INSTANCIA GRUPAL 1.
Explique como entienden al Estado las diferentes
corrientes de pensamiento político. Tener en cuenta su origen y función.
2. Explique cuál es la relación entre Estado y Educación según el liberalismo,
socialismo y el estado social. Tener en cuenta la concepción de educación, rol
del estado, financiamiento, etc.
INSTANCIA INDIVIDUAL
3. Elija una imagen y elija dos posturas (liberalismo, socialismo, estado social)
para generar un debate en torno a la imagen.
El pensamiento cristiano
Durante la Edad Media, momento histórico de dominio cristiano por excelencia, predominó la ya
analizada “concepción descendente del poder”. Ésta se resumía así: el poder reside en Dios. No
existe en la Biblia pasaje más expresivo que aquel correspondiente al evangelio según San Juan en
el que Jesucristo se dirige a Pilatos con estas palabras: “no tendrás ningún poder sobre mí si no te
hubiera sido dado desde lo alto”. También San Pablo (? -67 d. C.) en las Epístolas a los romanos lo
afirmaban con claridad: “toda alma se someta a potestades superiores, porque no hay potestad
sino de Dios, y las que son de Dios, son ordenadas”. En el siglo V San Agustín sostuvo que Dios
daba sus leyes a la humanidad por medio de los reyes. Este pensamiento podía ilustrarse con una
metafórica pirámide en la que el poder estaba concentrado en el vértice: cualquier forma de éste
que se diera “más abajo” provenía de “arriba”. Esta concepción denominada teocrática y, como es
obvio, fueron los clérigos – monopolizadores del pensamiento culto- quienes la desarrollaron y
perfeccionaron. El pueblo, lejos de gozar cualquier poder autónomo, se hallaba de hecho
encomendado por Dios al gobierno de su rey. Una de las claves que permite entender la vigencia
de esta corriente de pensamiento es que antes del siglo XIII no se concebía a los reinos e imperios
más que como porciones de una unidad más amplia, el conjunto de todos los cristianos. Este era el
punto de partida de la llamada doctrina” hierocrática”, según la cual el Papa, como sucesor de San
Pedro – que había recibido los poderes y las funciones de Jesucristo -, debía dirigir la comunidad
de los creyentes; la línea divisoria entre lo material y lo espiritual carecía de poder operativo, y el
Papa reivindicaba su supremacía respecto de reyes y emperadores. Los enfrentamientos entre el
papado y quienes ejercían la autoridad terrenal fueron uno de los componentes de la vida política
durante varios siglos, pero se trataba de una polémica que no afectaba la cuestión de que el poder
descendía de Dios; simplemente se discutía si era el Papa o el Emperador quien recibía la
autoridad.
La aceptación de la idea de que la humanidad es un conjunto de hombres individualizados,
autosuficientes, autónomos y soberanos surgió durante el 1200 como consecuencia de la
influencia del pensamiento aristotélico. La toma de contacto en occidente con la mayor parte de
las obras del pensador griego del siglo IV a. C. que se habían perdido en el curso de la temprana
Edad Media aportó nuevas ideas al análisis delas sociedades. En ese momento histórico comienzan
a utilizarse expresiones como “política” y “Estado”, para designar actividades e instituciones que
se vinculaban con la “concepción ascendente del poder”. La visión de Aristóteles se sustentaba en
la idea de la ciudad (“polis”), era una realidad natural, surgida de la actuación de las leyes de la
naturaleza, no como consecuencia de algún acuerdo o contrato, ni como resultado de un acto
específico de la divinidad; su objetivo era el logro de la plenitud moral de sus integrantes. En su
análisis, el hombre era por naturaleza era un “animal” político y social; lo que implicaba su
participación en las instituciones de gobierno y en todas las actividades vinculadas con el logro de
una mayor perfección. Santo Tomás de Aquino llevó a cabo la adaptación del pensamiento
aristotélico a las concepciones cristianas el cual dio comienzo a la ciencia política como disciplina
independiente, definida como el conjunto de conocimientos relativos al gobierno del Estado. Se
iba perfeccionando así la idea de que el poder residía en el pueblo quién lo ejercía (rey, jefe, etc.)
