Abramovich (2010)
Abramovich (2010)
1. ¿Qué es la macroeconomía?
Sus orígenes están asociados a las ideas surgidas en la búsqueda de respuestas de acción ante la
crisis económica mundial desatada a partir del crack financiero de 1929, conocida como “crisis del
30”. Esta crisis, como la de 2008-2009, se propagó desde estados Unidos a la mayor parte de los
países del mundo. En todos ellos se vivieron procesos de recesión económica (contracción
sostenida de la actividad económica) y aumento del desempleo. Esta situación dejó sin respuesta a
la teoría económica dominante hasta ese momento-el marginalismo-, que no conseguía explicar
las causas de la crisis y menos aún encontrar soluciones para enfrentarla. El marginalismo, entre
cuyos autores centrales podemos mencionar a Marshall y Jevons, solo para citar algunos, sostiene
la creencia en la autorregulación del mercado como mecanismo para garantizar el crecimiento, sin
necesidad de intervención del Estado. La crisis puso en evidencia que el mercado funcionando por
si solo podía llevar a situaciones distintas de las previstas por la teoría. Suele adjudicarse a Keynes
y a su publicación “Teoría General de la ocupación, el interés y el dinero” el inicio de los estudios
macroeconómicos y de la justificación teórica de la intervención macroeconómica. En efecto,
incluso antes de la publicación del libro, este economista inglés (¿británico?) realizó una
importante contribución a la fundamentación teórica de los instrumentos de intervención
económica. Formado en el seno de las ideas de la economía marginalista, Keynes propuso una
crítica a sus fundamentos. Su idea de Teoría “General”, se contrapone a la visión “particular” de
esa escuela, “..aplicable a un caso especial, y no en general, porque las condiciones que supone
son un caso extremo de todas las posiciones posibles de equilibrio…” 1. Algunos de los elementos
centrales planteados por Keynes, son la base de los fundamentos que hasta la actualidad
constituyen los pilares de la macroeconomía. Este autor sostuvo que existe la posibilidad de que la
demanda agregada resulte insuficiente para estimular a la producción a niveles compatibles con el
pleno empleo de los recursos productivos, y que, por ende, es más probable que el desempleo que
se verifique sea de carácter involuntario, y no voluntario como sostenía el marginalismo. En su
nuevo planteo teórico incorporó el rol que juegan las expectativas respecto del futuro en la toma
de decisiones por parte de los agentes económicos, y las vinculaciones entre el mercado real y el
financiero. La introducción de estos elementos teóricos lo llevo a la conclusión de que el ahorro
puede no ser necesariamente igual a la inversión, como postulaba la escuela marginalista. Una de
1
Keynes, J. (1936) “Teoría General…”
las derivaciones más sustantiva para la transformación de la disciplina fue la idea de que el Estado
debe intervenir en el estímulo de la actividad económica, aplicando medidas que permitan
estimular la demanda. Tal es la fuerza que cobraron las ideas de Keynes en este sentido, que hasta
la actualidad se utiliza la expresión “estado keynesiano” para designar a un estado con fuerte
intervención en la economía.
En ese contexto de crisis, se legitimó con esta justificación teórica, la intervención del Estado a
través de políticas con funciones anticíclicas; esto es, políticas que buscan “amortiguar” los ciclos
económicos de fluctuación de la actividad y el empleo. Más adelante ampliaremos la idea de
ciclos económicos, por ahora nos interesa rescatar que la moderación de los ciclos en uno de los
objetivos de la política macroeconómica. Esta función anticíclica se mantiene en la actualidad
como objetivo, y no es necesario que ocurran crisis de la magnitud de la de los años ´30 o la de
2008-2009, para justificar la intervención. A los objetivos anticíclicos, se sumó luego el de control
de la inflación, que es también en la actualidad un elemento central de las políticas
macroeconómicas, como discutiremos más adelante. En países como los nuestros, pequeños en
relación a la economía mundial y por ende muy sujetos a las variaciones en la misma, suele
aparecer entre los objetivos macroeconómicos alguno vinculado al tipo de cambio. Los objetivos
de las políticas macroeconómicas pueden también estar asociados a la búsqueda de la estabilidad
o de reducción de la volatilidad económica, lo que es bastante frecuente en nuestras economías
latinoamericanas. Con estos múltiples objetivos, la intervención del Estado en la actividad
económica es algo que sucede en forma permanente, variando el foco de sus objetivos y los
instrumentos que se priorizan en cada momento específico. El tipo de intervenciones
convenientes y, especialmente, la necesidad de que haya permanentes intervenciones es materia
de controversia en la macroeconomía actual. Algunos de sus teóricos sostienen que debe
reducirse la intervención al mínimo necesario, incluso hay quienes -en el extremo- postulan que
siempre es mejor no intervenir. Más adelante en este capítulo haremos referencia a algunas de las
cuestiones que son motivo de controversia en la macroeconomía actual, entre las cuales se
encuentra el grado de intervención conveniente.
