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Unidad 2

Unidad 2 de Clinica I de la facultad de psicologia de la universidad del comahue
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RESUMEN CLINICA I

UNIDAD 2
FREUD. CONSEJOS AL MÉDICO EN EL TRATAMIENTO
PSICOANALÍTICO
En este texto, Freud comenta una serie de consejos que a él le sirvieron en su quehacer, una
técnica que le ha resultado la única adecuada para su individualidad.
Freud no indica recursos auxiliares, como tomar notas. La tarea más complicada es guardar en la
memoria todo lo que el paciente dice, nombre, fechas, detalles, recuerdos, ocurrencias, las
producciones patológicas y no confundirlo con un material parecido de otros pacientes analizados
antes o al mismo tiempo.
Indica no tomar notas para prestar a todo cuanto uno escucha la misma atención. El criterio es
fijarse en todo por igual y remite a la atención libremente flotante, al paciente se le indica la
asociación libre que “diga todo los que se le viene a la mente”. De esta manera, se ahorra la
cuestión de poner atención en algo, que no podría sostener días tras día a lo largo de muchas
horas, por otro lado, lo que se evita es la cuestión de la fijación en algo particular; porque si uno
se fija en algo particular, estaría realizando una selección que obedece a sus propias expectativas
o inclinaciones y por lo tanto, estaría falseando la percepción posible. Además, estaría
interpretando a priori, y siempre en un análisis es con posterioridad la definición de lo que haya
dicho un paciente, o sea, se trata a posteriori, cuando aparece la repetición.
Solo se pueden realizar anotaciones, en aquellos casos sean presentados para cuestiones
clínicas. Se pueden realizar excepciones en caso de fechas o textos de sueños. Aunque Freud
dice que él no lo hace, sino que registra todo una vez terminado el trabajo. Y agrega que se
puede justificar tomar notas si el caso tratado es tema de una publicación científica. Hasta que el
tratamiento de un caso no esté cerrado, no es bueno elaborarlo científicamente.
Plantea que el analista no debe caer en la peligrosa tendencia de obtener un logro convincente
para los demás.
Propone que el instrumento con el que cuenta el analista para analizar es su icc, pero ¿Si el
analista tiene que analizar el icc de otro, que pasa con el icc del analista? En este momento,
Freud analiza sus propios sueños, como una forma de autoánalisis; más adelante da la indicación
de que los analistas deben analizarse con otro analista. Propone que el sueño es la vía regia de
acceso al icc, es el motor principal del análisis. Freud le da gran importancia a este punto, porque
si el analista no está analizado, a la hora de la escucha, va tener como ciertos impedimentos, a
partir de lo propio.
A veces surge la tentación pedagógica, en relación al tratamiento psicoanalítico, Freud aclara que
el tratamiento psicoanalítico no es ninguna pedagogía, no se trata de prescribir o educar al
paciente, a priori el psicoanálisis no busca terapia, no busca curar, la cura se da por
añadidura.
¿Cuáles son los límites en relación a la colaboración actual del tratamiento? En este punto Freud
refiere que si sus pacientes leen sus textos, ello produce más resistencia en el momento del
análisis.
En este texto Freud habla del diván, dice que durante un análisis la mirada hace de obstáculo, y
por ello propone la utilización del diván, como una manera de apartar la mirada del paciente.
FREUD. SOBRE LA DINÁMICA DE LA TRANSFERENCIA
Todo ser humano, por sus disposiciones innatas y por los influjos que recibe en su infancia,
adquiere una especificidad determinada para el ejercicio de su vida amorosa. Es decir, las
disposiciones innatas y de los influjos de la infancia que determinan las condiciones de la vida
amorosa, generan condiciones de amor que se van a establecer, las pulsiones que se van a
satisfacer y como se fijan las pulsiones. Esto da por resultado un clisé o varios, que se repite- es
reimpreso- de manera regular en la trayectoria de la vida de acuerdo a las circunstancias
exteriores y la naturaleza de los objetos de amor asequibles. (Uno ama determinadas
cosas/personas de determinada manera). Solo una parte de esas mociones que determinan la
vida amorosa recorren un pleno desarrollo psíquico y son accesibles a la personalidad cc. Otra
parte solo se despliega en la fantasía o permanece en el icc siendo entonces no consabida para
la cc de la personalidad. El Edipo se despliega en la fantasía en el icc.
Si la necesidad de amor de una persona no está satisfecha de manera exhaustiva por la realidad,
él se verá precisado a volcarse con unas representaciones-expectativa libidinosas hacia cada
nueva persona que aparezca y es muy probable que las dos porciones de su libido, la susceptible
de cc y la icc, participen de tal acomodación. O sea, siempre que se satisface el amor en otro, se
satisface algo cc y algo icc.
Es normal que la investidura libidinal de alguien que está parcialmente insatisfecho se vuelva
hacia la persona del médico. Esta investidura se atendrá a modelos, se anudará a uno de esos
clisés preexistentes en la persona, o insertará al médico (en transferencia) en una de las series
psíquicas que el paciente ha formado hasta el momento (imagen paterna, materna, hermano
mayor). En el caso del hombre de las ratas, dicho hombre lo trata en un momento a Freud como
el capitán. Freud, lo llama a ese tipo de transferencias en relación a la imago paterna. Con ello,
establece una diferencia: la neurosis en transferencia y la neurosis no analizada.
En el análisis la más enemiga es cuando la transferencia se pone bajo la forma de resistencia,
que es cuando se terminan las asociaciones. Por un lado, la transferencia da el éxito, pero
también puede ser su mayor obstáculo.
En la cura analítica la transferencia se nos aparece siempre, en un primer momento solo como el
arma más poderosa de la resistencia, y tenemos derecho a concluir que la intensidad y tenacidad
de aquella son un efecto y expresión de ésta. El mecanismo de la transferencia se averigua
reconduciéndolo al apronte de la libido que ha permanecido en posesión de imagos infantiles,
pero el esclarecimiento de su papel en la cura, solo si uno penetra en sus vínculos con la
resistencia.
¿A que se debe la transferencia el servir tan excelentemente como medio de la resistencia? Es
claro que se vuelve muy difícil confesar una moción de deseo prohibida ante la misma persona
sobre quien esa moción recae.
Uno no puede comprender el empleo de la transferencia como resistencia mientras piense en una
transferencia a secas. Es preciso decidirse a separar una transferencia positiva de una negativa.
La transferencia positiva se descompone en sentimientos tiernos susceptibles de cc y aquellos
sentimientos que son inc que se remontan a fuentes eróticas; es la que resiste y la negativa hostil.
En el origen solo tuvimos noticias de objetos sexuales que estarían en lo inc.
La transferencia negativa lo relaciona con la ambivalencia de las relaciones de amor-odio. Lo que
hace el paciente es querer actuar sus pasiones sin atender a la dimensión objetiva real y que las
mociones inc. Tienden a querer reproducirse, no recordarse. Siempre está la lucha entre paciente
y medico entre discernir y querer actuar, entre el intelecto y la vida pulsional y que es exclusiva de
los fenómenos transferenciales. Es en este campo donde se obtiene la victoria en relación a la
neurosis, seria domeñar los fenómenos de la transferencia. Ya que esos fenómenos nos brindan
el servicio de volver actuales y manifiestas las mociones de amor escondidas y olvidadas de los
pacientes.
Positiva Corriente Tierna (motor del
→ análisis)
Corriente Erótica (resistencia)

Negativa Hostilidad, Odio (resistencia)

