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Biografía de David: Rey de Israel

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Biografía Rey David

Segundo rey de Israel (1000-962 a.C.). Se menciona unas ochocientas veces en el


Antiguo Testamento y sesenta en el Nuevo Testamento. No se sabe con certeza el
significado de su nombre. Hijo menor de Isaí, de la tribu de Judá. En las Escrituras
este nombre se aplica solamente a él, como tipificación del lugar único que ocupa
como antepasado, precursor, y anunciador del Señor Jesucristo, “el gran hijo del
gran David”.

Hay 58 referencias a David en el Nuevo Testamento, incluido el tan repetido título


acordado a Jesús: “Hijo de David”. Pablo declara que Jesús es “del linaje de David
según la carne” Romanos 1:3, y Juan relata que Jesús mismo dijo “yo soy la raíz y el
linaje de David” Apocalipsis 22:16.

Cuando volvemos al Antiguo Testamento para descubrir quién es este que ocupa un
lugar de tanta prominencia en el linaje de nuestro Señor y los propósitos de Dios, el
material disponible es abundante. La historia de David se encuentra entre 1 Samuel
16 y 1 Reyes 2, y mucho de este material se encuentra paralelamente en 1 Crónicas
2:29.

I. Marco familiar

David era bisnieto de Rut y Booz, y el menor de ocho hermanos 1 Samuel 17:12,
y desde niño fue pastor de ovejas. Ocupado en este trabajo adquirió el coraje que
luego supo desplegar en el campo de batalla (1 Samuel 17:34–35) y el tierno
cuidado que tuvo para con su manada, que más tarde habría de ser tema de sus
canciones acerca de los atributos de su Dios. Como José, sufrió la mala disposición
de sus hermanos mayores, que le tenían envidia, posiblemente por los talentos con
que Dios lo había favorecido (1 Samuel 17:28).

Aunque fue modesto en cuanto a su ascendencia (1 Samuel 18:18), David había de


ser padre de una línea de notables descendientes, como lo demuestra la genealogía
de nuestro Señor en el Evangelio de Mateo (Mateo 1:1–17).

II. Ungimiento y amistad con Saúl

Cuando Dios rechazó a Saúl como rey de Israel, David le fue revelado a Samuel
como su sucesor, y por ello el profeta lo ungió en Belén sin ninguna ostentación (1
Samuel 16:1–13).

Uno de los resultados del rechazo de Saúl fue que el Espíritu de Dios se retiró de él,
provocando como consecuencia una gran depresión en su propio espíritu. Se
advierte una impresionante revelación del propósito divino en la providencia por la
cual David, destinado a reemplazar a Saúl en el favor y los planes de Dios, es
elegido para socorrer al rey caído en sus momentos de melancolía (1 Samuel 16:17–
21). De esta manera, la vida de estos dos hombres estuvo íntimamente ligada.

Saúl nombró a David como su paje de armas o escudero. Luego el conocido


incidente con Goliat, el campeón filisteo, lo cambió todo (1 Samuel 17).

La agilidad y habilidad de David con la honda le permitió vencer al fuerte y pesado


gigante, cuya muerte fue la señal para la derrota por parte de Israel de las fuerzas
filisteas. Quedó abierto el camino para que David hiciera suya la recompensa
prometida por Saúl: la mano de la hija del rey, y liberación de impuestos para toda
la familia de su padre. Pero un factor inesperado cambió el curso de los
acontecimientos: los celos que sintió el rey ante el nuevo campeón de Israel. Cuando
David regresaba, después de haber matado a Goliat, las mujeres israelitas le dieron
la bienvenida cantando “Saúl hirió a sus miles, y David a sus diez miles”. Saúl, a
diferencia de su hijo *Jonatán en una situación parecida, se sintió herido y, se nos
dice, “desde aquel día no miró con buenos ojos a David” (1 Samuel 18:7, 9).

