Arlie Russell Hochschild
La mercantilizacion
de la vida intima
Apuntes de la casa y el trabajo
Traducido por Lilia Mosconi
Primera edición, 2008
© Katz Editores
Charlone 216
C1427BXF-Buenos Aires
Fernán González, 59 Bajo A
28009 Madrid
[Link]
Título de la edición original: The commercialization
o f intimate life. Notes from home and work
© 2003 by Arlie Russell Hochschild
ISBN Argentina: 978 - 987-1283- 81-1
ISBN Espana: 978 - 84 -96859 -41-8
1. Globalización. I. Mosconi, Lilia, trad. II. Título
CDD 327.1
El contenido intelectual de esta obra se encuentra
protegido por diversas leyes y tratados internacionales
que prohíben la reproducción íntegra o extractada,
realizada por cualquier procedimiento, que no cuente
con la autorización expresa dei editor.
Diseno de colección: tholõn kunst
Impreso en Espana por Romanyà Vails S.A.
08786 Capellades
Depósito legal: B- 50 .020-2008
Indice CUARTA PARTE
L A ECO LO G ÍA D EL CUIDADO
269 14. Amor y oro
285 15. La geografia emocional y el plan de vuelo dei capitalismo
307 16. La cultura de la política
Q UINTA PARTE
P E R SO N A LM E N T E H A B L A N D O ..,
325 17. En el reloj de las carreras laborales masculinas
365 Bibliografia
9 Agradecimientos
li Introducción. Las dos caras de una idea
P R IM E R A PARTE
U N A C U LT U R A D E D ESIN V ER SIÓ N PSÍQ U IC A
25 í. El espíritu mercantil de la vida íntima y la abducción
dei feminismo
49 2. La ffontera de la mercancia
71 3. Los códigos de género y el juego
de la ironia
89 4. Liviandad y pesadez
SEG U N D A PARTE
U N YO IM BU ÍDO d e s e n t im ie n t o s
111 5. La capacidad de sentir
12.9 6. La elaboración dei sentimiento
155 7. La economia de la gratitud
177 8. Dos maneras de ver el amor
189 9. Los caminos dei sentimiento
T E R C E R A PARTE
EL DOLOR R EFLEJO DE U N A SO CIED AD C O N FLIC T IV A
207 10. De la sartén al fuego
219 11. El colonizador colonizado
237 12. La familia fracturada
253 13. Cuando los ninos escuchan las conversaciones
12 | LA M E R C A N T I L I Z A C I Ó N DE LA V I D A Í N T I M A
Introducción cidar qué cosas influyen en el destino dei amor y dei cuidado. He ahí la pre-
gunta que ocupa el centro dei círculo.
Las dos caras de una idea
A lo largo de los últimos veinte anos hemos presenciado el ensancha-
miento de un vacío en torno dei cuidado. Los sistemas informales de cui
dado familiar se han vuelto más ffágiles, inciertos y fragmentários, en tanto
que las nuevas formas institucionales no se han implementado de manera
universal ni son uniformemente humanitarias. También la estructura gene
ral de la sociedad estadounidense es ahora menos cuidadosa: se ha pro-
fundizado la brecha entre las clases sociales, y las grandes corporaciones
emplean y despiden trabajadores obedeciendo cada vez más a la demanda
dei mercado.
