REPUBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
ARQUIDIÓCESIS DE BARQUISIMETO
SEMINARIO PROVINVIAL“DIVINA PASTORA”
CURSO: SEMINARIO EDITH STEIN
Febrero del 2024
Seminaristas:
Manuel Mujica
Etapa Discipular, III de Filosofía
LA FENOMENOLOGIA EN EDITH STEIN
Antes de introducirnos en el tema es conveniente observar el panorama histórico.
Gotinga, ciudad donde estudio Edith, fue para ella el comienzo de una nueva sección de su
vida. Aquí, Husserl le revela la nueva ciencia de la fenomenología; Scheler, por su parte, le
mostró un nuevo campo de fenómenos por lo que no podía pasar ya de largo con los ojos
cerrados, confesará. Luego, Reinach le proporcionará una primera visión de un mundo
enteramente nuevo (Welt und Person. Beitrag christlichen Wahrheitsstreben, Lovaina/
Friburgo de Brisgovia, 1962, 218ss).
Cuando Edith llegó a Gotinga en 1913, la fama de la fenomenología solo había
sobrepasado la idea de ser una rama especial de la filosofía. El apogeo de la fenomenología
no llega a ser sino en los años de la posguerra. La fenomenología que estudia Edith Stein
comenzó al conocer la “Sociedad Filosófica de Gotinga” en torno a los filósofos ya
mencionados (Edmund Husserl, Adolf Reinach y Max Scheler).
El fundador de la fenomenología fue Husserl (1859- 1937), a quienes los estudiantes
llamaban “el maestro”. Hablemos un poco más de él. Husserl había estudiado filosofía y
matemáticas en Leipzig entre los años 1876- 1882. Acostumbraba decir “No debe uno
considerarse demasiado bueno para trabajar en los fundamentos”. A través del
esclarecimiento de cuestiones fundamentales de las matemáticas, Husserl llegó a hacerse
filósofo. Su tesis doctoral se titulaba “Sobre el concepto del número. Análisis psicológicos”
(1883).
“El maestro” siguió reorientando su filosofía sin esperanza para el futuro. Su esposa,
Malvina, consideraba esos duros años y la filosofía en general “como la desdicha de su
vida”, tanta fue su decepción que decidió mantener a sus hijos alejados de la filosofía.
Posteriormente, Husserl llegó a destacar en la filosofía con sus “Investigaciones Lógicas”
(1900-1901); pero sólo años después, en 1906, cuando contaba ya con 47 años de edad,
pudo llegar a ser catedrático titular.
Husserl era “un elegante tipo de profesor”, como lo describirá Edith. Con sus estudiantes
se esforzaba al máximo por formarlos en una estricta objetividad y profundidad, en una
“radical sinceridad intelectual”.
Frente a la crisis intelectual de su tiempo, Husserl optó por construir un método
descriptivo que pudiera usarse en otras ramas de la ciencia como la psicología, la ética, la
historia, entre otras. ¿Qué buscaba Husserl? Determinar la forma en que experimenta la
conciencia el conocimiento de las cosas.
Para tal empresa ¿qué es necesario hacer? Primero, Husserl sienta las bases y dice que el
fenómeno es el objeto de nuestra percepción, lo real en cuanto real. No obstante, existen
prejuicios y consideraciones a priori que suman interpretaciones subjetivas y otras que se le
han dado en la historia en cuanto al fenómeno, sea cual sea el que se nos presente. Para
librarnos de esto hace falta desprendernos de estos prejuicios usando la epoche
metodológica, como llamará él.
Prosigue la reducción, procedimiento que hace posible conocer la manera en cómo la
conciencia logra captar la esencia misma de las cosas, es decir, conoce lo que la cosa es de
un modo determinado; o bien, lo que Aristóteles planteaba: conocimiento del ente en
cuanto ente.
Pero, a diferencia del Estagirita, Husserl propone otro método. En dicho procedimiento,
es menester usar tres tipos de reducciones:
a) reducción fenomenológica: es decir, liberarse de suposiciones para llegar al
fenómeno como tal;
b) reducción eidética: purificación del fenómeno para llegar a la esencia con la
intuición, sin necesidad de usar la experiencia;
c) reducción trascendental: poniendo entre paréntesis la existencia del sujeto que
conoce para encontrar la esencia de esta conciencia consiguiendo, con ello, la
descripción del noema, o sea, la esencia de la cosa pensada.
