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UN DÍA NORMAL

A la Izquierda Jairo Williamson, a la derecha Maikol Gómez, fotografía Ronald Solano.

Seis de la mañana: 37 pasos los separan de la puerta de la delegación policial a la


radio patrulla. Parece no ser mucho, en Guanacaste, de donde es oriundo uno de
los dos policías, los polvazales le habían preparado para muchas caminatas. Por
otro lado, su compañero, de cepa limonense, es el complemento idóneo para el
dueto que afrontará un año para marcar sus propias historias y las de la policía de
la que ahora son parte.
Hay un detalle tácito en las labores policiales y es el riesgo que se enfrenta al
portar un uniforme que le obliga a dar lo mejor de sí. Gómez y Williamson, son los
oficiales de este relato que nos guiará en la radio patrulla para vivir momentos
inigualables.
Es una noche cualquiera de inicios de año, el momento presagia lo que en el argot
policial no se dice: ¡está calmada la noche!
-Móvil 4- aquí Base Cero.1
-Adelante- responde Williamson.
Se crea un instante de silencio, son fracciones de segundo, en los que los oficiales
de policía esperan la llamada a la acción, el corazón en automático se acelera, los

1
Central de despacho de vehículos de emergencia de la P.M.E
sentidos se agudizan, la adrenalina se hace presente y la voz del despachador se
escucha:
- ¡Con prioridad! La voz de Solano es firme y rápida, se adelanta al reporte.
-Diríjase al sector de barrio El Carmen, a la finca de las hortalizas. Ahí, un grupo
armado mantiene retenido a uno de los peones, ¡al resto de las unidades llegar
con urgencia!
Aquella noche salen a patrullar tres unidades: móvil 3, con los oficiales Carazo y
López; la móvil 5, con los oficiales Bonilla e Ivankovich; la móvil 4, Gómez y
Williamson.
Quien había llamado era otro peón agrícola, al que llamaremos “José”, se
encontraba en el lugar. Un grupo de tres hombres ingresaron a la propiedad,
armados, llegaron al cuarto donde se disponían a dormir, los amenazaron
apuntándolos con las armas y los golpearon a patadas. Cuando se disponían a
amarrarlos, logró huir saltando por una ventana que quebró y corrió atravesando el
alambrado de púas que delimita la propiedad, rasgando sus brazos y pies.
Su voz era desesperada, rogaba por ayuda escondido entre un matorral que las
sombras le brindaban como refugio.
A tan solo tres minutos, la móvil 4, con los oficiales Gómez y Williamson, llega al
lugar, seguidas de las otras dos unidades.
La propiedad es una finca con más de 250 metros de fondo y un tanto similar de
frente, se ve completamente oscura. A la distancia se vislumbra los oficiales,
realizan el ingreso de formación en cuña a la infraestructura.
Es más una bodega que una casa, junto al cuarto donde se encontraban los
trabajadores se ubica un espacio que funciona como centro de acopio de las
hortalizas.
- ¡Despejado! grita Williamson, con su arma apuntando al frente, luego de
comprobar que no hay nadie en esa área.
-Aquí está el peón- Grita un oficial al encontrarlo maniatado, llora de horror, todo
su cuerpo es un manojo de temblores mientras indica que, a escasos segundos de
su ingreso los hombres huyen por entre los sembradíos.
Se forman los oficiales en dos sub grupos, uno ingresará desde la bodega rumbo
al sur y otro con ingreso por el suroeste rumbo al norte, en una pinza sincronizada.
Es luna nueva, no hay alumbrado en la propiedad y las sombras no permiten ver
más allá de sus propias manos; se alumbran con los focos y se descarta que se
encuentren en medio de la propiedad, solamente queda la línea de arbustos que
delimita la finca.
Carazo inicia el ingreso a la propiedad por el suroeste, sobre él recae la obligación
de hacer bien la intervención, fueron cuatro años en la Unidad Especial de Apoyo
(U.E.A) esta vez sí tendrá la oportunidad que -por órdenes superiores- se le negó
en el atentado de Monteverde, donde falleció Óscar Gerardo Quesada Fallas
“Maquina” y ocho personas más, en lo que se conoce como el atentado más
sangriento en la historia de Costa Rica y llevado a cabo en Santa Elena de
Monteverde el 08 de marzo de 2005.
Apunta al frente, su fusil cuenta con empuñadora ergonómica, miras electrónicas y
punto rojo oculto del objetivo, perceptible solamente para el tirador y un foco, lo
que garantiza un tiro limpio. Acompañado de Ivankovich, que cuida su derecha y
de Williamson, que resguarda su parte trasera.
Pasos cortos y sigilosos. A escasos 50 metros de ingresar se percibe un ruido en
un matorral y un movimiento de follaje… El sonido es ensordecedor, un disparo de
advertencia de la Sig sauer calibre 556, advierte y anuncia a todo el sur del cantón
que son nuestros, los gritos son claves en una intervención de alto riesgo:
- ¡Policía arriba las manos!
- ¡Las manos donde pueda verlas!
- ¡Al suelo, al suelo!
La euforia es total, los latidos del corazón se sienten en el rostro de todos los
oficiales, la noche fue completa.
A tres minutos de ingresada la llamada se llegó al lugar, y a siete minutos de
ingresada la llamada se mantienen tres personas aprehendidas; decomisadas dos
pistolas calibre nueve milímetros, un revolver calibre 38 especial y un arma no
letal, y las víctimas a salvo. El resto de la noche y el día siguiente se pasa en la
Fiscalía.

