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América es el segundo continente más grande de la Tierra, después de Asia.

Ocupa gran parte


del hemisferio occidental del planeta. Se extiende desde el océano Ártico por el norte hasta las islas
Diego Ramírez por el sur, en la confluencia de los océanos Atlántico y Pacífico, los cuales a su vez
delimitan al continente por el este y el oeste, respectivamente.
Con una superficie de más de 43 316 000 km², es la segunda masa de tierra más grande del globo
(la primera es la parte no insular de Eurafrasia), cubriendo el 8 % de la superficie total del planeta y
el 28.4 % de la tierra emergida, y además concentrando cerca del 12.5 % de la población humana.
Las mayores aglomeraciones urbanas de América son Ciudad de México, Nueva York, São
Paulo, Los Ángeles, Río de Janeiro, Buenos Aires, Lima y Bogotá.
Debido a su gran tamaño y sus características geográficas, en algunas culturas, América se divide
tradicionalmente en América del Norte, América Central, y América del Sur.5 Algunos geógrafos
consideran a América Central como una subregión dentro de América del Norte. Atendiendo a sus
características culturales, se distinguen América Anglosajona y América Latina.6
América fue poblada desde el Asia oriental y evolucionó durante miles de años sin tener contacto
con otros continentes, estableciéndose diversas culturas a lo largo de todo su territorio y generando
sus propias revoluciones neolíticas. A partir de la llegada de los españoles en 1492, el continente
estableció un intercambio social y ecológico significativo con Eurafrasia.

Hasta las últimas décadas predominaba la teoría del poblamiento tardío que sostiene que el ser
humano llegó a América desde Siberia hace unos 12-14 mil años ingresando a través del Puente de
Beringia durante las glaciaciones wurmienses. Sin embargo, más recientemente científicos de
distintas áreas han cuestionado cada vez con mayores evidencias la teoría anterior dando forma a
una nueva teoría del poblamiento temprano que sostiene no solo un poblamiento muy anterior
(probablemente entre 20 000 y 50 000 años a. C.), sino la utilización de otras rutas alternativas a
Beringia para ingresar desde Siberia, Mongolia37 e incluso otros lugares de origen.
En América se produjeron dos revoluciones neolíticas independientes de las sucedidas en África y
Asia; una en Mesoamérica alrededor del año 8000 a. C.,38 y otra en la región andina de
Sudamérica en el 3500 a. C. Entre el 4000 y el 3000 a. C. se formaron los grandes grupos
lingüísticos indoamericanos.7

En América se desarrollaron importantes civilizaciones,


como Caral (la civilización más antigua de América, la cual se
desarrolló en la zona central de Perú), los anasazi, los indios
pueblo, quimbaya, nazca, chimú, chavín, paracas, moche, huari, lim
a, zapoteca, mixteca, totonaca, tolteca, olmeca y chibcha, y las
avanzadas civilizaciones correspondientes a
los imperios de Teotihuacán, Tiahuanaco, maya, azteca e inca,
entre muchos otros.

Existen constancias de la llegada y asentamiento de la cultura vikinga en L'Anse aux Meadows, en la


actual Terranova alrededor del año 1000. Fue la primera proveniente del actual territorio europeo,
aunque existen teorías que sostienen presencia anterior.40 Erik el Rojo habría establecido las
primeras colonias en Groenlandia en el año 985.

A partir de la llegada de Cristóbal Colón, la introducción de nuevas


enfermedades como la viruela produjo una catástrofe
demográfica que algunos investigadores estiman hasta la muerte de
un 93 % de la población.41 En ese marco, algunos imperios
europeos conquistaron y colonizaron una parte del continente
ocupada por culturas y civilizaciones ya asentadas. España derrotó
a las grandes civilizaciones Azteca e Inca y estableció su Imperio a
lo largo de toda la costa del Pacífico y la cuenca del Río de la Plata,
mientras Portugal colonizaría la franja costera de lo que hoy es Brasil. Francia estableció
algunas colonias en la franja costera atlántica desde la actual Canadá hasta el norte de Brasil.
El Reino Unido se estableció en la costa oriental de Norteamérica y en algunos sectores de la costa
caribeña. Países Bajos y Dinamarca establecieron colonias en pequeñas islas del Caribe
y Rusia finalmente conquistó la zona de Alaska. Los jesuitas organizaron en la región del Alto
Paraná una red de misiones-ciudades, habitadas exclusivamente por sacerdotes e
indígenas guaraníes con uso exclusivo del idioma guaraní, de gran autonomía, que fueron
consideradas como un Estado dentro del Imperio Español.

