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No Te Rindas

predica

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No Te Rindas ¡Dios Está Contigo!

En esos tiempos de prueba, es importante recordar que todos pasamos por


situaciones similares y que no son fáciles. Estos momentos ponen a prueba
no solo nuestra fe, sino también nuestro amor por Dios y nuestra disposición
a adorarle tanto en las buenas como en las malas.

Por tanto, te animo a no rendirte, a no dejar de creer y a no alejarte de


Dios en medio de tus desafíos

No Te Rindas ¡Dios Está Contigo!

Si alguno de ustedes ha pasado o está pasando recientemente por


momentos de mucha presión, donde algo parece estar trayendo más
conflicto de lo normal o muchas cosas se unen y una situación se sigue
alargando, es comprensible que surjan preguntas acerca de Dios y se
experimenten dudas.

En esos tiempos de prueba, es importante recordar que todos pasamos


por situaciones similares y que no son fáciles. Estos momentos ponen a
prueba no solo nuestra fe, sino también nuestro amor por Dios y nuestra
disposición a adorarle tanto en las buenas como en las malas. No solo se
pone a prueba nuestra fe, sino también nuestro carácter y nuestra
fortaleza interior.

En este contexto, me ha llamado la atención la palabra "desafío". En


esos momentos de desafío, donde nuestra fe es puesta a prueba, es
interesante pensar en qué habilidades de nuestro carácter y de nuestra
fe pueden estar siendo puestas a prueba.

Para ilustrar este concepto, podemos estudiar la vida de Daniel, un


profeta del antiguo testamento que enfrentó varios desafíos a lo largo de
su vida.
En particular, podemos enfocarnos en Daniel 6. En este pasaje, se relata
cómo el rey Darío nombró a Daniel como jefe de todos debido a su
excelente desempeño. Sin embargo, esto generó envidia entre los
demás, quienes eran de Babilonia.

Es importante entender que muchas veces enfrentamos pruebas no


porque estemos en pecado o como consecuencia de lo que hemos
hecho mal, como a veces pensamos.

En ocasiones, enfrentamos pruebas precisamente por sobresalir en algo,


por servir a Dios de manera sincera y por mantener nuestra integridad.
Es en esos momentos que el enemigo nos ataca, pero eso no significa
que Dios nos haya abandonado o que Él no esté con nosotros.

En el caso de Daniel, sus enemigos comenzaron a tramar algo en su


contra debido a la envidia. Los jefes principales fueron a ver al rey Darío
y le propusieron una nueva ley que prohibía adorar a cualquier dios o
persona, excepto al rey, durante un mes. Aquel que desobedeciera sería
echado vivo a la cueva de los leones.

Ahora bien, independientemente de si llevas poco tiempo siguiendo a


Dios y su palabra o muchos años, cuando has dado pasos de fe
importantes y has decidido amar a Dios, llegará un momento en el que el
enemigo intentará hacer que te rindas.

Intentará que dejes de creer, que te alejes de la iglesia, que pienses que
Dios es malo y que estás solo. Sin embargo, cuando el enemigo se da
cuenta de que estás firme y no cedes a sus tentaciones, buscará romper
tu relación con Dios.

En este punto, quiero que reflexiones sobre el desafío que estás


enfrentando actualmente y consideres qué está buscando hacer el
enemigo en tu vida. ¿Quiere que dejes de creer en Dios? ¿Quiere que te
alejes de la iglesia? ¿Quiere que creas que Dios no está contigo?

Es en momentos como estos que debemos seguir el ejemplo de Daniel.


A pesar de conocer la ley que firmó el rey Darío, Daniel decidió seguir
orando a Dios. Él tenía por costumbre orar tres veces al día, y en este
desafío en particular, hizo lo que siempre había hecho. No hizo nada
fuera de lo común. Daniel abrió la ventana de su habitación, miró
hacia Jerusalén, se arrodilló y comenzó a orar.

Daniel demostró una gran determinación y valentía al decir: "Aquí estoy.


Mi fe, mi amor por Dios y mi servicio no me los van a quitar". A pesar de
las circunstancias y las amenazas, Daniel se mantuvo firme en su fe, no
importaba el costo que tuviera.

En momentos de prueba, podemos recordar el Salmo 23, que presenta


un cuadro reconfortante de Dios como nuestro pastor. Dios nos
asegura que nada nos faltará y nos acompaña incluso en el valle de
sombra.

