SEÑORES, QUISIÉRAMOS VER A JESÚS 1
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` Padre Celestial, estamos tan sólo redimiendo ahora
el tiempo hasta que vengas. El gran avivamiento que tan
maravillosamente hemos disfrutado, ha recorrido a través
de la nación y por el mundo, a tal grado que los fuegos del
avivamiento han ardido en toda nación bajo el cielo. Alrededor
del mundo, en este momento, están aconteciendo grandes
servicios de sanidad, las veinticuatro horas, y alrededor del
mundo, comenzaron hace sólo unos años. Sólo es gente sencilla
que sale, creyendo, y han traído el avivamiento. Padre Celestial,
nosotros ahora estamos espigando en nuestras ciudades y a
través de nuestra nación. ¿Habrá algunos, Señor, que aún
no han entrado? Si es así, Dios nuestro, oramos para que Tú
los envíes. Si hubiere almas en Dallas, que son redimibles,
concede, Señor, que de alguna manera, alguna forma, Tú las
alcances durante esta reunión.
Nosotros no somos muy estimados entre el mundo, y
esperamos eso. Pero cuando nuestro Señor vino a la Tierra,
Él tampoco fue tenido en mucha estima. No obstante, había
millones en el mundo en ese tiempo, y sólo unos cuantos lo
oyeron. Pero todo el que había sido ordenado a Vida, le oyó.
Ruego Dios, en sinceridad, que les des en esta noche y durante
la reunión, a todos aquéllos que quedan en Dallas sin el Sello
de Dios en sus frentes, concede que entren, gloriosamente
siendo llenados con el Espíritu Santo.
Rogamos que sanes a todos los enfermos y afligidos aquí
por la región, que tienen fe.
Bendice a nuestro hermanito tan noble, Grant. ¡Oh, al verlo
tan recuperado! Ese hombrecito que se quebrantó de salud,
parado en las líneas de oración, en una sinceridad profunda,
y mi corazón se compadece de él. Estoy tan contento de ver,
Señor, que lo has bendecido tan maravillosamente; que Tu
mano de misericordia esté sobre él, y sobre todos aquéllos en
esta región que te aman y esperan Tu Venida.
Bendice Tu Palabra. Y Padre, oramos que Jesús mismo
venga a nosotros, en una-una forma tan real, en una manera
tan real que ninguno de nosotros falle en verlo a Él; y que todos
los que has ordenado a Vida la reciban. Que aquéllos que están
enfermos lo reciban a Él, y que sean sanos por causa del Reino
de Dios. En el Nombre de Jesucristo lo pedimos. Amén.
2 LA PALABRA HABLADA
Ahora nosotros tratamos de despedir los servicios entre
las nueve y nueve y media, debido a la-a la multitud, y para
que podamos regresar mañana en la noche. Sólo es algo corto,
formal. En esta noche quiero tomar una Escritura que he leído
muchas veces. Y tiene^
¿Habrá personas aquí que nunca hayan estado en una de
las reuniones? Levanten las manos, veamos. ¡Oh, vaya! Es
prácticamente el ochenta o el noventa por ciento del-del lugar,
o de las personas en el lugar, que no han estado en una reunión.
Estamos contentos de tenerlos por primera vez.
Ahora, cualquiera sabe que no hay ningún hombre que
sane a otro. Ni siquiera hay un médico que pueda sanarlos.
La sanidad es de Dios; “Yo soy Jehová el que sana todas tus
dolencias”. No hay médico que les diga que él tiene la medicina
que los sanará; si lo hace, los está mal informando.
Pues, los Hermanos Mayo, en una entrevista reciente^
Cuando este pequeño Donny Morton fue sanado en el Canadá,
donde la Clínica Mayo lo había desahuciado, lo cual sucedió
en la costa occidental. Uds. lo vieron en las Selecciones del
Reader’s Digest. Me llevaron allá para una entrevista, y ellos
dijeron: “Nosotros no profesamos ser sanadores, Hermano
Branham, sólo profesamos ayudar a la naturaleza”.
Hay un Sanador, ése es Dios. Dios es el Único que puede
formar células, crear vida; por lo tanto, no está en el poder del
hombre hacer eso. Un médico puede fijar un hueso, o darles
medicina para envenenar los gérmenes, colocándole cierta
cantidad de antídoto que evita que los mate a Uds., y para que
mate el germen y todo eso; él puede hacer eso. Pero el tejido que
se ha desgarrado, o el hueso que se ha quebrado, la apendicitis
que ha sido sacada, el apéndice, eso no lo puede sanar él. Eso
requiere de Dios; Dios sana. El hombre puede remover algo
que está causándolo, si es posible sacar ese órgano, él lo puede
extirpar, coser las venas sanguíneas y sacar eso, o ese tejido,
que es una célula descontrolada, como un tumor, cáncer, o
algo. Si él logra ubicarlo, él puede sacar eso; pero sanar, él no
puede, y él se lo dirá.
Y, ahora, la sanidad es de Dios únicamente. Sólo Dios nos
ha comprado nuestra sanidad. Depende de nosotros hacer todo
lo que podamos, en nuestra vida, y en toda manera que Dios nos
ha dado, para nuestra sanidad, pero es Dios que da la sanidad.
Si Dios lo llama a Ud. a irse a Casa esta noche, no hay suficiente
medicina en el mundo para mantenerlo aquí; no hay nada que
vaya a mantenerlo aquí. Y si Él determina que Ud. se quede en
la Tierra, no importa cuántos médicos digan que Ud. partirá
esta noche, Ud. no partirá. Así es que todo depende de Dios.
Dios es Vida, Vida Eterna. “En el principio fue Dios”. Él
no era Dios en ese tiempo, porque dios, la palabra en inglés
SEÑORES, QUISIÉRAMOS VER A JESÚS 3
dios, significa “objeto de adoración”, y no había nada sino Él.
Él era el Eterno, sólo el Eterno. No había Luna, ni estrellas,
ni Ángeles, ni nada. Pero en este Ser que nosotros llamamos
“Dios nuestro Padre”, había atributos. En Él estaba el atributo
de ser Padre, en Él estaba el atributo de ser Dios, en Él estaba
el atributo de ser Hijo, en Él estaba el atributo de ser Salvador,
en Él estaba el atributo de ser Sanador; y todas estas cosas que
nosotros vemos ahora sólo están desplegando Sus atributos.
Ahora, si Uds. estaban en Su pensamiento en el principio,
si Uds. tienen Vida Eterna, hay una sola forma de Vida Eterna:
La Vida Eterna no tuvo principio y no tiene fin. Así que si Uds.
tienen Vida Eterna, Uds. eran un atributo del pensamiento de
Dios antes que hubiera algo aparte de Él.
Su forma, su apariencia, y lo que Uds. son ahora, sólo es un
negativo, de cuando Uds. llegaban a los veinte, veintidós años.
Uds. eran un negativo, y la muerte revela la fotografía del
positivo; “que cuando este tabernáculo terrestre se deshaga,
tenemos uno ya esperando”. ¿Ven?
Esto, sólo es una muestra, mostrando ahora lo que está
siendo hecho. Como Dios llegando a ser Dios cuando Él creó
Ángeles. Él llegó a ser Hijo cuando creó a Cristo Jesús. Él llegó
a ser Salvador cuando Jesús murió. Él llega a ser Sanador
cuando “herido fue por nuestras rebeliones, por Su llaga
fuimos nosotros curados”. ¿Ven?
Todas estas cosas son atributos de Dios, sólo para que en el-
el fin, dice la Biblia, Jesús dice: “Vosotros sabréis que Yo soy en
el Padre, el Padre en Mí; Yo en vosotros, y vosotros en Mí”. Es
Dios llegando a ser tangible. Su propia esposa, Ud. y su esposo,
sólo es una sombra, un negativo de Dios y Su Esposa, la Iglesia.
¿Ven?, sólo es el atributo de Dios siendo desplegado en sombras
y tipos, como el Antiguo Testamento lo fue para el Nuevo. ¿Ven?
Entonces en el fin todo termina: Dios tangible. Dios en Cristo,
tangible, hecho carne, habitó entre nosotros. Y en ese gran
Milenio que viene, Dios en la forma de Cristo, se sienta sobre el
trono de David; y la Iglesia, Su Novia, Esposo y Esposa juntos.
Pues, es lo más^ es suficiente para hacer arder el corazón
en un creyente; en estas horas tan tremendas que vivimos,
cuando todas las esperanzas y las naciones, y todo lo demás
se nos derrumba encima, y por debajo, nosotros tenemos un
Reino. Nosotros somos bautizados en este Reino.
Ahora vamos a tomar este corto Mensaje formal, esta
noche, para presentar lo que yo quiero que Uds. vean en las
reuniones. Leemos en, discúlpenme, en San Juan el capítulo
12 y el versículo 20. Y nuestro-nuestro tema sigue desde el
principio como lo es en esta noche, y en toda nuestra literatura
y todo: Hebreos 13:8; “Jesucristo el mismo ayer, hoy, y por los
siglos”.
4 LA PALABRA HABLADA
Había ciertos griegos entre los que habían subido a
adorar en la fiesta.