Todo ello ha alterado la naturaleza dei âmbito público al que las mujeres
Dice la sabiduría popular que quien recorra sin brújula un largo trecho estadounidenses ingresaron en enormes cantidades durante el m encio
de espesura virará gradualmente hacia el costado, andará en círculos y nado período. En el ano 1900, menos de un quinto de las mujeres esta
terminará en el mismo lugar desde donde partió. Guando extendi estos dounidenses casadas trabajaban por un salario; en 1950 lo hacía aproxi
ensayos por primera vez sobre la alfombra azul de mi estúdio, desde el que madamente el 40 por ciento, y en el ano 2000, cerca dei 70 por dento.1 En
pensaba incluir en primer lugar hasta el que acababa de redactar, había tra- efecto, esté o no presente el marido, seis de cada diez mujeres con hijos de
zado ese círculo. En su centro está la idea de que el amor y el cuidado, los 2 anos y más de la mitad de las mujeres con hijos de 1 ano trabajan fuera
verdaderos cimientos de cualquier vida social, hoy suscitan gran descon- dei hogar, y hoy en día también trabajan las abuelas, las tias y las vecinas a
cierto en los Estados Unidos. Cuidam os a otras personas, p e ro ... £por quienes una mujer podría haber acudido en busca de ayuda para cuidar
qué lo hacemos? ^Nos motiva el deseo personal o la obligación? una a sus hijos. Lejos de reducir su horário de trabajo, los padres lo han exten-
mezcla de ambos? ^Están esos motivos ligados a la familia, o algo por el dido, en tanto que el índice creciente de divorcios ha llevado a que muchos
estilo? i A la amistad, o algo por el estilo? ;N os motiva el orgullo cívico, la padres dejen todo el cuidado de sus hijos en manos de sus ex esposas. Como
devoción a Dios, la dignidad profesional o el deseo de ganar dinero? Por consecuencia de este proceso hay menos colaboradores en el hogar, en tanto
otra parte, $qué ocurre cuando cambian las instituciones donde se afirman que mucha gente no encuentra o no puede pagar personal que cuide bien
esos lazos? Por ejemplo, cuando se aligeran o cambian los lazos familiares a sus hijos. Ni el gobierno ni las corporaciones privadas se disponen a cubrir
en los Estados Unidos, el Estado retira su apoyo a los pobres, las empresas este vacío; por el contrario, en los últimos anos tanto el Estado como el ca
recortan los benefícios y reducen la seguridad laborai o se expande el sec pitalismo han dado un paso atrás al abandonar compromisos anteriores
tor económico de las personas y las instituciones que brindan cuidados (el Estado lo ha hecho mediante la reforma de la asistencia social; el capi
con la inclusion de trabajadores provenientes de todo el globo, ^qué enre talismo, con la pérdida creciente de la seguridad en el trabajo). Ambos han
dos, desconexiones y sorpresas -e n apariencia inconexos- surgen en las devuelto la pelota dei cuidado al âmbito privado dei hogar, donde que-
expresiones diarias de amor y cuidado y en nuestros sentimientos rela dan pocos que puedan atajarla. Al parecer, tanto en el âmbito privado como
cionados con esas expresiones? Cuando una ninera tailandesa que trabaja en el público, “papá ya no pasa alimentos”.12
en Redwood City, California, me dice que quiere más a los ninos estadou-
nidenses a su cuidado que a los hijos que dejó en Tailandia, ^debo encon 1 Departamento de Estadísticas Laborales de los Estados Unidos, cuadros 4 a 6.
trar alii el ejemplo de un país rico que “extrae” de un país pobre el valioso 2 Otro aspecto dei problema es nuestra creciente cultura de la mercancia. En un
sentido, puede decirse que el vacío en el âmbito dei cuidado crea un vacío social.
metal del amor? Y si así fuera, ^con qué lazos sociales de amor y cuidado
A lo largo de los últimos treinta anos, la gente ha pasado a conversar cada vez
cuentan los hijos de esa ninera?
menos, visitarse menos e invitar a menos amigos a su casa, aun cuando mira más
Emoción, género, familia, capitalismo, globalización: ésos son los temas. televisión y hace más compras (Putnam, 2000). El vacío en torno dei cuidado abre
Pero invito al lector a que utilice todas las ideas incluidas en ellos para dilu- paso a una cultura de la mercancia, y la cultura de la mercancia ofrece sustitutos
INTRODUCCIÓN | 13 14 I LA M E R C A N T I L I Z A C I Ó N OE LA V I D A Í N T I M A
Estas noticias no son nada buenas. Es innegable que los ninos y los an- cuidado familiar y cada vez lo consumimos más. En efecto, cada vez es más
cianos estadounidenses estaban mucho peor en 1690,1890 y 1930, pero quie- común que “ cuidemos” mediante la adquisición dei servicio o el objeto
nes defienden el argumento según el cual “antes era peor” suelen hacerlo apropiados.