 La transferencia como motor (la corriente tierna): el analista invita al paciente a asociar
libremente, a que hable, que cuente, que narre, que despliegue su neurosis. El dispositivo
analítico conecta el síntoma con la asociación libre, y de esa manera se puede tener acceso
al Icc. El paciente le otorga un sentido al síntoma, el sentido se libera y el paciente dispone de
ese saber reprimido, aborda otros aspectos de su vida y de esa manera promueve la acción.
La transferencia es al analista porque este con sus intervenciones permite revelar el sentido
del síntoma que no está a su disposición. Son las ganas que tiene el paciente de ponerse a
trabajar, de ir a sesión, de contarle al analista, de producir enlaces y asociaciones para
encontrar la respuesta a la pregunta que le plantea el síntoma. El analista tiene un “saber
supuesto” por el paciente y se produce la transferencia por desplazamiento, es la
transferencia articulada al retorno de lo reprimido y sostiene la producción de saber icc.
 La transferencia de obstáculo (resistencia): supone el silencio, la detención de
ocurrencias. El paciente deja de asociar o habla sin asociar. Al mismo tiempo surge el interés
por el analista que Freud coloca en la vertiente del amor, pero no como un enamoramiento,
sino como una preocupación por la persona del analista, que pasa a ocupar el lugar del
síntoma. Según sea hostil o tierna se dice que es negativa o positiva respectivamente. El
punto en que se detienen las ocurrencias vale como resistencia, que no es definitiva, dado
que con la intervención del analista pueden reiniciarse las asociaciones, y puede ser que
gracias a la transferencia como obstáculo aparezcan en cadena asociativa algo que ayude a
atravesar lo que está dormido o latente.
El analista supera la transferencia cuando demuestra al enfermo que sus sentimientos no
provienen de la situación presente, sino que está repitiendo algo que le ha sucedido con
anterioridad. Si no se toca la resistencia no hay cura posible. Si no se genera angustia, el
análisis es sugestión, todo el tiempo Freud también menciona la diferencia entre el psicoanálisis
y la sugestión. Se estalla como un combate de lo icc y lo cc de lo que aparece como resistencia y
dice que la resistencia generalmente aparece cuando el analista se acerca a lo que Freud llamo
un complejo patógeno.
Freud relaciona la transferencia negativa con la ambivalencia las relaciones de amor-odio. Lo que
hace el paciente es querer actuar sus pasiones sin atender a la dimensión subjetiva real y que las
mociones icc tienden a querer reproducirse no recordarse. Esto serían los acting out. Cuando un
paciente todo el tiempo actúa, hay algo que el analista no está escuchando. Siempre está esta
lucha entre paciente y medico entre discernir y querer actuar, que es exclusiva de los fenómenos
transferenciales. La victoria en relación a la neurosis, seria dominar los fenómenos de la
transferencia.
FREUD. PUNTUALIZACIONES SOBRE EL AMOR DE TRANSFERENCIA
Freud dice que más allá de las dificultades que le deparan la interpretación de las ocurrencias del
paciente, las únicas realmente serías aparecen en el manejo de la transferencia. Y tiene que ver
con el enamoramiento de la paciente respecto del médico que la analiza, producto del dispositivo,
el tema es qué hace el analista con eso. El amor de transferencia, tiene que ver con el amor al
saber. Entonces propone distintos ejemplos de lo que sucede si la paciente se enamora, si el
analista se enamora, y sobre qué hay que hacer con eso.
Si la paciente se enamora del médico hay dos desenlaces posibles. Podría haber una unión
legitima entre ambos o una ilegitima (no sería común). Lo más común sería que se separen y que
se resigne la cura. En estos casos fracasa la cura, sería un fracaso para el paciente y para el
analista. En caso de que el analista acceda, prevalece el amor del paciente y eso no cura
neurosis alguna. Es muy común que las mujeres jóvenes se enamoren del analista. El analista
tiene que entender que el enamoramiento de la paciente fue impuesto por la situación analítica y
no puede atribuirlo a las excelencias de su persona.
El enamoramiento no parece ser algo auspicioso para la cura, o sea que si hay enamoramiento
no habría cura. Freud sostiene que no hay que sacar este amor, sino sostenerlo y ver que se
hace con eso. Si la paciente de pronto ha perdido toda inteligencia del tratamiento e interés por el
mismo, no quiere hablar ni oír más que su amor, demanda que sea correspondida: ha resignado
sus síntomas o los desprecia, y hasta se declara sana, se trataría de una resistencia, todo lo que
evite la cura sería una resistencia, en el sentido de que no quiere hablar, no hay asociación libre.
El enamoramiento era algo anterior pero ahora se transfiere a la persona del analista y así, la
resistencia empieza a servirse de él para inhibir la prosecución de la cura. Por ello, le advierte al
analista que el amor es un medio para ponerlo a prueba y que en el caso de acceder, es un obrar
sin sentido. El analista jamás tiene derecho a aceptar la ternura que se le ofrece ni responder a
ella. Entonces diferencia la cuestión moral de la cuestión ética, es una cuestión moral aceptarla,
pero la posición ética del analista es resistir. Esto está en relación a la abstinencia y a la
neutralidad. Hay que reconducir ese amor a otro fin.
No se trata de que sofoque la pulsión ni que sublime, porque eso es un obrar sin sentido. El
dispositivo hace que el amor florezca y hay que hacer algo con esto. Aceptar ese amor, pero
desde una posición ética, desde el lugar de la abstinencia. Ese amor es y no es con el analista, se
le transfiere el amor, pero no es con el analista el amor, en transferencia se repiten las relaciones
de amor, las imagos infantiles.
El principio es que la cura se debe realizar en abstinencia. Hay que dejar subsistir en el
enfermo necesidad y añoranza como unas fuerzas pulsionantes del trabajo y la alteración, y
guardarse de apaciguarlas mediante subrogados. El subrogado es la palabra, el único subrogado
que un analista puede dar es una palabra, o el silencio, o la interpretación, pero es de ese orden.
Es que uno no podría ofrecer otra cosa que subrogados. O sea, no puede dar más que otra cosa.
Puesto que la enferma, a consecuencia de su estado y mientras no hayan sido levantadas sus
represiones, será incapaz de lograr una efectiva satisfacción. Si el analista accede al amor la
paciente gana y el analista pierde. Es como un pastor y un vendedor de seguro, el pastor sale con
el vendedor de seguros, el vendedor le ganó, le vendió el seguro. Lo que consigue el analista si
cede al amor, es que el enfermo repita en la vida algo que sólo debería recordar. En vez de
recordar y de reproducir el material psíquico estaría ahí dando vueltas.
Entonces consentir la apetencia amorosa de la paciente es tan funesto para el análisis como
sofocarla. El camino del analista es diverso, uno para el cual la vida real no ofrece modelos. Uno
debe guardarse de desviar la transferencia amorosa, de ahuyentarla o de disgustar de ella a la
paciente; y con igual firmeza uno se abstendrá de corresponderle. Uno retiene la transferencia de
amor, pero la trata como algo no real, como una situación por la que se atraviesa en la cura, que
debe ser reorientada hacia sus orígenes inc y ayudará a llevarla a la cc lo más escondido de la
vida amorosa de la enferma, para así gobernarlo, o sea tratar el fundamento infantil de este amor.
El amor es un amor genuino que se compone de repeticiones y calcos de reacciones anteriores,
incluso infantiles. Se repite el carácter infantil del amor y que hay que reconducir al paciente a que
analice esta situación.
La resistencia, es parte del amor de transferencia. La participación de la resistencia en el amor de
transferencia es indiscutible y muy considerable. Sin embargo, la resistencia no ha creado este
amor; lo encuentra ahí, se sirve de él y exagera sus exteriorizaciones. Freud a esto lo va a
reconducir al complejo de Edipo. Aceptar el amor al padre, a la madre no es tan tolerable para los
pacientes. Por otro lado, la característica que tiene este amor infantil es que es un modelo infantil
compulsivo. “El carácter esencial de todo enamoramiento son las reediciones de rasgos antiguos,
y que repite reacciones infantiles. Justamente, lo que constituye su carácter compulsivo, que
recuerda a lo patológico, procede de su condicionamiento infantil”
No hay ningún derecho a negar el carácter de amor genuino al enamoramiento que sobreviene
dentro del tratamiento analítico. Este amor genuino tiene ciertas características particulares:
1- Es provocado por la situación analítica
2- Es empujado hacia arriba por la resistencia que gobierna esa situación
3- Y carece en alto grado de miramiento por la realidad objetiva, es menos prudente, menos
cuidadoso de sus consecuencias, más ciego de la apreciación de la persona amada de lo que
querría concederle a un enamoramiento normal.
Para el obrar del médico es decisiva la primera de esas tres afirmaciones, o sea que este amor es
provocado por la situación analítica. Es el señuelo para curar la neurosis. Pero se impone la
prohibición firme de extraer de ahí una ventaja personal, porque se estaría coaccionando así, al
paciente. Esa es la abstinencia porque todo lo que el analista sabe es poder, no es otra cosa,
entonces sobre ese saber es que uno se abstiene, o ve cómo opera con ese saber, esa es la
abstinencia o también la neutralidad.
Hay motivos técnicos y éticos en relación a que el médico se abstenga en consentir al amor,
porque debe tener en vista su meta, que esta mujer estorbada en su capacidad de amar por unas
fijaciones infantiles, alcance la libre disposición sobre esa función de importancia inestimable para
ella y que no la dilapide en la cura, que no sea pura resistencia, que el analista al no responder
eso empiece a trabajar en pos de la cura de la neurosis.
Para el analista queda excluido el ceder. La paciente enamorada siempre lo quiere bajar de su
lugar analítico. De lo que se trataría es de vencer el principio de placer, de renunciar a la
satisfacción inmediata y dar un subrogado (la palabra). El analista debe librar así la lucha triple,
en su interior, contra los poderes que querrían hacerlo bajar del nivel analítico; fuera del análisis,
contra los oponentes que le impugnan la significatividad de las fuerzas pulsionales sexuales y le
prohíben servirse de ellas en su técnica científica; y en el análisis, contra sus pacientes que al
comienzo se comportan como oponentes, pero que luego dejan conocer la sobre estimación de la
vida sexual que los domina.
Entonces, Freud dice que el psicoanálisis se debe practicar como un arte, y como el químico que
trabaja con sustancias peligrosas, no debe temer manejar la transferencia, manejar y dominar en
bien del enfermo las peligrosas mociones anímicas. Lo complicado en un análisis es el manejo de
la transferencia.
FREUD. LA INICIACIÓN DEL TRATAMIENTO
Aquí va trabajar dos cuestiones, la cuestión del tiempo y del dinero. En un primer momento
Freud habla de un periodo de prueba para ver si el paciente es apto o no al tratamiento, porque
en la escucha, uno puede advertir si se trata de un neurótico o si se presume una psicosis. El
psicoanálisis no es un tratamiento sugestivo. El psicoanálisis es como una partida de
ajedrez, se sabe cómo empieza y como termina, pero no qué pasa en el medio, el medio es
la transferencia. La transferencia también es el tiempo de duración de un análisis, es una
manera de definirla. Hay sujetos que dejan de ir al analista, pero siguen en análisis porque hay
algo de la transferencia que sigue funcionando.
En relación a la pregunta de la duración, Freud dice que la neurosis es como una forastera que
uno sabe cuándo viene, pero no cuando se va. El tiempo de un tratamiento tiene que ver con los
tiempos de lo icc, no es un tiempo de reloj, no es un tiempo cronometrado. Entonces Freud va a
trabajar la relación entre tiempo y dinero. Atendía a sus pacientes todos los días, difícil atender a
alguien todos los días, a excepción de los domingos y días festivos. Como lo veía todos los días
el hablaba del hielo de los lunes; más allá del hielo de los lunes, muchas veces sucede que el
paciente no sabe de qué hablar y le dice al analista que le pregunte, Freud dice que no hay que
responder a esto, si no que el paciente no importa de dónde arranque, no es que tiene que venir
con un tema preparado. Y dice que puede surgir la pregunta de cuánto durará el tratamiento,
¿cuánto tiempo necesita usted para liberarme de esto que me pasa? no sabemos cuánto va a
durar esto.
¿Por qué el analista cobra caro? porque los seres humanos tratan al dinero de la misma manera
que tratan a las cosas sexuales, con la misma hipocresía, mojigatería, piratería. El neurótico es
hipócrita en relación a las cuestiones sexuales y al dinero. Entonces, establece cierta relación
entre lo sexual y el dinero, y dice que el analista no es ningún filántropo desinteresado que no va
a cobrar por lo que hace, porque el trabajo que hace es arduo. Freud dice que el analista es como
un cirujano, porque lo que trata es de alguna manera extirpar el síntoma. Y por otro lado, un
analista que está más o menos entre 45 minutos y una hora con un paciente, no puede hacer
tantas consultas como otro médico. A su vez, como el analista no puede dar nada a cambio, no
puede no cobrar, no puede ser gratis el psicoanálisis, alguien tiene que pagar y el que paga es el
sujeto. El analista también paga va a decir Lacan, pero de otra manera, con su propia persona,
con su ser (dirección de la cura)
Respecto al encuadre, se trata de que sea algo estable el consultorio, no de estar moviendo los
muebles todo el tiempo, que se conserve el mismo día, el mismo horario. Freud mantiene el
consejo de que se acueste en el diván, ya que no tolera que lo miren más de 8 horas por día. Por
otro lado, que no lo miren implica que se evade el abandono del decurso de mis pensamiento icc,
no quiero que mis gestos ofrezcan al paciente material para sus interpretaciones o lo influyan en
sus comunicaciones.
¿Cómo comenzar el tratamiento? No interesa para nada el material con que lo empiece, hay
que dejar que el paciente escoja el material de partida, pero son muy importantes las primeras
comunicaciones del paciente, porque muchas veces en la primera sesión comunica cosas que
después no las vuelve a tocar por mucho tiempo, entonces eso como que queda ahí y algo
aparece más adelante.
El psicoanálisis se diferencia de la conversación ordinaria porque en la conversación
ordinaria alguien intenta mantener un hilo en la trama. El psicoanálisis no, el paciente puede ir y
volver. En el curso del relato aparecen silencios que muestran cierto lugar de evitación. Hay
pacientes sobre todo los obsesivos que preparan mucho las primeras sesiones lo que van a decir,
incluso se ponen nerviosos cuando uno les rompe el relato.
En relación a la iniciación dice que a veces no se les ocurre nada y aparece la cuestión de la
resistencia, en realidad si no se trabaja la resistencia no hay análisis. Hay pacientes que “se
revuelven contra la postura yacente”, es decir, no se quieren acostar, incluso se acuestan y te
siguen mirando, se rehúsan al pedido. Mientras afluyan las ocurrencias no hay que tocar el tema
de la transferencia. Freud a veces decía que cuando el paciente hablaba y aparecía cierta
resistencia, había que indicar el lugar de la transferencia, hacer una simple interpretación de eso
que se transfiere, (de eso se agarraron mucho los posfreudianos y después la
contratransferencia).
¿Cuándo hay que empezar a interpretar? No antes que se haya establecido con el paciente una
transferencia operativa. ¿Cuándo podemos suponer que hay transferencia? Eso aparece en el
discurso, cuando el paciente lo pone al analista en un lugar de saber, cuando aparece un sueño,
un lapsus y que se implica subjetivamente.
El tratamiento, vía transferencia, levanta la represión, y aparece la fuerza pulsional, que es el
motor del tratamiento. Ahí aparece el afecto con las resistencias y la transferencia seria lo que
intenta vencer esas resistencias. La transferencia a menudo basta por sí sola para eliminar los
síntomas del padecer, pero esto es solo de manera previsional, mientras ella misma subsista. Ese
es el poder subjetivo de cualquier tratamiento. Hay que sospechar del paciente que rápidamente
le remite su síntoma, porque en realidad en análisis los padecimientos se incrementan y se
repiten.
Otra de las cosas que no propicia el tratamiento es el interés al intelecto y la inteligencia del
enfermo, eso va en contra de la asociación libre, la racionalización. Hay que ir en contra de esto y
la única instrucción para interpretar es que se instale la transferencia. Lo que Lacan llama “sujeto
supuesto saber”.