era considerado representante de la comunidad y por lo tanto responsable ante ésta, razón por la
cual existía un “derecho” a la resistencia. Fueron a pareciendo los elementos que permitieron que
posteriormente se consolidaran la concepción ascendente del poder, también llamada teoría
popular de gobierno. Al asumirse como válido el postulado que considera al hombre como ser
naturalmente inclinado a la actividad social, este es miembro de la “ciudad temporal”, una
construcción coronada por una autoridad, accesible al entendimiento humano gracias a la razón.
La función principal del Estado es la de “procurar el bien común”; toda su actividad, desde la
política hasta la económica, debe dirigirse a la creación de una situación en la que los ciudadanos
puedan desarrollar sus cualidades personales y los individuos, impotentes por sí solos, persigan
solidariamente ese fin común. Se estaban sentando las bases para el surgimiento de un
pensamiento político independiente de los principios religiosos, 4 y la concepción descendente del
poder perdió progresivamente importancia. A lo largo de los siglos siguientes el pensamiento
católico mantuvo una postura de aceptación del poder constituido mientras éste respetara los
derechos de la Iglesia; incluso con sus acciones contribuyó a avalar el poder de los reyes absolutos.
El conflictivo período caracterizado por el surgimiento de la Reforma Protestante en el siglo XVI
implicó cambios de importancia en las concepciones respecto del Estado. La emergencia de la
Reforma fue fundamental en cuanto a provocar la ruptura de la unidad de la cristiandad; a partir
de la misma se hizo posible que el Estado Moderno avanzara en su construcción. El hecho dela
existencia de diversas confesiones religiosas y las guerras de religión derivadas de esta realidad
condujeron a que el Estado buscara establecer el fundamento de su autoridad y legitimidad más
allá de las convicciones religiosas de sus súbditos. El poder eclesiástico existente – el Papa,
residente en Roma- dejó de estar por encima del orden terrenal; por el contrario, el poder civil era
el que debía dominar en estos asuntos.
El gran desafío que significó el despliegue de las ideas liberales a lo largo del siglo XVII con su
cuestionamiento a las jerarquías tradicionales y su reivindicación de los derechos individuales, el
estallido de la revolución en Francia a fines del siglo XVIII y el surgimiento de la revolución
industrial afectaron de manera profunda al núcleo del pensamiento católico. Durante todo el siglo
XIX la oposición de la Iglesia a las ideas liberales fue casi total y escasa la comprensión respecto de
los problemas sociales de la época, generados por la industrialización. En cuanto al abordaje de la
cuestión social y el papel del estado frente a ella, la superación de una mirada que sólo pensaba
en términos de caridad recién se produjo hacia finales del siglo XIX. En relación con la promoción
del bienestar material de los trabajadores y la función que le corresponde a la autoridad, León XIII
(1810-1903) afirma lo siguiente: Entendemos hablar aquí del Estado, los que gobierna un pueblo
deben primero ayudar en general con todo el complejo de leyes e instituciones, es decir, haciendo
que de la misma conformación y administración de la cosa pública brote espontáneamente la
prosperidad, así de la comunidad como de los particulares[...] con el auxilio de esto, así como
pueden los que gobiernan aprovechar a todas las clases, así pueden también aliviar muchísimo a la
suerte de los proletarios y esto en uso de su mejor derecho y sin que pueda nadie tenerlos por
entrometidos, porque debe el Estado, por razón de su oficio, atender al bien común. [...] Exige,
pues, la equidad que la autoridad pública tenga cuidado del proletario haciendo que el toque algo
de lo que aporta a la común utilidad, que con casa en que mora, viendo con que cubrirse y
protección con qué defenderse de quién atente a su bien, pueda con menos dificultades soportar
la vida. De donde se sigue que se ha de tener cuidado de fomentar todas aquellas cosas que en
lago pueden aprovechar a la clase obrera [...] Importa al bienestar del público y al de los
particulares que haya paz y orden; que todo el ser de la sociedad doméstica se gobierne por los
mandamientos de Dios y los principios de la ley natural; que se guarde y se fomente la religión,
que florezcan en la vida privada y en la vida pública costumbres puras; que se mantenga ilesa la
justicia y no se deje impune al que viole el derecho del otro; que se formen robustos ciudadanos,
capaces de ayudar y, si el caso lo pierde, defender la sociedad. La aceptación de las
transformaciones políticas vertidas en el siglo XIX dio lugar a una revisión de las posturas católicas
respecto del liberalismo y de la democracia.
