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Recurso de Casación Pensión de Sobrevivientes

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OLGA YINETH MERCHÁN CALDERÓN

Magistrada ponente

SL1077-2024
Radicación n.° 100301
Acta 15

Bogotá, D. C., siete (7) de mayo de dos mil veinticuatro


(2024).

Decide la Corte el recurso de casación interpuesto por


WILSON LÓPEZ ÁLVAREZ, contra la sentencia proferida por
la Sala Laboral del Tribunal Superior del Distrito Judicial de
Barranquilla, el 28 de abril de 2023, en el proceso ordinario
laboral que instauró el recurrente contra la
ADMINISTRADORA COLOMBIANA DE PENSIONES
(COLPENSIONES).

Se le reconoce personería adjetiva para actuar en


representación del demandante al abogado Eladio Enrique
Martínez de la Hoz identificado con la cédula de ciudadanía
8.667.794 de Barranquilla y portador de la tarjeta profesional
68.182 del C. S. de la J., en los términos y para los efectos
del poder de sustitución que le fue conferido y que reposa en
el expediente digital de esta corporación.

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Así mismo se le reconoce personería adjetiva a la


abogada Linda Tatiana Vargas Ojeda identificada con la
cédula de ciudadanía 1.140.862.823 de Barranquilla y
portadora de la tarjeta profesional 287.982 del C. S. de la J.
para actuar en representación de la Administradora
Colombiana de Pensiones, al tenor del mandato que se le
otorgó a la sociedad Casación Laboral Estudio S. A. S. y que
milita en la actuación digital de la Corte.

I. ANTECEDENTES

Wilson López Álvarez demandó a la Administradora


Colombiana de Pensiones (Colpensiones), con el fin de que se
le reconozca la pensión de sobrevivientes derivada del deceso
de su compañera permanente, Edith Elena Carbonell
Barreto, a partir del 20 de noviembre de 2020; el retroactivo
causado; la indexación de las condenas; lo que resulte
probado en uso de las facultades ultra y extra petita y las
costas del proceso.

Fundamentó sus peticiones, básicamente, en que la


causante obtuvo la calidad de pensionada mediante
Resolución 019052 del 11 de diciembre de 1989; que convivió
con ella desde el 5 de febrero de 2005, atendiéndola durante
toda su enfermedad y hasta el momento de su óbito, ocurrido
el 20 de noviembre de 2020.

Dijo que, en su condición de compañero permanente de


la pensionada, el 19 de enero de 2021 solicitó la pensión de
sobrevivientes que le fue negada a través de la Resolución

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68006 del 17 de marzo de la misma anualidad.

Al dar respuesta a la demanda, la parte accionada se


opuso a las pretensiones y, en cuanto a los hechos, admitió
la calidad de pensionada de la causante, la calenda en que
se produjo su fallecimiento, la solicitud de la prestación de
sobrevivientes deprecada y su negativa. De los demás dijo
que no eran ciertos o que no le constaban.

En su defensa manifestó que, aunque el actor alegaba


haber sido el compañero permanente de la pensionada por
más de 14 años sin haber procreado hijos; del estudio de los
documentos allegados se obtenía que aquella se encontraba
vinculada a la Nueva EPS S. A., sin registrar ningún
beneficiario y que el reclamante era afiliado del régimen
subsidiado con la EPS Mutual Ser.

Agregó que a pesar de que con la solicitud de pensión


se aportó varias declaraciones extra procesales, una de ellas
rendida el 10 de diciembre de 2020, aquella estaba firmada
únicamente por el demandante; que de la copia de los
documentos de identificación de la supuesta pareja se
evidenciaba una diferencia de edad de 30 años, sin que se
hubieran allegado documentos adicionales que soportaran la
convivencia anunciada.

Precisó que en la investigación de campo realizada, se


pudo establecer que el peticionante no fue el compañero
permanente de la mencionada pensionada, pues así se
derivaba del testimonio dado por el arrendador del último

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domicilio registrado por la señora Carbonell, quien declaró


insistentemente en que los implicados no eran pareja, que
López Álvarez, solo se encargaba de las diligencias de la
causante, quien no había tenido cónyuge, compañero ni hijos
y padecía de demencia los últimos años; lo que ratificó la
sobrina de aquella.

Propuso como excepciones de mérito las que denominó


cobro de lo no debido; prescripción; imposibilidad de pago de
intereses moratorios; buena fe; innominada o genérica.

II. SENTENCIA DE PRIMERA INSTANCIA

El Juzgado Noveno Laboral del Circuito de Barranquilla,


al que correspondió el trámite de la primera instancia,
mediante fallo del 3 de octubre de 2022 dispuso:

PRIMERO: Declarar probada la Excepción de Cobro de lo no


Debido propuesta por COLPENSIONES, al momento de replicar.
Consecuencialmente, se le ABSUELVE de las pretensiones de la
demanda promovida en su contra por el señor WILSON LÓPEZ
ÁLVAREZ.

SEGUNDO: Costas a cargo de la parte demandante.

TERCERO: En el evento que esta sentencia no sea apelada,


remítase el expediente a la Sala Laboral del Tribunal Superior de
Barranquilla para que se surta el grado jurisdiccional de
Consulta.

III. SENTENCIA DE SEGUNDA INSTANCIA

La Sala Laboral del Tribunal Superior del Distrito


Judicial de Barranquilla, al desatar el recurso de apelación
interpuesto por la parte demandante, a través de proveído del

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28 de abril de 2023 confirmó la sentencia de primer grado


sin imponer costas en la alzada.

En lo que interesa al recurso extraordinario, el juez


plural fijó como problema jurídico determinar el
cumplimiento de los requisitos para el reconocimiento de la
pensión de sobrevivientes deprecada y, en especial, verificar
si las declaraciones obrantes en el proceso daban cuenta de
la existencia de un vínculo real y efectivo «de la fallecida con
el demandante, y así establecer si le asiste derecho a la
sustitución pensional que reclama».