en el espíritu de preparamos emocionalmente para aceptar las malas noti En tanto que muchas formas de cuidado pago constituyen grandes ade-
cias dei mundo actual. Lejos estoy yo de querer hacer tal cosa: no necesi- lantos en relación con el cuidado informal de ayer, el servicio de cuidado
tamos im aginar un pasado irrealmente idílico para reconocer el vacío pago plantea cuestiones acuciantes. ^No nos molesta la posibilidad de
que se ha abierto actualmente en torno dei cuidado como lo que verda- que el bebé le diga su primera palabra a la ninera y que la abuela diga la
deramente es: un vacío en torno dei cuidado. última cuando está con el enfermero domiciliário? ^Cómo reconciliamos
Y este vacío ha tenido consecuencias curiosas. Por un lado, el cuidado el asom bro reverenciai que nos producen esos mom entos con la vida
de ninos y ancianos parece haber descendido de categoria en cuanto a los moderna, sus exigências laborales, su igualdad de los sexos y su particular
honores y la recompensa monetaria, y se ha transformado en un trabajo estructuración dei honor? He ahí la cuestión primordial.
dei que es preciso salir o que debe dejarse vacante para quienes no logran Muchos de los ensayos que integran el presente libro apuntan a captar
conseguir un empleo mejor. Por otro lado, la tarea ha adquirido mayor y magnificar momentos dei círculo que rodea esta cuestión. Un nino escu-
importância ideológica, como parte de un vehemente y confuso intento de cha que su padre o su madre contrata una ninera por teléfono. Un hom-
crear una familia y una nación más cálidas y gentiles. El “cuidado” se ha bre pretende que su esposa se muestre más agradecida porque él se ha ocu
ido al cielo en el terreno ideológico, pero en la práctica se ha ido al infierno. pado de lavar la ropa. Un libro de autoayuda le aconseja a esa mujer que
En efecto, a pesar de la escalada que se produjo en la retórica pública dei deje a su marido. Los momentos de la vida privada en que se producen
cuidado, cada vez nos planteamos más preguntas angustiantes en torno de conflictos o confusiones respecto dei cuidado suelen guardar relación directa
sus realidades prácticas. Algunas preguntas atanen a la ayuda informal ofre- con presiones contradictorias que ejerce la sociedad en general. A veces,
cida por la familia y los amigos. ^Quién es el “papá real” en la vida de un dichas presiones se originan en un lugar y se manifiestan en otro, como
nino, el padre o el padrastro? ^Los abuelos principales son los padres del ocurre con el llamado “ dolor reflejo”. Así como un dolor de pierna puede
ex marido, o el nino recurre ahora a los padres dei nuevo marido? Si un originarse en una hérnia de disco lumbar, es posible que un vínculo dolo
padre cumple extensos horários de trabajo, ^cómo comparte el cuidado de rosamente resentido entre padres e hijos sea consecuencia de una acelera-
su madre anciana con sus hermanos, su esposa y el asistente domiciliário? ción corporativa o una racionalización gubernamental. En nuestros momen
^Un nino de 12 anos debe quedar al cuidado de un vecino, o ya tiene edad tos de desapego y descuido, cada vez sentimos más el dolor reflejo dei
suficiente para quedarse solo en casa hasta que sus padres regresen dei capitalismo global que avanza sin que nada lo detenga.
trabajo? Dadas las nuevas presiones laborales, ^cuándo pueden regresar al
hogar los padres y las madres que trabajan?
Cuando reemplazamos el cuidado familiar por cuidado pago, ^qué pode
mos hacer para que éste funcione bien desde el punto de vista humano? A L A E S F E R A PERSO N AL
medida que la familia “ artesanal” se transforma en una familia postindus-
trial, las tareas que antes se llevaban a cabo en el interior dei núcleo fam i Éste fue el prim er descubrimiento que mis reflexiones de anos fueron
liar se confian cada vez más a especialistas externos: cuidadores de ninos poniendo de relieve en relación con diversas facetas dei cuidado. Pero mien-
y de personas mayores, enfermeros, profesores de colonias de vacaciones, tras pensaba en los presentes ensayos también comencé a preguntarme
psicólogos y, entre los más ricos, choferes, ensambladores de álbumes fami que brújula oculta en mi vida personal explicaba tan profundo interés en
liares y animadores de fiestas de cumpleanos. Cada vez producimos menos las cuestiones que intento dilucidar. Y entonces hice un segundo descubri
miento. Como muchas otras mujeres de mi generación, blancas y de clase
media, en la década de i960 “emigré” de la cultura emocional de mi madre
materiales dei cuidado. O bien, de manera aun más insidiosa, “materializa”
el cuidado hasta tal punto que el amor se da y se recibe cada vez más a través para establecerme en la de mi padre. M i madre era una ama de casa de
de objetos comprados (véanse Putnam, 2000; Schor, 1998). tiempo completo que se ocupó de criar a sus hijos -m i hermano Paul y
/ INTRODUCCIÓN | 15 1 6 | LA M E R C A N T I L I Z A C I Ó N DE LA V I D A Í N T I M A
y o -, hizo trabajo voluntário para la Asociación de Padres y M aestros y sensación de goce, diría que tuvo lugar durante esas noches en casa de los
ayudó a poner en marcha un programa preescolar en el condado de M ont Thompson. Pero fue la convivência con mi triste, meditativa e inteligente
gomery, Maryland, a la vez que respaldaba la carrera diplomática y guber- madre lo que me llevó a descubrir que los sentimientos, además de expe-
namental de mi padre. Era ella quien descifraba las intenciones ocultas en rimentarse, pueden ser objeto de reflexión.
