RESTRICCION DE
CRECIMIENTO INTRAUTERINO
DR. ALVARO ABRIL SALTOS
MEDICO-NEONATOLOGO
CONCEPTO
Se define como Restricción de Crecimiento Fetal (RCF), la condición por la cual un feto no
expresa su potencialidad genética de crecimiento. En términos operativos, existe consenso en
incluir como grupo estudio a todos aquellos fetos cuyo percentil de crecimiento sea menor a
10, sub clasificándolos en diferentes categorías según su fisiopatología y severidad
Clasificación
Fisiopatológicamente, se debe diferenciar a los fetos constitucionalmente pequeños -que serán denominados
Pequeños para Edad Gestacional (PEG)- de aquellos cuyo potencial genético de crecimiento se ha visto limitado
(patológicos), descritos con el nombre Restricción del Crecimiento Fetal (RCF). Del grupo patológico se debe
diferenciar entre el secundario a insuficiencia placentaria y los secundarios a daño fetal o placentario
intrínseco, como genopatías o infecciones.
El grupo de principal interés en el manejo perinatal es el secundario a insuficiencia placentaria. Este grupo,
según la edad gestacional de presentación, se clasifica en:
• a)Precoces a aquellos cuadros evidenciados antes de las 34 semanas y
• b)Tardíos, cuando ocurren después de esa edad gestacional. La fisiopatología, monitorización, finalización de la
gestación y pronóstico de las restricciones del crecimieto fetal precoces y tardías son diferentes.
FACTORES DE RIESGO
Los casos de inicio precoz tienden a ser más severos, Los de aparición tardía, de más de 34 semanas y
representan un 20–30% de las RCF, se asocian a en especial los de término, representan el 70–80%
preeclampsia hasta en 50% y su morbilidad y mortalidad de las RCF. Su asociación con preeclampsia es baja
perinatal es alta, dado la prematurez asociada. Destacan (10 %), tienen habitualmente su origen en una
dos principales causas: una que agrupa infección, insuficiencia placentaria leve y en este subgrupo el
anomalías cromosómicas o genéticas como factores Doppler umbilical tiene una sensibilidad baja
patológicos intrínsecos del feto y otra, la secundaria a (<30%) y habitualmente es normal. En este grupo,
insuficiencia placentaria severa. En estos casos el el principal reto es el diagnóstico, considerando
Doppler umbilical presenta muy buena sensibilidad que puede explicar hasta un 50% de las muertes
siendo útil para su diagnóstico y monitorización. Son perinatales cercanas al término por su baja
casos graves, que generan prematuridad, con mal tolerancia a la hipoxia. Están asociados a mayor
pronóstico y por lo tanto, el desafío es la monitorización morbilidad, en especial metabólica y neurológica
y decisión de cuándo finalizar la gestación, equilibrando en la vida adulta y pueden pasar clínicamente
mortalidad versus prematuridad. desapercibidos.
Factores maternos
Trastornos hipertensivos: Se presentan hasta en un 30-40% de los embarazos
complicados con RCIU. La preeclampsia y la hipertensión crónica complicada con
preeclampsia se han asociado con un aumento hasta de 4 veces el riesgo
de obtener fetos pequeños para la edad gestacional.
Trastornos autoinmunes: Principalmente aquellos en los que hay compromiso
vascular como el síndrome de anticuerpos antifosfolípidos (24%) y el lupus
eritematoso sistémico (12).
Trombofilias: La más estudiada ha sido el polimorfismo relacionado con el Factor
V de Leiden. Un metaanálisis publicado en el 2005 por Howley y cols (19), revisó
10 estudios de casos y controles y encontró asociación entre la presencia de
factor V de Leiden y restricción del crecimiento fetal (OR 2,7; IC95%).
Estilo de vida: El consumo de sustancias psico-activas, el consumo de cigarrillo,
alcohol y cocaína, se han asociado a RCIU.
