¿QUÉ ES EL AUTISMO?
El autismo es un trastorno del desarrollo grave, que generalmente comienza en el
nacimiento o en los tres primeros años de vida. Es el resultado de un trastorno
neurológico que modifica la forma en que funciona el cerebro, causando retrasos o
problemas en muchas habilidades diferentes desde la infancia a la adultez. Por ejemplo,
niños como adultos con autismo generalmente exhiben dificultades en la interacción
social, así como en la comunicación verbal y no verbal. También tienden a tener interés
en actividades raras, repetitivas o restringidas. Aunque la mayoría de los niños autistas
parecen completamente normales, se diferencian de otros niños en que tienen
comportamientos desconcertantes y confusos.
¿POR QUÉ EL AUTISMO SE LLAMA EL TRASTORNO DE ESPECTRO?
El autismo pertenece a una gama de trastornos del desarrollo conocidos como trastornos
del espectro autista (TEA). Un trastorno de espectro es un grupo de trastornos con
características similares. Mientras una persona puede tener síntomas leves, otra puede
tener síntomas más graves. Existen también diferencias en la naturaleza de los síntomas
y cuándo es probable que aparezcan por primera vez.
LOS TRES TIPOS DIFERENTES DE TRASTORNOS DEL ESPECTRO AUTISTA SON:
Trastorno autista (también conocido como autismo “0lásico”). Esta es la condición más
común entre los TEA. Se caracteriza por grandes retrasos en el lenguaje, dificultades con
las interacciones sociales y comportamientos inusuales. Algunas personas con trastorno
autista también tienen capacidades intelectuales deficientes.
Síndrome de Asperger. Las personas con el síndrome muestran algunos de los
síntomas más leves del trastorno autista, como desafíos sociales y comportamientos
inusuales. Generalmente no tienen retrasos en el lenguaje ni capacidades intelectuales
deficientes.
Trastorno generalizado del desarrollo no especificado (PPD-NOS, por sus siglas en
inglés, también conocido como “autismo atípico”). Se les puede diagnosticar a las
personas PPD-NOS si cumplen con algunos de los criterios del trastorno autista o
síndrome de Asperger, pero no todos. Típicamente tienen menos síntomas que sean más
leves que aquellos con trastorno autista. Los síntomas pueden limitarse a problemas con
el lenguaje y la interacción social.
¿A QUIÉN AFECTA EL AUTISMO?
El autismo y otros TEA (trastornos del espectro autista) se pueden observar en personas
de todo el mundo y en todos los grupos raciales, étnicos y socioeconómicos. Según el
Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés),
los niños en los Estados Unidos que padecen un TEA son entre 1 de cada 100 y 1 de
cada 300 (con un promedio de 1 de 150). Este trastorno ocurre cuatro veces más a
menudo en varones (por lo general, el primogénito) que en mujeres, con uno de cada 94
varones diagnosticados con autismo u otro TEA. Sin embargo, las niñas con el trastorno
presentan generalmente síntomas más graves y mayores deficiencias intelectuales.
Hasta 1.5 millones de estadounidenses pueden verse afectados por el autismo. Es de
interés el hecho de que el número de personas que se diagnostican con autismo u otro
TEA es mayor que nunca. Las estadísticas gubernamentales indican que la tasa de
autismo está aumentando entre 10 y 17 por ciento cada año. De acuerdo con el CDC, de
los aproximadamente cuatro millones de bebés que nacen cada año, 24,000 de ellos se
les diagnosticará autismo. ¿A qué se debe este aumento alarmante? Podría ser que gran
parte de este aumento se deba a definiciones más nuevas (y más amplias) de los TEA,
además de esfuerzos más específicos de diagnóstico. Por ejemplo, un niño/a al que hoy
en día se le diagnostica autismo, hace 20 o 30 años sólo se lo hubiera considerado “raro”.
Pero también puede ser que haya un aumento verdadero en el número de personas con
TEA. Muchos expertos creen que la explicación probablemente se encuentra en una
combinación de estos factores.
¿CUÁL ES LA CAUSA DEL AUTISMO?
Los expertos aún no están seguros de todas las causas del autismo. Lo más seguro es
que haya causas múltiples en vez de sólo una. Parece ser que un número de
circunstancias diversas, que incluyen factores ambientales, biológicos y genéticos, sientan
las bases para el autismo y hacen que un niño/a sea más propenso a padecer el
trastorno.