Podríamos resumir lo dicho hasta aquí, planteando que la macroeconomía es una disciplina que
estudia el comportamiento de las variables de un país a nivel agregado, con el objetivo de
intervenir para mejorar el funcionamiento de su economía. Veamos entonces con mayor
profundidad cuáles son esos esas variables, qué significa en concreto “mejorar el funcionamiento
de la economía”, y cómo se logra (o se buscar lograr) ese objetivo. En lo que sigue del capítulo
avanzamos describiendo los mercados y variables que estudia la macroeconomía, los tipos de
intervención que propone y los instrumentos con los que cuentan las autoridades para alcanzar los
objetivos específicos que persiguen en cada momento. Hacia el final, retomamos algunos
elementos de la historia de la macroeconomía y los debates que fueron guiando su evolución, las
nuevas propuestas teóricas, y las controversias actuales.
400.000
350.000
300.000
250.000
200.000
I 93
I 94
I 95
I 96
I 97
I 98
I 99
I 00
I 01
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I 03
I 04
I 05
I 06
I 07
I 08
I 09
Los ciclos están generados por factores (variables) que la macroeconomía divide entre endógenos
y exógenos. Vimos en el capítulo anterior la definición de uno y otro tipo de variables. Las
variables endógenas y exógenas que influyen en la determinación de los niveles de actividad,
empleo e inflación de un país son muchos y presentan además complejas interacciones entre ellas.
Para lograr análisis que permitan simplificar esa compleja realidad y comprender las causas de los
ciclos, los macroeconomistas han recurrido al uso de modelos, según veremos en seguida. Estos
análisis se restringen a la explicación de los ciclos en lo que llamaremos el corto plazo, período
que delimita el campo de estudio de la macroeconomía. Los factores que influyen en el
crecimiento en el “largo plazo” corresponden a una disciplina específica dentro de la economía,
llamada Crecimiento Económico. Veremos algunos de los elementos de esta disciplina en la
capitulo xx.
Las variaciones en la actividad económica, en los niveles generales de precios y en las tasas de
empleo/desempleo son las variables en las cuáles se miran los ciclos y la estabilidad (o
inestabilidad) de una economía y constituyen, entonces, los tópicos centrales de estudio e
intervención de la macroeconomía.
Mas allá de esto, la macroeconomía también tiene en cuenta los resultados de las relaciones con
otros países, y la forma en que estos “afectan” (interactúan con) los tres tópicos que señalamos
arriba. Hoy resulta evidente para todos que el funcionamiento de la economía de un país está
muy relacionado (directa o indirectamente) con el funcionamiento de la mayor parte de las
economías de los demás países (lo que en economía llamamos “resto del mundo”). Se trata de
relaciones de intercambio de bienes y servicios, operaciones financieras, y de inversión productiva.
Los múltiples resultados de estas interacciones se ven reflejados en el Balance de Pagos, que
registra todas las transacciones que realiza un determinado país con los diversos países del mundo
en un año. Los elementos que influyen sobre el balance de pagos son muchos, como veremos en
el capítulo 5, pero la macro presta especial atención al tipo de cambio (es decir la relación de
cambio entre nuestra moneda y la moneda de uso internacional, que hoy es el dólar
estadounidense). Esto es así porque son muy relevantes los efectos que esta variable tiene, no
únicamente en el Balance de Pagos, sino en la actividad económica, los niveles de empleo, la tasa
de inflación, y la tasa de interés a la que es posible endeudarse dentro del país, entre otras
variables. Estos efectos también se estudiarán en el capítulo 5.
