SERMÓN 129
¿ES VERDAD O NO?
«Nosotros sabemos que Dios no oye a los pecado res;
pero si alguno es temeroso de Dios y hace su voluntad, a éste oye»
(Juan 9:31).
Es malo arrancar pasajes de la Biblia fuera de su contexto y tratarles como infalible Palabra
de Dios, cuando son tan solamente palabras de hombres. Haciéndolo así podríamos probar
que no hay Dios (Sal. 14:1); que Dios ha olvidado a su pueblo (Is. 49:14); que Cristo era un
bebedor (Mat. 11:19) y que nosotros debemos adorar al diablo (Mat. 4:9).
Esto no lo haremos nunca. Debemos primero inquirir quién pronunció la frase, antes
de predicar sobre ella.
Nuestro texto son unas palabras dichas por un hombre ciego, que estaba lejos de tener
una perfecta instrucción cristiana; por tanto, han de ser tomadas estas palabras por lo que
valen, pero no consideradas como enseñanza de Cristo.
I. NO ES VERDAD EN ALGUNOS SENTIDOS.
1. Dios oye a los pecadores, de otro modo no oiría a nadie, pues no hay ningún hombre
en la tierra que no sea pecador (1.° Rey. 8:46).
Ningún santo sería escuchado, pues aun los santos son pecadores.
2. Dios oye algunas veces y responde a hombres no regenerados:
3. Para conducirles al arrepentimiento (1.° Rey. 21:27). Para dejarles sin excusa (Ex.
10:16, 17).
1. Dios oye misericordiosamente a los pecadores cuando claman por misericordia. No
creer esto, sería negar el Evangelio. No creer esto, sería negar los hechos: David,
Manases, el ladrón moribundo, el publicano, el hijo pródigo, confirman este
testimonio (Is. 55:7).
II. ES VERDAD EN OTRO SENTIDO.
1. Dios no oye la oración del pecador, aparte de la mediación de nuestro Señor
Jesucristo (1.a Tim. 2:5; Ef. 2:18).
2. No oye la oración fría y formal del malo (Prov. 15:29).
3. No oirá al hombre que voluntariamente continúa en pecado y permanece en
incredulidad (Jer. 14:12; Is. 1:15).
4. No oirá a quien no perdona (Marc. 11:25, 26).
5. No oirá ni siquiera a su pueblo cuando peca voluntariamente y mantiene el pecado en
sus corazones (Salmo 66:18).
6. No oirá a los pecadores que mueren impenitentes. Al fin cerrará sus oídos a ellos
como en el caso de las vírgenes fatuas que clamaban: «Señor, Señor, ábrenos» (Mat.
25:11).
Son nuestros pecados que cierran el paso a nuestras oraciones. No es la gran distancia
entre el cielo y la tierra, ni las nubes espesas, sino tan sólo nuestros pecados que
impiden a nuestras oraciones ascender hasta el trono de Dios. «Cuando multipliquéis
vuestras oraciones yo no os oiré», dice el Señor. ¿Por qué? «Porque vuestras manos
están llenas de sangre». Dios no oirá las peticiones presentadas a El con manos
culpables.
Nuestras oraciones son cartas de pago y serán admitidas en el cielo cuando vengan de
corazones humildes y piadosos; pero si estamos en quiebra en cuanto a nuestra religión, y en
bancarrota de la gracia, Dios protestará nuestras cartas de pago, no será ganado por nuestras
oraciones. — TOMÁS ADAMS.
Dios nunca «es duro para oír, ni duro para dar.» La sangre de una oveja y la de un
cerdo son semejantes; sin embargo, la sangre del cerdo no podía ser ofrecida a causa de su
procedencia; así, la oración del hombre irregenerado puede ser muy buena y elocuente; sin
embargo, no puede ser aceptada a causa del corazón de la persona de quien procede. —
SAMUEL CLAHK.
Es difícil ilustrar esta verdad, porque nada ocurre en la vida humana que se parezca a
lo que tiene lugar cuando un pecador impenitente pretende orar a Dios.
Muchas peticiones son presentadas al gobierno, pero jamás serán atendidas las de
aquellos que están en rebeldía contra su autoridad. Es universalmente reconocido que la
rebeldía contra cualquier gobierno suprime todos los derechos de petición. Del mismo modo,
un pecador impenitente que pide favores a Dios, es la cosa más antinatural y monstruosa que
puede concebirse
¿Qué ciudad rebelde, sitiada por las fuerzas del ejército legal, se atrevería a pedir
ayuda al Gobierno sobre la base de que hay grande escasez y hambre dentro de la tal ciudad,
si sus habitantes no tienen la más ligera intención de rendirse al Go bierno? — The
Preachers' Monthly.
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