Destacó que, atendiendo a la fecha en la que se produjo


el óbito de la pensionada, 20 de noviembre de 2020, el
derecho deprecado debía resolverse bajo la egida de los
artículos 12 y 13 de la Ley 797 de 2003 los que reprodujo.

Sostuvo que en consideración a que lo que era materia


de debate era la condición de beneficiario del promotor de la
contienda, resultaba necesario estudiar los medios de prueba
allegados al plenario, que correspondían al registro civil de
defunción de Edith Elena Carbonell Barreto, la Resolución
01952 del 11 de diciembre de 1989 por medio la cual el ISS
le reconoció a esta pensión de vejez; las declaraciones extra
procesales rendidas el 10 de diciembre de 2020 por el actor
ante la Notaría Segunda del Círculo de Barranquilla y los días
16 y 28 de diciembre de 2020 por parte de Inés Karime
Gómez Barrios y Juana Colombia Carmona Avena, quienes
también habían declarado en el trámite del proceso junto con
Marlene del Carmen Ávila Borja; el informe correspondiente

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a las diligencias de investigación administrativa realizadas


por la empresa Cosinte Ltda., a instancias de Colpensiones;
y el interrogatorio de parte rendido por el actor.

Adujo lo que de cada una de las pruebas enunciadas se


extraía, y sostuvo que de estas no se derivaba la certeza y
contundencia necesarias para declarar que la convivencia
alegada hubiera sido real, estable, permanente y bajo el
contexto de vida marital con ánimo de pareja y familia.

Que, las declaraciones extra proceso rendidas ante


notario por las señoras Inés Karime Gómez Barrios y Juana
Colombia Carmona Avena, no coincidían con las vertidas por
aquellas dentro del proceso, derivándose contradicciones que
no permitían estimarlas como contundentes para la
acreditación del requisito de convivencia.

Aclara que aunque en la declaración extraprocesal los


testigos manifestaron «conjuntamente» que la relación
conformada por el actor y la pensionada, estuvo vigente
desde el 7 de febrero de 2005 y permaneció hasta la fecha de
fallecimiento de la última, tales afirmaciones perdían valor
probatorio al ser contrastadas con lo dicho por el actor al
absolver el interrogatorio de parte, pues allí aseveró que
comenzó a convivir con la causante a partir del año 2007;
aspecto que a juicio del Tribunal cobraba mayor relevancia
cuando la misma declarante Carmona Avena, al rendir
testimonio, había precisado que la relación comenzó en el
2007, pese a que en una pregunta anterior había dicho que
no recordaba la fecha; lo que también había sucedido con

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Gómez Barrios quien refirió que el inicio de la convivencia fue


en los años 2007 o 2008, con lo que se dejó en evidencia «una
protuberante incongruencia entre lo que fue relatado por todos
en las declaraciones extra proceso y lo que afirmaron al
interior de la diligencia en que se recaudó la prueba
testimonial».

En cuanto al testimonio de Marlene del Carmen Ávila


Borja resaltó que incurrió en contradicciones en tanto:

[…] primero afirmó que ella vivía en Montería cuando Edith se


conoció con Wilson, que se fue a vivir a montería (sic) en el año
1991, y permaneció allá aproximadamente 3 años, luego regresó
a Barranquilla, y en ese momento ya el señor Wilson estaba
viviendo en la casa de la Señora Edith. Posteriormente, ante los
cuestionamientos que le efectuó la Juez, la declarante se retractó
de lo dicho y afirmó que él se había ido a vivido (sic) a vivir con
la señora Edith desde el año 2005.

Así las cosas, afirmó que las declaraciones recibidas en


el trámite del proceso no daban las razones de las
inconsistencias de sus dichos, lo que, en consecuencia, no
aportaba el grado de convicción necesaria para inferir con la
certeza requerida, que los hechos afirmados eran ciertos.

Luego se refirió a la investigación administrativa


adelantada por Colpensiones y puso de presente que fue con
fundamento en esta que la demandada negó la pensión de
sobrevivientes solicitada, ya que aquella diligencia permitió
establecer que la razón de la permanencia del actor en la casa
de la causante lo era su calidad de «cuidador, mayordomo o
asistente», como se desprendía de la entrevista hecha a
quienes durante 15 y 16 años habían sido los vecinos del
sector, quienes indicaron que el actor se encargaba de las

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diligencias de la pensionada, negando que fueran pareja.

Acotó que incluso la sobrina, reconocida por los testigos


y el propio demandante, Delia Caro Carbonell, había
informado en la entrevista rendida dentro de la investigación,
que el promotor del litigio «era venezolano y no tenía donde
vivir y cuando conoció a la fallecida le pidió que lo dejara
quedar en su casa, y a cambio le realizaba las diligencias
personales, y así vivieron durante 10 años hasta la muerte de
su tía, pero que no fueron pareja», pues además la causante
padecía de «demencia», no tuvo pareja ni hijos y, falleció en la
vivienda.

Expuso que cuando el demandante fue interrogado en


la actuación en torno a la relación afectiva que sostenía
existió, aquel se limitó a responder «que ella casi no se
pertenecía y que ello fue así por aproximadamente, sus
últimos 10 o 12 años de vida, periodo de tiempo bastante
importante, si se tiene en cuenta que afirma en el libelo que la
relación afectiva y de convivencia con la causante duró
aproximadamente 15 años».

