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Representación Religiosa Gualí

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REPRESENTACIÓN RELIGIOSA GUALÍ

Chigualo o gualí es una ceremonia fúnebre o de velación del cadáver de un niño menor de
ocho años.

Una mujer de edad provecta inicia el canto, y las demás le responden a coro

El gualí, también conocido como chigualo, es el ritual que se realiza cuando muere un niño. Es una
ceremonia alegre que incluye arrullos, romances, rondas, bailes, juegos, rimas, chistes y cuentos
para despedirlo de este mundo.

fueron declaradas en 2014 como Patrimonio Inmaterial de la Nación.


Los gualíes son cantos para acompañar a los niños que fallecen. Dice la tradición que cuando un
niño muere los ángeles lo reciben en el cielo libre de todo pecado. Su partida es una ceremonia
alegre, por eso entonan cantos donde suenan romances, bailes, arrullos, rondas, rimas para ayudarlo
a despedirse de este mundo material.
El gualí, también conocido como chigualo es el ritual que realizamos cuando muere un niño. Para nosotros
cuando los niños mueren se convierten en ángeles que van a gozar de los coros celestiales por no tener pecado
alguno; por eso decoramos el altar y vestimos al ángel de blanco pureza. También se dice que nuestros
ancestros celebraban la muerte de un niño o niña porque se alegraban de que ese ser no tendrían que vivir las
crueldades y el sufrimiento que padecíamos durante la esclavitud.

El gualí es una ceremonia alegre que incluye arrullos, romances, rondas, bailes, juegos, rimas, chistes y
cuentos para despedirlo de este mundo.

Preparación del difunto Una comisión se encarga de bañar al fallecido y prepararlo para que se
conserve. Si bien actualmente es muy difundido aplicar formol para este efecto, en las
comunidades del municipio del Medio San Juan aun usamos una “toma” o preparación tradicional
que contiene borojó, limón, biche y sal para dárselo de beber al difunto y lograr el mismo efecto
de conservación del cuerpo. En algunas comunidades del municipio también se usa la pasta
preparada de borojó para untar en el cuerpo y reforzar el efecto de la toma. Posteriormente se
procede a vestir al difunto. Si es un niño o una niña, es vestido con ropa blanca (medias, bata o
túnica, y en algunos casos guantes). Cuando el que murió es un adulto se le pone un traje que, en
algunos casos, ha sido elegido por la persona para esta ocasión. Sobre el vestido se pone el
hábito20 que es de color café, morado o blanco. Enlazado en la cintura va el cordón de cáñamo, el
cual tiene cinco nudos que simbolizan las vueltas del escapulario, los misterios o pasos hacia la
salvación. Dicho cordón es fundamental porque se cree que si no es colocado se corre el riesgo de
que el alma no pueda salir del cuerpo del difunto. El altar y la tumba Después de que se ha
preparado el difunto, este es puesto en el altar (si es niño de 0 a 12 años) o en la tumba (si es
adulto), los cuales se realizan para exponerlo públicamente y permitir su acompañamiento por
parte de familiares y allegados. Este lugar es el eje espacial de los rezos, alabaos, bailes, juegos y
demás prácticas específicas que hacen parte de cada ritual. Tanto el altar como la tumba son
organizados por otro grupo de personas de la comunidad que apoyan en su preparación, siempre
con la dirección y autorización de los dolientes del difunto.
En el caso del altar para un gualí, este consta de una sábana blanca en la pared, y otra sábana a
manera de mantel en donde reposa el niño dentro del ataúd, el cual será blanco. Dos velas son
puestas diagonalmente sobre la mesa: una en la cabecera y otra a los pies. Una bandera blanca se
pone junto a la mesa y sobre la sábana-fondo del altar, una corona de colores vivos hecha en
papelillo. Cuando el difunto es un adulto no se habla de altar sino de tumba. Al igual que el altar, la
tumba consta de una sábana blanca sobre la pared de la sala que servirá de fondo. Sobre esta se
pondrán el nombre del difunto, un Cristo, la mariposa negra, las flores naturales y distintos
elementos decorativos hechos de tela y papelillo.

Tanto en el altar como en la tumba, a los lados del ataúd se ponen los floreros, los cuales son
hechos con botellas o latas forradas en papelillo, y en su interior lleva flores silvestres de distintos
colores, especialmente heliotropo, flor morada propia de la región. Aunque tradicionalmente
nunca podía faltar la mariposa negra hecha de tela o papelillo en el centro de la sábana,
actualmente este elemento es opcional. Así mismo, las flores como los otros elementos
decorativos hoy en día pueden ser de diferentes colores. En las comunidades rurales aun se
conserva más rigurosamente el uso de los colores negro, morado y blanco para la ornamentación
de los ritos, la imagen de la mariposa negra en el centro y el uso de adornos con figuras recortadas
en papelillo (animales, estrellas, figuras geométricas y figuras que surgen de doblar muchas veces
el papel y cortarlo) que son pegadas a la sábana.

Comidas y bebidas Además de los preparativos del difunto y del altar o la tumba, en cada uno de
los tres rituales se organiza otra comisión para conseguir los alimentos y bebidas que se ofrecerán
durante toda la noche. Entre los alimentos que se brindan se encuentran panes, galletas, leche y
mantequilla. Las bebidas que acompañan la celebración son el viche, aguardiente, aromáticas y
café principalmente. También se hacen indispensables los confites, cigarrillos y tabacos. Juegos de
mesa Durante el velorio y el levantamiento de tumba son muy importantes los juegos de mesa
(naipe, dominó, parqués, rummy, etc.) desde donde también se acompaña, pero fuera del espacio
en el que se encuentra la tumba. Para estas actividades generalmente se piden suficientes mesas y
sillas, y se colocan dos “caidizos” 22 frente a la casa en la que se está realizando el rito, con el fin
de que los jugadores no lo interrumpan y para que a su vez se pueda alojar a un mayor número de
personas. En el gualí o chigualo no se acompaña con este tipo de actividades.

