Las Artes Marciales
Las Artes Marciales
RESUMEN
Las artes marciales son ejercicios para el cuerpo, la mente y el espíritu que
mayoritariamente se originaron en Oriente e incluyen boxeo y autodefensa. Se han
practicado desde hace más de 42 siglos, se han dividido en muchas disciplinas a lo largo
de este tiempo y son practicadas en la actualidad a lo largo de todo el mundo. Las artes
marciales más populares en número de practicantes son de origen chino y japonés. En
este trabajo exponemos las características del Judo, el Karate y el Wushu con un enfoque
histórico, fisiológico, psicológico-motivacional y deportivo, orientado a las ciencias de la
salud. De esta forma, esperamos que un mayor conocimiento sobre estas actividades
propicie un mayor entendimiento acerca de su historia, cuáles son los motivos para
practicarlas y los beneficios que pueden suponer para el usuario a profesionales de
diferentes áreas y a la sociedad en general.
INTRODUCCIÓN:
Las artes marciales son ejercicios para el cuerpo, la mente y el espíritu que
mayoritariamente se originaron en Oriente e incluyen boxeo y autodefensa. En el mundo,
hay alrededor de doscientas disciplinas, y cada una posee escuelas (llamadas estilos o
sistemas), filosofías de entrenamiento y facetas propias que las hacen únicas (Bu et al
2010), todas, con el común objetivo de mantener al usuario a salvo de un ataque físico.
No se conoce con seguridad cuando aparecieron, pero se sabe que no son resultado del
esfuerzo de un individuo creador de la técnica, sino que se desarrollaron por varias
generaciones de practicantes de artes marciales, que fueron perfeccionando y
diferenciando las disciplinas y los estilos a lo largo del tiempo hasta ser técnicas efectivas
(Villamón-Herrera 2003).
Las artes marciales asiáticas son diferentes de las del resto del mundo. Hay mucho más
que aprender de ellas que la pura utilización de las técnicas de combate; el espíritu del
que las practica también debe entrar en acción. Se basan en un concepto holístico del
individuo y suelen enfatizar la importancia de que uno sea un todo con el mundo que le
rodea. Este tipo de filosofía se suele integrar con las técnicas de combate mediante
ejercicios de respiración que deben estar coordinados con el movimiento. Su desarrollo
recibió una gran influencia del contexto geográfico, étnico, político, militar, económico,
filosófico y religioso del lugar y momento en el que se desarrollaron (Bu et al 2010;
Villamón-Herrera 2003; Terry 2006). Es precisamente la influencia de las filosofías y
religiones, lo que hace que algunas de estas disciplinas tengan un trasfondo mayormente
espiritual. En su origen, era muy importante transmitir valores espirituales y morales,
quedando relegada la victoria en el combate. De esta forma, se inculcaba el código moral
y el dominio de uno mismo, uno de los medios de auto-control de los practicantes de las
artes marciales.
Las mayores influencias religiosas provienen del budismo y el taoísmo (Bu et al 2010;
Villamón-Herrera 2003). El budismo se centra en el esfuerzo individual para conseguir el
autodominio, la autorrealización y la iluminación (Bu et al 2020), mientras que el
taoísmo se enfoca en alcanzar la inmortalidad (concebida como una longevidad extrema
en plenitud y sin achaques). La influencia más acusada de estos y otros elementos
filosófico-religiosos, hace que los estilos de artes marciales puedan llegar a tener una
carga espiritual muy importante. Las circunstancias históricas provocaron que muchos
estilos se enseñaran en secreto, ya que surgieron en épocas en las que la población civil
tenía prohibido combatir o portar armas, por lo que se tuvieron que desarrollar técnicas
que adaptaban los aperos de labranza a su uso como instrumentos de ataque y/o defensa
(Terry 2006). Sin embargo, en otros tiempos y lugares, se fomentaba que cada hombre de
la región fuera capaz de formar parte del ejército, por lo que hay muchos otros que son
marcadamente militares y usan armas de la milicia propias de diferentes épocas.