las caóticas pinturas que hacíamos con los dedos, y era ella quien nos tran- M i madre miraba el mundo con ojos melancólicos y sombrios, pero
quilizaba diciendo que los “terribles monstruos” se irían a su casa para que esa mirada, a su vez, le permitia atravesar las defensas psíquicas de los demás
pudiéramos dormir en paz durante la noche. Mi madre nos brindó muchas y predecir acontecimientos con estremecedora precisión. Los científicos
ofrendas de amor, pero en todas ellas había un dejo de tristeza. sociales positivistas cuyas dudosas predicciones yo estudiaría solemne-
Recuerdo que cuando tenía aproximadamente 10 anos, saltaba dei auto- mente en la universidad habrían vendido toda la objetividad de su alma
bús escolar y trepaba la cuesta que llevaba a nuestra casa, abria de golpe la con tal de embotellar semejante magia. M i madre percibía que m i abuela
puerta principal, subia brincando las escaleras, llamaba con unos golpe- estaba a punto de caer enferma, que mi tía era capaz de incendiar su pro-
citos a la puerta dei dormitorio de mi madre y la encontraba recostada en pia casa, que nuestro pacífico perro pronto mordería a alguien. Leia las
su cama, afable y -su p o n go - complacida de verme. Sin embargo, me pre- emociones como los médicos leen radiografias. M i padre, mi hermano y
gunto si para ella era un esfuerzo mostrarse complacida. No lo sé. Ella era yo escuchábamos respetuosamente sus oscuros pálpitos, porque solían
quien se hacía cargo de mi, y esa circunstancia parecia entristeceria. Cuando tener algo de cierto. Mi hermano mayor y yo peleábamos sin cesar; mi padre
recuerdo a m i padre, lo veo salir de casa, bajando de dos en dos los pelda- tenía sus preocupaciones y mis otros parientes vivían muy lejos, así que
nos de la larga escalera y silbando una alegre tonada, de espaldas a la casa mamá era mi centro, mi fuente de calor y m i principal interés. Todo anda
y a nosotros. M i padre parecia ser el más feliz de ambos, pero no era él ria bien, pensaba yo, si tan sólo pudiera usar mi propia magia para desci-
quien se encargaba de “cuidam os”. Así, mi madre era la persona triste que frar y alegrar a mi madre. Y ésas pasaron a ser mis dos misiones.
nos cuidaba y mi padre era la persona alegre que no nos cuidaba. O al Podia alegraria un poco, pero desciffarla era más difícil. Sabia que mi
menos así se veían las cosas. madre amaba a mi padre, y que él la amaba mucho también. Los oía reír
Cuando comparaba a mi madre con otras amas de casa -la s madres de juntos y bromear entre ellos, y en esos momentos percibía que tenían una
mis amigas que vivían en el mundo suburbano de Kensington en la década conexión sensual. Fue así que, de pequena, llegué a la conclusión de que mi
de 1950- me sentia m uy afortunada. La madre de Jan ponía a su hija en madre no estaba triste a causa de su marido, sino a causa de su propia con-
ridículo delante de mi. La madre de Susan, una mujer corpulenta que siem- dición de madre. La psicoanalista alemana Christa Rohde-Dachser habla de
pre llevaba una túnica hawaiana, entraba en la cocina arrastrando los pies la “ solución depresiva femenina” : la renuncia de una mujer a sus propias
para esconder su botella de vino, sorprendida de que Susan hubiera regre- necesidades con el propósito de centrarse exclusivamente en las necesida-
sado “ tan pronto” a casa. La madre de Penny parecia un sargento de ins- des urgentes de los demás. Rhode-Dachser une esas dos palabras de impro-
trucción. Si, yo había tenido suerte. bable compatibilidad - “solución” y “depresiva”- para proponer la fascinante
Pero m i m ejor amiga, Janet Thom pson, tenía una madre maravillosa, idea de que un problema puede ser la solución de otro. Pero cuando yo era
chispeante y cordial, a quien parecia gustarle ser mamá. Cuando me que- pequena, la depresión de mi madre no parecia una “ solución”, sino un vacío.
