José Luis Bustamante y Rivero:
BIOGRAFIA
José Luis Bustamante y Rivero nació en Arequipa
– Perú, el 15 de enero de 1894, abogado, político,
diplomático y escritor peruano. Descendiente de una
destacada familia arequipeña, sus padres fueron
Manuel José Bustamante y Barreda (abogado,
diplomático y fiscal de la Corte Suprema de
Arequipa) y María Victoria Andrea de Rivero y
Romero.
ESTUDIOS DE JOSE LUIS BUSTAMENTE Y
RIVERO
Se educó en Arequipa en el Colegio San José de los
padres jesuitas, de donde egresó en 1910. Cursó estudios superiores en la Universidad
Nacional San Antonio Abad del Cusco, donde se graduó de doctor en Letras en 1918 con su
tesis: «Reorganización de las universidades»; y en la Universidad Nacional de San Agustín de
Arequipa, donde se graduó
de bachiller y doctor en Derecho,
con las tesis: «Justicia militar» y
«Organización y procedimientos
de la justicia militar en el Perú;
comentario de los libros I, III y
IV del Código de Justicia Militar
de 1898», respectivamente. Se
recibió de abogado. Años
después se graduó de doctor en
Ciencias Políticas y Económicas,
con su estudio sobre «El arbitraje
peruano-chileno ante el Derecho
Internacional» (1929).
OBRAS DE JOSE LUIS BUSTAMANTE Y RIVERO: En sus años de universitario
compuso poesía; sus versos eran contemplativos y ceñidos a las formas convencionales. En un
concurso promovido por el diario El
Heraldo mereció un reconocimiento por su poema a la
«Ciudad que fue», dedicada a la antigua Arequipa
(1918). Sus poesías sentimentales y finas, como
«Serenata de Antaño», «Cantares», «La Chacra», y
otras, se conservan en la colección folklórica de
Arequipa.
Pero sería en el campo del derecho donde más destacaría. Su talento jurídico fue reconocido
rápidamente, mereciendo en 1919 el primer premio en el concurso convocado por el Colegio
de Abogados de Arequipa, por su «Proyecto de Ley de Juzgados de Paz».
VIDA POLITICA
Se casó en 1923 con María Jesús Rivera, con quien tuvo a sus hijos Beatriz y José Luis.
Fue catedrático de la Universidad Nacional San Agustín de Arequipa (1921 y 1934), y apoyó
activamente el golpe de Estado que derrocó al gobierno autoritario de Augusto Bernardino
Leguía, fue quien escribió la elegante carta a Augusto B. Leguía, en la que el caudillo del
levantamiento, Luis Miguel Sánchez Cerro, le exigía su renuncia. Luego de ello, fue
designado ministro de Educación en el gobierno de facto de Luis Miguel Sánchez
Cerro (1930) y embajador en Bolivia y Uruguay.
José Luis Bustamante y Rivero juramentó la
presidencia del país el 28 de julio de 1945. Su primer
vicepresidente era el poeta José Gálvez Barrenechea.
Su primer gabinete ministerial lo presidió el
arequipeño Rafael Belaunde Diez Canseco.
José Luis Bustamante y Rivero deseaba que
imperara en el Perú una democracia auténtica, con
reformas sociales que llegaran a todos sus habitantes.
Pero desde el primer momento tuvo que enfrentar
problemas económicos y sociales, como consecuencia
de la segunda guerra mundial que por esos días ya
finalizaba. Escaseaban los productos alimenticios;
había dificultades para el desarrollo de las industrias
nacionales; escaseaba la moneda extranjera, entre
otras situaciones que acentuaron la crisis económica
que ya se perfilaba desde el final del primer gobierno
de Prado, trayendo como inevitable secuela el malestar social.
CRISIS POLÍTICA EN SU GOBIERNO
En el aspecto político, tardó en ocurrir la ruptura del Frente Democrático Nacional, pasando
uno de sus más importantes integrantes, el Partido Aprista, a hacer una desaforada oposición
al gobierno desde el Parlamento, al ver que el presidente se negaba a someterse a su voluntad.
También sufrió la oposición de la oligarquía tradicional, que miraba con malos ojos los planes
renovadores de José Luis Bustamante y Rivero, así como a algunas de sus políticas
económicas, como el control de cambios, que afectaba directamente a los bolsillos de los
exportadores.
El malestar político llegó a su punto culminante con el asesinato de Francisco Graña Garland,
un importante empresario que era presidente del directorio del diario La Prensa (7 de enero de
1947).
Como dicho diario realizaba entonces una
persistente campaña antiaprista, se acusó
del crimen a los apristas. El sector
antiaprista, encabezado por Pedro G. Beltrán, arremetió entonces contra el aprismo,
comparando el homicidio con el de Antonio Miró Quesada de la Guerra, el director de El
Comercio, que fuera victimado por Carlos Steer Lafont, un joven aprista, en 1935.
El «crimen Graña» significó el comienzo de la ruptura entre Bustamante y el APRA. El
gabinete ministerial que presidía el doctor Julio Ernesto Portugal renunció y se conformó otro,
presidido por el contralmirante José R. Alzamora.