Hay que señalar también que la conquista europea fue rechazada en


diversas partes del continente. Varios pueblos originarios resistieron
exitosamente las invasiones europeas sobre vastos territorios, y
mantuvieron el dominio sobre ellos hasta fines del siglo XIX.
La Araucanía, la Patagonia, la llanura pampeana, el Mato Grosso,
la región Amazónica y las grandes praderas del oeste norteamericano,
permanecieron bajo el dominio de naciones como
la Mapuche, Uros, Het, Ranquel, Wichí, qom,
amazónicos, algonquinos, Hopi, Comanche, Inuit, etc.
Las enfermedades introducidas por los europeos, como la viruela,
causaron la mortandad masiva de las poblaciones originarias y un
colapso demográfico que según algunos investigadores superó el 90 %
de la población total.

También se instalaron en América del Sur repúblicas de pueblos de origen africano que lograron huir
de la esclavitud a la que habían sido reducidos por los portugueses, como el Quilombo de los
Palmares o el Quilombo de Macaco.
del colonialismo.
Después de tres siglos de dominio colonial, los pueblos americanos
comenzaron a declarar su independencia reclamando su derecho
para organizarse como estados nacionales, enfrentando
militarmente a las potencias europeas, abriendo de ese modo el
proceso mundial de descolonización. Las primeras en hacerlo
fueron las Trece Colonias británicas mediante la Revolución
estadounidense que dio origen a los Estados Unidos de América, en
1776, organizando un nuevo tipo de sociedad a partir de conceptos
políticos novedosos
como independencia, constitución, federalismo y derechos del Hombre.
En 1804, los esclavos de origen africano de Haití se sublevaron contra los colonos franceses,
declarando la independencia de este país y creando el primer estado moderno con gobernantes
afroamericanos.
A partir de 1809,43 los pueblos bajo dominio de España llevaron adelante una Guerra de
Independencia Hispanoamericana, de alcance continental, que llevó, después de complejos
procesos, al surgimiento de varias naciones: Argentina, Bolivia, Colombia, Costa
Rica, Panamá, Chile, Ecuador, El
Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela. En
1844 y 1898 el proceso se completaría con la independencia de República Dominicana y Cuba,
respectivamente.
En 1816, se conformó un enorme estado independiente sudamericano, denominado Gran Colombia,
y que abarcó los territorios de los actuales Panamá, Colombia, Venezuela y Ecuador y zonas
de Brasil, Costa Rica, Guyana, Honduras, Nicaragua y Perú. La República se disolvió en 1830.
En 1822, Brasil se organizó como monarquía independiente, el Imperio del Brasil, al disolverse
el Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve, hasta 1889 cuando la monarquía fue abolida para
establecer una república. Por su parte, Estados Unidos y Gran Bretaña negociaron en 1867 un
proceso de independencia con restricciones para Canadá, que se fue consolidando durante el
siglo XX.
En la segunda mitad del siglo XX, debido a la presión del proceso de descolonización impulsado por
las Naciones Unidas, varios pueblos del Caribe obtuvieron su independencia de Gran
Bretaña: Belice, Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Granada, Jamaica, San Cristóbal y
Nieves, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía, Trinidad y Tobago. Simultáneamente, se
independizaron Surinam de los Países Bajos y Guyana del Reino Unido. En la actualidad, aún
existen varios pueblos y territorios bajo dominio colonial británico, francés, neerlandés y danés.
Tras su emancipación los países de América han seguido un desarrollo dispar entre sí. Durante el
siglo XIX, Estados Unidos se afianzó como una potencia de carácter mundial y reemplazó a Europa
como poder dominante en la región.
El siglo XX vio incrementarse la diferencia en el desarrollo de Norteamérica con respecto al resto del
continente. Así, mientras Estados Unidos se convirtió en superpotencia mundial desde mediados de
siglo, América Latina y el Caribe se conformó como la región con mayor desigualdad social del
mundo, incluyendo países, como Haití o Bolivia, que registran índices de desarrollo que se
encuentran entre los más bajos del planeta.
Entre los acontecimientos políticos más importantes de la historia contemporánea de América se
encuentran la Revolución Mexicana (1910-1917), la Guerra Fría (1945-1991) que opuso frontalmente
a Estados Unidos y la Unión Soviética y llevó a una sucesión de dictaduras en América Latina, y
la Revolución Cubana (1959). En las décadas de 1960 y 1970 la aparición del rock and roll, como
resultado de la fusión de culturas afroamericanas y su difusión mundial, y de movimientos
juveniles radicales, llevaron a un profundo cambio cultural. A partir de la década de 1980 la
concentración de empresas y universidades y las innovaciones tecnológicas producidas en el Silicon
Valley en California, convirtió a la región en eje de la Sociedad de la Información.
Desde fines del siglo XIX, los países de América buscaron conformar un sistema de
unidad panamericana resultando en la creación de la Organización de Estados Americanos (OEA) en
1948. Por otra parte, desde fines del siglo XX, los países de América han intensificado esfuerzos para
integrarse subregionalmente en diversas instancias como la UNASUR, el Mercosur (Mercado Común
del Sur), la Comunidad Andina de Naciones (CAN), el Sistema de la Integración
Centroamericana (SICA), la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de
Comercio de los Pueblos (ALBA), el Caricom (Comunidad Caribeña) y el Tratado de Libre Comercio
de América del Norte (TLCAN).
HIDROSFERA

