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Unidad 6

Unidad 6 de Clinica I de la facultad de psicologia de la universidad del comahue
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RESUMEN CLINICA I

UNIDAD 6
BELUCCI: PSICOSIS DE LA ESTRUCTURA AL TRATAMIENTO.

CAPITULO 8. POLÍTICAS, ESTRATÉGICAS Y TÁCTICAS

Belucci plantea que si bien no es válido hablar de cura en la psicosis, es posible (y necesario) avanzar en
la formulación de un tratamiento. En este texto, realiza un recorrido a partir de dos ejes, uno relativo al
analista, y otro al sujeto psicótico.
Del lado del analista recupera la triple coordenada lacaniana que reconoce una táctica, una política y
una estrategia como las dimensiones inherentes a la acción del analista.
 La táctica: las intervenciones del analista.
 La política: concierne a la posición desde la que el analista dirige el tratamiento. Es la que determina,
junto con las características de cada respuesta subjetiva, las posiciones que podrán ocuparse en la
transferencia y las posibles intervenciones. La política del psicoanálisis es su ética. La ética del
psicoanálisis es la ética del deseo. El deseo del analista está ligado al modo en que se pone en juego
en los tratamientos las diferentes dimensiones de la falta, en la medida en que su propio ser está
afectado por ésta.
 El analista se posiciona primero en lugar del Otro, que devuelve la palabra invertida y después se va a
ubicando del lado del objeto a, semblante de objeto. Pero el analista sólo podría hacerse semblante en
un campo ordenado por la incidencia del padre. Ubicarse como semblante de objeto está incidido por
Nombre-del-padre. ¿Cómo sostener en la psicosis la operación del semblante, cómo instalarse en el
campo de la falta en ser, cómo encarnar el deseo del analista con alguien que no se rige por la ley
paterna? Esto hace difícil la transferencia en la psicosis.
 La estrategia: es el manejo de la transferencia. Freud había dejado por fuera del tratamiento a los
sujetos psicóticos, por eso habla de psiconeurosis narcisistas y después de psicosis. Pero Lacan
acepta que hay una transferencia psicótica, necesariamente distinta en su estructura. Al respecto se
han formulado una serie de propuestas.
Propuestas sobre la transferencia psicótica:
1) Se puede hablar en vez de “amor de transferencia” de “erotomanía de transferencia” porque de alguna
manera el analista participa en la producción de goce del paciente. La propuesta clásica, admite la
existencia de una transferencia psicótica organizada en torno a la polaridad persecución/erotomanía, que
serían los modos privilegiados en los que el sujeto psicótico podría restituir alguna dimensión de alteridad
luego del desencadenamiento.
2) Otros autores abonaron la idea de que habría un margen para la instauración de un lugar distinto a
aquél que convoca la transferencia persecutoria o erotómana. Distintos lugares que fueron trabajando
distintos analistas:
- Lugar del escuchante que aloja la palabra del paciente, es un lugar amable.
- Lugar del testigo, el psicótico, bajo ciertas circunstancias, testimonia de su padecimiento y,
eventualmente, de su delirio. En el mejor de los casos el analista podría ser llamado a un lugar
equiparable al que Schreber otorga a la comunidad de científicos y a la posteridad, el de destinatario
de ese testimonio.
- Lugar de secretario del alienado. En ocasiones los psicóticos requieren una operación de escritura,
pero otras veces la realizan por su cuenta como Schreber.

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3) Otro grupo de propuestas sobre la transferencia psicótica entiende que el analista se haría en ella
soporte de una serie de suplencias. La idea de suplencia supone el fracaso de determinadas instancias
y operaciones y, en la base de todas ellas, el fracaso de la Ley del Padre. Lo presupone porque implica
tanto una respuesta a esa carencia como la idea de que esa respuesta nunca podría equipararse a aquello
que falta: el término suplencia connota de algún modo que los resultados alcanzados mediante alguna
operación de esa índole no cuentan con ninguna garantía. La única garantía es la del Padre. Toda
suplencia es en acto, mientras que las instancias y operaciones que suple se ubican en el nivel de la
estructura.
Algunas suplencias que se ha propuesto que el analista podría soportar en la transferencia:
 Élida Fernández y otros autores, plantean que muchos psicóticos instituyen en la transferencia algún
imaginario que los sostenga y sostenga cierta circulación en el eje yo-semejante, lo que viene a suplir
en alguna medida la escena (en última instancia, fantasmática) que falta en las psicosis. Este es el
lugar de la amistad, el paciente nos conoce viéndonos como un amigo, pues el amigo es un otro
como nosotros mismos, es un semejante. Ser un amigo es ser una alteridad, un semejante que no
corresponde con el otro de la persecución y la erotomanía. No es Otro con mayúscula, no es el lugar
de testigo ni el de escuchante, es un otro que podemos calificar como amable y que también tiene una
función fáctica: verificar la presencia de un otro con minúscula. Esto tiene un lugar restitutivo en lo
sujetos. El amigo permite ni recusar ni afirmar las producciones alucinatorias o delirantes, el amigo no
cuestiona eso, está ahí para escucharlo. Es una alteridad que resulta apaciguadora.
Esto es ilustrado mediante un relato de Marguerite Duras, sobre la respuesta de una amiga ante su
desesperado pedido de que verifique la presencia de ciertas alucinaciones: “Yo estaba en la cocina,
ella colgó el abrigo en el perchero y vino hacia mí. Charlamos, le hablé de las visiones que tenía. Ella
escuchaba, no decía nada. Yo le dije: Creo en ellas, pero no puedo convencer a los demás. Añadí:
Gírese, miré el bolsillo derecho de su abrigo colgado. ¿Ya ve el perrito recién nacido que sale de él
todo rosado? Bueno, y dicen que me equivoco. Ella miró bien, se giró hacia mí, me miró largamente y
luego me dijo, sin ninguna sonrisa, con la mayor gravedad: Le juro, Marguerite, por lo que más quiero
en este mundo, que no veo nada”. Ella no dijo que esto no existía, dijo: “No veo nada”. Tal vez es ahí
donde la locura se dobló de una cierta razón. Entonces, el lugar de la amistad permite el alojamiento
de la alucinación sin producir ningún juicio, y esto sustrae el exceso de goce de la alucinación.
 Otro modo de suplencia estaría dado por la puesta en acto de distintas instancias de la Ley paterna,
que no están garantizadas en la psicosis por estructura. Colette Soler ha insistido sobre esto, ella
introduce la figura de la orientación al goce, que tendría dos vertientes:
 Limitativa: consiste en la puesta en juego, por parte del analista, de la “función del no”,
toda vez que esboza el peligro de un pasaje al acto sin retorno. Ejemplo: paciente con
alucinaciones que amenazan con matarlo y esto lo relaciona con maquinaciones en los
vecinos, estaría también ubicada la policía y los mafiosos, entonces él dice que va a salir
con un arma a hacer justicia, si los ataques no cesaban. El analista le dice que había
caminos distintos de la violencia, esto evitó el pasaje al acto y pudo desplegar algún relato.
La condición es que el tratamiento es posible si el pasaje al acto queda excluido, el paciente
tiene que decidir y en eso se restituye. Hay algo que queda como “no” y queda otra cuestión
como potencia, a eso lo vamos a llamar positivo.
 Positiva: se equipara a una sugestión benéfica que implica el uso bajo transferencia de la
función del Ideal. Tiene que ver con evitar el goce. (Esto sería diferente en la neurosis, en la
neurosis lo que se intenta es separar al objeto del ideal). Se trata de leer, en el relato de los
pacientes, aquellos términos que hay funcionado o podrían funcionar en el lugar del Ideal,
para –eventualmente, y cuando el cálculo estratégico así lo habilita-ponerlos en juego como
operaciones de las que el paciente se podría servir.
Hay un relato de un paciente que sentía que si accedía a cierto trabajo se iba a desbordar, entonces el
analista ubicándose como ideal le dice que está de acuerdo y que le parece una buena forma de

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resguardarse. En realidad, el paciente trae la respuesta, tiene cierta advertencia y de alguna manera el
analista le sirve de Ideal.

Ambas vertientes pueden combinarse. Por ejemplo, el paciente del último relato le dice al analista que
desea embarcarse en una actividad profesional que el analista sabe que puede desencadenarlo, entonces,
ubicándose en el lugar del Ideal le dice que tal vez no es el mejor momento y que seguramente podría
hacerlo en el futuro.
4) Otra estrategia en relación a la transferencia tiene que ver con el analista se ubicaría como quien
promueve el establecimiento de un saber sobre las condiciones que desestabilizan y sobre las vías y
recursos disponibles para el paciente. A diferencia del lugar de secretario del alienado, el analista no se
limita a dejar constancia del padecimiento y las producciones de la psicosis en cuestión, sino que toma
parte, con su presencia y sus intervenciones en la elaboración de un saber sobre las condiciones de ese
padecimiento y las respuestas al mismo.
Del lado del paciente, Belucci interroga los modos en que las psicosis se organizan luego del
desencadenamiento, por entender que estos modos condicionan la acción del analista. Hemos superado
los tiempos en que se pensaba que sólo la construcción delirante permitía al sujeto psicótico responder al
proceso de la enfermedad, y en consecuencia se orientaba toda la acción analítica hacia la operación con
el delirio. Una larga y accidentada experiencia enseño a los analistas que no todos los pacientes son
Schreber, y que los delirios schreberianos son más bien escasos. Las soluciones psicóticas son
singulares, lo que impide un inventario exhaustivo de esas soluciones, pero el autor plantea tres tipos de
posibilidades: 1. El delirio, 2. La eclosión alucinatoria, 3. El arrasamiento subjetivo. Estas tres situaciones
interpelan el cruce entre estrategia y táctica.