Estos, pues, se acercaron a Felipe, que era de
Betsaida^y le rogaron, diciendo: Señores,
quisiéramos ver a Jesús.
Ahora allí está la pregunta que estamos haciendo en esta
noche. Si Él es el mismo ayer, hoy, y por los siglos, y estos
griegos, gentiles, pidieron verlo a Él, y les fue permitido por
uno de Sus siervos, y si Él todavía permanece el mismo ayer,
hoy, y por los siglos, ¿por qué no podemos nosotros verlo a Él
esta noche? ¿Ven? Señores, Quisiéramos Ver A Jesús.
Ahora estoy seguro que para cualquier creyente, ésa sería
la cosa más emocionante en su corazón, una confirmación de
su fe; que realmente él pudiera ver y saber que estaba parado
en la Presencia de Jesucristo. Yo creo que ésa sería la cosa más
asombrosa en la que-que cualquier persona, cualquier creyente
pudiera pensar; saber, y saber con seguridad, que él está
parado justamente en la Presencia del-del Señor Jesucristo, su
solemne Juez, su Redentor, y será su Juez en el Juicio.
Ahora, se hizo esta pregunta. Estos griegos habían venido a
la adoración, y ellos tal vez eran prosélitos de la religión judía.
Y ellos estaban en la fiesta, así que deben haber sido prosélitos.
Y ellos habían oído acerca de Jesús. “La fe viene por el oír, y el
oír, por la Palabra de Dios”.
Ahora, en alguna parte en la Escritura, ellos sin duda habían
oído o leído de cómo debería ser el Mesías. Entonces sabiendo
que si ellos podían^ Este Hombre reclamando ser el Mesías, Él
tendría que tener los atributos que el Mesías habría de poseer.
Ahora, había muchos, había habido muchos falsos mesías
que se levantaron; sabemos que aun hubo uno llamado Jesús
que se levantó un poco antes que el Ungido. El Mesías era el
ungido, que significa “el Cristo”, el^ un-un Hombre ungido
con el Espíritu Santo, la plenitud de Dios, era el Mesías, Dios
en un Hombre. El Hombre y Dios llegaron a ser uno, cuando
Dios entró a un Hombre.
Ahora, estos griegos tenían mucha curiosidad. Ellos
habían oído grandes cosas acerca de este Hombre que hizo
estas declaraciones, y yo los admiro por ser lo suficientemente
sinceros para escudriñar eso. Yo creo que todos deberíamos
hacer más de eso: considerar lo que oímos, y juzgarlo de
acuerdo a la Palabra.
Ahora, Dios nunca cambia Su manera de hacer las cosas.
Él siempre permanece de la misma manera. Ahora, Él no puede
cambiar, porque la primera decisión de Dios es la de Él mismo;
siempre tiene que permanecer con esa decisión, cuando Él es
llamado a la escena, como hoy en día.
SEÑORES, QUISIÉRAMOS VER A JESÚS 5
Dios fue llamado a la escena cuando el pecado fue
cometido por primera vez en el huerto del Edén, y Él tuvo que
tomar una decisión de cómo redimir al hombre. Y Él tomó
Su decisión al redimirlo por la Sangre derramada de un Ser
inocente, y Él nunca ha cambiado eso. Nosotros lo hemos
intentado educándolos, hemos construido torres y ciudades, y
teologías y educaciones, y-y denominaciones de iglesias, y los
hemos denominado allí; y eso nunca ha funcionado, y nunca
funcionará. Dios salva al hombre por la Sangre derramada del
Inocente. Él nunca lo cambia, no importa cuánto pensemos
nosotros en una manera mejor. Es, ésa es la decisión de Dios.
Y Él no puede tomar una decisión, una cosa hoy y otra cosa
mañana. Cuando Él toma una decisión, es perfecto. Él nunca
tiene que retractarse de eso. Cuando Dios dice alguna cosa, es
Eternamente correcto porque Él es Eterno, y Sus Palabras son
Eternas.
Dios, conociendo el fin desde el principio, por consiguiente
le asignó a Su-Su, al mundo una cierta parte de la Palabra
para cada generación, a medida que venían. Él envió profetas
en el Antiguo Testamento, se nos enseña en Hebreos 1: “Dios,
habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras a los
padres por los profetas, en este postrero día por Su Hijo, Cristo
Jesús”. ¡Ahora examinemos esa Escritura detalladamente!
Cuando Jesús estuvo en la Tierra y dijo que era el Hijo
de Dios, ellos lo condenaron. Él dijo: “¿Por qué me condenáis
cuando digo que soy el Hijo de Dios, cuando llamáis a aquéllos
a quienes vino la Palabra, ‘dioses’?”. Abraham fue considerado
un dios, Elías fue un dios, Isaías fue un dios, por cuanto la
Palabra de Dios vino a ellos. Y ellos fueron, en porción, dioses.
Jesús dijo que ellos lo fueron. Él dijo: “Vosotros los llamáis a
ellos ‘dioses’”.
Ahora (¿ven Uds.?) cuando el hombre fue ungido, como
José, él representó a Cristo; cuando Moisés fue ungido, él
representó a Cristo; cuando David fue ungido, él representó
a Cristo. Todos apuntando a Cristo, y Él fue la plenitud de la
Palabra. La Palabra fue manifestada en Él. Él fue plenamente
el Ungido. Ellos lo tuvieron por porciones; nosotros lo tenemos
por porciones. Él fue el Ungido. El plan completo de Dios
estaba en Él. El plan de Dios desde antes de la fundación del
mundo, para redimir a un mundo perdido, estaba en Él. Él fue
la Palabra, y Él todavía es la Palabra: “el mismo ayer, hoy, y
por los siglos”. Recuerden, Él vino a los padres, a través de los
profetas, se dio a conocer Él mismo por medio de los profetas; y
luego en este día postrero por Su Hijo, Cristo Jesús. Él fue Dios
manifestado.
Fíjense, la Palabra siempre viene al profeta. Dios nunca
obró a través de un grupo de personas; es por medio de un
6 LA PALABRA HABLADA
individuo que Él obra. Él obró en los días de Noé, por medio de
Noé. Él obró en los días de Moisés, por medio de Moisés. Obró
en los días de Elías, por medio de Elís^lías, a través de Eliseo
y Elías. Por medio de Isaías y aquellos profetas, a medida que
venían a través de la edad.
Y entonces cuando Él estuvo aquí, se manifestó plenamente;
no en fariseos, saduceos, sino en Jesucristo. Él fue la Palabra.
Por eso es que podía decir lo que Él dijo. Ésas son las
declaraciones que Él podía hacer. Ahora, estos griegos sabían
de esto, ¿ven?
Durante cada edad, Dios ha asignado cierta Palabra, y las
iglesias la confunden toda, entonces Él envía un profeta entre
ellas y vindica esa Palabra. Es como cualquier otro tiempo,
nosotros hablamos hoy y decimos que los metodistas^
Los luteranos dijeron: “Cuando uno cree, es todo lo que hay
que hacer; uno es justificado por fe, al creer”. Muchos dijeron
que creyeron y no lo tenían; sabemos eso.
Wesley vino con lo que se llamó, “la segunda obra de
gracia”, santificación; “todos los que gritan y son santificados
lo tienen”. Muchos gritaron, y no lo tenían.
Los de Pentecostés vinieron, dijeron: “Todo el que habla en
lenguas, lo tiene”. Muchos hablaron en lenguas y no lo tenían.
La Ciencia Cristiana viene, y dice: “El amor es el fruto del
Espíritu”. Muchos de ellos muestran fruto del Espíritu, y no lo
tienen.
Aquellos fariseos podían mostrar el fruto diez veces más que
Jesús. ¿Sabían eso? Ahora ¿qué si yo tomara, por decir?^ Y
que Dios me perdone, pero voy a tomar el lado contrario, voy a
decir que “hay un Hombre aquí en Dallas, sólo un Joven que se
levantó por acá, de la nada, en el^ de un pequeño barrio bajo
de por aquí, que dice él mismo que es Profeta, allí en Galilea.
Aquí está, anda por allí. Los he juntado a Uds. para mostrarles
que está mal: Este Hombre declara que es un Profeta”.
“Ahora quiero preguntarles algo: ¿Quién estudió desde la
infancia, sino su anciano sacerdote piadoso? ¿Quién fue que
se paró junto a su padre, y a su madre, cuando Ud. nació, sino
su anciano sacerdote piadoso? ¿Quién fue el que lo cargó en sus
brazos y lo circuncidó y lo dedicó al Señor, al octavo día, sino su
anciano sacerdote piadoso? ¿Quién es que viene a Ud. cuando está
enfermo y necesitado sino su anciano sacerdote piadoso? ¿Quién
fue el que estudió y sacrificó toda su juventud, para aprender
todas las leyes y demás, sino su anciano sacerdote piadoso? ¿De
dónde vino este Joven, este Jesús de Nazaret? ¿A qué escuela fue?
¿A qué organización pertenece? ¿Qué tarjeta de compañerismo
carga? Ninguna. Ahora lo único que Él hace es condenar a
aquéllos que la tienen. ¿A fin de cuentas, quién es este Hombre?”.