Su origen geográfico no está claro todavía. Se cree que podrían haber nacido en la India
para luego perfeccionarse en China (Bu et el 2010; Villamón-Herrera 2003). La leyenda
cuenta que fue el monje budista Bodhidarma (fundador del budismo zen) la persona que
llevó las artes marciales de un país a otro en el siglo VI d. C. (Tsang et al 2008) y
desarrolló un estilo propio (Wushu Shaolín) en el monasterio de Shaolín alrededor del
año 520 d. C. (Burks y Satterfield 1998) mientras introducía el budismo en China. Sin
embargo, los primeros indicios datados de artes marciales en China se remontan al año
2600 a. C. (Koh 1981), mucho antes de la introducción del budismo en este país, por lo
que Bodhidharma no podría haber introducido las artes marciales en la nación, aunque se
le podría conceder haber sido el primer maestro de un estilo nuevo de Wushu. Es muy
posible que estas disciplinas se originasen en la India con el Kalarippayatt, un arte
marcial originario del sur del país y, aunque no puede datarse su origen con exactitud, sus
principios son realmente parecidos a los de las artes marciales chinas. Algunos ejemplos
serían los movimientos de imitación animal, las técnicas que basan su efectividad en la
anatomía corporal y en la energía interna, la importancia de la tradición y la necesidad de
traspasar los conocimientos a las jóvenes generaciones (Villamón-Herrera 2003).
En la actualidad, estas actividades se practican en gimnasios por todo el mundo; se estima
que a nivel mundial alrededor de 100 millones de personas realizan algún tipo de arte
marcial (Bu et al 2010). Se encuentran entre los 10 deportes más practicados ocupando el
segundo lugar solo por detrás del fútbol si tomamos en cuenta los deportes organizados
(Villamón-Herrera 2003).
En los EEUU, en el año 2007, los practicantes de artes marciales se cifraban en 6.5
millones; en este país hubo un incremento del 28% de participación de jóvenes entre el
2000 y 2004 (Woodward 2009). Estos deportes no fueron muy conocidos en occidente
hasta los años 60, con la inclusión del Judo como deporte olímpico en Tokio (1964), lo
que impulsó extraordinariamente su popularidad, además, contribuyeron a ella otros
factores como la emigración de ciudadanos chinos y japoneses a occidente, la
permanencia de tropas militares aliadas en Japón y Corea tras la Segunda Guerra
Mundial, el elevado prestigio socio-económico de Japón y otros países del bloque del
Este asiático, o el descubrimiento por parte de los occidentales de la cultura oriental
(Villamón-Herrera 2003).
Según datos de las federaciones, el Judo apareció en España en los años 50, gracias al
maestro Alfredo San Bartolomé, proveniente de Perú; y el Karate hizo su debut en los
años 60 gracias a maestros orientales que se instalaron en España y la los judokas:
Manuel Palacios y Luis Zapatero. Ambos deportes comenzaron como parte de la
Federación Española de Lucha; desde entonces, muchos judokas y karatekas se dedicaron
a entrenar en estos deportes bajo el amparo de las federaciones. Por el contrario, los
orígenes del Wushu en España no son tan claros. Los maestros más experimentados
cuentan que llegó a España entre los años 1973 y 1975 con el cine de artes marciales (Un
ejemplo es “Karate a muerte en Bangkok”, estrenada en España en 1973). En esos
momentos no había maestros de Wushu, por lo que practicantes de Judo, Karate, Tae
Kwon Do y lucha, empezaron a copiar los movimientos que veían en la pantalla y a
desarrollar estilos propios. Ya en los años 80 arribaron los primeros maestros de China de
la zona de Hong Kong y Henan, para emprender la enseñanza de auténticas artes
marciales chinas (estilos del sur y del norte respectivamente). Cabe destacar la labor del
maestro Fang Xing Ming, que al llegar a España comenzó a impartir clases de Wushu
gratis, en el madrileño Parque del Retiro. De esta forma hubo españoles que iniciaron el
aprendizaje de artes marciales chinas y viajaron hasta ese país para formarse a partir del
año 1986.
Según Miguel Villamón Herrera (2003), es muy probable que por esta entrada en
occidente en el siglo XX, las artes marciales se hayan dividido en varias corrientes. De
este modo, deben diferenciarse la corriente tradicional y la no tradicional. En la corriente
tradicional se busca la unidad y la coordinación entre el cuerpo y la mente, la auto-
transformación (Woodward 2009), y en la corriente no tradicional se pone énfasis en los
ejercicios físicos. Esta corriente no tradicional se podría subdividir en una corriente
utilitaria, que ejercita la aplicación de las técnicas de pelea y la defensa personal; y en
una corriente deportiva, que considera a las artes marciales como simples deportes que
aportan efectos beneficiosos para el organismo y, por lo tanto, se practican dentro de los
límites permitidos por las normas de cada modalidad.
