Subdirección General
de Inspección Educativa
CONSEJERÍA DE EDUCACIÓN,
CIENCIA Y UNIVERSIDADES
El Duelo en el centro
educativo
Actuaciones ante el fallecimiento de un
miembro de la comunidad educativa
Orientaciones generales
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Viceconsejería de Organización Educativa
Subdirección General de Inspección Educativa
Equipo de Apoyo Socioemocional (Unidad de Convivencia y contra el
acoso escolar)
Autores: José Antonio Luengo Latorre y Raquel Yévenes Retuerto
Julio, 2023
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Índice
Introducción ...................................................................................................... 3
Actuaciones esenciales .................................................................................. 6
Planificación de acciones .............................................................................. 8
Fase de emergencia (el primer día/los primeros días)........................... 9
Fase de mantenimiento (el primer mes…) ............................................. 18
Fase de reorganización (pasado el primer mes aproximadamente)
....................................................................................................................... 19
Algunas consideraciones específicas derivadas del fallecimiento por
conducta suicida ....................................................................................... 21
Referencias de interés ................................................................................... 23
Algunos materiales de interés en torno a la prevención del suicidio.... 24
Otros recursos: ................................................................................................. 26
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Introducción
“El duelo es el coste que pagamos por ser capaces de amar de la forma
en que lo hacemos”
(John Archer, 1999)
El duelo representa el proceso normal y necesario de adaptación a una
pérdida. Doug Manning define el duelo con la siguiente reflexión: “El
duelo es tan natural como llorar cuando te lastimas, dormir cuando
estás cansado, comer cuando tienes hambre y estornudar cuando te
pica la nariz. Es la manera que tiene la naturaleza de sanar un corazón
roto”. En cualquier caso, sentir dolor cuando perdemos a alguien
cercano es un sentimiento natural que puede llevarnos a sentirnos
confundidos y aturdidos durante un tiempo.
La muerte está cerca de nosotros. Cada año se producen fallecimientos
que afectan a los centros y comunidades educativas. Alumnado,
profesorado, familiares… Y por diferentes razones: accidentes y
enfermedades, preferentemente. Pero también, en ocasiones, por
conductas autolíticas.
Las situaciones de muerte pueden afectar a familiares. Y es
responsabilidad de los centros educativos trazar planes que faciliten vías
de acompañamiento saludable a los miembros de la comunidad
educativa que se ven afectados directamente. En otros casos, los más
intensos emocionalmente, el fallecimiento afecta a un miembro de la
propia comunidad. La enfermedad culmina en ocasiones en resultados
muy dolorosos pero esperados. Y podemos, y debemos, ir
acondicionando la gestión de lo que se estima inevitable. Pero, en otras
ocasiones, el impacto es no solo inesperado, sino trágico y cruel. Las sillas
vacías en las aulas, la ausencia en los pasillos, en los recreos. No verle
más, no compartir más, no sentarse más a su lado. Saber que nunca más
le verás, ni le oirás, ni escucharás su risa, su conversación, sus penas…
Es necesario hablar de lo que sabemos sobre la muerte. De lo que hemos
aprendido. De su impacto en la infancia. En la adolescencia. Y, en
general, en cualquier momento de nuestra vida. Hablar de su huella. Y
del punto de inflexión que viene a suponer en la existencia de quien se
topa con ella, más o menos de cerca, de sus ominosos tentáculos. Y
hablar del papel que ejercemos, o hemos de ejercer en los centros
educativos. Con criterio, profesionalidad y orden. Hablar de nuestra
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responsabilidad y capacidad de respuesta. Y, de especial importancia,
del intenso y hondo deber de prevenir. De abordar la muerte como
contenido. De capturar la educación para la muerte como ámbito
didáctico. Atender su realidad, su presencia en la vida de todos nosotros
desde que tenemos edad para interpretar, aun siendo aún muy niños, la
vida de quienes nos cuidan, protegen y abrazan; de los que nos rodean
y acompañan; de todos los que forman parte del mundo que cada día
se despliega ante nuestra inocente e inexperta mirada (Luengo-Latorre,
2017 -a-1). Somos conscientes de cómo la muerte es cada vez más
observable, y visible, en el corazón de la vida de nuestros centros
educativos. Los medios de comunicación exponen, en ocasiones, con
excesos, la relación de no pocas comunidades educativas con
experiencias ligadas a la muerte. De familiares, profesores, y, por
supuesto, alumnos y alumnas. Víctimas especialmente vulnerables.
Atendiendo a diferentes razones, entre otras de naturaleza cultural, no
estamos muy acostumbrados2 a tratar la muerte como un fenómeno
consustancial al propio hecho de vivir y a las diferentes eventualidades
que pueden afectar a la vida de las personas. Porque no siempre la
muerte está ligada a factores “naturales”, esto es, aquellos que de una u
otra manera pueden ser esperables por razón de edad o, incluso, de la
dramática naturaleza y de determinadas enfermedades.
