Energía nuclear, usos y desafíos
México también ha invertido en este tipo de energía.
03-06-2022
Por Naix’ieli Castillo, Ciencia UNAM-DGDC
Las centrales nucleares son instalaciones en las que se genera electricidad a partir
de energía nuclear. Su principal componente es un reactor nuclear, un dispositivo
en el que se puede iniciar, mantener y controlar o detener reacciones de fisión en
cadena de un elemento radiactivo, el uranio.
En estas centrales, la energía térmica, que se obtiene de la fisión en cadena, se
transforma en electricidad.
Si bien, la generación de electricidad a partir de la energía nuclear tiene muchas
ventajas para los países como sus bajas emisiones de carbono a la atmósfera,
también genera debates cuando ocurren accidentes, como Chernobill y
Fukushima, o dónde enterrar los desechos radiactivos.
La doctora Gisela Mateos es investigadora del Centro de Investigaciones
Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM. Está adscrita al
programa de investigación Historia de la Ciencia y entre sus intereses está la
historia de la física en el siglo XX y los usos de las tecnologías nucleares en
América Latina.
En entrevista para Ciencia UNAM, la investigadora explicó que uno de los
resultados del Proyecto Manhattan, que llevó al desarrollo de las bombas
atómicas usadas en la Segunda Guerra Mundial, fue la creación del reactor
nuclear.
Aunque el primero originalmente se creó para producir lo que se denomina
reacción en cadena, resultó ser excelente para la producción de radioisótopos. Al
terminar la Segunda Guerra Mundial, se vio que estos reactores presentaban una
posibilidad para la producción de energía eléctrica; especialmente en lugares
donde no existían opciones para aprovechar la energía geotérmica o
hidroeléctrica.
Los reactores nucleares eran instrumentos muy caros. Había que abrir un
mercado para esta tecnología y no cualquier país podía acceder a ella, ni usarla
porque requiere personal altamente capacitado. Estados Unidos, promovió la
iniciativa Átomos para la Paz con la finalidad de aplicar de manera pacífica las
posibilidades tecnológicas que ofrecía el átomo.
443 reactores nucleares generan electricidad en el mundo 55 centrales
nucleares en construcción (ONU,2020)
“Los primeros países en abrazar a los reactores nucleares como posibilidad para
generar energía eléctrica fueron los países más ricos como Estados Unidos,
Francia, Gran Bretaña y Rusia, pero la mayor parte del mundo no tenía acceso a
este tipo de tecnología”.
Hay un origen asimétrico en el acceso a la tecnología nuclear por cuestiones
económicas, geopolíticas y esta desigualdad se mantiene hasta la actualidad.
Siguen siendo los mismos países los que hacen un mayor uso de estos
instrumentos.
A pesar de haber sido el país más afectado por el uso bélico de la energía nuclear,
Japón es una de las cinco naciones que tienen el mayor número de reactores
nucleares. Como sus posibilidades de producir energía con hidroeléctricas o
geotérmicas son menores, apostó por este tipo de energía. Su industrialización
hubiera sido imposible sin los reactores nucleares.
Europa es otra región que impulsó esta forma de producción de electricidad, por
las mismas razones. Francia tiene 56 reactores. Alemania es uno de los países
que entró de lleno en la producción de este tipo de energía, pero hace unos años
decidió cerrar parcialmente sus centrales nucleares, entre otras razones, porque
hay muchos movimientos antinucleares en su población y cualquier tipo de
accidente provocaría problemas muy fuertes al gobierno y a la población. Así fue
como decidieron apostar por otras fuentes de energía.
Tecnología para la paz y para la guerra
La doctora Gisela Mateos señala que en el periodo de la Guerra Fría, que va de
1949 hasta la caída del muro de Berlín, se fabricaron la mayor cantidad de armas
nucleares en el mundo, a pesar de los discursos de que “hay que ser pacíficos con
la energía atómica”. Un elemento fundamental de este período fue utilizar el
arsenal nuclear como disuasión.
“Lo nuclear siempre ha estado presente en las diversas luchas geopolíticas en las
que participan países como China, Europa, la India, Pakistán o Irán, donde todos
tienen la posibilidad de entablar una guerra nuclear”. Esto ocurre a pesar de los
tratados de no proliferación de armas nucleares.
El tratado de Tlatelolco. Establece que una zona completa, América
Latina, prohíbe que por su territorio transite cualquier tipo de arma
nuclear. Este fue un resultado de la crisis de los misiles de Cuba.
Aunque lo nuclear está presente siempre en las tensiones geopolíticas, la crisis en
Ucrania hace que reaparezca de manera muy viva la posibilidad de una guerra
nuclear porque Rusia tiene misiles nucleares.
La crisis en Ucrania y la pandemia cambian la historia
La pandemia de Covid-19 cambió la forma en que los países consideran usar la
energía del átomo para la producción de electricidad. Las primeras alertas y
reflexiones de los gobiernos se dieron cuando hubo escasez de cubrebocas.
En ese momento, los países se enfrentaron a la realidad de que China era el
principal fabricante de estos productos. Los gobernantes experimentaron cómo
sus economías se habían hecho dependientes de otras al delegar las industrias
clave en manos de otras naciones, como China y Rusia.