SEÑORES, QUISIÉRAMOS VER A JESÚS 7
“¡Y Uds. hombres de negocio! Jehová requirió un cordero
para sacrificio, sangre. Y su piadoso sacerdote anciano hizo
allá unos establos. Uds. hombres son negociantes, y venden
seda y cosas, y él hizo un lugar allá para que Uds. negociantes
pudieran comprarlo con su dinero, un cordero, para ofrecer por
sus pecados. ¿Qué hizo este Joven? Fue allá y volcó a patadas
esas cosas; los miró con ira, los sacó con azotes, volteó las
mesas de los cambistas. ¿Llamarían Uds. eso fruto del Espíritu?
No, claramente que no, tratando aun de evitar que Uds. sean
salvos; vuestra sangre, la sangre que Jehová requería. ¡Eso no
podía ser de Jehová!”. ¿Ven lo irreal que sonaría eso?
¿Acaso esos sacerdotes de ese día, o aquellos profetas,
cuando Josafat y Acab se sentaron juntos, y cuatrocientos
sacerdotes bien entrenados, de la escuela, no subieron allí y
no les dijeron a Acab y a ellos: “Esa tierra les pertenece a Uds.
No está bien que los-los filisteos llenen sus vientres con el trigo
que pertenece a Israel. El Dios todopoderoso nos dio esto. Y
¡ASÍ DICE EL SEÑOR, suban!”?
Pero saben, Josafat era un hombre espiritual, eso no le
sonaba del todo correcto. Él dijo: “¿No tienes uno más que
pudieras consultar?”.
Dijo: “Tengo uno, pero lo aborrezco”. Sí, seguro. Dijo: “Él
siempre me está profetizando mal. Él condena nuestra gente,
en todo lo que hace. Él no está de acuerdo con los demás”.
Dijo: “No hable así el rey, pero tráiganlo”.
Y cuando el pequeño Micaías, el hijo de Imla se presentó, él
vio una visión. Él comparó su visión con la Palabra. Y cuando
vio que su visión y la Palabra acordaban, él dijo: “Sube, pero
yo vi a Israel esparcido como ovejas sin pastor”. ¿Ven Uds.
quién tenía la razón? Ellos en realidad tenían algo, y esa tierra
sí les pertenecía, pero les pertenecía a ellos bajo condiciones.
Y así también las Bendiciones de este día postrero le
pertenecen a esta iglesia, pero es bajo condiciones. Uds. tienen
que cumplir esas condiciones. Si no, Uds. pueden tener toda
clase de servicios de sanidad, servicios de clamor, servicios de
alabanza, servicios de fruto, servicios de hablar en lenguas,
y de nada les aprovechará. Uds. tienen que cumplir con la
condición de Dios.
Por eso es que estos griegos estaban deseosos de ver a este
Hombre. Ellos sabían en la Palabra lo que este Mesías debería
ser, y querían verlo; ellos eran gentiles. Habían oído acerca de
Él, y ellos querían verlo.
Ahora, si ellos querían verlo a Él y les fue dado el
privilegio, ¿no creen que aquí en Dallas, esta noche, si Él dice
en la Escritura: “Él es el mismo ayer, hoy, y por los siglos”, y
nosotros deseamos verlo a Él, no creen que Él nos concedería a
8 LA PALABRA HABLADA
nosotros lo mismo? Recuerden, si no lo hace, entonces Él no es
el mismo ayer, hoy, y por los siglos. Yo creo que Él es el mismo.
¡Dios en este día postrero ha obrado cosas maravillosas para la
gente!
Eso me recuerda mucho de una mujer, acá no hace mucho,
en Louisville, Kentucky. Ella tenía un muchachito como, oh, de
dos o tres años. Y el pequeñito tuvo un^ debe haber estado
desarrollando un-un problema mental. Y ella lo había llevado
al médico, y el médico lo había atendido por un tiempo. Y
él parecía estar empeorando, para ella. Pero para el médico,
decía: “Creo que él está mejor”.
Así que ella le hizo una prueba como señal. Ella lo llevó a
una tienda de baratillo, y cogió una cosita que debería atraer
la atención de este pequeñito, y él-él no la miraba. Y ella fue
a otro mostrador, y cogió algo que le atraería la atención, una
pistolita de juguete o algo, y-y eso aun no le atraía la atención.
Y ella hizo todo lo que podía, y la gente empezó a observar a
la mujer entrar en histeria. Ella entonces se dirigió a un lugar
donde había una-una pequeña campanita, y ella la cogió y la
sacudió, histéricamente, delante de sus ojos, y dijo: “¡Cariño,
mira!”. Y el pequeñito, desatento, sólo miraba fijamente. Y ella
dejó caer la cosita en el piso y comenzó a gritar. “¡Oh, no! No”,
gritaba ella.
Y algunas personas en la tienda fueron para ayudarla, y
averiguar lo que andaba mal. Ella dijo: “Mi muchachito, el
médico dice que está mejor, pero no es así. Cualquier cosa
que debiera atraerle la atención, a un muchachito así, no se la
atrae. Él sólo mira fijamente, desatento”.
Yo creo que es en esa condición que está entrando nuestra
iglesia. Dios sacudió todo don que Él prometió en la Biblia,
delante de nosotros, y todavía seguimos desatentos con nuestra
mirada ausente, como si estuviéramos buscando algo más. Ésa
parece ser una enfermedad espiritual de la iglesia, que fallan
en ver la hora en que están viviendo. Ellos buscan alguna
sensación o algo que^ algo a lo lejos en el futuro. El hombre
siempre está haciendo eso; él siempre bendice a Dios por lo que
ha hecho, mirando al futuro por lo que Él hará, e ignora lo que
Él está haciendo. ¡Uds. fallan en ver la hora en que vivimos!
Eso es lo que esos griegos querían saber, qué hora era y lo
que debería ser ese Mesías. La porción de Escritura que fue
dada a conocer para ese día, si ese Mesías cumplía eso, ¡ésa es
la evidencia! La Palabra vindicada de la hora es la evidencia;
no que Él necesitaba tener los frutos del Espíritu; que tenía
que ser Él un-un abogado en las cortes de-de justicia, para
los Suyos, o uno de las organizaciones de los fariseos o de los
saduceos. ¡Él fue la manifestación de la Palabra prometida de
Dios para esa hora!
SEÑORES, QUISIÉRAMOS VER A JESÚS 9
¿Quieren ver Uds. qué es el fruto del Espíritu? Observen
lo que la Biblia promete para una cierta hora, entonces
vigilen que eso sea vindicado; ésa es la evidencia. Jesús dijo:
“Escudriñad las Escrituras; porque en Ellas os parece que
tenéis la Vida Eterna; Ellas son las que dan testimonio de Mí.
Eso es lo que prueba Quien soy Yo”.
Estamos buscando ahora, una Escritura antes que entremos
a otra cosa. Jesús dijo, cuando estuvo aquí en la Tierra, en el
Libro de Lucas, que como fue en los días de Sodoma, así será
en la venida del Hijo del Hombre; ahora fíjense, “y como fue en
los días de Noé, antes de la inundación”. Ahora, Jesús estaba
leyendo la misma Biblia que Ud. y yo estamos leyendo. Y todas
esas cosas eran sombras. Ahora si Uds. quieren descubrir
cómo era antes del día de Noé, regresen y lean Génesis. Él
sólo dijo: “Estaban comiendo, bebiendo, casándose, dándose en
casamiento”.
Pero si se fijan, regresen y lean Génesis 6 y vean lo que
aconteció allá; nosotros vemos al regresar allá “que viendo
los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas,
tomaron para sí mujeres”, cortes de divorcio. ¡Hijos de Dios!
“Hombres de renombre”, hombres de gran nombre.
Miren hoy en día, nuestros-nuestros funcionarios, hombres
importantes en el mundo, como lo reciente de este gran
aristócrata en Inglaterra, la revista Life publicó el artículo de
eso, fue sorprendido con estas desnudistas, y todo eso. Miren a
nuestro gobernador de Nueva York, y en todos los otros países
alrededor, la inmoralidad; miren el divorcio. América le lleva la
delantera a las naciones en divorcio, al resto del mundo. Miren
a las mujeres, cómo se visten y salen por la calle; y cómo es que
los hombres, lo primero que viene a mente hoy en día, es algo
inmoral. Todo entretenimiento, en los cigarrillos, whisky, lo
que sea, o cualquier otra diversión, o algún^ tiene que tener
allí alguna mujer inmoral. “¡Como fue en los días de Noé!”.
Jesús dijo: “¡Y como fue en los días de Sodoma!”.
Recuerden, Él dejó eso en paz. Hagámonos un cuadro de
Sodoma. Había tres clases de gente en el mundo, siempre;
son los creyentes, manufacturados, y los incrédulos. Ellos
están en todo grupo. Tal vez hablemos sobre eso una noche,
en la semana. Pero en aquel tiempo, estaba el incrédulo, los
sodomitas; estaba el manufacturado, que era Lot y su grupo; y
estaba el llamado fuera y elegido, que era Abraham, el cual no
estaba en Sodoma.