Compañeros de la clase o del colegio que enferman gravemente,
situaciones sobrevenidas como consecuencia de accidentes de tráfico,
o situaciones de las que últimamente tenemos más conocimiento por el
tratamiento que determinadas tragedias tienen en los medios de
comunicación (conducta suicida), representan evidencias de que
hemos de tomarnos en serio este trabajo preventivo. hacer pedagogía
de la muerte no es una novedad. Y no faltan herramientas, instrumentos
y documentación con soporte científico tasado y contrastado. Debemos
1 Luengo-Latorre, J.A. (2017). La muerte y los centros educativos (1). Blog Educación y
desarrollo social. Recuperado de: [Link]
[Link]
2Y no es infrecuente aislar a los niños de este tipo de situaciones, atendiendo a razones
de valoración de impacto emocional de las mismas en su desarrollo, pretendiendo crear
en torno a ellos un ambiente de falsa y mal entendida protección. Consultar también:
Hospital San Joan de Deu. Barcelona (2019). ¿Deben los niños ir a los funerales?
Recuperado de: [Link]
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actuar. Y desde las primeras edades. Con sensibilidad y criterio. Y
recorrido. (Luengo-Latorre, 2017 -b-3).
No somos ajenos a la muerte. Y la escuela, los centros educativos no
podemos dejar pasar página sin más. Hemos de afrontar el reto de
incorporar esta reflexión, la reflexión sobre la muerte, con distinto
gradiente, por supuesto, e intensidad. Dependiendo de la edad de
nuestros alumnos y alumnas, de su capacidad para capturar cognitiva y
emocionalmente el mundo que le rodea, las relaciones entre sus
elementos. Y las consecuencias de éstas. La idea pasa, debe pasar por
vehicular la reflexión sosegada y planificada, y, con ello, el crecimiento
sensible, la comprensión del poliédrico fenómeno y sus múltiples caras. Y
su comprensión como un proceso más de la vida que vivimos cada día.
En cualquier caso, se trata de hechos que afectan de manera
significativa a la comunidad educativa en su conjunto y, dependiendo
de las circunstancias, de forma dramática a alguno de sus colectivos.
El presente documento pretende ilustrar de manera sencilla los pasos a
desarrollar en la gestión del duelo en los centros y comunidades
educativas. Siempre con flexibilidad. Como ya se ha expresado,
hablamos de circunstancias que pueden ser muy diferentes, por también
diferentes razones. Y si bien el abordaje de las mismas debe considerar un
cuerpo esencial de acciones, siempre habrá que valorar las
características, intensidad y duración de las mismas. El grado de impacto
y el tipo y naturaleza de las actuaciones en el centro educativo puede
variar dependiendo de la naturaleza de cada situación.
El documento cuenta con un apartado específico para situaciones en las
que el fallecimiento sea debido a una conducta suicida.
Algunas variables a considerar serían:
- Persona que fallece (alumnado/profesorado/padres/familiares).
- Edad de la misma.
- Arraigo en el centro/comunidad educativa.
- Naturaleza, causas y características del fallecimiento.
- Previsibilidad/imprevisibilidad del fallecimiento.
- Posición/opinión/criterio de la familia.
- Tipología y carácter propio del centro educativo.
3 Luengo-Latorre, J.A. (2017). La muerte y los centros educativos (2). Blog Educación y
desarrollo social. Recuperado de: [Link]
[Link]
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- Criterio temporal (hemos conocido la noticia inmediatamente tras
lo ocurrido o, por el contrario, hemos tenido conocimiento después
de algún tiempo).
Por tanto, lo especificado en las siguientes páginas supone adentrarse en
un proceso integrado y planificado con carácter general. Si bien, en
alguno de los apartados o puntos tratados se concretan de manera
específica ideas para las situaciones más habituales o las que más
impacto generan en las comunidades y centros educativos. Tal es el
caso, por ejemplo, de las circunstancias que rodean al fallecimiento de
alumnos/as.
Actuaciones esenciales
A continuación, se detallan de manera resumida algunos elementos
sustantivos del proceso de gestión de las situaciones de duelo:
- El centro debe organizarse y dar adecuada respuesta a lo
acontecido, planificando acciones a todos los niveles y para todos
los miembros de la comunidad educativa que puedan verse
afectados. Valorar la posibilidad de solicitud de asesoramiento y
apoyo a recursos del sector, si bien debemos priorizar el trabajo
directo de los profesionales del centro.
- Especialmente en el caso de fallecimiento de alumno/a, resulta
necesario informar a la Dirección de Área Teritorial a través del
Servicio de Inspección Educativa. Asimismo, puede solicitarse el
asesoramiento del Equipo4 de Apoyo Socioemocional de la Unidad
de Convivencia, dependiente de la Subdirección General de
Inspección Educativa.
- Es aconsejable la creación de un grupo interno de planificación de
acciones y en el que se asegure al menos la participación de
miembros del equipo directivo, tutores implicados más
directamente y los profesionales de orientación que se designen.
4 [Link]
acoso-escolar
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- Puede ser de interés que este grupo lidere la incorporación de
acciones relacionadas con la pedagogía de la muerte 5 en su
propuesta curricular de cara al futuro.
- El grupo interno debe dar conocimiento al claustro sobre las
acciones inicialmente planificadas.
- La planificación de posibles acciones en diferentes ámbitos y
tiempos:
Fase de emergencia (primer día/primera semana).