En todos los países del mundo se realiza un seguimiento permanente de estos tópicos, a través de
indicadores estandarizados. La actividad económica agregada se mide en el indicador de PIB que
veremos en el capítulo siguiente. Este indicador permite conocer, una vez concluido un período de
tiempo, el valor monetario de todos los bienes y servicios finales producidos y vendidos por todos
los agentes económicos de un país. Sin embargo, para poder realizar intervenciones de política
económica, es necesario considerar cuáles son los elementos que influyeron para que en el
conjunto se alcanzara ese (y no otro) nivel de producción agregado. El análisis considera en forma
diferenciada los factores que explican los niveles de actividad por el lado de la oferta agregada, y
por el lado de la demanda agregada. Definimos a la oferta agregada como la cantidad total de
bienes y servicios que planean producir y vender las empresas en un período determinado. Esta va
a depender de la capacidad productiva existente, que incluye la disponibilidad de maquinas,
herramientas y edificios, y de trabajadores. También de la tecnología, que influye sobre estas
cantidades a través de la relación entre los trabajadores y las maquinarias y herramientas que
éstos utilizan en su trabajo, y que determina la productividad del trabajo. Definimos a la demanda
agregada como la cantidad total de bienes y servicios que planean comprar los diversos agentes
(personas, empresas y el Estado) que forman la economía de un país en un período determinado,
a los compradores del “resto del mundo”. La demanda agregada se compone del Consumo que
realizan las personas, la Inversión que realizan las empresas, el Gasto que realiza el Estado y las
Exportaciones Netas (Exportaciones-Importaciones), que es la demanda neta que realizan los
países del “resto del mundo” de bienes producidos en nuestro país. Las variables que influyen en
los planes de oferta y de demanda agregadas, interactúan para determinar los niveles de
producción, de empleo y de precios que finalmente se verifican en cada economía en el período
determinado.
Desde mediados de los años ´80 comenzó a haber mayor acuerdo respecto de la necesidad de
trabajar con modelos, y casi todos los macroeconomistas trabajan desde entonces con esta
herramienta. Estos modelos fueron progresando hasta llegar a los complejísimos modelos de
Equilibrio General Dinámico Estocástico, que consideran el equilibrio general incorporando la
evolución en el tiempo de la economía, así como la existencia de eventos (estocásticos) que
afectan la formación de expectativas y que no pueden predecirse. Veremos esta historia con algún
detalle en el último apartado de este capítulo.
Si bien el mercado de activos es considerado en todos los modelos y la tasa de interés es una de
las variables clave que la macroeconomía utiliza en la explicación de los factores determinantes de
la demanda agregada, los mercados financieros se han desarrollado a un ritmo impresionante a
nivel mundial, y la macroeconomía no ha podido seguir todavía los pasos de ese desarrollo. No se
han logrado especificar modelos que contemplen toda la complejidad de los actuales mercados
financieros, como discutiremos hacia el final del capitulo.
Todas las políticas macroeconómicas tienen objetivos vinculados a modificar los niveles de
producción y empleo, y mantener controlados los niveles de inflación. Suele creerse
erróneamente que lo que distingue a las políticas son sus objetivos, sosteniendo que la política
fiscal buscar modificar los niveles de actividad económica y empleo, mientras que la política
monetaria se utiliza para manejar las cuestiones vinculadas con los niveles de precios y el control
de la inflación. Esto no es así, aunque en términos históricos la política monetaria se haya volcado
cada vez más a objetivos vinculados únicamente con la inflación. Lo que distingue a las políticas
macroeconómicas son las herramientas a través de las cuáles cada una busca lograr los objetivos
que se propone la autoridad que las aplica, pudiendo perseguir todas ellas objetivos similares.
Definimos entonces a la política fiscal como aquella en la que el gasto público, los impuestos y las
transferencias del Estado son sus principales herramientas de intervención. La política monetaria
es aquella que busca lograr objetivos económicos específicos a través de las modificaciones en la
base monetaria y/o en la tasa de interés. Por último, la política cambiaria es aquella en la que el
manejo del tipo de cambio se constituye en el instrumento a través del cual se busca generar
efectos en las principales variables macroeconómicas.
Hemos planteado entonces que las políticas buscan modificar los valores de PIB,
empleo/desempleo y tasas de inflación. También hemos dicho que por lo general se buscan estas
modificaciones con finalidades aniticíclicas, tratando de moderar el impacto de algún factor
exógeno en las variables macro de la economía del país; o porque se considera que el
funcionamiento que se está verificando en alguna de esas variables no es adecuado. Esto implica
que las autoridades económicas pueden querer modificar, por ejemplo, la actividad económica en
cualquiera de los dos sentidos. Es decir pueden querer promover un mayor nivel de producción y
consumo, o pueden considerar que es demasiado alto y buscar disminuir los niveles de actividad.
Cuando las políticas buscan generar niveles de producción agregado mayores a los que se están
verificando, las llamamos políticas expansivas. Cuando, por el contrario, las políticas tienen como
objetivo una disminución del nivel agregado de actividad, se llaman contractivas o restrictivas.