Husserl reconoce los trabajos de Kant, comparte la idea de que hay leyes de la
conciencia en el pensamiento. Sin embargo, a diferencia del Neokantismo que concibe tan
sólo al sujeto, a la conciencia trascendental, como el punto de referencia de todas las
relaciones, la fenomenología comprende todo lo que se nos manifiesta, como una relación
recíproca indisoluble (él lo llamará: “correlación”, “intencionalidad”) entre el sujeto
(noesis) y la cosa (noema); esta relación es de totalidad.
En esta relación de totalidad, a las cosas mismas se llega a través del sentido de las
palabras, pero no como las únicas cosas de la experiencia individual, pues, también las
cosas tienen un carácter universal, esto es la idea o esencia de las cosas. Se explica,
entonces que, como consecuencia, la intuición (que permite que las cosas sean un objeto
para el sujeto cognoscente) no es una percepción y experiencia sensorial, sino un acto
intelectual propio del sujeto. Esta visión de la esencia (Wesenanschauung) es la intuitión.
Pongamos un ejemplo:
En el entender estamos orientados siempre hacia conexiones, hacia el sentido. Si,
en ello, aclaramos tan sólo, por ejemplo, las circunstancias psicológicas y
fisiológicas que han capacitado a un artista para crear una obra, entonces con esto no
hemos captado todavía, ni mucho menos, la calidad y el efecto de su obra de arte.
Éstos no aparecen sino cuando los dejo hablar. Y esto se aplica a todo discurso: se
puede esclarecer, sí, por qué causas psicológicas o fisiológicas alguien dice algo,
pero al entender lo que alguien dice, no estamos orientados hacia esas causas, sino
hacia el sentido de lo que se dice, a la cosa –transmitida por medio de las palabras-
de la que se trata. Esto exige mi atención y se revela como un contemplar inmediato
a percibir fenomenológico. El método fenomenológico quiere ser un camino para
regresar a las cosas (“reducción”), es decir, para llegar hasta lo que se halla
presupuesto en el pensamiento (Edith Stein Vida de Una Mujer Extraordinaria,
2004, p.60)
Edith Stein vislumbró que la fenomenología tenía la respuesta ante la crisis de la ciencia
de su tiempo impregnada de positivismo. El método del “maestro” será dominado e incluso
superado de manera magistral por su secretaria. También hoy es imperante la ciencia
positiva, que en muchos campos toma la pretensión de verdad absoluta. Cada rama del
saber de las ciencias empíricas es legítima y necesaria, pero no dejan de ser particulares. Es
necesario volver al ser de las cosas, y considerarlas en su totalidad. Del mismo modo,
hacen falta valientes como Edith que pongan todas sus fuerzas para alcanzar la “madurez
intelectual”, no con el fin de obtener el saber por el saber, sino que la inquietud brote de
“la pasión por la verdad”1 para alcanzar la verdad amándola, y mientras se ame se
encuentre.
Cuando Edith se hallaba en Breslau, en sus estudios de psicología, toma investigaciones
de Stern sobre “La psicología de la primera infancia” (1914) del “Instituto de psicología
aplicada” en Klein- Glieneke en Berlín, para desarrollar un trabajo de doctorado. Sin
embargo, en ese tiempo, algo le lleva a pensar que aquel esfuerzo no le servirá, ella
confesará:
“Todo mi estudio de psicología… me ha hecho comprender que esa ciencia se halla
todavía en pañales; que carece de conceptos básicos bien aclarados en cuanto a sus
fundamentos, que la psicología no es capaz de elaborarse, ella misma, esos conceptos
básicos” (Aus dem Leben einer judischen Familie. Das Leben Edith Steins. Kindheit
und Jugend/ Lovaina, Friburgo de Brisgovia, 1965, 190s).