Trastornos del ánimo: Se ha estudiado la asociación entre depresión materna y
RCIU concluyendo a favor del aumento del riesgo de RCIU, variando el efecto en
función del grado de depresión, el estado socioeconómico, del diagnóstico y
tratamiento de la depresión antes del embarazo .
Fármacos: Están incluidos los medicamentos antineoplásicos, anticonvulsivantes
(fenitoína), beta bloqueadores (especialmente atenolol) y
esteroides (corticoides).
Desnutrición: Dependiendo de la severidad de la deprivación de nutrientes en la
madre y del trimestre en que se presente serán los resultados sobre el
crecimiento fetal .
Factores fetales
Aneuploidías: Aproximadamente el 7% de los casos de RCIU se han asociado con
aneuploidías. El 90% de los fetos con trisomía 18 cursan con restricción del crecimiento,
comparado con el 30% de aquellos con trisomía 21(12). La aparición temprana de restricción
del crecimiento, se ha relacionado con trisomía 18 y 13.
Malformaciones: Más del 22% de los recién nacidos con malformaciones congénitas cursan con
RCIU. El riesgo aumenta desde el 20% cuando se presentan 2 defectos, hasta el 60% en
quienes presentan 9 o más defectos. Las malformaciones que más se encuentran relacionadas
con RCIU son: cardiacas (tetralogía de Fallot, corazón izquierdo hipoplásico, estenosis pulmonar
y defectos del septo ventricular), anencefalia y defectos de la pared abdominal.
Infección perinatal: Contribuyen con aproximadamente 5 a 10% de los casos cuando se trata
de infecciones intrauterinas de origen viral (rubéola, citomegalovirus, VIH, varicela zoster) y de
protozoarios (malaria, toxoplasmosis). La infección e inflamación subclínica (coriamnionitis
diagnosticada por histología) puede llevar al resultado de restricción del crecimiento en el feto,
así como la infección extragenital y la periodontal, si bien este último foco infeccioso es motivo
de controversia.
Prematuridad: Gardosi (30) y Bukowski y cols han encontrado la asociación entre parto
prematuro y RCIU. Así estos últimos publicaron un estudio de casos y controles en el que
observaban que aproximadamente el 30% de los fetos que nacían antes de las 35 semanas de
gestación tenían peso por debajo del percentil 10 comparado con el 4,5% de aquellos fetos
nacidos a las 37 o más semanas de gestación .
Gestaciones múltiples: Aproximadamente hasta la semana 32 de gestación las curvas de
crecimiento fetal se mantienen similares en embarazo simples y múltiples, posteriormente los
fetos de embarazos múltiples muestran tendencia a la restricción del crecimiento y dependiente
de la corionicidad (20% en bicoriales, 30% en monocoriales).
Factores placentarios
Las principales entidades asociadas a RCIU son placenta previa,
infartos placentarios, vasculitis, arteria umbilical única, placenta
circunvalada, inserción velamentosa del cordón, tumores
placentarios, angiogénesis aberrante.
DIAGNOSTICO Y CLASIFICACIÓN DE RETARDO DE
CRECIMIENTO FETAL
Fisiopatología
Nos concentraremos exclusivamente en la fisiopatología de la RCF por insuficiencia placentaria. Una
anomalía en la placentación determina un déficit de transporte de oxígeno y nutrientes y activa en el
feto una serie de mecanismos de adaptación no perfectamente entendidos y que incluyen cambios
metabólicos, endocrinos, hematológicos, cardiovasculares y también en el comportamiento fetal.
Entre los eventos hemodinámicos, se puede observar una vasodilatación de territorio cerebral que
busca privilegiar flujo sanguíneo altamente oxigenado hacia en territorio encefálico.
Paralelamente y conforme ocurre un mayor deterioro fetal, el flujo de la Arteria Umbilical (AU), varía
desde la normalidad a un aumento de resistencia mediante la disminución progresiva del flujo en
diástole, que puede progresar hasta el flujo diastólico cero y finalmente el flujo diastólico reverso.