III. La hostilidad de Saúl

El trato de Saúl para con David comenzó a ser cada vez menos amistoso, y en un
momento dado vemos al joven héroe nacional salvándose de un ataque brutal contra
su vida por parte del rey. Sus honores militares le fueron reducidos, fue defraudado
en cuanto a la esposa prometida y unido en matrimonio a la otra hija de Saúl, Mical,
después de llegar a un arreglo que tenía por objeto causarle la muerte (1 Samuel
18:25). Parecería, por lo que se dice en 1 Samuel 24:9, que había en la corte de
Saúl un grupo que fomentaba deliberadamente las desinteligencias entre Saúl y
David, y el estado de cosas entre ellos se fue deteriorando paulatinamente.

Otra tentativa infructuosa de Saúl de matar a David con su lanza fue seguida por un
intento de arresto, que se vio frustrado por una estratagema de Mical, la esposa de
David (1 Samuel 19:8–17). Un rasgo notable de este período en la vida de David es
la manera en que los dos hijos de Saúl, Jonatán y Mical, se aliaron con David contra
su propio padre.

IV. Huida de delante de Saúl

Las etapas siguientes en la historia de David se caracterizan por constantes huidas


ante la implacable persecución de Saúl. No le es posible a David descansar en un
solo lugar por mucho tiempo; profeta, sacerdote, enemigo nacional: ninguno puede
ofrecerle refugio, y los que le ofrecen ayuda son cruelmente castigados por un rey
enloquecido de rabia (1 Samuel 22:6–19).

Después de escapar apenas de los jefes militares de los filisteos, por fin David logró
organizar la banda de Adulam, que al principio estaba constituida por un grupo
heterogéneo de fugitivos, pero que más tarde se transformó en una fuerza armada
que asolaba a los invasores del exterior, protegía las cosechas y el ganado de las
comunidades israelitas ubicadas en lugares remotos, y vivía de la generosidad de
estas últimas.

En 1 Samuel 25 se registra la forma miserable en que uno de estos acaudalados


hacendados, Nabal, se negó a reconocer su deuda para con David; este incidente es
interesante pues presenta a Abigail, que luego habría de ser una de las mujeres de
David. Los capítulos 24 y 26 del mismo libro registran dos ocasiones en que David le
perdonó la vida a Saúl, como consecuencia de una mezcla de piedad y
magnanimidad.

David, ante la imposibilidad de frenar la hostilidad de Saúl, llegó a un acuerdo con el


rey filisteo, Aquis de Gat, y le fue concedida la ciudad fronteriza de Siclag como
recompensa por el uso ocasional de su banda de guerreros.

Sin embargo, cuando los filisteos se lanzaron decididamente a pelear contra Saúl,
sus jefes militares tuvieron cierto recelo ante la presencia de las tropas de David en
sus filas, temiendo que a última hora pudiera producirse un cambio de lealtad,
motivo por el cual David no tomó parte en la tragedia de Gilboa, tragedia que más
tarde lamentó en una de las más hermosas elegías que se conocen (2 Samuel 1:19–
27).

V. Rey en Hebrón

Una vez muerto Saúl, David buscó conocer la voluntad de Dios, quien lo guió a que
volviera a Judá, la zona de su propia tribu, donde sus compatriotas lo ungieron rey.
David fijó su residencia real en Hebrón. Tenía ya 30 años de edad, y reinó en Hebrón
durante siete años y medio.

Los primeros dos años fueron ocupados en una guerra civil entre los defensores de
David y los antiguos cortesanos de Saúl, que habían consagrado a Es-baal (Is-
boset), hijo de Saúl, como rey en Mahanaim. Es muy probable que Es-baal no haya
sido más que un títere en manos de Abner, el fiel seguidor de Saúl.

Cuando estos fueron asesinados, toda oposición organizada contra David terminó, y
fue ungido rey sobre las doce tribus de Israel en Hebrón. De allí transfirió en seguida
la capital de su reino a Jerusalén (2 Samuel 3–5).

