Hola, buenas tardes. El día de hoy comenzaremos una nueva serie de estudios.
Dejaremos a un lado las parábolas por un momento, y comenzaremos un estudio sobre
personajes de la biblia. El día de hoy estudiaremos a una mujer del Antiguo Testamento,
Rahab.
Tal vez se pregunten porque Rahab. Bueno, por un lado, porque había estado
estudiando el libro de Josué por si iniciaba predicaciones en este libro, pero eso lo he dejado
de lado también, por el momento. Y en el libro de Josué, la primera persona de la que uno
escucha, otra que Josué, es precisamente Rahab.
Por otro lado, porque como estamos estudiando la carta a los Hebreos en las meditaciones
de la Cena del Señor, me pareció apropiado ahondar en algunos de los personajes que se
mencionan en el capítulo 11 de este libro, pues supongo, a quien le toque dar este capítulo,
no tendrá mucha oportunidad de profundizar en muchos de ellos, porque el tiempo no lo
permitirá. Y así, pensé, tal vez podía complementar el estudio de Hebreos el estudiar
personajes que son mencionados en ese capítulo 11.
Ahora, esas fueron las razones que me llevaron a mi a decidir hablar de Rahab. Pero
al hacer el estudio, entendí las razones de Dios para hablar de Rahab. Como les decía, Rahab
es la primera historia que uno encuentra en el libro de Josué. Es de la primera persona de
la que se habla, y de su historia. Y como veremos, su historia es una de misericordia y
redención. De una gracia inmensurable de Dios que escogió a una persona, tal vez la menos
indicada, y por Su soberanía y providencia, la salvó para atraerla a Si mismo.
También, porque nos muestra como en un libro que casi exclusivamente habla de guerras
y conquistas, y como producto de un juicio que Dios había anticipado cayera sobre esas
naciones que habitaban Canaán, la primera historia que se narra es la redención de una
mujer de oscuros orígenes y oficios. Nuevamente, para mostrarnos la misericordia de Dios.
Así, veamos esta historia sobre este personaje, quien era, el contexto histórico, y lo
que aconteció. Y luego procuremos identificarnos con ella, y ver si nuestra situación es
semejante al de ella. Y al hacerlo, quiera Dios podamos encontrar un mensaje que nos lleve
a admirar y alabar de mayor manera a Nuestro Salvador Jesucristo.
¿Qué sabemos de Rahab? ¿Qué es lo primero que les viene a su mente cuando oyen su
nombre?
Que es parte de la línea generacional de Nuestro Salvador Jesucristo.
Que era una prostituta en Jericó.
Que escondió a los espías cuando estos fueron a Jericó a inspeccionar el lugar.
Todas estas cosas son ciertas. Pero identifiquemos tres rasgos de su persona que
nos den una clara idea de quien era. Sobre todo, tres características adversas que la podían
hacer una persona no adecuada (a los ojos de los hombres, no a los ojos de Dios), para el
papel que estaba gestándose para ella.
Rahab era una mujer gentil. Esto es, no era judía. Dado que la ley y la Palabra de Dios se
había revelado a los judíos, eran ellos los que tenían ventaja sobre las demás naciones
respecto de Dios y lo espiritual. Como Pablo lo dijo a los romanos: “¿Qué ventaja tiene, pues,
el judío? ¿o de qué aprovecha la circuncisión? 2 Mucho, en todas maneras. Primero,
ciertamente, que les ha sido confiada la palabra de Dios.” (Rom. 3:1-2). De ellos son “la
adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; 5 de quienes
son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo” (Rom. 9:4-5). Esto les daba
una gran ventaja. Nuestro Señor lo dijo de otra forma a la mujer samaritana: “La salvación
viene de los judíos” (Jn. 4:22).
Ahora, es verdad que no todas estas cosas las poseían los israelitas del tiempo de Josué,
pero si algunas de ellas. Rahab, por el contrario, no poseía nada de esto. Ella estaba, como
Pablo le diría a los de Éfeso: “alejada de la ciudadanía de Israel, y ajena a los pactos de la
promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo” (Ef. 2:12).