Tanto la política monetaria, como la política fiscal y la cambiaria, pueden perseguir objetivos
expansivos o contractivos. Puede en principio sonar algo extraño que las autoridades económicas
de un país estén buscando una disminución en el nivel de actividad. Sin embrago, aunque escazas
en términos históricos, pueden existir situaciones en las que la economía de un país se esté
“recalentando”. Esto significa que haya demasiada actividad económica respecto de lo que se
considera que sería adecuado y se plantee el riesgo de que esa actividad excesiva genere efectos
inflacionarios. En esos casos, las autoridades económicas pueden perseguir el objetivo de “enfriar”
la economía, para evitar las presiones inflacionarias. Pero las políticas no son expansivas o
contractivas únicamente por los objetivos que declaran las autoridades económicas, sino por los
efectos que generan. En nuestros países muchas veces los intentos de disminuir el déficit fiscal, ya
sea reduciendo el gasto público o aumentando los impuestos pueden generar efectos
contractivos. En estos casos el objetivo que se anuncia suele ser el del “mejorar la solvencia fiscal”;
pero, si no se acompaña de otras medidas que lo contrarresten, el efecto que se genera es
contractivo. Por supuesto, la magnitud de los efectos que provoca este tipo de decisiones
económicas depende mucho de la situación en la que se encuentra el funcionamiento general de
la economía en el momento en que se aplican.
RECUADRO- Recorte del 13% de uno de los componentes centrales del gasto público: los salarios
estatales
En el año 2001, el entonces Ministro de Economía Domingo Cavallo propuso un recorte de los
salarios de todos los empleados estatales, jubilados y pensionados, así como de las asignaciones
familiares y los planes de subsidio por desempleo, en el marco de la aplicación de la Ley de “Déficit
Cero”.
Esto implicaba un ahorro para el Estado, lo que contribuiría a reducir el déficit fiscal, que era el
objetivo anunciado.
Adicionalmente, esta disminución de los ingresos provocó una caída del consumo que a su vez
erosionó la recaudación fiscal, generando un efecto inverso al originalmente postulado.
Política Instrumentos
. Impuestos Objetivos:
. Modificación de los niveles
.Transferencias de actividad
. Modificación de los niveles
Monetaria . Base monetaria de empleo
. Control de la inflación
. Tasa de interés
La política fiscal es, entonces, aquella en la que el Estado busca generar efectos en la actividad
económica a través de variaciones en sus ingresos o gastos, las cuales producen efectos en el nivel
de demanda agregada. Los instrumentos son el gasto público, los impuestos y las transferencias.
Para generar un estimulo a la demanda agregada que impulse la actividad económica (política
expansiva) el Estado puede utilizar alguno o todos estos instrumentos. Puede en primer lugar,
aumentar el gasto público, a través de la compra de una mayor cantidad de los bienes o servicios
que utiliza para su funcionamiento. Un ejemplo sencillo seria incrementar la compra de insumos
médicos que utilizan los hospitales públicos. Continuando con un ejemplo similar, podría definir un
incremento de su gasto en salarios, otorgando un aumento a los trabajadores médicos y
paramédicos estatales. Es probable que el estado defina un incremento general en el nivel salarial
de los trabajadores estatales, sin distinguir alguna rama de actividad. En segundo lugar, ya sea en
conjunto con la medida anterior o en forma aislada, podría definir una reducción impositiva, que
puede ser de un impuesto específico o general. Un ejemplo de una baja general, seria la reducción
de la alícuota del IVA, que afecta a casi todos los productos que consumimos. Por último, se puede
impulsar la demanda a través de un incremento de las transferencias. Las transferencias son los
pagos que realiza el Estado a personas y que no constituyen la retribución por una actividad
económica. El principal ítem de las transferencias suelen ser las jubilaciones. Si bien las
transferencias son parte del gasto que realiza el Estado y que vuelca en su presupuesto, en el
análisis económico se diferencian debido a que un incremento del primero constituye en si mismo
un aumento de la demanda agregada (de los bienes y servicios que se adquieren con ese nuevo
gasto), mientras que un incremento de las transferencias lo genera recién en una segunda vuelta,
cuando la población que recibió ese ingreso sale a demandar bienes y servicios. Más allá de esta
diferencia, todos estos instrumentos fiscales tienen el efecto de generar mayores ingresos para la
población del país o una parte de ella. Esto implica un estimulo a la demanda que esta población
va a realizar, generando un impacto amplificado sobre la actividad económica que se conoce como
efecto multiplicador. Este efecto se da porque la demanda de bienes y servicios genera a su vez
una nueva demanda de otros bienes y servicios. Los que producen y venden para satisfacer la
demanda adicional, reciben un ingreso con el que a su vez demandan nuevos bienes y servicios.