La hidrosfera (del griego «hydro» o agua y


«sphaira» o esfera) es el sistema
constituido por toda el agua en todos sus
estados que se encuentra bajo y sobre la
superficie de la Tierra. Ésta incluye los
océanos, mares, ríos, lagos, aguas
subterráneas, el hielo y la nieve.
La Tierra es el único planeta en el que está
presente de forma constante el agua líquida,
cubriendo el 71% de la superficie terrestre,
con una profundidad promedio de 3,5 km.
De ella, el 97% es agua salada de mares y
océanos, mientras que el 3% restante se
encuentra en la atmósfera y los continentes
en forma de agua dulce. Aproximadamente
el 98% del agua dulce está congelada, y solo se tiene acceso al 0,06% del agua dulce no congelada.
El agua se desplaza por procesos de cambio de estado y de transporte que configuran el ciclo
hidrológico o ciclo del agua. De esta forma, la hidrosfera es un componente clave del sistema climático que
ayuda a regular el clima, permite que exista vida en el planeta Tierra y contribuye al modelado del relieve.
¿Cuál es su origen?
El origen de la hidrosfera es la condensación, precipitación y solidificación del vapor de agua que existía
en la atmósfera primitiva.
Inicialmente, debido a las elevadas temperaturas del planeta, toda el agua que había era únicamente vapor.
Más tarde, cuando el planeta se enfrió, precipitó en estado líquido, dando lugar a los mares y océanos, y
posteriormente pasó al estado sólido, formando los glaciares y casquetes polares. Parte de esa agua
permaneció en la atmósfera como vapor de agua, siendo parte clave del sistema atmosférico.

Por último, más allá de las transformaciones físico-químicas y geológicas, la biosfera también ha presentado
un constante dinamismo de la hidrosfera. La acción humana ha supuesto transformaciones tales como el
encauzamiento de aguas, su depuración o contaminación y cambios en su estado físico propiciados por
el cambio climático.
Características y temperatura de la hidrosfera
Entre las características de la hidrosfera caben destacar los siguientes elementos fundamentales: densidad,
salinidad, contenido en oxígeno, composición mineral y variación de la temperatura.