Mantenimiento (primer mes).
Reorganización, en su caso (a partir del primer mes).
- La reflexión sobre lo realizado, la evaluación de las acciones
desarrolladas y la concreción de propuestas de mejora.
Ideas síntesis
- El centro debe reflexionar y pautar una respuesta a lo acontecido.
- La creación de un equipo para la planificación de la acción.
- El conocimiento y el acuerdo del claustro sobre las acciones.
- La necesidad de contarlo, de hablar, de comunicar la noticia. Los
profesores más cercanos, los que cuidan y trabajan diariamente con
los alumnos son los imprescindibles.
- Los homenajes y espacios de despedida en el centro.
- El apoyo del grupo de alumnos. El grupo ayuda, cuida, protege, alivia…
- La importancia de dar protagonismo en algunas decisiones que
puedan adaptarse al grupo de alumnos más afectado.
- El grupo de profesores también necesita ayuda. La importancia de
valorar la posibilidad de desarrollar sesiones de reflexión en grupo y
liberación de emociones.
- El trabajo individual con alumnos y profesores, según necesidades.
- El trabajo, también, con las familias. Puede ser de interés remitir unas
orientaciones generales de cómo deben atender a sus hijos en días
posteriores. Hábitos de sueños, tristeza, cambios de rutinas…
- El regreso a las rutinas como escenario de progreso.
5 Algunos recursos de especial interés:
- Colomo, E. (2016). Pedagogía de la Muerte y Proceso de Duelo. Cuentos como
Recurso Didáctico. REICE. Revista Iberoamericana sobre Calidad, Eficacia y
Cambio en Educación, 2016, 14(2), 63-77. Recuperado de:
[Link]
- De la Herrán, A. y Cortina, M. La muerte y su enseñanza (2009). Recuperado de:
[Link]
- Pedagogía de la muerte. Referencias bibliográficas: Recuperado de:
[Link]
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Planificación de acciones
Las acciones a desarrollar tras el fallecimiento de un miembro de la
comunidad educativa deben acomodarse en función de las diferentes
variables señaladas en la introducción, pero, entre otras y fundamental,
el criterio temporal. Lógicamente, las actuaciones iniciales han de
marcar la pauta esencial de intervención, siendo consiguientemente de
gran importancia para el proceso en su conjunto. La intervención que
planifiquemos e implementemos en los primeros días debe cuidarse con
esmero. Siempre en un marco de flexibilidad y atendiendo singularmente
las necesidades emocionales de las personas.
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Fase de emergencia (el primer día/los primeros días)
Nota inicial: El primer día después del impacto es un día para la reflexión.
Conviene flexibilizar las actividades ordinarias según el nivel de impacto
de los grupos. Con los grupos más afectados deberá tenerse una especial
consideración en este sentido en días subsiguientes. Y valorar la
suspensión, en señal de duelo, de cualquier acto extraordinario que
tuviera programado el centro.
Del equipo directivo con toda la comunidad educativa
Tomar decisiones sobre cómo se va a informar de la situación a la
comunidad educativa. A tener en cuenta:
La relación y comunicación con la familia: valorar la posibilidad, en
su caso, de asistencia (y quién o quiénes) a actos funerarios. Es
importante la presencia de las profesoras y los profesores en los
momentos de dolor: asistir al tanatorio o al entierro o crematorio.
Resulta especialmente pertinente acompañar tanto a la familia
como a los alumnos/as cuando el fallecido es un compañero/a o
alguien muy cercano.
Decidir sobre quién va a ser la referencia de contacto con la
familia.
Cómo y quién va a informar al profesorado de la situación
sobrevenida. Proceso y medios a utilizar. Sería coherente que fuera
alguien del grupo interno de planificación del duelo.
Cómo y quién va a informar al alumnado/grupo/grupos de
alumnos afectados y, en su caso, al resto de alumnos del centro.
Preferentemente, los docentes más cercanos al alumnado.
Las actuaciones específicas con el grupo/os afectado/os.
Cómo se va a informar a las familias. Proceso y medios a utilizar.
Estar especialmente pendientes de posibles situaciones de riesgo:
personas, alumnado y profesorado necesitados de especial
atención posterior.
Del equipo interno con el claustro y profesorado especialmente afectado
La necesaria información al claustro y participación en la toma de
decisiones
La importancia de comunicar al equipo docente especialmente
afectado y, en su caso, al claustro, de las medidas inicialmente
planificadas, a los efectos de puesta en común y aportación de
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sugerencias. Detección de posibles situaciones de riesgo
emocional en el profesorado.
Es importante valorar qué profesores y profesoras debemos y
podemos apoyarnos y ayudarnos mutuamente, como paso en
paralelo para poder comprender y ayudar al alumnado.
Puede planificarse el desarrollo de alguna sesión de expresión
emocional del profesorado y solicitar, en su caso, la colaboración
del equipo socioemocional.
Del profesorado y tutores con sus grupos de alumnos
Resulta necesario pensar antes que hacer. Mejor esperar y tomar
decisiones pensadas y compartidas que actuar con rapidez pero de
manera improvisada. Es imprescindible, por tanto, analizar cada situación
en su diversidad y complejidad.
