0% encontró este documento útil (0 votos)
24 vistas44 páginas

Circular ESP 988-1

Cargado por

Pilar Vazquez
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PPSX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
24 vistas44 páginas

Circular ESP 988-1

Cargado por

Pilar Vazquez
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PPSX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

i d a d

d a l
S i n o d e
L a st i l o
o e
c o m d a
vi
Circular
988
La escogencia valerosa y profética del
Sínodo sobre los jóvenes destaca el valor de
la Sinodalidad como método y estilo de
vida, para la realidad eclesial llamada a vivir
hoy en fidelidad a los orígenes apostólicos.
El Documento final del Sínodo subraya:
“El fruto de este Sínodo, la opción que el
Espíritu nos ha inspirado a través de la
escucha y el discernimiento, es el de
caminar con los jóvenes yendo hacia ellos
para testimoniar el Amor de Dios.
Podemos describir este proceso hablando
de Sinodalidad para la misión, o sea
Sinodalidad misionera”.
La Exhortación postSinodal “Christus Vivit”,
evidencia la Sinodalidad en la Pastoral
Juvenil y hace referencia al Documento final.
La presencia de los jóvenes en el Sínodo ha
incidido en el método y estilo del Sínodo
mismo haciéndonos entender con claridad la
importancia de caminar juntos para anunciar
la alegre realidad “Cristo vive. Él es nuestra
esperanza y la más bella juventud de este
mundo”.
Estamos viviendo un tiempo privilegiado en
el cual Dios nos habla continuamente a través
de testimonios y acontecimientos. Es un
llamado para acoger con Fe y Esperanza,
como leemos en la Circular de convocación
al CG XXIV. Por esto queremos vivir con
mayor profundidad y nuevo dinamismo el
estilo Sinodal en nuestras Comunidades.
Reconocemos que también nosotras somos “el
Pueblo de Dios formado por jóvenes y
ancianos, hombres y mujeres de toda cultura;
el Cuerpo de Cristo en el cual somos
miembros los unos de los otros”. Es un
recorrido que pide una verdadera conversión
pastoral, una seria y sistemática formación a
la Sinodalidad como Comunidad Educativa
para asumir con renovada consciencia y
disponibilidad, junto con los jóvenes.
En estos últimos tiempos hemos oído
hablar de Sinodalidad, y quizás la
hemos sentido como una novedad. En
efecto, no es inédita en la historia de
la Iglesia. El Papa Francisco en su

I g l e s i a discurso para el 50º aniversario de la

a
institución del Sínodo de los Obispos,

Un l o
dice que desde el Concilio Vaticano II

i
hasta hoy, la Iglesia experimenta

on e s t siempre más intensamente la

c necesidad y la belleza de “caminar

n o d a l juntos”.

Si
El Papa Francisco ha considerado el Sínodo
como una herencia preciosa de la Asamblea
Conciliar; Él hace memoria de sus
predecesores que en distintos tiempos han
promovido este estilo de vida: San Pablo VI
que con intuición profética convoca el
Sínodo de los Obispos con la intención de
proponer la imagen del Concilio Ecuménico
para reflexionar sobre el espíritu y el
método del mismo.
A San Pablo VI le hacen eco San Juan
Pablo II y Benedicto XVI que
reafirman cómo el camino de la
Sinodalidad responde siempre más a
lo que Dios espera de la Iglesia en el
tercer milenio.
(Cfr. Papa Francisco, Discurso para la
conmemoración del 50º Aniversario
del Sínodo de los Obispos, octubre 17
de 2015)
Según la feliz expresión de San Juan Crisóstomo
citada por el Papa: “Iglesia y Sínodo son
sinónimos. De hecho, la Iglesia es el Pueblo de
Dios que camina unido y por tanto la Sinodalidad
es una dimensión constitutiva de la Iglesia”.
“Una Iglesia Sinodal es una Iglesia que
escucha con la consciencia que “es más que
sentir”, es una escucha recíproca en la que
cada uno tiene algo para aprender. Pueblo
fiel, Colegio Episcopal, Obispo de Roma :
uno a la escucha de los otros y todos en la
escucha del Espíritu Santo, “el Espíritu de
la Verdad” para conocer lo que Él le dice a la
Iglesia”. Esta reflexión nos hace entender
cómo la Sinodalidad no es una estrategia
metodológica sino que es fruto y condición
de la presencia del Espíritu Santo que ama la
unidad y la concordia.
Caminar juntos es una realidad propia de
la existencia humana que encontramos,
no solo en algunas figuras del A. T. sino
en Jesús que desarrolla su misión
caminando, en compañía de los suyos y
de cuantos esperan de Él palabras de
Vida. No es solo compañero sino que es
Él mismo la Vía que lleva a la meta del
Camino. “Yo soy el Camino. la Verdad y
la Vida”
Al caminar con los discípulos de Emaús. Jesús se
acerca, escucha el motivo de su tristeza y de su
desilusión. Es al partir el Pan que lo reconocen y,
sin demora, sienten la necesidad de compartir con
sus compañeros la Fe en el Maestro que ha
resucitado.
En ellos renace el Amor por la Comunidad y el
ardor para anunciar. No pueden quedarse con lo
que han experimentado porque la presencia del
Resucitado, no solo ha transformado sus vidas
sino que les ha renovado la alegría de anunciar a
Jesús con valor.
El icono de Emaús que nos ha
acompañado es un ejemplo de
Sinodalidad: los discípulos se dejan
transformar por el encuentro con Jesús y
se convierten en “Iglesia en salida
misionera” que lleva necesariamente a la
conversión pastoral. Caminar juntos
incluye por naturaleza una dimensión
misionera que no termina en los confines
estrechos de la experiencia individualista
de una casa, sino que va siempre “más
allá”.
Preguntémonos:
• ¿Sentimos en nuestras Comunidades
Educativas la presencia de Jesús que camina
con nosotras y nos ayuda a concretar una
verdadera conversión pastoral?

