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Au Malandro

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El rizado envía un mensaje a sus amigos e instantáneamente el

destino le hace la contra, haciendo que se estrelle con el cuerpo


del chico que lo había piropeado hace solo unos minutos, y ambos
caigan al piso, uno sobre el otro. Harry apoya sus manos en el
piso, a cada lado de la cabeza del que está recostado en el suelo, y
se eleva sólo un poco, dejando poca distancia entre sus rostros.
A Louis se le cruza por la cabeza la idea de besar al chico, es algo
que de verdad desea, jamás nadie lo había cautivado de esa
manera, y el que su profesor le estuviera dando el regaño de su
vida era su menor problema si hablábamos de la tentación que
estaba resistiendo con el rizado sobre su cuerpo.
El ojiverde quería mandar a volar esos estúpidos lentes de sol, que
no venían al caso en un día nublado como ese, pero claro que eso
no tenía nada que ver, él sólo quería descubrir la galaxia que se
escondía allí.
− ¿Me escuchan? Tomlinson y…−el profesor, que ya había
perdido la paciencia por completo, revisó su lista de alumnos
hasta encontrar el nombre de su nuevo alumno. −Harry Styles.
−Así que te llamas Harry. Es nombre de príncipe. −dijo Louis,
casi en un susurro que sólo escuchó el susodicho.
− ¡Levántense! −el rizado se vio obligado a reaccionar,
levantándose de un salto, mientras que el otro chico simplemente
se sentó en el suelo.
−Tendrán que hacer un trabajo práctico mucho más largo que el
que están realizando sus compañeros, por llegar tarde. Lo van a
hacer juntos, porque tal parece se pusieron de acuerdo para
interrumpir mi clase, y lo entregarán en dos semanas. −sentenció
sin más.

Louis se tropieza con una silla, cayendo redondo al suelo, y al


levantar la vista puede ver que ha ido a caer justo a los pies de
quien él quería, el rizado lo mira expectante.
—Buen día. –lo saluda el chico desde el piso.
—¿Ese es un ritual de bienvenida o algo así?
—Pues sí, pero sólo lo hago por los chicos que me interesan, y
eres un afortunado, porque es la primera vez que lo hago, así que
puede que haya salido un poco improvisado. –bromea, aunque ya
se ha acomodado en el piso y ha dibujado una sonrisa en su
rostro.
Harry se pierde en el intenso azul de los ojos del malandro, él se
los imaginaba de un marrón común y corriente, pero
definitivamente era todo lo contrario.
—Claro, sí, ¿tienes algún chamuyo más de manual?
—Para ti puedo sacar todo mi repertorio de chamuyos, príncipe.
—Tomlinson, ¿qué hace en el piso? Nunca lo había tan a las
órdenes de nadie como del señor Styles. –habla el profesor desde
el pizarrón, ninguno de los dos se había percatado de su presencia.
—Luego me dirás cuánto le pagaste para que dijera eso, Louis. –
le sonríe el rizado antes de que el chico revolee los ojos y se vaya
a su lugar, era increíble que siempre tuvieran que interrumpirlos
los profesores.