Rahab era una amorrea. Peor aún que ser gentil, era la realidad que Rahab
pertenecía al clan de los amorreos. Esta nación era sumamente despreciable por sus hábitos
de vida, por su manera de conducirse al punto que Dios decidió un día que habían de morir,
a causa de su perversidad y degeneración, y ordenó a los israelitas que fueran borrados de
la tierra (Dt. 20:17). Con muy pocas excepciones, como el caso de Mamre y sus hermanos,
con los cuales Abraham había hecho alianza (Gn. 14:13), la biblia nos habla de los amorreos
como una tribu abominable, idólatra y seguidora de todo tipo de dioses (1 Rey. 21:26),
excepto del gran Dios del universo. Eran adivinos, hechiceros, agoreros, consultaban a los
muertos, y pasaban a fuego a sus hijos, en toda suerte de idolatría (Dt. 18:10-12), siempre
con la única idea en mente de verse favorecidos y alcanzar su propia gratificación.
Rahab era parte de esta cultura.
Rahab era una prostituta. Pero no solo era parte de esa cultura. Ella estaba quizás
en lo mas bajo de la jerarquía moral de esa ya de por si inmoral cultura a causa de su oficio,
pues se beneficiaba de explotar los deseos mas viles y sensuales de los hombres, hombres
ya de por si corruptos por enredarse en este tipo de actividades. Dicho de manera simple,
Rahab explotaba el pecado mas profano de hombres corruptos en una sociedad vil, y
aparentemente, vivía bien a causa de ello.
Ha habido en el pasado quienes han intentado suavizar el pasado de Rahab llamándole de
otra forma, mas no una prostituta. De hecho, yo mismo me vi tentado a no decirlo aquí
enfrente de ustedes porque no es una palabra agradable. Pero esa era la realidad. De las
tres menciones que se hacen de ella en el Nuevo Testamento, dos de ellas dan cuenta que
era una ramera. Hebreos 11 y Santiago 2. No hay razón para encubrir su pasado. De hecho,
al hacerlo, robamos la gloria que Dios se merece porque es capaz de salvar aún a personas
así.
Y es que así pensamos, ¿no es cierto?. O bueno, al menos yo.
Cuando apenas era salvo, y escuchaba que Dios podía salvar el pecado de cualquier persona,
y yo asentía en ello y admiraba Su misericordia, recuerdo que en una ocasión alguien dijo:
‘incluso puede salvar a un asesino, si este se arrepiente. A uno de estos narcos que
aterrorizan y mutilan a nuestra sociedad.’ Porque en ese entonces la inseguridad en el país
estaba muy fuerte, allá en el 2010, ¿ lo recuerdan?. Yo reaccioné de inmediato en mi interior
y pensé: ´No, a los narcos no. Esos ya cruzaron la raya para ser salvos, no lo merecen´.
Así podemos pensar de una prostituta, que no lo merece.
Finalmente, Rahab era una mujer. Ustedes dirán, ¿Y eso que tiene que ver? Bueno,
solo lo menciono porque en aquellos tiempos, y en aquellas culturas, lo normal era
considerar a la mujer como un elemento inferior en la sociedad. En el hogar, la mujer era
poco mas que un instrumento del marido, una posesión de el. Fue realmente la nación judía
la que introdujo un cambio radical en la manera de ver a la mujer, y esto por la palabra de
Dios, pues por ejemplo, cuando Dios dio las tablas de la ley a Moisés para darlas al pueblo,
en el quinto mandamiento Dios les dijo: “Honrarás a tu padre y a tu madre” (Ex. 20:12). Esto
no ocurría en aquellas culturas. La mujer era vista como menos. Por tanto, no se le honraba,
aun fuera la madre. En proverbios Dios en boca de Salomón les dijo: “La casa y las riquezas
son herencia de los padres;
Mas de Jehová la mujer prudente.” (Pro. 19:14). Y respecto de esta mujer prudente, y
virtuosa, que encontramos en el proverbio 31, miren como inicia el discurso: “Palabras del
rey Lemuel; la profecía con que le enseñó su madre” (Pro. 31:1). Es una mujer hablando de
otra mujer. Y un hijo haciendo caso y obedeciendo a su madre.
Ahora, no digo que los judíos en su época trataban de la mejor manera a la mujer, pero a
causa de la Palabra de Dios que les había sido dada, estaban forzados a contemplar otra
óptica en el tratamiento de la mujer, muy diferente a lo que imperaba en ese tiempo.