Existen razones para creer que los genes juegan un papel fundamental en el desarrollo
del autismo. Se ha encontrado que los gemelos idénticos tienen más probabilidades de
verse ambos afectados que los gemelos fraternales (aquellos que no son idénticos
genéticamente). En una familia con un niño/a autista, la probabilidad de tener otro hijo/a
con autismo es alrededor de 5 por ciento, o 1 de cada 20, más alta que en la población
normal.
A veces, los padres u otros familiares de un niño/a autista tienen deficiencias sociales
leves (como comportamientos repetitivos y problemas sociales o de comunicación) que se
parecen mucho al autismo. La investigación también ha descubierto que algunos
trastornos emocionales (como la psicosis maníaco-depresiva) ocurren más a menudo en
familias con una persona con autismo.
Al menos un grupo de investigadores ha descubierto un vínculo entre un gen anómalo y el
autismo. Puede que el gen sólo sea uno de entre tres a cinco o más genes que
interactúan de alguna forma para causar la enfermedad. Los científicos sospechan que un
gen o genes defectuosos pueden hacer que una persona sea más propensa a desarrollar
autismo cuando también hay otros factores presentes, como un desequilibrio químico,
virus, sustancias químicas o falta de oxígeno al nacer.
En pocos casos, el comportamiento autista es causado por:
Rubéola (a veces llamado “sarampión alemán” en inglés) en la madre
embarazada.
Esclerosis tuberosa (un trastorno genético raro que causa tumores benignos que
crecen en el cerebro, así como en otros órganos vitales).
Síndrome de X frágil (la forma más común de retraso mental hereditario).
Encefalitis (inflamación del cerebro).
Fenilcetonuria (PKU, por sus siglas en inglés) no tratada, cuando el cuerpo carece
de una enzima necesaria para el metabolismo normal.
En los últimos años, ha habido interés en una teoría que sugería un vínculo entre
el autismo y el uso de thiomersal, un preservante a base mercurio usado en la
vacuna triple vírica (SPR). Aunque ya no se encuentra mercurio en las vacunas
infantiles en los Estados Unidos, a algunos padres le preocupan todavía las
vacunas.
Sin embargo, muchos estudios a gran escala bien realizados, no han comprobado que
exista un vínculo entre el thiomersal y el autismo. Actualmente, una comisión del Instituto
de Medicina está examinando estos estudios. Estos informes incluyen un estudio danés
extenso que concluyó que no había relación causal entre la vacunación infantil con
vacunas que contienen thiomersal y el desarrollo de un trastorno de espectro autista, y un
estudio estadounidense que observó la exposición a mercurio, plomo y otros metales
pesados. Tanto la Academia Estadounidense de Pediatría (AAP, por sus siglas en inglés)
y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades están de acuerdo en que
no hay un vínculo entre el autismo y la vacuna triple vírica (SPR) o cualquier otra vacuna.
Otras causas potenciales del autismo son toxinas ambientales, que incluyen pesticidas y
metales pesados como el mercurio. No hay duda de que los metales pesados se
encuentran más comúnmente en el ambiente hoy que en el pasado. Puede ser que las
personas con autismo, o aquellos con mayor riesgo de desarrollarlo, sean más sensibles
a estas toxinas que otras.
¿CÓMO SE DIAGNOSTICA EL AUTISMO?
Todos los niños con autismo tienen problemas con:
Interacción social: la forma en que se relacionan con otros
Comunicación verbal y no verbal
Comportamientos o intereses repetitivos
Los bebés con el trastorno no se dejan mimar, evitan el contacto visual y no parecen
querer o necesitar contacto físico o afecto. Pueden volverse rígidos o flojos cuando se los
sostiene, llorar cuando se les levanta y mostrar poco interés en el contacto humano. Estos
niños no sonríen o levantan sus brazos antes de ser levantados. No desarrollan apego por
los padres y no muestran ninguna ansiedad normal hacia los desconocidos. No aprenden
los juegos típicos de la niñez, como el cu-cu.
A medida que los niños con autismo crecen, a menudo tienen respuestas inusuales a
experiencias sensoriales, como ciertos sonidos y la forma en que lucen los objetos. Estos
síntomas pueden variar de leves a graves, y serán diferentes de un niño/a a otro. Por
ejemplo, a un niño/a puede resultarle fácil aprender a leer pero tiene problemas en
situaciones sociales. Sin embargo, en el autismo, cada niño/a exhibirá patrones de
comunicación, sociales o conductuales que son individuales pero que se ajustan al
diagnóstico general de autismo.