VI. Rey en Jerusalén

A partir de este momento comenzó el período más exitoso del largo reinado de
David, que habría de prolongarse otros 33 años. Debido a una excelente
combinación de coraje personal y hábil conducción militar encaminó a los israelitas
hacia una sistemática y decisiva subyugación de todos sus enemigos (filisteos,
cananeos, moabitas, arameos, edomitas, y amalecitas), de tal manera que su
nombre hubiera adquirido fama en la historia independientemente de su significación
para el plan divino de la redención.

La debilidad de las potencias de los valles del Nilo y del Éufrates en ese entonces le
permitió, mediante conquistas y alianzas, extender su esfera de influencia desde la
frontera egipcia y el golfo de Ácaba hasta el Éufrates superior.

Después de conquistar la supuestamente inexpugnable ciudadela de los jebuseos,


Jerusalén, la transformó en capital de su reino, desde donde pudo vigilar las dos
grandes divisiones de sus dominios, que más tarde se convirtieron en los dos reinos
divididos de Judá e Israel. Se edificó un palacio, se construyeron carreteras, se
restauraron las rutas comerciales, se aseguró la prosperidad material del reino. Sin
embargo, esta no podía ser la única, ni siquiera la principal, ambición de un “varón
conforme al corazón de Dios”, y pronto se pone de manifiesto el celo religioso de
David. Hizo volver el arca del pacto desde Quiriat-jearim, y la colocó en un
tabernáculo especial construido para ese fin en Jerusalén.

Durante el viaje de retorno del arca ocurrió el incidente que provocó la muerte de
Uza (2 Samuel 6:6–8). Gran parte de la organización religiosa que habría de
enriquecer más tarde el culto en el templo debe su origen a los arreglos para el
servicio religioso en el tabernáculo construido por David en esa época. Además de su
importancia estratégica y política, Jerusalén adquirió de esta manera una
significación aun mayor desde la perspectiva religiosa, con la cual se ha asociado su
nombre desde entonces.

Debe ser motivo de asombro y temor reverencial para el creyente el tener presente
que fue durante este período de prosperidad exterior y de aparente fervor religioso
que David cometió el pecado mencionado en las Escrituras como “lo tocante a Urías
heteo” (2 Samuel 11).

La significación y la importancia de este pecado, tanto por su atrocidad como por sus
consecuencias en toda la historia subsiguiente de Israel, no pueden exagerarse.
David se arrepintió profundamente, pero el hecho había sido consumado, y ha
quedado como una demostración de cómo el pecado arruina los propósitos de Dios
para sus hijos. El patético y angustioso clamor con que recibió la noticia de la muerte
de Absalón no fue sino un débil eco de la agonía de un corazón que sabía que esa
muerte, y muchas más, formaban parte de una cosecha que era fruto de la
concupiscencia y el engaño sembrados por él mismo en años anteriores.

La rebelión de Absalón, en la que el reino del norte permaneció leal a David, pronto
fue seguida por una sublevación por parte del mismo reino del norte organizada por
el benjamita Seba. Esta sublevación, como la de Absalón, fue aplastada por Joab.
Los últimos días de David fueron amargados por las maquinaciones de Adonías y
Salomón, que aspiraban al trono, como también porque se daba cuenta de que el
legado de luchas intestinas profetizado por Natán todavía tenía que cumplirse
cabalmente.

Además del ejército permanente, comandado por su pariente Joab, David disponía
de una guardia personal reclutada principalmente entre guerreros de origen filisteo,
cuya lealtad hacia su persona nunca flaqueó. Hay abundantes pruebas en los anales
históricos, a los cuales ya se ha hecho referencia, de la habilidad de David para
componer odas y elegías (2 Samuel 1.19–27; 3:33–34; 22; 23:1–7). Una vieja
tradición lo describe como “el dulce cantor de Israel” (2 Samuel 23:1), mientras que
escritos posteriores del Antiguo Testamento se refieren a él como el director del
culto musical de Israel, como el inventor de instrumentos de música que tocaba con
habilidad, y como compositor (Nehemías 12:24, 36, 45–46; Amos 6:5).