Un aumento de la postcarga del ventrículo derecho sumado a una disfunción ventricular, llevan a un
significativo aumento de la precarga, que tiene su expresión clínica en la alteración de flujos venosos
precordiales como ductus venoso y vena umbilical. La alteración en estos vasos pone el sello
diagnóstico de disfunción cardiaca fetal en etapas avanzadas de deterioro fetal.
Predicción
Para predecir RCF se han utilizado diferentes estrategias como historia obstétrica previa, hallazgos en el
embarazo actual, estudio Doppler de arterias uterinas (AUt) en primer y segundo trimestre y pruebas
bioquímicas en sangre materna en primer trimestre, así como combinaciones de las anteriores.
Factores de riesgo en la historia son antecedente de RCF en embarazo previos, historia de pérdida
reproductiva, en especial en segundo y tercer trimestre, enfermedad crónica que cause potencial
daño vascular como diabetes, hipertensión crónica, lupus eritematoso sistémico u otras
mesenquimopatías, trombofilias, consumo de tabaco y otras drogas, desarrollo de algunas infecciones
maternas en especial citomegalovirus, toxoplasma y rubeola, pobre ganancia de peso durante el
embarazo, hemoglobinopatías, embarazo múltiple, aneuploidias, anomalías placentarias como
placenta previa y hemangiomas placentarios .
La persistencia de valores elevados en índices de resistencia de las arterias uterinas han sido
asociados a desarrollo de RCF junto a preeclampsia y otros resultados adversos como muerte fetal in
utero, desprendimiento prematuro de placenta normoinserta y parto prematuro.
Desafortunadamente su sensibilidad para RCF es limitada por lo que, se ha intentado mezclar con
otros factores para mejorar la sensibilidad .
Diagnóstico
Un elemento fundamental para formular el diagnóstico de RCF es el cálculo adecuado de la edad gestacional.
El examen clínico de la altura uterina ha sido históricamente utilizado como screening sin embargo, su sensibilidad para RCF es sólo del 30%. Su uso masivo se justifica
considerando que su costo es muy bajo.
La ecografía de rutina y su utilización, en conjunto con tablas de crecimiento adecuadas para la población estudiada, es el estándar de oro para la valoración de peso
fetal. La mejor tabla de crecimiento para uso como referencia, es la creada con datos locales propios de la población en estudio idealmente con curvas de peso fetal y
no neonatal .
Una vez establecido un peso fetal estimado bajo el percentil 10, es necesario diferenciar entre pequeño sano, denominado Pequeño para la Edad Gestacional (PEG) o
patológico, denominado Restricción del Crecimiento Fetal (RCF) .
El primer paso es descartar patología intrínseca fetal o placentaria mediante una valoración anatómica detallada, incluyendo evaluación acuciosa de corazón fetal,
revisión de resultados en ecografía de 11–14 semanas, incluyendo el aspecto de la placenta.
En casos severos se debe descartar etiología infecciosa, estudiando rubeola, toxoplasma y citomagalovirus. Se debe considerar un estudio cromosómico, en especial
cuando el tamizaje para aneuploidias 11–14 es sospechoso y más aún, en presencia de alguna malformación asociada con polihidroamnios.
Es importante completar la historia materna buscando descartar hipertensión arterial asociada y preeclampsia asociada.
Si bien la evidencia no justifica un estudio sistemático en todos las RCF, el estudio de anticuerpos antifosfolípidos u otras trombofilias, debe ser considerado en los casos
muy severos, en especial si aparecen otros elementos sugerentes en la historia como antecedentes familiares, fenómenos trombóticos previos, antecedente de pérdida
reproductiva, historia de desprendimiento de placenta normoinserta o concomitancia con preeeclampsia de inicio precoz.
