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Territorios indígenas en Colombia

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Pueblito

Bonda
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Betoma

Betoma
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Pocigüeica 1000

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QUINDO

DÓNDE ESTABAN N
PIJAO

LOS INDIOS BUGA


PUTIMÁES
ÍNDICE

ADVERTENCIA

BREVE MIRADA A LA PREHISTORIA


Llegada del hombre a América. El Paleoindio en el actual territorio colombiano. El formativo, agricultura
y aldeas. Maíz y señoríos. La Costa Norte. El Occidente. San Agustín y Tierradentro. El altiplano cun
diboyacense. El Oriente.

ÁREAS Y GRUPOS EN EL MOMENTO DE LA CONQUISTA

I. LA COSTA NORTE
La Guajira. Guajiro-wayúu. Kusina-wayúu. Wayúu. Kaketío. Añú. Wanebucan.
El río Cesar. Caonao. Burede. Bubure. Pemeo. Aratomo. Araucana. Xiriguano. Dubey. Motilones.
Upar. Tupe.
La Sierra Nevada de Santa Marta. Tairona. Arhuaco.
El bajo río Magdalena. Chimila. Malibú. Malibú de las lagunas. Mocaná.
Sabanas del Sinú y San Jorge. Zenú.
Urabá y el Atrato. Cueva. Urabá. Guazuce. Nitama. Carauta.

II. LA COSTA PACÍFICA


Litoral Pacífico Norte. Cobari-bea. Cuna. Tatabe. Chocó.
Litoral Pacífico Sur. Pile. Pati. Tamay. Petre. Sindagua. Barbacoa.

2
AREAS Y GRUPOS
3

III. MONTAÑAS SUR-OCCIDENTALES


Montañas de Nariño. Pasto. Quillacinga. Inga. Abad.
Sur del Cauca. Panpallata. Guachiconu.

IV. EL RÍO CAUCA


El alto Cauca. Coconuco. Puracé. Colazá. Zotará. Timbío. Chisquío. Pubenense. Polindara. Guanaca.
Totoró. Paniquita. Novirao. Palacé. Cerrillos. Cajibío. Piendamó. Tunia. Uzenda. Guambia.
De Jamundí a la Virginia. Timba. Xamundí. Guaales. Lile. Montañenses. Gorrones. Buga. Calocoto.
Putimaés. Quianonoes.
De la Virginia a Bolombolo. Quimbaya. Quindo. Carrapa. Picará. Paucura. Arma. Pozo. Anserma.
Caramanta. Cartama. Zopía. Chancos. Quinchía. Irra.
La montaña antioqueña. Catío. Guaca. Nore. Sinifana. Aburrá. Nutabe. Tahamí. Yamecí. Guamocó.

V. EL RÍO MAGDALENA
El alto Magdalena y el Gran Tolima. Timaná. Yalcón. Páez. Pijao. Tama. Duho. Bahaduho. Panche.
Panchigua. Omine. Gualí. Mariquitones. Chapaima. Calamoima.
El Magdalena Medio. Pantágora. Amaníes. Tapaz. Muzo. Carare. Yariguí.

VI. LA CORDILLERA ORIENTAL


Altiplano Cundiboyacense. Muisca.
Las Montañas Santandereanas. Guane. Lache. U’wa. Chitarero.

[Link], LLANOS ORIENTALES


Cultivadores. Caquetío. Achagua. Otomaco. Sáliva. Guayupe y Sae. Jirara. Betoy.
Pescadores. Guayquerí. Yaruro. Ature.
Cazadores – Recolectores. Guahibo. Taparita y Amaiba. Catarro. Chucona.

[Link] AMAZONIA
Los Makú-Puinave. Macú. Puinave.
Los Tucano Oriental. Bara. Barasana. Carapana. Cubeo. Cueretú. Desano. Letuama. Macuna.
Piratapuya. Pisamira. Siriano. Taiwano. Tanimuca (Ufaina). Tucano. Tatuyo. Tuyuca.
Wanano. Yauna. Yurutí. Los Tucano Occidental. Siona. Piaguaje. Macaguaje. Koreguaje.
Tama. Seño.
Arawak. Cabiyarí. Curripaco. Baniva. Piapoco. Tariano. Yukuna. Matapí. Bare. Geral. Piaroa.
Uaraquena.
Witoto-Bora. Bora. Miraña. Muinane. Nonuya. Ocaina. Uitoto.
Caribe. Carijona-Huaque. Omagua. Tinigua.
Familias Independientes. Andoque. Ticuna. Yagua.

LOS CALCULOS DE LA POBLACION INDIGENA ANTES DE LA INVASION ESPAÑOLA

BIBLIOGRAFÍA
ADVERTENCIA

Trazar el mapa de los territorios indígenas en el momento de la invasión española tiene muchas dificultades, en
realidad insuperables. No existen documentos de la época, diferentes a los vestigios arqueológicos, estudio que,
a pesar de importantes trabajos realizados, hasta ahora sólo cuenta con una base de partida. Aún persisten mu-
chas incógnitas sin resolver y territorios inexplorados. La mayoría de las lenguas se extinguieron, lo mismo que sus
aldeas y viviendas, pues éstas eran construcciones de materiales perecederos que no perduraron, o fueron arra-
sadas, y aquellas no tenían escritura y murieron con sus gentes. Además ha sido difícil desarrollar proyectos de
investigación, lo que ha afectado su continuidad y amplitud: por una parte la ambición, terrateniente o guaquera,
ha impedido la tarea o destruido testimonios sin haberlos registrado, por otra, ha sido escaso el apoyo y miope la
comprensión de su importancia; como si saber quienes somos fuera un asunto de poca monta. De todas maneras
este resumen se toma de la información publicada, escogida entre la más seria y mejor elaborada; acervo que ya
comienza a cimentar una tradición al respecto y que cada vez habrá de llevarnos a un más profundo conocimiento
de nuestro pasado.

Tenemos también los relatos de los cronistas, parcializados, incompletos y, por lo general, interesados en en-
salzar la épica conquistadora e inmersos en la ideología novomundista que ignoraba y despreciaba la cultura
que arrasaba. Con razón dice Juan Friede que los cronistas representan la historia “blanca” de América. Además
podemos analizar censos o padrones, visitas o tasaciones de tributos, bastante incompletos y sobre todo tardíos,
pues fueron hechos durante la dominación española y cuando el exterminio estaba casi consumado. Por otra
parte las etnias se mezclaban e influían mutuamente, o fueron englobadas o nombradas después, a partir de las
conveniencias de los conquistadores. Los nombres de las tribus que hoy conocemos fueron muchas veces, casi
todas, impuestos de modo arbitrario por conquistadores, encomenderos, religiosos o intérpretes -hay una cultura
antigua llamada de San Agustín (¡)-, con frecuencia se confundieron los nombres en grupos generales y subgrupos,
o “representaron a veces grupos independientes (Carrapa, Catío), a veces denominaciones colectivas que abar-
5
AREAS Y GRUPOS
6

caban varias tribus independientes (Panche), y a veces comunidades que integraban en alguna unidad superior
elementos subordinados (Chibcha)”. [Melo, 1977: 72] En otros casos se emplearon distintos nombres para identi-
ficar a un mismo grupo, o en un apelativo se incluyeron grupos diversos, o fueron asignados a partir del aspecto
físico, o de la región geográfica, o según los denominaban los vecinos, o los rivales. Podían ser epítetos o apodos
a partir de un rasgo, de una palabra, de una costumbre, de un cacique, de una región: Anserma, pues Ancer era la
sal; Nutibara, pues así se llamaba el jefe; Dabeiba, por la región y el tesoro míticos; Pijao, pues al parecer llevaban
la pija destapada; Gorrones, porque así llamaban al pescado que consumían, y varios casos más.

Pero, sobre todo, sus límites o fronteras no eran precisos y la dinámica comercial o de guerra los hacía indefini-
dos o variables, por todo esto no existían jurisdicciones delimitadas a la manera de las naciones actuales, o eran
áreas fluctuantes que se superponían muchas veces, o había zonas vacías entre las propias, tierras de nadie o de
todos, pero siempre poco claras. A la vez existe la distinción entre frontera fluida, cuando las relaciones de vecin-
dad se daban entre pueblos equiparables en lo militar y político, y frontera contenida, cuando un grupo trataba de
imponer sus formas culturales. [Vargas, 1990: 75] Muchos pueblos eran nómades o semisedentarios y sus terrenos
de correría eran amplios y a veces compartidos con otros grupos; o se producían desplazamientos, dominaciones,
fusiones o fisiones que vuelven demasiado intrincado el panorama.

Asimismo los españoles empleaban el término de “provincia” para nombrar una comarca habitada por gentes
de la misma lengua o con afinidades culturales y políticas, pero también así designaban una región geográfica. En
ocasiones el término “pueblo” podía ser sinónimo de provincia o parcialidad, y otras significar un asentamiento, o
un grupo de asentamientos. Por otra parte, a veces es inevitable usar los nombres y divisiones políticas posterio-
res a la conquista: Antioquia, Cartagena, Bolívar, Caldas, Santander, río Magdalena, serranía de Abibe, Venezuela,
Ecuador, etc., y sobre todo se hace necesario delimitar la síntesis a la unidad territorial de Colombia, la cual, por
supuesto, no existía entonces como tal. Pero en aras de dar una idea de los territorios ocupados por los indígenas,
sobre todo a no especialistas, se debe concretar algo, siempre y cuando no se fuercen en exceso las fuentes o se
cometan anacronismos de considerar ese momento con las condiciones del espacio actual.

Dada la cantidad y multiplicidad de grupos y etnias tomaré un orden geográfico: primero la costa del Caribe
(desde la Guajira hasta Urabá), el litoral Pacífico (de Urabá a Tumaco) y la región Andina (desde Pasto y el río
Magdalena hasta Pamplona), para terminar con la Orinoquia y la Amazonia. Todo por supuesto de manera breve
y esquemática. De cada grupo citaré, hasta donde sea posible: a) la filiación lingüística y cultural; b) los territorios
que ocupaban; c) sus pautas generales de poblamiento y vivienda; d) la economía y el comercio; y en algunos ca-
sos, e) los principales cultos y costumbres funerarias o enterramientos. Trataré de ver las áreas que ocupaba cada
grupo, y referirme tan sólo a lo territorial físico, pues de lo contrario se alargaría demasiado este escrito.

Aún si toda clasificación lingüística es relativa e imprecisa, es posible postular que muchos pueblos precolombi-
nos pueden ser de filiación Caribe, Chibcha o Arawak. Arawak eran por ejemplo los Guajiro, los Cocina (Kusína) y
los Paraujano (Añú), como también los Caquetío, Achagua y Piapoco, en los Llanos Orientales, o grupos como los
Yukuna, Curripaco y Piaroa en la Amazonia. Su origen parece fue la región de los ríos Amazonas y Negro, de donde
emigraron a las costas de Venezuela y la Guajira. [Oliver, 1990: 83] Caribe eran los indios del Magdalena, parte de
los de la costa Atlántica y algunos grupos del Cauca, y Chibcha eran los Muisca del altiplano cundiboyacense o, al
norte de la cordillera Oriental, los Guane y Tunebo, así como los Cueva y Cuna del Darién, los Tairona en la Sierra
ADVERTENCIA
7

Figura 1. Cuadro de las Principales Lenguas Indígenas

Nevada y, al sur, los Páez y los Pasto. [Melo, 1977: 70-71 y 106] Pero cualquier clasificación difiere de otra y sobre
todo simplifica e ignora influencias culturales, hibridaciones o variaciones internas, así como a muchos grupos in-
dependientes o complejos, por lo cual esta no es sino una esquematización incompleta.

Además están las lenguas del oriente, de la Orinoquia y la Amazonia, donde se han planteado familias diferen-
tes a las tres principales ya citadas. En los Llanos orientales, además de los Arawak hubo las familias lingüísticas
Sáliva y Guahibo. Los Sáliva, cultivadores de yuca, estaban en la confluencia de los ríos Meta, Tomo, Vichada y
Guaviare con el Orinoco. Según Rivet, los Arawak estuvieron desde el Casanare hasta el Guaviare, relacionados
de modo continuo con los pueblos de la hoya del río Negro y fueron el grupo sedentario de la región. Todos estos
territorios eran recorridos y ocupados temporalmente por los grupos nómades de los Guahibo, quienes construían
refugios temporales, cazaban, pescaban, recolectaban, comerciaban y pillaban, de tal manera que constituían el
elemento nómada en los territorios compartidos con los Arawak. [Ortiz & Zambrano, 1984: 25]

En la Amazonia se citan las familias lingüísticas: Makú-Puinave, Tukano oriental y occidental, Witoto-Bo-
ra y tres independientes: Andoque, Ticuna y Yagua; todas tribus que interactúan en la región. Los Tukano y los
1

1 Los subgrupos que pertenecen a cada familia lingüística de la Amazonia y de la Orinoquia están relacionados en el capítulo de indios de
AREAS Y GRUPOS
8

Arawak mantienen una rivalidad histórica, no comparten la misma organización social, pero tienen semejanzas
culturales: son canoeros y usan la cerbatana, tienen asentamientos ribereños, practican la horticultura de yuca
brava, la exogamia, la descendencia paterna y los cultos de iniciación Yuruparí. [Pineda, 1988 b: 220]

Según Roberto Pineda, Karib era una palabra Arawak que designaba a los enemigos de los Taíno (Arawak),
mientras que para otros significaba “el más fuerte” o “la gente”. Caribes los llamó Colón impresionado porque
comían carne humana, acto que luego justificó la esclavitud de ellos, o se les asignó tal nombre si eran rebeldes,
por sus actos de sodomía o por usar flechas envenenadas. De todas formas se inventó y exageró mucho para
esclavizarlos y venderlos, o para exterminarlos; y de esas invenciones quedó el mito de su rebeldía, violencia y
antropofagia, y no todo corresponde a la realidad. [Pineda, 1988 a: 139-141]2

Para algunos investigadores los Caribe se constituyeron hacia el 3.400 - 2.400 a.C., y desde entonces al 1.000
a.C. Para otros su centro de dispersión fue el medio o bajo Amazonas, a donde habrían penetrado desde la Guya-
na. Según Rivet penetraron por el Magdalena, Atrato y Amazonas, después de la expansión Chibcha, aunque se
disponían a invadir parte de las tierras bajas de algunos grupos Chibcha. [Pineda, 1988 a: 145] Entre los Caribe se
distinguen, desde el punto de vista lingüístico, dos grupos: los septentrionales, en la Guyana (al parecer el centro
difusor, entre los ríos Orinoco y Amazonas) más las costas norte de Venezuela y Colombia; y los meridionales, del
río Xingú y el alto Amazonas colombiano (como los Carijona, Hianakoto y Umana, entre otros), donde hay muchos
mezclados con gentes Arawak, Tupí o independientes. Rivet planteó su dispersión por el territorio colombiano,
desde Timbío (Cauca) hasta la Guajira y subdividió las lenguas en dos bloques: occidental (litoral pacífico, hoya del
río Cauca) y oriental (Motilones, Yariguí, Carare, Tolima, Muzo y, quizás, Pantágora, Panche y Pijao). [Pineda, 1988
a: 139-153] Pero luego modificó el esquema en: a) Chocó, con dialectos Emberá-Waunano, Quimbaya y Pijao;
b) Perijá-Magdalena: Yuko, Opón y Carare; c) Alto Caquetá-Putumayo: Guake o Karijona, Umaná o Hianakoto y
Tsatsaha. Relacionó con la lengua Chibcha la mayoría de las lenguas del Cauca, pero mantuvo su reserva sobre
la filiación como lengua caribe de Pijao, Panche y Pantágora. [Pineda, 1988 a: 148]

En el siglo XVI la presencia Caribe abarcaba el Magdalena medio y el nordeste de Colombia, aunque su influen-
cia cultural y social rebasara estas áreas. Durbin y Seijas3 comprueban la filiación Caribe de los Opón-Carare y
sus nexos con Yuko-Yukpa, en una difusión dada a través del río Catatumbo y luego por el Magdalena; pero no
creen que Muzo, Pantágora, Colima, Pijao y Panche puedan considerarse lenguas Caribe, aunque sí fueron influi-
dos por ella. Gerardo y Alicia Reichel-Dolmatoff han señalado similitudes en los enterramientos de varios grupos
Caribe en el Magdalena medio; entre los cuales los Yariguí estaban entre los ríos Opón y Sogamoso, así como los
Opón-Carare en la isla Carare y en la hoya del Opón. Con similitudes organizativas estaban, al norte, los grupos
Malibú - Mocaná, desde Tamalameque hasta la desembocadura del Magdalena y parte del litoral hacia Cartage-
na, aunque su lengua no es Caribe. Son Caribe actuales los Yuko, en la serranía del Perijá, y los Carijona, en el alto

los Llanos y la Selva respectivamente.

2 Antes se creyó que los Caribe provenían de las Antillas, pero esto fue parcialmente modificado por Paul Rivet (1943), quien a partir de
relacionar las lenguas con hechos como la deformación de la pantorrilla y los brazos con cintas apretadas, la presencia de ciertas piezas de
orfebrería, o la difusión de la tumbaga, señaló la distribución amplia de ellos, o por lo menos su influencia cultural. Y si Rivet planteó como
filiación cultural Caribe las deformaciones de la pantorrilla o el brazo, después Gerardo Reichel-Dolmatoff agregó la perforación de orejas y
nariz, protección del pene, cerámica sin decoración incisa, copa de pie hueco anular, rodillos cilíndricos, taburete, escudo, torteros de barro y
perforaciones marginales en la cerámica. Sin embargo tales precisiones etnográficas hoy se critican como difíciles de confirmar.

3 DURBIN, Marshall. The Carib language family. En: Culture, Society and language. Editora Ellen Basso. Arizona, 1977.
ADVERTENCIA
9

Amazonas (alto Apaporis-Yarí), quienes tenían al este y oeste a los Tukano, al sur a los Witoto, Andoque y Bora, y
al norte a los Pamigua; ninguno de los cuales hablaba lengua Caribe. [Pineda, 1988 a: 149-150]

El sustrato Chibcha incluía: Cuna (golfo de Urabá), Tairona, Motilones, Tunebo, Páez, Guambiano y Cuáique-
res. Según Rivet tenían influencia de los Chibcha: Arma, Arhuaco, varios grupos Catío antiguos, Chimila, Tairona,
Muisca, Guane, Andaquí, Páez, Pozo, Nutabe, Tahamí, Guamocó y Yamecí. En tanto que, para varios autores, son
descendientes de los Caribe: Urabá, Chocó, Zenú, Turbaco, Catío, Quimbaya, Motilones, Pijao, Panche, Muzo, Coli-
ma, Yariguí, Carare, Opon, Gorrones, Buga, Chanco, Pantágora, Marquetones y Gualí. [Pineda, 1988 a: 141] Pero
este problema de las filiaciones linguísticas no ha sido resuelto aún por los especialistas.4

Y bueno, a pesar de tantas dificultades y lagunas presento de modo hipotético la ubicación de los diversos
grupos indígenas en lo que hoy constituye el territorio de Colombia. La pretensión es sólo tener una base para los
estudios posteriores de nuestras regiones y ciudades, sin amilanarnos por vacíos que nos obligarían al silencio,
y más bien plantear unos mapas que luego pueden ser ratificados por otros estudios, y si son revisados o corre-
gidos, pues tanto mejor. Pero antes hagamos una breve mirada a nuestro remoto pasado, fundamento de todas
las culturas indígenas y que nos legara maravillas del arte y la cultura producidas por quienes nos antecedieron.

4 Para más detalle de las clasificaciones por familias lingüísticas ver: Castro et al., 1993: 16 / Correa, 2000: 243 / I.C.A.N. [Link], 1989-
1990: 285.
BREVE MIRADA A LA
PREHISTORIA

Para el estudio de la prehistoria en el territorio se deben considerar PROCESOS CULTURALES y tratar de co-
nocer sus producciones, su equipo intelectual y tecnológico, así como las estructuras sociales y la vida material en
los diversos momentos. [Reichel-Dolmatoff, 1986 b: 19 y 1989: 27] Esto implica superar entonces las generaliza-
ciones conocidas: Quimbaya, Tairona, Tumaco, Tamalameque, Calima, Pasto, Muisca o Pijao, formuladas por una
arqueología que se ocupó de sitios y no de CONTEXTOS, que definió “culturas” o “áreas arqueológicas” a partir de
la identificación de algunos vestigios, pero sin dar cuenta de su complejidad cultural y cronológica.

Se ha dado importancia a lo monumental y peculiar (arquitectura tairona, arte agustiniano, hipogeos de Tie-
rradentro, orfebrería y cerámica) pero no a considerar las formas de organización y sus relaciones con el medio,
las modalidades productivas de cada grupo y sus intercambios. Cada sociedad debe adaptarse al medio natural
y por tanto conocer sus cambios de clima, vegetación, recursos, aprovechamiento de riberas o de valles. Las par-
ticularidades de los ambientes ecológicos determinan los sistemas para su explotación, así como la movilidad y
las condiciones de intercambio. Lo fundamental para la permanencia de un grupo en un lugar, de su progreso o
extinción es conseguir los productos de subsistencia.

En primera instancia la yuca fue un cultivo esencial en la alimentación americana, y después el maíz, producto
de varias cosechas al año, con gran valor nutritivo y que permite su conservación. Éste último, además de conferir
categoría y ser alimento del ejército y de los gobernantes, fue cultivado para elaborar chicha con fines ceremonia-
les y de hospitalidad.5

La ocupación de un territorio también depende de los recursos tecnológicos y de las estructuras sociales y po-

5 El maíz tuvo una incidencia fundamental, lo mismo que la papa y otros tubérculos. Estos han sido esenciales en los altiplanos, por ser más
propicios a su clima y su mayor resistencia a las heladas. A diferencia del maíz que exige cuidado y riego; en realidad se da mejor en tierras
templadas, donde requiere períodos de crecimiento más cortos y da mayores cosechas. [Murra, 1975]
11
AREAS Y GRUPOS
12

líticas de cada tiempo. Hay por ejemplo un momento en el actual territorio colombiano en que los asentamientos
se alejan de las riberas y ocupan faldas o planadas de las montañas donde se puede cultivar maíz, lo cual genera
un fenómeno de descentralización y dispersión sobre valles y vertientes. En las cordilleras hay mayor complejidad
ecológica y áreas más extensas de captación, lo que llevó a instaurar puntos satélite en diferentes alturas y bió-
ticas, dado que en las montañas de la América tropical la temperatura cambia un grado por cada 100 metros de
altura.

Con la elevada producción del maíz se generaron linajes y prerrogativas, por lo general hereditarias, y un ma-
yor control social, económico y religioso. [Reichel-Dolmatoff, 1989: 43] Si en la tribu el principio económico era la
reciprocidad, la mayor producción llevó a la redistribución de productos de subsistencia y excedentes, surgieron
centros para la administración de los recursos y el recaudo de contribuciones, se ocuparon y explotaron diversos
ambientes y se superó la economía de subsistencia. Provino así una diferenciación y especialización de grupos
sociales: administradores políticos, chamanes, sacerdotes, artesanos, comerciantes y guerreros, y la comunidad
pudo asentarse y organizarse en aldeas nucleadas o pequeños poblados satélites. Los entierros muestran una
estratificación piramidal de rangos, deducibles del ajuar y los símbolos de sus oficios, las prácticas religiosas las
rigieron sacerdotes en centros ceremoniales, se dieron guerras para defender las tierras productivas o enclaves
de recursos especiales, y se desarrollaron actividades comerciales, sobre todo de artículos suntuarios. Además se
posibilitó la realización de obras públicas y la organización de mercados mayores.

La complejidad de la historia precolombina puede organizarse, como lo propone Reichel-Dolmatoff, en una


perspectiva cronológico-evolutiva sintetizada en cuatro períodos: Paleoindio, de cazadores y recolectores; For-
mativo, hacia el año 4.000 a.C., con el inicio de la vida aldeana, de la agricultura y la cerámica; Cacicazgos, o
sociedades jerarquizadas, desde el primer milenio d.C. y en hoyas hidrográficas restringidas sobre todo al cultivo
del maíz; y Federaciones, o estados incipientes con dominio sobre territorios más amplios. Estas divisiones no
son nítidas o absolutas, y mucho menos etapas de una evolución, tampoco son simultáneos en todas las áreas
del país. Los estudios distan de ser completos y se concentran en las alturas andinas (paleoindio), después en las
llanuras Caribe (formativo), y luego de nuevo en los Andes (cacicazgos); pero aún persisten extensas e importantes
zonas sin trabajar. [Reichel-Dolmatoff, 1989]6

Y es también pertinente cuestionar el enfoque evolucionista latente en suponer que una sociedad primitiva y
luego tribal evoluciona hacia el Estado y las clases sociales y, por último, al imperio, lo que hace de la sociedad
moderna el estadio superior. Lo mismo que el planteamiento difusionista que señala sociedades centrales que
generan los cambios y se difunden luego a sociedades menores, así como el determinismo medioambiental que
señala climas propicios para el ocio y el desorden. [Páramo, 1989 en Llanos, 1995: 110]

6 María Victoria Uribe y Santiago Mora, en una síntesis de diversos estudios arqueológicos, hablan de tres etapas: Lítico, Formativo y
Desarrollos Regionales [Mora & Uribe, 1991: 6], mientras que Eugenio Barney Cabrera [1977] plantea Paleoindio, Arcaico, Formativos
(incipiente o temprano y tardío clásico) y Reciente. De todas formas la mayoría de los estudios se han concentrado en la cerámica o el arte
funerario, sin que sea posible aún conocer, de manera clara, la forma de apropiación del territorio y su arquitectura. Además se conocen poco
los procesos en las tierras bajas, los cuales son esenciales para comprender las formaciones de las áreas andinas.
BREVE MIRADA A LA PREHISTORIA
13

LLEGADA DEL HOMBRE A AMÉRICA

El descubrimiento de América no se realizó el 12 de Octubre de 1492 sino hacia los años 30.000 a.C., aunque
hay quienes piensan que pudo ser antes, y las primeras gentes no llegaron en carabela sino a pie. Tampoco suce-
dió en forma de gesta conquistadora o épica, sino cuando grupos asiáticos, procedentes de Siberia, cruzaron por
el estrecho de Behring, durante la última era glacial y en busca de nuevos territorios habitables. Unos 70.000 años
antes de nuestra era, había comenzado la glaciación de Wisconsin, “el último avance glacial del cuaternario”, cuyo
máximo desarrollo se dio hacia los años 20.000 a.C.; entonces las masas de hielo avanzaban y retrocedían según
los cambios del clima y del nivel del mar, al consolidarse grandes casquetes de hielo el nivel bajaba, pero subía
cuando se derretían los bloques en las épocas más templadas de los interglaciares. Con estos cambios surgían o
se hundían islas, cambiaban las líneas litorales y se unían o sumergían trozos terrestres. En dos momentos (50.000
- 40.000 a.C. y 28.000 - 10.000 a.C.) se formó en Behring un paso entre Asia y América, por el cual cruzaron los
originales pobladores de este continente. [Reichel-Dolmatoff, 1989: 29-30]7

Eran bandas nómadas de cazadores y recolectores omnívoros que traían artefactos primitivos y una cultura
material rudimentaria, y encontraron un continente ocupado en gran parte por una megafauna de mamíferos de
gran tamaño. Luego, en el proceso de adaptación a los diversos sitios, generaron de manera progresiva caracte-
rísticas culturales particulares: instrumentos, utensilios y armas que denotan modos de vida determinados por el
clima, el medio y los recursos hallados. [Reichel-Dolmatoff, 1989: 36]

EL PALEOINDIO EN EL ACTUAL TERRITORIO COLOMBIANO

A pesar de que aún todo es indicios y fragmentos dispersos, la fecha propuesta para la llegada del hombre a
la América del Sur, entre 8.000 - 12.000 a.C., debe llevarse, según los nuevos hallazgos, quizás hasta los 20.000
antes de nuestra era, y ya estarían adaptados al medio en los años 14.000-13.000 a.C. Se conocen indicios en
México (24.000 a.C.), Perú (20.000 y 12.500 a.C.), Chile (Estrecho de Magallanes, 11.000 a.C.) y Brasil (10.000 a.C.).
[Reichel-Dolmatoff; 1989: 29]

El estudio del territorio precolombino debe organizarse por áreas geográficas, pues una topografía tan acciden-
tada y con diferentes ambientes ecológicos y climáticos por fuerza ha dado diversos procesos y asentamientos,
así como influjos o movimientos múltiples y complejos. La escarpada geografía determinó la formación de grupos
regionales, pero a la vez los valles sur-norte del Cauca y el Magdalena propiciaron desplazamientos, a la vez que
la visibilidad de una cordillera a otra incitó a la visita de regiones apartadas. Todo lo cual, sumado a la posición de
Colombia en el vértice de Suramérica, le disponía a recibir influencias culturales diversas, por eso con razón afirma
Marianne Cardale que “la diversidad geográfica, geológica, de clima y, desde luego, de vegetación, que caracteriza
a Colombia se refleja en el rico tapiz que formaban sus culturas precolombinas”. [Cardale, 1992: 13]

Del período Paleoindio se conocen vestigios en la zona central andina, por ejemplo la excavación de una esta-

7 Algunos plantean que también llegaron navegantes por el Pacífico, pero si los hubo se trató de un número reducido e insuficiente para
poblar y marcar de manera definitiva el territorio. En todo caso, los americanos precolombinos tienen rasgos mongoloides, australoides o me-
lanesoides, como impronta de varias oleadas migratorias, procedentes de diversos lugares asiáticos y del Pacífico.
AREAS Y GRUPOS
14

ción de matanza (11.740 a.C.), conocida como Tibitó, con restos de animales como mastodontes, caballos ameri-
canos, venados y otras especies menores, además de artefactos de raspar y cortar. Según Gonzalo Correal, hace
12.500 años hubo un clima benigno en la Sabana de Bogotá, aumentaron la humedad y la temperatura, crecieron
robles y encenillos, y de entonces aparecen las primeras evidencias del hombre en los abrigos rocosos del Abra.8
Aunque según Correal la presencia del hombre en nuestro territorio es de varios milenios antes. [Correal, 1988: 73-
97] El mismo autor insinúa que los abrigos rocosos de Media Luna en el actual Cesar, podrían revelar la presencia
de cazadores, recolectores y pescadores primitivos sobre las terrazas próximas a los ríos y ciénagas, cerca del río
Magdalena. [Correal, 1979: 11]

En El Abra, suroeste del municipio de Zipaquirá, fueron identificados estratos del 10.400 a.C., con restos de
ocupación humana que denotan actividad de caza y recolección, correspondientes a un clima templado y húmedo.
[Correal, 1988] En los alrededores del Salto de Tequendama hay abrigos rocosos que fueron ocupados por caza-
dores y recolectores, allí se hallaron raspadores y golpeadores -algunos semejantes a los del Abra-, además de
utensilios de hueso y de cuerno, ubicados entre 11.000 y 5.000 a.C., o de entierros de adultos en posición acurru-
cada, con fecha 6.375 a.C. y otros restos más arriba de desarrollos agroalfareros del 2.500 a.C. Entre el 9.000 y
8.000 a.C. el clima volvió a ser frío y los cazadores se protegieron en los abrigos de Sueva, Tequendama y el Abra,
los cuales permanecieron ocupados durante estos milenios, además de Gachalá y Nemocón. [Correal, 1988 / Mora
& Uribe, 1991: 9]

EL FORMATIVO, AGRICULTURA Y ALDEAS

Hay quienes plantean que los comienzos de la agricultura y de la vida sedentaria se dieron en la Amazonia y
el medio selvático tropical húmedo, de donde se difundieron a las costas Atlántica y Pacífica. En el Cuaternario
se formaron enclaves de bandas adaptadas al medio local, en medio de áridas sabanas; después realizaron las
experiencias para lograr el cultivo de la yuca y del maíz, técnica que hacia los años 8.000-10.000 logró su perfec-
cionamiento actual. El maíz transformaría el desarrollo sociocultural de América, pues la obtención de excedentes
permitió mantener mayores poblaciones. [Reichel-Dolmatoff, 1989: 34 y 40] Hacia los 7.000 años a.C. el clima, en
el actual territorio colombiano, se hizo más templado, se extinguió la megafauna y la gente desarrolló nuevos mo-
dos de supervivencia, los grupos se hicieron más sedentarios y poco a poco surgieron asentamientos humanos en
varios puntos de la costa Caribe y cerca de ríos, lagunas o bosques. Es lo que se ha llamado la etapa FORMATIVA,
más o menos desde el 7.000 al 1.000 a.C. Al parecer se construyeron refugios grandes para varias familias, cam-
pamentos temporales para recolección de variados recursos y con fácil acceso al mar o a ríos, esteros y ciénagas.

El medio tropical del litoral atlántico significó un “hábitat muy propicio para culturas simples que disponen ape-
nas de un inventario tecnológico limitado” [Reichel-Dolmatoff, 1989: 37], suelos arenosos fáciles de trabajar y un
clima benigno con lluvias adecuadas permitieron el surgimiento de la horticultura. No eran tierras para maíz sino
para cultivar raíces, explotar palmas, recolectar moluscos y cacería menor, pero era posible contar con diferentes y
ricos sistemas ecológicos: playas, sabanas, riberas, ciénagas o bosques. En estas zonas favorables se formó, entre
4.000 y 1.000 a.C., la primera vida aldeana en nuestro territorio. La amplia distribución de grupos concheros, y su

8 Al drenarse el lago que ocupaba la Sabana de Bogotá hace 40.000-30.000 años, se formaron esas cornisas y abrigos que luego aprove-
charon los habitantes prehistóricos. [Reichel-Dolmatoff, 1989: 32]
BREVE MIRADA A LA PREHISTORIA
15

densidad, demuestran un aprovechamiento prolongado e intenso de los recursos marinos y de ciénagas, lo que les
permitió formar aldeas y la aparición de horticultura y alfarería. [Angulo, 1995: 18]

En Monsú (3.350 a.C. – 1.290 a.C.), cerca de la desembocadura del Canal del Dique, se hallaron fragmentos
que permiten pensar que sus ocupantes recogían moluscos y practicaban una agricultura rudimentaria de yuca y
otras raíces, además de la pesca de mar, de río, cacería y recolección. Hay rastros de horcones de grandes cons-
trucciones ovaladas y se ve que ya en el tercer milenio a.C. los pobladores sabían manejar y aprovechar diversos
ambientes: marino, lacustre, ribereño, sabanero y selvático. [Reichel-Dolmatoff, 1989: 34-38]9

Los ríos proveyeron muchos recursos, complementados con los de sus riberas, además del cultivo de la yuca
que favoreció el surgimiento de aldeas. [Reichel-Dolmatoff, 1986 b: 62-74] En Malambo hay indicios de una po-
blación ribereña y sedentaria (1.120 a.C.), con gentes que vivían de la pesca, la caza y sobretodo de la yuca. Los
asentamientos surgen en las orillas de lagunas y ciénagas de las cuales derivan gran parte del sustento y donde
las crecientes de las aguas dejan luego áreas aptas para la agricultura. Surgen entonces asentamientos lacustres,
ya lejos del mar y sobre las lagunas del río Magdalena y el Sinú, por lo cual la fauna marina y de litoral se cambia
por fauna de agua dulce, peces y moluscos, reptiles y caracoles de tierra. Sus pobladores buscan tierras aluviales
húmedas más propicias para agricultura, en un proceso de penetración terrestre que se contacta con los desarro-
llos del Amazonas y el Orinoco. [Reichel-Dolmatoff, 1986 b: 62-74]

También del Formativo tardío es Momil, en el bajo Sinú, donde hay rastros de pequeñas aldeas sobre colinas
y al borde de una laguna, con cerámica pintada y artefactos líticos, de hueso y de concha; asimismo hay figuras
humanas de barro, instrumentos, golpeadores y volantes de huso que revelan empleo de algodón. [Reichel-Dol-
matoff, 1986 b: 62-74] Cerca de la ribera norte de la ciénaga Grande, están los testimonios de una aldea en Momil
(170 a.C.), con platos y rallos para el cultivo de yuca, y en otro estrato más reciente aparecen indicios de cultivo
de maíz (piedras de moler y tinajas para almacenar chicha), además de consumo de animales de la laguna y sus
alrededores. Aquí se efectúa la transición del cultivo de raíces al de maíz, pues como dice Carlos Castaño, Momil
representa el cambio del horticultor de tubérculos al cultivador de maíz. [Castaño, 1985: 46] Es el paso de la re-
producción vegetativa (siembra de un tallo) a la reproducción por semillas, gracias a un mayor conocimiento de los
suelos, las semillas, los ciclos de crecimiento y los períodos meteorológicos. [Reichel-Dolmatoff, 1989: 39]

Hallazgos afines a Momil se ubicaron entre el golfo de Urabá y la hoya del Sinú, siempre a orillas de lagunas
o caños, con especial concentración en las zonas de El Banco, Zambrano y Calamar. Al oriente del Magdalena
(eg: río Ranchería) se hallan otros complejos agrícolas sedentarios que luego se expanden hacia Venezuela, como
también en la hoya del río Cesar, hacia el Magdalena Medio. Comienzan a aparecer, como nueva forma de asen-
tamiento, poblados en las faldas de las colinas y serranías, cerca de los cursos de agua.

Bandas de recolectores-cazadores han sido rastreadas sobre el alto y medio Calima (8.000-3.000 a.C.), con
señales de abandono y reocupación debido a los deslizamientos y movimientos de suelos ocasionados por lluvias

9 También se han hallado indicios de recolectores de moluscos hacia 3.100 a.C., como por ejemplo en Puerto Hormiga, en el Canal del
Dique, con aprovechamiento de recursos vegetales, conchas marinas, artefactos de piedra o hueso y restos de cerámica elaborada, lo cual
confirma que desde el cuarto milenio la Costa propició desarrollos económicos y culturales. Hay rastros de pescadores y recolectores ribereños
y lacustres en Bucarelia, cerca de Zambrano; en Canapote, sobre la Ciénaga de Tesca (1.940 a.C.), así como en Barlovento (1.560 y 1.030 a.C.).
[Reichel-Dolmatoff, 1989: Ibid]
AREAS Y GRUPOS
16

de ceniza de los volcanes de la cordillera Central. Es un entorno de suaves colinas regadas de aguas, con un clima
templado y suelos fertilizados por la ceniza volcánica. En esta zona no podía el hombre guarecerse en abrigos ro-
cosos y se asentaba a campo abierto, lo cual ha dificultado el reconocimiento de las huellas para los arqueólogos.
[Cardale, 1992: 16] Eran grupos pequeños asentados en espolones o terrazas naturales, con amplia visión hacia
sus territorios de caza. Entre el quinto y cuarto milenio a.C., en el valle del Dorado, región Calima, se introdujo el
maíz y, quizás, se cultivaron tubérculos y ají; aunque estas son suposiciones pues las condiciones del lugar sólo
permiten la conservación de piedra y vegetales carbonizados, huellas que casi desaparecen en el 3.000 a.C., sin
haber evolucionado a formas sedentarias y mejores técnicas agrícolas.

En la costa Caribe hay pocos datos anteriores al 4.000 a.C., pero al parecer, la Guajira podría haber estado
ocupada desde el 10.000 a.C., pues algunos hallazgos líticos en la parte colombiana así lo insinúan. [Mora & Uribe,
1991: 31] De la etapa lítica se han encontrado restos de refugios temporales y dispersos en la serranía de Cosinas,
el alto Sinú y la serranía de San Jacinto: campamentos a cielo abierto, cerca a las ciénagas o sobre terrazas fluvia-
les. [Mora & Uribe, 1991: 29] Ya en los inicios del formativo, varios grupos dispersos de recolectores entraron por
los ríos hacia las cordilleras, pues gracias a la yuca los grupos pudieron estabilizarse sobre las riberas de los ríos.
En La Guajira hay indicios de primeros agricultores desde el siglo V a.C., cuando la zona no era desértica: cerca del
río Ranchería hay rastros de quebradas y lagunas o pantanos, lo cual corroboran restos de fauna de clima más
húmedo. Allí hay restos de una producción cerámica (Fase Loma) -para Reichel-Dolmatoff relacionado con Momil-,
proceso reemplazado hacia el siglo VIII d.C. por los del grupo de El Horno, y los períodos Portacelli y los Cocos. Son
vestigios fechados desde finales del primer milenio d.C. hasta mediados de la primera mitad del segundo milenio;
en el primero los asentamientos, de cultivadores de yuca y maíz, se hacían en terrazas altas sobre el Ranchería,
pero luego se replegaron y abandonaron el río. [Mora & Uribe, 1991: 32]

MAÍZ Y SEÑORÍOS.

Con el maíz hubo un cambio trascendental en las pautas alimentarias de un grupo antes alimentado con raíces
y fauna marina o fluvial. En las regiones tropicales húmedas (3.000 a.C.) se logró un alto rendimiento del cultivo,
además de que hacia el 700 a.C. el clima seco y continental de la costa atlántica se hizo más húmedo por incre-
mento de las lluvias; una época tardía en comparación con México y Perú. Las raíces (yuca, batata, arracacha) no
se pueden guardar y si se dejan enterradas se pudren, en cambio el maíz con dos o tres cosechas anuales, se pue-
de almacenar, es comerciable y tiene alto valor nutritivo. [Reichel-Dolmatoff, 1986 b: 80] El cultivo del maíz permitió
la penetración territorial y el poblamiento de faldas y serranías, lo que propició la dispersión y la descentralización,
más el desarrollo agrícola y la diversificación progresiva de cultivos. Al ascender los valles del Magdalena y el
Cauca y colonizar las laderas de las cordilleras surgieron culturas locales, que ya no dejan figurillas humanas sino
vasijas antropomorfas, en tanto que su arquitectura debió adaptarse al medio y construir sobre terrazas en esa
topografía abrupta. [Reichel-Dolmatoff: 1986 b: 88]

El maíz significó un cambio sociocultural de gran trascendencia pues permitió alimentar a una mayor población,
obtener excedentes y motivó la especialización de oficios. Se dio entonces una transición de la sociedad igualita-
ria a la sociedad jerárquica señorial, pues ahora el grano, con dos cosechas al año y poco esfuerzo, lograba una
elevada producción que se podía almacenar para consumo y comercio. [Reichel-Dolmatoff, 1989: 41] Aparece el
BREVE MIRADA A LA PREHISTORIA
17

cacicazgo, “una unidad política autónoma que abarca varias aldeas o comunidades bajo el control permanente de
un jefe supremo.” [Reichel-Dolmatoff, 1986 b: 133]

En su estructura social hay rangos, más que clases, en la cúspide está el “cacique y su parentela, [luego] un gru-
po de caciques menores, el común de las gentes y una categoría de esclavos, inicialmente integrada por prisione-
ros de guerra”. Fueron grupos que habitaron regiones y medios diversos, por lo cual especializaron su producción
y dejaron atrás la economía de subsistencia. Si en la sociedad tribal el principio económico era la reciprocidad,
ahora, con la agricultura de semilla, sería el control de la redistribución de productos y excedentes, lo que implicaba
centros administrativos para la repartición de recursos y cobro de tributos. Hubo guerras frecuentes entre caci-
cazgos, para tomar esclavos, adquirir prestigio y, sobre todo, en pugnas por tierras aptas para cultivos o de algún
recurso especial (oro, sal, esmeraldas). Aparecieron los especialistas: administradores, chamanes, sacerdotes,
guerreros, artesanos y comerciantes, a la vez que se desarrollaron obras públicas y mercados, así como el comer-
cio con regiones vecinas y lejanas. Con los cacicazgos creció el poder y papel de los chamanes, ellos ayudaron a
mantener el bienestar social y a controlar y orientar la explotación de recursos naturales. [Reichel-Dolmatoff, 1986
b: 133-138]

Los cacicazgos, o señoríos, fueron una forma de organización social que perduró hasta la conquista: eran es-
tructuras jerárquicas con un sistema de linajes y prerrogativas en forma piramidal, hasta culminar en el cacique.
Ciertas familias ejercían el control social, económico y religioso, en una nueva estratificación reflejada en los ras-
gos representados en esculturas, cerámicas y orfebrería. O se manifiesta en los entierros funerarios, con tumbas
elaboradas y ajuar en el entierro, así como en la diferencia de ubicación, tamaño y calidad de aldeas o viviendas
particulares, la presencia de templos, espacios ceremoniales o grandes obras públicas.

Los asentamientos formaron aldeas nucleadas y poblados satélites, con centros ceremoniales de culto y ele-
mentos de defensa de las tierras fértiles. Pero por lo general no se trataba tanto de concentraciones urbanas,
como de la confederación de varias viviendas aisladas o en pequeños grupos, alrededor de un poblado. Se for-
maron aldeas satélites alrededor de las zonas productivas en diferentes zonas altitudinales y bióticas; es la “co-
lonización maicera”, ya más lejos de los ríos y sobre las faldas, colinas o planadas en las montañas, en lugares
que gozaban de lluvias y sol bien distribuidos, no muy fáciles de hallar en la abrupta geografía colombiana. Como
el nivel tecnológico en las herramientas de trabajo era bajo, las obras de agricultura monumentales se realizaron
gracias a una numerosa fuerza de trabajo y a formas comunales de laboreo. Las casas siguieron una planta ova-
lada o circular sobre un plano formado en la pendiente, con artefactos para los alimentos, empleo de cerámica y
entierro en urnas.

Los cacicazgos de montaña desarrollaron un sistema de explotación vertical, más que horizontal, como era
antes en la costa, para aprovechar varios niveles ecológicos especializados y basados en un complejo alimenticio
maíz, yuca, fríjol, ahuyama. [Reichel-Dolmatoff, 1989: 45] La mayoría de los cacicazgos tuvieron notable desarrollo
orfebre con artesanos especializados. Por ejemplo, los Calima son una secuencia de manifestaciones culturales a
través del tiempo con orfebrería desarrollada y cerámica, ocuparon zonas aplanadas de vivienda, terrazas y cam-
pos de cultivo con vestigios de canales dispuestos en cuadrículas. Hubo también cacicazgos en las fértiles tierras
tropicales del norte (Sinú, San Jorge y sobre el río Magdalena -Tamalameque, Mompós y Zambrano-) o en la costa
Pacífica, cerca de Panamá. Mientras que otras sociedades tribales, grupos selváticos horticultores mixtos, ocu-
AREAS Y GRUPOS
18

paron zonas interfluviales, ribereñas o litorales, como en Urabá, la Guajira, el Cesar o el Magdalena medio y alto.

Por lo general un cacicazgo estaba conformado por federaciones de aldeas con jefes territoriales. Estos po-
dían tener categoría hereditaria, o a veces tener un cacique que representaba la comunidad y su riqueza, pero sus
privilegios no derivaban de la propiedad de la tierra o de los recursos. Otras veces el mando se ejercía de manera
coyuntural y se perdía el predominio una vez variaran las condiciones. Elementos fundamentales de cohesión de
los cacicazgos eran los sistemas religiosos, los cuales se basaron en conceptos a partir de la naturaleza y leyendas
de los antepasados, del culto a los muertos y las ofrendas a las fuerzas sagradas: el sol, la luna y los ciclos natu-
rales. Esto los llevó a emplazar en lugares estratégicos observatorios solares, como también a delimitar espacios
sagrados según el recorrido solar y los solsticios. [Cardale, 1992: 58]

LA COSTA NORTE

Del período Formativo se han encontrado en esta zona concheros con restos de cerámica y de fauna fluvial o
marina, dejados por grupos pescadores, recolectores de moluscos y horticultores. [Mora & Uribe, 1991: 30] En sus
llanuras existen variados sistemas ecológicos contiguos, ricos en recursos y complementados con suelos fáciles de
labrar; allí se dieron la yuca y otras raíces, se practicó la horticultura y se aprovecharon las palmas, así se combina-
ron los recursos según las temporadas y surgieron aldeas. Hay vestigios sobre las riberas del San Jorge y el bajo
Magdalena, sobre todo en las zonas de El Banco, Zambrano y Calamar. Otro eje de poblamiento se dio en el valle
del río Ranchería, en la secuencia El Horno, la Loma, Portacelli y los Cocos, en concentraciones en la ribera de los
ríos, con presencia de metales para trabajar el maíz y también budares para la yuca, en una zona hoy árida pero
que antes debió recibir mucha lluvia (algunas fechas: La Loma 470 a.C. y 90 a.C.; El Horno 585 d.C., Portacelli 930
d.C.; Portacelli 1010 d.C. y los Cocos 1290 d.C.). [Reichel-Dolmatoff, 1986 b: 103] En el bajo Magdalena, Zambrano
fue un gran punto de confluencia y presenta testimonios de 4.000 años continuos, con algunos sitios relacionados
con Puerto Hormiga, Momil o Malambo, más otros posteriores.

A lo largo de los ríos importantes de la Costa hay restos de grandes aldeas ribereñas de los primeros siglos de
la era presente, con cementerios de urnas funerarias anexas. Cerca de la laguna de Zapatosa se ven vestigios de
aldeas de agricultores y pescadores, mientras que en la serranía de San Lucas aparecen pequeñas terrazas de
cultivo y habitación. Son restos del Formativo tardío que también se hallan en las cabeceras del Nechí, o cerca de
Barranquilla y de Cartagena. En las orillas de la Ciénaga Grande, entre la costa de Salamanca y las estribaciones
de la Sierra Nevada se descubrieron grandes concheros, y en la zona de Tubará sitios de habitación, entierros y
terrazas de cultivo del primer milenio d.C. que testimonian de cultivos de yuca y maíz. Lo mismo que en la serranía
de Piojó, las ciénagas del Totumo y de Luruaco, así como en el golfo de Morrosquillo, en las montañas de María y
las colinas de Sincelejo.

Al subir por el Magdalena hay un complejo arqueológico en Tamalameque con grandes cementerios de urnas
funerarias antropomorfas, entierros secundarios que aparecen a lo largo del Magdalena medio hasta los ríos la
Miel y Guarinó. Hacia el alto Magdalena las urnas elaboradas desaparecen pero hay cementerios dispersos de
urnas ovoidales. Entre la cordillera Oriental y el río Magdalena hay llanuras atravesadas por arroyos donde se en-
cuentran entierros en pequeñas lomas de pozos cilíndricos de tres metros de profundidad y un metro de diámetro,
BREVE MIRADA A LA PREHISTORIA
19

con una cámara lateral al fondo y urnas de entierros secundarios. Sobre la Ciénaga de Betancí se ven túmulos
funerarios y plataformas para vivienda; por ejemplo un túmulo de 60 por 40 metros por ocho de alto, rodeado por
un camellón y donde se halló bellísima orfebrería.

Según Santiago Mora y María Victoria Uribe, en la depresión momposina, delta interno que se inunda ocho me-
ses al año, hubo ocupación desde el año 1.000 a.C., del 130 a.C. se ven rastros de poblados y canales de desagüe
y, hacia el año 500 d.C., había altas densidades de población en el caño Rabón. [Mora & Uribe, 1991: 35-36] Estos
antiguos grupos surgieron desde el siglo IX a.C., con gran actividad hacia el siglo II d.C. cuando aumenta la pobla-
ción y se concentra en asentamientos nucleados. [Archila et al., 1993: 126 ss.] Las variaciones del paisaje por cam-
bios climáticos habían generado más agua y trazado nuevos cauces, a la vez que otras partes se hundieron por lo
que fue necesario abandonar unas áreas y poblar otras. Entonces se estableció una densa población que transfor-
mó los pantanos en un distrito agrícola, hasta el siglo VII d.C., cuando comenzó un progresivo abandono del área.
Fue pues una intensa ocupación de muchos siglos pero luego del colapso estas áreas fueron casi desocupadas,
aunque reductos de estas sociedades antiguas, los algunos Zenú persistieron allí hasta la invasión española.

La zona, situada por debajo de los 25 msnm. y que permanece inundada ocho meses al año, abarcó entre
Ayapel y Magangué, en la confluencia entre el San Jorge, el Cauca y el Magdalena, más los caños Rabón y Moja-
na. Aún hoy se ven rastros del sistema en áreas de 500.000 y 150.000 hectáreas respectivamente. [Falchetti &
Plazas, 1990: 151-171] Eran canales artificiales que iban desde los diques naturales a las zonas cenagosas más
bajas -o basines-, y se cavaban en sentido perpendicular a los caños mayores. Su longitud variaba entre 20 me-
tros y cuatro kilómetros -por lo general de un kilómetro- y estaban separados unos diez metros. Así controlaban
las inundaciones y aprovechaban el sedimento traído por los ríos mediante el drenaje de los suelos; en invierno los
canales largos evacuaban el exceso de agua de los grandes caños, para evitar su desbordamiento y conducirla
sobre áreas adecuadas para el cultivo. [Jaramillo & Turbay, 1998: 338]

Las partes elevadas eran camellones de un metro de altura (o dos ó tres metros de altura), sobre los cuales
estaban las viviendas y los túmulos funerarios. En invierno los canales largos drenaban el exceso de agua de los
grandes caños y la llevaban a los basines o ciénagas, o a las superficies de cultivo extensivo para evitar su des-
bordamiento, mientras que en el verano estos canales devolvían el agua de las partes bajas hacia los caños. Al
evacuar rápido los caños principales evitaban su sedimentación y conservaban estables sus cursos, el sistema
frenaba las aguas, aumentaba el depósito de sedimentos en las zanjas y mantenía cierta humedad en el verano;
en tanto que los canales menores enriquecían los suelos artificiales con los sedimentos arrastrados por las aguas.
De manera periódica se removían los sedimentos ricos en nutrientes para echarlos sobre los camellones y mejorar
el terreno. [Falchetti & Plazas, 1990: 151-171]

Levantaron asentamientos lineales con varias plataformas intermitentes a lo largo de los cursos menores, y
muy pocas eran aisladas. Entre los grupos de plataformas se hacían canales cortos perpendiculares a los caños
para evacuar aguas en invierno. Las viviendas se hacían más densas en la confluencia de varios de ellos, donde
había asentamientos nucleados, a manera de aldeas dispersas e interconectadas por canales menores y con va-
rios ramales en forma de Y. También podían unirse con otros núcleos poblacionales por medio de canales rectos,
sobre los cuales se generaba un poblamiento lineal continuo. Los túmulos funerarios estaban en la periferia y no
había huertas domésticas en el poblado, pues las plataformas de cultivos domésticos estaban muy próximas y
AREAS Y GRUPOS
20

sobre los camellones. [Falchetti & Plazas, 1990: 162-166] Así se adaptaron a las condiciones de dos temporadas
diferentes: seca y húmeda, en el mismo ecosistema. En un manejo de tierras bajas y cenagosas, mediante canales
artificiales, que les permitió ser productivos todo el año sin necesidad de desplazamientos. [Falchetti, 1996: 12-25]

Con respecto a la Sierra Nevada de Santa Marta, a comienzos de nuestra era densos grupos se asentaron
sobre las hoyas de los ríos Ranchería y Cesar, donde permanecieron por más de 1.000 años, pero fueron despla-
zados luego por la cultura de la Fase Portacelli. Hay vestigios de los 500-700 d.C. cerca de Buritaca, lo mismo que
Neguanje, Pueblito, Bonda y Mamatoco. [Castaño, 1985: 46]10

En la Sierra existió un desarrollo urbano complejo (vertientes norte y oeste), del cual y a partir de los restos de
cerámica, se reconocen dos fases entre los siglos IV y XII d.C.: a) Fase pretairona (o Neguanje), en las tierras bajas,
relacionada con las llanuras Caribe y con cierta complejidad arquitectónica desde el siglo VII d.C.; y, b) Fase Tairo-
na, en las vertientes de la Sierra, con núcleos de densa estratificación social articulados por un complejo sistema
vial. Entre los 500-700 d.C. hubo asentamientos cercanos al río Buritaca, al parecer federaciones de aldeas con
jefes de linaje y una incipiente organización estatal. En Buritaca 200, o Ciudad Perdida, se ven varios sectores
urbanos con talleres artesanales, depósitos, viviendas unifamiliares y espacios públicos, más una red de caminos
para desplazarse a los diversos pisos térmicos. Desarrollaron grandes obras públicas, caminos enlosados, terra-
zas de cultivo, sistemas de irrigación y “una adaptación microvertical a zonas montañosas comparable a la de la
zona andina”, en todo lo cual reflejan una sociedad organizada y una estructura política que persistirá hasta la in-
vasión española. [Mora & Uribe, 1991: 17-18] En el período Tairona clásico (siglos IX – XVI d.C.) se ve una actividad
dependiente de los recursos marinos y de la explotación de sal, que fue cambiando a un patrón de asentamiento
de poblaciones agrícolas, pues el aumento de población exigió explotar territorios tierra adentro. [Oyuela, 2005]

EL OCCIDENTE

En las vertientes occidentales de la cordillera Occidental, sobre la hoya del río Calima, muchos vestigios sugie-
ren la existencia de cacicazgos, pero también con diferentes cronologías y sociedades. En el área se descubrió
una compleja red de caminos prehistóricos y huellas de densa población en aldeas, con zanjas elaboradas para
drenaje y regadío. Se ven plataformas para casas, a veces nucleadas en pequeñas aldeas, como también am-
plias terrazas ovaladas con una gran roca en su centro, quizás como lugares rituales. Hacia el 1500 a.C. aparece
la cultura Ilama, que podría haber tenido aldeas y organización de cacicazgo. No es aún claro si se trata de un
desarrollo de los cazadores-recolectores anteriores o más bien del arribo de nueva gente al lugar, donde al parecer
había bosques extensos y fauna selvática, con cultivos de maíz, yuca, fríjol, achiote, calabaza o ahuyama; además
de algunas frutas tropicales, complementados con caza y pesca. Fueron alfareros y tejedores, conocían la meta-
lurgia y presentaban ya cierta estratificación social con artesanos especializados.

