Educación como un acto de amor y valor:
Desafíos y perspectivas en la transformación educativa actual
Vanessa Alvarado Zegarra
Cosmovisiones, Filosofías y Sicología
En la actualidad, la educación ha adquirido una relevancia indiscutible, ya que va más allá de ser
simplemente una transmisión de conocimientos. Es la herramienta fundamental que permite a las
personas desarrollar su potencial y alcanzar sus metas. Como afirmaba Paulo Freire (1986), "La
educación es un acto de amor, por tanto, un acto de valor" (p. 67). Esta cita nos recuerda que la
educación no se trata solo de proporcionar información, sino de formar individuos integrales, críticos y
conscientes de su entorno, capaces de participar activamente en la sociedad. En este ensayo,
exploraremos el concepto de la educación como un acto de amor y analizaremos cómo el desarrollo del
estudiante como individuo crítico y consciente de su entorno es fundamental en el proceso educativo.
Para respaldar nuestras ideas, utilizaremos citas de autores como Paulo Freire, así como otras fuentes
adicionales.
En la actualidad, la educación ha evolucionado significativamente, trascendiendo el enfoque
tradicional de la mera transmisión de conocimientos. Como mencionamos anteriormente, la educación
se concibe como un acto de amor y valor, que busca formar individuos integrales, críticos y conscientes
de su entorno. En este sentido, enseñar ya no se limita a transferir conocimientos, sino a crear las
condiciones para que los estudiantes puedan construir su propio aprendizaje.
Es así que la educación, a medida que pasa el tiempo, ya no sigue el modelo tradicional en el
que un profesor enseña y un estudiante solo recibe información. Como todo ha ido cambiando, también
la educación lo ha hecho, o al menos se ha intentado darle un sentido donde "Enseñar no solo es
transferir conocimiento, sino crear las posibilidades para su propia producción o construcción" (Freire,
1986, p. 52). Es decir, el enfoque educativo actual busca trascender los límites de la simple transmisión
de conocimientos para centrarse en el desarrollo integral de los estudiantes. Reconociendo que cada
individuo tiene capacidades únicas y formas diferentes de aprender. Y por lo tanto, la educación se debe
considerar como un proceso activo y participativo en el que los estudiantes no solo adquieren
información, sino que también son motivados y capacitados para aplicarla de manera significativa.
Ya que, como pudimos observar después de atravesar el período de COVID-19 en anteriores
gestiones y con el avance de la tecnología, tanto los maestros como los estudiantes tenemos acceso a
una gran cantidad de información proveniente de diferentes fuentes. Y por ello, un maestro aparte de
enseñar, puede aprender cada vez más de sus estudiantes, porque los mismos, al poner en práctica un
papel activo y participativo en su educación, motivarán su curiosidad pero también buscarán un guía
para no caer en información errónea.
Por ejemplo, pueden plantear preguntas como: ¿El color café le debe su nombre a la planta de
café o la planta de café le debe su nombre al color? Si nunca te habías planteado la pregunta para
responder a tu estudiante, fortalecer así su curiosidad y no solo ignorarla, puedes realizar una
investigación en compañía del o de los interesados utilizando medios tecnológicos. También puedes
hacer la misma pregunta como un dato curioso entre los estudiantes, ya que es posible que alguno de
ellos también se haya planteado esa pregunta y tenga una respuesta, o se haya planteado alguna
similar, pero por temor no te la hayan hecho. Favoreciendo así un ambiente donde otro estudiante
puede ganar confianza y comprender que su curiosidad puede llegar a obtener una respuesta. De esta
manera, cumpliendo con lo que Paulo Freire (2010) sostiene en su obra Cartas a quien pretende
enseñar: "El educador ya no es solo el que educa, sino aquel que, en tanto que educa, es educado a
través del diálogo con el educando, quien, al ser educado, también educa" (p. 62). Demostrándonos así
que esta relación mutua y de diálogo con nuestros estudiantes nos permitirá construir conocimiento de
manera conjunta y favorecer el desarrollo de ambas partes.