Los niños con autismo no siguen los patrones típicos de desarrollo infantil. En algunos
niños, puede haber indicios de futuros problemas desde el nacimiento. En la mayoría de
los casos, los problemas de comunicación o habilidades sociales se vuelven más notorios
a medida que el niño/a crece (entre los 12 y 36 meses) y comienza a quedarse rezagado
respecto a otros niños de la misma edad.
Algunos padres informan que los cambios ocurren en un período corto. Ellos notan que,
repentinamente, sus niños comienzan a rechazar a la gente, actuar en forma extraña y
perder el lenguaje y las habilidades sociales que tenían. En otros casos, hay una
disminución en el nivel de progreso, de manera que la diferencia entre el niño/a con
autismo y otros niños de la misma edad se vuelve más y más notoria a través del tiempo.
Mientras que una persona con autismo puede tener síntomas que van de leves a graves,
alrededor del 10% de estos niños tiene una capacidad extraordinaria en un área, como las
matemáticas, la memoria, la música o el arte. Esos niños se conocen como “autistas
inteligentes.”
Aunque existen muchas preocupaciones acerca de etiquetar a un niño/a pequeño como
autista, cuanto más temprano se haga el diagnóstico de autismo, más pront se pueden
tomar medidas para ayudarlo. La evidencia de los últimos 15 años ha demostrado que la
intervención temprana intensiva en un marco educativo óptimo por al menos dos años
durante los años preescolares tiene mejores resultados en la mayoría de los niños
pequeños con trastorno de espectro autista.
Para diagnosticar el autismo, los profesionales médicos observan los comportamientos
específicos del niño/a. Algunos de estos comportamientos pueden ser obvios en los
primeros meses de la vida, o pueden aparecer en cualquier momento durante los
primeros años.
Para que se diagnostique autismo, un niño/a debe haber tenido problemas en al menos
una de estas áreas: comunicación, sociabilización o comportamiento restringido antes de
los tres años.
El diagnóstico tiene dos etapas. La primera etapa es la observación del desarrollo durante
exámenes físicos infantiles. La segunda etapa involucra una evaluación exhaustiva por
parte de un equipo multidisciplinario.
LAS ETAPAS DE UN DIAGNÓSTICO DE AUTISMO
El diagnóstico de autismo tiene dos etapas. La primera etapa es la observación del
desarrollo durante exámenes físicos infantiles. La segunda etapa involucra una evaluación
exhaustiva por parte de un equipo multidisciplinario.
Detección
Un examen físico infantil con el médico debería incluir una prueba de detección del
desarrollo. (Esta prueba se realiza para saber si el niño/a se está desarrollando a una tasa
adecuada para su edad). Además, las observaciones e inquietudes de los padres acerca
del desarrollo de su hijo/a son de importancia para ayudar a detectar autismo.
Mirar cintas de video, fotos y álbumes familiares puede ayudar a los padres a recordar
cuándo apareció por primera vez cada comportamiento y cuándo el niño/a alcanzó ciertos
hitos del desarrollo.
Si su médico observa alguno de los posibles indicadores de autismo como resultado de
una detección o un examen físico infantil, se requiere mayor evaluación.
Diagnóstico Integral
El segundo tipo de evaluación debe ser más detallada, para poder asegurarse de si el
niño/a tiene o no autismo. Esta evaluación puede ser realizada por un equipo que incluya
un psicólogo, neurólogo, psiquiatra, terapeuta del habla u otros profesionales que
diagnostican a niños con autismo.
Debido a que el autismo es un trastorno complicado, una evaluación completa puede
involucrar varios tipos de pruebas distintas. Los profesionales examinarán las habilidades
de aprendizaje, sociales y de comunicación, respuestas auditivas, movimientos
corporales, audición, relaciones con otras personas y más.
La detección de plomo también es esencial para niños que permanecen durante mucho
tiempo en la fase oral-motora, durante la cual se llevan cosas a la boca. Los niños que
padecen un trastorno autista tienen generalmente niveles elevados de plomo en sangre.