daba a cenar en casa de los Thompson, Betsy - la encantadora hermanita Entretanto, armado de confianza, claridad, ambición y alegria, mi padre
de Ja n et- nos hacía reír a todos. Sentada en su silla alta, toda sucia de salía diariamente para dirigirse a un empleo de oficina que yo imaginaba
comida, Betsy balbuceaba seriamente una de sus bromas de bebé. La senora serio, interesante e importante. En una etapa temprana de mi vida desa-
Thom pson se reía de las bromas de Betsy sin entenderias, lo cual en si rrollé la idea simple y errónea de que quedarse en casa a cuidar ninos era
resultaba m uy gracioso. Se echaba a reír incitándonos a hacer lo mismo, algo triste, e ir a trabajar, algo alegre. Cada una de esas acciones tenía su
y pronto una oleada de alegria invadia la mesa. Era una risa alegre, fácil, propio clima emocional. Si mi madre hubiera ejercido una profesión, razo-
espontânea, contagiosa: un nuevo continente de emociones. Y si yo debiera naba yo, habría sido tan feliz como mi padre. Y lo mismo ocurriría con-
senalar cuál fue el momento en que comencé a preguntarme cómo se rela migo. Así, en tanto que de pequena me preparaba para la maternidad vis-
ciona el cuidado de ninos con la diversión y en qué consiste la propia tiendo y desvistiendo una y otra vez a Yonny, una gran muneca de goma
INTRODUCCIÓN | YJ l 8 I LA M E R C A N T I L I Z A C I Ó N DE LA V I D A Í N T I M A
que me había regalado la abuela, también me hice la solemne promesa de hace mucho más: determina lo que esperamos y deseamos, y así deter
tomar por la senda que conducía a esa carrera profesional gradas a la cual mina la manera en que nos sorprende el mundo. Tal como observó Mau-
uno silbaba alegremente al bajar los peldanos de dos en dos. rice Merleau-Ponty (1964), cada vez que vemos, comparamos. Una pared es
No es mi intención detenerme demasiado en este punto. Muchas hijas más o menos blanca que otra pared que vemos o imaginamos. Como con-
de madres depresivas terminan siendo meseras, quiroprácticas o deportis- secuencia, nuestra subjetividad, con la abundancia de comparaciones que
tas, y no necesariamente sociólogas interesadas en el cuidado de personas. implanta en nosotros, nos transforma en turistas de nuestro propio yo, en
Y hay múltiples razones, que superan el alcance de esta introducción, por visitantes de los extranos lugares de interés que ofrece la vida cotidiana; es
las cuales la mirada sociológica ha resultado tan apropiada para mi. Tam- decir, elimina la anodina sensación de que las cosas son obvias. Todo cien
poco creo -d e más está decirlo- que la tarea de cuidar indefectiblemente tífico social tiene su subjetividad, la cuestión es determinar cómo la usa.