10 Para algunos los antecedentes de los Tairona están en Centroamérica, y llegaron a la Sierra hacia el siglo XI ó XII d.C., donde se sobre-
pusieron a culturas de tipo tribal, aunque para otros provendrían de varias influencias del interior del país hacia el norte. [Castaño, 1985: 47]
Pero no hay suficientes conocimientos arqueológicos para sustentar mejor tales argumentos.
BREVE MIRADA A LA PREHISTORIA
21

Sus casas surgieron en cimas de lomas, sobre “espolones bajos que bordean valles anegadizos”, en condiciones
pantanosas que luego, en el período Yotoco, fueron mejoradas por medio de drenajes con zanjas. 11 [Cardale, 1992:
25-71] Tenían oro de aluvión en los ríos, aunque no eran diestros orfebres, como en otras zonas contemporáneas,
pero sí se han hallado bellas máscaras Ilama de oro martillado, así como collares en tumbas excavadas en lomas
y laderas. Hacían enterramientos, quizás próximos a las viviendas y, por lo general, de pozo con cámara lateral, en
tumbas cavadas que rellenaban con ceniza volcánica blanda, contrario a las de Yotoco, labradas en arcillas más
duras y profundas.

A finales del primer milenio a.C. hubo una transición, en un proceso desconocido, a la cultura Yotoco (siglos
I-XII d.C., auge de los siglos I a IV y declive, por la llegada de nuevas gentes, desde el VI d.C.), bastante estratificada
y regida por caciques, con mayor densidad de población y gran desarrollo agrícola, alfarero y orfebre. Ocuparon la
llanura aluvial del Pacífico, la cordillera Occidental y el valle del río Cauca, donde construyeron zanjas y camellones
en zonas bajas inundables de los valles. Se nuclearon en poblados o aldeas, con casas sobre terrazas artificiales,
o sobre las desocupadas de épocas anteriores. El aumento de la población les obligó a talar bosques y a una agri-
cultura más intensiva, lo que transformó el paisaje de la región. [Bray, 1992: 75]

Construyeron sobre “tambos” -o terrazas artificiales de 8-10 metros sobre las laderas- casas semejantes a las
Ilama (como se deduce de las alcarrazas o vasijas con doble vertedera), pero sus rastros de viviendas se borraron,
aunque quedan trazas de los postes y drenajes. Hicieron zanjas para desaguar las inundaciones en los meses
húmedos y construyeron un sistema de campos elevados, donde sembraban maíz o, cerca de las viviendas, fríjol y
otras leguminosas, tubérculos o frutas. Algunos pueblos se protegían con empalizadas de madera y, como otros
pueblos prehispánicos, organizaron una red de aldeas rodeadas de labranzas, con rozas más distantes y disper-
sas. “La población rural vivía cerca a los cultivos, pero a intervalos había asentamientos grandes que servían como
centros de gobierno y residencia de los jefes”. Concretaron una amplia malla de caminos que unían los valles de
los ríos y con la costa Pacífica, lo que denota un amplio intercambio comercial con otras comunidades. Eran vías
en líneas más o menos rectas sobre las crestas de las lomas, adaptadas en lo posible la topografía y cuyas huellas
llevan hasta el Pacífico o la cordillera Central.

Eran excelentes orfebres, pues martillaban y fundían con virtuosismo. [Bray, 1992: 81] Hicieron tumbas de pozo
con cámara, como las de Ilama, en las cuales se evidencia una sociedad jerarquizada, con fuertes diferencias de
riqueza y categoría, como se deduce de los restos funerarios, tumbas y ofrendas. Mantenían intercambios cul-
turales, tecnológicos y comerciales con la costa Pacífica (Tumaco y Chocó), el alto Magdalena, el valle medio del
Magdalena y la cuenca media del Cauca. El grupo estaba en relación con los grupos del suroccidente en el primer
milenio d.C. y, no obstante las particularidades propias, todos tenían más o menos en común una visión del mundo
y formas sociales similares. [Bray, 1992: 117]

Hacia el 1000 d.C. en la región aparecen nuevos estilos de cerámica y orfebrería, a la vez que se modificaron
las fronteras políticas y culturales con movimientos de población considerables. Alrededor del siglo XIII fueron
desplazados hacia el valle del Cauca, donde luego fueron absorbidos por otras culturas de la zona, y en su lugar

11 Los rastros de viviendas han sido borrados, pero una vasija muestra “cuatro construcciones rectangulares con techos de dos aguas que
rodean una estructura mayor que podría ser la vivienda del cacique o, eventualmente, un templo”. El caballete es curvo, como sucede en la
Tolita (Tumaco), la cubierta de paja, con pocos o ningún mueble y una hamaca para dormir. Fabricaban esteras con juncos que traían de los
pantanos vecinos, mientras que calabazos, vasijas o canastos les servían para almacenar y preparar alimentos.
AREAS Y GRUPOS
22

surgió la cultura Sonso temprano. Eran varios grupos diversos con estilos regionales, aunque abarcables en la
“tradición sonsoide”, que iba desde Jamundí y Puerto Tejada hasta el río Bolo y quebrada Seca, o quizás hasta
Popayán, Guapi y Timbiquí, o Buga, el Quindío y el río Munguidó; o sea, varias zonas climáticas y ecológicas. “La
sociedad Sonso de Calima formaba parte de un conglomerado de agrupaciones políticamente autónomas, organi-
zadas internamente de forma similar”, formaban una cadena en todo el valle del río Cauca y en sentido transversal
de las vertientes de las cordilleras y hasta el Pacífico y el Magdalena algunas veces, entre los cuales interactuaban
en comercio o en guerra. “Dentro de cada agrupación había una o varias unidades conformadas por aldeas o
conjuntos de viviendas más bien dispersas, cuyos jefes locales o señores obedecían a un señor principal o cacique.
Estos cacicazgos podían formar alianzas guerreras.” [Herrera, 1992: 154]

Esta cultura tardía de la región se llamó Sonso por un yacimiento en el valle del río Cauca, sin embargo los
principales hallazgos están en los alrededores de Darién y Restrepo. [Gähwiler-Walder, 1992: 127-147] Los res-
tos más antiguos aparecen en la zona calima (siglos VI-XI), aunque “al parecer el territorio calima (...) estaba ya
rodeado de estilos sonsoides locales durante la segunda mitad del primer milenio”. [Gähwiler-Walder, 1992: 130]
Sin embargo su mayor esplendor lo tuvieron en el siglo XII d.C. Construyeron plataformas y adecuaron campos
de cultivo, como en la época Yotoco, pero utilizaron las laderas, más que los camellones en los fondos de los valles
-quizás por un cambio de clima y un descenso de las aguas- e hicieron canales para controlar las aguas y evitar el
deslizamiento de los suelos. La cerámica y la metalurgia son diferentes a las anteriores, usaron más la tumbaga y
variaron las formas de las vasijas, así como la decoración.

Sus cementerios se ubican en suaves pendientes o en la cima de colinas, en sitios no anegables. Las sepulturas
son más profundas y poseen grandes cámaras funerarias, hechas en pozo, como a lo largo de la costa Pacífica.
Hay tumbas sin cámara lateral, o con pozo y cámara lateral para sepultura en urna, o con pozo y cámara para
sarcófago. Quizás tienen menos objetos de oro y urnas o cerámicas menos elaboradas, pero siempre testimonian
la creencia en la vida después de la muerte, así como en la necesidad de preparar al difunto para esa nueva etapa.
Hay muchas urnas en Pavas-La Cumbre (sur de la región Calima) donde se evidencian jerarquías y corresponden
a inhumación secundaria con los huesos de una o varias personas.

Entre los siglos VII-XIII d.C. se habla de un período Tardío I, y para los siglos XIII y XVII d.C. de Tardío II, en los
cuales se hallan varios grupos culturales, ya no tan simples como las culturas arqueológicas anteriores. De la
tradición cultural Sonso eran las comunidades que hallaron los conquistadores españoles, cuyas viviendas esta-
ban dispersas sobre los campos agrícolas, o en aldeas poco densas, sobre plataformas ovaladas de cinco a diez
metros; aunque hay plataformas mucho mayores (entre 60 y 150 metros en su eje mayor), de formas más o menos
rectangulares y otras configuraciones. Leonor Herrera transcribe a Robledo respecto a Arma, “tienen las casas he-
chas de seis en seis juntas y una placeta delante dellas mui llana, hecha a mano”, donde erigían hileras de guaduas
adornadas con calaveras y en el medio una escalera para sacrificios humanos. Cieza describe danzas en estas
plazas en la provincia Quimbaya. [Herrera, 1992: 160 y 177] Las viviendas encontradas por los conquistadores en
el área de Palmira fueron descritas como casas redondas y altas, armadas sobre recias vigas de guadua, techo
de paja y otras maderas. Ubicadas en las laderas de los cerros en sitios aplanados antes de la construcción.12 Las

12 En Siguales se encontró una gran plataforma en la cima del cerro, con otras 24 menores en su alrededor, al parecer con un bohío de ha-
bitación en cada terraza. Otro grupo de plataformas, por lo general circulares, aparece en los valles del río Bolo y del río Palo, hechas de forma
escalonada, en grupos de cinco o seis y sobre las pendientes de los márgenes. Con frecuencia se hallan, anexos a las plataformas, reservorios
de agua con fines agrícolas, y se ven en la parte plana del valle del río Cauca montículos artificiales circulares, como base de viviendas de diez
BREVE MIRADA A LA PREHISTORIA
23

viviendas de la cordillera Occidental se establecían sobre terrazas artificiales, planta rectangular y techos a dos
aguas con cumbrera arqueada y “ligeramente elevada en la cornisa”. [Rodríguez, 2007: 47, 53]

Según Santiago Mora y María Victoria Uribe, del Tardío I son las fases denominadas: Piartal, en el altiplano na-
riñense y en Carchi, Ecuador, con asentamientos nucleados de agricultores, jerarquización social y una red de inter-
cambios con la selva y la costa pacífica; Patía (siglo XI d.C.), cuando se diversifican las unidades sociales; Bucheli,
que marca una ruptura con la anterior, en la bahía de Tumaco y con asentamientos sobre montículos artificiales;
Sonso temprano, (XII- XVI d.C.), Bolo, Sachamate y la Llanada. Y del Tardío II: Tuza, en el altiplano nariñense, con
asentamientos nucleados de agricultores y alta densidad de población; Guachicono, en el valle del Patía; Sonso II, el
desarrollo tardío local en el Calima; Sombrerillos, período reciente de San Agustín; o de tradición sonsoide: Tinajas,
Pichindé, Buga, Quebradaseca y el Complejo Caldas en la hoya del Quindío. [Mora & Uribe, 1991: 15] En la región
del Quindío se encuentran aldeas dispersas rodeadas de campos de cultivo, ante todo de maíz, con pocos vestigios
de obras de ingeniería, pero sí muchos entierros y un mayor desarrollo en alfarería y orfebrería. Del primer grupo
las sociedades estaban en vías de conformar cacicazgos, mientras que en el segundo, ya más avanzado, había
cierta unión de varios cacicazgos dirigidos por un señor principal y ocupaban extensas áreas del suroccidente.13

En la costa Pacífica, entre el río Mira y el actual Ecuador existieron sociedades de agricultores desde 500 a.C.
hasta 500 d.C., nombradas de modo general como cultura Tumaco, pero el ambiente lluvioso y la poca investiga-
ción arqueológica hacen aún precario su conocimiento. En el alto Cauca, cerca de Popayán, hay huellas de caza-
dores-recolectores (los Árboles y la Balsa), mientras que para la zona de Nariño, María Victoria Uribe determinó las
fechas de tres estilos principales en la cerámica: Piartal 750-1250 d.C., Capulí, 800-1500 d.C. y Tuza, 1250-1500
d.C. Según Luis Fernando Calero los grupos del estilo Capulí habitaron las márgenes altas del Guáitara y sus res-
tos delatan relaciones con los habitantes de la costa Pacífica. El complejo Piartal-Tuza comenzó simultáneo con el
Capulí, levantó en las cimas de las colinas casas circulares en grupos y luego evolucionó al estilo Tuza, quizás por
influencias foráneas, para extenderse sobre la meseta de Túquerres e Ipiales y después imponerse sobre el grupo
Capulí. En este período Tuza disminuyeron las relaciones con el Pacífico. [Calero, 1991: 31-34]

SAN AGUSTÍN Y TIERRADENTRO

Señoríos hubo en San Agustín y en las fértiles vertientes de la cordillera Central, donde las grandes esculturas,
los terraplenes y entierros suntuosos de jefes y sacerdotes testimonian una sociedad jerarquizada y de alto desa-
rrollo tecnológico y social.14 San Agustín, en el alto Magdalena, es un ejemplo de ocupación de un emplazamiento
privilegiado, con fácil aprovechamiento vertical de varios pisos térmicos. Es un punto estratégico con fáciles comu-

metros de diámetro y 1,5 metros de altura. En la hacienda Sachamate se han visto poblamientos nucleados al borde de los ríos, y plataformas
ovales o semielípticas en la llanada, asociadas con eras de cultivo y caminos.
Del Tardío II hay vestigios de bohíos sobre plataformas artificiales, dispersos unas veces y otras en pequeños poblados. A veces se ven
grandes plataformas ovoidales (± 100 metros) que quizás sirvieron como lugares públicos. En el valle del río Cauca hay casas circulares sobre
plataformas, de la cultura Pichindé y, al sur del valle, varios sitios, cerca de quebradas o del gran río, con asentamientos nucleados o lineales a
lo largo de los cursos de agua. En el río La Paila, norte y sureste de Corinto, y los ríos Palo y Palmira, se agrupa la cultura de Quebradaseca; así
como grupos semejantes en el río Vueltas, o poblados de tamaño variado en la quebrada Guaimaral.

13 Pero el proceso de unificación se truncó con la invasión hispana.

14 El nombre del municipio actual quizás provenga de Fray Agustín de la Coruña, obispo que pasó por el camino de Almaguer a Timaná,
donde murió en 1589. CABRERA, Miguel. Apuntes monográficos sobre Agustín. En: Revista Huila, 1958; citado en Cháves, 1988: 156
AREAS Y GRUPOS
24

nicaciones hacia el Amazonas y el Orinoco, a través de una depresión en la cordillera Oriental, o de pasos hacia
el Patía y el Pacífico, como una encrucijada de caminos y por tanto de influencias. [Reichel-Dolmatoff, 1986 b:
120-125] Por su localización especial constituye un foco de atracción y de intercambio, donde no hubo una cultura
durante varios siglos sino la superposición de varias y diferentes, algunas desarrolladas allí y otras provenientes
de otras partes.

Para su estudio, Cubillos y Duque proponen cuatro períodos de su evolución: Arcaico, de 3.300 a.C. a 1.000
a.C.; Formativo, 1.000 a.C. a 300 d.C. (Inferior de 1.000 a.C. a 200 a.C.; Superior de 200 a.C. a 300 d.C.); Clásico
regional, 300-800 y Reciente, 800-1.550. A la vez que plantean una continuidad cultural, sin desconocer las va-
riantes locales, al menos entre los siglos I a.C. y VII d.C., y descartan el abandono de la región antes de la llegada
de los españoles. Pero Alvaro Cháves lo considera todavía en espera de mayor claridad arqueológica. [Cháves,
1988: 165] A su vez Reichel-Dolmatoff plantea tres períodos principales de la ocupación y actividad en el lugar:
el primero, en los últimos siglos del primer milenio a.C., corresponde al complejo Horqueta y está en relación con
el Formativo tardío; el segundo, los cuatro primeros siglos de la presente era, caracterizado por el complejo de Is-
nos, al parecer ya con una organización de cacicazgo y una población diferente a la del primero, quizás invasora,
que construyó muchas obras de ingeniería y cuya cerámica se relaciona con la del sur de la costa Pacífica; más
un tercer período, ya histórico y más reciente. Más o menos entre el año 330 d.C. al 1410 hay un lapso del que no
se conocen estratos, hasta cuando aparece el conjunto Sombrerillos, con una población distinta a las anteriores.15
[Reichel-Dolmatoff, 1989: 48]

Muchos sostienen que sus orígenes están en el Amazonas, a partir de rasgos de su arte relacionados “más
bien con el medio tropical húmedo y no con el de las tierras templadas de las vertientes andinas”, como se dedu-
ce de la fauna representada. [Reichel-Dolmatoff, 1989: 47] Reichel-Dolmatoff insiste en su carácter de zona de
invasiones donde se superponen diversas culturas y en combinación heterogénea. Para Héctor Llanos la vida
sedentaria en San Agustín tiene orígenes en las cordilleras andinas y las selvas del Amazonas, pues vestimenta,
adornos y armas así lo sugieren. En sus figuras representan jaguares, caimanes y serpientes grandes que están
en las riberas de los grandes ríos y no en la zona templada de su asiento, pero todo son conjeturas pues se han
mirado las estatuas pero poco se han estudiado contextos para conocer sus cultivos y viviendas. Los climas hú-
medos de la región y los suelos ácidos han destruido los vestigios orgánicos y sólo quedan elementos de piedra,
orfebrería o cerámica, rastros de cultivos o de postes de construcciones, caminos, terrazas o montículos, además
de las huellas destruidas por la colonización y la guaquería durante muchos siglos. [Llanos, 1995: 16-18] En todo
caso hay indicios de militarismo y parece que fueron más bien sociedades teocráticas, pero no hay evidencias de
un centro principal, sino varios asentamientos en lo alto de las lomas, cerca de pequeños ríos y no todos ocupados
a la vez. Hay variedad de tipos de entierros, lo mismo que de esculturas y motivos, y sobresalen las maravillosas
y enigmáticas esculturas de inmenso valor cultural y artístico. Además nos quedan caminos y huellas de cultivos,
testimonios de un área densamente poblada durante muchos siglos, por lo menos tres milenios.

Desde el segundo milenio a.C. -o sea coetáneos con la cultura Olmeca primera y la Chavín del Perú- grupos
selváticos ocuparon esta zona favorable para la agricultura intensiva, se asentaron en lo alto de las lomas y en
medio de una red de arroyos. Era un poblamiento disperso pero poco distanciado, cercano a las tierras de cultivo

15 En el siglo XVI estaban allí los Guachicos, Guarapas, Quinchana, Laboyos, Laculata, Mulales, Maito, Oparapa y Yalcón, sin relación con
los autores de las conocidas estatuas.
BREVE MIRADA A LA PREHISTORIA
25

y sobre las lomas, con terrazas hechas en laderas y junto de los nacimientos de agua. Preparaban surcos en las
laderas y en lo alto de las montañas, dispuestos en sentido vertical para no embalsar las aguas, donde cultivaron
maíz, maní, nogal para grasas y completaron su dieta con la caza y la pesca. Las viviendas se erigieron aisladas
o agrupadas en pequeños caseríos, aunque en la Quinchana se percibe mayor densidad. Eran de planta circular u
oval, de más o menos tres metros de diámetro, suelo de tierra, paredes de bahareque y techumbre cónica de paja.

Hacían enterramientos dentro de la vivienda, lo que quizás implicaba su abandono, si bien sus sepulcros eran
más complejos pues lo mejor de su arte se reservaba para lo religioso y sobre todo lo funerario. Se han hallado
cementerios en terraplenes artificiales, con tumbas cuyo tamaño y riqueza depende de la posición social del di-
funto, y cuyas variaciones se pueden esquematizar en cubiertas o subterráneas; siendo especial de esta cultura
la construcción de las primeras. Sobresale la estatuaria, hoy bien conocida y admirada, estática y simétrica, de
carácter mágico y monumental.

De los antiguos habitantes de la zona, el primer vestigio es un fogón en el alto de Lavapatas, del año 3.300 a.C.,
pero son datos aislados que no permiten inferir la cultura material de tales grupos. Hay rastros de agricultores en
el valle de Laboyos, sur del alto Magdalena, en el tercer milenio a.C., como también del segundo milenio, cuando
aparece la alfarería (siglos XI y IX a.C.), lo mismo que en el valle del río de La Plata (VIII-VI a.C.). [Llanos, 1995: 32]
En el alto del Lavapatas (siglo VII a.C.) hay rastros de agroalfareros y del período formativo hay vestigios en va-
rios sitios del sur del Huila y en los diversos pisos térmicos. En el primer milenio a.C. el clima se hizo más lluvioso
y frío y esto incidió en sus representaciones: hay figuras femeninas de barro y otros animales que simbolizan la
fertilidad. De entonces quedan entierros y cerámica decorada. Vivían en bohíos dispersos, tenían instrumentos
de obsidiana, de cantos rodados y de piedras de moler. Hacia el siglo II a.C. la sociedad se hizo más compleja, se
percibe un cambio en la alfarería y aterrazamientos con complejos funerarios. Al parecer llegó otra cultura pues
la cerámica del complejo Isnos es diferente a la del período Horqueta-Primavera, si bien Llanos cree que el cambio
estilístico no fue tan radical y sugiere más bien intercambios con una cultura vecina. Dentro de una general tradi-
ción del suroccidente entre el cuarto y el primer milenio, hay diferencias locales, pero comparten rasgos generales
el período Ilama y el Formativo de San Agustín, como También el Yotoco con el Clásico Regional, complejo Isnos,
aunque las tumbas megalíticas y los montículos y aterrazamientos agustinianos no aparecen en la región Calima.
[Llanos, 1995: 32-45]

Hay vestigios de comunidades sedentarias en San Agustín desde el 500 a.C.: en el último milenio a.C. se pue-
blan de manera gradual las faldas de los valles interandinos, donde por lo accidentado del terreno se dividieron
en pequeños grupos, con gran dispersión y aislamiento regional. En los últimos siglos de ese milenio los grupos
del alto Magdalena y del valle del Calima siguen influencias mutuas y presentan una complejidad social, con au-
mento demográfico, variación en los patrones de asentamiento, presencia de especialistas y dominio de técnicas
agrícolas. [Mora & Uribe, 1991: 13] Durante el período clásico se ven rellenos de hondonadas, terraplenes, mon-
tículos y caminos para modificar la topografía, en tanto que las casas se levantaron en plataformas artificiales
sobre laderas. Hubo una concentración en centros cacicales, donde hoy se hallan las estatuas, tumbas y demás
monumentos funerarios16 Pero después, hacia el siglo VII o VI d.C., el clima varió, aumentaron las lluvias y bajó

16 Son notables los centros funerarios, algunos monumentales para personajes principales y sus allegados, y otros sin construcciones para
gentes de rango menor; hay monumentales de pocos montículos, con mausoleos de chamanes y sus linajes, y otros con numerosas tumbas
como una necrópolis. Asimismo hay centros funerarios en sitios distantes y muchos de ellos contemporáneos (siglo VI d.C.), o sea de diferentes
jefes que regían en territorios particulares, aunque podrían tener diverso rango. [Llanos, 1995: 45-47]
AREAS Y GRUPOS
26

la temperatura, se abandonaron los asentamientos altos, otras partes se inundaron y fueron deshabitadas; los
chamanes no pudieron reestablecer el equilibrio y provino la crisis. En el 900 ya se encuentran allí los Yalcón, con
pautas de asentamientos diferentes, lo mismo que las costumbres funerarias, la alfarería y la metalurgia, además
proliferaron unidades sociales independientes y se da una fragmentación política.

También cacicazgos se coligen en Tierradentro por las impresionantes cámaras funerarias, las grandes obras
de ingeniería y las estatuas. Sobre el valle del río Páez, en la zona de los actuales municipios de Inzá y Belalcázar,
su nombre se lo dieron los soldados españoles ante las dificultades para recorrer el lugar y enfrentar a los Páez
o Apirama. Su base económica fue el maíz y la explotación de varios sistemas ecológicos verticales, cultivaban
maíz, calabaza y fríjol, además de caza y pesca, o hacían tejidos de maguey o algodón que, junto con cerámica y
sal, les servían para el trueque comercial. [Cháves, 1988: 168]

Quizás estaban organizados por clanes, pues aparecen de manera reiterada animales en la pintura, la cerámi-
ca y la talla de piedra. Sus viviendas, dispersas y cerca de los cultivos, se levantaban en planadas artificiales sobre
las laderas de las montañas, eran de planta oval o circular, piso de tierra, estructura y paredes de madera y caña,
techos de paja, un fogón central y una zanja interna de aguas con salida al exterior. Hacían enterramientos en, o
cerca de, las viviendas. El ritual funerario seguía dos etapas: primero un entierro individual en pequeñas tumbas,
después un entierro secundario y colectivo, en hipogeos con cámara de planta oval y techo cóncavo, más nichos
radiales para urnas y escalera en un pozo para el descenso. Se trata de construcciones subterráneas talladas en
la toba, o ceniza volcánica endurecida del subsuelo, con columnas en el medio cuando son grandes, y siempre de-
coradas con temas geométricos de simbolismo cósmico. [Ayala, 1977: 149-212 / Cháves, 1988: 169]

Hay vestigios de caminos prehispánicos que, al parecer, unían esta región con la de San Agustín. Se han ha-
llado hipogeos del 870 a.C., un entierro primario del 630 d.C. y el cementerio de la loma del Aguacate del 850 d.C.,
pero la humedad de la región ha dificultado obtener más material fechable. No existe información entre el 850 d.C.
y el siglo XVI, ni se sabe cómo desaparecieron o fueron dominados por los Páez, quienes no tienen relación con los
restos arqueológicos de la región. [Cháves, 1988: 166-178]

EL ALTIPLANO CUNDIBOYACENSE

Hacia el 10.000 a.C. grupos del valle del Magdalena emigraron a las tierras frías de la Sabana de Bogotá, don-
de, si al principio cazaban mamíferos grandes, los cambios climáticos habían extinguido esta megafauna y obliga-
do a una dieta más variada de plantas de los altiplanos. Entre el 3.000 y 700 a.C. en la zona se abandonaron los
abrigos rocosos y surgieron campamentos rudimentarios a cielo abierto, sedes de una vida semisedentaria que ya
domesticaba algunas raíces y tubérculos. Por ejemplo en Chía y Zipacón (segundo y primer milenio a.C.), donde
hay evidencias de una agricultura temprana. [Correal, 1979 / 1988 / Mora & Uribe, 1991: 9]

En el tercer milenio surgieron las primeras comunidades agroalfareras en los altiplanos de la cordillera Oriental,
de las cuales existen varios testimonios: en Vistahermosa (Mosquera), cerca de la laguna de La Herrera hay estra-
tos con presencia humana y en Zipacón se halló cerámica con restos vegetales, además de caracoles marinos que
reflejan contactos con la costa. [Correal, 1988: 90-93] En Aguazuque se hallaron estratos de ocupaciones (3.045
BREVE MIRADA A LA PREHISTORIA
27

y 755 a.C.) en un campamento abierto, con “pequeños cobertizos circulares en forma de colmena”, reemplazados
luego por viviendas circulares de mayor diámetro. Pautas similares a las de los contemporáneos asientos de Vista-
hermosa, Chía y Zipacón, aunque con diferencias respecto a las costumbres funerarias. De 1.870 a.C. se encontró
un entierro colectivo en círculo (23 individuos), con una ofrenda, rastros de inhumaciones y, dadas las duras condi-
ciones, testimonios de antropofagia y de precaria salud. [Mora & Uribe, 1991: 10]

Pero no hay continuidad entre estos grupos y las poblaciones agroalfareras desarrolladas hacia el siglo III a.C.,
de las cuales se insinúa más bien una colonización de grupos procedentes del valle del Magdalena. En terrazas
sobre el Magdalena medio, hacia las montañas de la cordillera Oriental, se dieron asentamientos dispersos de
agricultores itinerantes y recolectores (II a.C.- IV d.C.), los cuales al parecer se prolongaron luego a Herrera y Guane
temprano, donde se perciben influencias de las llanuras Caribe. Ya cerca del siglo II a.C. se ven ciertos desarrollos
cacicales que perdurarán hasta el siglo XV. Los pobladores del período Herrera (800 a.C. al siglo VIII d.C.) domina-
ban la agricultura y la cerámica, y ocuparon desde el sur de la sabana hasta la laguna de Fúquene, Tunja, e incluso
el Cocuy, o por el oriente hasta el valle de Tenza y el Guavio. Aunque el poblamiento en toda esta área no fue
homogéneo y fue mayor en las tierras secas al sur de la Sabana o en las zonas productoras de sal. Eran pequeñas
aldeas agrícolas sobre los valles planos y las colinas vecinas donde cultivaban maíz y papa, complementado con
caza de venado, conejo, ratón y curí, además de una progresiva explotación de regiones diversas. [Langebaek,
1992 a: 60]

Los grupos de filiación Chibcha que dominaban los páramos, con fines religiosos o rituales, y los altiplanos o
vertientes, con fines agrícolas, cultivaban maíz como base alimenticia, además de pequeños mamíferos, caracoles
y aves. Características suyas eran los asentamientos nucleados y algunas plataformas artificiales, industria lítica
poco desarrollada, manufacturas del algodón, orfebrería con uso de la tumbaga (oro más cobre) y técnica de la
cera perdida, entierros de cuerpos momificados, ofrendas propiciatorias en lugares inhóspitos y deformación cra-
neana como distintivo social.

Los cacicazgos de la cordillera Oriental, al igual que lo sucedido durante el período formativo, son tardíos con
respecto a los del suroccidente” se inician hacia el siglo VII d.C. y se prolongan hasta la conquista. [Mora & Uribe,
1991: 15] En el noroccidente del altiplano se identifican dos desarrollos locales con influencias externas: el primero
(siglo VII d.C.) con poblados nucleados distantes entre sí, poder central y alta densidad y, el segundo (siglo X d.C.)
con asentamientos de extensión variable, cerca unos de otros y también de alta densidad. Poco se conoce la tran-
sición hacia la cultura Muisca, pero en la cerámica pintada y sus nuevas formas habría influencias de la Guajira y
Venezuela. Desde el siglo VII d.C. creció la población, los vestigios de estos momentos son más abundantes y de
mayor tamaño, como también se hizo más extenso el cultivo del maíz. [Mora & Uribe, 1991: 15] Estos Muisca serían
los que encontraran los conquistadores españoles, con notable adelanto político e integración regional amplia y en
proceso de consolidación.

En las montañas del sur de Santander, sobre los ríos Suárez, Fonce y Chicamocha, se han identificado dos
fases: Fase Guane temprano (siglos IX-XII d.C.), en el Chicamocha (bajo y medio) y las mesetas de Barichara, los
Santos y Bucaramanga, con indicios de migraciones chibcha del norte de la región Caribe; y Guane tardío (siglos
XIII-XVI d.C.), en el Chicamocha alto, Suárez, Fonce y serranía de los Cobardes, relacionados con el valle del Mag-
dalena y el altiplano muisca. En las vertientes bajas hacia el Magdalena hubo asentamientos menos desarrollados
AREAS Y GRUPOS
28

y dispersos sobre terrazas o lomas cercanas al río. [Mora & Uribe, 1991: 15-17]

EL ORIENTE

La investigación arqueológica reciente muestra cómo en las tierras bajas orientales se dieron procesos pare-
cidos a los de las regiones andinas, sin embargo, a pesar de los progresos en el conocimiento de la prehistoria,
se dista de tener claridad y subsisten aún grandes vacíos (en tiempo y espacio) sobre el proceso regional. Los
arqueólogos tienen dos visiones sobre los centros originarios de las formas culturales agroalfareras: un modelo
plantea el paso de grupos andinos a los bosques tropicales, donde luego languidecieron; mientras otro supone
una centralización en la hoya del Amazonas con mayor complejidad social y adaptación estratégica al medio, más
adecuado manejo de los suelos, por cuyas disputas hubo guerras y desplazamientos. [Mora & Uribe, 1991: 20-29]

Hasta ahora muchos se inclinan por la segunda opción, pero lo claro es que hubo en el área sistemas más
complejos que las chagras actuales de tala, quema y siembra. Se han encontrado, cerca de San José del Guavia-
re, despojos de materiales líticos de grupos cazadores-recolectores nómadas (3.000 a.C.), como también en las
colinas del Araracuara, sobre el río Caquetá, hay indicios de producción de alimentos de comunidades de agricul-
tores, de antes del 2.700 a.C. Era entonces un bosque tropical de clima cálido y húmedo, donde cultivaron maíz
mediante la tala y quema de pequeñas áreas de bosque, pero la mengua del bosque tropical y el descenso de la
humedad llevaron a reubicar los cultivos. Más tarde, con la recuperación del bosque y algunos cambios climáticos,
reaparecieron ya en zonas más extensas, el maíz y el cultivo de yuca. Luego se abandonó el área, y sigue un vacío
de milenios, pues sólo hasta los comienzos de nuestra era reaparecen rastros de actividad humana en la zona, de
agricultores en pequeñas aldeas alrededor y sobre las colinas. [Mora & Uribe, 1991: 22]

El río Caquetá fue siempre un eje de movimiento y de asentamientos, allí llegó, hacia los comienzos de la era
presente, un grupo conocedor de técnicas de mejora de suelos agrícolas, lo cual permitió cierta estabilidad, cohe-
sión social y labor comunitaria. Además hubo mejor control de plagas, sembraron frutales, organizaron cultivos
cíclicos y redujeron la frecuencia de las quemas. Desde el 800 d.C. se adicionó materia orgánica a los suelos, con
limos de las áreas inundables y, hacia el 1.200 d.C., abandonaron los asentamientos sobre las colinas, se densificó
la población e incrementaron las técnicas de enriquecimiento de los suelos con un enorme trabajo de movimiento
de tierras. Todo ello propició una mayor especialización del trabajo, adelantos cerámicos y de los artefactos líticos.
No se sabe cómo estos grupos decayeron, pero en la época hispánica no quedaban rastros visibles de ellos y sólo
los hallazgos arqueológicos actuales nos han permitido saber de su existencia.

Más al sur, la parte colombiana del río Amazonas fue, al parecer, muy poblada desde época temprana, del
300 d.C. hasta épocas recientes. Hay restos alfareros en el río Loreto-Yacú, del 110 d.C., así como del segundo
milenio; en Santa Sofía se fecharon hallazgos de 1.040, 1.215 y 1.515 d.C., asociables con los Tupi-guaraní, como
se deduce de los restos de cerámica. A su vez en el piedemonte llanero, en cercanías del Ariari (Granada, Puerto
Caldas y Puerto Lleras) se hallaron grupos alfareros de mediados del primer milenio d.C., (fases Granada y Puerto
Caldas), aunque la mayoría son vestigios arqueológicos de los Guayupe y Achagua, ya en los siglos XVI y XVII.
[Mora & Uribe, 1991: 20-29]
ÁREAS Y GRUPOS EN EL MOMENTO
DE LA CONQUISTA

1. LA COSTA NORTE

1.1 La Guajira

Los indios que habitaban la península guajira, en el momento de la llegada de los conquistadores hispanos,
emigraron a la zona en tiempos prehispánicos, quizás hacia el cuarto milenio a.C.17 Eran varias gentes pertene-
cientes al grupo lingüístico Arawak: Guajiro, Kaketío y Paraujano (Añú), caracterizados por su carácter guerrero, se
dedicaban a la caza, la pesca o la extracción de perlas y, forzados por el medio, adoptaron gran movilidad. Convi-
ven allí dos fracciones de la etnia guajira: los Guajiro-Wayúu18 y los Kusina-Wayúu. Los primeros llaman Kusina
a los segundos por considerarlos unos indígenas dedicados al robo y el saqueo. [Oliver, 1990: 83-91]

Los grupos Guajiro ocuparon la media y alta Guajira desde el río Ranchería hacia el norte. Hay referencias de
Castellanos y otros cronistas de grupos Kusina y Wayúu en la serranía Cosinetas o Cosinas y en la serranía de
Macuira. Quizás habitaron también la provincia de Carara, o sea las tierras orientales de la alta y baja Guajira, los
montes de Oca (norte de la sierra de Perijá) y el norte de Maracaibo. Se sabe de la naturaleza móvil de los Kusina
que no habitaron en poblaciones sino metidos en las montañas, con una agricultura de menor escala. [Oliver, 1990:
86 y 121]

Los Wayúu tienen clanes o castas a quienes correspondería un territorio y un animal totémico, sin embargo
Benson Saler sostiene que “los clanes ahora están dispersos, son ágamos y no corporativos”, tienen un nombre

17 Probablemente de origen amazónico. [Ardila, 1996: 15]

18 Wayú quiere decir «gente», persona.


29
AREAS Y GRUPOS
30

74º 73º 72º 71º

Punta Gallinas
Bahía Hondita
Bahía Honda

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Figura 2. La Guajira

que comparte un grupo pero no necesariamente están ubicados en un área.19 Según narran, ellos vinieron de
una tierra distante donde había bastante agua y, al llegar a la península, donde era posible incipiente horticultura,
encontraron pequeños grupos de cazadores y recolectores.20 [Saler, 1988: 29-33] Las investigaciones de Lange-
baek, Cuéllar y Dever (1998) han develado un período de sequía en el siglo XIII d.C., que dio origen al poblamiento
del litoral y de áreas lejanas de los ríos, dentro de un patrón móvil regido por la disponibilidad de recursos en las
diferentes partes del año. [Guerra, 2007: 18]

19 El habla de los de la Alta Guajira tiene diferencias dialectales con los de la Baja, así como riquezas muy dispares entre ellos. Es difícil
calcular su población pero hoy serían 100.000, repartidos entre Venezuela y Colombia. [Saler, 1988: 29-33]

20 Desde el siglo XVI y principios del XVII se introdujo el ganado de los europeos, vacuno, equino, asnal, ovino y caprino, lo que transformó
el uso de las tierras secas y las pautas de asentamiento, pues permitió emplear áreas donde había poca caza o pesca y la agricultura era muy
difícil, además de propiciar dispersión y aumento de la población. Tuvieron contacto con holandeses, ingleses y otros europeos, cambiaron per-
las y pieles por armas, alcohol y esclavos negros, mantuvieron cierta independencia y a pesar de intentos por sojuzgarlos aún hoy conservan
su autonomía. Su territorio periférico impidió la llegada de población criolla, pero sí arribaron esclavos u otros fugitivos aventureros, y algunos
se mezclaron con ellos. [Saler, 1988: 29-38]
Á R E A S Y G R U P O S E N E L M O M E N T O D E L A C O N Q U I S TA
31

También estaban en la península los Kaketío, quienes habitaban la región antes de la llegada de los Wayúu;
posiblemente llegaron a Colombia por la costa venezolana y se establecieron en la costa del cabo de la Vela y
alrededores de Punta Espadas. Comerciaban con los Caonao, Wanebucan y Guajiro, sin embargo su principal
actividad era la agricultura, lo que implicó que se ubicaran hacia la zona montañosa de las serranías, o bien que
los asentamientos de la costa fueran temporales y los ocuparan navegantes Kaketío durante parte del año. [Ardila,
1996: 32 y 35] El grupo Añú (Paraujano), vivía en regiones lacustres, en la región Sinamaica-Paraguaipoa y hacia
el lago de Maracaibo. Eran conocidos en el siglo XVI como Onoto, término caribe impuesto quizás por los Bubure,
debido a la bija o achiote con que se pintaban; además de haber recibido otras denominaciones: Alcojolado, Alile,
Toa Zapara o Sinamaica. Pescaban, cazaban, recolectaban moluscos y, mediante trueque, obtenían productos
agrícolas. [Oliver, 1990: 86 y 121]

Los Wanebucan habitaban lo que los españoles llamaron luego la provincia de La Ramada, localizada en el
área definida por el mar21, el río Ranchería y la sierra Nevada. Fueron vecinos pacíficos de los Tairona y los Kusi-
na-Wayúu, eran navegantes, excelentes pescadores y al parecer horticultores. Sus asentamientos estaban cerca
del mar y las riberas de los ríos, con calles ordenadas y casas espaciosas con ramadas delante de las puertas.
Sobre el río Ranchería había una gran casa ceremonial donde se hallaron estatuas de madera tamaño natural que
quizás representaban a sus antepasados. [Oliver, 1990: 87 / Reichel-Dolmatoff, 1951: 98]

1.2 El Rio Cesar

Los Caonao estaban en el comienzo del valle de Upar, parte alta del río Cesar, algunos habitaron la serranía de
Jarara (Guajira) con fines comerciales, después compartieron el valle medio del Ranchería con los Burede, Bubure
y Tupe. Usaban mantas y bonetes de algodón, como la “gente” Wayúu, y cultivaban conucos donde tenían riego
artificial por medio de zanjas. Obtenían sal marina por trueque con oro, además intercambiaban esmeraldas, qui-
zás con los Muisca, y se servían de cuentas de hueso y conchas para collares como elementos de cambio. [Oliver,
1990: 88] Los Burede22 habitaban la sierra que divide Colombia y Venezuela, sobre el río Guasare-Limón, y los
Bubure, altos y fornidos, estaban entre la Sierra y Maracaibo.23 Tanto Burede como Bubure son reseñados por
el cronista Esteban Martín como dos grupos relacionados entre sí por sus dialectos afines, y ambos parecen ser
ancestros de los actuales Yuko.

Los Pemeo, grupo Caribe, habitaban en áreas cenagosas hacia el Magdalena y en 1534 son nombrados al
suroccidente del lago de Maracaibo, como también al sur de la laguna de Jaruara, con “pueblos de hasta treinta o
cuarenta bohíos”. Quizás en la confluencia del Zulia, Tarra y Catatumbo hubo pequeños grupos herbívoros, como
los Aratomo y los Aruacana, que usaban flechas envenenadas. [Oliver, 1990: 91-92] Sobre el bajo río Cesar
habitaban los Xiriguano (Guiriguano), en poblados de 10 a 15 bohíos, eran enemigos de los Pacabuy y se diferen-
ciaban de los Bubure, Burede y Caonao sólo por la lengua. Reichel-Dolmatoff habla de los Dubey, antropófagos y
localizados en las faldas de la sierra de Perijá, al oriente de los Xiriguano. [Reichel-Dolmatoff, 1951: 100]

21 Entre el cabo de San Agustín y Dibulla.

22 También llamados «coronados», como frailes.

23 Sobre cuyo lago los encontró Alfínger (1531-1534).


AREAS Y GRUPOS
32

74º 73º 72º

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Figura 3. Rio Cesar


Á R E A S Y G R U P O S E N E L M O M E N T O D E L A C O N Q U I S TA
33

A su vez los Motilones ocupaban las serranías de Perijá y Bobalí, ambas vertientes, así como en los valles del
alto río Catatumbo y el río de Oro, por el sur lo hacían hasta el caño Rincón y al norte hasta la sierra de Manaure.
Antes abarcaban mayor área pero con la llegada de los blancos se replegaron, quizás ocupaban desde la región
de Ocaña y la vertiente oriental del río Catatumbo, hasta las lagunas del sur y suroeste del lago de Maracaibo.24
[Reichel-Dolmatoff, 1945: 19] Indómitos, aún subsisten hoy, son de baja estatura y llevan el pelo corto, de lo cual
derivó su nombre. La alimentación de los que sobreviven es sobre todo vegetal, de frutas silvestres y agricultura
rudimentaria, sin herramientas especiales, además cazan aves y rara vez algo mayor. Una familia se instala en un
lugar y si las condiciones son buenas le siguen otras, tienen poblaciones de tres a ocho casas, sin orden definido,
a veces en fila y sin plaza central; algunas veces por enfermedad o muertes masivas, abandonan el pueblo y lo
mudan de lugar con el mismo nombre. La casa es rectangular, construida sobre dieciséis horcones laterales, con
un lado redondeado y protegidas por una palizada. Adentro hay un depósito -Karasca- donde guardan maíz y
herramientas. Las construyen en madera, paja y bejucos, amarrados con lianas remojadas. [Reichel-Dolmatoff,
1945: 23-75]

En el valle del cacique Upar, que significa río seco y cuyo cargo era hereditario, estaban los Upar (o Euparis),
ubicados entre los ríos Sowiga (hoy Badillo) y Goatapurí, hasta el río Ariguaní.25 [Castro, 1946: 31-40] Asimismo
en el valle de Upar, margen izquierda del río Cesar, estaban los Tupe, quienes llegaban hasta la sierra de Perijá,
eran antropófagos y guerreaban con flechas envenenadas de punta de madera o dientes de tiburón. Fue una de
las tribus más importantes de la región y quizás son los Yuko de hoy.26 Eran agricultores, cultivaban maíz y yuca,
y también practicaban la pesca. José Oliver cree que los Aruacana del suroccidente del Lago son los precursores
de los actuales Bari, o motilones bravos, mientras que los Pemeo-Bubure y los Aratomo lo son de los Yuko. [Oliver,
1990: 91, 95]

1.3 La Sierra Nevada de Santa Marta

A la llegada de los españoles, los Tairona habían alcanzado un cierto nivel de organización socio-política y
contaban con una red compleja de asentamientos urbanos. Aunque su lengua es de filiación Chibcha no es claro
su origen, pero los arqueólogos están de acuerdo en que no son originarios de la Sierra27. El término Tairona se
deriva de la tribu de los Tairo, que habitaba en el siglo XVI en el valle del río Don Diego28 y se ha usado para de-
signar varias tribus, como también un complejo arqueológico, un idioma indígena, un valle al este de Santa Marta
o todo el macizo de la sierra Nevada. [Reichel-Dolmatoff, A. & Reichel-Dolmatoff, G., 1977: 78]

24 Son dos grandes tribus: en la vertiente occidental de la serranía de Perijá, los Yuko (“gente del monte”), y en la vertiente oriental, así como
en los valles del alto Catatumbo y el Oro, los Kanaguasaya (“gente del agua”). Según Felipe Pérez eran cuatro tribus: los Yucumare (o Yuko),
los Sacara, Socomba y Sicarare, en las riberas de los ríos Casacará, Socomba y Sicarare, además parece que eran Motilones los Quiriguire del
río Zulia y los Pintados de la ciénaga de Zapatosa. De, PÉREZ, Felipe. Geografía general física y política de los Estados Unidos de Colombia.
Bogotá, 1883.

25 En la provincia de Carbón, vertiente occidental de la Sierra, entre los ríos Frío y Tucurinca, había grupos muy afines a los Tairona, tam-
bién con grandes poblados y densa población.

26 Los Tupe, que ocupaban la región de los pasos al pie de la serranía de Perijá, se aliaron con los Itoto (del pie de los montes de Perijá) y
los Cariachile, para combatir a los españoles. [Reichel-Dolmatoff, 1951: 102]

27 Hay quienes plantean que provienen del norte y los emparentan con los Toltecas de México, o que vinieron de Centroamérica, pero
muchos critican estas suposiciones sin fundamento documental.

28 Cuya ciudad principal era Taironaca; pero el nombre fue luego atribuido de manera general -por el cronista Antonio de Herrera (1549-
1624), quien no conoció la región- para todos los pobladores de la Sierra Nevada que compartían rasgos generales de cultura. [Reichel-Dolma-
toff, A. & Reichel-Dolmatoff, G., 1977: 78]
AREAS Y GRUPOS
34

74º

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Figura 4. Taironas
Á R E A S Y G R U P O S E N E L M O M E N T O D E L A C O N Q U I S TA
35

Como los Muisca, tenían federaciones de aldeas regidas por jefes políticos, administrativos y religiosos, aunque
con menor cohesión política y menor extensión territorial. [Reichel-Dolmatoff, 1989: 54 y 57] No era una cultura ho-
mogénea sino grupos étnicos diferentes que, aunque les faltaba unidad permanente, hacían sin embargo alianzas
circunstanciales.29 Según Augusto Oyuela dentro de las diferentes lenguas había una general llamada Atanques,
pero cuestiona la integración de las manifestaciones culturales de las vertientes norte y oeste de la Sierra bajo un
solo nombre de cultura Tairona. [Oyuela, 1990: 49]

Habitaron entre los 1.000 y 2.000 msnm., en una zona dividida en varias provincias, lo que demuestra la pre-
sencia de diferencias entre los grupos: las ocupadas por los Tairona fueron las provincias de Betoma, ubicada en la
región de Santa Marta,30 Tairona,31 en las que se ubican las principales “ciudades”: Pocigüeica, Betoma y Tairona-
ca32 y la provincia de Carbón.33 Aunque la arquitectura lítica y las manufacturas en la del Carbón parecen menos
elaboradas y finas, y sus poblaciones y casas más pequeñas que las de provincias vecinas, se puede considerar
un complejo homogéneo al que se denomina propiamente Tairona. Además estarían las provincias del occidente
y el sur de la Sierra, de las cuales hay menos información: Macongana, en la vertiente meridional de la sierra Ne-
vada, Taironaca, al norte de la anterior, la de los Arhuaco, ubicada en la vertiente suroriental de la sierra Nevada y
la de los Orejones.34 Estos últimos localizados en las vertientes occidental y meridional de la Sierra, entre los ríos
Tucurinca y Guatapurí, quizás correspondían a los mismos Tupe del río Cesar que se extendían hasta estas tierras.
[Reichel-Dolmatoff, A. & Reichel-Dolmatoff, G., 1977: 80-84]

La autoridad estaba dividida entre el jefe civil y el religioso, existía un sacerdote llamado Naoma con autoridad
sobre los caciques y todos los pueblos tenían caciques que dependían a su vez de los principales.35 Una población
estaba dividida en barrios, cada uno con un jefe, a la vez que estaba en formación una clase de artesanos y de co-
merciantes, y una especialización de producción por zonas, que propició una red de intercambios. [Groot, 1985: 84]

En términos generales eran diferentes las tribus del litoral y las de las estribaciones de la Sierra. Las primeras,
muy belicosas según el cronista Oviedo, aunque Reichel-Dolmatoff opina que eran pacíficas y fueron extermina-
das antes, o asimiladas en pocas encomiendas durante los primeros años de la fundación de Santa Marta. Pero
poco después algunos indios encomendados se rebelaron y huyeron a las montañas para unirse a los otros. La
conquista española de las faldas de las montañas tardó un poco más, pues la región es muy escarpada, con es-
trechos valles separados por altas cuchillas donde los caballos eran menos efectivos y los caminos escalonados
dificultaban su paso. [Reichel-Dolmatoff, 1951: 60]

29 Fray Pedro Simón dice que “los pueblos pasaban de 1.000, (...) las lenguas muchas” (VI-272)

30 Limitada hacia el este por el río Guachaca y al sur por el río Frío.

31 Que abarcaba los valles de los ríos Buritaca, Don Diego y Guachaca.

32 El hábitat de Betoma y Tairona es el heredado a los actuales Kogi. [Reichel-Dolmatoff, A. & Reichel-Dolmatoff, G., 1977: 87]

33 En la vertiente occidental entre el río Frío y Tucurinca.

34 Su nombre se deriva de las grandes orejeras que usaban sus pobladores.

35 Según Reichel-Dolmatoff, en el siglo XVI se estaban aglutinando dos federaciones en torno a Bonda y a Pocigüeica, las cuales, ade-
más de las pugnas existentes entre jefes civiles y sacerdotes, eran rivales. Rencillas entre señores y pueblos que fueron aprovechadas por los
españoles. [Duque, 1965: 69]
AREAS Y GRUPOS
36

Tenían poblaciones grandes de carácter permanente, construidas sobre terrazas en la espesa vegetación de
las faldas de las montañas, interconectadas con redes de caminos en piedra. Realizaron obras de ingeniería lítica
que transformaron la topografía y el ambiente, pero en el litoral casi no hubo arquitectura lítica y la cerámica es
muy diferente a la de la montaña. Los canales de desagüe y las obras de irrigación facilitaban el cultivo, el riego y
el control de anegaciones, de tal forma que podían tener una agricultura intensiva, sobre todo en la zona plana del
río Manzanares. Esto, sumado a los asentamientos con docenas o a veces centenares de casas, así como su red
de caminos, refleja un profundo conocimiento de los suelos y de la técnica de construcción en piedra de terrazas
y caminos.

En el valle del río Buritaca se han encontrado terrazas dispersas entre los 400 y 1.700 msnm., interconectadas
por la red de caminos, que reflejan una jerarquía de poblaciones. Según la investigadora Margarita Serje, en los
vestigios de la Sierra es posible leer tres rangos de asentamientos: primero, poblados mayores, equiparables a
capitales provinciales, como Ciudad Perdida y Pueblito, que tienen más de 200 terrazas; segundo, asentamientos
con un promedio de 80 terrazas, y tercero, poblados satélites con menos de 50 terrazas. [Serje, 2005]

Los caminos no están dispuestos de manera homogénea en las vertientes norte y oeste de la Sierra, su distri-
bución la determinó la necesidad económica y administrativa de los cacicazgos,36 a la vez que sus características
definieron jerarquías entre las diferentes etnias, sin embargo, a pesar de la diversidad de grupos hay una red in-
tegral que refleja un comercio activo interétnico e influjos culturales cruzados. [Oyuela, 1990: 49] Los trazados de
los senderos buscaban salvar las montañas de la manera más eficiente y rápida, para lo cual se acomodaban a la
topografía con diagonales a la pendiente o en muy empinadas y largas escaleras; en tanto que para los obstáculos
tenían puentes de lajas, o colgantes de madera y bejucos. [Oyuela, 1990: 47-67] El trabajo de la piedra en estos
caminos era muy tecnificado, se señalaban con piedras especiales los cruces y allí se hacían ofrendas, a la vez que
servían para canalizar las aguas. Como es una zona de alta pluviosidad, recogían y canalizaban las aguas a lo
largo de los caminos, para desaguarlas en pequeños giros de estos recorridos. Los construyeron en lajas y cantos
rodados que se extraían de rocas vecinas o de los ríos, a veces con rellenos de arcillas y muros de contención.37
Tuvieron una función económica y cubrían trayectos cortos de menos de un día de camino, para retornar a la resi-
dencia en la noche, a la vez que integraban los diversos pisos térmicos. Entre los caminos urbanos se diferencian
los principales de los secundarios, y van desde el eje central del asentamiento hasta recorridos cortos entre terra-
zas o a tomas de aguas y pequeños senderos. [Serje, 1985: 110]

Los núcleos urbanos se articulaban con un poblado cabecera y otros interdependientes que compartían un
mismo valle, aunque había también algunas casas aisladas. Se asentaban, sobre todo de la vertiente occidental
de la Sierra, en los valles estrechos de los ríos, al pie de un río, en terrazas aluviales o en una vuelta del río, siempre
escalonados según las pendientes de la montaña. La topografía determinaba su forma y la disposición de las vi-
viendas, se levantaban en pendientes medias, mientras que el plan o las pendientes menores se reservaban para
cultivos; el resto era bosque. [Serje, 1985: 105] Los principales núcleos, hasta ahora explorados, son Pocigüeica,
Bonda, Taironaca, Pueblito y Ciudad Perdida. [Reichel-Dolmatoff, 1951: 63]

36 Los caminos se iniciaron desde los siglos VI y XIII d.C. con el incremento demográfico, sobre todo desde el siglo XI d.C. con la creciente
urbanización. [Oyuela, 1990: 66]

37 La piedra en terrazas y caminos evitaba el lodo y reflejaba calor para control de la humedad.
Á R E A S Y G R U P O S E N E L M O M E N T O D E L A C O N Q U I S TA
37

Las ciudades seguían una organización lineal, con el eje sobre la cresta de la montaña, de donde se articulaban
los varios senderos o caminos, y sobre el cual estaban las plazoletas públicas empedradas y los aterrazamientos
y anillos más grandes. Luego estaban los barrios o sectores de viviendas, donde se perciben diferencias sociales
en la disposición y tamaño de las casas, en las terrazas anexas y en plataformas o cimientos con una mayor o
menor elaboración. En las laderas aledañas había otros sectores más o menos densos, a manera de barrios. La
arquitectura de paja y madera desapareció y sólo quedaron los vestigios de piedra, los anillos de las terrazas que
se combinan y articulan escalonados con gran variedad y riqueza plástica.38 Una terraza ovoidal, según el tamaño,
podía tener una o varias viviendas, en tales terrazas a veces se empleaba “doble muro o muros con escalona-
mientos, o aparecen puntales y contrafuertes para darles resistencia”, en tanto que el zócalo de piedra servía de
desagüe y a la vez como viga de amarre de las columnas de madera. [Serje, 1985: 110] En los muros se usó gneiss
y pizarra, piedras que se fragmentan de modo laminar y se disponen de plano para ajustarse en los muros, pero
otros pueden ser en piedra arenisca poco trabajada o, a veces, en cantos rodados. La construcción de los muros
se iniciaba con la excavación hasta llegar al nivel de la formación rocosa, donde cimentaban la construcción, luego
se rellenaban con tierra apisonada gredosa y con gravilla, cuyas capas se contenían con hiladas de bloques de
piedra, hasta constituir un terraplén contenido por un muro. [Serje, 2005]

Las exploraciones arqueológicas en el sitio Buritaca 200 han permitido conocer setenta terrazas de vivienda,
caminos y basureros, en medio de las cuales hay áreas libres o terrazas delimitadas, interconectadas por la red de
caminos, pero que no albergaron construcciones, o áreas muy pendientes, totalmente libres, y que corresponden al
45% de la ciudad. Esto ratifica el carácter disperso de la ciudad, sin que aún sea claro el uso de estas áreas libres.
Pudieron contener vegetación de bosque primario, o ser zonas de cultivo de productos de pancoger, o áreas de ba-
sureros. Las áreas libres urbanas pasaron por dos etapas distintas: una primera que muestra rastros de vivienda
dispersa, sin infraestrutura, con cultivos intensivos y pequeños basureros, y una segunda etapa en la que baja la
actividad agrícola en la ciudad y la ciudad contiene mayor población. [Lleras, 2005]

Eran comunidades más o menos autosuficientes (maíz, yuca y fríjol), aunque intercambiaban otros productos
necesarios (oro, textiles, pescado, algodón, coca) y no siempre tenían en un cacicazgo. Esto promovía la diferen-
ciación regional y la jerarquización de cacicazgos según su posición con respecto a los productos, lo mismo que la
formación de centros de distribución en cada hoya hidrográfica.39 Todos los grupos practicaban una agricultura
intensa. Al ser su hábitat la sierra Nevada, disponían con facilidad y en corta distancia de todas las altitudes,
desde el páramo y la nieve hasta el trópico húmedo y el litoral seco, por lo cual su alimentación incluía productos
de mar y cultivos varios. Tuvieron una dieta muy vegetariana y producían con gran conocimiento del riego: fríjol,
calabaza, yuca, batata, ñame, ahuyama, ají, algodón, frutas y miel. Preparaban chicha, eran grandes pescadores,
explotaban sal, tejían mantas, hamacas o mochilas y elaboraban una orfebrería muy avanzada.