CAPÍTULO 9. INTERVENCIONES EN LA CLÍNICA DE LA PSICOSIS: LAS SOLUCIONES DELIRANTES

En el caso Schreber, la construcción delirante no solo funciona como restitución, de alguna manera, pone
cierta función del ideal, porque acota el capricho del Otro, sustrayendo goce y permitiendo cierto vinculo
social. Habilitar cierta relación con el Otro que no sea la persecución está dentro de los trabajos que se
puede hacer con el delirio.
Schreber, no tiene solo el recurso del delirio que lo estabiliza, sino que además tiene el recurso del texto,
el acto de escritura, toma la palabra ante el Otro de la ley, escribe sus memorias y logra el alta, le levantan
la curatela. El delirio puede tener dos características: la cuestión restitutiva y la cuestión de la
estabilización.
La necesidad de intervenir en el delirio es que muchas veces tiene consecuencias irreversibles, porque
puede estar en juego la vida del paciente o de otro y esto puede confrontar al sujeto con la ley jurídica, o
simplemente en una situación de tensión permanente e irreductible con los otros.
Pluralidad de estrategias en relación al delirio:
1. Establecer alguna mediación entre el delirio y sus consecuencias en la acción, es decir, qué
consecuencias tiene actuar según acorde o no al delirio. Poner a trabajar la reflexión sobre el delirio,
poner muchas veces en cuestión esto, sobre todo por los móviles persecutorios. La operación apunta a
un lugar que se sustraiga de lo que se presenta como texto impuesto. El delirio es un texto impuesto, la
estrategia es tratar de cuestionar algo de eso, de este ser hablado.
2. Tallar el delirio, se trata de tamizar las producciones delirantes del paciente, reduciéndolas, por una
parte, y entramándolas, por otra, en una estructura ficcional. Esto podría reducir el delirio a sus
elementos modulares, lo cual podría atemperar sus consecuencias afectivas y prácticas. Ejemplo:
paciente que tiene sueños que la transportan al pasado e interfieren en su vida actual, entonces
empiezan a analizar los sueños, no al modo de la interpretación, pero intentan buscar la lógica del
sueño. Este trabajo fue reduciendo la producción imaginaria, y hasta que se acotan los personajes

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hasta que queda un nombre. Entonces, la intervención del analista tiene que ver con cierta reducción
de esta cuestión fragmentaria.
3. Confrontar al delirante con la contradicción que presentan ciertas proposiciones para situar allí
la imposibilidad, la contradicción, la ruptura, el agujero dentro del propio sistema de significación. Para
esto toma el texto de Elida Fernández. Ejemplo: hombre que decía que era Dios, entonces el analista
le dice que se haga cargo de la sala, le da la llave y le dice que resuelva los problemas que tienen, a lo
que el paciente responde: “alguno de los dos está loco, usted o yo”. La intervención aquí produce una
torsión en la premisa delirante al volverla imposible sostener en uno de sus términos.
El error estaría aquí en interpelar desde la propia lógica la consistencia del delirio, mientras que un
trabajo desde su lógica interna y las consecuencias de ésta podría hacerlo deconsistir, al menos en
parte.
4. Inscripción de la producción delirante en el discurso establecido. Ejemplo: paciente que plantea
las experiencias sexuales donde la sexualidad no fue mediada por lo fálico, calificadas por ella como
dolorosas y horribles. Está internada y se relaciona con cierto paciente que identifica como Jesucristo,
resucitado para estar con ella, y tienen un acercamiento erótico, esto le da repugnancia, aparecen
signos de embarazo, y dice que ella se iba a casar con Jesús o a veces Jesús era ella misma. En el
tratamiento relata una vía muerta del tren y eso lo puede ubicar la analista en relación con la
maternidad y con la madre. Entonces, la sexualidad y la maternidad serian la vía muerta para esta
paciente, y lo que toma la analista como estrategia es que ella le cuenta que con la madre habían visto
un chico que hacia milagros con las manos y ella pensó que sería la única que podría curar de ese
modo. Lo que propone el analista es estudiar la biblia como condición para poder realizar milagros. La
biblia, es un producto de la cultura y produce lazo social. Es una lectura diferente a la que puede
remitirse el delirio. Eso la estabilizo, en un momento se preguntó si podría llevar una vida normal o
seguir siendo una santa, sino tenía relaciones era una santa. A lo que la analista le respondió que no
era necesario ser una santa para hacer milagros, a lo que la paciente le responde que ya no le
interesaba tanto hacer milagros y que le quería dar una alegría al padre estudiando una carrera. Esto
produce que la paciente comience a tener tratamiento ambulatorio. Lo que hace el analista es
reconducir el delirio, establece cierta relación con el texto bíblico y el discurso religioso, entonces la
inscribe como en cierta comunidad de los creyentes. Lo que hace de alguna manera, es restituir el
ideal religioso.
Lo que hace este analista no es descifrar o traducir el delirio, sino le supone un sentido. La maniobra
transferencial es que el decir del paciente haga amarras en el imaginario y que establezca un lazo
social con el analista, o sea la transferencia utilizada para establecer un lazo social con un otro.
Entonces, el delirio de dos, de esta cuestión transferencial ya tiene como una característica de cierta
estabilización. Y el analista, no valida ni invalida la verdad del delirio, sino que es un punto de apoyo.
Estos serían tipos de suplencia que pueden funcionar un tiempo.

CAPÍTULO 10. INTERVENCIONES EN LA CLÍNICA DE LA PSICOSIS. LA ECLOSIÓN ALUCINATORIA

En este capítulo Belucci examina las situaciones clínicas en las que no es la producción delirante lo que
sobresale sino la eclosión alucinatoria. Se trata de episodios agudos de esquizofrenia, la mayoría
correspondientes a psicosis esquizofrénicas, aunque existen pacientes en quienes el predominio de lo
alucinatorio va más allá de estos episodios, y caracteriza la psicosis misma.
Una coincidencia parcial entre algunos modos de intervenir sobre las alucinaciones y sobre la
producción delirante es por medio de una mediación con respecto a aquello que se impone. Existe
una importante diferencia entre ideas delirantes y alucinaciones. Las alucinaciones suponen una distancia
mucho menor respecto al goce invasivo, que hace aparecer muchas veces el pasaje al acto como única
vía de fuga. En razón de esta distancia menor, introducir un margen es todavía más importante.

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La mediación de las eclosiones alucinatorias es variable, según las características del paciente. Pero hay
propuestas:
1. Cuestionar o interpelar las voces, incluso dialogar con éstas que implica la posibilidad de una
negativa ahí donde se impone una orden. Pero hay un reparo en relación a esta intervención, obrando así
se sobreestima el margen disponible para esa interpelación, en tanto el sujeto es tomado por el texto
alucinatorio y el goce ilimitado e insoportable que comporta.
2. Corporizar las voces ilocalizables en algún dispositivo de dramatización que apunte a establecer
una escena en la que esas voces queden de algún modo encuadradas. El encuadre escénico supone un
corte en lo real que instaura un marco ficcional, y la posibilidad de que el texto alucinatorio sea referido a
una serie de personajes que le den cuerpo. Este montaje simbólico-imaginario supliría así, en acto, la
ausencia de una verdadera escena del mundo.
3. En una línea similar a la de la primera propuesta, el analista podría propiciar la interrogación dirigida
a las voces acerca de un tema delirante. En esa suerte de desdoblamiento, el paciente se restituye. Una
de las maneras de dirigirse es la ironía, o de alguna maniobra tendiente a ridiculizar las voces. Estas
intervenciones intentan atenuar el exceso gozoso. En momentos menos álgidos (poca alucinación), es
posible ensayar una remisión de la eclosión alucinatoria a determinados acontecimientos que la disparan,
lo cual le sirve al paciente como un “balizamiento” que le permite anticipar estas circunstancias y evitarlas,
o al menos tomar medidas que permitan responder a la descompensación tempranamente.
4. Otra línea de trabajo viene dada por dispositivos que favorecen la producción (o la puesta en
funciones) de algún imaginario que presten un marco a las voces, tal como podrían ser las
producciones gráficas o la elaboración de una historieta. Este trabajo se hace en el espacio de
tratamientos individuales, pero es también, con frecuencia, una de las actividades en torno a las cuales se
organiza el dispositivo de taller
Habla de un paciente que era fanático de las historietas y el analista propone que comience a hacer las
historietas, esto le permite profundizar, hacer un recorte. Se pueden ver aquí, los efectos de puesta-en-
cuerpo de un imaginario que repercute en el armado de cierta escena y precipita en la posibilidad de un
testimonio, con sus efectos de restitución simbólica. La historieta tiene texto e imagen, entonces, permite
cierto montaje simbólico e imaginario.

CAPÍTULO 11. INTERVENCIONES EN LA CLÍNICA DE LA PSICOSIS. EL ARRASAMIENTO


SUBJETIVO

Tanto en las producciones delirantes como alucinatorias nos encontramos con un texto, razón que llevó a
Freud a considerarlas del lado del intento de restitución. Pero hay otras manifestaciones de las psicosis
que no tienen esta característica, se caracterizan por la discordancia y el apagamiento subjetivo. Es
cuando prima según la psiquiatría los signos negativos, más comunes en la esquizofrenia luego de años
de la enfermedad, en pacientes internados mucho tiempo y en pacientes crónicos.
En estas situaciones, el Ideal de los analistas de una clínica que se sostuviera en el apuntalamiento de la
construcción delirante se encontrara con un muro infranqueable. Muchos analistas llegaron a la conclusión
de que no había tratamiento posible para estos pacientes. Por el contrario, hay otra línea que avanza más
allá de ese Ideal y que testimonia acerca de otras estrategias que hacen posible el tratamiento en esos
casos.
Se perfilan dos líneas de trabajo que tienen que ver con:
 Restituir el semejante: tiene que ver con instrumentar ciertos imaginarios y restituir al semejante, lo
cual se acompaña de cierta ficción escénica. Ejemplo: Malvina, paciente que se queja todo el tiempo
del otro, aparece la intolerancia hacia el otro. El otro es como un perturbador, incluso el analista no
puede intervenir ni hablar porque le corta ese relato y la perturba. Soportar ese relato habilita el lugar
del analista. El analista es el destinatario de este lugar silencioso y a partir de ese lugar ella empieza a
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verbalizar, no la queja sobre el otro, sino sus pensamientos, todos destinados a planificar de manera
pormenorizada los movimientos del día. Esta programación podría pensarse como una carrera contra
el olvido, que se la puede tragar a cada instante, es su principal temor.