En la Biblia hay 73 salmos que se atribuyen a “David”, algunos de ellos presentados


de tal manera que no queda duda de que él fue su autor. Pero lo más convincente a
este respecto es que nuestro Señor mismo habló de David como el autor de, por lo
menos, un salmo (Lucas 20.42), utilizando una cita del mismo para aclarar el
carácter de su mesianismo.

VII. Carácter

La Biblia nunca intenta encubrir o paliar los pecados o los defectos de carácter de los
hijos de Dios. “Las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se
escribieron” (Romanos 15:4). Una de las funciones de las Escrituras es la de advertir
por medio del ejemplo, a la vez que servir de aliento. El pecado de David en el caso
de Urías heteo constituye un ejemplo fundamental de lo que se acaba de afirmar. Lo
que se busca es que esta mancha se vea tal como es, es decir como una mácula en
la vida de un personaje por lo demás hermoso y maravillosamente dedicado a la
gloria de Dios. Es verdad que existen elementos en la experiencia de David que al
que es hijo del nuevo pacto le resultan inverosímiles y hasta repugnantes. Sin
embargo “él… sirvió a su propia generación según la voluntad de Dios” (Hechos
13:36), y en esa generación se destacó como una luz brillante y reluciente para el
Dios de Israel.

Sus éxitos fueron numerosos y variados; fue hombre de acción, poeta, amante
tierno, enemigo generoso, firme dispensador de justicia, amigo leal; era todo lo que
los hombres encuentran edificante y admirable en un hombre, y esto por la voluntad
de Dios, que lo creó y lo moldeó para cumplir su destino. Es a David, y no a Saúl, a
quien los judíos miran retrospectivamente con orgullo y afecto como a aquel que
estableció su reino, y es en David que los judíos más perspicaces vieron el ideal de
realeza más allá del cual sus mentes no podían proyectarse, y en dicho ideal
buscaban al Mesías que había de venir, el que liberaría a su pueblo y se sentaría
sobre el trono de David para siempre. El que todo esto no constituía un disparate de
tipo idealista y mucho menos idolatría, lo demuestra la forma en que el Nuevo
Testamento certifica las excelencias de David, de cuya simiente surgió el Mesías
según la carne.

Bibliografía:

S. Herrmann, Historia de Israel, 1979, páginas 190–225

J. Bright, Historia de Israel, 1966, páginas 197–237

Ediciones Certeza ISBN 9978–972–02–9 EDITORIAL CERTEZA

Tu voto:

No fue Dios quien primero rechazó a Saúl. Saúl rechazó a Dios a través de la
desobediencia y determinación de ir en contra de lo que sabía que el Señor le había
mandado a hacer. Saúl pecó de desobediencia a una orden explícita de Dios. Saúl
creía que había hecho lo correcto, pues cuando Samuel lo confronta con su pecado
Saúl trata de justificarlo, culpando al pueblo y diciendo que lo que habían tomado de
Amalec era para ofrecer sacrificios a Dios. Samuel le dice que Saúl que Dios había
decidido desecharlo “…para que no sea rey sobre Israel”. ¿Se quebrantó Saúl por
esto? La respuesta es “No”. Lo que le reocupó a Saúl era su reputación, lo que iba a
pensar el pueblo, los ancianos y militares de su pueblo. Por eso le dice a Samuel “te
ruego que me honres delante de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel, y
vuelvas conmigo para que adore a Jehová tu Dios” (1ª Sam.15:30). El prefirió la
honra de los hombres antes que el arrepentimiento y el perdón de Dios, y por eso
fue desechado por Dios.

David cometió un execrable pecado. La razón es que David a diferencia de Saúl


reconoció su pecado y se entristeció por esto: “Pequé contra Jehová” y se arrepintió
sinceramente, por lo que Dios le dijo a través de Natán “…No morirás” (2ª Samuel
12:13). Igual recibe un castigo de parte de Dios pues el hijo que esperaba murió.
David expresó todo su arrepentimiento en el Salmo 51. Luego experimentó el perdón
de Dios y la restauración para su vida. Dios le bendijo luego con un hijo a quien
llamó Jedidías que significa “El amado de Dios”, a quien conocemos como Salomón
que hizo obras aún mayores que la de su padre David. No por algo dice la Escritura
que “cuando abundó el pecado, sobreabundó la gracia”. David escribiría que
“Bienaventurado es el hombre a quien Dios perdona sus transgresiones y cubre sus
pecados” (Salmo 32:1). Dios no desecha a nadie si existe un arrepentimiento
genuino; seguramente el pecador será alcanzado por las consecuencias de sus
pecados, pero Dios en su gran amor tiene perdón para su alma.