LACAN. SEMINARIO 11. LOS 4 CONCEPTOS FUNDAMENTALES. CLASE


10. PRESENCIA DEL ANALISTA
Lacan critica cierta noción vaga de la transferencia y habla sobre el amor de transferencia del que
habla Freud. Y toma la pregunta de Freud sobre la autenticidad del amor de transferencia. Freud
diferencia el amor de transferencia del amor de la vida. Dice que no hay ninguna diferencia,
porque el amor siempre es de transferencia salvo que es de la vida por eso no lo analizamos.
Pero aclara que el amor de transferencia es producto del dispositivo analítico, eso marca una
diferencia, no podemos actuar porque es producto del dispositivo analítico. Actuar el amor de
transferencia va en contra de la cura. Lacanianamente va en contra del deseo de analista.
Entonces, el amor de transferencia dice Freud y retoma Lacan es tan auténtico como cualquier
otro amor y esto le permite decir a Lacan que la presencia del analista es una manifestación del
icc, porque la presencia del analista posibilita la transferencia, porque el amor necesita de la
presencia. La propia presencia del analista es una manifestación del icc.
El icc es efecto de la palabra sobre el sujeto. Los efectos de la palabra sobre el sujeto producen
perdida de goce. La pérdida de goce genera la división subjetiva. Y eso genera transferencia.
Hablar de transferencia es siempre hablar de amor. Ese amor de transferencia o de la vida
tiene que ver con que el sujeto esté tocado por la palabra y hay pérdida de goce. El amor es la
promesa de recuperación de goce. Por eso Lacan había definido que un significante representa a
un sujeto para otro significante. Es la primera definición de icc de Lacan. O sea que el sujeto está
representado en significantes. ¿Qué consecuencia tiene esta definición? Que según los
significantes va a ser el sujeto, los significantes vienen del Otro. El sujeto es siempre producto del
significante que viene del Otro.
¿Dónde queda el yo? El “yo soy” queda conmovido, vacilante, si soy producto de los significantes,
el sujeto va a querer que los significantes sean signos. Yo soy bueno, el bueno tiene el valor de
signo para mí. Alguien lo puede cuestionar y el yo pasa a estar conmocionado. El “yo soy” es un
intento de encontrar certeza donde no hay.
Y si el icc está constituido por significantes. No es un icc fijo y predeterminado, sino que es un icc
que procesa de día, de noche, en los sueños. Procesa goce, las herramientas son los
significantes. Si todas las noches tenemos un sueño distinto quiere decir que todas las noches
procesamos distinto. El icc no es icc cerrado, está procesando todo el tiempo, se constituye en el
mismo momento que hablamos. Y es un icc que está en relación a quién se le habla. No es solo
lo que procese en mi interior como una cosa mía, las formaciones del icc también están en
relación al analista, cuando soñamos en análisis soñamos en transferencia. Transferencia no es
el amor erógeno, está presente todo el tiempo, cada vez que el paciente se dirige al analista y
habla lo hace en transferencia.
S1  S 2
S1: Nombre del padre $
S2: son todos los significantes que no son el S1, es todo el conjunto significante
Entonces el sujeto está representado por el S 1 dirigiéndose al S2, esta significación va a estar
siempre interrogada, ¿quién soy?, ¿por qué me pasa esto?
En la transferencia estamos en ese lugar donde somos parte de ese S 2. Hay algo más en la
transferencia. Lacan dice que lo icc solo se abre para volver a cerrarse (resistencia) y el
analista es testigo de esta pérdida. Es una pulsación temporal. Quiere decir que al icc lo vamos
a ver siempre en un momento fugaz, en el sueño, en el lapsus, lo puedo contar, pero ya pasó.
Puede pasar que al paciente le preguntemos por qué tuvo ese lapsus, y diga que se equivocó,
pero nosotros somos testigos de eso. El paciente se puede olvidar, pero nosotros somos testigos
de la pérdida. Eso es transferencia también. Por eso el analista forma parte también del concepto
de lo icc, porque si lo icc no es contenidista sino un procesamiento permanente y donde nosotros
somos parte de ese proceso porque nos habla a nosotros, entonces nosotros somos parte de su
icc. Si aparecemos en el sueño hay transferencia, si nos cuentan un sueño hay transferencia. El
sueño es un procesamiento de deseo y algo comunica el paciente con su sueño, algo dice del
procesamiento de su deseo, de su fantasma. El sueño es significación de alguna escena
fantasmática del sujeto. Por eso los efectos de la palabra que dividen al sujeto generan el icc, es
eso lo que posibilita la transferencia.
Lacan dice que Freud en ese punto se asemeja al conocimiento científico porque traza un surco
nuevo sobre lo real, la ciencia con cada descubrimiento simboliza algo de lo real, algo que no era
conocido se simboliza. El psicoanálisis simboliza algo de lo real, genera algo nuevo a diferencia
de la religión que supone que el conocimiento es eterno.
Pero hay una diferencia entre psicoanálisis y ciencia en este punto. En psicoanálisis es un campo
que por su propia índole se pierde, esto quiere decir que en el momento en que algo se dice está
perdido, cada vez que hablamos la palabra se pierde, por eso se necesita al analista como testigo
de esa pérdida.
Hay una causa que tiene que ver con lo icc. Lo icc es causa de las formaciones del icc como
decía Freud. Ahora que sea la causa no quiere decir que estamos en causa-consecuencia, sino
que entre la causa y la consecuencia hay algo, hay intervalo. Por eso cualquier interpretación que
hagamos de cualquier formación de lo icc no estamos explicando totalmente porqué lo hizo,
porqué dijo tal cosa, siempre queda un resto. El ombligo del sueño es esa parte del sueño que no
podemos saber su significación, lo que no se podía llegar a descifrar y que no debemos dice
Freud. Freud percibía lo real y había que respetarlo, no se trata de interpretar todo, de saber todo.
Cuídense de comprender dice Lacan, porque si comprendemos parece que ya sabemos todo. Y
hay algo que tiene que ser respetado, que Freud llamó el ombligo del sueño.
Entonces, dice Lacan que a través de la transferencia el sujeto busca la certeza de que hay
alguien que sabe, nos supone un saber, ese es el sujeto supuesto saber y nos demanda ese
saber. En el discurso histérico, donde se demanda un saber al analista, el paciente nos necesita
en ese lugar, entonces nos va a sostener en ese lugar. La transferencia es una transmisión de
poderes del sujeto al Otro al que se le supone una verdad.
¿Cuándo podemos empezar a interpretar? La interpretación tiene que ver con un modo de
procesar el deseo. Freud decía que una interpretación es verdadera cuando desencadena una
asociación. Interpretar tiene que ver con poder generar nuevas aperturas en el paciente. Una
pregunta puede tener valor de interpretación, la metaforización de algo literal, la literalización de
algo metafórico. Freud decía que podemos empezar a interpretar cuando está establecida la
transferencia. Pero, ¿se puede interpretar si no hay transferencia? A veces una interpretación
genera transferencia. Ahí donde logramos pescar algo del deseo del sujeto eso puede generar
transferencia. Entonces no es que tenemos que esperar que se produzca la transferencia, sino
que podemos generarla nosotros.
Lacan dice que la transferencia empieza en el deseo del analista, lo que a nosotros nos pase
con el paciente. Con lo cual la interpretación del analista forma parte del deseo icc del sujeto.
Porque si lo icc no es contenidista se trata de que con nuestro deseo podamos generar algo
nuevo, un nuevo camino en la simbolización, simbolizar algo de lo real. Ej: paciente enojado con
sus hijas porque lo tienen de chofer. El enojo del paciente con sus hijas cuando era solo enojo y
nada más, eso habla de lo real, eso genera más demanda, cuando logra asociar, el enojo pasa a
tener otra simbolización. El enojo de él con las hijas es en realidad el enojo de ellas con el padre.
Por eso Lacan dice que deseo es el deseo y su interpretación. Con nuestra interpretación vamos
a generar algo del deseo del sujeto. Esto quiere decir que lo icc ya es una interpretación antes
que nosotros interpretemos. El sueño, lapsus, síntoma, ya es una interpretación, lo icc trabaja
solo, no necesita de nuestra interpretación. Entonces cuando interpretamos nuestra interpretación
tiene que ser solo un auxilio para ese procesamiento, no sobreabundemos en significado, en
interpretaciones, no todo es interpretable, hay que esperar el momento, mientras sostenemos la
transferencia con palabras. No sobreabundemos porque el icc ya es una interpretación. Porque
vamos a producir un cierre, “ah ya sé lo que me pasa”.
La Escuela kleiniana interpreta todo el tiempo la transferencia. Lacan advierte que no podemos
apelar a la sensatez del paciente, al yo. “No mira que esto te puede hacer mal, que esto no te
conviene”. No podemos apelar al yo del paciente porque es como querer apelar a la racionalidad,
si hay algo que no somos es racionales. Debemos apelar a su deseo.
Lacan dice que el icc es el discurso del Otro. Uno podría decir que no hay nada más propio para
el sujeto que su icc, pero es el discurso del Otro porque los significantes vienen del Otro, y el
analista está puesto en el lugar del Otro por el paciente. Eso es sujeto supuesto saber. Por eso se
produce el amor de transferencia, porque el analista está en el lugar del Otro, aman nuestro saber
dice Lacan, lo que está en la base de la transferencia es el supuesto saber.
El amor lo que produce es un cierre. A través del amor de transferencia algo se cierra. En ese
punto el amor de transferencia es un engaño, el paciente se pretende el mejor paciente y nos
pretende a nosotros el mejor analista. El engaño es la suposición de la completud.
Por eso también adquiere importancia el silencio, soportar los silencios, soportar no responder
una pregunta. Porque el silencio en el análisis tiene valor significante. Es un modo de no
responder a la demanda, y si no respondemos a la demanda estamos causando el deseo. Por lo
tanto, tiene valor significante. Pero no podemos abusar el silencio, tiene valor significante si lo
hacemos jugar en determinadas ocasiones, si abusamos producimos que se presentifique algo de
la muerte. No está mal en sí mismo, sino hay que ver si el paciente lo puede soportar.
Tampoco se trata de darle consistencia al objeto, aquello de lo cual el sujeto nos habla con
insistencia. Si nos centramos en que el problema es ese, estamos diciendo que el problema es la
relación con el objeto. Cuanto más nombremos el objeto más lo consolidamos. Nuestra tarea es
abrir el discurso, producir preguntas. Si paciente viene a hablar del consumo lo que no tenemos
que hacer es hablar del consumo, porque le estamos consolidando que ese es el problema.
Preguntémonos por el sujeto no por el objeto. Es nuestra responsabilidad poder abrir el discurso.
Eso se hace con preguntas. Interrogando la subjetividad. Por qué piensa que le pasa lo que le
pasa, por qué supone que le pasa esto, qué le evoca. Si nos quedamos en el objeto no hay
salida, nos convertimos en curas que quieren el bien del sujeto. Si vamos por el bien del sujeto
nos colocamos en el lugar del amo que sabemos que le conviene. De lo que se trata es de
analizar y para eso hay que abrir el discurso porque eso posibilita seguir hablando. Si nos
centramos en el objeto tiene su límite.
Entonces, la transferencia, la puesta en acto de la realidad de lo icc (después Lacan amplia
esta definición y dice de la realidad sexual del icc), quiere decir que la transferencia permite
articular lo icc estructurado como un lenguaje con la verdad pulsional, con la pulsión, porque el
análisis no es solo cuestión de palabras, por eso Lacan habla de la pulsación temporal del icc,
ese icc que se abre y se cierra como la pulsión. Hay que encontrar en qué punto se articulan icc y
pulsión. Si hablamos de pulsión hablamos modo de goce. Si hablamos de Icc hablamos de un
modo de procesamiento.

LACAN. SEMINARIO 11. CLASE 19. DE LA INTERPRETACIÓN A LA


TRANSFERENCIA
Lacan toma la transferencia freudiana y dice detrás del amor de transferencia está el vínculo del
deseo del analista con el deseo del paciente. Todo amor está ligado siempre a un deseo.
El amor de transferencia está sostenido desde el deseo del analista. En ese punto el deseo del
analista estamos ubicados como objetos, quiere decir que tenemos que jugar lo que el paciente
quiere que juguemos. Permitir que nos tomen como objetos. Esto implica más allá de una
cuestión de voluntad, poner en juego el deseo del analista, dejarse atravesar por lo que le ocurre
al paciente. Lacan recuerda en ese punto el texto “El banquete” de Platón. Es un banquete donde
se reúnen los ciudadanos y en un momento del banquete cada uno tiene que dar un discurso
sobre el amor. Lacan dice, si quieren saber qué es el amor, lean Platón. En un momento del
banquete aparece Alcibiades joven y apuesto, borracho, le hace una declaración de amor a
Sócrates. En ese entonces, el amor era el amor homosexual, las mujeres estaban para la
procreación.
Sócrates le dice: tu discurso en realidad no va dirigido a mí sino que va dirigido a otro joven.
Lacan dice que ese es el modelo de la transferencia. Si creemos que nos habla a nosotros le
estamos errando. En el caso de Sócrates, ¿qué podía tener de valioso? Algo que tiene valor
agalmático, aglama es eso oculto pero valioso del sujeto y que lo hace atractivo más allá de sus
atributos físicos. Es el objeto perdido, es la falta. La falta hace que el sujeto tenga una actitud de
búsqueda. El sujeto muestra la falta, porque la falta da cuenta del deseo. Que tiene ese o esa que
me atrae, tiene la falta, vamos a buscar en el otro nuestro propio objeto a. En la clínica hay un
solo sujeto, nosotros hacemos de soporte al sujeto donde nos posicionamos como el objeto a.
Lacan crítica el concepto de contratransferencia porque dice que es la resistencia del analista. Si
el analista opera desde la contratransferencia está interfiriendo desde su condición de sujeto y no
como objeto.
LACAN. SEMINARIO 11. LOS 4 CONCEPTOS FUNDAMENTALES. CLASE
20. EN TI MÁS QUE TÚ
Lacan se pregunta por el fin del tratamiento en relación a la transferencia. Si la transferencia es la
puesta en acción del icc, se pregunta, ¿acaso ya no tenemos icc después de un análisis? No,
porque seguimos procesando. Lo que se liquida al final de un análisis logrado es el sujeto
supuesto saber. No es simplemente la liquidación de la transferencia con el analista. Si lo
decimos así es el riesgo es que es con ese analista. Eso no es un fin de análisis sino de
tratamiento. El fin de análisis es cuando se liquida el lugar de sujeto supuesto saber. Se liquida el
lugar de gran Otro que ocupa el analista. Se apunta a la liquidación de Otro completo, sin barrar,
a la liquidación de que puede haber alguien que no esté barrado.
Entonces se liquida la transferencia, el icc no. Al final del análisis podemos esperar que el icc
funcione mejor, que no haya algo que lo trabe. ¿Y qué lo trababa? inhibición, síntoma, angustia,
traban el funcionamiento del icc, porque son momentos de detención del sujeto, hay algo del
deseo que no está procesando. La fijeza en el objeto provoca una detención en el deseo porque
el deseo no tiene objeto. Lo que causa el deseo es el objeto a. Entonces, no hay objeto
adecuado, el deseo es la búsqueda.
“Te amo porque inexplicablemente amo en ti algo más que tú”, Lacan lo da como fórmula para la
transferencia, se puede pensar para el amor. Ese algo más es el objeto “a”, es la falta lo que se
ama. ¿Por qué te mutilo al final? Si tomamos cualquier forma del objeto “a” por separado implica
una mutilación, implica tomar una parte del sujeto. El amor narcisista es aquello que apunta a la
completud. Este amor que habla Lacan es desde la falta, dar lo que no se tiene a alguien que no
lo es. Dar la falta es dar lo que no se tiene. La mutilación es esa, dar lo que no se tiene a alguien
que no lo es. No se tiene el falo y no se es el falo. Pero los hombres juegan a que lo tienen y las
mujeres a serlo para que haya encuentro. Lo que Lacan llama la comedia de los sexos. El
problema es si alguien se la cree.
El objeto a es el objeto perdido, es el pecho perdido, la caca perdida, la mirada perdida, la voz
perdida. Por eso por la anoréxica no puede comer, porque no perdió el objeto oral. Cree que si
come va a comer el objeto y no sabe que el objeto está perdido. Cuando las anoréxicas empiezan
a comer nunca terminan el plato, dejan un resto, algo que valga por el objeto a.
Lacan recurre un apólogo para contar qué es la transferencia, dice imaginemos que vamos a un
restaurante chino, nos dan la carta en chino y no entendemos nada, preguntamos a quien nos
atiende que nos sugiere, nos aconseja algún plato. Dice Lacan que uno no va sólo porque quiere
comer, sino porque quiere comer a la dimensión de lo exótico. Le preguntamos a quien nos
atiende que nos diga. Le preguntamos al gran Otro de qué se trata la comida. No vamos a comer
cualquier cosa, para eso nos quedamos en casa, a parte que nunca comemos cualquier cosa.
Vamos al restaurante para que nos interpreten el deseo, que nos digan qué comer. Entonces, el
análisis no es solo cuestión de palabras, se necesita algo del orden de la presencia y algo del
orden pulsional. Poder poner en juego en transferencia algo del orden de lo pulsional.
Entonces dice Lacan que, si la transferencia es aquello que de la pulsión aparta la demanda, el
deseo de analista es aquello que la vuelve a llevar a la pulsión. O sea, sujeto barrado-losange-
demanda ($<>D). La pulsión es una demanda que lo llama al sujeto, si el chico toma el pecho es
porque la madre le da. Lacan dice que la transferencia aparta la demanda de la pulsión, porque
se trata del amor.

“Y por esta vía aísla el objeto a, lo sitúa a la mayor distancia posible del ideal que el analista es
llamado por el objeto encarnado”. Tenemos que jugar al lugar del objeto a no del ideal. El ideal,
es desde el lugar del Otro, desde donde se le marca un camino al sujeto, I(A), por eso tenemos
que apartarnos del ideal porque proviene del lugar del Otro. El ideal le puede caer
superyoicamente al sujeto, “tenés que hacer esto”. De ese lugar tenemos que apartarnos para
poder ocupar el lugar de objeto causa de deseo.
El analista debe abandonar este lugar del ideal. En “Psicología de las masas”, Freud da el modelo
de la masa y dice que los sujetos se unifican a partir de objetos externos que puede ser el líder de
la masa, todos comparten el mismo ideal. El analista debe poder separarse de este lugar del
ideal. Lacan dice que el ideal otorga una identidad al sujeto, soy tal cosa, me identifico al conjunto
de analistas. Pero dice que ir más allá del plano de la identificación es posible, porque nadie es
analista, el ser analista no está pegado al ser, es una posición, de lo que se trata siempre es de
poder interrogar a ese ser, para que algo del ser se conmueva, para romper esas identificaciones
ligadas a un ideal que los hacen consistir en su yo.
El sujeto se identifica a un ideal y desde ese ideal adquiere consistencia. De lo que se trata es de
interrogar a ese ideal para desde ahí poder interrogar esa identificación del sujeto, poder romper
esa consistencia yoica para lograr que haya un algo más que la identificación, “bueno que querés
yo soy así”, ahí el sujeto cierra algo. El ideal sostiene el deseo porque el deseo va en búsqueda
siempre de otra cosa, esa otra cosa está sostenida desde algún ideal. El problema está en donde
eso se cierra, corremos el riesgo de que el sujeto haga consistencia en ese lugar.