El liberalismo
El liberalismo postula que la razón del individuo constituye el fundamento para organizar las
relaciones entre los hombres y entre ellos y el mercado. En política implica el contractualismo o
constitucionalismo –incluidos los principios de representación delos ciudadanos y la separación y
limitación de los poderes- y en economía el mercado libre. En ambos casos la clave reside en el
derecho de propiedad. Éste es sagrado, es la razón de ser del Estado y el elemento que confiere
autonomía real a cada individuo. El liberalismo es, en definitiva, el sistema y la ideología que
garantizan la libertad en todas sus dimensiones y hace del individuo el centro de la sociedad.
En todas las variantes del liberalismo existe una concepción definida del hombre y dela sociedad.
Los elementos de la misma son: 1) Es individualista en tanto que afirma la primacía de la persona
frente a las exigencias de cualquier colectividad social; 2) Es igualitaria, porque confiere a todos los
hombres el mismo status moral, y niega la aplicabilidad, dentro de un orden político o legal, de
diferencias entre los seres humanos;3) es universalista, ya que afirma la unidad moral de la
especie humana y concede una importancia secundaria a las asociaciones históricas específicas
(por ejemplo, nación);4) Es progresista por su creencia en la posibilidad del mejoramiento de
cualquier institución social y política.
Su formulación moderna, acompañada de una teoría del surgimiento del Estado, se produce en la
conmocionada Inglaterra del siglo XVII, sacudida por enfrentamientos casi continuos desde la
década de 1640, emergiendo de la obra de Thomas Hobbes, y sobre todo de la de John Locke. Las
transformaciones políticas y económicas que experimentaba el mundo Occidental, a partir de las
guerras de religión y de la expansión económica afirmada en el comercio internacional,
contribuyeron a socavar el poder de las monarquías tradicionales. Las ideas centrales de Hobbes
se manifiestan en le Leviatán (1651) y pueden ser definidas como una filosofía del poder. Para
Hobbes, sin embargo, hay un derecho natural y unas leyes naturales, aunque las mismas no tienen
para él la misma significación que para los teóricos del derecho natural. El Estado se basa en un
contrato, no el que establecen un monarca y sus súbditos, sino el que pactan individuos que
deciden darse un soberano; ese contrato, lejos de imitar la soberanía, la funda; El origen del
contrato es la preocupación por la paz; El Estado tiene la función de salvaguardar el derecho
natural de cada uno, y su poder encuentra su límite absoluto en el derecho natural, no en ningún
otro hecho moral; El Estado es el que fundamenta la propiedad, por lo que todo ataque al Estado
es un ataque a la propiedad. Para finalizar, si llamamos liberalismo a la doctrina que sostiene que
los derechos, en oposición a los deberes, constituyen el hecho político fundamental del hombre,
identifica la función del Estado con la protección y salvaguarda de dichos derechos, es correcto
afirmar que Thomas Hobbes fue el fundador del liberalismo. Locke destaca la importancia de la
propiedad, cuya garantía es justamente el objetivo de la creación del Estado. Justamente, cuando
el poder afecta los derechos naturales, en particular los de propiedad, Locke concede a los
gobernados el derecho a sublevarse.
