Variaciones Musicales en el Barroco
Variaciones Musicales en el Barroco
CAPÍTULO V
Para introducir y organizar un poco las ideas en esta amplia temática, es conveniente
hacer algunas aclaratorias en torno al término «variaciones». En primer lugar dicha voz proviene
del latín variatio, que quiere decir «modificación». Musicalmente hablando, el término refiere
a un principio de transformación sonora, donde una idea dada va sufriendo modificaciones a
lo largo de sus repeticiones. Este principio musical es característico en la música folclórica de
los pueblos de todo el mundo. Ya esto hace de este concepto un universo de amplitud
considerable. Más aún, los tipos de modificaciones, presentes en cualquiera de los elementos
musicales, son tan polifacéticos como la imaginación misma. Ello le da un carácter infinito a
dicho principio compositivo. Estos elementos musicales pueden comprender el dibujo melódico,
la rítmica, la métrica, la armonía, la factura, y cualquier otra categoría posible.
Las treinta variaciones son el producto de tres tipos compositivos, los cuales son
intercalados a lo largo de la obra.
a) El primer tipo de grupo es conformado por las variaciones creadas con recursos de la
figuración melódica. Es decir, escalas, arpegios, polifonía oculta, ritmo complementario,
etc. Todos estos recursos están al servicio del virtuosismo con el que se luce el
instrumentista que interpreta la obra.
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Estos tres grupos compositivos son entretejidos alternadamente a lo largo de todas las
treinta variaciones, conformándose así un complejo mosaico arquitectónico. Otro detalle a
considerar, es que la variación número 16, divide en dos partes iguales el ciclo de treinta
variaciones. Con esta variación se inicia la segunda parte del ciclo. Por ello, Bach reserva para
esa variación una del grupo de géneros musicales, en este caso dedicado a la obertura francesa,
la cual comienza con un tiempo lento, y continúa con uno rápido. Es decir, la variación 16,
representa la obertura o introducción a la segunda parte.
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Había dos géneros musicales que se componían sobre el principio del Basso Ostinato.
Estos géneros son dos danzas de supuesto origen hispano, las cuales se diferencian poco
entre sí: la Chacona y la Passacaglia. Gran cantidad de música compuesta con el principio
compositivo del Basso Ostinato, fue trasladada por los conquistadores europeos al Continente
Americano. Estas canciones y danzas fueron asimiladas por la población lugareña. De igual
forma, éstas fueron enriquecidas con los elementos culturales de otras latitudes distintas a la
europea, como la aborigen y la africana. De esta manera se dio origen a un sinfín de géneros
musicales en América Latina, influenciados por el Basso Ostinato. En nuestro continente se
caracteriza por fundamentarse no sólo por un bajo sino por un giro armónico. Generalmente,
sobre este giro suelen ocurrir variaciones producidas por improvisaciones vocales donde,
tanto el texto como la línea melódica son sometidos a modificaciones. Ejemplo de esto, se
puede apreciar a través de las manifestaciones folclóricas en Argentina con la payada de
contrapunto, el desafío brasileño, la media tuna dominicana, o las décimas musicalizadas en
Cuba.
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Otra de las grandes obras de J. S. Bach, construidas sobre la base de las variaciones es
el Crucifixus de su Misa en Si menor (ejemplo 5.1). En él se desarrollan doce variaciones
sobre una melodía grave de cuatro compases. Esta melodía se repite inalterablemente a lo
largo de la pieza, conformándose así el Basso Ostinato.
Sobre esa expresiva base musical se tienden doce variaciones, llevadas a cabo por el
resto de la orquesta y el coro (ejemplo 5.2 ).
La primera conducción del bajo se hace junto con la exposición orquestal. Las flautas
llevan una melodía caracterizada por los intervalos en saltos descendentes, lo cual prosigue
el discurso planteado en el ostinato. En la segunda conducción se exponen por separados las
distintas voces del coro. Primero entran las sopranos (S), luego las altos (A), después los
tenores (T) y por último los bajos (B).
Esta sucesión de entradas desde las voces más agudas hasta las más graves, dibuja un
largo y sostenido vector descendente, tal y como se conciben en las líneas melódicas del
ostinato y de las flautas. Mas aún, el tema emanado por el coro mismo contiene un retardo
descendente en medio tono, cuya disonancia y resolución son llevadas por notas cortas; esta
forma de trabajar los retardos, han sido usados frecuentemente por los compositores,
especialmente en la música vocal, como recurso de sensación de lamento, llanto o sollozo
humano.