• ¿En el encuentro con Él, encontramos el ardor


apostólico para anunciarlo con alegría, sobre
todo a los jóvenes, el haberlo encontrado
como Resucitado y haberlo reconocido al
partir el Pan?
Caminar juntas es un proceso fatigoso,
a veces, requiere una experiencia
profunda de Fe, sentido de pertenencia
eclesial, disponibilidad para acoger,
acompañar, discernir; requiere una
formación continua. Estas son algunas
condiciones para que la Sinodalidad sea
generadora de Vida. El Papa Francisco
no se cansa de invitarnos a caminar por
esta vía para sentirnos Pueblo de Dios.
P
Es un proceso que se apoya sobre un
fundamento teológico esencial: es H
participación en la Comunión Trinitaria,
es vocación de la persona humana para
vivir la comunión que se concretiza en el E. S.
don sincero de sí, en la unión con Dios y
en la unidad con los hermanos en Cristo.
(Cfr. “La Sinodalidad en la vida y en la
misión de la Iglesia” (No . 43).
Nuestras Constituciones están en plena
sintonía con esta realidad: “Nuestra
Comunidad (…) encuentra su profunda
razón de ser en el misterio de la Comunión
Trinitaria. (C.36).
Es el Pueblo de Dios signo de un nuevo
modo de vivir juntas, fundado no en la carne
y en la sangre, sino en la fuerza de la Fe y
en la Fraternidad en Cristo.
Quizá surja en nosotras el interrogante:
¿Cómo saber si en nuestras
Comunidades se está viviendo la
dimensión Sinodal hoy y cómo hacerla

e r h o y más visible con toda su riqueza?

S d
Podemos iluminarlo poniéndonos en la
escucha del Espíritu Santo para

u n i d a descubrir las maravillas que Dios ha

Co m obrado en la historia del Instituto y en la


misión iniciada por Madre Mazzarello

e s t i l o con la primera Comunidad de Mornés

con
hasta hoy.

