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Alquimia

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Alquimia

Un área de tecnología común a las sociedades del pasado era la metalurgia. Se podrían hacer
herramientas útiles con metalurgia que durarían mucho tiempo. Las armas podrían permanecer
afiladas por más tiempo con metales mejorados. Los metales preciosos, como el oro y la plata,
podrían ser refinados y utilizados para joyería o por dinero. Debido a que era bastante raro, el oro se
consideraba muy valioso, y se convirtió en un medio común de pagar bienes y servicios.

Sin embargo, la extracción de oro es un proceso lento, sucio y peligroso. No todo el mundo posee
una mina de oro, tanto en la antigua sociedad egipcia como durante el Imperio Romano, las minas
de oro eran propiedad del estado, no de un individuo o grupo. Había pocas formas para que la
mayoría de las personas consiguieran legalmente oro para sí mismas.

Origen de la alquimia

La alquimia es una creencia esotérica que está vinculada a la transmutación de la materia. Las
prácticas y experiencias de la alquimia fueron clave en el desarrollo original de la química, mientras
los alquimistas buscaban la piedra filosofal y el elixir de la vida. La piedra filosofal, se creía, era una
sustancia que era capaz de ser utilizada para convertir los metales básicos (como el plomo) en oro.
También se creía que podría ser utilizada para lograr el rejuvenecimiento y tal vez la inmortalidad. Si
bien los alquimistas no tuvieron éxito en última instancia en estas búsquedas, su trabajo proporcionó
la base para el estudio moderno de la química.

La alquimia es considerada como una protociencia o una disciplina filosófica que incluye nociones de
la química, la física, la astrología, la metalurgia, el espiritualismo y el arte. Las escuelas de alquimia
fueron muy populares durante unos 2.500 años, en regiones como la Mesopotamia, el Antiguo
Egipto, China, India, la Antigua Grecia y el Imperio Romano.
Esta pintura de Joseph Wright (1771) se titula “El alquimista, en
busca de la piedra filosofal”. (Crédito: Joseph Wright de
Derby/Derby Museum and Art Gallery

Muchos de los enfoques específicos que utilizaron los


alquimistas cuando intentaron cambiar el plomo en oro son
vagos y poco claros. Cada alquimista tenía su propio código
para registrar datos. Los procesos se mantuvieron en secreto
para que otros no pudieran sacar provecho de ellos.
Diferentes estudiosos desarrollaron su propio conjunto de
símbolos a medida que registraban la información que se les
ocurrió. Muchos alquimistas no fueron muy honestos, y a
veces se aprovechaban de los nobles al tomar dinero y
afirmar poder hacer oro con plomo, luego salieron de la
ciudad en mitad de la noche. En ocasiones, el noble
detectaría el fraude y colgaría al alquimista. Para los 1300,
varias reglas europeas habían declarado ilegal la alquimia, y
establecían castigos estrictos para quienes practicaban las
artes alquímicas.
Receta alquimista. (Crédito: Kenelm Digby

La piedra filosofal y el elixir en la alquimia

Pese a sus diversas formas y corrientes, la alquimia está muy asociada en la actualidad a la
búsqueda de un proceso que permita transformar cualquier elemento en oro y a la capacidad para
conseguir la vida eterna.

Los alquimistas creían que la piedra filosofal roja era capaz de transmutar metales innobles en oro,
mientras que la piedra filosofal blanca podía transformar los metales innobles en plata.

La piedra filosofal también aparece vinculada al elixir de la vida, una sustancia que permitiría curar
todas las enfermedades y posibilitar la vida eterna. Pese a la inexistencia de esta poción, muchos
alquimistas, como Paracelso, lograron importantes descubrimientos en la farmacéutica.

Cabe destacar que, en teoría, no es imposible convertir plomo en oro. Para lograr esto, sería
necesario extraer tres de los 82 protones de un átomo de plomo y obtener un átomo de oro (de 79
protones). Sin embargo, en la práctica, las proyecciones de energía hacen que esta transmutación
sea imposible.

Aportaciones de alquimistas a la química


Los alquimistas sentaron las bases para muchos procesos químicos, como la refinación de minerales,
la producción de pólvora, la fabricación de vidrio y cerámica, el curtido de cuero y la producción de
tintas, tintes y pinturas. Los alquimistas también hicieron los primeros intentos de organizar y
clasificar las sustancias para que pudieran comprender mejor sus reacciones y poder predecir los
productos de sus experimentos. Esto finalmente llevó a la tabla periódica moderna, de la que
conocerás en un capítulo posterior. La alquimia comenzó a evolucionar plenamente hacia la química
en el siglo XVII, con un mayor énfasis en el pensamiento racional y la experimentación y menos énfasis
en la espiritualidad y el misticismo.