En presencia de nuestros angustiadores, Dios nos invita a sentarnos a


comer y nos unge con aceite. En estos momentos de desafío, Dios busca
sacar de nosotros una fuerza, valentía y coraje que tal vez no sabíamos
que teníamos.

Por tanto, te animo a no rendirte, a no dejar de creer y a no alejarte de


Dios en medio de tus desafíos. No te rindas ante las estrategias del
enemigo. Mantente firme en tu fe, persevera en la oración y confía en
que Dios está contigo en cada momento.
La Piedra y la Roca
Jesús nombra a Simón como "petros" o sea una piedra. Pedro es una piedra,
él se llama Simón hijo de Jonás, pero el Maestro lo ha motejado con el
nombre Petros. Es, como todos nosotros, nada más que una piedra, parte de
la tierra creados del polvo

Es necesario que seamos trabajados por Dios para llegar a ser piedras
agradables que puedan cumplir una función dentro de la gran obra de
Dios

La Piedra y la Roca

“Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi


iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.” Mateo 16:18

Jesús nombra a Simón como "petros" o sea una piedra. Pedro es una
piedra, él se llama Simón hijo de Jonás, pero el Maestro lo ha motejado
con el nombre Petros. Es, como todos nosotros, nada más que una
piedra, parte de la tierra creados del polvo.

Todos somos piedras, personas duras e insignificantes llamadas por el


Señor. Somos piedras ásperas, duras, difíciles, que necesitan ser pulidas
y desgastadas para tener una forma adecuada para Dios.

Es necesario que seamos trabajados por Dios para llegar a ser piedras
agradables que puedan cumplir una función dentro de la gran obra de
Dios. Años después, Pedro, convertido en un verdadero apóstol, va a
escribir:
“Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres,
mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras
vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para
ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio
de Jesucristo.” (1 Pedro 2:4,5)

Sigue hablando más adelante acerca del Cristo como “la piedra viva”.
Cuando Jesús dice que edificará Su Iglesia “sobre esta roca” no utiliza la
palabra Pedro o petros, sino “petra”, es decir una gran piedra, una roca.
¿Y quién es esa roca, Pedro o Jesús? ¿Estará Jesús señalando a Pedro
o a Su propio pecho?

Se está refiriendo a la declaración que hace Simón: “Tú eres el Cristo, el


hijo del Dios viviente”. Sobre esa declaración se edifica la Iglesia, la
revelación de que Jesucristo es el Mesías, o sea el Cristo, el Ungido de
Jehová anunciado por los profetas del Antiguo Testamento.
Además, Jesucristo es el Hijo de Dios.

En sentido concreto será Pedro quien se levante el día de Pentecostés y


evangelizará a los judíos que estén en Jerusalén, pero el pueblo
cristiano será organizado por el Espíritu Santo. Si vemos el libro de los
Hechos no es Pedro la autoridad administrativa sino Santiago y nunca
se ha dicho que sobre Jacobo fuera edificada la Iglesia porque no es así.

La iglesia se edifica sobre un Hombre llamado Jesucristo y sobre esa


declaración de que Jesús es el Mesías y el Hijo de Dios. Sobre Su
Persona se alza todo el edificio de la Iglesia “sobre esta roca (Petra)
edificaré mi iglesia”

Luego Jesús agrega: “y las puertas del Hades no prevalecerán contra


ella”. Mientras creamos que la Iglesia es el Cuerpo de Cristo,
que Jesucristo es el Mesías, el Salvador del mundo, el Hijo de Dios que
se hizo hombre y que dio Su vida por nosotros, que derramó su sangre
en la cruz; mientras creamos en el mensaje que Jesucristo trajo desde
los cielos, que es el Evangelio, la Iglesia existirá en esta Tierra.

En la medida que nos aferramos a la revelación de que Cristo es el Hijo


de Dios y el Mesías, el Espíritu Santo estará con nosotros y la Iglesia
pervivirá a través de los siglos.

Esta es una promesa del Señor a los apóstoles y a nosotros. Somos


piedras que necesitan, como piedras de un templo, ser edificadas sobre
una Roca. Esas piedras no están sobrepuestas sobre una piedra humana
sino sobre una Roca Divina que es Cristo, nuestro Señor.

La promesa es que el infierno no va a prevalecer contra ella. De las


puertas del Infierno podrán salir demonios y malos espíritus de las
tinieblas, ataques contra el pueblo de Dios, pero no lograrán
destruirnos.