Asi, entonces, Rahab era una mujer, gentil, amorrea y prostituta. Todas estas
características la descartaban como una persona elegible de ser llamada a cualquier rol que
uno pudiera tener para alguna tarea, ¿no creen?. Bueno, a los ojos del hombre tal vez, mas
no necesariamente a los ojos de Dios.
¿Y porque Rahab? ¿Qué estaba aconteciendo en aquel entonces? Veamos.
El pueblo de Israel ha terminado de andar por el desierto después de 40 años de
caminar a la deriva. Dios los había sacado con mano poderosa de la opresión de Faraón.
Milagrosamente los hizo cruzar el Mar Rojo, abriendo las aguas, para luego hundir a los
egipcios que quisieron hacer lo mismo. Los llevó y cuidó por el desierto mientras caminaban
a Cades Barnea, donde finalmente, entrarían a la Tierra Prometida, la cual ya les había sido
prometida.
Pero por su incredulidad, no pudieron entrar en ella, y entonces fue cuando Dios los castigó,
y los hizo vagar por 40 años en el desierto, donde poco a poco fueron quedando sepultados.
Solo aquellos que eran de 20 años para abajo les fue permitido volver, entre ellos Josué y
Caleb. Nuevamente están a la puerta de la Tierra Prometida. Ahora en una zona llamada
Sitim. A escasos 12 kms del Río Jordán, al este.
Su líder ha fallecido ya también, Moisés. Y este ha pasado la estafeta a Josué. En el
libro que lleva su nombre, Dios primeramente toma a Josué y le infunde valor para esta
tarea que le ha recaído en sus manos. Le manda que no se aparte de Su Palabra, y que ello
le dará el poder para ser prosperado. Un líder así será fácilmente seguido por los demás. El
pueblo lo apoya y se identifica con la causa. Estamos ante una nueva generación, ya no
temerosa como la anterior. Lista para la encomienda.
Entonces, nos dice el texto, al inicio del capítulo 2 de Josué: “Josué hijo de Nun envió
desde Sitim dos espías secretamente, diciéndoles: Andad, reconoced la tierra, y a Jericó. Y
ellos fueron”.
Porque Josué envió a dos espías no lo sabemos. Algunos cuestionan si Josué no tuvo fe en
Dios y primero quiso ver como estaba la tierra. Cuando simplemente debió atacar sin
detenerse. Otros piensan que era simplemente una estrategia militar. Siempre es bueno
reconocer la tierra y los pobladores antes de entrar en conflicto. Eso mismo haría cuando
tomaría Hai.
Aunque la toma de Jericó fue una hazaña memorable por la importancia misma del evento,
pues se constituyó como la primer gran victoria de los judíos en la Tierra Prometida, lo que
más resonó en aquel entonces y aún ahora fue la manera en que esta cayó. Fue por total
intervención de Dios, pues los judíos no entraron jamás en combate. Dios les dio la victoria
de manera milagrosa.
Sin embargo, esto no lo sabía Josué, y el hizo bien en prepararse humanamente de la mejor
manera posible, y eso incluía quizás el enviar espías a reconocer el terreno.
Pero quizás haya otro motivo. Que Dios mismo se lo haya mandado. Si recordamos,
esto mismo hizo Moisés 40 años atrás, y fue por mandato de Dios. Números 13, versículos
1 y 2 dicen: “Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 2 Envía tú hombres que reconozcan la tierra
de Canaán, la cual yo doy a los hijos de Israel; de cada tribu de sus padres enviaréis un varón,
cada uno príncipe entre ellos.”
Sabemos lo que ocurrió en aquella ocasión. De los 12 espías, 10 regresaron con una visión
pesimista de la región, diciendo que era imposible poseerla. Eso fue lo que a la postre
condujo al pueblo a decir “no podremos entrar ahí”, y por su incredulidad, fue que no
pudieron entrar en Canaán. Pero entonces, ¿Dios le mandó esto a Moisés y no sabía que los
espías terminarían boicoteando la operación? Por supuesto que no. Dios lo sabía. Y aún así
le mandó a Moisés que enviara espías.
¿Estaría mandando a Josué a hacer nuevamente lo mismo con alguna intención oculta para
Josué? ¿Sería que la incursión de estos dos espías, más que para reconocer la tierra, fuera
para preparar el camino de salvación para Rahab? Quizás. Los caminos de Dios son
diferentes a los nuestros, y sus pensamientos son muy superiores a los nuestros, como dice
Nuestro Señor.
