El aborto es un procedimiento médico que pone fin al embarazo.
Es una necesidad básica
de atención de la salud para millones de mujeres, niñas y otras personas que pueden
quedarse embarazadas. Se calcula que en todo el mundo, cada año, se producen 73 millones
de abortos. Seis de cada diez embarazos no deseados acaban en aborto.
Pero, aunque la necesidad de someterse a un aborto es común, el
acceso a servicios legales y sin riesgos de aborto dista de estar
garantizado para quienes puedan necesitarlos.
De hecho, el acceso al aborto es uno de los temas más controvertidos en
todo el mundo, y el acalorado debate que genera está empañado por
la desinformación sobre las verdaderas repercusiones de restringir el acceso
a este servicio de salud básico.
Una manifestante hace una pintada en el suelo de la calle para pedir el acceso
de las mujeres a un aborto seguro, libre y legal durante una concentración
frente al Congreso Nacional de Buenos Aires, 10 de abril de 2018. © EITAN
ABRAMOVICH/AFP/Getty Images
Se tienen abortos en todo momento, con independencia
de lo que dicte la ley
Poner fin a un embarazo es una decisión común, que toman millones de
personas. Todos los años, el 61% de los embarazos no deseados acaban en
aborto.
Y con independencia de que el aborto sea o no legal, la gente sigue
necesitando servicios de aborto y accediendo de manera habitual a ellos.
De acuerdo con el Instituto Guttmacher, organización sin ánimo de lucro
del campo de la salud reproductiva con sede en Estados Unidos, la tasa
de abortos es de 39 por 1.000 personas en los países que prohíben el
aborto totalmente y del 36 por 1.000 en los países que lo permiten sólo
en caso de riesgo para la vida de la mujer. En los países que la tasa se
sitúa en el 41 y el 36 por 1.000 respectivamente.
Cuando lo practica un proveedor de servicios de la salud capacitado y
con las debidas condiciones de salubridad, el aborto es uno de los
procedimientos médicos que menos riesgos entraña, menos aún que el
parto.
Pero cuando los gobiernos restringen el acceso al aborto, las personas
se ven obligadas a recurrir a abortos clandestinos y con riesgo, en especial
si no tienen medios para pagarse un viaje a otro país o atención privada.
Lo que nos lleva al siguiente aspecto de la cuestión.
“El aborto es una necesidad básica de atención médica para millones de
mujeres. Obligar a alguien a llevar un embarazo, por el motivo que sea,
es una violación de sus derechos humanos”
Una activista de Amnistía Internacional protesta contra las nuevas restricciones
en la ley del aborto en Polonia. © Grzegorz Żukowski
Penalizar el aborto no lo impide, sólo hace que sea menos
seguro
Impedir a las mujeres y las niñas el acceso al aborto no hace que dejen
de necesitarlo. Es por ello que los intentos de prohibir o restringir el
aborto no consiguen reducir el número de abortos; lo que hacen es obligar
a las personas a someterse a abortos inseguros.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el aborto inseguro
como “un procedimiento para finalizar un embarazo no deseado realizado
por personas que carecen de la capacidad necesaria o que se lleva a
cabo en un entorno donde se carece de un estándar médico mínimo, o
ambos”.
La OMS calcula que todos los años tienen lugar 33 millones de abortos
peligrosos, la gran mayoría de ellos en países en vías de desarrollo.
A diferencia de los abortos legales, practicados por proveedores de
servicios médicos capacitados, los abortos inseguros pueden tener
consecuencias fatales. Cada año, entre el 4,7% y el 13,2% de las muertes
maternas se deben a un aborto peligroso. Se calcula que en las regiones
desarrolladas, por cada 100.000 abortos peligrosos se producen 30
defunciones, mientras que esta proporción aumenta hasta las 220
defunciones por cada 100.000 abortos peligrosos en las regiones en
desarrollo.
Activistas proaborto sostienen los icónicos pañuelos verdes a favor de la
despenalización del aborto en Buenos Aires, Argentina, el jueves 28 de mayo de
2020. © AP Photo/Natacha Pisarenko
Casi todas las muertes y lesiones por aborto inseguro son
evitables
Las muertes y lesiones causadas por abortos inseguros son evitables. Sin
embargo, tales muertes son comunes en los países donde el acceso al
aborto está limitado o prohibido por completo, pues la mayoría de las
mujeres y las niñas que necesitan someterse a un aborto debido a un
embarazo no deseado no pueden acceder legalmente a él.
En los países con tales restricciones, la legislación prevé normalmente
una lista reducida de excepciones a la penalización del aborto. Entre
ellas puede figurar que el embarazo sea consecuencia de una violación o
de incesto, que se trate de un caso de malformación grave y mortal del
feto o que haya riesgo para la vida o la salud de la persona embarazada.