cause depresión. Por el contrario, sólo me propongo explicar por qué nunca En su ensayo “ La ‘objetividad’ cognoscitiva de la ciência social y de la
di por sentado que el cuidado de otras personas produjera felicidad. política social”, M ax Weber ([1904], 2006:99) sigue el rastro de “ la línea, a
Como lo ha hecho la mayoría de las mujeres a lo largo de las últimas tres menudo difusa, que separa la ciência de la fe”. Sugiere que, con razón,
décadas, abandoné parcialmente el m undo de mi madre, orientado hacia confiamos profundamente en los valores a fin de decidir qué necesitamos
el cuidado, y me sumé -sin establecerme dei todo en é l- al mundo de mi entender y de determinar los fines al servicio de los cuales ponemos nues-
padre, orientado hacia la carrera profesional. Habité ambas esferas, pero tros resultados y descubrimientos. Entre esas dos etapas, Weber postula
no obtuve la ciudadanía en ninguna de las dos. Recién a partir de los des- una etapa intermedia de neutralidad axiológica en la que se “ busca la ver-
cubrimientos colectivos realizados por el movimiento feminista durante dad” y donde los valores pueden sesgar el pensamiento. Sin embargo, desde
las décadas de i960 y 1970 llegué a reconocer cuán enormemente proble mi punto de vista, los urgentes dilemas de la infancia ponen en marcha una
mático era el orden colonial que relacionaba la “ metrópoli” de m i padre con búsqueda que inevitablemente ilum ina desde atrás nuestros descubri
la aldea natal de mi madre. Así como el precio bajo dei azúcar explota al mientos y resultados, de manera tal que necesitamos poner a prueba nues
productor dei Tercer Mundo mientras beneficia al consumidor dei pri- tros pálpitos de múltiples maneras. Necesitamos cuestionar nuestros valo
mero, las devaluadas tareas dei ama de casa permiten que el marido desa- res continuamente. Pero no veo de qué manera podemos “buscar esa verdad”
rrolle su altamente valorada carrera profesional. Se me ocurrió que si la sin que ellos nos guíen.
felicidad deriva en parte de sentirse valorado, necesitamos crear nuevas Y así he procedido. Durante el prim er ano que cursé en la facultad de
maneras de valorar el cuidado pagando bien a quienes se encargan de sociologia, en la Universidad de Califórnia, Berkeley, como muchas otras
cuidar a los ninos y desvinculando dei género la atención dei hogar. Yo mujeres estudiantes lei con suma atención La mística de lafem inidad, de
quise ser ese respaldo social para m i madre, y mientras escapaba de su Betty Friedan, y llegué a la conclusión de que m i madre tenía lo que Frie-
vida planeaba rescatarla dedicándole mi carrera profesional. Mamá alentó dan denomina “el problema sin nombre”. Luego de alcanzar la mayoría de
mi carrera, pero de más está decir que m i plan no logró hacerla feliz: en edad y graduarse en la universidad durante los “dorados anos veinte”, mi
lugar de ello, me llevó a escribir los ensayos contenidos en este libro. madre inicio su vida matrimonial a mediados de la década de 1930 y seguia
Algunos colegas que respeto consideran riesgoso vincular la trayectoria casada en los posbélicos anos cincuenta. Un escalón más arriba en la escala
personal con el interés intelectual, porque hacerlo revela un “ sesgo” o una social que Rosie the Riveter * se había educado para ocupar un lugar en la
“propensión” personal. Si por “propensión” nos referimos a “ una inclina- vida pública que nunca llegó a ocupar: se sentia atascada.
ción o preferencia mental” -u n a de las definiciones que da el diccionario ^Por qué las mujeres como m i madre se sentían descontentas, pero malen-
Webster’s New World-, estoy de acuerdo. El yo es un instrumento de inves- tendían tanto el poderoso origen cultural de ese descontento?3 ^En qué
tigación; al fin y al cabo, es el único que está verdaderamente en nuestras
manos. Entender los orígenes infantiles de una pasión intelectual es enten * “Rosita la Remachadora”, icono cultural estadounidense que representa a las
millones de mujeres empleadas en las fábricas de municiones durante la Segunda
der las posibilidades y las limitaciones de ese instrumento, que a su vez es
Guerra Mundial, en reemplazo de los hombres que luchaban en el frente.
el que mejor permite ver cuáles son los otros instrumentos necesarios para [N. de la T.]
conocer el mundo. Pero la subjetividad -que en última instancia nos impulsa- 3 Pierre Bourdieu usa el término “ méconnaissance”.
