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ORACION

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La oración es tan grande que, dondequiera que mires en el Biblia, allí está. ¿Por qué?

Donde sea
que Dios esté, también está la oración. Puesto q ue Diso está en todas partes y es inensamente
grande, la oración debe estar presente en todas las áreas de nuestra vida.

Desde la primera referencia a la oración mediante Enós, en Génesis 4:26, es la oración central en
la Palabra de Dios. En Génesis vemos a cada uno de los patriarcas, Abraham, Isaac y Jacob, orando
con familiaridad y franqueza. La oración tenazmente insistente de Abraham pidiendo la
misericordia de Dios sobre las ciudades paganas de Sodoma y Gomorra es extraordinaria (Génesis
18:16-33). En ÉXODO,LA ORACIÓN FUE LA MAERA EN QUE Moisés aseguró la liberación de Israel
de la esclavitud en Egipto. El don de la oración hace grande a Isarael: “7 ¿Qué otra nación hay tan
grande como la nuestra? ¿Qué nación tiene dioses tan cerca de ella como lo está de nosotros
el Señor nuestro Dios cada vez que lo invocamos? (Deuteronomio 4:7 – NVI).

No orar, entonces, es quebrantar una regla religiosa; es no tratar a Dios como Dios. Es un pecado
contra Su gloria. “En cuanto a mí”, declaró el profeta Samuel a su pueblo, “que el Señor me libre
de pecar contra él dejando de orar por ustedes” (1° Samuel 12:23). Incluso el rey David, que
compuso gran parte de Salmos -el libro de oraciones y canciones que registra la Biblia-, llenó al
Señor de peticiones porque, como continuamente le declara: “escuchas la oración” (Salmos 65:2).
Su hijo Salomón edificó el templo en Jerusalén y luego lo dedicó con una impresionante oración (1
Reyes 8:22-52; 2 Crónicas 6:12-42). La petición fundamental de Salomó por el templo fue que allí
Dios oescuchara las oraciones de su pueblo; ciertamente, la oración culminante fue por el don de
la misma oración. Además de eso, Salomón esperaba que los habitantes de las otras naciones “…
oirán hablar de tu gran nombre… y ore(n) en este templo” (1 Reyes 8:42). De nuevo, vemos que la
oración es simplemente un reconocimiento de la grandeza de Dios.

El libro de Job en el Antiguo Testamento es en gran parte el registro del sufrimiento y dolor de Job,
superado con oración. Al final, Dios está enojado con los insensibles amigos de Job y les dice que Él
se abstendrá de castigarlos solo si Job ora por ellos (Job 42:8). La oración permeó el ministerio de
todos los profetas del Antiguo Testamento. Pudo haber sido el medio más importante por el cual
la Palabra les llegó. La preservación y el retorno de los judíos del exilio en Babilonia se realizó
esencialmente a través de la oración. Su exilio comenzó con un llamado a orar por la ciudad y sus
vecinos paganos (Jeremías 29:7). Daniel, casi ejecutado por las autoridades babilónicas debido a su
insistencia en orar tres veces al día, ora por el arrepentimiento de su pueblo, pide por su retorno a
la tierra y es escuchado. Posteriormente, Nehemías reconstruye el muro alrededor de Jerusalén
con una serie de grandes oraciones unidas a un sabio liderazgo.

Jesucristo enseñó a sus discípulos a orar, sanó a personas mediante la oración, denunció la
corrupción de la adoración en el templo (éste, Él mismo lo declaró, debería ser una “casa de
oración” (Mateo 21:13) e insistió en que algunos demonios podían ser expulsados únicamente a
través del ayuno y la oración (Mate0 17:21). La Biblia detalla que Cristo tomaba tiempos de
oración prolongada en oraciones en soledad. Inclusive, antes de tomar decisiones importantes,
como la elección de sus discípulos, “pasó toda la noche en oración a Dios” (Lucas 6:12). Solía orar
en forma regular con clamor y lágrimas (Hebreos 5:7). El Esp{iritu Santo vino sobre Él y lo ungió
mientras oraba (Lucas 3:21-22). Cuando Jesús enfrentó su mayor crisis, lo hizo con oración.
Leemos que oró por sus discípulos y por la iglesia la noche antes de su muerte (Juan 17:1-26) y que
luego rogó a Dios en su agonía en el jardín de Getsemaní. Por último, murió orando.
Justo después de la muerte del Señor, los discípulos se prepararon para el furuto al estar
“[decicados] a la oración…” todos juntos (Hechos 1:14). En todas las reuniones de la iglesia “se
mantenían firmes… en la oración” (Hechos 2:42; 11:5; 12:5,12). El poder del Espíritu dewsciende
sobre los primeros cristianos en respuesta a la pración poderosa, y los líderes son seleccionados y
nombrados solo con oración. Se espera que todos los cristianos tengan una vida de oración que
sea constante, fiel, dedicada y ferviente. En el libro de Hechos, la oración es una de las primeras
señales de que el Espíritu ha venido al corazón mediante la fe en Cristo. El Espíritu nos da la
seguridad y el deseo de orar a Dios y nos permite orar incluso cuando no sabemos qué decir. A los
cristianos se les enseña que la oración debe atravesar todas sus vidas y días. Debemos “orar sin
cesar” (1° Tesalonicenses 5:17).

LA GRANDEZA DE LA ORACIÓN

Tan poderosa es la oración para obtener resultados que éstos no sólo se evidencian en un cambio
drástico de la situación que nos rodea, sino que, cuando oramos, nuetsra perspectiva acerca de las
situcaciones que nos rodean, cambia y podemos ver desde la óptica de Dios. En cierta ocasión, el
salmista Asaf estaba enojado y contrariado por una circusntancia adversa que le tocó vivir. Sin
embargo, encontramos una joya escondida en el versículo 17 del salmo 73. Allí podemos ver que
todos los pensamientos que este hombre tenía, fueron transformados. Según él mismo expresa, la
desesperación mortal de la que era presa, se esfumó en un momento: “hasta que entré en el
santuario de Dios; allí comprendí” (Salmos 73:17 – NVI). De ese mismo modo puede sucedenos a
nosotros si nos disponemos a entrar en el santuario, es decir la presencia de Dios.

La oración es asombro, intimidad, lucha, pero es el camino a la realidad. No hay nada más
importante (además, claro está, de nutrir nuestra vida con la Palabra de Dios), ni más difícil, ni más
enriquecedor, ni más transformador que la oración.