Existía una especialización, no sólo por oficios sino también por ciudades y regiones en artesanías o alimentos,
dentro de un intenso intercambio comercial y un notable equilibrio biológico. Existían encargados de intercambiar

38 Los anillos corresponden a pequeños muros en piedra que servían de base a las casas. Probablemente también existieron bohíos sin
estas cimentaciones alrededor del anillo sobre la misma superficie aterrazada. [Serje, 1984: 8-10]

39 Extraían sal del litoral (Ciénaga de Santa Marta, Durcino, Santa Marta, Chenge y Nahuangue), pescado de la Ciénaga y del litoral
del Parque Tairona, coca y algodón de las tierras templadas de la Sierra, arcillas para cerámica en Bonda, piedra para utensilios quizás del río
Ariguaní y otros lugares aún no identificados. El oro y el cobre provenían de regiones más lejanas, transportados por vías acuáticas. [Oyuela,
1990: 60 ss.]
AREAS Y GRUPOS
38

productos y responder a su cacique jefe, quien recibía tributos y los guardaba para redistribuirlos. Algunos merca-
deres tenían cierta autonomía y extraterritorialidad, pues llegaban a intercambiar productos con grupos hostiles.
[Oyuela, 1990: 61-65] Quizás había lugares que servían como mercados ocasionales para el intercambio de media
y, sobre todo, de larga distancia.40

Construir una casa, iniciar la siembra o la cosecha, el nacimiento y la muerte, eran motivo de ceremonias que
implicaban gran respeto por sus deidades y por la naturaleza; rituales en los que el ayuno era importante. [Cas-
taño, 1985: 71] Enterraban a sus muertos en urnas o tumbas de pozo, en posición fetal, acompañados de objetos
y alimentos; algunos eran sepultados con mujeres y esclavos. Tenían casas ceremoniales donde los sacerdotes
oficiaban ofrendas -los hechiceros adivinaban en el vuelo de las aves- y en ellas también guardaban herramientas
de uso comunal. [Cárdenas, s.f.: 32]

Además de los Taironas, que ocupaban las vertientes norte y occidental de la Sierra Nevada, estaban los
Arhuaco, de lengua Chibcha, en tierras templadas y cuevas desde las faldas surorientales de la Sierra hasta los
valles al occidente del río Cesar.41 Sus lagunas eran sitios sagrados y misteriosos. Comían pescado, conchas o
caracoles y cultivaban maíz, yuca, batata o arracacha, para lo cual utilizaban terrazas artificiales. Los hombres
masticaban hojas de coca mezclada con cal, vestían mantas de algodón, no usaban armas y vivían en casas se-
parados de las mujeres. Se reunían cada dos meses, en los primeros días de la luna nueva, en casas ceremoniales
(casamarías) de planta circular.42

Los etnólogos los dividen hoy en varias tribus, que desde principios del siglo XVIII se conocen en general con el
nombre Arhuaco: a) Kogi ó Cágaba, entre los ríos Ancho, San Miguel y Don Diego; b) Ijka ó Arsarios, a orillas del río
Fundación, en la zona de San Sebastián y Pueblo Bello; c) Sanká, en la parte alta de los ríos Badillo y Cesar, y d) los
Kankuáma, en la zona de Atánquez, prácticamente ya extinta. Estos grupos fueron menos atacados en la colonia
que los del litoral y de las estribaciones al norte de la Sierra, y sólo tras las incursiones desde el Valle de Upar se
desplazaron poco a poco hacia el norte y a mayores alturas para evitar el acoso español. Terminaron así, en es-
pecial los Kogi, heredando los territorios Tairona, aunque ocuparon por encima del límite superior de los antiguos
Tairona. Los Kogi, se asientan hoy entre los 1.000 y 3.000 metros de altura, sobre la vertiente norte y occidente
de la sierra Nevada. Sus aldeas están en pequeñas planadas, las casas son redondas de unos cinco metros de
diámetro con una sola puerta, y forman grupos de cinco a cien casas alrededor de plazas. Sobrevivieron, como los
Ijka y Sanká, a las presiones conquistadoras, gracias a estar en áreas apartadas y protegidos por la selva que se
interpuso entre ellos y los españoles. [Reichel-Dolmatoff, 1951: 111]

40 El trueque era bastante frecuente entre todos los grupos: con grupos vecinos y lejanos comerciaron esteras, cuentas y collares de oro;
los de Betoma vendían mantas de algodón a los de la provincia de Carbón; los de Pocigüeica cambiaban con grupos de la costa, mantas y oro
por sal o pescado.

41 Castellanos menciona los Arhuaco junto con los Guanao e Itoto, en la provincia de Taironaca. [Reichel-Dolmatoff, 1951: 108]

42 Estos datos corresponden a los Arhuaco observados por De la Rosa en 1739 en las faldas septentrionales de la Sierra Nevada. [Rei-
chel-Dolmatoff, 1951: 108 ss.]
Á R E A S Y G R U P O S E N E L M O M E N T O D E L A C O N Q U I S TA
39

1.4 El Bajo Rio Magdalena

La tribu de los Chimila ocupó una extensa área entre los ríos Magdalena, Cesar y Ariguaní.43 “La región se
caracteriza por ser un territorio de extensas llanuras al norte; la parte central y oriental cubierta de montañas y
regadas por las aguas de los ríos Ariguaní y Cesar; y la del sur y oeste por terrenos bajos, playones con grandes
ciénagas (...) alimentadas por las crecientes del río Magdalena en épocas de lluvias. Su clima es cálido y húmedo.”
[Galiano, 1984: 6]

Para Reichel-Dolmatoff su lengua sería Arawak, aunque no se ha podido clasificar pues algunos creen que
sea Karib, y que en su territorio se dieron repetidas migraciones Chibcha y Caribe.44 [Galiano, 1984: 8] Fueron una
etnia numerosa, compuesta por subgrupos como los Alcoholados, cerca del río Cesar, y los Pintados en la región
de Coscorrucio y Plato, en los alrededores de Tenerife. Inclusive Pedro Castro Trespalacios afirma que los Upar
“hacían parte de la gran nación de los Chimila”.45 [Castro, 1946: 38] Su modo de vida parece trasplantado de su
antiguo centro amazónico, lo que demuestra lo poco que cambiaron desde su llegada al Ariguaní.

Tenían un cacique en cada localidad, pero en la guerra elegían uno para dirigir el combate. El cargo era hereda-
do por línea materna (el sucesor era el hijo mayor de la hermana). Eran matrilocales y exógamos, el hombre recién
casado iba a vivir a casa de su suegro y al tener su primer hijo construía vivienda cerca; toda la comunidad cola-
boraba en la construcción y al finalizar la obra se bailaba hasta terminar con la chicha y la comida. [Galiano, 1984:
17] Eran polígamos, como José Nicolás de la Rosa observó: “son viciosísimos de sus mujeres, recogiendo cuantas
pueden sustentar”. [Galiano46, 1984: 18] Las mujeres parían solas en un chinchorro y al nacer el bebé le era dado
el nombre del pájaro o el animal que había sido escuchado en el momento del nacimiento, después, desde los dos
hasta los cinco años, su cuidado pasaba al padre. [Galiano, 1984: 19]

Los Chimila, según De la Rosa, “andan en carnes, con sólo un calabacillo, en que introducidas las partes de la
generación, las ocultan”, se untaban el cuerpo con bija para protegerse de los mosquitos, conservaban el pelo largo
y usaban tocados de plumas, con los que se veían feroces. [Galiano, 1984: 29] En realidad se los conoce poco pues
no permitían el ingreso de extraños a sus comunidades, fueron belicosos, combatían con flechas envenenadas y
peleaban en emboscadas, buscando quedar a salvo.47

43 Aunque diversos autores les ubican incluso al otro lado del Magdalena, o hasta el río Frío al norte. Tal vez por la confusión que existe
entre los territorios ocupados antes de la Conquista y la “provincia” delimitada en el siglo XVI. Para la primera mitad del siglo XVIII se moviliza-
ban sólo en las cercanías del Magdalena.

44 REICHEL-DOLMATOFF, Gerardo. Etnografía chimila. Boletín de Arqueología. Órgano del Servicio Arqueológico Nacional. Ministerio de
Educación. Nº2. Bogotá, Abril-Junio 1946: 146.

45 Su nombre significa muchedumbre Chimile. [Galiano, 1984: 4]

46 DE LA ROSA, José Nicolás. Floresta de la Santa Iglesia Catedral de la Ciudad y Provincia de Santa Marta. Biblioteca del Banco Popu-
lar, vol. 74. Bogotá, 1975: 290.

47 Rebeldes indomables, constituyeron una constante amenaza sobre el Magdalena y fueron aniquilados en campañas pacificadoras,
pero sólo hasta el siglo XVIII. En 1735, según Orlando Fals Borda [1979: 111A] y Duque [1965: 79], serían 10.000, pero en el siglo XIX sólo
quedaban unos 200 en la zona de Pivijay; aunque para Reichel-Dolmatoff en el siglo XVIII eran sólo unas pocas familias. Al final fueron con-
centrados en el río Ariguaní y las sabanas de San Ángel.
AREAS Y GRUPOS
40

76º 75º 74º 73º

TAIRONA 11º

Turbaco
MOCANÁ
OREJONES
Calamares
UPAR

O
N
A
U
10º

CHIMILA

IG
Pintados

IR
X
Alcoholados

PACABUY
ZENÚ

MALIBÚ del
río

B A JO MAGDAL ENA
0 15000 75000m

Figura 5. Bajo Magdalena


Á R E A S Y G R U P O S E N E L M O M E N T O D E L A C O N Q U I S TA
41

Vivían dispersos, cerca de sus sembrados, rotaban los terrenos mediante tumba y quema, y en cada nuevo sitio
levantaban un rancho; pero tenían una red de caminos que se entrecruzaban.48 Muchos vivían en los árboles, o
en construcciones redondas hechas en bahareque o vegetal y techo de palma, en el vértice del cono de la cubierta
ponían una olla de cerámica para evitar que entrara la lluvia. [Galiano,49 1984: 24] De la Rosa habla además de
grandes caneyes para fiestas o bailes, y cada casa estaba relacionada con uno de estos centros ceremoniales. A
los muertos se les pintaba todo el cuerpo con achiote, los enterraban en una fosa envueltos en sus hamacas en
cuclillas y orientados hacia el levante los hombres y al poniente las mujeres, porque ellas son «gente de la noche».50
[Galiano, 1984: 31]

Eran cazadores, pescadores y cultivaban maíz, yuca dulce, ñame, tabaco, ahuyama o batata. Rotaban la tierra
para dejarla descansar y había división en el cultivo: aunque todos preparaban la tierra y cuidaban y recogían la
cosecha, sembrar correspondía a los hombres. Pescaban con arpones, trampas y venenos, tanto en río como en
ciénaga, y cazaban monos y otras especies con arcos y flechas. [Galiano, 1984: 26 ss.] Después de la conquista, la
presión de los españoles, las campañas de pacificación y los ataques continuos les obligaron a volverse nómades
en zonas inaccesibles a orillas del Magdalena, entonces levantaron elementales chozas apoyados en los troncos
de los árboles. Asimismo muchos indios Caribe o de otros grupos huyeron a territorio Chimila para refugiarse allí.

Una clasificación de la familia lingüística Malibú sugiere tres grupos:51 los Mocaná en el bajo Magdalena, los
Malibú del río Magdalena y los Malibú de las lagunas, conocidos como los Pacabuy52 [Escalante, 1955: 37-50] Los
Mocaná53 estaban entre el canal del Dique, el río Magdalena y el mar Caribe en los alrededores de Cartagena, en
lo que los españoles llamaron Tierradentro.54 [Duque, 1965: 82-85] Los Malibú del río, a los que Reichel-Dolmatoff
identifica como los Sondagua, vivían en las riberas del Magdalena, sobre todo desde Tamalameque hasta Tenerife.
[Reichel-Dolmatoff, 1951: 105 y 106] En el siglo XVI ocuparon incluso el bajo San Jorge, en territorios desocupados
por los Zenú. [Archila, Falchetti, Plazas & Sáenz, 1993: 128] Los Pacabuy estaban ubicados en el mismo trecho del
río pero en la zona de las lagunas, ocuparon un territorio llano con algunas elevaciones, aunque concentrados en
áreas con influencia directa del río, incluso en las partes en que este se angosta y provoca la creación de lagunas.
Es tierra sana por ser más seca que lluviosa. [Escalante, 1955: 40]

48 En 1946 Reichel-Dolmatoff halló grupos de cinco a diez casas en círculo alrededor de una plaza, dispuestos sobre lomas para evitar
inundaciones.

49 Citando a URIBE TOBÓN, Carlos. La rebelión Chimila en la Provincia de Santa Marta. Nuevo Reino de Granada durante el siglo XVIII.
En: Revista semestral de Ciencias Sociales del Centro de Investigaciones de la Universidad del Pacífico. Año 7, nº13. Lima, 1977:130.

50 Reichel-Dolmatoff, 1946: 140.

51 Las clasificaciones por grupos lingüísticos son innumerables, pueden depender de varios criterios, fonología, inteligibilidad u otros
factores. Ernesto Montenegro considera que cada grupo era una unidad diferente en términos territoriales, políticos y militares, que compartían
identidades en lo lingüístico y la estructura social de los Caribe. [Montenegro, 1997: 216 ss.] Para Sergio Elías Ortiz, Pacabuy, Malibú y Mokana
tenían dialectos diferentes, pero formaban un mismo pueblo. [Ramírez, 1991: 93] Los españoles agruparon en una provincia a Giriguano, Pa-
cabuy, Samirna y Sondagua, desde el río Cesar en su desembocadura al Magdalena hasta el litoral Atlántico, donde los Sondagua parecen ser
los Malibú.

52 Pocabuy significa laguna o ciénaga. [Ramírez, 1991: 92]

53 Al parecer provenían de la actual Venezuela (desde Maracapana a Caracas). [Duque, 1965: 84]

54 En pueblos como Zamba, Tocama, Macaguapo, Guaspates o Turipana en las riberas del bajo Magdalena.
AREAS Y GRUPOS
42

En la isla de Mompox y sus alrededores se formaron pueblos variados y complejos, dada la condición de lugar
de paso de migraciones que bajaban por el río Grande, o lo cruzaban de oeste a este. Es difícil precisar nombres
o grupos, pues las diversas fuentes, los apelativos dados por los conquistadores y la insuficiencia de los estudios
impiden una mayor claridad. Eran grupos más o menos extensos con actividades comunes (caza, pesca, siembra,
guerra) y algunos rasgos culturales Chibcha -de los Tairona-, o Caribe, pero sin deformación craneana ni antropo-
fagia. [Ramírez, 1991: 91]

Malibú fueron llamados por los españoles todos los indios del brazo de Mompox, es el nombre de un jaguar
de la región, de manchas amarillas, el más fiero de todos y que pudo ser su antepasado mítico o tótem. Malibú
también son los Mocaná y a su vez dentro de estos existen diferencias culturales que explican que en la zona se
hable de Turbaco y Calamar55. Había jefes locales más un cacique principal con autoridad sobre todos, se les pa-
gaba tributo: pescado y productos agrícolas, hilo de algodón y hamacas tejidas, además de que sus cultivos eran
laborados por los indios comunes. [Reichel-Dolmatoff, 1991: 14-23] Cada asentamiento podía tener hasta cuatro
o cinco caciques, con excepción de los Malibú de río, pues allí el cacique Mompox dominaba el centro y el norte de
la isla.56 Mompox eran tres cacicazgos: Mompoj, Mahamón al norte y Zuzúa en el sur, con la sede principal donde
hoy se levanta la ciudad de su nombre. El señor de Mompoj, por alianzas, pactos o parentesco, era acatado como
autoridad militar, aunque cada señor gobernaba su parcialidad con autonomía. [Ramírez, 1991: 93]

Los Mocaná vivían en constantes guerras, en las que peleaban también mujeres que habían preferido las armas
y la castidad al matrimonio. Se adornaban para el combate en el que gritaban, usaban bocinas y después guarda-
ban los cráneos de los vencidos como trofeos y transmisores de las cualidades del guerrero muerto.57 [Escalante,
1955: 100 ss.] «El hábito que traían los indios Malebúes, andaban desnudos en cueros, los cabellos largos hecha
coleta, labrados todo el cuerpo a partes la cara y pescuezo y brazos y barriga y espalda y piernas unas rayas por
su orden, y pintados pájaros y pescados y otras labores de pintar como querer. (...) Las mujeres también andan
en cueros como cuando nacieron, todo al aire (...) y en viendo algún cristiano se tapan».58 [Tovar, 1993?: 338] Ellas
además portaban adornos en muñecas y tobillos. En las ceremonias se pintaban de rojo de bija y usaban adornos
de oro y collares de huesos de pescado. [Reichel-Dolmatoff, 1991: 17] Los Malibú de Mompox se pintaban de rojo
y negro para protegerse de los moscos y usaban la pintura como señal de honor y valor. [Ramírez, 1991: 94-95]

Sus asentamientos se esparcían cerca del río y sobre las ciénagas vecinas, con mayor densidad en el área del
brazo de Mompox. “Los nombres de Menchiquejo, Sompallón, Tamalameque, Mompox, Talaiguas o Chicaguas,
etc. hacen alusión a las relaciones que las respectivas agrupaciones tenían con el agua circundante o con el arca-
buco vital.” [Ramírez, 1991: 92] Aparentemente las aldeas no estaban muy distantes unas de otras y diferían entre

55 Según Le Roy Gordon, parece que este territorio estaba en disputa y que de allí tomaban los Zenú esclavos para comerciar en Antio-
quia. Los Calamares eran bravos, de gran estatura, y sus mujeres de gran belleza, lo mismo que las de la desaparecida Cipacua.

56 Estaban al noroeste los Talaigua y Legua, al sudeste los Menchiquejo y Tamalaguataca, al este los Tamalameque y al oeste los Chia-
gua y Chicagua

57 La estructura social se definía por rangos, cada uno con funciones determinadas. [Montenegro, 1997: 228] Entre los Malibú la guerra
establecía jerarquías, por ejemplo Carex era cacique de los Calamarí, en tanto que subjefes eran Piorex y Curixix; en Tubará estaba el cacique
Morotoava, mientras que los Oca dependían del poderoso Cipacua, enemigo de los Mahate. [Escalante, 1955: 95] Como en muchas otras
partes, las guerras internas entre los Malibú fueron aprovechadas por los españoles para conquistar la región mediante alianzas convenientes
para su avance. [Herrera, 1998: 144]

58 Descripción de la villa de Tenerife de las cosas de la tierra que mandó hacer el muy ilustre señor don Lope de Orozco, gobernador
perpetuo y capitán general de la ciudad de Santa Marta y sus provincias por Su Majestad. 19 de Mayo de 1580. f.14.
Á R E A S Y G R U P O S E N E L M O M E N T O D E L A C O N Q U I S TA
43

ellas en tamaño.59 [Herrera, 1998: 140] Muchas estaban rodeadas por empalizadas de plantas espinosas, algu-
nas con doble cercado,60 y de la misma forma defendían sus fuentes de agua. [Reichel-Dolmatoff, 1991: 15-16]

Los asentamientos de los Malibú de lagunas tenían árboles alrededor pero con un fin más decorativo. Martha
Herrera habla de escasez de agua durante el verano en el valle de Santiago, por lo cual los indígenas “desarrolla-
ron sistemas de jagüeyes, es decir perforaciones para extraer las aguas subterráneas”. [Herrera, 1998: 141 y 145]
Oviedo añade que cerca de Cartagena se hallaron casas suntuosas de caciques con su propio cerco enfrente y en-
cima de cada estaca un cráneo. [Escalante, 1955: 103] Parece ser que también contaron con plazas en sus aldeas
desde épocas prehispánicas, [Herrera, 1998: 148] así como casas ceremoniales en el monte con decoraciones
zoomorfas. [Reichel-Dolmatoff, 1991: 18] En el área de Mompox sus casas eran rectangulares de bahareque y ba-
rro, techo de palma y separadas entre ellas por árboles frutales; siendo más grande la casa del cacique. [Ramírez,
1991: 95] En las demás tribus las descripciones se refieren a bohíos semiesféricos, cubiertos de paja o yerbas y con
una pequeña puerta de ingreso.61 [Reichel-Dolmatoff, 1991: 15] Heredia necesitaba de sólo uno o dos bohíos para
sus 58 hombres, lo que indica que una vivienda albergaba una familia extensa. [Herrera, 1998: 146]

“La traza de los buyios es al modo y hechura de los ornos dEspaña, de esta manera yncan unos orconcillos de
una madera recia en el suelo, todo a la redonda a trechos del grandor que quieren hacer el buyio y quedan del altor
de un onbre a los pechos y todas ban acostados acia la parte de afuera y en las orquetas de estos estantillos po-
nen unas baras, todo ansí ciñyendo a la redonda y luego otras baras más delgadas, y caen por la banda de afuera
todo a la redonda del cerco que tienen echo y luego ban arrimando las baras y amarrando por su orden con bejuco
que se cría en el alcabuco entre los árboles que es muy correoso como la mymbre u la vara de abellano dEspaña, y
arriba acen cinbrar las baras de manera de un orno y luego lo van enxaulando con cañas todo a la redonda, cerca
una de otra hasta arriba y luego lo cubren con paxa puesta por su orden. La paxa es una yerba de las sabanas
que ay por acá, banla amarrando a manoxos por las cañas que tienen puestas y empiencan a empajar de abaxo
desde el suelo pa(ra) arriba; la puerta es muy pequeña, que a menester a abaxarse el yndio y aún ladearse pa(ra)
poder entrar”. [Tovar, 1993?: 321 y 322]

La principal aldea de los Malibú de las lagunas era Tamara (Tamarame o Tumarame), cerca de la desembo-
cadura del río Cesar en la Ciénaga. Tenía unas mil casas, rodeada de árboles altos, para adorno y sombra, con
una población densa en los alrededores. Otras poblaciones eran Pauxoto, Ixaran, Silano, Sonsepusa, Senmba,
Potome, por lo general divididas en tres barrios. Sembraban en playones, sobre todo maíz y yuca, además de
batata, ahuyama, tabaco y algodón para confeccionar sus hamacas; lograron una agricultura desarrollada por las
ventajas que el medio les ofrecía y alcanzaron por lo menos dos cosechas al año. Construyeron terrazas artificiales
que evitaban la erosión y conservaban la humedad del suelo, aunque también practicaron la quema. Preparaban
yuca cocida o cazabe en tortas, molían maíz y preparaban chicha. Aprovechaban frutales y palmas, cazaban aves

59 “Se mudan de una parte a otra cuando les parece (...) a donde tengan el agua cerca y buenas tierras para hacer sus rozas. No tienen
orden en hacer calles ni concierto ninguno, cada uno hace su bohío a donde le parece.” [Tovar, 1993? : 321]

60 “Todos los más de los pueblos que se han dicho, están cercados de muros de árboles muy gruesos y llenos de espinas las ramas y
troncos dellos (…) Y en cada cerca hay dos órdenes de árboles o rengles, como muro y contramuro, y entre la una cerca y la otra queda un va-
llejón o barbacana de cinco ó seis pies de ancho, todo a la redonda. Y tienen sus puertas y contrapuertas donde les conviene, y desta manera
están murados y muy fuertes aquellos pueblos.” [Oviedo, en Escalante, 1955: 86]

61 Martha Herrera, basada en las exploraciones arqueológicas de Carlos Angulo Valdés en la región del Guájaro en 1988, los describe
con dos puertas, piso circular con diámetro de ocho a diez metros, o elíptico de 18 por 11,5 metros, separados entre sí 20, 30 ó más metros.
[Herrera, 1998: 147]
AREAS Y GRUPOS
44

con lazos o trampas y las criaban por gusto y como alimento, pero se abstenían de comer otro tipo de animales
de monte. Pescaban en el mar, las lagunas y el río dando fuertes golpes al remar lo que hacía que muchos peces
saltaran a sus canoas. [Escalante, 1955: 49 / Reichel-Dolmatoff, 1991: 16] Complementaban su dieta con huevos
de caimán, iguana o tortuga.

Trabajaron hueso, conchas y madera para hacer objetos zoo y antropomorfos. Usaban recipientes vegetales,
hacían cerámica, tejían algodón, elaboraban flautas con huesos de venado y cestos de bejucos. Para el combate
usaban arco, flechas y macana, así como trampas con puyas envenenadas. [Reichel-Dolmatoff, 1991: 11-23] La
alfarería fue labor femenina muy desarrollada, en la que predominó la decoración incisa y los recipientes semies-
féricos. La cocción era actividad comunal y debía hacerse muy temprano, en un día en el que no hubiera llovido la
víspera. [Escalante, 1955: 70 ss.]

Los Mocaná de Calamar hicieron caminos anchos y derechos en los que los hombres cargaban productos que
comerciaban con los del interior, mientras que por mar y río se transportaban en piraguas. El comercio principal
era de sal de litoral por oro, aunque también intercambiaban algodón, conchas marinas, tabaco y perlas. El actual
pueblo de Zambrano era un centro de mercado principal. [Escalante, 1955: 89 ss.] Los de Mompox fueron autó-
nomos, aunque hacían trueques comerciales con los vecinos, sobre todo para procurarse sal marina e intercam-
biar artesanías. [Ramírez, 1991: 91 y 97] Era una cultura anfibia que combinaba caza y pesca, y sus miembros
se movían con destreza por caños y ríos en piraguas de madera de grandes árboles.62 Sembraban maíz y yuca,
además de frutas, cultivadas o silvestres, tenían gran conocimiento de las yerbas y cultivaban flores, fabricaban
esteras de junco y eran alfareros, preparaban chicha y “vino de palma” para las “guángaras” o fiestas. [Ramírez,
1991: 96 y 97] Mientras que los Pacabuy trabajaban el oro con forjas y yunques y tenían balanzas para pesarlo.
[Duque, 1965: 78]

Los Mocaná creían provenir de Mechión y Maneca, ésta última con una sola teta pero con suficiente leche para
todos sus hijos. A su vez los Malibú, alrededor de Mompox, tenían un Mayham -Mohan o hechicero-, adoraban a
Ihtioco -el ser supremo-, al sol -Ninha-, la luna -Thi-, Venus o el lucero –Uhrira- mientras que Amitan era el dios del
mal. [Escalante, 1955: 111 ss. / Ramírez, 1991: 97] Levantaban casas ceremoniales en el monte donde labraban
y pintaban ídolos zoomorfos. Enterraban sus difuntos dentro de un tronco de árbol ahuecado en una fosa, donde
además colocaban chicha, maíz, armas y joyas; asimismo enterraban niños vivos dentro de grandes ollas. [Rei-
chel-Dolmatoff, 1991: 17 y 18] Entre los Mocaná los enterraban dentro de los bohíos, o en hamacas, en posición
decúbito dorsal, pintados, también con objetos personales; además practicaron los entierros secundarios.63

1.5 Sabanas del Sinú y San Jorge

En las sabanas, al oeste del Magdalena, estaban los Zenú, desde la frontera norte donde lindaban con los Ca-
lamar, en una línea que pasaría por Magangué, Guaimaral, Ovejas y Colosó, hasta el golfo de Morrosquillo, frente a

62 Montenegro habla de cultura anfibia en un sentido más amplio, es decir una cultura con una relación compleja con el agua: los caños,
ríos y ciénagas no fueron sólo medios productivos o de transporte, sino también lugares alrededor de los cuales se tejían leyendas y se desa-
rrollaba su mundo mítico. [Montenegro, 1997: 212]

63 Construían pequeñas chozas frente a los bohíos principales y allí enterraban a sus caciques, pero tales entierros, a diferencia de los
Zenú, no pueden considerarse como cementerios. El cacique era acompañado en su tumba con la mujer que más había querido. [Herrera, 1998:
148]
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45

la isla de San Bernardo, y por el sur hasta las estribaciones de la Cordillera. [Gordon, 1983: 43 y 48] Fueron tribus
afines, pero con diferentes jefes, que habitaban entre el golfo de Urabá y el bajo valle del Cauca. [Gordon, 1983:
54] El paisaje fue modificado desde épocas prehispánicas, pues en su área selvática y de aguas fue necesario de-
secar grandes extensiones, cerca de las ciénagas, para facilitar allí la actividad agrícola y la obtención de leña; así
lograron depender menos de las zonas altas y fue el origen de las actuales sabanas de pastos para la ganadería.

En los tempranos siglos de la era presente hubo en la depresión momposina y los aledaños inundables de los
ríos San Jorge y Cauca enormes poblaciones, pero hacia el siglo VII d.C. provino la decadencia y se inició el abando-
no de la región y de la infraestructura hidráulica, por lo cual en tiempos de la conquista sólo quedaban remanentes
de las culturas anteriores. Con el repliegue de los Zenú, otros grupos penetraron en el bajo San Jorge desde el
siglo XIV, y después de la invasión española todos sus habitantes se dispersaron, fueron sometidos y su cultura se
extinguió. [Mora & Uribe, 1991: 35-36] Los Malibú ocuparon las áreas con los canales, pero ya los niveles de agua
no alcanzaban para llenarlos. [Archila, et al., 1993: 14] Aún hoy se ven los rastros, sobre todo desde el aire, de
este complejo y elaborado sistema, pero ya sin uso y tan solo como testimonio topográfico de antiguas grandezas.

Los reductos de la sociedad antigua no usaron los canales, fueron autores de la rica orfebrería que encontraron
los conquistadores y se dividieron en tres grandes grupos: Finzenú, sobre el río Sinú, con población en el siglo XVI,
Panzenú, sobre el San Jorge y estribaciones de la cordillera Occidental y el Cauca, y Zenufana en el bajo Cauca
y Nechí.64 [Ver, Falchetti, 1996: 12-25] Fabricaban urnas funerarias de cerámica, en grandes tamaños, o vasijas
domésticas de figuras variadas, como también hay indicios de que tallaban madera. Eran magníficos orfebres.
Sacaban oro del alto Sinú y alto San Jorge, o lo traían de Dabeiba, del Cauca o el Nechí. Según Enciso “lo traen de
unas sierras de donde viene el río del Cenú”. También fueron afamados tejedores. [Gordon, 1983: 57, y Jaramillo
& Turbay, 1998: 346]

En la capital, Finzenú, residían la cacica y su corte, en tanto que su hermano gobernaba en Zenufana, bajo la
primacía de aquella. El cacicazgo era hereditario y, además de los caciques y la gente de su servicio, había sacer-
dotes. El cacique de Ayapel (Panzenú) tenía como subalternas una serie de poblaciones, cada una con su propio
jefe. Estas poblaciones secundarias cumplían el papel de graneros de maíz, y de la redistribución de sus exceden-
tes se ocupaban los caciques principales. [Falchetti & Plazas, 1981: 80]

Cultivaban frutales, maíz (más común en el área Finzenú y en Tolú), yuca dulce y otras raíces, como también
totumos y, al parecer, coca y algodón. Tenían con las comunidades vecinas intercambio de artículos de algodón,
hamacas, pescado, pecaríes, esclavos, o sal (de Finzenú, Isla Fuerte y Urabá). De Panzenú se traía yuca y pescado,
Finzenú era un núcleo comercial, para intercambios con los Urabá, mientras que los Zenufana comerciaban con
los del valle del Cauca y, a veces, con los Dabeiba y Catío, por Chigorodó y no por el río, pues era un camino difícil.
[Gordon, 1983: 63-65]

Los poblados no se disponían a lo largo del río, como en la actualidad lo hacen los pobladores de la región, pues
evitaban los grandes ríos para prevenir inundaciones y aguas estancadas, más bien se asentaban cerca de las
ciénagas, o dispersos entre los ríos. Lo hacían en lomas a orilla de las ciénagas, con pesca y agua en las cerca-

64 “Entre el camino de Zenufana y el valle de Aburrá la expedición de Robledo halló ruinas de caminos y construcciones que mostraban
la existencia de un esplendor pasado, desaparecido”. [Falchetti, 1996: 25]
AREAS Y GRUPOS
46

OCCIDE NTE DE L GRAN RÍO


0 15000 75000m

Figura 6. Occidente del Gran Río


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47

nías, aún en épocas secas. Había también pequeños poblados al lado de riachuelos (eg. Toluviejo y Palmitos), con
embalses artificiales para proveerse de agua en sequías. [Gordon, 1983: 61-62] Tampoco se ubicaron sobre los
grandes caños para no impedir el flujo de las aguas, sino en los cursos menores, protegidos por canales cortos de
drenaje, donde construyeron plataformas intermitentes dispuestas de manera lineal a lo largo de los caños meno-
res. [Falchetti & Plazas, 1990: 159]

Finzenú, cerca de la ciénaga de Betancí,65 era la capital del valle del Sinú y la principal ciudad de los Zenú. Al
oriente, por un paso de la serranía de San Jerónimo y en la margen suroccidental de la ciénaga de Ayapel, perte-
neciente a la provincia de Panzenú, estaba la ciudad de Ayapel, rodeada de varios poblados. [Gordon, 1983: 55
y 60] Ambas ciudades tenían plazas centrales rodeadas de arboledas sagradas; en la primera había unas veinte
casas mayores (comunales o multifamiliares), más otras menores anexas para depósito y para los sirvientes. En
la plaza descollaba un amplio templo, con veinticuatro figuras humanas en madera, recubiertas de oro. [Gordon,
1983: 55] En el momento de la conquista, Finzenú ya era pequeño pero sus vestigios denotan gran complejidad en
el pasado, en viviendas y enterramientos. Por su parte Ayapel se caracterizó por los extensos cultivos que indican
una función eminentemente agrícola de abastecimiento a largas distancias, con la ventaja de controlar las llanuras
inundables y las sabanas más altas de occidente. [Falchetti, 1996: 13, 18]

Creían ir en la corriente del gran río de la vida hasta desembocar en el río de la muerte. Enterraban sus muer-
tos con prácticas rituales donde participaba toda, o gran parte de, la comunidad, [Falchetti & Plazas, 1981: 83] en
extensos cementerios compuestos de montículos alineados y ubicados en los extremos de las ciudades. [Archila et
al., 1993: 13] Los entierros se tapaban con montículos de diferentes tamaños según la importancia del difunto, lo
cual facilitó su identificación y el saqueo posterior de las tumbas (Mogotes o Pirús) por parte de los conquistadores
españoles o los ávidos guaqueros posteriores. En la orilla norte del río Betancí había un gran cementerio que se ex-
tendía hasta el Sinú, con túmulos cónicos, piramidales o cúbicos, dispuestos en fila, del mismo modo que sus casas.
Los túmulos de Ayapel estaban dispersos y los de Finzenú rodeados de paredes, con sectores compartimentados
para los difuntos de diferentes regiones, a donde eran llevados desde grandes distancias. Eran tumbas individua-
les o colectivas, en urnas con huesos parcialmente quemados. Otras tumbas eran las ciegas, no señaladas con
montículo y donde se enterraba el cadáver con la cabeza hacia el oriente, con sus armas y objetos de oro; en ellas
se reemplazaba la tierra extraída por tierra roja, lo que facilitó luego ubicarlas.

1.6 Urabá y El Atrato

La región del golfo de Urabá y el Atrato presenta vacíos en la delimitación de las diferentes comunidades que
allí habitaban en el momento de la llegada de los españoles, debido principalmente a la extinción drástica de gran-
des grupos y a sucesivos desplazamientos de etnias tras la sangrienta conquista que allí se adelantó. Por ejemplo
los Cueva de Panamá, que habitaron hasta el Darién, fueron extinguidos en el siglo XVI y las áreas que dejaron
libres fueron ocupadas por algunos Cuna, quienes a su vez venían siendo desplazados hacia estas zonas costeras
y del delta del Atrato por grupos Chocó del sur. Los indígenas que habitaron la zona, entre la margen oriental del
golfo de Urabá, las estribaciones finales de la cordillera Occidental y los límites con los Zenú, corresponden a nu-

65 No en el sitio de Tacasuán, hoy San Benito Abad, como se ha sugerido. La ciénaga de Betancí está en medio de una planicie, con
colinas en su costado noroccidental y en una de las cuales podría haber estado Finzenú; mientras que Tacasuán estaba en el bajo San Jorge, a
la orilla de la ciénaga. Dados los enterramientos frecuentes debió existir otro poblado en la ciénaga de Caimito. [Gordon, 1983: 60]
AREAS Y GRUPOS
48

merosos grupos cuya filiación ha sido difícil de establecer, aunque presentan afinidades con los Zenú, Catío, Cuna
o Cueva, tal vez por la movilidad enunciada.

Eran colectividades autónomas, sin organización federativa, pues hasta llegaban a ser rivales entre ellas, aun-
que muchos provenían de la misma etnia. No se puede identificar a los Cueva con los Cuna, ni aceptar que Coiba,
Cueva y Cuna formaban el subgrupo Cuna de la gran familia Chibcha. [Gordon, 1983: 89 / Romoli, 1987: 15-16]
Es posible una filiación Chibcha de los Cueva, pero no con los Cuna, aunque sus asociaciones con los Caribe o los
Arawak, y hasta con los Tupi-Guaraní, reflejan un acervo bastante heterogéneo y mixto.

Según Neyla Castillo, la costa oriental del golfo de Urabá fue habitada por diversos grupos genéricamente nom-
brados como Urabá. Estos, a diferencia de los Cueva, usaban arcos y flechas envenenadas, lo cual, sumado a que
eran antropófagos, ha hecho que se los asocie con los Caribe, además de que su belicosidad forzó a los españoles
a trasladarse al occidente del Golfo. [Castillo, 1991: 35] Los Urabá ocupaban entre la desembocadura del Atrato,
el río León y el litoral del golfo de Urabá, hasta la punta Caribana. Según Patricia Vargas, Urabá hacía parte de la
comarca Finzenú, que cobijaba la cuenca media y baja del río Sinú [Vargas, 1993: 99], mientras que para Gordon
[1983: 54] el golfo de Urabá deriva su nombre del cacique que allí dominaba, y así se llamaron los indígenas de la
costa entre el Atrato y el Sinú, aunque no todos estaban bajo dicho cacique.

El cacicazgo de los Urabá era heredado por el hijo de la mujer principal, a diferencia de los grupos vecinos que
sólo nombraban jefes para los combates, muy frecuentes y para los cuales se adornaban y pintaban el cuerpo.
Los caciques eran sepultados con joyas, armas y algunas de sus mujeres. Tenían poblaciones pequeñas de casas
grandes para varias familias, dentro de las cuales se distribuían por compartimientos. [Duque, 1965: 88-89] Dispo-
nían de gran riqueza de recursos naturales [Reichel-Dolmatoff, 1951: 108], pescaban, cazaban y cultivaban maíz
y yuca dulce, pero ante todo tenían un activo comercio con las regiones de Guamoco y Dabeiba, donde cambiaban
animales, mujeres o sal por oro. [Duque, 1965: 88]

Kathleen Romoli describe cómo entre 1510 y 1524 los Urabá se desplazaron hacia las montañas y abandona-
ron la costa del Golfo. Tal vez estos Urabá fueron los llamados Guazuce (Guazuzúe o Guazuceco) ubicados entre
la región de Urabá y el norte de las montañas antioqueñas. [Romoli, 1987: 89] Para Jijón y Caamaño66 ocupaban
la zona del río Verde y la serranía de Abibe. Se organizaban en pequeños cacicazgos y vivían en casas de gran ta-
maño para albergar varias familias, esparcidas y construidas sobre los árboles. [Castillo, 1991: 35] Estos Guazuce
intercambiaban por oro, con los grupos de Antioquia, telas, cerámica, cerdos salvajes y esclavos. Sus entierros se
asemejaban a los de los Urabá del Golfo, hechos como cuevas o bóvedas en los montes.67 [Gordon, 1983: 93] Más
al norte, otros grupos fronterizos fueron los Nitama identificados con los Sinú, lo mismo que con los Carauta, que
estaban al norte del río León. Todos comerciaban con Finzenú y Urabá.

66 JIJÓN Y CAAMAÑO, Jacinto. Las culturas andinas de Colombia. Bogotá, 1974.

67 Los Guazuce fueron famosos por su oro durante el siglo XVI y se caracterizaron por su resistencia a la conquista. [Vargas, 1993: 92]
Á R E A S Y G R U P O S E N E L M O M E N T O D E L A C O N Q U I S TA
49

2. LA COSTA PACÍFICA

2.1 Litoral Pacífico Norte

El territorio de los Cueva comprendía desde el río Indios y el río Buenaventura (quizás el actual Mata Ahogada),
en territorio panameño, como frontera occidental, y hacia el oriente con la curva que marcan las serranías del Da-
rién, la de Quia, y el río Tuira hasta la costa del Pacífico, un poco al sur de Punta Garachiné. [Romoli, 1987: 24] Pero,
según Kathleen Romoli, ningún grupo se llamaba Cueva, pues el término implicaba más un significado geográfico,
o así se nombraba la lengua general de los indios del Istmo oriental, y fue después que, para los españoles, la pro-
vincia de Cueva abarcó todos los indios que hablaban esta lengua.68 [Romoli, 1987: 24]

Era una sociedad estratificada, con un cacique mayor (Queví), otros menores (Tiba), nobles (Sacos y Juras), gue-
rreros meritorios, la gente común y esclavos, además de los Tequinas (o maestros) que eran sacerdotes, videntes y
curanderos. Los Tibas tenían vasallos, y los Sacos algunos privilegios, como servidores, propiedades y concubinas.
El cacique debía ser hospitalario, no cumplía un papel religioso pero tenía gran autoridad, recibía tributo, pero sólo
en forma de trabajo. Su territorio estaba claramente delimitado, donde era monarca y juez, pero se regía por el Te-
quina y consultaba a los Sacos. El cargo era heredado, con preferencia al hijo varón primogénito, pero en ausencia
de éste la hija mayor podía ejercer el cargo, aunque ella sólo podía heredar a un hijo varón, y si no había hijo al que
heredar, la sucesión se hacía de tío –o tía- a sobrino, hijo de hermana. [Romoli, 1987: 127 ss.]

Cada cacicazgo conservaba su autonomía respecto a los vecinos, y tenían numerosas guerras. Tras la llegada
de los conquistadores se dieron alianzas esporádicas entre cacicazgos para vengarse de los blancos y, por otro
lado, se aprovecharon de éstos para atacar a etnias rivales. Las guerras se hacían por motivos menores (ofensa a
un súbdito, caza en vedado) y para buscar prestigio más que por conquistar territorios. [Romoli, 1987: 132]

Romoli sugiere una población, en el momento de la invasión española, de 220 a 240.000 indios, extinguidos
luego con celeridad. Estaban más densificados hacia el Pacífico, mientras que al lado del Atlántico eran poquí-
simos en el litoral y ocupaban más la tierra adentro. [Romoli, 1987: 31 y 32] Había especialización del trabajo y
defendían a ultranza a su comunidad, eran grandes trabajadores aún en labores de gran exigencia física, siempre
y cuando estas actividades no afectaran su descanso y diversión. Los matrimonios eran oficializados con una gran
fiesta en la que el novio era entregado a la novia y en la que cesaba una etapa de libertad sexual para ambos. La
familia era patriarcal y patrilocal; practicaron la monogamia (los nobles sí tenían varias mujeres, aunque la esposa
principal era una sola y sometía a las otras, cuyos hijos no heredaban). [Romoli, 1987: 112 ss.]

Eran de estatura mediana, nariz ancha, cabello negro y lacio, con vellos y pésima dentadura; las mujeres de
cuerpo hermoso, senos altos y firmes, se tatuaban y usaban aretes y narigueras. Los hombres andaban desnudos,
con un portapene de caracol o de madera; las mujeres con una nagua de algodón, más un sostén, que en las no-
bles podía ser de oro. Se pintaban el cuerpo hasta la boca, no más arriba pues sería signo de esclavitud. [Romoli,
1987: 107, 114 y 115]

68 Coiba no era una provincia ni etnia específica, sino que con tal vocablo los indios de Nombre de Dios indicaban las tierras lejanas, y
fue Pedro Martín quien la confundió en sus Crónicas o Décadas, con Careta. Pascual de Andagoya, quien conoció la región, habla de la provin-
cia de Coiba y la lengua de Cueva, pero después los expedicionarios se percataron de que Coiba siempre estaba “más allá”.
AREAS Y GRUPOS
50

79º 78º 77º

ay
Río aragu
J

COSTA PA CIF ICA NORTE


0 15000 75000m

Figura 7. Costa Pacifica Norte


Á R E A S Y G R U P O S E N E L M O M E N T O D E L A C O N Q U I S TA
51

Los Cueva no hicieron obras monumentales, pues no tenían un régimen teocrático ni un panteón de dioses exi-
gentes y temibles, además no se preocuparon por la arquitectura grandiosa. [Romoli, 1987: 103] No trabajaron la
piedra y no tuvieron aldeas, pues los asientos de los caciques eran simples caseríos.69 El clima caliente y húmedo,
más el saqueo español, borró los rastros de su cultura. Por lo general no habitaban cerca del mar y se mudaban
de lugar para rotar las tierras. Alrededor de la casa había un huerto y campos de labranza; formaban caseríos de
cuatro o cinco bohíos hasta, pocas veces, de 40, distanciados entre cinco o diez kilómetros. Eran casas de planta
rectangular con techo a dos aguas y fijado a postes con bejucos, armadura de madera y caña, paredes de varas
de guadua y techo de paja o palma, piso de tierra o entarimados para los señores. [Romoli, 1987: 145-148]

Fueron buenos agricultores, recolectores, artesanos y comerciantes. Su base alimenticia era el maíz, pero tam-
bién cultivaban tubérculos y raíces, fríjol, habas, ajíes, calabazos, algodón, legumbres y ahuyama; como también
frutas cultivadas o silvestres, pero no cacao, ni tabaco, ni coca. Bebían chicha y conocían las hierbas medicinales,
pescaban en abundancia y complementaban su dieta con caza y recolección. Tejían y teñían telas, hacían redes,
canastos y, al parecer, toscas cerámicas. Los de Darién eran virtuosos orfebres. Comerciaban con gentes de su
cacicazgo -o de los vecinos- sal, maíz, mantas, hamacas, algodón, oro (llamado yrabra) y pescado salado. Y lo
hacían cargando sus productos en canoa o por tierra, y por medio de trueque, pues no tenían moneda. “Algunos
venden sus propios hijos”, [Oviedo, en Romoli, 1987: 165] así como caracoles, perlas, orfebrería o esclavos. Sus
caminos secundarios y varios atajos se articulaban en un camino troncal que recorría el Istmo, en tanto que en el
litoral viajaban en canoas, sobre todo por el Pacífico, aunque sin llegar hasta el sur, donde los belicosos Chocó los
acosaban.

Aunque, al parecer, eran poco religiosos y carecían de templos o lugares de culto, veneraban al sol y a la luna,
a Tuyra, el señor que lo dispone todo y que quizás era el mismo Chipiripa que hace llover. El Tequina era el curan-
dero, encarnaba la sabiduría de la tribu, inclusive con la capacidad de predecir, y era el medio del Tuyra, quien lo
iluminaba y a quien invocaba de noche. Sólo los nobles tenían almas inmortales, de ahí que a los caciques y sacos
se les hicieran pompas fúnebres, se desecaban sus cuerpos al fuego y se conservaban las momias en sus propias
casas; pero a los plebeyos no se les hacía funeral y morían en el monte. Los Cueva no tenían cementerios y se
caracterizaron por no usar sustancias alucinógenas. [Romoli, 1987: 112 y 138 ss.]

La zona occidental del golfo de Urabá, es decir entre la costa y la serranía, fue un territorio tal vez ocupado por
grupos descendientes de los Cueva, pero de lengua diferente a éstos en el momento de la conquista. Sobre el río
Tanela dominaba la etnia del cacique Cemaco y, en el delta del Atrato, los Cobari–Bea,70 y fueron estos grupos de
frontera los que ocuparon los territorios abandonados por los Urabá, hacia la tercera década del siglo XVI. [Romoli,
1987: 89] A su vez, para los siglos posteriores al descubrimiento, los Cuna que perdieron territorio sobre el Atrato
medio se expandieron sobre el bajo Atrato y a lo largo del litoral, a lado y lado del golfo. [Vargas, 1993: 127] Ta-
tabe es el nombre con el que los españoles agruparon en el siglo XVI a estos indígenas Cuna con clara influencia
sobre los grupos de la Costa, a la altura del golfo de Urabá y la desembocadura del Atrato. Según Duque entre los
Tatabe había un señor con autoridad sobre los varios caciques.71 [Duque, 1965: 98]

69 Con la excepción de Chochama (sur del golfo de San Miguel), en Panamá.

70 Los del bajo Atrato vivían en casas grandes, de sólida construcción sobre altos horcones o troncos vivos. [Romoli, 1987: 37]

71 Otro nombre para referirse a estos grupos Cuna, desplazados hacia el norte y en proceso de transformación cultural, es el de Olo-Tu-
AREAS Y GRUPOS
52

Al occidente del Atrato estaban los Abraime (o Micana) y más arriba los Abanumaque y Abibaibe, quizás rela-
cionados entre sí; todos incluidos por Pedro Cieza de León entre los Tatabe. Y en el oriente los Dabaibe y Ceracana
(Abraibe). [Romoli, 1987: 33] El territorio de Dabaibe era la zona entre el río León y el río Sucio, afluentes orientales
del bajo Atrato, donde ya predominaban las sabanas. [Vargas, 1990: 83]

Los Tatabe tenían asentamientos dispersos y vivían, dada la alta pluviosidad de la zona, en barbacoas o casas
en los árboles, y en extensas familias. [Castillo, 1991: 35] Eran grandes poblaciones palafíticas sobre palmas, con
canoas para salir a pescar o cultivar. En canoas recorrían, en un intenso comercio, los ríos Atrato, San Juan y sus
afluentes, pues eran activos comerciantes con redes que alcanzaban hasta el Perú. Intercambiaban oro con Nore
a cambio de esclavos, ropa de algodón, pescado, animales de cacería, sal y objetos de oro. En Abibaibe existían
verdaderos poblados sobre arboledas y, según el cronista Pedro Mártir de Anglería, en la boca del río Truandó
había una aldea de quinientas casas diseminadas. El territorio de Dabaibe era un centro religioso y de confluencia
comercial e ideológica entre oriente y occidente. [Vargas, 1993: 112]

Los Cueva se extinguieron en la primera mitad del siglo XVI, víctimas de la conquista y de las nuevas enferme-
dades; saqueados, esclavizados o usados como cargueros y sirvientes, sobre todo por las huestes de Pedrarias
Dávila. Los pocos que sobrevivieron aislados fueron luego víctimas de los negros cimarrones que allí llegaron, o los
absorbieron los Cuna. Estos se llamaban Tunucuna (hoy se llaman Tule), tenían pautas culturales muy diferentes
a las de los Cueva y llegaron al lugar a fines del siglo XVI y principios del XVII,72 provenientes de las llanuras del
Pacífico, al sur, de donde los empujaron sus enemigos los Chocó.73 Fue una colonización del Istmo muy rápida,
desde el valle del Tuira hasta Carepa, Urabá y el Sinú.

Quizás los últimos Cueva se integraron a los Cuna, o “indios del Darién”, los cuales ocuparon las tierras Cueva
cuando éstos ya estaban casi extinguidos, se instalaron en la orilla occidental del golfo de Urabá y llegaron hasta
el río Jaraguay en el valle del Sinú. [Gordon, 1983: 89] Al momento del contacto, los Cuna controlaban los grandes
ríos del Atrato medio, de donde fueron desplazados ante el dominio de los valles por los grupos Chocó. En la mi-
tología Embera, los Cuna habían sido castigados y relegados a vivir a orillas del río Darién,74 al ser despojados del
dominio sobre la llanura. [Vargas, 1993: 52] Un subgrupo importante de los Cuna fue los Monguinera o Birú, so-
ciedad Cuna en guerra con los Cueva de Chochama. Estaban en la costa Pacífica, al norte del cabo de Corrientes,
alrededor de la ensenada de Cupica, en el río Ipurdú -área que Andagoya encontró muy poblada, con “muchos se-
ñores y pueblos y en la frontera una fortaleza a la junta de los ríos muy fuerte, y gente aguardándola de guarnición
(...)”-, como también ocupaban el alto Bojayá y el río Valle. Se extinguieron hacia el siglo XVII por enfermedades y
presiones territoriales de los Chocó. [Vargas, 1993: 108 - 109]

Los Cuna tenían caciques con autoridad local, [Vargas, 1993: 40] un cargo que fue hereditario y cuyo titular
portaba coronas de oro con plumas. [Gordon, 1983: 89 ss.] Fueron una sociedad igualitaria, con una división so-

le, o gente dorada. Los mismos grupos son reconocidos por los Embera como Jura, que se entiende como gente.

72 Según Patricia Vargas, en la cuenca del Atrato, en el siglo XVI, estaban los Embera (parte alta), los Cuna (media) y los Tule (baja)

73 Los Chocó emprendieron expediciones de cacería y búsqueda de nuevos recursos, lo que llevó al desplazamiento de los Cuna hacia
el bajo Atrato, y luego hacia la región Sinú. [Vargas, 1993: 17]

74 Nombre con el que se conocía al río Atrato en el siglo XVI.


Á R E A S Y G R U P O S E N E L M O M E N T O D E L A C O N Q U I S TA
53

cio-política por familias, caudillos temporales elegidos y sacerdotes poderosos, pero sin gobierno colectivo. Su
organización fue matrilineal y practicaron la poliginia.75 [Romoli, 1987: 179] Los Monguinera, según relatos de
gente Embera, andaban desnudos y su nombre quería decir raza grande, pues tenían dientes grandes y los bebés
nacían de buen tamaño. [Vargas, 1993: 31] Varias fueron sus actividades de subsistencia, la agricultura era una
labor compartida entre sexos y cultivaban algodón, yuca, maíz. [Gordon, 1983: 90] Existió la división del trabajo:
las mujeres sembraban y cosechaban, mientras que los hombres limpiaban los campos. [Romoli, 1987: 179]

Unos vivían en palafitos sobre pantanos, algunos sobre árboles y otros en bohíos sobre tierra. Sus casas eran
rectangulares, de caña o bambú, cubiertas de palma y dispuestas en forma agrupada. Dentro de ellas guindaban
sus hamacas y, en el siglo XVII, colgaban a sus muertos en ellas mientras eran enterrados. [Gordon, 1983: 90] Entre
los Monguinera los asentamientos eran dispersos con casas sobre el piso. [Vargas, 1993: 109]

La llanura del Pacífico, desde el río Baudó hasta Ecuador, se caracteriza por la presencia de numerosos deltas
hacia el litoral, por cuyas bocas el mar penetra tierra adentro. De esta forma, una franja de bosques de mangle
separa el ambiente costero del piedemonte de la cordillera Occidental, cuyos espolones alcanzan a penetrar en la
llanura, en áreas de alta pluviosidad. En Nariño dicha llanura se amplía y presenta extensos manglares y ciénagas
causadas por el represamiento de los ríos por las mareas.