De manera que, contrario a la tesis de la parte activa,


los testimonios de las señoras Juana Colombia Carmona
Avena y Marlene Del Carmen Ávila Borja, reafirmaban las
conclusiones a las que llegó la investigación administrativa
desplegada por Colpensiones, toda vez que fueron
coincidentes en afirmar que quien administraba el dinero
proveniente de la mesada pensional y las finanzas de la
fallecida, era la sobrina de esta última y, pese a que el mismo

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demandante manifestó en el interrogatorio de parte que quiso


asumir esa administración y función, ello no le fue permitido;
lo que adicionalmente daba lugar a inferir que este «no tenía
en verdad facultad de decisión alguna sobre aspectos tan
básicos como la administración y manejo de los recursos
económicos del supuesto hogar».

Agregó que las testigos escuchadas en el trámite del


proceso indicaron que el actor llegó a la casa de la señora
Edith Carbonell Barreto «en calidad de asistente, que
trabajaba ahí con ella y que era quien se encargaba de las
diligencias personales, domésticas y médicas de la señora, se
encargaba de atenderla», y a pesar de manifestar que la
condición del demandante cambió con el tiempo, al punto en
que llegó a convertirse en su compañero permanente, lo
cierto era, que dichos declarantes no pudieron brindar una
razón suficiente o describir un hecho contundente que diera
cuenta de esa circunstancia.

Para ahondar en razones acotó que no podía pasarse


por alto que de conformidad con el historial de asistencia a
las citas medicas de la causante, entre el 16 de enero de 2017
y el 20 de mayo de 2020, el promotor de la contienda se
presentó como «cuidador o ahijado» al igual que la testigo
Marlene Ávila, lo que si bien se pretendió excusar con que
fue un error del centro asistencial, resultaba inverosímil que
la entidad prestadora de servicios de salud se hubiera
equivocado reiterativamente por espacio de más de tres años
«en sendas oportunidades y en todas y cada una de ellas».

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Frente a los argumentos expuestos por el apelante en


torno a que la convivencia debía ser considerada «desde un
punto de vista objetivo, sin entrar a ahondar en la naturaleza
de la relación de las partes», precisó el fallador de segundo
grado que, tal y como lo había indicado la jurisprudencia de
esta Corte, dicha comunidad o convivencia debía existir bajo
la premisa del ánimo de constituir pareja y familia, para lo
que se remitió a la sentencia CSJ SL6286-87 (sic).

Así las cosas, concluyó que no le asistía el derecho


pensional al actor, por no acreditar los requisitos mínimos
exigidos en la normatividad vigente al momento de la
defunción de la causante, en la medida que no había existido
la comunidad de vida, soportada en serios lazos afectivos y
en el compromiso de solidaridad, protección, ayuda y
sostenes mutuos de la pareja como el factor determinante
para definir el derecho a la pensión de sobrevivientes.

Afirmó que en realidad fue «el mismo demandante, motu


propio, se declaró como compañero permanente» muy a pesar
de reconocer que la pensionada sufría «de Alzheimer, o
demencia»; unido a que no cumplió con la carga de probar la
convivencia por el término exigido en la ley, por lo que debía
confirmar la sentencia de primera instancia.

IV. RECURSO DE CASACIÓN

Interpuesto por el demandante, concedido por el


Tribunal y admitido por la Corte, se procede a resolver.

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V. ALCANCE DE LA IMPUGNACIÓN

Pretende el recurrente que esta corporación case la


sentencia fustigada, para que, en sede de instancia:

[…] se REVOQUE la sentencia de primer grado y la de segunda


instancia, y condene a la demandada la ADMINISTRADORA
COLOMBIANA DE PENSIONES a CONCEDER al señor, WILSON
LÓPEZ ÁLVAREZ LA PENSIÓN DE SOBREVIVIENTE POR
MUERTE de la COMPAÑERA señora EDITH ELENA CARBONELL
BARRETO.

Con tal propósito formula dos cargos, por la causal


primera de casación, los que son replicados por la
demandada, los cuales se resolverán a continuación de
manera conjunta, ya que comparten graves e insuperables
defectos de técnica.

VI. CARGO PRIMERO

Acusa la decisión de segundo grado por la vía directa en


la modalidad de «aplicación indebida de los artículos 12-1 y
13 de la Ley 797 de 2.003, que modificaron los artículos 46 y
47 de la Ley 100 de 1.993, y 230 de la Constitución política y
31 civil y por interpretación errónea consecuencial del inciso
3° in fine del literal b del artículo 13 ibidem».

Para demostrar su inconformidad afirma que a pesar de


que el juez de la apelación le dio valor probatorio a los
testimonios «aduciendo haberse demostrado la convivencia
del demandante señor Wilson López con la causante Edith
Carbonell durante los últimos cinco años al momento de su
fallecimiento paradójicamente desconoce la relación de pareja

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existente entre ellos», a pesar de que no se percibía interés


distinto del deseo mutuo de permanencia y ayuda, y no
obstante ello, lo catalogó solo como un cuidador.

Sostiene que la postura del Tribunal es el resultado de


apartarse del criterio establecido por esta Corte respecto de
la interpretación del numeral primero del artículo 12 de la
Ley 797 de 2003 y del literal a) del artículo 13 ibidem y haber
dejado de lado el inciso tercero «in fine» del literal b) del
artículo 13, para colegir de esas normas que, para ser
beneficiario de la pensión de sobreviviente se requiere haber
hecho vida marital con el causante hasta su muerte y, haber
convivido con el fallecido no menos de cinco años continuos
anteriores a ello.

Argumenta que tal como emerge del expediente


administrativo, se demostró la existencia de una convivencia
permanente de por lo menos 10 años y que como se enseñó
en la providencia CSJ SL, 14 nov. 2018, rad. 52921, lo que
interesa frente al concepto de convivencia o vida marital,
para efecto de determinar el derecho a la pensión de
sobrevivientes del compañero permanente, es que se
mantenga el afecto, auxilio mutuo, apoyo económico y
acompañamiento espiritual, característico de la vida en
pareja; de manera que no era dable incursionar en establecer
«si la relación era de pareja o amorosa», menos cuando ello
puede resultar discriminatorio pues intervendría en las
relaciones de la pareja que son de injerencia privada.