Socialismo
En el movimiento socialista chocamos con concepciones del Estado diametralmente opuestas:
una, amistosa que llega hasta el culto al Estado; otra hostil, crítica, que lleva a un antagonismo
directo con él. Esas concepciones contrarias, en sus diversos matices, aparecen a través de la
historia de las ideas del socialismo. El Estado no es sólo un órgano de la represión y un procurador
de negocios para los propietarios. Hacerlo aparecer únicamente como tal es el recurso de todos
los anarquistas planificadores de sistemas. Proudhon, Bakunin, Stirner, Kropotkin, todos ellos han
presentado al Estado sólo como órgano de represión y explotación, lo que por cierto ha sido
durante un tiempo más que suficiente, pero que realmente no tiene por qué continuar siendo así.
El Estado es una forma de la convivencia y un órgano de gobierno, cuyo contenido social hace
variar su carácter político - social. Quien, a la manera de un nominalismo abstracto, vincula
irrevocablemente su concepto con el de las condiciones de dominación bajo las cuales surgió en
otros tiempos, ignora las posibilidades de desarrollo y las metamorfosis reales que con él han
tenido lugar en la historia. En la práctica, bajo la influencia de las luchas del movimiento obrero, ha
aparecido otra valoración del Estado en los partidos socialdemócratas. Lasalle – a pesar de algunas
exageraciones- acaba teniendo razón en sus frases frente a la historia [...] “Pero, entonces, ¿qué es
el Estado?” Y después de exhibir cifras estadísticas sobre la distribución del ingreso de aquella
época continúa: “A ustedes, las clases sufridas, y no a nosotros, las clases altas, pertenece el
Estado, porque él está constituido por ustedes, la gran asociación de las clases pobres ¡Ese es el
Estado!”. Un apotegma que tiene mucha semejanza con la frase de un socialista francés, de quién
se escribió en su época que Lasalle la había copiado, lo cual no era cierto. Éste es Louis Blanc, el
autor del artículo sobre la organización del trabajo. En un artículo que estaba dirigido contra
Proudhon, escribió:
“En un sistema de gobierno democrático el Estado es el poder de todo el pueblo, representado por
sus parlamentarios; es el imperio de la libertad. El Estado no es otra cosa que la propia sociedad,
que actúa como sociedad para impedir la opresión y conservar la libertad”. Esta es, creo, una
definición del concepto “Estado” capaz de subsistir ante el juicio histórico imparcial. No se trata de
un poder místico, sobrenatural, sino muy simplemente de la aplicación de la historia, del pasado,
en su creación y no puramente de la eventual votación de una cierta cantidad de personas. El
estado es un producto del desarrollo en cuya eventual configuración el pasado ha desempeñado
un papel. Desprenderse del Estado es imposible. Sólo se puede cambiar. Y así, el problema del
Estado lleva a los socialistas al problema de la democracia, finalmente, al del gobierno.
Fascismo
El fascismo es sin duda una ideología del siglo XX; los movimientos fascistas emergieron al finalizar
la primera guerra mundial y en los países en los que triunfó –Alemania e Italia- los regímenes
subsistieron hasta la catástrofe de la Guerra de1939-1945. Sin embargo, hay una coincidencia en
la actualidad respecto a que el corpus de ideas fascistas se gestó en el cuarto de siglo anterior a
1914, como reacción de algunos intelectuales frente al rumbo que estaba tomando la sociedad.