Tres Ángeles descendieron un poco antes que llegara el
hijo prometido. Lo cual, Abraham había peregrinado, y había
esperado un hijo prometido; y Lot había olvidado por completo
la promesa, y se fue a Sodoma; y los sodomitas, para empezar,
no creían eso. Pero ahora fíjense, una mañana calurosa, tres
10 LA PALABRA HABLADA
Seres descendieron del Cielo. Y viniendo a Abraham, Uno de
ellos se quedó con él. Y dos de ellos fueron a Sodoma, para
llamar fuera lo que quedaba en Sodoma: Lot y los que habían
ido con él, y Él solamente obtuvo tres; ocho en los días de Noé.
Ahora ésa es una declaración bastante fuerte para este día
que viene: “como fue”, tres y ocho.
Fíjense, no obstante, hubo Uno que había venido a
Abraham.
Ahora el que descendió a Sodoma, él^ ellos predicaron
allá, esos dos que entraron allí; ellos predicaron y les dijeron
que el tiempo estaba a la mano, el mundo gentil iba a ser
quemado. Ahora comparen el cuadro de Sodoma con este día;
no lo de Noé, el agua; sino que esta vez, el fuego, para destruir
el mundo gentil.
Y los verdaderos creyentes gentiles están esperando por un
Hijo prometido, el Hijo de Dios, y nosotros hemos esperado.
Ellos no están en Sodoma; ellos han sido llamados fuera.
El de Sodoma era ese miembro tibio de iglesia. Y había
uno allá como un Billy Graham moderno, que bajó y entró en
Sodoma, entre las denominaciones, un Oral Roberts. Y ellos
están allá martillando, con el Evangelio, eso los cegó. Observen
la señal que él obró allá, aquéllos.
Ahora miren a Abraham, el elegido, en su grupo, Uno se
quedó allá y obró una señal para ellos.
Saben, en toda la historia del mundo, en toda la historia de
la iglesia, nunca una vez ha habido, que algún reformador, o
algún hombre haya tenido un-un gran ministerio a los gentiles,
que su nombre llegara a terminar en h-a-m, como A-b-r-a-h-
a-m, hasta ahora. Ése es G-r-a-h-a-m, seis letras. Abraham
tiene siete letras. Seis letras, G-r-a-h-a-m. Billy Graham, uno
con un gran avivamiento que está allá en Sodoma, entre esas
iglesias denominacionales, llamando fuera a los que pueda.
Hemos tenido a Billy Sunday, Finney, Sankey, Moody, Knox,
Calvin, y demás, pero nunca un G-r-a-h-a-m, o a nadie que
termine con h-a-m, nunca antes. Hay uno allá en la iglesia
formal, en Sodoma, que termina con h-a-m, que significa,
“padre para las naciones”.
Entonces hubo Uno que se quedó allá con Abraham,
que se sentó con su tienda-la espalda hacia la tienda, y dijo:
“Abraham”, no Abram, lo cual él era unos días antes de eso.
“Abraham, ¿dónde está tu mujer, Sara?”. S-a-r^ r-a, no
S-a-r-a-i, ¿ven? “¿Dónde está tu mujer, Sara?”.
Él dijo: “Ella está en la tienda, detrás de Ti”.
Él dijo: “Yo voy a visitarte. Yo”. Yo, un pronombre
personal, “voy a visitarte de acuerdo a la promesa que te di”.
SEÑORES, QUISIÉRAMOS VER A JESÚS 11
Y Sara, siendo de cien años, en la tienda, se rió dentro de
sí, diciendo en su corazón: “¿Cómo puedo yo, siendo anciana,
tener placer de nuevo con mi señor, y él anciano, Abraham,
como joven, o personas cuya-cuya vida sexual había terminado
hace años?”. Ella tenía noventa, y Abraham cien. Dijo: “¿Tener
placer con mi Señor, él también siendo anciano?”.
Y el Ángel, el mensajero que era para la iglesia espiritual,
discernió lo que ella había-lo que ella dijo, en su corazón. Y él
dijo: “¿Por qué dudó Sara esto (¿ven?), diciendo en su corazón:
‘Estas cosas no pueden ser’?”.
Y Sara trató de negarlo. Pero siendo que ella era parte
de Abraham^ Su incredulidad la habría condenado, pero
Dios no podía llevársela, porque ella era parte de Abraham.
La Iglesia hubiera sido condenada hace mucho tiempo, pero es
parte de Cristo.
Noten la señal que Él hizo: decir lo que ella estaba
haciendo, con Su espalda hacia ella. Jesús dijo que eso se
repetiría, “en los días de la venida del Hijo del Hombre”.
Nosotros vemos al Billy Graham, vemos el fuego a punto de
caer, la iglesia esperando a un Hijo prometido. Y aquí estamos,
todo exactamente en línea, esperando esa hora: el Hijo
prometido.
Y recuerden la última señal que vio Abraham. Y nosotros
que somos nacidos del Espíritu de Cristo, somos la Simiente
real de Abraham. Jesús prometió que la Simiente real de
Abraham vería la misma señal que su padre Abraham vio,
antes de que llegara el Hijo prometido. No hubo otra señal.
Abraham, inmediatamente Sara vino a ser madre, y llegó
Isaac. La última señal fue Dios manifestado en la carne de un
hombre.
Ahora alguien me habló, dijo: “¡Hermano Branham, Ud. no
cree que ése era Dios!”.
Pues, Abraham dijo que lo era. Él lo llamó: “Elohim”. Y
busquen y vean si no está deletreado con una L mayúscula [En
inglés._Trad.]. Vean si en el principio original, no es lo mismo
como fue: “En el principio, Dios creó^”; Elohim, “el Todo
suficiente”.
Dios manifestándose en Su Iglesia, entre Su pueblo.
Jesús dijo^ Aquí estaba Dios manifestado en un Hombre:
Jesucristo, “el mismo ayer, hoy, y por los siglos”. La Iglesia
ha pasado por toda clase de señales. Y entonces cuando Dios
sacude la última señal delante de ellos, se quedan mirando
fijamente, desatentos. ¡Dios tenga misericordia de nosotros!
¿Cuánto tiempo más de gracia tendremos? Quizás sea más tarde
de lo que pensamos. Recuerden lo que cité primero, la gente
seguirá pensando que se está salvando, igual como Sodoma.
12 LA PALABRA HABLADA
¿Qué era Él? ¿Qué vieron esos griegos en Él? ¿Qué era Él?
Lo que ellos vieron allá en Él, lo que sea que ellos buscaban,
debieron haberlo visto.
Ahora miren en Deuteronomio el capítulo 18, del versículo
15 al 20. Moisés, Dios le dijo a Moisés que (y Moisés le dijo al
pueblo): “El Señor vuestro Dios levantará Profeta como yo.
Mas cualquiera que no lo oyere a Él, será cortado de entre el
pueblo”. Dios nunca cambia Su plan.
Ahora esos griegos estaban buscando un Profeta. Ahora
ellos no habían tenido un profeta por cuatrocientos años, desde
Malaquías. Pero esos griegos sabían que esa Palabra prometida
para ese día tenía que ser un Profeta: “El Señor vuestro Dios
levantará un Profeta como yo”.
Pues, la Palabra únicamente viene al profeta, no a otra
cosa sino al^ ¿Cuántos entienden eso? [La congregación dice:
“Amén”._Ed.] ¿Ven? Miren, eso es tan perfecto que cuando
Juan era el profeta parado en las aguas, bautizando, y Jesús
vino a él en el agua, la Palabra vino al profeta. Él fue la
Palabra, y Él vino a Juan en el agua. Dios nunca cambia Su
sistema, Él nunca cambia Su manera. Él es el Dios incambiable.
Ahora, las iglesias no creyeron eso, de ninguna manera, pero
eso no frenó el programa de Dios; siguió adelante.
Ahora, Pedro, su padre era un fariseo. Sin duda, Andrés,
siendo un seguidor de Juan, oyó cuando Él fue presentado.
Dijo: “Allí está el Mesías, yo veo una Luz sobre Él,
como una paloma viniendo sobre Él”, dio testimonio. Dijo:
“El que me dijo en el desierto, ‘Ve y bautiza con agua’, dijo,
‘sobre Quien veas el Espíritu, esa Luz, como una paloma
descendiendo’”. Era tal vez la misma Columna de Fuego que
siguió a los hijos de Israel en el desierto, viniendo sobre Él,
porque ése era el Ungido, el Logos. Vino sobre Él, y él dijo: “Yo
doy testimonio, ¡éste es el Mesías!”.
Así que Pedro vino con Andrés, a la reunión.
Vamos a descubrir lo que Él fue. Y si nos damos cuenta
de lo que Él fue, entonces sabremos lo que Él es ahora. Y la
manera como ellos lo reconocieron allá, debería ser la misma
manera para reconocerlo hoy, porque Él es el mismo ayer, hoy,
y por los siglos. Ahora con Su promesa como trasfondo, es lo
que Él haría. Fíjense.