o d a l .
Si n
“La frescura, vivida en los orígenes se
propone hoy como fascinación del clima
de Mornés en la sencillez de vida y de
relaciones, en el Amor ardiente a Cristo
y en la audacia misionera, característica
de la primera Comunidad”.
(Cfr. Circular convocatoria al CG
XXIV).
La de Mornés es la imagen de una Comunidad
que expresa en modo claro cómo se vive la
Comunión con la impronta de un vivir juntas en
modo activo, abierto, corresponsable, que no
provoca en nosotras la “nostalgia del pasado”
sino que nos estimula a expresar hoy ser
Comunidades creativas y sembradoras de
esperanza profética. Son muchos los aspectos
que se podrían compartir a este respecto.
Para nosotras FMA “Vivir y trabajar juntas en
el nombre del Señor es un elemento esencial de
nuestra vocación” (C.49)
“El espíritu de familia” es vital para nosotras y
requiere el compromiso de todas para
contribuir a crear un clima de confianza y de
alegría que involucra los jóvenes, los
colaboradores y así se favorece el nacimiento
de vocaciones salesianas. (Cfr. C. 50)
La apreciación de las Hnas. sobre el tema
Capitular: “Comunidad generadora de vida en
el corazón de la contemporaneidad” me
confirma la voluntad de redescubrir y amar la
Comunidad como el lugar privilegiado para
expresar hoy como Iglesia, en una sociedad
tendenciosamente cerrada y autorreferencial,
el estilo de vida Sinodal.
El ser Comunidades Sinodales lo podemos
descubrir en el estilo de animación de M.
Mazzarello en la Comunidad de Mornés que
tenía su fundamento en la Trinidad y se
concretaba en la comunicación entre las
Hnas. y las jóvenes, en la corresponsabilidad
y con una gran apertura en la misión
educativa.
Os invito a descubrir con renovada
pasión carismática, la originalidad “COORDINACI
de este estilo que no era conocido
con el término “Sinodalidad”. Es ÓN
vivo y actual también hoy y que PARA LA
nosotras lo traducimos con la
expresión “coordinación para la COMUNIÓN”
comunión”.
El Proyecto Formativo “En los surcos de la
Alianza” dedica la tercera parte a este estilo
de animación interpretado como Profecía de
la Comunión. El CG XXIII refiriéndose al
Proyecto Formativo, evidencia como el
servicio de animación debe ser con un estilo
que involucre a todos y con modalidad
circular, con apertura al diálogo, a la
evaluación, favoreciendo caminos de
maduración en la corresponsabilidad,
despertando así la posibilidad de todos,
involucrando en torno al Proyecto común y
escuchando también a quien tiene un
pensamiento diferente.
(Cfr. Actas CG XXIII N° 40)
La escucha resulta diálogo donde el centro es la
persona que puede expresar libremente con su
rostro, la propia riqueza y creatividad. Es un
acontecimiento que empeña pero que es
sorprendente porque abre el corazón a las
dimensiones de Dios que son: Amor gratuito,
Misericordia, Perdón y Ternura. También alarga la
mirada a la realidad con sus desafíos´, precariedad
de “la Casa Común” que está siempre amenazada, a
las inéditas exigencias de la misión educativa
atenta a las pobrezas de los jóvenes.
Desde hace varios años nuestro Instituto viene
empeñándose en este sentido. Se han dado
pasos notables pero es necesario que en las
Comunidades sea más evidente el estilo
participativo de Comunión Sinodal. Sentimos
la necesidad de intensificar en las
Comunidades el “Clima de Familia” que pone
las condiciones para que la Sinodalidad se
realice: hacernos don para una escucha atenta
que habla de acogida del otro como parte mía,
valorando el aporte de todos, haciéndolos
corresponsables, signo de la presencia de Dios
que es Amor y Comunión interpersonal.
El contraste entre las grandes necesidades
de la misión y nuestra pobreza para
afrontar los desafíos urgentes, es el espacio
para poner por obra una gran sinergia entre
las personas de buena voluntad, abiertas y
disponibles para realizar un Proyecto
compartido, a través de un atento
discernimiento.
Empeñémonos juntas en construir, con
convicción y alegría, este estilo de Familia
tan necesario para nosotras, los jóvenes, la
Iglesia y la sociedad. Supongo que habrá
fatigas y que las sombras y las luces siempre
estarán presentes. La lógica de caminar
juntas encuentra su fuerza en la Eucaristía.
Lo fue pera María Dominga y también para
las Hnas. de Mornés que encontraban en la
celebración del Misterio Pascual el secreto
para hacerse don de Amor.
Quiero compartir con vosotras algunas de las
sabias palabras de Madre Rosetta Marchese
en este momento en que se quiere iniciar la
causa de su Beatificación: “La ventana de la
Valponasca nos habla de un corazón que
ardía de Amor a Dios, que se fijaba en Dios
y que tenía a Dios como el centro de todo
(…) ¡Jesús! Corazón abierto en el centro del
tabernáculo, a Él que es la Vida de todas…
(Cfr. Conferencia de 1978)
La palabra de Madre Rosetta, fruto de su
riqueza interior y de un conocimiento
real del Instituto nos ofrece una para construir sobre elementos sdólidos
indicación profunda y esencial para las Comunidades
construir sobre elementos sólidos las
Comunidades, para que caminen con
estilo Sinodal con los jóvenes y para los
jóvenes.
Vivir la Misión Educativa como

a u n a Comunidad Sinodal nos lleva a la

P ar Circular 986: “A ti te las confío”. Nos


vienen confiados los jóvenes pero

M i si ó n también nosotras nos “confiamos” con


la consciencia que también ellos son

t i va e n nuestros educadores y que es posible

a
juntos ser “Comunidad en camino”