Ahora, la biblia nos da otro dato. Fueron enviados secretamente. Esto es, no fue del
conocimiento del pueblo. Quizás lo hizo así Josué para evitar otro desastre como el que
había ocurrido 40 años antes. Por otro lado, solo envió a dos, y no doce, como aquella
ocasión.
Que fueran dos tal vez fuera simbólico, pues fueron dos los que si creyeron en aquel
entonces. Es posible que incluso los dos que envió fueran de pensamiento optimista, de
manera que no trajeran noticias negativas, sino solo un reconocimiento de la tierra. De tal
manera que no frustraran el inminente ingreso.
Pero más allá de todo esto, estoy convencido que Josué estaba seguro, como 40 años atrás,
que la tierra era posible de ser tomada, y realmente no ocupaba de espías que le trajeran
buenas nuevas. Tan solo estaba obedeciendo a Dios. Esto puede sugerir entonces que el
motivo de enviar espías era otro, aunque fuera oculto para Josué.
Es como el caso de Nuestro Señor Jesucristo cuando fue a Samaria. No era obligatorio pasar
por ahí. Había otro camino que podían tomar para ir a Galilea. Pero le era necesario pasar
por Samaria, nos dice Juan. Porque tenía una cita con el destino de la mujer samaritana,
otra oveja de su prado que ya el Señor había determinado que había de atraer para si. Y se
dirigió a Sicar, al pozo de la heredad de Jacob, donde eventualmente, la halló.
Al final del versículo 1 de Josué 2 leemos: “y entraron en casa de una ramera que se
llamaba Rahab, y posaron allí”. La biblia no nos dice como fue que llegaron los espías a
Jericó, ni como entraron. Pero estando allí, pensaron que debían permanecer un tiempo
para tener oportunidad de observar y analizar todos los alrededores, y en particular la
muralla. Como estaba hecha, que tan grande y fuerte era.
Ahora, tenían que pasar desapercibidos, y concibieron una gran idea: vayamos a un lugar
donde no se nos cuestione quienes somos o de dónde venimos. Vayamos a un lugar donde
la discreción y la confidencialidad sean muy valorados. Y fue que, imagino, debieron concluir
que ir a la casa de una mujer ramera sería lo mas indicado. ¿Porqué de que otra persona se
requiere mayor discreción por parte de los hombres que de una mujer con la que están
siendo infieles a sus mujeres?
Quizás preguntando les refirieron a Rahab. Esto podría indicar que ella era conocida.
Y el hecho de que su casa estuviera situada justo en el muro, la hacía la persona idónea. De
todas las mujeres que se dedicaran a esa profesión, quizás eso, el que habitaba en el muro,
fue lo que llevó a los espías a posar ahí. Porque desde ahí podrían por un lado estudiar bien
la muralla y todos sus elementos, y por otro, estar situado ahí les daba la oportunidad de
escapar si fuera necesario, colgándose de una soga y saliendo por la ventana.
Quizás eso era algo que ya Rahab sabía y que había usado en el pasado, cuando una esposa
había ido a buscar a su marido a su casa. No lo sabemos. Tal vez esa fuera la razón también
de tener lino en su terrado, para esconder ahí a alguno de sus clientes cuando fuera
sorprendido por su mujer. Hay mucho que la biblia no nos dice y que solo podemos suponer.
Quizás Dios proveyó todo esto de manera providencial en la casa de Rahab, así como estaría
preparando su corazón para este encuentro.
¿Cómo se presentaron estos judíos cuando ella les abrió? Obviamente, estos dos
hombres no fueron ahí con motivos inmorales. No aprovecharon la situación para satisfacer
sus deseos. Al contrario, se presentaron de manera muy cordial y prudente, y se mostraron
serios y respetuosos ante Rahab. Eso quizás haya provocado en ella el respeto hacia ellos
también.
¿Le habrán dicho ellos por qué razón estaban ahí? ¿O como supo ella que eran
judíos? Debe haber sido un encuentro bastante crucial. Dos espías en tierra enemiga,
entrando a una casa de una mujer que oportunamente se beneficiaba del pecado de
hombres inmorales de una sociedad corrompida, y enemiga. Debieron estar altamente
atemorizados, y ser lo más precavidos y astutos posible. Me imagino una de esas películas
de espías, donde el agente entra a lo más profundo de la boca del león. Su vida está
totalmente expuesta y en riesgo. ¿Y saben qué? Eso ocurrió precisamente.
