Literatura profana[editar]
Primera página del Beowulf.
La literatura laica en este período no fue tan productiva como la literatura
religiosa aunque gran parte del material ha sobrevivido y poseemos hoy una
gran cantidad de obras de la época, crítica con la corrupción del clero.
El nacimiento de un nuevo tipo de literatura en la época medieval puede
ejemplificarse en el cambio de sentido de la palabra «romance»”(en
francés roman). Si en un principio se trató de traducir a las lenguas
romances (mettre en roman) textos latinos tanto clásicos («materia antigua», o
reescrituras de la Eneida, de Ovidio, Estacio y otros) como hagiografías o
crónicas históricas, al dejar de lado las fuentes clásicas e inspirarse en
tradiciones orales, surgió la expresión emprendre un roman, escribir, crear, un
romance. El nuevo sentido de la palabra como sustantivo indica la creación de
un nuevo género.1
Las tradiciones orales mencionadas hacen referencia a la llamada materia de
Bretaña, surgida de un fondo de mitos reelaborados por la cultura normanda de
habla francesa que se extendía por Francia y las islas británicas. Aunque el
concepto de historicidad era difuso en esa época, y se consideraba tan real
a Edipo como a Carlomagno, las historias de los antiguos reyes bretones, junto
con las leyendas que los rodeaban, no poseían la autoridad (autorictas) de la
cultura clásica o la historia eclesiástica, y por tanto, los autores de la época
pudieron apoderarse de esa materia y reinterpretarla más libremente. Es
posible que la pequeña y mediana nobleza se adueñara de esta mitología
como oposición a la cultura eclesiástica oficial, identificada con la alta nobleza.
Le serviría para desarrollar los valores de la caballería, con la que se
identificaba, y podría utilizarla más libremente, al no tener unos orígenes
fijados.2
El tema del amor cortés cobró importancia en el siglo XI, especialmente en
las lenguas romances, principalmente el francés, el castellano, el provenzal,
el gallego y el catalán, y en las lenguas griegas, dónde los cantantes
ambulantes —los juglares— se ganaban la vida con sus canciones. Los
escritos de los trovadores, que son los que difundían los juglares, eran
conocidos como cantares de gesta y suelen ir asociados al anhelo no
correspondido, pero no siempre es así, como se puede ver en la Alborada.
En Alemania, el Minnesänger continuó la tradición de los trovadores. Los
trovadores eran mejor vistos en la sociedad que los juglares, pero la difusión
literaria que realizaban los juglares, nos permiten hoy mantener estas obras
literarias.
Manuscrito del Cantar de los nibelungos (v. 1220).
Además de los poemas épicos típicos de la tradición anglo-germánica, como
el Beowulf o el Cantar de los nibelungos, otros poemas épicos incluidos dentro
de los cantares de gesta como el Cantar de Mío Cid, el Cantar de Roldán y
el Digenis Acritas, que tratan sobre la Materia de Francia y las canciones
acríticas respectivamente, y los amoríos corteses a la manera de la
cortesía romance, que tratan sobre la Materia de Bretaña y la Materia de
Roma, lograron alcanzar una gran popularidad. El romance cortés no se
distingue únicamente de los cantares de gesta por los temas tratados, sino
también por su énfasis en el amor y en el código de honor de la caballería, en
lugar de centrarse en acciones de guerra.
También se pueden encontrar en este período poesías políticas, especialmente
a finales de la Edad Media, escritas tanto por clérigos como por escritores
laicos, que utilizaban la forma del goliárdico. La literatura de viaje también fue
muy popular en esta época, cuyos escritos entretenían a la sociedad con
historias de fabulosas tierras (si no embellecidas, muchas veces falsas) más
allá de las fronteras que la mayoría de las personas nunca habían cruzado.
Cabe destacar la importancia de los peregrinajes en esa época, especialmente
el de Santiago de Compostela, fuente de fábulas e historias influidas por la
prominencia de los Cuentos de Canterbury de Geoffrey Chaucer.