Por eso yo, por mi parte, desde que me enteré de la fe que tienen en el Señor Jesús y del amor
que demuestran por todos los santos, no he dejado de dar gracias por ustedes al recordarlos en
mis oraciones. Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, les dé el Espíritu de
sabiduría y de revelación, para que lo conozcan mejor. Pido también que les sean iluminados los
ojos del corazón para que sepan a qué esperanza él los ha llamado, cuál es la riqueza de su
gloriosa herencia entre los santos, y cuán incomparable es la grandeza de su poder a favor de los
que creemos. Ese poder es la fuerza grandiosa y eficaz.

Efesios 1:15-19 – Nueva Versión Internacional

El apóstol Pablo fue un hombre de oración. Una lecura atenta y comparada de las oraciones que
encontramos en Efesios 1, Filipenses 1, Colosenses 1 y Efesios 3, nos revelará el modo habitual en
en el que este siervo de Cristo oraba por aquellos a quienes amaba. En el corazón gramatical de la
extensa oración de Pablo, hay una comprensión sorprendente de la grandeza e importancia de la
oración. En el versículo 17 de Efesios 1, escribe: “Pido… para que lo conozcan mejor”.

Es extraordinario que en todos sus escritos las oraciones de Pablo por sus amigos no contienen
peticiones por cambios en sus circunstancias. La verdad es que ellos vivían en medio de muchos
peligros y priovaciones. Enfrentaban persecución, muerte por enfermedad, presión por parte de
fuerzas poderosas y separación de los seres queridos. Su existencia fue mucho menos segura que
la nuestra hoy. Sin embargo, en estas oraciones, no se encuentra ni una sola petición por un mejor
emperador, por protección contra los ejércitos saqueadores o incluso por un pan para la pr{oxima
comida. Pablo no ora por los bienes que nosotros solemos colocar al principio de nuestra losta de
peticiones.

¿Esto significa que es incorrecto orar por estas cosas? De ninguna manera. Como bien lo sabía
Pablo, el mismo Jes{us nos invita a que pidamos por nuestro “pan de cada día” y para que “nos
libere del maligno”. En 1° Timoteo 2, Pablo alienta a sus lectores para oren para tener paz, por un
buen gobierno y por las necesidades del mundo. En sus propias oraciones, entonces, Pablo no nos
provee de un modelo universal para la oración. Más bien, en ellas Pbalo revela lo que pedía con
más frecuencia para sus amigos, lo que creía que era lo más importante que Dios podía darles.

¿Qué es lo más importante? Conocerlo mejor a Él. Pablo lo explica con colores y detalles. Significa
tener “… iluminados los ojos del corazón…” (Efesios 1:18). Bíblicamente, el coraz{on es el centro
de control de toda persona. Es el depósito de los compromisos básicos, losa fectos más profundos
y las esperanzas fundamentales que controlan nuestros sentimientos, pensamientos y conducta.
Tener “iluminados los ojos del corazón” con una particular verdad significa que ha penetrado e
invadido de manera tan profunda que cambia a la persona completa. Es decir, que podemos saber
que Dios es santo, pero cuando los ojos del corazón son iluminados en realción con esa verdad,
entonces no sólo lo conocemos cognitivamente o con el intelecto, sino que emocionalmente y en
nuestro espíritu descubrimos que la santidad de Dios es maravillosa y bella, y voluntariamente
evitamos actitudes y cnductas que le desagradan o le deshonran. En Efesios 3:18, Pablo indica que
él quiere que el Esp{iritu Santo les dé poder para que “puedan comprender” todos los beneficios
pasados, presentes y futuros que recibieron cuando creyeron en Cristo. Ssin duda, todos los
cirstinaos conocen sobre estos beneficios en sus mentes, pero la oración es para algo más, es para
tener un sentido más claro de la realidad de la presencia de Dios y dela vida compartida con Él.

Pablo considera este mayor conocimiento de Dios como un asunto más crítico a recibir que un
cambio en las circunstacias. Sin este fuerte sentido de la realidad de Dios, las circunstancias
buenas pueden conducirnos a una confianza excesiva o a la indiferenci espiritual. “¿Quién necesita
a Dios?”, podrían concluir nuestros corazones cuando los asuntos parecen estar bajo control. Por
otra parte, sin este corazón iluminado, las malas circunstancias pueden conducirnos al desaliento y
la desesperación, porque el amor de Dios seroa una abstracción y no la presencia infinitamente
consoladora que debería ser. Por eso, conocer mejor a Dios es lo que debemos tener por encima
de todo en cualquier circusntancia de la vida que debamos enfrentar.

La mayor preocupación de Pablo, entonces, concierne a la vida de oración de los creyentes tanto
pública como privada. Cree que el bien más preciado es la comunión o compañerismo con Dios.
Una vida de oración abundante, dinámica, consoladora, ganada con esfuerzo es la única que hace
posible recibir los otros bienes correcta y provechosamente. Pablo no considera la oración como
una manera de obtener cosas de Dios, sino también com una manera de obtener más de Dios
mismo. La oración es procurar “aferrarse a [Dios]” (Isaías 64:7 – NVI) del mismo modo que en la
antiguedad las personas se aferraban al manto de un fgran hombre cuando recurrían a él o del
mismo modos que nosotros abrazamos a alguien para demostrarle amor.

Al oraer de esta forma, Pablo está dando por sentada la prioridad de la vida interior con Dios. La
relación genuina con el Padre ediante la oración y la lectura de la Biblia, fortalecerá esa comuni
´pon y certeza de quiénes somos en el Señor. He aquí, otro de los motivos que vuelven impeiosa a
la oración.

EL PRIVELEGIO DE LA ORACIÓN

Indudablemente un privelegio inigualable es la posibilidad de entrear en la presencia de Dios.


Baste leer el Antiguo Testamento para entender que sólo algunos hombres destacados y bajo
regals muy estrictas, podían acercarse a FDios. Aún más, sólo el Sumo Sacerdote, por su tarrea y
función especiales, tenía la facultad de entrar en el Lugar Santísimo, el sitiodel templo donde
habitaba la presencia de Dios en modo más palpable, una sola ez al año para pedir perdón por los
pecados de los últimos doce meses (Éxodo 30:10; Hebreos 9:7). Imaginar esaexclusividad que
tenían estos hombres y cómo el resto estaba totalmente excento de acercarse a Dios debería
mover nuestro corazón en forma impactante ya que desde que Jesús murió por nuestros pecados,
esa barrera de separación con el lugar santo donde está la presencia de Dios, fue quitado. Ya no
existen obstáculos y hoy todo aquel que tiene verdadera fe en el Salvador, puede disfrutar de la
comunión con el Padre celestial. ¡Nada puede separarnos de ese amor!