Al río San Juan (Dochar), en el Pacífico, llegaron los Chocó, provenientes del este, quizás de la Amazonia; luego
se diferenciaron entre Embera y Waunana, al principio aliados y pronto enemigos.76 Los Embera se ubicaron en
el alto San Juan y alto Atrato y los afluentes orientales del bajo Baudó,77 mientras que los Waunana lo hicieron en
el bajo San Juan, hacia la costa. [Vargas, 1993: 53] En el siglo XVI los Cuna estaban en la cuenca del río Darién y
los Chocó en los cursos altos del Atrato, el San Juan y los afluentes orientales del bajo Baudó. La migración de los
Chocó al norte y de los Cuna al Istmo se debió al debilitamiento de los Cueva, los Catío y los Monguinera. Según
Hermann Trimborn, los Chocó tenían un idioma muy particular respecto a sus vecinos, poblaron el río San Juan, la
cuenca del Atrato y la costa del Pacífico, aunque quizás ya habían pasado al Cauca con los Caramanta. [Trimborn,
1949: 50]

También subgrupo Chocó fueron los Noanamá (Waunana en la tradición Embera), quienes habitaban en las
márgenes del río San Juan; belicosos, peleaban con dardos, eran buenos orfebres y portaban adornos de oro, con
pendientes en la nariz, en el labio inferior y las orejas. Sacaban oro de los ríos, cultivaban maíz, frutas y palmas,
tenían sal, cazaban puercos, pescaban y extraían perlas del mar. Son numerosas las tribus del grupo Chocó, cada
una soberana en un área más o menos delimitada, y dividida a su vez en “provincias” o “cacicazgos”.78 Además

75 Los actuales Cuna adoran la luna como dios masculino, depositan sus muertos en la tierra, realizan sacrificios de sangre humana y
usan arcos y flechas. [Romoli, 1987: 179]

76 Los Waunana se conocen hoy como Noanamá

77 Entre los Embera se distinguen los Embera chocó (zonas bajas del pacífico chocoano), Embera catío (occidente y noroccidente de An-
tioquia y Córdoba), Embera chamí (Risaralada y suroeste antioqueño) y los Epera (o Epera sapidura, en la costa Pacífica de los departamentos
de Cauca y Nariño). Además distinguen: los Dobidá, en las riberas de las zonas bajas del Pacífico; los Eyabidá, en las vertientes de la cordillera,
occidente y noroccidente antioqueño; los Chamibidá, en la cordillera, en el suroeste antioqueño y Risaralda; los Oibidá en las zonas selváticas
remotas y los Coribidá, en las terrazas aluviales de los grandes ríos, como el Atrato. Tienen variaciones dialécticas propias y diferencias en
mitos, vestidos, adornos y alimentación. [Duque et al., 1997: 45-49]

78 Fueron de la familia Chocó: los indios de Syma, o Cima, hoy Chamí, parte del grupo Embera que penetró por el Atrato y se dispersó
por el oriente y sur del actual Chocó. Estaban en el medio y alto San Juan, hasta el río Andágueda como límite norte, y en la cuenca del río Ta-
AREAS Y GRUPOS
54

77º 76º

CUNA


N

PILE

CHOCÓ
0 15000 75000m

Figura 8. Chocó
Á R E A S Y G R U P O S E N E L M O M E N T O D E L A C O N Q U I S TA
55

había zonas deshabitadas o neutrales entre los grupos, pues procuraban mantenerse alejados unos de otros. 79

[Romoli, 1976: 29] Eran cerca de 130 caciques, con 150 a 200 personas cada uno, para un total de veinte a vein-
tiséis mil indios.80

Los Chocó no contaban con jefes permanentes, sólo con jefes escogidos por su valor y aptitud guerrera, a quie-
nes seguían en caso de guerra. Sus alianzas podían incluir otros grupos con quienes se compartía el enemigo. Se
atrincheraban en sus casas elevadas, o atacaban en avanzadas nocturnas, o desde sus canoas por los ríos, como
fue el caso de los Waunana.81 [Pardo, 1987: 59] La falta de jefes estables, lo mismo que de núcleos habitacionales
entre ellos, dificultó su dominio por parte de los españoles. [Zuluaga, 1988: 25]

Los Embera se caracterizaban por su tendencia al asentamiento disperso y en barbacoas. [Trimborn, 1949:
132] Estas consistían en grandes casas levantadas sobre pilotes, con paredes de palma, que les servían de pro-
tección contra ataques enemigos. [Pardo, 1987: 59] Los asentamientos Chamí estaban diseminados, cerca de las
corrientes de agua, donde hacían ranchos de cañas con techo cónico y un hueco en el vértice para la salida del
humo. [Zuluaga, 1988: 28] Las comunicaciones se hacían por los ríos, aunque al oriente del San Juan debían ser
terrestres pues los ríos eran navegables sólo en cortos tramos. Otras rutas llevaban al Cauca y al oriente, la de
Sima y la de Tatamá hacia el valle del Risaralda, la de Toro iba desde Tuturrupi y Yarrama hasta tierras Quimbaya;
o desde Sipí se cruzaba la serranía de los Paraguas y el río Garrapatas para bajar a Roldanillo, mientras que el gran
camino Calima llegaba hasta el valle del Aguamono, cerca de Restrepo.

2.2Litoral Pacífico Sur

Más al sur, en el siglo XVI, fueron encontrados los Pile, dispersos entre la bahía de Buenaventura y el San Juan
de Micay, en un territorio rico en oro y propicio para el cultivo de maíz.82 [Romoli, 1965: 273] Se repartían en grupos
y subgrupos, y se caracterizaron por su carácter belicoso. Asimismo la región perteneciente al río Saija y su princi-
pal afluente, el hoy llamado Patía norte, se halló poblada con los Pati, nombre correspondiente a la denominación
antigua del Saija. Estos también combatieron a los españoles y aprovecharon la ventaja que tenían en un medio
primordialmente fluvial. Compartían creencias y costumbres con sus vecinos de montaña, de donde consideraban
provenían sus antepasados, venidos en busca de sal de mar. Secaban a sus muertos al fuego y los envolvían en
mantas para luego colgarlos en lo alto de sus casas, y creían en el día final cuando se caerían unos cerros muy
grandes. «Tienen santuarios o adoratorios secretos, donde ofrecen chaquira y oro al sol, a la luna y a sus abuelos

tamá. Los Tootuma, al occidente de Ingará, hacia la vertiente pacífica y en torno al cerro Torrá; los Guarra, en el río de las Vueltas y la serranía
de los Paraguas; los Ingará, partes altas del río Opogodó y el río Hábita; los Chanco, desde el alto Garrapatas hasta los nacimientos del Calima
(ríos Sanquinini, Cajamarca y Garrapatas); los Copomá, o Coponamá, al suroeste de los Chancos, en el alto río Copomá; los Yaco, en el alto río
Calima, y los Chiloma, en las cabeceras del Cucurrupí. [Romoli, 1976: 20-28]

79 Por ejemplo los Cirambirá, ubicados en el alto río Docampadó y apretados por los Botabirá, los Noanamá y Eripede, procuraban
mantenerse alejados de éstos y del río San Juan. [Romoli, 1976: 29]

80 Los Chanco eran aliados de los Chiloma y Coponamá, los Botabirá -norte de la desembocadura del San Juan- de los Noanamá, los
Tatamá de los Chocó y estos de los Tootuma del norte del Torrá; pero por lo general había entre ellos mutua desconfianza. Los Chocó nunca
perdonaron a los Ingará su fácil entrega a los españoles, ni a cualquiera que se sometiera con docilidad. [Romoli, 1976: 32]

81 La conquista les hizo cambiar sus métodos de defensa y refugiarse en pequeños grupos en quebradas más inhóspitas. [Pardo, 1987:
59]

82 Para el siglo XVII, los Pile se habían concentrado al norte de su territorio. [Romoli, 1965: 273]
AREAS Y GRUPOS
56

78º 77º
0
10

0
20
1000

ES
ON
RR
GO
0
200

MONTAÑENSES

PILE
XAMUNDÍ

S
LE
AA
GU
BA
M
TI 3º

TA P AT I
M
AY

PE
TR
E 00
CHISQUÍO 2000
30

TIMBÍO
00
40
N
200
100
1000
2000
COLAZA
00
10

COSTA PACÍFICA SUR


0 15000 75000m

Figura 9. Costa Pacífica Sur

muertos, los cuales creen andar entre ellos vagando, ayudando a los buenos y castigando a los malos».83 [Romoli,
1965: 275-276]

Más al sur, sobre el río conocido ahora como Timbiquí, habitaron los Tamay, en un territorio rico en oro, aún a
principios del siglo XVII. Por su parte, la zona del medio y bajo río Guapi fue el territorio de los Petre, en las selvas
y las riberas de los ríos, alejados de la costa. Eran fuertes, numerosos y hábiles navegantes de los ríos. En el siglo
XVI hay referencias de largos trayectos que efectuaban para comerciar con la gente de las montañas, quienes
necesitaban la sal del litoral. [Romoli, 1965: 279 ss.] Los Sindagua abarcaron desde los afluentes norte del alto

83 CABELLO BALBOA, Miguel. Verdadera descripción y relación de la Provincia y tierra de las Esmeraldas, contenida desde el cabo
llamado Pasao hasta la Bahía de la Buenaventura. Quito. En: Romoli, 1965: 275.
Á R E A S Y G R U P O S E N E L M O M E N T O D E L A C O N Q U I S TA
57

río Telembí hasta las cabeceras del río Iscuandé, y la montaña que divide el nacimiento del San Pablo (tributario
del Patía) del de San Juan de Micay. [Romoli, 1977: 13] Luis Fernando Calero amplía esta localización a lo largo
del Patía, hasta su delta -sustentado en informaciones de españoles asediados por aquellos- y los ubica inclusive
hasta en el Litoral. [Calero, 1991: 12 y 55] Parecían relacionados con los Abad, cuyo territorio pudo haber sido el
ancestral de los Sindagua. [Groot & Hooykaas, 1991: 98] Comían maíz, plátanos, frutas, yuca y otras raíces, ade-
más de pescado; vivían en aldeas dispersas, eran guerreros y seguían a sus jefes. Fueron caníbales y un peligro,
por su rebeldía indomable, para los españoles, quienes los sometieron tan sólo hacia 1635. [Calero, 1991: 12]

La provincia de Barbacoa, nombre dado por los españoles, estaba formada por diversos cacicazgos que ocu-
paron la llanura Pacífica desde el río Telembí, más las cuencas del Güiza y del Nulpe hasta el San Juan y el Mira.
[Romoli, 1977: 13] Eran varios grupos diseminados, independientes y particularizados según el lugar o río en que
estaban; luego, en el siglo XVI, fueron integrados en una sola encomienda y generalizados como Puises, que era
la tribu más numerosa. Para Calero los Cuaiqueres eran un grupo independiente de las comunidades del Pacífico,
quizás ocupaban las estribaciones de la cordillera (hoy Altaquer) hasta la frontera con el Ecuador, donde están
ahora. Aunque los primeros documentos no los describen allí, por lo cual pueden ser Pastos que escapaban de
los conquistadores españoles. [Calero, 1991: 57 ss.] Los españoles distinguían entre los de los bosques húmedos
tropicales y los “serranos”, en las faldas de la cordillera.84 Muchos vivían a orillas de los ríos y en las costas; cons-
truían canoas, eran navegantes y buenos cazadores, usaban adornos de oro y sus señores iban con coronas de
oro y con plumas. José Rafael Sañudo habla de la exaltación de la guerra entre estas tribus, gobernadas por tres
ancianos elegidos cada año.85 Pascual de Andagoya describió así las viviendas en tierras frente a la isla de Gallo:
«provincia de ríos muy poblados que las casas son fortalezas coronadas en alto sobre árboles o sobre pilares de
madera altos y habitan en lo más alto con escalera levadiza». [Cháves, 1987: 54]

3. MONTAÑAS SUR-OCCIDENTALES

3.1 Montañas de Nariño

En el área del actual departamento de Nariño, como en las demás regiones colombianas, el relieve, sus impe-
rativos topográficos y diferencias ambientales determinaron tanto la distribución como las pautas culturales de los
diversos grupos. [Romoli, 1977: 12] La división natural del territorio en tres sectores correspondientes a un área
central, montañosa y definida por las cordilleras Occidental y Central, un área de llanura entre la cordillera y la
costa Pacífica, y el área de piedemonte, hacia la selva amazónica, definen la distribución de los diferentes grupos
precolombinos: en la zona de montaña se ubicaron los Pasto, Quillacinga y Abad, en la llanura nariñense los Sinda-
gua y Barbacoa, mientras que en el piedemonte oriental estaban los Quillacinga de montaña, Sucumbío y Mocoa.

Las montañas nariñenses fueron paso importante del camino sur-norte y punto de confluencia de culturas del
sur, el Pacífico, el Amazonas y el norte. Hacia fines del siglo XV el imperio Inca había conquistado las tierras del
Ecuador e instaurado allí su frontera norte; Huayna Cápac había dominado a los Pasto del sur, con lo cual cierta

84 Que mantenían relaciones cercanas con los indios de los altiplanos nariñenses. [Calero, 1991: 57]

85 SAÑUDO, José Rafael. Apuntes sobre la historia de Pasto, segunda parte: la colonia bajo la casa de Austria. Imprenta Nariñense.
Pasto, 1939, en Cerón, 1986: 212.
AREAS Y GRUPOS
58

79º 78º 77º

L
N TA
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COR PAPALLATA 2º

GUACHICONU

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MONTA ÑAS SURO CCIDENTALES


0 15000 75000m

Figura 10. Montañas Suroccidentales


Á R E A S Y G R U P O S E N E L M O M E N T O D E L A C O N Q U I S TA
59

influencia cultural trascendió al actual territorio colombiano, debido al comercio entre los grupos Pasto.86 Asimismo
hubo influencia de los incas sobre las vertientes cordilleranas al Pacífico, y hasta intentaron la conquista de las tie-
rras altas en los comienzos del siglo XVI, pero fueron rechazados por los nativos y debieron replegarse a fortalecer
la frontera, junto al puente de Rumichaca. [Calero, 1991: 34-38]

En general, en el siglo XVI era un área muy poblada por tribus autónomas bien adaptadas al medio. Los Pasto,
Quillacinga y Abad tenían un sustrato común cultural andino, eran agricultores, de economía sedentaria y depen-
dientes de los recursos locales, a la vez que mantenían intenso comercio, sobre todo en los mercados de los Pas-
to.87 Las tierras volcánicas, de alturas variadas pero muy fértiles, lluvias equilibradas y aires tropicales provenien-
tes del Pacífico, permitieron una población sedentaria con cultivos todo el año: de papa o tubérculos y quínoa en
terrazas altas, y de maíz, fríjol, maní, pimiento y frutas en las más bajas. En tierras más bajas de los 2.000 msnm.
el maíz daba dos cosechas anuales, allí los nativos construyeron terrazas para cultivos y además sembraron algo-
dón, cabuya y plantas de fibra. [Calero, 1991: 40]

En el territorio montañoso que abarcaba tierras del actual Nariño y de la provincia ecuatoriana de Carchi, esta-
ban los Pasto, en un altiplano atravesado por el curso alto y medio del Guáitara.88 Su hábitat comprendía hasta
Ancuyá y Funes en el norte,89 por el oriente y el occidente llegaban hasta las cimas de cada cordillera,90 y al sur
avanzaban por el altiplano hasta el río Chota en el Ecuador actual.91 Aunque su área mayor era en tierra fría, el
cañón del Guáitara y los brazos occidentales de los Andes les daban acceso a otras zonas, con una diversidad
climática que constituía su mayor recurso. [Calero, 1991: 41 / Romoli, 1977: 13]

Tenían cacicazgos federados y dependientes de un señor principal, pero no se sabe cuántas federaciones hubo
ni su relación entre sí; no obstante, “la unión entre comunidades por medio del comercio y los lazos matrimonia-
les sugiere una relación de cooperación y amistad entre las varias comunidades de los Pasto”. [Calero, 1991: 43]
El cargo de cacique era vitalicio y hereditario al hijo o hija mayor o, según Jijón y Caamaño, al hijo mayor de la
hermana mayor. Los jefes locales conformaban y dirigían los ejércitos, mediaban en los conflictos, presidían las
ceremonias y recibían los tributos. Los caciques Pasto de Carchi fueron descritos como los más valientes, con gran
autoridad sobre los indios comunes, quienes no poseían nada, pues hasta sus mujeres e hijos eran propiedad del
cacique. [Rappaport, 1988: 81]

86 Inclusive persisten hoy algunos grupos de habla quechua en el alto Juanambú y en el valle de Sibundoy, que parece llegaron a la
región en aquellos tiempos incas.

87 Los Pasto fueron los más numerosos. En 1558 la proporción de población era de 54% Pasto, 32% Quillacinga y 14% Abad. [Romoli,
1977: 29]

88 Que corre de sur a norte y en su parte alta recibe el nombre de Carchi.

89 Hasta la Mesa de Guapuscal, entre los ríos Téllez y Curiaco.

90 Incluyendo la meseta de Túquerres-Ipiales, el área más poblada, y al occidente dos prolongaciones hacia las vertientes occidentales,
por las faldas de los volcanes Chiles y Cumbal, y por el nacimiento del río Guabo, al pie de los cerros Gualcalá y el Azufral. [Romoli, 1977: 13]
Groot y Hooykaas incluyen a Yascual, antes llamado Ascual, muy cerca del río Pacual alto, y a Piedraancha, antes Mallama, como pueblos
Pasto. [Groot & Hooykaas, 1991: 34]

91 Cieza de León se refiere a Tuza, hoy San Gabriel, como la población Pasto más al sur. [Rappaport, 1988: 81]
AREAS Y GRUPOS
60

A la llegada de los conquistadores no se detectaron diferencias entre los diferentes subgrupos Pasto, aunque
hallazgos arqueológicos podrían indicar la convivencia de dos etnias con diferencias culturales en el área (com-
plejo Tuza y complejo Capulí). El complejo Tuza, asociado a los Pasto, en épocas cercanas a la conquista ocupaba
un área más extensa y llegaba hasta el valle de Atriz, de donde fueron desplazados por los Quillacinga. [Groot
& Hooykaas, 1991: 97]92 La división entre comunidades se dio por secciones, que agrupadas pertenecían a una
determinada parcialidad, a la vez sujeta a un cacicazgo. La primacía entre parcialidades se rotaba para garanti-
zar el carácter descentralizado y su unificación en una estructura política común. Practicaron la exogamia entre
parcialidades e incluso entre cacicazgos, por alianzas estratégicas, pero la endogamia también ha sido registrada;
de todos modos el modelo de residencia predominante fue virilocal. [Rappaport, 1988: 84 ss.]

Algunos Pasto tenían aldeas de casas agrupadas, construidas en tierra y de forma circular, erigidas sobre las
cimas de las colinas y con bohíos de hasta veinte metros de diámetro; pero por lo general vivían en casas disper-
sas, cerca del agua y los cultivos. [Calero, 1991: 40] Romoli afirma que dichas agrupaciones correspondían a la
organización por cacicazgos principales, alrededor de los cuales se distinguían asentamientos bajo el mando de un
cacique menor. Las distancias entre uno y otro podían variar entre pocos kilómetros y tres leguas. [Romoli, 1977:
29] Ana María Groot de Mahecha y Eva María Hooykaas sustentan arqueológicamente esta forma de poblamiento
entre los Pasto, y ven correcto asociar a los Pasto del XVI con bohíos circulares agrupados en número variable y
con una o más sepulturas en su interior. [Groot & Hooykaas, 1991: 80] Por su parte Joanne Rappaport, basada en
los hallazgos de tumbas, ratifica la idea de aldeas zonificadas en círculos concéntricos, tal vez con el cacique al
centro, enseguida los comerciantes y luego la gente común. [Rappaport, 1988: 95]

Intercomunicados por una red de caminos, tenían mercados periódicos donde intercambiaban textiles, produc-
tos agrícolas y objetos cerámicos -para uso doméstico o ceremonial- por algodón, cabuya, oro y chaquira. Sus mu-
jeres eran hábiles tejedoras y algunos laboraban el oro en Yascual y en las minas de los Abad, que luego cambia-
ban por algodón. [Calero, 1991: 45] Los caciques no sólo controlaron la producción de las tierras cálidas, sino que
para el intercambio a largas distancias se valían de comerciantes especializados llamados Mindaláes. [Rappaport,
1988: 84] Frank Salomon afirma que los Mindaláes respondían sólo a su jefe patrocinador y que se radicaban en
sitios comercialmente estratégicos o cruces de zonas ecológicas diversas. [Salomon, 1986: 214] Su actividad no
se organizó en mercados, sino en sus recorridos por extensas áreas, pues parecen haber sido operarios políticos
más que empresarios, al cumplir funciones de redistribución de productos en las comunidades, abastecimiento a
los caciques de bienes de prestigio, así como consecución y distribución de chaquiras de hueso que fueron usadas
como moneda. [Salomon, 1988: 108 ss.]

La posesión de la tierra era comunitaria y los excedentes se almacenaban en graneros. El acceso a diferentes
zonas climáticas en cortas distancias les proveyó de una amplia gama de productos que incluyeron papa, quínoa,
otros tubérculos, maíz y frutas, una dieta complementada con la caza de cuyes, conejos y venados. [Calero, 1991:
42 ss.] Hay evidencias de la utilización de terrazas con muros de contención en piedra para adaptar el terreno de
fuerte pendiente para el cultivo, y se han encontrado huesos de animales tallados para diferentes usos, incluso

92 El llamado complejo Piartal-Tuza ha sido identificado como los ancestros de los Pasto, hacia los siglos IX y XVI d.C.. Los protopasto
se caracterizaron por pequeños enclaves, con una sociedad estratificada alrededor de un cacique y con una red de intercambio extensa. [Ca-
brera & Uribe, 1988: 46] Investigaciones más recientes han planteado que dichos complejos cerámicos fueron utilizados por varias etnias y no
ayudan a delimitar grupos indígenas posteriores. [Cárdenas, 1995]
AREAS Y GRUPOS
61

como flauta.93 [Groot & Hooykaas, 1991: 85 ss.]

Cieza de León describe (en 1547) las tumbas de los caciques como muy hondas y en las que, además del muer-
to, se introducían sus pertenencias, mujeres, siervos y víctimas obsequiadas por caciques comarcanos. Tanto los
Pasto como los Quillacinga, oraban a un dios que preparaba para ellos un “reino de todo deleite” después de la
muerte. [Romoli, 1977: 28] Otros registros de tumbas Protopasto describen su disposición en círculos concéntricos,
más profunda en el centro, en el que se enterraba al de mayor jerarquía, y al alejarse del centro, eran menos hon-
das y para individuos con ofrendas más modestas, mientras que en la periferia se ubicaban varias tumbas indivi-
duales, poco profundas y sin ofrendas, en una secuencia tal vez correspondiente a caciques, comerciantes y gente
común. Los entierros se hacían dentro de las casas, que luego eran abandonadas, de forma que el centro (tumba
del cacique) coincidía con el fogón y la distribución de la tumba reflejaba la distribución de la vivienda. [Rappaport,
1988: 94 / Cabrera & Uribe, 1988: 48 ss]

Con respecto a los Quillacinga la cuestión es algo complicada, pues los así llamados en el actual territorio
colombiano lo fueron por generalización hecha por los españoles y como continuación de la confusión creada de
manera intencional por el conquistador Sebastián de Belálcazar. Los verdaderos Quillacinga94 vivían entre las ac-
tuales provincias ecuatorianas de Carchi e Imbabura, sobre el río Chota y lindaban con los Pasto; ocupaban hasta
el río Pastarán, luego llamado Angasmayo por los Incas o, en época hispana, Guáytara.95 Del Pastarán, al norte
y oriente, estaban los Hatunllata, quienes ocupaban hasta el río Mayo. Después los españoles llamaron Quillacin-
ga tanto a los Quillacinga del Chota como a los Pasto y los Hatunllata, e inclusive a los de Popayán, pues, según
Emiliano Díaz, y como lo había sugerido Romoli, esta extensión del nombre a los indios más al norte se debía a
que Belalcázar no quería dejar ver en sus informes a Pizarro que ya había rebasado los límites septentrionales (río
Santiago) de la gobernación de Pizarro. [Díaz, 1987: 53-57]

Los conocidos como “Quillacinga” estaban en los valles interandinos y las laderas al norte de la mesa de Gua-
puscal, entre el medio y bajo Guáitara en el occidente, el valle de Sibundoy al oriente y, al norte, hasta la región de
Almaguer; dentro de esta zona el río Mayo sirvió de separación entre los que los españoles llamaron los Quillacinga
de Pasto y los de Almaguer. [Calero, 1991: 48]96 La toponimia de la zona indica que, en efecto, hay una variedad de
grupos dentro de los Quillacinga, contrario a la homegeneidad de los Pasto. [Groot & Hooykaas, 1991: 98] Romoli
diferencia los Quillacinga y los Quillacinga de Montaña, éstos últimos corresponden a los del valle de Sibundoy y
los llamados Patascoy (de la laguna), refiriéndose a varios cacicazgos que luego de la Conquista fueron reducidos

93 Groot y Hooykaas excavaron en el sitio llamado El Capulí, cerca de El Tablón, en la margen izquierda del Guáitara. Allí encontraron
estas estructuras correspondientes a uso agrícola, no de habitación, aunque en estas zonas seguramente se construyeron bohíos aislados para
cuidar la labranza. [Groot & Hooykaas, 1991: 85 ss.]

94 La actual lengua Kamsa o Sibundoy puede ser la supervivencia del antiguo Quillacinga. [Romoli, 1977: 34]

95 Debido a que este río ha sido dado como el límite de la ocupación Inca hacia el norte, ha existido confusión acerca de su real ubica-
ción. Otras versiones lo asocian al actual río Mayo y así explican los toponímicos quechua en esa zona; sin embargo Hooykaas [1991] hace
notar que en el territorio Pasto esta influencia quechua no existió. La autora “con base en sus consideraciones lingüísticas, es de la opinión de
que gentes de habla quechua se establecieron en el departamento de Nariño, en la región que se conoce como territorio quillacinga, quizás
poco antes de la conquista española. La vía empleada para llegar a esta zona, en su parecer, fue por la vertiente oriental de la cordillera Cen-
tro-Oriental”. Sin embargo, autores como Sergio Elías Ortíz [1965] sostienen que la presencia del quechua en la región provino sólo de los indios
Yanacona que Belalcázar introdujo hacia el norte para su servicio. [Groot & Hooykaas, 1991: 101 ss.]

96 En las primeras épocas de conquista, los indios entre los ríos Juanambú y Mayo, fueron llamados los Quillacinga camino a Almaguer,
diferenciados de los Quillacinga del distrito de Almaguer, localizados al norte, en territorio de la ciudad del mismo nombre. Esta ampliación de
la frontera fue seguramente facilitada al vencer el obstáculo que significaba el caudaloso río Mayo. [Ramírez, 1996: 45 ss.]
Á R E A S Y G R U P O S E N E L M O M E N T O D E L A C O N Q U I S TA
62

de manera drástica. Eran grupos de montaña más o menos aislados, entre la cumbre de la cordillera Central hasta
la cordillera Portachuelo, al este de Sibundoy, y desde el divorcio de aguas del alto Caquetá con el Putumayo, hasta
el río Guamués. El territorio que habitaron incluye la laguna de la Cocha, descrita por Cieza de León como una zona
infértil para pesca, caza y agricultura; junto a ella menciona otra laguna, tal vez refiriéndose a alguna inundación
del río Putumayo. El mismo cronista dice que los españoles no saben acerca de lo que hay más allá de las monta-
ñas.97 [Groot & Hooykaas, 1991: 27] Los Quillacinga de Montaña vivían dispersos y su producción giraba en torno
a la madera y al oficio de la carpintería. [Romoli, 1977: 13-31]

Los Quillacinga tenían comunidades divididas por líneas de familia, pero menos cohesionadas que los Pastos
y algunas veces sin jefes. Eran varios cacicazgos, muy diversos pero con una tradición común y afinidad lingüís-
tica. El papel del jefe era defender los intereses locales, aunque vivían en aparente cordialidad con sus vecinos; a
la muerte de un jefe, lo heredaba alguien del mismo clan, por lo general su hijo varón. [Calero, 1991: 49] Llevaban
mantas de algodón y maure cubresexo, aunque en los climas calientes iban desnudos, con un simple taparrabos;
pero prefirieron las tierras templadas, donde sus suelos volcánicos eran aptos para el cultivo del maíz. Fueron be-
ligerantes en la conquista, lo que retrasó la ocupación de su territorio, si bien los informes sobre canibalismo entre
ellos no han sido sustentados. [Calero, 1991: 51 ss.] No tenían poblaciones nucleadas, pues vivían dispersos en
bohíos y distribuidos según clanes familiares. [Calero, 1991: 48-51] En sus exploraciones arqueológicas, Groot y
Hooykaas encontraron menor densidad de sitios de vivienda o cementerios que en la zona Pasto, tal vez porque
la topografía quebrada y erosionable dificultó la concentración de población y el aprovechamiento agrícola. [Groot
& Hooykaas, 1991: 82]

Cultivaban maíz, algodón y cabuya, productos que intercambiaban en el mercado de los Pasto, donde el oro y
la chaquira eran elementos de trueque. [Calero, 1991: 51 ss.] Los de Sibundoy fueron comerciantes especializados
y sirvieron de nexo entre las montañas y la selva oriental. [Ramírez, 1996: 28] Se reunían para celebraciones espe-
ciales, como el entierro de los principales, cuando se consumía chicha; o para bailes generales, llamados Taquíes,
con mucha bebida y ofrendas a sus ídolos. Enterraban al difunto con comida, provisiones y con algunas mujeres y
criados vivos, previamente embriagados. [Calero, 1991: 50]

Los Inga llegaron al Sibundoy y Mocoa en las avanzadas que desde el siglo XV hizo el Imperio Inca hacia el
norte. Por la pertinaz resistencia que los Pasto ejercieron, llegaron haciendo un rodeo a la cordillera por el oriente
y se asentaron en Mocoa por su riqueza en oro. Lo mismo que en Sibundoy, donde vieron una buena plaza desde
donde enfrentar a sus enemigos y buscar el control de la zona cordillerana. La crisis del Imperio los debilitó y con-
finó en el Putumayo. [Jacanamijoy, 1993: 10]

Los Abad ocuparon la falda oriental de la cordillera Occidental, en la hoya del río Pacual, desde Ancuyá en el
sur,98 hasta la llegada del Guáitara sobre el Patía; o sea que estaban al norte de los Pasto y llegaban hasta el río

97 Al sur, sobre las faldas orientales de la montaña y en las selvas hacia el Amazonas, estaban los Sucumbío, un nombre puesto por los
españoles, a varios grupos indígenas entre la cordillera Central y el río Putumayo, y entre el río Guamués y el San Miguel de Sucumbíos. [Romoli,
1977: 13] Además estaban los Mocoa, sobre el río de tal nombre y la margen derecha del Caquetá. [Romoli, 1977: 13]

98 Existe confusión acerca de la filiación de los indígenas que ocuparon Ancuyá, tal vez debido a que, siendo territorio minero fronterizo
entre los territorios Pasto y Abad, desde tempranas épocas se condujeron muchos indios allí para la explotación. Calero afirma que primero
estuvieron los Pasto y luego habitaron allí ambas etnias. [Calero, 1991: 46]
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Patía, en medio de los Sindagua al oeste y los Quillacinga al este, de quienes los separaba el Guáitara. [Calero,
1991: 46-48] Habitaban tierras templadas y calientes, con una primitiva agricultura, cultivaban maíz o cazaban.
Tenían poco comercio con los vecinos, en parte por su aislamiento geográfico. Eran hábiles mineros, pues sus tie-
rras eran ricas en oro, que extraían con bateas de madera en los aluviones. [Calero, 1991: 46-48 / Romoli, 1977: 30]
Tenían caciques y vivían dispersos, siendo más afines a los pueblos del Pacífico que a los de la montaña. [Calero,
1991: 46-48] Eran aislados y pacíficos, pero luego de su cooperación con los españoles fueron atacados por los
Sindagua, quienes los capturaban para trabajar en sus minas o poblaciones. [Calero, 1991: 46-48]

3.2 Sur del Cauca

Por su parte los indios que ocuparon la zona de Almaguer, entre el río Mayo y el Guachicono, y entre el Patía y el
Macizo Colombiano, quienes, como habíamos mencionado, fueron llamados Quillacingas del distrito de Almaguer
en el siglo XVI, correspondían a varios grupos culturalmente distintos a los Quillacinga. Romoli los identifica como
los de Guachiconu, de Papallata y otros menores. Los primeros ubicados en las cuencas de los ríos Guachicono,
Pancitará y San Jorge; los segundos en la región de la loma de los Humos y el páramo y valle de las Papas. Fueron
comunidades que tenían más relación entre sí y con los Sindagua que con sus vecinos del sur. Pero hay poca do-
cumentación acerca de ellos, a pesar de haber sido una región con abundante riqueza en oro; tal vez por no haber
resistido a la conquista. Sin embargo, parecen haber sido comunidades con caciques principales y secundarios a
veces hereditarios, vivían en grandes casas familiares (20 a 30 personas), construidas una cerca de la otra pero no
hasta el punto de conformar un núcleo, aunque en todo caso el bohío del cacique probablemente ocupaba el mejor
lugar. Estas descripciones parecen indicar que la sociedad se basaba en familias, que subsistían por sus cultivos
de maíz u otros productos en menor proporción, y por la práctica de la caza. Los de la región del bajo Guachicono
construyeron cementerios con tumbas a manera de cavernas, en donde enterraban a sus muertos acostados.
[Romoli, 1963: 245 ss.]

4. EL RÍO CAUCA

4.1 El Alto Cauca

El altiplano de Popayán es una amplia zona rugosa, atravesada por el río Cauca y enmarcada entre las cor-
dilleras Central y Occidental. Región de abundantes lluvias, con cursos de quebradas y ríos menores hacia las
inmediaciones del gran río, pero cuyo paisaje cambia hacia el norte con vegetación baja y colinas desprovistas de
aguas. Fueron varios los grupos que ocuparon la región alrededor del curso más alto del Cauca, en medio de las
cordilleras Central y Occidental, y desde su nacimiento hasta el curso del río Ovejas, afluente oriental. El terreno
montañoso y abrupto dificultaba la consolidación de señoríos y el desarrollo de las funciones públicas era preca-
rio; pero en Popayán sí existió un poder territorial más amplio con jefes de las tropas, por lo general hermanos del
soberano. Sin embargo, aún en estos casos, una organización política era todavía rudimentaria y se limitaba a
la defensa contra el enemigo externo y al mantenimiento del orden interno. [Trimborn, 1949: 256] Héctor Llanos
enumera los grupos que hacían parte de este territorio en el momento del contacto: Pubenense, bajo el mando del
cacique Popayán; los de Guambia, que a su vez acogía a los de Ambaló, Jambaló y Uzenda, y que estaban bajo
el mando de Calambás, hermano de Popayán; los Coconuco, Zotará, Polindara, Palacé, Timbío y Colazá. Sólo por
documentación más tardía se han identificado grupos que habitaron esta zona como los de Puracé, Totoró, Tunia,
AREAS Y GRUPOS
64

77º 76º

AL
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Jambaló

DE
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0 15000 75000m

Figura 11. Popayan

Cajibío, Cerrillo, Piendamó, Guanaca, Novirao, Paniquita y Chisquío. [Llanos, 1981: 17 ss.]99

Las tribus estaban organizadas a partir de descendencias de linajes, con manejo de jerarquías y privilegios
para los primogénitos. El jefe no percibía tributos, sino que cumplía un papel de receptor y redistribuidor de produc-

99 Hermann Trimborn distingue solamente a los Coconuco en la región de Popayán, rodeados de muchos grupos pequeños como los
Timbío, Guamza, Malvasa, Polindara, Colaza, Palacé y Guambia. [Trimborn, 1949: 63] Según Llanos, los españoles encontraron en el valle y
montañas circundantes de la actual Popayán a los Pubenense, mientras que la provincia de Guambia correspondía al área del actual municipio
de Silvia y era frontera con los indios Páez de la cordillera. Hacia la sierra de los Coconuco estaban los indios de este nombre, hasta el río Cauca,
y frente a ellos, en la otra orilla del Cauca, vivían los Zotará. Los Polindara poblaban ambas orillas del río Palacé medio y alto, y en su curso bajo
habitaron los Palacé; en el alto Timbío, hasta Chapa, los indios Timbío, mientras que de Chapa al sur, hasta el río Quilcace, estaban los Colazá.
Llanos ubica también a los Puracé en ambas orillas de los cursos altos de los ríos San Francisco y Vinagre; los Totoró, Novirao y Paniquita a lo
largo del río Cofre; los Piendamó sobre el río del mismo nombre, hasta su confluencia con el Cauca; al norte de éstos los Tunia y al sur los Cajibío;
entre el Palacé y el Cauca estuvieron los conocidos como Cerrillos, y entre dicho río y el Timbío: los Chisquío; en el extremo oriental de la zona,
hasta el río Ullucos, los Guanaca. [Llanos, 1981: 17 ss.]
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65

tos excedentes. No parece que hubieran practicado la poligamia, pero los convites prenupciales indican promiscui-
dad y pago por la esposa elegida. [Llanos, 1981: 58] El cacique principal era Popayán quien vivía en un fuerte bien
protegido, donde hoy está la ciudad del mismo nombre. El conjunto incluía, según investigaciones arqueológicas
realizadas por Julio César Cubillos, una construcción para ceremonias de planta rectangular y techo a dos aguas,
pequeñas agrupaciones de casas y otras diseminadas.100 Eran casas grandes para albergar entre 10 y 20 indí-
genas, hechas con madera y cubiertas con paja u hojas de caña.101 [Llanos, 1981: 43 ss.] No obstante, Trimborn,
citando a López de Velasco, concluye que el grueso de la población vivió en bohíos dispersos sin formar pueblos.
[Trimborn, 1949: 130]

Relatos de cronistas dan cuenta de un fuerte con funciones militares, a cuatro leguas de la ciudad, y con dos
pequeñas entradas, una hacia occidente y la otra al oriente. Otras excavaciones revelaron cementerios indígenas
en las lomas aledañas al núcleo; promontorios naturales aprovechados para construir pirámides cuadrangulares
no simétricas.102 Se hicieron con adobe para formar escalonamientos y tal vez para tener adoratorios en la cima,
asociados a sepulcros de mujeres y niñas. [Llanos, 1981: 43]

Cultivaron comunitariamente maíz, papa y algodón, y este lo hilaban y tejían. Complementaban su dieta con
frutas y acostumbraban mascar coca. Trabajaron piezas con rasgos humanos o de aves en cobre y en oro, este
último proveniente de las minas de las regiones de Guambía y Chisquío, o de Almaguer. Mantuvieron comercio,
pero a una escala en que no se requirió de mercados ni comerciantes especializados. [Llanos, 1981: 47 ss. / Llanos,
s.f.: 18] Los Coconuco tenían fuentes de sal, pero también la obtenían cociendo cogollos de palmas. [Trimborn,
1949: 164]

Había enemistad entre los Guambía y los Páez, de lo cual se aprovecharon los españoles para la conquista de
estos últimos. [Llanos, 1981: 67] Peleaban con dardos, picas, hondas y piedras; devoraban a sus prisioneros de
guerra y exhibían sus restos como trofeos.103 [Duque, 1965: 249] Celebraban sus rituales en grandes bohíos. En-
terraban a sus señores en amplias sepulturas, con sus mujeres, riquezas y objetos, así como maíz y provisiones, y
al año de la muerte hacían unas celebraciones con combates deportivos. [Duque, 1965: 250]

4.2 De Jamundi a la Virginia

El valle por el que corre el río Cauca, de Jamundí a la Virginia, tiene poca pendiente, es plano y muy apto para la
agricultura; son tierras regadas por el río, que tiende a desbordarse en invierno y a formar lagunas. Sus numerosos
afluentes sobre la orilla derecha descienden por un paisaje montañoso en abanicos, es la cordillera Central que en
este sector presenta grandes alturas nevadas, mientras que hacia la cadena Occidental el relieve irrumpe al valle
de manera más abrupta.

100 CUBILLOS, Julio César. Pubenza: arqueología de Popayán, Cauca – Colombia. Boletín Antropológico. Universidad del Cauca. Nº1. Po-
payán, 1958. Y, El Morro de Tulcán -Pirámide Prehispánica. Arqueología de Popayán, Cauca – Colombia. Revista Colombiana de Antropología.
[Link]. Bogotá, 1959. En: Llanos, 1981: 41.

101 Descripción hecha por Anuncibay. Archivo Central del Cauca de Popayán. Col. Sig.: 12069. Citado en: Llanos, 1981: 46.

102 LEHMANN, Henri. Arqueología del sur-oeste colombiano. Extrait journal de la Sociétè des Americanistes, Nouvelle Série. Tomo XLII.
París, 1953. En: Llanos, 1981: 42.

103 Cieza excluye de la práctica caníbal a los Coconuco. [Llanos, 1981: 76]
AREAS Y GRUPOS
66

77º 76º

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0 15000 75000m

Figura 12. Valle del Cauca


Á R E A S Y G R U P O S E N E L M O M E N T O D E L A C O N Q U I S TA
67

Fueron numerosos los pueblos encontrados por los expedicionarios en el siglo XVI, aunque la información exis-
tente no permite esclarecer las afiliaciones o afinidades entre tantos subgrupos. Sin embargo se pueden identificar
algunos que habitaron las diferentes zonas cuya geografía determinó ambientes particulares: en la zona monta-
ñosa de la cordillera Occidental, donde, al final del altiplano de Popayán, comienza el valle del Cauca, se ubicaron
los Timba; luego estaban los Xamundí, al sur de Cali, pero sobre las estribaciones cordilleranas a lo largo del río
Jamundí alto y medio, en tierra fértil y apta para la agricultura; mientras que los Guaales, o Aguales, poblaban el
sur de Cali, en la margen izquierda del Cauca, donde aprovechaban las islas que las inundaciones del río produ-
cían, aunque era un terreno más agreste e infértil que las estribaciones altas. Por último, encontramos a los Lile,
cuya numerosa población ocupaba el área de Cali, entre el río y la montaña. En esta zona montañosa, fértil, con
abundantes cursos de agua y desde la cual se comunicaba hacia la vertiente pacífica por ríos como el Anchicayá,
el Bitaco y el Dagua, habitaron los que se denominaron más tarde Montañenses.104 [Duque, 1965: 214 ss. / Ro-
moli, 1974: 379 ss. / Trimborn, 1949: 63 ss.]

Los Timba obtenían sal de la costa, que cambiaban luego por oro con los Lile y los Xamundí. [Trimborn, 1949:
183] Los primeros relatos de conquista hablan de un núcleo numeroso de población en tierras del cacique Xamun-
dí, a orillas del río del mismo nombre, del que extraían oro. [Romoli, 1974: 380] Los Xamundí tenían casas grandes
de varias familias, Andagoya encontró en sus dominios poblados de 500 a 800 casas. [Trimborn, 1949: 126] Los
Lile habitaban casas grandes de planta rectangular, bohíos pequeños y circulares para las menstruantes o para
los partos y una casa mayor para vivienda del cacique Petecuy. Esta última servía también de centro ceremonial,
donde colocaban cabezas de sus víctimas, cuyos cuerpos rellenaban de ceniza, o empleaban su piel como tambo-
res. [Duque, 1965: 219] La mujer gozaba de buena posición, tomaba parte de la guerra y podía llegar a ser caci-
que. La sodomía existía y no era castigada, sólo se optaba por llamar en adelante mujer al implicado. [Trimborn,
1949: 266] Los Montañenses fueron dóciles a la conquista, gente fuerte que vivió en un medio geográfico difícil,
características que fueron aprovechadas por los españoles quienes los usaron como cargueros desde Cali hacia
Buenaventura, lo que terminó por extinguirlos. [Romoli, 1974: 458] Cieza describió sus casas como pequeñas y con
paredes de palos muy grandes para evitar el ataque de fieras en la noche. [Rodríguez, 1992: 238]

Al norte de estos grupos habitaron los Gorrones, desde Yumbo hasta la desembocadura del río Risaralda y
desde el río Cauca hasta las partes altas de la cordillera Occidental. Fueron llamados así por los españoles, al
oírles hablar de un pescado llamado por los nativos gorrón. [Cieza en Salgado, 1983: 17] Según Trimborn, ellos
vivían ante todo en las montañas, pero bajaban al río a sus actividades pesqueras en lagunas artificiales que for-
maban con las crecientes del Cauca, de allí sacaban gran cantidad de pescado, que luego secaban para vender
en la sierra. Cubillos contrasta dos afirmaciones de Cieza sobre cómo el valle, desde Cali hasta el cañón del Cauca
(Suárez), estuvo muy poblado con asentamientos de casas grandes y juntas, pero luego de la llegada de los con-
quistadores estaba desierto, de lo cual deduce un período de guerras y de huída de los indios sobrevivientes a las
montañas. [Cubillos, 1984: 18]

Quizás donde hoy está Bolívar (desembocadura del río Pescador) estaba el Pueblo Grande de los Gorrones.
Según Duque, sus asentamientos estaban esparcidos por el valle y las sierras vecinas, con dos a cuatro leguas de

104 Los autores que hablan de los Montañenses, basados en Romoli, no mencionan a los Timba, también habitantes de las partes altas
de la cordillera Occidental en este sector. Tal vez corresponde al mismo grupo que desde épocas prehispánicas mantuvo una movilidad entre
el Pacífico y el valle del río Cauca.
AREAS Y GRUPOS
68

separación y en núcleos de 10, 15 ó más casas. Eran casas grandes, de planta circular y techo de paja, con ba-
hareque en las paredes y quizás empleo de guadua, muy abundante en el entorno; sus frentes los adornaban con
trofeos óseos de sus víctimas, (cráneos, pies o manos). Enterraban a los señores con objetos de oro, envueltos en
mantas y amarrados con cuerdas, en tumbas que a veces podían ser muy profundas. [Duque, 1965: 216]

En el mismo sector de los Gorrones, pero sobre las partes más altas de la cordillera Occidental, estuvieron va-
rios grupos afines a los Chocó, en la vertiente de la cordillera hacia el Pacífico. A través de esta parte se llevó a
cabo la conquista del Chocó, sobre todo con la ruta que significó el río Calima, antes llamado el río de los Yacos.
Los vestigios de los caminos utilizados para este tránsito aún son visibles en el área, trazados en tramos rectos
sobre las crestas y filos, además de terraplenes construidos para salvar irregularidades y facilitar el recorrido aún
en épocas de inundaciones. Hay caminos de tres hasta diez metros de ancho y hasta 1,5 metros de profundidad.
[Cardale, 2000: 58] Estos grupos tenían relaciones entre ellos, pero sólo locales y con los vecinos más próximos.
Según Leonor Herrera, hubo una densa población en el área, que dejó grandes plataformas de cultivo, ubicadas
ante todo en las laderas, mientras que en la época Yotoco anterior se hacían en los fondos inundables de los valles.
En el paisaje aún se ven canales paralelos que descienden a una distancia promedio de 30 metros, pero que ante
todo dependen de la topografía específica; como también terrazas que unas veces soportaron viviendas y otras
fueron áreas rituales. [Herrera, 1992: 152]

En la ribera oriental del río Cauca y en los valles que de la cordillera Central caen hacia este río, estaban los
Buga, tribu caníbal, aguerrida y numerosa, que ocupaba hasta el río Bolo y al norte llegaba hasta el río La Paila.
Al sur de los Buga habitaron los llamados Calocoto, tributarios del cacique Calambaz. [Tascón, 1991: 19] En tanto
que en esta banda oriental del Cauca, sobre las partes altas, estaban los Putimáes, belicosos como los Pijao del
otro lado de la cordillera Central. Y también los Quiamonóes, en las partes altas de la montaña y cerca del lugar
de la primera fundación de Buga, de donde huyeron en época hispana acosados por los Pijao y Putimáes y fueron
encomendados cerca de la ciudad. [Tascón, 1991: 19-22]

4.3 De la Virginia a Bolombolo

El río Cauca, poco navegable en este sector, corre por un estrecho valle curvo que atraviesa el sistema monta-
ñoso de Marmato. En su costado occidental se forman varios cursos paralelos al Cauca, inundables hacia el valle
y abruptos en las partes altas, en tanto que la cordillera Central presenta valles estrechos y encajonados en un
paisaje de terrazas muy fértiles y lluviosas.

María Elvira Escobar recoge la idea de Trimborn de agrupar los habitantes del área caldense como una pro-
vincia cultural, e incluir en ella los cacicazgos de Quimbaya, Carrapa, Pozo, Picará, Paucura y Arma -al oriente del
Cauca-, así como Cartama, Caramanta y Anserma -al occidente-, englobados por la arqueología tradicional como
cultura Quimbaya pesar de ser unidades étnicas diferentes. Casi todos ocupaban zonas templadas (1.300-2.500
msnm.),105 de un territorio que se integraba entre sí, y con otras áreas, por medio de varios caminos. [Escobar,
1986-88: 159] Los diferentes grupos estaban separados unos de otros por amplias zonas deshabitadas, lo que a
la vez los aislaba y les permitía compartir zonas de extracción de recursos. [Jaramillo, 1995: 61] De todas formas

105 Salvo los Arma que vivían en tierras altas.


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69

76º 75º

SINIFANA
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0 15000 75000m

Figura 13. De la Virginia a Bolombolo


AREAS Y GRUPOS
70

es simplista hablar de cultura Quimbaya, pues a veces hay notables diferencias entre ellos.106

Los Quimbaya ocupaban las vertientes occidentales de la cordillera Central, y su área comprendía hasta la
quebrada de los Micos al sur, el río Guacaica por el norte y, al occidente, hasta el río Cauca. En su frontera sur esta-
ban los Quindo, de lengua diferente a los Quimbaya y asentados a lo largo del valle del río Quindío. [Friede, 1982:
14]107 El paisaje quimbaya ha sido descrito como más llano que el de Anserma, lleno de cañaverales entre los que
tenían sus pueblos, junto a sus cultivos y cerca de los muchos cursos de agua que descienden hacia el Cauca. [Ja-
ramillo, 1995: 62] En las tierras templadas aprovechaban dos cosechas anuales de maíz y al parecer practicaron la
rotación de cultivos. Explotaban la cabuya, la sal, fabricaban vasijas de barro y eran magníficos orfebres. Además
pescaban en los ríos, recolectaban algodón silvestre y confeccionaban mantas de algodón. Su territorio contaba
con pocas minas de oro aunque lo encontraban en los aluviones, poco pero de buena calidad; sin embargo para
sus objetos debían traerlo de otras partes, sobre todo de sus vecinos Arma y Anserma. [Friede, 1982: 29 ss.]

Los Carrapa estaban en la ribera oriental del río Cauca, entre los ríos Tapias, Santa Isabel y La Honda al norte,
mientras que al sur los separaba del territorio quimbaya un área deshabitada sobre el valle del Cauca. Las cróni-
cas indican que poco antes de la conquista el cacique principal Irrúa provino del otro lado del río Cauca y desplazó
a los Quimbaya hacia el sur. [Duque, 1965: 181-182] Los Picará fueron numerosos, estaban en el alto río Pozo y
sus afluentes y en las montañas que separan las hoyas de los río Pácora y Pozo. Debido a sus frecuentes guerras
construían pocas casas y protegían las de los caciques con empalizadas sobre las cuales colocaban cabezas a
manera de trofeos. Peleaban con arcos y flechas no envenenadas, pero aunque fueron aguerridos fueron pronto
dominados por los españoles quienes se aliaron con los Carrapa, sus enemigos. [Duque, 1965: 178] Los Paucura
vivían en las faldas de la cordillera Central sobre la cuenca del río Pácora y sus afluentes. Tenían costumbres muy
semejantes a los Arma, pero su lengua era diferente. [Duque, 1965: 173] Los Arma tenían el nombre de Cuy-Cuy,
fue Robledo quien los llamó Arma al verlos en el combate vestidos de oro como caballeros armados. Estaban en la
rica región de la cordillera Central sobre la cuenca del río Arma, por el sur llegaban hasta el río Pácora y al occidente
hasta el Cauca, mientras que en el oriente ocuparon los afluentes de la margen derecha del Arma, en las faldas de
la cordillera. Rivet plantea su límite norte en el río Poblanco. Eran caníbales y belicosos, y contaban con un ejército
fuerte y numeroso que pudo alcanzar los 20.000 hombres.108 [Duque, 1965: 165-166 / Trimborn, 1949: 142]

Sus casas eran grandes para albergar varias familias, viviendas colectivas sobre terrazas que formaban pe-
queños grupos en las lomas. De planta circular y un interior subdividido con esteras, el techo era de paja. Las
casas de los caciques hacían de núcleo de otras en torno a una plazoleta rodeada de una palizada de guadua,

106 Jijón y Caamaño, basado en los cronistas, los organiza len cuatro grupos: 1) Arma y Pozo; 2) Quimbaya, Carrapa, Picará y Paucura;
3) Quindío; 4) Irra; cuyas diferencias son dialectales dentro de un matriz común. [Duque, 1965: 128] Sergio Elías Ortíz plantea: a) Quimbaya:
Quimbaya, Carrapa, Picará y Paucura; b) Ancerma: Ancerma, Caramanta, Cartama, Nore y Guaca; c) Antioquia: Antioquia, Buriticá, Corome,
Evéjico; d) Arma: Arma y Pozo. Para Rivet, Arma y Pozo eran de filiación Chibcha, mientras que los otros tenían cierta raíz Caribe, después
ve como Chibcha a los Caramanta, Cartama y Anserma, un sustrato proveniente de Urabá y de la región Sinú; aunque el asedio de los Caribe
también los permeó culturalmente. [Duque, 1965: 71-75] También serían Chibcha algunos grupos Catío, Nutabe, Tahamí, Guamocó y Yamecí,
y serían Caribe: Carrapa, Picará y Paucura. Picará, Carrapa y Paucura hablaban la misma lengua, aunque con diferencias dialectales. La de
Quimbaya también era semejante, y todas diferentes a Pozo y Arma. El idioma de Anserma, Caramanta, Cartama y Cori era afín entre ellos y
diferente a los del otro lado, y todos diferentes a los de Antioquia; aunque es posible unir Gorrones, Chanco y Quimbaya, con Paucura y Cueva.

107 En épocas antiguas, los Quimbaya fueron desalojados de la región al suroeste de los Carrapa y llegaron a las tierras que ocupaban
en los siglos XV-XVI, donde exterminaron después de varias guerras a quienes allí estaban; sin embargo las noticias de conquista dan cuenta
de que fueron poco aguerridos. [Duque, 1965: 133]

108 Al occidente tenían a los Cartama y Anserma, y al sur los Paucura y los Pozo, con quienes tenían enfrentamientos. [Duque, 1965: 166]
Á R E A S Y G R U P O S E N E L M O M E N T O D E L A C O N Q U I S TA
71

para constituir verdaderas fortalezas donde realizaban sus cultos y ceremonias. [Trimborn, 1949: 129] Las levan-
taban con guaduas hincadas en filas, dejando entre ellas calles en tablas con una escalera que subía hasta lo alto
de las varas; allí sacrificaban prisioneros. [Duque, 1965: 166 ss.] Los Pozo también habitaban en las faldas de la
cordillera Central, al oeste del actual Salamina y hasta la ribera del Cauca, en el curso medio y bajo del río Pozo.
En general su cultura era la misma de los Arma, si bien entre ellos los caciques tenían poca autoridad. Fueron los
más temidos de la región, eran belicosos y antropófagos en sus ceremonias rituales. Se asentaban en lo alto de
colinas, donde las casas de los caciques albergaban hasta quince personas, construcciones altas y circulares, pro-
tegidas con fortalezas de guadua y tablados de madera, desde donde vigilaban el territorio. Eran cultivadores y
mineros de aluviones de oro. Sólo tenían trato con los Zopía, al otro lado del Cauca, mientras que Paucura y Picará
se aliaban para luchar contra ellos. [Duque, 1965: 174 ss. / Trimborn, 1949: 277]

La llamada por los españoles provincia de Umbría, o de Ancer, fue ocupada por varios grupos afines en prácti-
cas sociales, políticas y rituales. Entre ellos estaban los Anserma, sobre el río Risaralda y las montañas entre los
ríos Cauca y Risaralda, donde explotaban fuentes de sal. [Duque, 1965: 160] En el territorio había tres zonas tér-
micas (caliente, templada y fría), pero los diferentes grupos habitaban sobre todo las alturas medias (1.300-2.500
msnm). Allí cultivaban maíz, yuca, plátano, ají, frijoles y otras raíces; en las tierras altas además se daba batata y
arracacha. Bebían chicha y explotaban la miel de sus colmenas. Tejían mantas y casi todos los grupos producían
algodón, del cual enviaban parte a los Páez. Su base de subsistencia fue la agricultura, la minería y el comercio
de oro, elementos de oro y esclavos. Sus enterramientos eran especiales en campo abierto, en tumbas secretas
de bóveda lateral, con dotación de adornos y objetos de oro. [Duque, 1965: 164] Las construían mediante una
excavación profunda rematada con la cámara lateral, la que era sellada con palos que no se pudren. [Trimborn,
1949: 230 y 232]

Por el norte estaban tres grupos asimilables a los Anserma: Los Caramanta ocuparon el alto curso del río San
Juan, concentrándose en el río Docató. Las casas de sus caciques eran grandes y nucleaban pequeños poblados,
con una reducida plazoleta rodeada de guaduas, sobre cuyas puntas ostentaban cabezas de sus enemigos. Sus
viviendas, dispersas pero próximas, eran techadas con paja y los pisos cubiertos con esteras. [Duque, 1965: 182 /
Trimborn, 1949: 230] Por su parte los Cartama habitaron la región alrededor del río Cartama hasta el río Cauca,
mientras que la vega del Supia alojó a los Zopía, en una zona rica en oro de veta y aluvión. La región de los Zopía
sirvió de paso el activo comercio de oro y algunos esclavos entre los grupos. [Trimborn, 1949: 182] Existían los
Supía altos, en las quebradas Arcón y Aguaclara, y los Supía bajos, en la vega y el curso del río Supía o Asopin-
ga. Sus costumbres político–sociales eran muy similares a las de los Carrapa. [Duque, 1965: 184-185] Sobre la
frontera norte de los Anserma estaban los Quinchía, en el actual municipio de Ríosucio. También sobre la banda
occidental del río Cauca, habitaban los Irra, en las riberas del río Opirama. Eran enemigos de los Anserma y de
lengua diferente a la de estos, mientras mantenían relaciones comerciales con los Quimbaya. [Duque, 1965: 185]

De modo general, y más allá de las particularidades entre las diferentes comunidades del área, se pueden asig-
nar las siguientes características a los grupos del área: Las relaciones de producción igualitaria y la precariedad
técnica les impidieron integraciones más allá de las diversas etnias; además si la unidad política provenía de lazos
de parentesco en una comunidad cultural o lingüística, la conquista era difícil, salvo alianzas o dominios coyuntu-
rales. [Escobar, 1986-88: 165] A primera vista parecieran señoríos despóticos con nobles y esclavos, en estado de
guerra endémica, pero en realidad se trataba de caciques que representaban al grupo en general, no poseían ni la
AREAS Y GRUPOS
72

tierra, ni las fuentes de oro, ni los pozos de sal, y sólo heredaban a sus descendientes las casas y los muebles, que
no se enterraban con ellos. Los sucedían los hijos o, si faltaban, el hijo de la hermana. El cacique representaba la
unidad del grupo, además de coordinar y planificar la acumulación de excedentes para garantizar la distribución
masiva del trabajo de los especialistas. [Escobar, 1986-88: 163] Esta centralización permitía grandes obras de
uso y valor comunal, o de valor ritual o simbólico; así como el intercambio organizado y la guerra, o tener algunos
especialistas.