Harry caminaba hacia el aula magna, él se había quedado lejos de


todos los de sus clases que estaban cada quien con sus grupos de
amigos, apenas era el segundo día de clases y ya se sentía sólo en
aquel colegio, y era porque lo estaba, así que le sorprende
escuchar alguien gritar su nombre a sus espaldas, y aún más sentir
como alguien se cuelga de su espalda deteniendo su caminata.
—Harrito –la chica lo abraza aún más fuerte y el susodicho sonríe
al reconocer esa voz. Su amiga se separa de un salto, parándose
frente a él.
—Suncita. –el rizado no duda en envolverla en un abrazo, feliz de
volverla a ver luego de tanto tiempo. —Dios, te extrañé un
montón.
—Y yo a vos, no te imaginas cuánto. –ambos se balancean en el
abrazo, eufóricos. —¿Qué haces en mi colegio?
—Pues comencé las clases aquí ayer. –los dos fueron vecinos
hasta los diez años, cuando los padres del chico concretaron un
buen negocio que los llevó a la cima, cambiando por completo sus
vidas, e incluso sus viviendas, lo que los llevó a perder el
contacto, aunque tal parecía la amistad permanecía intacta.
—¿Aquí? Creí que tus padres te mandarían a colegios privados
por el resto de tu vida.
—Es una larga historia, ¿vas en el otro curso, cierto?
—Sí, estaba yendo a la reunión, ¿vienes?
Harry se sintió mucho mejor caminando hacia el aula magna con
su amiga, al menos sabía que ahora ya no estaría sólo en ese
colegio la mayoría del tiempo. Al llegar al lugar descubrieron que
la cantidad de alumnos superaba a la de las sillas, por lo que
algunos continuaban parados mientras que otros se habían sentado
en el piso, sin embargo, la reunión aún no comenzaba puesto que
el centro de estudiantes se estaba organizando. Los chicos
comenzaron a caminar por el lugar en busca de algún lugar vacío
que hubiera pasado desapercibido por la multitud
—¿No conociste a nadie aún?
—Mmm bueno, conocer lo que se llama conocer… hable con un
chico, Louis, me tiró unos chamuyos raros un par de veces, creí
que me quería robar la primera vez, y la segunda y tercera el
profesor lo retó por hablar en clases.
—¿Tomlinson? Lo conozco, hablamos un par de veces, es buen
chico ¿a qué te refieres con chamuyos?
—Pues me dijo que tengo nombre de príncipe, que si el anillo de
compromiso debería ser igual de verde que mis ojos, y hoy se
cayó literalmente a mis pies y dijo que era una técnica que sólo
usaba con los chicos que le interesaban, y que era la primera vez
que lo hacía. –al terminar su relato, el chico se aturde con el grito
que pega su amiga llamando la atención de varios.
—¿Y te gusta? Porque es lindo, no me puedes decir que no, y yo
hubiera caído desde el primer chamuyo.
—Se nota que es igual que todos amiga, es un chamuyo peor que
el otro, y además tiene toda la pinta de villero que dios…
—Pero es lindo, ¿no? –el rizado revolea los ojos pero una sonrisa
se le dibuja inconscientemente, está claro que lo es, pero no le
gusta que su amiga lo diga, ni mucho menos lo va a aceptar.
—Mejor busquemos un lugar o algo, no quiero pasarme la hora
parado.
Los ojos de Harry se abren sorprendidos cuando siente unas
manos alrededor de su cintura hasta dejarlo sentado sobre unas
piernas, sin soltar su cuerpo, y ve como su amiga en lugar de
ayudarlo, le guiña un ojo alejándose de ellos.
Louis abraza fuertemente la cintura del rizado, impidiéndole que
se levante.
—¿Qué haces
—Pues necesitabas silla, ¿no?
—Tus piernas no son una silla que yo sepa.
—Lo pueden ser para ti, bonito. O si quieres puedes sentarte en el
frío piso. –el chico suelta un suspiro resignado, tampoco es que en
ese lugar estuviese incómodo, pero devuelta, no iba a decirlo en
voz alta.
—No sabía que estabas aquí.
—Lo sé, por eso hablabas de lo lindo que soy, ¿no?
—¿Tienes cera en los oídos? Porque no recuerdo haberlo dicho.
—Tú no pero tu amiga sí, y no te gustaba que lo hiciera.
—¿Porqué aseguras eso?
—Porque vi como arrugabas la nariz cuando ella te lo preguntaba,
y también vi cómo sonreías mientras hablabas de mí.
—Pero estabas detrás de mí.
—Te espiaba por el costado, príncipe.
—¿Puedes dejar de decirme príncipe?
—Y tú puedes dejar de ser tan… tan… tan…
—¿Tan?
—Tan bonito, Harry. Le haces justicia a tu nombre.
—Sospecho que tienes un manual de chamuyos mental, es eso,
¿no?
—Pues puede que sí, pero cuando te tengo enfrente se me olvidan
todos, así que debo improvisar contigo si quiero conquistarte.
—¿Todo esto es porque quieres conquistarme?
—¿Te acabas de enterar?
—Pues no eres muy claro con las señales.
—O tu eres muy lento.
—No me vas a conquistar diciéndome lento.
—¿Y cómo lo haré?
—Pues en un principio, me gustan las citas al aire libre.
—¿Y qué más te gusta?
—Andar en bici, aunque hace mucho no lo hago. –lo suelta sin
siquiera pensar, está tan cómodo que ha respondido lo primero
que se le ha venido a la cabeza.
—Entonces, ¿te puedo pasar a buscar por tu casa el sábado, en
bici?
—No soy de decir sí a la primera, Louis.
—Pues te lo preguntaré hasta que digas que sí, Harry.