Qué podemos aprender de la vida de


David?
Pregunta: "¿Qué podemos aprender de la vida de David?"

Respuesta: Podemos aprender mucho de la vida de David. Él era un hombre


conforme al corazón de Dios (1 Samuel 13:13-14; Hch 13:22). Se nos presenta a
David por primera vez después de que Saúl, ante la insistencia del pueblo fue
hecho rey (1 Samuel 8:5, 10:1). Saúl no estaba a la altura como el rey de Dios.
Mientras que el rey Saúl estaba cometiendo errores uno tras otro, Dios envió a
Samuel a encontrar Su pastor elegido, David, el hijo de Isaí (1 Samuel 16:10,
13).

Se cree que David tenía entre 12 a 16 años de edad cuando fue ungido como
rey de Israel. Él era el más joven de los hijos de Isaí, y una elección poco
probable para ser rey, humanamente hablando. Samuel pensó que Eliab, el
hermano mayor de David, era sin duda el ungido. Sin embargo, Dios le dijo a
Samuel, "No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo
desecho; porque el Señor no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira
lo que está delante de sus ojos, pero el Señor mira el corazón" (1 Samuel 16:7).
Siete de los hijos de Isaí pasaron delante de Samuel, pero Dios no había
escogido a ninguno de ellos. Samuel le preguntó a Isaí si tenía más hijos. David,
el más joven, estaba cuidando ovejas. Así que llamaron el muchacho y Samuel
ungió a David con aceite "y desde aquel día en adelante el Espíritu del Señor
vino sobre David " (1 Samuel 16:13).

La biblia también dice que el Espíritu del Señor se apartó del rey Saúl y un
espíritu malo lo atormentaba (1 Samuel 16:14). Los criados de Saúl sugirieron
que buscaran a alguien que supiera tocar el arpa, y uno de los criados
recomendó a David, diciendo: "He aquí yo he visto a un hijo de Isaí de Belén,
que sabe tocar, y es valiente y vigoroso y hombre de guerra, prudente en sus
palabras, y hermoso, y el Señor está con él" (1 Samuel 16:18). Así, David entró
al servicio del rey (1 Samuel 16:21). Saúl estaba complacido con el joven
David, y él se convirtió en su paje de armas.

La satisfacción de Saúl con David desapareció rápidamente cuando David creció


en fuerza y fama. Quizás uno de los relatos bíblicos más conocidos fue cuando
David mató al gigante Goliat. Los filisteos estaban en guerra con los israelitas y
se burlaron de sus fuerzas militares con su paladín, Goliat de Gat. Ellos
propusieron un duelo entre Goliat y alguien que quisiera luchar contra él. Pero
nadie en Israel se ofreció para luchar contra el gigante. Los hermanos mayores
de David formaban parte del ejército de Saúl; después que Goliat había estado
provocando a los Israelitas por cuarenta días, David visitó a sus hermanos en el
campo de batalla y escuchó los alardes de los filisteos. El joven pastor
preguntó, diciendo: "¿Qué harán al hombre que venciere a este filisteo, y
quitare el oprobio de Israel? Porque ¿quién es este filisteo incircunciso, para
que provoque a los escuadrones del Dios viviente?" (1 Samuel 17:26). El
hermano mayor de David se enojó y acusó a David de orgullo y de haber venido
solo para ver la batalla. Sin embargo, David siguió hablando del tema.

