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Crisis emocional y búsqueda de identidad

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A mi pregunta, Luciana (30 años) responde que vino porque una semana atrás casi

se arroja por el balcón. Su matrimonio anda mal, ya el noviazgo fue una mierda, y ahora son
permanentes las humillaciones. Su marido Fabián le asigna un monto ínfimo de dinero por
día para gastar, y si a ella no le alcanza, él le dice que es una gorda de mierda, que quiere
comprarse comida. Hace un poco más de un año que están casados, y siempre fue así. Ella
piensa que se casó con él para seguir el caminito (de la madre): casarse con el primer novio.
Luego relata que sus padres se llevaban mal, discutían mucho por problemas económicos.
Luciana conoció a su esposo en el colegio secundario, a sus 12 ó 13 años. A él lo habían
expulsado de otro colegio. Era la edad en que se desarrolló; ella era gordita, estaba aislada
de sus compañeros, ningún varón la hablaba. Él fue el único. Todo esto también coincidió
con la muerte de sus abuelos, y con una mudanza (son los acontecimientos que puede
situar como previos a ese noviazgo, alrededor del cual gira casi todo lo que ella puede
decir).
Cuando Luciana le dijo a Fabián que deberían separarse, él le pidió que no lo dejara.
En una de esas discusiones, él se puso muy mal, en posición fetal, le rogaba que lo llevara a
casa, o a la de los padres. Lo llevó a hacer tratamiento psiquiátrico, pero interrumpió,
Luciana dice: él no quiere saber nada. Alguna otra vez la golpeó, le lastimó un labio, y ella lo
tapó ante ambas familias. Dice que lo hizo porque no quiere que la madre o los hermanos
sepan, para que no sufran. En ese momento le señalo que ella tampoco parece estar
muy dispuesta a saber más acerca de lo que le está pasando, ¿tal vez porque teme
sufrir? y lo vinculo con lo poco que puede rememorar más allá de la relación con el
marido.
A la siguiente entrevista entra sonriente, y dice que trajo un machete con algunas
cosas anteriores a su desarrollo. Relata una serie de hechos, a primera vista deshilvanados:
las idas de su padre, a trabajar como leñador en una localidad lejana de su provincia; su
madre estaba embarazada, se puso triste, y cuando llegó al 8° mes le pidió que no se
marchara. Luego, un oscuro episodio en que su padre va preso, al parecer por maniobras
fraudulentas en el trabajo (trabajaba para un hermano de él). El padre alegaba inocencia.
Pensó que tal vez por eso ella eligió ser abogada; en orientación vocacional había dicho que
quería defender a la gente. Cuando indago un poco más en esa situación del padre,
dice: no sé, no me interesa. Nuevamente relaciona ese no querer saber con proteger a su
madre (ya que tendría que preguntarle a ella, y la haría sufrir, sería removerle cosas). Hay
algo allí que debe permanecer tapado, le digo, y ella inmediatamente lo relaciona con la
expresión que usó respecto de la escena violenta con su marido. También le señalo que al
hablar algo más empieza a saber, ya que enlaza cosas que no estaban en el machete.
Habla entonces de la muerte de la abuela, llorando: tenía diabetes, estaba casi ciega. Sufría
mucho con el marido, que andaba con otras mujeres. Dice: incluso escuché que tenía otra
hija por ahí, pero no sé, ni quiero saber. Cuando la abuela murió, él vivía con otra mujer, y la
abuela lo sabía.
En la tercera entrevista viene enojada por no haber podido comprar un celular que era
de su hermana, porque lo había vendido antes. Le digo algo respecto de que puede haber
otras posibilidades de adquirir un celular, y me responde que era más barato, y además
siente como si fuera el único que hay, dice: como con mi marido. Al incitarla a proseguir
hablando, vuelve a quejarse del maltrato y las humillaciones, dice que él se burla de ella y
que no cree que pueda ganar dinero con su profesión. Pregunto que cree ella. Dice que
está orgullosa de haberse recibido y de haber empezado a trabajar en el estudio de una
amiga, pero siempre está la mirada de él ahí, tan importante. Además, también dice que
quisiera adelgazar, para que él no la moleste con eso. Hacia el final de la entrevista, dice
que sus padres la ayudaron económicamente con su carrera, así que su propio esfuerzo no
vale tanto. Y agrega: Lo que yo quiero saber es desde cuando esta autoestima tan baja.
Bah, desde cuándo, lo sé; desde chica, cuando una compañera de colegio era más
importante que yo por ser “la hija de...” (la secretaria del colegio), y porque era alta y
delgada.