Contar con información previa nos va a permitir actuar de manera más
adecuada. Poder tener respuestas lo más precisas posible a qué ha
ocurrido, qué pueden saber ya los alumnos/as, y cómo cree la familia
afectada que puede tratarse la información.
Es muy importante, asimismo, entender que el centro es competente
para tratar la situación y gestionar el duelo en toda la comunidad
educativa, si bien, como se apunta, es necesario haber podido contar
con toda la información posible.
Hemos de apelar al hecho de que la persona ya no va a estar con
nosotros y trabajar la idea del recuerdo como elemento esencial. Siempre
podrá estar en nuestro recuerdo, en nuestro corazón. Facilitar lugares y
momentos para esta expresión de emociones y sentimientos. En los
primeros momentos, pueden aflorar las expresiones de dolor, enfado,
incluso ira, según las circunstancias. Y también los silencios. A veces,
facilitar salir del aula y encontrar otros espacios puede ser adecuado.
Con el grupo de alumnos especialmente afectados. El grupo de
compañeros especialmente.
Aunque todas las personas cercanas se ven afectadas cuando
alguien muere, la intensidad y las manifestaciones de esta
afectación no son iguales para todas. Desde el primer momento
los alumnos que ya tienen una cierta madurez tienden a
acompañarse, ayudarse y apoyarse mutuamente,
fortaleciendo las relaciones que les unen.
La figura de los tutores, apoyados, en su caso, por miembros del
equipo directivo y profesionales de orientación se entiende
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imprescindible. La necesidad de contarlo, de hablar, de
comunicar la noticia. Los profesores más cercanos, los que
cuidan y trabajan diariamente con los alumnos son los adultos
más adecuados para desarrollar esta tarea.
Algunas ideas marco sobre cómo informar
o Informar tan pronto como se conocen los hechos y se ha
podido contrastar la información básica.
o No mentir representa un valor esencial. Y manifestar y
reconocer que no siempre podemos tener respuesta para
todas las preguntas.
o No dar explicaciones más allá de la comprensión de los
alumnos/as.
o Debe realizarse a todo el alumnado con los mismos
criterios.
o No entrar en detalles de las causas ni motivos.
o Utilizar un lenguaje sencillo y claro sin utilizar metáforas,
eufemismos, explicaciones abstractas ni demasiados
detalles.
o Prioirizar la idea del recuerdo del compañero/a.
La Guía “Cómo hablar con los niños acerca de la muerte” del
Instituto Nacional de Salud Norteamericano National Institutes
Health. Caring about kids: talking to children about death6.
Publicación DHEE, 2007, aporta consejos de cómo dar la noticia:
- Analizar y ser conscientes de los miedos y resistencias
que tiene el adulto en relación a tratar el tema de la
muerte en general y con los menores de edad en
particular.
- Ser sensible y adaptarse a las demandas del menor en
cuanto a su deseo de conversar sobre el tema de la
muerte. Es el menor quien indicará al adulto cuándo
está preparado para hablar del tema y hasta qué
nivel de profundidad.
6“Cómo hablar con los niños acerca de la muerte” (2007). Instituto Nacional de Salud
Norteamericano National Institutes Health. Caring about kids: talking to children about
death. Publication DHEE.
Recuperado:
[Link]
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- Es importante escuchar y respetar las emociones,
miedos y creencias del niño sobre la muerte.
- Dar respuestas breves y sencillas.
- Dar información veraz a todo aquello que nos
planteen, no dar mensajes incongruentes que puedan
promover asociaciones incorrectas.
Los profesores y profesoras somos personas y vamos a vernos
afectados. Es pertinente, por tanto, reconocer y aceptar
nuestros sentimientos y emociones ayuda a nuestros alumnos a
reconocer los propios. Es importante tener en cuenta que los y
las docentes debemos y podemos ayudarnos primero a nosotros
mismos para poder ayudar de la mejor manera a nuestro
alumnado. Trasmitir nuestras emociones en la atención y
acompañamiento con el alumnado es perfectamente
compatible con la labor de cuidado emocional que
pretendemos desplegar con nuestros alumnos y alumnas.
Contar con la familia para valorar la información a aportar.
La información va a depender, lógicamente, de las variables
expuestas con anterioridad: Persona que fallece, edad de la
misma, arraigo en el centro/comunidad educativa, naturaleza
del fallecimiento, previsibilidad/imprevisibilidad del
fallecimiento.
En esta primera actuación, la información debe orientarse al
hecho, el fallecimiento, cuidando especialmente la facilitación
de espacios de desahogo y expresión emocional.
Evitar en la medida de lo posible rumores y juicios. No siempre
sabemos todo de todo lo que ocurre y no debemos temer
contestar explícitamente que no tenemos todas las respuestas.
En cualquier caso, debemos intentar responder a las preguntas
que puedan formular los alumnos/as, priorizando el aquí y ahora
y los pasos que debemos dar para poder ir gestionando el dolor
que nos embarga.
Facilitar y acoger las manifestaciones emocionales. Escuchar y
acompañar a los alumnos. Fomentar que se apoyen entre sí.