En su relato aparece por primera vez una referencia al padre, recuerdos monótonos que decantan en un
único recuerdo que repite varias veces: el padre vuelve de trabajar con su maletín y ella lo va a saludar,
toda prolijita con su vestido verde, él la toma de la cintura y da vueltas. Este recuerdo corta con la
monotonía del relato de lo cotidiano y aparece más tranquila y pausada. Esta escena restituye ciertos
jirones del Edipo ausente, por los que el padre la ubica en una escena habitable como hija, sustrayéndola
de la instancia del Otro como atormentador. Y este relato es acompañado por el esbozo de una puesta-en-
escena. Recién entonces la analista se habilita una intervención que tiene que ver con un lugar diferente
de este destinatario silencioso. Como ve cierta actitud para la teatralización, le propone empezar a jugar
que salen a pasear a algún lado, ella responde con la idea de que van a un bar a charlar. En la escena
introduce paulatinamente un tercero, un mozo, y surge la posibilidad de que el analista, que estaba en el
lugar de espectador, también pueda participar. En este momento se constituye la ficción escénica, que
entrama los lugares de la paciente y su analista y comienza a instituir un lugar tercero.
 La producción de un objeto: apunta a la constitución de un objeto, operación que produce, en acto,
aquello que el Padre garantiza en la estructura: la extracción de una parte de goce que se sustrae al
goce del Otro. La producción de algún objeto puede, eventualmente, operar en acto una sustracción
con respecto al goce del Otro y, del lado del sujeto, permite una localización y condensación de ese
goce restado al Otro.
Ejemplo: paciente que se resistía a ir a tratamiento, pero era muy apasionado por la escritura japonesa. El
analista le muestra un libro sobre escritura japonesa que tiene en su consultorio y se lo presta a condición
de que retorne. Ese es un objeto que circula entre ellos dos. Esta estrategia, que se ha llevado a cabo en
el marco de tratamientos individuales, representa el pivote específico del dispositivo del taller y
representa allí otra lógica.
Tres coordenadas a la hora de pensar en este dispositivo. (Las dos primeras son compartidas con
otros dispositivos y la tercera es privativa de este dispositivo).
1. En cualquier espacio taller hay algún tipo de legalidad institucional, tiene leyes, funciona de cierta
manera, tiene reglas de funcionamiento y eso permite que este espacio, sea un espacio colectivo, un
espacio de intercambio.
2. Se trata de un dispositivo colectivo, lo cual implica no sólo la posibilidad de compartir un espacio y un
tiempo, sino de que haya en él alguna especie de intercambio.
3. La condición particular es la producción de un objeto que podría funcionar como la extracción de un real.
El objeto que se produce: puede ser individual, resguardando la singularidad de cada paciente o
colectivo, realizado entre varios. El objeto resultante tiene que ser cedible, poder intercambiarse. El
intercambio es entre las producciones. Esta producción es tomada como un acto, que acontece en cierto
tiempo y espacio. En relación a la materialidad del producto, puede haber productos escritos, un dibujo o
un objeto material, incluso producciones que no tienen que ver con un producto material. Cuenta el caso
de un analista que los pacientes cuando tenían que ir al taller se iban todos juntos a tomar al bar y el
analista hace una lectura de eso, y dice que ahí lo que se produce es una charla con el otro. La charla
podría producir algún objeto que valga como extracción del real o no.
No es indiferente el tipo de objetos materiales que se producen. Hay objetos que tienen una relación más
facilitada con el campo del sentido, sobre todo la escritura y la dramatización. Otras producciones
materiales tienen una relación privilegiada con ciertas formaciones imaginarias, como las producciones
plásticas, que se podrían pensar como un modo de tratamiento de ese real no parcializado que se

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presenta en la psicosis, de ese goce invasivo que se presenta en la psicosis, por fuera del recurso del
sentido.
A medio camino entre el trabajo con lo textual y el trabajo con las producciones imaginarias se encuentran
las historietas. Allí la imagen se conjuga con el texto y las viñetas están enmarcadas. Hay una delimitación
del espacio que a veces funciona establecimiento de esa delimitación que no hay por estructura.
También están aquellas producciones en las que se acentúa la relación entre el producto y el acto de
producción, donde aparece como importante que, como resultado de esa operación de producción,
aparezca un producto que pueda separarse de quien lo produce.
Hay otros formatos de taller en donde no está acentuada ni la relación posible con el sentido, ni con alguna
ficción escénica, ni con alguna formación imaginaria, sino que lo que se acentúa es un producto del cual
el paciente se desprende. Esa es la lógica fundamental de los dispositivos en los que está en juego algún
tipo de trabajo. En ellos, la posibilidad de extracción de un real viene dada por la característica de producto
separable del objeto. El trabajo hace que el producto sea separable. Lo que mediatiza es el pago. Se paga
por ese trabajo y esto acota. El pago es un acto que acota goce o ésta es la intención.
En relación a la escritura de ficciones, los textos en el taller instalan la función de entrada y salida.
Puedo entrar y salir de eso que escribo a diferencia de la realidad psicótica. Que, como tal, constituye un
sin-salida.
La autora habla de cómo funciona el taller en dos dispositivos que son la internación y el hospital de día.
Uno como una dimensión de lo cotidiano y otro como una frecuentación. En relación a la internación, es
algo que afecta como corte a la vida cotidiana, ese es el estatuto que tiene la internación, que es
correlativa del desencadenamiento. Hay psicóticos que buscan ellos mismos la internación. El trabajo
apunta a cernir dicha ruptura como un suceso a historizar. Esto es muy difícil porque a veces no queda
registro de lo que pasó, se lo tiene que contar otro.
Después del tiempo de internación se intenta cierta historización. La internación a corto plazo busca una
ruptura mediante una ficción del acontecimiento, es decir, historizar ese acontecimiento.
¿Es posible enlazar de algún otro modo esta puesta en función del Ideal y la operación sobre el goce? Si
bien esta idea requiere de desarrollo y verificación clínica, no es descabellado suponer que el campo del
arte, la creación por su valoración cultural se ofrece como un terreno particularmente propicio para que los
ideales de la cultura sean instrumentados como suplencia del operador paterno. El taller propone es otro
lugar donde, a partir del arte y la creación, se propicia el ideal. El arte y la creación proponen otro lazo
social que permite que los objetos circulen. No se trata sólo del lazo social con otros sino de la circulación
en la sociedad y en la cultura que posibilita una obra.
La cuestión de la obra se puede enlazar con que el sujeto se haga un nombre, pero no es un nombre
cualquiera, no es el nombre propio (que es lo más ajeno), sino que el analista puede propiciar otro
bautismo y que ese nombre sea como autor, “soy fulano”, y eso le da cierta consistencia y lo estabiliza.
Este autor, más allá del nombre de civil, se hace reconocer por el otro, le da cierta autoridad y adviene en
el lugar vacante de la autoridad del padre, se hace autorizar por otro.
Aun con sus diferencias, todas estas propuestas parten del reconocimiento de la historia. Lo que se intenta
es una reconstrucción directa de la historia, el sujeto lo que intenta es darse una historia. Muchas veces
los que nos van a contar la historia son familiares. Es la historia familiar la que va a permitir componer la
lógica de los tiempos que no existen en la psicosis.

CAPÍTULO 12. DISPOSITIVOS CLÍNICOS. EL RECURSO DE LA INTERNACIÓN Y EL LUGAR DEL


FÁRMACO

La importancia del tratamiento psicótico es la pluralidad de los dispositivos y ver si es oportuno o no el


recurso de la internación. La utilización del fármaco es muchas veces obviada.

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La pluralización de los dispositivos permite cierta delimitación de los espacios. Dado que el sujeto
psicótico se mueve en una realidad que no está delimitada, la existencia de diferentes espacios apuesta a
crear – nuevamente en acto– algún tipo de delimitación allí donde no hay. Esto a su vez permite separar lo
público de lo íntimo y delimitar el goce. El taller habilita lo público y el espacio individual habla de lo íntimo.
A través de la internación se logra que ciertas cuestiones remitan y hacen de barrera frente al goce
intrusivo. Es un lugar que posibilita que eso se aplaque y que se restituyan como enunciadores de la
palabra. Aparece la posibilidad de la transferencia institucional y en ocasiones la transferencia con un
origen particular, que lo que quiere producir es el alojamiento de estos sujetos. La internación, puede
pensarse como una oportunidad para que lo disruptivo del desencadenamiento o la descompensación
pueda inscribirse como acontecimiento subjetivo, o sea poder ubicar que algo paso ahí y poder ubicarlo en
la historia del paciente.
La psiquiatría, establece el uso de la medicación que en el análisis aparece como algo obviado. Freud no
sólo anticipó el descubrimiento de un “quimismo” que permitiría otro tipo de intervenciones que las
analíticas, sino que restringió el alcance de las mismas al campo de la distribución libidinal. La medicación,
nNo podría sustituir otras maniobras que apuntan a los entramados simbólico e imaginario, pero que,
instrumentada adecuadamente, incide en lo real del goce, atemperándolo hasta que algún tipo de límite
pueda establecerse. Es una intervención de un real sobre otro real: allí donde el goce intrusivo se torna tan
insoportable que llama al pasaje al acto, el real del fármaco produce una sustracción de padecimiento que
posibilita la puesta en funciones de algún límite. La importancia del fármaco es inscribirlo en la importancia
simbólica que puede tener como recurso, y esto es caso por caso.

PATOLOGÍAS EPOCALES; ANOREXIA, BULIMIA, FENOMENO


PSICOSOMÁTICO
Unidad 6: clínica y estructura 2: Hoy es la clase de bordes de la neurosis

HAYDEE HEINRICH. CAP 4-5-6


dice que es cuando la neurosis no es de transferencia. Lo que ella trabaja son fenómenos que no serían
el síntoma. Estrictamente síntoma en pss cuando se relaciona con lo inc. Los fenómenos de bordes no son
síntomas porque no son formaciones de lo inc, están por fuera del inc y en principio, por fuera de la
transferencia, hay que hacerlos entrar.