Harry y Louis pedaleaban sus respectivas bicis uno al lado del


otro, en dirección a un lugar que sólo Louis sabía dónde quedaba.
—Sabes que las citas tienen su parte divertida, Harry, ¿no es así?
—Pues a mi me divierte bastante andar en bici, no lo hacía hace
bastante tiempo.
—Esa es la parte que a ti te gusta, y yo cedí, así que también
tendremos que hacer algo que proponga yo. –explicó el ojiazul.
—Siento que en lugar de proponerlo, me lo estás imponiendo.
—Pues puede que sea así, de todas formas, ¿sí aceptas?
—¿Hacer algo que ni siquiera me has dicho qué es?
—Sí. Confía en mí. –el chico desvía la mirada de su camino para
mirar a su costado al ojiverde, que sonríe y asiente con la cabeza.
—Vista al frente, Louis. Te juego una carrera. –sin más, acelera
sus pedales adelantándose.
—¡Pero ni siquiera sabes adónde vamos!
—¡Pues me gritas cuando veas que llegué a la meta! –le dice el
chico ya mucho más por delante, riéndose. Sabe que hizo bien en
aceptar la salida, al final, Louis resultó no ser ningún
delincuente… ¿o sí?

Harry miraba el precio de las galletitas distraídamente, habían


entrado en el negocio de la ypf con la intención de comprar algo
para tomar y beber adonde sea que Louis lo estaba llevando.
El ojiazul se sobresalta cuando siente la mano del chico rodear su
brazo para arrastrarlo fuera del lugar haciéndolo correr, y no es
hasta que se percata de lo que el castaño lleva en su mano que
entiende el porqué huyen, sin embargo, no tiene tiempo de hacer
nada cuando su amigo sube a su bici y comienza a pedalear,
haciendo que él imite su acción por inercia.
El rizado espera oír la alarma de la ypf o algo, pero no lo hace, así
que lo atribuye a que ya se alejaron lo suficiente, y le calma un
poco no oír tampoco las sirenas de los policías siguiéndolos,
puesto que no hay tales policías.
Louis frena cuando llegan a un muro de unas pocas hiladas, y baja
de la bici, a lo que Harry también lo hace, un poco más alterado
que su compañero.
—¡¿Acabamos de robar?!
—¿Sientes la adrenalina?
—¡Mi legajo policial va a sentir la estúpida adrenalina! ¿Oyes
como late mi corazón? Pues okey, el tuyo no lo va a hacer por
mucho tiempo si no volvemos allá y nos disculpamos. –el
ojiverde se ríe un poco, acercándose al otro chico para apoyar su
mano en su pecho, intentando calmarlo un poco, cosa que no
funciona. —¡Voy a ir preso por robar algo que ni siquiera me
gusta! En realidad, por ser cómplice.
—Harry, dejé pagado el jugo de uva y las galletitas de antemano
con el dueño que es mi amigo, ¿porqué crees que no sonó ninguna
alarma antirrobo? –el suspiro de alivio que suelta el chico es
inigualable, y Louis no puede evitar soltar una carcajada.
—¡Te odio! Muchísimo, sos el peor, dios. Te odio.
—¿Y qué piensas hacer al respecto? Yo no dije que robamos,
simplemente salí corriendo, como lo hiciste tú cuando propusiste
una carrera por la que llevabas ventaja.
—¡No me des vuelta mis juegos!
—Pero es exactamente lo mis… –su frase se ve interrumpida
cuando Harry lo empuja contra el muro, atacando su estómago
con cosquillas.
—Jamás, pero jamás, vuelvas a hacer eso Tomlinson, porque juro
que… –la víctima de las cosquillas puede contra ellas, atrapando
las manos del chico y elevándolas, acción que le permite girarlos,
haciendo que la espalda del otro sea la que quede recostada contra
el muro.
—¿Que qué, príncipe? La próxima tendrás que cambiar la táctica
de las cosquillas, reemplazarla por… besos. –el ojiverde traga
saliva, nervioso, no le gusta ser quien está acorralado. —¿Cómo
te ves escalando?
—¿Qué?
—No es un muro tal alto, sólo tienes que apoyar tus pies en mis
manos e impulsarte, y listo, estaremos del otro lado.