El escritor a los Hebreos nos dice:

Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios,
retengamos nuestra profesión. 15 Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda
compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra
semejanza, pero sin pecado. 16 Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para
alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro

Hebreos 4:14-16.

Las barreras de separación con la presencia del Topoderoso fueron abolidas y no existen más
obstáculos. Todos podemos entablar una relación con el Señor y conocerle en profundidad. Pablo
les dijo a los efesios que “por medio de él [Jesús] los unos y los otros tenemos entrada por un
mismo Espíritu al Padre” (Efesios 2:18). El estudio de la Biblia nos permite conocer las riquezas que
implican cada una de las palabras escogidas por el Espíritu Santo al inspirar las Escrituras. La
palabra acceso solía usarse cuando un rey en la antigüedad le concedía audiencia a alguien. Nadie
podía caminar en la presencia de un poderoso monarca. Las consecuencias podían ser la prisión o
incluso la muerte (un caso concreto lo podemos ver en el libro de Ester 4:9-16). Esto solo describe
la diferencia de poder entre un antiguo rey oriental y un hombre del pueblo. La distancia entre un
Dios santo y los seres humanos pecadores es infinitamente mayor (1° Samuel 6:20; Salmos 130:3;
Nahum 1:6). Ningún ser humano puede ver a Dios y vivir (Éxodo 33:20). La afirmación de Pablo de
que ahora tenemos acceso a la misma presencia de Dios “por medio de él” es por ello bastante
sorprendente. Siempre se nos concede audiencia por causa de lo que Cristo ha hecho. Su muerte
en la cruz nos reconcilió con Dios (Efesios 2:16) y lo ha hecho nuestro Padre.

No lo olvidemos. Cada vez que oramos, entramos en audiencia con el Rey de reyes y Señor de
señores. No obstante, esto tuvo un alto precio.
¿Cuál es el costo de poder orar libremente? ¿Cómo es posible semejante acceso y libertad? La
única vez en todas los Evangelios que Jesús ora a Dios y no lo llama Padre es en la cruz, cuando
dice: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46). Jesús perdió la relación
que tenía con el Padre, para que nosotros pudiéramos tener una relación con Dios como Padre.
Jesús fue olvidado para que nosotros pudiéramos ser recordados siempre, de la eternidad a la
eternidad. Jesús llevó todo el castigo eterno que merecían nuestros pecados. Este es el costo de la
oración: Jesús pagó el precio para que Dios pudiera ser nuestro padre.

La oración en el nombre de Jesús

Esto nos lleva a una instrucción importante en el Nuevo Testamento sobre la oración cristiana.
Jesús enseñó que sus discípulos debían orar siempre en su nombre (Juan 14:13-14; 15:16; 16:23-
24). “Las oraciones en su nombre son oraciones… como reconocimiento de que la única manera de
acercarse a Dios… el único camino a Dios es el mismo Jesús” (Carson, 1991: 496-497).

En el nombre de Jesús hay poder y autoridad y fue Él mismo quién nos enseñó e instó a que nos
dirigiéramos a Dios Padre en su nombre y mediante su persona.

NUESTRA AYUDA EN LAS ORACIONES

Pese a que, al aceptar al rendir nuestra vida y corazón al Señor somos nuevas cristuras (2°
Corientios 5:17), aún continuamos teniendo un cuerpo débil que experimenta momentos de
fragilidad. Inclusive, esta vulnerabilidad se expresa en nuestra vida de oración. Dios sabe que
tenemos debilidades y, por eso, se asegura de proveernos de la ayuda necesaria aún para los
momentos de oración.

Una de las tareas del Espíritu Santo es la de implantar la certeza en nuestro corazón de que somos
hijos de Dios y que Él es nuestro Padre perfecto. Sin embargo, respecto a la oración hay una
preciosa tarea que cumple el Espíritu.

En Romanos 8:26, Pablo escribe: “ asimismo, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad,
porque no sabemos lo que hemos de pedir como es debido, pero el Espíritu mismo intercede por
nosotros con gemidos indecibles”.

Muchas veces no sabemos cómo orar o qué pedir. Es allí donde interviene el Espíritu Santo como
nuestro PARAKLETOS, el que camina a nuetro lado, el consolador. Él, LITERALMENTE, ora con
nosotros y nos ayuda. Aún cuando no sepamos qué pedir, Él pide por nosotros y lo hace a través
de gemidos indecibles. Esta palabra, alaletos, significa que el Esp{iritu Santo se dirige a Dios
mientras nosotros oramos y lo hace con expresiones que no exceden las palabras humanas, tanto
así que no pueden ser traducidas. Él se involucra personalmente con nuestras situaciones y ora
con nosotros. ¡Qué reconfortante es saber que cada vez que oramos, el Santo Espíritu está a
nuetsro lado para orar junto a nosotros!.

Romanos 8 enseña que los creyentes tienen dos intercesores: el Espíritu Santo y Cristo. Cristo
ejecuta su tarea intercesora en el cielo (Ro. 8:34; Heb. 7:25; 1 Jn. 2:1); el Espíritu Santo, en la
tierra. La intercesión de Cristo toma lugar fuera de nosotros, la del Espíritu Santo dentro de
nosotros; es decir, [p 310] en nuestros propios corazones (Jn. 14:16, 17). Cristo ora para que los
méritos de su obra redentora sean plenamente aplicados a los que confían en él. El Espíritu Santo
ora para que las necesidades profundamente ocultas de nuestros corazones, necesidades que a
veces nosotros ni siquiera nos percatamos, sean satisfechas. La intercesión de Cristo puede ser
comparada con la de un padre, la cabeza de la familia, a favor de todos los miembros de la familia:
La intercesión del Espíritu Santo nos hace recordar más bien a una madre de rodillas al lado de la
cama de su hijo enfermo y que en su oración presenta las necesidades de ese niño al Padre
Celestial.

Si alguien objetara: “Entonces ¿por qué no permitir que el Espíritu se ocupe totalmente de la
oración? ¿Por qué hemos de orar nosotros?”, la respuesta sería: (a) el hijo de Dios necesita y
desea derramar su corazón ante Dios en oración y acción de gracias: (b) el Espíritu Santo ora
solamente en los corazones de los que oran; (c) Dios ha mandado a su pueblo que ore y ha
prometido acceder a todas aquellas peticiones que estén en consonancia con su voluntad; y (d)
deben haber muchas oraciones que no necesitan ser contrarrestadas por el Espíritu.