Digo: Entonces, si eso lo sabe, ¿qué es lo que quiere saber? Me responde: El por
qué, la causa. Le digo que puede haber más de una causa. Dice que ella busca siempre
una sola cosa, como el celular o el marido.
A partir de allí, habla de los problemas en su casa, y en la familia del marido, y cómo
ella está siempre en el medio: entre su madre y una de sus hermanas, entre una amiga y la
hermana de ésta, y dice que por eso recibe los sopapos. Es como un personaje de “Locas
de amor”, quien dice que “alguien se tiene que ocupar”.
Cuenta que su hermano menor es gay, y que el marido insiste en que hay que hablar
con él, piensa que así se va a curar, lo ve como un enfermo. Yo también, según mi hermano;
me dice que lo miro con desprecio. En cuanto al marido, se pregunta qué hacer cuando la
critica o la lastima, si devolverle las cosas, diciéndole “en tu casa también hay problemas”.
(Cuenta que la madre de él es alcohólica, y nadie quiere saberlo).Dice: Un ida y vuelta así,
en espejo, es una venganza; sí, pero no encuentro otra forma todavía. Se extiende en
detalles acerca de la suciedad en casa de su suegra, en las camas, y debajo, suciedad
tapada, que a ella le da asco.
Habla luego de sus dificultades en la facultad, especialmente en los exámenes orales.
Cuenta: Usaba mucho la letra “e”, decía “Eeeeh...” Cuenta que en la última materia sacó un
4, le dio mucha vergüenza, la aprobaron por lástima. Luciana se comparaba con dos
compañeras que dieron un examen brillante. Relaciona eso con su vergüenza a cobrar mejor
por su trabajo.
Falta a una entrevista porque concurrió a una audiencia que se prolongó mucho. Era
por su hermana, que fue despedida del trabajo. Como está enamorada del jefe, en el
momento de discutir la indemnización, retrocedió. Luciana dice que se vio reflejada en su
hermana, en como la cagan con el dinero. Habla de su marido, y del control de los gastos.
Le señalo que hay un tema con el amor, más allá del dinero. Se asombra, pero luego
dice que ella sigue esperando siempre que él cambie, como le prometió; por ejemplo, que le
regale flores, especialmente un 21 de setiembre (que fue unos días antes de esta
entrevista). Fabián no lo hace nunca, a diferencia del padre, que en esa fecha les llevaba
flores a todas las mujeres de la casa. Esto de la flor le hace pensar que ella está deshojando
la margarita, ¿me quiere o no me quiere? En cuanto a ella, no sabe si lo quiere.
Del padre dice que era adoptado: la madre lo dejó en la casa de la madre adoptiva
porque no lo podía criar, al parecer, por razones económicas. Lo iba a visitar diciendo que
era amiga de la familia. Cuenta que su padre sentía mucho las diferencias con sus
hermanos, no se sentía querido. Dice: Amenazaba a mi mamá con suicidarse, pero ya lo
hacía con sus padres adoptivos: para forzarlos a que le dieran su apellido. Le digo que ese
apellido era un signo de reconocimiento y de amor, y lo relaciono con su propia
amenaza de suicidio.
A la siguiente entrevista viene muy contenta, mostrándome el celular que acaba de
comprarse. Me cuenta que le ofrecieron trabajar en un estudio jurídico, por un sueldo no muy
alto pero interesante para ella; y dice que para más adelante tiene proyectos de poner un
estudio con la amiga con la que trabaja actualmente. Pudo reclamar un dinero adeudado por
un cliente desde hace un tiempo.
En la siguiente entrevista me pide continuar en privado alegando problemas de
horario por su nuevo trabajo. Le digo que evaluemos si es por esa sola razón, ya que
podríamos buscar alguna alternativa. Dice que no la hay, y que piensa que puede ser una
etapa diferente, donde pueda pagar su análisis, y que piensa que eso la ayudaría a
valorarse más ella misma como profesional.
Acepto, y efectivamente parece ser una etapa diferente, que recién comienza, pero
que ya permite advertir algunos cambios más en su posición.

Adenda: Un recuerdo abre más claramente la posibilidad de interrogar esa posición a partir
de la Otra escena: ante el féretro de la abuela paterna, ella se quita su anillo de sello con su
inicial garbada y lo pone en las manos de la muerta, haciendo una promesa: que se casaría
con Fabián (esta abuela idealizaba mucho a los médicos, como figuras de prestigio) y que
sería abogada. Dice: Para mostrarle, para que viera que del hijo –o sea de su padre- podía
salir algo de lo que estar orgullosa. Y justamente en los puntos en que se empeña en
reivindicar al padre, se erigen sus síntomas, y fracasa en sostener el orgullo...

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