Los señores tenían casas grandes, varias mujeres, servidumbre y algunos terrenos de cultivo; pero en pocos
casos hubo un cacique que gobernara de modo pleno sobre varios caciques menores, y hasta existía la posibilidad
de deponer a quien no ejerciera el cargo correctamente. En parte la topografía accidentada dificultó la unidad po-
lítica de los diversos grupos y propició la conformación de pequeños señoríos, aunque compartieran costumbres y
pautas culturales con otros grupos. [Trimborn, 1949: 245 ss.] Los caciques derivaban su autoridad de un caudillaje
guerrero, aunque ya se empezaba a generar una tributación pública.109 En algunos casos había pontazgos, por
ejemplo en el puente de Breza que atravesaba el Cauca.

Trimborn plantea el cruce de un sistema de ordenación horizontal (grupos y tribus que colonizan el espacio) y
otro sistema de estratificación vertical (nobles, libres y esclavos), en cuya integración estaría el origen de las for-
maciones estatales. Y habla de un “señorío bárbaro”, menos desarrollado que los Muisca o que los Inca o mesoa-
mericanos. [Trimborn, 1949: 272-274] Pero Escobar no comparte tal sentido evolutivo, sino que los considera dos
sistemas separados: el cacicazgo -sociedades igualitarias de la comunidad primitiva, basadas en el parentesco y
la identidad étnica, sin propiedad privada ni ejército especializado y cuyos excedentes eran centralizados y redis-
tribuídos- y el estado, definido en un territorio y basado en la división de clases y el dominio de los poseedores de
los medios de producción. Los Quimbaya estarían en el primer sistema, pues haría falta una clase consolidada de
especialistas, mayor población y avance en la productividad para acercarse a la condición del Estado. [Escobar,
1986-88: 158]

La guerra endémica entre todas las tribus tenía momentos de tregua, cuando realizaban un activo comercio.
Se daban lazos de amistad entre tribus, o alianzas en momentos estratégicos de las guerras, sin menoscabo de su
autonomía. En todo caso la guerra era tarea colectiva, realizada para conquistar o proteger áreas, como actividad
complementaria del intercambio y modo de obtener recursos, pero sin que implicara pillaje o saqueo. En medio de
hostilidades el intercambio sólo era posible por pocos especialistas y dentro de un acuerdo político en el que los
caciques poseían los elementos intercambiables. [Trimborn, 1949: 275 ss.]

La seguridad de un individuo dentro de su territorio contrastaba con su indefensión en territorio ajeno, donde
se le esclavizaba o era atacado. Tribus guerreras, apretadas en sus ámbitos espaciales, tenían disputas perma-
nentes con los vecinos, sobretodo cuando algún grupo intentaba una expansión territorial, para apropiarse de un
yacimiento natural o dominar una ruta comercial, o simplemente para ejercer el acto bélico en busca de poder, au-
toridad, esclavos o vengar afrentas. Esta hostilidad fue más tarde exagerada por los españoles, quienes explota-
ron las enemistades entre los nativos, dándoles información o apoyo directo con tropas auxiliares y aprovechar así

109 Los Caramanta y los Quimbaya proporcionaban sal a sus caciques y los Caramanta y Arma lavaban oro para aquellos, de tal forma
ellos cubrían sus necesidades y tenían para el intercambio. También les podían ayudar en labores agrícolas, o en las construcciones, si los
esclavos no bastaban.
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sus resentimientos. Sin embargo, Luis Gonzalo Jaramillo sostiene que la colaboración de los indígenas pretendía
desplazar a los conquistadores hacia otras tierras, e incluso que al darse cuenta de que esto no sucedía empezó la
resistencia indígena. [Jaramillo, 1995: 52]

Aunque muchas mujeres intervenían en la guerra, mujeres, ancianos y niños debían ser llevados a un lugar
seguro, pues los vencedores podían aniquilarlos. Entonces usaban todas las tácticas posibles, envenenamiento
de aguas, incendio de aldeas, algunos quemaban las aldeas propias antes que dejarlas a sus enemigos, como
también destruían los cultivos de los adversarios, o los propios cuando podían servir a aquellos. Tenían armas con-
tundentes como mazas planas, macanas con dos filos, espadas, lanzas punzantes de madera, dardos de madera
o palma, muchas veces envenenados, ondas, tiraderas, cerbatanas, menos difundidas que el arco y las flechas, por
lo general envenenadas; además de trampas en forma de hoyos con púas envenenadas. Las armas defensivas
eran menos variadas, de pelo humano hacían escudos o rodelas y, a veces, armaduras, para contener las flechas
de sus enemigos.

En el combate se cortaban el cabello y se pintaban el cuerpo para infundirse valor y aterrorizar al enemigo,
asimismo sonaban tambores y algunos instrumentos de viento. Quien caía prisionero perdía su condición humana
y era esclavizado o sacrificado. Sin embargo el prisionero no tenía función económica, pues no participaba en la
producción, ni tenía posibilidad de ser asimilado. Aunque, según Trimborn, a veces se daba el caso de esclavos
que laboraran en el campo o en las minas. [Trimborn, 1949: 204 y 275 ss.] El canibalismo en estos grupos está di-
rectamente asociado a la actividad guerrera, pero de manera esporádica y más con propósitos rituales o de repre-
sentación de poder que por abastecimiento de proteínas como complemento de su dieta. [Jaramillo, 1995: 60 ss.]

Las familias, integradas por el matrimonio más los hijos menores, constituían las células básicas de la estructu-
ra social y conformaban grupos de vecindad. Pero eran agrupaciones rurales y no viviendas dispersas, regidas por
lazos más complejos que los meramente familiares. [Trimborn, 1949: 125] No se conocen rastros de los poblados,
pero se cree que eran abiertos y con casas aisladas, con una “plaza de consejo y de fiestas”, más un tablado para
los sacrificios, que además servía como atalaya. Las empalizadas en torno a las casas principales, tenían forta-
lezas en sitios especiales y de difícil acceso. Sus casas se levantaban sobre las lomas y cerca de las sementeras
en surcos verticales; eran pequeñas y cubiertas por hojas de caña, y además enlucidas con los cráneos de sus
víctimas o prisioneros. [Duque, 1965: 134]

La sal era uno de los artículos de comercio más solicitados y preciados, y la extraían al evaporar en ollas agua
de las fuentes saladas. Las salinas estaban en Abibe, Cori, Murgia (una producción importante), Cenufana, Ca-
ramanta y Mápura (en Anserma), o en los actuales Quinchía y el Salado, al occidente de Riosucio, así como en
Coinza y Anserma. [Duque, 1965: 141] Los Quimbaya la extraían en Consota; los Carrapa, Picará y Arma tenían,
pero muy poca; Anserma tenía mucha (Ancer era el vocablo con que los nativos llamaban a la sal), mientras que
los Caramanta la producían de una laguna. [Trimborn, 1949: 166]

Sal y oro eran los medios de compra preferidos. Los indios del norte de Antioquia extraían oro mediante huecos
muy estrechos que descendían en la roca. Al parecer también obtenían cobre. El principal centro de factoría era
Dabeiba, aunque las minas estaban lejos de allí, quizás en Buriticá. Otras estaban en Nore, Evéjico y Guarcama, o
en Murgia (cerca de Titiribí), Pozo, Anserma, Marmato y, al sur, en Popayán. Aluviones de río eran más frecuentes
AREAS Y GRUPOS
74

en la sierra de Abibe, en Arma, Caramanta, Anserma o Quimbaya (con poco oro pero maravillosos orfebres), y algo
en el río Jamundí.

En mercados realizados en lugares especiales intercambiaban sal, cerámica, metales en bruto, objetos manu-
facturados, tejidos de algodón, esclavos de guerra o alimentos. Buriticá era un centro de comercio de donde par-
tían rutas hacia Dabeiba y Urabá. Otra iba por el norte hacia Ituango, el país de los Guazuce, al Sinú, los Tairona
e inclusive a las Antillas. Esta ruta derivaba en Ituango hacia los Nutabe y Tahamí, o hacia los Guarcama del valle
de San Andrés, por donde circulaban sal y mantas, esclavos y oro, pecaríes o pescado. Una vía comunicaba con
Anserma y Antioquia, en tanto que otra llevaba al Aburrá y, por el valle del Porce, hacia el Magdalena, con deri-
vaciones a Yolombó y hacia Rionegro y Nare. Por ellas circulaba oro de Buriticá y sal o esmeraldas de los Muisca.
Hacia el Chocó se pasaba a las cabeceras del San Juan, así como por el paso del Quindío y por el Arvi se iba a
tierras Páez y Pijao, y luego hacia los Muisca (por el actual Girardot). Los Quimbaya entregaban sal y mantas, en
una ruta que pasaba por Cenufana y el Caldas oriental. Las relaciones con Gorrones y Lile eran menos intensas y
son menos conocidas. [Trimborn, 1949: 179-182]

Los territorios quimbaya se comunicaban con el valle del Magdalena por dos caminos, uno al sur del páramo
del Quindío y el otro por el paso del páramo del Ruiz. Otros dos llevaban al Cauca y por la cordillera Occidental
hasta el Chocó, uno cruzaba un vado, en la confluencia de los ríos Cauca y la Vieja, para ir a tierras de los Gorrones,
y otro pasaba en Irra hacia tierras de los Anserma, desde donde partía un camino hacia el San Juan o el Atrato.
Carrapa e Irra eran intermediarios en el comercio con los Anserma. [Friede, 1982: 36] Los caminos eran estrechos
y precarios, con puntos de mercado al parecer sobre los ríos, como por ejemplo las tierras de los Tahamí, o también
Evéjico y Anserma. Para pasar los ríos fabricaban puentes colgantes de bejuco, o de grandes troncos, y otros eran
hechos con bambú amarrados con bejucos.

4.4 La Montaña Antioqueña

El valle del río Cauca, desde Bolombolo hasta Cáceres se estrecha en un fuerte encañonamiento y se carac-
teriza por fuertes vientos y altas temperaturas. Corresponde a las montañas antioqueñas, un macizo rocoso con
lluviosidad abundante, suelos poco productivos y riqueza mineral. En este sector la cordillera Occidental es una
barrera natural entre el valle del Cauca y el valle del Atrato, por su altura y sus pocos y difíciles pasos. A su vez la
cordillera Central se ensancha al llegar a Antioquia, disminuye su altura y está cruzada por numerosos ríos que la
subdividen en tres ramificaciones.

Al sur del río León, estaban los Guaca, y sobre la zona montañosa de la vertiente occidental del río Cauca, hacia
el Valle y hasta Caramanta, habitaron muchos grupos que se concentraban en pequeños entornos, pero tenían
afinidades de parentesco que permiten agruparlos en la etnia Catío. Mientras que sobre la cordillera Central los
grupos principales fueron los Sinifana, Tahamí, Nutabe y Yamecí.

Los Catío, fueron numerosos grupos, cuyo núcleo al parecer estaba en la zona de la posterior ciudad de San-
tafé de Antioquia y llegaban hasta el sur, cerca de Caramanta.110 No tenían jefes permanentes ni hereditarios y

110 Los Catío se extinguieron, o se diluyeron en mestizajes, y su cultura estaba más relacionada con los Zenú y los Cueva. En todo caso
no eran Chocó, luego no deben confundirse con los “Catío” actuales, quienes constituyen una colonización Embera del área, o sea grupos Chocó
desplazados a los bosques de esta región, más al sur y al occidente. [Gordon, 1983: 86]
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75

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Figura 14. La Montaña Antioqueña

se organizaron en unidades igualitarias que se autocontrolaban, y sólo en caso de guerra seguían a un líder. Eran
buenos guerreros, dirigían los combates y hasta eran contratados por otros grupos para pelear.

Según Vargas el sistema social de los Catío se basaba en la complementariedad más que en la homogeneidad,
lo cual se expresaba en la economía y el comercio, así como en el paisaje. [Vargas, 1990: 87] Simón los describió
como gente que andaba vestida y que narraba sus historias en jeroglíficos pintados en mantas. [Gordon, 1983:
86] Alrededor de la actual Santafé de Antioquia estaban los grupos Peque, Norisco, Ituango, Evéjico, Buriticá y
Curume, y al noroeste los Teco, Penco y Carauta, quizás bajo un mismo cacicazgo. Tenían jefaturas permanentes
de dos hermanos (como los Guaca); pero los varios grupos particulares se unieron luego para resistir la invasión
europea y elegir un jefe único sin comprometer la autonomía de cada grupo. [Vargas, 1990: 81 y 86] Sin embargo
AREAS Y GRUPOS
76

existían discordias entre los grupos, por ejemplo los Evéjico guerreaban contra los Peque en bien formados escua-
drones, y portando lanzas de palma emboscaban en gargantas estrechas de los caminos. Los Catío ofrecieron
una fuerte resistencia contra la conquista, comandados por los caciques Toné y Nogobarco en el valle del río Pen-
derisco, donde tenían fortalezas bien dispuestas, con troneras para disparar flechas y trampas en los caminos.
[Simón, en Vargas, 1993: 118 / Duque, 1965: 197 ss.]

Había grupos selváticos con viviendas palafíticas, y sabaneros con viviendas muchas veces con piso de tierra.
[Vargas, 1990: 87] Los Catío vivían en aldeas y uno de sus centros era Ituango. Construían bohíos redondos, con
cuatro columnas gruesas formando un cuadrado, más un círculo de pequeñas columnas; de las primeras se ten-
dían las vigas para formar un cono, todo amarrado con bejucos, cubierta de paja y una olla de barro en el vértice
para recoger el agua lluvia. Con un palo dentado como escalera colocaban, a dos metros del suelo, el piso de la
casa, donde unos dormían sobre el suelo y otros en hamacas de cabuya; había un zarzo como depósito, mientras
en la parte baja mantenían animales domésticos. [García, 1964: 35] Los Evéjico tenían sus casas en las faldas y
laderas. Los operarios de minas de Buriticá vivían en casas grandes, pertenecientes a los caciques y erigidas en lo
alto de las colinas por sus facilidades defensivas. Cerca a ellos estaban los indios de Iraca, poseedores de mucha
sal y con grandes poblaciones donde descollaban bohíos como templos. [Duque, 1965: 209] En la zona de Buriticá
estaban los indios de Dabeiba, que habitaban en las copas de los árboles, a las que accedían por escaleras de
junco; era una región aurífera, donde además cultivaban algodón para tejidos. También al norte estaban los indios
antropófagos de Abibe, en territorio montañoso, con valles de ríos que cruzaban con ingeniosos puentes de bejuco.

Los Evéjico estaban en una región aurífera y agrícola, defendían el puente sobre el Cauca (en el sitio de Breza
o Neguerí) y cobraban peaje por su uso. [Duque, 1965: 207 ss.] Los Buriticá habitaban el principal centro minero,
cuya riqueza lo hacía un núcleo comercial. Sus recursos estaban tanto en los ríos como en minas de vetas, pero
tenían poca agricultura y obtenían sus alimentos por comercio. [Duque, 1965: 209] Practicaron una fase primaria
de la moneda en el intercambio de esclavos por chagualas que eran pequeños pendientes de oro, hasta alcanzar
un sentido de la confianza en el pago de las obligaciones comerciales que Castellanos notó en su consecución de
alimentos perecederos. [Trimborn, 1949: 189]

El activo comercio de oro desde las minas de Buriticá fluyó por cuatro caminos: hacia el norte a través de Nore,
Guaca y Dabeiba hacia Urabá; al norte por Ituango y Guacuceo en el alto Sinú, hacia la sierra Nevada de Santa
Marta o hacia la orilla oriental del Cauca; otra hasta el río Porce, el valle de Aburrá, Rionegro, Nare, el Magdalena
y el altiplano de los Muisca; mientras otra iba a tierras Quimbaya. Estas rutas condicionaron el proceso de pobla-
miento de los conquistadores en estos territorios, empecinados en estas expediciones en la búsqueda del origen
del oro que iban encontrando. [Duque, 1965: 199 y 209]

Los Guaca estaban en el extremo noroccidental de la cordillera, sobre el río León y en la serranía de Abibe, hasta
aguas abajo del río Sucio y los ríos Páramo, Chachafrutal, Uramá y Uramita. Tenían activo comercio entre ellos y
con los vecinos, pero no con los Urabá, sus vecinos al norte. Era un grupo consolidado y complejo, un hermano del
cacique controlaba los grupos dominados y cobraba los tributos en bienes y servicios, a la vez que era jefe militar.
A la llegada de los españoles sus señores eran Nutibara y su hermano Quinunchú, quienes gozaban de vistosos
privilegios. Los principales eran jefes menores, había capitanes y después el resto de la población. [Vargas, 1993:
116-120] Era una sociedad agrícola que cultivaba maíz, piña, aguacate y palma de pivijay; en la Sierra obtenían
Á R E A S Y G R U P O S E N E L M O M E N T O D E L A C O N Q U I S TA
77

algodón, oro, tejidos, pescado y carne, en tanto que en la riberas del río Sucio y sus afluentes producían maíz, fríjol,
yuca dulce, batata y frutas. Por estas especializaciones regionales mantenían un intenso intercambio entre sub-
grupos. Sus asentamientos se ubicaban en valles y altiplanos como grandes aldeas, en donde sobresalía la casa
fortificada del cacique y se exhibían las cabezas de sus enemigos derrotados. Contaban también con puentes en
los numerosos ríos que atravesaban su territorio. [Castillo, 1991: 36]

Eran diestros en el empleo de la tiradera, tanto en la guerra como en la caza. [Duque, 1965: 205] Enterraban a
sus muertos en tumbas de pozo recubiertas de piedra y en ellas colocaban ofrendas al lado del difunto. [Castillo,
1991: 36] Para sus señores hacían grandes tumbas en forma de cerro, con la puerta al levante y el difunto en una
gran bóveda, acompañado de mantas, oro y armas, además de mujeres y esclavos. Los de Nutibara tenían una
casa ceremonial consagrada a Guaca, un ser representado en forma de tigre; ídolo principal de significado mági-
co-religioso, cuyos ritos eran ejercidos en cada pueblo por ancianos especialistas. [Vargas, 1993: 116-120]

Sobre el curso alto del río Sucio y los valles del actual Frontino estaban los Nore; afines a los Guaca, con quie-
nes, a pesar de las hostilidades mutuas, formaban un solo grupo cultural. En realidad las rencillas eran con todos
sus vecinos Guaca, Tatabe, Catío y Buriticá.111 Se asentaban en grandes poblaciones sobre valles o altiplanos y
cerca a sus cultivos, extraían oro de los ríos y lo intercambiaban por esclavos y puercos monteses. Sus tumbas
eran de montículos o túmulos, donde enterraban a los señores principales acompañados de sus mujeres y gentes
del servicio; además las mujeres que les sobrevivían se cortaban la cabellera. [Castillo, 1991: 36]

Al otro lado del Cauca, en los altiplanos de Aburrá, Rionegro y en el sector sobre el río Cauca encontramos a los
Sinifana y Aburrá, grupos pacíficos y no antropófagos, tejedores, cultivadores agrícolas y criadores de animales.
[Castillo, 1991: 38] En Murgia, Mungia o Moregia, luego llamada por los españoles Pueblo de la Sal, los indios ela-
boraban sal de las numerosas fuentes saladas, que convertían en grandes panes de sal de color amarillo. [Trim-
born, 1949: 166]

A partir de las crónicas puede establecerse una división en el río Porce, pues en el oeste eran antropófagos y no
en el oriente. Arriba de Santafé y Olaya, en el oriente de la cordillera Central y hasta el río Nechí, habitaban Nutabe
y Tahamí, dos grupos que compartían lengua y cultura, pero eran autónomos y tenían conflictos con los grupos
vecinos. Conformaban pequeños cacicazgos de carácter hereditario y sólo se confederaron contra los españoles,
guiados por un jefe elegido. Usaron arco y flechas y practicaron la antropofagia. [Castillo, 1991: 29]

Los Nutabe seguían por el Cauca hasta Cáceres, sobre todo en la margen derecha; asimismo, al norte del río
Ituango había unos Nutabe sobre la margen izquierda del Cauca. Fueron hábiles constructores de puentes de
bejuco y buenos guerreros, cultivaban maíz, fríjol, algodón y frutales, sacaban oro de aluviones y pescaban. Entre
ellos estaban los Omogá, quienes explotaban minas y cultivaban algodón para fabricar sus telas. [Duque, 1965:
213] Emparentados con los Nutabe y de filiación Chibcha eran los Tahamí, entre el Cauca y el Nechí debajo de
Olaya. Eran expertos e intensos comerciantes, para lo cual organizaban ferias de varios días donde intercambia-
ban mantas, algodón, sal, productos agrícolas y esclavos. [Castillo, 1991: 38] Al igual que los Catío, se destacaban
por su trabajo de mantas en algodón pintadas. [Trimborn, 1949: 162] Sus asentamientos fueron grandes aldeas
en los valles y vertientes. [Castillo, 1991: 38]

111 Para Paul Rivet los Nore estaban en las cabeceras del Sinú y en la cuenca del río Urama (hoy habitada por los Chocó).
AREAS Y GRUPOS
78

A su vez, los Yamecí ocuparon desde el medio cauce del Porce hasta el río Cimitarra. Sacaban bastante oro
de aluvión, cultivaban maíz, yuca, batatas, ñame y otras raíces. Pescaban y cazaban o criaban puercos salvajes,
importaban sal, preparaban harina de pescado y aprovechaban la palma y el chontaduro. No eran antropófagos
y tomaban esclavos para ayuda en las labores de servicio, cultivos y extracción de oro. Tenían guerras con los
vecinos hacia la vertiente del Magdalena, en las cuales usaban flechas envenenadas, galgas y dardos. Sus ca-
ciques principales vivían en grandes casas y provistos de comidas abundantes. [Duque, 1965: 213] Y al norte del
río Cimitarra estaban los Guamocó, con cultura y lengua similar a los Yamecí, como también con ricos aluviones
auríferos en su territorio. [Castillo, 1991: 39]

5. EL RÍO MAGDALENA

5.1 El Alto Magdalena y Gran Tolima

El valle del alto Magdalena comienza con un anfiteatro grandioso de unos 60 kilómetros de diámetro, rodeado
por las montañas de la cordillera Central, el Macizo Colombiano y la cordillera Oriental. Allí el río corre en fuerte
pendiente, pero al salir de dicho hemiciclo, a partir de El Hato, su declive se suaviza y el valle se amplía. Por su
altura (2.500 msnm.) es una zona de difícil tránsito, sobretodo hacia las selvas orientales, lo que la hace un espacio
protegido y privilegiado que desde tiempos remotos ha sido asiento de poblaciones y culturas importantes. Los
ríos forman terrazas y planicies con abundante agua, por tanto muy aptas para la agricultura, como sucede con la
cordillera Central que conserva un ambiente húmedo, de permanente niebla, bosque tupido y fuertes pendientes.
Hacia el norte la cordillera Oriental se vuelve seca, semiesteparia y se hace más fácil el paso hacia el oriente.

Precisar los grupos que habitaban la región antes de la invasión española casi es imposible. Los encomenderos
juntaban indios de diversos grupos y les asignaban un nombre antiguo, o del lugar de procedencia, o del nuevo, sin
importarles su origen heterogéneo; hubo además desplazamientos generados por el dominio español y también
mezcla de grupos. Según Juan Friede, Andaquíes no es el nombre propio de una tribu, sino de una denominación
genérica de diversos grupos indígenas, quizás quechua, para significar gente de la montaña o tribus selváticas que
atacaban Timaná en la bajada de la cordillera Oriental. En el siglo XVII este nombre denominó a los indios de la
selva oriental, al sur del río Suaza, mientras que en el siglo XVIII se utilizó el término para generalizar, como si fuera
un mismo grupo, tanto a los indios de la selva oriental, desplazados por la conquista desde 1564, como a quienes
habitaron el valle del alto Magdalena. Y por último terminó por ser un apelativo de todas las tribus rebeldes del
suroriente. [Friede, 1953: 19-21]

De la región entre los ríos Orteguaza, Caquetá y Mocoa vinieron muchos indios a hostigar la región del alto
Magdalena, o hacia allí huyeron para escapar de la opresión española. Asimismo muchos grupos dominados fue-
ron desplazados por los encomenderos, unas veces para alejarlos de las áreas de conflicto y otras para emplearlos
en las guerras de pacificación como guías, bogas o cargueros. Sin embargo, los etnohistoriadores han identificado
como grupos étnicos principales en la región del curso alto del río Magdalena -esto es desde su nacimiento en
el Macizo Colombiano hasta Honda- a los Timaná y Yalcón, en la parte más alta del río, luego los Páez, costado
occidental del valle, lo mismo que los Pijao que ocuparon tanto el valle como las partes más altas de la cordillera
Central y llegaron hasta el río Coello. En los valles altos del Magdalena vivían los numerosos Timaná, sobre el valle
del Timaná, y los Yalcón en las montañas y el valle del río de la Plata, pero luego de la conquista, sus sobrevivien-
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77º 76º 75º 74º

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QUIMBAYA

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QUIANONOES PIJAO

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PÁEZ TAMA

GUAYUPE

YA L C O N

CARIBE

TIMANÁ
N

TUCANO
OCCIDENTAL

ALTO MAG DA LENA


0 15000 75000m

Figura 15. Alto Magdalena


AREAS Y GRUPOS
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tes se dispersaron entre los Páez y Guanaca.112 [Friede, 1953: 46] Más al norte, hasta la cordillera Oriental, habitó
un conjunto numeroso de tribus Panche y, en el valle oriental del Magdalena, los Tama y Sutagao.

La cordillera Oriental era el límite de las tribus del alto Magdalena, aunque había mutuas relaciones con los de
la selva. Pero con la conquista muchos de estos grupos se desplazaron al suroriente, a los cursos altos de los ríos
Caquetá, Fragua y Pescado, de climas y tierras similares. [Friede, 1953: 44 y 48] Sus caciques no poseían dominio
total sobre sus grupos, ni recibían tributos, pero tampoco dependían de otro cacique superior. Friede presume que
los grupos del alto Magdalena pudieron haber estado organizados en clanes consanguíneos, por la mención de los
cronistas acerca de la restricción para casarse dentro de su misma tribu y por los indicios que apuntan a la práctica
de sucesión del cacicazgo de tío a sobrino y no a hijo. [Friede, 1953: 87 y 89]

No usaron arco ni flecha, sino lanzas, dardos y macanas, tampoco emplearon tácticas de ataque, pero apa-
recen en las crónicas como aguerridos y fieros, en particular los del sur de la región de San Agustín: los indios de
Laculata, quienes practicaron la antropofagia. Sin embargo, no hay evidencia que demuestre conflictos prehispá-
nicos entre las diferentes tribus. [Friede, 1953: 49 y 98 ss.] Los testimonios y leyendas de su ferocidad se refieren
más a eventos acaecidos como consecuencia de la conquista ibérica. Un ejemplo de ello es la muy conocida le-
yenda de la Gaitana, quien dirigió la tortura y muerte del español Pedro de Añasco en venganza por la muerte de
su hijo cacique. [Tovar Zambrano, 1993: 129 ss.]

Friede cuestiona la generalización de que todos los indios del alto Magdalena eran antropófagos, pues bien es
sabido que tachar a los indios de antropófagos justificaba su esclavización, expoliación o exterminio, por lo cual
muchos españoles así lo argüían, sobre todo al defenderse de cargos de crueldad o abusos. Podría decirse lo
mismo frente a las acusaciones de belicosidad innata, pues bien podría explicarse como una reacción justa frente
a la invasión hispana, contra un dios ajeno y un monarca extranjero. [Friede, 1953: 98-102] Para los cronistas, sin
embargo, la guerra para los Yalcón era un ritual caníbal, en el que los cráneos de sus enemigos se usaban como
recipientes para beber o como símbolos de poder mágico. [Llanos, 1990: 41]

Habitaban lugares aislados, no en pueblos compactos, sino en bohíos de techo rojizo, entre los cuales resaltaba
el del cacique. [Friede, 1953: 49 y 92] Llanos, al referirse a los Yalcón, describe caseríos alrededor de la casa del
cacique en los que habitaban sus familiares, mientras el resto de la población vivía dispersa por los campos cerca
de los cursos de agua. El conjunto denotaba complejidad social y política por ser un sistema de viviendas, cam-
pos de cultivo y drenajes enlazados por una red de caminos. La preparación del terreno consistía en la formación
artificial de terrazas en las faldas de las lomas, en donde se asentaban los bohíos redondos, hechos con postes
de madera, techo cónico y buen conocimiento en el uso del bahareque. [Llanos, 1990: 38] Enterraban a sus indios
principales en tumbas dentro de sus propias casas, proveídos de comida y las armas de oro que en vida hubiesen
tenido. [Llanos, 1990: 43] Practicaron la agricultura de manera colectiva con fiestas y borracheras que llamaron
mingas. Cultivaron la pita, con la cual elaboraron cabuya que comerciaban en mercados semanales, asimismo
algodón para tejer mantas; pero su principal producción era el maíz, aunque los testimonios coloniales dan cuenta
de una amplia variedad de productos desde la papa hasta frutas. Complementaron su dieta con caza y pesca.

112 Fueron subgrupos de los Timaná: Quinchana, Mulale, Laculata, Totalco, Guachico, Guarapa y Laboyos, y sobre el valle del río Suaza,
los del mismo nombre y los Yacua. Fueron subgrupos de los Yalcón: Cambi, Oñoco y Otongo, y tal vez también los Oporapa, Maito y Apirama,
todos sobre los valles de los afluentes izquierdos del alto Magdalena, incluído el río de la Plata.
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[Friede, 1953: 109 ss.]

Sus vecinos al norte, los Páez, o Nasa, podían diferenciarse en dos grupos según Juan López de Velasco:113 a)
los de las vegas del alto Magdalena, alrededor de la Plata y vecinos de los Timaná, con relaciones intertribales
estrechas y que corresponderían a los ya mencionados Yalcón; y, b) los propiamente conocidos como Páez, los de
las riberas del río Páez y el bajo río Moras (Tierradentro), con baja densidad sobre el páramo Moras. La línea de
los páramos -Moras, las Delicias y Guanacas- formaba una frontera natural entre los Páez y los Guambiano de la
vertiente occidental. [Findji & Rojas, 1985: 15]

Al inicio de la conquista, los Páez fueron aliados de los indios del alto Magdalena, pero fueron pronto sometidos
e incluso ayudaron en la conquista de los Pijao. [Friede, 1953: 139] Tenían costumbres contrarias a las de los beli-
cosos Pijao, no practicaron la antropofagia y guerrearon por defender su territorio, sin afán de extenderse a otros.
[Lucena, 1963: 362] Tenían jefes locales sin dominio autocrático sobre el grupo y, en caso de guerra, se aliaban
para elegir un jefe único. [Findji & Rojas, 1985: 16] Vivían cerca de sus cultivos, en bohíos de guadua, con cubierta
de paja, aislados y esparcidos, entre los cuales se destacaba la casa del cacique. Cultivaban maíz, papas, raíces,
fríjol, plátano, pescaban y cazaban; también plantaban coca, fabricaban pita, producían cabuya, algodón y tejían
mantas. Sacaban pocas cantidades de oro del río Mazamorras, o de aluviones en la selva.

Los Pijao habitaban la cordillera Central, desde el nevado del Huila y el río Yaguará en el sur, hasta el río Coello,
por el norte. Pero su movilidad y desplazamientos en el siglo XVI dificultan la precisión de su territorio.114 El centro
de sus dominios podría estar en las cabeceras del río Amoyá, cerca del actual Chaparral, en cuya cuenca estaba la
mayor concentración de ellos y los más rebeldes, guarecidos en una topografía agreste y naturalmente defendida.
Se dividían entre los de la sierra y los del llano, y mantenían hostilidades entre ellos o con sus vecinos los Sutagao.
Entre los de llano había tribus como los Coyaima, Natagaima, Guauro y Tamagale, con quienes se aliaron luego
los españoles para atacar a los de la montaña.115 [Duque, 1965: 229 / Lucena, 1963: 361-363] Estos lucharon
contra la sujeción hasta casi extinguirse, derrotados, a lo largo del siglo XVII; los pocos de ellos que quedaron se
refugiaron en Tierradentro.

No tenían un gran cacique, lo que luego dificultó el dominio español, pues someter un grupo no afectaba a los
demás; aunque también dispersó esa fuerza rebelde que, unida, hubiera sido invencible. Se comunicaban con
señales de humo, y cada grupo elegía un jefe por su valentía, quien podría dirigir en ocasiones a varios grupos.
Al combate iban pintados con bija y el jefe con franjas rojas y amarillas en su rostro, peleaban en emboscadas,
armados de picas, dardos, macanas, hondas, piedras, espadas y cuchillos. [Lucena 1963: 377] Además, en los ca-
minos cavaban hoyos con púas al fondo, trampas tanto para los españoles como para las tribus vecinas enemigas.
[Duque, 1965: 235]

113 VELASCO, Juan de. Historia del Reino de Quito en la América Meridional. Historia Moderna. Tomo III. Editorial Casa de la Cultura
Ecuatoriana. Quito, 1979: 65. Citado en, Findji & Rojas, 1985: 15.

114 Según Julio César Cubillos, el territorio Pijao llegaba por el norte hasta una línea entre el río Coello, a la izquierda del Gran Río, y el
río Cuja, en las faldas de la cordillera Oriental; al oeste hasta el filo de la cordillera Central, desde el nevado del Huila hasta la depresión de
Yerbabuena, al norte del páramo de Barragán, y luego hasta el actual pueblo de Pijao (departamento del Quindío); por el sur desde el nevado
del Huila, desde el río Negro hasta el río de la Plata y por el Magdalena hasta Neiva, y luego a las vertientes bajas de la cordillera Oriental; al
este todas las vertientes bajas de esta cordillera. [Duque, 1965: 227-228]

115 A los Pijao corresponden varias tribus como los Cutiva, Aipe, Irico, Ambeima, Amoyá, Tumbo, Coyaima, Natagaima, Poina, Mayto,
Anayma, Cacataima, Tuamo y otros. [Lucena, 1963: 366]
AREAS Y GRUPOS
82

Según Pedro Simón su nombre era Pinao y fue variado por los españoles, cuando «les vieron tan deshonestos
que traían sin ninguna cobertura las partes de la puridad», o sea, en términos menos piadosos, por llevar la pija
descubierta.116 Eran de regular estatura, fornidos, con deformación craneana y nasal, que practicaban a los recién
nacidos para lograr achatamiento de las facciones y nariz alargada y cóncava. Probablemente se depilaban las
cejas y las barbas. En las mujeres vírgenes, antes del matrimonio, mantenían ligaduras apretadas en brazos y
pantorrillas para conseguir abultar estas partes del cuerpo y adelgazar muñecas y tobillos. [Duque, 1965: 233 /
Lucena, 1963: 359-364]

La familia seguía un sistema poligínico y los grupos estaban organizados en clanes exogámicos. El número de
esposas dependía de las que podía mantener el marido. Las mujeres no podían tener contacto sexual antes del
matrimonio y el adulterio era castigado con rigor: la adúltera era prostituida por los solteros del grupo y, luego de
ser enterrada hasta la cintura, era apedreada. [Lucena, 1962: 149] Los recién nacidos recibían nombres de ani-
males o plantas según el sueño que el mohán hubiera tenido, y dicho nombre podía ser cambiado al casarse o al
demostrar valentía. Desde pequeños los niños eran adiestrados en el uso de armas y tácticas de guerra. [Lucena,
1963: 374]

No tenían grandes poblados. Sus bohíos, dispersos y pocas veces nucleados, eran de planta redonda o cua-
drada, a veces sobre los árboles, pero siempre en sitios de difícil acceso para facilitar su defensa, ya que avistar
con antelación al enemigo les daba tiempo de huir; este recurso lo complementaban con una salida subterránea.
[Lucena, 1963: 371] Cerca de la casa del cacique construían un chiquero que servía de prisión a quienes serían su
alimento, había también un cercado con calaveras y una piedra de molino para oro y otros metales. En cercanías
de Rioblanco se han hallado restos arqueológicos de aterrazamientos sobre colinas donde se levantaban las vi-
viendas, además había también piezas de orfebrería, de cerámica o de piedra. Asimismo se rescataron piezas de
oro del valle del Saldaña (Rioblanco, Chaparral y Campohermoso), muy semejantes a otras del Quindío, del valle
del río Calima y del Huila, lo cual denota una influencia cultural que, según José Pérez de Barradas, tendría su nú-
cleo en el alto Saldaña. [Duque, 1965: 233 y 245-246]

Los Pijao cultivaban maíz, fríjol, arracacha, yuca, batata y turmas de tierra; comían frutas, extraían miel y pes-
caban. [Lucena, 1963: 368] Tenían oro de aluvión en los ríos Saldaña, Coello e Irco; explotaron cobre cerca de Na-
tagaima, útil para sus aleaciones de orfebrería, la cual tiene semejanza con la de los Quimbaya. Usaban adornos
de oro y eran ceramistas. Parece que Aipe era un centro especial de mercado e intercambio de oro y de varios
productos. [Duque, 1965: 235 y ss.]

Tenían ídolos zoomorfos y antropomorfos, representados en diversos tamaños y de madera, piedra o barro.
Podía suceder que los hombres o mujeres más valientes, líderes en la guerra, ocuparan la posición de mohanes
que curaban enfermedades con métodos mágicos. Tales enfermedades aparecían por el sueño de algún familiar,
por lo que castigaban al soñador por la enfermedad del pariente y si moría se le consideraba responsable. El poder
del mohán radicaba en sus predicciones a través del ayuno, con las cuales guiaba la vida de sus seguidores, pero
una equivocación conllevaba por lo menos a la destitución. Por descripciones documentales, no por hallazgos
arqueológicos, se sabe que sepultaban a sus muertos en cavernas de las montañas, con provisiones de chicha y

116 SIMON, Fray Pedro. Noticias Historiales de las Conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales. Bogotá, 1953: Tomo VI: 31.
Citado en Lucena, 1963: 360
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alimentos, pero después hacían entierros secundarios en urnas. [Lucena, 1963: 379-384] Aunque quizás en épo-
cas remotas a la Conquista la antropofagia tuvo un carácter ceremonial, es claro que con el pasar de las rebeliones
contra los españoles, esta costumbre fue degenerando en festines indiscriminados de cuerpos humanos, ya sea
de esclavos capturados puestos, de viajeros que atravesaban su territorio, de cuerpos putrefactos desenterrados,
o incluso la práctica de cortar pedazos de carne estando aún viva la víctima. [Lucena, 1963: 369]

Los Tama, o Tame, ocupaban el último recodo del valle de Neiva, sobre la falda occidental de la cordillera
Oriental, como también sobre la vertiente oriental, en el actual departamento del Caquetá. Según Friede, los Tama
originales se localizaron en el alto río Caguán y los relaciona como un grupo de pueblos provenientes de la selva,
desplazados hacia el alto Magdalena en tiempos hispánicos. En tiempos hispánicos existía en la región un comer-
cio de esclavos Tama. [Friede, 1953: 44]

Donde hoy se encuentran Caguán y Rivera, vivían los Duho o Dujo, y los Bahaduho; aunque luego de la con-
quista los ubicaron al sur de Neiva, y después, los pocos que quedaban, se agregaron al Caguán. Fueron víctimas
de los Pijao, quienes, según relato de Juan Rodríguez Freyle, los capturaban y comían.117 A su vez, los Sutagao
vivían en las hoyas de los ríos Pasca, Sumapaz y Cunday, y mantuvieron hostilidades con los Pijao. [Lucena, 1963:
362]

Según Eugenio Ortega (1912), los Panche ocupaban desde la parte occidental de Tibacuy, por las cumbres de
la cordillera hasta el sur de Pacho, luego hacia el occidente hasta la confluencia del río Negro con el Tobía, por las
aguas de los ríos Conde y Pinzaima hasta los límites con Villeta; de allí hacia el Magdalena y por éste hasta la des-
embocadura del Fusagasugá, para subir hasta la unión del Sumapaz con el Panche. Después, Alejandro Carranza
(1934) definió el territorio Panche desde la llegada sobre el río Magdalena del Fusagasugá y por éste hasta el río
Panche (o Chocho), aguas arriba hasta Tibacuy y el alto de la Cruz, por el Colegio, Tena, Anolaima, y luego Bituima,
Villeta y Útica, para tomar después el río Negro hasta el Magdalena. [Moreno, 1987: 16]

Tulio Tascón considera que el río Magdalena separaba a los Pijao de los Panche, pero Friede sostiene que los
Panche estaban en ambas riberas del Gran Río. También Ramírez Sendoya los ubica en ambos lados del Mag-
dalena, desde el Gualí hasta el Coello, y desde el Patí o Bogotá hasta los territorios Putimáes o Quimbaya, en el
occidente, y Pantágora o Colima en el norte. Para Paul Rivet estaban en ambas riberas del río hasta el Gualí y el
Negro al norte, así como el Coello y el Fusagasugá al sur y la cordillera Central al oeste. Bejarano y Pulido plantean
un área de penetración y conflicto entre Marquetones, Ondama, Panche y Pijao en la región entre los ríos Gualí,
Coello y Magdalena.118 [Moreno, 1987: 18]

Tantas propuestas y sus diferencias reflejan la dificultad de precisar los términos de su territorio, dadas la
falta de documentos -mapas o escritos- y las variadas hipótesis sobre fronteras culturales, a partir de hallazgos
arqueológicos. Pero, sobre todo, por la inexistencia de esas precisiones en aquellos tiempos, pues entonces la
distribución se basaba más bien en zonas pobladas y áreas de frontera que servían de amortiguación entre los
diferentes grupos, las cuales, a medida que se reducían o no existían, generaban mayores conflictos.

117 RODRÍGUEZ FREYLE, Juan. El Carnero. Bogotá, 1955: 301. Citado en Lucena, 1963: 362.

118 BEJARANO, Jesús & PULIDO, Orlando. El tabaco en una economía regional. Ambalema, siglos XVII yXIX. Centro de Investigaciones
para el desarrollo. Universidad Nacional de Colombia. Bogotá, 1986: 18. citado en Moreno, 1987: 18.
AREAS Y GRUPOS
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En consecuencia también son diversas las afiliaciones que se dan a los muchos grupos que habitaron entre el
río Coello y el Guarinó.119 Sin embargo es posible detectar cinco grandes provincias en que se organizó el territorio
en los primeros años de la Colonia, y que probablemente en algo se relacionen con las afinidades prehispánicas
de las tribus del área: los Panchigua, los Omine, los Gualí, los Mariquitones y los grupos del valle oriental del Mag-
dalena: Chapaima y Calamoima.

Los Panchigua habitaron las tierras altas y medias de la cordillera Central, pero en el momento de la conquista
compartían las tierras bajas con otros grupos Panche. Probablemente descendieron por los ríos Gualí, Laguni-
lla, Santa Agueda, Juan Jiménez y Sabandija. Los Omine, para Juan de Castellanos, estaban en la hoya del alto
Guarinó, pero según documentos coloniales estarían en la sierra de Gualí, cerca de la posterior ciudad de Santa
Agueda. Según Rivet, sobre la cuenca del río Gualí estaban los Gualí, subdivididos en Guasquias y Erbe. A la vez
que Marquetones, o Mariquitones, habitaban los alrededores de la actual Mariquita, fundada sobre la loma de To-
laima; Chapaimilla para los españoles. Al otro lado del Magdalena habitaron los Chapaima sobre el río Chaguaní;
en tanto que al norte de éstos estaban los Calamoima, según Rivet sobre las cabeceras del río Seco (cerca de San
Juan de Seco) y, agrega Moreno, hasta la hoya del río Negro, al oriente de la actual Honda. [Moreno, 1987: 33-59]

Los documentos de la época indican que los diferentes grupos Panche reconocían el mando de un indio prin-
cipal dentro de cada grupo. [Moreno, 1987: 79] Este cacique, a diferencia de los demás grupos del Magdalena
medio, no sólo fue jefe militar ocasional, sino líder permanente; una vez elegido recibía la asesoría de los Acaymas,
personas de gran autoridad. [Escorcia, 1986: 75 y 77] Fueron aguerridos enemigos de los Muisca, a quienes en-
frentaron con dardos y macanas, para capturar prisioneros, consumirlos y colgar los cráneos de los más valientes
como trofeos. Para enfrentarlos, los españoles tuvieron que hacer uso de sayos acolchados que les protegían de
los dardos envenenados y, además, tener cuidado de los hoyos camuflados en los caminos que los Panche cons-
truían y sembraban de puyas envenenadas. [Duque, 1965: 381]

Estaban organizados en clanes cognaticios (consanguinidad por línea femenina) y exogámicos; el primer hijo
debía ser hombre, por lo que se sacrificaban las hijas primogénitas. Las niñas eran comprometidas en matrimonio
desde recién nacidas. [Duque, 1965: 382] Existe evidencia de que los Panchigua practicaron el matrimonio poligí-
nico, por medio del intercambio de hermanas entre grupos emparentados. [Moreno, 1987: 96]

La evidencia arqueológica indica que cavaban tumbas rectangulares y cubrían el cadáver con lajas delgadas
de roca. [Escorcia, 1986: 79] Localizaban sus viviendas en lo alto de las lomas para protegerlas, pero se mudaban
con frecuencia de un lugar a otro, por lo cual levantaban sencillos y rústicos bohíos, dado que explotaban varios
pisos térmicos y en cada uno tenían morada. El patrón general de asentamiento fue de bohíos dispersos que al-
gunas pocas veces semejaron una aldea, los levantaban en los sitios de arcabucos en la cima de las lomas, valles
o laderas, hechos de guadua con techo de hojas de bihao, y algunos de bahareque. [Moreno, 1987: 82 ss.] Por ha-
llazgos arqueológicos, en los alrededores de la desembocadura de los ríos Fusagasugá y Bogotá en el Magdalena,
se presume una densificación de población en épocas prehispánicas. [Duque, 1965: 386]

Cazaban y pescaban, extraían miel y cultivaban maíz o depredaban los cultivos de las tribus vecinas, sobre

119 Armando Moreno Sandoval insiste en que aún no se puede definir si Omine, Guasquía, Panchigua, Mariquitones o Gualí pertenecían
a la nación Panche, Pijao o Pantágora. [Moreno, 1987: 46]
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todo de los Muisca. Además de maíz sembraban yuca, papa, batatas, ahuyamas, algodón y árboles frutales (piña,
guayaba, guamas y aguacates). Eran tejedores, ceramistas y orfebres. [Duque, 1965: 382] Comerciaron a través
de valles, ríos y montañas, sobre todo pescado que llevaban a las cordilleras, para cambiar por mantas, sal, oro,
productos agrícolas, hilo de algodón, múcuras o cuentas. [Moreno, 1987: 84 ss.]

5.2 El Magdalena Medio

El Magdalena medio, desde Honda hasta El Banco, se caracteriza por sus altas temperaturas, intensa lluviosi-
dad y un valle de paisaje tropical selvático, ensanchado por el alejamiento de las cordilleras. En este tramo el río
Magdalena se vuelve difícil para la navegación dada su poca pendiente y la presencia de raudales. Al acercarse a
la depresión momposina el ambiente se torna húmedo e insalubre. En épocas prehispánicas el costado izquierdo
del Río, entre el río Lebrija y la boca del Opón, permaneció deshabitado. [Castaño & Dávila, 1984: 107]
Tanto Pijao, Panche y Pantágora han sido clasificados como grupos Caribe, sobre todo por sus entierros en
urnas funerarias ovales, con tapas que representan figuras humanas o zoomorfas; pero se trata de hallazgos ante
todo en los ríos la Miel y Nare, sobre el Magdalena, áreas que ellos no ocupaban en el siglo XVI. No eran navegan-
tes (como sí los Caribe), ni se deformaban brazos y pantorrillas, aunque practicaron la deformación craneana.120
En líneas generales, el Magdalena medio acogió pueblos afines, con cultos funerarios, cerámica y tradiciones cul-
turales de rasgos compartidos, donde Honda era un punto de contacto intercultural y quizás de disputa por su
dominio. [Castaño & Dávila, 1984: 81, en: Moreno, 1987: 22 y ss.]

En términos generales, las etnias de esta parte del valle compartían rasgos, cultura y costumbres, pero al mo-
mento de la llegada de los españoles era una región en conflicto, con pugnas entre vecinos y constantes escara-
muzas de expansión hacia las tierras altas. Los investigadores Carlos Castaño y Carmen Lucía Dávila concluyen
que, en la región, el avance de la agricultura del maíz les habría permitido a estas comunidades dejar de depender
tanto de las fuentes fluviales, para alejarse de las riberas selváticas y húmedas del Magdalena y concentrarse en
las estribaciones montañosas. [Castaño & Dávila, 1984: 122]

Los Pantágora, o Pantagoro, también llamados Palenques por las fortalezas de madera que hicieron para
defenderse, habitaban zonas montañosas y selváticas de la vertiente, entre el río la Miel y la actual población de
Remedios, en los pisos térmicos cálido y templado; aunque al parecer no sobre la ribera del Magdalena. [Moreno,
1987: 52] Castaño y Dávila restringen un poco el límite norte al afirmar que estaban más bien sobre cauces y ca-
ñones de los afluentes del Magdalena, quizás a una altura superior a los 500 metros sobre el nivel del mar, entre los
altos ríos Guarinó y el Alicante, donde pescaban, cultivaban y cazaban, sin descender hasta el Gran Río. [Castaño
& Dávila, 1984: 106]

Según Neyla Castillo, “eran Pantágora los llamados indios Coronado, los Marquesote del norte de Caldas, los
«palenques» Samanáes y probablemente Punchináes, ubicados entre el río Guatapé y el río Nare”. [Castillo, 1991:

120 Rivet habla de la probabilidad de afiliar a los Pantágora-Panche-Pijao al grupo lingüístico karib, si bien el reducido número de topo-
nímicos y de morfemas sacados de los cronistas, debilita la base de cualquier hipótesis; pero luego Cubillos lo afirma de modo más categórico.
Para Moreno, aunque el análisis de la toponimia denote relación entre Pantágora, Panche y Pijao, y pese a estar entre los Caribe de oriente y los
de occidente, no deben incluirse de modo apresurado en el grupo lingüístico Karib. [Moreno, 1987: 28] Rivet también plantea que Muzo, Colima,
Panche y Carare-Opón tenían un idioma de filiación karib.
AREAS Y GRUPOS
86

75° 74° 73°

C H I TA R E R O

YA M E C Í
GUAMOCÓ

TA H A M Í YA R I G U Í

S I N I FA N A
ABURRÁ GUANE
CARARE
A
OR
ÁG

Muzo
NT

TAPAZ
PA

ARMA
ES
ANÍ

Colima
PICARÁ
AM

C A R R A PA MUISCA


Q U I M B AYA

PANCHE

QUINDO

MAG D A LEN A M EDIO


0 15000 75000m

Figura 16. Magdalena Medio


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39]121 Mantenían guerras intestinas, con muchas venganzas derivadas de sus rencillas, lo que los mantenía aisla-
dos unos de otros. Resistieron la Conquista y lucharon con la ventaja del terreno abrupto y estrategias de trampas.
[Duque, 1965: 421 y 424] Reconocían a un líder por grupo familiar, no sólo por su valor sino por su edad y mayor
número de hijos. Eran sociedades tribales, igualitarias y organizadas en segmentos matrilineales (parentelas por
línea materna), y matrimonio poligínico, según el número de hermanas que intercambiaban con las de otros miem-
bros de la tribu.122 [Moreno, 1987: 96] Estas hermanas intercambiadas debían ir a vivir al grupo del esposo pero,
tras la muerte del hermano, o la prolongada enfermedad de aquel, el trato terminaba y las mujeres podían volver
a su grupo familiar. No se permitía el adulterio dentro de los círculos de parentesco del clan, ni había una mujer
principal. [Duque, 1965: 426-428]

Los Pantágora practicaron la deformación craneana, los hombres usaban el cabello hasta los hombros y los
valientes una corona “de fraile”. Se adornaban con plumas y pintura corporal, y a la guerra llevaban los cuerpos
pintados, más diadema y coronas de plumas. Andaban semidesnudos y sólo cubrían con una piel de animal las
heridas que pudieran tener. [Duque, 1965: 416] Fabricaban puentes de bejuco sobre los ríos y hacían sus casas
en lo alto de las lomas, en grupos de ochenta o noventa viviendas nucleadas a lo largo de una calle y hechas de
guaduas y cubierta vegetal. Había en cada complejo una casa ceremonial para reuniones, danzas, ritos y como
prisión de infractores. [Duque, 1965: 418] Cultivaban maíz, -su principal alimento-, yuca y otros vegetales, pero
poco cazaban o pescaban por lo abrupto de la topografía. Usaban agua salobre para aderezar sus viandas y
bebían chicha. Las mujeres se encargaban de ayudar a sus hermanos en la siembra de maíz dos veces al año, y
lo hacían según el calendario derivado de la observación de las estrellas, de la florescencia de ciertos árboles y de
las aves. [Duque, 1965: 416-419] A pesar de contar con oro en su territorio no lo explotaron ni trabajaron, tampoco
conocieron el proceso de evaporación de sal y se limitaron al uso de aguasal. [Castillo, 1991: 40]

Tenían chamanes o curanderos para invocar a sus deidades, como Chancán, quien llevaba a los espíritus de
los difuntos cerca del Gran Río, donde moraban sus parientes ya fallecidos. Aunque las crónicas reportaron que
muchos sanaban con sus métodos curativos, cuando un principal a su cuidado moría, el chamán era asesinado por
los parientes del difunto. Era frecuente el suicidio, por calamidades o, luego, ante el dominio español. Al difunto le
pintaban el cuerpo de blanco y amarillo, lo aderezaban con joyas y plumas, le infringían punzadas, lo amortajaban
en una estera y, después de inhumarlo, lo depositaban en una tumba. Creían en la existencia del tip, o ánima que
no muere tras la muerte del cuerpo e iba luego al lugar especial de descanso y felicidad en las ricas riberas del río
Magdalena. [Duque, 1965: 429-432]

Los Amaníes, afines pero diferentes a los Pantágora, tenían lengua y costumbres diversas.123 Estaban sobre
la vertiente oriental de la cordillera Central en las partes altas del territorio Pantágora, eran antropófagos y tenían

121 Rivet delimita el territorio Pantágora, basado en la toponimia de los cronistas y el uso de la partícula na, desde el río Ité, al norte, hasta
el Guarinó, entre el Gran Río y las faldas de la cordillera Central; prosigue sobre la vertiente oriental de la cordillera Central y parte de la vertiente
del Cauca, entre el río Guarinó y el San Bartolomé, como también las hoyas del Porce y el Nechí, desde sus cabeceras hasta el Siguaná (en
Zaragoza), más algunos trechos del borde oriental del Cauca. Área que Duque Gómez restringe al oriente del departamento de Caldas, pues
no comparte la relación entre grupos del valle del Cauca y del Magdalena. [Moreno, 1987: 18 y 52]

122 El cronista Aguado explica esta práctica entre los Pantágora, como consecuencia de la prohibición de cualquier contacto sexual entre
marido y esposa durante el embarazo y el postparto. [Duque, 1965: 428]

123 Para Pedro Aguado, eran Pantágora todos los pueblos en el Guarinó, Victoria y Remedios, diferentes de los Amaníes (los de adentro,
en lengua Pantágora), mientras que en el curso alto del río Samaná estaban los Samaná, con unos pueblos llamados Ortana y Cocozna. Los
grupos ribereños del Magdalena eran de otras etnias: cerca del río de la Miel los españoles encontraron a los Yurumina y Mondegua, a quienes
apodaron los de “cabellos largos”, y a los demás, “coronados”, dado el corte de pelo en forma de corona ‘como de fraile’. [Duque, 1964: 414]
AREAS Y GRUPOS
88

cacicazgos, heredados de padres a hijos; dos rasgos que no tenían los Pantágora. [Duque, 1965: 433-436] Tras
una enérgica resistencia a la dominación, algunos Amaníes, debilitados y reducidos, prefirieron el suicidio colectivo
y otros fueron avasallados por grupos indígenas vecinos que habían sido sus víctimas. [Duque, 1965: 424 y 433]
Conformaban poblaciones nucleadas en sitios inexpugnables y provistos de fosos en su interior, para servir de
obstáculo a invasores. Tenían chamanes, aunque, a diferencia de los Pantágora, no los mataban a palos cuando
fallecía un enfermo. Practicaban ceremonias en las que los principales formulaban preguntas al chamán -acerca
del futuro de la comunidad o de sus miembros en particular-, pues él tenía comunicación con el espíritu de la dei-
dad. [Duque, 1965: 433-436]

Los Colima y los Muzo, con tan sólo algunas diferencias dialectales, conformaron una sola etnia karib llamada
Tapaz. Colima y Muzo son nombres de origen colonial asociados a las jurisdicciones en las que quedaron inclui-
dos.124 Habitaron la región entre la cordillera Oriental y el río Magdalena, desde el alto río Negro hasta la llamada
isla del Carare, a la altura del río Horta; también incluía su territorio la hoya del río Minero y la del bajo río Negro.
[Castaño & Dávila, 1984: 111] Bety Escorcia suscribe las versiones que juntan en una misma etnia a los Calima
con los Muzo, por no tener diferencias étnicas. [Escorcia, 1986: 22, 28, 99] Los Colima acechaban en la noche los
poblados y caminos por los que los Panche transitaban, y el triunfo en la guerra consistía en la acumulación de
cabezas. [Cifuentes, 2004: 54] Daban gran autoridad a los ancianos y castigaban el matrimonio entre miembros
que compartían el mismo “apellido”. [Duque, 1965: 396 y 397]

Los Tapaz mantuvieron sus bohíos en las estribaciones de la cordillera, sin incursionar a más de 2.000 msnm.
debido a la fragosidad de la geografía y la resistencia que los Muisca ejercieron a su expansión. [Castaño & Dávila,
1984: 112] Ocuparon una región geográficamente defendida y de difícil acceso, lo que los hacía relativamente
aislados. Poblaban en las lomas, pero iban hacia las partes más bajas por ser clima caliente y malsano. [Escorcia,
1986: 22 y 28] Cultivaban maíz, batatas, fríjoles y ahuyamas; bebían chicha, comían frutas, cazaban y explotaban
sal. [Duque, 1965: 397] Tenían chamanes que practicaban la curación, lo que al parecer alcanzó un alto nivel entre
los Colima. Adoraban al sol y a los astros, a quienes creían controlar con fuertes soplidos y arrojándoles sus pes-
tañas o cejas, o mediante rituales particulares. Hablaban de un gran diluvio y concebían deidades subterráneas,
como por ejemplo una inmensa culebra en el agua cuyo desplazamiento causaba temblores y terremotos. [Duque,
1965: 399 ss.]