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En la tercera conducción del tema, el coro realiza nuevamente la exposición del tema tipo
«lamento», pero esta vez en otro orden de entradas: primero el tenor (T), segundo la soprano
(S), tercero el bajo (B) y por último el alto (A). Si se vuelve a esquematizar el orden de las
entradas, considerando las distintas alturas de las diferentes voces, y luego se unen con
líneas se obtendría la clara figura de una cruz, como símbolo visual referente al crucifijo:
Estas tres conducciones – una orquestal y dos corales – sintetizan una triple exposición
de toda la pieza. Si se considera ello, las doce variaciones podrían estructurarse desde la
siguiente óptica:
2. Parte intermedia, integrada por las seis siguientes variaciones, en las cuales se
produce el desarrollo e interacción ininterrumpida de todas las voces del coro. Esta
parte es concluida con una cadencia donde convergen todas las voces en un acorde de
Dominante.
3. Parte reexpositiva llevada por las últimas cuatro variaciones, seguidas de una coda
que conduce a un curioso final en Sol Mayor. Este cambio de rumbo de Mi menor a su
relativa Mayor, podría interpretarse como un momento de repentina luz, en medio de la
tenebrosa y dolorosa atmósfera creada. Sin duda alguna, se trata de una anticipación a
una pronta resurrección.
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En esta época, es decir en la segunda mitad del siglo XVIII y principios del XIX, las
variaciones experimentaron las transformaciones correspondientes:
2. El tema fue conformado en forma binaria sencilla y a veces en forma ternaria sencilla.
Las variaciones mantenían la misma estructura que el tema. Es de hacer notar que
anteriormente en el Barroco, los géneros Passacaglia y Chacona eran los abanderados
principales de la forma en variaciones. En ellos, las estructuras del tema, y por
consiguiente de sus variaciones, eran básicamente conformadas por un solo período.
Quiere decir, que hubo la tendencia a desarrollar el tema a través de combinaciones de
períodos, en esta nueva etapa. La razón por la cual la forma binaria era más común que
la ternaria para el tema, se fundamentó en lo siguiente: la forma a b (binaria) cuando era
seguida por sus variaciones, las cuales iban todas a poseer la misma estructura, lograba
perfectamente intercalar un período «a» con uno «b», y así sucesivamente.
a-b-a-b-a-b...
Mientras que el principio ternario (a b a) tendía a redundar con el período «A», creando
una sucesiva repetición de éste:
a-b-a-a-b-a-a-b-a-a-b-a...
3. La factura homófona, la cual se caracterizaba por ser una melodía acompañada, hizo
que el tema pasara del bajo – basso ostinato – a la voz superior. Esto trajo como
consecuencia una total evolución en el aspecto del «melodismo». El tema, estando en la
voz superior, se convirtió en una idea altamente expresiva y completa, conformada por
una exposición, un intermedio y una reexposición. Entre las características del tema,
estaba el movimiento andante – ni muy rápido, ni muy lento – propicio para poder
trabajar con disminuciones o aumentaciones rítmicas en las variaciones. Asimismo, el
tema era sencillo y fácil de memorizar, a fin de hacerlo notorio al oyente, mientras se iban
desarrollando las variaciones, las cuales «disfrazaban» la idea original.
4. Los ya conformados principios armónicos, sobre la base del sistema funcional Mayor-
menor, estaban presentes de manera clara, a fin de contribuir con la sencillez melódica en
el tema. Las variaciones representaban el mismo esquema armónico que el expuesto en
el tema, sólo que podían aparecer acordes causales propios del encuentro circunstancial
de varias voces, producto de las figuraciones melódicas. Tanto el tema como las
variaciones poseían armonías cerradas, es decir, cada parte culminaba en la misma
tonalidad del inicio. En la época clásica, surgió un tipo de variación peculiar, con respecto
al resto. Se refiere a las variaciones en modo menor. Generalmente, en la mencionada
época, los temas utilizados para dichas composiciones, estaban en modo Mayor. Ello
hacía, que entre las variaciones, se dejara una reservada para el cambio de modo,
convirtiéndose en la parte más contrastante de toda la pieza. Aquí incluso ocurren
cambios, no sólo en los giros armónicos, sino también en el plan tonal. Muchas veces el
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primer período de esa variación modulaba, de ese tono menor (homónimo menor con
respecto al tema) a la relativa Mayor. Este último se distanciaba de la tonalidad del tema
original en tres signos (sostenidos o bemoles). Durante las siguientes partes de esa
variación se producía el regreso armónico a la tonalidad menor. Estos cambios
contrastantes de tonalidad, en ocasiones traía como consecuencia una modificación en
la estructura, pudiéndose aumentar el número de compases.