Saúl escuchó lo que David estaba diciendo y lo hizo venir. David le dijo a Saúl,
"No desmaye el corazón de ninguno a causa de él; tu siervo irá y peleará contra
este filisteo" (1 Samuel 17:32). Saúl era incrédulo; David no tenía formación
militar. David proporcionó sus credenciales como pastor, procurando dar la
gloria a Dios. David había matado leones y osos que perseguían a sus ovejas, y
afirmó que el filisteo iba a morir como ellos, porque había "provocado al
ejército del Dios viviente. El Señor, que me ha librado de las garras del león y
de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo" (1
Samuel 17:36-37). Saulo consintió, siempre y cuando David llevara la armadura
de Saúl a la batalla. Pero David no estaba acostumbrado a la armadura y
entonces la dejó a un lado. David tomó su cayado, cinco piedras lisas, su saco
pastoril, y una honda. Goliat no fue intimidado por David, pero David tampoco
fue intimidado por el gigante. "Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí
con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre del Señor de los
ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. El
Señor te entregará hoy en mi mano" (1 Samuel 17:45-46). La confianza de
David en Dios y su celo por la gloria de Dios, es admirable. David mató a Goliat.
Él también entró al servicio de Saúl a tiempo completo, ya no cuidando las
ovejas de su padre.

Fue en ese momento cuando "el alma de Jonatán quedó ligada con la de David"
(1 Samuel 18:1). La amistad de David y Jonatán es un gran ejemplo para las
amistades hoy en día. Aunque su padre era el rey y Jonatán habría sido un
heredero natural al trono, Jonatán eligió apoyar a David. Comprendió, aceptó
el plan de Dios y protegió a su amigo de su cruel padre (1 Samuel 18:1-4; 19 -
20). Jonatán demuestra humildad y amor desinteresado (1 Samuel 18:3; 20:17).
Durante el reinado de David, después de las muertes de Saúl y Jonatán, David
buscó a alguien que hubiera quedado de la casa de Saúl a quien pudiera
mostrar amabilidad por amor a Jonatán (2 Samuel 9:1). Evidentemente, estos
dos amigos se cuidaron mucho y se honraron el uno al otro.

Después del incidente con Goliat, David continuó creciendo en fama. Los
cantos en el campamento de Saúl estaban provocando mientras el pueblo
cantaba alabanzas a David y deshonraban al rey Saúl, causando un celo rabioso
en Saúl que nunca cesó (1 Samuel 18:7-8).

El celo que Saúl sentía por David lo llevó a convertirse en homicida. Primero,
quiso que los filisteos mataran a David pidiéndole que fuera su yerno. El rey
ofreció a su hija a cambio del servicio militar de David. Él, con humildad, se
negó, y la hija de Saúl fue dada a otro (1 Samuel 18:17-19). Mical, la otra hija
de Saúl, estaba enamorada de David, por lo tanto, Saúl preguntó de nuevo.
David se negó de nuevo debido a su falta de riqueza y la imposibilidad de pagar
el precio de la novia por la hija de un rey. Saúl pidió cien prepucios de
filisteos, esperando que David cayera en manos del enemigo. Cuando David
mató a doscientos filisteos, duplicando el pago requerido, Saulo comprendió
que él estaba en desventaja, y tuvo más temor de David (1 Samuel 18:17-29).
Jonatan y Mical advirtieron a David de las intenciones que su padre tenía de
asesinarlo, y David pasó los siguientes años de su vida huyendo del rey. David
escribió varios cánticos durante este tiempo, incluyendo los salmos 57, 59 y
142.

Aunque Saúl nunca dejó de perseguirlo con la intención de matarlo, David


nunca levantó la mano contra su rey y el ungido de Dios (1 Samuel 19:1-2;
24:5-7). Cuando Saúl finalmente murió, David lloró (2 Samuel 1). Incluso
sabiendo que él era el ungido de Dios, David no forzó su camino al trono. Él
respetó la soberanía de Dios y el honró las autoridades que Dios había
establecido, confiando en que Dios cumpliría Su voluntad en Su tiempo.