Su paso es firme hacia la patrulla, es casi imposible olvidar aquel día, pasaban las
nueve de la noche, la radio patrulla era otra al igual que el día, pero los oficiales
son los mismos, Gómez y Williamson.
El llamado a la delegación es claro:
-Base cero y Central de monitoreo, aquí móvil 8-
-Adelante. Responde el oficial Solano.
-Intervenimos un vehículo familiar, en la parte interna se observa a un hombre y
una mujer con una niña pequeña de talvez tres años. Observamos lo que parece
ser un intercambio de posible droga entre un reconocido vendedor y el señor del
vehículo, coordine con la unidad K9. Estamos ubicados 200 metros sur de la
venta de pinturas… El supuesto vendedor huyó corriendo por entre alamedas.
En un intento por realizar el trámite de forma expedita, el conductor, extranjero con
carné de refugiado, le entrega de su mano al oficial Williamson una bolsa con lo
que parece ser dos “puchos2” de marihuana.
Su nerviosismo es poco común.
-Licencia y tarjeta de circulación, por favor.
-Oficial, el carro no tiene pago el derecho de circulación, ni riteve, hace mucho
tiempo.
Puede ser este el motivo de su preocupación, después de todo, ya había
entregado las dosis de droga que había comprado en el lugar, pensó Williamson.
Luego de la investigación se confirmó que el vehículo mantiene siete periodos
pendientes de pago de derecho de circulación.
-Sí señor, así no puede circular.
A la dirección indicada se apersona el oficial Vega, de la unidad especializada K9,
con su compañero canino Habook, un pastor belga malinois, con tan solo un año
de servicio, se posiciona como un perro doble propósito: detección de drogas,
ataque y defensa.
Apenas se abrió la compuerta de la radio patrulla, Habook baja de un salto, se
dirige al vehículo; dentro, la señora comienza a llorar, lo que intranquiliza a su hija,
que sin comprender el porqué del llanto de su madre la secundaba con desespero.
-¡Nos va a morder!- Llora la señora en un ataque de nervios.
-Por favor baje del vehículo señora- indicaba Vega.
-No puedo ¡no ve que estoy con una bebe y no anda pijama!
-Por favor oficial, ya le di lo que compré, no haga a mi familia pasar por esto.
Ruega el conductor.
Si algo tiene el policía en general, es que vive también de sus experiencias, y una
cara bonita o una lagrima no serían los obstáculos para terminar con un
cumplimiento de forma completa.
El oficial canino Habook, junto al vehículo, en modo trabajo, muestra sus ganas de
buscar su premio, se abre la puerta del conductor, la mujer no se quiere bajar del
vehículo, el oficial canino ingresa de manera directa a la parte trasera del vehículo,
donde se encuentran la mujer y la niña, el perro marca un lugar en el suelo. Entre