Los Muzo habitaban la parte norte del territorio Tapaz, en las estribaciones occidentales de la cordillera Orien-
tal, una zona caliente y húmeda, de agreste topografía y muchos cursos de agua. [Duque, 1965: 388] Según sus
tradiciones, los Muzo-Colima provenían de la ribera occidental del Magdalena y habían desalojado a Muisca, Pan-
che y Naure del área que ocupaban, hasta convertir en fronterizas las regiones de Simijaca, Saboyá y Vélez. No
pagaban tributos, ni tenían un cacique estable, sino que en cada parcialidad había un jefe elegido por su valentía y
para cada ocasión. Aunque tenían sacerdotes (coras), jefes militares y ancianos preeminentes, así como esclavos
prisioneros de grupos externos (tapazcaes). En tiempos de paz tenían una especie de administrador, asesorado
por personajes eminentes, pero sin la autoridad de un cacique. En el momento de la conquista estaban en un pro-
ceso de cambio de la banda en tribu y con un desarrollo demográfico notable. [Friede, 1968: 40]

124 Duque afirma sin embargo que Colima es un vocablo Panche que significa “matador cruel”, y que Tapaz es el nombre que se daban
a sí mismos y significa: “cosa de piedra ardiente o encendida”. [Duque, 1965: 395]
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Eran comunidades familiares, con exogamia local que seguían, al parecer, pautas de clanes cognáticos, o de
consanguinidad matrilineal de índole exogámico, diferenciados según el lugar donde se asentaban y de cuyas
características derivaban el nombre. [Duque, 1965: 392] La residencia era patrilocal, aunque los matrimonios, que
eran alianzas concertadas, podían deshacerse con facilidad y la mujer y los hijos retornaban a su clan. Como entre
sus vecinos Pantágora, era común el suicidio, incluso por razones banales. [Escorcia, 1986: 39 ss.]

Según cuenta Fray Pedro Simón, “su vestido era el que les dió la naturaleza sin cubrir aún la parte de la hones-
tidad”, aunque llevaban una cuerda a la cintura que, en la era hispana, se volvió taparrabos; se pintaban la cara y
se deformaban la cabeza. Eran guerreros, antropófagos y capturaban mujeres y esclavos, iban al combate ador-
nados con plumas, portaban instrumentos musicales, gritaban y formaban escuadrones. Se armaban con arcos,
flechas o macanas, y usaban puyas envenenadas o trampas ocultas. [Escorcia, 1986: 79]

No vivieron en aldeas, sino en casas más o menos dispersas que agrupaban líneas de parentesco, en territorios
obtenidos mediante la fuerza. [Escorcia, 1986: 28] Levantaban bohíos de vara, con dos puertas y, donde el entorno
lo permitía, podían juntarse unos siete bohíos. Las casas de los Muzo y Colima podían ser rectangulares u ovoi-
dales, con paredes de guadua, techo de paja de carácter permanente y separadas entre sí por cultivos. [Escorcia,
1986: 89 y 90] Tenían fuentes saladas, cazaban, pescaban y eran agricultores, sobre todo de maíz, yuca, papa,
fríjol, verduras varias, frutas o tubérculos, y preparaban cazabe y chicha. “La agricultura estaba en manos de las
mujeres, pues los hombres sólo rozaban el campo, mientras que las indias sembraban y cosechaban los frutos”.
[Friede, 1968: 37 y 43] Practicaron la minería de esmeraldas de socavón, en territorios quizás arrebatados a los
Muisca. Dichas piedras no tenían valor ritual sino como pieza de trueque. También parece que intercambiaban
cuentas de collar, cerámica y caracoles, pero sobre todo algodón con los Muisca, a cambio de textiles y cerámicas.
[Escorcia, 1986: 49]

Eran agoreros y tenían mohanes para comunicarse con el dios Maquipa, quien tenía poder sobre la naturaleza,
y creían haber sido creados por el dios Are, sobre la orilla izquierda del Magdalena. [Escorcia, 1986: 54] Muzo, Co-
lima y Yariguí amortajaban los cadáveres y los pintaban de blanco y amarillo, los adornaban y colocaban en una
tumba que tapaban con tierra. [Escorcia, 1986: 79] Era costumbre común entre los grupos indígenas del Magdale-
na medio el doble enterramiento de sus muertos, con seis meses de diferencia entre uno y otro. [Escorcia, 1986: 78]

En el oriente, hacia la cordillera, estaban los indios del Rincón de Vélez: Chipatáes, Agatáes y Saboyáes. Los
Agatáes estaban en la sierra de Agatá, hoy quizás la loma de Buenavista, al noroeste de la peña de Saboyá y
hacia los ríos Horta y Carare, por lo cual estarían en territorio Muisca. Desde el río Opón hasta el Magdalena, in-
cluida la hoya del Carare y con dominio sobre el río Magdalena, habitaron una serie de grupos poco documentados
en tiempos de la Conquista y agrupados en la etnia Carare. Estuvieron presentes en los alrededores de Vélez y
lucharon, sin éxito, contra los Muzo por el control de las estribaciones cordilleranas. Los Opón, Naura y Nauracota
pertenecían a los Carare.125 [Castaño & Dávila, 1984: 108-109]

No tuvieron un gobierno centralizado y mantenían autonomía política, aunque se ponían bajo las órdenes de
quienes más les conviniera. Esto, sumado a que fueron extinguidos en la Conquista, ha hecho imposible su clasifi-
cación como Caribe o Muisca, o como grupo independiente. [Escorcia, 1986: 76] Luego de la conquista, los Carare

125 Fray Pedro Simón incluye a los Colima en ellos. [Duque, 1965: 406-409]
AREAS Y GRUPOS
90

fueron muy rebeldes y acosaron, en alianza con los Yariguí, a los viajeros por el Magdalena, o por el camino a
Vélez. [Duque, 1965: 406] Fueron hábiles para emboscar desde la ribera del Gran Río y tomar por sorpresa a los
navegantes, atacaban en pequeños grupos, peleaban con flechas envenenadas o lanzas, y bebían en los cráneos
de sus víctimas. [López, 1988: 182] Pero parece que no eran antropófagos. Otras tácticas de guerra consistían en
disponer trampas en los caminos o tirar piedras desde sitios altos. [Escorcia, 1986: 78]

Escogían sus sitios de habitación lejos de las riberas de los ríos que controlaban, lo que los hizo inencontrables
en la Conquista y los protegió, pero se beneficiaron de ambos ambientes: el de montaña para cultivos y vivienda
permanente, más la zona ribereña para habitación temporal y puerto para sus embarcaciones. [Castaño & Dávila,
1984: 110] Los informes coloniales dan cuenta de viviendas comunales sobre terrazas naturales alrededor de las
cuales tenían sus cultivos. [López, 1988: 179] Su principal riqueza fue el dominio que ejercían sobre el río Magda-
lena y sus afluentes orientales. Controlaban la pesca, la caza de animales menores y la recolección de huevos en
las zonas ribereñas de esta parte del Gran Río. Portaban joyas en el cuello, narices, labios y orejas, pero el poco oro
que poseían lo conseguían mediante el intercambio con grupos lejanos. [Castaño & Dávila, 1984: 110 y 184] Sus
piezas de cerámica son similares a las de otros pueblos ribereños del Magdalena. [Duque, 1965: 409]

La hoya del río Opón fue la ruta que conectó al territorio Muisca con el Magdalena y por éste a la costa Caribe.
[Castaño & Dávila, 1984: 108] Sorocotá se constituyó en un importante centro de comercio entre Muisca, Tapaz,
Carare, Yariguí, Guane y los del Rincón de Vélez, para intercambiar productos agrícolas, sal, oro y manufacturas.
[Escorcia, 1986: 81] Tenían mohanes dedicados a la hechicería y coincidían en muchas creencias con los Yariguí.
Sepultaban a sus muertos en entierros secundarios -con cerámica, objetos líticos y piezas de orfebrería-, en pro-
fundas tumbas de pozo (de cuatro a siete metros), rellenadas luego con tierra y provistas de ofrendas a distintos
niveles. A veces sellaban el acceso con una piedra, o con el mismo relleno de la tierra. [Duque, 1965: 408-409]

Los Yariguí ocupaban las riberas del Magdalena, entre los ríos Opón, Sogamoso y Lebrija, hasta donde practi-
caban sus incursiones fluviales. También habitaron las estribaciones de la cordillera Oriental, hasta las cercanías
del territorio Muisca, mientras que como límite con los Guane les sirvió la cordillera Lloriquíes, nombre dado en
mención a los Yariguí. [Castaño & Dávila, 1984: 108 / Fajardo, 1969: 20] Según Rivet, eran Yariguí las tribus de los
Tocoporo, cerca de la provincia de Guane, así como los Topoyo, Chiracota, Araya (hoya de la quebrada Araguas, en
el alto Opón), Guamaca (quebrada Guamacas, afluente del río Suárez) y Tolomeo (cerca de Vélez).

Fray Pedro Simón observó semejanzas entre estos grupos con los Carare, con quienes en época hispánica se
aliaron para hostigar la navegación por el Magdalena medio, así como los caminos de las estribaciones de la cor-
dillera Oriental en las regiones de Vélez, Guane y Simacota.126 Luchaban con macanas, arcos y flechas envenena-
das, o se refugiaban sobre un alto peñón en una casa fuerte y grande, de gruesos maderos, rodeada de defensas
y orificios para disparar protegidos, con corredores laberínticos, depósito de armas y túneles subterráneos. [Duque,
1965: 410-411] Fueron pueblos navegantes que aprovecharon la riqueza fluvial de su territorio y practicaron la
agricultura de maíz, raíces, frisoles y otras legumbres y frutas. [Castaño & Dávila, 1984: 108] Obtenían sal del terri-
torio Guane. [Duque, 1965: 411] Amortajaban sus cadáveres pintándolos de blanco y amarillo -como sus vecinos

126 Entonces se llamaron, de modo genérico, Yariguí, a muchos indios rebeldes de la región que atacaban a los españoles, incluídos los
Carare, Colima, Muzo y Yariguí. Todos formaban parte de un solo tronco cultural, aunque vivían en permanentes guerras entre ellos. [Duque,
1965: 410-411]
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los Muzo-, los adornaban con sus joyas y eran llorados principalmente por sus hermanas. [Escorcia, 1986: 79]

6. LA CORDILLERA ORIENTAL

6.1 Altiplano Cundiboyacense

En el actual territorio colombiano, los Muisca (o Mosca) eran el grupo precolombino que había logrado mayor
complejidad política y una organización social más unificada sobre un amplio territorio. Su población era nume-
rosa y ocupaba un área extensa, fértil y muy salubre. De filiación Chibcha, llegaron a la cordillera Oriental hacia
los siglos IX ó X d.C., quizás procedentes de la costa atlántica venezolana, o de las tierras bajas del oriente de
Suramérica, y desplazaron, o absorbieron, a los grupos agroalfareros llamados “cultura Herrera”.127 Ocupaban
15 ó más fértiles altiplanos entre cadenas montañosas que forman regiones encerradas por casi todos los lados;
con ciclos anuales de cuatro temporadas, definidas por los vientos húmedos del Pacífico que reciben las montañas
entre Marzo-Junio, o los del Amazonas entre Septiembre-Diciembre, más dos épocas secas intercaladas.

Según Karl Langebaek, los cacicazgos Muisca “habitaban, en el siglo XVI, las frías altiplanicies comprendidas
entre la hoya del río Chicamocha por el norte y los páramos de Sumapaz al sur, así como las vertientes templadas
y los valles transversales de erosión de la cordillera Oriental”. [Langebaek, 1987: 15] Para su localización es con-
veniente remitirse al mapa propuesto por Ana María Falchetti y Clemencia Plazas, quienes plantean las posibles
fronteras cuando llegaron los conquistadores hispanos, momento en el que se libraban unas guerras definitorias
para las jurisdicciones entre el Zipa y el Zaque, así como contra las tribus vecinas (Yariguí, Colima, Muzo y Panche)
que asediaban con éxito las fronteras128

En la frontera con los Guane, grupo independiente pero con muchas semejanzas culturales, irrumpen los pára-
mos de Guantiva, Rusia y Chontales, en cuyas estribaciones surorientales estaban los pueblos Muisca de Tutasá y
Cerinza, e incluía en el norte a Onzaga. [Falchetti & Plazas, 1972: 10] El río Chicamocha señalaba el lindero con los
Lache, con Chita, la Uvita y Boavita en territorio Lache,129 y Soatá, Susacón y Sátiva en el Muisca, mientras que de
los U´wa (Tunebos) los separaba la cordillera que divide el altiplano con los Llanos Orientales, a la altura del pára-
mo de Pisba. Según algunos cronistas, tribus U´wa habitaban tierras limítrofes de Labranzagrande, Paya y Pisba.

Los Tegua vivían desde el actual Medina hasta Vijua, en el municipio de Recetor, en Casanare, donde cultiva-
ban algodón, maní, maíz y yopo, pescaban y recogían miel o cera negra. Según el padre Fabo, citado por Rivet,
ocupaban Miraflores, Macanal y la región de Chámeza, sobre el alto Cusiana, hasta el curso del río Lengupá.130 Al

127 El período Herrera dura desde el 1.320 a.C. hasta aproximadamente el siglo VIII d.C. Es poco conocida la transición entre Herrera y
Muisca, pero tal vez los cambios se dieron por un paulatino aumento de la población y mayor énfasis en el cultivo del maíz. [Langebaek, 1992
a: 60-62]

128 Dichas antropólogas trazan una delimitación hipotética, pues no existía una demarcación muy precisa, o no se conoce con exactitud
o variaba con frecuencia. Tan sólo se sabe de los pueblos fronterizos citados por los cronistas, por lo cual ellas plantean una frontera con los
pueblos de otras etnias, basadas en documentos de archivo, o sobre líneas limítrofes determinadas por fenómenos naturales. [Falchetti & Pla-
zas, 1972: 1-27]

129 Falchetti y Plazas aclaran la duda sobre la filiación de la gente de Boavita, pues estaban en territorio Lache, pero parece haber sido
población Muisca. [Falchetti & Plazas, 1972: 12]

130 Para Karl Langebaek, los Teguas mantenían estrecha relación con los Muisca y algunos de sus capitanes estaban sujetos a los ca-
ciques de Garagoa, Guatavita, Somondoco, Ubeita y Tota; pero muchas de éstas quizás fueron adscripciones creadas por los españoles en la
repartición de encomiendas.
AREAS Y GRUPOS
92

75° 74°


L
N TA
ORIE
ERA
DILL
COR

MU I S CAS
0 15000 75000m Centros ceremoniales mayores Centros ceremoniales secundarios

Figura 17. Muiscas: [Link], [Link] Uvita, [Link], [Link], [Link], [Link], [Link], [Link], [Link], [Link], [Link]ámeza,
[Link], [Link], [Link], [Link] Cayetano, [Link], [Link], [Link] nacional, [Link] Belleza, [Link] Palma, [Link],
[Link]á, [Link]ó, [Link]á, [Link], [Link]á, [Link]án, [Link]é, [Link]á, [Link], [Link]á, [Link],
[Link], [Link], [Link], [Link]á, [Link]á, [Link], [Link]á, [Link], [Link], [Link]áquira.
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93

suroriente estaban los Guayupe, Caquetío y Guahibo. Los Guayupe, se ubicaban en los alrededores del actual
Villavicencio, desde las faldas de la cordillera Oriental hasta las llanuras y riberas de los ríos Guape y Ariari, en
cuya frontera estaban los pueblos Muisca de Ubaque, Fosca y, al suroccidente, Pasca. En la frontera meridional,
los Sutagao, entre los ríos Cuja y Fusagasugá, colindaban con las poblaciones Muisca de Pasca y Fusagasugá.
[Falchetti & Plazas, 1972: 13-15]

Con los Panche, los Muisca tenían agudos conflictos, por lo cual debían mantener güechas (o defensores de las
fronteras) en los pueblos fronterizos de Ciénaga y Tibacuy; lo mismo que en Subia (entre Tibacuy y Fusagasugá),
Tena, Luchuta y Chinga, hoy una vereda de San Cayetano. [Falchetti & Plazas, 1972: 15] Aunque, con base en la
crónica de Fray Pedro Aguado, se ha cuestionado la distinción de guerreros como un segmento especializado de
la sociedad. “Aparentemente, las milicias estaban conformadas con la gente común levantada en armas”. [Correa,
2004: 183] Los Muzo, de filiación Caribe como los Panche, habían replegado a los Muisca a Simijaca, Saboyá y
Vélez, pero el territorio Muisca se expandía hasta el oeste, en lo que hoy es Puente Nacional y la Belleza, mientras
que los Colima vivían más al occidente, en la Palma y la hoya del río Negro, y ambos grupos llegaban hasta Villeta.
[Falchetti & Plazas, 1972: 17-18]

El territorio Muisca, en la llegada de los conquistadores, a su vez se encontraba subdividido en confederaciones


con un cacique principal cada una: en el norte los dominios del Zaque, con sede en Hunza (hoy Tunja) y, al sur, los
del Zipa, con base en Muequetá (o Bacatá, hoy Funza), además estaban los caciques de Duitama y Sogamoso,
acerca de quienes aún no es muy clara su independencia del Zaque.131 También los pueblos de la región de Vélez,
cerca de la frontera con los Muzo, eran independientes -por lejanía del señor principal, por aislamiento de la zona o
por belicosidad de sus jefes-, así como las poblaciones del valle donde está Leyva (caciques de Saquencipa, Sáchi-
ca y Tinjacá), y quizás los de Ráquira, Sutamarchán, Lenguazaque y Guachetá, en la frontera entre los dominios del
Zipa y los del Zaque. Para Langebaek, eran independientes Moniquirá, Sorocotá y Yuca132. [Langebaek, 1987: 38]

El Zipa Saguanmachica había sometido en el sur al cacique de Fusagasugá y a su aliado, el de Tibacuy, donde
estableció guarniciones para protegerse del asedio de los Panche; en esto lo apoyó el de Pasca, quien estaba so-
metido desde antes. El cacique de Guatavita era más o menos independiente y dominaba hacia el noreste hasta
Turmequé, además de Tocancipá, Suesca y Chocontá.133 Sin embargo, el límite norte del Zipa llegó hasta ésta últi-
ma, desde donde extendió su dominio a Ubaté, Tausa, Susa y Simijaca, para quedar Saboyá como límite norocci-
dental frente a los Muzo. El Zaque Michua (sucedido por Quimuinchatocha) fue vencido, adelante de Chocontá, por
Saguanmachica, y después Nemequene, sucesor de Saguanmachica, conquistó Ubaque y Guatavita, con la ayuda
del cacique de Guasca. Más tarde, Aquiminzaque, sobrino de Quimuinchatocha, fue decapitado por los españoles

131 Clemencia Ramírez y Lucía Sotomayor, a partir de focos de atracción y sobre todo con criterios geográfico y ecológico, plantean
subregiones correspondientes a ámbitos y quizás sentidos de pertenencia. Puntos focales fueron (y han sido) Sogamoso, Duitama, Tunja y
Bogotá, más otros como Ubaque/Cáqueza o Pasca; así como Soatá, Sátiva, Socotá, Duitama, Busbanzá, Sogamoso, Moniquirá, Sáchica, Tunja,
Ramiriquí, Zetaquirá, Chiquinquirá, Tinjacá, Turmequé, Chinavita, Simijaca, Ubaté, Chocontá, Machetá, Guateque, Sopó, Guatavita, Gachetá,
Pacho, Zipaquirá, Facatativá, Funza, Bogotá, Tena, Fusagasugá y Ubaque. [Ramírez & Sotomayor, 1986-88]

132 Citando a Falchetti & Plazas, 1972 / Tovar, 1980 / Londoño, 1983.

133 La confederación de cacicazgos de Bogotá incluía a Ciénaga, Chocontá, Fosca, Sisativa, Suesca, Tibacuy, Tibaguyes, Ubaté, Engati-
vá, Ubaque, Suba y Tuna. Además de los pueblos de Cáqueza, Chinga, Guasca, Luchuta, Pasca, Simijaca, Subachoque, Subia y Teusacá. Los
cacicazgos sujetos a Bogotá estaban en los valles fríos, parte del páramo de Sumapaz y las cuencas de los ríos Guavio y Negro, mientras que
los de Guatavita (precariamente sujeto a Bogotá) abarcaban las montañas orientales, hasta el piedemonte llanero. [Langebaek, 1987: 34-36]
AREAS Y GRUPOS
94

75° 74°

M UISCA S
Centros de mercadeo mayor
Centros de mercadeo menor
Centros de explotación de esmeraldas
Centros productores de sal
Centros artesanales de cerámica
0 15000 75000m Centros orfebres

Figura 18. Muiiscas


Á R E A S Y G R U P O S E N E L M O M E N T O D E L A C O N Q U I S TA
95

en la plaza de Tunja junto con los caciques de Toca, Motavita, Samacá, Turmequé y Suta.134

El Zaque tenía su centro en Hunza, hoy Tunja, y sus dominios incluían en el oriente a Chivatá y Siachoque, hasta
los cerros que dividen con los Llanos, mientras que al occidente estaban Samacá y Turmequé; al sur, hasta el valle
de Tenza, Garagoa y Somondoco, y por el norte Tuta, Sotaquirá y Paipa.135 El Zacazgo se encontraba rodeado por
los territorios independientes del Rincón de Vélez, Sáchica y Tinjacá, y por los cacicazgos de Tundama y Sogamo-
so.136 Sogamoso era un importante centro religioso Muisca, donde regía un cacique elegido y no hereditario, que
dominaba a los pueblos de Bombazá, Busbanzá, Cuítiva, Guáquira, Iza, Pesca, Pisba, Socotá, Toca y otros. Pero,
contra otras opiniones, Falchetti y Plazas no creen que fuera un cacicazgo independiente políticamente, a pesar de
tener varios tributarios; aunque, como líder religioso de todos los Muisca, tampoco estuviera plenamente dominado
por el Zaque. [Falchetti & Plazas, 1972: 3-6]

En todo caso su organización seguía una estructura jerárquica centralizada, al tiempo política y militar vincula-
da al parentesco. El control del poder estuvo en manos de ciertos linajes que constituían confederaciones y no pre-
tendían acaparar territorios o propiedades, sino que los caciques aseguraban su dominio con periódicos recorridos
de reconocimiento territorial, alojándose en sus cercados de los pueblos dominados. [Correa, 2004: 184] Caciques
menores eran los caciques de Guasca, Fómeque, Tibacuy, Ubaté, Chía, Teusacá, Fosca, Pacho, Simijaca, Cáqueza,
Subachoque y Pasca. [Langebaek, 1987: 25 ss.] En la frontera con los Panche estaban Cáqueza, Ciénaga, Chinga,
Fosca, Guasca, Luchuta, Pacho, Pasca, Simijaca, Subachoque, Subia, Teusacá y Tibacuy.

La gente del común pertenecía a su respectiva parentela, cuyo vínculo era la consanguinidad.137 Los Muisca
seguían un principio de filiación matrilineal, bajo un patrón de residencia que mezclaba entre patrilocalidad y
avuncolocalidad, pues si bien la mujer iba a residir con el linaje de su marido y allí nacían sus hijos, éstos al llegar a
la adolescencia iban a residir junto con su tío materno, es decir con los de su parentela.138 O sea que los hombres
permanecían en su lugar de filiación mientras que las hermanas se separaban al tener que ir a vivir al pueblo de
su esposo. Ello “daba como resultado la proximidad de grupos domésticos emparentados matrilinealmente y re-
sidiendo avuncolocalmente”, que mantenían relaciones matrimoniales con otras unidades de filiación y localidad
distintas. [Correa, 2004: 198, 205]

134 La laguna de Fúquene resguardaba a los pueblos de Ubaté y Simijaca de la invasión del cacique de Tinjacá. Chocontá y Machetá
eran el límite noreste de las tierras del Zipa, frente a Turmequé y la zona del Valle de Tenza, que marcaban la frontera sur del Zaque, para ter-
minar en la cordillera de Ubalá como límite natural entre los dos. [Falchetti & Plazas, 1972: 8-9]
Ver plano base: Cacicazgos y división político-administrativa durante la Colonia, Ramírez & Sotomayor, 1986-1988: 198, mapa nº3.

135 Ver plano base: Cacicazgos y división político-administrativa durante la Colonia, Ramírez & Sotomayor, 1986-1988: 198, mapa nº3.

136 El cacique de Duitama presumía ser independiente, aunque bajo la presión de las armas debía reconocer la autoridad del Zaque.
Intentó sin embargo rebelarse y para ello convocó al cacique de Paipa, lo mismo que a los tributarios suyos de Soatá, Onzaga, Sátiva, Chitagoto,
Susacón, Cerinza, Tupachoque y Tutasá.

137 Según los cronistas, los Muisca eran rigurosos en la prohibición del incesto, aún en segundo grado de consanguinidad, que además
de madres e hijas incluía sobrinas. Aceptaban la poliginia y el número de esposas dependía de la “calidad” del indio y su capacidad para man-
tenerlas. El hecho de que el matrimonio se estableciera mediante acuerdos de los padres, que implicara una dote, buscara consolidar alianzas
y prohibiera el incesto, supone que era un medio de relaciones de integración social y no una opción individual. [Correa, 2004: 187, 191-192]

138 Por tal razón un capitán o cacique tenía dispersos a muchos de sus súbditos, lo cual creó luego muchos conflictos en las encomiendas
de los españoles, pues la viuda volvía con sus hijos al repartimiento donde había nacido, pero en la lógica hispana esos hijos pertenecían a la
encomienda de su padre.
AREAS Y GRUPOS
96

Quizás algunas aldeas correspondían a capitanías,139 aunque no todos los miembros de una capitanía vivían
juntos. En una aldea estaban los jefes, luego llamados capitanes por los españoles, sus hombres sujetos y las
mujeres de éstos que pertenecían a otros grupos de filiación, como ya se explicó; pero aún no se sabe con clari-
dad cómo se organizaron territorialmente las capitanías mayores y menores. Hay tres opciones: la primera pudo
haber sido que la tierra estaba repartida entre sybyn, dentro de las cuales las uta no estaban delimitadas,140 sino
que las labranzas correspondientes a familias nucleares estaban mezcladas, sin importar a qué uta pertenecían.
O bien que los miembros de una uta se reunían a vivir próximos en un territorio, que correspondía a su vez a su
propia sybyn. Y la tercera opción se refiere a que sólo la espacialidad de la uta estuviera definida, es decir que las
parentelas se nucleaban independientes de su capitanía mayor, y ésta no se expresaba espacialmente. Londoño
se inclina porque las sybyn fueron territoriales, es decir conformaron aldeas, dentro de las cuales estaban las uta,
también territoriales, agrupadas en sus sybyn respectivas. [Londoño, 1985: 154 ss.]

Los Muisca se asentaron en aldeas, próximas a los cercados de los caciques o a puntos de mercado, y algunas
veces en viviendas aisladas que servían de refugio de paso al pie de sus parcelas.141 En su trabajo arqueológico
en Fúquene y Susa, Langebaek encontró múltiples y pequeños asentamientos. [Correa, 2004: 197] “Las casas de
los caciques eran circulares, con dos puertas pequeñas; tenían las paredes forradas de una estera finamente teji-
da, el techo de forma cónica o piramidal cubierta de pajas, en su interior estaba formado por carrizos delgados y
entretejidos”. Eran casas más grandes que las del común y en sus entradas se colgaban objetos de oro y caracoles
marinos. [Casilimas & López, 1982: 75] Las residencias de los caciques más importantes, estaban rodeadas de
cercas circulares y a veces las mujeres podían vivir en otra casa próxima. Además había en el cercado bohíos para
vivienda, depósitos, graneros y bohíos viejos, que servían de sepultura de indios principales. [Correa, 2001: 34-35]
Las familias vivían en bohíos, dispersos o agrupados, las gueta o casas de labranza, eran de planta redonda y a
veces estaban rodeados de un círculo de piedra.142 Estas casas, como se puede ver en los rastros arqueológicos
de los postes, eran de madera, cubierta de paja y forma circular de tres a siete metros de diámetro, con un fogón
al centro e ídolos sobre las paredes. [Fernández de Oviedo, en Correa, 2001: 34-35] Había cinco a siete individuos
por unidad y, por lo general, estaban dispuestos en “anillos asociados”, agrupados en número de cinco, siete o
máximo nueve. “Ocasionalmente se hallaban sobre terrazas”. [Correa, 2004: 196] En los centros ceremoniales se
levantaban templos circulares con techo de paja, rodeados de un cerco de madera, suelo cubierto de paja blanda,
paredes en estera finas, objetos de piedra y muchos de oro; tenían una sola puerta baja y postes en madera hin-
cados sobre un esclavo vivo.

Entre los Muisca, el usufructo de los frutos de la tierra era una actividad independiente de cada unidad domés-
tica, y el autoabastecimiento a pequeña escala los llevó a la opción de cultivar en varios pisos términos, con lo cual
ampliaban la variedad de su dieta y superaban heladas o problemas en un lugar específico. Buscaban realizar sus
actividades agrícolas sin necesidad de recorrer grandes distancias y con la opción de regresar el mismo día a su

139 Capitanía fue una unidad social preexistente y que fue aprovechada por los españoles para organizar sus redes de dominio, control
y tributo. Aún no es muy claro cómo funcionaba la red territoral precolombina, pero a partir de la organización colonial se infiere su estructura;
en todo caso ella fue la base de la orgnainización del dominio español, definido a partir de las divisiones territoriales y sociales previas, a su vez
adaptadas a los nuevos beneficiarios del tributo y a sus nuevas tasaciones y circunstancias.

140 La Uta correspondía a una parentela, que a su vez agrupaba varias unidades domésticas, es decir, familias nucleares.

141 “No había en estas provincias pueblos grandes, sino que cada principal tenía en sus tierras tres o cuatro casas juntas, y los otros,
cada uno adonde sembraba tenía la suya.” [Herrera, 1600, en Londoño, 2000: 6]

142 Langebaek, 1987: 41, citando a Reichel-Dolmatoff, 1978, 1982.


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97

aldea, o de pernoctar en los bohíos que construían junto a la labranza. Como un grupo controlaba varios pisos tér-
micos, o nichos ecológicos, sobre todo con parcelas en climas frío y templado, estos últimos parajes requerían ser
defendidos, como sucedió en Simijaca, Tena o Subachoque. Desde un centro se organizaba la producción, lo cual,
unido a la base amplia de recursos permanentes, les facilitó su cohesión y estabilidad. Esta figura de ocupación es
la que Udo Oberem llama microverticalidad,143 y que no debe confundirse con la redistribución de productos, o con
intercambios comerciales. [Oberem, 1981: 47 ss.] Como John Murra lo detectara para el caso peruano, el sistema
organizaba el territorio de tal manera que en las alturas medias estuvieran los núcleos poblados más numerosos,
y arriba y debajo de estos se dispusieran los bohíos de habitación temporal, inclusive destinados para albergar
a individuos de las comunidades encargados de cuidar animales o sementeras comunales; [Murra, 1975: 59 ss.]

Con respecto a su economía, Langebaek, en su ensayo titulado “Mercados, poblamiento e integración étnica
entre los Muisca. Siglo XVI.” sostiene cuatro tesis que son: a) Los Muisca tenían una economía autosuficiente en su
producción de comida y medios de trabajo, b) El intercambio no estaba desarrollado como para necesitar especia-
listas, moneda o la movilización de grandes cantidades de productos, c) Los mercados incentivaban la integración
de los indígenas de lengua Chibcha, y d) Las pautas de tributo y redistribución reflejan un manejo centralizado de
excedentes, en beneficio de todos y no de un grupo de agentes especializados. [Langebaek, 1987: 15]

Según dicho estudio, formaban terrazas de cultivo, ya fuera en los bordes de los valles fríos o en las laderas de
los cañones interandinos de los ríos, pero sobre todo cultivaban las partes planas no inundables de los valles fríos.
[Langebaek, 1987: 54] “Para cultivar en las faldas de las montañas los Muisca construyeron terrazas de cultivo
simples, sin muro de contención en piedra. En los fondos de los valles planos e inundables labraron camellones de
aproximadamente un metro de ancho, separados por canales, que les permitieron aprovechar la fertilidad del limo,
la humedad en tiempos de sequía y el drenaje en época lluviosa.” [Londoño, 2000: 7] En las áreas no muy fértiles
hacían una rotación periódica de los suelos, para evitar el agotamiento de las parcelas y obtener así el mayor ren-
dimiento. Como muchos otros grupos, labraban la tierra con un bastón para cavar y con hachas de piedra. Había
una división de trabajo en las labores agrícolas: los hombres preparaban la tierra para la siembra y cosechaban,
mientras que las mujeres eran las encargadas de sembrar. La papa fue un alimento básico, aunque cultivaron
mucho maíz y, en menor medida, batata, fríjol, ahuyama, hibias, cubios, chugua, piña y ají. Al ser gran parte de sus
tierras en altiplanos fríos, el riesgo de heladas era grande, lo cual limitaba los cultivos, pues debían ser resistentes
al fenómeno, o los restringía a una cosecha por año. [Langebaek, 1987: 53 ss.]

El maíz podía darse en climas fríos o cálidos, utilizarse verde o maduro y ser almacenado. En términos genera-
les las comunidades de los altiplanos fueron autosuficientes en cuanto a alimentos, aunque el ají, el maní, la yuca
y ciertas frutas eran de tierras bajas. Si tenían excedentes, los vendían en los mercados o los trocaban por sal, oro,
cerámica o algodón; o acudían a mayores intercambios cuando un problema mayor les obligaba. Se proveían de
carne mediante cacería (venado, conejo, pecarí, borugo y comadreja), por lo general en tierras muy frías y desha-
bitadas, o por cría de mamíferos (curí). Pescaban en ríos y lagunas de tierra fría o del piedemonte llanero, y hasta
cultivaban peces en pequeños canales.

143 Oberem realiza su estudio para el caso de la sierra ecuatoriana, aunque su ponencia se refiere a la aplicabilidad del modelo de «archi-
piélago vertical» de Murra en Colombia y Ecuador. En su análisis geográfico es evidente la similitud entre el caso colombiano y el ecuatoriano,
que él considera en contraste con las grandes alturas y mayores distancias en el caso peruano de Murra.
AREAS Y GRUPOS
98

La sal se extraía de fuentes de aguasal que evaporaban para formar bloques; proceso que hacían en Zipaquirá,
Nemocón, Tausa y Gachetá. Los indios de Tunja adquirían sal en Bacatá, para luego vender parte a los Opón o
a los Guane; los de Mariquita la cambiaban por oro, y los Panche por algodón y coca. Muchos la conseguían por
trueque, para luego cambiarla por elementos que requerían de otras comunidades más lejanas.

“Para hablar con el diablo” (fray Pedro Simón), en sus ritos aspiraban yopo, o tabaco, cultivado en los Llanos.
Ingerían tabaco, en bebedizos o fumado, producido en Samacá, Icaga y Oicatá, o mediante intercambio por otros
productos. La coca, o hayo, se consumía para labores agrícolas, la traían de los territorios Sutagao o de Soatá -o
sea los extremos sur y norte del territorio-, o la producían en el sur, en Tibacuy.144 [Langebaek, 1987: 79 ss., 110]
De rocas calcáreas sacaban cal para la masticación de coca, sobre todo en los alrededores de Cucunubá, Boyacá
o Ramiriquí. Asimismo tejían algodón, no cultivable en los climas fríos. Las mujeres hilaban y los hombres confec-
cionaban diversas clases de mantas, las cuales llegaban luego hasta territorios muy distantes. En los mercados
de Tunja, Duitama y Sogamoso circulaban muchas mantas, donde también se adquiría el algodón, proveniente de
tierras más cálidas, algunas veces de sus propios dominios, otras de comunidades o tribus diferentes.145

Para su orfebrería, los Muisca conseguían el oro por intercambio con los pueblos de las tierras bajas, de los do-
minios Panche, Agatá y Muzo o, en menor medida, de los Llanos. Centros orfebres eran Guatavita, Saquencipá y
Pasca, aunque había producción menor en todo el territorio.146 Había pueblos de olleros como Ráquira y Tinjacá, o
Tutasá, Mona, Busbanzá y Tobón al norte; cerca de los lugares abundantes en arcilla apta, como Cogua, Tocancipá
y Gachancipá, Guatavita, Soacha, o en la región del valle de Tenza. Mucha cerámica se intercambiaba para fines
ceremoniales, o eran gachas147 para la evaporación de sal.

Como la cordillera Oriental no tiene la conformación volcánica de la Central, de la Occidental o de la Sierra


Nevada de Santa Marta, existían piedras para fabricar instrumentos cortantes, manos de moler o areniscas para
elaborar metales, pero no para hacer instrumentos muy duraderos, por lo que debían conseguir piedras de otras
regiones para fabricar elementos de trabajo. Usaban esmeraldas, extraídas en Muzo y Somondoco, para adornos,
ofrendas o rituales funerarios. Con cueros confeccionaban gorros o petacas y empleaban pieles de felino como
tributo, asimismo para las fiestas redistributivas requerían bija, para tintura roja. Los totumos venían sobre todo
de los Llanos y las cuentas de collar de las tierras Tairona o, en general, de la Costa; también se han hallado cara-
coles, quizás de origen marino. Tenían hombres para los sacrificios -mojas-, tomados de los pueblos de las faldas
y el piedemonte llanero, aunque hay autores que niegan la existencia de tal práctica. [Langebaek, 1987: 96-113]

144 También se conseguía en Soatá, Susacón y Ocavita, donde llegaba la del cañón seco del río Chicamocha, cuyos aborígenes la cam-
biaban por mantas y oro. Se obtenía coca en los cañones del Garagoa y el Negro, en Súnuba y Somondoco, así como en tierras de Guatavita,
Ubatoque y Fómeque. De Osamena, Mama, Támara y Tecasquirá, pueblos Teguas, se acopiaba para cambiar por mantas; o también de tierras
de Subachoque (Sucatán). Los indios de Paipa la traían de Soatá a Tunja, los de Busbanzá la adquirían en Sogamoso y los de Beteitiva en
Ocavita y Soatá. [Langebaek, 1987: 79 ss.]

145 Por ejemplo de Vélez, Saboyá o Pacho, de tierras Panche y Muzo, o de los Llanos, producido en Támara o Tecasquirá, Samena. Vijua,
Somondoco o Súnuba. También cultivaban fique para fabricar cabuyas.

146 Quizás hubo yacimientos muy reducidos en Sogamoso, Fosca, Guateque y Sotaquirá, pero no quedan vestigios de su explotación.

147 Ollas grandes donde se hacía evaporar el agua mientras la sal se adhería a las paredes, luego se rompían las ollas y se tomaba la
sal.
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99

Los trueques fomentaron la integración étnica, siendo centros de mercado las sedes de cacicazgos importan-
tes, como Tunja, Duitama, Sogamoso y, en menor medida, Bogotá.148 Eran concurridos los mercados en las po-
blaciones productoras de sal (Zipaquirá o Nemocón), recurso que muchos adquirían para consumo y para trueque
con otros pueblos. Sorocotá, en territorio independiente, era un mercado importante, mientras que en Sogamoso y
Duitama se centralizaba la circulación de algodón y mantas, así como la coca en Soatá y Ocavita.

El trueque llevó a una especialización regional, aunque en todas partes se cultivaba y producía lo esencial; con
excepción de la sal. El intercambio era más de bienes suntuarios que de medios de producción o comida, y muchos
trueques se asociaban a rituales y ceremonias. Para el comercio con otras etnias, había centros especiales de mer-
cado, por ejemplo en las márgenes del Magdalena en áreas neutrales, pues muchos eran pueblos en conflicto, o en
zonas de las tierras bajas al oriente, norte o sur, pero que no están muy precisadas. Hubo relaciones con Tegua,
Guane, Lache, Chitarero y Sutagao y, en cambio, hostilidad o distanciamiento con etnias del valle del Magdalena y
los Llanos. Sin embargo, por el Magdalena circulaban algunos de sus productos, mientras que a los Llanos llega-
ban mantas, cerámica, esmeraldas, sal y oro, para cambiarlos por yopo, plumas, cueros, coca, miel, cera, totumos,
madera fina, pescado, maíz, algodón y hasta mojas.

Con los pueblos Guane y Chitarero hacían intercambios en Oiba, Charalá y Pamplona, para obtener mantas,
algodón, cerámica y fique de los Guane, así como bija y, tal vez, oro de los Chitarero. Trocaban coca por algodón
con los Lache, en tanto que Chipatáes, Agatáes y Guane venían al mercado de Sorocotá. Con los Sutagao cam-
biaban miel, cera, coca, carne y cueros por oro, mantas o sal, para lo que Tibacuy, Pasca y Fusagasugá eran puntos
de mercado. Con los Pijao comerciaban en Aipe, Coyaima y Neiva. Los Muzo viajaban por el río Suárez hasta
Bellavista, mientras que Colima y Panche llegaban por el río Negro hasta Zipaquirá y Nemocón. Bajaban al Mag-
dalena por trochas angostas para obtener oro y algodón en territorios panche y muzo y lo cambiaban por textiles,
cerámica, tubérculos o sal. Al occidente tomaban el camino del Quindío, hacia la provincia de los Quimbaya, como
también los del nevado del Ruiz, o por el sur del páramo del Quindío, hasta las tierras de los actuales departamen-
tos de Caldas y Antioquia. Muchas veces sus productos llegaban a tales parajes a través de los intermediarios del
Magdalena.

Parece que tenían unos tejuelos de oro como moneda, aunque eran escasos, o lo fueron los santillos, o las cuen-
tas de collar; pero Langebaek duda de ese empleo de moneda, o al menos de su generalización. Según él, se hacía
trueque de mantas por algodón o coca, y muchas otras posibilidades, sin que hubiera un medio de intercambio
general; sin embargo se puede detectar que mantas, sal y oro eran los predominantes. [Langebaek, 1987: 128] Su
valor dependía del trabajo invertido en la elaboración y transporte, así como en la dificultad para adquirir el pro-
ducto. Sin embargo el volumen del comercio no fue muy grande, faltaban animales de carga y todo se reducía a lo
que un indio podía cargar; no había un sistema rápido de comunicación y los ríos navegables eran pocos, tampoco
existía una red de caminos como la del litoral Atlántico y los puentes eran escasos. Además no hubo comerciantes
especializados. [Langebaek, 1987: 130-136]

148 También, aunque de menor escala, Fusagasugá, Gachetá, Guatavita, Machetá, Nemocón, Ocavita, Pacho, Pisba, Saboyá, Saquen-
cipá, Soatá, Sorocotá, Subachoque, Suesca, Tausa, Tenza, Tibacuy, Tinjacá, Turmequé, Ubaté, Zipaquirá y los términos de Vélez. [Langebaek,
1987: 120]
AREAS Y GRUPOS
100

Varios aspectos de la producción eran comunales, y su apropiación debía satisfacer necesidades generales.
El tributo dentro de los Muisca, no fue una imposición de las élites sino que se “almacenaban los excedentes de
producción para posteriormente repartirlos según necesidades socialmente impuestas”.149 [Langebaek, 1987: 47]
Era pues una pauta de circulación centralizada, pero para distribuir productos y no para acumularlos.150 Así cons-
tituían un fondo de emergencia, con el fin de que ante un momento de escasez las comunidades no tuvieran que
dispersarse. Los excedentes comunales suplían diversas necesidades: celebración de ritos, promoción de indivi-
duos o mantenimiento de especialistas, sufragar los gastos de guerras, así como el acceso de una comunidad a
productos de otros parajes, además de garantizar la ayuda a los más débiles, como huérfanos y ancianos.151

Para la siembra o cosecha de las parcelas de los caciques se hacían convites y fiestas en que éstos eran an-
fitriones; en ese momento los indios ayudaban a construir el cercado del cacique, que muchas veces rodeaba el
poblado en general. En las fiestas principales había gestas deportivas, con premios y privilegios a los ganadores.
Entonces los indios llevaban al cacique mantas, algodón, cuentas de collar, cueros, mochilas, cabuya, coca, leña,
totumos, pescados, aves, carne de venado, palas de labranza o productos agrícolas. [Tovar, 1980, en Langebaek,
1987: 49] A la vez los caciques daban a sus capitanes mantas pintadas y a los asistentes en general los cubrían
de bija, como un gran honor, y les daban de comer. Los bienes aportados al cacique en estas ocasiones se alma-
cenaban.

En lo tecnológico y estético la orfebrería Muisca estaba menos desarrollada que la de los otros cacicazgos, pero
la cosmología, la astronomía, la organización social, el sistema jerárquico y tributario sí estaban muy adelantados.
[Reichel-Dolmatoff, 1986 b: 172-174] Había unidad en el territorio Muisca debido a la misma lengua y una organi-
zación social, política y económica similar; además de un sistema de poblamiento semejante, compartían centros
de mercado, tecnología común, reglas de parentesco y mitología, como también los centros religiosos -santuarios
y lagunas-. [Ramírez & Sotomayor, 1986-88: 176] Pero había diferencias entre grupos, luchas de caciques, espe-
cializaciones económicas, manejos políticos particulares, alianzas coyunturales, variaciones dialectales y fronteras
territoriales que no han sido consideradas de manera suficiente, al englobarse todo en una unidad Muisca que sí
existía, pero con matices y particularidades.

6.2 Las Montañas Santandereanas

Las montañas al norte de los altiplanos ocupados por los Muisca, hasta la zona de Pamplona, estuvieron habi-
tadas por los Guane, U´wa, Lache y Chitarero. Esta parte de la cordillera Oriental está marcada por el curso del río
Chicamocha que luego, al unirse con el Suárez, forma el Sogamoso, afluente del Magdalena; todo dominado por la
imponente sierra Nevada del Cocuy. El cañón del Chicamocha tiene riberas con poca extensión cultivable y baja
precipitación, mientras que la Sierra sobrepasa los 5.000 msnm. y por sus faldas corren numerosos ríos hacia la
vertiente del Orinoco, o al Chicamocha.

149 Citando a NEALE, Walter. Reciprocidad y redistribución en la aldea india: conclusiones de algunos debates importantes. En: Comercio
y mercado en los imperios antiguos: 265-275. Labor Universitaria. España, 1957/1976.

150 A los encomenderos y administradores españoles sólo les interesó resaltar el primer sentido, para distorsionar el proceso y encontrar
en el sistema precolombino un antecedente de su sistema de explotación.

151 Otros autores, sin embargo, niegan la existencia de un sistema de tributación entre los Muisca, pues piensan que hubo más bien
intercambio de regalos y prestación de servicios personales a los caciques, quienes en efecto sí redistribuían pero en medio de un protocolo de
ostentación, que sugería fortaleza y poder, no sólo del cacique sino a la postre de la comunidad. [Londoño, 1985: 175 ss.]
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73º 72º

C H I TA R E R O

BETOY

YARIGUÍ

GUAHIBO
LACHE
U ' W A
GUANE
E
R
A
R
A
C

CAQUETÍO

MUISCA
ACHAGUA

M ONTAÑAS SANTANDEREANAS
0 15000 75000m

Figura 19. Montañas Santandereanas: 1. Chiscas, 2. El Espino, 3. Guacamayas, 4. San Miguel, 5. Macaravita, 6. Pueblo de Las Mercedes.
AREAS Y GRUPOS
102

Los Guane habitaban desde Vélez hasta la meseta de Bucaramanga, con el río del Oro, como su confín al norte,
o sea “la hoya del río Suárez, la parte media del río Chicamocha y los asientos de las actuales poblaciones de San
Gil, Barichara, el Socorro, Charalá, Oiba, los Santos y Piedecuesta.”152 [Fajardo, 1969: 15] Su territorio abarcaba
desde la confluencia de los ríos Suratá y del Oro, hasta el río Chicamocha en la boca del Umpalá, luego por los
páramos de Rusia, Guantiva y Barrosas, los ríos Tolota y Lenguaruco hasta la banda izquierda del río Suárez, para
llegar hasta la hoya del río del Oro. Para Falchetti y Plazas su límite con los Muisca era la cordillera de los Cobar-
des y su prolongación a la cordillera de la Paz, el corte del río Chicamocha y, sobre todo, los páramos de Guántiva,
Rusia y Chontales.153 [Falchetti & Plazas, 1972: 10]

Pertenecieron a la familia Chibcha, aunque con características propias [Fajardo, 1969: 14] y con influencia de
los Karib vecinos, como Yariguí, Opón y Carare. [Duque, 1965: 589 ss.] Su organización parece haberse basado en
clanes numerosos regidos por parentesco, asentados en comunidades aldeanas autónomas, cada una regida por
un cacique local heredado por sistema matrilineal, más dos capitanes en las comunidades mayores. El cacique
representaba la tribu y recibía pleitesía más tributos, como animales o labores en el campo y en la construcción.
[Fajardo, 1969: 17]

Un informe sobre los Guane, realizado por Manuel Lucena Salmoral, indica la persistencia del sistema exogámi-
co en épocas coloniales entre los diferentes grupos, con preferencia de unas alianzas matrimoniales entre deter-
minados grupos y la casi nula práctica de la endogamia. [Lucena, 1974: 89 ss.] Practicaron, como sus vecinos del
Magdalena, la deformación craneana y nasal, eran altos y de rasgos finos y se adornaban con plumas y narigueras
de oro, collares y canutillos de oro, en tanto que sus mantas indicaban jerarquías sociales. Pelearon en escuadro-
nes regulares, armados con lanzas, bastones, macanas, hondas y tiraderas. [Duque, 1965: 592 y 599]

Vivían en zonas de clima seco, en terrenos rocosos con muchas cuevas, donde se refugiaban con frecuencia.
La conformación geológica de sus suelos permitió la formación de corrientes de agua subterránea que generaron
cuevas en galería, utilizadas por sus habitantes como refugios temporales y fortalezas. El río Suárez fue lugar
de asentamiento, especialmente sobre su orilla derecha, tanto en las partes llanas como en las faldas altas. Sus
casas eran pequeñas, de bahareque, planta circular y techo de paja, pero la casa del cacique era más grande y
estaba protegida por un cercado. [Duque, 1965: 590 y 593]

Para sus cultivos empleaban riego artificial, derivado de los ríos y así, por medio de largas acequias de gran
ingenio y tecnología, habilitaron sus tierras secas. Producían maíz, papas, frutas, hayo, algodón, yuca y arracacha,
cultivados en vegas de tierras frías y calientes, pues su región incluía varias altitudes. Además cazaban, pescaban
y fabricaban textiles, mantas y ollas de cerámica, como también cordeles de fique. Explotaban oro de aluvión, aun-
que muy poco, y no eran orfebres. En Sorocotá obtenían sal, esmeraldas, oro y productos de clima frío, a cambio de
algodón, tabaco, tejidos y coca. Con los Muisca intercambiaron sal y algodón y, a pesar de sus conflictos con los
Muzo, trocaban ollas por excedentes agrícolas o esmeraldas. [Fajardo, 1969: 14 - 15] Producían tabaco y algodón
de calidad. Eran expertos tejedores y lograron una desarrollada técnica textil, en la cual empleaban finas fibras de
algodón que teñían con tinturas vegetales y minerales de gran colorido.