Los practicantes de estas disciplinas defienden que son realmente útiles a la hora de
aumentar la confianza en uno mismo y el bienestar psicológico. Además, una mayor
implicación en las artes marciales tradicionales está relacionada con un considerable
decrecimiento en la agresividad que es persistente y que aumenta con los años de
experiencia. Este fenómeno podría explicarse al conocer que los métodos tradicionales
dan más importancia a la práctica de las katas (sin contacto), sancionan el contacto con
fuerza excesiva en el combate y deben el respeto acordado al maestro, al uniforme, al
lugar de entrenamiento y a los compañeros (Daniels y Thornton 1992). Los usuarios
suelen verlas como un camino hacia el conocimiento interior, ya que muchas disciplinas
y sobre todo las tradicionales, suelen incorporar entrenamiento en meditación y
respiración, además de tener lugar en un ambiente donde reinan la disciplina, el auto-
respeto y el respeto al compañero. Este tipo de prácticas promueven la autoestima, la
relajación, la coordinación cuerpo-mente, el buen control de la ira, el bienestar, y
disminuyen la depresión e insomnio. Estos deportes también promueven la concentración
y la atención, ya que se les pide a los alumnos que se concentren activamente en un
ejercicio físico intenso, que sigan órdenes visuales y auditivas así como que practiquen en
un ambiente controlado y disciplinado. No se puede olvidar que los participantes deben
usar técnicas desarrolladas para causar daño (pero en un ambiente controlado)
(Woodward 2009). En practicantes de Judo y Karate, se ha visto una correlación entre el
nivel de ansiedad ante competiciones o combates y el nivel de agresividad así como entre
el número de heridas recibidas y la agresividad verbal. Un estudio reciente en
adolescentes de 11 a 19 años muestra que los niveles de ira son mayores en judokas que
en karatekas, con diferencias significativas (Ziaiee 2009; Twemlow, Lerma y Twemlow
1996).
División de disciplinas
Las artes marciales se pueden dividir de distintas maneras atendiendo a diversos criterios:
1. En cuatro grandes grupos según las técnicas utilizadas (Terry 2006), aunque hay que
tener en cuenta que lo más común es que las características de todos estos grupos se
vean mezcladas en mayor o menor medida en todos los estilos:
3. Las de golpear y las de agarrar. De esta forma, se puede resumir que el Judo es un
deporte de agarre con un énfasis técnico en proyecciones dinámicas y presentaciones,
el Karate es un ejercicio de golpeo con importancia técnica en puñetazos y patadas; el
Wushu es un ejercicio de golpeo con hincapié técnico en puñetazos, patadas y
acrobacias (Nishime 2007).
Los entrenamientos
Terry (2006), describe los métodos de entrenamiento que en general pueden ser
individuales o en grupo y que pueden necesitar equipamiento o no. Típicamente, y de
forma amateur, las clases pueden darse de 2 a 4 veces por semana; pueden estar divididas
por nivel y experiencia, suelen empezar con un calentamiento y una sesión de
estiramiento que va seguida de la práctica de las técnicas de combate y formas, de manera
repetitiva y estructurada. La atención individual se produce cuando se necesita; es la
experiencia del alumno lo que determina el grado de dificultad y detalle de las técnicas
que realiza. Normalmente, los entrenamientos acaban con un combate libre en el que los
estudiantes son emparejados por peso y talla, de una forma similar a como son
emparejados en las competiciones.
Cada maestro en particular establece los tiempos para cada parte de la rutina que son muy
variables y, en gran medida, dependen del tiempo disponible para los entrenamientos; el
calentamiento puede rondar entre los 10 y 30 minutos (estiramientos incluidos), la
práctica de técnicas de combate y formas de 20 a 40 minutos y el combate de 10 a 30
minutos.
El calentamiento consiste sobre todo, en estiramientos y ejercicios aeróbicos ligeros. Se
suelen realizar ejercicios de calistenia tales como saltos, carreras, flexiones, abdominales
y ejercicios parecidos que permiten al practicante conseguir una buena condición física.
Las técnicas básicas de las artes marciales son comunes a casi todos los estilos e incluyen
bloqueos, golpes, volteretas, agarres y proyecciones, así como ejercicios que entrenan la
coordinación, el equilibrio, la velocidad, la sincronización y otras habilidades necesarias
para practicar estos deportes. Todas las partes del cuerpo pueden ser usadas para el ataque
y la defensa; los golpes, bloqueos y agarres suelen realizarse con los miembros superiores
e inferiores. El miembro superior suele usarse para golpear, agarrar o bloquear. La mano
suele usarse en posición de puño o extendida aunque hay una gran variedad de formas en
las que puede posicionarse para atacar o defender. Los dedos también se usan para
golpear, siendo su posición en “punta de lanza” la más común para alcanzar este objetivo.