Sólo un pequeño porcentaje de abortos se practica por estos motivos, lo
que significa que la mayoría de las mujeres y las niñas que viven en
países con este tipo de legislación pueden verse obligadas a recurrir a
abortos inseguros y poner su salud y su vida en peligro.
Las que son ya personas marginadas se ven afectadas de manera
desproporcionada por tal legislación, pues no tienen medios para recurrir a
servicios legales y sin riesgos en otro país o acceder a atención privada.
Entre ellas figuran las mujeres y las niñas con bajos ingresos, las
refugiadas y migrantes, las adolescentes, las lesbianas, las mujeres
bisexuales, las personas transgénero y las mujeres pertenecientes a
minorías o indígenas.
La OMS ha señalado que uno de los primeros pasos que deben darse
para evitar las lesiones y muertes maternas es que los Estados
garanticen que las personas tienen acceso a educación sexual, pueden
utilizar métodos anticonceptivos eficaces, pueden someterse a abortos
legales y sin riesgos y reciben atención con prontitud en caso de
complicaciones.
Los datos disponibles indican que el 22,5% de las mujeres en edad
reproductiva no encuentran satisfechas sus necesidades de planificación
familiar. Los índices de aborto son más altos en los países donde el acceso a
los métodos anticonceptivos es limitado. Los índices de aborto se reducen
cuando las personas, incluidas las adolescentes, tienen información
sobre métodos anticonceptivos modernos y pueden acceder a ellos, así
como cuando existe educación sexual integral y es posible el acceso al
aborto legal y sin riesgos por numerosos motivos.
Manifestante a favor del aborto. © Itzel Plascencia / Amnesty International
Mexico
Muchos países están empezando a modificar su
legislación para permitir mayor acceso al aborto
En los últimos 30 años, más de 60 países de todos los continentes han
modificado su legislación para garantizar el derecho al aborto, en
ocasiones reconociendo que el acceso al aborto sin riesgos es
fundamental para la protección de la vida y la salud de las
mujeres. Argentina se sumó a esta lista el 30 de diciembre de 2020 con la
aprobación por el Senado de la Ley que permite la interrupción del
embarazo hasta la 14 semana de gestación. Fue el resultado de la larga
lucha de las mujeres argentinas, la “ola verde” que movilizó también a
mujeres de otros países bajo el lema #QueSeaLey.
También las mujeres en México han logrado un avance inmenso para
poder decidir con mayor libertad sobre el embarazo. La Suprema Corte
ha despenalizado el aborto el pasado 7 de septiembre de 2023, tras una
decisión histórica votada por unanimidad. Ahora las mujeres saben que
ya no irán a la cárcel por tomar la decisión de abortar, o simplemente
porque alguien las acuse de hacerlo. En Colombia las organizaciones de
mujeres reclamaron al TRibunal Constitucional y consiguieron que este
despenalizara el aborto en 2022.
A pesar de la tendencia a reformar la legislación para impedir las muertes
y lesiones, algunos países —entre ellos Nicaragua y El Salvador,
República Dominicana, Honduras, Malta, Marruecos— mantienen leyes
draconianas y discriminatorias, que siguen prohibiendo el aborto
prácticamente en todas las circunstancias. De hecho, según la OMS, en
todo el mundo, el 41% de las mujeres en edad de procrear viven en países
con leyes sobre el aborto muy restrictivas o donde, aunque el aborto sea
legal, no se dispone de servicios de aborto o son inaccesibles. Esto
significa que 700 millones de mujeres en edad fértil no tienen acceso a
aservicios de aborto legales y seguros.
Incluso en los Estados con acceso en general a servicios legales de
aborto, las personas embarazadas pueden encontrar aún múltiples
restricciones y obstáculos para acceder a ellos, como el precio, la falta de
imparcialidad en el asesoramiento y la existencia de plazos obligatorios
de espera. En Irlanda del Norte, aunque el aborto se despenalizó en
2019, las mujeres encuentran muchos obstáculos para ver atendidas sus
necsidades y pder ejercer su derecho a un aborto seguro. La OMS ha
publicado una guía técnica para los Estados sobre la necesidad de
identificar y eliminar tales obstáculos.
La pandemia de COVID-19 ha tensado hasta el punto de ruptura los
sistemas de atención médica de todo el mundo. A consecuencia de ello,
a muchas personas les está resultando más difícil que nunca acceder al
aborto y la contracepción.