La revelación que el Padre hizo a Pedro de que Cristo es el Mesías y el


Hijo de Dios sea nuestra convicción y la declaración que hagamos al
mundo físico y al mundo espiritual.

Repitamos con Simón Pedro hijo de Jonás esa declaración:

“Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”

Oración: Padre, gracias por revelar Tu Palabra maravillosa. Que la


declaración de Pedro esté siempre en nuestro corazón y sea el
fundamento de nuestra vida, como dice el apóstol Pablo que nadie
puede poner otro fundamento que el que ya está puesto y que
es Jesucristo.
Sea el resto de nuestra vida Cristo nuestro Fundamento y la declaración
de que Él es el Mesías y el Hijo de Dios. Amén.

Jesús Entiende Tu Dolor


Continuemos este encuentro espiritual, sabiendo que Jesús pasó por el
huerto de Getsemaní por nosotros. Su sacrificio y su amor nos recuerdan
que, a pesar de nuestras circunstancias dolorosas, hay esperanza y
redención en El

En este encuentro espiritual con Jesús en Getsemaní, recordemos que


podemos entregarle nuestras cargas, nuestros miedos y nuestras luchas

Jesús Entiende Tu Dolor. Una Predica Cristiana de Andrés Corson

Hoy quiero que tengamos una experiencia con lo que sucedió en los
últimos minutos o las últimas horas antes de la muerte de Jesús.
Afinemos nuestros oídos espirituales y nuestros ojos espirituales para
poder contemplar lo que pasó.

Deseo que tengamos un encuentro con Jesús resucitado, porque él


quiere tener un encuentro con nosotros para recordarnos todo lo que
padeció, pero también para que lo que él padeció traiga un milagro a
nuestras vidas.

En primer lugar, los quiero llevar al monte de los Olivos, que era el
lugar favorito de Jesús. Él solía levantarse temprano en la mañana y se
dirigía a un lugar desierto para orar. Este monte era uno de los lugares
que él escogía para orar.

En nuestro espíritu y con nuestros ojos espirituales, vamos a tener un


encuentro con Jesús en ese lugar y vamos a permitir que su vida de
oración nos inspire y nos desafíe a hacer lo mismo.
En ese lugar, también encontramos el huerto de Getsemaní, conocido
como el lugar donde Jesús se entregó a la tristeza. Actualmente, hay una
basílica en ese lugar, y en el centro de esa basílica se encuentra una
roca conocida como la Roca de la Agonía.

Se dice que Jesús se inclinó sobre esa roca para orar. Según Mateo
26:39, después de dejar a sus amigos en cierto lugar, Jesús se adelantó,
se inclinó con el rostro en tierra y oró. Su oración fue: 'Padre mío, si es
posible, que pase de mí esta copa de sufrimiento. Sin embargo, quiero
que se haga tu voluntad y no la mía'.

En ese mismo lugar, Jesús se encontró con la desilusión de encontrar a


sus amigos dormidos. Mateo 26:40 dice que volvió a los discípulos y
los encontró dormidos, y le dijo a Pedro: '¿No pudieron velar conmigo ni
siquiera una hora?'.

Además, en Getsemaní encontramos el lugar donde uno de sus amigos


lo traicionó. Fue un momento difícil para Jesús, en el que se sintió
abandonado por todos los discípulos, como dice Mateo 26:56.

Imaginemos ahora este huerto con los ojos cerrados y permitamos que
Jesús nos ministre. Le entregaremos al Padre nuestra copa de dolor y le
diremos: 'Padre, si es posible, quita de mí esta copa. No entiendo por
qué tengo que soportar esto, pero ruego que se haga tu voluntad y no la
mía.

Estoy dispuesto a cargar con esta cruz si es necesario'. También le


pediremos al Señor que nos consuele, porque nos sentimos solos, al
igual que Jesús se sintió abandonado cuando los que supuestamente lo
acompañaban se quedaron dormidos.

Jesús también comprende el dolor de la traición, por lo que le pediremos


que nos entienda si hemos sido traicionados por alguien cercano. Él está
ahí a nuestro lado, y solo él puede entender y consolarnos.

En nuestra fe, recordemos que Jesús pasó por momentos de agonía y


tristeza antes de su crucifixión. Aprendamos de su ejemplo de oración y
confiemos en que, a pesar de nuestras dificultades, él está cerca y desea
tener un encuentro con nosotros para hablarnos y escuchar lo que hay
en nuestro corazón.