Acusa al sentenciador de interpretar de manera errónea

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y apartada de la realidad, las pruebas aportadas aduciendo


que ello:

[…] es el resultado, precisamente de la incapacidad de


comprender a donde (sic) llegan los límites de la ayuda mutua,
en el caso del demandante señor Wilson quien vive con su pareja
una persona mucho mayor de edad, enferma incluso que no lo
logra reconocerlo, que no lo afilia a la salud, acepta por
imposición de la familia de su compañera no manejar su pensión;
reduciéndose a atender los arriendos provenientes de las
habitaciones en las que vivían juntos; entrar a cuestionar la
relación para descubrir que era de otro mayordono (sic) o
cuidador sin sueldo resulta mas (sic) que absurdo; cierto es que
una persona supuestamente empleada no sé extiende a vivir
hasta el último momento de la muerte de su empleador para ver
si al final le paga y mucho menos por más de 10 años.

Dice que «la señora Procuradora 32» (sic) redujo la


relación de la pareja al ejercicio de la autoridad, antes que a
la ayuda mutua, cuando destacó que no se habían explicado
las razones por las que no administraba los bienes de la
pensionada; mientras que los testigos que llevó al proceso
«alegan que fue presentado como compañero permanente».

Insiste en que «la desaprobación de los testimonios»


obedece a criterios discriminatorios que, además, soslayan
que su conocimiento proviene de los años de cercanía y que,
en virtud de ello, lograron constatar la permanencia de la
relación; de ahí que cuestionar si estuvo solo o acompañado
en el último momento, en el lecho de muerte de su
compañera para desvirtuar la declaración, es un desatino.

Indica que lo mismo ocurre cuando el Tribunal discute


si hubo entre ellos o no la debida ayuda con fundamento en
que no fue beneficiario del servicio de salud de la fallecida,
pasando por alto que «dentro de la relación de pareja los

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acuerdos en los que se vivía la ayuda mutua en los términos


en que ellos particularmente podían o querían establecerlos»
en lo que también se basó «la Procuraduría» (sic).

Sostiene que la jurisprudencia ha limitado el requisito


a la convivencia efectiva, real y material, motivo por el que
cualquier otro tipo de interpretación de la prueba termina
siendo discriminatoria.

Se refiere a las declaraciones de Juana Carmona Avena,


Marlene del Carmen Ávila Borja e Inés Karime González
Barros y afirma que «para la Juez y para el Tribunal»
cualquiera que fuera la prueba, especialmente la primera
«nunca quedaría convencida de la relación entre ellos;
simplemente porque No hay prueba que valga cuando la
cabeza está llena de prejuicios». (Negrilla del texto citado).

Luego, en el desarrollo del cargo, incluye un acápite que


se denomina «DEMOSTRACIÓN» en el que dice:

Acuso a la sentencia recurrida de ser violatoria de la ley


sustancial, con infracción directa proveniente de apreciación
errónea de un determinado criterio jurisprudencial, donde
incurre en error al expresar que entre el señor WILSON LOPEZ
(sic) y la señora EDITH CARBONELL no había una
CONVIVENCIA REAL Y EFECTIVA que hizo incurrir al Tribunal
en error de derecho, que aparece de modo manifiesto en las
decisiones sentencias y que los llevó indirectamente a la violación
legal referida.

Disposición sustancial violada: La disposición sustancial violada


por el Juzgado Noveno Laboral el 03 de octubre y el Tribunal
Superior el 28 de abril de 2023 fue el artículo 46 y 47 de la Ley
100 de 1.993.

Prueba erróneamente apreciada: La prueba erróneamente


apreciada por el Tribunal fue las declaraciones extraprocesales
presentadas y mal interpretar una convivencia de ayuda mutua

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que difiere mucho de la unión marital de hecho o unión de tipo


sentimental de pareja (…).

Alude a las consideraciones de la juez de primera


instancia en torno a la demostración de la convivencia
alegada, quien advirtió que lo fue sin el ánimo de pareja, para
aducir que dicha postura desconoce el verdadero criterio
«actualizado de la Corte» y obedece a una intelección
equivocada del interrogatorio de parte rendido cuando,
insistentemente se le preguntó sobre cómo era la relación de
pareja que ellos sostenían, a lo que manifestó que él la veía
con respeto y que la cuidaba, resaltando de ello que «desde
un principio manifestó que llegó a la casa de la señora Edith
Carbonell como cuidador, sin ser pareja, situación que para el
despacho No logró quebrarse para verificar que en efecto sí
existió una relación de pareja».

Advierte que resulta más claro el desatino en el examen


de los testimonios y en la confrontación que hace de ellos
respecto del interrogatorio rendido, pues la juzgadora
unipersonal, con el desacertado desconocimiento de «las
actuales exigencias establecida (sic) por la jurisprudencia
para reconocer las características propias de relación de
pareja que se exigen como requisito para el reconocimiento de
la pensión sustitutiva, vale decir que se trate de una
convivencia».

VII. RÉPLICA

Colpensiones presenta oposición señalando que el


recurso de casación es un mecanismo extraordinario de

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carácter rogado y en esa medida el alcance de la impugnación


debe ajustarse a ciertos criterios técnicos, serios y precisos
al momento de su formulación; lo que no ocurre en el asunto
como quiera que se pretende que se case la sentencia
recurrida y a la vez que se revoque la misma, incurriendo en
un contrasentido, ya que es imposible acceder a la
revocatoria de una decisión inexistente.