152 Ver, JIMÉNEZ de MUÑOZ, Edith. Los Guane. Boletín de Arqueología, vol.I: 249-253. Bogotá, 1946.

153 Actual límite entre Boyacá y Santander.


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103

Hacían ofrendas rituales en oro que conseguían con el intercambio de sus excedentes. [Fajardo, 1969: 16] Ente-
rraban a sus muertos en cuevas y cavernas, muchas dispuestas frente al paisaje del Chicamocha. Los cadáveres
momificados, en posición extendida, eran envueltos en mantas y acompañados de cerámicas, collares, adornos y
otros objetos. Muchas tumbas eran de pozo con cámara lateral y de planta semicircular. Sobre las cimas de las
lomas se han hallado vestigios de necrópolis con más de un centenar de sepulcros; por ejemplo la Mesa de los
Santos es un sitio de importantes vestigios arqueológicos. [Duque, 1965: 599, 602]

Los Lache, de filiación Chibcha, habitaban las estribaciones occidentales de la Sierra del Cocuy, en los valles
de los ríos Nevado y Chitano. Lindaban con los Muisca al suroeste, separados por el río Chicamocha, los Guane al
occidente, los Chitarero al norte, así como los U´wa por el noreste. Además mantenían estrechas relaciones con
los Achagua, Ipuye y Caquetío de los Llanos. [Duque, 1965: 585] Ann Osborn acoge la sugerencia de Silva Celis
en el sentido de que los Lache y U´wa eran similares o, más precisamente, que los primeros fueron un grupo U´wa
que habitaba las zonas altas alrededor de La Salina y Chita. [Osborn, 1985: 83]

Seguían una organización familiar matrilineal. Sobre explanadas levantaban sus bohíos, de forma circular o
rectangular, pequeños, bajos, cubiertos de paja y con muros en piedra de lajas irregulares con una ligera inclina-
ción hacia adentro. Tenían sal y cultivaban maíz, turmas, batatas, cubios, hibias, fríjoles, algodón y fique. Inter-
cambiaban tejidos y sal con sus vecinos, eran ceramistas, hacían cordones de pelo trenzado y tejían en algodón
o fique. [Duque, 1965: 585-587]

Un cacique principal tenía autoridad sobre los caciques locales, y todos ellos gozaban del privilegio de ser mo-
mificados luego de su muerte. Para preparar sus cadáveres les extraían las vísceras y rellenaban el cuerpo con
vegetales para secarlo a fuego lento, luego lo envolvían en mantas, cueros y mallas de fique y lo colocaban en
grutas de las montañas. Las tumbas fueron superficiales de planta elíptica, o algunas se colocaban sobre el suelo,
cubiertas de tierra, ceniza o escombros, con ofrendas de cerámica y cuentas de collar. Al parecer tenían una casa
del sol, adoraban las lagunas y algunas piedras, en las cuales veían a sus antepasados. [Duque, 1965: 588]

María Victoria Uribe y Santiago Mora Camargo plantean como características culturales comunes a los grupos
Chibcha de la cordillera Oriental (Muisca, Guane y Lache): el maíz como base de subsistencia; suplemento dietético
con mamíferos pequeños, aves y caracoles terrestres; industria lítica poco desarrollada; manufactura y empleo
masivo de textiles de algodón pintados; empleo de terrazas artificiales y asentamientos que varían de disperso
en el Chicamocha a nucleado en el altiplano cundiboyacense; dominio de los páramos con fines rituales y religio-
sos, así como de los altiplanos y sus vertientes para la agricultura; ofrendas propiciatorias en lugares inhóspitos;
tumbas en las casas o entierros de cuerpos momificados en cuevas de difícil acceso; deformación craneana como
diferenciador social; patologías óseas y alta mortalidad infantil; adornos de concha y hueso de precaria tecnología;
más empleo de la tumbaga con predominio de la cera perdida. [Mora & Uribe, 1991: 16]

Los U´wa son ubicados por Rivet, en contra de los Cronistas, en la zona del Cocuy (Chita, Labranzagrande, Mor-
cote, Paya, Pisba, Támara, Ten, Güicán, Chiscas y Guacamayas), lo cual ratifica Osborn, quien resalta su concen-
tración al noreste de la sierra Nevada del Cocuy, así como la importancia nuclear y mitológica de la montaña para
los U´wa, prehispánicos y actuales. Antes llegaban por el sur hasta Labranzagrande y Morcote (norte de Yopal),
pero ahora están relegados a la vertiente noreste de la sierra Nevada, en la Tunebia, en los límites entre Boyacá
AREAS Y GRUPOS
104

y los dos Santanderes, así como hacia Venezuela y cerca de Cubará y Chucal; más unos pocos en sus antiguas
tierras de los Llanos. [Falchetti & Plazas, 1972: 12]

De lengua Chibcha, los Tunebo se llaman a sí mismos U’wa, la gente, la que tiene la misma comida ritual y
posee la inteligencia que da el conocimiento mítico. Había un grupo central en la sierra Nevada del Cocuy, más
otro núcleo en la sierra de Mérida y varios grupos periféricos de tribus descentralizadas. El nombre de Tunebo les
fue impuesto después de la colonia e indica, en la Sierra, “indígena” en general, pero también pudo haber sido un
apelativo entre indios con varias explicaciones. [Osborn, 1985: 23 ss.]

Como plantea Ann Osborn, en su interpretación del Vuelo de las Tijeretas, del mito del Aya, eran 16 grupos
organizados en ocho parejas, contando los ubicados en los extremos noreste y suroeste del territorio, llamados
“relacionados” y que hacían la conexión con las tribus vecinas. No todos los grupos ocupaban las mismas zonas
climáticas, pues dependían de la ubicación de su sede principal o sede ceremonial, desde donde se desplazaban
a diversas altitudes para concretar una movilidad basada en sus creencias religiosas, más que por motivos prag-
máticos o de producción. Todo grupo cambiaba de lugar de residencia en cada estación y ocupaba los dos lados
de su río principal, pero practicaban la cacería en todas las áreas, sobre todo en las tierras limítrofes entre grupos,
y “era restringida al tiempo de residencia en una zona y/o cuando los productos agrícolas estaban madurando en
otra zona”. [Osborn, 1985: 32] Formaban cadenas de relaciones que disminuían con la distancia, pero eran una so-
ciedad muy flexible y descentralizada, con una considerable libertad individual y sin límites territoriales y sociales
fijos, lo mismo que sin un cacique mayor. [Osborn, 1985: 27 ss. y 82] Todos hablaban Uw’aka, el alma de la gente,
con diferencias dialectales entre los grupos y diferencias entre la lengua hablada y la lengua cantada.154 [Osborn,
1985: 26]

Los diferentes grupos practicaban una agricultura itinerante en diferentes altitudes, con una distancia entre zo-
nas de unos 35 kilómetros y entre dos y cuatro kilómetros. del cultivo a la casa, en un sistema de milpas, pero no de
roza y quema pues no quemaban el monte. [Osborn, 1985: 34] En general, era una cultura de rasgos semejantes

154 El primer grupo (A), Karoúwa (Barinao, en español), es un grupo relacionado con ellos que estaba en Barinitas, Venezuela, en tierras
bajas del piedemonte, alrededor de los 500 msnm y frente a la sierra de Mérida. El siguiente (B), Bethuwa (Pedraza), ocupaba desde la sierra
de Mérida hasta el Sarare, con sede principal en tierras medias, aunque orientado hacia las tierras bajas. Puede tratarse de los mismos indios
Betoy de la Orinoquia. [Osborn, 1985: 44] Es otro grupo relacionado con los U´wa, cuyo punto de encuentro fue la isla de Charo en el río Arauca
y conforma pareja con el grupo (C), Ariuwa (Agua Blanca), que ya es propiamente U´wa. Éste habitaba tierras medias (1.800 msnm.), en torno
a la laguna Blanca, donde nace el río Mojicones (Chiscas), con el curso alto y medio como su principal asiento y un probable centro ceremonial
en Toledo. El siguiente (D), los Thu´tahtuwa (Unkasía), ocupaba el área de Labateca sobre el río China, con sitios de encuentro con su pareja
cerca al Puente del Indio, en tierras bajas, y cerca a Labateca, en tierras medias. Los Tagrinuwa (Tegrías), grupo de la ribera norte del río Coba-
ría (E), sobre los 1.300 msnm., como también parecían ser los del grupo siguiente (F). Estos seis grupos se extendieron desde la sierra de Mérida
hasta la depresión del Táchira, donde la cordillera Oriental se divide en la serranía del Perijá y la de Mérida. Chira significa “puente”, “conexión”,
y en épocas antiguas este punto de Táchira en que se bifurca la cordillera pudo haber sido lugar de conexiones entre grupos.

Luego el grupo G, los Kubaruwa (Cobaría), en ambos lados del río Cobaría y alrededor de los 1.300 msnm.; en seguida los Boktuwa (Bokotá)
(H), en pareja con el anterior y asentado sobre las cabeceras de las quebradas de Cobaría y Rabaría, mas el río Boyotá (Bojabá). Después
los Yithkaiya (I) (otros Unkasías o Boktuwa de tierras altas) en la ribera oeste del río Royotá, y luego, divididos por el puente sobre este río, los
Banaruwa (J) (Sínsigas y Bachireños) en el medio Royotá (antes Sínsiga), río que era paso obligado del antiguo camino que conectaba Güicán,
Chiscas y Bokotá. A partir de este grupo todos corresponden a las tierras altas: el grupo (K), al parecer de Bachireños, a la salida de la sierra
Nevada por Guicán-Chiscas, vivían en las orillas de los ríos que bajaban de la Sierra, sin ser los “dueños” de ella, dado su carácter de centro de
mundo para todos los U´wa. Después Ruba-Israiya (L), grupo de Güicán en el camino desde Cobaría a La Salina, en las tierras altas de Güicán y
Cocuy, más el grupo relacionado de los Chitauwa (M) (Lache), cuya sede principal pudo haber sido Thakama, a los lados del río Casanare, en los
alrededores de La Salina y Chita; un territorio compartido por diferentes grupos U´wa para la explotación de la sal. Ya en las tierras medias, al
oeste de Guicán, en El Espino, Guacamayas y el río Nevado, los Wamkethuwa (N) (Panqueba), con un centro ceremonial en las aguas termales
de Kókora. Al noroeste de Guicán estaban los Chiscas (O), hasta el río Chicamocha, en su curso medio, hacia Boavita, San Miguel y Macaravita.
Era éste el grupo relacionado de los Guane, con centro ceremonial en Pueblo de las Mercedes, entre los ríos Pajarito, Casiano y Rechíniga. Por
último, los Shi´umuwa (P), también Guane, en el área de Chimá y como grupo relacionado, no U’wa, no familia, sino de intercambios. [Osborn,
1985: 40-119]
Á R E A S Y G R U P O S E N E L M O M E N T O D E L A C O N Q U I S TA
105

a la de los habitantes de la sierra Nevada de Santa Marta: de lengua Chibcha, distribuídos alrededor de una gran
montaña y con utilización de tierras agrícolas a variadas alturas, organización por parejas de grupos, relaciones
con las deidades simbolizadas en las cumbres de montañas y las lagunas, más una concepción cosmogónica en
niveles del mundo. [Osborn, 1985: 140]

Al norte de los Lache vivían los Chitarero, quienes ocupaban las tierras frías, hasta cerca de la sierra de Mérida,
en un área muy poblada que incluía los poblados de Servitá, Cácota y Cota, además de Chopo, Theguaraguache,
Arcogualí, Saratá, Cáchira, Cachegua, Uchoma, Rabicha, Camia, Bochalema, Cheba y Ogomara. El nombre les
fue puesto por los españoles a partir de un totumo en el que con frecuencia les ofrecían una bebida. [Duque, 1965:
606-607] El historiador José Rico Villamizar cuestiona la afirmación divulgada de que los Chitarero eran de lengua
Chibcha y concluye que este grupo tenía como ancestros a los Arawak, sin embargo en las descripciones de sus
costumbres y cultura encuentra similitudes con los grupos Chibcha del altiplano cundiboyacense. [Rico, 1992: 25]

Las descripciones en las crónicas de conquista son contradictorias en cuanto a si los Chitarero contaron o no
con caciques, sin embargo aunque no rendían tributos a sus jefes, existía una noción de jefatura por grupos. Dada
la geografía del territorio que habitaron estaban algo aislados entre sí, y aún antes del avasallamiento de los Mo-
tilones sobre ellos no habían alcanzado una organización federativa de tribus. [Rico, 1992: 41 ss.] Peleaban en
escuadrones regulares, animados con música y armados de flechas y lanzas. Eran agricultores, producían algodón
y bija, como también maíz, yuca, batatas, fríjoles, frutas y miel; criaban curíes, venados o conejos y, aunque poco,
explotaban oro. Eran grandes tejedores y comerciaban sus excedentes de algodón con Guane y Muisca. [Duque,
1965: 608-609] Al parecer daban mucho valor a sus cabellos largos, que cubrían con pieles de animales o ador-
naban con diademas o plumas. [Rico, 1992: 48]

Se abrigaban con mantas y practicaron la deformación craneana. Tenían chamanes que curaban, hacían vati-
cinios y ofrendas a los dioses e invocaban a los espíritus. Se han hallado en la región indicios de poblaciones sobre
escalones artificiales, tumbas de pozo, con cámaras y restos óseos entre lajas como urnas. Como también, cerca
de Pamplona, sepulcros en hileras con pozo de descenso y cámara lateral, un ingreso sellado con lajas de piedra y
ofrendas o cuentas de collar hechas de conchas. [Duque, 1965: 609]

7. ORINOQUIA, LLANOS ORIENTALES

Para tener una visión general de los territorios indígenas, en el momento de la llegada de los españoles y en
el área de los Llanos Orientales, es necesario ignorar el límite fronterizo entre Colombia y Venezuela. En términos
geográficos lo que denominamos “Sabanas bajas de oriente” abarcan desde el río Cojedes en Venezuela hasta
el Guaviare, por el sur, donde empiezan las selvas del Amazonas. Además, varios de los grupos indígenas que
habitaron estas zonas ocupaban áreas que hoy corresponden a los dos países, o bien algunos de ellos, como con-
secuencia de la conquista, fueron desplazados de uno a otro territorio.155

Se trata de un amplio complejo de sabanas atravesadas por los afluentes occidentales del Orinoco medio,
entre los que se encuentra el río Meta que divide a los Llanos en dos regiones: la del norte, que es baja, más llana

155 Un ejemplo puede ser los Jirara, quienes antes se ubicaban al norte del río Apure de Venezuela, pero en el siglo XVII se desplazaron
al sur del río Arauca, en tanto que en el XIX tan sólo ocupaban un pequeño territorio en el río Manacacías, al sur del río Meta y en territorio
colombiano. Fenómenos similares se pueden observar en grupos como los Achagua, Guahibo, Sáliva, Betoy, Caquetío y Otomaco.
AREAS Y GRUPOS
106

74º 73º 72º 71º 70º 69º 68º 67º

11º

ACHAGUA
10º
ES
ON
TIL

CAQUETÍO
MO

JIRARA

CHITARERO ACO
OTOM
BETOY 7º

GUANE

CAQUETÍO
ACHAGUA
MUISCA SÁLIV A

AK
G U AY U P E W
ARA

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MAKU-PUINAVE N

CARIBE 2º

L L A N OS OR IE N TA L E S
GRUPOS DE CULTIVADORES [Link]

0 75000m

Figura 20. Llanos Orientales. Grupos de Cultivadores [Link]


Á R E A S Y G R U P O S E N E L M O M E N T O D E L A C O N Q U I S TA
107

74º 73º 72º 71º 70º 69º 68º 67º

11º

10º
ES

G
ON

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U
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GUAHIBO

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GUAHIBO 7º

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MUISCA GUAHIBO AT U

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MAKU-PUINAVE

CARIBE 2º

LLANOS ORIE NTAL E S


GRUPOS DE PESCADORES Y RECOLECTORES [Link]

0 75000m

Figura 21. Llanos Orientales. Grupos de Pescadores y Recolectores [Link]


AREAS Y GRUPOS
108

e inundable y la del sur, más elevada, rugosa y con montes lodosos e inclinados. En general, estos territorios son
pastizales poco fértiles para el cultivo, con áreas productivas menores en las zonas ribereñas a lo largo de los ríos
y en el piedemonte andino. [Morey, 1975: 4 y ss.] Tienen un régimen de lluvias variado: hacia el occidente, en las
áreas contiguas a la cordillera, la precipitación es alta, hasta 4.000 mms. anuales, y disminuye hacia el oriente has-
ta alcanzar en el Orinoco sólo 1.500 milímetros. Según los suelos se han identificado seis subregiones geográficas:
el fértil piedemonte; la llanura de desborde de ríos; las llanuras de Casanare y Arauca, poco fértiles por su escaso
drenaje; la altillanura de suelos contrastantes entre el río Meta y el Guaviare; los bosques de galería a lo largo de
los grandes ríos y en las serranías; y la subregión del sur, con ambiente selvático más próximo a la Amazonia que
a las sabanas.156

En tiempos precolombinos, más que un territorio de frontera con la civilización andina, era una región de paso,
de contactos culturales, difusión y migraciones entre las montañas y el Amazonas, la Guayana o el Caribe. [Rausch,
1994: 20] Evidencias indican que en épocas prehistóricas estuvo habitada por grupos sedentarios, ceramistas y
cultivadores de yuca y maíz, dependientes también de la pesca, la caza y la recolección. Tal vez provenían de
poblaciones de bosque tropical del alto y medio Orinoco, que migraron y se asentaron en la región de Barinas en
Venezuela, el alto Ariari y zonas ribereñas de algunos ríos.157 Nancy Morey considera que por efectos de la con-
quista algunos de estos cultivadores se vieron forzados al nomadismo y dejaron vacíos en el territorio que fueron
ocupados por nuevos migrantes de la Amazonia. [Morey, 1975: 27]

Morey, en sus estudios etnográficos sobre la zona, concluye que en el momento de contacto con los europeos se
encontraba poblada «al límite de su potencial de recursos, dada la tecnología alcanzada por sus habitantes. Había
una gran variedad cultural en el área, predadores nómadas, pescadores especializados y hortícolas sedentarios
estaban ligados entre sí por una extensa red comercial (...) Las formas de organización social se ordenaban desde
bandas simples hasta lo que parecen haber sido grandes jefaturas». [Morey, 1975: 1, en Ortiz & Zambrano, 1984:
22] Pero, debido a la alta densidad y al número de habitantes, más la escasez de recursos y dificultades del suelo,
tenían guerras permanentes. Eran grupos que labraban la tierra, recogían alimentos con técnicas rudimentarias y
mantenían relaciones comerciales con los habitantes de las cordilleras y el litoral atlántico, condición que variaría
después a la de frontera donde terminaba la ocupación española, luego de la frustrada búsqueda de El Dorado a
través de sus llanuras.

Es posible hacer una clasificación de los grupos que habitaban los Llanos hacia el siglo XVI a partir de la distin-
ción que Morey hace de estas comunidades en relación con la actividad de subsistencia preponderante: agricultu-
ra, pesca o caza y recolección. Aunque no hubo grupo cultivador que se abstuviera de pescar, cazar o recolectar, ni
grupo recolector o pescador que no practicara, como complemento de su dieta, una agricultura incipiente o llevara
a cabo intercambio de productos. [Morey, 1975: 27] Esta clasificación interesa en la medida en que es posible es-
tablecer una relación entre la actividad de subsistencia y las pautas de poblamiento de las comunidades.

Los grupos CULTIVADORES, de yuca, maíz y gran variedad de productos, se ubicaron en las franjas ribereñas

156 Para el análisis de las poblaciones indígenas, la antropóloga Nancy Morey identificó en los Llanos ocho regiones, según las distincio-
nes regionales hechas por los misioneros en los siglos XVII-XVIII [Morey, 1975: 28]: 1-Parte norte, Llanos de Venezuela. 2- Airico de Macaguane.
3-Llanos de Casanare. 4-Llanos de Apure. 5-Llanos de San Juan y San Martín. 6-Gran Airico. 7-Barraguán. 8-Sur del Meta.

157 Grupos con tradición del cultivo de yuca pero que, dadas las condiciones inundables de las sabanas, cambiaron al cultivo de maíz y
sólo retornaron a la yuca hacia el 650 a.C., cuando construyeron terraplenes. [Morey, 1975: 18]
Á R E A S Y G R U P O S E N E L M O M E N T O D E L A C O N Q U I S TA
109

de los cursos de agua, o en las zonas de piedemonte caracterizadas por un ambiente de bosque húmedo con
suelos fértiles. Se asentaron en las áreas inundables, a las que se adaptaron construyendo terraplenes elevados,
y aunque se movilizaban, solos o en grupos, en las épocas de lluvias para recolectar o cazar y se alejaban de sus
asentamientos, se consideran sedentarios, y esto porque construían casas permanentes, si no en forma de pue-
blos o aldeas, por lo menos como caseríos que incluían casas comunales, por lo general ceremoniales.158 Además
no abandonaban de manera periódica sus casas sino cuando sucedían eventos excepcionales, como la muerte de
un miembro.

Los grupos PESCADORES podrían considerarse semi-sedentarios pues construían asentamientos agrupados,
aunque sus chozas no pasaban de cobertizos incipientes sin construcciones comunales o especiales y, además, el
pueblo completo se trasladaba según el ascenso y descenso de los ríos. En épocas secas, las corrientes fluviales
facilitaban la pesca y las zonas ribereñas no estaban inundadas, pero al llegar las lluvias se alejaban de los gran-
des ríos y se asentaban en las áreas interfluviales, probablemente cerca de los cursos de agua menores. Se espe-
cializaron en el intercambio y aprovisionamiento de pescado, pero practicaron alguna técnica básica de cultivo en
la temporada de lluvias, que constituía hasta el 50% de su dieta. [Morey, 1975: 195]

Al igual que los pescadores, los RECOLECTORES-CAZADORES estuvieron entremezclados con los cultivadores
y compartían extensos territorios, pero fueron eminentemente nómadas. También se acercaban a los ríos en ve-
rano y se apartaban de ellos en invierno, no construían estructuras permanentes y permanecían pocos días en un
mismo lugar. En la época seca recorrían a lo largo de los ríos, pues coincidía con la congregación de animales que
se acercaban en busca de agua, lo que facilitaba la cacería, pero con las lluvias su movilidad disminuía por la difi-
cultad de caminar en los suelos enlodados; sin embargo, aún en estas épocas dormían en chinchorros colgados de
los árboles, en cuevas, o en rudimentarias plataformas construidas en los árboles. [Morey, 1975: 196 ss. y 218 ss.]

La clasificación tradicional los agrupa en tres familias lingüísticas: Sáliva, Arawak y Guahibo. Los SÁLIVA, cul-
tivadores de yuca, estaban en la confluencia de los ríos Meta, Tomo, Vichada y Guaviare con el Orinoco, mientras
que, según Rivet, los ARAWAK estuvieron desde el Casanare hasta el Guaviare, relacionados de modo continuo
con los pueblos de la hoya del río Negro. Todos estos territorios eran recorridos y ocupados de manera temporal
por los pueblos nómades de los Guahibo, quienes construían refugios temporales, pero nunca casas permanentes.
Los grupos Arawak eran cultivadores de yuca, mientras que los GUAHIBO cazaban, pescaban, recolectaban, co-
merciaban y pillaban, de tal manera que constituían el factor móvil en los territorios compartidos con los Arawak,
quienes representaban el elemento sedentario, con formas de jerarquización social y jefatura, que entre los Guahi-
bo no eran evidentes. [Ortiz & Zambrano, 1984: 24-25] Pertenecen a tales familias: 1) ARAWAK, los Achagua,
Caquetío, Guayupe y Sae159; 2) SÁLIVA, los Piaroa y Sáliva; 3) GUAHIBO, los Guahibo (Chiricoa), con sus subgrupos
Amorúa, Guayabero (jiw), Macaguane (jitnu), y 4) Sin clasificar: Jirara y Betoy. [ICAN, 1989-90: 284ss.]

158 No todos los grupos cultivadores usaron las malocas, o casa comunales. Éstas variaban en la forma y en la permanencia de la cons-
trucción, aunque por lo general fueron redondas, techadas con hojas de palma y paredes abiertas de modo alternado. [Morey, 1975: 92]

159 Aunque aún no es segura la afiliación de Guayupe y Sae a esta familia. [Ortiz, comunicación personal, 2001]
AREAS Y GRUPOS
110

7.1 Grupos Cultivadores

Los principales productos cultivados fueron la yuca y el maíz, con procedimientos de siembra que dependían
de la época del año. Cuando empezaba la estación seca se practicaba el corte y quema, en zonas arborizadas
junto a los ríos, entonces las mujeres preparaban el terreno para que los hombres cultivasen y luego ellas recogían
la cosecha. También se sembraba en la sabana, en huerta abierta a manera de franjas, o en huerta húmeda en
temporada de lluvia, sobre todo para el maíz. [Morey, 1975: 48]

Los cultivadores dependieron mucho de los pescadores para complementar su dieta, y tuvieron que defender
sus territorios de las incursiones de otros grupos. Dentro de cada grupo la tierra era considerada comunal, aunque
de manera eventual un pedazo podía declararse de uso individual, sin embargo cuando la parcela era dejada en
barbecho volvía a dominio público. Las aldeas se levantaban siempre cerca de una corriente de agua, pero evi-
taban las riberas de los grandes ríos inundables. Aunque eran grupos sedentarios, sí había, por muerte de algún
miembro, traslados de asentamientos en algunos grupos dentro del territorio. Hay testimonios de aldeas fortifica-
das hacia el Orinoco medio, para defenderse de ataques de los Caribe. [Morey, 1975: 96-97]
Los Caquetío ocupaban al norte del río Arauca, en tierras de la actual Venezuela, a lo largo del río Cojedes y,
hacia el occidente, entre dicho río y las montañas. También hay reportes en 1538 de grupos Caquetío al sur del río
Casanare.160 Practicaron, en la estación seca, la irrigación de los valles para sus cultivos de maíz, algodón, calaba-
za, yuca, papa, raíces y hierbas. Para ellos el sol y la luna eran deidades importantes, hacían sacrificios humanos
para el retorno de las lluvias y tenían chamanes como curanderos. [Morey, 1975: 147] Se movieron a lo largo de
los ríos para pescar y así complementar su abastecimiento, la pesca era realizada por las mujeres y los niños que
arrojaban pequeñas bolitas de maíz precocido, molido y mezclado con pescado y veneno. También trabajaron y
comercializaron su oro. [Morey, 1975: 69 y 92] Se distanciaban media o una milla de otro grupo pequeño, y todos
estaban federados bajo un jefe cuyo poder radicaba en la capacidad que tenía en dar comida a la tribu. En las
épocas prehispánicas se asentaron en densas agrupaciones, pero tras la conquista fueron dispersados o esclavi-
zados, de tal manera que pasaron a ser pequeños grupos que no habitaron en grandes casas comunales, sino que
construyeron sólo casas para dos o tres familias. [Morey, 1975: 92 y 108] Hacia 1570 ya muchos Caquetío eran
nómades sin aldeas ni casas. [Ortiz & Zambrano, 1984: 27]

Los primeros Betoy, sobre el alto Apure, en la región de los ríos Sarare y Uribante,161 fueron agricultores orgu-
llosos de sus sembradíos, dispuestos en filas ordenadas de yuca, plátano, maíz o frutas. [Morey, 1975: 51] Como
sus vecinos Jirara, dependieron más que otros cultivadores de la pesca, la caza y la recolección. [Rausch, 1994: 29]
Según Morey, su patrón de residencia se aproximaba más a los caseríos esparcidos que a aldeas, aunque es posi-
ble que un grupo de estos asentamientos pudiera haber comprendido una unidad política. De todas maneras sus
bohíos fueron abiertos, pequeños y pobremente construidos, tal vez porque eran abandonados luego de la muerte
de uno de sus miembros.162 Jane Rausch añade la construcción de un sitio de reunión masculino para ceremonias

160 En el siglo XVII huyen de los españoles hacia el sur y el oriente, en las partes alta y media del río Orinoco. [Morey, 1975: 33] Compar-
tieron el curso del río Cojedes con los Cuiba, desaparecidos de las informaciones después del siglo XVI por haberse internado en las montañas.
Tuvieron aldeas cercanas fortificadas con una zanja alrededor. [Morey, 1975: 33 y 110]

161 En el siglo XVIII los misioneros les encontraron en la parte alta del río Guaviare, en zona montañosa, donde permanecieron al menos
hasta el siglo XIX. [Morey, 1975: 36]

162 El abandono se hacía por la creencia de que la muerte o la enfermedad eran contaminantes. [Rausch, 1994: 26]
Á R E A S Y G R U P O S E N E L M O M E N T O D E L A C O N Q U I S TA
111

y para albergar huéspedes. [Rausch, 1994: 25]

Los líderes fueron los ancianos, muy respetados y obedecidos por su edad y experiencia en todas las activi-
dades. También distinguieron entre hermanos mayores y menores, y los primeros tenían el derecho de castigar a
sus hermanos. Las alianzas matrimoniales fueron exogámicas y convenidas desde la niñez, nunca con parientes,
así fuesen de cuarto o quinto grado, pero sí con la posibilidad de tener varias esposas, del divorcio y de segundas
uniones.163 Los casamientos se celebraban con grandes fiestas en donde la pareja no estaba presente.
Los Betoy temían en los eclipses de luna por la muerte del fuego, con el cual tenían un estrecho vínculo; lo
mismo que con las serpientes. Recelaban a éstas por su asociación con demonios, por eso se pintaban en las
piernas serpientes, pues creían que así podían ahuyentar a las vivas. Algunas personas podían controlarlas y así
usarlas contra sus enemigos. Soñar con serpientes presagiaba que alguien estaba en peligro y para conjurarlo
se arrancaban las pestañas. Y es que entre ellos la práctica de la interpretación de los sueños y de los sonidos
de aves y animales era cotidiana e importante. Creían en la vida después de la muerte, y enterraban los muertos
en la cocina de la casa con sus pertenencias y calabazos de cargar agua, para que la muerte no viniera por otros.
[Morey, 1975: 150 ss.]

Los Jirara habitaron las áreas montañosas y los llanos entre el río Acarigua y el Apure en Venezuela.164 Fue-
ron cultivadores de yuca165 y plátano principalmente, aunque también maíz, arroz y sandías. Se ayudaron con
la pesca, mediante barricadas en el curso del agua, a manera de trampas. No comían los monos aulladores que
consumían los Achagua, pero sí mono blanco, lagartos y tatas. [Morey, 1975: 51, 59, 69 y 84]

Se organizaron en comunidades pequeñas esparcidas en el bosque, que ocupaban aldeas con una única casa
comunal grande, larga y estrecha (10 por 60 metros), con una puerta baja en cada extremo. El más anciano era el
jefe. Eran belicosos y hacían la guerra para destruir al enemigo, no tanto para capturar esclavos. [Rausch, 1994:
25-27] Practicaron la poliginia y en ocasiones se casaban con miembros de otras aldeas. La música y la bebida
eran repartidas de modo estricto en ceremonias y fiestas, que podían durar hasta ocho días y sin participación
de las mujeres. Se pintaban el cuerpo de rojo para estas fiestas, que se hacían dentro de las casas y terminaban
en peleas entre los borrachos. Los muertos eran sepultados en vasijas con provisiones y sus pertenencias, pero
conservaban algunas cosas para recordarlo; incluso sus huertas eran abandonadas. El luto de quien enviudaba
era largo y estricto. [Morey, 1975: 93, 112 y 149]

Los Achagua, eran numerosos grupos que habitaban en los llanos de Casanare y en las regiones aledañas al
río Apure, además controlaron la zona entre el río Vichada y Guaviare, especialmente a lo largo de los ríos Uvá,
Amanavení e Iteviare. Ocuparon los cursos de los ríos más importantes y diminaron las mejores áreas para caza y
pesca. Practicaban la agricultura mejor que el resto de grupos cultivadores, y lo hacían en los bosques de galería,

163 Sin embargo esto no fue frecuente por la escasez de mujeres, pues las madres mataban a sus hijas mujeres al nacer para evitarles
una vida difícil. De hecho cuando un hombre se casaba por segunda vez, escogía a su mujer según la capacidad que tuviera para trabajar. El
infanticidio femenino no era castigado entre ellos, pero los hombres vigilaban que las niñas no fueran enterradas vivas. [Morey, 1975: 115]

164 En el siglo XVI la conquista los desplazó hacia el oriente, al bajo Apure, región que pronto abandonaron tras el acoso Caribe, para
terminar en la zona entre de los ríos Ele, Cuiloto y Arauca.

165 Hay reportes de una bebida Jirara hecha con puré de yuca rallada.
AREAS Y GRUPOS
112

con sistema de tumba y quema, o en las zonas inundables en períodos de correcta humedad. Cultivaban yuca166
y en menor medida maíz, ají, pimentón, tabaco, frutas, cañas, yopo, quitebe, caña de azúcar y achiote. La yuca la
sembraban sobre pequeños montículos para asegurar su correcto drenaje. Recolectaban productos vegetales167,
cazaban168 y pescaban169 en expediciones comunales y con plantas venenosas que ellos mismos cultivaban.
[Morey, 1975: 52-68]

Eran comerciantes especializados y recorrían grandes distancias para sus intercambios con todos los grupos
de los Llanos, en los mercados anuales del alto Orinoco y del río Cojedes, o con algunos de la cordillera, con los
Muisca, Lache y hasta los Caribe.170 Según Morey, el Orinoco era un activo eje comercial, donde se usaban sartas
de discos de concha, llamados quiripa, a manera de moneda, de la cual los Achagua fueron los mayores produc-
tores y comercializadores. [Morey, 1975: 128]

En los llanos del Casanare se encuentran vestigios de sus asentamientos, en sitios altos del terreno, donde
buscaban evadir las inundaciones y estar cerca de los caños que mantenían agua en el verano. Son áreas de 100
a 300 m2 que distan entre sí de uno a cinco kilómetros. [Mora & Uribe, 1991: 28] María Eugenia Romero identifica
tres zonas diferenciadas de asentamiento: una para preparar y consumir alimentos, habitar y trabajar manufactu-
ras, otra para los cultivos a unos cinco kilómetros de los sitios de habitación propiamente dichos, y además el área
de explotación de recursos según la estación. [Castro et al., 1993: 125]

Los caseríos tenían nombre de animales y se organizaban según patrones de parentesco pues se ubicaban
cerca de los hermanos.171 Vivían en bohíos circulares cubiertos de palma, construidos con gran destreza técnica,172
y de uno a tres por cada caserío, el cual podía albergar alrededor de 500 personas. [Morey, 1975: 122 ss.] Además
tenían casas comunales para sus ceremonias y un sitio de reunión para los hombres, ubicado en el caserío del jefe
local y protegido por una empalizada para mantener ocultas las ceremonias a las mujeres. [Mora & Uribe, 1991:
29 / Morey, 1975: 123] Había un jefe local para cada comunidad, más algunos caciques mayores con autoridad
sobre varios caseríos, pero se unían sólo en casos de guerra.173 Algunos trabajaban para los más ricos, con una
remuneración, y tomaban esclavos de las tribus vecinas, para su servicio o para comerciar con ellos. [Morey, 1975:
127-129]

166 Yuca dulce para el consumo cotidiano y amarga para efectos ceremoniales. [Morey, 1975: 52]

167 Los Achagua consumían casabe preparado en tortas que asaban y cocinaban, cuando quedaban llenas de gusanos eran desmenu-
zadas y puestas a hervir en grandes vasijas de barro cubiertas con hojas para la fermentación. Obtenían así una cerveza que poco a poco se
hacía más amarga. [Morey, 1975: 83-84]

168 Los Achagua comían monos aulladores.

169 Actividad para la que se preparaban con una danza ceremonial.

170 Cambiaban sus frutos tropicales y de recolección, tejidos, artesanías, víveres, miel, animales pájaros, plumas o pieles, por sal, oro y
mantas de algodón del altiplano; o, con los Guahibo, aceite de pescado, carne y frutos de palma, y con grupos de Guyana e isla Trinidad, víveres,
tinte, curare, esclavos, huevos, aves y pescado. La sal era el producto más importante que entraba desde el piedemonte a los Llanos, ya que
allí no había fuentes de ella. [Langebaek et al., 2000: 19]

171 Los grupos locales se sentían identificados con el respectivo animal (un tipo de serpiente, un murciélago, loros, pájaros, etc.)

172 Hay reporte de su conocimiento en construcción en tejido de hojas de palma en ondas decorativas. [Morey, 1975: 94]

173 La captura de mujeres esclavas o el pillaje de aldeas y labranzas fueron las principales causas de guerra con otros grupos. [Rausch,
1994: 25] Tenían capitanes para el combate y se infundían valor bebiendo el corazón molido de un enemigo vencido; además hacían flautas
con los huesos de los vencidos. Peleaban con lanzas, dardos, flechas envenenadas, escudos y garrotes.
Á R E A S Y G R U P O S E N E L M O M E N T O D E L A C O N Q U I S TA
113

Los hombres hacían canastos, esteras y utensilios de madera, como también preparaban el campo para la la-
branza, cazaban, pescaban y recogían frutos silvestres. Las mujeres fabricaban hamacas y utensilios de alfarería,
recolectaban agua y leña, cultivaban la tierra, preparaban casabe y pintaban a sus esposos. [Rausch, 1994: 23]
La pauta de residencia era patrilocal, y cada indio tenía varias esposas, las que buscaban en aldeas lejanas para
evitar casarse con parientes. Entre las mujeres el matrimonio era considerado un infortunio, dada la calidad de
esclava que adquiría. [Morey, 1975: 124-127]

Cada grupo local poseía su propio mito de creación relacionado con el tótem de otros grupos, sin embargo
un mito principal contaba cómo sus ancestros se salvaron de una gran inundación al subir a las montañas. Los
Achagua tenían un dios principal, varias deidades (del fuego, la riqueza, la locura, los campos o los terremotos) y
adoraban las lagunas. Creían en la vida después de la muerte y enterraban en tumbas bien selladas en el piso de
la casa, con todas sus pertenencias y provisiones de comida.174 Como los Sáliva, trasladaban el caserío cuando al-
guien fallecía. [Rausch, 1994: 24] Para evitar contaminar la casa con un nacimiento, construían chozas exclusivas
para que las madres se aislasen para el parto y permanecieran allí por 30 ó 40 días, al término de los cuales los
bohíos y el equipamiento en él, eran incinerados. [Morey, 1975: 164] Celebraban varias ceremonias importantes,
como el chubay o iniciación masculina, el chaca o rezo del pescado, o bautizo femenino, y otros ritos del ciclo anual.
Tuvieron dioses para labranzas, riquezas, fuego y temblores. [Castro et al., 1993: 122 ss.] Curaban sus enferme-
dades con medicina y hechicería, siempre con intermediación de un chamán que mediante el soplado de tabaco
y con cantos alejaba el mal. La primera actividad del día consistía en la interpretación de los sueños del jefe y de
otros miembros, además de otros tipos de adivinación, a veces con yopo.

Los datos más tempranos acerca de la ubicación de los Otomaco datan de 1647, a lo largo de los ríos Apure
y Arauca.175 Entre ellos la agricultura fue una actividad exclusiva de los hombres, y la practicaron en las planicies
inundables logrando varias cosechas de maíz al año; las mujeres hacían manufacturas. Fueron los más desta-
cados pescadores entre los grupos sedentarios, en parte porque controlaban la mejor región de los Llanos para
pescar. Desarrollaron técnicas para construir canoas y para pescar o capturar animales de río, como cocodrilos,
caimanes, tortugas y manatíes. Las grandes expediciones comunales de pesca coincidían con las festividades
importantes, que ocurrían al final de la estación lluviosa y en la temporada seca.176

Tuvieron una organización de capitanías que agrupaban varias aldeas, con una vida cotidiana controlada por
sus líderes. Estos asignaban el trabajo diario, distribuían la comida, asignaban esposas y dirigían el juego de pe-
lota. Otras particularidades de los Otomaco eran: la monogamia, la estrecha relación entre hermano y hermana
(incluso comían del mismo plato), los hombres jóvenes eran casados con ancianas para que ellas les enseñaran
acerca de sexo y matrimonio, además practicaron las apuestas en los juegos, conocieron la propiedad privada y
era intensa la unión entre los miembros del grupo. Todas las actividades del día las realizaban juntos y al tiempo,

174 Con una plataforma de cañas puesta sobre el cuerpo, luego cubierta de hojas para evitar que cualquier suciedad cayera sobre el
cuerpo y por último era sellada con arcilla. Cualquier agujero que apareciera lo tapaban para “evitar que las hormigas disturbaran al muerto”.
[Morey, 1975: 166]

175 En el siglo XVIII se movieron hacia el oriente, sobre el Orinoco, luego se dispersaron hacia el sur del río Arauca, para concentrarse, en
el siglo XIX, en la confluencia del río Meta con el Orinoco.

176 Según Morey, al final de la estación lluviosa, el agua retrocedía y dejaba muchos peces enredados en el pasto. Inclusive los indígenas
cavaban huecos en la estación seca y al terminar las lluvias regresaban a recolectar los peces que habían quedado atrapados en los hoyos.
[Morey, 1975: 66]
AREAS Y GRUPOS
114

incluso defecaban todos a la misma hora, aunque cada familia en un lugar diferente. [Morey, 1975: 54, 117-121]
También se distinguían por su antigua costumbre de comer arcilla de diferentes maneras177 y por practicar un jue-
go de pelota en una gran plaza en sus numerosos caseríos. Construyeron precarias chozas, aunque tejidas de tal
manera que los protegían de los mosquitos en las noches.

Creían descender de los primeros abuelos y que el primer Otomaco había sido creado por una mujer preñada
virgen que voló sobre el Orinoco. Para ellos el alma iba al oriente, a “un lugar sin problemas”, antes de combatir con
un espíritu demoníaco representado en una gran ave. La luna entre los Otomaco fue de gran importancia: durante
los eclipses de luna los hombres alababan a las mujeres, pues estaban convencidos de su poder para controlarla
e interceder por ellos para evitar que la luna los abandonara. Los chamanes tenían poderes curativos y técnicas
mágicas y físicas (volar, provocar sismos).

Practicaron el sangrado como técnica curativa, para purificar a los recién nacidos y como parte importante en
el juego de pelota.178 Cuando un miembro del grupo moría, su cuerpo era incinerado con provisiones para su viaje
a la tierra occidental de la muerte, los demás lloraban su muerte en la madrugada, pero al amanecer todos cam-
biaban su ánimo y alegres retomaban la rutina diaria. Quemaban la casa del difunto y un año después la calavera
era desenterrada y llevada hasta las piedras que representaban sus ancestros. Todo anciano podía decidir el
momento de su muerte, y cuando esto sucedía cavaba su propia tumba, se tendía en ella y la familia lo incineraba.
[Morey, 1975: 156-160]

Los Sáliva, ocuparon una zona estratégica de los Llanos, sobre el Orinoco medio entre los ríos Cinaruco y el
Guaviare, y además a lo largo del río Meta hasta el Casanare. Su dominio sobre el Orinoco se extendió sobre al-
gunos de sus principales afluentes en esta zona: los ríos Tomo, Tuparro, Vichada, Matavení y Guaviare.179 [Morey
& Morey, 1980: 245] Junto con los Achagua fueron diligentes cultivadores con técnicas de roza y quema. En las
riberas fértiles de los ríos cultivaban de manera itinerante yuca, palmas frutales, batata, ñame, maíz, fríjol o totumo,
asimismo pescaban y cazaban aves, micos, venados o tortugas y bebían chicha de mandioca, o berría de casabe
fermentado. Comerciaban con tinturas o con ralladores de yuca y, con los Otomaco, fueron los mejores construc-
tores de canoas en los Llanos.

Para sus asentamientos buscaban las márgenes de caños o ríos menores que no se desbordaran y, no obs-
tante su sedentarismo, mudaban sus asientos o establecían a menudo sitios alternos de ocupación. Tenían una
sola vivienda en toda la aldea -donde se albergaban 60 o 70 personas-, era larga y estrecha hacia la cubierta
en forma de quilla de barco y tenía dos entradas.180 También construyeron en las afueras bohíos para recluir a las

177 O bien la comían a medida que la recolectaban, o abrían huecos en la tierra, introduciendo maíz o frutas para su fermentación durante
varios días. La amasaban con vegetales para hacer pan, e incluso asaban bolitas de arcilla que luego raspaban para agregar a otras comidas,
a manera de sal o condimento. [Morey, 1975: 79] Nancy Morey detectó una concentración de especialistas en alfarería en el bajo Apure, lo que
podría indicar allí una mayor calidad de arcilla.

178 Los jugadores se provocaban a sí mismos heridas en muñecas, hombros, codos, piernas y lengua. Después del juego se bañaban en
el río y cubrían sus heridas con arena para detener el sangrado.

179 Hacia el siglo XVII o XVIII debieron desplazarse hacia el occidente, tal vez hacia el río Vichada, debido a los ataques Caribe (con quie-
nes mantenían relaciones hasta antes de las misiones). [Morey, 1975: 45] En el siglo XIX aparecen concentrados en el curso medio del río Meta.
[Morey & Morey, 1980: 246]

180 Es probable que en el momento del contacto sí vivieran agrupados a manera de pueblo, y fue después que prefirieron dispersarse en
caseríos de una sola casa comunal. [Morey & Morey, 1980: 271] A finales del siglo XVII, sus asentamientos eran reportados como esparcidos,
Á R E A S Y G R U P O S E N E L M O M E N T O D E L A C O N Q U I S TA
115

mujeres menstruantes. Ejercitaron diferentes niveles de liderazgo, hereditarios de padre a hijo: cabeza de familia,
capitanes y jefes, que eran respetados por sus cualidades personales. [Morey & Morey, 1980: 246, 271 ss.] Estos
tenían sin embargo que pasar por pruebas de resistencia (azotes, trabajo) para gozar de ciertos privilegios como
la poliginia. Los Sáliva tuvieron esclavos para su servicio y para comerciar con los Caribe y los holandeses.

La organización en grupos se daba en líneas de descendencia. Fue frecuente el matrimonio entre parientes, o
con otras etnias (Caribe y Achagua), así como los divorcios. Los jóvenes eran flagelados para alejarles la pereza
y las jóvenes no podían casarse antes de que el propio padre las despojara de su virginidad. Practicaron, al igual
que otros grupos de los Llanos, la couvada, o inactividad obligatoria del padre y la madre una vez hubiera nacido el
hijo.181 Cuando una mujer daba a luz gemelos, ella procuraba darle muerte a uno de ellos antes de que los demás
se dieran cuenta, pues tener dos bebés era considerado prueba de la infidelidad de la mujer. Si era descubierta
era golpeada en público y obligada a incinerar a sus hijas mujeres. Mataban también a las personas viejas o a
esclavos enfermos, aunque éstos tenían la opción de sepultarse vivos. [Morey, 1975: 138 ss.] Enterraban el cuerpo
en tumbas selladas en una ceremonia que podía durar tres días, lloraban pero enseguida bebían y bailaban ale-
gremente mientras elogiaban al muerto. [Morey & Morey, 1980: 275] Tras la muerte abandonaban el asentamiento
y un año después regresaban, sacaban los restos para cremarlos y bebían sus cenizas con chicha. [Rausch, 1994:
24]

Cada grupo de descendencia tenía su propio mito de creación, algunos provenían de la palma moriche, de la
tierra, de los árboles o del agua, otros del sol o de un oso. Tenían chamanes, famosos en una amplia área de los
Llanos, que consultaban ídolos de madera esculpida, realizaban ceremonias acompañadas con flautas y tambo-
res, y empleaban yopo para la brujería o como narcótico. En un eclipse los hombres protegían con sus armas a
la luna y se pintaban de negro, en señal de duelo por ella, cuando reaparecía también se pintaban de rojo como
símbolo de ofrecimiento de su sangre. [Morey, 1975: 182]

Los Guayupe y los Sae compartían un orden mítico, muchos rituales y como no tenían diferencias étnicas sus-
tanciales se consideraban una unidad en el “territorio Guayupe”. Ocupaban la región próxima al piedemonte de
la cordillera Oriental, entre el río Upía y el río Guayabero, en las colinas boscosas de la cordillera o en las fértiles
planicies aluviales de los llanos de San Juan y San Martín. Los grupos Sae pudieron haber estado concentrados
en las cercanías del río Ariari.182

Como los agricultores de bosques húmedos, cultivaron mandioca amarga (yuca brava) y además maíz, batata,
fríjol, maní, ají, algodón y tabaco, además de la pesca. Los Guayupe cazaban venados y pecaríes, no los Sae, pues
estos creían que no debían consumir carne de animales, eran vegetarianos y sólo de manera ocasional comían
pescado. [Morey, 1975: 53 y 56] En Upín extrajeron sal y se formó un centro de intercambio de productos de varios
grupos. Entendían la lengua Muisca, con quienes intercambiaban algodón por objetos de oro.

con distancias entre ellos de media o una milla, lo que les facilitaba la huida ante un ataque Caribe. [Morey, 1975: 138]

181 40 días si era niño y 60 si era niña. Al terminar, padres y bebé se iban a bañar al río. En otros grupos esta inactividad del padre podía
durar hasta que el hijo gateara, pero con el tiempo y la influencia de las misiones se redujo este período. La creencia radicaba en que lo que el
padre pudiera hacer, lo hacía contra su hijo, si cazaba era como si le disparara al niño, si caminaba era como si lo hiciera sobre su hijo. [Morey,
1975: 153]

182 Por su localización fueron los grupos más expuestos a los conquistadores, quienes tomaron sus tierras como centro de aprovisiona-
miento y descanso para las expediciones a oriente. [Morey, 1975: 40]
AREAS Y GRUPOS
116

Es perceptible una especialización de los asentamientos según los recursos del área, el carácter de frontera o
su función religiosa: en el piedemonte extraían sal y había puntos de comercio con las tribus de la cordillera; en las
vegas del Ariari, aprovechamiento del suelo con agricultura; en las terrazas altas explotación de los bosques; y al
centro, el culto religioso. [Mora & Uribe, 1991: 28] Se asentaban en aldeas de 100 a 400 personas, cada una con
un jefe y formada por varias malocas, largas y muy anchas, con techos bajos y puertas en los extremos, más un
edificio especial para ceremonias frente a una plaza.183 Los Sae tenían una casa especial para danza donde se
reunían hombres y mujeres.184 [Morey, 1975: 94] Dormían en hamacas de algodón y andaban desnudos, pero las
mujeres Guayupe usaban una falda de corteza atada con una cuerda en la cintura. Llevaban todos el pelo largo y
las mujeres, cerca del Meta, se afeitaban la cabeza. Viajaban por los ríos en canoas y usaban unos mocasines de
piel de venado y polainas de fibra para protegerse del pasto áspero. [Rausch, 1994: 28]
Eran belicosos y tenían capitanes que dirigían los escuadrones de guerra, bajo una rigurosa disciplina. Em-
pleaban lanzas, garrotes de tres filos, arcos con flechas y, algunos, hondas, asimismo se protegían con armaduras
y escudos de cuero, mientras que con gritos o trompetas se infundían valor, además de beber chicha. Algunos
construían protecciones con cercos de madera. [Rausch, 1994: 28]

Las jóvenes pasaban por una ceremonia de la pubertad, después de la cual podían elegir marido. Él debía
dormir con ella al menos una noche, sin que se tomara por unión permanente, y ella podía abandonarlo si después
de un año de convivencia no quedaba embarazada. La poliginia era un privilegio de quienes tenían más éxito en
preñar mujeres. El matrimonio en ambos grupos era celebrado con grandes bailes comunales y entre los Sae se
permitía la licencia sexual en ellos. [Morey, 1975: 131] En cuanto a nacimientos, según Morey, entre los Guayupe
“el primer par de niños era siempre sacrificado (...) porque ellos creían que sería desobediente y difícil de manejar
y además hacían que sus madres envejecieran muy rápido”. El comportamiento de los Sae fue muy parecido: las
mujeres daban a luz solas en el bosque y dejaban allí al bebé para ir a llamar a la familia y traer agua para bañarlo,
esto si el padre lo aceptaba, de lo contrario era enterrado vivo o arrojado al río. También practicaron la couvada.
Antes de llegar a la pubertad, las niñas eran emborrachadas para la ceremonia en que perdían su virginidad,
después de la cual adquirían total libertad sexual. La joven podía escoger a su esposo y éste no podía negarse.
[Morey, 1975: 170 ss.]

Adoraban al sol y la luna, y en los eclipses adoptaban una posición guerrera para salvar a la luna. Sus chama-
nes se transformaban en osos y jaguares para atacar a sus enemigos, y todos bailaban bajo el efecto del yopo y el
tabaco. [Morey, 1975: 167 ss. / Rausch, 1994: 28] Los jefes eran cremados al morir y sus cenizas bebidas en chicha;
en la misma ceremonia los ancianos instalaban al nuevo jefe quien debía haber sido aprobado por la comunidad.
Entre los Sae había diferenciación por riqueza, evidente en el lujo de los ritos funerarios de los que tenían más yuca
y maíz, en contraste con los pobres que apenas podían convocar a beber a la familia más cercana.185 Asaban los
cuerpos de sus muertos y los dividían en partes para ser repartidos entre la familia, que los reducían a cenizas y lo
bebían. [Morey, 1975: 132 y 175]

183 En el piedemonte, en la región de Upín, se hallaron trazas de poblados grandes, lo mismo que cerca de Restrepo, con unas cien casas
y un cerco defensivo. [Mora & Uribe, 1991: 27]

184 En la orilla sur del río Güejar, cerca del actual Puerto Lucas se halló un asentamiento con montículos que forman un círculo, indicio de
sus habitaciones circulares u ovaladas. Similares a otros hallados en Puerto Lleras, Mesetas, Puerto Caldas, cerca de Villavicencio, Guayabetal
y el río Guaviare. [Mora & Uribe, 1991: 27-28]

185 En el caño Irique, cerca de Fuente de Oro, se hallaron entierros con las cenizas depositadas en urnas cerámicas. [Mora & Uribe, 1991:
27]
Á R E A S Y G R U P O S E N E L M O M E N T O D E L A C O N Q U I S TA
117

7.2 Pescadores

Estuvieron entremezclados con los cultivadores, aunque con más presencia en los llanos de Venezuela. Su
actividad de subsistencia giraba en torno a lo que las corrientes de agua les proveía, en especial pescado, aunque
también tortugas y lo que de ellas se derivaba (aceites, huevos). De manera que su modo de vida estaba directa-
mente relacionado con el nivel de las aguas de los ríos y podría definirse como trashumante intermedio, entre el se-
dentarismo de los cultivadores y el nomadismo de los recolectores. Los pescadores complementaron la dieta con
incipiente agricultura en las épocas húmedas, pero sobretodo mediante intercambio de pescado por productos cul-
tivados de sus vecinos agricultores. A medida que avanzó la colonia se sedentarizaron con más práctica agrícola.

Los Guayquerí fueron conocidos como “los señores del agua” y compartían parte de su territorio con los Ca-
quetío, aunque en aldeas separadas a lo largo del río Cojedes y sus afluentes. Con aquellos intercambiaban pes-
cado por alimento cultivado. Sus asentamientos fueron alargados y grandes, lo que dio la impresión en el siglo
XVI de ser numerosos y prósperos. Las mujeres tenían que pasar por un ayuno de purificación de la menstruación,
cuarenta días antes del matrimonio colectivo, para evitar hacerle daño al esposo. Cuando cazaban, capturaban
muchos animales y los mantenían subyugados, ya que los Guayquerí consideraban a los animales competidores
de los hombres. [Morey, 1975: 197, 210 y 229]

Los ríos en el área entre el bajo río Meta y el Arauca estuvieron controlados por los Yaruro, grupo pescador que
tuvo que desarrollar algún tipo de agricultura en época colonial, lo que les hizo más aislados con respecto a los
vecinos cultivadores.186 En especial ocuparon los ríos Capanaparo, Cinaruco, la boca del río Meta y en cercanías
del Orinoco. Fueron más nómadas que el común de los pescadores, se movían en botes, pero construían cerca de
las orillas de los ríos del área pequeñas chozas hechas de palma y caña. [Morey, 1975: 195 ss., 215] Como sus
vecinos los Otomaco, consumieron tierra como condimento, no siendo el único rasgo común entre estos grupos.
Con frecuencia los Yaruro aparecieron conviviendo con aquellos. Permitieron la poliginia y practicaron el sangrado
de purificación a niños y adultos. [Morey, 1975: 215 y 241] Entre los Yaruro sobrevivientes se da cuenta de una
división de clanes exogámicos según los antepasados míticos, o la serpiente o el jaguar. [Ortiz, 1986: 11]

Sobre el Orinoco, cerca de los rápidos de Atures, los Ature mantuvieron el control del paso por el medio Orino-
co.187
Desarrollaron técnicas de trampas para pescar en rápidos, comerciaron con esclavos y construyeron sus
casas en las islas sobre el curso del Orinoco, en las mejores áreas de pesca. [Morey, 1975: 200 - 215] Los hallaz-
gos del siglo XIX indican cierto rito en los entierros: huesos blanqueados, teñidos, envueltos y en urnas funerarias
grandes con dibujos de caimanes, serpientes, meandros o laberintos. [Morey, 1975: 242]

7.3 Cazadores - Recolectores

Otros grupos de los Llanos eran principalmente recolectores y cazadores esparcidos en áreas menos producti-
vas, en los intersticios que dejaban los cultivadores y pescadores. Fueron nómadas, desplazándose a lo largo de

186 Son considerados como los precursores de prácticas agrícolas en las sabanas inundables. Durante el siglo XVIII se especializaron en
la caza de jaguar para el comercio de pieles.

187 En el siglo XVI los Maipure, de la familia Arawak, controlaron el comercio desde los raudales hasta el río Atabapo. [Ortiz, comunica-
ción personal, 2001]
AREAS Y GRUPOS
118

los ríos y a través de las sabanas en épocas de lluvia. No tuvieron asentamientos pues su principal actividad, la
recolección, exigía movilidad.