Mientras continuamos en este encuentro espiritual en el huerto de


Getsemaní, recordemos que Jesús experimentó el dolor de la depresión
y la angustia emocional.

No tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de


nosotros, porque Jesús fue probado en todo para entendernos y
acompañarnos en nuestras luchas.

En ese huerto, su corazón se desgarró ante el Padre, y con humildad y


entrega, pronunció esas palabras conmovedoras: 'Padre mío, si es
posible, pasa de mí esta copa'.

No obstante, aunque Jesús deseaba que el sufrimiento se apartara de él,


en su humildad y obediencia, reconoció la supremacía de la voluntad
del Padre.

Su petición sincera fue: 'Quiero que se haga tu voluntad y no la mía'. En


ese acto de entrega total, Jesús nos enseñó el ejemplo supremo de
confianza y rendición a la voluntad divina.

En ese huerto de Getsemaní, donde los olivos y la atmósfera cargada de


dolor eran testigos, Jesús experimentó la soledad más profunda.

Sus amigos más cercanos, Pedro, Santiago y Juan, no pudieron velar


con él ni siquiera una hora y se quedaron dormidos.

Jesús sintió el peso del abandono y la traición. Imaginemos la intensidad


de sus emociones mientras contemplamos el cuadro de Getsemaní en
nuestra mente.

Sin embargo, a pesar de todo lo que Jesús enfrentó en ese lugar, su fe y


su amor inquebrantables fueron su fortaleza. Su compromiso de cumplir
con el plan redentor del Padre era más fuerte que cualquier adversidad.

Jesús nos enseña que en medio de nuestras pruebas y tribulaciones,


podemos encontrar fuerza en la comunión con Dios y en la confianza
en su soberanía.

En este encuentro espiritual con Jesús en Getsemaní, recordemos que


podemos entregarle nuestras cargas, nuestros miedos y nuestras luchas.

Él comprende nuestra angustia y desea consolarnos con su amor y


gracia. Que en medio de nuestras propias agonías y momentos difíciles,
podamos encontrar la fortaleza y la esperanza en el ejemplo de Jesús.

Continuemos este encuentro espiritual, sabiendo que Jesús pasó por el


huerto de Getsemaní por nosotros. Su sacrificio y su amor nos
recuerdan que, a pesar de nuestras circunstancias dolorosas, hay
esperanza y redención.

Sigamos adelante con fe, sabiendo que Jesús está con nosotros en cada
paso del camino, sosteniéndonos y guiándonos hacia la victoria sobre
nuestras pruebas y hacia una vida llena de propósito y significado.
No Seamos Casa Rebelde
El Señor nos trata de casa rebelde, tal como trató al pueblo de Israel,
rebelde pues se apartaba de las enseñanzas de Dios, del Decálogo y
comenzaba a adorar otros dioses, falsos, caer en la magia y artes que no
están permitidas por el Señor, cosa que también sucede entre nosotros

Somos rebeldes, difíciles de someternos al Señor

No Seamos Casa Rebelde

“Porque yo Jehová hablaré, y se cumplirá la palabra que yo hable;


no se tardará más, sino que en vuestros días, oh casa rebelde,
hablaré palabra y la cumpliré, dice Jehová el Señor.” Ezequiel 12:25

Es el Señor quien nos habla en este día directo a nuestro corazón. Dios
habla a la mente, pero también a los sentimientos y motivaciones más
internas. Él quiere tocar nuestra vida y la única forma de tocar el interior
del ser humano es llegando a su corazón.

Tocando la mente cambian los conceptos, puede haber nuevos


razonamientos, pero es necesario que aquello baje también a nivel de
emociones, de modo que sea una Palabra que produzca un cambio,
un fruto.

Jehová nos va a hablar en este día, por tanto, estemos expectantes a


esta Palabra. Cuando Dios da una orden, promete algo, muestra una
visión o entrega un plan al hombre eso se cumple. No es como nuestras
palabras que muchas veces son dichas al viento.

Tenemos ideas, deseos, anhelos de cosas y a veces incluso hacemos


promesas, prometemos y juramos amor eterno sin embargo pasan unos
años y ese amor ya no está, esa promesa no se cumple.

¡Cuántas veces prometemos y no cumplimos! A nosotros mismos nos


hacemos promesas, propósitos que después por debilidad o diversas
razones no cumplimos. Pero en el caso de Dios no es así, Él dice “Se
cumplirá la palabra que yo hable”.

