñada dan
sustento suficiente para desestimar lo argumentado al
respecto por el recurrente.
2. Sin perjuicio de lo anterior, entiendo que las
razones esgrimidas por mi distinguido colega doctor
Pettigiani en el ap. III.2 de su sufragio -al que en tal
parcela adhiero-, referidas al vicio de absurdo y a la
violación del principio de congruencia presentes en el
caso, conducen a afirmar que aquella definición a la que
arribó el tribunal de la instancia debe ser revocada.
II. En virtud de lo dicho, comparto también la
solución propuesta en el apartado final de la opinión que
inaugura este acuerdo.
Con el alcance indicado, voto por la afirmativa.
El señor Juez doctor Negri, por los mismos
fundamentos del señor Juez doctor Soria, votó también por
la afirmativa.
Con lo que terminó el acuerdo, dictándose la
siguiente
S E N T E N C I A
Por lo expuesto en el acuerdo que antecede, se
hace lugar al recurso extraordinario de inaplicabilidad
de ley y, en consecuencia, se revoca la sentencia
impugnada en cuanto juzgó no demostrada la existencia del
contrato de trabajo invocado en sustento del reclamo.
Vuelvan los autos al tribunal de grado a fin de que
-integrado con otros jueces- renueve los actos procesales que
considere necesarios y se pronuncie acerca de la procedencia
de la acción deducida, atendiendo a las consideraciones aquí
efectuadas y a las alegaciones de las partes.
Las costas de esta instancia se imponen a la
demandada vencida (art. 289 del C.P.C.C.).
Regístrese y notifíquese.
HECTOR NEGRI
DANIEL FERNANDO SORIA JUAN CARLOS HITTERS
LUIS ESTEBAN GENOUD EDUARDO JULIO PETTIGIANI
GUILLERMO LUIS COMADIRA
Secretario
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