DOMENICO COSENZA. CAPÍTULO 2. LA ENSEÑANZA DE LACAN SOBRE


LA TRANSFERENCIA Y LA CRÍTICA DE LA NOCIÓN DE
CONTRATRANSFERENCIA
Lacan, a medida que va avanzando en su obra y cambiando, pasa de la dialéctica hegeliana al
estructuralismo y después ya más al final de la obra hace hincapié en lo real. La noción de
transferencia también va variando según esto. Y en ese sentido también se piensa la
contratransferencia. El psicoanálisis es una clínica bajo transferencia. La transferencia es una
condición necesaria para que el tratamiento funcione. Cuando entra en el dispositivo analítico, el
discurso del paciente pasa de alguna manera de la queja del síntoma a la investidura libidinal de
la persona del psicoanalista. Esta investidura no es un obstáculo al trabajo, sino que hace posible
el trabajo.
Transferencia y dialéctica (1951)
Una posición freudiana sobre la contratransferencia. En 1951, Lacan escribe “Intervención
sobre la transferencia”, donde analiza el caso Dora, con distintas inversiones dialécticas, cómo va
cambiando la posición de Dora en relación a como se implica o no con su queja. Freud le dice a
Dora “que tienes tu ver con eso que te quejas”. Este texto, está en relación con el texto
contemporáneo de una posfreudiana: Paula Heimann “Sobre la contratransferencia”.
El debate está en relación a cómo se emplea esta contratransferencia, y Heimann sostiene que la
contratransferencia del analista es un instrumento de investigación del icc del paciente, o sea, se
utiliza la contratransferencia para interpretar el icc del paciente a partir de lo que siente. Entonces,
la crítica lacaniana pasa por la cuestión del afecto y el sentido, de lo que se siente en el cuerpo,
no el sentido significante.

Lacan en esa época habla de la contratransferencia y la define como la suma de los prejuicios,
las pasiones, la perplejidad incluso de la insuficiente información del analista en tal momento
dialéctico. Lacan resalta que eso tendría que ver con un estancamiento imaginario, y se corre el
riesgo de realizar el análisis en el plano especular, entre yo y yo, entre el analista y el analizante,
no utilizando la relación tercera que es la propia del icc, por eso de alguna manera en Lacan el
esquema Lambda sirve para explicar esa terceridad, como el yo y el sujeto están constituidos a
partir del Otro con mayúsculas, y el otro con minúsculas que es el yo también.
La naturaleza esencialmente dialéctica de la experiencia analítica. Lacan expresa en ese
mismo texto que el psicoanálisis es una experiencia dialéctica. Lee a Freud a través de Hegel, un
Hegel traducido por Kojeve. Entonces aparece la cuestión del dialogo en la experiencia analítica,
que no es cualquier dialogo, la condición que le añade Lacan a ese dialogo es la cuestión de la
verdad. Lacan en esta época era más optimista. Entonces, el dialogo analítico va en busca de la
verdad del analizado, lo que va matizando Lacan a lo largo de su obra es ¿Qué es la verdad?
Sabemos del seminario 17 que la verdad tiene un lugar y que solo puede ser dicha a medias, es
una verdad discursiva, pero de un medio decir.
La transferencia como “punto muerto” y ocasión de relanzamiento de la dialéctica
analítica. Después en los siguientes años, cuando habla de la transferencia con el punto muerto
y de relanzamiento, ahí ya podemos ubicar el texto “Dirección de la cura”. Una cuestión
importante que Lacan le critica a los posfreudianos es la interpretación de la transferencia, que es
lo que hace Annie Reich cuando le interpreta al paciente lo que a ella le pasaba después de
haber dado esa conferencia.
¿Qué es entonces interpretar la transferencia? Interpretar la transferencia queda del lado de lo
imaginario, para Lacan y para Miller y para todos lo lacanianos es como bajarse del lugar del
analista, porque interpreto el aquí y el ahora, lo que está sucediendo, y no tengo en cuenta sobre
todo la noción de icc y del significante. Ese lugar es en principio el lugar que ocupa el analista, el
lugar del Otro, o sea se dirige el paciente a ese lugar del Otro. Entonces Lacan se distancia de
esta cuestión de interpretación de la transferencia, que dice que tiene un carácter ilusorio, que los
posfreudianos la utilizan para el relanzamiento del análisis, pero Lacan cuenta que la paciente
después de esa intervención estuvo un año para recuperarse. Entonces Lacan dice que es un
error del analista querer demasiado el bien del paciente.
La cuestión del actuar del analista que después se va a retomar en el acto, tiene que ver con un
no actuar. El analista actúa con su acto, pero no es una acción. En “Función y campo”, el analista
tiene una posición zen, por un fundamental y activo no actuar, lo que no hay que hacer es caer en
la trampa imaginaria, eso sería actuar, quedar entrampado no en lo que dice sino en lo que hace
el paciente, analizando lo que hace.
Transferencia y amor (1960-1961)
Lacan en el seminario 8 habla de la transferencia en su dimensión de amor. A partir de los años
60, retoma más los textos freudianos de la cuestión amorosa. Se va a un más allá de la relación
intersubjetiva que plantea con la cuestión dialéctica. Lacan pasa de la dialéctica a la estructura,
aunque también considera a partir de la lectura de Lacan de Saussure y Jacobson que esa es la
época estructuralista de Lacan, y la transferencia da cuenta de la estructura. Esta estructura va
más allá de la intersubjetividad.
Lacan en la transferencia va a tratar la disparidad subjetiva en relación a relación que hay entre el
analizante y el analizado. Habla del banquete de Platón o sobre el amor que son los distintos
discursos sobre el amor, son distintas posiciones, está la postura del médico, del rico, la postura
de la completud, Sócrates no habla, el hace hablar a Biotima que es una mujer. Por otro lado, en
esa cena esta Alcibiades, que es el amado de Sócrates, entonces también de alguna manera está
presente el amor. La noción de transferencia dice Lacan que va más allá de una simple disimetría
entre los sujetos y habla de imparidad.
Transferencia y amor. ¿Cuál es la naturaleza del amor?, retoma el caso de Breuer, porque el
caso de Ana O termina con un embarazo histérico, y Breuer que se va de viaje con la mujer y la
embaraza. Dice Lacan que, al comienzo de la experiencia analítica, recordémoslo, fue el amor.
Retoma esto de Breuer, que fue Ana O la que empieza a hablar del talking cure, empieza por la
chimenea, como que se limpia hablando. Entonces, el amor es una condición necesaria en la
experiencia analítica, pero dice que no hay que detenerse en la cuestión fenomenológica del
amor sino en la cuestión lógica que interviene en la experiencia, no se trata del fenómeno sino de
la lógica.
Lacan sostiene que no se puede entender la naturaleza de la transferencia si no se entiende la
naturaleza del amor; y la relación analítica, la “célula analítica”, en el fondo, no es nada menos
que un lecho de amor. El problema es localizar la estructura del icc en el funcionamiento, más allá
de las falsas evidencias de la vivencia de la cc de aquellos que están presos en lo más vivo de la
experiencia amorosa, así como de sus inversiones pasionales en el odio o la agresividad, que el
análisis describe como oscilaciones de la transferencia.
La transferencia analítica y el eros de Platón: una lectura de “El banquete”. Lacan toma la
lectura del banquete como la primera experiencia analítica, como que la relación entre Sócrates y
Alcibiades demuestra esa transferencia. Dice Lacan que más allá de cada discurso hay como una
irrupción ahí de la presencia de Alcibiades en relación a lo que es el amor. Lo que Lacan toma
son los discursos socráticos, Sócrates siempre lo que hace es preguntar, en esta posición
socrática del no saber, hace que el otro hable y en ese decir sea demuestra que sabe. Sócrates
demuestra que sabe, queda expuesto por como dirige el dialogo. Sócrates demuestra que no se
completan el amante y el amado, que es lo que se tiende a pensar habitualmente.
Sócrates, el analista y el eros del paciente. Toma la noción de eros, no tanto como el amor
sino como el deseo. El deseo siempre es en falta, eso es lo que Lacan destaca. En este sentido
Sócrates, como el analista en transferencia, elige servir a Eros para servirse a él. Se sirve de eros
para relanzar el deseo, esa es la función analítica. Si hay una seducción por parte del analista eso
sería un obstáculo, pero el ejercicio de la función analítica tiene que ver con enseñarle al otro lo
que le falta. La dirección de la cura siempre va en torno a la falta, si se habla del amado el
analista no apuntar a que el otro te completa, sino que el otro es un objeto como cualquier otro,
lugar que también tiene el analista. Por eso al final, cuando se liquida la transferencia, el lugar del
analista tiene que ver con este resto que cae, como cualquier objeto.
El amor, el amante y el amado. Lacan dice que el amor es dar lo que no se tiene, es decir que
interviene a nivel de la falta y se anuda con el deseo. En la experiencia, hay un amante y un
amado, que da la falta. El amado ocupa un lugar de objeto y el amante no sabe qué es lo que
quiere el amado. Acá aparece la palabra agalma, que es eso que el otro tiene que no sé lo que es
pero que me gusta, se habla del brillo agalmático. De alguna manera el analista ocupa ese lugar,
pero no desde un lado de un saber sino desde un no saber. El amado no tiene lo que al amante le
falta. En esta posición sitúa Alcibiades a Sócrates en “El banquete”: mientras Alcibiades está en
relación con Sócrates, de modo opuesto a lo que le ha sucedido siempre, es amante, Sócrates
encarna para él la posición del amado, el objeto causa de su deseo. O sea, el amado ocupa el
lugar de objeto causa. Entonces, en este sentido el analista en algún punto seria el amado,
porque lo que intenta relanzar todo el tiempo es la causa del deseo.

Entonces Lacan pone de relieve la función de Sócrates en relación con el amor de Alcibiades
como función de objeto de deseo y no como sujeto. Esta es otra de las cuestiones importantes
que destaca Lacan, que no es como sujeto que se ama al otro, es como objeto. Dice que no es
Sócrates en tanto persona el objeto real del deseo de Alcibiades, sino que se trata de Sócrates en
tanto que supuesta encarnación del objeto precioso de Alcibiades. Hay algo en Sócrates que
Alciabiades le parece precioso (parece que Sócrates era muy feo).
El ser del otro en el deseo, no es en lo absoluto un sujeto. El otro en tanto que está, en el deseo,
en el punto de mira, lo está, como objeto amado. Para Lacan, la relación de Alcíbiades con
Sócrates pone en acto el pasaje estructural, una metáfora, que revela el significado del amor, y
que consiste en la transformación del amado (erómenos) en amante (erastés), como sucede en la
experiencia amorosa de Alcibíades con Sócrates. O sea, hay amor cuando se pasa de amado a
amante. Dejo de estar en la posición pasiva a poder darle mi falta al otro, esa es una relación de
amor para Lacan, eso es lo que sucede con Sócrates y Alcibíades porque en un principio era al
revés. En el análisis en algún punto el paciente quisiera que el analista lo ame y el analista lo que
quiere es que trabaje. Entonces el amante es el que tiene falta y tiene que trabajar.
El analista de la trasferencia como objeto agalmático. Lo que está en juego entre Sócrates y
Alcibíades, esa relación es la transferencia. La posición de Sócrates como supuesto continente de
los objetos preciosos de Alcíbiades encarna para Lacan la posición del analista en la
transferencia como objeto del deseo del analizante. Aparece el lugar del analista como agalma.
Para Lacan, en la transferencia el analista no está llamado a ocupar para el sujeto el lugar de
Otro que lo ama de modo total, sino que, es necesario que se sitúe en el lugar de objeto parcial,
causa de su deseo. Siempre es el objeto parcial, nunca es el objeto total. No se trata de
oblatividad, de dar todo por el otro, el lugar que ocupa el analista es el lugar de objeto parcial
causa de deseo, no es el lugar del Otro que lo ama de manera total.
El amor como discordancia y como falta. El analista sabe que no tiene lo que el analizante le
atribuye en la transferencia: el objeto de su falta que causa su deseo. En esto el analista, al igual
que Sócrates, demuestra saber qué es el amor como tal, es decir, discordancia, no coincidencia
en el deseo entre el amante y el amado.
El analista sabe que no tiene lo que al paciente le falta y suponer que le puedo dar lo que al
paciente le falte eso sería acceder a la demanda y caer del lugar del analista. Estos dos términos,
amante y amando, no coinciden, lo que le falta a uno no está escondido en el otro, ahí está el
problema del amor. La histérica busca en el otro lo que le falta y el obsesivo cree que le puede
dar al otro lo que le falta, ahí está el problema del amor.
Igual que Sócrates en el banquete, lo que Lacan busca en el análisis es que la verdad del amor
es el deseo, en tanto falta estructural. Si el amor funciona como algo metafórico, el deseo es una
metonimia constante todo el tiempo se desplaza, el amor es metafórico porque no es un objeto, y
a la vez es metonímico porque si no es, no me quedo enlazado totalmente a eso y puedo seguir
buscando otra cosa. El mérito de Sócrates es haber designado el amor de Alcibíades como amor
de transferencia, y relanzarlo a su verdadero deseo.
El analista es llamado en la transferencia analítica a hacer semblante de este objeto de deseo,
para permitir al analizante llegar a circunscribir, en el curso del análisis, el lugar vacío, y ello para
poder encontrar en el lugar de la falta el propio deseo como tal. Entonces la transferencia hace de
semblante de objeto de deseo, eso es un lugar vacío. La forma que se articula lo que encontrará
en el análisis es la de aquello que le falta, a saber, su deseo. O sea, la búsqueda de la falta es el
deseo. El deseo es en falta; no es nada o algo que no sabemos qué, no es un bien.