Por todas estas razones los historiadores y tratadistas llaman a este tipo de composición
«variaciones rigurosas», «variaciones clásicas» o «variaciones ornamentales».
El mencionado tema está seguido de cinco variaciones. Todas las variaciones tienen
exactamente la misma estructura de 34 compases [16 (8+8) + 18 (10+8)]. La pieza concluye con
una coda de dieciséis compases. Cada variación tiene su peculiaridad en cuanto al tratamiento
de la melodía y la factura. La primera variación está conformada por arpegios que giran
alrededor de las notas principales. Por ejemplo, las notas principales en los cuatro primeros
compases del tema son los siguientes:
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Ejemplo 5.3 - L. v. Beethoven.
Sonata para piano Op. 26.
Primer movimiento (cont.).
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Tema Acompañamiento
Acompañamiento Tema
Ese traslado constante del tema de una voz a otra y de una octava a otra, es lo que hace
característico el tratamiento de esta segunda variación. La movilidad vertical de las voces, en
este caso, experimenta un interesante efecto cinético.
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En el siglo XIX, igualmente se cultivó el tema con variaciones. El mismo fue sufriendo
transformaciones, de acuerdo con el desarrollo de la estética musical de la época. Entre las
características innovadoras en este tipo de composiciones valen destacar:
1. Las variaciones pueden estar cada una en tonalidades diferentes al tema original. Esto
aporta nuevos elementos de enriquecimiento en el colorido tonal.
2. Las estructuras musicales de las variaciones pueden cambiar. Incluso, pueden aparecer
nuevos géneros como minuetto, fughetta o marcha, conformando una determinada
variación.
5. Aparecen los puentes conductores entre variaciones, los cuales unen las diversas
tonalidades, métricas y velocidades.
Algunos autores llaman a este tipo de variaciones «Variaciones Libres», y como fue
dicho anteriormente son características a partir del siglo XIX. Entre las composiciones
pertenecientes a este grupo, se encuentran las variaciones para piano de L. v. Beethoven Op.
34 (1802), y las del Final de su Sonata Op. 109 (1820). Asimismo, se podrían citar las Variaciones
sobre un Tema Rococó, Op. 33 (1876), de P. I. Chaikovsky y la Sinfonía-Concierto para
Violoncello y Orquesta, Op. 132, de S. Prokófiev, estrenado en Moscú por M. Rostropóvich,
en 1952. Este último posee un tercer movimiento andante con moto, en forma de variaciones.
Estas variaciones se fundamentan sobre dos temas, en vez de uno. El primero es de carácter
lírico y el segundo trasmite una atmósfera grotesca muy al estilo «prokovquiano». Ambos
temas son trabajados, entrelazando ambos caracteres, en el desarrollo de sus variaciones. A
este tipo de variaciones con dos temas se les conoce con el nombre de «Variaciones Dobles».
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Volviendo a las variaciones libres, existen unas compuesta por J. Brahms en 1885,
donde evoca el lenguaje barroco de la Passacaglia y el Basso Ostinato, pero con el estilo
vanguardista citado. Se trata del Final de la Cuarta Sinfonía, en Mi menor, Op. 98. En él, se
forma un tema de ocho compases, en el cual existen igualmente ocho acordes ( ejemplo 5.7):
1. Subdominante.
3. Tónica.
6. Tónica sexta.
8. Tónica Mayor.
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El tema es expuesto por las flautas y oboes, pero es desarrollado por casi todos los
instrumentos de la orquesta. Ello quiere decir, que se traslada verticalmente por todos los
registros del diapasón orquestal. Por ejemplo, en la primera variación, el tema es conducido
por los violines en pizzicato (ejemplo 5.8).
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En la siguiente variación, Brahms ataca las notas principales desde largas y rápidas
escalas.
a) Con frecuencia sustituye la Tónica menor, por una Mayor, como en el caso
de la misma exposición del tema. En ella, la Tónica final del período (octavo compás) es
presentado en su forma Mayor. Igualmente, El inicio de la décima variación se hace con
el mismo último acorde.
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a) La Dominante con la quinta rebajada (5-) suena en la exposición del tema, así
como en la primera y en la vigésima variación.
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