Track: Ocho cuarenta by Rodrigo.


Harry.
Dejo la birome en la mesa y cierro el cuaderno, ya cansado de
todo el estudio.
—No doy más, hicimos la mitad del trabajo. –Louis me mira
enarcando una ceja, y dibujando una sonrisa en su rostro.
—Creí que tu sería el que no me dejaría dormir hasta terminar el
trabajo.
—Es domingo, y tengo hambre, ¿okey?
—¿Sabes que hago las mejores pizza de la Argentina?
—No soy de creer hasta no ver, la verdad. Y tengo muchísimo
hambre. –le digo, pidiéndole indirectamente que me lo pruebe.
No tengo que rogar demasiado, un rato después mi anfitrión está
amasando sobre la mesada mientras que yo, que no soy lo que se
dice un chef especializado, funciono de su asistente y de dj.
—Ponme un poco más de harina. –pide, sin dejar de amasar, ay
tengo que luchar contra el paquete cerrado, lucha que sin dudas
pierdo cuando el harina estalla por cielos, dejándonos totalmente
blancos a ambos.
Louis para de amasar para girarse y quitarme el paquete que ha
quedado con la mitad de su contenido apoyándolo sobre la
mesada, y acorralándome contra esta.
—Okey, príncipe, creo que mejor me observas desde el sillón.
—¿Me estás echando de tu cocina?
—Es exactamente lo que estoy haciendo ¿Qué piensas hacer al
respecto, Styles? –ni siquiera lo pienso antes de hacerlo,
simplemente agarro un puñado de harina desde mi espalda con la
intención de tirárselo a su rostro ya blanco, pero él es más rápido
atrapando mi mano a mitad de camino, momento exacto en el que
una de mis canciones favoritas de reproduce desde mi playlist.
—Tienes que ser más rápido, príncipe.
—Te odio.
—¿Me concedes esta pieza?
—Yo… –su repentina pregunta me saca de lugar, y no reacciono
hasta que él entrelaza nuestras manos y comienza a moverse,
obligándome a mí también a hacerlo. —¿Qué se supone que
hacemos?
—Bailar, tú sólo muévete. –sonríe, haciendo sus movimientos
más ágiles, y animándome a mí también a hacerlo. Llevamos
nuestra coreografía alrededor de la isla de la cocina, y cuando él
comienza a cantar el estribillo de la canción yo lo hago también,
uniendo nuestras voces en unos desafinados pero divertidos
gritos.
Con el último acorde de la canción, el ojiazul me da una vuelta, y
sus manos viajan hasta mi cintura pegándome a él
repentinamente, y dejando nuestros rostros a escasos centímetros.
—El amor puede más. –me guiña un ojo descolocándome por
completo