Aumento
Incremento del Efecto
de la
Gasto Público multiplicad
Incent demanda or
Política
agregada
Fiscal
Si en lugar de expansivo, el objetivo fuera contractivo, el Estado debería realizar alguno o todos los
movimientos inversos. Podría impulsar una disminución del gasto público, un incremento de los
impuestos y/o la reducción de las transferencias.
Volviendo a las políticas expansivas, cuando se busca generar un estimulo a la demanda agregada
con una política monetaria se utiliza la variación en la tasa de interés como herramienta. Tal como
indicaba el aporte de Keynes sobre las interacciones entre el mercado real y el financiero, la tasa
de interés influye sobre la demanda agregada a través de las decisiones de inversión. Una tasa de
interés más baja favorece las decisiones de invertir en actividades productivas en relación a otras
posibilidades de inversión, por ejemplo, en activos financieros. Veremos esta relación entre tasa
de interés e inversión con mayor detalle en el capitulo xx. En algunos países, como Estados
Unidos, la autoridad monetaria puede influir directamente sobre la tasa de interés, fijando la tasa
de referencia. En la mayor parte de los países, la variación de la tasa de interés se logra
indirectamente, a través de variaciones en la base monetaria. La base monetaria es la cantidad de
dinero que el Estado vuelca a la circulación, el dinero disponible. Al haber una mayor cantidad de
dinero disponible, la herramienta de una política monetaria expansiva, disminuye el costo en el
que deben incurrir aquellas personas que desean endeudarse, esto es la tasa de interés. Como
discutiremos en seguida, en la actualidad la fijación de la cantidad de dinero se utiliza en muchos
países centralmente para el objetivo de control de la inflación, y no de estimulo de la demanda
agregada.
Ampliación
de la Base
Monetaria Reducció Aument Aumento
Política o de la Efecto
n de la
monetaria Inversió de la multiplicad
tasa de
expansiva interés n demanda or
Reducción de
de agregada
la tasa de
mercado
interés de
referencia
En efecto, la base monetaria suele estar inevitablemente asociada a las decisiones respecto del
valor de la moneda en relación con la moneda de referencia internacional- el tipo de cambio- que
el Estado fija como objetivo, es decir, con la política cambiaria. En un sistema de tipo de cambio
administrado, la autoridad fija el valor del mismo a través de la compra y venta de divisas. Estas
compras o ventas se hacen habitualmente con dinero que emite la autoridad monetaria y, por
ende, modifican la cantidad de dinero disponible. Por el contrario, en un sistema de tipos de
cambio flexible, el tipo de cambio se fija en la libre interacción en el mercado de divisas, sin
intervención del Estado y, por lo tanto, no se producen variaciones en la cantidad de dinero. La
política cambiaria busca incidir sobre la fijación de un nivel determinado de tipo de cambio, con el
objetivo de generar efectos sobre los diversos intercambios con el resto del mundo, y/o (en países
como los nuestros) para el control de la inflación o cuestiones vinculadas al endeudamiento
externo. La forma más básica en que la política cambiaria actúa sobre las variables
macroeconómicas de un país es a través de las ganancias o pérdidas de competitividad que
generan las variaciones del tipo de cambio. Estudiaremos con mayor detalle esta cuestión en el
capítulo xx, pero podemos adelantar que un tipo de cambio elevado vuelve nuestras
exportaciones más baratas para los países del resto del mundo, al tiempo que encarece las
importaciones, generando la mayor parte de las veces un incremento de las exportaciones netas.
Este incremento de las exportaciones netas genera un estimulo a la demanda agregada, que luego,
como vimos en los casos anteriores, provoca un efecto multiplicador. Respecto del control de la
inflación, el tipo de cambio influye sobre la misma por dos vías: el precio de los bienes importados-
en especial de los insumos de ese origen- y el precio interno de los bienes exportables.
Banco Central de la República Argentina Justo la nueva Presidenta la quiere modificar, a ver si
conviene dejarla
Carta orgánica
El Banco Central de la República Argentina es una entidad autárquica del Estado nacional, cuya
misión primaria y fundamental es preservar el valor de la moneda.
Con fines de regulación monetaria y cambiaria puede comprar y vender en operaciones al contado
y a término títulos públicos, divisas y otros activos financieros. Asimismo puede emitir títulos o
bonos así como también certificados de participación en los valores que posea.