En esa etapa de su vida, Edith nos da ora lección. Ella buscaba aclaración y
fundamento, algo que parece perderse hoy. El relativismo impera, la ignorancia es la luz y
lo superfluo la columna de la existencia de muchos. Edith tomaba el estudio como una
oportunidad para ir al fondo de las cosas, a las razones últimas de la verdad; la vida
cotidiana, apenas nos deja tiempo para detenernos a pensar y admirar el esplendor de la
verdad de las cosas, y de nuestra misma vida.
En este mar Edith Stein se lanza. Así, afirmará que, la filosofía es “la búsqueda siempre
inquieta del espíritu humano del ser verdadero” 2. En esa búsqueda, se adentra en el
problema de la empatía.
¿De qué se trata esta cuestión? Edith pensaba que dentro de la corriente de la propia
conciencia surgen vivencias. Ahí nos experimentamos con un Yo indubitable, para quien
1
Edith Stein, La Pasión por la Verdad. Introducción, traducción y notas del Dr. Andrés Bejas,
2012. Edit. Bonum: Buenos Aires.
2
Endliches und ewiges Sein. Versuch eines Aufstiegs zum Sinn des Seins”, Nauwelaerts Louvain/ Herder
Freiburg, 1950, p.484.
están presentes corporalmente la propia persona, el mundo y los objetos, en el presente.
Ahora bien, ¿cómo salimos de esa esfera? Acaso ¿cada uno gira solo entorno a sí mismo?
Todos hemos tenido la experiencia de ver a alguien y notar el gozo en su rostro o en su
conducta, esa es una vivencia de lo que es extraño y cercano a la vez. A este fenómeno
Edith Stein lo llamó Einfuhlung (“empatía”); es decir, cada sujeto experimenta
inmediatamente una originalidad distinta de la suya. En esto, se da una tracción hacia la
unidad, la intensificación y la plenitud.
En un segundo escalón, ese Yo se desarrolla, es admirado como persona: “Pero de allí
había seguido yo hacia adelante, hacia algo que yo, personalmente, tenía de manera
especial en el corazón y que me ocupó incesantemente en todos mis trabajos ulteriores:
hacia la edificación de la persona humana” (Aus dem Leben einer judischen Familie. Das
Leben Edith Steins. Kindheit und Jugend/ Lovaina, Friburgo de Brisgovia, 1965, 359).
Nadie existe sólo como conciencia, sino como ente concreto, real y existente. El cuerpo
viene es como la epifanía del ser, donde este se manifiesta originalmente. El cuerpo es,
además, como el subsuelo todavía oculto para mí, es el espacio corporal sobre el que yo
percibo el mundo de las cosas.
Ahora bien, cada uno no existe sólo corporalmente, sino como cuerpo animado. La
psique, dirá Edith, permite conocer cierta estructura y orden, cualidades y formas de
vivencia; también, resalta en manifestaciones personales eso que en el fondo somos bajo
las posibilidades de exteriorización. Luego, pues, se tiene que por medio de la empatía se
nos da una visión distinta y amplia del mundo. Y, debido a que únicamente no somos
conciencia, sino también afecto, se nos revela el verdadero Yo y estratos del Yo en el
espejo de la conducta y expresión de otros. De este modo, lo otro de mí mismo se halla
siempre en la posibilidad de ser yo mismo.
En resumen, nos comprendemos y comprendemos a otros ciertamente; pero sólo como
integrados en unidad de sentido, esto es, experimentar el tránsito de una parte a la otra
parte dentro de una totalidad de vivencia3.
3
Cf. Zum Problem der Einfuhlung. Nachdruck der Ausgabe Halle a. d. Saale 1917, hg. Vom Edith-
Stein- Karmel Tubingen (Munich, 1980).
BIBLIOGRAFIA
Stein E. (2012) La Pasión por la Verdad. Introducción, traducción y notas del Dr. Andrés
Bejas. Edit. Bonum: Buenos Aires.
Stein E. (2004) Sobre el Problema de la Empatía. Trotta: Madrid.
Stein E. (2012) ¿Qué es la Filosofía? Centro Pieper: Mar de la Plata.
Uwe Andreas y Amata María (2004) Edith Stein Vida de Una Mujer Extraordinaria. Edit.
Monte Carmelo: Burgos, España.