Louis.
Harry gira en su eje admirando el lugar donde estamos, me si
cuenta de lo que le gusta el cielo y la estrellas, y no podía no
enseñarle esto.
—Louis, me encanta todo esto, es hermoso pero… en cualquier
momento caerán tropas y tropas de policías para llevarnos
arrestados.
—Jamás me dejarás hacerte creer durante toda una cita que
estamos haciendo algo ilegal, ¿no?
—¿De qué hablas?
—Mi padre es dueño del planetario. –él enarca una ceja,
divertido. —Lo digo en serio, no tengo mucho contacto con él
pero le pedí las llaves y me las prestó.
—¿De verdad?
—Creo que tienes que mejorar mi imagen, principito.
—No me digas principito.
—Tú me dices, y me tienes agendado, como malandro. Creo que
estoy en todo mi derecho. –lejos de negármelo, ignora mi
comentario y se acerca al telescopio, donde yo aprovecho para
tomarle una foto.
Conforme la noche envejece, se va poniendo mejor. Al principio
observamos las constelaciones con el telescopio, luego sumamos
el helado que he traído y finamente nos tiramos cada uno en un
sillón, ya cansados.
—¿Porqué te cambiaste de colegio en el último año de
secundaria? –le pregunto, por pura curiosidad.
—¿Comenzamos con las preguntas profundas?
—Bueno, yo te conté sobre mi padre, creo que es lo justo.
—Me expulsaron del colegio al que iba. –suelta con total
tranquilidad.
—¿Así que me tachas a mí de malandro pero a quien echaron de
un colegio fue a otro?
—¡No hice nada ilegal! –se apresura a contestar. —Sólo que
tenían estúpidas reglas que nunca me molesté en leer.
—¿Cómo cuales?
—La de no besar a tu ex que te rompió el corazón en las escaleras
del colegio el primer día de clases. –a pesar de que habla rápido
logro entenderlo, y ver que él está atento a mi reacción.
—Todo un chico malo, Styles.
—Suelen decírmelo.
—¿Porqué besarías a tu ex?
—Fue un momento se debilidad, ¿bueno? Me echó la culpa del
beso a mí cuando fue él el que lo comenzó, y a él no le dieron
siquiera un castigo.
—Pues sí que es un tarado.
—Con todas, y cada una de sus letras, pero no importa, porque
ahora salgo con alguien que si pudiese le haría bullyng. –bromeo,
y él se ríe.
—¿Ah sí? ¿Sales con alguien?
—¡Basta! No empieces, no me refería a eso.