En lo que de manera estricta corresponde al primer


cargo dice que, aunque se derive del sendero acogido que sus
reparos serán netamente jurídicos, lo cierto es que se
incluyen una serie de argumentos probatorios y
jurisprudenciales, cuya mixtura está vedada en el recurso de
casación, y agrega que no es posible extraer fundamentos «de
determinada categoría (fácticos o jurídicos), porque a la par
que adjudica al Tribunal una errada valoración probatoria
(especialmente testimonial), también acude a la intelección –
que a su criterio es la correcta- de las normas cuya aplicación
indebida denuncia», incurriendo de nuevo en una
contradicción.

Destaca que no se cumple con ninguno de los requisitos


esbozados en el aparte jurisprudencial que se trae a colación,
pues se exponen una serie de argumentos y percepciones
subjetivas desordenadas, carentes de matices y coherencia,
sobre el «valor probatorio» que tienen las declaraciones traídas
al plenario, y con las cuales, se demostraría que el
demandante, convivió con la causante durante los últimos
cinco años al momento de su fallecimiento; pruebas que por
su naturaleza, no son aptas para estructurar un yerro

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fáctico, y cuyo estudio solo es posible si previamente se


demuestra error manifiesto en alguna de las pruebas hábiles.

Sostiene que, aunque se acude por la censura al


expediente administrativo, no efectúa un ejercicio dialéctico
y argumentativo sobre dicha documental que conlleve
determinar que efectivamente de allí se desprende la
convivencia alegada, máxime, cuando del análisis de esta no
se deriva esa conclusión.

VIII. CARGO SEGUNDO

Ataca la providencia de segunda instancia por ser


«violatoria de los artículos 46 y 47 de la Ley 100 de 1.993. Por
falta de valoración y apreciación de los testimonios
recaudados».

Sostiene que en la sentencia impugnada se violaron


normas adjetivas, por apreciación errónea de los testimonios
presentados, pues aun cuando fueron claros, concretos,
coherentes y responsivos, no se les dio credibilidad y, además
se consideraron sospechosos de conformidad con lo
consagrado en el artículo 217 del CPC.

Manifiesta que con ello se desconoce la convivencia real


y efectiva, en tanto no podía tratarse de manera
discriminatoria su relación con fundamento en la diferencia
de edad, para a partir de allí, hacer una evaluación de la
prueba «adaptada al desconocimiento de los derechos que le
correspondían», menos cuando a través de los testimonios y

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las declaraciones extra proceso, se acreditó «una convivencia


de más de 10 años y la cercanía y la ayuda mutua que existió».

Dice que a pesar de que es difícil comprender cómo una


persona como él vive con alguien enfermo que no lo logra
reconocer y no lo afilia a salud, y que además no recibía nada
económicamente «sino que le maneja alguno de sus dineros
como era la cuestión de los arriendos provenientes de las
habitaciones en las que vivían juntos»; y cuestionar la relación
para decir que era de otro tipo, no tiene sustento, como
quiera que «una persona empleada no sé (sic) extiende a vivir
hasta el último momento por más de 10 años en espera de un
pago habiendo familia»; de ahí que se encontrara probado que
es una persona desinteresada y que simplemente acompañó
a su compañera sin importar su edad y su realidad personal
para continuar hasta el último día con ella.

Insiste en que la juez de primera instancia y el colegiado


erraron al apreciar la prueba testimonial, expresando que a
pesar de que demostró la convivencia, no le bastó que en
dicha relación se acreditara la ayuda mutua, desconociendo
los lazos sentimentales de pareja que había conformado por
más de 10 años; motivo por el que «se violó de manera directa
la normatividad vigente de los artículos 12 y 13 de la ley 797
de 2.003 que modificó los artículos 46 y 47 Ley 100 de 1.993,
quedó demostrado en declaraciones allegadas al proceso» en
las que se da cuenta de que convivió con la causante desde
el año 2005.

Plantea que de conformidad con el artículo 61 del CST

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el juez no esta sujeto a la tarifa legal de la pruebas y por lo


tanto debe formar libremente su convencimiento,
inspirándose en los principios científicos que informan la
crítica de la prueba y atendiendo a las circunstancias
relevantes del pleito y a la conducta procesal observada por
las partes, sin embargo, en el asunto no se indicaron «las
circunstancias que causaron su convencimiento» de no darle
credibilidad a los testimonios, cuando en realidad están
demostrando que la convivencia fue por más de 10 años y el
fundamento para dejar de valorar otros documentos como la
prueba rendida notarialmente en donde declaró haber
convivido con la pensionada por más de dos lustros.

De manera que el sentenciador «realiza una violación


medio al exigir una prueba calificada para demostrar que mi
representado que estuvo conviviendo con el causante hasta el
momento de su muerte y dar por probado que no se demostró
la convivencia», lo que se avaló por el juez plural confirmando
la decisión.

IX. RÉPLICA

Colpensiones se opone al éxito de la acusación


indicando que la inconformidad de la censura se funda en
que de la prueba testimonial emergía la convivencia efectiva
dentro de los últimos cinco años de vida de la causante, no
obstante se incurre «en los mismos y protuberantes dislates
de orden técnico esbozados en el primer cargo, y en otros
adicionales», pues no solo no se alude a la vía ni a la
modalidad de infracción, sino que «su proposición jurídica es

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errada y existe disparidad en la acusación».

Además, combate la decisión de primera y segunda


instancia, lo que es improcedente en el recurso
extraordinario, en donde se confronta la ley con la sentencia
atacada, siendo esta la emitida por el Tribunal. Motivo por el
que el escrito con el cual se pretendía sustentar el recurso
extraordinario adolecía de «magnas deficiencias de orden
técnico, que ni siquiera alcanzaría a tener la connotación de
un alegato de instancia».

X. CONSIDERACIONES

Conforme al sistema constitucional y legal, la demanda


de casación está sometida a un conjunto de formalidades
que, más que un culto a la técnica, son supuestos esenciales
de la racionalidad del recurso; por ende, constituyen su
debido proceso y son necesarios para que este no se
desnaturalice.