Capitulo 4 “Holofrase y función biológica”

1-La Inducción Significante Holofrásica: que tiene que ver como se introduce el significante y toma del
seminario 11 el cap 17 la referencia que Lacan hace a la psicosomática: “la psicosomática es algo que no
es significante, pero que sin embargo, solo es concebible en la medida en que la inducción significante
al nivel del Sujeto ha transcurrido de un modo que no pone en juego la afánisis del Sujeto ”. Lo que
va a explicar ella ahí que sucede con el efecto y la función afánisis en la holofrase y la psicosis.
“Esta conservado el eslabón del deseo, aun si ya no podemos mas tener en cuenta la función afánisis
del sujeto”. O sea hay alienación pero lo que no funciona es el efecto afánisis. Otra cosa que también
pone es que en la psicosis si hay alienación, sino el sujeto no hablaría, lo que no se inscribe es un
significante: el Nombre del Padre, hay alienación pero no hay separación.
Esta autora entonces va a decir que la inducción significante (entendida como la cadena significante que
vehiculiza la demanda del Otro, o sea que puede hacer el sujeto con la demanda del Otro). Entonces el
fenómeno psicosomático dice que la inducción significante transcurre de manera holofrásica, o sea no hay
intervalo entre los significante. Esto abre dos alternativas que tiene que ver:

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1- con una que no se puede poner en juego la afánisis del sujeto, porque las características holofrásicas
de una determinada inducción ste en particular, son tan arrasadoras que dejan fuera de juego la función
afánisis del sujeto
2- y otra alternativa, es si no podemos tener en cuenta la función afánisis. O sea ella separa efecto afánisis
y función afánisis. Y la esta última tiene que ver con poder interrogar la demanda del Otro, es lo que va a
permitir la separación, poner en juego la función afánisis. Entonces como no se puede poner el juego la
función afánisis, las demandas se vuelven holofrásicas.
Va a diferenciar el fenómeno psicosomático vs el enfermo psicosomático, porque en la neurosis por alguna
cuestión traumática o algo accidental se producen fenómenos psicosomáticos: una gastritis (aunque no
necesariamente es un fenómeno psicosomático). Lo que diferencia es un sujeto que tiene psicosomática
de un sujeto que se presenta como soy psicosomática del lado del ser.
2- La interferencia con la función biológica: va a trabajar esto del efecto afánisis que es previo a la
función afánisis, y le resulta interesante que Lacan diga que no es que no haya afánisis, sino mas bien que
no se pone en juego.
La función afánisis tiene que ver con poner en juego el efecto afánisis que es previo. ¿Que implica esta
falla? Y es que el significante no funciona como tal, sino como signo por lo tanto, ya no podrán dar lugar a
formaciones del inc. Pero hace falta además, que esta inducción ste holofrásica interfiera con una función
biológica. ¿cómo se produce esta interferencia? Da el ejemplo del perro de Pavlov: la asociación de la
comida con la campana y que el perro salive, luego sin mostrar la comida, suena la campana y el perro
saliva. Entonces, ahí se interfiere una función, debido a que se establece una asociación, porque el perro
no puede interrogar el deseo del experimentador pero lo que quiere explicar es como funciona un estimulo
holofrásico. Entonces cuando se interviene sobre una función biológica lo que se produce es un desajuste
y esto solo es posible en tanto , dice Lacan el ejercicio de la función biológica es desmontable, así
como hace referencia al montaje de la pulsión porque el lo va a relacionar con eso; entonces la secreción
de jugos gástricos se puede hacer frente a la comida o frente al estimulo al que se asoció, y esto no es sin
consecuencia, como cuando uno tiene hambre uno empieza a salivar, esto tiene que ver como uno tiene
estímulos asociados porque tenemos a la comida representada.
Esto lo toma como ejemplo para explicar que el deseo del Otro si no puede ser interrogado por el Sujeto e
interfiere con una necesidad o con una función biológica, puede producir una lesión en el cuerpo; o sea no
pasa por lo inc, sino que va directo al cuerpo. Al no haber sido interrogado no podemos hablar de deseo
del Otro, sino que ha pasado a funcionar como goce del Otro.
¿Qué significa que la función biológica sea desmontable? Lacan lo trabaja en el seminario 10 de la
angustia, y dice que se produce cierta perplejidad orgánica (haciendo referencia a la psicosis) y que se
obtiene un agotamiento de la posibilidad de repuesta (o sea el sujeto no puede responder) esto es lo que
se llama estrés: cuando el sujeto no puede responder de manera simbólica y se altera algo de la función
biológica, respondiendo el cuerpo directamente. Lo que provoca que haya una demanda hecha a la
función que puede desembocar en una suerte de déficit que supera a la función misma, entonces se
producen huellas durables y haya un déficit lesional.
Lo que intenta explicar ella, es como el fallo en el intervalo entre los significantes provoca diferentes
respuestas: una es el fenómeno psicosomático (FPS). Entonces lo que sucede es que hay una demanda
hecha a la función que interesa al aparato mas allá de lo funcional y produce alteraciones durables, por
interferir con la función biológica, y en consecuencia lesionar lo real del cuerpo, lo que implica que lo
simbólico no puede recubrir.
Entonces acá lo que toma Haydee es que en el fenómeno psicosomático lo que Lacan hace en el
seminario 10, es que en el circuito pulsional se confunde la fuente con el objeto, o sea no lo rodea, vuelve
a la fuente sin rodear a un objeto, entonces ahí se lesiona el cuerpo. En el FPS la pulsión en vez de dar
vuelta alrededor del objeto perdido que enlaza en el campo del Otro, lo que hace es contonear el
órgano y lo lesiona.
Luego ella hace una breve referencia a la psicosis y a la psicosomática, pero aclara que no son
formaciones de lo inc pero se dan en la neurosis no es que no se den en la psicosis, solo que diferentes
manera. ¿Cómo explicar la relación estrecha que parece haber entre el FPS y la psicosis? Que Lacan
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indicaba que en ambos hay holofrase pero en cada uno de ellos el sujeto no ocupa el mismo lugar, o sea
tiene que ver con la inscripción subjetiva.
En las manifestaciones clínicas de la psicosis cuando se recrudece el fenómeno psicosomático, se
apacigua el delirio. O sea delirio y FPS suelen ir juntos en ciertas estructuras, y que muchas veces el FPS
se puede pensar como previniendo un desencadenamiento, o sea el fenómeno puede ser pensado como
un cuarto nudo que estabiliza (haciendo referencia al nudo borromeo, el cuarto nudo puede ser el nombre
del padre o el sinthome y tb el FPS). Pero ella aclara que no todo FPS es una suplencia del Nombre del
Padre forcluido.
El fenómeno atraviesan todas las estructuras: se puede dar en la neurosis, psicosis o perversión; el tema
tiene que ver con el estatuto que tiene en cada uno en relación a la posición que tiene el sujeto. (En el
texto de Recalcati dice que una anorexia puede estar sosteniendo el desencadenamiento de una psicosis,
o sea no todas las anorexias tienen el mismo estatuto).
¿Qué significa que tanto la psicosis como el FPS giren a la holofrase? ¿Y como diferenciamos ambas si no
estamos dentro de la misma estructura?. Entonces retoma la cuestión de la alienación-separación en
relación a la cuestión de la constitución del sujeto en el campo del Otro, y retoma la cuestión del efecto
afánisis y función afánisis. Entonces dice que son operaciones fundantes que la alienación no es algo que
se de de una vez y para siempre, sino que hay alienación- separación todo el tiempo, de manera que se
produce cada vez que el sujeto toma la palabra. El sujeto cada vez que habla dice más de lo que sabe. “El
sujeto dice y al decir deviene sujeto y desaparece”.

¿En qué podemos establecer la diferencia entre efecto y función? ¿Podría pensarse, basándonos en la
diferencia que establecimos entre efecto y función afánisis, que la psicosis fracasa, ya desde el inicio, el
efecto afánisis? De este modo, si bien en la psicosis la alienación significante seria reconocible (o sea hay
alienación porque el psicótico habla), podríamos suponer que no se arroja como efecto la afánisis del
sujeto. O sea, en la psicosis hay alienación pero no se produce el efecto afánisis. Esto debido a la
ausencia del término en que se designa la división del sujeto que no se produce, porque el sujeto no
desaparece detrás de los significantes, y que esto sería posible si funcionara el significante del Nombre del
Padre.
Si en la psicosis no se pone en juego el efecto afánisis, la función afánisis es imposible de estructura.
Entonces la holofrase es del orden de lo necesario, o sea necesariamente se va a poner en juego no
en toda la cadena. En cambio, en el FPS se produce el efecto afánisis pero lo que falla es la función.
Poner en juego la función es interrogar los significantes del Otro. La holofrase en la psicosis es
consecuencia de la forclusión del Nombre del Padre, mientras que podría holofrasearse en la neurosis
cuando no opera la función afánisis, siendo FPS el modo de respuesta.
4. La irrupción de lo Real.
¿Es la holofrase proveniente del Otro la que impide la función afánisis? (de donde viene), ¿o por el
contrario, hay en el sujeto una falla previa que impediría poner en juego la función afánisis que haría que la
cadena se holofrasee? Es decir, si la falla está del lado del Otro o del lado del sujeto. Digamoslo de otra
manera, la inducción significante para la que se vehiculiza la demanda del Otro ¿es tan compacta tan
ininterrogable que el sujeto no tiene modo de perforarla? ¿ o hay una falla interrogativa en el sujeto que lo
lleva a responder automáticamente? ¿quien es el Otro?, si el Otro no permite la interrogación o el sujeto
no la puede interrogar.
Ya no podemos mas tener en cuenta la función afánisis, dice Lacan, ¿habría un tiempo primero (previo) en
que si podíamos tener en cuenta? ¿podría haberse producido una falla en la posibilidad e poner en juego
la función afánisis en tiempos instituyentes y haberse actualizado en ciertas circunstancias?. Esto no es
excluyente puede ser tanto una cosa como la otra. Lo que le va a permitir la diferenciación entre si la falla
es del lado del sujeto o del Otro, es decir si se trata de un fenómeno o de un enfermo psicosomático en
relación a la gravedad. Esto le va a permitir diferenciar el fenómeno psicosomático aislado que puede
irrumpir en cualquier neurosis de transferencia o de un enfermo psicosomático o un psicosomático como
dice Lacan.