Históricamente el estudio por velocimetría Doppler se basó en Arteria Umbilical (AU) considerando que existe evidencia suficiente para afirmar que su utilización
mejora el pronóstico perinatal en este grupo de pacientes. La evidencia actual sugiere que la utilización de resistencia en arteria cerebral media (ACM), la relación
cerebro/ placentario (ACM/AU), arterias uterinas (AUt) y crecimiento fetal bajo el percentil 3, permite mejorar la identificación de los verdaderos RCF, es decir, aquel
grupo de fetos bajo el percentil 10 que tienen resultado perinatal adverso. Posiblemente en el futuro se agregarán otros marcadores para RCF dentro del grupo de PEG
que permitan mejorar la clasificación, considerando que este grupo también reporta resultado perinatal adverso en comparación con los fetos adecuados para la edad
gestacional (AEG).
En resumen se pueden diferenciar tres grupos:
• Pequeño para Edad Gestacional (PEG) normal, creciendo entre percentiles mayor a 3 y
menor a 10 con estudio Doppler normal
• PEG anormal cuando existe una anomalía intrínseca fetal como causa genética o
infecciosa
• Restricción de Crecimiento Fetal (RCF), cuando existe Doppler alterado o curva de
crecimiento bajo percentil 3
Dentro del grupo de RCF se han sugerido varias clasificaciones, como la utilizada por el
grupo de trabajo del Hospital Clinic de Barcelona.
Clasificación restricción de crecimiento fetal y
manejo sugerido
Seguimiento
Aquellos fetos PEG con Doppler normal, en los cuales fueron descartadas
anomalías estructurales así como marcadores fetales o placentarios que
orienten a causa genética o infecciosa, podrán ser citados a control de
crecimiento fetal en dos semanas para nueva valoración de ausencia de
patología.
En caso de PEG anormales se debe orientar el manejo y consejería según el
diagnóstico obtenido. El eje central del manejo de la RCF consistirá en valorar
en qué momento el término del embarazo aporta un beneficio mayor que la
prematuridad. El seguimiento y control se basa en parámetros biofísicos y
velocimetría Doppler. Existe evidencia de alteración secuencial de estos
parámetros de manera paralela al estado acido base fetal. La respuesta fetal
a la hipoxia secundaria a disfunción placentaria puede ser subdividida en
temprana y tardía.
ULTRASONOGRAFIA
En resumen, la importancia del Doppler radica en tres puntos:
I. Permite diferenciar claramente a los niños constitucionalmente
pequeños, ya que éstos se comportan como fetos normales desde el
punto de vista hemodinámico.
II. Permite adelantarse a las alteraciones de las pruebas clásicas de
vigilancia fetal, que se hacen anormales en estadios avanzados de la
enfermedad, lo que agrava el pronóstico perinatal.
III. Permite decidir el momento de interrumpir el embarazo, criterio que
variará según la edad gestacional y grado de alteración hemodinámico.
Arteria umbilical
La arteria umbilical ha sido el parámetro históricamente más
utilizado en el manejo de RCF, por ser útil tanto en su
diagnóstico para los casos severos como en el seguimiento.
Presenta un deterioro progresivo y predecible conforme
disminuye la superficie de intercambio placentaria, que va
desde el aumento de resistencia hasta el flujo diastólico
ausente o reverso. El uso de arteria umbilical en RCF ha sido
asociado a menor mortalidad perinatal.
En las RCF precoces existe una buena correlación temporal y
progresiva entre el flujo diastólico ausente o reverso y los
eventos finales antes de la muerte fetal. Cercanos al término
estos cambios vasculares pueden ser menos evidentes. Su
normalidad se asocia a ausencia de mortalidad perinatal pero
se debe tener en cuenta que muchas de las respuestas
adaptativas ya han comenzado antes de visualizar cambios en
la arteria umbilica
Arteria uterina
Su principal utilidad radica en la predicción y
orientación diagnóstica de RCF, considerando
que el eje central de la fisiopatología de la RCF
por insuficiencia placentaria se puede
identificar a través de la resistencia al flujo
anormalmente elevado en la ecografía de
cribado. Por otro lado, en el grupo de fetos que
crecen bajo el percentil 10, su anormalidad ha
sido asociada con peor resultado perinatal y
por tanto, posiciona a esos fetos en el grupo de
RCF
Arteria cerebral media (ACM) y relación cerebro/placentaria
(RCP)Permite identificar el fenómeno de redistribución de
flujos ante la hipoxia fetal, objetivando vasodilatación del
territorio cerebral.
