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Evaluación Educativa: Enfoques y Desafíos

Mapa mental que indica los componentes de la evaluación

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MAPA MENTAL:

“EVALUACIÓN EDUCATIVA”

POR
ANGELA FRIZ LEMUS
MARCELA ROSALES

PROFESOR
DANIEL RÍOS M.

JUNIO, 2024
SANTIAGO
I. ANÁLISIS E INTERPRETACIÓN DE LA EVALUACIÓN EDUCATIVA

En la imagen se presenta la Evaluación Educativa como núcleo central de todo el


proceso sistemático que involucra la recogida de datos e información confiable
para formar juicios de valor para la toma de decisiones que orientan la mejora
(Delgado, 2005). Este proceso integrador presenta diferentes componentes los
cuales se explicitan a continuación.
El primer componente que se presenta una dicotomía entre los paradigmas
positivista y naturalista en la evaluación (Ávila, 2023, pág. 9520).Por una parte el
enfoque positivista se centra en la medición, dando prioridad a la objetividad y la
estandarización, lo que garantiza resultados objetivos y cuantificables. Por otro
lado, el paradigma naturalista pone énfasis en la adaptación al contexto del
estudiante, desde una perspectiva más humana y social, promoviendo la
creatividad y reconociendo las múltiples inteligencias (Salinas & Ríos Muñoz, 2018).
El segundo componente que se describe es el enfoque. Aquí se distinguen también
dos modelos evaluación tradicional y auténtica (Bravo, 2000, pág. 98). En la
evaluación tradicional, el docente tiene un marcado protagonismo siendo el ente
que define criterios sin considerar la participación de los estudiantes; Por el
contrario, la Evaluación auténtica, pone al estudiante como sujeto que aprende y le
da una posición más protagónica, más contextualizada a las necesidades educativas
que requiere un estudiante del sXXI.y donde ellos puedan aplicar estos
aprendizajes a situaciones reales. (Roberts-Sánchez et al., 2020).
El tercer componente refiere al ámbito de los modelos pedagógicos, aquí se
contrastan el modelo tradicional y el constructivista. El primero se caracteriza por
enfocarse en la memorización, obtener resultados cuantitativos y sumativos del
aprendizaje, con el docente como figura central y una evaluación
descontextualizada. En cambio, el modelo constructivista resalta la relevancia del
aprendizaje significativo y funcional, fomentando la reflexión continua en la
enseñanza. Prioriza el aprendizaje contextualizado, la autorregulación del
estudiante y la integración del aprendizaje con las situaciones de evaluación.
(Burgos Oviedo et al., 2021).
Como cuarto componente, nos parece relevante hablar de las acepciones del
concepto y éstas se grafican en una línea de tiempo que pretende mostrar como el
concepto ha ido evolucionando a través de los distintos autores que han aportado
a enriquecer la definición. El tema fue explorado inicialmente por Tyler (1949),
quien propuso comparar los resultados del aprendizaje con los objetivos
previamente establecidos antes de llevar a cabo la evaluación. Más adelante,
Scriven (1967) destacó la importancia de considerar el proceso de enseñanza y
aprendizaje, mientras que Parlett-Hamilton (1972) resaltó la necesidad de
interpretar la influencia de factores como la historia, la cultura y lo social en dicho
proceso. Stufflebeam (1979) contribuyó al introducir el análisis de los resultados
como base para la toma de decisiones. Finalmente, Santos Guerra (1993)
enriqueció el concepto al definirlo como un proceso de diálogo, comprensión y
mejora continua.
La función es el quinto componente que se presenta. Leyva (2021) identifica varias
funciones clave de la evaluación educativa, como diagnosticar, discriminar,
clasificar, controlar y retroalimentar. Estas funciones son fundamentales en el
proceso educativo para mantener la continuidad y fomentar el avance de los
estudiantes. Desde una perspectiva multidimensional, estas funciones conectan la
experiencia educativa con los aspectos relevantes y significativos para los alumnos
(Vallejo, 2014, pág. 15).
El sexto componente lo conforman los agentes quienes tienen un papel crucial al
establecer los roles de los participantes para descentralizar y democratizar la
práctica evaluativa (Ríos R. H., 2022, pág. 85). Se identifican tres modalidades
principales: la heteroevaluación, donde el docente o los pares evalúan al
estudiante; la autoevaluación, que implica una evaluación autocrítica y diagnóstico
del desempeño individual frente a una actividad; y la coevaluación, que promueve
el aprendizaje para la ciudadanía al fomentar un diálogo caracterizado por una
crítica reflexiva y respetuosa del aprendizaje para la comunidad. En esta modalidad,
los participantes llevan a cabo una valoración conjunta sobre un producto o
proceso compartido.
En relación a la temporalidad, esta se relaciona con el momento del proceso en
que se producen. Así se distinguen 3 tipos: Inicial (al inicio del proceso), proceso
(durante el proceso) y final (al término del proceso). En esta misma línea se
distinguen también tres tipos de evaluación de acuerdo a la intencionalidad; es
decir de acuerdo al aporte que realizan al proceso o a la función que desarrollan.
Estas son Evaluación diagnóstica, evaluación formativa y evaluación sumativa.