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En lo que respecta a la primera posibilidad (en relación al Otro) determinados factores pueden convertir a
la inducción ste en un Real que irrumpe con tal ferocidad que anula lo que llamaba Freud la protección
antiestímulo que es necesaria para que los estímulos que vienen del Otro puedan ser tramitados. La
protección antiestímulo es el modo freudiano de pensar una falla en la función afánisis. Lo que seria
pensar la función afánisis holofrásica como un trauma como no ligado. La característica del trauma es que
hay algo que no puede ser interrogado, por lo tanto, funciona como signo y no como significante. En ese
punto hay algo de la inducción significante que falla, a posteriori se puede interrogar o no, el trabajo va a
ser ese.
En este punto, se puede pensar que fallas sufridas por el sujeto que inundan el aparato de modo muy
traumático, se pueden someter a un trabajo de duelo o aparecer en su lugar una lesión en el cuerpo.
En el enfermo psicosomático habría una falla constitutiva en la función afánisis por la relación que tiene
con el Otro, o sea no es capaz el sujeto de interrogar al Otro, como consecuencia no puede interrogar sus
propios significantes y por eso es tan difícil el acceso a la psicosomática.

Ella va a hacer una propuesta que tiene que ver con el descongelamiento de la holofrase. Toma de
Lacan la “cuestión preliminar” que aquí trabaja la coyuntura dramática del desencadenamiento de la
psicosis, en qué punto un sujeto se desencadena; en la neurosis también hay que buscarla: si un sujeto
tiene los mismos síntomas mucho tiempo, hay algo que lo desencadena, ej hombre de las ratas que
estaba enfermo mucho tiempo y se desencadena la N.O cuando se tiene que casar.
Entonces lo que dice Haydee es que hay que buscar la coyuntura dramática en cual se desencadena el
fenómeno psicosomático. Búsquese en el desencadenamiento de la psicosomático la inducción
significante holofrásica, y agregaría, a diferencia de lo que ha hecho el sujeto interroguémosla. El sujeto no
puede interrogar ese fenómeno, entonces el analista puede interrogar esto para ver en qué momento el inc
queda fuera de juego. De esta manera se intenta descongelar la holofrase y muchas veces sin saber la
entrada en análisis hace que se descongele cierta holofrase que por ahí ni el analista ni el paciente se dan
cuenta.
Y toma el caso de una paciente que durante el primer año de tratamiento, ella hacia referencia a que todo
estaba encapsulado (no aclara cual seria el FPS). Ella no quería saber nada y tenía todo embalado, como
que el tiempo se había detenido, no quería abrir ciertos paquetes: se le había muerto el hijo y mirando fotos
de su hijo muerto, a partir de ese momento empieza a abrir que hay dentro de esas cajas.
Trabajaba en una farmacia y después de un tiempo puede interpretar las recetas y usar el vademécum
(libro de los remedios) y pensar que puede sustituir una cosa por otra, algo que no esta mujer no podía
hacer. Ella termina el cap diciendo si no habría que en el fenómeno psicosomático tomar la propuesta
lacaniana de la invención del inc, ahí donde el inc no trabajó porque justamente no se pudo producir un
síntoma, porque no se puede interrogar la cadena, trabajar algo de la invención del inc, esto sería caso por
caso.

Capítulo 5: ¿Desintoxicar o psicoanalizar?

1- ¿Búsqueda de goce o defensa frente al goce?


Se pregunta qué sucede con el toxicómano y dice que en la literatura psicoanalítica se suele encontrar que
la adicción es una búsqueda de goce como una cuestión autoerótica, excibicionista, hedonista,
antiética, etc. Se llega a afirmar que el adicto tiene un deseo hipertrofiado de obtener placer o que los
toxicómanos son gozadores insaciables. Pero para la autora, ahí no se agota el tema porque esto sería
privilegiar el aspecto de la intoxicación como un fín en sí mismo, posicionando al analista en un lugar no
adecuado para la escucha.
La droga para esta autora, ocupa una función en la estructura, es más bien una defensa contra el
goce que el sujeto no puede acotar de otra manera. De este modo, la adicción no sería una
enfermedad, sino un intento fallido de remediarla. La droga proporciona un goce, y a su vez es uno
de los intentos de hacer barrera al goce del Otro. Pero ¿qué clase de remedio es éste? ¿y cómo el goce
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que da una sustancia toxica puede hacer barrera al goce del Otro?. Retoma cómo funciona el deseo; el
cual funciona en el intervalo, y si no hay intervalo no hay deseo. El intervalo repta cual un hurón, el deseo
del Otro. Y lo que hace la inscripción subjetiva del deseo del Otro con la falta del sujeto, es que se recorte
el objeto a instaurándose así, el sujeto deseante.
La pregunta o encuentro con el enigmático deseo del Otro, de ninguna manera es tranquilizador para el
sujeto, sino que motiva su angustia y determina su posicionamiento como objeto consagrado a obturar
fantasmáticamente la castración del Otro; pero también provee la necesidad lógica de que se constituya el
fantasma, y la posibilidad de que se instaure el deseo, en tanto el deseo del sujeto es el deseo del Otro.
Su respuesta es el fantasma, el cual, previene la angustia frente al deseo del Otro.
¿Qué sucede a nivel del deseo del sujeto, cuando el encuentro con el deseo del Otro es fallido? ¿Qué
sucede a nivel del fantasma?
2- La droga es lo que permite romper el casamiento con el hace pipi. (es decir, con el falo: Lacan)
Sylvie Le Poulichet plantea que en el adicto, el fantasma fracasa parcialmente en organizar la realidad,
porque no opera el enigma del deseo del Otro, el cual está tapado parcialmente por una certidumbre del
Otro. El Otro sabe lo que le hace falta y se lo demanda al sujeto, y este no puede contestar con su
fantasma, porque se le demanda una ofrenda real. Es decir, no responde de una manera simbólica.
La constitución del fantasma es un modo de responder al enigma del deseo del Otro, y es lo que abrirá la
vía del goce fálico en tanto marcado por la castración. En este pasaje, se instaura el objeto perdido (o sea
que tiene que ver con la castración y la imposibilidad de la relación sexual) y el goce va a tener una medida
fálica y el sujeto está casado con el hace pipí. Hay una cita de Lacan que dice: “Todo lo que puede escapar
a ese casamiento es bien recibido, de donde resulta el éxito de la droga, por ejemplo. No hay ninguna otra
definición de la droga que esta: es lo que permite romper el casamiento con el pequeño pipí”. No dice que
el adicto busque, ni quiera, ni intente romper ese casamiento como si se tratara de una decisión yoica, sino
que es la droga la que permite romper el casamiento en cualquiera que la consuma. La droga produce un
goce diferente al atado fálico y permite la ilusión del infinito, de lo ilimitado, eterno diferente al goce fálico
que está sometido al límite de la detumescencia, o sea que cae. Por eso también el adicto necesita más.
Hay diferentes encuentros con la droga sobre todo en la adolescencia pero ¿por qué algunos se hacen
adictos y otros no? La droga rompe el casamiento con el pequeño pipí y podemos imaginar que esta ilusión
dura un determinado lapso de tiempo. Situemos la pregunta en el momento en que el encantamiento se
desvanece, cuando se produce el retorno a la “normalidad” que es la castración y el goce fálico. Es decir,
Si la droga rompe el casamiento estoy como en otra “realidad” pero cuando se vuelve a la normalidad es a
la castración y el goce fálico.
¿Por qué algunos soportan desencantarse y volver a trabajar, a estudiar, a soñar mientras que otros
quedan atrapados en este nuevo goce? ¿podríamos suponer que a la vuelta de su viaje, no encuentran
nada? ¿que no cuentan con un deseo que lo sostenga en tanto por algún motivo quedó mal anudado su
casamiento con el goce fálico? ¿Falla el brillo fálico que permitiría al sujeto enredarse con el deseo del
Otro.
Después de este viaje o el encantamiento que produce la droga el sujeto se encuentra con recursos
simbólicos que son el tedio, el vacío, el aburrimiento etc.
Cuando el sujeto encuentra algo que lo libera de su matrimonio mal avenido con el goce fálico, que ya
antes no lo satisfacía ni le daba una razón para vivir, no lo duda. Cuando el sujeto encuentra a la droga es
algo que lo encante por un rato, porque el deseo encanta, si uno no tiene deseo busca otra cosa para ese
encantamiento.
Tengamos en cuenta que no contar con el goce fálico, no solamente torna la vida tediosa y pesada por la
falta de deseo, sino que-la misma falta de deseo- deja al sujeto a merced del goce del Otro. Porque no hay
falta. El goce fálico es siempre fallido, aparece la castración y la no relación, pero no todos lo soportan.
Amor deseo y goce, no funcionan del mismo modo pero mas o menos la cosa anda. Si deja funcionar el
deseo aparece la vertiente del goce.
Ella se atrevería a plantear que para que se produzca la adicción, la ruptura que produce la droga debe
recaer sobre un matrimonio con el hace pipí, que ya estaba fallido desde antes. El casamiento con el falo
no se había logrado nunca.
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El funcionamiento del intervalo en relación a la juntura del deseo del Sujeto con el deseo del Otro, es
condición de posibilidad de la instauración del deseo y del goce fálico. Cuando esto no suceda, se
producirá un casamiento insuficiente con el goce fálico, que dejará al sujeto a merced de un goce que no
puede acotar. Si no se acota como goce fálico cuando se instaura la función deseante, el goce funciona
desregulado, ante ello la droga funciona como una solución de elección. Pero la droga es solo un ejemplo
de lo que puede romper ese matrimonio. La anorexia también falla en intervalos.
En la adolescencia se pone en juego o no el nombre del padre cuando se puede poner sobre la mesa los
titulos que el sujeto hasta entonces portaba en el bolsillo. Por eso es que habla de la droga en la
adolescencia, momento en que se tiene que realizar la elección de objeto sexual, arribar al otro sexo etc.
La inscripción del Significante del Nombre del Padre garantiza la constitución de la neurosis, no aun que
ésta sea de transferencia, para que se instaure el deseo y el fantasma, se requiere también de otra
operatoria, que intentaremos graficar.