Aunque es posible que los padres fueran conscientes de que algo «no estaba del todo
bien» con su hijo/a, el momento en que se da un diagnóstico de autismo es muy
perturbador. Sin embargo, lo antes posible, luego de saber que su hijo/a es autista, es
importante que los padres hagan preguntas y obtengan recomendaciones acerca de los
pasos que deben seguir.
¿SE PUEDE PREVENIR EL AUTISMO?
Aunque en la mayoría de los casos no se conoce la causa exacta del autismo, algunos
casos están relacionados con la exposición a sustancias químicas durante el embarazo.
Por lo tanto, es esencial evitar tomar medicamentos durante el embarazo, a menos que el
médico los recete específicamente. Esto es especialmente cierto con algunos
medicamentos para las convulsiones, como el ácido valproico, un medicamento que se
receta para el tratamiento de convulsiones, migrañas y trastornos bipolares. También es
esencial evitar consumir bebidas alcohólicas de ningún tipo durante el embarazo. La
inmunización contra la rubéola (a veces llamado “sarampión alemán” en inglés) antes de
quedar embarazada puede prevenir el autismo asociado a la rubéola.
Luego del parto, hay ciertas medidas que pueden ser de ayuda para prevenir el autismo.
Una es el diagnóstico y tratamiento temprano de la fenilcetonuria (PKU, por sus siglas en
inglés). Esta es una enfermedad hereditaria causada por la falta de una enzima hepática
que se requiere para digerir la enzima fenilalanina. De forma similar, el diagnóstico y
tratamiento tempranos de la celiaquía puede reducir el riesgo de tener autismo.
Investigadores de la Universidad de Washington, Seattle, comenzaron recientemente un
innovador estudio con fondos del Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano
(NICHD, por sus siglas en inglés). El objetivo es descubrir si el autismo se puede prevenir
en un grupo específico de niños. Los niños inscritos en el estudio son bebés de seis
meses de edad o menos, con un hermano/a mayor diagnosticado con autismo. Ellos
serán parte del primer estudio diseñado para impedir que los síntomas del autismo se
desarrollen en los niños que tienen mayor riesgo de padecer el trastorno. Mientras que el
estudio más reciente indica que el autismo afecta hasta a uno de cada 150 recién nacidos
estadounidenses, alrededor de uno de cada 20 bebés que tiene un hermano/a mayor con
autismo desarrollará el trastorno. Este estudio representa el primer intento por intervenir y
tratar a los bebés en riesgo de autismo al primer indicio de los síntomas. Uno de los
objetivos del estudio es ser capaces de identificar el autismo tan pronto como sea posible,
antes de que aparezcan síntomas más obvios. Eso permite que los profesionales de
atención médica se involucren y comiencen el tratamiento mientras que las conexiones en
el cerebro del niño/a aún son lo suficientemente receptivas.
¿QUÉ TIPOS DE PROBLEMAS DE SALUD TIENEN LOS NIÑOS CON AUTISMO?
Cada niño/a con autismo tiene diferentes reacciones y problemas en niveles distintos.
Aquí hay algunos de los problemas que acompañan frecuentemente al autismo.
Problemas sensoriales
Un gran número de niños con autismo es muy consciente de, e incluso dolorosamente
sensible a, ciertos sonidos, texturas, sabores y olores. Algunos niños no soportan el roce
de la ropa en su piel. Algunos sonidos, una aspiradora, un teléfono sonando, una
tormenta repentina, incluso el sonido de las olas rompiendo en la costa, harán que estos
niños cubran sus oídos y griten.
En el autismo, parece que el cerebro es incapaz de equilibrar adecuadamente los
sentidos. Algunos niños no parecen notar el dolor o frío extremos. Un niño/a con autismo
puede caerse y fracturarse un brazo, y nunca llorar. Otro puede gritar alarmado cuando
apenas se lo toca.
Retraso mental
Muchos niños con autismo tienen alguna disfunción mental. Al realizar pruebas, algunas
áreas de capacidad pueden ser normales, mientras otras pueden ser especialmente
débiles. Por ejemplo, un niño/a con autismo puede tener buenos resultados en las partes
de la prueba que miden las habilidades visuales, pero obtener puntajes más bajos en la
parte del lenguaje.
Convulsiones
Uno de cada cuatro niños con autismo desarrollará convulsiones, que a menudo
comienzan en la infancia temprana o cuando se convierten en adolescentes.