Actualmente, Alemania y otros países europeos dependen del gas que les provee
Rusia y adicionalmente el ducto que lo transporta pasa por Ucrania. En este
escenario, señala la doctora Mateos, cerrar todas sus centrales nucleares
aumentaría la dependencia del extranjero para la producción de energía. Por ello
este país reconsidera aumentar la producción de electricidad con energía nuclear.
La pandemia ha hecho que los gobiernos quieran evitar la dependencia
económica creada por la reorganización geopolítica y geoeconómica que se había
dado en los últimos 30 años.
Por otro lado, “cuando Rusia incendia una sección de Chernobill, durante la
actual crisis en Ucrania, está afirmando de alguna manera que tienen el poder de
ocasionar un desastre nuclear; aunque es poco probable que lo hicieran
realmente, porque una lluvia radiactiva tendría consecuencias impredecibles para
todas las zonas cercanas, incluso para la población rusa. Fue un acto de disuasión
y una forma de afirmar su poder”, considera la especialista.
La energía nuclear en México
Aun cuando México no ha apostado decididamente por esta tecnología, hoy en
día cerca del 4 % de la electricidad se produce en la central nuclear ubicada en
Laguna Verde, Veracruz.
Los gobiernos de México a lo largo del siglo XX apostaron por la producción de
electricidad con infraestructura geotérmica e hidroeléctrica y es la que le sigue
proveyendo en mayor medida al país.
La propuesta original para impulsar la energía nucleoeléctrica en México inicia
en los años 50, cuando la Mexican Light & Power Company envía a un grupo de
físicos e ingenieros a estudiar ingeniería nuclear a la Universidad de Michigan en
Ann Arbor, Estados Unidos. La finalidad era contar con ingenieros nucleares
capacitados para la operación de reactores nucleares.
En 1956 se crea la Comisión Nacional de Energía Nuclear (que más tarde se
convertiría en el Instituto Nacional de Energía Nuclear y después en el Instituto
Nacional de Investigaciones Nucleares, ININ). En esta se discute qué tipo de
reactor nuclear para la producción de energía tendría que instalarse en nuestro
país, si uno cuyo combustible fuera uranio natural u otro con uranio enriquecido.
La instalación de los reactores nucleares se va postergando hasta los años 60
cuando llega a la presidencia Adolfo López Mateos, quien no tiene interés en la
energía nuclear.
Otro suceso clave para la historia de la energía nuclear en México es cuando el
ingeniero Nabor Carrillo consigue que se done a la Comisión Nacional un terreno
(donde ahora se encuentra el ININ, en Salazar, Estado de México) para tener un
pequeño reactor de investigación (TRIGAMark III) y un acelerador Van de
Graaff Tándem, también de investigación.
Finalmente durante la década de los 60 y 70 se toma la decisión de construir una
planta nuclear para la producción de energía eléctrica en el estado de Veracruz.
Este proyecto se echó a andar durante la presidencia de Carlos Salinas, en 1989.
Hoy produce 4% de la energía eléctrica del país y es una opción más para la
producción de energía, pero no es considerablemente mejor que otras formas
como la energía geotérmica.
Movimientos antinucleares
En países como Estados Unidos, Francia, Inglaterra, surgieron los movimientos
antinucleares más importantes desde los años sesentas y setentas. Estos ven a la
energía nuclear como algo costoso y alertan sobre los peligros de los accidentes y
los desechos radiactivos.
En México, probablemente debido a la falta de alfabetización en ciencia y
tecnología que tenemos en el país, la gente no se involucra tanto ni a favor ni en
contra, o al menos no al nivel que la población de otros países. Muchas personas
no saben qué es la radiación y ni siquiera conocen el símbolo internacional de
“peligro, radiación”.
En México hubo un pequeño movimiento antinuclear, que aún existe, las Madres
Veracruzanas, quienes han expresado preocupación sobre la radiación que emite
la central de Laguna Verde a los entornos donde se encuentra. Por otro lado, la
especialista considera que sería beneficioso que los científicos se involucraran en
los debates más allá de los foros de expertos y lo hicieran en foros públicos, para
enriquecer la discusión.
La doctora Gisela Mateos señaló que para tener una postura al respecto, en su
opinión, se deben considerar muchos y diversos aspectos, por ejemplo: que un
accidente nuclear es dramático y de largo alcance, como sucedió en Fukushima y
en Chernobill, además de considerar que este tipo de accidentes pueden ocurrir
más fácilmente en países donde hay más corrupción o ilegalidad.
También es importante tomar en cuenta que otras formas de producción de
electricidad tienen impactos en el medio ambiente y que siempre la construcción
de infraestructura genera alteraciones en el espacio físico y en las relaciones
sociales.
Una pregunta clave para esta reflexión sería de qué manera el Estado debe
construir infraestructuras e involucrar a la sociedad en esa transformación, sin
destruir el medio ambiente y sin generar más pobreza.
Concluyó que es importante hacer campañas de educación sobre cómo se
produce la energía en general y específicamente en este país. Así podríamos
entender mejor la cadena de producción de la energía, y entonces involucrarnos
como sociedad y tomar decisiones informadas.