La transferencia como sujeto-supuesto-saber (1964)


Transferencia y saber. A partir de 1964 cuando dicta el seminario 11 aparece otra cara de la
transferencia que tiene que ver con el sujeto supuesto a saber. El analista, por su formación, es
alguien que tiene que saber del icc. Pero lo que no sabe es acerca del deseo particular de aquel
que le dirige su demanda a fin de averiguar la verdad sobre la causa del propio desear. A este
nivel su saber es un saber solo supuesto en la demanda del analizante. Por eso es un sujeto
supuesto a saber porque el analista no sabe del deseo del analizante, sabe que tiene que ocupar
el un lugar para relanzar el deseo para que el paciente encuentre algo de ese deseo.
En el seminario de la transferencia Lacan separa lo qué el analista sabe, porque no es que no
sabe nada y lo que es el supuesto a saber. Dice que solo en la medida que sabe que es el deseo,
pero no sabe lo que desea ese sujeto – con el cual está embarcado en la aventura analítica –
está posición de tener en él, el objeto de dicho deseo. Entonces, el análisis no puede dar
comienzo de ningún modo sin la suposición por parte del analizante.
En esta relación lo que Lacan destaca también es la transferencia simbólica. Lacan distingue la
dimensión imaginaria, que es la relación dual, de la dimensión simbólica que está en juego entre
el analizante y el analista que, usando la metáfora de Sócrates y Alcibíades, es la función del otro
simbólico, custodio de verdad capaz de evocar el deseo. Más adelante aparece la crítica que se
le puede hacer a Lacan que es que no tiene en cuenta la dimensión de goce en la transferencia.
Sujeto supuesto a saber y sus condiciones de institución: la demanda del analizante y el
significante de la transferencia. El sujeto supuesto a saber es una de las nociones más
originales de Lacan, no está en Freud y el lugar del analista es el lugar del Otro simbólico que el
analizante lo pone ahí. El lugar del Otro simbólico que es llamado a encarnar para el analizante
en tanto sujeto supuesto a saber, y su función de simulacro del objeto del objeto causa de deseo,
real e icc en su estatuto, lo que Lacan llama objeto a. En el seminario 11 este concepto es
rigorizado y la transferencia puede pensarse a partir a partir del sujeto a quien se le supone el
saber.
Lacan dice que el sujeto supuesto a saber es el pivote desde donde se articula todo lo tocante a
la transferencia.
Sobre este punto, Miller propone una distinción esclarecedora entre:
 La cuestión simbólica de la transferencia: el sujeto supuesto a saber cómo efecto
constituyente de la producción de la transferencia analítica.
 La fenomenología imaginaria de la transferencia: reconducible al marco de los efectos
constituidos.
Entonces, ¿qué es lo que sabe? El analista sabe en relación al deseo, pero lo que sabe en
relación a ese analizante es la palabra del analizante. Por eso es un lugar supuesto el del saber
del analista porque el analista a lo que lo remite siempre al analizante es a sus propios dichos,
asociaciones, sino el analista carga de sentido los dichos del paciente y eso ya tiene mucho
sentido.
La palabra del analizante, es decir la demanda contenida estructuralmente en la palabra, allí
donde debe verse sobre la verdad de su sufrimiento y no simplemente sobre la cura, y el enigma
que la atravieza, son condiciones de institución de la transferencia y del trabajo analítico. En
efecto, dicha palabra en su estatuto de demanda, hace existir aquello que es supuesto sobre
saber en tal demanda, es decir, la significación.
Miller indica en la demanda del analizante la primera de las condiciones simbólicas que, unida a
la institución del sujeto supuesto saber, designa la estructuración simbólica de la transferencia.
Tiene que haber una demanda en relación a esto y suponer que hay alguien que en la posición de
analista va a poder trabajar ese efecto. El analizante se dirige al analista preguntando qué quiere
decir, pero ese querer decir no está más ni menos dicho que ahí mismo, no hay un querer decir
oculto, está en esos significantes, el tema es que el paciente se escuche.
Miller habla del significante de la transferencia y dice ¿cómo iniciamos el análisis? La respuesta
de Lacan es que los análisis comienzan con el significante de la transferencia, no se sabe cuál es,
es lo más particular.¿Qué es el significante de la transferencia? El artículo definido es lo que
cuenta aquí, el significante de la transferencia, un significante destacado, singular. El significante
de la transferencia es aquel propósito del cual el sujeto se pregunta ¿qué quiere decir?, eso que
me aparece todo el tiempo y que uno supone que quiere decir algo. Para que un análisis
comience es preciso que el sujeto haya encontrado el significante de la transferencia.
Para hacer posible el trabajo del analizante, el analista lacaniano deja que se dé la suposición del
saber en la demanda del analizante hace exigir hacia él, en tanto que es supuesto depositario de
la verdad, pero al mismo tiempo se niega a la respuesta. Las respuestas las tiene el paciente o el
icc. El analista se instala en la posición Lacan define como docta ignorancia o nesciencia. Docta
ignorancia no es cualquier ignorancia, es docta, o sea, algo sabe. Entonces, la transferencia -
siempre criticando a los post freudianos-, no tiene que ver con algo que se comprenda. El analista
desde el lugar de supuesto al saber hace que el analizante articule su demanda, que se
interrogue sobre la verdad del propio deseo o propio padecer, para que surja algo del deseo.
Entonces, no es tanto desde la posición de saber, sino de no saber que el analista se relaciona
con la demanda, y esto empuja a la palabra del analizante.
Transferencia y repetición
Transferencia no es repetición. En el seminario 11 Lacan separa la transferencia de la
repetición y el icc de la pulsión, los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Porque una
de las críticas que Lacan les hace a los posfreudianos es que aplastaron el deseo a la pulsión y
de alguna manera hicieron de la pulsión lo icc.
La repetición no tiene nada que ver con la transferencia. No dice que en la transferencia no haya
repetición, lo que pasa es que se tomó solo ese carácter que Freud trabajó de la repetición en
transferencia y se descuida el concepto de transferencia, o sea, la transferencia no es pura
repetición.
En el año 60 había dicho que la transferencia era automatismo de la repetición. Ahora eso lo
relativiza y va a hablar de la transferencia como algo más positivo, más creativo, hay algo de
creación en la transferencia. Lacan habla de la transferencia también como ficción. En la
transferencia el sujeto fabrica, construye algo, Y en consecuencia, me parece, por fuerza hay que
integrar inmediatamente a la función de la transferencia en términos de ficción.
También destaca el cierre y apertura de lo icc y como el analista es testigo de esa perdida, y
habla de la paradoja de la transferencia. Al mismo tiempo la transferencia hace presente en la
cura un movimiento de cierre, un obstáculo al trabajo analítico. En este sentido lacan afirma que
la transferencia es esencialmente resistente, la transferencia es el medio por el cual se irrumpe la
comunicación icc, por el que se vuelve a cerrar.
La transferencia es a la vez el obstáculo a la rememoración y presentificación del cierre del icc,
que es el fracaso, siempre en el momento exacto, del buen encuentro’. Ahí el buen encuentro
seria fallido. Entonces, la transferencia tiene este doble estatuto, esta cuestión ambivalente como
obstáculo, como cierre y apertura.
En la clase 10 del seminario 11, Lacan trabaja lo del cierre y apertura, y la cuestión de la
presencia del analista. El analista es testigo de esa apertura y de ese cierre, y eso da cuenta de la
presencia del analista. En esa clase trabaja la cuestión de la repetición y el lugar del otro. Dice
que la función del analista en esta escucha tiene que ver con que en el momento en que se abre
el icc y se cierra, el analista es testigo de esa perdida y de alguna manera al ser el testigo es el
que lo va a interpretar. De la interpretación dice dos cosas: que el icc ya es una interpretación y
que la interpretación analítica va a ir en vía de la interpretación del deseo, no se interpreta la
semántica.
La transferencia como puesta en acto de la realidad del icc. La transferencia como puesta en
acto de la realidad del icc es la frase más controvertida de Lacan en el seminario, Lo que trabaja
a partir de esa expresión es la dimensión libidinal que ocupa el analista. Lacan ya venía
trabajando la cuestión de la transferencia simbólica y ahora pone en evidencia la cuestión de la
dimensión libidinal, que también se da en la dinámica transferencial, cuestión que puntúa en
relación a la pulsión. Dice que la transferencia es eso que, en la experiencia, manifiesta la puesta
en acto de la realidad del icc, por cuanto que es sexualidad. Lo que quiere decir es cómo en esta
puesta en acto se inscribe lo sexual en lo icc y la transferencia da cuenta de eso.
Esta definición permite una discriminación más cuidadosa en relación con la estructura de la
transferencia, dado que permite situar la identificación, pero también el amor, en el nivel de los
efectos imaginarios que se pueden producir en la transferencia, respecto a los cuales es
necesario que el analista esté advertido. Por eso Lacan destaca al amor como puro engaño.
El engaño amoroso es una cuestión imaginaria. El efecto de la transferencia se cruza con el amor
y todo amor se ubica en el campo del narcisismo. El análisis no apunta al narcisismo o a la
reconstrucción del yo, sino al sujeto. El esquema Lambda también da cuenta de eso. Amar es,
esencialmente, querer ser amado.
Lo que surge en el efecto de la transferencia se opone a la revelación. El amor interviene en su
función aquí revelada como esencial, la del engaño. La relación del analista y del analizante es
de engaño. El amor, sin duda, es un efecto de la transferencia, pero es su faz de resistencia.
Cuando el amor se vuelve, cuando se quiere caer en ese amor, eso es resistencial. El analizante
no habla, quiere respuestas del analista, eso es resistencia.
El analista para poder interpretar, tiene que esperar que una vez que se produce la transferencia.
En el momento que esto aparece, el sujeto se cierra a los efectos de la interpretación. Entonces
hay que evitar caer en el engaño y siempre fijarse en el lugar de supuesto saber, que es la cara
simbólica.
Los posfreudianos hacen que el paciente se identifique con el analista. Lacan dice que el análisis
va a en pos de separar las identificaciones del objeto a, y en pos de que el analizante no se
identifique con el analista. O sea, si se identifica con el analista es porque el analista se presta a
identificación. Entonces, el analista no es ningún ideal.
En el seminario 11, Lacan se esfuerza por enmarcar el estatuto de la transferencia en el análisis
entre la dimensión simbólica constituida por la cadena de significantes y por su automatismo, que
instala al analista en el lugar del Otro, y la dimensión real determinada por la contingencia del
encuentro del analista como semblante del objeto parcial del analizante, como objeto a. Entonces,
a partir de este lugar de semblante, como objeto, da cuenta del registro de lo real. Lo simbólico no
recubre todo, entonces hay algo inanalizable. Siempre hay un punto que no se puede analizar. No
todo es analizable, sino sería una hermenéutica. Bueno, lo real da cuenta de eso.
Ahora Lacan pone de relieve que la transferencia, más allá de los espejismos del ideal y de la
identificación, el objeto real de goce que regula la economía libidinal del sujeto, del cual el analista
se hace en cierto modo catalizador para permitir al analizante reconocerlo y circunscribirlo en el
curso del análisis. O sea, el analista se presta como objeto, para que el sujeto reconozca algo de
su goce.

El algoritmo de la transferencia (1967)

El S se dirige a un significante cualquiera (Sq), que va a ser el significante de la transferencia. En


la parte superior del algoritmo encontramos la batería del significante, constituida por el
significante de la transferencia (S), que representa de modo enigmático al sujeto (s) para otro
significante, un significante cualquiera (Sq) elegido entre otros significantes y encarnado en la
demanda del sujeto por el analista.
El analista encarna el significante cualquiera, esa es la función, no es más que otro significante.
El significante de la transferencia, lo mueve a ir a buscar, dirigiéndose al analista como otro
significante. Pero el analista no es el significante de la transferencia, es cualquiera, a diferencia
del significante de la transferencia que es el singular. O sea, el significante de la transferencia es
aquel que se repite, y el analista al encarnar un significante cualquiera, hace que de esta relación
aparezca algo del sujeto. Es decir, el efecto sujeto, el sujeto es efecto.
En la parte inferior tenemos los efectos de la significación entre cada S (S 1, S2, Sn) a través de los
cuales la secuencia del significante en el discurso del analizante representa al sujeto (s). El sujeto
es un sujeto supuesto saber, no es constituyente, sino que está constituido por la cadena
significante como efecto de la significación.
Miller dice que la trasferencia es interpretación, y que quien decide dirigirse al analista ya ha
interpretado previa e inconscientemente el sentido del propio síntoma. A eso refiere que la
transferencia es efecto de la interpretación. O sea, me dirijo a un analista porque supongo va a
interpretar algo de mi síntoma en transferencia. Acuérdense que el significante es significante, un
pedacito de palabra que no quiere decir nada.
Se puede pensar el análisis como el inicio de este algoritmo y después, la conclusión tiene que
caer el sujeto el supuesto saber junto al correlativo “deser”, a la destitución subjetiva que el
analizante experimenta al final de análisis con el abandono de las identificaciones fantasmáticas
que regían su identidad, o por lo menos sabe cuáles son. O sea, el análisis apunta a que las
abandone y haga algo distinto porque sino sigue gozando de lo mismo.
Si al inicio del análisis la institución de sujeto supuesto saber se produce en relación con alguien,
al analizante, que no sabe lo que dice porque no sabe lo que quiere, la conclusión efectiva de la
caída del sujeto supuesto saber se produce como efecto de un sujeto que, al menos como
tendencia, después de haber tamizado y reducido su núcleo fantasmático de la propia neurosis,
deviene responsable de lo que dice y sabe lo que quiere. Apela a la responsabilidad subjetiva y a
un saber hacer.
Miller dice que en este algoritmo no aparece la dimensión de goce que habita en el discurso
analítico, porque de lo que cuesta renunciar es al goce que produce la palabra, esto es lo que la
histérica sabe muy bien. Las histéricas hablan tanto porque gozan de eso.

Crítica lacaniana al empleo de la contratransferencia en la cura: la posición de Lacan y la


lectura de Miller
Miller retoma la posición de Lacan de 1951 de la contratransferencia, pero en vez de tomar la
contratransferencia como los prejuicios del analista trabaja la contratransferencia como la
implicación.
Lacan entiende la contratransferencia como la implicación necesaria del analista en la situación
de transferencia. No es lo mismo hablar de los prejuicios que de la implicación. Entonces, ¿qué
se hace con esa implicación?, de lo que se trata es de la participación en la transferencia del
analista. si el analista participa en la transferencia no es desde el lugar de la contratransferencia.
Miller separa la orientación lacaniana, caracterizada por el rechazo del empleo de la
contratransferencia en la cura, de las diferentes corrientes posfreudianas. Toma cómo los
posfreudianos estandarizaron el setting.
En 1960 Lacan vuelve a la cuestión de la contratransferencia como los aspectos que siente el
analista, el analista está afectado y dice que él no ampara la legitimidad de este método.
Lacan, para combatir la tendencia de la relación analítica de sujeto a sujeto, formula la metáfora
del analista que funciona como el muerto en el juego del bridge, marcando así la dimensión de no
reciprocidad de la posición del analista en el marco de la relación de transferencia.
Habla de varios posfreudianos que habían planteado que el lugar del analista era afectivo-
participativo. El analista para ellos interviene como sujeto dividido. Para Lacan nunca el analista
está en posición de sujeto, siempre es objeto. En la óptica de Lacan el analista puede ocupar su
lugar en la cura sin poner en juego lo que siente como sujeto. El analista es una sede de
respuestas significantes con el paciente.
Para Lacan el análisis es animado por el deseo del analista. Si bien Lacan en esta época no
había trabajado la noción de transferencia en relación al goce, en el algoritmo de la transferencia
no aparece esta dimensión, no aparece la vertiente de lo real, hay una autora que se llama
Graciela Brodsky, que define la contratransferencia como el goce que el analista extrae en el
curso de la sesión respecto a la propia introspección, que lo conduce a historizar al paciente su
propia vivencia, lo que siente y lo que piensa. Esto no es de Lacan, es una lectura a partir de las
concepciones lacanianas que se puede pensar la interpretación de la contratransferencia como el
goce del analista que extrae de la sesión. En este sentido la posición lacaniana de “hacerse el
muerto” puede ser releída como no gozar de tu icc y de tu introspección dentro de la sesión
analítica. Esa es la invitación a los analistas, por eso los analistas se tienen que analizar, para no
gozar de su icc y de la introspección en la sesión analítica.