Por eso esta Palabra es tan segura. Cuando Dios promete algo en el
Nuevo o en el Antiguo Testamento aquello se cumple. De hecho,
todo lo que dice el Antiguo Testamento, profetizando acerca del
Mesías, se cumple en el Nuevo Testamento. Dios no miente, es
Verdadero, de una sola Palabra, Él habla y las cosas se cumplen.

A veces pareciera que está tardando la promesa de Dios, aquello que


alguna vez el Señor nos dijo o que un ministro de Dios nos habló acerca
de algo que tenía que suceder en mi vida, pero han pasado los años y
eso no ocurre.

Mas el Señor dice que no se tardará. Desde nuestro punto de vista tarda
pero ¿qué son 30, 40 o 50 años para el Señor? Nada porque Él vive en
la eternidad que no tiene principio ni fin. En cambio, nuestro tiempo
humano no es eterno; nacemos, vivimos y morimos a los 80, 90 o
máximo 100 años; excepciones son los que viven más allá de esto. Dios
es eterno y nosotros finitos, lo que para Dios es nada para nosotros es
mucho.

Dios dice en este texto que no tardará más en cumplirse Su Palabra,


sino que “en vuestros días”, o sea ahora, en este tiempo, en estos días
se cumplirá.
Estamos leyendo al profeta Ezequiel, en el Antiguo Testamento, que
está profetizando para el futuro y Él dice “en vuestros días”.

Fue anunciado el nacimiento del Mesías y el Mesías vino, Jesucristo


vivió, hizo discípulos, formó a los apóstoles, sufrió la crucifixión, murió,
resucitó y luego ascendió a los cielos y derramó el Espíritu Santo, el cual
avivó y formó la Iglesia del Señor.

Ahora estamos en el tiempo de la Iglesia, en el Nuevo Pacto, en el


Nuevo Testamento. Pero todavía esperamos algo que Jesús prometió:
que volvería. Podemos leer desde nuestro punto de vista, en nuestro
tiempo, esta Palabra para nosotros: no se tardará más.

El Señor nos trata de “casa rebelde”, tal como trató al pueblo de Israel,
rebelde pues se apartaba de las enseñanzas de Dios, del Decálogo y
comenzaba a adorar otros dioses, falsos, caer en la magia y artes que no
están permitidas por el Señor, cosa que también sucede entre nosotros.

A veces somos idólatras, idolatramos personas, objetos, figuras,


imágenes, personajes históricos o de la Iglesia; a veces idolatramos a los
hijos, a la esposa y a nosotros mismos, nos auto idolatramos, somos
vanidosos y ególatras. Idolatrarse y adorarse a sí mismo es
egolatría. Somos rebeldes.

Cuando habla de “la casa” se refiere a la casa de Dios, al pueblo de


Dios y en este tiempo a la Iglesia. Somos rebeldes, difíciles de
someternos al Señor. Obviamente a Él nada le resulta difícil, pero
nosotros nos hacemos difíciles con Él no haciendo Su voluntad ni
siguiendo Su consejo, desobedeciendo a lo que está escrito en Su
Palabra.
Él vino a este mundo y habló del amor, como debemos amar a nuestro
prójimo, a nuestros hermanos e incluso a los enemigos; dar amor a Dios
y al prójimo, así como nos amamos a nosotros mismos, pero si no nos
amamos, sino que nos despreciamos, desvalorizamos, nos miramos mal,
¡Cómo vamos a mirar bien a otros! Somos rebeldes a ese mensaje de
amor.

Jehová habla Verdad y cumple lo que promete. Todo lo que está


escrito en la Biblia, esas 3573 promesas de Dios se cumplen. Una
promesa es aquella frase en que Él dice que nos dará algo, pero casi
siempre hay una condición. Pide de nosotros obediencia, fidelidad,
verdad, amor u otra conducta. Por ejemplo, si eres generoso con otros,
serán generosos contigo:

“Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando


darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís,
os volverán a medir.” (Lucas 6:38)

Por cierto, no vamos a ser generosos por interés, sino que es algo que
debe surgir en forma espontánea. El Señor nos pide que dejemos de
ser rebeldes, que seamos obedientes. Tenemos que cambiar nuestra
actitud y eso es el arrepentimiento. Arrepentirnos no es que nos
empecemos a golpear el pecho, a llorar y lamentarnos, sino que
realmente cambiemos. Seamos prácticos y cambiemos.