 Densidad: la densidad del agua depende de la salinidad (proporción directa) y de la temperatura


(proporcionalidad inversa). El máximo de densidad se da a unos 4ºC de tempreatura. No obstante, la
influencia de la temperatura es mayor, por lo que el agua de los mares polares es más densa. Esta diferencia
de densidades entre las masas de agua es la responsable de su desplazamiento tanto horizontal como
vertical, de forma que las masas de agua más densas se sitúan debajo de las más ligeras. Por tanto, estas
variaciones de densidad juegan un papel primordial en la dinámica oceánica.
 Salinidad: es el contenido de sales disueltas en agua. La salinidad media de mares y océanos es de 35 g/L,
pero ésta se ve influida por el grado de evaporación (mayor concentración de sales a mayor evaporación) y
por el aporte de agua dulce de ríos, glaciares y, en menor medida, de la precipitación (mayor aporte supone
menor salinidad).
 Contenido en oxígeno: las aguas más agitadas, frías y con mayor presencia de organismos fotosintéticos
tienen mayor contenido en O2.
 Composición mineral: las sales mayoritarias de mares y océanos son el Cl– y Na+, y en menor proporción
SO42-, Mg2+ y otros iones. Sin embargo, la composición (salinidad) de las aguas continentales varía mucho
dependiendo de las rocas por las que discurra el agua. Si son rocas muy solubles el agua puede tener
concentraciones muy elevadas de determinados minerales.
 Temperatura: en los océanos varía con la latitud y la profundidad. La temperatura de la superficie del mar
correlaciona fuertemente con la latitud debido a la insolación (a mayor latitud, menor insolación y, por tanto,
agua más fría).
Respecto a la profundidad, en latitudes medias y bajas, el perfil vertical (en profundidad) de la temperatura del
agua del mar suele presentar tres capas bien diferenciadas:

En la parte más superficial (decenas de metros) se tiene la capa de mezcla, muy influenciada por la
temperatura exterior, en la que la temperatura apenas varía con la profundidad. El grosor de esta capa varía
en función de los flujos de calor y de la turbulencia (viento y oleaje).
Por debajo de la capa de mezcla existe una zona en la que la temperatura decrece rápidamente con la
profundidad (termoclina). En los polos no existe esta capa, mientras que en latitudes bajas es más acusada.
Por último, la capa profunda, en la que se tienen temperaturas frías y constantes, ya que la termoclina impide
la mezcla con las aguas cálidas superficiales.
¿Cuál es su composición? Volumen de la hidrosfera
Nuestro planeta está constituido por 3 capas que lo envuelven externamente: la hidrosfera (agua),
la litosfera (tierra) y la atmósfera (aire).
Componentes de la hidrosfera
Dentro de la composición de la hidrosfera pueden diferenciarse tres componentes:

 Agua salada. Más de un 97% de la hidrosfera es de este tipo, encontrándose mayoritariamente en


los océanos.
 Agua dulce. Se encuentra distribuida, de mayor a menor porcentaje, entre aguas subterráneas, aguas
superficiales (lagos, ríos, arroyos), aguas glaciales, vapor de agua atmosférico y en la biosfera (seres
humanos, animales y plantas).
 Criosfera. Formada por las grandes masas de hielo (continental y marino) y nieve situadas sobre la
superficie terrestre. Se calcula que en torno a un 2% del agua del planeta está congelada, constituyendo el
80% del agua dulce. Tiene una importante influencia directa sobre el clima debido a la alta reflectividad de la
radiación solar incidente (albedo).
Se estima que la hidrosfera alberga unos 1.300 trillones de litros de agua.
¿Cuál es su función?
Como se ha mencionado, el conjunto de agua que compone la hidrosfera se encuentra en continuo
movimiento (ciclo del agua), cambiando de estado o forma de manera incesante, y es la responsable de 2
funciones principales:
 Regular el clima. Regula la temperatura del planeta gracias a la capacidad amortiguadora del agua (los
mares y océanos actúan como almacén de calor) propiciando unas condiciones adecuadas para la vida y el
desarrollo de todos los seres vivos.
 Modelar el relieve de la superficie terrestre. Esto es posible gracias a la erosión provocada por el agua.
Este proceso se ve afectado por factores como el clima (precipitaciones), el suelo, la vegetación y la
topografía.
Además de estas dos funciones básicas, el agua es vital por otro motivo: permite la existencia de la vida, ya
que todos los organismos la necesitan.