4 Gualíes Si un niño muere Se le baila y canta gualí Por ser un angelito Que al cielo ha de subir El
gualí, también conocido como chigualo es el ritual que realizamos cuando muere un niño. Para
nosotros cuando los niños mueren se convierten en ángeles que van a gozar de los coros
celestiales por no tener pecado alguno; por eso decoramos el altar y vestimos al ángel de blanco
pureza. También se dice que nuestros ancestros celebraban la muerte de un niño o niña porque se
alegraban de que ese ser no tendrían que vivir las crueldades y el sufrimiento que padecíamos
durante la esclavitud. El gualí es una ceremonia alegre que incluye arrullos, romances, rondas,
bailes, juegos, rimas, chistes y cuentos para despedirlo de este mundo. Al gualí no se le reza el
rosario ni se le canta alabaos, lo que predomina en este rito son los cantos y bailes que varían de
acuerdo a la edad del niño. A los angelitos, niños que van de los 0 a 7 años, se les cantan
preferencialmente rondas y juegos, además de realizarse las otras actividades lúdicas
mencionadas. A los llamados “ángeles patones” o “angelones”, niños que van de los 7 a los 12
años, sólo se les cantan romances. Así como hay una diferenciación en lo que se le canta y juega a
cada niño, de acuerdo a su edad, el baile con el cuerpo del niño fallecido también está marcado
por la edad. De esta manera al “angelito” que nace muerto se “le baila”, al “angelito” que nace
vivo se le arrulla, y al “ángel patón” sólo se le canta, estableciendo con este último una relación
más próxima a la que se establece con el difunto adulto.

A pesar de lo alegre de la ceremonia, el dolor y la tristeza están presentes entre sus padres y
familiares. El propósito del ritual es ayudar al niño a encontrar el Cielo, para que se reúna con los
ángeles. Saber que no va a sufrir como nosotros y que el alma del niño difunto va directo al Cielo,
hace que el dolor por la pérdida del ser querido se transforme en regocijo. Los padrinos de
bautismo del niño o niña juegan un papel muy importante en ciertos momentos: ellos pagan la
vestimenta del ahijado y están muy cerca del ataúd cuando empieza el baile; la madrina toma el
cuerpecito del niño y lo va pasando, al son del canto o arrullo a todos los presentes, que para este
momento ya han formado un círculo. En círculo se canta, se baila, se grita y todos deben estar
alegres: porque el niño es un ángel del cielo y por lo tanto no hay razón para estar triste, por esta
razón las personas no usan vestido negro en señal de duelo o luto. Los niños tienen que morir con
los ojitos abiertos, por eso es que se les meten su astillitas para abrirles los ojitos porque ellos
tiene que llegar cantando y bailando, allá lo reciben los otros también cantando y bailando. Como
menciona la señora Mariana, esto se hace con el fin de que el niño llegue al cielo viendo el camino
que va recorriendo. Sin embargo, como se dijo antes, omitir alguno de los pasos establecidos en el
gualí –como en los demás ritos mortuorios- tiene unas repercusiones. Como lo afirma el cantaor
Alberto Mosquera en relación a no abrir los ojos del niño difunto, “(…) porque si no se va un
chorro de gente muriendo”. Sobre la boca del niño, se pone una flor simbolizando que es un
pájaro que la va chupando. Anteriormente eran blancas pero ahora también se usan flores rojas.

El gualí como tal inicia entre las 7 y 8 de la noche con cualquier canto romance. Posteriormente se
sigue con otros romances, arrullos, rondas y declamación de coplas, adivinanzas, versos y décimas,
mientras el angelito permanece en el altar. Luego los padrinos del niño muerto piden permiso a
los padres para comenzarlo a “gualicear” o bailar con su cuerpecito que es sacado del altar. Los
primeros en gualicearlo son los padrinos y luego es pasado de mano en mano entre quienes están
cantando y bailando. Cuando el niño ha sido gualiceado lo suficiente, se montan los juegos24 del
gualí, antes de que los niños que están en la ceremonia se vayan a dormir. La idea es que el niño
fallecido pueda disfrutar durante la ceremonia de los juegos que ya no podrá realizar en vida.
Alternadamente a estos juegos continúa el canto de romances, coplas, decimas, versos, chistes,
poesías y adivinanzas. Después de las nueve y media de la noche, cuando ya todos los niños
asistentes se han ido a dormir, comienzan los “versos colorados”, los cuales tienen contenidos
picarescos dirigidos sólo a los adultos. Es importante aclarar que toda la noche, desde que
comienza el gualí con el primer canto, se ofrecen permanentemente los alimentos y las bebidas a
los participantes. Entre las nueve y diez de la mañana se da fin al velorio y empieza el recorrido
hasta el cementerio mientras se cantan romances y rondas. Los padrinos llevan el ataúd y las dos
velas que estaban en el altar , las cuales deben ir prendidas. La ceremonia se finaliza dejando las
velas prendidas en la iglesia. El gualí o chigualo dura sólo la noche del velorio, a los niños no es
necesario hacerles la Novena ni el levantamiento de tumba.

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