Ahora nos damos cuenta, que cuando Pedro vino entre la
multitud donde estaba Jesús (Jesús, sin haberlo visto antes),
se dio la vuelta y lo miró, y dijo: “Tu nombre es Simón, tú eres
el hijo de Jonás”. No sólo lo conocía a él, sino que conocía al
ancianito piadoso de su padre que lo había instruido. Y Pedro,
sin suficiente educación para firmar su nombre, considerado
un ignorante y un hombre inculto, a quien le plació a Dios
SEÑORES, QUISIÉRAMOS VER A JESÚS 13
hacerlo el obispo en Jerusalén, y Jesús le dio las llaves del
Reino, y lo puso a la cabeza de la iglesia. Este hombre, sobre
esta revelación revelada (sabiendo lo que el Mesías habría de
ser), dijo él, lo reconoció a Él como el Mesías y cayó a Sus pies,
porque Él hizo eso.
Había uno parado allí, llamado Felipe. Eso no tuvo que
ser obrado para él. Pero el tenía un maestro de la Biblia quien
él conocía muy bien, llamado Natanael. Si Uds. marcan los
lugares donde Jesús estuvo allá, eran quince millas al otro lado
de la montaña [24 kms _Trad.], como dos días. Y Felipe fue y
encontró a Natanael debajo de un árbol, orando, y lo trajo. No
hay duda, si pudiéramos escuchar su conversación mientras
iban, dirían: “Mira, ven, ve a Quién hemos encontrado: a Jesús
de Nazaret, hijo de José”.
Él dijo: “Ahora, ¿de Nazaret podría salir algo bueno?”.
“Mira, tú recuerdas que lo hemos leído en la Escritura, el
Mesías debe ser un profeta”.
“¡Oh, seguro!, la Biblia así lo dice, Moisés; nosotros somos
sus discípulos. Él dijo que el Señor levantará un Profeta como
él”.
“Muy bien, ahora, Jesús de Nazaret es ese Profeta.
¿Recuerdas ese pescador por allí, Simón?”. “Sí”. “Él-él era el
hijo de Jonás”. “Sí”. “Tú le compraste pescado una vez, y él ni
siquiera pudo firmar el recibo”. “Sí”.
“Vino ante Él y Él le dijo: ‘Tú nombre es Simón, tú eres el
hijo de Jonás’. No me sorprendería si Él supiera todo acerca de
ti cuando vengas”.
Ah, Natanael tenía que ver esto, así que él vino con Felipe.
No me supongo que él haya entrado en la línea de oración.
Tal vez él se haya sentado entre la audiencia, o parado entre
la audiencia, lo que haya sido. Jesús estaba orando por los
enfermos.
Y tan pronto Jesús fijó los ojos en él, Él dijo: “He aquí un
israelita en quien no hay engaño”. Ahora, Él no lo conoció por
la manera en que él vestía. Toda la gente del oriente se viste
de manera similar, con turbantes y sandalias, y-y vestuarios
sueltos, tienen barba. Él dijo: “He aquí un israelita en quien
no hay engaño”. Ahora, él podría haber sido un mahometano,
él pudiera haber sido un^ él pudiera haber sido un turco, él
pudo haber sido alguna otra cosa, pero ¿cómo sabía Él que era
un israelita y que en él no había engaño? Y eso simplemente lo
desinfló.
Y le dijo: “Rabí, ¿cómo me conoces?”.
Él dijo: “Antes que Felipe te llamara, cuando estabas
debajo del árbol, te vi”. Eso fue todo, con eso fue suficiente.
14 LA PALABRA HABLADA
Allí estaba. Allí estaba el Mesías. Él dijo: “Tú eres el Cristo,
el Rey de Israel”. Quizás estaba parado allí su pastor, pero eso
no le molestó.
Algunos parados allí dijeron: “Este Hombre es Belcebú”.
Ellos tenían que responder a su congregación, Uds. saben.
Dijeron: “Este Hombre hace eso por el poder del diablo; Él es
un adivino o algo”.
Jesús dijo: “¿Uds. me llaman eso, un nombre maligno, a
las obras de Dios un nombre maligno?”. Él dijo: “Uds. dicen
eso acerca del Hijo del Hombre, Yo los perdono. Pero cuando
venga el Espíritu Santo”, esta edad, “hacer lo mismo, una sola
palabra en contra, jamás será perdonado en este siglo, ni en el
mundo que vendrá”. Eso es lo que Él dijo. Yo creo que lo que
Él dice es correcto.
Felipe reconoció, por medio de eso. ¿Por qué? Allí estaba
Eso, después de muchos años sin tener profeta, y aquí este
Hombre lo conocía a él, y sabía lo que estaba mal y lo que él
había estado haciendo.
Jesús (Rápidamente ahora antes que terminemos.), un día,
Él iba a Jericó, que estaba al bajar la colina. Pero Él tenía
necesidad de pasar por Samaria, y Él fue por el camino de una
ciudad llamada Sicar.
Ahora existen tres razas de gente. Crean lo que Uds.
quieran, pero las hay. Ésas son las de Cam, Sem, y el pueblo de
Jafet. Ahora, fíjense, cuando los judíos, ellos estaban esperando
un Mesías. Y el samaritano era mitad judío y gentil, ellos
estaban esperando por un-un Mesías. Pero el gentil, nosotros el
anglosajón, éramos paganos, filisteos y demás, ¿ven?
Pero, fíjense, Él únicamente viene a aquéllos que lo están
esperando. Él únicamente sanará, esta noche, a aquéllos que
están esperando que Él los sane. Él únicamente salvará a
aquéllos que están esperando ser salvos.
Y fíjense ahora en Él mientras envía los discípulos a la
pequeña ciudad de Sicar, a comprar unos-algunos víveres.
Mientras estaban ausentes, una hermosa joven salió, y ella
era una mujer de mala fama. Nosotros la llamaríamos, hoy,
quizás una prostituta. Sus padres tal vez la echaron cuando
era una muchachita, y así es la manera en que ella se ganaba
el sustento, pero había algo en el corazón de esa damita. Ella
vino como a las once, porque no podía venir con las demás
doncellas. Si alguien aquí ha estado en la India y en los países
orientales, siendo que sus costumbres nunca cambian, ellos no
se pueden asociar, la gente correcta con la incorrecta. Así que
ellos^
Ella vino, y Jesús estaba sentado allí. En algo panorámico
como aquí, las ramas creciendo en la parte de atrás de un
SEÑORES, QUISIÉRAMOS VER A JESÚS 15
pozo. Y el pozo público de la ciudad quedaba allí, y la gente
salía a sacar agua. Y ella vino casi como al mediodía, por su
agua; siendo que las doncellas venían temprano en la mañana,
a sacar el agua, y ellas lavaban y cosas como ésas. El modo
de ella ganarse el sustento era de una manera diferente. Así
que ella vino como al mediodía, a sacar la suya, cuando las
doncellas no estaban allí; pues ella hubiera sido echada del
pozo.
Y ella, sin fijarse en nadie que estuviera sentado allí, le
puso los pequeños ganchos al cántaro y lo dejó bajar por la
polea, en el pozo, y comenzó a subirlo. Ella oyó una voz que
dijo: “Mujer, dame de beber”. Y ella miró hacia allá, y allí
estaba un Hombre sentado, el cual era un judío.
Él debió lucir un poco mayor de lo que realmente era,
porque Él sólo tenía treinta, como treinta y tres, y la Biblia
dice: “Él parecía ser de cincuenta”. Uds. saben, los judíos
dijeron: “Aún no eres un Hombre que tiene más de cincuenta,
¿y dices que Tú ‘viste a Abraham’?”.
Él dijo: “Antes que Abraham fuese, YO SOY”. ¿Ven?
Así que su barba debe haber estado un poco canosa, o algo,
cuando ella lo miró. Y ella lo miró a Él; Su trabajo debe haber
tenido un efecto tremendo en Su vida física. Y ella dijo^
Él dijo: “Tráeme de beber”.
Y ella dijo: “No se acostumbra que Uds. samari-^ o que
Uds. judíos nos pidan a nosotras mujeres de Samaria tal cosa”.
Y Él dijo: “Pero si supieras con Quién hablas, me pedirías a
Mí de beber”.
Ahora, ella dijo: “El pozo es profundo”. ¿Qué hacía Él?
Contactaba su espíritu, ¿ven? El Padre^
Él dijo, en San Juan [Link] “De cierto, de cierto os digo:
No puede el Hijo hacer nada por Sí mismo, sino lo que ve
hacer al Padre”. Ahora recuerden eso. Anoten eso en sus libros,
¿ven? Jesús no hizo ninguna cosa hasta que Él veía en una
visión lo que debía hacer. Eso es correcto. No oír; “lo que Yo
veo”. “El Hijo no puede hacer nada sino lo que ve hacer al
Padre, entonces eso hace el Hijo igualmente”. Él desplegó eso
en drama. Ningún hombre puede hacer algo sin realmente que
Dios le diga qué hacer. Ahora fíjense, y el Padre quizás le dijo
a Él que fuera a Samaria.
Y entonces esta mujer le habló. Él dijo, llevó a cabo una
conversación para contactar su espíritu. Y luego cuando Él
comenzó a hablar de la “adoración aquí en Jerusalén”, cuando
menos lo esperaba, Él encontró cuál era su problema. Todos
sabemos lo que era; ella tenía demasiados maridos. Y así que
Él dijo: “Ve, llama tu marido y ven acá”.
16 LA PALABRA HABLADA
Y ella dijo: “Yo-yo no tengo marido”.