No pasaron desapercibidos. El versículo 2 dice: “Y fue dado aviso al rey de Jericó,
diciendo: He aquí que hombres de los hijos de Israel han venido aquí esta noche para espiar
la tierra.” Quizás alguna de esas personas a quienes los espías pidieron informes de Rahab
haya ido al rey a darle la pista.
Recordemos que estamos en guerra. El pueblo de Jericó sabía lo que había acontecido con
los hebreos, y como habían vencido ya a otros dos reyes amorreos al este del Jordán. Rahab
da fe de eso en el versículo 10. Venían ahora tras de ellos. El peligro es inminente. Estaban
ordenados a dar cualquier información que supieran sobre los judíos. Quizás por eso dijeron
al rey que habían venido a espiar. No podía ser por otra razón. En estos casos, lo mejor es
dudar y pensar mal.
El rey mandó por ellos, versículo 3. “Entonces el rey de Jericó envió a decir a Rahab:
Saca a los hombres que han venido a ti, y han entrado a tu casa; porque han venido para
espiar toda la tierra.” Podemos suponer que el rey no quería que Rahab entregara a los
judíos para platicar con ellos o invitarlos al palacio, ¿verdad? Los iba a someter a torturas
inimaginables para extraerles toda la verdad que pudiera del campamento israelita, para
finalmente, de seguro, matarlos.
¿Y que hizo Rahab? Su actuar nos sorprende. Porque recordemos que ella se ganaba
la vida vendiéndose para propósitos deshonestos. Que gran oportunidad para Rahab para
quedar bien con el rey de Jericó y entregarle a los judíos, y de paso, obtener una
recompensa por ello, ¿no creen?
Pero no lo hizo. De hecho, los ocultó. Versículos 4 al 6: “Pero la mujer había tomado a los
dos hombres y los había escondido; y dijo: Es verdad que unos hombres vinieron a mí, pero
no supe de dónde eran. 5 Y cuando se iba a cerrar la puerta, siendo ya oscuro, esos hombres
se salieron, y no sé a dónde han ido; seguidlos aprisa, y los alcanzaréis. 6 Mas ella los había
hecho subir al terrado, y los había escondido entre los manojos de lino que tenía puestos en
el terrado.”
¿Por qué hizo esto? Le mintió a los guardias e incluso les dio pistas falsas para
desviarlos y evitar en lo posible que pudieran pescar a los espías. ¿Si imaginan lo que eso
significa, no? ¡Arriesgó su vida! Si fuera encontrada en su mentira, su destino sería el mismo
que el de los espías. De hecho, expuso incluso a su familia, que correría con la misma suerte
por traición a la patria. Que impresionante.
El versículo 7 nos dice que: “Y los hombres fueron tras ellos por el camino del Jordán,
hasta los vados; y la puerta fue cerrada después que salieron los perseguidores.”
Gracias a Dios, los guardias creyeron la versión de la mujer, y fueron a las afueras de la
ciudad tras los espías. Dios los salvó por el momento.
¿Por qué expuso así su vida? ¿Por qué no simplemente se benefició de la oportunidad que
se le presentó en ese momento? ¿Había cambiado algo en Rahab? Era una gentil, no tenía
nada que ver con los judíos. De hecho, como amorrea, hacía todo lo contrario a lo que Dios
mandaba. En cierta forma, podríamos decir que odiaba a Dios. Y estaba ante dos judíos que
eran por así decirlo, representantes de Dios. Eran sus enemigos.
Y era una ramera. Su vida consistía en buscar beneficio a costa de lo que fuera. Dos hombres
significaban para ella lo mismo que otros dos hombres con los que habría pasado un tiempo
un día antes. Nada. Solo dinero. Y miren que estos dos hombres eran una presa que le
habrían representado mucho mas dinero que dos hombres amorreos comunes y corrientes.
A pesar de tener todo esto en contra, Rahab tenía algo a favor suyo: Finalmente, en
algún momento de su vida, escuchó del Dios de Israel. Y al decir escuchó, no solo fue con
sus oídos, sino con su corazón. Pues finalmente creyó en el Dios del universo.