Las palabras: “El Espíritu nos ayuda en nuestras debilidades” no deben ser interpretadas
demasiado estrechamente, como si el significado fuese que el Espíritu solamente nos ayuda a orar.
Él nos ayuda “en nuestra debilidad”, cualquiera sea la naturaleza de esa debilidad, inclusive
nuestra debilidad en el orar.

LA ORACIÓN OSTENTOSA DEL HIPÓCRITA Y LA ORACIÓN SECRETA DEL CRISTIANO

En el sermón del monte, Jesús tomará tiempo para hacer dos correcciones acerca de oraciones
incorrectas. La primera de ellas es la oración ostentosa del hipócrita que es errada por estar
centrada en una motivación incorrecta.

El quinto versículo de Mateo 6 comienza diciendo “Y cuando ores”. Esto nos da a entender que
Jesús da por sentado que los que pretenden tener una relación con Dios, son personas que ora. Es
decir, que son aquellos que tienen una vida activa y constante de oración.

En los tiempos de Jesús era muy común ver a muchos hombres que oraban en público y por eso el
contenido de sus oraciones era oído por otras personas. Los feriseos formaban parte de este
grupo que amaba esta práctica y por eso hacían grandes oraciones, muy largas y cargadas de
expresiones repetitivas. Sin embargo, estas oraciones no eran dinámicas ni tenían la libertad de
una relación sincera con Dios, sino que eran oraciones distantes y monótonas. Este grupo religioso
tambiñen creía que no eran dignos de mencionar el nombre de Dios. Por eso les sorprendía que
Jesús llamara tan naturalmente a Dios “Padre”. Esto era para los fariseos , un acto que llamaba su
atención. El Señor Jesús llamaba ABBA a su Padre Celestial. Este vocablo es un tèrmino arameo
que significa “papito querido” y alude a una de las primeras palabras que decían los niños judías al
comenzar a hablar. Es un término que implica comunió, amor profundo y cercanía.

Para el judaísmo la oración formaba parte de su rutina regular. Incluso tenían la práctica de orar
tres veces al día: a las nueve de la mañana, a las doce del mediodía y a la tres de la tarde. Era una
práctica que, en apariencia era profunda, pero en realidad, solo se trataba de oraciones que
querían impresionar a los demás y mostrarse ostentosas y llenas de “adornos”.

El versículo de Mateo 6:5 continúa así: “Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque
ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de
los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompense”.
Cristo enfatiza que la verdadera oración no debe ser para mostrar una apariencia falsa. Es
interesante conocer que la palabra “hipócrita” viene del griego ὑποκριτής [leer: hypokrites]
que singnifica “actor”· Esta viene del verbo ὑποκρίσιν [hypokrisin] que significa “actuar”·,
“Exagerar”, “pretender”, acciones propias de los actors griegos en sus obras de teatro. En
fin, Jesús estaba diciendo que Él desaprueba esa forma de orar que no es más que una
actuación, un acto insincero ante Dios.

En Lucas 18:9-14, leemos:

Parábola del fariseo y el publicano


9
A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta
parábola: 10 Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. 11 El
fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy
como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; 12 ayuno dos
veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. 13 Mas el publicano, estando lejos, no quería
ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí,
pecador. 14 Os digo que este descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera
que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.

Notemos que en el pasaje el fariseo, religioso que se creía en una mayor jerarquía ante Dios, era
tan orgulloso que, tal como lo relata la Biblia, “oraba consigo mismo”. Su ego, sus logros
personales y morales, sus logros religiosos le hacían creer que era superior. Contrario a su actitud
se ubica la del publicano, quién, estando lejos, sentía que no era digno de acercarse a Dios. Sentía
vergüenza y se golpeaba el pecho en señal de luto por su pecado, entendiendo qué respeto le
significaba estar delante de la presencia de Dios. En su actitud puede leerse: “entiendo que soy un
pecador que no se merece estar delante de un Dios santo”.

Estas dos posturas en la oración nos hacen ver que, de las opciones presentadas, el Señor escoge a
aquel que tiene un corazón correcta pues el mira el interior.

El énsasis esté, entonces, en la sinceridad del corazón.

Mientras que la oración del hipócritoa tiene una motivación incorrecta, la oración del cristiano es
una comunión secreta con Dios.

Continúa Mateo “ Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre
que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.”. (Mateo 6:6).

Cuando Jesús se refiere a que la oración del Cristiano debe realizarse en el aposento, usa una
palabra muy particular: tameíon, es decir, aposento. Este era un ambiente que funcionaba como
bodega, despensa. Era el único cuarto de la típica casa judía que tenía puerta. Lo novedoso es
que en esos cuertos también se guardaban las provisiones importantes y los objetos de valor.
Por eso, el tameíon puede llamarse “cuarto de tesoros”.

Tiene pleno sentido que el Señor reocmendara orar en tal lugar. Es un lugar secreto, es un lugar
íntimo donde nadie puede acceder escuchar ni ver. Y sobre todo, es un lugar de secretos. Por
eso orar es encontrar los secretos de Dios.
David le dijo al Señor en el Salmo 27: 8

Mi corazón te ha oído decir: «Ven y conversa conmigo». Y mi corazón responde: «Aquí vengo,
SEÑOR».

Y el Salmo 51:6 el mismo salmista expresa:

He aquí, tú deseas la verdad en lo más íntimo, y en lo secreto me harás conocer sabiduría. (LBLA).

Hay en la oración tesoros de intimidad y communion que Dios anhela revelar a cada auno que se
acerca con un sincero corazón.

LA ORACIÓN MONÓTONA DEL PAGANO Y LA ORACIÓN RELACIONAL DEL CRISTIANO

La segunda oración incorrecta que Jesñus corrige es la del pagano. En la oración del hipócrita,
Jesús señaló que su motivación era incorrecta, puesta partía de un corazón no sincero. Ahora,
Crsito tomará otra forma de oración no debida. Es la oración de los paganos. El Señor corregirá ya
no el motivo de la oración sino la metodología, es decir, la forma en que oraban los paganos que
usaban repeticiones fijas, mecñanicas, uy extensas, pero vacías.

Mateo 6:7, dice:

Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán
oídos. 8 No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis
necesidad, antes que vosotros le pidáis.

De esto podemos aprender lo siguiente:

1. LAS VANAS REPETICIONES SON INÚTILES:

Es importante revisar otras versions del verículo:

»Cuando ores, no parlotees de manera interminable como hacen los gentiles. Piensan que sus
oraciones recibirán respuesta solo por repetir las mismas palabras una y otra vez (NTV).