De alguna manera que Harry no lograba comprender, habían


recuperado el auto del remolque y ahora estaban a la fuga de una
patrulla de policías. Esta vez el delito era totalmente real, no había
lugar a dudas.
—¿Qué vamos a hacer? –pregunta el rizado, observando por el
vidrio trasero a quienes los perseguían por haberse robado por
segunda vez en el día el mismo vehículo.
—Los vamos a perder. –según la velocidad que utilizaba al
manejar, el ojiazul se veía determinado en su tarea, no iba a dejar
que los atraparan.
—Louis, ¡¿siquiera tienes sentido de la vida?! –gritó exasperado,
esto junto con la situación de que jamás le había hecho la
pregunta terminaron por hacerlo explotar.
—Sí, y me dice que no debemos ir a la cárcel. –un rato después,
frena bruscamente, descubriendo que ya han perdido a la patrulla.
—Sanos y salvos. –suspira pasando una mano por su cabello.
—¿A vos esto te parece sanos y salvos? Porque como no
devolvamos el auto pintado antes de que la profesora salga de
clases, nos va a matar.
—Nadie te obligó a que vengas Harry.
—¿Y qué se suponía que hiciera? ¿Dejar que cometas un delito
sólo?
—Era sólo una broma, la estúpida profesora siquiera se iba a dar
cuenta.
—Okey, está bien, la próxima voy a dejar que explotes el mundo
sólo. –se gira, mirando al frente, y se cruza de brazos enojado. —
Tampoco es como si fuéramos novios para acompañarte en cada
locura que cometes. –suelta sin pensar.
—¿No somos novios? –la voz de Louis se suaviza un poco,
pensando que quizá su amiga tenía razón en lo que decía. —
Harry, salimos hace un mes.
—Y jamás hiciste la pregunta.
—Tú lo dijiste, jamás hice esa pregunta. –no le gustaba decirle
todo eso de perfil, por lo que apoyo su cabeza en las piernas del
chico, haciendo que él baje la mirada conectando sus iris.
—¿A nadie?
—Pues no, pero tampoco tuve nada como lo que nosotros
tenemos, sólo supuse que lo éramos.
—Yo no quería suponer cosas erróneas. –la pareja parece haberse
olvidado la situación en la que estaban, inmersos en su propia
problemática.
—Entonces, sí hace falta la pregunta. –Harry no dice nada, pero
eso es una respuesta de todas formas. –Amor, ¿quieres ser mi
novio? –sonríe Louis, haciendo un puchero, casi rogándole.
—Perdón, no escuché, ¿qué dijiste? –consulta, sólo con la
intención de volver a oírlo.
—Que si quieres mi… –el ojiazul deletrea la palabra. –Novio, por
favor, di que sí.
—Obvio que sí amor. –agarra ambas mejillas del chico y se
inclina un poco para dejar un tierno beso en sus labios. —Pero
cuando quieras cometer algún acto de esos malandros que a vos te
gustan, antes ven conmigo.
—¿Para que me ayudes a resistir?
—Eso, o a planearlo bien en caso de que