Mientras escapaba, David levantó un ejército poderoso, y con el poder de Dios


derrotó a todos los que se cruzaban en su camino, pidiéndole siempre permiso
e instrucciones a Dios antes de entrar en batalla, una práctica que mantendría
siendo rey (1 Samuel 23:2-6, 9-13; 2 Samuel 5:22-23). Una vez asumió su
función como rey, David siguió siendo un poderoso soldado y comandante
militar. 2 Samuel 23 narra algunas de las hazañas de los así llamados "valientes"
de David. Dios honró y recompensó la obediencia de David y le dio la victoria
en todo lo que hacía (2 Samuel 8:6).

David comenzó a tomar otras esposas. Se casó con Abigail, una viuda de
Carmel, durante el tiempo que estaba huyendo de Saúl (1 Samuel 25). David
también se había casado con Ahinoam de Jezreel. Saúl había dado a su hija
Mical mujer de David a otro hombre (1 Samuel 25:43-44). Después de la muerte
de Saúl, David fue públicamente ungido como rey sobre la casa de Judá (2
Samuel 2:4), y entonces él tenía que pelear contra la casa de Saúl, antes de ser
ungido por rey sobre todo Israel a los 32 años de edad (2 Samuel 5:3-4). Siendo
ahora rey, David recuperó a Mical para ser su esposa nuevamente (2 Samuel
3:14). David también conquistó Jerusalén, tomándola de los Jebuseos, y llegó a
ser más y más poderoso porque el Señor todopoderoso estaba con él (2 Samuel
5:7).

El arca del pacto había sido previamente capturada por los filisteos (1 Samuel
4). A su regreso a Israel, el arca fue puesta en Quiriat-jearim en casa de
Abinadab (1 Samuel 7:1). David quería traer el arca de vuelta a Jerusalén. Sin
embargo, David omitió algunas de las instrucciones de Dios sobre cómo
transportar el arca y quién debía llevarla. Esto resultó en la muerte de Uza,
quien, en medio de todas las celebraciones, extendió su mano para sostener el
arca. Dios hirió a Uza, y murió allí junto al arca (2 Samuel 6:1-7). Por temor al
Señor, David abandonó el traslado del arca y dejó que permaneciera en casa de
Obed-edom (2 Samuel 6:11).

Tres meses más tarde, David reanudó el plan para traer el arca a Jerusalén.
Esta vez, él siguió instrucciones. Él también "danzaba con toda su fuerza
delante del Señor" (2 Samuel 6:14). Cuando Mical vio a David adorando de esa
manera, "le menospreció en su corazón" (2 Samuel 6:16). Ella le preguntó a
David cómo él, como rey, pudo haber actuado sin decoro en frente de su
pueblo. "Entonces David respondió a Mical: Fue delante del Señor, quien me
eligió en preferencia a tu padre y a toda tu casa, para constituirme por
príncipe sobre el pueblo del Señor, sobre Israel. Por tanto, danzaré delante del
Señor. Y aun me haré más vil que esta vez, y seré bajo a tus ojos; pero seré
honrado delante de las criadas de quienes has hablado" (2 Samuel 6:21-22).
David entendió que la verdadera adoración está destinada únicamente para
Dios. Nosotros no adoramos para beneficiar las opiniones de los demás, sino
como una humilde respuesta a Dios (Juan 4:24).

Después que David se estableció en su palacio y tuvo paz con sus enemigos, él
quería construir un templo para el Señor (2 Samuel 7:1-2). El profeta Natán
primero le dijo a David que hiciera lo que considerara. Pero luego Dios le dice
a Natán que David no sería el que construiría Su templo. En su lugar, Dios
prometió construir una casa para David. Esta promesa incluía una predicción
que Salomón construiría el templo. Pero también habla de la venida del Mesías,
el hijo de David que reinaría para siempre (2 Samuel 7:4-17). David respondió
con humildad y reverencia: "¿quién soy yo, y qué es mi casa, para que tú me
hayas traído hasta aquí?" (2 Samuel 7:18; ver 2 Samuel 7:18-29 para toda la
oración de David). Antes de morir, David hizo preparativos para el templo. La
razón de Dios para no permitir que David construyera el templo, era que él
había derramado mucha sangre, sin embargo, el hijo de David, sería un hombre
de paz y no un hombre de guerra. Salomón construiría el templo (1 Crónicas
22).