Algunos creen que el arrepentimiento es rasgar vestiduras, arrodillarse


y llorar, decir muchas palabras que quizás son muy dramáticas, casi
teatrales; hasta pueden ser una hermosa actuación, pero no tienen un
resultado efectivo.

Lo que Dios quiere es el resultado y éste es un cambio en la manera de


actuar, un cambio de actitud. Necesitamos pasar de una actitud rebelde a
una actitud sumisa, sometida a Cristo, sometida a Dios y dejar de ser
“casa rebelde”.

Él cumplirá Su Palabra. De eso debemos estar absolutamente seguros


y es algo que hay que tomar en este día con fe, creer verdaderamente
en las promesas de Dios, pero no olvidando de que sus promesas exigen
de nosotros un cambio. Exigen obediencia, fidelidad, exigen una actitud
sumisa, sometida a Dios. Siempre hago una distinción entre sumisión y
sujeción. Tenemos que ser sumisos a Dios, no sumisos a nuestro
prójimo.

No es que la mujer sea sometida al varón o el varón a la mujer o que los


hijos se sometan a los padres. No, la sumisión es solamente a Dios. A
Dios somos sumisos, pero sí sujetos los unos a los otros. Los hijos se
sujetan a los padres, así como el bebé se sujeta al pecho de la madre, el
esposo se sujeta a Cristo dice la Palabra y la esposa se sujeta al
esposo.

Pero no debe abusar en esa sujeción el varón de la mujer, ni los padres


de los hijos. Si los padres abusan con esa sujeción de los hijos y los
someten entonces van a mover a los hijos a rebeldía y lo mismo va a
pasar con un esposo que quiera someter a su esposa.

No se trata de someterla pues solamente estamos sometidos a


Cristo; ella se sujetará en el sentido que confiará en él, lo amará, lo
cuidará, lo seguirá y apoyará, pero también el varón cuidará, amará y
servirá a su esposa, así como Cristo sirve a la Iglesia.

Todas estas cosas hay que entenderlas bien y no pasarlas por la filosofía
actual del mundo que habla del patriarcado, el feminismo, el machismo y
todos esos conceptos, sino que debemos verlas en el contexto de la
Palabra de Dios y el Espíritu del Señor. Él quiere esposos, padres e
hijos en armonía, desea que seamos felices en sumisión a Jesucristo.
Queridos hermanos: Confiemos en la Palabra del Señor y en Sus
promesas. Actuemos conforme a esas Palabras y a esas promesas
sabiendo que Dios finalmente cumplirá todo porque es Soberano porque
Él es el Señor que no miente y actúa en forma totalmente segura pues
tiene el plan del universo completo en Su mente y así logrará Su
proyecto que es formar una familia eterna de hijos que lo aman, le
adoran y que desean estar con Él porque él es todo sabiduría y amor.
¡Qué el Señor nos bendiga!

Oración: Padre, gracias por Tu Palabra, por lo que nos muestras en este
día. Te rogamos que nos hagas personas obedientes y fieles, que
confiemos en Ti y que cumplamos todo lo que el Evangelio nos
enseña.

Que Tu Espíritu Santo nos ayude a cumplir Tu voluntad, amado Dios.


Queremos ser buenos esposos, buenas esposas, buenos hijos, familias
correctas que te sirven y respetan, amado Señor. ¡Alabado seas! En el
nombre de Jesús. Amén.
No Seamos Casa Rebelde
IVAN TAPIA

El Señor nos trata de casa rebelde, tal como trató al pueblo de Israel,
rebelde pues se apartaba de las enseñanzas de Dios, del Decálogo y
comenzaba a adorar otros dioses, falsos, caer en la magia y artes que no
están permitidas por el Señor, cosa que también sucede entre nosotros

Somos rebeldes, difíciles de someternos al Señor

No Seamos Casa Rebelde

“Porque yo Jehová hablaré, y se cumplirá la palabra que yo hable;


no se tardará más, sino que en vuestros días, oh casa rebelde,
hablaré palabra y la cumpliré, dice Jehová el Señor.” Ezequiel 12:25

Es el Señor quien nos habla en este día directo a nuestro corazón. Dios
habla a la mente, pero también a los sentimientos y motivaciones más
internas. Él quiere tocar nuestra vida y la única forma de tocar el interior
del ser humano es llegando a su corazón.