Él dijo: “Has dicho bien, porque has tenido cinco, y con el
que ahora vives no es tuyo”.
Y observen a esta mujer, fíjense, ¡y ella en esa condición! (¿Me
estaré tardando demasiado, demasiado tiempo?) Ella estando en
esa condición, sabía más acerca de la verdadera Biblia de lo que
sabe un gran grupo de predicadores hoy en día. Y tan pronto como
Él ve^ Ella pudiera haber pensado que sólo era un-un hombre
observando su condición, y-y que ella quería^ quiso pasarse de
listo con ella o algo, y ella dijo: “¡Yo no tengo marido!”.
Él dijo: “Bien has dicho. Tienes cinco, y con el que ahora
vives no es tu marido”.
Rápidamente esa simiente predestinada en su corazón se
encendió. Se dio vuelta, ella dijo: “Señor, paréceme que Tú eres
profeta. Sabe, no hemos tenido uno por cuatrocientos años.
Nosotros sabemos”. ¡Oh, Dallas, no se pierdan esto!, “Nosotros
sabemos; nosotros estamos esperando un Mesías, Quien es
llamado el Cristo. Y cuando Él venga, esto es lo que Él hará;
ésta será Su señal”.
Jesús dijo: “Yo soy, el que habla contigo”.
Con eso, ella dejó caer el cántaro, y a la ciudad se fue;
dijo: “Vengan, vean a un Hombre Quien me ha dicho lo que he
hecho. ¿No es éste el mismo Mesías?”. Y la Biblia dice que ellos
le creyeron a Jesús por lo que dijo la mujer.
Ahora ésa es la manera en que Él se identificó como el
Mesías; no por la manera en que Él vestía, por Su educación,
por una tarjeta de compañerismo, por Su prestigio entre los
hombres. Dios estaba en Él, manifestando la Palabra que Él
prometió. Él dijo en San Juan [Link] “Escudriñad las Escrituras;
porque a vosotros os parece que en Ellas tenéis la Vida Eterna;
Ellas son las que dan testimonio, o les dicen Quien soy Yo”.
“El mismo, ayer, hoy, y por los siglos”. Mi hermano, mi
hermana, Uds. son una multitud muy amable, uno pudiera
hablar toda la noche. ¿Ven Uds. lo que Jesús fue allá? Él estaba
manifestado, ése fue Dios, manifestado en un Hombre llamado
Jesucristo, el cual es el Hijo de Dios, prometiendo: “Cómo fue
en los días de Noé”, y cada otra escena exactamente, “así será
en la venida del Hijo del Hombre”. “Él es el mismo ayer, hoy,
y por los siglos”. ¡Oh, iglesia, no se queden mirando, sino que
crean en el Señor Jesucristo! Señores, quisiéramos ver a Jesús.
Si Él es el mismo ayer, hoy, y por los siglos, ¿les gustaría a Uds.
verlo? “Señores, nosotros^”. ¿Cómo lo esperarían Uds.? Si Él
es el mismo ayer, hoy, y por los siglos, Él hará lo mismo.
Ahora, un hombre pudiera venir aquí con cicatrices en sus
manos, sangre y humo, y aceite brotando de él. Ésa no sería la
cosa; cualquier hipócrita puede hacer eso. Seguro.
SEÑORES, QUISIÉRAMOS VER A JESÚS 17
Pero realmente lo que es, es la manifestación de esta
Palabra prometida. Él fue el Profeta ungido de Dios. Él lo
fue-Él fue el Dios-Profeta. Él fue lo que todos los profetas
eran, estaba en Él, y además todo lo que era Dios. Dios estaba
en Cristo reconciliándose Él mismo al mundo. Él fue Dios,
Emanuel, la plenitud de Dios dada a conocer a nosotros, en la
Persona de Su Hijo Jesucristo, el segundo atributo de Dios.
Fíjense, ahora Él está vivo hoy. Él no está muerto. Él
está vivo. Él dijo: “Un poco, y el mundo”, kosmos, “el orden
mundial Me verá^” verá; v-e-r-á, “no Me verá más. Sin
embargo, vosotros me veréis, porque Yo”, Yo, reitero, es un
pronombre personal: “Yo estaré con vosotros, aun en vosotros,
hasta el fin del mundo, o en el fin del mundo cuando estas
Escrituras se han de cumplir”. Todo el tiempo, ha sido Dios
en Quien nosotros creímos en la edad de Lutero; Dios el que
clamó en-en la edad de Wesley; Dios Quien habló en lenguas
en la edad Pentecostal. Él bajará un poco antes que el Hijo
prometido venga, para probar Su Escritura. Toda Escritura se
tiene que cumplir. Señores, quisiéramos ver a Jesús.
Inclinemos nuestros rostros.
Padre Celestial, quisiéramos ver a Jesús. Permite que
Él venga esta noche, Señor Jesús. Ven en el poder de Tu
resurrección. Llevo rato hablando, pero tan sólo una palabra
o dos de Ti significará más que todo lo que cualquiera pudiera
decir, y entonces permite que la Iglesia no esté dormida. Que
la^ La última manifestación de Dios, como Él lo prometió:
“Como fue en los días de Sodoma, antes que el fuego cayera
sobre los gentiles, así será en la venida del Hijo del Hombre”.
La sombra, el negativo y el positivo llegando tan cerca el uno
del otro, al grado que después de un tiempo habrá un tiempo
de unión.
Vemos que las naciones se están uniendo, llamándose la
O.N.U. Las iglesias se están uniendo, el Concilio Ecuménico
uniéndose con el Vaticano. Todas las iglesias uniéndose,
creyentes e incrédulos. El obrero se está uniendo en sindicatos.
Señor, que la Iglesia despierte y vea que es tiempo de
unión, que Jesús se está uniendo con Su Iglesia, Esposo y
Esposa. Pronto acontecerá la ceremonia y ellos llegarán a ser
Uno. Mientras Él sacude la última señal delante de nosotros,
o nos muestra Su promesa, que nosotros veamos a Jesús y
lo glorifiquemos a Él, porque es en Su Nombre que oramos.
Amén.
Ahora, voy tal vez, me quedan diez minutos para salir a
tiempo, si todos responden. Ahora cualquiera que tenga una
tarjeta de oración, no tendré tiempo de llamarlas todas esta
noche. Llegaremos a ellas, poco a poco.
18 LA PALABRA HABLADA
Ahora Billy está aquí en alguna parte, estoy seguro.
Algunas veces ellos ni siquiera dan las tarjetas, pero creo que
me dijo que él^ Uds. tienen tarjetas de oración, ¿no es así?
Levanten la mano. Sí, eso es correcto, tarjeta^ [Cinta en
blanco. Alguien dice: “L, uno”._Ed.]
L, L, muy bien. ¿Es ése el hombre enfermo, que está allí tan
enfermo? Muy bien. L, número uno, párese acá. L, número dos,
¿dónde está? Número dos, ¿dónde está número dos? ¿Levantaría
Ud. la mano? Muy bien, suba aquí. Es una señora.
El muchacho viene. Así es cómo se lleva a cabo. Él viene,
y frente a la multitud, él toma estas tarjetas y las mezcla
todas, y entonces le da a Ud. la tarjeta que quiera. Cualquiera
puede recibir una tarjeta, y entonces Ud. es llamado por ese
número. Eso muestra que el muchacho no sabe de cuál serán
llamados. En una ocasión nosotros, muchos de Uds. aquí
pudieran recordar, tuvimos un hombre vendiendo las tarjetas
de oración en la reunión, y eso garantizaba que la persona
subiría a la plataforma. Y además de eso, algunas veces
comienzo por la uno, y otras veces comienzo por la cincuenta,
algunas veces comienzo por la catorce, veinte, dieciséis,
entonces me voy al revés y sacó unas cuantas aquí. ¿Cuántos
han estado en las reuniones y han visto que se hace así? Pues,
seguro. ¿Ven? Esa tarjeta de oración no tiene nada que ver en
eso. Y muchos son sanados allá afuera sin siquiera tener una
tarjeta de oración.
Número uno, dos, tres. ¿Quién tiene la tres? Tarjeta de
oración número tres, levante la mano. Allá atrás, la señora.
Suba aquí, señora. Número cuatro. Si Ud. no puede subir
ahora, la cargaremos. Número cuatro. Si alguien^ Veo que
hay un catre allí y un par de sillas de ruedas puestas ahí.
Si no pueden venir, nosotros los cargaremos. Número cuatro.
Número cinco, tarjeta de oración número cinco. Número
seis, siete, ocho, nueve, diez. Que ésos pasen ahora, sólo esos
números, si pueden. Veamos: uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis,
siete, ocho, nueve. ¿Será suficiente? Sí lo es. Detengámonos ahí
mismo, un momento. Estamos un poco escasos de tiempo. A mí
no me gusta despedir después de las nueve y media.