INTRODUCCIÓN | 19 20 I LA M E R C A N T I L I Z A C I Ó N DE LA V I D A Í N T I M A
medida el reconocimiento erróneo de un sentimiento altera su autentici- Las mujeres inmigrantes que describo se mueven entre culturas de género
dad? iPuede alteraria? ^Córno establece la cultura -m ediante la “ regla- que están profundamente ligadas a un sentido dei yo. Hace poco entrevisté
mentación” de los sentimientos- lo que imaginamos que “deberíamos” o a un hombre de 65 anos que había brindado mucho tiempo, amor y esfuerzo
“no deberíamos” sentir? ^Córno reconciliamos lo que creemos que debe al cuidado de su madrina de 87 anos. Con total naturalidad, me dijo lo si-
ríamos sentir con lo que creemos sentir? Así comenzó mi investigación sobre guiente: “ Si un hombre se dedica a cuidar a otra persona llamándola, hacién-
los sentimientos y sus regias. dole las compras o visitándola, manifiesta al mundo su firacaso como hom
No tuve una de las célebres epifanias de biblioteca que se supone deben bre” “ ^Su firacaso como hombre?” le pregunté. “ Sí”, me respondió con gran
experimentar los estudiantes universitários de primer ano cuando abren convicción. “Realmente ha ff acasado como hombre.” Si un hombre no puede
libros de Weber, Durkheim y Marx. Pero me fui embebiendo gradualmente cuidar a una mujer anciana (como lo había hecho éste de manera tan con-
dei poder que encierran las ideas de esos pensadores cuando comencé a movedora) sin renunciar a la sensación de ser un hombre “de verdad”, ^cómo
lidiar con los diversos aspectos dei vacío en torno dei cuidado, y ello se pueden las mujeres que delegan el cuidado de sus padres e hijos sentirse
refleja en los presentes ensayos. El pensamiento de Weber desempena un mujeres “de verdad” sin sufrir cierta ambivalência? Así como los campesi
papel crucial en “ El espíritu mercantil de la vida íntima y la abducción dei nos que han emigrado recientemente a la ciudad tamizan su cultura de ori-
feminismo” ; el de Durkheim, en “ La geografia emocional y el plan de vuelo gen para conservar algunos de sus elementos y descartar otros, durante las
dei capitalismo”, y el de M arx, en “Am or y oro”. últimas décadas los estadounidenses de ambos sexos han examinado los vie-
En todo el trayecto recibí la profunda influencia de Erving Goffm an, jos marcadores culturales dei “verdadero yo” y han sopesado el precio emo
cuyas numerosas obras -e n particular, La presentación de lapersona en la cional de cada elemento que conservaban y cada elemento que dejaban atrás.
vida cotidiana, internados, estigma y Encounters, así como su ensayo “ Foo- En lo que respecta al cuidado de personas, aún queda mucho por resolver.
ting”, en Forms oftalk- reflejan la conmovedora vulnerabilidad de los hom- En todas las migraciones de este siglo revolucionário desde el punto de
bres y las mujeres marginales. Pero Goffm an nos proporciona actores sin vista dei género, el cuidado de otras personas ha quedado en gran medida
psiquis. Sus personajes tienen sentimientos -e s lo que me encanta de ellos- a cargo de las mujeres. En comparación con los hombres -d ice Robert Put
pero no se nos dice de dónde provienen esos sentimientos. Así, a medida nam (2000: 95)-, las mujeres
que progresaban mis reflexiones sobre la experiencia de mi madre con el
cuidado de sus hijos, y sobre su propia experiencia en relación con el “vacío hacen entre un diez y un doce por ciento más de llamadas de larga dis
en torno dei cuidado”, me volví hacia Freud, Darwin, M ax Scheler y el antro tancia a familiares y amigos, envían al menos el triple de tarjetas de
pólogo George Foster, entre otros, en busca de ayuda para comprender el felicitaciones y regalos, y escriben el triple o el cuádruple de cartas per-
aspecto social de las emociones. Y a través de esta lente, la de la sociologia sonales. Las mujeres pasan más tiempo visitando amigos, aun cuando
de las emociones, llegué a entender la mayor revolución social de nuestro el trabajo de tiempo completo borre esta diferencia de género al recor
tiempo, el acontecimiento que abrió una enorme distancia entre mi vida tar para ambos sexos el tiempo que pueden dedicar a los amigos [...].