Dejarles llorar y expresar su dolor. Mostrar comprensión con las
manifestaciones [Link] posibles
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manifestaciones del dolor en forma de desborde o ira. En casos
de adolescentes, procurar estar a su lado, especialmente
cuando el dolor se manifiesta como ira. Es importante la
cercanía de los adultos aunque, en casos de adolescentes,
puedan solicitar quedarse solos.
o Permitir y respetar la expresión emocional.
o Potenciar la participación del alumnado en las decisiones
sobre cómo gestionar el proceso de duelo y las posibles
acciones a desarrollar.
o Aportar cercanía y disponibilidad.
o Mostrar atención y afecto incondicionales.
o Gestionar las rutinas y normas, con flexibilidad.
o Valorar posible cancelación de actos o actividades
previstos inicialmente.
o Detectar posibles situaciones de riesgo singular.
No entrar demasiado en detalles es fundamental. Ni hablar
demasiado. Responderemos a sus preguntas utilizando los
mismos argumentos, esto es, no entrar en causas, priorizar la
expresión emocional y el recuerdo y acompañar al grupo en su
protagonismo para elegir cómo puede orientarse la mejor
despedida.
Dejar las vías de comunicación abiertas. Potenciar la
comunicación abierta y flexible que ayude a expresar
emociones y sentimientos, también los propios. Hablar de
sentimientos contribuye a avanzar en el proceso. Para esto, lo
más adecuado es intentar crear un ambiente de normalidad,
sin dar demasiadas vueltas a imágenes y detalles del
fallecimiento. A veces puede ayudar el hecho de reconducir la
conversación hacia experiencias positivas compartidas con la
persona fallecida. Los primeros días, hablar cuanto sea
necesario. Hablar de la muerte con ternura y claridad (Duelo en
mi aula. Educación Navarra7)
7Duelo en mi aula. Educación Navarra. Recuperado de: 965d99b6-5428-4dd1-84ec-
b11a468a8331 ([Link])
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Alguna experiencia para la despedida y el recuerdo
- El “minuto de silencio” en el patio del centro.
- La creación del “rincón del recuerdo” (Duelo en mi aula8). Se trata
de pensar entre todos sobre esa posibilidad y, en su caso, elegir un
rincón en el centro, cercano al lugar donde se ubica el aula, en el
que, durante unos días, cualquier miembro de la comunidad
educativa pueda expresar de modo personal sus condolencias y
cercanía emocional con la situación; con fotografías evocadoras,
dibujos, escritos, poesías, flores… Los objetos y detalles presentados,
al menos algunos seleccionados, podrán formar parte de un
conjunto de detalles (caja de recuerdos) que, en su día, pueden
ofrecerse a los padres, si así lo desean en un acto específico. Este
rincón, en un espacio físico discreto, debe tener fecha de
caducidad (no parece aconsejable mantenerlo más de una
semana o diez días); y esta circunstancia debe comunicarse y
acordarse desde el momento de su creación. Lo aconsejable pasa
por ir retirando algunos elemenos poco a poco hasta la definitiva
selección de objetos que formarán parte de esa caja de recuerdos
antes citada. Para esta actividad, es importante contar con el
protagonismo especial del grupo de compañeros más afectado.
- Pasado un tiempo, un acto de despedida, invitando a la familia y la
idea de plantar, por ejemplo, una planta o un árbol para el recuerdo
en un sitio sugerente puede ser de interés. Este puede ser un buen
momento para hacer entrega de la caja de recuerdos señalada.
Con ”los otros” grupos de alumnos/as del centro.
Los profesores más cercanos, los que cuidan y trabajan diariamente con
los alumnos son los adultos más adecuados para desarrollar esta tarea.
Se valorará la información a facilitar, cuidando en todo caso que lo
relevante de la misma es el hecho del fallecimiento y de la necesidad de
colaborar en los procesos que puedan desarrollarse para recordar al
alumno/a fallecido/a.
Información y trabajo con grupos de alumnos para facilitar la acogida de
un compañero/a tras el fallecimiento de un progenitor o un hermano.
8 Texto citado.
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La reincorporación de un alumno/a tras el fallecimiento de alguien muy
allegado, como los ejemplos reseñados, requiere de un proceso de
trabajo previo con el grupo de compañeros/as, a los efectos de facilitar
un marco de acogida adecuado. Explicar la importancia de cuidar estos
momentos para facilitar el acompañamiento emocional sin caer en
manifestaciones excesivas de apoyo o la sobreprotección.
Del equipo interno con padres y madres
El equipo interno debe valorar la conveniencia, no solo de informar a la
comunidad educativa de la situación sobrevenida, sino, en el caso
singular del fallecimiento de un alumno/a, facilitar a los padres una
ventana de información y disponibilidad, siempre a los efectos de
generar proximidad y delicadeza en el tratamiento de las circunstancias
que, especialmente, algunos compañeros y compañeras van a vivir al
perder a un compañero/a y amigo/a.
Se hace referencia, pues, a la necesidad de orientar adecuadamente a
padres y madres sobre el modo en que deben afrontar con sus hijos la
situación vivida. Puede ser de interés remitir unas orientaciones generales
de cómo deben atender a sus hijos en días posteriores.
Se puede incorporar la posibilidad de realizar alguna sesión presencial
con padres/madres.