Las eminencias tenar e hipotenar de la mano se suelen usar para golpear de canto,
mientras que son las partes radiales y cubitales de los antebrazos las que llevan a cabo la
mayoría de los bloqueos, éstos, se realizan de forma superior, inferior o a los lados,
pudiendo ser las técnicas muy estrictas en cuanto si se diferencia el cúbito o el radio
como hueso con el que se realiza el bloqueo. Otras partes del brazo tales como el
antebrazo y el codo también se usan para golpear, así como los nudillos y el dorso de la
mano. Las técnicas básicas de piernas incluyen patadas en todos los ángulos y
direcciones, paradas, barridos y golpes con las rodillas, las espinillas y varias partes del
pie. Las caídas, ya sean accidentales o tras recibir una técnica son muy comunes; saber
cómo caer bien es una parte muy importante del entrenamiento. Dominar estas técnicas
da la oportunidad a los practicantes de artes marciales de evitar lesiones en los
entrenamientos y competiciones. Aunque cada estilo enseña y utiliza un modo de caída,
los principios son similares. Es importante cerrar la boca con los dientes apretados para
no morderse la lengua. Las volteretas no acrobáticas suelen utilizarse para evadir un
ataque o una llave; si se pierde el equilibrio en algún momento, éstas evitan lesiones y
caídas no planeadas, se pueden hacer hacia delante, hacia atrás o a los lados.
Las katas o formas son comunes a muchas disciplinas. Definidas básicamente, son series
de movimientos unidos en un patrón memorizado. Normalmente, cuanto son de mayor
dificultad, el estudiante debe tener también un mayor nivel para realizarlas. Se
desarrollaron cuando diferentes maestros de cada estilo incluyeron sus técnicas favoritas
en un patrón ordenado. Estas técnicas tenían por objetivo desarmar mediante el golpeo de
puntos de presión, dejar sin sentido o incluso matar al oponente. Hoy en día se usan para
reforzar el aprendizaje de las técnicas de combate y enseñar cómo se pueden enlazar entre
sí, aparte de ser un ejercicio que mejora la coordinación tanto de forma individual como
en grupo. También se utilizan para mejorar la agilidad, la fuerza, la condición física y el
aprendizaje del ángulo y dirección apropiados de cada técnica. Cuando se hacen en
grupo, deben hacerse en total sincronización, para lo cual los practicantes deben usar la
visión periférica y el sentido del oído para no adelantarse o retrasarse. Hasta la
respiración debe darse a la vez.
LAS ARTES MARCIALES CHINAS
Orígenes y actualidad
El Wushu ha tenido mucha influencia de los elementos místicos y religiosos, tales como
el simbolismo natural. Las artes marciales chinas (taoístas y budistas) imitan a los
animales y a los fenómenos naturales. Además de la forma de golpear (con las manos en
forma de zarpa de tigre o garra de águila) alterna movimientos suaves y lentos con otros
fuertes y enérgicos, posiciones altas y bajas, imitando los opuestos que se dan en la
naturaleza. Las dos escuelas más importantes se originaron en monasterios de dos
religiones diferentes: Shaolin (budista) y Wudang (taoísta). El monasterio de Shaolin
normalmente se ha relacionado con su origen y con todo el Wushu en general,
exceptuando las formas internas, pero el estilo de Shaolín es sólo uno de los muchísimos
que forman este arte marcial. La escuela de Wudang es famosa por ser el origen del
Taichi y los estilos internos, pero en realidad el Wushu taoísta tiene una importante
contribución a los estilos externos siendo el origen de muchas formas y movimientos de
combate, así como el Wushu budista también posee estilos internos propios.
En el siglo XVI se distinguieron por primera vez los estilos internos y externos dentro de
las artes marciales chinas (Villamón- Herrera 2003).
Hay pocos estudios sobre los estilos externos, aunque sí que hay mucha literatura referida
a los estilos internos y, sobre todo, en relación a los beneficios para la salud (Terry 2006).
Orígenes y actualidad
Las artes marciales en Japón estuvieron muy fuertemente influenciadas por el taoísmo
proveniente de China (Villamón-Herrera 2003).
