Medusa, un nombre que evoca imágenes de terror y belleza a la vez, es una figura icónica de la mitología griega.
Su historia, llena
de traición, venganza y transformación, ha cautivado la imaginación durante siglos.
Escena 1: La tragedia de Medusa
Narrador: En la antigua Grecia, donde los dioses caminaban entre los mortales, vivía una joven llamada Medusa. Su belleza era tan
radiante que eclipsaba a las estrellas, atrayendo la atención de dioses y hombres por igual.
Medusa: (Lamentándose) ¡Oh, dioses crueles! ¿Por qué me habéis condenado a este destino tan terrible? Mi belleza, que antes era
mi orgullo, ahora me convierte en un monstruo.
Atenea: (Llena de ira) ¡Tu belleza fue la causa de mi profanación! Tu cuerpo fue manchado por el dios del mar en mi templo
sagrado. ¡Por tu insolencia, pagarás un precio terrible!
Medusa: (Suplicando) ¡Diosa Atenea, ten piedad de mí! No fui yo quien cometió el pecado, sino el poderoso Poseidón. ¡No me
castigues por los actos de otro!
Atenea: (Implacable) Tus súplicas caen en oídos sordos. Tu belleza ha sido corrompida y ahora solo traerás desgracia a quienes te
miren. ¡Serás desterrada a una isla remota, donde vivirás como una Gorgona, con serpientes en lugar de cabello y una mirada que
petrifica!
Medusa: (Aterrorizada) ¡No! ¡No me conviertas en esto! ¡Te lo suplico!
(Atenea transforma a Medusa en una Gorgona y la destierra a una isla remota.)
Escena 2: La misión de Perseo
Narrador: Años después, el rey Polidectes envió a Perseo, un joven héroe de gran valor, en una peligrosa misión: obtener la cabeza
de Medusa.
Perseo: (Decidido) Debo cumplir esta misión, no solo por mi propia gloria, sino también para salvar a mi madre de las garras del
malvado rey Polidectes. ¡Con la ayuda de los dioses, venceré a Medusa y regresaré victorioso!
Hermes: (El dios mensajero, apareciendo ante Perseo) Tranquilo, Perseo. Los dioses te acompañarán en esta ardua tarea. Toma
estas sandalias aladas para que puedas volar, un casco que te hará invisible y un escudo mágico que reflejará la mirada petrificante
de Medusa.
Perseo: (Agradecido) ¡Gracias, Hermes! Con estos dones divinos, estoy seguro de que triunfaré.
Escena 3: El enfrentamiento con Medusa
Narrador: Perseo, siguiendo las instrucciones de las Grayas, llegó a la isla donde habitaba Medusa. Con cautela, se adentró en su
guarida, donde la Gorgona dormía profundamente.
Perseo: (Susurrando) Esta es mi oportunidad. Debo actuar con rapidez y precisión.
(Perseo, utilizando el escudo mágico para reflejar la mirada de Medusa, la decapita de un solo golpe.)
Medusa: (En un último lamento antes de morir) ¡Maldito seas, Perseo! ¡Que mi mirada te persiga para siempre!
Perseo: (Valiente) Tu reinado de terror ha terminado, Medusa. Tu cabeza será un símbolo de mi victoria y protegerá a los inocentes
del mal.
(Perseo toma la cabeza de Medusa y escapa de la isla.)
Escena 4: El legado de Medusa
Narrador: Perseo regresó victorioso, utilizando la cabeza de Medusa para petrificar a sus enemigos y liberar a su madre del rey
Polidectes. La cabeza de Medusa se convirtió en un símbolo de protección para Perseo y aquellos que la poseían.
Sin embargo, la historia de Medusa también es un recordatorio de la crueldad y las consecuencias del abuso de poder. Una mujer
hermosa y virtuosa fue víctima de la ira y la venganza de dos dioses poderosos, condenada a una existencia monstruosa y
finalmente a una muerte violenta.
La historia de Medusa continúa resonando a través de los siglos, invitándonos a reflexionar sobre la naturaleza del bien y el mal, la
belleza y la monstruosidad, el poder y la vulnerabilidad.