Tras su derrumbe, durante muchos años el fascismo fue considerado sólo de dos maneras: o poco
más que una desviación patológica, un negativo apartamiento respecto de las tradiciones
occidentales, o la manifestación reactiva y salvaje del capitalismo de su fase imperialista,
amenazado por el ascenso del movimiento obrero. En los últimos años ha cambiado esta visión,
insistiéndose en la complejidad que caracteriza su pensamiento. Las ideas fascistas apuntan hacia
la exaltación del Estado; frente a la división de poderes que defiende el liberalismo, reflejo de la
necesidad que tenía esta corriente de proteger al individuo frente a los abusos de la autoridad,
defienden la vigencia de una autoridad que expresa los supremos valores éticos y supera todos los
egoísmos de la clase. Es decir que todos los intereses se subordinan ante el Estado que es “un
término absoluto ante el cual los individuos y los grupos son términos relativos”. La figura de
Benito Mussolini (1883-1945) tuvo, obviamente, trascendencia como político: fundador del
movimiento fascista en 1919, tras haber sido un caracterizado dirigente socialista se transformó
en gobernante de Italia a partir de octubre de 1922luego de la “marcha sobre Roma”. Hasta la
toma de poder por parte de Hitler en 1933, fue considerado el líder del naciente fascismo y de sus
discursos emergen algunos de los rasgos que caracterizan la visión que tenía esta corriente
ideológica respecto del Estado, expresiones rotundas como, todo en el Estado, nada fuera del
Estado, nada contra el Estado, o sin Estado no hay Nación, resume la visión del fascismo sobre esta
cuestión. El Estado es, originalmente, un sistema de jerarquías. El día en que un hombre, entre un
grupo de hombres, asumió el mando, porque era el más fuerte, el más astuto, más sabio o más
inteligente, y los demás le obedecieron por amor a la fuerza, ese día nace el Estado y fue un
sistema de jerarquías, simple y rudimentario entonces, como era simple y rudimentaria la vida de
los hombres en el amanecer de la historia. No importa la índole del origen que el Estado invoque y
por el cual legitima su privilegio de creador de un sistema jerárquico: puede ser Dios, y se forma el
Estado teocrático; puede ser un hombre solo, la descendencia de una familia o un grupo de
individuos, y se constituye el Estado monárquico o aristocrático; o el pueblo, a través del
mecanismo del sufragio y estamos en el Estado demo constitucional de la era capitalista; pero en
todos los casos el Estado se manifiesta por medio de un sistema de jerarquías, hoy infinitamente
más complejo, de acuerdo con la vida que es más compleja en intención que en extensión.
El nazismo definido como tal a la variante alemana del fascismo, tomó el poder en Alemania en
1933, alzando la figura de su líder Adolfo Hitler (1889-1945). El partido obrero nacional- socialista
se convirtió en una fuerza política importante como consecuencia de las deficiencias del régimen
de la república de Weimar que no logró la estabilidad de la vida política de un país derrotado en la
Primer Guerra Mundial. El nazismo, compartiendo en varios aspectos los principios del fascismo
procede a una redefinición del Estado; este era meramente un agente de la raza. El fascismo fue
derrotado en la Segunda Guerra Mundial y sus ideas quedaron sepultadas por el triunfo
generalizado de la democracia en Occidente y la expansión del socialismo soviético en Europa del
Este.
Marxismo
La obra de Marx es la de un pensador producto de la revolución industrial y del desarrollo del
liberalismo, y sus propuestas se insertan en ese marco económico-social y en ese clima ideológico.
De allí que es válido sostener que, en el despliegue de sus ideas, su interlocutor es el liberalismo,
con quién se enfrenta en una arena común, brindando soluciones alternativas a los mismos
problemas. En el ámbito específico de la política en general y de la teoría del Estado en particular,
la versión más difundida de su pensamiento partía de dos premisas fuertemente vinculadas entre
sí: 1) la política es sólo una representación de una relación de fuerzas entre agentes sociales que
se consolida en el mundo de la producción; 2) el estado a lo largo de su existencia, ha sido y es un
instrumento de dominación de clase. Frente a concepciones que, implícita o explícitamente,
definen al Estado como un poder neutral, situado más allá de las fuerzas sociales en conflicto, la
crítica de Marx denuncia el carácter ilusorio de esa hipótesis, planteando la subordinación de lo
político al intercambio entre capital y fuerza de trabajo. Como instrumento de dominación de
clase, la función del Estado se prolonga hasta que la clase obrera lleve a cabo la revolución; una
vez desaparecida la explotación, el Estado pierde su razón de ser.