Convulsiones, causadas por actividad anormal en el cerebro, pueden producir pérdida de
conciencia temporal (desvanecimiento), una convulsión corporal, movimientos inusuales o
ausencia. A veces, un factor que contribuye es la falta de sueño o una fiebre alta. Un EEG
(electroencefalograma, un registro de las corrientes eléctricas desarrolladas en el cerebro
por medio de electrodos que se aplican en el cuero cabelludo) puede ayudar a confirmar
la presencia de la convulsión.
En la mayoría de los casos, las convulsiones se pueden controlar con algunos
medicamentos llamados “anticonvulsivos”. La dosis del medicamento se ajusta
cuidadosamente, de manera que se utilice la mínima cantidad posible que sea eficaz.
Síndrome de X frágil
El síndrome de X frágil es la forma más común de retraso mental hereditario. Ocurre
porque una parte del cromosoma X tiene una porción defectuosa que parece pinzada y
frágil cuando se lo observa en el microscopio. El síndrome de X frágil afecta a alrededor
de dos a cinco por ciento de las personas con autismo.
Es importante que se realicen pruebas de detección de X frágil a los niños con TEA,
especialmente si los padres están considerando tener otro hijo/a. Por una razón
desconocida, si un niño/a con TEA también tiene X frágil, existe una probabilidad de uno
de cada dos de que los niños nacidos de los mismos padres tengan el síndrome. Otros
miembros de la familia que puedan estar pensando en tener un hijo/a quizás también
quieran realizarse pruebas de detección del síndrome.
Esclerosis tuberosa
La esclerosis tuberosa es un raro problema genético que causa tumores benignos (no
cancerosos) que crecen en el cerebro, así como en otros órganos importantes. Entre el
uno y el cuatro por ciento de las personas con autismo también tiene esclerosis tuberosa.
¿CUÁLES SON LAS OPCIONES COMUNES DE TRATAMIENTO PARA EL AUTISMO?
No existe un único paquete de tratamiento que sea el mejor para tratar a todos los niños
con autismo. Sin embargo, la mayoría de los profesionales concuerdan en que es
importante el tratamiento temprano y que la mayoría de las personas con autismo
responde bien a programas especializados altamente estructurados.
Antes de tomar decisiones acerca del tratamiento de un niño/a, los padres deberían
aprender todo lo posible acerca de las distintas opciones disponibles. Algunas de las
preguntas que lo padres pueden hacer acerca de los programas para sus hijos incluyen:
¿Cuán exitoso ha sido el programa para otros niños con autismo?
¿Cuántos niños han sido inscritos en escuelas regulares y cuál ha sido su desempeño?
¿Tienen los miembros del equipo capacitación y experiencia en el trabajo con niños y
adolescentes con autismo?
¿Cómo se planifican y organizan las actividades?
¿Hay programas y rutinas diarias regulares?
¿Cuánta atención individual recibirá mi hijo/a?
¿Cómo se evalúa el progreso? ¿El comportamiento de mi hijo/a se observará y registrará
cuidadosamente?
¿Se le darán tareas y premios a mi hijo/a que sean personalmente motivadores?
¿El entorno está diseñado para minimizar distracciones?
¿El programa me preparará para continuar con la terapia en casa?
¿Cuál es el costo, compromiso de tiempo y ubicación del programa?
Recursos:
National Institute for Neurological Disorders
www.ninds.nih.gov
TERAPIAS CON ANIMALES PARA EL AUTISMO
Perros, caballos, delfines, y hasta leones marinos, han ayudado a personas
discapacitadas o socialmente aisladas (alcohólicos, drogodependientes, ancianos...) a
conseguir o recuperar el contacto con su entorno, o a desarrollar su capacidad de
comunicación, como en el caso de los afectados por algún trastorno del espectro autista.
Las investigaciones al respecto han demostrado que las personas que padecen autismo
pueden conseguir grandes beneficios si siguen terapias asistidas con animales como
perros y caballos. Entre las dificultades que presentan estos pacientes se encuentran el
retraso en la adquisición del lenguaje (en muchos casos ni siquiera llegan a hablar) y su
incapacidad para mostrar empatía, lo que les hace aislarse de las personas de su entorno
y disminuye sus posibilidades de aprender a desenvolverse en sociedad.