A esta cuestión respecto de cierta impredictibilidad de los efectos de las políticas, debe sumarse
una adicional. Muchas veces es necesario considerar las interacciones entre las diversas políticas,
por lo que cada una de ellas no puede pensarse por separado. Saliendo de las manuales y yendo al
ámbito real de aplicación de las políticas, la política macroeconómica se piensa como un conjunto
de instrumentos fiscales, monetarios y cambiarios, considerando todas las herramientas
disponibles y las posibilidades o necesidades de combinarlas. Un ejemplo sencillo de esto es
considerar las diferentes formas en que puede financiarse un aumento del gasto público, cuestión
que discutiremos en detalle en el capítulo xx. Si es financiado a través de un endeudamiento del
gobierno con el Banco Central, se produce una emisión monetaria y se generan (salvo que se
contrarresten) los efectos que supone esta política monetaria. Otro ejemplo de los más simples, se
asocia a los efectos monetarios de las intervenciones que se realizan en el mercado de divisas para
cumplir los objetivos cambiarios. Dado que la compra de dólares por parte del banco central
implica “volcar” dinero en la economía, eso supone una ampliación de la base monetaria. Con la
intención de evitar los posibles efectos de esa ampliación, muchas veces se implementan políticas
para volver a “capturar” ese dinero, por ejemplo, la colocación de bonos. Esta acción se llama
“esterilización”.
Existen otras políticas económicas que interactúan con las políticas fiscal, monetaria y cambiaria,
pero que están por fuera del campo de la macroeconomía, en términos estrictos. Podemos
mencionar las políticas sectoriales- de estimulo a alguna actividad económica especifica-, las
políticas laborales- de regulación de las condiciones de trabajo-, y las políticas de promoción del
comercio exterior (excluyendo la cambiaria). Las dos primeras políticas económicas recién
mencionadas pueden considerarse políticas para el estimulo de la oferta, a diferencia de las
políticas macro que vimos que buscan generar sus efectos por el lado de la demanda. Como es
evidente, estas políticas afectan a los resultados macroeconómicos y son también afectadas por
las políticas macroeconómicas. Lo mismo sucede con las políticas sociales, como pueden ser los
subsidios a los trabajadores desocupados. Las políticas sociales, sin ser estrictamente políticas
económicas, tienen grandes efectos en la economía. Tanto es así, que muchas veces son la forma
en que se concretizan ciertos objetivos macroeconómicos.
En la aplicación de todas estas políticas, pueden existir conflictos de intereses. Si bien las políticas
macroeconómicas en términos generales apuntan a aumentar la actividad y el empleo y reducir la
inflación, y eso en principio beneficia a todos los habitantes de un país, los resultados cambian al
considerar en términos desagregados los efectos de esos resultados agregados. Por lo general los
impactos de cualquier política no afectan en forma homogénea a todos los grupos o clases sociales
o productivos. Por ejemplo, si se anuncia un incremento del gasto público con el objetivo de
estimular la demanda, distintos grupos de empresarios van a pugnar para que ese incremento esté
dirigido a su sector, mas allá de que en una segunda vuelta todos se van a ver beneficiados por el
incremento general en la demanda agregada que provoque dicho aumento del gato. Continuando
con otro ejemplo, es diferente tratar de que crezca el consumo a través del estímulo a la demanda
de bienes de consumo básico que los sectores populares, que a través del estímulo de los
consumos de bienes suntuarios de sectores acomodados; aunque otra vez, ambos estimularían en
el agregado el crecimiento de la demanda.
Por ultimo, nos interesa realizar un comentario acerca de la siguiente frase. El Crecimiento del
Producto, el nivel de precios y el desempleo “sintetizan el funcionamiento de la economía y, en
consecuencia, definen el bienestar económico. Así pues, los habitantes de un determinado país
miden su bienestar económico en función del volumen de producción obtenido, del número de
puestos de trabajo creados y de la estabilidad de los precios”. Si bien un el crecimiento de la
actividad y el empleo, y el control de la inflación son las condiciones para que todos puedan
mejorar su situación, esto último no siempre se logra. Muchas veces es difícil conseguir los tres
objetivos a la vez. La actividad económica puede crecer a veces sin que eso genere crecimiento del
empleo, y mas aún, como veremos en el capítulo xxx (Convertibilidad), puede crecer al mismo
tiempo que crece el desempleo. Puede que crezcan la actividad y el empleo, pero que disminuyan
los salarios reales- que son los salarios medidos en función de la cantidad de bienes que pueden
comprar- debido a la existencia de inflación. Pero, aunque lograran alcanzarse los tres objetivos a
la vez, resta todavía evaluar en concreto el bienestar de todos los agentes de esa sociedad, sus
niveles de acceso a los derechos básicos de salud, comida, techo, educación, empleo. Y eso no está
garantizado con el logro de esos tres objetivos que, si bien son condiciones necesarias para
alcanzar un bienestar en sentido más amplio, pueden no ser suficientes. Por último, resulta
también relevante la cuestión de la distribución del ingreso dentro del país, que considera el
bienestar en forma relativa; esto es de un grupo social en relación con otro. Si mejoran las
condiciones generales de la economía, pero para unos mejoran mucho, mientras que para otros
apenas mejoran, podemos considerar que en términos relativos esto es injusto. Especialmente, si
sucede como muchas veces en nuestros países, que mejoran más para quienes ya están mejor y
menos para quienes se encuentran en peor situación. Veremos esto en el capítulo XX.