3. Los paraísos artificiales.


Va a tomar el Génesis, Dios crea al mundo, luego a los animales luego al hombre. Prohíbe a Adán comer
del árbol del conocimiento del bien y del mal. Después crea a Eva de su costilla quien convence a Adán de
comer el fruto prohibido: se abrieron los ojos de los dos y descubrieron que estaban desnudos. Esta es la
metáfora del goce todo. Así, termina el paraíso del goce sin medida, quedando sometidos al goce fálico.
A la mujer como castigo “multiplicaré los sufrimientos de tus embarazos, dará a luz a tus hijos con dolor,
sentirás atracción por tu marido, él te dominará”. Al hombre le dice: “porque hiciste caso a tu mujer y
comiste del árbol que te prohibí, maldito sea el suelo por tu culpa, con fatiga sacarás de él tu alimento
todos los días, trabajaras hasta que vuelvas a la tierra, porque polvo eres y al polvo volverás”.
Haydee pregunta ¿que les está diciendo Dios, sino trabajo, sexualidad y muerte?
 Ya no pueden alimentarse con los frutos de cualquier árbol
 Ya no son inocentes, al abrir los ojos descubrieron la diferencia de los sexos, la atracción, el deseo,
el límite fálico.
 Ya no son inmortales, la reproducción es vía sexuada introduciendo el limite de la muerte.
Vemos 3 movimientos: Lo condena al hombre a ser un sujeto deseate sometido al goce fálico, trabajo
sexualidad y muerte, ya no mas un goce ilimitado. Pero no alcanza con el enunciado, se requiere un acto:
lo expulsa del jardín de Edén. Y a su vez, pone a los querubines a que custodien el acceso al árbol de la
vida.
Con un solo movimiento no basta, Dios prohíbe pero también orienta que tiene que trabajar, pero tb le
enseña a hacerlo, ahí esta el acto, no es solo palabras, le da las herramientas: le ofrece la tierra y adelanta
que habrá esfuerzo. Solo el éxito de ese trabajo cerrará definitivamente las puertas del paraíso.
Aún si el paraíso está perdido desde siempre, el hombre soñará con volver a él, con un goce no sometido
al hace pipí y de ahí el éxito ancestral de la droga: permite un paraíso artificial en el que se
reencuentra con esa ilusión de inmortalidad, de falta de límite, de independencia del goce fálico.
Pero es decisivo el momento en que se desvanece el fugaz paraíso que produce la droga. El tema es
¿que aguarda después al sujeto? ¿habrá algún otro objeto que funcione como señuelo?. Los objetos son
señuelos y si uno tiene varios señuelos el deseo corre, de lo contrario, el deseo no corre. O sea algo que
funcione como agalma (eso que tiene el amado que hace que el amante lo ame pero que no sabe lo que
es). ¿Se puede ganar el pan o le faltaran herramientas para hacerlo? ¿El rodeo del deseo le resultará
atractivo sabiendo que el objeto es imposible?.
Rodear el obj implica cierto sacrificio, y tiene que saber que un camino más corto está vedado y por otro
lado, que la ilusión de que un esfuerzo será recompensado. ¿Se puede pensar en ciertas características
del Otro (como factores sociales, económicos, políticos, históricos, de la época) que al mismo tiempo de
barrer con las ilusiones del sujeto lo atraería hasta extraviarse por un atajo?. Esto lo podemos remitir al
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discurso capitalista que por medio del falso discurso, promueve no solo el goce como infinito, sino que se
puede gozar todo el tiempo y esto es un atajo seductor.
4- El rodeo del deseo
Retoma el modelo de experiencia de satisfacción de Freud. Lo que intenta el sujeto es la identidad de
percepción cuando alucina al objeto, y lo que encuentra es la diferencia, aparece la amarga decepción
porque se encuentra con la ilusión del objeto. Decepción que llevará al sujeto a buscar el objeto (que
nunca se tuvo porque fue alucinado) en la realidad. Allí comienza la actividad del pensamiento y el juicio:
comparar lo alucinado con lo hallado. Como esto no coincide nunca, esto es lo que relanza el deseo, es el
motor. Pero allí podemos suponer que el sujeto ya está atrapado en las redes del goce fálico. Para Freud
es siempre con una amarga decepción que se inaugura el rodeo del deseo.
Pero no solo se requiere de esa amarga decepción, hace falta además, una ilusión. El sujeto debe ir
encontrando en la realidad esos objetos sobre los cuales cotejar el objeto alucinado; es el Otro quien debe
ofrecérselos, ya que el sujeto, en su inermidad, en su desamparo requiere de esta ayuda del Otro.

No es lo mismo encontrar la diferencia entre el objeto alucinado y el objeto encontrado, que no encontrar
ningún objeto alternativo que engañe por un momento, y que además sirva como apoyatura para instaurar
un juicio alternativo. Recalcatí dice que cuando nos sentamos a comer, nos sentamos a comer en la mesa
del Otro, cuando plantea la bulimia y anorexia, no es lo mismo el Otro te ofrezca la comida como una
cuestión simbólica, que da amor, a que te ofrezca solo papilla representando una mierda. El Otro de la
demanda a que el sujeto está sometido es quien responde, frente a estas primeras respuestas es cómo el
sujeto se inscribe.
Al entender de Haydee, cuando este encuentro con el objeto que es “insatisfactorio” no se produce,
cuando el Otro no ofrece la insuficiencia de su ayuda (el Otro no muestra su falta) – que es una manera de
ofrecer su falta- que recobra toda su importancia el objeto alucinado. Si se constata que el objeto es
insatisfactorio, se relanza el deseo; de lo contrario el goce vuelve a aparecer como posible. Si no me dan
nada lo que voy a ir a buscar es que hay una posibilidad de goce.
Entonces cuando decíamos que el deseo hace de barrera al goce: cuando el deseo no funciona, no hay
forma de evitar la tentación de retornar al paraíso perdido. Por lo tanto, si el objeto no es dado por perdido,
tampoco puede hacerse el duelo por el, ni podrá funcionar como objeto causa de deseo. Entonces, el
objeto no esta perdido, no se duela y no es causa.
Para encaminar al sujeto por el rodeo del deseo, no se trata pues, de que el Otro ofrezca el objeto
adecuado, satisfactorio, sino de que haga una mostración de su propia imposibilidad de proveerlo. Osea
eso es también instaurar la falta, te doy esto pero no es. Esta es la función paterna que implica no
solamente expulsar al hijo del Paraíso, sino también introducirlo en el trabajoso rodeo del deseo. De lo
contrario, la expulsión del Paraíso fallará retroactivamente, siempre querrá volver. (o sea, no se lo expulsó
adecuadamente).
5- La realización alucinatoria de deseos
Retoma el esquema del peine como éste en la vigilia funciona vía progrediente y en el sueño vía
regrediente, la regresión puede alcanzar el polo perceptivo, donde se produce la alucinación del sueño.
Pero también puede haber regresión durante la vigilia, mediante la rememoración; pero esta nunca excede
las huellas mnémicas, que funcionan como límite, impidiendo el encuentro con el objeto alucinado y
relanzando la búsqueda del objeto en la realidad del polo motor.
Sin embargo, este límite instaurado por la huella mnémica puede carecer de la eficacia requerida para
impulsar el deseo. Ubicaríamos aquí lo fallido del matrimonio con el goce fálico.
Por otro lado, es superando estas huellas mnémicas que operan las sustancias alucinógenas. El éxito de
la droga radica, en este caso, en que permite avanzar, en forma regrediente, hacia el polo perceptivo
provocando el encuentro alucinado con el objeto, en vigilia. Esto también plantea la pregunta en relación a
lo que queda cuando el efecto de la droga se desvanece. ¿Esta garantizada para el sujeto la búsqueda del
objeto por el camino progrediente? Si no lo está, si el retorno al Paraiso es su única expectativa, cualquier
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remedio milagroso que le prometa el encuentro con el objeto, le resultará irresistible. O sea cuando eso se
desvanece cualquier objeto que tenga la función de la droga, va a tener este lugar.
A su vez, el profundo malestar que produce en el adicto el verse privado de la droga, es una nueva versión
del sufrimiento que lo consumía aun antes de su encuentro con ella. La droga tiene una función en la
estructura del sujeto, entonces por eso en el pss antes de lo se trata es de psicoanalizar y no de
desintoxicar, porque tenemos que ver qué estatuto tiene la droga en este sujeto. Si el sujeto se sostiene en
esta droga no le podemos sacar el sostén, lo dejamos sin recursos y esto trae consecuencias. Las más de
las veces, no es un síndrome de abstinencia químicamente explicable, sino que, de lo que el sujeto
depende es de un remedio que calme el dolor producido por la falta de deseo (o como dicen frente al dolor
de existir) Entonces en estos pacientes lo que hay que hacer es relanzar el deseo y no desintoxicar
enseguida, porque justamente la droga está haciendo de sostén. Por eso el fracaso de la desintoxicación,
si bien se logra un efecto sugestivo, se desintoxica el cuerpo pero ¿que le sucede al sujeto? ¿con que
recursos sostiene a ese cuerpo desintoxicado?. Lo que no propone este tipo de tratamiento es que se
relance el deseo acotando el goce, si solo acoto el goce pero no propongo nada en relación al deseo, el
sujeto no cambia de posición subjetiva. El rodeo por el deseo es un sacrificio, que hay sujetos que no
quieren hacerlo.