Tocando la mente cambian los conceptos, puede haber nuevos


razonamientos, pero es necesario que aquello baje también a nivel de
emociones, de modo que sea una Palabra que produzca un cambio,
un fruto.

Jehová nos va a hablar en este día, por tanto, estemos expectantes a


esta Palabra. Cuando Dios da una orden, promete algo, muestra una
visión o entrega un plan al hombre eso se cumple. No es como nuestras
palabras que muchas veces son dichas al viento.

Tenemos ideas, deseos, anhelos de cosas y a veces incluso hacemos


promesas, prometemos y juramos amor eterno sin embargo pasan unos
años y ese amor ya no está, esa promesa no se cumple.

¡Cuántas veces prometemos y no cumplimos! A nosotros mismos nos


hacemos promesas, propósitos que después por debilidad o diversas
razones no cumplimos. Pero en el caso de Dios no es así, Él dice “Se
cumplirá la palabra que yo hable”.

Por eso esta Palabra es tan segura. Cuando Dios promete algo en el
Nuevo o en el Antiguo Testamento aquello se cumple. De hecho,
todo lo que dice el Antiguo Testamento, profetizando acerca del
Mesías, se cumple en el Nuevo Testamento. Dios no miente, es
Verdadero, de una sola Palabra, Él habla y las cosas se cumplen.

A veces pareciera que está tardando la promesa de Dios, aquello que


alguna vez el Señor nos dijo o que un ministro de Dios nos habló acerca
de algo que tenía que suceder en mi vida, pero han pasado los años y
eso no ocurre.

Mas el Señor dice que no se tardará. Desde nuestro punto de vista tarda
pero ¿qué son 30, 40 o 50 años para el Señor? Nada porque Él vive en
la eternidad que no tiene principio ni fin. En cambio, nuestro tiempo
humano no es eterno; nacemos, vivimos y morimos a los 80, 90 o
máximo 100 años; excepciones son los que viven más allá de esto. Dios
es eterno y nosotros finitos, lo que para Dios es nada para nosotros es
mucho.
Dios dice en este texto que no tardará más en cumplirse Su Palabra,
sino que “en vuestros días”, o sea ahora, en este tiempo, en estos días
se cumplirá.

Estamos leyendo al profeta Ezequiel, en el Antiguo Testamento, que


está profetizando para el futuro y Él dice “en vuestros días”.

Fue anunciado el nacimiento del Mesías y el Mesías vino, Jesucristo


vivió, hizo discípulos, formó a los apóstoles, sufrió la crucifixión, murió,
resucitó y luego ascendió a los cielos y derramó el Espíritu Santo, el cual
avivó y formó la Iglesia del Señor.

Ahora estamos en el tiempo de la Iglesia, en el Nuevo Pacto, en el


Nuevo Testamento. Pero todavía esperamos algo que Jesús prometió:
que volvería. Podemos leer desde nuestro punto de vista, en nuestro
tiempo, esta Palabra para nosotros: no se tardará más.

El Señor nos trata de “casa rebelde”, tal como trató al pueblo de Israel,
rebelde pues se apartaba de las enseñanzas de Dios, del Decálogo y
comenzaba a adorar otros dioses, falsos, caer en la magia y artes que no
están permitidas por el Señor, cosa que también sucede entre nosotros.

A veces somos idólatras, idolatramos personas, objetos, figuras,


imágenes, personajes históricos o de la Iglesia; a veces idolatramos a los
hijos, a la esposa y a nosotros mismos, nos auto idolatramos, somos
vanidosos y ególatras. Idolatrarse y adorarse a sí mismo es
egolatría. Somos rebeldes.

Cuando habla de “la casa” se refiere a la casa de Dios, al pueblo de


Dios y en este tiempo a la Iglesia. Somos rebeldes, difíciles de
someternos al Señor. Obviamente a Él nada le resulta difícil, pero
nosotros nos hacemos difíciles con Él no haciendo Su voluntad ni
siguiendo Su consejo, desobedeciendo a lo que está escrito en Su
Palabra.

Él vino a este mundo y habló del amor, como debemos amar a nuestro
prójimo, a nuestros hermanos e incluso a los enemigos; dar amor a Dios
y al prójimo, así como nos amamos a nosotros mismos, pero si no nos
amamos, sino que nos despreciamos, desvalorizamos, nos miramos mal,
¡Cómo vamos a mirar bien a otros! Somos rebeldes a ese mensaje de
amor.