De gran valor en el manejo de RCF tardía, identifica fetos
con resultado perinatal adverso con incremento del riesgo
de cesárea de urgencia por registro patológico o menor
competencia en desarrollo sicomotor a los dos años de
vida .
Su valoración se puede interpretar de manera aislada
como índices de resistencia menores al percentil 5 para la
edad gestacional o en combinación con arteria umbilical
en el denominado Índice Cerebro Placentario (ICP). Este
último mejora la sensibilidad, considerando que el
proceso de aumento de resistencia umbilical (placentaria)
y de vasodilatación son continuos
Flujos venosos
El ductus venoso es una buena forma de evaluar la
disfunción cardiaca derecha asociada a hipoxia y
acidemia durante la contracción atrial, donde el flujo
anterógrado de la onda “a” puede verse
progresivamente comprometido hasta llegar a cero o
reverso. Es el mejor predictor de riesgo de muerte fetal
en RCF. Onda “a” ausente o reversa se relaciona con
mortalidad perinatal independientemente de la edad
gestacional por lo que, se considera una indicación de
parto para toda edad gestacional si los corticoides han
sido administrados. En un 90% de los casos predice
entre 48 y 72 horas el deterioro del perfil biofísico. El
aumento de resistencia sobre p 95 del ductus venoso
también se asocia a alto riesgo de mortalidad pero con
menor consistencia que onda “a” reversa o ausente. Su
valoración es de gran utilidad en el manejo de RCF
precoces con alteración de la arteria umbilical.
Itsmo aórtico (IAO)
Normalmente el itsmo aórtico tiene flujo
anterógrado. En la medida que disminuye la
resistencia en territorio cerebral (vasodilatación) y
aumenta la resistencia en territorio placentario
puede aparecer flujo reverso en diástole, lo que ha
sido asociado con mal resultado perinatal . Si bien en
RCF temprano está asociado a mayor morbilidad
neurológica y puede preceder a la alteración
del ductus venoso, su utilidad clínica en este grupo
aún es limitada. Por el contrario en RCF tardío, si
bien se afecta con menor probabilidad es un
promisorio diferenciador de conducta perinatal
Registro electrónico fetal
A pesar de que su interpretación ha sido objeto de múltiples intentos de
estandarización, mantiene una importante variabilidad intra e interobservador. Su
utilidad clínica es dada principalmente por su alto valor predictivo negativo para
ausencia de hipoxemia sin embargo, un resultado anormal “no reactivo” se debe
considerar como inespecífico dada su alta tasa de falsos positivos. Cuando se
utiliza registro computarizado, la disminución de variabilidad a corto plazo ha sido
relacionada con acidosis .
Perfil biofísico fetal
Está basado en un conjunto de variables biofísicas, junto al registro electrónico de
la frecuencia cardíaca fetal. Se asocia con acidemia fetal pero con altas tasas de
falsos positivos. Su eficacia no ha sido mostrada en evaluación de embarazos de
alto riesgo y su utilidad es discutible cuando se dispone de evaluación por Doppler
MANEJO
Se pueden encontrar tres escenarios en estos fetos:
A. Con menos de 26 semanas de gestación con una mortalidad mayor del 90%.
B. Entre 26 y 28 semanas con tasas de mortalidad entre 30-40%.
C. Mayor de 28 semanas, que en estos casos la mortalidad disminuye a menos del 10% (51,53). La clasificación del
Doppler en estadíos de acuerdo a la historia natural de los cambios en la circulación fetal ayuda al seguimiento y a la
toma de decisiones
En la RCIU de aparición tardía la principal característica es la no alteración del flujo en la arteria umbilical, en
estos casos la fisiopatología es diferente ya que el porcentaje de lesión placentaria es menor, la hipoxia es
mínima, no hay adaptación cardiovascular sistémica y la tolerancia a la hipoxia es menor por lo que la fase de
descompensación se da con cambios mínimos. Estos fetos tienen peores resultados perinatales por lo tanto
deben diagnosticarse y tratarse a tiempo. Los principales marcadores que indican pobre pronóstico perinatal
son alteraciones en el Doppler de arterias uterinas, relación cerebro/placenta y percentil de crecimiento <3.