Los animales preferidos para poner en práctica este tipo de terapias son los perros y los
caballos, entre otras cosas, por ser los más accesibles en nuestro medio. En el caso de
los caballos, la equinoterapia ofrece la ventaja de ser una actividad que se realiza al aire
libre y en contacto con la naturaleza. La afectividad de este animal, que incluso es capaz
de percibir las limitaciones físicas y mentales de los pacientes, se conjuga con el efecto
terapéutico que ofrece su movimiento, y que aumenta el equilibrio, la concentración y la
autoestima de los afectados por discapacidades físicas o psíquicas.
Los perros son animales inteligentes y cariñosos que disfrutan con la compañía humana y
no necesitan hablar para transmitir su afecto, no juzgan a las personas y no requieren un
nivel de comunicación exigente; además, son capaces de aprender a obedecer órdenes
sencillas y se adaptan perfectamente a la rutina que necesitan los niños con autismo.
¿Existen tratamientos nutricionales para el autismo?
Se ha informado que algunas dietas son de ayuda en algunos niños con autismo. Sin
embargo, es importante tener en cuenta que la eficacia y seguridad de estas dietas no
han sido demostradas.
Hay quienes creen que las alergias alimenticias causan síntomas de autismo. También
existe la creencia entre algunas personas que la falta de cierta vitamina o mineral puede
causar síntomas autistas. Si los padres deciden poner a un hijo/a autista en una dieta
especial, deben asegurarse de que el estado nutricional del niño/a se evalúe
cuidadosamente.
Algunos padres han encontrado que una dieta sin gluten y sin caseína es de utilidad. El
gluten es una sustancia similar a la caseína que se encuentra en las semillas de varias
plantas de cereales, como trigo, avena, centeno y cebada. La caseína es la proteína
principal de la leche. Dado que el gluten y la leche se encuentran en muchos de los
alimentos que ingerimos, es difícil seguir una dieta sin gluten ni caseína.
Un suplemento vitamínico que puede ser de ayuda para algunos padres de niños autistas
es la vitamina B6, que se toma con magnesio (que hace que la vitamina sea eficaz). El
resultado de los estudios de investigación es variado: algunos niños responden en forma
positiva, otros en forma negativa y algunos responden muy poco o nada.
En los últimos años, también se ha discutido acerca del uso de secretina, una sustancia
aprobada por la FDA, administrada en una dosis única para ayudar en el diagnóstico de
un problema gastrointestinal. Informes no científicos han observado mejoras en los
síntomas del autismo, que incluyen patrones de sueño, contacto visual, habilidades del
lenguaje y atención. Sin embargo, varios ensayos clínicos realizados en los últimos años
no han encontrado mejoras reales en los síntomas entre pacientes que si recibieron
secretina y aquellos que no
¿Quales medicamentos se usan para tratar el autismo?
A menudo se usan medicamentos para tratar problemas del comportamiento, como la
agresión, comportamiento autodestructivo y pataletas graves, que impiden que alguien
con autismo funcione más eficazmente en el hogar o en la escuela. Los medicamentos
que se usan son aquellos que han sido desarrollados para tratar síntomas similares en
otros trastornos. Muchos de estos medicamentos se recetan como de “uso no indicado”.
Esto significa que no han sido aprobados oficialmente por la Administración de Alimentos
y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés), para su uso en niños. Sin embargo, el
médico receta de todas formas los medicamentos si considera que son adecuados para el
niño/a. Se requiere de más investigación para garantizar que estos medicamentos sean
tanto eficaces como seguros cuando se los usa en el tratamiento de niños y adolescentes.
Un niño/a con autismo puede no responder a los medicamentos de la misma forma que
los niños sin autismo. Por lo tanto, el niño/a debe observarse de cerca mientras toma los
medicamentos. Es importante que los padres trabajen con un médico que tenga
experiencia en niños con autismo. El médico recetará la dosis más baja posible que sea
eficaz.
Los padres deben preguntar a los médicos acerca de los efectos secundarios que puedan
tener los medicamentos y llevar un registro de cómo responde el niño/a a ellos. Es de
utilidad para los padres leer el «prospecto de envase» que viene con el medicamento.
Algunas personas guardan los prospectos de envase en un pequeño cuaderno para
usarlos como una referencia. Esto es muy útil cuando se recetan múltiples medicamentos.