2
Dosis de marihuana, con regularidad es la presentación de un envoltorio platico con la droga en forma una
pelota cuya cantidad alcanza para uno o dos cigarrillos de la droga.
las piernas de la mujer y el asiento del conductor, la señal es clara, fuerte y
exacta. Se revisa pero no hay nada…
-¿Puede ser un falso positivo, producto de la droga que ingresó al vehículo en un
inicio! Pregunta un oficial.
-Si- responde el chofer, contemplando por la ventanilla la actitud del oficial canino.
- ¡No! - dijo Vega, convencido. No tiene tiempo de explicarle a todos los presentes
que su confianza es absoluta, que apenas 15 días atrás Habook le salvo junto al
oficial Castro, con quien patrullaba aquella noche y en una pelea en barrio
Corazón de Jesús; una turba de más de veinte personas les atacó y él (Habook),
no como su perro, sino su compañero, siendo un policía más, los defendió con
todo el entrenamiento recibido y puesto en práctica, los gritos de Castro y Vega
pidiendo colaboración retumbaron por toda la frecuencia escazuceña, al llegar las
patrullas ya el peligro había pasado.
Dentro del vehículo, aseguró Vega, ¡él no falla, hay que quitar la alfombra y ver el
piso!
El llanto de los tres se volvió un coro, la jugada estaba echada, en un doble forro
del piso del vehículo, se logra decomisar un kilo de clorhidrato de cocaína, según
lo terminó la prueba de campo.
Al final de la intervención policial la enseñanza es mucha, quizás si el oficial Vega
hubiera dudado, si Gómez y Williamson al dirigirse a cenar se hacen de la “vista
gorda”, el resultado sería distinto. Al final de este día, se coordina con Fiscalía y el
Patronato Nacional de la Infancia.
Gómez y Williamson, casi dos negros de raza, ríen por el pasillo a la salida de la
delegación policial. “El que solo se ríe de sus maldades se acuerda”. Hoy
corresponde la móvil 5, una Ford F150, con turbos gemelos y sobre alimentador
tecnología ecoboost, la versión policial de la camioneta americana para los
cuerpos policiales.
Luego de lo que parece ser una mañana normal de un lunes cualquiera, la llamada
del oficial Solano por frecuencia, resuena en todos los radios de los oficiales
- ¡Con urgencia!, a todas las unidades, en el cruce de los Elíseos, dos hombres a
bordo de una motocicleta anaranjada balean un vehículo tipo Sub BMW, los
hombres luego de chocar con el vehículo corren hacia el norte, camino a Anonos,
a pie, dejan un casco tirado en vía pública, Monitoreo, observe la cámara del cruce
del centro comercial Monte Escazú.
El caos se presenta. Cuesta, pero se logra mantener el orden en la frecuencia
policial. El ingreso de una segunda llamada que reporta un vehículo BMW, con lo
que parece ser impactos de bala a alta velocidad, atraviesa el cantón de norte a
sur pasa detrás de la Iglesia católica del centro de Escazú.
Para este momento generan dos frentes, de acción. De la delegación sale con
prontitud el jefe Guillén, acompañado del oficial Carazo, rumbo al norte en
búsqueda del vehículo denunciado. Se logra intervenir el vehículo con los
impactos de bala en el parabrisas y costado del conductor, 75 metros al sur del
cruce de La Pajarera, en el Sector de San Antonio. En la parte interna hay un
hombre entre 40 y 45 años, herido en su abdomen, le brindan los cuidados
básicos, mientras que al lugar llega la móvil 9, con los oficiales Camacho e
Ivankovich, ellos tienen una función primordial, brindar seguridad perimetral, la
amenaza está activa, mientras se logra entregar el paciente a la Cruz Roja. Aquel
día, no fue el de su muerte.
Por otro lado, Williamson y Gómez, en Bello Horizonte, camino Anonos, a 150
metros de la balacera, solicitan colaboración para ingresar a un lote baldío. Nadie
les indicó que ese era el lugar, pero su instinto policial les señala que ahí puede
ser donde se esconden los sicarios. Inmediato el oficial Vega se presenta, el pulso
acelerado recuerda que el momento es de vida o muerte, se enfrentan a dos
hombres que fueron por la vida de un tercero y nada le impedirá pretender tomar
la suya.
Se brincan el alambrado de púas, todos apuntan al frente, la maleza sobrepasa los
dos metros de altura, poco a poco llegan al final, el grito estridente de Gómez es
claro:
- ¡Policía no se mueva, policía arriba las manos!
Williamson y Vega, logran aprehender junto a la tapia al segundo gatillero, los
videos de Central de Monitoreo son claros, visten las mismas ropas, un casco
queda grabado cuando lo tiran en la huida. Al final de la intervención, a tan solo
cuatro minutos de ingresada la llamada, los oficiales de la Policía Municipal de
Escazú, mantienen dos aprehendidos, dos armas calibre 9 milímetros y una
motocicleta decomisadas.
Este cumplimiento ratifica, a nivel nacional, una policía con cero tolerancias a la
delincuencia, su compromiso por servir, excelente capacidad de respuesta y
capacidad de sus oficiales de ejecutar y concretar acciones preventivas y
represivas de ser necesario, en beneficio de los ciudadanos.
Son sólo 37 pasos, una palmada en la espalda, observar al compañero caminar y
una revisión, ahora mental del equipo confirma la seguridad del paso hacia
delante. Por Ronald Solano Jiménez.

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