La crisis política llegó a un momento crucial al producirse una inusitada huelga parlamentaria,
manipulada por un grupo de senadores denominados «independientes» (antiapristas), quienes
se negaron a concurrir al Senado el 28 de julio de 1947 para instalar el Congreso de ese año.
La Constitución establecía que ambas cámaras del Congreso, la de senadores y la de
diputados, debían funcionar simultáneamente; de lo contrario, se producía el receso
parlamentario. José Luis Bustamante y Rivero gobernó entonces sin Parlamento, pues no
podía hacer otra cosa, y el APRA lo acusó de haber maquinado todo ello para inmovilizar a la
oposición.
CRISIS ECONÓMICA-SOCIAL EN SU GOBIERNO
En el aspecto económico se produjeron serias dificultades. La inflación crecía y los salarios
perdían su poder adquisitivo. Continuó la escasez de productos de primera necesidad, que solo
podían obtenerse en los “estanquillos” si se presentaba el carné de militante aprista. Se hacían
colas desde tempranas horas de la madrugada para poder adquirir aceite, arroz y otros
productos de primera necesidad.
Frente al malestar social, que se manifestó en huelgas, Bustamante aplicó una política de
asistencia social, de inspiración aprista. Por ejemplo, subsidió los productos de primera
necesidad, es decir importó alimentos para venderlos directamente al consumidor a precios
más bajos de los normales. Esto solo produjo especulación y la inevitable corrupción.
Todo lo cual significó un peligroso crecimiento del gasto público, sin ampliarse la
recaudación tributaria. Otras medidas aplicadas por Bustamante, como el control de cambios
y los controles de precios, no variaron la aguda situación. Por su parte, los exportadores (el
famoso “clan exportador” de oro, algodón, lana, arroz y azúcar) reclamaron la eliminación
total del control de cambios y de la restricción de las importaciones, que les afectaba
directamente a los bolsillos; al ver frustrados sus deseos, tramaron el golpe de Estado con los
militares.
Derrocamiento
El golpe de Estado de Manuel A. Odría el 29 de octubre de 1948. En junio de 1948, Manuel
A. Odría, junto con el resto del gabinete militar y otros elementos de la derecha, insistieron al
Presidente Bustamante para que pusiera fuera de la ley al APRA, clausurara sus locales y
periódicos, encarcelara o desterrara a sus líderes. Como el presidente rehusó tal exigencia, el
gabinete en pleno dimitió. Quedó planteada así la crisis política, entre el gobierno y los
militares. Estos, alentados por el sector agro-minero exportador, opuesto al control de
cambios aplicado por Bustamante, tramaron dar un golpe de Estado, mientras que los apristas
planeaban otro golpe propio.
Elementos del ala izquierda aprista fomentaron
la rebelión de la marinería en el Callao, que fue
aplastada sangrientamente (3 de octubre de 1948).
Bustamante puso fuera de la ley al partido aprista, pero
ya era muy tarde.
El 27 de octubre de 1948, Odría, a la cabeza de la
guarnición de Arequipa, se levantó en contra del
gobierno, proclamando una “Revolución
Restauradora”. Otras guarniciones importantes, como
la del Cuzco, dudaron en plegarse, pero el triunfo del
movimiento se decidió cuando la guarnición de Lima, al mando del general Zenón Noriega se
sumó a Odría. Bustamante, que se negó a renunciar, fue trasladado a la fuerza al aeropuerto de
Limatambo y subido en un avión con destino a Buenos Aires, Argentina.
Bustamante declaró posteriormente que el fin de la democracia fue causado por el bloqueo
que su gobierno sufrió por parte de un partido como el aprista, demagógico y hegemonista, así
como de parte de una oligarquía feudal y reaccionaria.
Retornó al Perú el 9 de
febrero de 1956, lo que
constituyó un gran
acontecimiento. Luego de dar
dos mítines en la Plaza San
Martín de Lima y la Plaza de
Armas de Arequipa, se pensó
que postularía a la presidencia
en las elecciones de ese mismo
año, pero declinó tal honor,
dedicándose exclusivamente a la
vida intelectual y a su labor
profesional.
En 1956 fue incorporado a
la Academia Peruana de la Lengua, y su discurso de orden se tituló “Estudio histórico-crítico
del lenguaje y de la obra de Francisco García Calderón”, correspondiendo a Aurelio Miró
Quesada Sosa la respuesta a nombre de la academia. Dicho ensayo fue impreso en 1959.
En 1960 fue elegido decano del Colegio de Abogados de Lima. En 1961 fue designado
miembro de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, de la que fue presidente
de 1967 a 1970. En 1968 fue incorporado a la Academia Nacional de la Historia, ocupando la
plaza dejada por Luis Antonio Eguiguren.
Murió en Lima en el Hospital Militar el 11 de enero de 1989, pocos días antes de cumplir 95
años de edad. Gobernaba entonces en el Perú Alan García, primer y único presidente aprista
de la historia. Sus restos descansan en el Cementerio Municipal de Surquillo.