Lo anterior, en consideración a que la labor de la Corte


se supedita a que el recurrente formule de manera adecuada
la acusación, para a partir de ello confrontar la sentencia con
la ley, y así determinar si el fallador plural atendió las
disposiciones legales que debía aplicar para solucionar
correctamente la controversia sometida a su escrutinio.

Así, al censor le corresponde identificar los soportes del


fallo que debate para con base en ello, establecer la senda
por la cual debe dirigir el ataque, ya sea por la vía de los

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hechos ora por la jurídica, o por ambas, en cargos separados,


desde luego, cuando el fundamento de la decisión que se
confuta es mixto. Ello a efectos de que el recurso
extraordinario sea susceptible de un estudio de fondo, en
tanto, acorde con las normas procesales de nuestro
ordenamiento laboral, el mismo debe reunir los requisitos de
técnica que aquellas exigen, pues de no cumplirse puede
conducir a que el recurso extraordinario resulte infructuoso.

Pues bien, evidencia la Sala, tal y como lo pone de


presente la opositora, que la sustentación de los cargos
adolece de graves desatinos que comprometen su
prosperidad, los cuales no son susceptibles de ser corregidos
en virtud del carácter dispositivo que rige el recurso
extraordinario, conforme se pasa a señalar.

1. En lo que tiene que ver con el alcance de la


impugnación, que en casación constituye lo que se pretende
en sede extraordinaria, se advierte que el mismo no se
encuentra formulado de manera adecuada, por cuanto, en
los términos en los que se planteó, se le solicita a esta
corporación que case la decisión fustigada, la que no indica
expresamente a cuál corresponde, y en todo caso, a
continuación, se persigue que se revoque la proferida tanto
en primera como en segunda instancia.

Lo anterior claramente desconoce que, lo que se


impugna usualmente en casación son las sentencias
proferidas por los Tribunales Superiores de Distrito Judicial,
de ahí que el examen solicitado, el que además emerge del

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contenido de los cargos, en los que se refiere de manera


simultánea e indistinta a las decisiones tanto de primer como
de segundo grado, «no resulta acompasado con la materia
propia sobre la que se edifica la actividad del recurrente y se
desarrolla la función de la Corte» (CSJ SL, 9 ag. 2011, rad.
37336).

Al punto, es ilustrativo destacar que, desde inveterada


jurisprudencia, se ha señalado, como se hizo en la
providencia de fecha 17 de mayo de 1973, que el recurso de
casación se desenvuelve en dos fases bien definidas así:

[…] la primera concierne al estudio de la legalidad de la sentencia


acusada con base también estricta, en los cargos formulados por
el recurrente sobre violación directa o indirecta de precisas
normas sustanciales, del concepto de su quebrantamiento y de
la singularización de pruebas, cuya apreciación o estimación
equivocada la produjeron, en los casos de violación indirecta. La
segunda comporta al casar la sentencia impugnada, si es ilegal,
el proceder de la sala, como tribunal de instancia. A decidir sobre
lo principal del pleito, sobre los capítulos comprendidos en la
casación. En esta segunda fase, pues, no puede producirse si el
demandante no ha declarado a la Corte qué es lo que se pretende
o se busca respecto de las condenaciones o absoluciones
pronunciadas en la sentencia recurrida.

[…]

Como prospera el recurso de casación, la Corte se convierte en


tribunal de instancia para resolver como fallador de segundo
grado lo que se haya planteado por el recurrente en relación con
el medio extraordinario, pero esa actividad no puede producirse
oficiosamente, sino que ha de ser solicitada por la impugnación
en la petición que debe contener la demanda con la cual se
sustenta el remedio extraordinario.

La decisión reproducida permite afirmar que el censor


incumplió con la obligación de indicar a la Sala con precisión,
claridad y de acuerdo a las reglas que rigen la casación del
trabajo, la actividad que debía desplegar tanto en la primera

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como en la segunda fase del recurso, correspondiente a la


sede de instancia, omisión que, dada la naturaleza
dispositiva del recurso, impide que se supla.

Lo afirmado en consideración a que en lo que se refiere


a la etapa inicial, la censura no expresa cuál de las
sentencias combate a efectos de que esta corporación
incursione en el estudio de su legalidad de conformidad con
el alcance de su inconformidad, lo que adquiere relevancia si
se tiene en cuenta que, en la última fase, esto es, una vez se
disponga el quebrantamiento de la decisión atacada,
pretende que se revoque tanto la providencia de primera
como segunda instancia, aun cuando es sabido, que la única
sentencia que es susceptible de ser quebrada por la Corte en
sede extraordinaria es la de segundo grado, salvo los eventos
de la denominada casación per saltum, que no corresponde
al presente caso.

Además, aun asumiendo que la sentencia recurrida


corresponde a la de segunda instancia, se evidencia que el
solicitar que una vez se case esta y a su vez, que se revoque,
resulta ser un imposible de ser materializado, pues una vez
quebrada esta, la misma desaparece del ámbito jurídico, con
lo cual la solicitud de revocatoria recae única y
exclusivamente respecto de la decisión primer grado, pues la
determinación del ad quem, se insiste, ha salido de la órbita
jurídica (CSJ SL, 8 nov. 2011, rad 52369).

2. Como si lo anterior no fuera poco, conforme emerge


de los cargos, el recurrente incurre en una improcedente

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mezcla de vías, lo que es el resultado de pasar por alto que,


las sendas directa e indirecta son excluyentes entre sí, pues
no es posible que el fallador quebrante la ley,
simultáneamente, en forma directa o jurídica, con total
prescindencia de las cuestiones fácticas y, simultáneamente
por indebida valoración del haz probatorio. (CSJ SL, 14 sep.
1994, rad. 6899).