Mucho del derramamiento de sangre por parte de David, había sido el resultado
de la guerra. Pero, en un mezquino incidente, murió uno de los poderosos
hombres de David. Aunque David era un hombre conforme al corazón de Dios,
él también era un ser humano pecador. Mientras que sus ejércitos estaban en
guerra durante una primavera, él se quedó en casa. Desde su azotea, vio a una
hermosa mujer bañándose. Él supo que era Betsabé, esposa de Urías el hitita,
uno de sus valientes hombres que estaba en guerra, y David envió mensajeros
para que le trajeran a la esposa de Urías. David se acostó con Betsabé, y quedó
embarazada. David llamó a Urías del campo de batalla, con la esperanza de
que él durmiera con su esposa y creyera que el niño fuera suyo, pero Urías se
negó a ir a su casa mientras sus compañeros estaban en guerra. Entonces David
hizo todo para que Urías muriera en la batalla. Posteriormente, David se casó
con Betsabé (2 Samuel 11). Este incidente en la vida de David nos muestra que
todos, incluso aquellos que tenemos en alta estima, luchan con el pecado.
También sirve como una moraleja acerca de la tentación y la forma en que el
pecado puede multiplicarse rápidamente.

El profeta Natán confrontó a David por su pecado con Betsabé. David respondió
con arrepentimiento. Escribió el salmo 51 en ese momento. Aquí vemos la
humildad de David y su verdadero corazón para el Señor. Aunque Natán le dijo
a David que su hijo iba a morir como resultado de su pecado, David le rogó al
Señor por la vida de su hijo. La relación de David con Dios era tal, que estaba
dispuesto a persistir en la fe y en la esperanza de que Dios pudiera ceder.
Cuando Dios promulgó su sentencia, David la aceptó completamente (2 Samuel
12). En esta historia, vemos también la gracia y la soberanía de Dios. Salomón,
el hijo de David, quien lo sucedió y a través de quien vendría Jesús, nació de
David y Betsabé.

Dios también le había dicho a David por medio de Natán, que la espada no se
apartaría de su casa. De hecho, la familia de David tuvo muchos problemas a
partir de ese momento. Esto lo vemos entre los hijos de David cuando Amnón
violó a Tamar, lo que condujo al asesinato de Amnón por parte de Absalón, y la
conspiración de Absalón contra David. Natán también le había dicho a David
que sus esposas serían dadas a uno que estaba cerca de él; esto no ocurriría en
secreto, así como el pecado de David con Betsabé, sino que sería en público.
La profecía se cumplió cuando Absalón durmió con las concubinas de su padre,
en la azotea para que todos vieran (2 Samuel 16).

David es el autor de muchos de los salmos. En ellos, vemos la manera que él


buscó y glorificó a Dios. Generalmente de él se piensa como un rey pastor y un
poeta guerrero. La biblia lo llama "el dulce salmista de Israel" (2 Samuel 23:1).
La vida de David parecía estar llena de una gama de emociones humanas; un
joven pastor común y corriente, con gran confianza en la fidelidad de Dios que
honró a autoridades, huyó por su vida, y se convirtió en el rey contra quien
todos los futuros reyes de Israel serían medidos. Vio muchas victorias militares.
También cayó en un gran pecado, y su familia sufrió como consecuencia de
ello. Pero en medio de todo esto, David se volvió a Dios y confió en Él. Incluso
en los Salmos, cuando David está deprimido o desanimado, le vemos alzar sus
ojos a Su creador y darle alabanza. Esta confianza en Dios y la continua
búsqueda de la relación con Él, es parte de lo que hace que David sea un
hombre conforme al corazón de Dios.

Dios prometió a David un descendiente que reinaría en el trono para siempre.


Ese rey eterno es Jesús, el Mesías e Hijo de David.

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