LACAN. SEMINARIO 15. EL ACTO PSICOANALÍTICO. CLASE 15-11-67


Hay dos antecedentes freudianos del acto, uno es cuando Freud habla de acto fallido, en donde
el acto fallido es una formación de lo icc, y por lo tanto interpretable. En “Recuerdo, Repetición y
Reelaboración”, Freud dice que el actuar es lo opuesto al recuerdo, se actúa para no recordar.
Lacan dice que la dimensión del acto en Freud está pensada desde el icc, ahora ¿cómo pensar el
acto de otra manera? lo primero que el aclara es que cuando dice acto no está hablando de
cualquier acción. Discute con Pavlov y dice que cuando esta habla de acto reflejo (la campana, el
perro y Pavlov), eso que para Pavlov es un acto reflejo en realidad es un acto significante porque
quien produce eso es Pavlov, ese acto tiene valor significante. Lacan está hablando de la
operación o el valor que tiene el significante operando sobre lo real. El acto no es cualquier
acción, para que algo tenga valor de acto tiene que tener valor significante, o sea es una acción
(no palabras) que se hace sobre el sujeto o que un sujeto hace y a partir del cual si tiene valor
significante deja una marca. Hay un antes y un después de ese hecho.
El acto para que sea acto siempre tiene que tener el valor de único, para que sea marca
significante, para que produzca el cambio de la posición subjetiva. El acto se mide no por la
acción en sí, se mide por las coordenadas simbólicas, se mide por el efecto simbólico que puede
producir.

El acto es sin garantías, cuando hacemos un acto no sabemos qué va a producir, cuál va a ser el
efecto, por eso los analistas le tenemos horror al acto. El momento de hacer acto es cuando
tenemos una transferencia sólidamente establecida para que la transferencia pueda soportar eso
que sino puede ser insoportable. La dimensión del acto tiene esta cuestión en juego, no es algo
calculable. El acto siempre tiene valor de corte (de marca para el sujeto), de cortar el goce de
alguien. El principio de análisis y el final tienen valor de acto.
El acto analítico tiene que ver con un instante, y supone una transformación, un cambio de
posición subjetiva, se es algo antes y algo después del acto. La función del acto implica siempre
al sujeto.
Acción y acto, no sólo son lo mismo, sino que la acción presupone un acto, antes de una acción
hubo un acto. El acto constituye el núcleo de la acción, el móvil a partir del cual la acción puede
desplegarse.
Una de las cuestiones que toma en relación al acto es el acta de nacimiento, cómo a través de un
acto te inscriben, y eso es el acto de nacimiento, por eso es tan importante que un sujeto tenga
un nombre.
El acto tiene una dimensión creadora, parte de los significantes y funda algo nuevo. Da el ejemplo
del acto de Julio Cesar cuando cruza el río de Rubicón. Julio Cesar vuelve triunfante de las
batallas y está llegando a Roma, manda a un emisario a avisar, el senado tiene miedo que Julio
se declare emperador, entonces le dice al emisario que vuelva y le diga a Julio Cesar que
acampe a orillas del río Rubicón, Julio Cesar desobedece al senado, entra a Roma y se declara
emperador. Lacan dice no es el mismo Cesar antes de haber cruzado el río que después, cruzar
el río no es una hazaña, no es el cruce en si lo que le da valor de acto, lo que le da valor de acto
es que desobedece la orden del senado, realiza un acto que lo ubica de una manera distinta,
pasa de ser un general triunfante a un general subversivo, cambia su posición subjetiva.

LACAN. SEMINARIO 15. EL ACTO PSICOANALÍTICO. CLASE 10-01-68


En este seminario Lacan trabaja el concepto de alienación ligado ahora a la clínica, ya no tanto
ligado a la constitución del sujeto. Lacan se basa en el cuadrángulo de Klein y hablar ahora de
dos operaciones: la alienación y la verdad. Ahora la elección está entre el pensar y el ser, ya no
va a pensar la alienación como una elección forzada sino como una elección preferencial.
Lacan habla de la lógica del acto, este cuadrángulo lo va pensar en relación a la transferencia y al
acto analítico. Entonces, desde un lugar lógico de inicio, llega el sujeto con la disyunción “o no
pienso o no soy”. El sujeto siempre se va posicionar en uno u otro lado, desde el “no soy”, o el “no
pienso”. Los sujetos vienen posicionados desde: el no pienso, o sea, soy, o desde el pienso, o
sea, no soy.
¿De qué pensar y de qué ser está hablando? del pensar icc, que es el verdadero pensar.
Mientras que el ser es aquello en lo cual el sujeto busca su certeza, yo soy. Esa certeza del ser,
del yo soy, es la que buscamos conmover en un tratamiento.
Entonces, el sujeto llega con esa disyunción. Hay un primer movimiento del sujeto que él llama
alienación, pero ya no es la alienación constitutiva, sino cómo la vamos a ver aparecer en la
clínica.
Del lado del “no pienso, soy”: Lacan ubica todo lo que tiene consistencia yoica.
 Ello: es lo pulsional, es lo que le da al sujeto la certeza de su ser. La pulsión ligada a la
satisfacción pulsional. Cuando dice “yo soy”, habla de su modalidad de goce, lo más difícil de
interrogar y conmover en un sujeto.
 Obsesión: el pensar obsesivo lo afirma en el yo soy.
 Objeto a: como plus de goce.
 Ciencia: porque la ciencia no piensa, calcula. Llega a análisis diciendo que no se separa
porque va a perder dinero no está hablando del lado del deseo sino del cálculo, y se
encuentra del lado del no pienso.
 Goce: la certeza del sujeto en relación a su goce. En la actualidad podemos pensar que hay
una promoción del no pensar, cuanto menos se piensa y más se goza mejor. Se supone que
la felicidad es el goce. Hay un empuje al goce. Hay que ser feliz, hay que pasarla bien, y
cómo hacemos, consumiendo objetos.
 Pasaje al acto: porque es donde el sujeto adquiere una certeza, la certeza de su ser, “soy
una mierda y por eso me suicido”. Hay una certeza que no permite interrogación. Ahí donde el
sujeto no se pudo separar de la acción del gran Otro.
Del lado del “pienso, no soy”: Lacan ubica a:
 Inconsciente: se opone al ello.
 Pensar: es el pensar icc, ahí donde el sujeto se dejó atravesar por formaciones del icc.
 Histeria: está más cerca de la verdad que el obsesivo porque se pregunta, tiene percepción
de su división subjetiva. La histérica es la que no sabe, no tiene problemas de hablar de su no
saber.
 Deseo: tiene que ver con la falta en ser. Junto al pensar icc se oponen al goce.
 Psicoanálisis: teoría de la falta que incluye la falta en su teoría, no hay respuesta para todo.
Lo ubicamos en el punto opuesto la universalidad de la ciencia.
 Acting out: es siempre una demanda al otro. Si lo leemos como demanda en el análisis lo
hacemos entrar en transferencia y al entrar en transferencia es analizable. Se opone al pasaje
al acto.
Hay una alienación y una acción que es la operación verdad, que es a lo que apunta de alguna
forma el análisis. Es el lugar de una elección preferencial, se tiende a ir hacia ahí. Para llegar al
lugar de la verdad, transferencia mediante, tenemos que lograr interrogar a ese sujeto. Cuando lo
interrogamos, se pierde la certeza del ser, ya no sé quién soy, eso que tenía como certeza ya no
la tengo, entonces en este lugar aparece lo icc, tomándolo como formación de lo icc, aquello que
irrumpe en el sujeto mostrando su división subjetiva.
La transferencia es el movimiento que nos permite ir del “no pienso, soy” al “no soy, pienso”.
mediante deseo del analista, el ser empieza a perder consistencia, se empieza a reconocer en
ese lapsus, y tenemos que llegar a la verdad: ahí donde el sujeto ya no sabe quién es. Vía
transferencia lo que se busca, es esa operación verdad, que termina con la castración, la
separación del goce, del deseo, del objeto a, del menos fi, diferenciando al objeto a del menos fi.
De lo que se trata, vía transferencia, en el caso del obsesivo es histerizar el discurso; porque la
histérica se presenta como dividida, habla de su síntoma, entonces sabe algo de su verdad.
Hay que pasar de la alienación a instaurar la operación verdad y culminar en el acto, el final sería
el acto: cae el objeto a como resto y surge este deseo nuevo. Este es recorrido mínimo para un
tratamiento, lo menos que se puede esperar. Es un pasaje necesario para todo tratamiento, pero
se necesita de algo más.
Conjunción del goce y la castración: La conjunción del objeto a con menos fi, nos da el
–a, produce que el objeto caiga. La caída del objeto, la pérdida del objeto, es
perdida de goce. El goce perdido es la castración. Entonces el final del tratamiento
apunta a la perdida de goce, que es lo contrario a lo que el sujeto nos viene a pedir. En general
nos pide que le devolvamos el goce que perdió y nosotros vamos en el sentido contrario, en el
sentido de la perdida de goce, porque eso es lo que alivia. Apuntamos a la vacilación del yo,
porque eso significa que vacila el objeto del yo, que son especulares, del espejo, de la
grandiosidad del yo. La pérdida de objeto es en transferencia. Si no hay transferencia no hay
tratamiento posible. En la conjunción del objeto a con menos fi, algo del fantasma vacila, porque
el objeto a esta en el fantasma. No es lo mismo la vacilación del fantasma que puede traer el
sujeto al comienzo tratamiento, que produce inhibición, síntoma o angustia, que la vacilación del
fantasma de final de tratamiento, donde el sujeto sabe, se dió cuenta de que la cuestión no es ir
por la ganancia sino por la pérdida del objeto a, la perdida de completud narcisista, perdida de
creencia que el yo es todo.
La castración implica estar advertido, en un fin de análisis el sujeto esta advertido de su goce,
esto quiere decir que sabe algo respecto a aquello con lo que goza. Entonces en ese saber elige,
pero en realidad lo que tiene que saber es que hay una perdida, la castración siempre remite a la
perdida, entonces ahí se enlaza goce y castración. O sea, no se puede gozar todo. La castración
implica aceptar, saber que la falta en el Otro me determina y que lo que le falta al Otro no lo tengo
yo como sujeto: eso es no hay relación sexual. Es decir, Dios no existe, es fácil decir que el Otro
está barrado, el tema es soportarlo y eso no es sin angustia. Entonces el final de análisis lleva un
duelo por elaborar esa falta. Por otro lado, el analista también realiza un duelo por el lugar que
ocupo en el deseo de ese paciente. Ese duelo remite también a su propia castración.
El analista llega al termino del análisis al soportar no ser nada más que ese resto de cosas
sabidas que se llama objeto a. Entonces, cuando finaliza el análisis el objeto a queda como resto
de cosas sabidas. Hay un saber sobre eso, sobre ese atravesamiento que fue el análisis, ese es
el resto de cosas sabidas. Acá podemos ubicar al sujeto supuesto al saber. Entonces, ese lugar
de sujeto supuesto al saber cae.
El acto analítico en el punto de partida funciona como sujeto supuesto a saber falseado. Ese
sujeto supuesto saber queda reducido al final en el descubrimiento de la misma manera de la
operación verdad, a través de la operación verdad queda al descubierto que el sujeto supuesto a
saber era un lugar falseado, falseado en el sentido que falso, porque es un lugar supuesto, el
analizante le supone un saber a un analista que está vaciado de saber, Lacan dice que es docta
ignorancia.

LACAN. SEMINARIO 10. LA ANGUSTIA. CAP 9. PASAJE AL ACTO Y


ACTING OUT
Acting out: concepto que aparece tempranamente en la obra de Freud, usa el término en alemán
agieren, lo usa cuando habla del caso Dora y dice que Dora lo abandona a él de la misma manera
que ella se sintió abandonada por el Sr. K y a este actuar de Dora Freud le da esta denominación
de agieren que se tradujo al inglés por acting aut y Lacan acuerda con esta traducción. Una
traducción al inglés que en el concepto psicoanalítico ha quedado así, porque el acting en el
diccionario dice representar, jugar una escena una historia, una acción, como opuesto a la
lectura. O sea que podríamos decir que es una acción como opuesto a la palabra.
Los posfreudianos hicieron uso y abuso de este concepto. Lo usaban un poco peyorativamente
porque toda conducta que pareciera impulsiva antisocial, rara, inadecuada a los ideales del
analista era acting out. Con lo cual este concepto fue perdiendo cierta especificidad.
Freud decía que la transferencia era una neurosis artificial producto del dispositivo analítico.
Entonces a medida que la transferencia empezaba tener más importancia dentro de la dirección
de la cura en Freud, más importante se vuelve el concepto de acting, porque inicialmente en
Freud es un obstáculo para el recuerdo.
Dice Freud en “Recordar, repetir, reelaborar”, que en muchos momentos del análisis el sujeto no
recuerda nada de lo olvidado, sino que lo actúa, no lo reproduce como recuerdo sino como
acción. Lo repite dice Freud sin saber que lo hace. Ejemplo, no recuerda haber sido desafiante e
incrédulo frente a la autoridad de sus padres, en cambio se comporta de esta manera frente al
analista, entonces el recuerdo aparece como actuado. No recuerda, pero repite. O sea, se repite
en acto en lugar de donde uno esperaría el recuerdo.
El acting, suele ser egosintónico, y muchas veces se usa a la realidad como coartada. Por
ejemplo, “no puede venir a sesión porque me quede charlando con un amigo y se me paso la
hora”.
Lacan en primer lugar lo pone en relación a la angustia, no es casual que el lugar donde más
habla de acting y de pasaje al acto sea en el seminario de la angustia. Y dice que son
expresiones de la acción por cuyo intermedio se le puede arrebatar a la angustia su certeza. La
certeza de la angustia es que falta la falta, lo amenazante ahí es el goce de lo real. Es una
certeza porque cuando alguien esta angustiado tiene la certeza de estarlo. Lacan dice que a
través del acting se le quita la certeza de la angustia. O sea, Lacan piensa al acting como una
defensa frente a la angustia. En la certeza de la acción la duda desaparece y la certeza de la
angustia va a ser la certeza de la acción. El sujeto actúa con cierta convicción.
El acting out es esencialmente algo en la conducta del sujeto que se muestra. Lacan nos dice dos
cosas, primero que se muestra algo, es una mostración, siempre está en relación a lo real. En
segundo lugar, se le muestra a otro. O sea que el acting está direccionado o está en relación a
otro. Es algo que se muestra y se le muestra al otro.
Lacan pone el ejemplo de la joven homosexual. Antes de que la joven intente suicidarse, ella se
pasea con la cocot por las calles de Viena, para escándalo de ese momento, buscando
escandalizar en última instancia a su padre. Entonces, hay algo que se muestra. En una conducta
dirigida al padre, quiere que el padre la vea. Recordemos que la mirada es una de las formas del
objeto a. Entonces, al actuar de este modo dice Lacan, la joven homosexual está poniendo en
acción o poniendo en escena su objeto a. ¿Qué le quiere mostrar al padre? La joven homosexual
era histérica. Si es una histeria entonces lo que está en juego ahí es la pregunta por el ser mujer.
Lacan dice que lo que la joven homosexual le quiere mostrar a su padre es como se debe amar a
una mujer. La pregunta por el ser mujer está puesta en acción en esa escena.