Los alquimistas nunca tuvieron éxito en cambiar el plomo en oro, pero la física nuclear moderna
puede lograr esta tarea. El plomo se somete a bombardeo nuclear en un acelerador de partículas.
Mediante este proceso se puede obtener una pequeña cantidad de oro. No obstante, el costo del
procedimiento es mucho mayor que el de la cantidad de oro obtenido. Entonces, el sueño de los
alquimistas nunca se ha hecho realidad (y nunca).
La alquimia es una antigua disciplina filosófica y forma de pensamiento especulativo, de tipo
protocientífico. Fue practicada desde la Antigüedad hasta el siglo XVIII, cuando fue desplazada por el
surgimiento de la química.

Su práctica fue común en territorios tan diversos como las antiguas Mesopotamia, Egipto, Persia, India, China,
Grecia y Roma, pero sobre todo en el Imperio Islámico (632-750 d. C.) y en la Europa medieval. Abarcaba una
vasta y compleja red de escuelas y vertientes a lo largo de casi 4000 años de historia.

La alquimia se encontraba íntimamente vinculada con la astrología, ya que el hombre antiguo buscaba una
correlación entre los asuntos de la tierra y los del cielo, y aspiraba a aprender a manipularlos para su propio
beneficio.

En ese sentido, entre los intereses de la alquimia figuraban los de las disciplinas modernas de la química, la
metalurgia, la física, la medicina y la semiótica, pero también el misticismo y el arte. Era a la vez una
disciplina protocientífica y una disciplina espiritual.

El nombre alquimia proviene del árabe al-khimiya, de donde surgió también la palabra “química”. Este término
árabe probablemente provenga del vocablo griego khumeia (“verter juntos”, “soldar” o “alear”) o del
persa kimia (“oro”), ya que era un objetivo común de la alquimia transformar elementos innobles
en metales preciosos, como el oro.

Otra explicación sugiere como origen del término la voz egipcia kême, que se empleaba como el nombre de
Egipto. De allí provenían los más antiguos textos alquímicos “sobre el arte de fabricar oro y plata”, en palabras
del emperador romano Diocleciano (244-311), quien ordenó quemarlos en un decreto en el año 300.

La alquimia tuvo mala fama durante gran parte de su historia. En algunos lugares solía ser arte de engañadores y
charlatanes, y en la Europa cristiana medieval era considerada fuente de saberes ocultos, brujería y cabalismo.

Historia de la alquimia
La historia de la alquimia es larga y abarca tres continentes distintos: África, Asia y Europa. Se trata de una
historia compleja y de muchos puntos de intersección e influencia, pero nada fácil de trazar, ya que los
practicantes de estos saberes eran devotos del lenguaje críptico y simbólico, haciendo particularmente
herméticos sus textos.

A grandes rasgos, pueden identificarse dos grandes tradiciones alquímicas: la oriental y la occidental.

La alquimia oriental tuvo su origen en China e India. La primera estaba estrechamente vinculada con el
taoísmo, y posee en el cuerpo de textos de esta antigua religión su mayor conjunto bibliográfico. Tiene
importantes coincidencias con la medicina tradicional china, la astrología china y el Feng Shui.

A diferencia de la variante occidental, centrada en los materiales, la alquimia china fue una especie de proto-
farmacología. Es posible que la pólvora fuera uno de sus grandes descubrimientos, y la búsqueda del elixir de
la inmortalidad su gran cometido.

En cuanto a la variante india de la alquimia, es una tradición mucho menos conocida, que se definía como “el
arte de obtener el zumo o néctar” (Rasa) de las cosas, la Rasayâna. Con ello se buscaba sanar a los enfermos
y rejuvenecer a los viejos.
Su objetivo era obtener el moksa: la perfección, liberación o inmortalidad. Por ello, se emparenta
frecuentemente con la medicina ayurvédica y otras tradiciones metafísicas.

Por otra parte, la alquimia occidental nació en Egipto, a inicios del período helénico (c. 300 a. C.), en
la ciudad griega de Alejandría, donde luego surgió la célebre biblioteca. Fue fruto de la herencia hermética
egipcia (cuya figura central fue el Hermes Trimegisto, fusión del Thot egipcio y el Hermes griego).

La tradición hermética fue reinterpretada a la luz de las visiones griegas pitagórica, jonista y gnóstica, que
proponían respectivamente la explicación del universo a partir de los números, la concentración de
los fenómenos naturales y la adoración de un cosmos imperfecto.

A esta vertiente pertenece la teoría de los cuatro elementos, que veía en toda la materia existente una proporción
variable de tierra, aire, agua y fuego. Esta tradición fue luego transmitida al Imperio Romano, en donde fue
practicada hasta el surgimiento del cristianismo, que vio en gran parte de ella un conjunto de saberes paganos y
heréticos.

Buena parte de los saberes alquímicos se practicaban en la Europa medieval, durante el oscurantismo. Sin
embargo, tras la caída del Imperio Romano, fue el mundo islámico en donde florecieron estas artes, libres de la
persecución religiosa cristiana.

De hecho, en el Imperio Islámico fue donde realmente floreció la alquimia medieval, añadiendo grandes
aportes a la tradición que se sostenía en los textos traducidos del griego de Platón y Aristóteles: un contraste
importante con occidente, donde muchos textos alquímicos se perdieron para siempre.