El concepto del Tao, el “Do” en japonés, que significa camino, fue tomado por los
japoneses y transformado por las creencias locales, tales como el Sintoísmo, por las
necesidades sociales y políticas de la clase social dominante en una forma de ver la vida,
y una vía que hay que seguir en ella. Así se persigue una forma de vida mejor y una
necesidad de mejorar día a día que nos hace seres humanos completos. Uno debe alcanzar
un estado natural sin ostentación, inseguridad o afectación que nos lleve a relacionarnos
mejor con los que nos rodean.
Entre el siglo X y el XII la clase dominante tenía una fuerte presencia de bushi (samuráis)
o guerreros, por lo que la tradición marcial tenía un lugar muy importante en la sociedad.
Estos guerreros condicionaron el desarrollo de las artes marciales en Japón, y entre los
siglos XIV y XVI se perfeccionaron en centenares de escuelas.
Para entender la evolución de las artes marciales japonesas hay que diferenciar entre
Budo y Bujutsu, así como entre si son clásicas o modernas. El Bujutsu clásico es el
conjunto de sistemas de lucha desarrollados desde el siglo X al XVI para ser empleados
por guerreros en el campo de batalla. Se desarrollaron de forma práctica para la guerra y
hasta la restauración Meiji de 1868. Estaban reservadas exclusivamente a la aristocracia.
Algunos ejemplos son el Kenjutsu (arte de la espada), Kyujutsu (arte del arco) o Iaijutsu
(arte del duelo). El Budo clásico nace a partir del siglo XVII tras un largo periodo de paz
como un conjunto de disciplinas espirituales no tan orientadas al combate. Son formas de
auto-perfeccionamiento con un fuerte contenido filosófico. Muchas disciplinas de
Bujutsu evolucionaron a disciplinas de Budo, de tal forma que del Kenjutsu surgió el
Kendo (camino de la espada), y del Kyujutsu y el Iaijutsu nacieron respectivamente el
Kyudo (camino del arco) y el Iaido (camino del duelo). Entre los estilos del Budo se
encuentra el Jujutsu (arte de la flexibilidad), un estilo ofensivo-defensivo de mano vacía
que incluye puñetazos, patadas, proyecciones, luxaciones, llaves y estrangulaciones y al
que se considera precursor del Judo, el Karate, el Aikido y otras artes marciales japonesas
modernas. Aunque el Bujutsu clásico y el Budo clásico se parecen en la forma, es el
fondo el que los diferencia.
KARATE-DO
Orígenes y actualidad
La isla de Okinawa siempre ha tenido un lugar estratégico entre China y Japón. Por ello,
esta isla se ha podido beneficiar de un intercambio cultural, político y militar importante.
Puede que marineros okinawenses que viajaran a China aprendieran allí técnicas de
lucha, así como familias emigradas de China que se instalaron en Okinawa en 1392
pudieron llevar conocimientos de Wushu (Arriaza 2009).
Todos estos conocimientos sirvieron de base para el Karate cuando en la década de 1470,
la isla de Okinawa fue ocupada por los japoneses y todas las armas fueron prohibidas.
Con la intención de protegerse, la gente de Okinawa secretamente desarrolló un sistema
de lucha que utilizaba las manos y los pies (Arriaza y Leyes 2005) y permitía a los
soldados luchar y golpear a través de sus armaduras de bambú; además, se podían usar
los aperos de labranza como armas (McLatchie 1981). Algunas de ellas son el bo (palo
largo), nunchakus (dos palos conectados por una cuerda o cadena) o sai (daga sin filo
pero con punta, con dos largas protecciones laterales también puntiagudas unidas a la
empuñadura) (Terry 2006).