Harry.
Lo que pensé que podría salir mal, salió horrible. Mi novio no
llegó a dar dos bocados cuando mis padres comenzaron con el
interrogatorio sobre sus aspiraciones en la vida, su posición
social, el trabajo de sus padres. Y cada una de esas preguntas
obtuvieron respuestas falsas y demasiado pretenciosas, estaba
claro lo que estaba intentando hacer: agradar a mis padres,
invitándoles un Louis que no existía, y no le estaba saliendo bien,
porque mis padres sólo aumentaban sus estúpidas preguntas.
No le pedí a Louis que hiciera todo eso, pero él asumió que era
necesario, y que era lo mejor, y quizá fue culpa de mis actitudes,
pero lo que yo de verdad quiero es que mis padres conozcan al
verdadero Louis, a quien realmente es, no un holograma
inventado.
Presiono la mano de Louis debajo de la mesa, haciendo que él
termine su monólogo sobre lo mucho que ama las matemáticas y
lo bueno que es en ellas. Otra mentira.
—Realmente, Louis escribe canciones. –comento, a lo que le
sigue un silencio sepulcral. —Y espera algún día publicarlas. –
sigo, dirigiéndole una mirada significativa.
—Claro, sí, en un futuro no tan lejano. –traga saliva, un poco
incómodo.
—La música no vale la pena, nadie llega lejos con eso. Mejor
céntrate en la empresa de tu madre. –opina mi papá.
—Su madre en realidad no tiene ninguna empresa. –muevo mi
silla hacia atrás. —Y Louis está intentando agradarles, pero yo
quiero que realmente conozcan al chico del que estoy
perdidamente enamorado, no al que ustedes creen que es perfecto
para mí.
—¿Nos está mintiendo en la cara? –pregunta mamá, totalmente
ofendida.
—Se equivocó, porque no tiene la obligación de caerles bien a
ustedes, pero creyó que sí, porque su opinión es importante para
mí, pero no lo suficiente como para no presentarles a mi novio por
menos dinero que él tenga.
—¿Ni siquiera tiene dinero? ¿O una posición social? Ya lo creía
yo, hablé muchas veces con el dueño del planetario y jamás dijo
nada de tener un hijo.
No sé qué responder a eso, y prefiero terminar la conversación
allí, porque vi cuando la expresión de Louis pasó de confusión a
tristeza, y no quiero seguir haciéndole peor.
—Nos vamos. –informo, saliendo de esa casa, y arrastrando a
Louis conmigo.
Louis.
Nos sentamos en el suelo de aquella montaña, sin saber cómo
iniciar la conversación, hasta que es él quien toma la palabra.
—Estuviste mal. –comienza, y me veo obligado a asentir con la
cabeza.
—Creí que era lo mejor. –alego, de todas formas.
—Está bien, pero sabes que no lo es, ¿no? –pregunta, uniendo
nuestras manos para entrelazar nuestros dedos. —Como les dije a
ellos, mi idea, y mi ilusión, no era que ellos conocieran al chico
perfecto para mí según su punto de vista, si no al que yo
considero que es perfecto para mí.
—Recuerdo que usaste otras palabras, ¿o me estoy equivocando?
—¿Cuáles palabras? –enarca una ceja, divertido.
—Esas de que estabas tan enamorado de mí como yo de vos –no
puedo resistirme más, y le robo un pico, a lo que él sólo sonríe.
—Pues sí, lo estoy, y no me importa si ellos o quien sea no te
aceptan o no te quieren, porque me basta con hacerlo yo, y con
que tú lo hagas conmigo también.
—Que bien entonces, porque me muero si no es así.
—Vamos a ir juntos, Louis. Hasta el final, sin importar nada, ¿es
así?
—Tenlo por seguro. –sonrío, uniendo nuestras bocas nuevamente
en un beso que sabe a promesa imposible de romper.
Luego de un rato, vemos como una aurora boreal comienza a
formarse a lo lejos, tiñendo el cielo de color verde y azul, y
transformándolo en una obra de arte casi tan linda como la que
tengo a un lado. Los colores me recuerdan al regalo que tenía
planeado darle luego de la cena que ya no concluyó como
esperábamos.
—Tengo un regalo. –le digo, poniéndome de pie, y ayudándolo a
él a hacerlo también.
—Muéstrame. –pide, emocionado.
—Okey. –acepto, rebuscando la cajita en el bolsillo del smokin,
para abrirla y sacar la cadenita que ahora cuelga en mis dedos. —
Tus ojos siempre serán mi camino de vuelta a casa, así que
quisiera que sepas que yo también seré el tuyo. —me esperaba
cualquier reacción, incluso que rompiera la cadenita, pero no que
se echara a reír como lo hizo —No, muy cursi, ¿no? –digo
rápidamente, pero antes de que pueda guardarla él se cuelga de
mi cuello para darme un beso.
—¿Quién te dio la idea? –pregunta, rebuscando en su mochila,
unos segundos después.
—La idea fue completamente… –me arrepiento de mentirle, y
decido ser sincero. —De Sun, lo acepto. —él finalmente saca una
cadenita exactamente igual, pero de color verde, el color de sus
iris.
—Es una boluda, nos dijo lo mismo a los dos. –se ríe,
abrazándome —Tú siempre serás mi casa, y tendrás mi corazón.
–susurra en mi oído.
Louis se acerca al rizado, y sin darle tiempo a nada, lo abraza por
la cintura, juntando sus cuerpos.
—¿Qué se supone que hac… –pregunta el rizado, sorprendido,
mirando a esos profundos ojos azules, pero su boca es atrapada
por la del contrario, cortando su frase a la mitad.
Los labios de Harry comienzan a moverse al compás de aquel
desconocido sin siquiera pensarlo, y sus manos sueltan la
asistencia y el jugo que le había comprado a su amiga, para
enterrar sus dedos en ese cabello castaño y así intensificar más el
beso.
Unos minutos después se separan buscando aire, y aunque el
ojiazul está apunto de soltarlo e irse sin mediar palabra, es el
rizado quién vuelve a besarlo, sólo para confirmar algo. Los
labios de aquel chico tenían sabor a menta, y eso era algo que le
encantaba.
Es el mismo Harry quien finaliza el segundo beso imponiendo
distancia, y ambos se agachan a levantar las cosas que
permanecían en el suelo, haciendo que sus manos se rocen al
intentar agarrar la cajita de jugo.
—Mi nombre es Louis. –se presenta.
—¿No crees que deberías haber comenzado por ahí? –pregunta,
irónico, pero el otro no tiene tiempo de responder, porque la
puerta del curso se abre, y la profesora sale al pasillo.
—Styles, ¿en qué se demora tanto? Solo le pedí que buscara la
asistencia. –se queja la mujer, y el ojiazul esconde el jugo detrás
de sus espalda. —Entre, por favor. Y usted debería volver a clase.
–se dirige al otro chico.
—Estoy en hora libre, profesora. –la mujer sólo asiente y entra
detrás de su alumno, cerrando la puerta.