. Incremento de la recaudación pública. Es una política fiscal que, de incrementarse los precios de
exportación y por ende las alícuotas, podría en principio tener efectos contractivos. Aunque si se
utilizara para incrementar el gasto, tendría podría un efecto neutro o expansivo en términos
macro, siempre dependiendo del destino de los recursos y de los respectivos efectos
multiplicadores.
En este ejemplo, es posible observar muy claramente cómo los límites entre las distintas políticas
son difusos y un instrumento de política puede perseguir múltiples objetivos. Del mismo modo,
puede pensarse que un objetivo específico puede perseguirse a través de distintos instrumentos.
Por otra parte, el anuncio de esta medida, generó un enérgico rechazo de los sectores afectados
directamente (aquellos que estaban afectados por esas posibles mayores retenciones). Esto
desató un muy fuerte conflicto político, que finalizó cuando el gobierno derogó la Resolución nº
125, que la proponía. Esto ilustra como una medida que podía favorecer a aquellos que están mas
afectados por la inflación, pero perjudicaba a aquellos que debían dejar una parte de sus
ganancias (extraordinarias) de exportación en manos del gobierno, desató un conflicto de
intereses que se manifestó políticamente.
El énfasis que ha puesto la macroeconomía en cada uno de sus diversos elementos de análisis e
intervención ha variado a lo largo del tiempo. Se trata de un campo en el que, más allá de varios
acuerdos básicos, existen múltiples controversias. Por esta razón, no puede hablarse de una visión
cerrada y definitiva, y se trata más bien de una discusión abierta. A lo largo de los casi ochenta
años de estudios macroeconómicos, ha habido muchos intercambios y disputas, marchas y
contramarchas, en la discusión académica. Esbozaremos aquí en forma muy sencilla y esquemática
la historia de la macroeconomía. La historia de la economía anterior al nacimiento de este campo
será desarrollada en el capítulo xx, donde también se profundizarán algunas cuestiones que aquí
planteamos de manera ilustrativa.
Como podremos ver, según se fueron desarrollando los intercambios y discusiones dentro de la
disciplina, hubo momentos en que se consideraban centralmente algunas cuestiones, ignorando
casi por completo otras; las cuales luego volvían al centro del debate. Esto es de crucial
importancia porque, como dijimos al comienzo de este capítulo, el estudio de la macroeconomía
no puede disociarse de sus recomendaciones de intervención. Veremos entonces como estas
discusiones fueron acompañadas por la primacía de distintas prepuestas para la política
económica.
Acompañando esta aplicación práctica, la propuesta de Keynes tuvo una muy fuerte repercusión
en el ámbito académico, revolucionando la teoría económica. La mayor parte de las discusiones
teóricas estuvieron desde ese momento basadas en los aportes de la “Teoría General…”. Un
aporte decisivo fue el realizado por Jonh Hicks, quien realizó una primera propuesta de
modelización de las ideas contenidas en ese libro. El modelo propuesto fue el IS-LM, que aunque
no lograba reflejar cabalmente todos los aportes de Keynes, se convirtió en el esquema de
referencia teórico para el análisis de las políticas económicas. Los aportes teóricos que siguieron
estuvieron abocados centralmente a la mejora y complejización de la propuesta de Hicks. Se llegó
de esta manera a lo que luego fue denominado como “síntesis neoclásica”. La síntesis neoclásica,
contenía un agregado al modelo IS-LM, que reflejaba el comportamiento del mercado de trabajo, y
propuestas para mejorar las explicaciones de los determinantes del consumo, la inversión y la
preferencia por la liquidez. También proponía buscar la relación de la macroeconomía con los
conocimientos microeconómicos, dando lugar al estudio de los microfundamentos de la
macroeconomía. Fue la forma en que el marginalismo logró incorporar en sus esquemas teóricos
las ideas keynesianas, o la parte de ellas sintetizada en el modelo IS-LM. Una fracción de los
macroeconomistas, que podríamos llamar keynesianos, rechazaron esta síntesis y continuaron con
las líneas de trabajo originalmente contenidas en la Teoría General, estudiando los determinantes
de la demanda agregada y las “rigideces” del mercado de trabajo.