El Karate-Do (Camino de la mano vacía) había nacido de una manera secreta. Fue
ocultado a los japoneses por parte de los okinawenses hasta los inicios del siglo XX,
cuando en 1922 el maestro Gichin Funakoshi fue requerido por el Ministerio de
Educación de Japón para realizar demostraciones de Karate en Tokio, siendo recibido con
entusiasmo y provocando su rápida extensión por el mundo (Arriaza y Leyes 2009),
aunque en realidad no se trata de un arte marcial puro ya que su efectividad nunca ha sido
probada en un campo de batalla (Arriaza 2009). Debido a su gran acogida y a las
pequeñas diferencias que cada maestro ha ido imprimiendo en sus técnicas, en la
actualidad existen aproximadamente 70 estilos diferentes (Villamón-Herrera 2003). La
organización internacional de Karate fue establecida en la década de 1960 (apenas 40
años más tarde de la presentación pública de este arte marcial) bajo el nombre de World
Union of Karate Organizations (WUKO). El primer campeonato de Karate del mundo
(WKC) tuvo lugar en Tokio en 1970 y participaron 33 países. Desde entonces, los
campeonatos mundiales se han celebrado cada 2 años. En 1993 la WUKO se transformó
en la Federación Mundial de Karate (WKF), formada por 120 países. Actualmente, la
WKF es la organización internacional de Karate reconocida por el COI, y reúne a más de
150 países (Arriaza y Leyes 2009). En la década de los 70 en EEUU, los clubes de Karate
se podían encontrar sobre todo en bases y asociaciones militares así como en oficinas de
agentes del orden. En 1969 se celebró el primer campeonato abierto de los EEUU en Salt
Lake City (Gardner 1970). En el año 1994, el Ejército Británico reconoció las artes
marciales como técnica efectiva para el combate y empezó a ofrecer a sus hombres clases
de Karate. Este se escogió debido a su alta efectividad y al bajo riesgo que supone para el
practicante (Hopkins 1995). Como ejemplo de la participación en el Karate a nivel
mundial, en el año de 1970 había sólo 50 escuelas de Karate y 50,000 practicantes en
EEUU (Gardner 1970), en 1976 había aproximadamente 8,000 karatekas en el registro
escocés (McLetchie 1976), en 1981 existían 60,000 practicantes en Gran Bretaña
(McLatchie 1981), 1 millón de practicantes en los EEUU (Nishime 2009) y 200,000
individuos registrados en algún club de Karate en Francia en el año 2006 (Destombe et al
2006).
Estilos de entrenamiento
El Karate se caracteriza por utilizar técnicas de golpeo con las manos y los brazos,
técnicas de pierna como patadas y barridos además de posiciones bajas del cuerpo
(Villamón-Herrera 2003). Requiere un uso más o menos igualitario de los brazos y las
piernas. Las cuatro patadas básicas son la frontal, lateral, hacia atrás y giratoria. También
se usan patadas en gancho y en movimiento circular creciente. Asimismo se usan muchas
más variedades pero estas son las principales. Las técnicas básicas de miembro superior
son el puño frontal, el circular y los golpes con el canto de la mano. Estos últimos se
utilizan cuando no es necesario hacer tanta fuerza (Buschbacher y Shay 1999).
La práctica del entrenamiento se divide en tres elementos: Kihon o básico, que se refiere
a las técnicas de combate (bloqueos, puñetazos y patadas); Kata o forma, que se refiere a
la secuencia de bloqueos y ataques contra oponentes imaginarios y Kumite o combate
contra adversario (Villamón-Herrera 2003). Debido a la necesidad de un largo y
exhaustivo entrenamiento tanto para el Kumite como para dominar las Katas, es raro que
un competidor se presente a las dos disciplinas, en su lugar, los competidores se
especializan en una u otra (excepto en el entrenamiento normal en el “dojo”) (Arriaza
2009). La preparación física hizo su aparición en el Karate hace relativamente pocos
años, hasta entonces se utilizaba el tipo de entrenamiento tradicional de múltiples
repeticiones en largas sesiones, más enfocado hacia el fortalecimiento de la capacidad de
sufrimiento del individuo (Zetaruk et al 2000). Los karatekas sacrificaban sus propios
miembros y para ello los fortalecían golpeando un poste cubierto de paja (makiwara)
durante años. Después de esta larga iniciación se pasaba a fortalecer las manos y los pies
golpeando arena. Poco a poco los miembros se iban endureciendo para convertir manos y
piernas en armas efectivas para el golpeo. Los principios básicos enseñan coordinación
mental, respiratoria y muscular, y (aún en la actualidad) durante mucho tiempo se debe
practicar makiwara. El progreso hacia golpear superficies más duras se desarrolla a lo
largo de años. Solo aprender a colocar bien un puñetazo puede llevar un año (Arriaza y
Leyes 2005). Ahora se entrena para la competición, practicando para soportar rondas de
combate con duración de tres minutos. En cuanto a las katas, duran alrededor de un
minuto con una intensidad máxima, por lo que se podrían clasificar como actividades casi
puramente anaeróbicas para desarrollar las cualidades básicas de fuerza y resistencia
(McLatchie 1976).