De los cazadores recolectores, los Guahibo, o Chiricoa, fueron los más notorios.188 Estaban dispersos por todo
el llano y recorrían las extensas sabanas entre el río Meta y el Vichada, desde el Orinoco hasta el Ariari. Otra zona
de movilidad la encontraron en las sabanas entre los ríos Casanare, Tame, Lipa, Arauca y Apure, lo mismo que en
Barinas, Venezuela. [Morey, 1975: 203]189
Su amplia dieta les permitía estar pocos días en un lugar, pues derivaban su sustento de la eficaz combinación
de caza,190 pesca, recolección de raíces, frutas silvestres, gusanos e insectos, o comercio y pillaje.191 Fueron nóma-
des, colgaban sus hamacas de los árboles,192 o dormían en el suelo. Viajaban cada dos o tres días, en grupos de
seis a ocho familias (100 a 300 personas), cargando todas sus pertenencias a sus espaldas y en un orden estricto
preestablecido: los jóvenes solteros adelante y abriendo trocha, luego los casados, con sus armas y sus hijos pe-
queños al hombro, después los ancianos y quienes aún podían caminar, enseguida las mujeres casadas, con los
utensilios en canastos y los niños colgados de sus pechos, en sus brazos o caminando a su lado; enseguida los
hombres más fuertes que cargaban enfermos y ancianos y, por último, los guerreros de la retaguardia. Ni naci-
mientos o muertes detenían el cortejo;193 en los ríos paraban a pescar, cazar y a recoger comestibles.194 Enterraban
parcialmente a sus muertos durante la marcha, pues guardaban un dedo, uñas y mechones para luego hacer una
ceremonia de adivinación. [Morey, 1975: 245]

Bajos y musculosos, con el cabello corto o afeitado, los hombres iban desnudos y las mujeres con una bata de
fibra de palma, similar a la de las Achagua. Estaban permanentemente abastecidos de yopo. Al comerciar con
sus vecinos, en incursiones en sus territorios, trocaban aceite de palma, hamacas, totumos y esclavos capturados
o robados, por chicha, tabaco, conchas y productos agrícolas. [Rausch, 1994: 31-32] Estas relaciones de intercam-
bio entre nómadas y sedentarios, les permitía el acceso a las mujeres Achagua, como privilegio de un grupo fuerte
sobre otro, pero no como relación de reciprocidad. [Ortiz, 1986: 15]

188 Chiricoa es el nombre con el que los Yaruro nombraban a los que hablaban lengua Guahibo. Entre los mismos Guahibo se denomi-
naban por grupos de diferente manera: Homoa, Cuiva, Amorúa, Chiguano. [Morey, 1975: 203] Los numerosos Guahibo, diseminados en grupos
móviles, a pesar de que hablaban la misma lengua, no se reconocían como de la misma gente, pues se diferenciaban por distintas técnicas de
subsistencia y tradiciones culturales. [Ortiz & Zambrano, 1984: 35] En lo lingüístico se distinguen hoy cuatro grupos principales: 1) Guahibo (sur
del río Meta); 2) Cuiva (diferentes a los Cuiba de Venezuela) y Chiricoa (norte del Meta); 3) Macaguane (medio río Ele, en Arauca) y 4) Guayabero
(sobre el Guaviare). [Castro et al., 1993: 163. Y Ortiz, 1978: 229] Los Cuiva son los mismos Sikuani. [Castro et al., 1993: 219]

189 “Los indígenas Guahibo tienen una perfecta delimitación del extenso territorio que de tiempos inmemoriales han habitado, (…es) la
franja situada entre los ríos Meta y Vichada, siendo su eje «el camino de Dios» que parte del piedemonte andino hasta concluir en la desembo-
cadura del río Orinoco, en el océano”. [Castro et al., 1993: 224]

190 La realizan los hombres y es la actividad social más importante, si bien cazan de manera individual, moviéndose en semicírculo junto
al río. [Morey, 1970: 115]

191 La disponibilidad de los recursos está determinada por el régimen de lluvias, que genera dos épocas: la estación seca es corta y bajan
las aguas, entonces pescan, cazan y recolectan, y la estación húmeda, más duradera, cuando crecen las aguas y hay menos movilidad porque
las trochas se tornan difíciles.

192 Debajo de las cuales encendían hogueras para calentarse y a la vez alejar los insectos.

193 Si la mujer iba a dar a luz, se apartaba de la fila, sin que el grupo la esperara y ella luego alcanzaba la marcha. Si alguien moría
durante la caminata: uno o dos miembros lo sepultaban y después se reintegraban al grupo.

194 GUMILLA, Joseph. El Orinoco Ilustrado. Historia natural, civil y geográfica de este gran río. Biblioteca de la Presidencia de Colombia,
8. Editorial ABC. Publicación original de 1741. Bogotá, 1955: 203 ss.
Á R E A S Y G R U P O S E N E L M O M E N T O D E L A C O N Q U I S TA
119

Apoyados en su gran número, pedían o hurtaban lo que les faltaba de los huertos de los Achagua y Sáliva, eran
insolentes pero a la vez portaban noticias de otras partes y preguntaban por los nuevos sucesos en el área. Tenían
un jefe, con influencia más allá de su grupo local, a quien le sucedía el hijo mayor, y a veces subgrupos con capi-
tanes podían separarse para cazar, si bien se reunían para atacar a otros grupos. Eran guerreros disciplinados,
diestros en el manejo de arcos, flechas o garrotes. Ya en la era hispánica, perseguían a Sáliva o Achagua195 para
capturarlos como esclavos e intercambiarlos con españoles y Caribe. [Rausch, 1994: 31-32]

Estaban organizados en familias extensas matrilineales, con dos categorías de individuos: los parientes con-
sanguíneos directos y los aliados. [Castro et al., 1993: 180] Permitían la poliginia y la homosexualidad.196 Las uni-
dades mínimas de tiempo no tuvieron importancia para ellos y el sol era su reloj, y a éste lo veían descolgado como
una fruta en un árbol. El “mundo está marcado por el cambio continuo que asume la forma de una dualidad con
repetición de eventos de naturaleza cíclica, y estos eventos están determinad os por la fluctuación estacionaria
de las lluvias”. [Morey, 1970: 80 ss.]

Por su movilidad pudieron perdurar, a diferencia de los otros grupos que casi se extinguieron. [Ortiz, 1986: 14]
Sin embargo grupos como los Churoya y Bisanigua aparecen como de lengua guahibo pero sedentarios en el siglo
XIX y con una incipiente agricultura. Autores recientes definen a los grupos Guahibo como divididos en seminó-
madas agricultores, que cazan y recolectan durante la seca pero retornan a la población en la estación lluviosa,
o seminómadas cazadores en las secciones entre ríos, como los Sikuani, quienes no poseían ninguna técnica de
cultivo. [Morey, 1976: 46-51] Parece ser que esta división se refiere a los Guahibo ya influenciados y reprimidos por
las misiones y las colonizaciones, pues al restringírseles su movilidad se vieron obligados a sedentarizarse en torno
a la agricultura. La polémica entre los autores está en si los Sikuani modernos (recolectores) son una persistencia
de costumbres prehispánicas o son una deculturación de grupos agrícolas originales.197 Tal vez en la prehistoria
los grupos que migraron hacia los Llanos, desde selvas tropicales de las Guyanas sí tenían tradición agrícola, pero
en su nuevo hábitat, las sabanas inundables de los Llanos, su adaptación al nuevo ambiente los llevó a abandonar
las prácticas de cultivo. El retorno a la agricultura sólo se dió tras el contacto, cuando “las condiciones creadas por
la conquista y en particular la caída demográfica y el despoblamiento de los ríos, dieron al traste con la especiali-
zación y condujeron paulatinamente a la diversificación de estrategias de subsistencia”. [Ortiz, 1992: 2]

Existieron otros tres grupos de menor importancia en los Llanos dedicados al nomadismo y que subsistían con
la recolección y la caza: los Taparita y Amaiba, quienes habitaron a lo largo de los ríos Cojedes, Portuguesa y bajo
Apure, dedicados a la recolección, con refugios a manera de casa móviles y con sombreros de palma. Por lo gene-
ral construían plataformas temporales en lo alto de los árboles para pernoctar o para incinerar allí a los muertos.
[Morey, 1975: 217 y 243] El río Yucao fue el territorio de otro grupo recolector: los Catarro, que llegaban incluso so-
bre el Meta y al sur de éste, como también los Chucona que se desplazaban en el alto río Meta. [Morey, 1975: 205]

195 Antes de la Conquista, los Guahibo mantenían relaciones con los pescadores vecinos, pero únicamente con un grupo agricultor: los
Achagua. [Morey, 1975: 249]

196 En su estudio sobre los Guahibo, Robert Morey se concentra en los grupos que él observó hacia 1970 y en los cuales encontró cos-
tumbres relacionadas con su cosmogonía que pueden ser remanentes de sus creencias antiguas: por ejemplo el hecho de que los factores
ecológicos afectaban las actividades cotidianas, de tal manera que concebían el tiempo según eventos predecibles y continuos marcados por
las estaciones del año.

197 Los Sikuani son menospreciados por sus hermanos Guahibo cultivadores (Hiwi), por su condición de “salvajes”. [Morey, 1970: 76]
AREAS Y GRUPOS
120

8. LA AMAZONIA

La región del Amazonas colombiano comienza en el río Guaviare, al norte, hasta el Putumayo, por el sur, más
el trapecio amazónico. En el occidente está la cordillera, franqueable sólo en Uribe, Balsillas y La Fragua, mientras
que por el oriente continúa la Amazonia brasileña. Sus ríos principales son el Guainía (alto río Negro), con una
selva variada de bosques y sabanas; el Vaupés, cortado por el salto de Yuruparí, con un bosque denso pero frágil
y de potencial biológico reducido; el Apaporis, rodeado de una selva de alta densidad con quiebres de serranías y
escarpes; el Caquetá, de difícil navegación por la interrupción de los rápidos de Araracuara, más los raudales de
Cupatí, ya en territorio brasileño; y el Putumayo, cuya navegación comunica el Amazonas con el piedemonte andi-
no. Son ríos de gran riqueza piscícola y áreas inundables fertilizadas por el cieno de la cordillera, pero en general
la región es de suelos pobres y frágiles, si bien los peces y otros animales del río Amazonas permitieron el estable-
cimiento de numerosas poblaciones aborígenes en sus orillas. [Pineda, 1988 b: 209-210]

En el área algunos cacicazgos evolucionaron hasta tener funciones especializadas y conocimientos particula-
res: jefes, artesanos, comerciantes, guerreros, administradores y chamanes. Estas comunidades se ubicaron en el
piedemonte o en las riberas de los ríos blancos y desarrollaron agriculturas intensivas, en tanto que los grupos de
los ríos oscuros o negros, formaron asentamientos más dispersos, pues en ellos la fauna es escasa y los cultivos
en sus riberas más pobres.198 Esto impidió una densa población sedentaria y debieron combinar caza, recolección
y pesca con una agricultura itinerante, por lo cual sus malocas eran abandonadas con periodicidad.

Hubo rivalidad por territorios y por tanto muchas tensiones, venganzas en emboscadas o combates -éstos
muchas veces ritualizados-, peleaban con lanzas, arcos y flechas, garrotes y macanas, de lo que se protegían
con escudos de madera o cuero. Asimismo hicieron muchas alianzas entre tribus, o tomaron esclavos de grupos
considerados inferiores. Dentro de la maloca, el jefe, o el chamán, dirimía los conflictos, y muchas veces los con-
ciliaba con interpretaciones cosmológicas o bailes y ceremonias, después se restablecía la armonía con restriccio-
nes alimenticias o sexuales. [Reichel Dussán, 1987: 19-20] En el área, por lo general, los hombres cazan, pescan,
hacen canastos, construyen las malocas y asumen la organización ritual y chamanística del grupo, en tanto que
las mujeres cultivan, cuidan los niños, cocinan y son alfareras. Los ribereños son más horticultores y pescadores,
mientras que los que habitan entre ríos son cazadores y recolectores, lo cual se refleja también en su cosmología
y pautas de asentamiento.

Desde hace unos 5.000 años, las comunidades se han nucleado en malocas, o casas comunales habitadas
por una población numerosa, regidas por sistemas sociales y modelos cosmológicos y míticos que estructuran de
manera coherente la relación entre el hombre y su medio social y natural. Dentro de esta concepción, los indíge-
nas escogen el área de la nueva maloca y sus chagras anexas, en una red de asentamientos separados entre sí
más o menos un día de camino.199 [Hildebrand, 1983: 12 / Reichel Dussán, 1987: 9] Esta organización permitió el
incremento de la población y llevó a una diferenciación económica y política entre grupos.

198 Se dicen negros debido a su color café oscuro o herrumbroso; son los ríos más pobres y por tanto sus riberas menos aprovechables.
Mientras que los blancos, por lo general los nacidos en la cordillera Oriental, arrastran gran cantidad de sedimentos que facilitan la vida orgá-
nica. [Domínguez, 1985]

199 En la actualidad hay varias viviendas en el entorno, y en la maloca realizan los ritos y reuniones comunales.
Á R E A S Y G R U P O S E N E L M O M E N T O D E L A C O N Q U I S TA
121

79º 78º 77º 76º 75º 74º 72º 71º 70º 69º 68º 67º

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LA AMAZONÍA
0 75000m

Figura 22. La Amazonía. Asesoría: Profesor François CORREA. Departamento de Antropología. Universidad Nacional de Colombia

Una maloca es una unidad productiva para organizar el acceso a los recursos y alimentos, para redistribuir
el excedente entre varias, en un sistema de pocas horas de trabajo, un nivel austero de vida y conservación del
medio, que Elizabeth Reichel Dussán llama una “ecopolítica”. Su estructura refleja la del cosmos y es a su vez un
microcosmos, dentro de ella cada persona tiene un lugar según su posición social y sexo, en una práctica social
regida por el jefe o dueño, asistido por chamanes, guerreros y cantores-bailadores, quienes a su vez tienen lugares
ceremoniales especiales. Es una construcción adaptada al clima, la lluvia, el sol y el viento, reemplazada cada
diez años, o un poco más, para mudarse de lugar y permitir la regeneración del área. Tiene un techo a dos aguas
o cónico, para cubrir un área circular de 20 a 50 metros de diámetro; o rectangular, con vigas apoyadas en postes
de 15 a 20 metros de alto. Define un centro sagrado masculino (asociado con el este) más una periferia femenina
(del oeste), en tanto que de modo radial se ubican las funciones socio-políticas; esquemas que se reflejan en las
AREAS Y GRUPOS
122

chagras y territorios aledaños. También había malocas para ceremonias regidas por chamanes y cantores, otras
para los guerreros, para los esclavos o prisioneros, o para los grupos domésticos; dentro de una red de malocas
parientes y aliadas para el intercambio y el manejo del medio. [Reichel Dussán, 1987: 9 ss.]

Según algunos arqueólogos hubo áreas pobladas entre los ríos Napo-Caquetá e Imerí (en Brasil)-Vaupés. Sus
gentes usaron herramientas de piedra -material escaso en el área- y realizaron petroglifos, sobre todo en raudales
que se cubren de agua parte del año. Desarrollaron un manejo sabio del medio, para mantener su débil equilibrio y
lograr el sustento de los grupos; se ubicaron ante todo en las riberas de los ríos, cuyas áreas inundables (várzeas)
constituyeron ecosistemas aprovechables para cultivos de plantas. La horticultura permitió la sedentarización y
en consecuencia la jerarquización social, sistemas que luego, entre los 4.000 y 2.000 años a.C., se difundieron por
el resto de América. La practicaron bandas organizadas, en oposición a otras que no se sedentarizaron. Entonces
se perfeccionaron los cultivos de batata, ñame, ají, maní, cucurbitáceas y arracacha, así como plantas medicina-
les; asimismo se mezclaron grupos cultivadores de productos más exigentes, como el maíz, al pie de los ríos en
aluviones enriquecidos, con grupos nómadas o semi-sedentarios que cultivaban especies que requerían menos
nutrientes, como la yuca brava. [Reichel Dussán, 1987: 6-8]

Los raudales y escasos cerros sirvieron de hitos territoriales y fueron lugares importantes para la cosmogonía
de los nativos, por lo cual están llenos de pinturas y grabados, pictografías y petroglifos. El chamán mantiene los
principios y estructuras mentales mientras el jefe administra recursos y relaciones. Toda la sabiduría y tradición
se transmite en lo cotidiano y en las ceremonias con danzas y música, para crear solidaridad y difundir las normas
comunes en el manejo del entorno. Así pues, la pauta organizativa la daba, y la da, el chamanismo, sistema en el
cual “el hombre es concebido como partícipe del universo, de sus leyes físicas y cósmicas, y como parte integrante
del ecosistema.” [Reichel Dussán, 1987: 3] Se trata de una visión política, económica, ecológica y espiritual que
plasma las características de una eco-región en estructuras formales para regir la respuesta o actitud cultural ante
el mundo, las relaciones personales, el sexo, el trabajo y el sustento.

Los numerosos grupos que habitaron la Amazonia colombiana pueden clasificarse a partir de lo que François
Correa denomina “grupos étnicos”, una categoría virtual metodológica que organiza las diversas etnias mediante
rasgos comunes en lengua, ubicación, nombre, relaciones sociales y de intercambio, cultura e historia. No todos los
nombres son aquellos con los que se reconocen a sí mismos, muchos les han sido asignados después de la llegada
del blanco, pueden designar topónimos o corresponder a apelativos varios asignados por viajeros, misioneros o
comerciantes, o son nombres con los cuales los conocían otros grupos vecinos. [Correa, 2000: 68] Además de que
las leyes de exogamia los llevan a tomar esposa de otros grupos en una mezcla permanente que hace parte de
su misma organización social. Sin embargo, y dadas estas reservas, se puede hablar de seis grandes unidades
socio-geográficas que agrupan las diferentes etnias:200

1- Los MAKÚ-PUINAVE, entre los que se incluyen los Nu´kak del Vaupés, o grupo Macú. En el río Guaviare-Iní-
rida estaban los Caverre y Guaipunavi, quienes al parecer venían del río Negro y serían los antecesores de los
Puinave. [Pineda, 1988 b: 219] A su vez los Macú formaban bandas semisedentarias de cazadores y recolectores
que habitaron las áreas interfluviales, contrario a sus vecinos Tukano y Arawak, que son horticultores y su hábitat

200 I.C.A.N., Vol. XXVII, 1989-1990. Asesoría: profesor François Correa, Departamento de Antropología. Universidad Nacional de Colom-
bia.
Á R E A S Y G R U P O S E N E L M O M E N T O D E L A C O N Q U I S TA
123

las riberas de los ríos. [Correa, 2000: 78] Los indígenas de la selva amazónica, los que poseen maloca, chagras y
chamanes desprecian a los Macú, por silvestres, faltos de cultura y de conocimiento. Macú significa esclavo, sin
lengua ni parientes, y en el origen del término parece tratarse de huérfanos capturados en las guerras. [Cabrera et
al., 1999: 34, 38 ss.] Son josá, “trabajadores” y muchos los capturan para que les sean servidores.

Se sugiere que los Macú fueron los pobladores iniciales del Vaupés [Pineda, 1988 b: 220], de tal forma que son
los habitantes más antiguos de esta parte de la Amazonia, antes de ser exterminados o asimilados por “los Caribe,
Arawak y Tukano, quienes tenían una cultura más avanzada basada en la agricultura.” [Métraux201 en Cabrera
et al., 1999: 35] Muchos cuestionan que los Macú sean esclavos y plantean que más bien realizan trabajos para
algunos grupos con el fin de obtener algo a cambio. Para Herndon,202 su vida nómada y guerrera fue más bien
el resultado de las muchas cacerías para esclavizarlos. Durante la época de comerciantes y caucheros muchos
huyeron al bosque, aunque, según el medio donde viven, han tenido procesos históricos disímiles. [Cabrera et al.,
1999: 35, 39, 40] En la mitología Tukano, y en la tradición Cubeo, son los últimos descendientes de la anaconda
celeste y no recibieron la agricultura sino tan solo “la cerbatana y un canasto.” Para los Cubeo son “gente que se
arrastra” pues se desplazan a pie y sin canoas. [Cabrera et al., 1999: 41] Son seminómades, forman sólo campa-
mentos estacionales y son los mejores conocedores de la selva. [Reichel Dussán, 1987: 17] Se les teme y respeta
como chamanes, y se especializan en hacer cerbatanas, curare y canastos, lo cual les sirve como canje para lograr
otras cosas que quieren. [Cabrera et al., 1999: 43] A comienzos del año, muchos grupos se concentraban en la
zona entre los ríos Guaviare e Inírida para cazar tortugas, recolectar huevos y preparar aceite. Los Caverre produ-
cían curare (veneno) para comerciar en el alto Orinoco, y fabricaban quiripa que sirvió de moneda, en tanto que los
Guaipunavi comerciaban con un colorante llamado chica y con ralladores de yuca. [Pineda, 1988 b: 222]

2- Los TUKANO ORIENTAL han ocupado las áreas de los ríos Vaupés y Apaporis y sus afluentes, desde el río
Isana hasta la serranía de Traira. Durante la colonia se denominó Vaupés a una etnia de la región y en el siglo XIX
llamaron Tukano a sus descendientes. Otras crónicas hablan en el Vaupés y el Isana de los Uaupé (denominación
genérica). Fueron numerosos los grupos de esta lengua: Bara, Barasana, Carapana, Cubeo, Cueretú, Desana,
Letuama, Macuna, Piratapuya, Pisamira, Siriano, Taiwano, Tanimuka (Ufaina), Tukano, Tatuyo, Tuyuca, Wanano,
Yauna y Yurutí (Tapuya). Los Bara y Barasana se ubicaron en los cursos altos de los ríos Tiquié y Pira-paraná; los
Carapana al norte del cerro Muñeta; los Cubeo en los ríos Querarí, Cuduyarí y Vaupés [Correa, 2000: 47], como
vecinos de los Pisamira, localizados más al sur; en el río Papurí los Wanano y Desana y en el río Apaporis los
Macuna. Los Letuama y Tanimuka (Ufaina) ocuparon el triángulo fluvial que forman el Apaporis y el Mirití-para-
ná con el Caquetá. [Correa, 2000: 75] Cada grupo tiene su propio dialecto, pero todos entienden el Tukano como
lengua general. [Reichel-Dolmatoff, 1978: 70-73]

Los Tukano oriental están rodeados de grupos Arawak, con quienes mantienen una rivalidad histórica, aun-
que tienen semejanzas culturales: asentamientos ribereños, son canoeros y usan la cerbatana, tienen horticultura
de yuca brava, cultos de iniciación Yuruparí, exogamia y descendencia paterna, pero asimismo se diferencian en
los sistemas de matrimonio y de organización social. [Pineda, 1988 b: 220] Los Arawak llegaron primero que los

201 MÉTRAUX, A. The Hunting and Gathering Tribes of the Negro Basin, Handbook of the South American Indians, Washington, D.C.:
Smithsonian Institution, Bureau of American Ethnology, Vol. III, Julián Steward Ed. 1948: 865.

202 Citado en MÜNZEL, Mark. Notas preliminares sobre os Kaborí (Makú entre o río Negro e o Japurá)”, Revista de Antropología, vols.17-
20. 1969-1972: 137-181.
AREAS Y GRUPOS
124

72º 71º 70º 69º

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R EGIÓN DEL VAUPÉS Familias lingüísticas:


MAKÚ-PUINAVE WITOTO-BORA
TUCANO ORIENTAL ANDOQUE
0 75000m
ARAWAK
15000

Figura 23. Región del Vaupés. Asesoría: Profesor François CORREA. Departamento de Antropología. Universidad Nacional de Colombia
Á R E A S Y G R U P O S E N E L M O M E N T O D E L A C O N Q U I S TA
125

Tukano, éstos venían de oriente y tomaron mujeres Arawak, quienes les enseñaron la agricultura y los hicieron
asentarse. Los Tukano dicen provenir del oriente del Vaupés, de donde viajaron en una canoa-anaconda y en los
rápidos se bajaron por grupos para poblar las áreas de las diversas tribus. Por eso los habitantes de las bocas de
los ríos son de mayor rango que los de las cabeceras, y los de las riberas que los del interior. Los Tukano se dividían
en segmentos y categorías (capitán, payé, bailador, guerrero y sirviente), lo cual se reflejaba en su ubicación sobre
el río. [Pineda, 1988 b: 220-223]

Los Ufaina (Tanimuka) se distinguían en mitades que compartían la maloca: la gente de autoridad y la gente
ordinaria, como también la mitad de los mayores y la de los menores, para orientar las alianzas matrimoniales
mediante el intercambio de hermanas. [Correa, 2000: 75] Los Ufaina del río Mirití se mudan cada 10 o 15 años,
cuando consideran que los recursos del área han sido agotados. El jefe dirige la construcción de la estructura de la
maloca, participan cuatro personas para terminar en diez días, pero para cubrir el techo, sin embargo, se demoran
más y reciben la ayuda de los vecinos en medio de una ceremonia. El centro de la maloca es considerado sagrado
y el área que lo rodea constituye el espacio ritual comunitario, el lado oeste es la parte de atrás de la maloca y es
usado por las mujeres para sus labores de preparar los alimentos del grupo y el cuidado de los niños, mientras que
en la parte oriental los hombres fabrican herramientas y realizan actividades ceremoniales exclusivas de ellos. En
el perímetro contra las paredes está la zona doméstica, en donde las familias duermen en chinchorros y se entierra
a los muertos. Dentro de la maloca se reciben visitas pero en medio de rituales y protocolos.203 [Hildebrand, 1983:
12 - 20]

3- Según Pineda, el área entre el piedemonte, desde el río Napo, al sur del río Putumayo hasta el río Caguán,
habitaban sobre todo grupos de lengua TUKANO OCCIDENTAL. [Pineda, 1988 b: 214] Estos fueron los Koreguaje,
los Siona, entre el río Putumayo y el Caquetá, los Piaguaje, los Macaguaje en las inmediaciones de los ríos Orte-
guaza y Caguán, lo mismo que Tama204 y Seño, quienes en su mayoría eran grupos étnicos patrilineales exogá-
micos. [Correa, 2000: 103] Los curanderos Sibundoy aún bajan a las selvas para aprender de los Siona, de donde
llevan bejucos de yagé para plantar. [Pineda, 1988 b: 214, 217] La presencia de los Koreguajes en el Caquetá data
del siglo XVII, luego ascendieron por los ríos Orteguaza, Yarí y Caguán. Habitaban grandes casas comunales de
paja, guaduas, palmeras y maderas donde convivían hasta ochenta personas. Los hombres viajaban por los ríos,
mientras las mujeres se encargaban de las labores agrícolas cultivando yuca, maíz, plátano y caña de azúcar. Los
Macaguaje tenían viviendas sencillas constituidas sólo por dos hojas de palma sostenidas por pilotes donde ama-
rraban las hamacas para dormir. [Artunduaga, 1984: 34-37]

203 Las implicaciones cosmogónicas, culturales y sociales de las malocas amazónicas se consideran en el texto sobre el Chamanismo,
capítulo Arquitectura.

204 Los cuales ya se mencionaron en el subcapítulo Alto Magdalena y Gran Tolima, por ser en esta región que se ubicaron al ser despla-
zados de la selva.
AREAS Y GRUPOS
126

76º 75º 74º 72º 71º 70º 69º

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Cabiyarí
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Familias lingüísticas:

T R A P E CIO A M A ZÓNICO TUCANO ORIENTAL


TUCANO OCCIDENTAL
FAMILIAS INDEPENDIENTES
TICUNA
ARAWAK
0 75000m WITOTO-BORA

Figura 24. Trapecio Amazónico. Asesoría: Profesor François CORREA. Departamento de Antropología. Universidad Nacional de Colombia

4- Varios grupos pertenecientes a la familia ARAWAK se ubican dispersos en el bajo Guaviare, entre el Isana
y el Guainía y, al sur, sobre el Mirití-paraná. Fueron Arawak los Cabiyarí, Curripaco, Baniva, Matapí, Piapoco, Ta-
riano, Yukuna, Bare, Geral, Piaroa205 y Uarequena. Según Reichel Dussán, estas poblaciones se han asociado con
las culturas asentadas en las riberas de los grandes ríos, sobre todo de aguas blancas, menos ácidas y muy ricas
en nutrientes, donde viven en malocas o casas comunales. [Reichel Dussán, 1987: 17] Entre los Arawak del río
Caquetá y sus afluentes están los Cabiyarí del río Cananari [Correa, 1996: 2]; por descripciones del siglo XVIII se
han ubicado a los Baniva en el río Isana, más arriba del río Vaupés, antes Caiarí, que en Arawak significa “río de
agua blanca”; los Tariano, en la frontera con el Brasil y sobre el río Papurí que desemboca en el Vaupés; y, en el río
Mirití-paraná, los Yukuna y los Matapí. Los Baniva distinguían jerarquías de capitán, chamán, guerrero, bailador
y portador de cigarros. [Pineda, 1988 b: 220-223] Los descendientes de los Yukuna tienen una compleja organi-
205 Quienes parecen haber sido parte de la familia Sáliva de los Llanos Orientales.
Á R E A S Y G R U P O S E N E L M O M E N T O D E L A C O N Q U I S TA
127

77º 76º 75º 74º 72º


gua
Tini
a a
Ta
m
rijon
Ca

Coreguaje

Macaguaje

Witoto
Cofán
e
aqu
Siona Hu
Carijona

Ta
Tama ma

o
tot
Wi

Andoque
N 1º

PIE D E M ONTE A MA ZÓNI C O Familias lingüísticas:


TUCANO OCCIDENTAL CARIBE
WITOTO-BORA FAMILIAS INDEPENDIENTES
0 15000 75000m

Figura 25. Piedemonte Amazónico. Asesoría: Profesor François CORREA. Departamento de Antropología. Universidad Nacional de Colombia

zación alrededor de cinco grupos intermatrimoniales, a su vez con jerarquías por edad: los Jeruriwa, Jurumi y Jimi-
quepeu, considerados sirvientes de los Camejeya (los “propios” Yukuna), y los Jupichiya (o Matapí). Los Jupichiya
fueron diezmados por los esclavistas Mirawara y para sobrevivir entregaron sus mujeres a los Camejeya, quienes
los iniciaron en el Yuruparí (flautas y trompetas ancestrales). Los Camejeya tienen tres clanes y los Jupichiya dos
(mayor y menor), pertenecen a una maloca, asociada con danzas ceremoniales y un lugar de nacimiento y no se
pueden casar entre “hermanos” sino entre afines. [Correa, 2000: 75-77]

5- Entre las riberas y afluentes de los ríos Caquetá y Putumayo habitaron los grupos de lengua WITOTO-BO-
RA 206
: Bora, Miraña, Muinane (de la Sabana), Nonuya, Ocaina y Uitoto (Murui-muinane). Los Bora y Miraña

206 Bora es una autodenominación de los habitantes del río Caquetá, mientras que Witoto, Huitoto o Guitoto, es un apelativo externo a
ellos. [Correa, 2000: 69]
AREAS Y GRUPOS
128

ocuparon los ríos Caquetá e Igara-paraná, [Correa, 2000: 72] y a lo largo del río Cahuinarí estaban los Quiyoyo,
luego llamados Uitoto, nombre con connotación de esclavos o de posición subordinada, pues los Huaque (Caribe)
los capturaban para vender en el alto Magdalena y en los llanos de San Juan.207 [Pineda, 1988 b: 216] A su vez,
los Nonuya ocupaban los interfluvios de los cursos medios de los ríos Igara-paraná y Cahuinarí, en tanto que los
Ocaina el bajo Cahuinarí, próximos a los Bora. Hay entre los Uitoto dialectos mika, minika, bue y nipode, mutua-
mente inteligibles.208 [Preuss, 1994: 7-8]

En los Uitoto cada grupo tenía múltiples linajes, y cada linaje una o más casas. [Pineda, 1988 b: 216] Las re-
laciones matrimoniales entre Bora y Miraña eran frecuentes, aunque la preferencia entre grupos eran las uniones
entre parientes lejanos y la patrilocalidad. Existía un orden jerárquico en la sociedad en el que se distinguía pa-
riente cercano y distante, o huérfanos o gente de otros grupos acogidos tras la pérdida de un jefe o alguna otra
calamidad y a quienes solían alojar en sus malocas. [Correa, 2000: 72]

El nombre de la maloca se transmitía de padre a hijo mayor, en medio de la ceremonia de la inauguración de


la maloca, y dependía de la alianza matrimonial de la hermana del jefe de la maloca. [Correa, 2000: 73] Cazaban,
pescaban, recolectaban y cultivaban de manera itinerante. Talaban una parte del bosque con hachas de piedra,
las cuales conseguían al intercambiar plumas, coca, mujeres o gente ordinaria. Eran muy valorados los perros
domésticos para la caza, lo mismo que las hachas y las chaquiras. En torno a sus hachas tenían muchos mitos
relacionados con el origen del grupo. [Pineda, 1988 b: 217]

Los Uitoto fueron brujos conocidos y eran antropófagos, pero sólo en sentido ritual, con los enemigos y sólo lo
hacían unos pocos. [Pineda, 1988 b: 214, 217] Los Witoto-Bora, en el Araracuara, tenían un jefe por maloca y un
consejo de adultos, en cada una había propios y subalternos, y éstos pagaban el amparo del dueño de casa con
coca, trabajo y otros tributos. Allí desarrollaban las labores domésticas y rituales. Entre los hijos del dueño existían
hermanos mayores y menores, con diferente prestancia en los ritos; además había artesanos especializados en la
fabricación de artefactos rituales y grandes ollas ceremoniales. [Pineda, 1988 b: 216-217]

6- En los ríos Apaporis y Yarí estaban los Huaque-Carijona209 (o murciélagos), quienes llegaban casi hasta el
piedemonte, y que junto con los Tinigua fueron los hablantes CARIBE de la Amazonia. [Pineda, 1988 b: 150 y 215]
Para Betty Meggers, en tiempos de la primera expedición de Orellana (1542), los Omagua estaban cerca de la
desembocadura del Caquetá y entre los ríos Purús y Coarí, de donde huyeron al occidente acosados por los escla-
vistas portugueses hasta extinguirse. Waltraud Grohs los identifica con los Aparia de la crónica de Gaspar de Car-
vajal, cerca de Leticia; aunque otros los ubican cerca de Pebas (en Perú). Pero al desplazarse al oeste su hábitat
fue ocupado por los Ticuna, provenientes del norte del Amazonas. [Pineda, 1988 b: 210-212] Los Omagua tenían
un jefe con autoridad sobre varios grupos, capturaban esclavos en la guerra y en el combate gritaban y tocaban
trompetas o tambores. Pescaban, cazaban y cultivaban yuca amarga y dulce, maíz, maní, fríjol, piñas, aguacate,

207 En el Araracuara hay vestigios de alta densidad demográfica desde el siglo VIII a.C. Después, su esclavización por los portugueses,
sobre todo en el siglo XVIII, desplazó y diezmó muchos de estos grupos. [Pineda, 1988 b: 216-218]

208 Eudocio Becerra (Bigidima) y Gabriele Petersen de Piñeros, en la introducción al libro de Konrad Theodor Preuss, 1994 (1921-23 en
alemán).

209 También llamados Oyos y Umáua. [CORREA, François. Comunicación personal] Según Reichel-Dolmatoff son restos de los Umáua
(Puerto Nare, parte alta del Vaupés). [Reichel-Dolmatoff, 1978: 72]
Á R E A S Y G R U P O S E N E L M O M E N T O D E L A C O N Q U I S TA
129

chontaduro, tabaco, achiote, calabazas y algodón, plantados a orillas del río, en la varzea (bajos de inundación
estacional) o tierradentro. Para el maíz y el fríjol aprovechaban las bajadas del río. Hacían herramientas del ca-
parazón de tortuga y de las mandíbulas de manatí. [Pineda, 1988 b: 210-212] Eran muchos y con alta densidad,
como la de todos los grupos del medio y bajo Amazonas. Alcanzaron un floreciente desarrollo que maravilló a los
conquistadores, levantaron templos con ídolos gigantescos hechos de fibra de palma. [Pineda, 1988 b: 213-218]

Entre los Caribe, los jefes eran polígamos y cada grupo, al cual se pertenecía por vía paterna, se conformaba
por un jefe, sus hijas y yernos, más la prole. Los hombres iban desnudos, con el cuerpo pintado y con taparrabo,
además de plumas y brazaletes, tatuajes y adornos; portaban una corteza decorada ceñida al tórax y eran altos
y buenos navegantes. En caso de guerra un líder ocasional podía influenciar varios grupos. Hacían prisioneros,
para tomar por esposas a las mujeres y sacrificar ritualmente a los hombres. [Pineda, 1988 b: 213 - 216] La pa-
trilocalidad rigió también la residencia en malocas con distinción de hermanos mayores -guerreros y agresivos- y
menores -capitanes, no agresivos-. Estos últimos, basados en su saber ceremonial y ritual, administraban la ma-
loca. [Correa, 2000: 67]

El poblamiento de los grupos Caribe era disperso, con una casa colectiva para cada grupo, un depósito en el
centro y alrededor las hamacas. [Pineda, 1988 b: 213] Por lo general eran pescadores y tenían cultivos itineran-
tes, sobre todo de yuca amarga, plátano, chontaduro, ñame y frutas, lo cual complementaban con cacería y miel.
Muchos grupos comerciaban con los de los Andes varios productos exóticos y sobre todo medicinales. [Pineda,
1988 b: 213] Los Carijona fueron intermediarios comerciales con sus vecinos del sur del Caquetá, donde comercio
y guerra eran extremos de una misma cadena, por lo cual su presencia era temida, pero asimismo positiva, pues
permitía los intercambios.

Por último, han sido identificadas algunas familias independientes en la región, como ANDOQUE, TICUNA y YA-
GUA. Los Andoque controlaban los depósitos de piedra para la elaboración de hachas y se localizaban en los ríos
Aduche y Quinche. Contaban con un consejo de ancianos que agrupaba a los capitanes de las diferentes malocas,
cargo que se heredaba de padre a hijo mayor del mismo linaje. Eran patrilocales, con linajes mayores y menores y
se distinguían por sus carreras ceremoniales y colores asociados. [Correa, 2000: 78] Los Ticuna han sido reciente-
mente observados a lo largo de trechos del río Amazonas, en donde se distribuyen por grupos domésticos; son dos
mitades exogámicas que forman alianzas matrimoniales o de defensa. Sus clanes se nombran según cualidades
de plantas o aves y la preferencia matrimonial es entre miembros de mitades opuestas. [Correa, 2000: 131]
AREAS Y GRUPOS
130
LOS CÁLCULOS DE LA POBLACIÓN INDIGENA
ANTES DE LA INVASION ESPAÑOLA

Bueno, aquí se completa el recorrido de todo el actual territorio nacional, con los grupos que existían en el
momento de la conquista española, aunque en áreas como la Amazonia fue necesario recurrir a su distribución
en el siglo XX. Reitero que es difícil y atrevido precisar tales “circunscripciones”, pero asimismo es algo que será
pertinente para continuar el estudio de la ocupación posterior del territorio y su construcción en los siglos post-
colombinos. Puede haber errores e imprecisiones, así como mezclas de tiempo y de siglos, pero en todo caso es
necesario tener una idea de la cantidad y variedad de grupos y costumbres, pues la conquista posterior realizada
por los españoles no se puede comprender sin conocer los indios que aquellos dominaron y explotaron por medio
de la encomienda, la mita o la boga y otras formas de supremacía; a la vez que protegieron para cristianizarlos e
integrarlos al nuevo proyecto territorial que pertenece a nuestro inmediato pasado y a nuestro presente y futuro.
Asimismo tal panorama es la base de la multiplicidad que tenemos ahora, de los grupos que persisten y de los
mútiples mestizajes que somos; es algo que representa un gran valor y ha de ser el fundamento de nuestra forma
de ser y de pensar.

Es imposible precisar, aún de modo aproximado, la población indígena precolombina, si bien a medida que pro-
grese nuestro conocimiento de la época serán posibles mejores hipótesis. Hasta ahora los cálculos se han basado
sobre todo en cifras o frases de los Cronistas de las Indias, quienes por lo general utilizaron un lenguaje metafórico,
“muchas gentes”, “tierra muy poblada”, “grande cantidad”..., sobre todo porque ellos sólo describieron impresiones,
que nada tenían que ver con cálculos o padrones. También se han deducido cifras de los recuentos de tributarios
del siglo XVI, a partir de los cuales se formula la población total de la encomienda o la provincia, al multiplicar por
tres, cuatro ó cinco, según la época o las circunstancias, para luego retrotraer los supuestos a las épocas prehispá-
nicas y, por último, generalizarlo a todo el territorio.210 Pero las imprecisiones sobre las coberturas territoriales en

210 Eran tributarios los indios varones entre los 18 y 50 años, mientras que los niños, los viejos y las mujeres constituían la “chusma” y,
por tanto completaban el número total de la población.
131
AREAS Y GRUPOS
132

cada recuento, sumadas al desconocimiento de la proporción de edades y sexos, de la pirámide demográfica o del
ritmo de natalidad y mortalidad, hacen que toda cifra sea inexacta y subjetiva.

CÁLCULOS DE LA POBLACIÓN INDÍGENA


1535-40 1560
REGIÓN
SUBTOTAL VARONES ADULTOS POBLACIÓN TOTAL POBLACIÓN TOTAL
SANTA MARTA Y VALLEDUPAR 90.000
RIOACHA 6.000

COSTA ATLÁNTICA CARTAGENA, MOMPOX, TOLÚ, SINÚ Y MARÍA 40.000 150.000 500.000 60.000
DARIÉN Y URABÁ sin cifras
TENERIFE Y TAMALAMEQUE sin cifras
POPAYÁN 12.000
CALI, BUGA Y CARTAGO 53.000

VALLE DEL CAUCA ANSERMA, ARMA Y CARAMANTA 95.000 250.000 1'000.000 160.000
SANTAFÉ DE ANTIOQUIA 100.000
ITUANGO sin cifras
TIMANÁ Y LA PLATA 37.000
ALTO MAGDALENA 75.000 300.000 120.000
PÁEZ Y PIJAO sin cifras
NEIVA, IBAGUÉ Y MARIQUITA 48.000
VICTORIA Y REMEDIOS sin cifras
VERTIENTES DEL MAGDALENA 100.000 400.000 180.000
TOCAIMA, TRINIDAD, LA PALMA Y VILLETA sin cifras
CARARE, YARIGUÍ Y PANTÁGORA 8.000
SANTAFÉ Y TUNJA 140.000

ALTIPLANICIE CENTRAL VÉLEZ Y GUANE 100.000 300.000 1'200.000 400.000


PAMPLONA 50.000
PASTO Y SIBUNDOY sin cifras

ALTIPLANICIE DEL SUR AGREDA, MADRIGAL E ISCANCÉ sin cifras 100.000 400.000 140.000
ALMAGUER 15.000

ZONAS MARGINALES LLANOS, CHOCÓ AMAZONÍA Y BARBACOAS 200.000 200.000


TOTAL 4'000.000 1'260.000

Figura 26. Tabla de Cálculos de Población Indígena

Para los cálculos locales el punto de referencia más confiable han sido los recuentos sistemáticos de tributarios,
iniciados hacia 1550, siendo muy importantes los realizados hacia 1559/60. En ellos se apoyan los investigadores
para extrapolar con otros recuentos hallados de otras fechas, o con el complemento de observaciones arqueoló-
gicas o documentales de otro tipo, y así poder deducir índices de reducción de la población e ir luego hacia atrás y
proponer cantidades mejor fundamentadas. Jaramillo Uribe plantea diferentes coeficientes para la relación entre
indígenas tributarios y población total: como al principio no existían registros de nacimiento, entonces la edad de
tributarios -entre 18 y 50 años- se ampliaba en ambos extremos con el fin de lograr más tributación; pero después
el control aumentó pues ya se tenían registros de nacimiento, por lo cual para calcular la población total a partir de
los tributarios, Jaramillo propone, en el siglo XVI un coeficiente de tres, luego de cuatro para el siglo XVII y de cinco
para el siglo XVIII. [Jaramillo, 1964: 98] Sin embargo, siempre el cálculo a partir de tributarios será inexacto, pues
estos se ocultaban, en parte porque los caciques buscaban disminuir la carga de recursos, o porque los encomen-
deros no querían despertar recelo ante las autoridades por lo elevado de sus rentas.
Á R E A S Y G R U P O S E N E L M O M E N T O D E L A C O N Q U I S TA
133

Hay algunos estudios parciales sobre tribus, fundamentados y quizás válidos para un momento y área, pero
faltan análisis históricos, demográficos y arqueológicos generales en los cuales se apoyen cantidades más preci-
sas y fidedignas. Una noción de la población total del actual territorio colombiano requiere tener consideraciones
de todas y cada una de las regiones, de lo cual estamos aún muy lejos, por lo cual, al faltar estos estudios sistemá-
ticos, todo planteamiento será tentativo, fragmentario y con amplio margen de error.

Falta mucha investigación arqueológica para conocer mejor los tiempos prehistóricos y el momento anterior
a la conquista, desde donde se puedan deducir de las trazas ingenieriles, cementerios, ciudades o centros cere-
moniales, así como de restos, basuras o huellas de la flora y la fauna, indicios sobre las culturas aborígenes, su
desarrollo tecnológico y la producción de alimentos, así como la densidad y el número de población. Esto, aunado
a la investigación documental en los diversos archivos, donde recuentos y visitas a los indios, registros sobre naci-
mientos, composición familiar o edades, permitan calcular mejor cuántos indígenas eran en el años posteriores a la
conquista y precisar la relación entre tributarios e indios en total, particularizar los casos y dilucidar contradicciones
o vacíos. Sin embargo, en aras de dar una idea, por el momento, de la población precolombina que habitaba el
territorio de la actual Colombia, presentamos las hipótesis de algunos historiadores, con todas las reservas antes
mencionadas. [Jaramillo, 1964 / Tovar, 1970 / Colmenares, 1978 / Melo, 1977.]

Los Cronistas dan cifras diversas, fray Gerónimo de Escobar asume para Pasto, en 1559, 20.000 indígenas y
8.000 para 1582, en tanto que fray Guillén Chaparro habla de 14.000 para 1582. Después los mismos coinciden
en los cálculos sobre Cartago, 1.500 tributarios y en Arma 500, pero sobre el total antes de la conquista, el prime-
ro habla de 80.000 en Arma y el segundo de 20.000. Fray Gerónimo de Escobar presume 40.000 en Anzerma,
80.000 en Arma, 20.000 en Caramanta y 100.000 en Antioquia; este último dato parece correcto a Trimborn e
impreciso y sin fundamento el cálculo de Piedrahita de 600.000. [Jaramillo, 1964: 115]

Algunos investigadores han sugerido ciertas cantidades, por ejemplo Stewart calcula la población total a la
llegada de los españoles en un millón, de los cuales los Chibcha serían 300.000. Esta última cifra la toma de
Kroeber y la comparte W. Bennet, mientras que Rosemblat sugiere 850.000 para la población total, número que
Bennet considera excesivo, pero que Parsons encuentra muy conservador y Hermes Tovar demasiado bajo. Por
otra parte, Jaime Jaramillo cita el cálculo de 350.000 Muisca formulado por Guillermo Hernández, quien se basa en
los informes de Monzón en 1580 [Hernández, 1978: 209] y, al asumirlos como tributarios, plantea, con los Guane
incluídos, un total de 800 mil o un millón de Chibchas en el altiplano. [Hernández, 1978: 24] Juan López de Velasco
hablaba de 170.000 tributarios en el Nuevo Reino de Granada, lo cual daría unos 500.000 de población total.

Historiadores posteriores han hablado de un millón de Chibchas, otro millón en el territorio antioqueño y un
millón y medio en el valle del Magdalena; pero después Rosemblat, Kroeber y Jaime Jaramillo critican tales cifras y
las reducen, aduciendo que ni el desarrollo social ni la tecnología de producir alimentos permitían un crecimiento
demográfico semejante. Entonces Jaime Jaramillo sugiere 300.000 en la zona Chibcha, 250.000 en la costa atlán-
tica, 250.000 en la cordillera central y occidental, más 100.000 para los Llanos y el Chocó, para un total de 900 mil
a un millón, por supuesto como cifra provisional, mientras que las investigaciones arqueológicas no insinúen algo
diferente. [Jaramillo, 1964]
AREAS Y GRUPOS
134

A su vez, Juan Friede, basado en la organización del reino Muisca, propone para la región de Tunja una pobla-
ción superior a los 500.000 habitantes, mientras Kathlen Romoli habla de 1’000.000 de Muisca, como lo había
hecho Kroeber; estimativos que confirma Sylvia Broadbent. Friede calcula 30.000 indígenas en el alto Magdalena,
y entre 60 u 80.000 en Popayán, donde López de Velasco hablaba de 73.000. Para la costa atlántica, Reichel Dol-
matoff propone entre 100 y 150.000, incluyendo Motilones y Chimila, así como 40.000 en el Chocó, de los cuales
sólo quedaban 20.000 a finales del siglo XVIII.

Trabajos posteriores, como los de Germán Colmenares o Jorge O. Melo, cuestionan los cálculos de Jaramillo,
Rosemblat y Kroeber -como antes lo habían hecho Parsons y Tovar, o ensayistas como Cook y Borah- y tienden
a elevar las cifras. Según ellos había poblaciones en todo el territorio nacional, con desarrollos y densidades dife-
rentes sí, pero que cubrían toda el área. Melo recuerda las constantes alusiones a densas poblaciones que hacían
los cronistas, y cree que el grado de desarrollo tecnológico de ciertas comunidades permitía sustentar poblaciones
más numerosas. [Melo, 1977: 107-116] Colmenares sugiere para 1537 un total de tres millones, pero espera que
investigaciones más detalladas lo podrían elevar, pues no incluye zonas marginales o no sometidas aún, y además
excluye regiones que no tenían recuentos de tributarios. [Colmenares, 1979: 104]

Según Melo, no se pueden juzgar las posibilidades de supervivencia de las llanuras de Bolívar a partir de su
estado actual, para lo cual se apoya en Leroy Gordon quien, con base en argumentos geográficos e infraestruc-
turales, habla de un millón de indígenas en el Sinú; o en Karl Sauer, quien infiere para el Darién la posibilidad de
un millón de habitantes, antes del aniquilamiento casi total acaecido en las tres primeras décadas del siglo XVI.
[Melo, 1977: 109] Asimismo en el Amazonas, donde las densidades en las riberas de los ríos blancos, de fértiles
aluviones, más los sistemas de rotación de las áreas ocupadas entre los ríos, permiten pensar en números eleva-
dos, nada semejantes a la precariedad habitacional actual. Por esto cree posible formular que en el momento de
la conquista habitaban en el Amazonas uno ó dos millones. Aunque Pineda, sólo sugiere unos 30 o 100.000 en el
Amazonas, con poblaciones de más de 4.000 personas en las riberas del río. [Pineda, 1988 b: 210]

Sin embargo, Hermes Tovar cuestiona toda generalización y pide mayor rigor demográfico y estadístico, ade-
más de que inhibe cualquier cifra hipotética antes de estudios más profundos. Asimismo critica los planteamientos
de Jaramillo y Colmenares, y plantea dos problemas a superar en los cálculos de la población precolombina: ideo-
lógico y de fuentes. No hemos, dice con razón, intentado entender el mundo precolombino desde adentro y segui-
mos en una actitud de desprecio por ese pasado, pues creemos que la historia empezó con la conquista europea.
De estas relaciones de dominación nos ha quedado la idea de que el mundo anterior era bárbaro e ignorante, en
tanto que lo europeo era lo civilizado y moderno. [Tovar, 1970: 66] Además suponemos que la concentración de
población fue igual a la generada luego de la irrupción europea, y extrapolamos la miseria del indígena, en la era
hispana o actual, al mundo precolombino.

Por otra parte muchas críticas de Tovar se dirigen a errores en la lectura de las fuentes, a fantasiosas derivacio-
nes de algunos datos precarios, o demasiado particulares, al desconocimiento de variables demográficas impor-
tantes y a la ignorancia o mal uso de jurisdicciones, nombres, grupos, áreas y demás factores. A la vez refuta la
tesis de que los Cronistas pretendían aumentar las cifras con el fin de hacer más admirable la conquista española
por parte de unos pocos soldados, pues las crónicas no fueron escritas para apoyar peticiones de títulos de hidal-
guía o mercedes, y por lo demás se redactaron después de la muerte de los principales conquistadores, cuando ya
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135

no se buscaba resaltar sus méritos militares. [Tovar, 1970: 72]

A pesar de las anteriores consideraciones, y basado en cronistas y trabajos confiables, Jorge Orlando Melo pro-
pone, para 1535-40, los siguientes números de varones adultos. En la COSTA ATLANTICA: 90.000 en Santa Marta
y Valledupar; 6.000 en Riohacha; 40.000 en Cartagena, Mompox, Tolú, Sinú y María; sin cifras para Darién y Urabá,
ni para Tenerife y Tamalameque; con un subtotal de 150.000 varones y 500.000 la población total en el área. En el
VALLE DEL CAUCA: 12.000 en Popayán; 53.000 en Cali, Buga y Cartago; 95.000 en Anserma, Arma y Caramanta;
100.000 en Santafé de Antioquia y no da número en Ituango; para un subtotal de 250.000 varones y un total de
un millón en la zona. En el ALTO MAGDALENA, propone 37.000 en Timaná y La Plata, sin cifras para Páez y Pijao;
con totales de 75.000 y 300.000. En las VERTIENTES DEL MAGDALENA: 48.000 en Neiva, Ibagué y Mariquita; no
precisa cifra para Victoria y Remedios, ni para Tocaima, Trinidad, La Palma y Villeta; 8.000 en tierras de Carare,
Yariguí y Pantágora; con totales de 100 y 400 mil respectivamente. En la ALTIPLANICIE CENTRAL: 140.000 en
Santafé y Tunja; 100.000 en Vélez y Guane; 50.000 en Pamplona, para un total de 300.000 varones y 1.200.000
como total del área. En la ALTIPLANICIE DEL SUR: no da cifras para Pasto y Sibundoy, ni para Agreda, Madrigal
e Iscancé; y 15.000 en Almaguer; para 100 y 400.000 como totales, mientras que para las ZONAS MARGINALES:
Llanos, Chocó, Amazonia y Barbacoas, propone 200.000. [Melo, 1977: 114 y 115]

En resumen, con un coeficiente cuatro para 1535 y tres para 1560, Melo calcula para la COSTA ATLANTICA
500.000 y 60.000, en cada una de estas fechas; para el VALLE DEL CAUCA 1.000.000 y 160.000; en el ALTO
MAGDALENA 300.000 y 120.000; para las VERTIENTES DEL MAGDALENA 400.000 y 180.000; en la zona de la
ALTIPLANICIE CENTRAL 1.200.000 y 400.000; para la ALTIPLANICIE SUR 400.000 y 140.000, y en las demás ZO-
NAS MARGINALES 200.000 para ambas fechas, estimativo que sigue siendo bajo. El total es de 4.000.000 para
1535, cuando las zonas más densamente ocupadas eran Bogotá, Tunja y Sogamoso, Pasto y Túquerres, como
también el Valle del Cauca -entre Popayán e Ituango- y el valle del río Suárez. Ya estaban poco ocupadas las pla-
nicies de la costa norte, luego de 40 años de paso de conquistadores, y hay mucha ignorancia sobre poblaciones
en el litoral Pacífico. Para 1560 el gran total es de 1.260.000 y, en hipótesis retrospectiva, hacia el 1500, sugiere
una población en el territorio colombiano cercana a los CINCO MILLONES. En todo caso, se insiste, por supuesto,
en la imposibilidad de su precisión absoluta, lo mismo que la reserva frente al afán de totalizar, no obstante su
sentido hipotético; siendo sí pasmoso el grado de disminución de la población indígena para tan breve período. Un
etnocidio!

Por último, Hermes Tovar supera sus inhibiciones de 1970 y en 1994 plantea la cifra de 8´254.264 indígenas
para 1500, sin contar los Llanos Orientales, la Amazonia, las llanuras del Pacífico, ni el Chocó que, sumados, da-
rían un gran total para Colombia de NUEVE MILLONES; la mayoría concentrados en la región caribe (2.565.376) y
andina (5.593.888). Sus cifras se basan tanto en cronistas,211 como en Colmenares, Jaramillo y Ruíz Rivera,212 pero
sobre todo en la premisa de tratarse de un territorio rico en recursos naturales y capaz de sustentar tal población.
[Tovar, Tovar & Tovar, 1994: 22]

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Tal “catastrofe demográfica sin antecedentes en la historia humana”, como la califica Colmenares, fue un pro-
ceso de aniquilamiento de la población aborigen que tuvo varias y complejas causas. [Colmenares,1979: 77] Se ha
hablado de rotura de las estructuras de producción y sustento, hambre y miseria, esclavización temprana, sobreex-
plotación, trabajo en la mita minera, enfermedades llegadas en las naves españolas, suicidios colectivos, muertes
en batallas y en excursiones de escarmiento, descomposición de la unidad familiar o tribal..., pero en realidad no
hay una sóla causa, sino que fueron muchas y simultáneas, y variaron según regiones o circunstancias. [Jaramillo,
1964: 267-281] Su consideración y análisis se hará cuando miremos luego la conquista española y el proceso de
urbanización consecuente.

Nuestro destino y origen no surgen de un encuentro de dos mundos, sino de una de las más violentas impo-
siciones de la historia de la humanidad; pero de ese choque somos sus mestizos y sólo nos queda asumirlo para
reconocer nuestro pasado y afrontar el trauma consecuente. Sin ignorarlo ni repudiar una parte de él, sin edul-
corarlo en narraciones eufemísticas o ilusas, ni exacerbarlo en la leyenda negra de la conquista o ahogarlo en los
complejos que hemos asimilado en tantos siglos de dominación colonial. Historizar ese choque y la génesis de
nuestra Colombia múltiple y mestiza es la tarea que debe continuar.
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