Ahora, ¿cuántos allá afuera no tienen una tarjeta de
oración, y quieren que Jesús los sane, y Uds. saben que Él los
puede sanar? Levanten la mano, no me interesa si están en el
balcón, dondequiera que estén. Ahora miren, si Uds. no^
Esa mujer que tocó el manto^ Mientras ellos los ubican
en la línea. Esa mujer que tocó Su manto, ella no tenía
tarjeta de oración, quizás, pero ella dijo^ Ahora escuchen
atentamente. Ella dijo dentro de su corazón: “Yo le creo a
ese Hombre. Si yo puedo tocar Su manto, yo seré sana”. Ella
tenía un flujo de sangre. ¿Cuántos recuerdan la historia? [La
SEÑORES, QUISIÉRAMOS VER A JESÚS 19
congregación dice: “Amén”._Ed.] Ella se escabulló entre la
multitud, tal vez se arrastró entre ellos, una mujercita pálida
enfermiza, y ella tocó Su manto.
Y el vestido palestino cuelga suelto. Él jamás sentiría eso.
Yo no sentiría si Uds. me tocaran el bolsillo, y el saco mío me
queda apretado; pero ese vestido palestino, tienen vestimenta
por debajo. Y ella tocó Su vestimenta.
Y Él se detuvo y dijo: “¿Quién me tocó?”. Ella regresó entre
la multitud. Él dijo^
“Pues”, dijo Pedro, “Señor, eso no suena bien, todos te
están tocando”.
Él dijo: “Pero conozco que me he debilitado. Virtud, fuerza,
salió de Mí”. ¿Cuántos lo recuerdan? [La congregación dice:
“Amén”._Ed.]
Y Él miró alrededor entre toda la multitud hasta
que la encontró. ¿Es correcto eso? [La congregación dice:
“Amén”._Ed.] Y dijo: “Tu fe te ha salvado”. ¿Es correcto eso?
[“Amén”.]
Ahora miren, ministros, ¿no dice la Biblia que: “Jesucristo”,
Hebreos 3, “es el Sumo Sacerdote, ahora mismo, que puede
compadecerse de nuestras debilidades?”. [Ministros y
congregación dicen: “Amén”._Ed.] ¿Cuántos saben que la
Biblia dice eso? [“Amén”.] Pues, si Él es el mismo ayer, hoy,
y por los siglos, ¿cómo actuaría Él hoy? Como Él lo hizo ayer;
seguro.
Ahora (¿lo ven?), de nada les aprovecharía tocarme a mí. Yo
sería como su hermano, su esposo, su padre, lo que pudiera ser;
no habría virtud en mí. Pero si Uds., con la fe pueden tocarlo
a Él, entonces obsérvenlo a Él darse vuelta. Sencillamente
inténtenlo. No lo intenten, ya es demasiado intentar por hoy,
¡Uds. háganlo!
Ahora sean muy reverentes, guarden silencio. Ahora
sólo unos momentos lo declararán. Estas cosas que he dicho,
sonaron bien; pero, vean, ¿serán verdad o no? Eso es lo
siguiente. Será todo esto^
Yo oigo hablar a los mahometanos, sijs, jainos, los de Buda,
(¡oh, vaya!), a los mahometanos, pero ellos no pueden^ Ellos
pueden hablar acerca de algo que fue, ¿pero qué de ahora?
¿Ven? Si Él no^
Si Él es un Dios histórico, Él de nada nos sirve para hoy, si
Él tan sólo es el Dios histórico. Si Él no es el mismo ayer, hoy,
y por los siglos, entonces la Biblia dijo algo errado.
Ahora, si Él logra sujetarme a mí bajo Su voluntad sumisa,
si Él logra sujetarlo a Ud. en Su voluntad, entonces obrando en
ambos (¿ven?), allí es donde viene el Poder de Dios.
20 LA PALABRA HABLADA
Ahora, si ese hombre está enfermo, yo quiero que él se
siente justamente allí donde está. Y ahora ¿pueden Uds. verlo
desde la audiencia? Él está sentado aquí mismo.
Traiga su silla aquí si quiere. Pero ¿se sentirá capaz de
caminar hasta acá, señor? Muy bien, sólo venga aquí y siéntese.
Traiga la silla aquí, Hermano Grant, por favor, para que el
hombre pueda sentarse aquí por un momento. Muy bien, ahora
sólo siéntese allí, señor.
Me he estado fijando en el hombre por unos momentos,
está a punto de desmayar. Él debe estar gravemente enfermo;
yo no sé. Y si yo lo supiera y pudiera ayudarlo, y no lo hiciera,
entonces no soy digno de pararme detrás de esta plataforma
aquí y hablar con Uds., Uds. Cristianos.
Pero el hombre probablemente no tiene la edad mía. Y ésta
es nuestra^ Probablemente somos desconocidos el uno al
otro. Ud. no me conoce, supongo. [El hermano dice: “Sí, lo
conozco”._Ed.] Ud. me conoce. Pero yo no lo conozco a Ud.
[“Yo estuve en un servicio en Jonesboro”.] Oh, Ud. me vio en
Jonesboro, hace como quince años, cuando yo estuve allá en
una reunión. Sí, señor. [“Seguro que sí”.] Pues, ése fue un gran
tiempo allá. Yo creo que ése fue el Hermano Richard Reed.
[“Sí, señor”.] Ajá.
Ahora, si este hombre sentado aquí sufriendo, si yo pudiera
sanarlo y no lo hiciera, ¿qué clase de persona sería yo? Pero yo no
lo puedo sanar. Pero ahora ¿si nosotros quisiéramos ver a Jesús, y
Jesús estuviera parado aquí con este traje puesto que Él me dio,
entonces diría Jesús: “Ven aquí y Yo te sanaré?”. Ahora tengan
cuidado, si Uds. conocen su Biblia, ¿ven? No, señor. Él ya lo ha
hecho; Él no lo pudiera hacer hoy. Él ya lo ha hecho: “Él herido
fue por nuestras rebeliones”, por Su llaga fuimos nosotros salvos;
“por Su llaga fuimos nosotros curados”, mejor dicho. Muy bien.
Ahora, pero Jesús podría declararse, para darle a conocer a este
hombre cuál es su problema, o algo que le sucede, o algo que él ha
hecho. ¿Es correcto eso? [La congregación dice: “Amén”._Ed.] Y
eso le daría a conocer a él que Cristo está aquí.
Pues, yo no lo conozco. Aquí están mis manos levantadas,
Yo^ dijo que él estuvo en la reunión de Jonesboro; eso fue
hace quince años. Yo-yo nunca he visto al hombre en mi
vida, hasta donde sé. Él pudiera haber estado sentado atrás,
mañana^ Pues, yo no conocería a ninguno aquí.
Yo creo que sé que éste es el Sr. Way sentado aquí. Un
inglés sentado aquí, al cual conozco, que cayó muerto en mi
iglesia el otro día, en Jeffersonville, Indiana; cayó muerto. Por
allí está su esposa, aquí en alguna parte, que es enfermera.
Mientras yo hablaba, el hombre se desplomó muerto, cayó allí
mismo, muerto. Bajé y puse las manos sobre él, y aquí está.
¿Ven? ¿Ven?
SEÑORES, QUISIÉRAMOS VER A JESÚS 21
Si yo pudiera conseguir que la congregación se aquiete
lo suficiente para que el Espíritu Santo pudiera bajar. No se
emocionen, sólo siéntense quietos, ¿ven?
Ahora, señor, quiero que mire en esta dirección, por un
momento. He estado hablando, y yo-yo estoy aquí para
ayudarlo. Ahora, y si puedo ayudarlo, haré todo lo que pueda.
Ahora lo que yo he dicho aquí en la Escritura, Dios está
obligado, porque creo que éstos son los días postreros; Dios está
obligado a-a cumplir esa Palabra, y eso es lo que Él prometió
que haría. Y si Él pudiera decirme algo que Ud. ha hecho, o
algo que anda mal con Ud., o por lo cuál Ud. esté aquí, ya sea
lo que fuera, Ud. sabría si eso es verdad o no. Ud.-Ud.-Ud.
daría testimonio de eso.
Pero ahora si yo vengo aquí y le pongo mis manos, digo:
“¡Gloria a Dios, Ud. está sano! Gloria a Dios”. Eso estaría
bien, sería perfectamente correcto, si Ud. lo cree.
Pero ¿qué si Él le dice lo que Ud. ha hecho, o alguna causa,
razón por la que Ud. está enfermo, o algo así? Entonces Ud.
sabría, si Él pudiera decirle lo que ha sido, Él ciertamente
sabría lo que-lo que será, lo que sería correcto. Sí, señor.
¿Lo creen Uds., congregación? [La congregación dice:
“Amén”._Ed.] Ahora ¿qué estoy haciendo con el hombre?
Estoy tratando de hacer contacto con su espíritu, así como
nuestro Señor lo hizo junto al pozo, con aquella mujer. Yo no
lo conozco a él; nunca lo he visto. Ahora hay muchos aquí,
enfermos, muchos orando.
Y ahora, Padre Celestial, tomamos todo espíritu aquí
bajo^ tomo control, para la gloria de Dios, y para que Tus
Escrituras puedan ser cumplidas. La Biblia dice que es por
eso que Jesús obró sanidades: “Para que las Escrituras se
cumpliesen”. Y ésa es la razón por la cual Tú estás mostrando
misericordia en estos días postreros, “para que las Escrituras
sean cumplidas”. Hemos hablado de Ellas, esta noche.
Concédelo, Señor, en el Nombre de Jesús. Amén.