Posteriormente, la alquimia islámica fue la encargada de reintroducir sus saberes a Occidente, en donde sentó
las bases para el posterior nacimiento de la química.

La piedra filosofal
Uno de los lugares comunes más célebres de la tradición alquímica es el de la Piedra filosofal. Se trataba de una
sustancia legendaria cuyas propiedades únicas permitían transmutar los metales, esto es, convertir
el plomo en oro o en plata.

Según otras tradiciones, también conducía a la inmortalidad o al elixir del rejuvenecimiento. Fue el tesoro más
ambicionado de los alquimistas durante siglos, y a los intentos por dar con ella se les conocía como Opus
magnum (“Grandes obras”).

En el lenguaje místico y hermético de la alquimia, en el que abundan símbolos, la piedra filosofal ocupa un
lugar central como emblema de la perfección, la iluminación y la felicidad celestial. Según esta tradición, la
piedra fue entregada por Dios al mismísimo Adán, y fue responsable de la longevidad de los patriarcas bíblicos.

Alquimistas famosos
Algunos de los más célebres alquimistas de la historia fueron:

 Zósimo de Panópolis (s. III – IV a. C.). Alquimista griego nacido en el Alto Egipto, autor de los
textos alquímicos más antiguos que se conocen, perdidos irremediablemente en algún momento de la
historia. Se sabe de su existencia gracias a traducciones al sirio o al árabe, o por citas en otros textos
en su griego original.
 Ge Hong (283 – c.364). Escolar chino de la temprana dinastía Jin, fue un alquimista y creador de los
primeros auxilios en la medicina tradicional china. También fue un pensador taoísta y cultor de las
artes marciales, llegando a ser una figura central en la cultura china de la época.
 Yabir ibn Hayyan (721-815). Conocido en Occidente como Geber, fue un polímata y alquimista
musulmán, considerado el remoto fundador de la química. Su identidad y la extensión de su obra son
motivo de debate desde el siglo X hasta hoy en día. Se le atribuye erróneamente el descubrimiento
de distintas sustancias químicas, ya que un alquimista posterior asumió su nombre como homenaje,
siendo conocido hoy como el Pseudo-Gerber italiano o español.
 Al-Razi (c. 865 – c. 925). Médico, filósofo y alquimista de origen persa, conocido como Rhazes o
Rasis en Occidente. Fue autor de más de 184 textos sobre medicina, química y física, y se le atribuye
el descubrimiento del ácido sulfúrico y del etanol, componentes clave en la química moderna.
 Al-Biruni (973-1048). Pensador persa, dedicado a la alquimia y a las matemáticas, física, filosofía,
farmacéutica, y también la historia. Fue uno de los mayores pensadores del mundo islámico, autor de
más de 150 textos sobre temas variados, de los cuales sobrevive apenas una quinta parte, por
desgracia.
 Nicolás Flamel (c. 1330 – 1418). Considerado tradicionalmente como el alquimista francés por
excelencia, fue un burgués muy adinerado y célebre de quien se dijo que había obtenido sus riquezas
mediante la práctica de la “filosofía hermética”, o sea, la alquimia. Sin embargo, esta creencia fue
mucho después desmentida, a pesar de que en siglos posteriores se le atribuyeron diversas obras
protocientíficas. Flamel realmente se dedicó a la escribanía pública y a ser copista.
 Paracelso (1493 – 1541). Alquimista, médico y astrólogo suizo, conocido también como Teofrasto
Paracelso o como Theophrastus Bombast von Hohenheim. Se le atribuyó en su momento haber
transmutado el plomo en oro, pero sus mayores aportes en realidad están en el área de la
farmacología y toxicología, disciplina esta última de la cual se le considera padre fundador. También
le dio su nombre al zinc (zincum).

Alquimia y química
Es llamativo que al-kîmiya en árabe moderno se traduce “la química”, evidenciando el estrecho nexo entre esta
disciplina científica y la tradición alquímica. Esta última buscaba comprender la dinámica de los materiales para
transformar (“transmutar”) unos en otros y obtener no sólo tesoros, sino también remedios y pócimas.

De hecho, en el siglo XVII la alquimia era considerada una ciencia más o menos seria. Pensadores de la talla
de Isaac Newton dedicaron enormes porciones de su tiempo a su estudio, así como otros de los primeros
científicos occidentales.

Podría decirse que la química nació de los apéndices de la alquimia tradicional, gracias a su reinterpretación
a manos del racionalismo. Así, se lograron resultados mucho más exitosos mediante la aplicación del método
científico, que insistiendo en la antigua tradición hermética.

Con el nacimiento de la química, la alquimia fue relegada a un rincón de la historia de la ciencia, o de la historia
del pensamiento. Sin embargo, pasó todavía más de un siglo antes de que la separación formal de ambos
nombres tuviera lugar, pues hasta entonces fueron prácticamente sinónimos.

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