Sabes amor:
En tan corto tiempo nos hemos tomado un especial afecto, atención. Siento que he descubierto algo muy importante
que anhelo en mi vida, una persona que me haga sentir vivo, que me cuide de mis miedos, que me haga seguir
luchando.
He de confesar que me he sentido desmotivado de la vida desde hace algún tiempo, incluso poner en duda esa fidelidad
de la que sé, Dios, nos promete y me he apartado de su camino; no haciendo mal, no. Más bien sencillamente sentirme
no digno de su amor, de su misterioso e inexplicable al entendimiento humano amor y momento. Nuestro tiempo no es
el mismo que Él ha dispuesto. Me debato entre lo que siento, entre lo que conozco sobre Él, que no es mucho
realmente, pero que siempre me he sentido apegado a que lo bueno conlleva cosas buenas. Unos lo conocen como
Temor a Dios, yo lo trato de definir como el querer ser agradecido con Él.
Te cuento este pequeño episodio de mi vida, porque cuando te leo, descubro que en todos vive esa espíritu que nos
hace sentir valorados. Me has dicho en varias ocasiones que si quiero algo que lo haga, que no pida permiso. Me das
libertad, más no sobrepasar el respeto que el otro (el resto del mundo, personas, seres) tiene.
Traigo a colación la canción de Búmbury, tu palabra que no nos complicamos la vida, que vivamos fáciles a disfrutar de
los momentos que tenemos y de disfrutar a quienes tenemos y dejamos entrar a nuestra vida.
Inclusive en este espacio virtual, tan impersonal y lleno de cada personaje habido y por haber (nos desdoblamos en
seres que no somos, que queremos ser, que desvirtuamos o que liberamos acciones, palabras que en persona quizá
nunca diríamos o actuaríamos) llegan a tu muro, a tus comentarios, mi instinto masculino se activa y me dice: ALERTA.
Sé que es ridículo, quizá ya verdaderamente viviste relaciones así (un hombre celoso). Luego mi razón me dice, qué
tonto eres por prestar atención a cosas que no vienen al caso, paciencia seguí diferente a todos estos “personajes”, sé
un caballero, intentá demostrar esa singularidad de la que te jactás tener. Todo eso me digo a mí mismo. O sea, me dan
ganas de responderles que se larguen, que no te escriban esas propuestas de matrimonio, que dejen de alagarte, mil
cosas, cielo. Regreso a lo que has escrito y en uno de los comentarios descubro que también hay uno mío y me doy
cuenta, a veces irónicamente asombrado, en que soy exactamente igual, que soy un seguidor/admirador/hombre
enamorado de ti.
Pero luego viene la parte complicada, que en mi interior he sentido llegar tus palabras, conocer a la mujer que no es la
estrella de las letras, de las publicaciones. Descubro palabras que van descifrando una mujer más reservada,
conservadora, cariñosa en extremo, tierna y libre, sobre todo libre. Y me animo. Me animo a seguirte leyendo (y de
repente una incomodidad porque te están echando los perros), te sigo buscando hambriento de tus palabras, de
ahondar en tu corazón, de dejar y plantar la semilla de este pseudo escritor/personaje/adulto/pendejo (también puede
que caiga en esa categoría cuando me desequilibro)/amigo/ser humano.
Me has descubierto lanzarte aquella tormenta de preguntas, creo que es deliberadamente innato en mi persona
preguntar, querer oír de viva voz lo que los demás quieren, desean, sienten por mí. De repente se deba a que este
medio es tan frío (aún cuando seamos capaces de escribir aquellos intensos momentos, apasionantes descripciones de
lo que sentimos), pero como seres vivos que somos, la vida, nuestro nativo instinto nos exhorta a que busquemos el
contacto real: el toque de un dedo, el olor del cabello, el disfrutar de la compañía, sentir la mirada penetrante que te
escanea de pies a cabeza, la electricidad que choca y la química que bulle en nuestro ADN.
Me pides que escriba, y eso estoy haciendo. Quizá algo formal, pues tengo tanto tiempo sin dedicarle realmente soltar
mi palabra y empezar a ordenar toda esta gama de emociones que hay en mí.
Estas palabras son para tus ojos, Beatriz, te abro mi razón, te escribo de corazón, lo que he estado plasmado es mi
explicación de por qué actúo muchas veces así. El porqué busco tu aprobación, el porqué necesito de tu respuesta.
Somos dos seres tan distintos en experiencias, vivencias, y estamos llenos de palabras que noche a noche empiezan a
flotar en nuestra cabeza (he sido testigo de tu proceso, de tu capacidad de condensar una idea y armarla). Mi mente se
desata y trata de explicar, tener una teoría… tal cosa no existe…
He soñado tener nuestra relación, ser hombre y mujer, pareja, compañeros, amigos, amantes, esposos, padres (en estos
momentos tus ojos están incrédulos de lo que lees, quizá con la piel crispada, la risa contenida, un poco de
preocupación, incertidumbre hacia alguien que acabas de conocer que te venga con esta serie de afirmaciones). Cómo
se me ocurre a atreverme, cómo yo puedo decir eso. Te lo digo y puedo reafirmártelo en cualquier momento.
No es el tiempo, no es la distancia, es mi humanidad, la verdadera razón de que me gustes, de que me sienta atraído a ti
por tu belleza espiritual, tu dominio sobre mi mente y o que pones en ella, tu fuerza que he visto manifiesta en tus
confesiones, en tus declaraciones en pos de ser de ayuda a otros que nunca has conocido.
Eso me ha limitado en publicar lo poco o nada que he escrito, lo comparto solo con quienes sé que no me “harán el feo”,
o a quienes realmente sé que valorarán mis palabras.
He sido criado a la antigua, con conceptos sobre amor eterno, algo romántico quizá, dedicado a cumplir con mis
responsabilidad, me he privado de ser malo (aunque la verdad esa es una vil mentira porque he sido también un villano
de película, jajaja), también soy pasivo, calculador, acomodado si lo quieres ver también así.
Este es un poco de mí, tú puedes verme en fotos, en palabras, interrógame, enséñame a amarte bien, a lograr que tú te
sientas una mujer diferente conmigo, no como tus fans que te alegran y deleitan con palabras, poetas consagrados que
arman todo un espectáculo a las letras, músicos, hombres exitosos, etc.
Vaya que si eres codiciada.
Soy Hugo, bb. Quien te escribe esta carta. Un ser igualmente bello (eso me lo haces sentir tú).
Acá te explico cómo me veo, como te refiero en lo que ha pasado en esta última semana, (tan poco tiempo…)
Una vez más estoy complicándome la vida. Pero me la complico con gusto con tal de poner en tu rostro una sonrisa
plena, una flama en tu corazón, un deseo en tu piel, una razón en tu mente y un destino en nuestra vida.
Beso tu frente, tus ojos y tu boca.