El seguimiento debe incluir la arteria cerebral media y arteria umbilical con el fin de construir la relación
cerebro/placenta. Cuando hay signos de insuficiencia placentaria (relación cerebro placenta alterada o Doppler
de arterias uterinas patológico) el control es cada semana. Ante la evidencia de vasodilatación cerebral se hace
el control 2 veces por semana y además se debe añadir un marcador agudo (ductus venoso, registro
cardiotocográfico).
En estos fetos es razonable la finalización de la gestación entre 37 y 38 semanas y no se contraindica el parto
vaginal. Aproximadamente en el 20% hay alteración de la relación cerebro/placenta (percentil <5), en otro
20% se puede encontrar alteración de la arteria cerebral media (percentil <5) y en 20% se pueden encontrar
signos de insuficiencia placentaria que se manifiestan en la cara materna (Doppler de arteria umbilical
percentil >95), cada uno de estos signos se encuentra asociado a pobres resultados perinatales.
La evaluación en los RCIU tempranos se puede realizar con pruebas que marcan alteraciones crónicas como son
el Doppler de arterias uterinas, de arteria umbilical y cerebral media, que se alteran de forma progresiva.
El control de los fetos que presentan signos de insuficiencia placentaria, debe ser realizado semanalmente, evaluándose
arteria umbilical y cerebral media como marcadores crónicos .
Si se encuentran signos de insuficiencia placentaria severa o signos de hipoxia (vasodilatación cerebral) el control debe
realizarse 2 veces por semana, evaluando marcadores agudos (ductus venoso, registro cardiotocográfico computarizado)
además de función cardiaca.
Ante signos de acidosis como patrón de flujo reverso en arteria umbilical, alteración en los flujos venosos o alteraciones
en el registro cardiotocográfico, el control debe ser más frecuente, realizándose cada 12-24 horas e incluyendo por lo
menos dos pruebas agudas.
En cuanto al momento del parto en fetos con restricción del crecimiento precoz, la decisión se debe tomar con base a los
diferentes escenarios clínicos: A. Cuando hay insuficiencia placentaria severa (flujo diastólico ausente de arteria umbilical
o flujo reverso en el istmo aórtico): finalizar la gestación en semana 34, la vía del parto en estos casos es la cesárea
electiva, estos fetos tienen reserva placentaria limitada y no toleran el estrés que produce el parto, lo que resulta en
mayores tasas de cesáreas de urgencias. B. En los casos en lo que se encuentren signos de acidosis (flujo diastólico
reverso en la arteria umbilical, IP del ductus venoso percentil>95) el riesgo de muerte a las 30 semanas es mayor que
los riesgos que trae consigo la prematuridad, por lo tanto estas gestaciones se terminan en esta semana (38). C. En
los fetos en los que se encuentra alteración en los flujos venosos antes de las 30 semanas o con alta sospecha de
acidosis fetal (flujo reverso en ductus venoso o alteraciones en registro cardiotocográfico), se recomienda finalizar
gestación en semana 28. Por debajo de las 28 semanas, la tasa de supervivencia es muy baja (menos del 50%), por lo
tanto, la decisión de finalizar la gestación se justifica ante la presencia de flujo reverso en ductus venoso o de un patrón
de desaceleración en el monitoreo. La vía del parto en estos casos es la cesárea ya que estos fetos toleran mal el
parto vaginal
Manejo de pacientes con restricción del
crecimiento intrauterino confirmado
Control y manejo de factores predisponentes
Adecuado control de patologías médicas maternas, como síndrome hipertensivo del
embarazo, diabetes con compromiso vascular, etc.