Se han desarrollado diferentes estilos a lo largo del tiempo, normalmente, a partir de las
características físicas especiales de los practicantes. El estilo Naha-te, por ejemplo, se
centra en movimientos y técnicas fuertes y pesadas, mientras que el estilo Shurise está
especializado en movimientos y técnicas suaves y rápidas. Maestros de las dos disciplinas
se unieron para formar un estilo conjunto al que llamaron “Shoto”, padre del Karate
Shotokán, un estilo bien equilibrado que puede ser aprendido fácilmente por cualquiera
(Arriaza 2005).
Se sabe que el Karate mejora el equilibrio, la flexibilidad y la fuerza entre los niños de 8
a 13 años. Desarrolla características tales como el respeto, la disciplina, la concentración,
la paciencia, las buenas maneras, el valor, la calma, la fraternidad, la seriedad y la
confianza en uno mismo. Otras investigaciones sugieren que el Karate podría frenar el
deterioro normal de las habilidades motoras que ocurren con el envejecimiento. Aunque
el riesgo de lesión nunca ha sido establecido, hay muchos beneficios potenciales
derivados de la participación en el Karate Shotokan (Zetaruk et al 2000).
En chicos, la eficiencia general motora está basada en fuerza explosiva del tipo de salto,
fuerza repetitiva del tronco y flexibilidad, fuerza estática de los brazos y movimientos de
frecuencia rápida. Para las chicas, la integración de fuerza, coordinación y regulación del
tono muscular es necesario para obtener éxito en el Karate; ellas usan esto último en la
funcionalidad motora así como la velocidad más que los chicos, quienes usan más la
fuerza bruta. Además, se ha visto que los practicantes tienen una mayor densidad ósea a
la misma edad que los no practicantes (Katic, Jukic y Milic 2012). Las competiciones de
Kata se pueden dar en encuentros de equipos integrados por tres personas o de manera
individual. Cada equipo es exclusivamente masculino o femenino. Los encuentros
individuales consisten en la demostración individual de la Kata en divisiones masculinas
o femeninas por separado.
Las Katas deben ser realizadas con competencia y demostrar un claro entendimiento de
los principios tradicionales que contienen.
Los jueces buscan una demostración realista de los principios de la Kata, entendimiento
de las técnicas usadas (bunkai), buena sincronización, ritmo, velocidad, equilibrio y
proyección de la fuerza (kime), uso correcto de la respiración, una concentración de la
atención correcta (chakugan), posturas correctas (dachi) con tensión adecuada en piernas
y posición plana de los pies en el suelo, tensión correcta en el abdomen (hara) sin
balancear arriba y abajo las caderas al moverse y corrección en las técnicas demostradas
(kihon). Además, se valora la dificultad de la Kata y, en las Katas grupales, la
coordinación (Arriaza 2009).
JUDO
Orígenes y actualidad
El Judo es uno de los deportes más populares en el mundo. En 1963 se estimaba que
200,000 personas lo practicaban en los EEUU (Koiwai 1965) y en el año 2003, la
federación internacional de Judo (IJF) reveló que había 178 federaciones nacionales
repartidas por los cinco continentes. Descendiente de deportes como el Jujitsu, Rito-kyu o
el Shuai Jiao, Judo significa “el camino de la suavidad”. La suavidad se refiere a la no
utilización de armas y camino a la filosofía que describe el control de la fuerza. En vez de
fomentar el uso de la fuerza bruta contra la fuerza bruta, enfatiza la importancia de
utilizar la fuerza del oponente para obtener la propia ventaja. Desde un punto de vista
filosófico, hay pocas dudas de que intenta optimizar el combate mediante el uso de las
leyes naturales. Como deporte, intenta mantener estas características al añadir una
variedad de técnicas de agarre que dependen en gran medida en una ejecución mecánica y
una práctica adecuada para tener éxito. Por este motivo, se considera un deporte
extremadamente técnico (Imamura y Jonhson 2003).
El Judo es un deporte moderno (La FIJ no lo considera arte marcial (Birrer 1996))
sintetizado por Jigoro Kano en 1882. El cual, influido por la cultura occidental, incorporó
a la tradición oriental una serie de conceptos nuevos de tipo pedagógico para crear un
deporte que tuviera lo mejor de oriente y occidente. De esta forma, conservó el espíritu
de las artes marciales japonesas tradicionales y la afiliación al Bushido, desterrando las
ideas clasistas que tan arraigadas estaban en estas, e incorporando un sistema nuevo de
graduación de los estudiantes basado en cinturones. Otras condiciones establecidas por
Kano fueron la consecución del dominio de uno mismo y el respeto al compañero, el
objetivo del control (propio y sobre el oponente) basado en la utilización de agarres del
vestido y un análisis biomecánico cada vez más sistemático para obtener el éxito. Integró
lo mejor de oriente y occidente, así como lo mejor de lo tradicional y lo moderno
(Villamón-Herrera 2003). Para dar a conocer este nuevo deporte, representantes alumnos
de Kano viajaron por el país dando conferencias y cursos. Durante este tiempo muchos
“dojos” desafiaron este método y retaron a combates a los representantes. El Judo ganó
siempre. El tour de conferencias acabó con un torneo de artes marciales japonesas para
ver qué forma de Jujutsu debía ser adaptado para el uso de fuerzas militares, policiales y
escuelas. Un equipo de 15 alumnos del Kodokán venció a toda la competencia y el Judo
pasó a ser un deporte gubernamental (White y Rollit 2009).