Y al orar, no hablen solo por hablar como hacen los gentiles, porque ellos se imaginan que serán
escuchados por sus muchas palabras (NVI).

»Y al orar no repitan ustedes palabras inútiles, como hacen los paganos, que se imaginan que
cuanto más hablen más caso les hará Dios (DHH).

La palabra griega traducida aquí como “vanas repeticiones” es battologéo que significa charlar
tediosamente, parlotear (como hacen los loros que repiten lo que han aprendido) o hablar sin
pensar lo que se dice, balbucear. Los griegos, por ejemplo, oraban a los dioses repitiendo la misma
fórmula para cada dios; como había tantos incluían la formula para el dios olvidado o erigían
estatuas al dios desconocido como menciona Pablo (Hechos 17:23).

Las practicas paganas incluían la repetición de formular, conjuros con poderes mágicos. Llamaban
a sus dioses por títulos y trataban de manipularlos para lograr conseguir su ayuda. Por eso,
también tomaban tiempo en sus oraciones para recordarles a los dioses los favores que hicieron.
Esta gente pagana se relacionaba con sus dioses de una manera contractual que se explica así: “si
vos hacés estop or mí, yo hare esto otro”. Esta manipulación verbal o el canje por acciones es muy
distante a lo que Dios quiere en nuestras oraciones.

No hay que olvidar que la repetición vacía no es una relación.

El capítulo 19 de Hechos relata un incidente notorio. En Éfeso, los defensores de la diosa Diana, se
indignaron ante la predicación de los discípulos e hicieron lo siguiente:

Y la ciudad se llenó de confusión, y a una se lanzaron al teatro, arrebatando a Gayo y a Aristarco,


macedonios, compañeros de Pablo. 30 Y queriendo Pablo salir al pueblo, los discípulos no le
dejaron. 31 También algunas de las autoridades de Asia, que eran sus amigos, le enviaron recado,
rogándole que no se presentase en el teatro. 32 Unos, pues, gritaban una cosa, y otros otra; porque
la concurrencia estaba confusa, y los más no sabían por qué se habían reunido. 33 Y sacaron de
entre la multitud a Alejandro, empujándole los judíos. Entonces Alejandro, pedido silencio con la
mano, quería hablar en su defensa ante el pueblo. 34 Pero cuando le conocieron que era judío,
todos a una voz gritaron casi por dos horas: ¡Grande es Diana de los efesios! (Hechos 19:29-34).

Estos hombres, confundidos. Comenzaron a repetir por espacio cercano a dos horas un clamor,
una repetición fija que no espontànea sino vacía y sin sentido alguno.

El problema no es repetir en las oraciones, sino repetir vanamente, es decir, orar sin sentido para
tartar de manipular o torcer a Dios. El Cristiano no es oído por su palabrería, sino por la sinceridad
del corazón.

La Biblia no prohibe la repetición, ni la persistencia, sino las repeticones vanas. Algunos ejemplos
de esto se encuentran en los siguientes pasajes:

 El salmo 136 resalta en cada uno de sus 36 versículos la misericordia de Dios y repite
“porque para siempre es su misericordia”.
 Jesús en Getsemaní hizo tres veces la misma oración: “Y dejándolos, se fue de nuevo, y oró
por tercera vez, diciendo las mismas palabras” (Mateo 26:44).
 Pablo le pidió a Dios en tres oportunidades que le quitara el obstáculo que tenía en su
cuerpo, el aguijón en su carne “tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí” (2
Corintios 12:8).
 En la parabola que Cristo contó, la viuda es un ejemplo de persistencia en la oración (Lucas
18:1-8).

2. MÁS ALLA DE LA CANTIDAD, ES LA CALIDAD DE LA ORACIÓN LO QUE CUENTA DELANTE


DE DIOS.

La extension no es sinónimo de devoción. Eclesiastés 5:2, dice: “No te des prisa con tu boca, ni tu
corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la
tierra; por tanto, sean pocas tus palabras”.

Salomón está diciendo: las palabrerias no importan si mi coraxon no esta involucrado.

El salmista sabe que orar no es solo orar. Y lo dice así: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios;
Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra” (Salmos 46:10). Orar muchas veces
no es hablar y habalr, sino estar en silencio para escuchar a Dios.

Orar es tratar de estar en silencio, es buscar su rostro. David dijo: “A mi corazón le pides buscar tu
rostro, y yo, Señor, tu rostro busco” (Salmos 27:8 – RVC). En otro salmo, el salmista expresa: “A ti,
oh Jehová, levantaré mi alma” y la Nueva Traducción Viviente, dice: “Oh Señor, te entrego mi
vida”. Oración es derramar la vida, entregar el alma, no repetir palabras sin sentido.

Jesus, indignados con los feriseos, dijo: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque
devoráis las casas de las viudas, y como pretexto hacéis largas oraciones; por esto recibiréis mayor
condenación” (Mateo 23:14). Estos hombres hacían lo incorrecto y pensaban que Jesús los oiría
por sus largas oraciones.

En realidad, no es que Crsito esté prohibiendo las oraciones extensas, de hecho el Hijo de Dios en
muchas oportunidades oró por horas enteras, y hasta Pablo nos recuerda que debemos orar en
todo tiempo. Por ello le dijo a los discípulos de Tesalónica: “orad sin cesar) (1 Tesalonicenses 5:17)
y les record a los romanos que debían permanecer “constntes en la oración” (Romanos 12:12).

Sin embargo, lo realmente importante es aprender que la vida de oración debe ser constante y
real, genuina delante de Dios. De hecho, Jesús es un ejemplo de oración dedicada delante de Dios.
La Biblia nos muestra en gran cantidad de oportunidades las oraciones de Jesús. Ya sea que se nos
aclare o no el contenido del diálogo del Señor con su Padre, en las Escrituras es possible ver a
Jesús orando siempre.

3. ES NECESARIO CONFIAR EN DIOS. ÉL CONOCE CADA NECESIDAD

Mateo 6:8 expresa: “vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le
pidáis”.

Para acercarse a Dios Padre no es preciso un protocol, al contrario, la oración es una oportunidad
inigualable para tener un encuentro personal y diecto con Dios.

Hay gran Consuelo para el que seacerca a Dios en oración. Isaías 65:24, dice:

Les responderé antes que me llamen.


Cuando aún estén hablando de lo que necesiten,
¡me adelantaré y responderé a sus oraciones!