Hablar de los mitos9 (ideas erroneas) en torno al sufrimiento de un menor
que se alejan de la realidad pero que predisponen :
- Los niños no sufren.
- El duelo en los menores no provoca sufrimiento tan profundo como
en los adultos.
- Los niños cuentan con suerte, porque son tan jóvenes que no
entienden sobre la muerte
- Los niños deben ser protegidos del dolor y el sufrimiento que la
muerte lleva con el fin de mantener su inocencia infantil.
- Dada su edad y resiliencia son capaces de olvidar fácilmente a la
persona fallecida, resolver el duelo rápidamente y seguir con sus
vidas.
- Cuando se consideran como grupo, los niños y adolescentes
entienden y experimentan y expresan el duelo de la misma
manera.
9Adams D. Corr, CH., Daves, B., Deveau E. (1999). Children, adolescents, and death.
Myths, realities and changes. Death Studies; 23:5.
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Al contrario de lo que sugieren estas ideas erroneas y mitos, siempre
aparece la realidad: todos los niños sufren. Expresan su duelo de formas
distintas al adulto, según su edad, comprensión, experiencias y
vulnerabilidad.
El proceso de duelo tendrá también sus implicaciones en el seno familiar,
en momentos propios del transcurso de la vida. Estas actuaciones girarán
en torno a las siguientes ideas.
Orientaciones generales para los padres y madres
Niños y adolescentes tienen capacidad para elaborar y superar el
proceso de duelo. Es necesario tener en cuenta que las capacidades
emocionales se concretan de formas diferentes en las diferentes
personas.
Se detallan algunas posibles orientaciones que el centro puede hacer
suyas, completando o modificando las reseñadas a continuación:
Los hijos/as pueden mostrar tristeza estos días, momentos en los que
quieran estar solos, incluso llorar. Debemos respetar estos
momentos haciendo también que nos sientan cerca pero
respetando en la medida de lo posible su intimidad. Hemos de
entender que en su mente van a aparecer recuerdos, imágenes,
sentimientos… Y no siempre es fácil entenderlos. Por eso, llorar
ayuda… Estemos cerca y comprendamos su pena.
Puede que estos días duerman algo peor, o que cambien sus
rutinas, su apetito, las ganas de salir a la calle o con los amigos. Es
normal. Respetemos su decisión. Entendamos que se muestren
enfadados, huidizos.
El momento en el que vuestros hijos e hijas se encuentran ahora es
de shock, de conmoción. No saben muy bien qué ha pasado y es
normal que podamos ver cambios notables en su comportamiento
y momentos en los que puede parecer que se encuentran bien
seguidos casi sin pausa por otros en los que pueden manifestar su
desasosiego o dolor de forma intensa.
Si ellos quieren contarnos cómo se sienten, escuchemos lo que nos
dicen. Con sus palabras y con su comportamiento, con sus gestos.
Es mejor no dar grandes discursos. Ni consejos. Es más adecuado
escuchar, sentarnos a su lado, abrazarles, acurrucarles, si es
preciso. Permitir la expresión emocional. Y escucharles mucho.
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Si se encuentran especialmente tristes o nos indican que quieren
hablar, atendamos su demanda. Ofrezcámosles la posibilidad de
escribir o dibujar (en el caso de los pequeños) lo que piensan o
sienten.
No debemos preguntarles constantemente cómo se encuentran.
Ni debemos dar muestras de que estamos especialmente encima
de ellos. Observemos, pero desde cierta distancia. Evitemos la
sobreprotección. Hemos de estar cerca y disponibles, pero
respetando sus espacios. Deben sentirnos disponibles
incondicionalmente pero sin sentirse atosigados o agobiados.
Debemos cuidar que se sigan las rutinas básicas de casa pero con
flexibilidad. Sin rigor. Darles un respiro. Podemos aprovechar para
hablar de otras situaciones de pérdida que hemos tenido o sentido
cerca de nosotros. Cada uno desde sus creencias podremos
enfocar cómo abordamos estas conversaciones e ideas. Compartir
nuestras experiencias. Hablar de cosas que nos pasaron a nosotros
también y cómo salimos adelante.
Hemos de manejar lo mejor que podamos las preguntas sobre el
“porqué” de la situación. Dependiendo de la información de la
que podamos disponer, podremos profundizarr más o menos. Sin
mentir, pero entendiendo que no podemos tener respuesta para
todo, En cualquier caso, las informaciones deben ser breves y sin
demasiados detalles, y orientadas a que lo importante en este
momento es poder hablar, llorar lo que haga falta y pensar en
cómo vamos a poder recordar siempre a la persona que se ha ido.
Centrarnos en el recuerdo, en las experiencias vividas con la
persona fallecida. Desarrollar actividades en familia, juntos,
potenciar la sonrisa, el abrazo, la conversación entre todos.
La posible atención individual a alumnado u otras personas según
circunstancias y necesidades.
Casi desde los primeros momentos, podemos intuir o detectar alumnos/as
o personas de la comunidad educativa que vayan a verse
“especialmente afectadas” por lo sucedido. Por razón de
consanguinidad, amistad, cercanía emocional, incluso sentimental… Y
en ocasiones, personas, especialmente vulnerables; por diferentes
razones.