La contaminación hídrica
La hidrosfera se ve perjudicada por la contaminación de las aguas. El agua se ve contaminada cuando su
composición o su estado natural se ven alterados, de forma que el agua pierde las condiciones óptimas para
los usos a los que pueda estar destinada. Según su origen, podemos tener 2 tipos diferentes de
contaminación: contaminación natural y contaminación antrópica.

 Contaminación natural. Sin influencia humana. Se produce por culpa de restos de especies vegetales y
animales, así como de erupciones volcánicas. La capacidad autodepuradora del agua suele ser suficiente
para eliminar dichos contaminantes.
 Contaminación antrópica. Con intervención humana. Puede ser agrícola, ganadera, urbana o industrial.
Muchos de estos contaminantes son bioacumulables, al no existir organismos capaces de metabolizarlos y
degradarlos, pudiendo llegar a provocar problemas graves de salud.
AGUAS SUPERFICIALES Y SUBTERRÁNEAS

Aguas Superficiales
Las aguas superficiales son las aguas que circulan sobre
la superficie del suelo. El agua superficial se produce por
la escorrentía generada a partir de las precipitaciones o
por el afloramiento de aguas subterráneas. Una vez
producida, el agua superficial sigue el camino que le
ofrece menor resistencia pudiéndose presentar en forma
correntosa, como en el caso de ríos y arroyos, o quietas si
se trata de lagos o embalses.

La calidad de los ríos y arroyos, varía de acuerdo a los caudales estacionales y puede
cambiar significativamente a causa de las precipitaciones y vertidos que recibe. Los lagos y
embalses presentan, en general, menor cantidad de sedimentos que los ríos, sin embargo
están sujetos a mayores impactos desde el punto de vista de actividad microbiológica.

Agua subterránea
El agua subterránea es de esencial importancia para nuestra civilización porque supone la
mayor reserva de agua potable en las regiones habitadas por los seres humanos. Puede
aparecer en la superficie en forma de manantiales, o puede ser extraída mediante pozos. En
tiempos de sequía, puede servir para mantener el flujo de agua superficial, pero incluso
cuando no hay escasez, es preferible utilizar agua
subterránea porque no tiende a estar contaminada por
residuos o microorganismos. Aunque el agua subterránea
está menos contaminada que la superficial, la
contaminación de este recurso también se ha convertido en
una preocupación en los países industrializados.

A nivel global, el agua subterránea representa unas veinte


veces más que el total de las aguas superficiales de todos
los continentes e islas, de ahí la importancia de esta agua como reserva y como recurso de
agua dulce. Además, tiene un importante papel en la naturaleza. El efecto de la gran reserva
de agua respecto al flujo anual, es esencial para mantener el caudal de base de muchos ríos
y la humedad del suelo en las riberas y áreas bajas.

Relación entre agua subterránea y superficial


La relación entre las dos aguas, en la actualidad, se debe a que forman ambas parte del
mismo Ciclo Hidrológico, formando parte al ciclo general del agua. Este se inicia con la
evaporación del agua en mares y océanos por la energía solar y finalizando con la lluvia,
hasta que la precipitación penetra en la superficie de la corteza terrestre llenando poros y
fisuras del suelo.
Las aguas superficiales se generan a través de la precipitación atmosférica, pero también de
aflorar agua subterránea o por la fusión de placas de hielo. Contamos con tres tipos de agua
superficial: el agua que corre por escorrentías, la que se encuentra almacenada en un lago
natural o artificial y la que está en estuarios. En el caso de las aguas
subterráneas hablamos de aguas que forman parte del nivel freático, bien sea en un pozo o
en acuífero bajo tierra.

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