Esta es su confesión, versículo 8: “Antes que ellos se durmiesen, ella subió al terrado, y les
dijo: 9 Sé que Jehová os ha dado esta tierra; porque el temor de vosotros ha caído sobre
nosotros, y todos los moradores del país ya han desmayado por causa de vosotros. 10 Porque
hemos oído que Jehová hizo secar las aguas del Mar Rojo delante de vosotros cuando
salisteis de Egipto, y lo que habéis hecho a los dos reyes de los amorreos que estaban al otro
lado del Jordán, a Sehón y a Og, a los cuales habéis destruido. 11 Oyendo esto, ha desmayado
nuestro corazón; ni ha quedado más aliento en hombre alguno por causa de vosotros,
porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra” (vv. 8-11).
Rahab, como los demás habitantes de Jericó, supo de lo que había acontecido con
el pueblo de Dios 40 años atrás, cuando fueron sacados de Egipto con la mano poderosa de
Dios. Egipto era de cierta forma un país soberano sobre estas naciones, pues estas eran
como ciudades sometidas a su gobierno. Escuchar que Israel había derrotado a Faraón y a
los egipcios debió ser un evento impresionante en sus mentes.
También escuchó como Dios abrió el Mar Rojo para que el pueblo cruzara a salvo, mientras
lo volvía a cerrar para destruir al enemigo.
Escuchó de la provisión que Dios les dio durante su camino en el desierto. De la disciplina
que Dios les impuso por 40 años, y como, después de tan largo tiempo en el inclemente
desierto, nuevamente, ahí estaban los judíos, a la puerta de Jericó, listos para tomarla.
A su paso, ya habían derrotado a otros dos reyes amorreos al este del Jordán, así que, ¿Qué
podía hacer Jericó ante eso?
Pero mientras el resto de la población de Jericó se arropó en su muralla, sintiéndose
seguro dentro de ella, Rahab reconoció que el Dios de Israel gobernaba todo. Tanto en el
cielo como en la tierra. Rahab, que hasta ese momento en su vida seguramente sentía un
despropósito en su alma, un vacío que ni el dinero ni la posición le daban, y seguramente,
estigmatizada por su estilo de vida, debió reconocer que Dios si era lo que ella requería.
Que Dios era la que podía hacerla sentir a salvo, y no esas murallas. Y eso fue lo que la llevó
a exponer su vida. Su fe en Dios. Debió sentir que era más seguro estar del lado de Dios que
contra El. Creyó en Dios.
Eso es lo que el Nuevo Testamento reconoce de ella. Su fe. Por eso el autor de
Hebreos dice de ella “Por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los
desobedientes, habiendo recibido a los espías en paz.” (Hb. 11:31). Fue lo que hizo lo que
mostró la fe de esta mujer. Porque miren lo que hizo al mentir a los guardias:
1. Se expuso a ella misma. Como ya lo mencioné, y a su familia. Jericó era una especie
de guarnición militar, por lo que, de haberse dado cuenta los guardias de su mentira,
es justo pensar que ni Rahab ni su familia habrían sido mas valiosos que un pedazo
de madera. El rey seguramente los habría torturado antes de matarlos. Ella
seguramente reconocía este gran riesgo, y aún así, decidió tomar esa decisión.
2. Le dio la espalda a su cultura y a su pasado. Al ponerse del lado de los espías judíos,
ella se identificó con ellos, y en automático rechazó a su nación y su cultura. Y su
pasado. Rahab pintó una línea entre lo que era antes y lo que era ahora al decidir
tomar ese camino. En cierta manera, Rahab se expuso y quedó sola contra el mundo
ahí en su casa, en Jericó.
3. Se identificó con los judíos. Espiritualmente hablando, Rahab dejó el reino de
oscuridad en que habitaba y pasó a un reino de luz, en el que Dios habita, junto a
los judíos, por quienes vendría la salvación. De hecho, al ser su fe mas genuina que
muchos de los judíos que ahora vendrían a ser sus conciudadanos, ella se volvía mas
judía que muchos de ellos.
Todo esto muestra la fe de Rahab. Por ello Santiago dijo de ella: “24 Vosotros veis,
pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe. 25 Asimismo
también Rahab la ramera, ¿no fue justificada por obras, cuando recibió a los mensajeros y
los envió por otro camino?” (Stg. 2:24-25)
La biblia nos sigue narrando, que después de esto, ella hizo un pacto con ellos. Les
pidió que a cambio de lo que hizo por ellos, ella fuera salvada de la invasión que vendría.