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Los efectos de lo vivido y en función de las circunstancias que hayan
rodeado la situación (recordar las variables antes citadas) pueden
generar efectos y consecuencias (en algunos casos, con absoluta
certeza) que requerirán de especial atención durante los primeros días y
siguientes.
En este escenario, el equipo de planificación, con el asesoramiento que
se estime, debe definir un plan de apoyo y acompañamiento, con el
objetivo de seguir el proceso, atender a las necesidades y, en su caso,
reflexionar sobre la posible derivación a servicios especializados.
En el caso de alumnado, la observación por parte de docentes y del
tutor/a, con el apoyo de los profesionales de orientación se entiende
imprescindible. Así como la relación con el entorno familiar, a los efectos
que se estime necesario.
Fase de mantenimiento (el primer mes…)
Pasados los primeros días, conviene volver cuanto antes a los ritmos y
rutinas ordinarias, pero siempre con flexibilidad, sin actuar
precipitadamente o con acciones que puedan suponer interpretaciones
de desafección.
En todos los casos, es necesario y conveniente volver a las rutinas
ordinarias, pero mostrando en todo momento nuestra disponibilidad y
cercanía y sin dejar de observar su día a día desde la perspectiva
emocional y relacional.
Los pasos que vayamos desarrollando deben tener siempre en cuenta la
diversidad, especialmente del alumnado. No todos los miembros de la
comunidad educativa disponen de los mismos recursos para gestionar el
duelo ni van a experimentar las mismas sensaciones ni vivir la ausencia de
manera similar. Una vez pasados los primeros días (aproximadamente, la
primera semana), es necesario llevar a cabo:
- Seguimiento de las personas que hayan podido verse
especialmente afectadas.
Tal como se ha planteado en el anterior apartado en relación con
la posible atención individual a alumnado u otras personas según
circunstancias y necesidades, en el caso del alumnado, la acción
tutorial, con el adecuado apoyo y asesoramiento de los
profesionales de orientación educativa, es imprescindible. En
algunas situaciones, no es infrecuente que afloren sentimientos de
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culpa por lo que “no se hizo, o se pudo hacer10” con la persona
fallecida; se puede llegar, incluso, a la negación de la realidad, al
bloqueo, etc. Un apoyo y una escucha adecuados permitirán
poner en su sitio estas sensaciones y recuperar la normalidad. Ha
de quedar muy claro que estamos a su lado. Que sepan y sientan
nuestra disponibilidad.
- Es necesario mantener el contacto con las familias de estos
alumnos/as a los efectos de poder valorar su evolución.
- Realizar un acto de despedida institucional: diseñar un homenaje
de despedida, invitando a la familia del fallecido y siempre
respetando su decisión de aisistir o de no hacerlo. Este acto puede
adoptar distintos formatos, siempre partiendo de las propuestas
realizadas por el profesorado y el alumnado más cercano. Ideas
interesantes pueden ser: plantar un árbol para el recuerdo en un
sitio sugerente del centro educativo, nombrar un aula del centro
con su nombre, descubrir un mural en alguna pared señalada…
- Realizar alguna sesión de tutoria con el grupo más afectado: no se
trata de hablar de lo sucedido, sino de cómo nos encontramos.
Qué ha pasado por nuestra mente y nuestro corazón, cambios
que se han producido en nosotros y cómo nos sentimos tras lo
vivido. Es el momento de gestionar algunas de las preguntas que
los alumnos tengan y quieran hacernos. Hablar del dolor
psicológico y emocional que todos transitamos en algún
momento.
Fase de reorganización (pasado el primer mes
aproximadamente)
El tiempo va a ir pasando, pero el duelo va a formar parte de la vida del
centro y de un buen número de personas de la comunidad educativa
durante tiempo. Y en especial, en grupos de alumnos y alumnos
específicos (aquellos que tuvieran una especial relación y amistad con la
persona fallecida). No debemos perder de vista esta circunstancia, sobre
todo en algunos casos.
- Seguimiento de alumnado específico. Si algún alumno o alumna
no evoluciona favorablemente, deberemos seguir el proceso y
10Luengo, J.A. (2011). Los abrazos perdidos. Blog Educación y desarrollo social.
Recuperado de: [Link]
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hablar con la familia y sugerirle, siempre con suma prudencia, la
posibilidad de pensar en una ayuda especializada.
Es necesario mantener el contacto con las familias de estos
alumnos/as a los efectos de poder valorar su evolución. y
prevenir, detectar, atender y, en su caso, derivar en posibles
situaciones compatibles con el duelo mal elaborado y/o duelo
patológico (Echeburúa y Herrán, 200711).
El duelo patológico varia según distintos autores y clasificaciones
(CIE-11 6 meses y DSM-5 12 meses). Algunos autores hablan de 2
meses (Duelo traumático: Jacobson et al., 2000)
- Planificar e Implementar actividades dentro del Plan de acción
tutorial. Este es el tiempo para planificar acciones relacionadas
con la incorporación de la pedagogía de la muerte y , según las
circunstancias y tal como se ha detallado con anterioridad para
casos en los que haya tenido que intervenir por una situación de
fallecimiento por conducta suicida, la elaboración de un plan
específico.