ISRS
Los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina (ISRS) son medicamentos
que se recetan mayoritariamente para tratar síntomas de ansiedad, depresión y/o
trastorno obsesivo-compulsivo (TOC). Sólo uno de los ISRS, la fluoxetina (Prozac®) ha
sido aprobado por la FDA, tanto para TOC y depresión en niños de siete años o más. Tres
que han sido aprobados para TOC son la fluvoxamina (Luvox®), ocho años o más;
sertralina (Zoloft®), seis años o más; y la clomipramina (Anafranil®), diez años o más. El
tratamiento con estos medicamentos ha probado ser eficaz en la disminución del
comportamiento repetitivo y de ritual, y ha ayudado a mejorar el contacto visual y social.
La FDA está estudiando datos para entender mejor cómo usar los ISRS en forma segura,
eficaz y en la dosis más baja posible.
Medicamentos antipsicóticos
Los medicamentos antipsicóticos han sido usados para tratar problemas graves del
comportamiento. Estos medicamentos funcionan por medio de reducir la actividad en el
cerebro del neurotransmisor dopamina. Entre los más antiguos antipsicóticos típicos,
como el haloperidol (Haldol®), tioridazina, flufenazina y clorpromazina, se encontró en
más de un estudio que el haloperidol es más eficaz que un placebo (medicamento falso)
en el tratamiento de problemas graves del comportamiento. Sin embargo, a pesar de que
el haloperidol es útil en la reducción de los síntomas de la agresión, también puede tener
efectos secundarios negativos, como somnolencia, rigidez muscular y movimientos
anormales.
Se están realizando estudios sobre los antipsicóticos más nuevos en niños con autismo.
El primer estudio fue sobre la risperidona (Risperdal®). En 2002, se presentaron los
resultados del estudio de ocho semanas de duración, que mostró que la risperidona fue
eficaz y bien tolerada para el tratamiento de problemas graves del comportamiento en
niños con autismo. Se requieren estudios más prolongados para determinar los efectos
secundarios a largo plazo. Otros antipsicóticos estudiados recientemente, con resultados
alentadores, son la olanzapina (Zyprexa®) y la ziprasidona (Geodon®).
Medicamentos para las convulsiones
Las convulsiones se presentan en una de cada cuatro personas con autismo,
especialmente en aquellas que tienen un coeficiente intelectual (C.I.) bajo o que no
pueden hablar. Se las trata con uno o más de los anticonvulsivos. Estos incluyen
medicamentos como la carbamazepina (Tegretol®), lamotrigina (Lamictal®), topiramato
(Topamax®) y el ácido valproico (Depakote®). El nivel del medicamento en la sangre se
debe controlar y ajustar cuidadosamente para que se use la menor cantidad posible que
sea eficaz. Aunque generalmente los medicamentos reducen el número de convulsiones,
no siempre pueden eliminarlas.
Medicamentos para la falta de atención y la hiperactividad
Los medicamentos estimulantes como el metilfenidato (Ritalin®), usados en personas con
trastorno por déficit de atención con hiperactividad (ADHD, por sus siglas en inglés),
también se han recetado a niños con autismo. Estos medicamentos pueden disminuir la
impulsividad y la hiperactividad, especialmente en niños más funcionales.
Se han utilizado muchos otros medicamentos para tratar los síntomas de los TEA; entre
ellos se encuentran otros antidepresivos, naltrexona, litio y algunas benzodiazepinas
como el diazepam (Valium®) y el lorazepam (Ativan®).
ANÁLISIS CONDUCTUAL APLICADO
El análisis conductual aplicado (ABA, por sus siglas en inglés) es el tratamiento más
común para personas con autismo. Un programa eficaz de tratamiento de ABA se basará
en los intereses del niño/a, ofrecerá un horario predecible, enseñará tareas como una
serie de pasos sencillos, activamente captará el interés del niño/a en actividades
altamente estructuradas y proporcionará un refuerzo de la conducta normal.
También se considera la participación de los padres como un factor principal en el éxito
del tratamiento. Los padres trabajan con maestros y terapeutas para identificar los
comportamientos que necesitan modificación y las habilidades que se debe enseñar.
Reconociendo que los padres son los primeros maestros de los niños, cada vez más
programas están comenzando a entrenar a los padres para que continúen con la terapia
en casa.
La instrucción debe comenzar enseguida que se identifica la discapacidad de un niño/a.
Programas eficaces enseñarán comunicación y habilidades de interacción social
tempranas.