El salmista David sabia esto y lo llenaba de confianza:

Pues aún no está la palabra en mi lengua,y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda (Salmos 139:4).

La oración nunca será un intent por cambiar la voluntad de Dios. Por el contrario, es RENDIR LA
VOLUNTAD PARA QUE SE ALINEE CON LA VOLUNTAD DE DIOS que siempre será la major para la
vida de sus hijos.

LA ORACIÓN TIENE PODER PARA OBJENER RESULTADOS.


Santiago 5:15, enuncia: “La oración eficaz del justo puede mucho”. La versión original de este
versículo es más potente aún: “mucha fuerza tiene la oración del justo”.

Para resaltar la eficia de la oración, es posible recordar lo que dijeron algunos escritores:

Calvino expresó: «nada estimula mejor para entusiasmarnos a orar, que la plena convicción de que
seremos oídos».

Lutero, por su parte, manifestó: Él sabe que somos tímidos y asustadizos, que nos sentimos
indignos e incompetentes para presentar nuestras necesidades a Dios … Creemos que Dios es tan
grande y nosotros tan diminutos que no nos atrevemos a orar. Por eso Jesús quiere suprimir tales
pensamientos tímidos, quitar nuestras dudas, y hacernos avanzar confiada y audazmente.

suprimir tales pensamientos, quitar nuestras dudas y hacernos avanzar confiada ya udazmente.

EL PADRE NUESTRO: LA FORMA CRISTIANA DE ORAR

Jesús ya corrigió las motivaciones, los motivos erróneos y equivocados al orar. Los fariseos tenían
una oración hipócrita y ostentosa. Sólo querían ser vistos por los demás. El motivo correcto es
hablar con el Padre celestial para que Él sea glorificado.

Jesús también corrigió la mecánica, la metodología, la forma de orar. Cristo se refirió a que los
gentiles, los paganos, al orar, repetían conjuros mágicos para sobornar a los dioses y usaban, por
ell, repeticiones vacías. Pero sabemos que nuestro Dios no es manipulable sino soberano y
todopoderoso, por ello es precios acercarse con un corazón sincero a su presencia.

Jesús ahora mostrará un modelo perfecto de oración que es el Padre nuetsro. LAA ORACIÓN QUE
Jesús espera de los cristianos es una verdadera comunión con el Padre celestial.

Cristo comienza diciendo: “Vosotros, pues, oraréis así”. Jesús no dijo: “Oren esto”, sino “oren así”.
Esto implica que Jesús no tiene como prioridad que repitamos el Padre nuestro de memoria. De
hecho, Él nos dijo que no quiere “vanas repeticiones”, sino que quiere darnos un modelo, una
guía, un esquema, una guía.

Matthew Henry define al Padre nuestro como el índice del contenido de la oración. Toda buena
relación parte de la base de una buena comunicación. Por ello es tan importante aprender a orar,
ya que al hacerlo, estamos estableciendo una comunicación con el Dios Todopoderoso. Toda
buena relación depende de una buena base de comunicación, por ello debemos aprender a orar.
Jesús anhela que toda nuestra mente y corazón estén completamente involucrados en cada
apalabra que le decimos a Dios en oración.

El Padre nuestro está integrado por seis peticiones que están en dos dimensiones.
Las primeras tres peticiones están relacionadas con la gloria de Dios.
Las siguientes tres peticiones tienen que ver con nuestras necesidades.
1. ORAMOS A NUESTRO PADRE CELESTIAL.

a. “Padre nuestro” es la forma en la que Dios anhela que nos dirijamos a É, pero más
importante aún es la forma en la que quiere que nos relacionemos con Él. A partir de
la muerte y resurrección de Jesús, somos reconciliados con Dios y adoptados. La forma
en la que se revela Dios en el Nuevo Testamento es como Padre. De hecho, Jesús vino
a mostrarnos al Padre. Jesús dijo que Él era el camino al Padre (Juan 14:6) y agregó: “El
que me ha visto a mí, ha visto al padre” (Juan 14:9)..
Hay tres cosas básicas que debemos comprender y el que el padre manifiesta cercanía
protección y provisión a sus hijos.
Las heridas que los padres terrenales infringen a sus hijos son imborrables y causan
marcas muy fuertes. Por ello, en ocasiones tenemos dificultades para pensar en la idea
de un Padre perfecto, disponible y dispuesto, que lo dios todo por nosotros. Pero,
aunque no podamos representarnos esta idea en toda su plenitud, este es Dios, el
Padre absolutamente perfecto y sin error ni tacha alguna.
El significado de la cruz se puede resulmir en el encuentro de Jesús con María
Magdalena tras su resurrección. “Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he
subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre,
a mi Dios y a vuestro Dios” (Juan 20:17). El resultado de la cruz es que el Padre de
nuestro Señor Jesús es también nuestro Padre.
Jesús le decía a Dios ABBA en oración y eso era sorprendente para los hombres que lo
escuchaban. Esto mostraba la profunda communion y lazo de amor que el Señor tenía
con su Padre celestial. Decir “Padre nuetro”, nos convierte en sus hijos.
b. “que estas en los cielos”. El error de malinterpretar esta frase es pensar que si bien
Dios puede ser nuestro Padre, es un adre que está lejos, distante de nosotros. Pero
uno de los atriutos de Dios es la omnipresetne, que significa que etsá presente en
todos lados PARA Él no hay distancia. Mas bien la expression “que estás en los cielos”
implica, grandeza, majestad, dominio, omnipotencia, omniciencia, perfección,
santidad, eternidad. Cuando oro al Padre que está en el Cielo, la tierra deja de ser mi
realidad y el Cielo comienza a ser mi realidad. Esto es lo que sucede en la oración. El
trono de Dios no es solo un trono de majestad sino Tambien de gracia. El salmo 113:5-
8, dice:

No hay nadie como el SEÑOR nuestro Dios,


sentado en su trono en las alturas,
desde donde se inclina
a mirar los cielos y la tierra.
Levanta del polvo al pobre,
y al necesitado lo saca de la basura,
para sentarlo con gente importante,
los principales de su pueblo.

El trono de Dios está en el Cielo y aún esto no lo limita para ir a buscarnos a donde sea
necesario. Fue hasta la cruz por buscarnos, por estar cerca. Estar en su trono no limimta su
majestad nis u interés por nosotros. Es capaz de ir a un basurero. No hay lugar al que Dios
no iría por rescatarnos. Por eso “Padre nuetsro que estás en los cielos” no es lejanía sino
cercanía, porque somos ciudadanos del Cielo (Filipenses 3: 20).