Se afirma lo precedente en tanto, si bien se sostiene que


el juez plural se apartó del criterio establecido por esta
corporación en torno a la interpretación del numeral primero
del artículo 12 de la Ley 797 de 2003 y del literal a) del
artículo 13 ibidem y dejó de lado el literal b) de la última
disposición, en torno a los requisitos para ser considerado
beneficiario de la pensión de sobrevivientes, lo que en efecto
corresponde a una discusión jurídica; lo cierto es que la
demostración de su inconformidad la centra en la
acreditación de la convivencia que echó de menos el
sentenciador de la alzada, con fundamento en lo que emerge
del expediente administrativo y en el «valor probatorio» que le
dio a los testimonios.

Lo anterior lo acompaña así mismo, de una serie de


afirmaciones subjetivas respecto de la comprensión de los
jueces de las instancias en relación con lo que denomina
«límites de la ayuda mutua» y lo que califica como «criterios
discriminatorios» con fundamento en la diferencia de edad,
así como en la «desaprobación de los testimonios» pero sin
estructurar en argumento sólido que le permita a la Sala
incursionar en su estudio.

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De esa manera no es posible acometer la definición de


la inconformidad desde una u otra perspectiva, pues ello no
sería más que suponer la intención del recurrente, y dada la
naturaleza rogada del recurso extraordinario, tal tarea no
puede ser asumida por esta corporación.

3. Por otro lado, como se ve en el aparte que la censura


relaciona como demostración, en el que se refiere a una
fracción de las disposiciones acusadas en la proposición
jurídica, pues alude a los artículos 46 y 47 de la Ley 100 de
1993, los cuales fueron modificados por los artículos 12 y 13
de la Ley 797 de 2003, indica que los falladores de primera
como de segunda instancia incurrieron en su infracción
directa «proveniente de apreciación errónea de un
determinado criterio jurisprudencial» como si se tratara de
una interpretación errónea, lo que resulta del todo
desacertado, en tanto soslaya que no es posible la mezcla de
modalidades pues estas son incompatibles entre sí. (CSJ SL,
21 sep. 2006, rad. 28076).

Lo expuesto pues como se vio en el inicio de la


formulación del cargo le enrostra a la decisión recurrida la
aplicación indebida y la interpretación errónea de estas
disposiciones, lo que es la muestra de desconocer que la
primera figura supone que el juzgador, a pesar de entender
de manera adecuada la norma y realizar una hermenéutica
apropiada, la utiliza para definir un hecho no regulado en
ella, haciéndole producir efectos distintos de los
contemplados.

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Por otro lado, la interpretación errónea se presenta


cuando el sentenciador se equivoca en la inteligencia de la
norma y por ello la aplica de forma desacertada y; en cuanto
a la infracción directa esta ocurre en los eventos en que se
ignora la existencia de una disposición o se rebela en contra
de ella y se le niega validez dejándola de aplicar al asunto en
concreto. Lo que en manera alguna puede ocurrir de manera
simultánea respecto del mismo elenco normativo.

4. Así mismo, el censor deja de advertir que el error de


derecho, en el que alega se incurrió por parte del juez plural,
en la casación del trabajo se configura básicamente de dos
maneras: i) cuando el juzgador da por acreditado un hecho
con una prueba ordinaria cuando la ley exige para su validez
que sea solemne y; ii) cuando obrando en el plenario un
elemento de convicción ad sustantiam actus lo soslaya o lo
ignora. Lo anterior supone entonces que no se trata de
apreciaciones jurídicas y por ello no es dable encauzar tal
discrepancia por la vía directa como se eligió por parte de la
censura.

Además, impone que se señale de manera expresa e


inequívoca, cuál fue el hecho que se dio por acreditado con
la prueba ordinaria o, cuál fue el medio de convicción
solemne que se dejó de apreciar y que condujo o no tener por
demostrado el supuesto fáctico en que se sustenta su
inconformidad, lo que en este caso no se realizó por parte del
recurrente.

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5. Ahora, aun cuando se relacionan en este mismo


cargo como pruebas erróneamente apreciadas las
declaraciones extra procesales allegadas, es preciso destacar
que, tales reproches no pueden proponerse por un cargo
dirigido por la senda del puro de derecho.

A pesar de lo expuesto, si con holgura se entendiera que


la acusación propuesta debe abordarse desde la perspectiva
de los hechos, en tanto se discrepa de la valoración del haz
probatorio, debe indicarse que estas declaraciones, así como
los testimonios recibidos en la actuación y el interrogatorio
de parte sin aludir a una confesión, en sí considerado, no
corresponden a un medio de prueba hábil en sede
extraordinaria para estructurar un error evidente de hecho
que, en todo caso, en el asunto no se propone y, además, no
se cumple con el deber de presentar un razonamiento
mínimo que permita hacer una confrontación de la sentencia
acusada y determinar si la misma violó o no la ley.

Sobre este particular en la providencia CSJ SL, 23 mar.


2001, rad. 15148 se enseñó:

En lo que tiene que ver con los errores fácticos y con la


apreciación probatoria, debe recordarse que el hecho de no
compartir la censura la razonable estimación efectuada por el
fallador a las pruebas existentes en el expediente no constituye
necesariamente un yerro ostensible.

En efecto, cuando la acusación se enderece formalmente por la


vía indirecta, le corresponde al censor cumplir los siguientes
requisitos elementales: precisar los errores fácticos, que deben
ser evidentes; mencionar cuáles elementos de convicción no
fueron apreciados por el juzgador y en cuáles cometió errónea
estimación, demostrando en qué consistió ésta última; explicar
cómo la falta o la defectuosa valoración probatoria, lo condujo a

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los desatinos que tienen esa calidad y determinar en forma clara


lo que la prueba en verdad acredita.