En niños menores a tres años, las intervenciones apropiadas suelen tener lugar en el
hogar o en un centro de cuidado infantil. Estas intervenciones se concentran en
problemas específicos de aprendizaje, lenguaje, imitación, atención, motivación,
comportamiento e interacción con otros. Se incluyen métodos de comportamiento,
comunicación y terapia, junto con intervenciones de juego social.
Los niños mayores de tres años usualmente tienen una educación especial e individual
basada en la escuela. El niño/a puede estar en una clase separada con otros niños
autistas, o puede ser colocado en una clase con niños sin discapacidad por al menos una
parte del día. Diferentes escuelas pueden utilizar métodos distintos, pero todas deben
ayudar al niño/a a aprender habilidades sociales y de comunicación. En estos programas,
los maestros suelen involucrar a los padres, dando consejos útiles sobre cómo los padres
pueden ayudar a su hijo/a a que éste utilice las habilidades o comportamientos
aprendidos en la escuela cuando está en el hogar.
¿QUÉ DEPARA EL FUTURO PARA ALGUIEN CON AUTISMO?
Una de las primeras preguntas que hacen los padres después de que se diagnostica a su
hijo/a con autismo concierne al pronóstico o perspectivas. También desean saber qué
factores pueden influir en ese pronóstico a lo largo de la vida del niño/a. No existe una
única respuesta que cada médico pueda dar a todos los padres preocupados acerca de
las perspectivas. Esto se debe a que no hay un único tipo de autismo que cubra cada
diagnóstico. Cada niño/a con autismo es único. Las causas del trastorno varían de un
niño/a a otro y, por lo tanto, el pronóstico también varía. Otra consideración es la
presencia de cualquier otra enfermedad que el niño/a pueda tener. Por ejemplo, si tiene
epilepsia, o algún otro problema médico que se pueda identificar y tratar en forma eficaz,
el pronóstico puede mejorar.
Aun asi, no existe una cura conocida para el autismo. En algunos casos, los niños
parecen recuperarse, tanto que se retira el diagnóstico de TEA. A veces, esto sucede
luego de un tratamiento intensivo, pero no siempre. En algunos casos, los niños de cinco
años o más que aún no han hablado, adquieren el habla. Para la mayoría de los niños, los
síntomas frecuentemente se vuelven más leves a medida que crecen. Sin embargo, los
problemas fundamentales, como las dificultades en la interacción social, generalmente se
mantienen. Según algunos expertos, los siguientes factores sugieren un mejor pronóstico:
Tener un C.I. por encima de 50
Capacidad de hablar antes de los seis años
Tener una habilidad útil
Aunque el autismo sigue siendo un trastorno difícil para los niños y sus familias, el
pronóstico actual es mucho mejor de lo que era hace 30 años. En aquel entonces, no era
inusual que las personas con autismo fueran ingresadas en hospitales psiquiatricos. En la
actualidad, con el diagnóstico adecuado y un inicio temprano del tratamiento, muchos de
los síntomas del autismo pueden reducirse, aunque la mayoría de las personas nunca
estará completamente libre de los síntomas. Cuán bien funcione una persona depende del
grado del trastorno, así como del momento de inicio y nivel del tratamiento.
Algunos adultos con autismo, especialmente aquellos que son muy funcionales o que
tienen síndrome de Asperger, son capaces de trabajar con éxito en puestos de trabajo
general. Sin embargo, los problemas de comunicación y sociales a menudo causan
dificultades en muchas área de la vida. Estas personas continuarán necesitando aliento y
apoyo moral en su lucha por una vida independiente.
Muchas otras personas con autismo son capaces de trabajar en entornos especiales,
especialmente si son supervisados por gerentes capacitados en el trabajo con personas
con discapacidades. Un entorno enriquecedor en el hogar, la escuela y luego en la
capacitación para un puesto de trabajo y en él, ayuda a las personas con autismo a seguir
a aprender y desarrollarse a lo largo de sus vidas.
La responsabilidad de las escuelas públicas de proporcionar servicios finaliza cuando la
persona con autismo alcanza los 22 años de edad. La familia enfrenta entonces el desafío
de encontrar formas de vida y empleo que satisfagan las necesidades particulares de su
hijo/a adulto, así como los programas y centros que puedan proporcionar servicios de
apoyo para alcanzar estos objetivos.