El hombre de los sesos frescos, también esa acción de ir a comer sesos frescos es un acting.
O sea, en lugar de decirle a su analista, a Kris, lo que vos me contás a mí no me produce ningún
efecto, lo actúa, va a comer sesos frescos, expresión que en francés sería como “lo que me decís
me entra por un oído y me sale por el otro”.
El hombre de los sesos frescos, cuando él era niño hacia pequeños robos familiares, robar alguna
moneda a la madre para comprar alguna golosina. Esa conducta que muchas veces tienen los
chicos es un acting. Si el acting va dirigido a otro, entonces es una demanda. Y esto es
fundamental para la clínica, pensar que los acting que hace un sujeto son una demanda. Es una
cuestión central, si interpretamos esa conducta del sujeto como una demanda, tenemos que
pensar de qué demanda se trata, que está demandando el sujeto.
En este sujeto había una historia de acting, no es la primera vezcuando fue a comer sesos
frescos. Cuando dice creo haber plagiado, lo está poniendo en relación a su historia, porque él
había producido efectivamente robos. Lacan dice del hombre de los sesos frescos, el analizante,
coloca e l objeto en el plato y con ello su pequeño trozo original. O sea, está colocando en el plato
su objeto a.
El acting out es mostrativo, convoca a la mirada o a la escucha del Otro, llama la atención,
provoca, porque muestra por un lado que ese objeto a no tenía alojamiento en el campo del
Otro, y lo que se intenta entonces es el alojamiento. Claramente lo que hace la joven homosexual
con el padre. Entonces, en el acting hay que encontrar siempre cual es el mensaje para el Otro, y
si va dirigido al analista, tenemos que pensar qué es lo que no estamos alojando del paciente.
Hay algo que no estamos escuchando, hay algo que no estamos entendiendo, que no
interpretamos correctamente. Y entonces ¿qué hacemos? No hay tratamiento sin acting, todo
tratamiento va a tener alguna forma de acting, porque si el acting es una mostración de lo real y si
nosotros decimos que lo real es lo que queda por fuera de lo simbólico imaginario y que es
imposible que los simbólico conquiste todo de lo real, entonces algo de los acting va a hacer su
aparición siempre. No siempre dirigido al analista, pero en análisis algún acting va a haber
siempre.
El acting intenta siempre buscar un alojamiento en el Otro. El acting pensando en la clínica
es la transferencia sin análisis. Él lo llama transferencia salvaje. Dice Lacan ¿cómo hacemos
entrar al caballo en el picadero? El picadero es la pista del circo en donde muchas veces hay
caballos como parte del espectáculo. Entonces Lacan dice ¿cómo logramos montar esa escena?
La escena de la transferencia. Lacan piensa al mundo como un montaje de la escena sobre la
escena, entonces, el acting es como si el sujeto no pudiera montar esa escena sobre la escena.
Lo que hay que hacer es que entre en análisis, que deje de ser salvaje, que eso se dirija al
analista. Hay algo del saber que está en juego, pero hay que domesticarlo.
El acting siempre está dirigido a Otro, a diferencia del pasaje al acto y del síntoma. El síntoma no
está dirigido al Otro, se basta sí mismo, porque el síntoma tiene algo de goce autoerótico,
entonces no necesita del Otro. El síntoma llama a la interpretación y el acting out, si bien es
llamado a la interpretación, no se interpreta. El acting se aloja, se escucha, pero no se interpreta,
porque interpretarlo llama a que el sujeto lo siga actuando, se va a interpretar pero a posteriori. El
acting lo podemos pensar como una manera de recordar actuada, en el momento que el sujeto
advierte algo de esa repetición generalmente deja de actuar.
¿Qué podemos hacer con el acting? A veces sucede que vemos que el paciente se dirige a un
acting, no lo podemos prohibir. Podemos interpretarlo anticipadamente si vemos que va derechito
a un acting, pero es posible que nuestra interpretación no produzca efecto. Entonces, ¿qué
hacemos?, nada, esperamos que suceda e intentamos trabajarlo después. El acting
generalmente se trabaja después de que sucedió.
Toda demanda es demanda de amor, de alojamiento, que se lo aloje en el deseo del Otro.
Cuando un chico roba es porque está demandando algo. El deseo es una mostración de que se lo
necesita al Otro, de que se lo quiere al Otro. Si se ama, quiere o necesita a Otro es porque estoy
en falta. El no alojamiento es la exclusión.
En tanto neurótico algo me falta, el objeto a, porque lo perdí por efecto de la castración simbólica.
Y este objeto ¿dónde cae? al campo del Otro. Lo voy a ir a buscar al campo del Otro. El deseo
está siempre alimentado de la falta. El deseo es lo que me produce el deseo de ir al campo del
Otro a buscar eso que me falta. El acting out es la respuesta a la falta del deseo del Otro. Cuando
uno interroga el sujeto no puede asociar. Y el acting aparece como una respuesta a ese no
alojamiento del Otro, responde con lo real de cuerpo, intentando responder algo, porque para que
el desprendimiento suceda se necesita el alojamiento del Otro.
El pasaje al acto: Si el acting es una mostración del sujeto sobre la escena, el pasaje al acto es
una caída del sujeto de la escena identificado al objeto a, identificación absoluta al objeto. Es más
grave que el acting. En general está siempre precedido del acting. La joven homosexual va de
acting en acting, no encuentra alojamiento y termina en un pasaje al acto, ese arrojarse. A
diferencia del acting que es un llamado al otro, el pasaje al acto no es llamado al otro, cuando el
sujeto se arroja de la escena es porque el Otro desapareció. Lacan dice que el suicidio es un
pasaje al acto, es un llamado al Otro postmortem. Porque siempre se deja una pregunta para el
Otro.
El sujeto se identifica al objeto caído del Otro. El objeto a puede ser objeto de deseo u objeto de
deyecto (objeto despreciado). Si se siente una mierda es porque otro lo trató como una mierda.
Siempre se trata de la separación del Otro. Separación del Otro quiere decir poder interrogar al
Otro. Porque si me siento una mierda porque así me trataron le estoy dando la razón al Otro y no
puedo interrogarlo. Esta es la castración del Otro, que es la interrogación al Otro. Porque sino el
Otro le cae al sujeto con todo su peso, le cae superyoicamente.
El Otro está fallando en su función. Entonces en la clínica apuntamos a la separación con este
Otro, a que el sujeto no se haga cargo de eso que tuvo que ver con el Otro.