Marie Stopes International (MSI), una ONG que proporciona servicios de
contracepción y aborto en 37 países del mundo, ha advertido de que
la COVID-19 podría tener un efecto devastador en la salud materna. La
organización;calcula que, en los 37 países en los que trabaja, las
alteraciones causadas por la COVID-19 podrían dar lugar a 3 millones
más de embarazos involuntarios, 2,7 millones más de abortos inseguros
y 11.000 muertes más relacionadas con el embarazo.
Manifestantes por el derecho al aborto se manifiestan frente a la Corte Suprema
de Estados Unidos en Washington, el miércoles 4 de marzo de 2020. © Foto
AP/Jose Luis Magana
En Andorra, VANESA MENDOZA se enfrenta a un juicio por defender el derecho al
aborto
¡AYÚDALA!
Penalizar o restringir el aborto impide a los profesionales
de la salud prestar atención básica
La penalización del aborto y las leyes restrictivas sobre él impiden a los
proveedores de servicios de salud hacer bien su trabajo y prestar la mejor
atención posible a sus pacientes, conforme a la buena práctica médica y
a sus responsabilidades éticas profesionales.
La penalización del aborto tiene un "efecto disuasorio", que puede hacer
que los profesionales médicos no comprendan los límites de la ley o
apliquen las restricciones de manera más estricta de lo dispuesto en ella.
Esto puede deberse a varios factores, como las convicciones personales,
el estigma sobre el aborto, los estereotipos negativos sobre las mujeres y
las niñas o el temor a incurrir en responsabilidad penal.
También disuade a las mujeres y las niñas de solicitar atención después del
aborto en caso de complicaciones provocadas por un aborto inseguro o
de otras complicaciones relacionadas con el embarazo.
Con el caso real de Mª Teresa Rivera, ciudadana de El Salvador, por el que
se movilizó Amnistía Internacional, podemos entender mejor lo que
significa en la práctica prohibir el aborto. Ella no tuvo acceso a una
educación sexual porque era pobre; se le negó el derecho a la salud
porque no la atendieron cuando tuvo un aborto espontáneo; no tuvo el
derecho a la intimidad médica cuando el hospital la denunció, ni el
derecho a la justicia cuando la condenaron a 40 años de cárcel acusada
de homicidio agravado. Como ella dice, el Estado que tenía que
protegerla no lo hizo. Ahora, después de pasar más de 4 años en la
cárcel, vive en Suecia con el estatuto de refugiada. Para otorgárselo se
consideró que había sufrido tortura por parte del Estado salvadoreño y
corría riesgo de volver a ser encarcelada.
“Me decían que era una asesina, que había matado a mi hijo, cuando yo ni
siquiera sabía que estaba embarazada. También me preguntaban con qué había
cortado el cordón umbilical… Yo les miraba y les decía que no había cortado
nada”.
Manifestantes por el derecho al aborto se reúnen frente a la Corte Suprema de
Justicia en Washington. © AP / Jacquelyn Martin.
No son sólo las mujeres y las niñas las que necesitan
servicios de aborto
No son sólo las mujeres y las niñas las que pueden necesitar acceso a
servicios de aborto, sino también las personas intersexuales, transexuales o
cualquier persona con capacidad reproductiva para quedarse embarazada.
Uno de los mayores obstáculos que encuentran estos grupos para
acceder a servicios de aborto es la falta de acceso a la atención de la
salud. Además, en el caso de las que sí tienen acceso a la atención de la
salud, pueden sufrir estigma y opiniones prejuiciosas en la prestación de
servicios de salud, así como la presunción de que no necesitan acceso a
información y servicios relacionados con la contracepción y el aborto. En
algunos contextos, el 28% de las personas transgénero denuncian sufrir
hostigamiento en los entornos médicos, y el 19% afirman que se les niega
por completo la atención medica debido a su condición transgénero,
siendo aún mayor el porcentaje en las comunidades de color. Esto se
debe a muchos factores interrelacionados de pobreza, raza y discriminación
múltiple conexa.
Los defensores y defensoras de los derechos sexuales y reproductivos y
los activistas y las activistas de los derechos LGBTI hacen campaña
para sensibilizar sobre esta cuestión y conseguir que los servicios de aborto sean
accesibles e inclusivos para todas las personas que los necesiten sin
discriminación por ningún motivo.
Una mujer sostiene una pancarta durante la celebración del Día Internacional
de la Mujer en Montevideo, Uruguay, 8 de marzo de 2020. © REUTERS / Andres
Cuenca Olaondo
Penalizar el aborto es una forma de discriminación, que
fomenta aún más el estigma
En primer lugar, la negación de servicios médicos, incluidos los servicios
de salud reproductiva, es una forma de discriminación.