Recurso
Herrán Gascón, A., Rodríguez Herrero, P., González Collado, P.,
Pedregal Valle, M. 2021. La pedagogía de la muerte. Guía educativa.
UAM-Fundación SM
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11 Echeburúa, E. y Herrán, A. (2007). Cuándo el duelo es patológico y cómo hay que
tratarlo. Análisis y Modificación de Conducta 33(147). Recuperado de:
[Link]
GICO_y_COMO_HAY_QUE_TRATARLO
“La muerte de una persona allegada es un factor muy estresante, pero muchas
personas se muestran resistentes emocionalmente para superar este trance. La pena
mórbida se produce cuando la persona experimenta durante el proceso del duelo
emociones negativas (tristeza, ira, culpa, confusión) muy intensas y duraderas que
interfieren negativamente en su vida cotidiana. Entre el 10 Y el 20% de las personas
afectadas por una pérdida pueden necesitar ayuda profesional.”
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Algunas consideraciones específicas derivadas del
fallecimiento por conducta suicida
¿Debe hablarse expresamente de la conducta suicida si algún alumno/a
ha fallecido por esta causa?
Esta es, con pocas dudas al respecto, una de las preguntas más
relevantes y “sensibles” que podemos hacernos en este tipo de
situaciones. El acuerdo sobre la respuesta a esta pregunta no es muy
habitual y hay variables que pueden determinar de manera significativa
el tratamiento de la información, el qué, cómo, cuándo hacer. En
cualquier caso, las consideraciones esenciales pueden seguir el siguiente
proceso:
Hablar del suicidio salva vidas. Esta es una idea básica
argumentada en la literatura al respecto del fenómeno y las claves
para su reflexión. Pero no en cualquier momento y, de cualquier
manera.
Los momentos iniciales tras la muerte de un compañero
representan espacios para el desahogo emocional y el apoyo de
los adultos y entre compañeros y compañeras.
En estos primeros momentos, tal como se ha apuntado
anteriormente: no entrar ni profundizar en causas12, priorizar la
expresión emocional y el recuerdo y acompañar al grupo en su
protagonismo para elegir cómo puede orientarse la mejor
despedida.
Si los compañeros/as hacen referencia a estas circunstancias
deben entender que no queremos eludir la respuesta, sino esperar
el momento y las condiciones adecuadas para abordar su
preocupación. Y que comprendan que se abordarán los temas y
contenidos que se estimen necesarios, siempre con carácter
general.
Los momentos para tratar este contenido en el contexto de los
espacios de la acción tutorial pueden encontrarse en la fase de
mantenimiento y/o reorganización. No obstante, cada situación
puede exigir un plan singular, siempre dependiendo de
determinadas circunstancias:
o La propia naturaleza de los hechos.
En estos momentos, además, se cuenta con información muy provisional y difícil de
12
manejar.
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o El grado de conocimiento de los hechos en el centro
educativo.
o La opinión de la familia. El centro debe atender al alumnado
y abordar el fallecimiento, pero es necesario no arrinconar
posibles opiniones de los miembros de la familia.
En la fase de emergencia puede que sea necesario abordar la
atención individual de algún compañero/a. La culpa puede estar
muy presente en este tipo de situaciones.
Incluso puede plantearse hacer más explícita nuestra respuesta al
grupo, siempre dependiendo de su demanda, informando de la
realidad de lo sucedido, eliminando los detalles y especialmente
evitando las referencias a posibles causas y método utilizado.
A todos los efectos, se podrá solicitar el asesoramiento del Equipo
de apoyo socioemocional de la Unidad de Convivencia ya citado.
En cualquier caso, la situación vivida debería entenderse como un
emergente que sustanciase la reflexión sobre el tratamiento de la
muerte y, en especial, la prevención de los desajustes emocionales
y de la conducta suicida, siempre en el contexto de acciones
previamente planificadas13 y no aisladas. A modo de ejemplo,
pueden consultarse, entre otras, dos actividades específicas de la
Guía “La prevención y detección de los desajustes y trastornos
emocionales del alumnado. Guía y recursos para elaboración de
planes en los centros educativos”, para trabajar estos contenidos
en el aula: Actividad 11: Concienciación sobre los problemas de
salud mental y la lucha contra el estigma social y Actividad 15:
Cuando la noticia es conocida por todos y existe un impacto
emocional en el grupo-clase.
Consultar, asimismo, las referencias sobre prevención del suicidio
en centros educativos al final del presente documento.
13 Luengo-Latorre, J.A. y Yévenes, R. (2021). La prevención y detección de los desajustes
y trastornos emocionales del alumnado. Guía y recursos para elaboración de planes en
los centros educativos.
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Otros recursos:
- Para niños
o Cinemanía.
[Link]
animadas-muerte-nino-146353/
- Para adolescentes,
o Fundación Mario Losantos Del campo. Blog de ayuda en el
duelo.
[Link]
- Para jóvenes y adultos:
o Fundación Mario Losantos Del campo. Blog de ayuda en el
duelo.
[Link]
o La mente es maravillosa.
[Link]
o Psiqueduelo.
[Link]
perdida/
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