El adicto espera encontrar el goce por el camino del tóxico, en la medida en que no ha aprendido a
buscarlo por la escala invertida de la ley del deseo. Entonces hay que invertir el deseo; esa inversión en
deseo me la permite la inscripción en el Otro. Pretender que abandone este “remedio” antes de dejar de
necesitarlo, lo obligará a conseguir un sustituto- que no siempre será mejor- o a volver al primero, tan
pronto pueda. Esto lo confirman las desalentadoras estadísticas de los centros de desintoxicación del
mundo. Por ej: el programa “cuestión de peso”. Cuando la entrevistan de nuevo a algunos casos, esta más
obesa que cuando entró, o sea no tratan el lugar que ocupa la comida, el tragar, por eso se produce ese
efecto rebote de los pacientes. Ven todo desde el lado de la voluntad y para que esta se dé tiene que
haber deseo.
Lo que le interesa al analista no es el toxicómano, el obeso, sino curar al sujeto. A mi entender, la apuesta
del pss será: instaurar el duelo por el objeto y abrir la vía al goce fálico. Producido este cambio de lógica,
en algún momento el goce que ofrece el toxico ya no será necesario, sino contingente. Entonces lo que se
trabajaría seria vía deseo de que el objeto deje de ser necesario para que pase a ser contingente.

Capitulo 6 ¿papilla o salmón ahumado?, el salmón ahumado haciendo referencia al sueño de la bella
carnicera.

1- El Deseo de deseo insatisfecho


¿Qué comparten estos sujetos? Deseo de deseo insatisfecho que busca procurar su deseo no
realizado. El deseo se pone en juego mas allá de la demanda y hay que cuestiones que tienen que ver
con la necesidad, necesidad de producir el clivaje entre la demanda y el deseo (la relación del primer piso
del grafo). La bella carnicera desea caviar y demanda que no se lo den.
La histérica disfruta del comercio amoroso que la satisface, desea sin embargo “otra cosa”, rol que ocupa
el caviar, sin embargo, no alcanza con esto, además necesita no obtenerlo y lo que lo que la histérica no
sabe es que no puede ser satisfecha, o sea juega con la no satisfacción pero lo que no soporta es la falta.
No sabe que la causa del deseo no es el caviar, y que aun comiéndolo el deseo seguiría existiendo.
La histérica dedica sus esfuerzos en separar, una y otra vez, demanda y deseo: compromete en ello sus
sueños, sus fantasías, sus juegos. Logra por la vía fantasmática construirse un deseo insatisfecho, para
que el deseo siga vivo. Pero no es este un camino al que tenga acceso la anoréxica.¿Que deseo está en
juego en la anorexia? Porque el deseo está en juego en la anorexia.
Esta cuestión de separar deseo y demanda en la anoréxica no está, no porque no sea histérica,
justamente al serlo necesita un dese insatisfecho. Pero pareciera que fantasma y ste fracasan en esta
misión. La anoréxica no sabe “jugar” a renunciar a dar otra comida, a privarse del caviar, del salmón

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ahumado. Lo que está en juego en la anoréxica es la vida o la muerte. Entonces al no saber preservar el
deseo como deseo insatisfecho, lo que va a hacer es preservar la necesidad insatisfecha.
Para que sea histérica en este clivaje entre deseo y demanda, aparecería el deseo de otra cosa y eso
tranquiliza. Pero la anoréxica a diferencia de la bella carnicer, no logra privarse de lo que le gusta, la
anoréxica no consigue clivar el deseo de comer, de la necesidad de alimentarse, así como en tiempos
instituyentes, de inscripción, el Otro primordial, creyó que para “alimentar” a un hija bastaba con
atiborrarla de papilla.
La histérica, ante el pánico que le produce la posibilidad de que la demanda del Otro pueda ser satisfecha
sin resto, se escuda tras el deseo insatisfecho. La anoréxica, en cambio, desconfía de que con este con
este juego simbólico pueda alcanzar (o sea que no alcanza con esto) y, ante el riesgo de que demanda y
deseo se superpongan, opta por no abrir la boca.
Lo que después Lacan va a trabajar es que el deseo de la anoréxica es desea “nada”. La bella carnicera
sabe que no es lo mismo el caviar que el alimento nutritivo, en cambio, la anoréxica no.

2 El clivaje entre demanda y deseo


¿qué es lo que hace que pueda fracasar el clivaje simbólico entre demanda y deseo? Es la puesta en
juego de la función afánisis, la que permite diferenciar la demanda y el deseo del Otro. Esto permite la
separación, para que el sujeto pueda separarse del peso afanisíaco del S2, es necesario el recubrimiento
de dos carencias, (dos faltas) es decir, que la primera falta del sujeto sea recubierta por la falta del Otro.
Estas son las dos faltas que se superponen. En la juntura de estas dos faltas, que deseo y demanda se
separan, en tanto se produce el encuentro con un más allá de la demanda del Otro.
Por otro lado, en la medida en que el sujeto puede hacer de su desaparición el objeto del deseo del Otro (o
sea que puede jugar a separarse, a presentarse como objeto y desaparecer), en un segundo tiempo,
“vendrán a este lugar el objeto que él pierde por naturaleza, el excremento, o aun los soportes que
encuentra para el deseo del Otro: su mirada y su voz”, o sea surge el objeto a como resto). De este modo,
la propia perdida habrá sido el “primer objeto” que el sujeto haya ofrecido para colmar la falta del Otro,
pero efectivamente solo el primero y no el único. O sea, poder hacerse objeto es un primer objeto. Este
primer objeto que el sujeto podrá dejar de ofrecer; efectivamente, dejará de poner en juego su propia
afánisis si, y solo si, los objetos cesibles (objeto a) toman su lugar, para lo cual el sujeto debe haber
funcionado él, inicialmente, como objeto identificable a la falta del Otro. O sea, lo que está diciendo esto
último es que depende del lugar que ocupamos en la falta en el Otro, lo que nos va a pasar después. No
es lo mismo ser his majesty the baby que el salame de mamá.
Pero también puede suceder que el Otro no ofrezca al sujeto darle lo que no tiene (la falta), que no recubra
fálicamente la falta del sujeto. En este caso al no hacer la necesaria mostración de su falta (o sea que el
Otro se presente barrado), por un lado, lejos de producirse el clivaje, quedará su demanda identificada a
su deseo (o sea que se quedan juntas): el Otro sabe lo que desea y es ésto lo que demanda; y por el otro,
la carencia del sujeto, en vez de leerse como falta constitutiva, pasará a ser interpretada como defecto,
como falla, como insuficiencia, que se reflejará desde el espejo, y será denunciada por el Otro completo. O
sea, el Otro no ofrece un lugar y por otro lado, la falta del sujeto es inscripta como una falla.
En vez de producirse el recubrimiento de dos carencias, se produce el enfrentamiento de un sujeto
“fallado”, con un Otro incuestionable, ininterrogable. Es decir, que no le falta.
Cuando fracasa el encuentro con un deseo entre los significantes de la demanda del Otro, el sujeto deberá
buscar la manera de introducir el clivaje entre demanda y deseo; de lo contrario corre el riesgo de quedar
atrapado en la demanda del Otro, sin dejar resto alguno. O sea cuando el sujeto no tiene recursos de
poder interrogar la demanda del Otro, queda atrapado en esa demanda. Entonces, para crearse un Otro

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que no es enteramente inmanente a la satisfacción reciproca de las demandas, así como la histérica se
procura un deseo insatisfecho, la anoréxica no se deja alimentar.
La manera de prevenirse de ese Otro que me demanda, Lacan usa la metáfora cuando habla de estrago
materno en el seminario 17, de la madre en la boca del cocodrilo y el palo que aparece como el falo, la
barra en la boca hace que la madre no se la pueda tragar. Entonces, este Otro materno estragante que
aparece demandando sin falta y aparte demanda porque sabe, porque es lo que necesita, la anoréxica no
come.
La anoréxica no tiene el recurso de servirse de una formación de lo inc, como lo hace la bella carnicera.
Entonces lo que hace la anoréxica es actuar, al modo de acting out rehusándose a satisfacer la demanda
del Otro de dejarse alimentar, que la anoréxica intentará introducir un intervalo en esa demanda. Como
“nada” y de esa manera instauro algo de la falta. Muchas veces se habla de la peligrosidad de la
anoréxica, pero la bulímica esta mas del lado del goce, porque come, vomita, pero lo que no soporta es la
falta, por eso vomita para volver a llenarse. Esta cuestión de no soportar el vacío.
También ella, al igual que la histérica, necesita para su tranquilidad, encontrarse con un deseo insatisfecho
en el Otro. Al no hallarlo, al enfrentarse a un Otro que reniega de su falta, opta por no satisfacer su
demanda. “Me pides que coma, pero ¿Cuál es tu deseo?” O sea el no comer es una manera loca de
preguntarle al Otro cuál es tu deseo. No habiendo respuesta, no habiendo mostración de una falta que
indique un más allá de la demanda, solo resta no satisfacerla. O sea como no hay una respuesta frente a
esto, no como. Entonces, no habría diferencia entre caviar y alimento, entre deseo y demanda. Queriendo
preservar el lugar del deseo, y al no saber jugar a renunciar al deseo de comer (caviar, salmón ahumado),
la anoréxica termina sacrificando la necesidad de alimentarse.
3- Sujeto supuesto saber y deseo del analista
Quiere situar el drama de la anoréxica también en relación al intervalo y como direccionar la cura en
relación a esto.
Primero la anoréxica no viene interrogada por su anorexia, sino que la muestra en su cuerpo y tampoco
viene por su propia voluntad, generalmente es traída por la imagen devaluada del espejo, osea una cosa
es el espejo y el espejo en el cual la anoréxica se mide y ella no pierde la esperanza de conformarlo.
¿Cómo pensar un posicionamiento del analista, que no sea rivalizando con ese espejo cruel desde una
óptica más amable? O sea el analista no tiene que caer en el lugar de espejo. Sostener la cura sin
convencerla de las bondades de la papilla.
Es posible obligar a una persona a comer, lo que es imposible es obligarla a tener ganas de comer. El
análisis apunta a interrogar al sujeto y no dar cuerpo a la cuestión alimenticia, que de eso se encargue el
nutricionista. Lo que se intenta es modifica la relación con el deseo y si analista se presenta como un
experto que lo que hace es intentar, exponer la anorexia, lo que va a hacer es enfrentarla a lo que ella ya
está acostumbrada, porque la anoréxica es una experta en comida.
A diferencia de la histérica que ha tenido su experiencia con el deseo del Otro, y aun con el deseo
insatisfecho del Otro, y que tiene cierta habilidad para encontrar su falta, la anoréxica ha conocido es a un
otro espejado, sin fisuras (no puede encontrar la falta).
En consecuencia, el deseo del analista, la mostración de ese deseo, será condición previa a la instalación
de la transferencia. O sea que el analista tiene que mostrar la falta, cuando dice alojar al otro hace
referencia a esto.
La entrada en análisis de aquellos sujetos que situamos del lado de las neurosis de transferencia esta
facilitada por su “posibilidad de transferencia” previa (o sea los neuróticos). En cambio, cuando la
“posibilidad de transferencia” no está disponible en la estructura, tal vez se requiera de una operación
previa. Solo si el analista ofrece manifiestamente un intervalo, podrá el sujeto alojar allí el objeto al que se
identifica.
Así, el clivaje entre demanda y deseo podrá ser producido en transferencia, sobre la presencia real
del analista, quien deberá soportar la interrogación del sujeto. De esa manera, tal vez la anoréxica
pueda pasar de rechazar la papilla a privarse del salmón.