Dios combina el amor que es perfecto y el poder que es ilimitado. El tiene todo el amor y
todo el poder. Esa es la naturaleza de nuestro Padre celestial.

2. NOS ENFOCAMOS PRIMERAMENTE EN LA GLORIA DE DIOS.


a. Su nombre.
b. Su reino.
c. Su voluntad.
a. Su nombre: “santificado sea tun ombre”. Esta es la primer petición. En nuestra vision
occidental el nombre es simplemente la forma de referirnos a alguien, de llamarlo, de
distinguirlo. Pero en la cosmovision hebrea, el tñermino usado para nombre, es decir,
Shem (en hebreo: ‫)השם‬, rrefiere el caracter, la esencia de las persona. El nombre define a
las personas. Por eso el nombre de Dios lo define. El nombre de Dios es Dios mismo.
Santificar es apartar. es decirle a Dios “Tu nombre es sagrado”, “tun ombre es apartado,
único.” “No hat nadie que se le compare. Es decir, es una manera de decirle a Dios: “No
hay nadie como tú”. Esto es adorar a Dios. Esto nos enseña que lo primero que debemos
hacer en nuestras oraciones es adorar el nombre de Dios. Es poder expresarle que no hay
nadie que se compare al Señor. Los salmos dan ejemplo de esto:
 Bendito su nombre glorioso para siempre, Y toda la tierra sea llena de su
gloria.Amén y Amén (SALMOS 72:19).
 Alaben el nombre de Jehová, Porque solo su nombre es enaltecido. Su gloria es
sobre tierra y cielos (Salmos 148:13).
 Alaben tu nombre grande y temible; Él es santo (Salmos 99:3).

Decir “santificado sea tu nombre” nos convierte en adoradores de Dios. Nnuestro punto de partida
en la oración no son nuetsras necesidades, sino la necesidad de adoradores.

El Padre está buscando adoradores que le adoren en espíritu y en verdad y por eso debemos
adorarle (Juan 4:23).

b. Tu reino: “venga a nosotros tu reino”. El reino de Dios es tanto presente como futuro. El
reino de Dios, por un lado, ya está en tre nosotros. Se acercó con Jesús. Crisro dijo: “esde
entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se
ha acercado” (Mateo 4:17) y “diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha
acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.” (Marcos 1:15). El reno de Dios ya esta
presente pero su etsablecimiento total sera en el duturo. Los eruditos dicen sobre el reino
de Dios: “ya pero todavía no”. Esto quiere decir que ya está presente pero todavía no
estña establecido. Está siendo establecido. Uno más para Cristo, el reino de Dios crece.
Otro más para el reino de Cristo, el reino continua creciendo. La iglesia es usada por el
Señor para que el reino siga creciendo. Jesús compara su reino a algo que está en
creciemitno (Mateo 13:31-32). Las ñultmas palabras de Jesús en la Biblia, en
Apocalipsis22:20, dicen: “El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en
breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús”. Y cuando Jesús dice, “ciertamente vengo en breve”,
Juan se alegra y dice: “Amén; sí, ven, Señor Jesús”. Cuando decimos “venga tu reino”,
oramos par que Dios nos use para establecer su reino en el presente, pero también
estamos diciendo: “Maranatha”, “Ven pronto”, “Regresa”, “Vení en tu segunda venida”.
Eso es lo que oramos. Al decir “Venga tu reino” también nos convertimos en súbditos del
Rey. 1 Pedro 2:9 dice que los hijos de Dios somos “real sacerdocio”, esto es, somos
sacerdotes del rey, somos siervos del rey.
c. “tu voluntad”. “Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”. El salmista
nosh ace ver que debemos aprender a hacer la voluntad de Dios: “Enséñame a hacer tu
voluntad, porque tú eres mi Dios. Que tu buen Espíritu me lleve hacia adelante con pasos
firmes” (Salmos 143: 10 – NTV). Esta es una súplica del salmista a Dios. Es necesario que
nos humillemos para pedirle a Dios que nos enseñe a hacer su voluntad. Precisamos que el
Espíritu Santo nos guíe a hacer la voluntad del Señor. Inclusive antes de su sacrificio, jesús
dijo: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”
(Lucas 22:42).
En estas tres primeras peticiones la concentración en en la gloria de Dios: “tun ombre, tu
reino, tu voluntad”. Esto dicta las prioridades de un verdadero Cristiano. John Stott
expresó:
“Constantemente se nos presionan a conformanos al egocentrismo de la cultura secular.
Cuando eso sucede comenzamos a estar interesados en nuestro propio y pequeño
nombre (nos gusta verlo impreso en nuestro papel carta o encabezar los titulares en la
prensa, y lo defendemos cuando se lo ataca), en nuestro propio y pequel imperio
(mandando, infuyendo y manipulando a la gente para alimentar nestro ego), y en nuestra
porpia voluntad pequea y tonta (que siempre desea seguir su propio camno y se siente
contrariada cuando se la frustra). Pero en la contracultural Cristiana nuestro interés
prioritario no es nuestro nombrem reino y voluntad, sino los de Dios. Poder ahcer estas
peticiones con integridad es una prueba aguda de la realidad y profundidad de nuestra
profesión cristiana”.
Cuando oramos con ontegridad: “santificado sea tun ombre”, “venga tu reino” y “hágase
tu voluntad”, es renunciar a nuestro propio nombre, renunciar a nuestros propios sueos y
al imperio personal y renunciar a lo que queremos hacer nosotros.
Precisamos render nuestra vuluntad para conocer la voluntad de Dios:
“No sean tontos, mejor traten de entender cuál es la voluntad del Señor” (Efesios 5:17 -
PDT).
“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros
cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. 2 No os
conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro
entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y
perfecta” (Romanos 12:1-2).
No existe nada mejor que dar nuestra voluntad a Dios para que Él haga lo qye tenga que
hacer en cada vida.

3. PRESENTAMOS NUESTRAS NECESIDADES.

Jesús antes de enseñar el Padre nuestro dice las siguientes palabras: “No os hagáis, pues,
semejantes a ellos (refriéndose a los paganos y gentiles), porque vuestro Padre sabe de qué
cosas tenéis necesidad antes que vosotros le pidáis.
Ahora la oración experimentará un giro. Luego de decir: “tun ombre, tu reino y tu voluntad”,
dirá: “el pan nuestro”. Esto explica que a Dios le interesan nuestras necesidades. No es que él
no estñe enterado, pero lo quiere escuchar de nuestra boca. Él conoce perfectamente lo que
precisamos, pero como buen Padre, quiere escucharnos.