Ajuste nutricional en madres con bajo o insuficiente incremento de peso.
Eliminar hábitos inadecuados como tabaco y alcohol.
Considerar la indicación de efectuar reposo como medida que favorece el flujo útero-
placentario.
Criterios de hospitalización en fetos con
restricción del crecimiento intrauterino
Interrupción del embarazo
La decisión sobre el momento de interrupción del embarazo debe tomar
en cuenta tanto la edad gestacional como la condición fetal.
En casos de restricción del crecimiento intrauterino lejos del término del
embarazo, una velocimetría Doppler que muestra un flujo umbilical
normal es tranquilizadora en cuanto al bienestar fetal y permite una
conducta expectante en espera de madurez pulmonar. Por el contrario,
el flujo ausente o reverso en la arteria umbilical es un signo ominoso y
puede constituir indicación de interrupción inmediata del embarazo dado
el riesgo de muerte fetal, según la edad gestacional de que se trate.
En casos de restricción del crecimiento intrauterino cercanos al término, se debe interrumpir el
embarazo cuando existe:
• Detención del crecimiento. En embarazos mayores de 32 semanas debe comprobarse la madurez
pulmonar fetal. En el caso de inmadurez bioquímica, debe inducirse madurez pulmonar con
corticoides e interrumpir a las 48 horas. En embarazos de menos de 32 semanas puede plantearse
diferir la interrupción si los otros parámetros de la unidad fetoplacentaria son normales.
• Compromiso de la unidad feto placentaria. Doppler con flujo diastólico ausente o reverso en arteria
umbilical, como criterio único en embarazos de más de 30-32 semanas.
• Perfil biofísico alterado (<6/10).
• Oligoamnios absoluto.
• Patología materna que condiciona la interrupción (por ejemplo hipertensión arterial).
En caso de embarazo cercano al término, con restricción del crecimiento intrauterino leve, sin
patología materna, podría adoptarse una conducta más expectante si la unidad fetoplacentaria está
indemne y existen malas condiciones obstétricas para la interrupción. Esto es particularmente
posible si la velocimetría Doppler muestra un flujo umbilical normal.
Vía de parto
Si no existe contraindicación para el parto vaginal y la evaluación de la unidad feto
placentaria es normal, puede realizarse una inducción del trabajo de parto aún con
condiciones cervicales desfavorables. Es necesario considerar en el intraparto:
• Monitorización permanente de la frecuencia cardíaca fetal.
• Atención profesional del parto.
• Recurso neonatológico disponible.
La monitorización electrónica de la frecuencia cardíaca fetal es importante porque,
excluidas las malformaciones, la asfixia es la principal causa de muerte. Por otra parte, la
evidencia muestra una incidencia de 30% de desaceleraciones tardías en restricción del
crecimiento intrauterino versus 7% en niños adecuados para la edad gestacional. En
ausencia de desaceleraciones, los casos con restricción del crecimiento intrauterino no
muestran diferencias acido básicas respecto a los adecuados para la edad gestacional, la
concentración de lactato en los fetos con restricción del crecimiento intrauterino es
significativamente mayor que en los adecuados para la edad gestacional y la posibilidad de
depresión neonatal es menor si la interrupción o extracción fetal es precoz. La
monitorización estricta es, entonces, indispensable.
En casos de restricción del crecimiento intrauterino con deterioro severo del Doppler (flujo
ausente o reverso en diástole, o deterioro del flujo venoso), lo recomendable es la
interrupción por operación cesárea.
El pronóstico individual de cada caso de restricción del crecimiento
intrauterino va en directa relación con:
• Prematurez
• Etiología, son de peor pronóstico aquellos casos asociados a:
o infecciones congénitas
o aneuploidías
o malformaciones fetales
o insuficiencia placentaria severa de inicio precoz
• Grado de deterioro de la unidad fetoplacentaria.