TOXICOMANIA Y ALCOHOLISMO. SUJETO, GOCE Y MODERNIDAD.


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MAURICIO TARRAB. La segregación del Otro.
El fenómeno de las toxicomanías en el marco de la modernidad debe ser pensada dentro de la
problemática más gral de la actualidad del occidente, donde encontramos la paradoja de que el incremento
de libertad y el bienestar va acompañado de mayores efectos de segregación.
1. La primer segregación que sufre es la del Otro social, que obliga al toxicómano, a ejercer una
renuncia pulsional, a ceder ese poco de satisfacción en aras del bien común.

La segregación es un efecto estructural del lazo colectivo. No se trata de un mal arreglo social. Se trata de
que no podría no haber segregación por razones de estructura.

El Otro social designa con un ste “mírenlos como gozan” al adicto por su particular manera de goce, goce
producido por una sustancia, y esa designación tiene efectos de segregación.

Las precisiones que da Lacan sobre el racismo, nos permitirá tomarlo como ej extremo del riesgo que la
segregación del Otro, en relación a la toxicomanía, puede tomar en la actualidad.

Para Lacan el racismo es el odio al goce del Otro. Es no soportar el goce del Otro. Ese Otro es el
semejante, pero si y solo si, es parte de un conjunto que lo excede como semejante, que lo borra como
particular y si en su mismo ser, encarna al Otro como extranjero. Entonces ¿que hacer con el modo de
goce del Otro? ahí es cuando dice que “en el desvarío de nuestro goce solo existe el Otro para situarlo”, “y
lo que no se podrá es abandonar a ese Otro a su modo de goce, sino a condición de no imponerle el
nuestro”. Sin embargo, esa no es la lógica del discurso del amo, todo lo contrario es inevitable el control
del goce del Otro bajo la forma de imponerle el nuestro. Es el camino no solo del control, sino también de
la uniformización de los modos de gozar. El campo de concentración (osea comunidades terapéuticas
exigen que se renuncie a su goce como condición de ser aceptado).
Estos intentos de reeducar y medidas de seguridad curativas, aunque legales y legítimos, corren el riesgo
de encubrir una nueva forma renovada de racismo. También existe el riesgo de alentar una causa
toxicómana que reivindique el derecho de gozar como se quiera. Patologías de la ética, del Otro y del
sujeto, que llevan al no querer saber, a rechazar el saber; formas extremas de la pasión de la ignorancia,
del rechazo del inconciente.
2. La segunda segregación es aquella que hace el adicto respecto del Otro, rechazando
ubicarse bajo su determinación inevitable. el “ soy toxicómano” es también una forma de consentir
la segregación; corre el riesgo de ya no ser semejante, al ser ubicado en un todo, por ser efecto de
ese S1 toxicómano, que lo nombra por su goce, por su forma de gozar. El toxicómano, es solo ese
que goza, donde su ser de goce es nombrado, no es mas un semejante, sino un Otro, subsumido
en el todo de los “toxicómanos”. Allí, su goce no pasa por el Otro.

El rechazo del Otro esta en juego en la operación toxicómana. En ruptura con el Otro, del lado del “yo no
pienso”, la operación toxicómana no se reduce a la combinatoria significante y se sitúa frente a la
encrucijada sexual no con una ficción, sino con 1 goce (el de la intoxicación) que esta en ruptura con toda
ficción. Un goce no-fracturado, a-sexual. Es una elección contra la castración, contra la división del sujeto,
contra el inconciente.
El pss se enfrenta con lo extimo, pero lo trata con un esfuerzo ético para subjetivar el propio ser sin caer
en el goce de la muerte ni empujar la muerte sobre el Otro, como en el racismo. Se trata de afrontar más el
fracaso que el éxito es una manera de decir que el pss esta en el extremo ético opuesto de la segregación.

ERNESTO SINATRA: LA EXISTENCIA DEL GOCE Y LA DEL


TOXICÓMANO

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a) La separación del goce de cuerpo produce creyentes.
La afirmación freudiana de que amamos para no enfermar, y enfermamos por no poder amar, es lo que
Lacan se refiere a que “solo el amor permite al goce condescender al deseo”.
La separación del goce del cuerpo es condición estructural de los seres hablantes, así concibe lo simbólico
interviniendo sobre lo real del goce: castración. Adviniendo el cuerpo como lugar del Otro, primer marca,
primer gesto de amor.
El goce así sustraído al cuerpo habrá posibilitado acceder al goce de otro cuerpo. Así la castración se halla
ligada al amor por el sesgo de la falta. Si se ama con lo que a uno le falta, se supone hallar en el
partenaire el complemento de ser del que el sujeto carece. El enamorado se constituye por una esperanza,
el necesita creer en el Otro para dar tratamiento a su falta en ser. Sin embargo, hay sujetos en donde el
goce que se pretende obtener pasa por el propio cuerpo, e impide pasar por el cuerpo del semejante, por
ej la masturbación, es un modo de extraer goce autoerótico con el cual prescindir del partenaire.
En esa práctica hay un Otro y allí ubica la culpa del sujeto por el acto. Pero la existencia del goce
toxicomaníaco cuestionaría la serie masturbación-goce-fantasma-culpa, pues el sujeto en cuestión no solo
prescinde del otro semejante, sino tb del goce fálico que regula el fantasma, por lo tanto el Otro queda por
fuera. Solo se trataría de un goce que se vuelve mas y mas solitario. Remedo autoerótico que intenta lo
imposible que es introducir goce en el cuerpo, contrariando la relación entre verdad y goce que designa al
cuerpo como Otro.

b) El verdadero “toxicómano” es el consumidor ideal producido por el discurso de la ciencia


El verdadero toxicómano es aquel que se halla en la posición cínica respecto de la funcion fálica. Surge en
este punto una paradoja el discurso de la ciencia adquiere en esa persona su saturación máxima: se ha
creado un sujeto universal, un consumidor ideal, permanente, para el que cualquier producto puede servir
para su goce.
El no cree en el Otro, solo lo necesita para abastecerse del tóxico, tampoco se trata de hacer gozar al
Otro, salvo que vuelva a identificarse al Otro con el cuerpo; pues el toxicómano solo quiere un goce: el de
su propio cuerpo y eso es todo. El objeto droga queda soldado con la fuente remitiendo al autoerotismo, es
decir al goce imposible del Uno mismo con el Otro materno, por ello es difícil dejar la droga.
Se podría decir que aplicar tóxico en el cuerpo, en tanto es un intento del sujeto de hacer existir el goce
que no hay, podría conducir a considerar al toxicómano un perverso. Sin embargo, esto no es así, ya que
un verdadero toxicómano, cínico no consagra su vida al Otro, porque su posición prescinde de Otro goce
que el goce del uno, solo cree en su propio goce. En cambio, el perverso se dedica al Otro.

c) La posición cínica del goce toxicómano se opone al saldo cínico del final de análisis
El goce autoerótico se opone al goce fálico. Este ultimo se sitúa fuera del cuerpo y configura los
escenarios que promueve el fantasma a partir de la creencia del sujeto en las figuras del Otro privador. No
seria esa la posición cínica ni la del “verdadero toxicómano”, ya que en estos casos se produce el
cortocircuito que irrumpe la conexión entre el Otro, el fantasma y el goce fálico.
El toxicómano parece inscribirse en las coordenadas de la posición cínica por ese sesgo: prescinde de
Otro goce que el goce del uno. Desde allí el sujeto llega a identificar su goce – uno- con el Otro.
¿Cómo trabajar en análisis con los adictos? El analista no se debe ubicar como alguien que supone un
saber sobre lo que le hace falta, por que el adicto da suficientes evidencias de que él ya posee ese saber.
Debe ubicarse del lado del Otro como barrado y separa el goce del deseo mediante la interrogación del ste
primero, interrogación de la determinación, pero no deja de ser otra indeterminación. Por eso la única
salida es que el sujeto se confronte con lo que constituye el sostén de su deseo.
El analista lo que puede hacer es dar alojamiento a la persona ofreciendo un vaciado de saber, el
resguardo de una falta que aloje desde el inicio la posibilidad de la transferencia analítica.

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¿Y como hacer para que estos sujetos estén dispuestos a trocar goce por amor? verdaderamente tenemos
poco para ofrecer.
El analista debe trabajar desde la abstinencia porque lo que ofrece son solo subrogados. Debe escuchar
que lugar ocupa la droga en cada sujeto.
El saldo cínico del fin de análisis es la caída del Otro. El fin de análisis sería de alguna manera ir más
allá del padre ¿que sería esto? Interrogar el ste primero y una vez atravesado el ideal ir más allá.
El escollo ultimo no es la castración del Otro, sino la imposibilidad el goce propio que cada uno debe
atravesar.
Si no hay Otro, es decir si no existe el goce situado en el propio cuerpo ni en el cuerpo del semejante, el
goce que habría es un goce cifrado, y constituye el patrimonio inalienable de la subjetividad.
Como una verdadera ironia diríamos que el verdadero toxicómano estaría mas cerca de la salida del
análisis, ya que él no cree en el Otro. Pero este verdadero hereje a la función fálica, por no creer en el
Otro, difícilmente soporta un análisis, apuesta que lo conduciría a trocar goce por saber.

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