—Supongo que si me seguiste, es porque tienes una respuesta. –


comienza la charla el señor Styles, seguro de sí mismo.
—Pues en realidad, sí la tengo.
—Bien. –el hombre saca su chequera del bolsillo junto a una
birome, y escribe un número sin consultar más, para tendérselo.
—Supongo que es más de lo que esperabas sacarnos, ¿o no? –el
ojiazul no puede evitar su sorpresa al ver tantos ceros juntos, y se
cuestiona si de verdad su plan podría funcionar mientras toma el
cheque en sus manos.
—¿Qué es eso? –la voz de su novio acercándose a ellos lo deja
estático, y los ojos del rizado están clavadas en el cheque, atónito.
—Yo no planeaba decírtelo pero… bueno, es lo que ves. –su
padre cierra la chequera, volviendo a guardarla. —Vamos adentro,
no verás más a este chico. –sentencia.
—Harry, por favor, hablemos una última vez. –pide el castaño,
rogando que la respuesta sea afirmativa, y casi suelta un suspiro
de alivio cuando el otro asiente con la cabeza, y el señor se aleja
sólo unos metros.
—Sólo te voy a pedir que me expliques qué es lo que sucede. –
pide Harry, conoce a su padre, sabe muy bien de hasta dónde es
capaz de llegar.
—Tenemos la plata para el productor musical del que me
hablaste. –Louis le pasa el cheque. —Yo… está claro que tu padre
me la ofreció a cambio de alejarme de ti, pero eso no es algo que
tenga planeado hacer ahora ni nunca. Sólo… con lo emocionado
que estabas con lo del productor creí que podríamos utilizar ese
dinero, podemos devolv… –su monólogo es finalizado a la mitad
cuando su novio estampa sus labios contra su boca, con una
sonrisa que ambos sienten.
4 AÑOS DESPUÉS
La primera edición de “Esto no es una relación falsa” se agotó en
menos de un mes, y la 13ava edición se dio en un lapso menos a
seis meses, convirtiendo aquel libro que tan sólo contaba la mitad
de nuestra historia en best seller.
El equipo Nacional tenía un nuevo jugador estrella, que anotaba
mínimo tres goles en cada partido, y que los llevó a ganar una
innumerable cantidad de copas, poniendo al equipo en un ranking
número 1.
Al segundo libro le fue igual, si no es que mejor que al primero,
las emociones que aquel escritor lograban transmitir a sus
lectores, e incluso a su novio, eran inimaginables.
Muchos equipos le hicieron propuestas al capitán del equipo
Nacional, y claramente él no dudó en jugar par a par con el
número 10 de Argentina, realizando su pasión día a día.
—¿Y luego que pasó, papá? –pregunta el niño sentado en la
alfombra en posición de indio, siento unos brazos rodear mi
cuello desde mi lado, y sonrío.
—Pues decidimos adoptarte a ti, y a esta preciosa bebé. –le doy
un beso tronado a su hermana, que jugaba con el sonajero en mi
regazo.
—Y ahora somos las personas más felices que alguna vez
vivieron. –sonríe Louis, dejando un beso en mis labios,
finalmente ambos cumplimos nuestra promesa, nunca nos
soltamos, y por sobre todo, jamás nos soltaremos.

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