Por lo tanto, esta concepción se fundamenta en la convicción de que el estado no es el ámbito
adecuado para alcanzar sus objetivos –el triunfo del socialismo -, sino simplemente un puente
para que el proletariado como sujeto histórico proceda a utilizarlo en el tránsito hacia la toma del
poder.
Vladimir Illich Ulianov, que pasó a la historia con el nombre de Lenin (1780-1924). El líder de la
revolución rusa no sólo fue un militante cuyas decisiones políticas llevaron al triunfo a los
bolcheviques11 en octubre de 1917, sino que también produjo aportaciones de trascendencia
hasta el punto de difundirse la expresión “marxismo-leninismo” para referirse al conjunto de las
ideas del fundador, ampliada por la incorporación de sus “adaptaciones” a la realidad del siglo XX.
La teoría del Estado sirve para justificar los privilegios sociales, la existencia de la explotación, la
existencia del capitalismo, razón por la cual sería el mayor de los errores esperar imparcialidad en
este problema, abordarlo en la creencia de que quienes pretenden ser científicos pueden
brindarles a ustedes una concepción puramente científica del asunto. Cuando se hayan
familiarizado con el problema del Estado, con la doctrina del estado y con la teoría del Estado, y lo
hayan profundizado suficientemente, descubrirán siempre la lucha entre clases diferentes, una
lucha que se refleja o se expresa en un conflicto entre concepciones sobre el Estado, en la
apreciación del papel y de la significación del Estado.
[...] hay que tener presente, ante todo, que no siempre existió el Estado. Hubo un tiempo en que
no había Estado. Éste aparece en el lugar y momento en que surge la división de la sociedad en
clases, cuando aparecen los explotadores y los explotados.
La historia demuestra que el Estado, como aparato especial para la coerción de los hombres, surge
solamente donde y cuando aparece la división de la sociedad en clases, o sea, la división en grupos
de personas, algunas de las cuales se apropian permanentemente del trabajo ajeno, donde unos
explotan a otros.
Y esta división de la sociedad en clases, a través de la historia, es lo que debemos tener siempre
presente con toda claridad, como un hecho fundamental.
La teoría del estado sirve para justificar los privilegios sociales, la existencia de la explotación y el
capitalismo. Para afirmar esto se apoya en que el estado apareció al surgir la división de clases. El
estado aparece cuando aparecen los explotadores y los explotados.
Los dueños del capital, las tierras y las fábricas siempre fueron una minoría que gobierna el trabajo
de un pueblo. El estado es una máquina para que una clase reprima a otra.
La monarquía es el poder de una sola persona, la república es la ausencia de autoridades no
elegidas, la aristocracia es el poder de una minoría, la democracia el poder del pueblo.
El estado significa igualdad universal esto es un fraude porque mientras exista explotación, no
puede existir igualdad.
• Eduard Bernstein (1850/1932) – (P.61):
Criticó desde la izquierda los 3 supuestos fundamentales de la teoría Marxista: Ni el estado es puro
instrumento de la clase dominante, ni es necesario q se le destruya, ni se va a extinguir.
Habla del estado como un órgano transformado por la historia, como producto del desarrollo, por
tanto, desprenderse de él es imposible, solo se puede cambiar.
Berstein fue atacado por el socialismo europeo, pero a lo largo del siglo XX, su postura ayudó al
pensamiento social-demócrata hasta el "Estado de Bienestar".