Dicho en otras palabras, cuando de error de hecho se trata, ha


dicho la jurisprudencia, es deber del censor en primer lugar
precisar o determinar los errores y posteriormente demostrar la
ostensible contradicción entre el defecto valorativo de la prueba
y la realidad procesal, sirviéndose para ello de las pruebas que
considere dejadas de valorar o erróneamente apreciadas. Es
decir, en el cargo ha debido quedar claro qué es lo que la prueba
acredita, cuál es el mérito que le reconoce la ley y cuál hubiese
sido la decisión del juzgador si la hubiera apreciado, aspectos
que no tuvo en cuenta el recurrente y que compromete la técnica
propia del recurso extraordinario. (Subrayado de la Sala).

6. En cuanto al cargo segundo advierte la Sala que no


solo no precisa la senda por la que se dirige ni la modalidad
de violación de la ley sustancial que se le enrostra al
colegiado; además aun cuando se afirma que acusa la
decisión del juzgador plural «por la falta de valoración y
apreciación de testimonios» bajo el supuesto de que se les
restó credibilidad por considerarlos como sospechosos al
tenor del artículo 217 del CPC, es necesario señalar que el
Tribunal en momento alguno otorgó tal calificación a los
declarantes, de ahí que el planteamiento de la inconformidad
expuesta en ese sentido, en el presente asunto resulta
desenfocada y por ello no es dable que la Corte se adentre en
la confrontación de la decisión de segundo grado bajo esta
perspectiva.

Lo anterior, también ocurre con la afirmación del


recurrente en torno a que el juzgador de la apelación exigió
una prueba calificada para demostrar que estuvo
conviviendo con la pensionada hasta la calenda de su deceso,
cuando ello jamás ocurrió, situación diferente es que el
colegiado, luego de estudiar los medios de prueba hubiera

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establecido, en el ejercicio de la facultad de libre formación


del convencimiento y de la sana crítica, que la convivencia
exigida, para efectos de que el censor fuera considerado
beneficiario de la pensión de sobrevivientes solicitada, no fue
demostrada, lo que no se combate adecuadamente y en esa
medida impide que se efectúe un pronunciamiento sobre el
particular.

7. Aun cuando llegara a entenderse que esta acusación


al reprochar el análisis que de los medios de prueba realizó
el juez plural se encauza por la vía indirecta, se evidencia que
no solo no se destacan los errores evidentes de hecho en que
pudo haber incurrido el juzgador, sino que no se enlistan los
elementos probatorios examinados de manera errada o
dejados de apreciar.

A pesar de lo expuesto, aun cuando pudiera extraerse


del desarrollo de la inconformidad que corresponden a los
testimonios y al interrogatorio de parte rendido por el actor
sin aludir a una confesión, tal como se dijo con anterioridad,
estos no son hábiles en casación, y en esa medida a esta
corporación no le está dado proceder a su estudio, de
conformidad con la restricción a la que se refiere el artículo
7 de la Ley 16 de 1969; mucho menos cuando lo que se
plantea por la censura es su visión particular y subjetiva de
estos.

8. Lo dicho pone de relieve que los cargos se quedan en


una formulación genérica de la discrepancia de la censura,
la cual se asemeja más a unos alegatos, en los que, en todo

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caso, no se despliega un planteamiento lógico y jurídico


tendiente a demostrar cómo el sentenciador de segundo
grado transgredió las normas denunciadas, sino que no
ataca ni desvirtúa los pilares esenciales de la sentencia
acusada.

Se enfatiza en lo último en la medida que los


argumentos de la censura están lejos de combatir todas las
consideraciones del juez plural, quien, para desatar la
alzada, en lo que interesa a la sede extraordinaria, esto es, la
demostración de la convivencia requerida para que el actor
pudiera ser considerado como beneficiario de la pensión de
sobrevivientes solicitada, sostuvo que no fue demostrada.

Aseguró el sentenciador que no existió una vida en


común con la intención y vocación de conformar una familia,
sino una relación derivada de la condición de cuidador del
promotor de la contienda dada la demencia y demás
padecimientos que aquejaron a la afiliada durante sus
últimos años de vida; además que resultaba llamativa la
diferencia de edad entre el actor y aquella, argumentos que
no se controvierten por el recurrente, como correspondía.

Así las cosas, no es posible para la Corte abordar el


examen propuesto, dado el desconocimiento de las reglas
básicas que regulan el recurso de casación y, en
consecuencia, los cargos se desestiman.

Las costas en el recurso extraordinario estarán a cargo


del demandante recurrente y a favor de la opositora

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demandada, se fija como agencias en derecho la suma de


$5.900.000, la que deberá ser incluida en la liquidación que
efectúe el juzgado de conocimiento de conformidad con lo
dispuesto en el artículo 366 del CGP.

XI. DECISIÓN

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia,


Sala de Casación Laboral, administrando justicia en nombre
de la República y por autoridad de la ley, NO CASA la
sentencia dictada el 28 de abril de 2023 por la Sala Laboral
del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Barranquilla,
dentro del proceso ordinario laboral seguido por WILSON
LÓPEZ ÁLVAREZ contra la ADMINISTRADORA
COLOMBIANA DE PENSIONES (COLPENSIONES).

Costas como se dijo en la parte motiva.

Notifíquese, publíquese, cúmplase y devuélvase el


expediente al tribunal de origen.

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Firmado electrónicamente por:

MARTÍN EMILIO BELTRÁN QUINTERO

OLGA YINETH MERCHÁN CALDERÓN

MARIRRAQUEL RODELO NAVARRO

Este documento fue generado con firma electrónica y cuenta con plena validez jurídica, conforme a lo dispuesto en artículo
103 del Código General del Proceso y el artículo 7 de la ley 527 de 1999

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