DOMENICO COZENZA. CAPÍTULO 3. LA ENSEÑANZA DE LACAN


SOBRE LA TRANSFERENCIA Y LA CRÍTICA DE LA NOCIÓN DE
CONTRATRANSFERENCIA
Trabaja la posición de la intervención de la tarea del analista en la teoría de Lacan. Habla de las
acciones del analista, lo que puede hacer el analista. Se pregunta por la función, que remite a la
pregunta por el deseo del analista y la lógica que tiene esta posición, que esto implica la ética que
sostiene su acto y su intervención en la cura. Explica en los distintos momentos en la obra de
Lacan la cuestión de la interpretación.
La interpretación
La interpretación en psicoanálisis y su descentramiento progresivo en la enseñanza de
Lacan. ¿Qué se interpreta? Lo que se interpreta son las manifestaciones del icc (sueños, lapsus,
síntomas), esto nace de Freud. Lo que Miller trabaja de Lacan es que es el icc el que interpreta.
Porque si el icc está estructurado como un lenguaje se puede tomar que el icc interpreta, ¿qué
cosa interpreta? El lenguaje. Entonces, la interpretación analítica interviene en un segundo
momento a la interpretación del icc, o sea, el icc interpreta y el analista interpreta sobre esa
interpretación. El icc interpreta a través de los sueños, lapsus, etc. hay que dejarle a él la palabra
escuchándola en silencio, por eso también la actitud silenciosa del analista, porque está
escuchando lo que dice el paciente y en eso que dice el paciente, si el paciente habla de su
sueño, de su lapsus o de lo que fuere, en ese silencio hay una sanción del analista. La dimensión
simbólica del icc da cuenta de lo constitutivo del significante. Para Lacan el icc funciona como una
máquina significante que ha tejido la historia del sujeto desde el origen. Es una máquina que
marca también el goce de cada sujeto.
El fantasma sostiene al síntoma. Freud decía que lo que sostiene al síntoma es una fantasía, a
partir de aquí Lacan constituye el concepto de Fantasma. Este fantasma es una construcción en
el sentido de que tiene la estructura de una frase, que se podría reducir a por ejemplo “pegan a
un niño”. La posición de objeto que el sujeto tiene en su fantasma, da cuenta que eso, por un
lado, tiene una estructura significante y, por otro lado, da cuenta de la posición de goce de ese
sujeto. El fantasma no se interpreta, se construye; pero a su vez, esta construcción es producto
de las diversas interpretaciones que van apareciendo a lo largo del análisis.
El lugar de la interpretación en la enseñanza de Lacan. Tres premisas sobre la
interpretación en Lacan
1. No existe una Teoría unitaria de la Interpretación en Lacan.
2. La interpretación analítica va en el registro de la estructura significante, no en la cuestión de
sentido. En la medida que la obra lacaniana avanza, Propone que la interpretación analítica va
a la dirección de Goce.
3. No hay un estándar, pero hay 2 tipos de interpretación a los que el analista lacaniano no
recurre.
- La interpretación en la trasferencia: el analista no interpreta el “aquí y el ahora”, porque
decae su lugar simbólico.
- La interpretación semántica. El analista no expone al paciente “contenido” de los
enunciados.
El analista lo que busca con la interpretación es la asociación libre del paciente. No se trata de
saturar el significado icc, sino que la interpretación sea insaturada, es decir que no se cierre el
trabajo de reelaboración. La comprensión sería una forma cerrar esa reelaboración, porque le
confiere un sentido aquello que estas interpretando. Por este motivo, a medida que avanza su
teoría, Lacan apunta al sin-sentido, la interpretación apunta al sin sentido, a lo real en el
análisis, y lo real es lo que angustia, justamente la angustia como tal no tiene sentido, es sin
sentido.
La interpretación lacaniana lo que hace es que el analista sostenga al analizante en su trabajo,
pero no añade sentido al discurso, el analista es llamado a quitar el demasiado sentido.
En algún momento de la obra de Lacan hay un pasaje de la dimensión simbólica del Otro a la
dimensión del goce. Aquí el autor, comienza a periodizar la noción de interpretación en la obra de
Lacan.
 La interpretación entre reconocimiento y puntuación: remite al escrito “Función y Campo”
de 1953. Durante toda esta década nos encontramos frente a una semántica que parte del Otro y
en ausencia de la noción de goce: una semántica del Otro sin goce. En estos primeros escritos, la
interpretación se refiere al reconocimiento y a la puntuación, es una interpretación que
simbolizaría a lo imaginario. En relación a la cuestión al reconocimiento, la interpretación apunta a
que el sujeto encuentre su verdad. Cuando habla de la cuestión de la dimensión simbólica, va
hablar del efecto evocador de la palabra, en “Función y Campo” habla de la palabra plena y la
palabra vacía. La Interpretación apunta a la palabra plena. De manera, el analista cuando calla
deja sitio a la aparición de las palabras verdaderas. La interpretación aparece en este punto como
puntuación. En la puntuación interviene para sancionar la verdad de la palabra del sujeto. La
interpretación de la palabra verdadera funciona como relevación del icc.
 Interpretación metonímico-alusiva: Lacan en el texto “La dirección a la cura” toma la
cuestión de la dialéctica del lenguaje, de la metáfora y la metonimia. Retoma a Freud en la
interpretación de los sueños, la condensación y el desplazamiento, y postula que el síntoma es
metafórico y el deseo metonímico; el deseo es metonimia de la carencia de ser. Y la frase el
deseo es su interpretación, o sea si el análisis apunta al deseo, lo que interpreta el analista es el
deseo, por eso dice metonímico alusivo.
Entonces esta cuestión de interpretación introduce la sincronía del significante. Pero por otro lado
lo que hace efectiva una interpretación es el aprés coup, o sea, el a posteriori. Y por otro lado la
interpretación es mutativa, o sea busca un cambio, busca un efecto de rectificación a posteriori.
Hace una crítica a la interpretación flogisto que tiene que ver con el proceso de comprensión, en
otros términos, una interpretación hermenéutica focalizada en la centralidad del sentido. Hay dos
críticas a cierto formalismo técnico clasificatorio y la tendencia a identificarse en el seno de una
disciplina hermenéutica basada en la comprensión del sentido. Estas dos maneras de interpretar
prescinden de la lógica del significante. Entonces la interpretación metonímica es alusiva en el
sentido que remite al sujeto a la significación que produce sentido por la cadena significante.
Entonces la interpretación alusiva no produce el efecto de fijar sentido si no de reabrirlo.
 De la semántica del fantasma a la semántica mixta; la interpretación como medio decir:
en “Subversión del sujeto”, Lacan trabaja que siempre hay algo que no se reabsorbe en la lógica
simbólico-imaginaria, eso es lo real. En la enseñanza de Lacan podemos periodizar el Otro: El
Otro de la palabra de “Función y campo”, el Otro del lenguaje de “Dirección de la cura”, y ahora
tenemos el Otro del deseo y del fantasma de “Subversión del sujeto”. Después va a pasar al Otro
no existe. Tenemos todas esas teorizaciones del Otro, el Otro no es el mismo.
En esta época Lacan recoloca en el centro de su elaboración el registro de lo real. Se esfuerza
por integrar lo real de goce y del objeto a en el marco de la estructura significante en la que se
constituye el sujeto. Este esfuerzo de integración se caracteriza por dos contradicciones: la
ausencia del significante propio para el deseo, y el estatuto excéntrico e irreductible a los registros
del significante y del significado, del objeto a. O sea, el objeto a no se puede reducir a lo
simbólico-imaginario, tiene su cara real, que es lo que trabaja con el plus del goce.
A partir de este momento la significación icc gira en torno al no-sentido causativo, el objeto del
fantasma, entonces la interpretación en análisis deberá apuntar a la simbolización significante de
lo imaginario, poniendo sin embargo su mira, sobre todo, en lo real no simbolizable, asemántico,
constituido por el objeto causa de deseo.
A partir del seminario 11 Lacan empieza a decir que la interpretación no está abierta a todos los
sentidos. El efecto de la interpretación es el surgimiento del significante irreductible. Que surja el
significante irreductible nos indica hechos de sin sentido, llega un momento que no se puede
reducir más. Es esencial que el sujeto vea, más allá de esta significación, a qué significante -sin
sentido, irreductible, traumático- está sujeto como sujeto.
Lacan va a explicar la interpretación como localización en la cadena significante del sujeto de
aquel significante primordial sin sentido y condición de la significación que se le segunda, ahí va
apuntar la interpretación, que se escribe S1, significante de la represión primaria. A partir de este
momento la interpretación intenta circunscribir el objeto a causa del deseo y el efecto plus de
goce. Lacan o acentúa en la interpretación su vertiente metafórica, oracular, que tiene en su mira
al significante último, o acentúa la vertiente metonímica, el carácter alusivo y metonímico de la
interpretación. Sobre esta vertiente Lacan habla del medio decir.
En el seminario 17, Lacan dice que la interpretación es una verdad, pero dicha a medias.
Entonces la manera de interpretar como medio-decir tiene una doble forma el enigma y la cita. El
enigma es una enunciación. La cita es: yo planteo el enunciado y el resto es sólido apoyo que
ustedes encuentran en el nombre del autor. Lacan dice “Lacan dice”, citándose así mismo, y dice
que no es lo mismo que lo diga Marx, Lacan y Freud. La cita también hace referencia a un modo
de interpretar, porque ¿quién dice?, no es lo mismo que lo diga Lacan, que lo diga Freud, pero
queda el dicho. Entonces, ¿a quién le atribuimos eso dicho? A eso apunta la interpretación.
 Interpretación versus acto. La semántica a partir del goce y la interpretación-corte:
empieza a hacer el uso de la interpretación como un corte. Con el seminario “El reverso del
psicoanálisis”, concluye en la enseñanza de Lacan el periodo de fórmulas mixtas, encaminadas a
conectar el orden de lo simbólico y lo real del goce en el marco de una estructura lógica unitaria.
A partir aquí, la enseñanza más avanzada de Lacan, que cubre todo el periodo de los 70 hasta su
muerte, se va a estructurar en torno a las nociones de inexistencia del Otro y de real del goce.
Hay muchas maneras de nombrar la existencia del Otro, que aparece ya en el seminario 17 no
hay meta lenguaje, no hay relación sexual, el padre está castrado. Desde el origen esas son las
formas de decir que el Otro no existe. En el seminario 20 del año 1972-1973, representa de
manera central el goce en del hablanteser (parletre, modo en que Lacan define ahora al sujeto)
en relación en la experiencia de goce de lalengua. Esto se refiere a la lalación del niño como
empieza a hablar, por medio de monosílabos, el uso del lenguaje sin-sentido y al servicio del
goce. En esta época la atención de Lacan se desplaza a la escritura de Joyce, una escritura que
no parte de una semántica del Otro, sino de una semántica del goce y del sentido gozado.
La obra de Joyce es para Lacan el ejemplo más radical de una escritura más orientada a mostrar
el funcionamiento libidinal de la lengua como vehículo de goce que su función semántica de
expresión de un significado. Entonces, el hablar funciona como algo libidinal, como vehículo de
goce, más allá de la interpretación.
Se pasa de la interpretación de puntuación a la interpretación como corte, como intervención que
apunta a separar al objeto goce de la red de significaciones en la que está preso. Hay una
rectificación del nivel del goce, y se define como práctica pos interpretativa, puesto que dice Miller
que la edad de la interpretación ha quedado atrás nuestro, son pos interpretativos algunos
lacanianos, pero esto también apunta a lo real de lo icc.
La intervención interpretativa tiene que ver con un decir privilegiado, un corte que va contra la
significación, apuntando a lo real de la estructura, a la división entre el enunciado y la
enunciación, entre lo dicho y el decir.
Miller sostiene que la vía de interpretación en análisis no es la de seguir al icc en la producción de
sus significaciones, ni mucho menos alimentarla, sino más bien la de dejar hambriento al icc
apuntando al sin-sentido. Este estatuto de corte de la sesión, que apunta a que se quede
hambriento de sentido, no permite el despliegue simbólico.
El acto analítico
El acto Lacan explica que el acto del analista instaura un sujeto, es un acto que hace el analista
en pos del analizante. No es cualquier acto, esto se remite a la ética y no existe analista sin acto
analítico. En el seminario “El acto analítico”, que dicta entre 1967-1968, Lacan puntúa lo que él
considera “acto analítico”.
Teoría del acto analítico (1967-1968). La naturaleza inaugural del acto. No hay análisis sin un
acto inaugural. El acto analítico tiene que ver con un instante, y supone una transformación, un
cambio de posición subjetiva, se es algo antes y algo después del acto. La función del acto
implica siempre al sujeto. Lacan explica la diferencia entre acción y acto, dice que no sólo son lo
mismo, sino que la acción presupone un acto, antes de una acción hubo un acto. El acto
constituye el núcleo de la acción, el móvil a partir del cual la acción puede desplegarse.
Una de las cuestiones que toma en relación al acto es el acta de nacimiento, cómo a través de un
acto te inscriben, y eso es el acto de nacimiento, por eso es tan importante que un sujeto tenga
un nombre.
Una cuádruple definición de acto (transformador, instantáneo, discursivo, transgresivo,
no-garantizado)
 Transformador: funda algo nuevo. Una vez que se realiza el acto el sujeto no es el de antes.
Da el ejemplo del acto de Julio Cesar cuando cruza el río de Rubicón, que no es el mismo de
antes de haberlo cruzado que después, implica todas las conquistas.
 Instantáneo-discursivo: tiene que ver con un instante, no se puede calcular, hay un corte en
la temporalidad.
 Transgresivo: ya no se es lo que se era y eso da lugar a la cuestión transgresora. Miller dice
todo acto verdadero que cuente es una transgresión, todo acto verdadero es delincuente, lo
cual se observa en la historia; que no hay un acto verdadero que no implique una violación.
 No-garantizado: el acto no está garantizado porque no está autorizado por el Otro. El
neurótico siempre busca la autorización del Otro. El acto analítico no está garantizado, la
única instancia que garantiza es uno mismo, no hay ninguna garantía externa.
Acto analítico, acto del analista y trabajo del analizante: el inicio del análisis. Es importante
enmarcar el acto analítico en relación con la función del analista. En relación al acto, Lacan
retoma a Freud y habla de un no-actuar, que está en relación a la neutralidad del analista o la
abstinencia. La posición de escucha silenciosa tiene que ver con la posición de acto, de no
responder a la demanda. Siempre el acto analítico está del lado del analista, al comienzo el acto
del analista es sostener que ese paciente sea un analizante. El acto siempre está del lado del
analista no del analizante porque es el analista que se instaura como tal que permite el análisis,
toma la demanda del paciente instaurando la transferencia. Una cuestión importante es que el
acto o la lectura del acto es con posterioridad. El acto no se puede calcular, por eso es
instantáneo, en un momento el sujeto decide tal cosa y no tiene garantía, el acto se sustrae del
apresamiento del ideal.
El acto analítico entre significante y goce. El acto analítico tiene una función transformadora,
que entrelaza el significante y la economía de goce del sujeto. Se interviene en el significante,
pero apunta a la economía de goce y por eso la lectura del acto es a posteriori. Miller dice que
hay acto sólo cuando hay superación de un umbral significante. El acto está dentro del universo
del lenguaje. El acto acontece siempre de un decir: no basta un hacer para que haya acto, no
basta que haya movimiento, acción, es necesario que haya también un decir, que enmarque y fije
el acto. El acto puede ser como una epopeya, algo que se cuenta. Este acto apunta al goce, pero
tocando el objeto causa de deseo, porque al final de un análisis ese objeto causa que lo
encarnaba el analista cae.
El acto analítico tiene una estructura tal por la cual el objeto es activo y el sujeto subvertido. Lo
que se busca es que cambie la posición subjetiva. Si en un análisis no se toca el goce y el sujeto
no cambia algo de su posición, no funcionó. Entonces la idea también del acto apunta a separar
el ideal del objeto a, del objeto de goce pulsional.
Acto analítico, transferencia, final de análisis. Así como la interpretación es bajo transferencia
no hay acto si no hay transferencia, no puede existir acto analítico sino bajo transferencia. El acto
del analista instaura la demanda del paciente, es el soporte de esa transferencia. Entonces, está
al inicio, el analista en este lugar de sujeto supuesto saber es soporte de la transferencia, o sea
que a través de la transferencia soporta ese lugar. Este lugar tiene que ser reducido. El acto
analítico está animado por el deseo del analista y apunta a este deseo del analista.

El deseo del analista


Cuando Lacan introduce la noción de deseo del analista, se aparta de las reflexiones
posfreudianas en relación a la contratransferencia.
El deseo del analista, eje de la cura analítica. El trabajo del análisis empuja al sujeto a
reconocer a través de la palabra el propio deseo icc al que está sujeto, y a asumirlo. Es el deseo
del analista el que encarna en la cura, para el sujeto, ese empuje al deseo que lo mueve. El
analista encarna para el sujeto aquello que lo empuja a decir lo que quiere, o sea, el propio
deseo. Lacan piensa el deseo como objeto, el deseo es causa. ¿Cuál es la relación del analista
con su propio deseo?, ¿cuál es su formación?, ¿cuál es la relación con el propio análisis? En el
seminario de la Transferencia Lacan dice que el deseo analista es el que en último término opera
en el análisis, lo que mueve el análisis es el deseo del analista. Cuando el analista ocupa ese
lugar de deseo el análisis marcha, si se corre, se cae en lo imaginario, en las interpretaciones
imaginarias, en el lugar de la contratransferencia, aparecen las resistencias, el rechazo del lado
del paciente, cortes en la cura, por ejemplo, es cuando no viene más.
Más allá del deseo de curar. En el psicoanálisis, ya Freud lo decía, la cura se da por añadidura,
no se busca la cura en sí, porque si desde Freud decimos que el síntoma es una satisfacción
sustitutiva, una formación de compromiso, lo que hay que trabajar es eso, qué se estaría
satisfaciendo. Posiblemente se cure de algo, pero no de todo, porque no van a dejar de haber
formaciones en el icc, pero apunta a que la vida sea menos insoportable, eso seria algo de la
cura, a soportar lo imposible de soportar, poder hacer algo con eso. Aparece esta idea del corte
entre el deseo del analista y el deseo de curar, no hay continuidad entre esto.
Más allá de la persona psicológica del analista. Hay que diferenciar el deseo del analista de un
deseo psicológico, ahí no hay un deseo, esta vaciada de deseo la función del analista, es una
función, no es que tenga un contenido. El deseo del analista es una función y no tiene que ver
con el afecto que el analista sienta por la persona del analizante. Es una función que pertenece al
ser del analista cuando se instala en la posición simbólica dentro de la relación analítica. O sea,
se sostiene desde lo simbólico, pero también apunta a lo real, desde el lugar del sujeto supuesto
saber. Cottet hace una diferenciación, del lado del analizante estaría el sujeto supuesto saber, y
del lado del analista el sujeto supuesto deseo, que empuja al analizante a poner en palabras su
saber icc. El analista apunta al deseo y lo que lo mueve es el deseo de saber del paciente.
Entonces, este sujeto supuesto deseo es del lado del analista lo que hace es que el analizante
ponga sus propias palabras al saber icc. Entonces, cada análisis tiene la configuración de cada
analizante, por eso el deseo está vacío, es un lugar vacante.
El deseo del analista como producto del análisis. El deseo del analista es operativo, pero a la
vez es el factor determinante en la formación del analista, es un estatuto del producto del trabajo
del análisis, y produce este pasaje de la posición de analizante a analista. En el analista se
produce una mutación en la economía de su deseo, en el sentido que se pierda goce y se gane al
deseo. Esta producción en análisis de la mutación del deseo, produce cierta cicatriz, la castración.
El análisis lo que busca es el distanciamiento del automatismo a la repetición, si bien la repetición
es una función, no deja de inscribirse. Pero por otro lado apunta que cese algo de la compulsión a
la repetición, de que el sujeto se repita todo el tiempo. Hay un duelo que se produce al final del
análisis que se centra en el deseo del analista. En el curso del análisis el objeto de la repetición
se vacía de su consistencia libidinal y puede hacer el duelo. El analista puede ocupar para el
analizante el lugar de objeto de deseo. El deseo del analista no es del analista, no es lo que el
analista desea, sino que su función es mover el deseo del analizante.

En la transferencia el analista va a apuntar a separar el ideal del objeto a. Para los posfreudianos
el modelo era la figura del analista. Lacan dice que el analista debe ausentarse en todo ideal
analítico, nunca debe alimentar la idealización de sí, debe actuar en el sentido opuesto que la
identificación. Ahí utiliza esto de la contra transferencia, lo pone separado en el sentido que opera
en dirección opuesta a la transferencia, que desemboca en la identificación. El deseo del analista
no permite a la transferencia cerrarse de manera estable sobre la identificación.
La transferencia, en tanto transferencia analítica, es el deseo del analista. Termina hablando de la
función operativa de la conjunción entre lo simbólico y lo real. El análisis intenta conjugar lo
simbólico y lo real, lo simbólico como la palabra del analizante, y lo real del objeto de su goce
pulsional. Entonces, el deseo del analista es el punto eje del trabajo analítico en tanto tentativa
extrema de llevar a lo simbólico, a la palabra del analizante, las huellas libidinales radicales con
las que se ha escrito su modo de gozar. Esto permite al analizante, en un trabajo analítico
avanzado, tocar la dimensión real que está implicada en la transferencia.

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