E du c
m i n o .
ca
Este es el tiempo del “vino nuevo” para
colocarlo en “odres nuevos”. En el CG
XXIII los jóvenes se hicieron voceros de
muchos otros pidiéndonos una mirada de
benevolencia y de confianza. Nos han
pedido escucharlos, acogerlos, “estar con
ellos”, amar lo que a ellos les gusta y no
temer si no entendemos rápidamente su
lenguaje. Nos han pedido compartir nuestra
vida de Comunidad para madurar en el
camino de Fe y en la responsabilidad social.
(Cfr. Actas CG XXIII N°s. 16-17)
Como Comunidad Educativa debemos
creer en la frescura de los jóvenes y en
su compromiso que es fuente de Vida
Nueva, de renovación y de apertura
hacia quien está alejado de la vida de Fe
o marginado, hacia quien está en
búsqueda y mira el horizonte donde
pueda apoyar la vida.
Poseemos la riqueza del “Sistema Preventivo”
que es luz y fuerza para “caminar juntos” y
cultivar nuestro servicio educativo aquellos
aspectos que caracterizan el estilo Sinodal: “el
sentido sagrado de la persona humana, la
acogida alegre y familiar, la confianza, la
proximidad, la hospitalidad, la solidaridad , la
gratuidad, la integración, el reconocimiento del
otro por lo que es”. “El estilo salesiano” es un
camino eficaz para descubrir y vivir con
mayor consciencia nuestro ser Comunidad
Educativa generadora de vida.
(Cfr. Circular convocatoria del CG XXIV)
Todas tenemos la experiencia de la
necesidad existencial que tienen los jóvenes
de sentirse acogidos y amados, de ser
comprendidos en su fragilidad. Nos llaman
a creer en sus sueños, a entender sus
inquietudes, sus lágrimas, a aceptar también
sus rechazos, a comprender sus
problemáticas, heridas y, a veces, el
cansancio de vivir.
La Exhortación Apostólica “Christus Vivit”
del Papa Francisco es para nosotras una
“Carta de referencia” que nos ofrece un
método para “caminar juntos”, una lectura para construir sobre elementos sdólidos
muy concreta de la realidad juvenil con sus las Comunidades
dificultades, sueños y esperanzas. Es una
invitación a caminar en profundidad para
encontrar a Jesús vivo, que ama, que
sorprende, que llama por el nombre.
Continuemos acogiendo con Amor y pasión
apostólica la consigna “A ti te las confío” a ti
personalmente, a ti como Comunidad local y
mundial, a ti como Comunidad Educativa.
Los últimos capítulos de la “Christus Vivit”
subrayan la importancia de que los jóvenes
sean acompañados a través de u proceso de
discernimiento para encontrar su puesto en la
vida, para descubrir el proyecto de Dios sobre
ellos para que, con libertad, lo reconozcan y se
realicen en las varias formas de vocaciones,
hasta decir SÍ a la llamada de Jesús a seguirlo
incondicionalmente.
Me he preguntado: ¿Nuestras Comunidades a
través de una Pastoral Juvenil Sinodal, tienen
el valor de proponer un oportuno camino
vocacional como respuesta a las inquietudes
de los jóvenes?
¿Hay en nuestras Comunidades aquella fuerza
propositiva que brota del encuentro personal y
comunitario con el Señor Jesús nacido en la
oración, la adoración, la escucha de la Palabra
de Dios y en el servicio a los pobres?
Una Comunidad Sinodal sabe encontrar el
camino para decir: Dios llama también hoy
y espera una respuesta al “ven y sígueme”.
Se requiere el valor de arriesgarse con Él y
por Él; querer ponerse en juego y afrontar el
desafío que exige audacia, en otras palabras,
exige fiarse de Dios, en cualquier vocación a
la que Él llame a los jóvenes.
El Papa Francisco dirigiéndose a los
jóvenes así se expresa: “No hay alegría
más grande que arriesgar la vida por el
Señor. En particular quisiera decir a
vosotros jóvenes: ¡No os hagáis sordos a
la llamada del Señor! (…) No os dejéis
contagiar del miedo que nos paraliza
frente las alturas que el Señor propone.
Recordad que aquellos que dejan las
redes y la barca para seguirlo, el Señor
les promete la alegría de una “vida
nueva” que llena el corazón y anima en
el camino.
Como para los jóvenes, también para
nosotros adultos, la llamada de Dios es
siempre actual para decirnos que la Vida es
vocación, que la Vida y la misión para
descubrir y vivir juntos, es potencial de bien
para la Iglesia y la sociedad.
A María, la Madre de la Iglesia y del Instituto,
confío nuestro compromiso de caminar junto con
los laicos, los jóvenes, las familias, con la
Familia Salesiana y con toda persona
involucrada en nuestra misión para testimoniar el
Amor de Dios y contagiar Esperanza y Alegría
en el corazón del mundo.

También podría gustarte