Asimismo, el proceso no se limita a enseñar y aprender, sino que, como Freire (1986) destaca,
"La educación es un acto de amor, por tanto, un acto de valor" (p. 67). Esta idea implica que como
maestros debemos tener un compromiso genuino con los estudiantes, preocupándonos por su bienestar
y desarrollo integral. Además, este acto de amor en la educación no solo se manifiesta en el deseo
genuino de ver a nuestros estudiantes florecer y tener éxito, sino también en transmitir valores, guiar,
inspirar y empoderarlos. Incluso como maestros, debemos enfrentar los desafíos inherentes a la
enseñanza, superar obstáculos, adaptarnos a las necesidades individuales de los estudiantes y mantener
la motivación para educar a pesar de las dificultades, lo cual ejemplifica la valentía requerida en el acto
de educar. De esta forma, nos convertiremos, y a nuestros estudiantes, en parte de una educación con
una fuerza transformadora y en una herramienta vital para el progreso de nuestra sociedad.
Ahora bien, la Práctica Educativa Comunitaria es una parte muy importante del proceso, ya que
nos ayudará a cumplir con las ideas presentadas anteriormente, porque se fundamenta en la idea de
que el aprendizaje para ser buenos maestros no debe limitarse al aula y a un ámbito solo teórico, sino
que debe ser relevante y significativo como parte de nuestro proceso de formación. Esta perspectiva
implica que el acto educativo se conciba como una interacción recíproca y complementaria entre todos
los integrantes del entorno educativo. Donde "La educación, por tanto, se dé a partir de un ejercicio de
problematización crítica de la realidad, en el que se pregunta, reflexiona, investiga, a partir del diálogo
de una comunidad" (Ministerio de Educación, 2012, p. 35). Para poder tener un punto de partida
conociendo todo aquello que nos puede ayudar o impedir cumplir nuestras metas, pero también de esta
manera encontrar maestros que, en muchos casos, dan todo para que sus estudiantes puedan tener una
educación de calidad, no enfocándose tanto en aquello que no pueden hacer, sino que, a partir del
reconocimiento de los recursos y capacidades disponibles en la comunidad, se pueden crear
oportunidades de aprendizaje enriquecedoras.
En este sentido, la Práctica Educativa Comunitaria nos invita a salir del entorno escolar y
establecer vínculos estrechos con la comunidad en la que nos encontramos. Esto implica colaborar con
otras instituciones, organizaciones y personas que puedan aportar a la educación de nuestros
estudiantes. Podemos organizar visitas a museos, bibliotecas, centros culturales o espacios naturales,
donde los estudiantes puedan tener experiencias de aprendizaje fuera del aula, interactuando con su
entorno y enriqueciendo su conocimiento de manera vivencial.
Además, podemos fomentar la participación activa de los estudiantes en proyectos comunitarios
que aborden problemáticas locales. Esto les brinda la oportunidad de aplicar los conocimientos
adquiridos en el aula para resolver situaciones reales, al tiempo que desarrollan habilidades de
liderazgo, trabajo en equipo y responsabilidad social. Estas experiencias fortalecen su sentido de
pertenencia y compromiso con la comunidad, y les enseñan la importancia de contribuir de manera
positiva y activa a su entorno.
En conclusión, la educación como un acto de amor y valor implica ir más allá de la mera
transmisión de conocimientos. Implica formar individuos integrales, críticos y conscientes de su entorno,
capaces de participar activamente en la sociedad. Esto requiere un enfoque educativo que promueva el
diálogo, la participación, la colaboración y la conexión con la comunidad. La Práctica Educativa
Comunitaria nos ofrece herramientas para lograrlo, permitiéndonos salir del aula y establecer vínculos
estrechos con la comunidad, creando experiencias de aprendizaje enriquecedoras y promoviendo el
compromiso social de los estudiantes. Como educadores, asumamos el desafío de educar con amor y
valentía, reconociendo el potencial transformador de la educación en nuestras vidas y en la sociedad en
su conjunto.
Referencias
Freire, P. Cartas a quien pretende enseñar - 2" ed. 5" reimp.- Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores,
2010 / /160 p.; 21xl4 cm. (Biblioteca Clásica de Siglo Veintiuno)
Freire, P. (1986). La educación como práctica de la libertad (35a. ed. --.). México: Siglo XXI.
Ministerio de Educación (2012). “Currículo Base del Sistema Educativo Plurinacional - 2012” La Paz,
Bolivia.