El comité que vigila el cumplimiento de la Convención de la ONU sobre la
Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer
(CEDAW o Tratado de los Derechos de las Mujeres) ha manifestado
constantemente que las leyes sobre el aborto restrictivas constituyen
discriminación contra las mujeres. Esta afirmación es aplicable a todas las
mujeres y todas las personas que puedan quedarse embarazadas, pues
el Comité de la CEDAW ha confirmado que las salvaguardias de la
Convención y las obligaciones de los Estados conexas se aplican a todas
las mujeres e incluyen, por tanto, la discriminación contra las mujeres
que son lesbianas, bisexuales y/o transgénero, especialmente si se
tienen en cuenta las formas específicas de discriminación que sufren.
En segundo lugar, el estigma en torno al aborto y los estereotipos de
género están estrechamente relacionados con la penalización del aborto
y otras leyes políticas restrictivas sobre el aborto.
La mera percepción de que el aborto es ilegal o inmoral da lugar a que el
personal de los servicios de salud, la familia y los jueces, entre otros,
estigmaticen a las mujeres y las niñas. Aunque el derecho al aborto en
España está garantizado en la ley (con los plazos y requisitos
establecidos), sin embargo la inmensa mayoría de las intervenciones se
realizan en clínicas privadas concertadas. Y esto es así porque los
hospitales públicos eluden hacer este trabajo y desatienden este
derecho, alegando la objeción de conciencia del personal sanitario.
Como el derecho al aborto que da la ley no puede quedar anulado por la
conciencia individual del personal sanitario, el “falso” dilema se resuelve
derivando a las mujeres a las clínicas concertadas.
Esta situación se agrava porque siempre hay grupos antiaborto a las
puertas de las clínicas privadas que acosan con insultos y amenazas a
las mujeres que asisten a ellas. En marzo de 2023 entró en vigor la Ley
Orgánica1/2023, de 28 de febrero por la que se amplían derechos y
nuevas medidas para garantizar su plena aplicación. En este último
sentido se establece la obligación de que cada hospital cuente con la
relación de personal sanitario objetor y poder así planificar la garantía de
la prestación, mayoritariamente en la sanidad pública y, por tanto, cerca
de los domicilios de las mujeres.>
No eres libre cuando no puedes decidir tu propio futuro. El aborto es un derecho humano.
Protege el derecho al aborto. 28 de septiembre: Día de Acción Global por un #aborto legal
y seguro.
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Una persona pasa junto a un letrero en una acera de Johannesburgo, Sudáfrica,
el martes 18 de agosto de 2020. Millones de mujeres y niñas en todo el mundo
han perdido acceso a anticonceptivos, servicios de aborto y atención
relacionada a causa de la pandemia de coronavirus. © Foto AP/Denis Farrell
El acceso al aborto sin riesgos es una cuestión de
derechos humanos
El acceso a servicios de aborto sin riesgos es un derecho humano. Según el
derecho internacional de los derechos humanos, toda persona tiene
derecho a la vida, a la salud y a no sufrir violencia, discriminación ni
tortura y tratos crueles, inhumanos y degradantes.
El derecho de los derechos humanos especifica claramente que las
decisiones sobre nuestro cuerpo son sólo nuestras, principio que se
conoce como “autonomía física”.
Obligar a alguien a mantener un embarazo no deseado o a buscar un
aborto inseguro es una violación de sus derechos humanos, incluidos los
derechos a la intimidad y a la autonomía física.
En muchas circunstancias, quienes no tienen más opción que recurrir a
un aborto inseguro corren además riesgo de procesamiento y sanción,
incluida prisión, y pueden también exponerse a sufrir trato cruel,
inhumano y degradante, discriminación y exclusión en el acceso a
servicios esenciales de atención a la salud después del aborto.
El acceso al aborto está, por tanto, esencialmente ligado a la protección y
el respeto de los derechos humanos de las mujeres, las niñas y las
demás personas que pueden quedarse embarazadas y a la consecución,
por consiguiente, de justicia social y de género.
Amnistía Internacional cree que toda persona ha de tener libertad para
ejercer su autonomía física y tomar sus propias decisiones sobre su vida
reproductiva, incluida la decisión de si tener o no hijos y cuándo. Es
esencial que las leyes relativas al aborto respeten, protejan y hagan efectivos
los derechos humanos de las personas embarazadas y no las obliguen a
recurrir a abortos inseguros.
Amnistía Internacional iniciamos una Campaña Global el 28 de
septiembre, Día Internacional del Aborto Seguro, que vamos a desarrollar
hasta marzo de 2024. El objetivo es defender el derecho efectivo al
aborto, mostrar el impacto que tiene su prohibición entre las personas
que lo necesitan y denunciar las barreras que deben enfrentar las
defensoras y defensores de este derecho y quienes prestan la atención
médica.