Ella y su familia. Los espías acordaron el pacto, pero le impusieron una condición: “He aquí,
cuando nosotros entremos en la tierra, tu atarás este cordón de grana a la ventana por la
cual nos descolgaste; y reunirás en tu casa a tu padre y a tu madre, a tus hermanos y a toda
la familia de tu padre.” (v.18).
Ella hizo como ellos dijeron. Los descolgó por la ventana. Les mandó a esconderse
tras los montes por tres días, en lo que sus perseguidores terminaban de buscarlos, y luego
podrían cruzar de nuevo el Río Jordán. Los espías esto hicieron, y se lo hicieron saber a
Josué. También le dijeron, versículo 24: “Jehová ha entregado toda la tierra en nuestras
manos”.
En los siguientes días Josué preparó la invasión. Y cuando llegaron a los pies de la muralla,
Dios les indicó a los judíos que rodearan la muralla, y le dieran una vuelta cada día por seis
días, y el séptimo día lo hicieran siete veces. Luego, tras el sonido de las trompetas, la
muralla de Jericó cayó, y el pueblo de Israel entró y venció a los amorreos.
Josué mandó que Rahab y su familia fueran sacados a salvo, como se le había
prometido, y en el versículo 25 del capítulo 6, Josué, quizás años mas adelante, escribió lo
siguiente: “Mas Josué salvó la vida a Rahab la ramera, y a la casa de su padre, y a todo lo
que ella tenía; y habitó ella entre los israelitas hasta hoy, por cuanto escondió a los
mensajeros que Josué había enviado a reconocer a Jericó.”
Rahab no solo tuvo la oportunidad de salvar su vida físicamente y morar con el
pueblo de Israel. La biblia recoge que un hebreo de nombre Salmón se casó con ella, y de
ellos nació Booz. Quien, de su mujer Rut, dio vida a Obed, padre de Isaí, el cual engendró a
David, el rey de Israel, y de quien desciende en la carne Nuestro Señor Jesucristo.
Dios no solo preservó a Rahab, le dio un lugar prominente y de gran honor en la
historia judía y cristiana. Rara vez se menciona a la mujer en las genealogías hebreas, pero
en Mateo, en el primer evangelio del NT, donde el evangelista lista la genealogía de Jesús
desde Abraham, menciona a 5 mujeres, todas ellas ilustres, Tamar, Rahab, Rut, Betsabé, y
María, como parte de la genealogía de Jesús.
Y así es como Dios lidia con los pecadores, aún los más sórdidos de este mundo, si
en vida, oyen de El no solo en su oído, sino en su corazón. Así eramos nosotros. Gentiles
pertenecientes a un mundo hostil y enemigo a Dios, depravado y perverso.
Pero Dios un día envió a sus espías, sus mensajeros a nosotros, y nos hablaron del evangelio,
de las buenas nuevas de Jesucristo, y de su obra de salvación a favor nuestro. Y como Rahab,
sucios, y sin ningún mérito, por la misericordia de Dios, nació en nosotros la fe en su Palabra,
y creímos al Dios de este universo.
En ese momento tomamos una decisión a apartarnos de este mundo, y seguirlo. A volvernos
ahora enemigos de lo que antes amábamos, y a ser ciudadanos de una nación que está en
los cielos. Siendo solo peregrinos en este mundo.
Esto nos hace enemigos de este mundo. Y en cierta forma, parece que estamos solos contra
el mundo. Pero Dios tiene un plan para cada uno de nosotros, y como con Rahab, Dios puede
hacer cosas extraordinarias con nosotros mientras estamos en esta tierra.
¿No es maravilloso nuestro Dios?
Y si tu, aún, el día de hoy no has tomado esta decisión, ¿Qué te frena? Rahab tan
solo contaba con chismes y reportes incompletos de lo que Dios habia estado haciendo con
la nación de Israel. Pero tu tienes ya el evangelio.
Rahab solo había escuchado de oídas de Dios. Tu ya has escuchado de Jesucristo.
¿Qué harás? ¿Dejarás tu pasado pecaminoso y te unirás al pueblo de Dios? ¿Dejarás de
confiar en las murallas que te prometen una falsa seguridad y vendrás a Cristo, quien solo
el puede ser tu roca y tu salvación?
Oremos.