II. CONCLUSIÓN: REFLEXIÓN Y DESAFÍOS

La evaluación educativa se define como un proceso sistemático de recopilación de


datos e información confiables para formar juicios de valor que orienten la toma de
decisiones hacia la mejora. Este concepto es multidimensional, ya que abarca aspectos
históricos, culturales, el clima académico y la complejidad del proceso pedagógico.
Implica la necesidad de reorganizar el sistema educativo, pasando de una evaluación
tradicional centrada en el docente y el contenido, a una evaluación auténtica donde el
estudiante es el foco y se enfatiza en el desarrollo de competencias para enfrentar los
desafíos del siglo XXI.

Es fundamental comprender que evaluar implica transformar ideas tradicionales y


adoptar nuevos enfoques que coloquen al estudiante en el centro del proceso
educativo. Sin embargo, este avance de enfoque enfrenta obstáculos debido a la
resistencia de algunos docentes a abandonar las prácticas tradicionales. Por lo tanto, es
necesario que todos los actores del proceso estén dispuestos a abrirse a nuevos roles y
perspectivas.

Los establecimientos educativos tienen la responsabilidad de promover un aprendizaje


integral que brinde a los estudiantes las herramientas necesarias para construir sus
proyectos de vida de manera significativa y exitosa.

III. Referencias Bibliográficas

Ávila-Orjuela, D., & Rodríguez-Leuro, A. (2023). Análisis de las prácticas evaluativas y su


relación con el proceso enseñanza-aprendizaje: Una revisión sistemática
de literatura. Ciencia Latina Revista Científica Multidisciplinar, 7(2),
9511–9528.

Bravo-Arteaga, A., & Fernández del Valle, J. (2000). La evaluación convencional frente a
los nuevos modelos de evaluación auténtica. Psicothema vol. 12, Supl. n°
2, 95–99.

Delgado, Ana et al. (2005).Competencias y diseño de la evaluación continua y final en el


espacio europeo de educación superior. Barcelona: Ministerio de
Educación y Ciencia,

Ley Leyva, N. V. & Espinoza Freire, E. E. (2021). Características de la evaluación


educativa en el proceso de aprendizaje. Revista Universidad y Sociedad,
13(6), 363–370.

Roberts-Sánchez, K., Rodríguez-Gómez, D., & Silva, P. (2020). Tensiones entre el saber
pedagógico en evaluación y la práctica docente en escuelas vulnerables
de la Comuna de Arica. Revista Electrónica Educare, 24(3), 1–20.
[Link]
Ríos- Muñoz, D. & Herrera- Araya, D. (2017). Los desafíos de la evaluación por
competencias en el ámbito educativo. Revista Educ. Pesqui v.43, 4, 1073-
1089.

Ríos- Muñoz, D., Riquelme- Recabal, K., & Herrera-Araya, D. (2022). El sistema de
mediación de la calidad de la educación (SIMCE) de Chile: Desafíos y
oportunidades para la mejora de la práctica evaluativa escolar. Revista
Humanidades e innovación v.9, 03, 72–91.

Vallejo-Ruiz, M., & Molina-Saorín, J. (2014). La evaluación auténtica de los procesos


educativos. Revista Iberoamericana de Educación Vol. 64, 11–25

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