Sin embargo, durante el período comprendido entre los años 30 y los 70, fue la síntesis neoclásica
la que domino los estudios y la enseñanza de la macroeconomía. En la práctica de la aplicación de
políticas, no puede distinguirse fácilmente la influencia de una u otra corriente. En estos años, que
se conocen como “la edad de oro del capitalismo”, la mayor parte de los países del mundo
aplicaban medidas intervencionistas.
La escuela que por los años 60 comenzó a cuestionar la intervención del Estado en la economía
recibe el nombre de monetarista, y reconoce sus orígenes en el esquema marginalista. Los
monetaristas, liderados por las pioneras ideas de Milton Friedman, postularon la neutralidad de la
política monetaria para afectar los niveles de empleo y producto en el largo plazo. Sostenían que
las intervenciones en el mercado de activos sólo tendrían efectos de corto plazo sobre el producto
y que esencialmente afectarían el nivel de precios. Al mismo tiempo creían que no era posible que
las autoridades económicas tuvieran la información suficiente para tomar decisiones correctas y
que, por ende, se debía moderar y controlar la intervención, fijando reglas que fueran sencillas y
posibles de conocer por todos los agentes. Esto iba en contra de la intervención que llamaron
“discrecional” del Estado, en la que el mismo podía manejar diversos instrumentos con mayor
libertad.
Las respuestas a esta encrucijada teórica vienen tanto por el lado de los marginalistas, como de los
keynesianos. Los primeros propusieron inicialmente el concepto de Tasa de desempleo de no
aceleración de la inflación (NAIRU, según sus siglas en inglés), la que mantiene constante la
inflación. Por el lado de la escuela keynesiana, la respuesta surge de un grupo de teóricos que se
llamaran nuevos keynesianos y que utilizan la noción shocks en las expectativas de los agentes
para intentar explicar los nuevos fenómenos económicos. A este aporte, la corriente marginalista
respondió redoblando la apuesta e incorporando en los modelos un esquema de expectativas
racionales. La propuesta de las expectativas racionales modificaba el esquema de análisis
económico, postulando que podían estudiarse las fluctuaciones en la actividad considerando un
mercado de trabajo competitivo y flexible. Los autores que la sostienen, denominados nuevos
cásicos, comienzan a trabajar con modelo de equilibrio intertemporal.
En el marco de estas discusiones teóricas, muchas de las cuales continúan hasta la actualidad, la
intervención económica del Estado pierde legitimidad en la práctica. A partir de los años 70 y con
mayor influencia en las décadas posteriores, comienza a cobrar fuerza la idea de llevar las
funciones interventoras del Estado al mínimo imprescindible. Esto significa garantizar en todo lo
necesario los incentivos para la actividad privada, sin generar interferencias innecesarias por parte
del Estado. Al mismo tiempo, fue ganando centralidad como objetivo de política económica el de
control de la inflación, lo que implicaba que las herramientas debían apuntar a lograr la estabilidad
y unos buenos “fundamentals” (un manejo monetario adecuado, junto con superávit fiscal y
comercial), y ya no a estimular la demanda. En concreto, esto implicó una pérdida en términos de
protección social y de regulaciones laborales, así como un retiro del Estado de la producción en
sectores clave como pueden ser la infrastructura o los recursos energéticos. En América Latina,
este proceso se dio aún con mayor profundidad, sumándose grandes privatizaciones de
actividades del Estado, y situaciones de desprotección del empleo y los desempleados muy
severas.
Intentamos señalar en este sencillo esquema que mas allá de las divergencias y controversias que
existen entre las diversas escuelas, la discusión con implicaciones más relevantes que ha
permeado toda la historia de la macroeconomía gira en torno al tipo de intervención conveniente,
y al grado necesario de intervención.
Referencias bibliográficas
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fiscal. La macroeconomía de América Latina en los años 80. Los casos de Argentina,
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Fanelli, José María (1991), "Cinco lecciones sobre tópicos de teoría y política monetaria",
Cieplan, Santiago de Chile.
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Fine, Ben y Murfin, Andy (1984) Macroeconomics and monopoly capitalism. The Harvester
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Samuelson, Paul y Nordhaus, William (2006) Macroeconomía. Mc Graw Hill. 16° edición