El Judo tiene como meta el entrenamiento del cuerpo y del espíritu, yendo más allá de la
filosofía ganar-perder, aunque a su vez reconoce la importancia del entrenamiento para
competición. La seguridad de los contendientes es uno de los pilares. Los golpes y
patadas sólo se practican en forma de kata, reflejando la voluntad de Kano de mantener
esencialmente seguro este deporte. Los combates deben realizarse obligatoriamente
agarrados del Judogi, lo cual reduce la distancia entre los oponentes y cambia la
modalidad del combate y es importante entrenar el ukemi, la forma de caer sin dañarse.
Estilos de entrenamiento
El Judo combina fuerza física con coordinación fina, flexibilidad, y el control motor de
un gimnasta, con el equilibrio corporal y las reacciones rápidas de un boxeador. Los
deportistas que practican este arte marcial presentan fuerza, potencia y capacidad
anaeróbica, potencia aeróbica, flexibilidad muy desarrollada y bajos niveles de grasa
corporal. Los judokas de alto nivel (que suelen empezar a entrenar a los 5 años) (White y
Rollit 2009) presentan una masa muscular de los miembros superiores más desarrollada,
más alta capacidad y potencia anaeróbica de la parte superior del cuerpo y una mayor
habilidad para realizar actividades de alta intensidad relacionadas con el Judo de forma
intermitente (Artioli et al 2010). El entrenamiento de la fuerza es muy importante para los
judokas, ya que además de satisfacer las demandas de este deporte, tiene un importante
papel en la prevención de lesiones (White y Rollit 2009). El Judo puede ser el deporte
con más alto riesgo de gran lesión en las competiciones (Nishime 2007), aunque ha sido
nombrado por el American College of Sports como el deporte más seguro para niños
menores de 13 años.
Según la Guía Médica de la Unión Europea de Judo, sólo médicos pueden atender
lesiones en el tatami, y solamente bajo petición. Desde 2004 sólo se les permite tratar
heridas sangrantes (las abrasiones y los cortes son lesiones muy comunes) y asesorar en
el caso de lesiones craneales y espinales. Si se dan otras lesiones, los médicos no las
pueden tratar, sólo asesorar sobre ellas. Un deportista sólo puede llamar al médico al
tatami dos veces por la misma lesión, si necesita una tercera visita, será descalificado y el
contrario ganará el combate, así como si lo llama una segunda razón por otra cuestión. De
todas formas, si el deportista se ha lesionado por un movimiento ilegal de su oponente, el
doctor puede atenderle. Las lesiones pueden ocurrir en todos los aspectos del Judo, y una
técnica de proyección (nagewaza) mal ejecutada puede lesionar tanto al proyector (tori)
como al proyectado (uke) (White y Rollit 2009). Se ha llegado a estudiar si los judokas
podrían ser favorecidos por el “factor campo”; solo se ha encontrado una correlación
positiva para los hombres tanto para la posibilidad de ganar medalla como de ganar más
encuentros, no siendo así en las mujeres.
Conclusiones
Las artes marciales asiáticas son un conjunto de disciplinas variadas, con puntos en
común y puntos diferentes. Conocer en profundidad los entrenamientos, la filosofía y las
costumbres de los practicantes nos ayuda a entender su evolución histórica, filosófica y
social y puede ayudarnos a comprender los cambios físicos que provocan y las lesiones a
las que se arriesgan sus practicantes.
Isidoro, S. G., Tobal, F. M., Escudero, P. M., Ortega, C. G., & Sánchez, V. O. C. (2014).
Las artes marciales, su origen y actualidad: Una visión enfocada en el Judo, Karate y
Wushu. Orientando Temas de Asia Oriental, Sociedad, Cultura y Economía.