Jehová habla Verdad y cumple lo que promete. Todo lo que está


escrito en la Biblia, esas 3573 promesas de Dios se cumplen. Una
promesa es aquella frase en que Él dice que nos dará algo, pero casi
siempre hay una condición. Pide de nosotros obediencia, fidelidad,
verdad, amor u otra conducta. Por ejemplo, si eres generoso con otros,
serán generosos contigo:

“Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando


darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís,
os volverán a medir.” (Lucas 6:38)

Por cierto, no vamos a ser generosos por interés, sino que es algo que
debe surgir en forma espontánea. El Señor nos pide que dejemos de
ser rebeldes, que seamos obedientes. Tenemos que cambiar nuestra
actitud y eso es el arrepentimiento. Arrepentirnos no es que nos
empecemos a golpear el pecho, a llorar y lamentarnos, sino que
realmente cambiemos. Seamos prácticos y cambiemos.

Algunos creen que el arrepentimiento es rasgar vestiduras, arrodillarse


y llorar, decir muchas palabras que quizás son muy dramáticas, casi
teatrales; hasta pueden ser una hermosa actuación, pero no tienen un
resultado efectivo.

Lo que Dios quiere es el resultado y éste es un cambio en la manera de


actuar, un cambio de actitud. Necesitamos pasar de una actitud rebelde a
una actitud sumisa, sometida a Cristo, sometida a Dios y dejar de ser
“casa rebelde”.

Él cumplirá Su Palabra. De eso debemos estar absolutamente seguros


y es algo que hay que tomar en este día con fe, creer verdaderamente
en las promesas de Dios, pero no olvidando de que sus promesas exigen
de nosotros un cambio. Exigen obediencia, fidelidad, exigen una actitud
sumisa, sometida a Dios. Siempre hago una distinción entre sumisión y
sujeción. Tenemos que ser sumisos a Dios, no sumisos a nuestro
prójimo.

No es que la mujer sea sometida al varón o el varón a la mujer o que los


hijos se sometan a los padres. No, la sumisión es solamente a Dios. A
Dios somos sumisos, pero sí sujetos los unos a los otros. Los hijos se
sujetan a los padres, así como el bebé se sujeta al pecho de la madre, el
esposo se sujeta a Cristo dice la Palabra y la esposa se sujeta al
esposo.

Pero no debe abusar en esa sujeción el varón de la mujer, ni los padres


de los hijos. Si los padres abusan con esa sujeción de los hijos y los
someten entonces van a mover a los hijos a rebeldía y lo mismo va a
pasar con un esposo que quiera someter a su esposa.

No se trata de someterla pues solamente estamos sometidos a


Cristo; ella se sujetará en el sentido que confiará en él, lo amará, lo
cuidará, lo seguirá y apoyará, pero también el varón cuidará, amará y
servirá a su esposa, así como Cristo sirve a la Iglesia.
Todas estas cosas hay que entenderlas bien y no pasarlas por la filosofía
actual del mundo que habla del patriarcado, el feminismo, el machismo y
todos esos conceptos, sino que debemos verlas en el contexto de la
Palabra de Dios y el Espíritu del Señor. Él quiere esposos, padres e
hijos en armonía, desea que seamos felices en sumisión a Jesucristo.

Queridos hermanos: Confiemos en la Palabra del Señor y en Sus


promesas. Actuemos conforme a esas Palabras y a esas promesas
sabiendo que Dios finalmente cumplirá todo porque es Soberano porque
Él es el Señor que no miente y actúa en forma totalmente segura pues
tiene el plan del universo completo en Su mente y así logrará Su
proyecto que es formar una familia eterna de hijos que lo aman, le
adoran y que desean estar con Él porque él es todo sabiduría y amor.
¡Qué el Señor nos bendiga!

Oración: Padre, gracias por Tu Palabra, por lo que nos muestras en este
día. Te rogamos que nos hagas personas obedientes y fieles, que
confiemos en Ti y que cumplamos todo lo que el Evangelio nos
enseña.

Que Tu Espíritu Santo nos ayude a cumplir Tu voluntad, amado Dios.


Queremos ser buenos esposos, buenas esposas, buenos hijos, familias
correctas que te sirven y respetan, amado Señor. ¡Alabado seas! En el
nombre de Jesús. Amén.

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