Ahora, habiendo expresado un adiente interés por su gloria, es el tiempo de expresar nuestra
humilde dependencia de su racia.

El uso del “nos”: “dánoslos”, “perdónanos”, “líbranos. El uso del “nos” en plurals porque este
pedido no involucre solo a mis intereses sino a una comunidad. Oro por una comunidad. No
oro egoistamente, sino por una comunidad.

Hay dos errores que cometemos en nuestras oraciones. El primero es poner nuestras
necesidades por sobre l gloria de Dios. Lo primero que hay que hacer en oración es darle la
gloria a Dios: “tu, nombre, tu reino, tu voluntad.”

Otro error común es pensar que Dios está muy ocuoado y que hay quienes necesitan más que
uno y que no se debe molestar a Dios con peticiones sin importancia, como si Dios no tuviera
la capacidad de oír todas las oraciones al mismo tiempo y contestarlas.

LAS TRES PETICIONES SOBRE NUESTRAS NECESIDADES SON LAS SIGUIENTES:

a. DÁNOSLO. “El pan nuestro de cada día, dánoslo”. Lutero expresó que en el pan está el
símbolo de todo lo que es primordialemnte necesario para esta vida. Por ejemplo, cuando
alguien trabaja, usa la expresión: “ganarse el pan”, no se hace referencia a que
únicamente se compra pan para comer, sino que es una alusióna todo el sustento básico.
Es decir, al mencionar al pan se refiere a toda la necesidad básica y cotidiana de los seres
humanos. En Filipenses 4:19.
Cuando decimos “danos el pan de cada día” somos concientes de que dependemos día a
día de Él para el sustento. Él es quién nos da el sustento, la fuerza pra trabajar, para
obtener lo que precisamos cada jornada de la vida: la ropa, la comida, el techo. Dios
provee. La gloria es de Él.
b. PERDÓNANOS. “Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a
nuestros deudores”. El evangelio de Mateo se escribió para una audiencia judía.
Principalmente Mateo pensó en que en primer lugar su texto llegue a los judíos y ellos
eran quienes consideraban al pecado como una deuda para con Dios. Y esa deuda fue
pagada por Jesús en la cruz. El único escritor gentil de todas las Sagradas Escritoturas es
Lucas. Por eso su evangelio es, rpioritariamente, para un público no gentil. Por eso dice
“Perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos
deben” (Lucas 11:4). El perdón es tan indispensable para la vida y a salud del alma, como
el alimento lo es para el cuerpo. Necesitamos tanto ser perdonados como perdonar a los
demás. Ese es el mensaje de Jesús aquí. Y nuestro pecado puede ser saldado solo en la
cruz del Calvario. Somos abolutamente dependientes del sacrificio de Jesús para el perdón
de pecados.
Cuando le decimos a Dios: “perdónanos nuestros pecados” es CONFESIÓN. Nos convierte
en CONFESANTES. Porverbios 28:13, dice: “El que encubre sus pecados no prosperará;
Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia”.
c. LÍBRANOS. “Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal”. La palabra giregas
peirasmós (πειρασμός) significa tanto “tentación” como “prueba”. En el griego bíblico
estas dos palabras sin sinónimos. Y esto no significa que Jesús nos lleva a la tentación de
pecar, como dice Santiago 1:13: “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de
parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie.” Por ello,
algunos eruditos en este pasaje proponen la palabra prueba: “no nos metas en pruebas”.
Si bien Dios no tienta a nadie, sí puede probar la fe de sus siervos (Job o Pedro so ejemplos
de ello -Lucas 22:32). Entonces existe l posibilidad que Dios nos introduzca en una prueba
con un propósito de bien y no de mal, para hacernos crecer en nuestra fe, pero nunca nos
llevaría a pecar.
Los eruditos de la Biblia proponen que el sentido de esta parte de la oración es: “no nos
dejes pecar cuando somos tentados”. La Nueva Traducción Viviente propone una
traducción interesante: “No permitas que cedamos ante la tentación,[
sino rescátanos del maligno” (Mateo 6: 13). Cuando el hijo de Dios pide: “no permitas
que caiga en la tentación” está expresando un anhelo de santidad. Tiene que ver con
pedirle a Dios la posibilidad de vivir una vida santa: “Seguid la paz con todos, y la santidad,
sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14).

El Padre nuestro no tiene necesidad de ser repetido de memoria, sino que significa un índice
acerca de cuál debería ser nuestro modo de orar a Dios. En resumen, oramos a un Padre que está
en los cielos, es decir, nuestro Padre con poder ilimitados. Y luego presentamos seis peticiones. Y
le decimos “santificado sea tu nombre”. Esto es adoración. Comenzamos adorando a Dios. Luego
le decimos: “venga tu reino”. El mensaje del reino fue el énfasis principal de la prediciacion de
Jesus. Como tercer pedido, le decimos: “que se haga tu voluntad”. Esto es interesarse priero por la
gloria a Dios. Tu nombre, tu reino, tu voluntad. Allí el hijo de Dios no dice: “mi nombre, mi reino,
mi voluntad”, sino que deseo que Dios sea exaltado sobre todo. Al decir “tu nombre”, no
convertimos en adoradores. Al decir “tu reino”, nos convertimos en súbditos. Al decir “tu
voluntad”, nos convertimos en siervos del Señor.

Luego el Padre nuestro tiene un giro y presentamos nuestras necesidades básicas. Decimos:
“dñanoslo, perdónanos, líbranos”. Aquí están las necesidades básicas y cotidianas de cada
persona. La primera tiene que ver con lo material, el sustento. Al pedir perdón estamos
expresando nuestra necesidad espiritual. Todos necesitamos el perdón de Dios. Cuando se le pide
a Dios que nos libre de pecar, se expresa una petición moral, un deseo de santidad.

El pasaje concluye con una doxología: “Porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los
siglos”.

David tiene un pasaje muy similar:

Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque


todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el
reino, y tú eres excelso sobre todos. Las riquezas y la gloria proceden de ti, y tú dominas
sobre todo; en tu mano está la fuerza y el poder (1 Corintios 29_11-12).
La Biblia dice que David era un hombre conforme al corazón de Dios (1 Samuel 13:14).
Aquí tenemos uno de los ejemplos de porqué se dice esto de él. Simplemente, vemos
cómo David sabía darle la gloria a Dios en oración.

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