Ahora Ud. míreme, por un momento, sólo para ver si el
Señor me revela cuál es su problema. Y si Él lo hace, Ud.^ si
Él me dice cuál es su problema. Parece como que Ud. está muy
enfermo. Si Él me dice lo que está mal con Ud., o algo, ¿creerá
Ud. entonces? Ud. sabe que tiene que ser Él.
¿Cuántos en la audiencia creerán? [La congregación dice:
“Amén”._Ed.]
Una cosa con la que Ud. está sufriendo tremendamente, es
una hernia. Esa hernia lo está enfermando. Eso es correcto. ¿Ven?
¿Ven? Ahora ¿es correcto eso? Levante la mano, si eso es correcto.
Eso es lo que lo está enfermando (¿ven?), deprimiendo.
¿Creen Uds.? [La congregación dice: “Amén”._Ed.]
22 LA PALABRA HABLADA
Aquí hay otra cosa. Ud. tiene una mancha allí en el lado
derecho de su cara. Ud. está preocupado por eso. Déjeme
decirle algo más. ¿Cree Ud. que soy Su profeta? [El hermano
dice: “Sí, hermano”._Ed.] Ud. también tiene una mancha en el
lado derecho de la cadera, debajo de su ropa. Si eso es correcto,
levante la mano. [“Eso es correcto”.] ¿Ven? ¿Ven? ¿Ahora cree
Ud.? [“Yo creo”.] Vaya y sea sano. Jesucristo lo sana, vaya
y créalo. No dude en lo absoluto, señor. Sólo venga por este
lado, suba aquí, hermano. Sólo vaya ahora creyendo y todo le
resultará bien.
¿Creen Uds. ahora? [La congregación dice: “Amén”._Ed.]
Sólo tengan fe. Muy bien. Eso, Uds. saben que yo no lo sabía.
Aquí, venga, hermana. Yo no la conozco. Somos
desconocidos el uno al otro, me supongo. Si eso es correcto^
para que la audiencia pueda ver que somos desconocidos,
¿ve? Si^ Esto es tal como donde nuestro Señor se encontró
con una mujer un día. Y aquí nos encontramos otra vez, nos
encontramos después de dos mil años, en Su promesa, y aquí
está un hombre y una mujer que se encuentran de la misma
manera. Yo nunca la he visto a Ud. en mi vida. Yo creo que
somos totalmente desconocidos, pero Dios nos conoce a ambos.
Ahora si el Espíritu Santo, Cristo aquí y en Ud., revela
el porqué Ud. está parada aquí, o algo acerca de Ud., ¿se
sentiría entusiasmada como esa mujer aquel día? [La hermana
dice: “Amén”._Ed.] Ahora el porqué Ud. está aquí es por
oración, y la oración es por una enfermedad en su seno. Eso
es correcto. Si eso es verdad, levante la mano. Ahora ¿cree
Ud. que Dios puede decirme cuál seno es? Es el seno derecho.
Eso es correcto.
La gente está diciendo, capté a alguien diciendo: “Él está
adivinando eso”. Yo no estoy adivinándolo; no piense eso. Eso
impide, ¿ven? Ahora recuerden, ya no pueden esconder sus
pensamientos. Sí. Eso es correcto. Sí. Correcto.
Aquí, Ud. debería creer, es una predicadora, una dama
predicadora. Eso es cierto, ¿no es así? Muy bien. Vaya, crea
ahora y estará bien. Dios la bendiga. Sólo crea.
¿Creen Uds.? [La congregación dice: “Amén”._Ed.]
¿Cómo está? Somos desconocidos el uno al otro. [La
hermana dice: “Sí”._Ed.] Yo no la conozco. [“No, señor”.]
Dios sí la conoce. Si eso es correcto, levante la mano para
que^ Ud. es mucho más joven que yo. Quizás la mujer que se
encontró con nuestro Señor era mucho más joven.
Ahora otra mujer se paró aquí. Alguien por allá está
creyendo. Allí está sentada. Ella tiene un problema en su
pecho. ¿Es correcto eso? ¿Él manto de quién tocó Ud.? El de Él.
Ahora todo ha terminado. Jesucristo la sana.
SEÑORES, QUISIÉRAMOS VER A JESÚS 23
Él es el mismo ayer, hoy, y por los siglos. Ahora esa mujer
está a veinte pies de mí [6 mts _Trad.], pero ella no me tocó a
mí. Ella tocó al Sumo Sacerdote. ¿No pueden ver? Yo tenía mi
espalda hacia ella, eso muestra que Él es el Mismo que hizo la
promesa, sigue el mismo hoy.
Ud. está sufriendo con un problema de nervios, es muy
nerviosa, en particular ya tarde al anochecer, sí, cuando se
cansa y se agota. Ud. es muy nerviosa. También tiene Ud. un
envenenamiento en su cuerpo. Es envenenamiento en su sangre.
Pero, eso es correcto. Y también tiene una verdadera carga por
alguien para que sea salvo, ¿no es así? [La hermana dice: “Sí,
señor”._Ed.] Sí, señor, eso es correcto. ¿Lo cree ahora? [“Sí”.]
Muy bien, vaya. Como ha creído, así sea con Ud. Tenga fe.
No dude. Tenga fe en Dios. Sólo crea.
¿Cómo está, señora? Soy un desconocido para Ud., me
supongo. Si es correcto, entonces levantemos nuestras manos,
para que ellos vean. Yo nunca la he visto a ella en mi vida.
“Jesucristo el mismo ayer, hoy, y por los siglos”. ¿Lo creen?
[La congregación dice: “Amén”._Ed.] ¡Si el Señor Jesús le dice
ahora aquí a esta mujer, algo acerca de ella, de lo cual yo no sé
nada^! Pues, somos desconocidos, nosotros, ella simplemente
está parada aquí, ¿ven? Muy bien, ¿creería Ud.? [“Amén”.]
Ud. tiene un problema estomacal que lo molesta,
está sentado allí con un abrigo negro. Ahora mismo lo está
molestando. Si eso es correcto, levante la mano. ¿Ven? ¿Sabe
Ud. por qué? También es el estómago de esta mujer aquí. ¿Ven?
Eso es correcto.
¿Pueden ver ese rayo negro pasando allí entre ellos? Es
un diablo. ¿Ven? Él está tratando de escapar de eso, ¿ven? Él
no puede. Él no puede esconderse de Dios; eso es algo seguro.
Estamos en la Presencia de Jesucristo. Uds. deben creer, tener
fe.
¿Qué tocó él? Él nunca me tocó a mí. Yo no conozco al
hombre. Él es un desconocido para mí. ¿Somos desconocidos
el uno al otro, señor, yo no lo conozco? Levante la mano si eso
es correcto. ¿Ven? ¿Qué tocó él? A Jesucristo. No fallen en ver
algo.
Ahora esta señora aquí. Sí. ¡Oh, la señora tiene una
sombra! Es muerte sobre ella. Ella está sufriendo con cáncer,
y el cáncer está en el estómago y también en el colon. Ella,
acaban de desahuciarla. Ella se está muriendo, con cáncer. Eso
es verdad, ¿no es así, señora? Eso es lo que se le ha dicho.
Ahora mire aquí. Ud., solamente hay una esperanza para Ud.,
es Cristo.
¿Me cree Ud. ser Su siervo? Algo tiene que decirme eso, ¿no
es así? Tiene que ser Algo. Yo-yo de mí mismo no, no lo sabría.
24 LA PALABRA HABLADA
Si le digo a Ud. quién es, ¿me creería que soy Su profeta?
¿Le ayudaría? ¿Le ayudaría? Sra. Crosley. [La hermana dice:
“¡Oh!”._Ed.] Entonces regrese a casa.
¿Creen Uds.? ¿Cuántos de Uds. creen ahora con todo su
corazón? Pónganse de pie entonces y acéptenlo. Sólo levántense,
y digan: “Yo creo”. Levanten sus manos, donde sea.
Padre Celestial, en el Nombre de Jesucristo, que el diablo
y todos sus poderes sean reprendidos. Que el Señor Jesucristo,
Quien ha prometido esto para el día postrero, Él está aquí
ahora. Que venga a cumplimiento, Señor, en esta hora, que
la gente no falle; que ellos vean lo que Dios está sacudiendo
delante de ellos, un poco antes de que el fuego caiga. ¡Qué este
grupo de Abraham, esta Simiente real de Abraham, entienda
la hora en la que vivimos! ¡Oh, Jesús, Hijo de Dios, toca a cada
persona enferma aquí! Sánalos, Señor. Que la fe de ellos se dé
cuenta que están parados en la Presencia del Dios que los salvó
y los juzgará en aquel Día. Que Su Poder caiga ahora sobre
ellos, y sane a todos aquí quienes están en Presencia Divina. `
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Este Mensaje por el Hermano William Marrion Branham, originalmente
predicado en inglés el miércoles en la tarde, el 4 de marzo de 1964, en Soul’s
Harbor Temple, Dallas, Texas, E.U.A., ha sido tomado de una grabación
en cinta magnetofónica y publicado íntegro en inglés. Esta traducción al
castellano fue publicada y distribuida por Grabaciones “La Voz De Dios”.
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