y la de mi madre: la revolución que cambió el rol de las mujeres. Incluso en la adolescência [... ] las mujeres son más propensas a expre-
Las mujeres como yo han deseado profundamente ser iguales a los hom- sar un sentido de preocupación y responsabilidad por el bienestar de los
bres en la vida pública y en la vida privada. Pero este deseo suscita una pre- demás haciendo trabajo voluntário con mayor regularidad. Aunque las
gunta: ^iguales a qué? ^Iguales en qué cultura dei cuidado? Como los inmi- chicas y los chicos de los anos noventa usaron computadoras casi con
grantes que se trasladan dei campo a la ciudad, muchas mujeres hemos la m ism a ffecuencia, los chicos fueron más propensos a usarias para
emigrado de la cultura de nuestra madre para establecernos en la de nues jugar, y las chicas para mandar correos electrónicos a los amigos.
tro padre. Pero cabe preguntarse qué parte dei lenguaje y dei amor de esa
vieja cultura materna, con todas sus imperfecciones, hemos sido capaces Pero el cuidado de otras personas cada vez se asocia más con la sensación
de mantener y compartir con los hombres. éQué hemos dejado atrás? ^Nos de “atascamiento”, de quedarse fuera dei espectáculo principal. Cuando a
sentimos bien con lo que tenemos? ^En qué nos basamos para discernir mediados dei siglo x ix los hombres se involucraron en la vida mercantil y
estas cuestiones? las mujeres permanecieron fuera de ella, las amas de casa opusieron un
INTRODUCCIÓN I 21
freno moral al capitalismo. Hoy en dia, las mujeres estadounidenses son
su adquisición más reciente; se les ofrece la pertenencia en el âmbito público
de la sociedad de mercado en las mismas condiciones rigurosas acatadas
por los hombres estadounidenses. Como resultado, la inclemência de la vida
se vuelve tan normal que no la vemos. Creo que verdaderamente necesita-
mos una revolución en nuestra sociedad y en nuestro pensamiento, una
revolución que recompense el cuidado de otras personas tanto como el êxito
en el mercado, y que consolide una esfera pública exterior al mercado, a la
manera de los viejos campos comunales de las aldeas. El propio equilibrio
alcanzado entre las fuerzas mercantiles y no mercantiles representa en si
mismo una posición con respecto al cuidado. A través de los presentes ensa-
yos me propongo abrir una puerta que conduzca a esa revolución.
Me encanta entrevistar gente, descubrir mis ideas mientras lo hago y a
menudo analizar retrospectivamente algunos encuentros que tuvieron lu
gar meses, anos o incluso décadas antes. Casi todos los ensayos reunidos
aqui expresan mis pensamientos más recientes, por lo cual todos ellos tras-
cienden lo que escribí en otros libros. He dividido esta obra en cinco sec
ciones. Los temas principales son la cultura (parte 1), las emociones (parte
2), la familia y el trabajo (parte 3), el cuidado (parte 4) y un ensayo perso
nal que incorpora cuestiones tratadas en todos los anteriores (parte 5). Cada
parte contiene ensayos que se centran en una faceta de la vida personal bajo
el capitalismo estadounidense. Cada faceta es distintiva, aunque algunas
aparecen en el território de otras. Invito al lector a que busque y lea según
sus intereses, o a que seleccione un ensayo de cada parte; con suerte, ese
ensayo lo conducirá a otro. Más aun, el lector encontrará superposicio-
nes: en más de un ensayo describo el ingreso de las mujeres en el âmbito
dei trabajo asalariado, comento los consejos que suelen darse a las muje
res y me refiero al ensayo de Thorstein Veblen, The instinct fo r workman
ship and the industrial arts. He dejado estas repeticiones porque constitu-
yen piedras angulares para el pensamiento que recorre diferentes trayectos
en cada ensayo, y porque cada vez que intenté eliminarias me sentí como
si estuviera destejiendo un suéter.
Los ensayos de este libro no hacen justicia a la abundante diversidad
racial, étnica, religiosa y sexual que caracteriza las experiencias de las muje
res y los hombres, pero espero que algunas de las ideas -la economia de la
gratitud, el trabajo emocional, el amor desplazado como mercancia glo
bal, por mencionar unas pocas- presten utilidad a futuros trabajos que
exploren dicha diversidad. En última instancia, los ofrezco como lámpa-
ras que arrojan luz sobre la situación en que se halla la tarea de cuidar en
la vida cotidiana de hoy bajo el capitalismo global.